Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Actualización 18/04/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.


Libro II

Capítulo 14


Contraataque de Gema

[Carta Trampa]

Manda al Cementerio todas las cartas en tu Zona de Magia y Trampas. Pon boca arriba en tu Zona de Magia y Trampas tantos monstruos "Bestia de Cristal" en tu Cementerio como sea posible, como si fueran Mágicas Continuas. Durante la End Phase de este turno, destruye todas las cartas "Bestia de Cristal" que controles.


Llegué a casa apenas con el tiempo suficiente para tomar una ducha rápida. Habíamos quedado desde hacía varias semanas que nos reuniríamos a las seis treinta de la tarde (y, la verdad, dudaba que en las horas pasadas desde que nos vimos por última vez, el día anterior, hubieran cambiado los planes), y ya eran casi las cinco.

Decidí vestirme con mi yukata azul para ir al festival. Incluso cuando la fiesta de los Espíritus de Duelo era considerada occidental (tomando en cuenta que nació a partir de un juego creado en los Estados Unidos), la ciudad lo trataba como uno de los típicos festivales de verano en Japón. Esto debido a que así resultaba más exótico e interesante a los turistas extranjeros que llenaban la ciudad por esos días.

Una vez me aseguré de que mi atuendo estaba perfecto, tomé mi Disco de Duelo, y lo ajusté a mi brazo izquierdo. De igual forma agarré mi mazo de zombis y lo guardé en el bolsillo del pantalón, que por suerte era lo suficientemente grande para que cupiera con todo y su estuche.

Estaba por abrir la puerta de mi habitación y salir, cuando sentí la presencia de William detrás de mí. Me detuve y me giré quedando recargado en la puerta. El vampiro estaba sentado en mi cama. Se veía completamente nítido, sin nada de la transparencia habitual que tienen todos los espíritus de duelo cuando se manifiestan en el mundo humano.

Considerando que ese era uno de los días en que el velo entre ambos mundos era más tenue, no me resultó tan extraño. Aunque sí fue una sorpresa que William apareciera. Desde que mi Energía de Duelo se había estabilizado lo suficiente para permitirme vivir en este mundo sin hacer uso de la energía de Yugi, William se presentaba cada vez menos, incluso durante aquellos días en los que el velo era más tenue.

William se quedó allí, sentado sin decir ni hacer nada, simplemente viéndome fijamente por un largo rato, casi como si estuviera evaluándome.

—Ten cuidado —dijo casi en un susurro y luego desapareció.

Me quedé aturdido, sin saber qué decir o hacer. ¿Cuidado de qué?

Salí de mi estupor cuando escuché que llamaban a mi puerta. De hecho, el ruido repentino me hizo dar un respingo.

—¿Kenichi? —escuché la voz de mamá llamándome—. ¿Estás allí?

Mis padres no estaban en casa cuando llegué, así que me sobresaltó escuchar ruidos, ya que supuse que estaba solamente en casa. Bueno, en realidad nunca estaba solo: incluso si William no se presentaba, otros espíritus que ahora vivían en mi baraja sí que se manifestaban con más regularidad, especialmente los más débiles o pequeños.

—¡Sí! —le respondí y abrí la puerta.

—Pensé que no irías al festival —dijo cuándo me vio ya listo para salir.

—No creí que me daría tiempo, pero el evento terminó un poco antes de lo pensado.

Ella asintió y luego se marchó en dirección a la cocina.

Salí de mi habitación y en la sala encontré a papá y al tío Kouji charlando mientras tomaban algunas cervezas.

—¡Tío! —dije mientras me acercaba para saludarlo.

—Veo que vas al festival —comentó él tranquilamente.

—Sí. De hecho, se me hace tarde. Se supone que los chicos y yo nos veamos en treinta minutos.

—Creí que el evento al que fuiste duraría un poco más —me comentó mi padre.

—Era una simple presentación privada de cartas —le dije, no era en sí una mentira porque básicamente eso fue—. El señor Kaiba también estaba allí, y el señor Crawford. No podían tardar mucho, ambos tienen obligaciones en el festival esta noche.

Kaiba, como dije antes, debía presentar un nuevo modelo de Disco de Duelo, y Pegasus actuaba como juez en el torneo de duelos con cosplay que se llevaría a cabo esa noche en la mítica plaza del reloj de la ciudad.

—¿Una presentación privada? —me preguntó mi tío enarcando una ceja.

—Lo siento, no puedo decir nada. Es un secreto.

Mi padre frunció el ceño.

—¿No habrás firmado algún acuerdo legal?

Podía entender un poco su molestia. El que un menor firmara un acuerdo de confidencialidad sin el consentimiento de sus padres, era una razón suficiente para molestar a cualquiera. Demás, seamos sinceros, una presentación privada de las cartas nuevas de un juego (en un mundo en el cual dicho juego mueve una parte importante de la economía mundial), suena a que no es algo que te dejarían ver sin antes firmar un largo y complicado acuerdo de confidencialidad. El tipo de contratos que traen consecuencias legales serias si filtras algo de eso antes de determinada fecha. Es decir, en la jerga legal, un embargo.

