Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Actualización 12/05/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.


Libro II

Capitulo 15


Recuerdo de un Adversario

[Carta de Trampa]

Cuando un monstruo de tu adversario declara un ataque: recibes daño igual al ATK del monstruo atacante y, si lo haces, destierra ese monstruo. Durante la End Phase del próximo turno de tu adversario, Invoca ese monstruo de Modo Especial en tu lado del Campo.


No sé cuánto tiempo estuve de pie allí sin reaccionar, antes de que un quejido de dolor por parte de Johan me hiciera salir del shock en el que me sumergió la revelación de Yubel.

«Necesito controlar esto», me dije.

Saqué mi teléfono celular y busqué en mi agenda el primer número de quien pensé podía ayudarnos a salir de este problema. Por supuesto, era el número de Yugi.

—¿Kenichi? —me respondió confundido, ya que usualmente toda la comunicación que tenía con él era exclusivamente a través de correo electrónico. Tenía su número solamente en caso de emergencias… justo como ahora.

—Sucedió algo… —Traté de mantener la calma en mi tono de voz lo más que pude, pero creo que fracasé de forma miserable. Dioses, no había tenido tanto miedo desde que pensé que Yubel aparecería en mitad de la noche para matarme…

—¿Qué pasa? —la voz de Yugi, como era de esperarse, sonó preocupada.

—Johan… —¿Debía decirlo? ¿No sería eso traicionar a Haou? Noté la mirada de Judai sobre mí: dos enormes ojos marrones empañados por las lágrimas, y Johan volvió a emitir un quejido de dolor, así que tomé mi decisión. Yubel dijo que Haou no quería que Johan muriera, así que esto no podía verse como traición—. Johan está mal.

—Voy para allá, ¿dónde están?

—No hemos salido de nuestro edificio. Estamos justo frente a los buzones, en la recepción. Fue… un Juego de lo Oscuro.

Silencio.

Yugi tardó varios segundos en responder de nuevo:

—¿Quién más está allí? ¿Los demás están bien?

—Estamos Judai y yo acompañando a Johan. Más allá del susto, estamos bien.

—Correcto. Me comunicaré con Kaiba. Tiene un equipo médico para estos casos. Deberían estar allí pronto.

—¿Debo avisar a alguien más?

Yugi lo pensó un poco antes de responderme.

—Sí crees que es necesario, sólo avisa a tus padres… No, de hecho, tienes que decirles, solamente no menciones los Juegos de lo Oscuro. —No tenía que decirme. En lo que a mí respectaba, era mejor que ellos no supieran nada sobre esa parte del duelo—. Enviaré el equipo médico de inmediato.

Colgué yo mismo en cuanto todo lo que escuché fue el pitido de llamada cortada. Busqué en mi agenda el número de casa y marqué. El teléfono sonó tres veces, antes de que la voz de mi madre me respondiera.

—Mamá…

—¿Kenichi? ¿Qué pasa? —La preocupación en su voz me dejó claro que mi propia voz todavía sonaba afectada.

—Algo sucedió… Johan. —Me mordí el labio—. ¿Pueden bajar? Él no está bien… Ya llamamos a emergencia, pero…

—¿Dónde…?

—Aquí mismo, frente al elevador, en la recepción.

—Vamos para allá. —Colgó.

Bloqueé el teléfono y volví a guardarlo en mi bolsillo.

Volví a ver a Johan. Tanto Yubel como Rubí estaban perdiendo consistencia y comenzaban a desvanecerse. No supe si era porque su energía se había agotado o simplemente para ocultarse de las miradas indiscretas.

Judai estaba sentado en el suelo, recargado en la pared, abrazando sus rodillas y sin apartar los ojos de Johan. Su mirada todavía estaba vidriosa debido a las lágrimas, su expresión era de un miedo profundo, aunque no estaba seguro de si era por lo que hizo Haou o por lo que dijo Yubel.

—Johan no haría eso, ¿verdad? —me preguntó—. Él nunca… —Sacudió la cabeza—. Johan nos salvó a todos… Él… se quedó atrás. En la otra dimensión, se quedó atrás para que pudiéramos salir. ¡Nunca se aliaría con la Luz!

Terminó medio gritando lo último, mientras cerraba los ojos y se llevaba las manos a la cabeza, como si quisiera ocultarse de la verdad detrás de las palabras de Yubel.

