Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Actualización 18/04/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.


Libro II

Capítulo 13


Conejo Rescatador

[Bestia/Efecto/TIERRA/Nivel 4/ATK 300/DEF 100]

No puede ser Invocado de Modo Especial desde el Deck. Puedes desterrar esta carta boca arriba que controles; Invoca de Modo Especial, desde tu Deck, 2 Monstruos Normales de Nivel 4 o menor con el mismo nombre, pero destrúyelos durante la End Phase. Sólo puedes usar este efecto de "Conejo Rescatador" una vez por turno.


Como esperaba, mis cinco amigos lograron entrar al equipo, además de Daichi y Manjoume. El octavo puesto lo ocupó una alumna de segundo: Ran Kochou, una duelista con un deck de Tipo Insecto, a quien reconocí de inmediato del canon, ya que era la estudiante de Obelisco a quien Sho derrotó en su duelo de promoción al dormitorio Ra. Por supuesto, ella hacía poco para disimular su actitud de fangirl hacia Ryo, para diversión de Fubuki y molestia de Asuka (lo cual a su vez sólo hacía que su hermano mayor se divirtiera todavía más a su costa).

El equipo tendría reuniones de entrenamiento tres veces por semana (martes, jueves y sábado) después de clases. Eso significaba que tendría un poco más de tiempo libre a la semana. O al menos eso habría sido en un mundo ideal en el que Judai fuera hijo único.

—Fracasaste —me dijo Haou con su habitual tono de voz carente de toda emoción.

—¿En resumen…? Sí.

Vi a Judai abrir la boca para replicar. Haou se adelantó a él enviándolo a callar con una simple mirada. Sentí un escalofrío. El control que Haou tenía sobre Judai era casi aterrador. A veces pensaba que Judai era tan sirviente de Haou como yo mismo. Por supuesto, a diferencia de mí, Judai podía cuestionar a Haou, y a veces hasta lograba hacerlo ceder respecto a algunas cosas. En este asunto no parecía que iba a ser así.

Haou se recargó en la butaca. Estábamos en el departamento de la familia Yuki, justo la tarde del viernes en que se reveló la lista del equipo, y como de costumbre Haou ocupaba el sillón individual casi como si fuera su trono.

—Es mejor así —terminó Haou.

—¡Eso no es amable!

Otra mirada de Haou hizo que Judai se encogiera en su lugar.

—Es una pérdida de tiempo —continuó—. Hay todavía mucho trabajo que hacer.

Judai frunció el ceño.

—¿Participar en el equipo es perder el tiempo? —lo cuestionó—. ¿Cómo tener más duelos es perder el tiempo?

Los ojos dorados de Haou se posaron sobre Judai un segundo, antes de volver a verme a mí. No pude evitar estremecerme al ver la cruel diversión que expresaban, a juego con la sonrisa en sus labios.

—¿Algo interesante que decir respecto a Daichi Misawa y Jun Manjoume?

—Están en el equipo —respondió Judai, sólo para que Haou lo ignorara.

—No mucho —le respondí yo—. Daichi y Johan están en buenos términos. —Los ojos de Haou brillaron con interés ante eso, como siempre que escuchaba algo respecto a Johan, incluso cuando parecía ser incapaz de permanecer en la misma habitación que él por más de cinco minutos. Por supuesto, tanto Haou como Yubel se negaban a decirle a Judai el porqué de esto—. No sé sobre Manjoume: no habla con nadie en clase.

En realidad, no sabía qué pensar sobre Jun Manjoume. No había hablado con él ni una sola vez. Siempre se sentaba al fondo de la última fila, sin participar mucho en clases o siquiera hablar con alguno de los otros estudiantes del grupo. Por supuesto, algunos de los otros chicos ricos de la clase, que como es obvio lo reconocieron como el hijo menor de la familia Manjoume, intentaron acercarse a él para ofrecerle su «amistad». Por lo que sabía, Jun los rechazó a todos, incluso a Torimaki y Mototani sus «amigos» en el canon.

Haou se reclinó más en su asiento claramente pensando en mi respuesta. Yubel apareció justo a su lado, y se inclinó para hablarle, susurrando en ese idioma desconocido con el que se comunicaban entre ellos.

—Jun parece alguien agradable —dijo Judai—. Por supuesto, tendría que tener un duelo con él para confirmarlo.

—Sólo lo has conocido unas pocas horas —replicó Yubel.

—Él era mi amigo, ¿verdad?

Sabiendo que se refería al canon, asentí.

—¿Ves? No puede ser tan malo.

Yubel resopló.

—Mantenlo vigilado —me ordenó Haou—. Si da cualquier indicio de ser un problema, entonces tendré que ocuparme de él.

No me gustó la forma en la que Haou dijo eso. Casi como si quisiera tener la más mínima excusa para aplastar a Jun con su poder.

—¡Hermano!

Haou se giró hacia Judai, haciéndolo retroceder de nuevo.

—¿Crees que es tu amigo? —le preguntó—. El que en otra vida lo fuera, no significa que lo sea ahora. —Judai quiso replicar, pero Haou continuó hablando—: Alguien que en esa otra vida abiertamente trató de hacer que nos expulsaran de la Academia, que fue tan débil como para caer en las manipulaciones de la Luz…

Judai apretó los puños.

