Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Actualización 17/04/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.


Libro II

Capitulo 12


Unidad Reflectante de Ataques

[Carta de Trampa]

Sacrifica 1 "Ciber Dragón" en tu Campo para activar esta carta. Invoca mediante una Invocación Especial 1 "Ciber Dragón Barrera" de tu mano o Deck.


Ya estaba despierto cuando la alarma de mi teléfono comenzó a sonar. Comenzaba a acostumbrarme a eso, incluso en vacaciones, la realidad es que era el primero en levantarme en casa, a veces mucho antes de las siete, como era mi costumbre heredada de mi otra vida. Ser portador de parte del poder de la Oscuridad al parecer significaba que cada vez necesitaba dormir menos. En las últimas semanas, comprobé que con cinco horas de sueño por noche me bastaba.

Tomé el teléfono para ver la hora, aunque sabía perfectamente que eran las cinco cuarenta y cinco de la mañana. Apagué la alarma y me incorporé, estirándome para desperezarme. A pesar de eso, permanecí un momento más sentado en la orilla de la cama contemplando la habitación. Los juguetes habían desaparecido hacía mucho tiempo, reemplazados por más libros y una sustanciosa colección de videojuegos.

—Buenos días —saludé.

Si alguien más estuviera en la habitación probablemente habría pensado que estaba hablado al aire. Ellos no habrían visto a la niña con apariencia de haber salido recientemente de una tumba del cementerio, la cual estaba sentada en un rincón de la habitación divirtiéndose con un conejo de peluche mohoso.

La niña alzó el rostro y sonrió mostrando sus dientes puntiagudos. Tenía una piel azulada llena de costuras, que de lejos quizá podrían parecer retazos de tela unidos precariamente como los parches de una vieja colcha cacera; pero, si se la veía de cerca, uno se daría cuenta de inmediato que en realidad eran restos de piel, casi como si fuera una macabra muñeca creada a partir de restos humanos. Sus manos huesudas ayudaban a mantener esa sensación. Uno podría decir que era la hija del monstruo de Frankenstein.

—Buenos días —me saludó con voz queda, casi como un susurro.

Le sonreí al tiempo que me levantaba de la cama.

—Casi es hora de que me vaya —le dije.

La niña sonrió antes de desaparecer.

Hice una mueca cuando vi mi uniforme escolar perfectamente planchado y listo para ser usado. Extrañaba los días en la escuela primaria pública, cuando no tenía que usar uno. El uniforme de Joran era el clásico que se ve en todos los animes: camisa blanca de vestir, con corbata (en este caso en color negro), pantalón de vestir y saco a juego con la corbata. Bueno, al menos el de secundaria llevaba una corbata común y no una de moño como el de primaria. Ese uniforme siempre me hizo sentir como si llevara un cosplay de Conan Edogawa.

Era mi primer día de clases de secundaria, aunque no significaba mucho en realidad. Seguía yendo a Joran, después de todo. Así que lo único que cambiaría este año era que por fin recibiría un Disco de Duelo. Esas cosas eran en exceso costosas, al grado que de haber sido un PC de gama ultraalta hasta el más apasionado de la PC Master Race se lo habría pensado dos veces antes de invertir en uno.

Era una suerte que el disco viniera con la matrícula de Joran, que dicho sea de paso no era barata.

En fin, normalmente me habría levantado un poco más tarde, tomando en cuenta que caminando haría un trayecto de veinte a treinta minutos hasta Joran, y mis clases comenzaban a las ocho de la mañana; pero, por ser el primer día, era mejor llegar un poco más temprano, así que mi plan era estar en camino a más tardar las siete con diez de la mañana.

Una ducha rápida de quince minutos y estaba listo para ir a desayunar. A las seis con diez de la mañana me senté en la mesa del comedor. Mi padre ya estaba allí con una taza de café y el periódico de la mañana.

—Buenos días —lo saludé.

—¿Listo para el primer día de clases? —preguntó mi madre entrando en la habitación.

—Sí —respondí—. ¡No puedo esperar para tener mi propio Disco de Duelo!

Mi padre soltó una risita divertida, mientras mi madre terminaba de servir el desayuno y se sentaba en la mesa para comer todos juntos.

—Casi no puedo creer que ya vas a la secundaria —dijo mamá con voz nostálgica—. Es raro pensar que solamente estarás tres años más en casa.

—No es como si me fuera a mudar al otro lado del mundo —le respondí—. Y como dices, faltan tres años para la Academia de Duelos.

—Tres años pasan muy rápido —agregó mi padre.

Tenía que darle la razón en eso. A veces no podía creer que ya habían pasado más de cuatro años desde que nos mudamos a ciudad Domino y terminé envuelto en todo el drama que conllevaba la trama de una serie de Yu-Gi-Oh!.

Al menos hasta ese momento podía respirar tranquilo, ya que en aquellos días no había nada realmente grande sucediendo, si acaso alguna aventura menor relacionada con los Espíritus de Duelo.