—No te preocupes, papá. No hubo nada legal que firmar. Lo prometo.

Esto pareció relajarlo un poco.

—Bueno, se me hace tarde, los veo después —me despedí.

Como cada tarde, ciudad Domino estaba bañada en un cálido resplandor dorado. A veces todavía me parecía surrealista estar allí. Si sabías a dónde mirar, podías encontrar toda clase de puntos memorables relacionados con la historia del duelo, tomando en cuenta que las dos ediciones de Ciudad Batallas tomaron la ciudad entera como escenario principal. Para mí el verlos resultaba en una mezcla de nostalgia y a la vez de irrealidad. Si me detenía, por ejemplo, en la plaza del reloj, no solamente tendría memorias de las muchas veces que visité sus cafeterías para comer con mis padres o mis amigos; sino que a la vez me remontaba a una época, que cada vez se volvía más borrosa, en la cual me sentaba frente a un viejo televisor de pantalla plana para ver el estreno de un nuevo episodio de Yu-Gi-Oh! en uno de los canales de TV abierta.

Encontré a Johan en el pasillo fuera de la casa de Judai, seguramente esperando a que saliera.

—¡Hola! —lo saludé y me detuve frente a él, recargándome en la buhardilla del pasillo.

Johan sonrió alegremente mientras me respondía.

Estaba usando un yukata de color celeste. Dado sus rasgos completamente europeos, cada vez que llevaba ropa tradicional japonesa parecía más bien que estuviera utilizando parte de un cosplay. Por suerte, esa noche no resaltaría tanto, pues muchos extranjeros que asistían al festival querían meterse tanto en la celebración que rentaban trajes tradicionales para no destacar entre los asistentes locales.

—Pensé que no vendrías. —Mientras hablaba, Rubí apareció en frente de él y se erizó gruñendo como un gato furioso.

Pronto quedó claro a que le estaba gruñendo, cuando sentí dos manos pequeñas y esqueléticas tomarme del pantalón, como si un niño pequeño se estuviera escondiendo detrás de mí. Bajé la mirada y lo vi: una especie de muñeco o niño pequeño, de no más de cinco años, vestido con ropas de apariencia victoriana de aspecto andrajoso, con costuras y roturas por todas partes, además llevaba lo que parecía ser un hacha de juguete en la cabeza.

—¿Eso es un espíritu? —me preguntó Johan mientras tomaba a Rubí y acariciaba su cabeza para tranquilizarlo.

—Sí, él y su hermana han estado apareciendo mucho por mi casa últimamente.

De hecho, las primeras veces que los sentí me habían sacado unos sustos de muerte. Y por algún motivo, removieron en mí una sensación de miedo que no recordaba desde que tenía cinco años, en mi vida pasada, y se me ocurrió la brillante idea de colarme en la habitación de uno de mis primos mayores mientras veía El exorcista con sus amigos. Ese temor comenzó a decaer cuando ambos espíritus lentamente comenzaron a volverse más nítidos. Vaya sorpresa que me llevé cuando resultaron ser los espíritus de dos cartas con las que estaba familiarizado. En realidad, fueron las dos últimas adquisiciones a mi colección antes de morir; ya que, si bien se editaron poco más de un año antes de eso, me costó algo de trabajo encontrarlas en mi ciudad.

—¿Su hermana? —cuestionó Johan

Asentí, mientras bajaba la mano y la apoyaba sobre la cabeza del niño en un gesto tranquilizador. Rubí parecía estar un poco más tranquilo, pero era obvio que estaba listo para saltar y atacar en cualquier momento.

—Bueno, creo que es su hermana. Son prácticamente gemelos. Desde hace un par de años aparecen habitualmente por mi habitación. Ella normalmente en la madrugada o en las mañanas, y él por las tardes o la noche.

Johan siguió mirando al niño, quien le devolvió la mirada con curiosidad, Aunque sin apartarse de mi lado. La verdad, tras acostumbrarme a su presencia, comencé a pensar en ellos como en dos hermanos menores.

—Esta es la primera vez que aparece fuera de mi habitación —le aclaré.

El pequeño fantasma, por llamarlo de alguna forma, tembló un poco y luego desapareció.

Justo en ese momento, la puerta del departamento de Judai se abrió y él apareció, jalando a Haou por la manga del yukata. Judai usaba ropas rojas, mientras que Haou de un azul tan oscuro que casi parecía negro.

—¡Oh, llegaste a tiempo! —exclamó Judai alegre en cuanto me vio.

—Casi no lo logro —admití—. Pensé que ya estarían con los otros.

—Me tardé un poco más de tiempo de lo que creí en convencer a Haou de venir con nosotros.

Haou resopló con molestia. Judai pareció no darse cuenta, continuando sonriendo con alegría mientras saludaba a Johan y a Rubí.

—Es bueno que vengas con nosotros —comentó Johan a mi Maestro. Vi como Haou se tensaba al escuchar eso—. De vez en cuando es bueno divertirse.