—No significa que vaya a pasar de nuevo —murmuró.

—¿Vas a arriesgarte?

—Él volvió, ¿verdad, Kenichi?

—Eh —sentí la mirada de Haou sobre mí, expectante respecto a que respondería—. Al final lo hizo, tras perder un duelo contra ti, y luego ayudó a deshacer el control mental de la Luz sobre los otros estudiantes.

—¿Ves? —Una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de Judai mientras veía a su gemelo como desafiándolo a refutar eso.

—Él siempre ha sido débil —replicó Haou—. Alguien que prefiere vivir para cumplir las expectativas de otros que las suyas propias.

¿Haou conocía a Jun? El tono que usó, la forma en la que su mirada se perdía, casi como si estuviera hablando consigo mismo más que con Judai o conmigo, era como el de un viejo que recordaba a sus amigos y conocidos de la infancia. Entonces recordé lo que dio a entender Fubuki años atrás: Judai no era el único que reencarnaba. Si Haou había conocido a Johan y a Jun en otras vidas, explicaría mucho de su comportamiento hacia el primero y su actitud cautelosa hacia el segundo, la cual obviamente se debía a algo que iba más allá del conocimiento que aprendió de mi sobre la línea del tiempo canon.

—La Luz se está acercando —dijo finalmente—. No va a tomarnos por sorpresa esta vez. Cualquiera que en la otra línea de tiempo pudo ser influenciado por ella debe ser vigilado con cuidado. Incluyendo a Asuka y a Daichi. ¿Soy claro?

—Sí, Maestro —respondí.

Judai no parecía conforme con ese desarrollo.

—Son mis amigos —se quejó.

—Ni siquiera conoces a Misawa o a Manjoume —replicó Yubel con voz suave—. No sabes si en realidad…

—Eran amigos del otro Judai, el de la otra línea del tiempo, eso los hace mis amigos. Además, estamos en el equipo de la escuela. Me aseguraré que la Luz no vuelva a intentar lavarles el cerebro.

Haou se levantó de su asiento y caminó en dirección a su habitación.

—Haz lo que quieras —dijo—. Pero si cualquiera de ellos vuelve a caer bajo el influjo de la Luz, entonces será su final. Recuérdalo: la piedad solamente sirve para que el enemigo recupere impulso antes de atacar otra vez.

Se escuchó como cerraba la puerta de su habitación. Yubel miró a Judai un momento con la tristeza reflejada en sus ojos, y luego desapareció.

Judai se recargó en el sillón con los brazos cruzados.

—Están equivocados —dijo.

Suspiré. Tendría que hacer de abogado del diablo.

—Sólo quieren ser cautelosos. —Judai me miró como si lo hubiera traicionado—. Debes admitir que no conoces a Daichi ni a Jun.

—¡Pero tú dijiste que éramos amigos…!

—En un anime que vi en otro mundo, uno que no necesariamente refleja la realidad. Especialmente la de un mundo donde las cosas han cambiado tanto.

A estas alturas tratar de apegarnos al canon era imposible. Yugi, Kaiba, Pegasus y Fubuki, más cualquier otra persona que haya regresado de ese futuro, cambiaron completamente la línea del tiempo.

Judai no parecía muy conforme con esa respuesta.

—¿Qué harán para el festival del lunes? —pregunté para cambiar el tema.

El miércoles era 30 de abril, y uno de los dos días al año en que se festejaba a los espíritus de duelo. No era sorpresa que se eligiera ese día: justo durante la noche de Walpurgis, uno de los dos momentos del año en que el velo entre el mundo de los humanos y el mundo de los espíritus se volvía tan tenue que era posible cruzar de un lado a otro, o al menos más fácilmente. Una tradición de la vieja Europa que fue adoptada como parte de la cultura del duelo, junto con el Halloween.

Como buena escuela de duelos, Joran realizaba un festival para participar dicha celebración. Tanto los alumnos de primaria como los de secundaria debían cooperar con algún evento, puesto de comida o atracción relacionado con el duelo. Por supuesto, teóricamente el festival debería ser el miércoles, pero como se atravesaba justo en medio de las vacaciones de la Golden Week (del 29 de abril al 5 de mayo), el festival se adelantaba dos días. Aunque eso también significaba que tendríamos que ir a la escuela el domingo para terminar de preparar todo, además de quedarnos hasta tarde el último día para realizar limpieza.

—¡Se supone que es un secreto!

Me reí divertido ante su exabrupto.

—Bueno, puedo decir que nosotros venderemos pasteles decorados como monstruos de duelo —dije—. Idea de Momoe y Junko.

—¿Quiénes?

—Oh, cierto, no las conoces. Son dos nuevas amigas de Asuka.

—Sus nombres me son familiares…

—En el canon fueron de las pocas alumnas de la Academia que no se unieron a la Sociedad de la Luz.

Esto llamó la atención de Judai.

—¿Son buenas duelistas?

Me encogí de hombros.

—No sé —le respondí—. No recuerdo algún duelo de ellas en pantalla. Tal vez sólo estudiantes promedio.

Los videojuegos dejaban en claro que no eran buenas.

Judai frunció el ceño.

—Si llegaron a la Academia y son amigas de Asuka, seguro son fuertes. ¿Crees que quieran tener un duelo conmigo?