Miré a Judai con cautela. ¿Cómo sabía sobre el sacrificio de Johan? Haou era celoso de la información que le había dado sobre el canon, no la compartía ni siquiera con Judai. Y él mismo nunca hacía preguntas, salvo que quisiera alguna confirmación para demostrarle a Haou algún punto sobre el que estaba seguro su hermano se equivocaba, como el asunto sobre Manjoume de unos días atrás.

—¿Judai? —le pregunté—. ¿Cómo…?

Escuchamos el pitido que indicaba que las puertas del ascensor estaban abriéndose. Mamá fue la primera en salir, se dirigió hacia Johan, quien seguía en el suelo quejándose un poco, pero sin abrir los ojos. Comenzó a revisar sus signos vitales, murmurando para sí misma. Ella era enfermera, así que sabía lo que estaba haciendo.

—¿Están bien? —nos preguntó papá a mí y a Judai.

Se acercó a nosotros, y se arrodilló junto a Judai, ya que se veía mucho más afectado.

Noté que el tío Kouji recorría la recepción con el ceño fruncido. Me pregunté si sentía algo de lo que había pasado allí. Como un profesor de la Academia era muy posible que estuviera al tanto de los Juegos de lo Oscuro, y otras cosas turbias que podían suceder relacionadas con el Duelo de Monstruos. Además, estuvo en Ciudad Batallas. En mis años viviendo en ciudad Domino, había escuchado toda clase de historias sobre como la atmósfera de la ciudad cambiaba cada vez que un Dios entraba al campo, así que él debía ser capaz de darse cuenta cuando los duelos eran reales y cuando un simple juego.

Terminada su inspección, miró a Johan un momento, y luego se giró a vernos a nosotros, es decir, a mí y a Judai, con una mirada de sorpresa mezclada con pánico. Lo supe en ese instante: el tío Kouji era capaz de detectar cuando se había llevado a cabo un Juego de lo Oscuro, y sabía que eso era lo que había sucedido allí. Tal vez incluso detectaba que el poder que ocasionó eso pertenecía al propio Judai.

Antes de que pudiera decir o hacer algo, escuchamos el sonido de la ambulancia. Mamá se puso de pie, corrió hacia las puertas del edificio y las abrió para permitir que entraran los paramédicos. En cuestión de un minuto Johan estaba siendo asistido y subido a la camilla.

Judai se incorporó, ayudado por mi padre, sin apartar los ojos de Johan.

Uno de los paramédicos intercambió algunas palabras con mi madre, antes de que salieran para subir a Johan a la ambulancia.

—¿Cómo está? —le preguntó mi padre a mamá.

Ella nos miró un momento a mí y a Judai, seguramente ponderando si debía o no decir algo frente a nosotros.

—Lo llevarán al hospital privado de Corporación Kaiba —explicó—. Al parecer es algo relacionado con una falla en el sistema de Visión Sólida.

Miré al tío Kouji con cautela. Su expresión era indescifrable, pero había algo en su mirada que me dejo en claro el hecho de que estaba leyendo entre líneas. No era extraño, errores en la Visión Sólida era un eufemismo para referirse a heridas causadas por Juegos de lo Oscuro o algún otro tipo de incidente que involucraba al Duelo de Monstruos o a los espíritus de duelo.

Mi padre murmuró algo por lo bajo. ¿También sabía? Era una posibilidad muy alta. Después de todo, él trabajaba en el área de desarrollo de hologramas y nueva tecnología relacionada con los duelos, así que no era descabellado que estuvieran al tanto de uno que otro detalle sobre lo que de verdad podía hacer el juego de cartas.

—¿Estaban en duelo? —la pregunta del tío Kouji fue demasiado directa y un tono de voz algo duro.

Judai se mordió el labio y desvió la mirada hacia el suelo. Yo pude intentar responder, pero mi lengua se trabó en un claro esfuerzo de la Oscuridad por mantenerme callado.

—Esto es algo serio —siguió mi tío.

—Fue sólo un error —intervino mi padre—. Revisaré los discos de duelo de los chicos, sólo por si las dudas.

—Por favor —pidió mi madre.

El teléfono celular de mamá comenzó a sonar. Ella se apartó un poco para responder, mientras mi padre nos indicaba a mí y a Judai que le pasáramos los discos de duelo, cosa que hicimos de inmediato.