—No necesito divertirme —gruñó Haou.

—Únicamente será esta noche —insistió Judai mientras lo empujaba en dirección al ascensor.

Antes de que pudiera continuar, un Kuriboh furioso apareció sobre la cabeza de Haou y fulminó a Judai con la mirada. No era un Kuriboh ordinario: tenía garras más grandes y de aspecto más peligroso, aunque su pelaje era igual al del Kuriboh clásico.

Kuriboh Alado apareció a lado de Judai y comenzó a regañar al que estaba sobre la cabeza de Haou, o al menos eso era lo que parecía. De hecho, el Kuriboh de Haou era un poco más pequeño, casi como si fueran lo inverso a Judai y Haou, siendo Kuriboh Alado el hermano mayor.

—Se hace tarde —dije mientras comenzaba a caminar. Johan se encogió de hombros y me siguió.

—Entonces, ¿qué decías sobre esos niños fantasma?

Judai nos alcanzó, jalando a Haou por la manga, mientras de fondo se escuchaba a los dos Kuriboh todavía discutiendo, o eso parecía, puesto que solamente se escuchaban sus furiosos «kuri kuri».

—¿Qué niños? —nos preguntó Judai curiosos.

—Los que aparecen en mi habitación desde hace un par de años.

—¡Oh! ¡Yo no los he visto! Aunque creo que los sentí por allí el otro día cuando estábamos estudiando.

—Hace un momento apareció uno —dijo Johan.

—¿En serio? —La voz de Judai destilaba entusiasmo, al parecer no sentía temor alguno por los fantasmas. De hecho, amaba contar historias de fantasmas (tal vez más que yo), lo cual usualmente no le caía muy bien a Sho.

—Sí —le respondí—, apareció el niño en el pasillo. Desapareció justo cuando ustedes salieron. No creo que sea un fantasma.

Johan frunció el ceño. El ascensor finalmente llegó y los cuatro (siete si contamos a los tres espíritus) entramos.

—Si no es un fantasma, entonces, ¿qué es? —me preguntó.

—Pienso que es un espíritu de duelo. —Johan no sabía nada sobre mi reencarnación así que tampoco podía decirle abiertamente que de hecho sabía a qué carta pertenecían esos dos.

Judai se dio cuenta, ya que sus ojos se abrieron demostrando aún más interés.

—¡Ahora de verdad quiero conocerlo! —chilló como un fanboy.

—No recuerdo una carta que sea como él —me comentó Johan—. ¿Estás seguro?

—Dudo que tenga una carta. Lo he buscado en la base de datos pública y no hay ninguna que se parezca a él.

Judai suspiró decepcionado.

—Oh, bueno, tal vez todavía no ha salido.

El ascensor llegó a la planta baja así que salimos en la recepción del edificio. Los dos Kuriboh desaparecieron, pero Rubí seguía en los brazos de Johan.

—¿Puede existir un espíritu de duelo que no tenga una carta?

Haou resopló con burla ante la pregunta de Johan.

—Por supuesto que pueden —espetó en tono condescendiente.

—Hermano. —El tono de Judai era casi como si estuviera regañando a Haou. En momentos como ese, apenas podía creer que era el mismo niño el cual, menos de una semana, atrás se encogía con miedo ante la mirada del Rey Supremo.

Johan frunció el ceño y miró a Haou con molestia. Se detuvo, todavía con Rubí en sus brazos.

—No entiendo, ¿qué te hice exactamente? Trato de ser amable, pero parece que no importa lo que haga simplemente no hay forma de que te agrade. Me tratas casi como si fuera suciedad en tus zapatos…

Mi maestro se detuvo y miró a Johan con tal intensidad que no entendí como es que él no retrocedió. Al contrario, Johan se mantuvo firme, sosteniéndole la mirada a Haou, mientras Rubí volvía a gruñir como cuando Zombino apareció, aunque esta vez en dirección a Haou.

—Tal vez es lo que eres, Johan Andersen. —Haou pronunció el nombre como si efectivamente fuera simple suciedad en sus zapatos.

Johan apretó los dientes y por un momento creí ver una especie de destello blanco en sus ojos.

—¡Es suficiente! —gritó Judai—. Se supone que esta noche íbamos a divertirnos, sin peleas, malas miradas o…

—Judai —lo interrumpió Johan—, de verdad lo intento. —Suspiró con cansancio—. Sé que es tu hermano, pero quizás es momento de aceptar que simplemente no quiere ser amigo de nadie. Tal vez debiste dejar que se quedara solo en casa, envuelto en su aura de amargura todo el día. Sería lo mejor para todos.

Judai se veía realmente decepcionado.

—Sí, tal vez tengas razón.

La mirada de Haou se centró en Judai, sus ojos destellaban con alguna emoción que no pude identificar.

—Si de verdad piensas eso… —le dijo a Judai en voz baja, casi como un susurro duro, y luego comenzó a caminar de regreso al elevador.