—Puede ser…

Miré el reloj de pared. Eran casi las ocho y todavía tenía que terminar un ensayo para la clase de literatura que se entregaba al día siguiente.

—Te veo mañana —le dije mientras me levantaba del sofá.

—Sí, buenas noches.

La voz de Judai sonó distraída. Supuse que seguía dando vueltas en la cabeza a lo dicho por Haou. La verdad es que yo también. ¿La Luz estaba cerca? ¿Significaba que la batalla comenzaría antes de lo esperado? A veces de verdad deseaba que el Maestro fuera más abierto respecto a esas cosas. Si tuviéramos más información para prepararnos, todo sería mejor.

Cuando entré en casa, mamá estaba viendo el noticiario nocturno de la NHK. Los noticieros en Japón raramente tenían algo que de verdad pudiera considerarse noticia. Para ellos una noticia eran cosas como: historias de gatitos rescatados por bomberos, una nueva tienda de pasteles, los resultados de los deportes y la liga oficial de duelo; y en los espectáculos alguna noticia sobre si tal idol compraba tal o cual marca de maquillaje o celulares… En fin, la mayoría de las noches los noticieros parecían más programas de revista que telediarios.

Al menos hasta que llegaban las noticias internacionales. Ese día, en específico, hablaban de desapariciones misteriosas ocurridas en Europa. Al parecer todos los desaparecidos eran duelistas, aunque no profesionales. Me pareció algo curioso, pero en ese momento no le presté tanta atención. Algo que más tarde resultó ser un error. Eso era sólo el comienzo de algo más grande…

- GX -

La Golden Week, por lo general, para nuestro grupo de amistades era un tiempo de pasar el tiempo con la familia. Generalmente, sólo nos veíamos el treinta por la noche, durante el festival que hacía la ciudad para conmemorar el Día de los Espíritus de Duelo. Domino, siendo la ciudad más importante para los duelos en esos días, convertía el festival en un importante atractivo turístico. Y ya que vivíamos allí, no podíamos perdérnoslo, e íbamos al menos una noche (justo la noche en que realmente se conmemoraba el día, pues el festival se extendía durante los cinco días de la Golden Week).

Ese año, sin embargo, me fue imposible asistir debido a ciertos contratiempos.

Comenzó unos días antes del festival, cuando Yugi solicitó permiso a mis padres para llevarme a un evento importante que se llevaría a cabo ese día. Algo que pronto quedó claro que solamente era una excusa, pues la mañana del miércoles, cuando llegamos al edificio de Corporación Kaiba y subimos hasta la azotea, allí nos esperaban los hermanos Kaiba y un helicóptero listo para despegar.

No había tenido el placer de conocer a Mokuba, quien generalmente estaba ocupado en sus clases u otros proyectos secretos de la compañía cuando tenía que reunirme con Seto, así que me llamó mucho la atención el hecho de que su apariencia lo hacía parecer como si tuviera la misma edad que su hermano mayor. Era tan alto como él y con un rostro muy similar, pero de mirada más amable. Además, llevaba el cabello más corto y ordenado del que recuerdo de su infancia en la serie original y en el manga.

—Mucho gusto, soy Kenichi Satou —me presenté con una pequeña reverencia.

Mokuba se rió divertido.

—No hay porque ser tan formal, soy Mokuba.

Su mirada curiosa se dirigió hacia Yugi.

—¿Estás seguro de que deberíamos involucrarlo en esto?

—No te preocupes, mi sobrino es perfectamente capaz. De hecho, no creo que avancemos mucho más sin su ayuda.

—No perdamos más el tiempo —interrumpió Kaiba subiendo al helicóptero Los videojuegos dejaban en claro que no.

Mokuba hizo una mueca de resignación.

—Perdón por eso —se disculpó—. A Seto le gusta ir directo al grano.

Asentí, mientras Yugi soltaba una ligera carcajada, al tiempo que negaba con la cabeza.

—No hay problema —le dije. Era Seto Kaiba de quien hablábamos después de todo.

Subimos al helicóptero y, menos de cinco minutos después, ya estábamos en el aire sobrevolando la ciudad, alejándonos en dirección al océano.

—Supongo que no sabes a dónde vamos —me preguntó Mokuba.

Negué con la cabeza.

—No es información que deba ser dejada al azar por allí —replicó Kaiba.

—Oh, por favor, Seto —se quejó su hermano—. Si Yugi confía en él, creo que podríamos hacer lo mismo. Yo era más joven cuando ya me involucraba en muchos de tus proyectos secretos.

Me sentí un poco intimidado por presenciar algo que al parecer era un momento familiar.

—No te preocupes, siempre es así —me susurró Yugi.

—En fin —suspiró Mokuba antes de volver su atención a mí—. Vamos a la Isla de la Academia. Hay un proyecto que estamos investigando en uno de nuestros laboratorios allí, y necesitamos tu ayuda para avanzar un poco con ello.

—No es nada complicado —me aseguró Yugi—. Tiene que ver un poco con el conocimiento que nos diste hace un tiempo sobre las cartas de otro mundo.

Mokuba asintió.

—Tengo que admitir que son muchas cartas, aunque no hemos logrado descifrar muchas de ellas.

—¿Descifrado?

—¿Nadie te ha mantenido al día con esto?

—No era necesario —lo interrumpió Kaiba ganándose una mala mirada por parte de Mokuba—. Tenemos la información, así que cumplió su propósito.