El tío Kouji siguió enviando miradas de sospecha en nuestra dirección. Sí, para él fue claro que lo ocurrido aquí no fue algo tan simple como un simple error, así que obviamente estaba buscando quien hizo real el daño, fuera de forma intencional o por accidente. Quizá había visto suceder algún incidente similar en la Academia. O bueno, tan similar como podría ser una explosión de Energía de Duelo de alguien que no era Haou.

Mamá colgó y volvió a acercarse.

—Era Yugi, está de camino al hospital. Nos mantendrá informados.

Eso me hizo recordar algo. Tomé mi teléfono y rápidamente abrí la aplicación de mensajería (en este mundo, los Smartphones aparecieron quince años antes qué en mi mundo, por supuesto, un avance de Corporación Kaiba). Era una especie de Messenger para duelistas. Entré al grupo en el cual charlábamos todos, y rápidamente les escribí indicando que había un problema y ni los gemelos, Johan ni yo nos presentaríamos.

Casi al instante recibí una respuesta de Asuka preguntando preocupada que había pasado.

Sabiendo que eso pasaría, le escribí una verdad a medias: Johan no se sentía bien. Dudé un poco, y luego agregué que lo habían llevado al hospital. Y, anticipando las preguntas, les indiqué que no sabía mucho más y que les avisaría en cuanto supiera que estaba pasando.

Todo el intercambio de mensajes se dio mientras subíamos a mi departamento.

Mamá no perdió tiempo, en cuanto entramos fue a la cocina a preparar té, mientras papá se disculpaba para ir a buscar su kit de reparación de electrónica. Judai y yo nos sentamos en silencio en el sofá más grande. El tío Kouji se ubicó en el individual, todavía viéndonos con cierta suspicacia. Por fin, suspiró.

—¿Qué pasó en verdad? —nos preguntó tratando de ser menos duro que antes—. Ese tipo de cosas… No fue un accidente. Alguien hizo daño deliberadamente a Johan.

Judai se encogió en su lugar.

—Kenichi —me llamó con seriedad—. ¿Vas a decirme?

Abrí la boca, pero mi lengua se trabó de nuevo.

—¿Entiendes lo peligroso que puede ser esto? —Asentí—. ¿Alguien los atacó?

Dado la rareza del mazo de Bestias de Cristal, esa siempre era una posibilidad latente. En los últimos cuatro años, Johan tuvo que lidiar con una docena de intentos de robo. Incluidos unos cuantos por parte de los Ghouls, es decir, los cazadores de cartas raras. Si lo que decían los rumores sobre algunos de estos últimos eran ciertos, al menos había un par de ellos que empleaban Juegos de lo Oscuro para lograr sus objetivos.

Antes de que pudiera continuar con su interrogatorio, papá regresó cargando su laptop y el kit de reparación de electrónica. Conectó los discos de duelo al portátil y corrió el programa de diagnóstico.

Mamá apareció con la bandeja del té, mientras él hacía eso. Tomé el mío y sorbí el líquido mientras miraba a Judai. Él se limitó a sostener el suyo entre sus manos, todavía sumido en sus propios pensamientos. La sala se sumió en un silencio incómodo, solamente interrumpido por el sonido de la laptop mientras trabajaba.

—Los discos de duelo están bien —aseguró mi padre tras lo que bien pudieron ser veinte o treinta minutos.

Mamá pareció aliviada, mientras se sentaba junto a él y tomaba su propio té.

El tío Kouji todavía estaba serio. De vez en cuando nos enviaba miradas a Judai y a mí, las cuales prometían que estaríamos hablando de esto más tarde.

La incomodidad no hizo más que crecer en la habitación, mientras esperábamos alguna noticia sobre el estado de Johan. Cuando el teléfono fijo sonó, Judai alzó la mirada al instante. Mamá se puso de pie y fue a contestar. Habló unos momentos en voz baja.

—Johan estará bien —nos dijo en cuanto colgó, sin dar más detalles.

Judai suspiró aliviado. Y yo mismo sentí que se levantaba un gran peso de mi pecho.

Miré el reloj de la sala, sorprendiéndome de que ya eran casi las diez. Habían pasado tres horas desde que me encontré con Johan en el pasillo.

—Ya es tarde, deberían ir a dormir —nos dijo mi madre.