Por otro lado, podía entender a mi madre. La Academia Central tal vez no estaba al otro lado del mundo, pero sí era un internado en una isla en medio del océano, en la cual viviría casi todo el año. Además, la edad mínima de los graduados era de dieciocho años, aunque legalmente todavía no sería mayor de edad, según las leyes de Japón, era muy extraño que un joven graduado volviera a la casa familiar. Normalmente conseguiría patrocinio para ser profesional, o podría intentar ir a la Universidad de Duelos para especializarse en alguna otra de las carreras relacionadas con el duelo.

Terminé de comer y volví a mi habitación para recoger mi mochila. Antes de salir confirmé que el estuche con mi mazo estuviera bien colocado en mi cinturón, y volví al comedor para despedirme de mis padres.

—¿No es algo temprano? —preguntó papá—. No son ni las siete.

—Queremos estar allí lo antes posible, para ser de los primeros en recibir el Disco de Duelos y anotarnos para el equipo inter-escolar.

Tener doce no sólo significaba que recibiríamos nuestros discos, sino también que podríamos solicitar pertenecer al equipo escolar. A diferencia del equipo de primaria, el de secundaria normalmente participaba no únicamente en torneos locales y nacionales, sino también internacionales. Todo estudiante de Joran que de verdad quería ser algo en los duelos, deseaba pertenecer al equipo. Fubuki y Ryo estaban en él, y este año serían vice capitán y capitán respectivamente.

Tuve que esperar al menos cinco minutos en la puerta de los Yuki, antes de que un molesto Haou saliera.

—Buenos días, Maestro —lo saludé con formalidad inclinándome levemente ante él.

El Maestro Haou por toda respuesta me miró un segundo, antes de pasar a mi lado y desaparecer camino a las escaleras.

—¡Hola! —me saludó Judai efusivamente siendo todo lo contrario a su hermano.

Se estaba poniendo el saco de la escuela, y traía un pan tostado a medio quemar aun colgando de la boca.

—¿Mañana complicada? —le pregunté, aunque era demasiado obvio.

—Olvidé que era mi turno de preparar el desayuno —respondió rascándose la cabeza.

Eso explicaba por qué el Maestro estaba más enfadado de lo normal. Sus padres habían decidido que eran lo bastante mayores como para seguir teniendo niñeras, así que ahora estaban por su cuenta. Respecto a Osamu, bueno, él estaba por graduarse de la universidad y entrar a trabajar en la empresa. Su familia era una de esas tradicionales en Japón que habían trabajado en la misma compañía durante al menos tres generaciones.

Judai se apresuró a cerrar la puerta con llave, antes de echarse la mochila al hombro. A diferencia de mi uniforme, el de Judai era un desastre: sin planchar, con el saco abierto y la corbata mal anudada. Francamente, creo que Joran únicamente lo toleraba porque su padre les daba mucho dinero y era el tercer mejor duelista de toda la escuela, empatado con el maestro Haou.

Nos dirigimos a las puertas del edificio, envueltos en una charla casual.

—Buenos días —ese era Johan. Llegó corriendo desde el otro lado de la calle y tuvo que frenar rápidamente para no estamparse contra nosotros.

—¿Qué tal tu viaje? —le pregunté. Como cada primavera, Johan había ido a pasar un par de semanas en su país natal.

—Divertido, pero ya deseaba volver a verlos —dijo sin perder la sonrisa de su rostro.

A su lado, Rubí maulló para demostrar que estaba de acuerdo con él.

—¿Alguna carta interesante de la vieja Europa? —quise saber.

—Nada que no se pueda conseguir también en Japón.

Judai hizo una mueca de decepción.

—¿De verdad? Vaya, y yo que pensaba que habría algo interesante —se quejó.

Aunque en teoría no había una división entre los formatos de Asia y Occidente, como en mi mundo anterior, sí que era común que se lanzaran cartas exclusivas para diversas regiones. Así que no era raro que Johan hiciera tour por las tiendas de cartas de Oslo cada vez que volvía a su país natal, en busca de alguna novedad que no estuviera en Japón.

Johan nos contó un poco más de su viaje mientras caminábamos. Eso hasta que, diez minutos después, una voz infantil nos llamó desde lejos, haciendo que Judai se tensara y Yubel apareciera para mostrar su descontento.

—¡Buenos días, mi príncipe! —saludó una niña con voz embelesada.

Judai trató de poner su mejor sonrisa amable antes de responder:

—Buenos días, Rei.

Efectivamente, una joven Rei Saotome de ocho años (ocho años reales y no debido a la censura), se detuvo frente a nosotros.

—Buenos días, pequeña Rei —la saludó Johan.

Rei lo miró con el ceño fruncido, antes de responder su saludo con voz más fría.

—¿No es un poco temprano para que vayas a la escuela? —pregunté con mi tono más amable—. La primaria no empieza hasta las ocho treinta.

—Eso lo sé, no soy estúpida —me respondió mirándome como si fuera un idiota—. Pero quiero estar allí cuando mi querido Judai se inscriba al equipo de duelos de la escuela.

Judai hizo una mueca de exaspero que Rei pareció ignorar.

—¿Sabes que las pruebas son por la tarde, después de clases? —le preguntó Johan.

—Por supuesto que sí. Pero quiero estar allí cuando mi príncipe se inscriba. ¡Él será el primero y les demostrará a todos que es el mejor!

Yubel apretó los puños, y de no ser por la orden explicita de Haou de no lastimar a nadie que no fuera una amenaza potencialmente mortal, seguro ya habría enviado a Rei al hospital.