—Eso no es cortés, Seto. Incluso después de que tan amablemente nos dio toda esa información sobre cartas que ni siquiera podríamos haber soñado.

—¿Hay algo mal con esas cartas? —me atreví a preguntar.

Mokuba devolvió su atención hacia mí y sonrió para tranquilizarme.

—Nada que no se pueda resolver. Bueno, si cuentas como nada importante el que no hayamos logrado hacer funcionar las nuevas invocaciones. Es decir, la Sincronía la tenemos más que dominada, pero las otras…

Fruncí el ceño. Podía imaginar que era así, si el Maestro Haou con el poder de una fuerza suprema del cosmos a su disposición no había podido hacer funcionar esas cartas, era lógico que Kaiba y Pegasus estuvieran en un punto muerto similar. Por supuesto, no lo diría en voz alta. Lo último que alguien quiere hacer es importunar a Seto Kaiba.

—¿Cómo es que jugaban estas cartas en…? —Mokuba se detuvo, al parecer no queriendo incomodarme.

—En el otro mundo —terminé por él—. Está bien, no me molesta hablar sobre eso.

Mokuba sonrió débilmente. Yo respondí a su pregunta:

—No se hacía nada especial: declarabas que ibas a hacer una invocación, enviabas los materiales al cementerio, o los acoplabas en caso de los XYZ, y luego movías al monstruo desde el Deck Extra hasta el campo.

Mokuba frunció el ceño.

—¿Eso es todo? ¿Nada de encantos especiales o algo similar?

—No. El duelo era un juego… Quiero decir, nada de rituales, nada de espectáculo con hologramas, un simple juego de mesa. Y si jugabas en simuladores y videojuegos como yo, todo era automático, si acaso con algunas pequeñas animaciones que generalmente podías desactivar en las opciones, si no querías perder mucho tiempo.

—Suena aburrido.

Kaiba resopló.

La verdad, después de tanto tiempo en este mundo, compartía un poco de ese sentimiento. No sé si podría volver a jugar sin el uso de discos de duelo y hologramas de alta tecnología. Ahora podía entender un poco más al Kaiba de La serie corta que se negaba a jugar si no había hologramas.

—¿Es un buen momento para hacer esto? —preguntó Yugi a Kaiba.

—Es el mejor momento —respondió él—. Todos los alumnos están fuera por la Golden Week, el personal en la Academia también es el mínimo. Es el momento ideal para hacer estas pruebas sin arriesgar a los alumnos en caso de algún imprevisto.

El resto del viaje pasó mientras mantenía una conversación casual con Mokuba. Estaba muy bien enterado sobre cómo iba la escena profesional en Japón. Supongo que tiene sentido, siendo su compañía la principal patrocinadora de la Liga de Ciudad Domino y la Liga Nacional de Japón.

Una hora y media más tarde, el piloto anunció que estábamos aterrizando. No pude contenerme y miré por la ventana.

La Isla de la Academia era más grande de lo que imaginé, lo suficientemente grande como para haber albergado a una ciudad pequeña. Su volcán soltó una ligera humareda, como si estuviera saludándonos. Sobre la enorme mancha verde que era su bosque se podía distinguir el enorme edificio principal, con sus altos obeliscos dorados, que en el anime siempre habían parecido amarillos, brillando bajo el sol. El aspecto general del edificio era que se trataba más de un templo dedicado al duelo que una escuela.

El helicóptero descendió en un helipuerto ubicado en el muelle, el cual estaba construido sobre una formación rocosa en uno de los acantilados, y conectado a la isla por un puente de concreto. El muelle era de gran tamaño, con el faro, y al menos una docena de bodegas donde imaginó se descargaban la mayoría de los suministros de la isla.

Cuando descendimos, nos esperaban tres personas. Reconocí a dos de ellas como el profesor Chronos de Medeci y el director Samejima. La tercera persona era uno de los científicos de Kaiba, a juzgar por el hecho de que usaba una bata de laboratorio. Era alto y tenía el cabello negro, con múltiples mechones que sobresalían en varias direcciones, como picos, algo muy común en este mundo.

Por supuesto, también era alguien que me resultaba familiar.

—Bienvenidos a la Isla Academia —nos saludó el director Samejima dando un paso al frente—. Señor Kaiba, joven Mokuba, y también es un honor que nos visite, señor Muto.

La mirada de Samejima se posó sobre mí y Yugi habló:

—Muchas gracias, director, este es mi sobrino Kenichi.

—Mucho gusto, soy Kenichi Satou —me presenté haciendo una reverencia.

—Es un placer, joven Kenichi. Soy el director Samejima.

—Oh, sí. También eres el sobrino del profesor Satou —recordó el profesor Chronos—. Soy el subdirector de la Academia, y Profesor Jefe del dormitorio Obelisco. Es de suponer que lo veremos por aquí en un par de años, joven Kenichi.

—Eh, sí. Ese es el plan.

Los ojos de Chronos brillaron como si estuviera frente a un gran premio, también tenía una sonrisa radiante que me causó escalofríos.

—¡Maravilloso, signore Satou! Realmente espero su rápido ascenso a mi dormitorio. Con sus antecedentes familiares no esperaría menos…

Seto carraspeó, haciendo callar al profesor.