—Lo he intentado, de verdad —replicó Judai con voz abatida—. Quería que disfrutaras un poco más de la vida, pero… Johan tiene razón. Solo te interesa tu tonta guerra y quieres arrastrar a todos los demás a eso. Tal vez sea hora de dejar de intentarlo. Si no quieres ir al festival con nosotros, ya no importa.

Haou se detuvo, miró a Judai con una intensidad incluso mayor que la que usó antes contra Johan. Rubí emitió un rugido entre nervioso, asustado y furioso, saltando de los brazos de su amo y parándose con el pelo erizado mostrando los colmillos hacia el Rey Supremo.

Yubel apareció detrás de Haou, extendiendo sus alas con toda su envergadura y, a pesar de que tenía los brazos cruzados sobre su pecho, era claro que estaba dispuesta a atacar.

Por mero instinto, metí la mano en mi bolsillo y apreté mi puño sobre mi mazo, listo para yo mismo entrar a la batalla.

Johan retrocedió un paso, al parecer sorprendido por la presencia de Yubel. Recordé que esa la primera vez que veía realmente al espíritu. Aunque previamente había admitido que sentía su presencia, Yubel nunca le había permitido ver su aspecto físico.

Yubel sonrió al ver el miedo de Johan. Sus ojos estaban fijos en él, expectantes a cualquier movimiento brusco.

—Por favor, regresa a casa, hermano —le pidió Judai—. Como dije, no te molestaré más con estas cosas. —Miró a Yubel con la misma decepción. El espíritu le devolvió la mirada, ya sin rastros de burla, más bien conmocionada—. Supongo que prefieres pasar este día con Haou. —Sacó su mazo, tomó tres cartas y se las ofreció a su hermano.

—¡No seas estúpido! —le espetó Haou con furia apenas velada.

La mirada de Yubel se suavizó y flotó hasta Judai, replegó sus alas y se arrodilló frente a él, tomando las cartas que tenía en la mano y volviendo a ponerlas en el mazo.

—Judai, no puedo quedarme atrás. Sé que piensas que esta es una noche para divertirte, pero también es la más peligrosa. Con el velo entre los mundos debilitado, el enemigo puede aprovechar para atacar. Especialmente si estás con… él.

Johan, al parecer superando su miedo, miró a Yubel con un gesto de confusión.

—¿De verdad piensas que lastimaría a Judai? ¡Es mi amigo!

Haou volvió a resoplar.

—Eso no te importó antes —escupió.

Johan fulminó a Haou con la mirada.

—¡Nunca te he hecho nada! Eres tú el que parece odiarme sin motivo.

—¿Sin motivo? ¿De verdad no recuerdas nada o solamente estás fingiendo?

Haou dio un paso en dirección a Johan, con el puño apretado. Por un momento creí que perdería por completo los estribos y le soltaría un golpe.

Mi mano ya no estaba en mi bolsillo, ahora mi mazo estaba en la ranura del Disco de Duelo y mi dedo se encontraba peligrosamente cerca del botón de encendido.

—Yubel —pidió Judai en voz baja—. ¿Qué pasa exactamente? No entiendo nada.

—Oh, Judai, no es el lugar ni el momento para eso.

Johan miró al espíritu con un gesto de molestia.

—Yo quiero saber por qué me odia. No es algo normal…

—¿Quieres saberlo? —le preguntó Haou sin filtrar nada de su odio—. ¿Por qué debería responderte?

Johan apretó el puño y activó su Disco de Duelo.

—Muy bien, si no quieres darme una explicación, entonces tendré que obligarte a darla mediante un duelo.

Haou dio un paso más cerca de Johan, a diferencia de él no estaba usando su Disco de Duelo. No es que lo necesitara en realidad. Al instante la temperatura pareció descender varios grados de golpe, mientras la oscuridad se arremolinaba alrededor del brazo izquierdo de Haou. Cuando se disipó, allí había un Disco de Duelo personalizado de color negro.

A nuestro alrededor, el edificio desapareció, mientras las sombras se extendían por la habitación como si de pronto hubiéramos sido transportados a otra dimensión.

Johan frunció el ceño, mientras Rubí saltaba a sus hombros, todavía con el pelaje erizado y sin dejar de gruñir en dirección a Haou.

—¡Por favor, no hagan esto! —les pidió Judai. Se giró a verme, como si yo pudiera hacer algo para evitar que ese duelo sucediera.

—No interfieras —me ordenó Haou. No tenía que hacerlo, en realidad. No sabía si Johan era consciente, pero su propia Energía de Duelo crepitaba quemando la atmósfera a su alrededor, aunque no de forma tan amenazante como el aura de mi maestro.

—Toma el primer turno —concedió Johan.

—Muy bien —respondió Haou al tiempo que robaba su primera carta—. Invoco Normal en posición de ataque a «Héroe Elemental Stratos». —El héroe frente a nosotros se veía incluso más nítido que lo normal en un holograma. Lo supe en ese momento: los monstruos eran reales.

—No es necesario hacer esto —insistió Judai a su hermano, pero Haou lo ignoró continuando su turno:

—Activo el segundo efecto de Stratos, con el cual puedo buscar a otro Héroe Elemental en mi mazo y ponerlo en mi mano. —El héroe que añadió resultó ser Avian—. Coloco una carta y termino mi turno.