Judai la miró un momento. Luego, con voz baja, preguntó:

—Tía Miyuki, ¿puedo pasar aquí la noche?

Mi madre miró a mi padre. Era una de esas conversaciones silenciosas tan normales entre ellos.

—¿Qué hay de tus padres? —le preguntó mi madre.

Judai se encogió de hombros.

—Este año no pudieron tomar vacaciones. Algo sobre un problema importante en Europa. Así que, al menos por las siguientes dos semanas, Haou y yo estamos por nuestra cuenta.

Mamá volvió a ver a mi padre. Aunque en primera instancia su relación con los padres de Judai comenzó bien, en los últimos años se había deteriorado. Especialmente conforme los Yuki pasaban cada vez menos tiempo en casa con los gemelos. El año anterior ni siquiera habían tenido sus vacaciones de verano.

—Muy bien —dijo mi padre por fin—. Avisa a tu hermano, ¿quieres?

—Claro, tío Kensuke.

—Voy a preparar el futón —dije.

Fui a mi habitación, abrí el armario empotrado y saqué el futón. Era uno tradicional y muy cómodo. Lo extendí en el suelo, junto a mi cama, asegurándome que no quedaran bordos.

No era extraño que Judai pasara la noche allí, aunque lo normal era durante los exámenes, cuando nos quedábamos estudiando por lo general hasta muy tarde. A veces Sho nos acompañaba, o incluso Johan. Me estremecí ante lo último. ¿Y si la Luz hubiera intentado algo usando a Johan uno de esos días? Eso daba sentido a porque Yubel permanecía alerta toda la noche en esas ocasiones.

Había tantas cosas que eran diferentes a lo que recordaba del anime, incluso cuando había tantas otras que se mantenían, que no tenía garantía de sí en verdad podía confiar en lo que sabía sobre el canon. Tampoco es que supiera mucho sobre lo que ocurrió en la vida pasada de Judai. Sabía que vivió en un mundo que podía ser descrito como «medieval», si me dejaba guiar por la arquitectura y las vestimentas del flashback durante su duelo contra Yubel, y que al parecer Judai fue el príncipe de ese reino. Y, por supuesto, la transformación de Yubel en el ser que era ahora y el juramento de amor eterno.

No había nada allí que hablara sobre la guerra contra la Luz, salvo lo que el hombre, que al parecer era el padre de Judai, dijo a Yubel.

Sobre Johan… Lo único que podía conectarlo al pasado de Judai era ese diálogo en el que aseguraban sentir como si se conocieran de antes. Yubel no dio señales de reconocerlo, y parecía que su único rencor contra él era debido a que estaba usurpando su lugar a lado de Judai. En todo caso, si la Luz usó a Johan en el canon, fue a través de Yubel cuando está lo poseyó. Y ni siquiera era del todo así, dado que Yubel se apoderó del cuerpo de Johan, mientras encerraba su alma en el interior del Dragón Arco Iris.

¿Cómo diablos pasamos de eso a Johan como el Avatar de la Luz?

La puerta de la habitación se abrió mientras pensaba en eso. Judai entró. Traía mi disco de duelo en sus manos, dado que lo había olvidado en la sala, y lo dejó suavemente sobre mi escritorio.

—Kenichi —la voz de Judai me llamó la atención.

Seguía de pie frente a mi escritorio, mientras yo me encontraba sentado en la orilla de mi cama.

—Tú… —Se detuvo un momento como si estuviera tratando de elegir sus palabras cuidadosamente. Algo extraño en Judai, que por lo general era muy directo cuando se trataba de decir algo—. Tú, ¿sabías sobre eso? Sobre Johan…

Negué con la cabeza.

—No hubo ninguna indicación de que Johan estuviera relacionado con la Luz. —Esto pareció aliviarlo un poco—. En el canon, la Luz actuó a través de Saiou, el adivino a quien el señor Pegasus ha estado intentando encontrar. También a través de Edo, pero sin llegar a controlarlo, sólo lo manipuló aprovechándose de su amistad con Saiou y mediante DD, quien tenía su custodia.

Judai asintió para indicar que lo comprendía.

—Lo intentó de nuevo, ¿verdad? Todo porque yo no pude tomar la responsabilidad.

—Judai… —me callé sin saber que más decir.