Mokuba se rió por lo bajo, al tiempo que el científico finalmente se acercaba a nosotros.

—Él es el doctor Fudo —lo presentó Mokuba—. Desde el último año ha trabajado en conjunto con los empleados de Ilusiones Industriales en las pruebas de los prototipos de las nuevas cartas.

El padre de Yusei era realmente joven, no más de veinticinco años. La serie no había dejado muy en claro cuando ocurrió el incidente de Reversa Cero, pero considerando su edad calculé que seguramente sucedería en un plazo no mayor a diez años. Eso en sí mismo era aterrador, tomando en cuenta que vivía en ciudad Domino. Esperaba que todo el cambio drástico hecho a la línea del tiempo fuera suficiente para que ese incidente nunca sucediera.

—El señor Pegasus ya se encuentra en el laboratorio, únicamente los esperábamos a ustedes para comenzar las pruebas.

Mientras el doctor Fudo hablaba, caminamos hacia dos vehículos todo terreno que nos esperaban para llevarnos al laboratorio. Imaginé que debía ser el mismo donde se investigaba al mono duelista en la primera temporada de GX, y donde Cobra instaló su base de operaciones durante la tercera temporada. Como es obvio, si dicho laboratorio estaba en la Isla Academia, pertenecía a Corporación Kaiba.

—Muy bien —dijo Seto mientras subía al primer vehículo junto con Mokuba—. Quiero terminar esto cuanto antes, mientras el velo entre los mundos esté debilitado.

—Por supuesto, señor Kaiba. Nos hemos encargado de que las reservas de Energía de Duelo estén al máximo para asegurar que la prueba salga como es debido.

—¿Vienen con nosotros, director Samejima, profesor Chronos? —preguntó Yugi.

—No esta vez, señor Muto —le respondió el director—. Entendemos que es un proyecto importante y solamente nos avisaron como cortesía.

La mirada del director se dirigió a mí.

—El joven Kenichi puede quedarse aquí, no sería una molestia mostrarle la Academia mientras realizan la prueba.

—Él viene con nosotros —respondió Kaiba tajante.

Samejima frunció el ceño.

—¿No es algo peligroso…? —fue Chronos quien expresó las dudas

—Estará bien mientras esté con nosotros —les aseguró Yugi.

—No se preocupe director —les dije—. Gracias por la invitación, director, pero la verdad es que quiero ver esas nuevas cartas.

Los profesores no parecieron muy convencidos, pero asintieron. Samejima por fin habló:

—Está bien. Si terminan temprano y hay tiempo podría mostrarles la Academia más tarde.

Con esa invitación por parte del director, me senté en el segundo vehículo, en el asiento de atrás junto con Yugi y los dos vehículos arrancaron.

Salimos de los muelles de la Academia y cruzamos el puente que los conectaban con la isla principal. Nada más dejar esa zona, a la derecha apareció el dormitorio Osiris, y esa fue mi primera gran sorpresa en la Isla.

Si bien seguía pareciendo una residencia de estudiantes de bajo costo, era mucho más grande de lo que parecía en la serie y en los videojuegos. Empezando por el hecho de que no era un edificio, sino dos: uno frente al otro, separados por un patio en cuyo centro había una fuente con una estatua de «Osiris el Dragón Celestial». También parecían estar mucho mejor cuidados de lo que esperaba (o al menos es lo que percibí desde el vehículo).

—¿Sorprendido? —me preguntó Yugi cuando vio que giré la cabeza para seguir viendo los dormitorios mientras los dejábamos atrás.

—El dormitorio es diferente.

—Sí, lo es. Fue remodelado hace un par de años. Es parte del nuevo sistema de la Academia. Nos costó un poco imponernos a la junta escolar para hacer los cambios, pero finalmente está sucediendo.

—¿Qué cambios?

—Los descubrirás pronto —respondió Yugi de forma enigmática.

No me gustó mucho como dijo eso, ya que únicamente me hizo sentir más curiosidad sobre qué podía estar pasando en la Academia en esta línea del tiempo.

Cinco minutos más tarde, pasamos frente a las residencias de Ra. Igualmente, eran dos edificios. El de la derecha del camino era exactamente como lo recordaba por el anime, pero a la izquierda había otro dormitorio Ra, que parecía ser el espejo de ese.

Esta vez Yugi no dijo nada.

A partir de allí no hubo más cambios que pudiera apreciar. Pasamos frente a las verjas del campus principal. El edificio se veía mucho más grande al nivel del suelo, al grado que me pregunté cómo se las arreglaban los estudiantes para llegar a sus clases sin extraviarse.

El camino comenzó a bordear el lago, pasando frente a los dormitorios de Obelisco, primero los masculinos y luego los femeninos. Dejando atrás el lago, nos internamos a un camino de terracería que se adentraba en el bosque. Al menos hasta una bifurcación, al final de la cual nos detuvimos frente a unas rejas que daban acceso al laboratorio.

Nos apeamos y entramos a un edificio simple de forma cuadrada, en cuyo interior únicamente había un salón muy amplio, como una fábrica vacía, y al fondo unos elevadores.

Descendimos al menos cinco plantas, hasta un sótano enorme que contenía una sala de pruebas como la que vi en la sede de Corporación Kaiba cuatro años atrás. Pegasus ya estaba allí, junto con su fiel guardaespaldas, el señor Crocketts.