—Aprecio tu apoyo —dijo Judai—. Pero no tenías que levantarte tan temprano. Basta con que estés allí esta tarde animándome.

—No le des alas —murmuré con molestia fingida. La verdad es que me divertía mucho viendo como Judai trataba de quitarse de encima a Rei, pero sin querer herir sus sentimientos. Era sólo una niña viviendo su primer enamoramiento, después de todo.

Rei me miró con furia apenas contenida, y luego procedió a hacer algo realmente infantil: me enseñó la lengua, a lo cual solamente procedí a reírme mientras le revolvía el cabello. Claro que eso sólo la hizo enfurruñarse más.

—Vamos, si queremos ser los primeros en anotarnos para el equipo debemos llegar cuanto antes —nos apuró Johan comenzando a andar de nuevo.

—¡Mi querido Judai será el primero! —insistió Rei antes de tratar de dar un puntapié a Johan, quién lo esquivó con facilidad.

Yo simplemente me reí del espectáculo.

Escenas como esta llevaban dos años repitiéndose. Lo curioso es que Judai no tuvo que derrotar a Rei en un duelo como en el canon. Por alguna razón, tras encontrarse con él cuando ella acababa de ingresar a la primaria en Joran, Rei desarrolló un flechazo instantáneo y desde entonces lo seguía como un cachorro extraviado. Según Judai, lo único que hizo fue indicarle el camino al gimnasio, cuando la vio perdida antes de la ceremonia de bienvenida para los alumnos de primer año.

Cabe decir que Fubuki encontraba todo el asunto sumamente tierno.

Tardamos quince minutos en llegar a la escuela. Cuando llegamos allí, Fubuki, Asuka, Ryo y Sho nos esperaban en la entrada principal. No vimos a Haou por ninguna parte. Luego de los saludos de la mañana, Fubuki y Ryo se despidieron para ir a la dirección en busca de los formularios de inscripción del equipo escolar. El resto nos dirigimos al gimnasio, donde se entregarían los discos de duelo. Mientras íbamos hacia allá, nos pusimos al día con Johan respecto a lo que ocurrió mientras no estaba y como le fue en su viaje a Noruega.

Haou estaba esperando en la puerta del gimnasio. Tenía un gesto aburrido, debido a que el profesor encargado estaba atrasado. Como de costumbre, Rei se escondió detrás de Judai en cuanto lo vio, mientras que Johan trató de ser amable, sólo para ser ignorado, lo que le ganó al Rey Supremo un regaño de su gemelo, el cual cayó en oídos sordos cuando Haou ignoró por completo a su hermano.

Cinco minutos más tarde, finalmente llegó el profesor. Entregamos los formularios firmados por los padres, tutores en el caso de Johan, y el profesor nos entregó de inmediato los discos de duelo nuevos.

—¡Genial! —gritó Judai en cuanto recibió el suyo—. ¿Alguien quiere un duelo para probarlo?

—Faltan treinta minutos para que comiencen las clases —le recordó Asuka—. Y todavía hay que ir a recoger los formularios para el equipo.

El ánimo de Judai se desinfló completamente ante ese recordatorio.

—Descuida, Aniki, ya tendrás tu oportunidad durante las pruebas de esta tarde.

Quince minutos más tarde, nos despedimos de Rei para ir al edificio de secundaria.

Por supuesto, había muchos más alumnos en ese nivel que en la de primaria, en especial porque había muchos más pre-adolescentes que decidían ser duelistas que niños de primaria. Así que no fue una sorpresa cuando nuestro grupo quedó en salones diferentes. Johan, Asuka y yo en el 1-1, y Judai, Haou y Sho en el 1-2. Esto no pareció sentarle bien a Judai.

—Tarde o temprano tendría que pasar —dijo Yubel mientras nos despedíamos.

—Vamos, Aniki, no es tan malo —agregó Sho por su cuenta, aunque él no podía escuchar ni ver a Yubel—. Literalmente, sólo nos separa un muro. Además, tendremos los descansos y las prácticas del equipo escolar al mismo tiempo.

—Sí, supongo que tienes razón —admitió Judai todavía algo abatido.

—Nos vemos más tarde —se despidió Johan y entró en su aula. Asuka y yo hicimos lo mismo, y Sho prácticamente arrastró a Judai a su propio grupo.

El aula no estaba del todo vacía. Había dos personas más. Al frente estaba un chico de complexión algo robusta leyendo el libro de matemáticas, y en la parte de atrás otro estudiante de cabellera negra alborotada que miraba por la ventana.

Nos sentamos al frente del aula y Johan no perdió el tiempo en saludar al chico con el libro.

—Mucho gusto, soy Johan Andersen. Seremos compañeros desde hoy.

El chico bajó el libro. Tenía un rostro sereno y la cabellera negra perfectamente peinada.

—Daichi Misawa, es un placer.

Podría decir que fue una sorpresa ver allí a Misawa, pero la realidad es que sabía que esa era una posibilidad. Y si no me equivocaba, el chico del fondo que parecía encontrar más interesante el ver por la ventana, era Jun Manjoume (el cabello era inconfundible como el de muchas personas en este mundo). Recordé que en la versión de 4kids se mencionaba que Daichi y él habían ido a la misma escuela «preparatoria» de duelo, al igual que Asuka. Aunque no recordaba si eso era canon también para la versión japonesa. Parecía ser el caso, al menos en esta realidad.