Johan no se inmutó y procedió a hacer su jugada:

—¡Es mi turno! ¡Robo! Invoco Normal en posición de ataque a la «Bestia de Cristal Pegaso Zafiro». —Había que admitir que el monstruo de Johan era majestuoso. El poderoso Pegaso galopó por el aire dando varias vueltas al campo antes de descender al suelo frente a Johan, extendiendo sus alas emplumadas y agachando la cabeza apuntando a Stratos con su cuerno de zafiro—. Al invocar a Pegaso Zafiro puedo poner un monstruo Bestia de Cristal en mi Zona de Cartas Mágicas y de Trampa como si fuera una Carta Mágica Continua. Pongo a mi «Bestia de Cristal Tigre Topacio» en mi campo.

Frente a Johan pareció una enorme gema de color amarillo y él continuó su turno:

—Activo la carta Mágica «Promesa de Cristal». Gracias a su efecto, puedo invocar a Tigre Topacio desde mi Zona de Cartas Mágicas y Trampas.

El cristal amarillo comenzó a romperse como si fuera un huevo, luego, envuelto en un resplandor de luz amarilla, el poderoso tigre saltó rugiendo de forma amenazante. No pude evitar sentir escalofríos, pero Haou no se inmutó ni un poco.

—¡Batalla! ¡Tigre Topacio destruye a «Héroe Elemental Stratos»! —El imponente tigre saltó sobre el héroe, golpeando su pecho con sus poderosas garras, al tiempo que su mandíbula se cerraba sobre su cuello. Stratos desapareció en una explosión, mientras Tigre Topacio caía sobre sus patas masticando—. Tigre Topacio gana 400 puntos de ataque durante…

—Sé perfectamente lo que hace —lo interrumpió Haou mientras perdía 200 puntos de vida, quedando en 3800—. Como destruiste a Stratos, puedo activar mi carta trampa, «Señal de Héroe», con la cual Invoco a «Héroe Elemental Clayman» desde mi mazo en posición de defensa.

Johan seleccionó otra carta en su mano.

—Termino mi Battle Phase. Coloco una carta boca abajo y con eso acabo mi turno.

—Es mi turno. Robo. Activo la Carta Mágica, «E - Llamado de Emergencia», para buscar otro Héroe Elemental y ponerlo en mi mano. —Haou buscó a Burstinatrix—. Activo «Polimerización» e invoco por fusión a «Héroe Elemental de la Llama Wingman».

El héroe se manifestó envuelto en llamas detrás de Haou, flotando y en posición de guardia, de forma muy similar a como Yubel apareció minutos atrás.

Judai tembló. Lo miré, tenía una expresión medio entre la rabia y la impotencia, mientras Yubel lo vigilaba de cerca.

—¿Por qué hace esto? —le preguntó al espíritu.

—Johan lo desafió a un duelo, sabes que él nunca…

—¡Lo sé! —Negó con la cabeza—. No me refiero a eso. ¿Por qué hacer real el duelo? ¿Por qué atacar a Johan con mis héroes?

—No son solo tus héroes —le recordó Yubel.

—¡Lo son! Haou y yo… —Cerró los ojos y sus palabras murieron en su boca.

Me sentía como si no estuviera allí en realidad. No podía hacer nada, únicamente ser un mudo observador, mientras dentro de mí, la Oscuridad Gentil se agitaba ante la indecisión de apoyar incondicionalmente a Haou y consolar a Judai.

El duelo continuó. Haou ordenó a Wingman atacar a Pegaso Zafiro.

—Activo mi Trampa —declaró Johan—: «Joya Cortada»: descarto una Bestia de Cristal de mi mano para reducir el ataque de tu monstruo a la mitad, pero a cambio puedes robar una carta.

Wingman, quien se había envuelto en llamas y arrojado en picada sobre Pegaso Zafiro, falló su ataque cuando el monstruo de Johan lo esquivó. Pegaso Zafiro, en cambio, disparó un rayo de luz de color azul desde su cuerno destruyendo a su atacante.

Haou robó la carta mientras sus puntos de vida descendían a 3050.

—Termino mi turno —declaró el Rey Supremo.

—Es mi turno, robo. Activo «Monstruo Renacido» para resucitar a mi «Bestia de Cristal Gato Amatista».

Al igual que Rubí, Gato Amatista apareció con el pelaje erizado y gruñendo en dirección a Haou.

—Si bien mis monstruos no pueden superar tu defensa… —comenzó a explicar Johan.

—Deja de perder el tiempo explicando cada maldita cosa —le ordenó Haou—. Sé perfectamente cómo funcionan las Bestias de Cristal.

Johan lo miró con la boca abierta. Podía entender su sorpresa. Haou no había visto uno solo de sus duelos. Por supuesto, mi maestro estaba familiarizado con una cantidad ingente de cartas y tal vez conocía el mazo de Johan incluso mejor que su propio dueño. Al menos en teoría. En este mundo memorizar una lista de cartas y sus efectos no era lo mismo que conocerlas. Y la conexión de Johan con las Bestias de Cristal iba más allá del nivel de unión habitual que había entre un duelista y sus cartas. Eran familia.