Yubel apareció junto a Judai. Lo miró con tristeza, mientras alzaba la mano para sujetar su hombro. Se detuvo a medio camino, casi como si tuviera miedo que Judai fuera a desaparecer si lo tocaba, o algo así me pareció. Por fin, tomó el hombro de Judai, quien se giró a verla.

—¿Por qué él…? ¿Por qué Johan?

—Fue mi culpa —respondió Yubel con tono afligido—. Yo… Se suponía que, si algo pasaba, si nos separábamos, nos reuniríamos en un lugar. Pero lo olvidé… Dejé solo a Johan, y cuando finalmente recordé mi promesa ya me había convertido en… esto. Johan jamás comprendió que fue mi elección para proteger a la persona que amaba. Y la Luz —escupió la palabra— torció sus pensamientos. Le hizo creer que Haou me había forzado a ser lo que soy.

Me sentí incómodo de escuchar todo eso, al ser una conversación muy privada, así que hice lo posible por mantenerme callado. Incluso tomé un libro y pretendí distraerme leyendo.

—Yo, creo que recuerdo algo —dijo Judai—. Pero los recuerdos a veces no coinciden. Es como si en mi mente hubiera dos personas diferentes al mismo tiempo.

Sentí la mirada de Judai sobre mí.

—¿Puedes contarme lo que sucedió? En la otra línea del tiempo, quiero decir.

Lo miré sorprendido. Judai hasta el momento no parecía querer saber de esas cosas, como dije antes. A veces tenía la impresión de que pensaba que todo lo que ocurrió en el anime que yo vi eran cosas malas, tomando en cuenta que lo primero que le conté sobre eso fue una versión muy resumida de lo que pasó en la Otra Dimensión, durante la segunda mitad de la tercera temporada.

—¿Qué quieres saber? —le pregunté.

—Todo…

Asentí y dejé el libro a un lado. Esa sería una noche larga. Deseé tener permiso para tomar café.

Cómo Judai quería, comencé a contarle todo por el principio: ese examen en el que venció al profesor Chronos. Judai sonrió divertido cuando escuchó eso. Seguí hablando sobre los días de la academia, debo admitir que fue una experiencia surrealista. Cuando escribí las notas para Haou fue más como hacer un resumen de la trama para un artículo de la Wiki, pero hablar directamente con Judai sobre todo eso… Creo que es lo más raro que he vivido, y tomando en cuenta que pasé de vivir en el «mundo real» a un mundo de anime, es mucho decir.

Judai se había sentado sobre el futón, con las piernas cruzadas, y Yubel se mantenía «sentada» sobre el escritorio, viéndose semitransparente, a pesar de que estábamos justo a mitad de la noche de Walpurgis y debería ser capaz de mantener su forma física sin ningún problema.

En todo caso, no hay mucho que remarcar en el canon durante su primer año antes de la aparición de los Asesinos. Los puntos que hicieron avanzar la trama eran tan pocos que podían ser contados con los dedos: la visita al dormitorio abandonado y el duelo tag junto con Sho como castigo; la rivalidad con Manjoume y como este, tras sentirse humillado, abandonó la Academia; por supuesto, el duelo con Jinzo —ya que fue uno de los primeros encuentros de Judai con los espíritus—, y el posterior enfrentamiento contra Misawa y luego el regreso de Manjoume tras el Duelo Interescolar. Dejando de lado la excursión a las ruinas de la escuela, ya que en cierto modo eso fue solamente una introducción a la aparición de los Asesinos.

Hasta ese punto, Judai parecía muy entretenido de algunas cosas. Y entonces llegamos a la parte de los Asesinos y su actitud cambió por completo. Por supuesto, creo recordar que Judai en el anime no tomaba muy en serio lo que pasaba con respecto a los Juegos de lo Oscuro —al grado de restar importancia a lo que sucedió con Titán—, comportándose como un niño que sólo quería divertirse y disfrutar de los duelos.

El Judai frente a mí era todo lo contrario a ese Judai. Estaba tenso, y de tanto en tanto apretaba los puños. Sacudió la cabeza con furia cuando escuchó como Camula derrotó al profesor Chronos, como tomó a Sho de rehén y el posterior sacrificio de Ryo para evitar que el alma de su hermano menor fuera tomada como pago por la carta de la vampiresa.

—¿Cómo puedes…?