Por otro lado, me sorprendió que Daichi presentara el examen de la Academia si había asistido a la misma escuela que Jun, la cual resulto ser Joran, una escuela que hasta dónde tenía entendido con pase directo a Ra, o si pagas un «poco» más, a Obelisco. A menos que en aquella línea del tiempo las cosas fueran diferentes, o que Daichi hubiera presentado el examen por decisión propia. Conociéndolo, o al menos según lo que sabía de él por el anime, eso último era muy probable.

Los últimos cuatro años me hicieron ver que no podía confiar del todo en lo que sabía por ver el anime o leer los mangas: un personaje en la pantalla no reflejaba todo lo que era una persona de carne y hueso.

Más alumnos fueron llegando, y finalmente el profesor titular de nuestro grupo entró a presentarse, iniciando así el primer día de clases.

- GX -

Cuando las clases finalmente terminaron, Judai fue a buscarnos para arrastrarnos directamente al gimnasio para las pruebas del equipo. Noté que el maestro Haou no venía con nosotros.

—No quiere entrar —me aclaró Judai al parecer intuyendo lo que pensaba—. Dice que es una pérdida de tiempo.

—¿De verdad? —preguntó Asuka confundida.

Todos sabíamos que a Haou sólo le interesaba enfrentar a duelistas poderosos, así que era extraño que no tomara la oportunidad de participar en los torneos inter-escolares, algunos internacionales, representando a Joran.

—Haou siempre ha sido un chico peculiar —agregó Johan encogiéndose de hombros.

Desde que se conocieron, Johan parecía haber tomado como misión principal hacer que Haou se uniera formalmente a nuestro grupo. Como respuesta, mi Maestro sólo se aisló más. Al grado que, desde que Johan vivía en la ciudad, Judai fue incapaz de convencerlo de volver a la tienda del abuelo para los torneos o las reuniones informales que teníamos allí, cada vez que salía la nueva expansión o una reimpresión interesante del juego.

Nada más entrar al gimnasio, escuchamos a un gran número de niños apoyando a Judai. Al parecer, Rei había convencido a varios de sus compañeros de grupo de quedarse para animar a «su príncipe».

—¡Da lo mejor! —gritó Rei—. ¡Ninguno de los otros es competencia para ti!

Judai suspiró con cansancio, sobre todo cuando vio a Fubuki acercarse con una sonrisa pícara en los labios.

—Muy bien hecho, hermanito —lo felicitó—. Deberías invitarla a una cena romántica esta noche, para celebrar.

—Por favor, Fubuki, sólo es una niña de ocho años —le interrumpió Asuka con tono exasperado.

—Oh, vamos, cuatro años de diferencia no es tanto.

—Fubuki —lo interrumpió Ryo—. Deja de perder el tiempo y recoge los formularios.

Esto pareció matar el buen humor de Fubuki, y se dedicó a hacer lo que Ryo le pedía. Mientras él hacía eso, Ryo repasó con la mirada a los aspirantes. Había pocos de tercero, sólo cuatro, normal tomando en cuenta que la mayoría de ellos únicamente estaban concentrados en graduarse e ir a la Academia de Duelos. Del resto, habíamos doce de primer año, incluyendo a Jun y a Daichi, y quince de segundo esperando la oportunidad de ingresar al equipo. Treinta y un aspirantes en total.

El equipo escolar se componía de ocho alumnos, de los cuales cuatro se especializaban en duelos individuales, y cuatro en duelos Tag (dos equipos), modalidad que cada vez ganaba más popularidad en las diferentes ligas. Además de un vice-capitán, Fubuki, y un capitán, Ryo. Y, por supuesto, un profesor encargado, a quien por cierto no veía por ninguna parte.

—Muy bien, ¿pueden esperar un momento? —nos pidió Fubuki tras haber recogido los formularios—. Esto se hará mediante un pequeño torneo por puntajes. Así que debemos decidir las parejas para los enfrentamientos.

Fubuki se alejó para hablar con Ryo. Mientras hablaban, una mujer joven, quizá alrededor de sus veinte años, entró en la habitación. No pude evitar sentir que me era familiar. Vestía un traje formal de profesora en color rojo. Llevaba su larga cabellera castaña peinada hacia atrás, y con una diadema dorada en el flequillo. Saludó a los alumnos reunidos con una gran sonrisa, antes de ir a hablar con Ryo y Fubuki.

—¿Esa es la profesora encargada? —preguntó Sho—. Es realmente linda.

—Creo que es nueva —respondió Asuka—. No la había visto por aquí antes.

Judai no parecía prestar atención a esos detalles. Su cuerpo estaba prácticamente temblando de emoción, sin poder contenerse más para comenzar los duelos. Johan mantenía una mirada serena, pero el brillo de sus ojos delataba que estaba igual de emocionado.

Sho finalmente dejó de pensar en la profesora, tomó su mazo y lo barajó un par de veces, antes de colocarlo en el disco de duelo recién estrenado.