—Estás mintiendo —le espetó Johan—. No tienes idea de cómo funciona mi mazo. Nunca te has dado una sola oportunidad para conocerme. ¿Cómo podrías conocer mis cartas?

—Te he visto, Johan Andersen, usar esas cartas una y otra vez. Las conozco perfectamente, de la misma forma que conozco cada una de mis propias cartas.

Johan resopló incrédulo.

—¿Tus propias cartas? Todo lo que he visto hasta ahora es como le copias una a una las estrategias a Judai. Perdón por esto —agregó viendo a Judai un momento antes de devolver su atención al duelista frente a él—, pero es lo que pienso. ¿Cómo puedes considerar ese mazo como propio cuando es exactamente lo mismo que el de tu hermano?

Haou soltó una carcajada fría que me hizo estremecer y me dejó la piel de gallina.

—Judai y yo somos un único ser —replicó—. ¿Cómo podría copiar mi propio mazo?

Johan lo miró, con la confusión reflejada en su rostro.

—Oye, amigo, he escuchado de la conexión telepática entre gemelos; sin embargo, en serio, eso suena absurdo.

—Entonces te lo demostraré.

—Bien, no puedo superar tu defensa, así que ataco directamente con Gato Amatista.

El ataque del Gato Amatista se dividió a la mitad debido a su efecto. Saltó sobre Clayman, dando un poderoso zarpazo en el pecho de mi maestro, lo cual rasgó su yukata y dejó varias marcas rojas de aspecto desagradable.

—¿Cómo…? —preguntó Johan.

—No es un duelo ordinario —se escuchó la profunda voz de Pegaso Zafiro—. Cada que alguno de ustedes pierde puntos de vida su propia fuerza vital disminuye. En este duelo, los ataques directos causarán heridas reales.

—¡Esto es una locura! —gritó Johan.

—¿Quieres rendirte? —le preguntó Haou con tono condescendiente.

Johan negó con la cabeza.

—¿No podemos tener un duelo normal? ¿Por qué hacer esto?

—Tú me desafiaste…

—Sí, pero, esto… Es demasiado.

Haou sonrió.

—¿Demasiado? Esto es únicamente el comienzo, Johan Andersen.

Miré a Judai. Todavía temblaba y las lágrimas le escurrían por el rostro. Y pensar que diez minutos atrás, sonreía radiante ante la emoción de disfrutar del festival con sus amigos y su hermano.

—Termino mi turno —declaró Johan, atrayendo mi atención de vuelta al duelo.

Haou ahora estaba en 2450 puntos de vida. Robó una carta para indicar que comenzaba su turno.

—Activo «Recuperación de Fusión» y agrego a Burstinatrix y «Polimerización» a mi mano. Invoco a Burstinatrix en ataque. Activo la Carta Mágica «Impacto Fatal».

Una serie de explosiones sacudieron la extraña dimensión de oscuridad en la que nos encontrábamos, levantando una gruesa cortina de humo en el campo. Al disiparse, únicamente Burstinatrix quedaba de pie en el campo. Frente a Johan había tres enormes gemas ocupando tres espacios de su Zona de Cartas Mágicas, como cartas Mágicas Continuas. Los puntos de vida también habían cambiado. Johan ahora tenía 3100 mientras que Haou tenía 2150.

—Burstinatrix, ataca directamente.

La heroína de fuego alzó el vuelo, envuelta en llamas, mismas que salieron disparadas con la forma de un ave en dirección a Johan, quien quedó envuelto en una explosión.

—¡Detén esto, por favor! —Judai pidió a Haou, mientras Yubel lo abrazaba por la espalda para evitar que corriera y se interpusiera en medio del duelo.

Haou pretendió no escucharlo.

Cuando la explosión se disipó, vimos a Johan con el yukata medio quemado, el pelo chamuscado y algunas quemaduras en la cara. Rubí estaba de pie frente a él. Había salido de su carta para proteger a su duelista, incluso cuando no había sido Invocado al Campo. Y, a causa de eso, sufrió la mayor parte del impacto, pues se tambaleaba como si fuera a caer en cualquier momento.

—¿Por qué…? —preguntó Johan—. ¿Por qué quieres lastimarme? ¿Por qué lástimas a mi familia? —Levantó a Rubí del suelo, quien ya no había soportado más y había colapsado por el dolor. El espíritu se desvaneció en sus brazos.

Alzó la mirada. Nunca había visto tanto odio en los ojos de Johan. Ni siquiera sabía que ese niño amable y risueño pudiera ver a otros de esa forma.

—¿Quieres saberlo? —le preguntó Haou, su voz era tan fría que incluso parecía ser capaz de bajar aún más la temperatura del ambiente—. Tú nos traicionaste, Johan Andersen, traicionaste a todos tus amigos y a tu familia. Eso es lo que hiciste.