El doctor Fudo se dirigió de inmediato hacia un pequeño elevador que subía hasta la sala de control, mientras que nuestro grupo se reunió con Pegasus en el centro de la arena de duelo.

—Oh, maravilloso que llegaran, chico Kaiba, chico Yugi, chico Mokuba y pequeño Kenichi. —Frunció un poco el ceño—. ¿No nos acompaña hoy el pequeño Judai?

—Esta vez no —le respondió Yugi—. Ya sabes, hoy es el mejor día del festival en ciudad Domino.

—Oh, cierto. ¡Qué maravilloso! Una pena que llegues tarde, pequeño Kenichi.

—No se preocupe, ya tuve uno hace dos días en la escuela.

Pegasus negó con la cabeza.

—Y estoy seguro de que se esforzaron, pero el festival de Domino es por mucho el mejor del mundo. ¡Una auténtica maravilla! Estaré allí presentando la nueva expansión este viernes, espero que tú y tus amigos vayan. ¡Será un espectáculo imperdible!

—Basta de charlas —le interrumpió Kaiba—. Hay trabajo que hacer.

—Oh, chico Kaiba, siempre tan apresurado. Deberías tomarte un respiro o envejecerás prematuramente.

No pude evitar fruncir el ceño. ¿Kaiba envejecer? El tipo parecía que estaba atrapado en los dieciocho años eternamente. Pegasus tampoco se veía muy viejo, a pesar de que ya iba sobre los treinta. Y Yugi, bueno, salvo que era un poco más alto y su rostro había perdido un poco de ese aspecto inocente, tampoco parecía haber envejecido mucho.

—Es una pequeña broma —me aclaró Pegasus, aunque no tenía que hacerlo, guiñándome su ojo—. Te darás cuenta pronto, pequeño Kenichi, que una de las ventajas de ser un duelista de alto nivel, es que tiendes a envejecer mucho más lento. Llegada a cierta edad, pueden pasar décadas sin que te encuentres una sola cana o arruga nueva. Claro, mientras continúes luchando con regularidad.

Eso en realidad explicaba mucho, aunque si se ve desde afuera, era básicamente un «lo hizo un mago».

—Bien, estamos listos para la prueba —dijo el doctor Fudo a través de los altavoces.

El señor Crocketts se acercó a Pegasus con un maletín abierto, dentro del cual había un disco de duelo y un mazo.

—¿Quién hará los honores? —preguntó.

El señor Isono tenía un maletín similar, del cual Mokuba sacó también un disco de duelo y un mazo.

—¡Hagamos esto! —dijo con entusiasmo.

El resto nos hicimos a un lado para dar espacio a los dos duelistas.

La prueba consistió en un duelo. Mokuba tomó el primer turno y rápidamente invocó a dos monstruos normales de nivel cuatro usando al «Conejo Rescatador».

—Esta es la parte que nos está dando dificultades —me aclaró Yugi sin apartar la vista de los duelistas.

Mokuba declaró que estaba haciendo una invocación XYZ, el disco de duelo no reaccionó. Aun así, acopló sus dos monstruos y tomó el monstruo XYZ de forma manual de la ranura del Extra Deck. El disco de duelo marcó error.

Fue casi como ver a Yuya en el capítulo tres de Arc-V intentar hacer la Invocación Péndulo y fallar cada vez.

—¿La carta está defectuosa? —pregunté.

—Funciona perfectamente —me aclaró Kaiba algo seco—. Los sensores detectan energía de duelo en ella. Si no fuera así, el disco de duelo no la aceptaría en primer lugar.

—Incluso si una carta no tiene espíritu, esta siempre tendrá energía de duelo, aunque sea una cantidad diminuta —me explicó Yugi—. El disco de duelo detecta esa energía. Así es como sabemos cuándo alguien intenta jugar una carta falsa.

¿Qué estaba fallando entonces? Estaban haciendo la invocación XYZ tal como decía el manual de reglas… Sólo que este no era mi mundo, era un mundo anime.

—¡La red superpuesta! —dije.

De inmediato sentí las miradas de todos sobre mí. A estas alturas, ya estaba acostumbrado a que eso pasaba cada vez que abría la boca sin pensar.

—En el anime, cuando se invocaba por XYZ se creaba una «Red Superpuesta» —aclaré.

—¿Ese es el encanto de la invocación? —me preguntó Yugi.

Asentí con la cabeza.

El asunto de los «encantos», o «cantos de invocación», todavía era muy extraño para mí. Por lo que sabía, entre más cartas se creaban y más poderosos se volvían los monstruos, la necesidad de un canto para la invocación se hacía más y más indispensable para lograr que funcionara.

—Lo tenemos —anunció Kaiba a Mokuba a través del «teléfono» en la solapa de su chaqueta.

Me pasó un comunicador que de inmediato ajusté en mi oído y lo encendí.

—¿Cómo se hace? —me preguntó Mokuba.

Mokuba repitió palabra por palabra lo que le indiqué:

—¡Ahora, superpongo a mis dos «Guerrero Dai Grepher» de nivel cuatro…!

A diferencia de lo que ocurrió la última vez, ambos monstruos se convirtieron en dos esferas de energía de color café.

—¡Con estos dos monstruos, crearé una Red Superpuesta!