—Chicos, hagamos una promesa —dijo de pronto con voz muy seria—. Ninguno de nosotros va a contenerse si nos toca enfrentarnos.

—¡Por supuesto! —dijo Judai mostrándose decidido.

—No sería un duelista si lo hiciera —agregó Johan.

Asuka se limitó a asentir y yo hice lo mismo.

Diez minutos más tarde, Fubuki tomó un micrófono y realizó una prueba de sonido. Entonces la profesora tomó el relevo y comenzó a hablar.

—Muy bien, aspirantes, soy la profesora Sera Shin…

¡Por supuesto! Esa era la razón por la que me parecía tan familiar. Se trataba de Sera, una de las aprendices de Shadi, hermana menor de Diva y parte de los niños que heredaron el poder de la Prana.

—Vamos a comenzar las pruebas —la voz de Sera, la profesora Sera, me corregí, me sacó de mis pensamientos—. Les pedimos a los que vienen a apoyar que mantengan silencio. No se trata de duelos de exhibición, compórtense como si fuera un examen, por favor, para que los duelistas puedan concentrarse.

Había un número impar, así que cada ronda se sortearía un descanso. De cualquier forma, se decidió que serían duelos con límite de tiempo de quince minutos, y que cada participante debía tener al menos tres duelos; luego de los cuales se haría una prueba para duelos Tag, la cual no era obligatoria si no querías ser considerado para dicha modalidad dentro del equipo, pero te daba más posibilidades de ser seleccionado si participabas. No importaba ganar o perder, lo que importaba era demostrar tus habilidades.

La tarde tuvo un par de sorpresas. Asuka mostró por primera vez su nuevo mazo centrado en la Invocación de Ritual. Sho no se quedó atrás, demostrando un dominio de la invocación fusión que sin duda podría superar a varios de nuestros profesores. Noté con agrado que Ryo parecía sumamente orgulloso de esto. Con Johan y Judai, no hubo tanta sorpresa, el primero demostró la gran potencia del mazo de Bestias de Cristal ganando todos sus duelos sin recibir daño (no se enfrentó a ninguno de nosotros); Judai, por su parte, mostró lo bien que manejaba su mazo al luchar todos sus duelos sin tener que recurrir a ninguna fusión.

Misawa, demostró su habilidad al jugar de forma cautelosa y preparando sus combos de tal manera que, sin saberlo, sus oponentes entraban en una trampa que usualmente acababa en un OTK.

Mi sorpresa más grande fue con Jun. Estaba esperando que jugara el mazo más caro que su familia pudiera pagar, tomando en cuenta que era el Jun Manjoume que todavía estaba bajo la sombra de sus hermanos y su familia. No fue así: jugó un mazo Ojama.

Por supuesto, esto despertó mis sospechas. Era posible que él recordara, al igual que Fubuki. Si era el caso, no dio señales de eso. Terminó sus duelos, ganando dos y empatando el tercero contra Asuka al terminarse el tiempo, y luego se retiró a un rincón apartado a esperar los resultados.

Siguió la prueba Tag, en la cual solamente participaron la mitad de los aspirantes. Y de nuestro grupo únicamente Johan y Judai, haciendo equipo.

Terminadas las pruebas Tag, Fubuki, Ryo y la profesora Sera nos dejaron ir por el día. Los resultados se anunciarían al final de la semana.

—Eso fue divertido —dijo Judai mientras nos dirigíamos a la puerta de la escuela—. Aunque es una tortura tener que esperar hasta el viernes para saber si entramos al equipo.

—Aniki, necesitas aprender a ser más paciente.

—Voy a darle la razón a Sho en eso —dijo Johan riendo.

Judai hizo un puchero y nos reímos a costa de él. Por supuesto, en realidad él era el único que estaba impaciente por saber los resultados.

- GX -

La semana fue complicada. Cada día que pasaba, Judai estaba más impaciente por saber los resultados de las pruebas. Eso sumado a que las clases se volvieron mucho más difíciles. Siendo sincero, las matemáticas realmente no eran mi fuerte, y para mi sorpresa entramos directamente a las ecuaciones. Tal vez estaba equivocado, pero mis recuerdos sobre mi vida pasada me indicaban que no había visto ecuaciones hasta el segundo año de secundaria. No sé si por diferencias de temarios de un país a otro, o simplemente porque Joran era una escuela privada más exigente.

Matemáticas no era el único temario que se estaba volviendo más complicado. Lo cual tampoco le sentó bien a Judai, quien veía como su trabajo se iba acumulando día tras día. Con lo fácil que le era distraerse, eso no era nada bueno.

En fin, entre tareas y cada vez menos tiempo libre, llegó el jueves.

—Hay un pequeño problema —nos dijo Fubuki durante el almuerzo—. Kenichi, ven a verme al gimnasio después de las clases.

No dijo nada más, dio media vuelta y fue a reunirse con Ryo y sus otros compañeros de curso, para comer su propio almuerzo.

—¿Un problema? —preguntó Johan sorprendido.

Nadie fue capaz de darle una respuesta. Además, ¿por qué quería verme exclusivamente a mí? ¿Sería algo relacionado con lo que ocurrió en el futuro? Desearía que hubiera sido más específico, así no habría estado la segunda mitad de las clases de ese día distrayéndome pensando en cuál podía ser la razón.