Johan abrió la boca y luego la cerró de nuevo, dándole el aspecto de un pez fuera del agua. Retrocedió un paso, casi como si le hubieran empujado, y medio tropezando con sus propios pies. La mirada de Johan pasó de Haou a Judai y luego de regreso.

—Yo no…

—Lo hiciste —le aseguró Yubel. Tenía los ojos cerrados, mientras apretaba a Judai en sus brazos de un modo protector, como si temiera que de pronto Johan fuera a hacer algo para lastimarlo.

—¿Cómo podría haber hecho eso? —preguntó el nórdico en voz baja—. Yo nunca lastimaría a mi familia.

Yubel cerró los ojos en un rictus de dolor, lo cual me extrañó mucho. ¿Existía alguna relación entre Johan y Yubel? Era algo sobre lo que muchos en el fandom tenían sus propias teorías. Una de ellas, por ejemplo, indicaba que Johan de alguna forma era la reencarnación del cuerpo humano de Yubel. Con lo extraña que era la reencarnación en este mundo, podía llegar a creerlo. Sin embargo, parecía ser algo diferente, aunque muy cercas de esa teoría.

—Mi turno terminó —le recordó Haou a su oponente, haciéndome volver la atención al campo—. Haz tu jugada.

La ventaja de puntos de Johan había desaparecido después del ataque directo, estando ahora en 1900.

Johan apretó los puños y robó su carta.

—Activo «Olla de la Codicia». —Robó las dos cartas y enseñó una de ellas—. Invoco Normal a la «Bestia de Cristal Águila Cobalto» en ataque. —La poderosa águila emergió de su gema con un fuerte chillido, sobrevolando el campo antes de detenerse sobre Johan, agitando sus alas para mantenerse en el aire—. ¡Ataca a Burstinatrix!

Águila Cobalto alzó el vuelo, agitando sus alas para crear una ventisca que arrojó a la heroína de llamas haciéndola estallar, dejando a Haou con 1950 puntos de vida.

—Coloco una carta y termino.

Haou robó carta, invocó a «Héroe Elemental Wildheart» y luego activó la Carta Mágica «R - Justicia Honesta» para destruir la carta boca abajo de Johan. Luego ordenó a Wildheart atacar a Águila Cobalto. El Héroe cortó a la Bestia de Cristal en dos con su espada, haciendo que Johan apretara los dientes ante el chillido de dolor de su monstruo. Sus puntos de vida quedaron en 1800. Finalmente, Haou terminó su turno tras poner una carta boca abajo.

—Robo —declaró Johan—. Invoco a «Bestia de Cristal Mamut Ámbar». ¡Batalla!

La enorme bestia prehistórica intentó embestir al héroe de Haou, únicamente para verse detenido por una especie de escudo giratorio rodeado por energía. Por supuesto, era la trampa «Barrera de Héroes».

Johan terminó su turno.

Haou robó, puso esa carta en su mano, cambió a Wildheart a modo de defensa y allí terminó su turno.

Era el turno de Johan3 robó carta y procedió a activarla:

—Activo la Carta Mágica de Campo «Ciudad Antigua - Perdición Arcoíris».

La dimensión oscura que nos rodeaba cambió. De pronto era un hermoso día soleado, con un enorme arcoíris atravesándolo. El campo de duelo ahora era un antiguo anfiteatro romano en ruinas.

—Activo el efecto número cinco de mi campo, para invocar a Tigre Topacio desde mi zona de Cartas Mágicas. —El topacio en el campo de Johan se quebró dejando salir al imponente tigre—. Activo también su cuarto efecto para robar una carta.

Pasó a su Fase de Batalla y ordenó a Mamut Ámbar atacar a Wildheart, cual se destruyó.

En su Fase Principal 2, Johan Invocó a «Bestia de Cristal Tortuga Esmeralda» en Posición de Defensa. Con eso, terminó su turno.

Haou robó carta, luego la colocó y terminó su turno.

—Es mi turno, ¡robo! —declaró Johan. Su primera acción fue activar el efecto de su Carta Mágica de Campo para robar otra carta—. Activo la Carta Mágica «Faro de Cristal» para invocar especialmente a mi «Bestia de Cristal Carbunclo Rubí».

El pequeño felino no se veía bien. Al parecer, volver a su carta no fue suficiente para sanar sus heridas. Johan se arrodilló junto a la pequeña criatura, acariciando su cabeza.

—¿Puedes hacerlo, amigo? —le preguntó.

El pequeño carbunclo maulló de acuerdo. Johan cerró los ojos, asintió, y continuó con el duelo:

—El efecto de Rubí me permite invocar especialmente a tantas de mis Bestias de Cristal que estén en mi campo como carta Mágica Continua.

Pegaso Zafiro y Mamut Ámbar saltaron al campo, claramente preparados para la batalla.

—¡Batalla! —declaró Johan—. Tigre Topacio, ataca a Wildheart.

—Activo mi Carta Trampa «Negar Ataque».

Johan apretó los puños y terminó su turno.