Las dos esferas de energía, que antes fueron los monstruos, se elevaron en una especie de danza, mientras sobre los duelistas aparecía una formación de varios colores similar a una galaxia espiral, la cual comenzó a girar a gran velocidad absorbiendo las dos esferas de energía.

Mokuba fue capaz de terminar la invocación a partir de allí, al parecer por instinto:

—¡Invocación XYZ, aparece, rango cuatro «Rey de los Diablillos Salvajes»!

La Red Superpuesta se abrió, y de ella emergió una enorme criatura que sólo puede ser descrita como un gremlin gigantesco, de al menos tres metros de altura, el cual obviamente debió haber sido alimentado con una tonelada de comida después de la media noche para haber crecido hasta ese tamaño. La criatura se irguió, soltando un furioso rugido. Podía ver las dos esferas de energía de los monstruos acoplados a él orbitándolo como si fueran las lunas de un planeta.

—¡Lo tenemos! —dijo Pegasus emocionado—. ¡Oh, es incluso más maravilloso de lo que imaginé!

Debía darle la razón. Los colores, la forma en la que la atmosfera había crepitado ante la acumulación de energía… Y ahora, frente a nosotros, se erguía orgulloso el primer monstruo invocado por XYZ en este universo.

—¿Cómo están los niveles de energía? —preguntó Kaiba a sus científicos.

—Estables —respondió el doctor Fudo—. Es una invocación mucho más sencilla que las Sincronías, sin embargo, generó casi el doble de la energía de una de estas.

Kaiba asintió.

—Prosigamos con el duelo, al menor pico de energía inestable aborten la prueba.

—Entendido.

—No deberíamos intentar nada más que XYZ por el momento —dijo Yugi.

Kaiba asintió de acuerdo.

Era agradable ver que no querían precipitarse. La Invocación Péndulo era la que más me preocupaba. Al parecer, la facilidad que tenía una invocación de realizarse dentro del juego, era inversa a la cantidad de energía de duelo que consumía y generaba. Eso sin contar todos los problemas que dio en su mundo de origen.

El duelo entre Pegasus y Mokuba continuó. No jugaban para ganar, sino más bien como una especie de competencia por ver quién podía realizar más invocaciones XYZ. Por supuesto, todas eran invocaciones simples: nada que perteneciera a algún arquetipo, tuviera algún requisito de invocación muy rebuscado o tuviera un efecto demasiado llamativo.

—Creo que estoy en el límite —dijo Mokuba tras la cuarta invocación. Estaba tan agitado como si acabara de correr una maratón. Pegasus, aunque mucho más presentable, también se veía cansado.

—Muy bien, terminamos —anunció Kaiba.

Los discos de duelo se apagaron, y tanto el señor Crocketts como el señor Isono se acercaron para ofrecer botellas de agua a Pegasus y a Mokuba.

—¿Cómo estuvo? —preguntó Pegasus sin el habitual tono de burla en su voz.

—Consume mucha más energía de lo pensado —le respondió Kaiba—. Tal como calculamos, el que sea más fácil de usar no significa que sea menos costosa en términos de desgaste.

—Cada invocación es como correr los cien metros planos —dijo Mokuba mientras se secaba el sudor de la cara con una toalla—. Si vamos a estandarizar esto, creo que tendremos que diseñar un régimen de ejercicio más estricto para la Academia.

Luego me miró.

—¿Cómo hacían esto en tu mundo?

Sonreí enigmático antes de responder:

—Solamente jugabas las cartas, y ya. Nada místico, nada de energía de duelo o espíritus.

—¿Sin apuestas de almas?

—Sin apuestas de almas o locos queriendo destruir el mundo con cartas.

—Malditos con suerte —se quejó casi como un niño pequeño.

—Yo diría que es al revés. Konami tenía el meta hecho un desastre: nueva lista de prohibidas cada dos meses y erratas a diestra y siniestra. Cierras los ojos un segundo y cuando los abres ya le cambió el efecto a los «Cilindros Mágicos» cuatro veces.

—Suena horrible —estuvo de acuerdo conmigo.

—Sí, bueno, Konami era una empresa horrible. Cancelaron Silent Hills, y ese juego iba a ser hermoso. Además, cuando yo… bueno, eso… no habían sacado un Castlevania que no apestara como en diez años. La única esperanza de sus pobres IPs es que se hundan y llegué THQ Nordic a comprar lo que quedé cuál ave de carroña.

Mokuba me miró sin entender mucho. Así que yo simplemente le sonreí, tratando de poner mi mejor cara de inocencia. Sí, podía entender que fuera confuso escucharme rantear sobre una compañía que no existía en su mundo.

Mientras hablaba de estas cosas con Mokuba, Yugi, Kaiba y Pegasus mantuvieron una conversación por su cuenta. El doctor Fudo se les unió al poco rato, entregándoles lo que parecían ser los informes preliminares de las pruebas.

—Muy bien —anunció Kaiba—, creo que es suficiente por ahora. Es momento de que todo el personal vaya a disfrutar de lo que resta de la Golden Week. Nos reuniremos la próxima semana para discutir como procederemos con el resto de las pruebas.