—¿Admirar a unos monstruos cuya existencia depende de alimentarse de la sangre de los seres humanos? —No era el primero que me hacía esa pregunta.

Judai asintió.

—Cómo yo lo veo, únicamente es otro eslabón de la cadena alimenticia.

—Pero ellos, lo que ella hizo…

—Eso no ha sucedido —le recordé—. Y lo que ella hace no refleja a toda su especie. Estoy convencido de que, como pasa con los humanos, debe haber buenas y malas personas entre ellos.

—Pero ellos beben sangre —replicó.

—Bueno, los humanos comemos la carne de otros animales, e incluso también la sangre. No me quejo, la morcilla es deliciosa. —Judai me miró extrañado, la morcilla no era algo común en Japón, por mi parte, la extrañaba—. Además, mis vampiros se alimentan de mi energía de duelo.

Judai abrió los ojos con sorpresa.

—Es verdad —intervino Yubel por primera vez en la conversación—. El Clan de la Noche, es decir, los espíritus de los monstruos vampiros no son como los otros. Exigen un pago para ofrecer sus servicios al duelista vinculado a ellos.

Judai me miró con miedo.

—No importa, confió en William —le aseguré.

—Está bien, si tú lo dices, también confiaré en él. De todas formas, ¡creo que es un espíritu muy genial!

Asentí.

Continué contando la historia. Hablé sobre el resto de los asesinos. Judai escuchó con el rostro muy serio a que terminara de contar sobre ellos. Cuando conté sobre la traición del profesor Daitokuji, noté como se tensaba un poco más e incluso apretaba los puños.

—Él… Estaba desesperado.

—Sí —admití—. No quería morir, puedo entenderlo.

Habiendo muerto una vez, y ahora que me había dado la oportunidad de conectar con más personas en este mundo, no tenía intención volver de morir pronto. Así que, podía entender a Daitokuji.

—¿No podríamos ayudarlo? Es decir, el profesor todavía no ha pasado por esas cosas, la mayoría de ellas, quiero decir. Si pudiéramos encontrarlo, buscar una forma de que su enfermedad…

—¿Qué pasa si resulta que ya es un enemigo? —inquirió Yubel.

Judai negó con la cabeza.

—El profesor Daitokuji es un buen tipo.

Yubel hizo un sonido exasperado.

Yo miré a Judai con suspicacia. Sonaba demasiado seguro para estarse refiriendo a alguien a quien no había conocido en su vida. Todo lo que sabía sobre Daitokuji era lo que yo le estaba contando. Y hasta ahora, las acciones del profesor en mi relato no eran las mejores. De momento, en mi historia, él los había conducido a dos trampas: en el dormitorio abandonado y en las ruinas de la Isla Academia; y, por supuesto, demostró su traición de forma abierta al revelarse como el séptimo de los Asesinos.

—Judai, ¿cómo puedes estar tan seguro de que es un buen tipo?

Judai se rascó la cabeza antes de responderme.

—Sólo lo sé. Igual que supe que tú lo eras en cuanto te vi.

Recordé ese día, cuando nos vimos por primera vez. Pronto serían cinco años de eso. En ese instante, Judai me vio y, antes de que pudiera decir cualquier cosa, declaró que yo era un duelista y me desafió a un duelo. Siempre tuve la duda de cómo es que sabía que yo llegaría ese día, tomando en cuenta que él parecía estar allí esperando.

—Nunca has visto a Daitokuji —remarqué—. No puedes saber si es una buena persona solamente con mis palabras.

«En especial», agregué para mí, «porque no lo he retratado precisamente como un "buen tipo"».

Se encogió de hombros.

—Sólo lo sé. No tiene que haber una razón para eso, igual que supe que conocía a Johan en cuanto lo vi.

—¿Daitokuji no es alguien del pasado de Judai y del Maestro Haou? —Esa era la única explicación que se me ocurría.

Yubel negó con la cabeza.

—Jamás escuché de él hasta que tú le hablaste sobre él a Haou.

Fruncí el ceño. ¿Cómo rayos Judai estaba tan seguro que Daitokuji era alguien confiable? Tal vez tenía que ver con otra cosa que Judai dijo…

—Judai, antes mencionaste que Johan se sacrificó por todos en la otra dimensión. ¿Cómo supiste eso?

Vi a Yubel inclinarse un poco hacia el frente, como si quisiera escuchar mejor.