—Robo —declaró Haou sonriendo con malicia—. Activo la Carta Mágica de Equipo «Entierro Prematuro». —Los puntos de vida de Haou descendieron a 1150 mientras «Héroe Elemental de la Llama Wingman» emergía de la tumba.

Judai negó con la cabeza, al ver que su gemelo estaba por lastimar a uno de sus mejores amigos usando a uno de sus héroes favoritos.

Sin embargo, Haou no terminó allí. Activo la «Polimerización» que había recuperado turnos antes de su Cementerio. Wingman en su Campo, y Sparkman en su mano, saltaron al aire y se mezclaron para formar un nuevo monstruo: «HÉROE Elemental Shinning Flare Wingman».

Dada la cantidad de HÉROES que había en su Cementerio, el monstruo de mi maestro tenía 4600 puntos de Ataque.

Adicionalmente, invocó a Bubbleman de modo normal.

Cerré los ojos, no queriendo ver el final de eso. Escuché como mi maestro ordenaba a Shinning Flare Wingman atacar Mamut Ámbar, claramente sabiendo que cualquier ataque a otra de las Bestias de Cristal sería desviada hacia dicho monstruo.

Luego, atacó a Rubí con Bubbleman. Con solo 800 puntos de Ataque, no parecía una manera muy «espectacular» de terminar el duelo. Pero, dado que Haou estaba determinado a hacer el mayor daño posible a Johan, eso no lo hacía menos doloroso. Algo que fue confirmado por el grito de Johan llamando a su monstruo de manera desesperada.

Rubí tan herido como estaba ya antes por proteger a su duelista, apenas si debía poder soportar el dolor de recibir el impacto de la pistola de agua a presión de Bubbleman, con el cual los Puntos de Vida de Johan fueron reducidos a 0.

Todo quedó en silencio después de eso. ¿Podía un espíritu de duelo morir de verdad en un duelo? Sabía que en la otra dimensión perder el duelo había sido morir, pero, ¿aplicaba también a un monstruo herido durante un juego de lo oscuro?

Sacudí la cabeza. No quería saber la respuesta a eso. Aun así, abrí los ojos para enfrentar el resultado del duelo.

Johan estaba en el suelo, rodeado de su familia. Su yukata estaba en un estado lamentable, y el cabello aún más chamuscado que antes. Rubí, casi completamente transparente, estaba allí.

Judai finalmente se soltó del agarre de Yubel y corrió hacia el duelista caído. Gato Amatista saltó frente a él impidiendo que se acercara.

Miré a Haou. El Disco de Duelo negro había desaparecido y miraba a Johan con un gesto indescifrable. Luego, sin atreverse a mirar a Judai, comenzó a caminar en dirección al ascensor. La dimensión oscura a la que nos había trasportado había desaparecido y volvíamos a estar en la recepción del edificio.

Yubel estaba de pie en el mismo lugar, también mirando a Johan. A diferencia de Haou, parecía estar sumida en un estado de tristeza muy profunda. Su mirada, aunque fija en Johan, parecía no estar realmente allí, como si estuviera viendo algo más.

—¿Por qué hizo esto? —Judai cuestionó a su guardián.

Al parecer, el duelo finalmente había drenado por completo la energía de las Bestias de Cristal, incluso en esa noche en que deberían ser más poderosas, pues comenzaron a perder cuerpo, volviéndose cada vez más trasparentes. Luego de unos momentos, desaparecieron. Únicamente quedó Rubí, quien, a pesar de sus heridas, se acurrucó sobre el pecho de su amo caído.

Judai por fin logró llegar hasta donde yacía Johan.

—¿No está…? —preguntó.

—Haou no quiere matarlo —respondió Yubel en voz baja intuyendo lo que Judai quería decir—. Lo que quiere es que sufra.

—Johan pudo ganar, ¿no? —pregunté—. Es decir, si hubiera tenido a «Dragón Arcoíris».

Yubel me miró mal, y me encogí en mi sitio. La verdad, no me importaba si Johan podía haber ganado o no, únicamente quería dejar de pensar en lo que acababa de pasar frente a mis ojos.

—Quien sabe —me respondió Yubel por fin—. ¿Importa?

—No, en lo absoluto —admití—. ¿Johan realmente traicionó a todos? —pregunté tras un silencio algo prolongado.

Yubel hizo una mueca indescifrable. Judai, todavía sentado en el suelo junto a Johan, al parecer sin saber qué hacer, se giró a ver a su guardián. Su mirada era tan intensa que estoy seguro de haber visto un leve brillo dorado en sus ojos por al menos un segundo.

—Johan… —Yubel se detuvo, como si no encontrará las palabras para terminar la oración. Finalmente, en voz baja, respondió—: Johan fue el Avatar de la Luz contra el que Haou luchó hace cinco mil años.

Oh… Mierda. ¿En qué momento jodimos tanto la línea del tiempo?

Yubel se agachó y pasó la mano por el pelo de Johan en un gesto que me pareció maternal. Rubí maulló con tristeza, pero no parecía querer atacar a Yubel.

—Johan también solía ser mi hermano menor.