En fin, cuando la campana sonó indicando el fin de las clases, no perdí tiempo en recoger mis cosas y apresurarme al gimnasio. Judai, Johan, Sho y Asuka estaban detrás de mí. Cuando llegué al gimnasio me encontré allí con Fubuki, Ryo y la profesora Sera.

—Buenas tardes, profesora —la saludé formalmente.

—Me alegra que se nos una —dijo ella—. Hay un pequeño detalle. Creo que es mejor que el joven Marufuji se lo expliqué.

Durante los últimos años, la actitud de Ryo hacia mí se había ido deteriorando. Desde hacía mucho tenía la impresión de que no le agradaba. No es que fuera vocal al respecto, simplemente me enviaba miradas críticas de tanto en tanto, y parecía encontrar mi forma de duelo… inadecuada, por así decirlo. Podía intuir que esto iba sobre eso, en especial por la forma severa en la que Ryo me veía, con los brazos cruzados y su disco de duelo preparado.

—Quiero dejar claro que Kenichi tiene mi voto para formar parte del equipo —dijo Fubuki mientras alzaba las manos como si estuviera indicando que eso no era culpa suya.

—Debo suponer que tengo que pasar una prueba extra.

—Debes vencerme en un duelo —admitió Ryo.

—¡Eso no es justo, hermano!

La mirada severa de Ryo se desvió hacia Sho. En otro momento tal vez Sho se habría echado para atrás, pero se mantuvo firme. Ryo volvió a centrarse en mí.

—Soy el capitán del equipo. La decisión final sobre quien entra o no es mía. Únicamente estoy dándote esta oportunidad por insistencia de Fubuki.

Noté que Judai estaba por intervenir, así que le pedí que no lo hiciera con un simple movimiento de cabeza.

—¿Profesora? —fue de nuevo Sho.

—Mi deber simplemente es supervisar el equipo. Pero, es cierto, es el capitán quien debe decidir quién forma parte de su equipo. Como equipo deben trabajar juntos para lograr el mejor resultado, por eso es labor del capitán escoger a los miembros.

Sho asintió, aunque no parecía conforme.

—Ryo, ¿no te parece injusto que solamente Kenichi tenga que hacer una segunda prueba? —esta vez fue Asuka.

—Está bien —dije—. ¡Hagamos esto!

Saqué mi mazo y lo puse en la ranura correspondiente en mi disco de duelo.

Fubuki suspiró.

—Muy bien, no hay reglas especiales para este duelo —explicó la profesora Sera—. Por favor, duelistas, ocupen el centro del gimnasio. El resto, retirémonos a las gradas para darles espacio.

Ryo se paró enfrente de mí. Nunca había ganado un duelo contra él. Bueno, en realidad lo había enfrentado pocas veces, incluso cuando ambos participábamos con regularidad en los torneos organizados por el abuelo.

—¡Duelo! —gritamos al tiempo que activábamos los discos.

Kaiba había actualizado los Discos del modelo estándar. Ahora, al igual que la versión que se usaba en el anime de Yu-Gi-Oh! 5D's, el mazo se barajaba de forma automática; y no sólo eso: al insertar el deck este era escaneado al instante, de tal forma que sabía exactamente que cartas había en el mazo en todo momento, para así evitar que los jugadores hicieran trampa sacando cartas de su manga. De igual forma, para buscar cualquier carta en el mazo, en el cementerio, o incluso en el destierro, mostraba las cartas en cada en una interfaz holográfica que básicamente era la que aparecía en los juegos de vídeo de la franquicia.

—Toma el primer turno —me concedió Ryo.

Contra Ryo, el primer turno normalmente no era una ventaja: siempre tenía un «Ciber Dragón» en su mano inicial. Una prueba de cuan poderoso era el vínculo con sus cartas.

—Muy bien, ¡robo! —Miré en mi mano sin sorprenderme mucho de ver allí a «Señor de los Vampiros». William siempre encontraba su camino a mi mano, lo que me hizo preguntarme si habría espíritus en la baraja de Ryo. Hasta ahora no había indicios de que fuera así—. Activo la carta Mágica Continua «Llamada de la Momia»: cuando no controlo monstruos, esta carta me permite hacer invocación especial de un zombi desde mi mano. Uso su efecto para invocar a «Señor de los Vampiros».

No pude evitar sonreír complacido cuando mi monstruo se manifestó frente a mí. Era la primera vez que lo invocaba fuera de las arenas, el tapete de duelos o el Mundo Virtual. Los hologramas de un Disco de Duelo eran diferentes: más nítidos y realistas, al grado que, de no saber de antemano que se trataba de un monstruo de duelo, uno podría pensar que el vampiro de pie frente a mí era real. En cierta forma, lo era. William era un espíritu, después de todo.

—Invoco Normal a «Torre de Hueso Absorve-almas» en defensa. —Debo decir: gracias regla de poder invocar normal en defensa. La de veces que mis oponentes se las arreglaron para quitarse de encima a mis otros monstros para aprovechar que el ataque bajo de la torre y hacerme daño. Se sintió como si el gimnasio estuviera temblando mientras la enorme Torre se elevaba a mis espaldas—. Coloco dos cartas y con eso termino mi turno.