Kaiba podía ser todo el frío empresario que quisiera, pero sabía perfectamente cómo tratar a sus empleados con respeto. Bueno, al menos cuando dichos empleados no eran lamé botas lamentables. El doctor Fudo por supuesto no lo era, según lo que pude ver, era tan profesional y calmado como Yusei, y parecía tener toda la confianza de Kaiba. O al menos eso me daba a entender el que estuviera a cargo de un proyecto tan importante como lo era el desarrollo de los nuevos métodos de Invocación.

Mokuba y Pegasus se excusaron para dirigirse a las regaderas, mientras que el resto de nosotros subimos a la cafetería del laboratorio para comer algo.

—Lo siento —dije mientras me sentaba junto a Yugi—. Debí haber sabido que no bastaba con colocar una carta sobre otra y el XYZ sobre ella.

Yugi sonrió de forma tranquilizadora.

—No te preocupes por eso. Luego de todo lo que pasó ese día, es normal que no tuvieras en mente un detalle como ese. Además, no perdimos mucho tiempo. Las pruebas con las invocaciones comenzaron apenas hace un mes. Llevó un poco más de tiempo de lo esperado descifrar algunas de las cartas y lograr imprimirlas.

Kaiba, quien estaba revisando los resultados de las pruebas, parecía no tener intención de comer por el momento. Dejó los papeles a un lado y luego se masajeó las sienes.

—¿Algún problema? —le preguntó Yugi.

—Aunque los picos de energía se mantienen estables, sin duda serán más difíciles de manejar que las Sincronías. Y eso que apenas hemos rascado la superficie de su potencial. No creo que podamos producirlas a gran escala antes de cinco años.

—Es mejor así —dijo Yugi—. No queremos que estén al alcance de la Luz.

—Al menos la Energía de Duelo que generan parece ser más limpia y pura que la producida por la Invocación de Sincronía. Tal vez podamos usar esto como reemplazo en los reactores.

—Poner un freno a Yliaster antes de que puedan intentar sabotear el reactor —estuvo de acuerdo Yugi, por su voz parecía algo que de verdad deseaba que pasara—. ¿Sabes que de todas formas encontrarán la manera de despertarlos?

—Si al menos puedo evitar que destruyan mi ciudad de nuevo, valdrá la pena.

Hice como si no escuchara nada. Me parecía muy sorprendente que se pusieran a decir esas cosas frente a un niño de doce años. En especial porque parecía ser un tema duro para ambos. Por otro lado, no sé si confiaban mucho en mí, o sí se debía era porque no les costaría mucho deshacerse del único testigo. Quizá ambos: Yugi confiaba, mientras que Kaiba no dudaría atar cualquier cabo suelto.

Antes de que pudieran decir más cosas sobre sus planes para detener organizaciones malvadas, Mokuba se unió a nosotros cargando una bandeja con comida.

—¿Piensas tomar el recorrido por la Academia que te propuso Samejima? —me preguntó.

Antes de que pudiera responder, Seto se adelantó:

—Es muy tarde para eso. Tenemos que volver a ciudad Domino antes de las ocho y lo sabes.

Claro, Kaiba debía estar allí esa noche para presentar el nuevo modelo de disco de duelos aprovechando el festival.

—Oh, vamos, Seto, es una buena oportunidad para que conozca la Academia.

—Ya tendrá tiempo cuando venga aquí en tres años más.

Mokuba suspiró.

—Hice lo que pude.

—Está bien —le respondí—. También quiero ir al festival.

—Pues yo únicamente quiero dormir doce horas. Esa invocación XYZ de verdad es agotadora. Lo bueno es que las Invocaciones son como un músculo: se vuelven más fáciles mientras más las usas.

Era bueno saberlo.

Pegasus se unió a nosotros cinco minutos después. La comida se desarrolló entre bromas del estadounidense a costa de Kaiba, preguntas sobre cómo me iba en la escuela y detalles sobre algunas cartas del otro mundo. Aunque tenían toda la información que la Oscuridad trajo junto con mi alma, como sospeché, estaba bajo una especie de cifrado y no habían podido acceder a todo el contenido, por así decirlo.

Aproveché ese momento para anotar en un cuaderno una descripción de la forma en la que se hacían las Invocaciones Péndulo y de Enlace en el anime, esperando que no ocurriera el mismo retraso que con los XYZ.

Finalmente, salimos del laboratorio y volvimos a los muelles para abordar el helicóptero de regreso a la ciudad. Pegasus nos acompañó esta vez, dado que él también debía asistir a algunos eventos dentro del festival de ciudad Domino. El director Samejima nos esperaba allí para despedirnos, aunque esta vez no el profesor Chronos.

Mientras el helicóptero despegaba, volví a mantener la mirada fija en el edificio principal de la Academia. Todo el lugar irradiaba una energía única que me hacía sentir casi como si fuera un hogar. Podía entender por qué Judai y los otros habían amado tanto esta escuela. Y también porque era un imán para los peligros inherentes al Duelo de Monstruos y las fuerzas místicas que lo regían.

Podía decir que, sin importar cuantos cambios sufriera la historia, este lugar sería importante para definir toda la guerra que estaba cerca.

Al margen de todo eso, ese día se reportó la primera desaparición misteriosa de un joven duelista en Japón. En este caso un niño de solamente ocho años, quien había sido campeón regional de la liga infantil de Hokkaido. Una víctima más de desapariciones misteriosas que llevaban sucediendo desde varios meses atrás.