Ryo no perdió tiempo, robó su carta y de inmediato invocó a «Ciber Dragón» usando su efecto. Para luego invocar normalmente a «Proto Ciber Dragón». Debo admitirlo: los dos enormes dragones metálicos eran intimidantes. Sus rugidos no ayudaban a mitigar esa sensación. Como muchas veces en esta vida, tuve que recordarme que lo que estaba frente a mí eran simples hologramas, al menos mientras no estuvieran infundidos con algún tipo de poder místico.

—Activo «Polimerización» para fusionar a «Ciber Dragón» y a «Proto Ciber Dragón» —anunció Ryo. Un remolino de colores se tragó a las dos criaturas, para posteriormente disiparse mostrando a un enorme dragón metálico con dos cabezas.

—¡Carta trampa! —declaré—. «Artilugio de Evacuación Compulsiva», la utilizo para devolver a «Dragón Ciber de Dos Cabezas» al Deck Ex… de Fusión.

Suspiré de alivio ante mi pequeño desliz. Uno pensaría que después de casi cinco años, desde que comencé a jugar de nuevo, me habría acostumbrado de vuelta a decir Deck de Fusión. No veía la hora para que Pegasus liberara más Invocaciones del Extra Deck. Habían pasado cuatro años desde que aprendió sobre los nuevos tipos de invocaciones, y no había noticias al respecto. Aunque, para ser sincero, el Maestro Haou tampoco había conseguido que se manifestaran cartas del Extra Deck que no fueran fusiones. Los otros tipos de invocación parecían estarse resistiendo a aparecer en este mundo.

Ryo continuó su turno:

—Activo la carta mágica «Cápsula de Otra Dimensión», con la cual destierro una carta boca abajo, misma que podré añadir a mi mano la segunda Standby Phase luego de la activación de esta carta. Coloco una carta y termino mi turno.

—¡Es mi turno! ¡Robo! —La carta tapada de Ryo me preocupaba, y estaba casi seguro que la carta desterrada era «Fusión Futura» u otro «Ciber Dragón», noventa por ciento de las veces la carta en la Cápsula era una de esas dos; siendo así, para el primer caso tenía mi carta tapada, para el segundo debía asegurarme de tener opciones para invocar monstruos fuertes. Por fortuna, tenía la carta perfecta para asegurarme los recursos necesarios para ese escenario—. Activo la carta Mágica «Elección Dolorosa». —Mostré mis tres copias de «Ryu Kokki» y las dos de «Mezuki». Ryo eligió uno de los segundos, sin duda pensando en evitar que invocara dos monstruos poderosos en un solo turno.

Mirando las cartas en mi mano, supuse que lo más obvio que podría hacer ahora era invocar a «Mezuki», pero seguía el problema de la carta tapada: si era algo que podía limpiar mi campo lo mejor que podía hacer era guardarlo, así que opté por usar mi Invocación Normal de ese turno para bajar una segunda torre. Ahora, si la carta era un farol (algo muy poco probable siendo que enfrentaba al Káiser), no podía desperdiciar la oportunidad de acabar el duelo, así que decidió arriesgarme a usar la invocación especial que tenía disponible en el cementerio:

—Destierro a «Mezuki» en mi cementerio para invocar especialmente a «Ryu Kokki».

De nuevo el gimnasio pareció temblar cuando la enorme criatura de huesos se levantó del suelo. Sentí una oleada de lo que podría definirse como sed de sangre viniendo de mi monstruo. Quisiera decir que me estaba acostumbrando, pero manejar mazos de Zombis mientras tenías el poder de ver a los espíritus significaba que algunos de ellos no serían tan amigables como William lo era hasta el momento. Tampoco olvidaba que era un vampiro el cual de hecho admitió alimentarse de mi energía de duelo y la de los otros duelistas a los que enfrentaba. Mientras no pidan sacrificios humanos como cierta serpiente, supongo que está bien.

De regreso al duelo, la Invocación Especial disparó el efecto de ambas torres, lo que forzó a Ryo a deshacerse de las cuatro cartas superiores de su deck.

—¡Inicio mi Battle Phase! — continué mi turno—. Ataco directamente con «Ryu Kokki».

El ataque pasó, reduciendo los puntos de vida de Ryo hasta 1600. Como esperaba del Káiser, no se inmutó ni un poco. Casi tuve flashbacks de mi duelo contra Kaiba de hacía más de cuatro años. El ataque de William, por otro lado, no llegó a concluir.

—Activo la carta Trampa Continua «Llamada de los Condenados». —Todo un clásico, que como es obvio me forzó a cancelar el ataque y terminar mi turno cuando Ryo la usó para resucitar a su «Ciber Dragón».

Ryo comenzó su turno con una obvia desventaja. Robó carta y su Cápsula acumuló la primera Standby Phase desde su activación.

—Activo «Olla de la Codicia» —declaró. Robó las dos cartas y luego las colocó terminando su turno.

—¡Mi turno! ¡Robo! —Dada la situación, estaba seguro de que las dos cartas que colocó tenían por objetivo atrasarme de terminar el duelo en ese turno, dándole así la oportunidad de definir el duelo en el siguiente con su carta desterrada. Muy bien, mi carta tapada seguía siendo mi seguro contra la carta en la cápsula, que cada vez estaba más convencido era una carta de Fusión; tal vez no «Fusión Futura», pero sí al menos una que le permitiría traer a uno de sus monstruos más fuertes al campo. Podría haber apostado por «Sobrecarga de Fusión», tomando en cuenta los recursos que había en su cementerio. Con eso en mente, me arriesgué a declarar ataque—. ¡Battle Phase! Ataco a «Ciber Dragón» con «Ryu Kokki».

Mi enorme monstruo de huesos regurgitó miasma mezclada con huesos destruyendo al monstruo insignia de Ryo y llevando sus puntos de vida a 1300.

—¡Ahora, ataco directamente con «Señor de los Vampiros»!

Ese fue el momento en que Ryo decidió mostrar una de sus cartas tapadas:

—Activo mi trampa «Pared de Poder»: durante el cálculo de daño, envió cartas de la cima de mi mazo al cementerio para reducir el daño de batalla, una carta por cada 500 puntos que quiera reducir. Envió cuatro cartas para reducir el daño a cero.

Sin nada más que hacer, termine mi turno. Hasta ahora, todo parecía ser justo como había pensado.

Ryo comenzó su turno, robó carta y entonces la Cápsula finalmente se abrió, por lo que pudo agregar la carta desterrada a su mano. Me preparé para activar mi carta tapada en cuanto jugara la carta mágica, pero, para mi sorpresa, Ryo activó su segunda trampa:

—«Orgullo Perdido», descartó una carta mágica, para tomar una carta mágica del cementerio de mi oponente y ponerla en mi mano. Si activo la carta que obtuve, pierdo 1000 puntos de vida. Descarto «De-Fusión» para tomar tu «Elección Dolorosa».

Esa jugada me tomó por sorpresa. No sabía si era un farol, o si los recursos que necesitaba para activar la carta que tomó de la Cápsula no estaban en su cementerio y quería enviarlos allí. En todo caso, debía hacer una elección rápida, ya que Ryo se apresuró a activar la carta que tomó de mi cementerio, haciendo que sus puntos se redujeran hasta 300.

—¡Carta trampa! —hice mi propia elección dolorosa—. «Disruptor Mágico», descarto una carta de mi mano para negar la activación de una carta mágica y destruirla.

Por supuesto, descarté al «Mezuki» en mi mano, dado que me era más útil en el cementerio.

La serenidad no desapareció del rostro de Ryo. Tomó la carta que sacó de su Cápsula y procedió a jugarla:

—Destierro todos los monstruos de tipo máquina con atributo Luz en mi cementerio para invocar especialmente a «Ciber Eltanin».

Mi sangre se heló en ese momento. No había considerado que Ryo usaría ese monstruo. Sabía que era uno de los monstruos de Ryo en el manga, pero, dado que hasta ahora todo me indicaba que estaba en una variante del universo del anime, ni siquiera había pensado la posibilidad de que él tuviera ese monstruo.

Ryo desterró exactamente ocho cartas de su cementerio. El enorme monstruo se materializó al instante. Era la cabeza de un «Ciber Dragón», de cuya frente salía una cabeza más pequeña. Además, los espíritus de los monstruos desterrados para su invocación le rodeaban como los fuegos fatuos a un fantasma.

La enorme cabeza rugió en cuanto llegó al campo, con lo cual todos mis monstruos fueron arrojados directamente a mi cementerio.

—Cuando «Ciber Eltanin» es Invocación Especial todos los demás monstruos en el campo son enviados al cementerio —explicó Ryo.

Eso era todo, mi campo estaba limpio y no me quedaban más cartas. De hecho, incluso aunque no hubiera gastado mi trampa para negar su carta mágica, no habría tenido forma de contrarrestar a su monstruo o defenderme de su ataque. Ryo sabía que mi mazo se centraba en dos cosas: invocar zombis fuertes de modo especial, y moler el mazo enemigo con mis Torres de Hueso, y usó eso contra mí.

—¡Battle Phase! —declaró.

La enorme cabeza disparó un rayo letal que acabó con mis puntos de vida en un instante. «Ciber Eltanin» gana 500 puntos de ataque y defensa por cada monstruo desterrado para su invocación. Al haber desterrado ocho monstruos, tenía poder suficiente para terminar con mis puntos de vida de un solo golpe.

—Por eso no puedes estar en el equipo —concluyó Ryo—. No respetas realmente a tus oponentes ni a tus propias. De hecho, los subestimas. Pudiste detener toda mi estrategia negando mi «Capsula de Otra Dimensión», pero me subestimaste al no considerar que podría usarla para buscar una carta diferente a las que busco normalmente. Continuaste el duelo desde esa suposición y este es el resultado.

Ryo se dio media vuelta y comenzó a abandonar el gimnasio.

Tenía razón. Después de cuatro años entrenando con Haou, ¿eso era realmente lo mejor que podía hacer?

—Siempre habrá otro año —me animo Fubuki.

—Superior Marufuji —llamé a Ryo antes de que se marchara inclinándome para mostrar mi respeto—. Muchas gracias, prometo esforzarme más para el próximo duelo.

Ryo no respondió nada, pero me gusta creer que sonrió levemente.