—Yo… Lo vi en un sueño. Estábamos en la Academia, es decir, Johan, yo y otros más. Creo que Rei también estaba allí. Pero algo era distinto: había un enorme desierto de arena blanca rodeándonos. No se parecía en nada al mar de Okinawa. Johan y yo estábamos en un duelo contra alguien más. ¿Era un niño? Creo que sí. También estaba esa cosa enorme que parecía una especie de fusión rara de los Dioses Egipcios. Y Johan… Johan tenía ese enorme dragón. Creo que activó algo para desviar el ataque de esa cosa hacia su dragón. Luego hubo una explosión y Johan ya no estaba. Allí me di cuenta que él se había sacrificado, se quedó atrás para que todos escapáramos.

Muy bien, ese sueño fue demasiado específico para ser una coincidencia. La dimensión del desierto, el duelo contra Martin y el sacrificio de Johan. ¿Cómo es que Judai sabía esas cosas? ¿Estaba extrayendo esa información de Haou de alguna forma? En su duelo contra Johan, Haou dejó en claro que él y Judai eran uno. Dos caras de una moneda, que de alguna forma extraña existían separadas una de la otra. Pero, algo me decía que no podía ser tan fácil.

—¿Has soñado otra cosa? —le pregunté.

—¿Otra cosa?

—Detalles sobre la Academia, algo sobre Johan y los demás. Cosas como esas.

Judai tomó una actitud pensativa, cruzando los brazos y cerrando los ojos con fuerza.

—¿Recuerdas en Halloween pasado? Cuando sugerí contar historias según el nivel de las cartas.

Oh, por supuesto que lo recordaba. Tuve un déjà vu ese día. Fue justo el juego con el que comenzó el episodio del dormitorio abandonado en la primera temporada. Asumí que Judai había escuchado sobre ese juego en algún lugar o visto en Internet, incluso que lo improvisó en ese momento.

—Lo vi en un sueño unos días atrás. Sho, yo y otro chico extraño con cara de Koala estábamos jugando eso en lo que parecía ser un comedor, iluminados solamente por una vela.

Definitivamente, demasiado específico.

—¿Desde hace cuánto tienes estos sueños? —le preguntó Yubel.

Yo también quería saber eso. Pero, por otro lado, ¿cómo es que no había considerado importante decirlo?

Judai volvió a cerrar los ojos pensando con fuerza.

—No sé… ¡Sí! Creo que desde el día que conocimos los nuevos métodos de invocación, tal vez.

Oh, ese día. Entonces, Judai de alguna forma absorbió mis recuerdos sobre el canon. Si Haou pudo tomar toda la información sobre las cartas de mi mundo, y Judai pudo captar mis últimos recuerdos en aquella vida, no era tan descabellado pensar que eso pudiera pasar.

—¿Por qué no dijiste nada? —le inquirió Yubel.

Judai se encogió de hombros.

—Antes los sueños se desvanecían muy pronto, y creo que eran sólo sombras. Hace un año las sombras se hicieron más nítidas y luego comencé a recordar lo que veía en esos sueños.

—¿Cómo son? —le pregunté—. Es decir, ¿los ves como ese día con el disco de duelo del señor Kaiba? ¿Cómo si estuvieras viendo un programa de televisión?

Judai parpadeó en confusión.

—Eso sería muy raro… Es como cuando vi… eso. ¿Ya sabes? Como si yo estuviera allí. Es decir, veo todo a través de mis propios ojos.

Se rascó la cabeza en un gesto confundido.

—Reconocí a Asuka en uno de ellos. Ella estaba llorando, en la enfermería. Creo que Fubuki se había hecho daño.

Judai frunció el ceño.

—Y luego, en otro sueño, vi a Asuka luchando contra Manjoume. Pero Manjoume estaba vestido completamente de blanco. Y cuando ganó el duelo, Asuka se fue con él. Creo que la Luz se los llevó, y yo dejé que pasara. Me quedé allí viendo cómo se alejaban y no hice nada.

Judai apretó los puños.

—Debí hacer algo, ¿verdad? Pero dejé que pasaran los meses, y cada vez más gente caía bajo su poder. Todo Obelisco, todo Ra… Manjoume, Asuka, Daichi… Dejé que se los llevara a todos y yo me quedé en el dormitorio rojo, esperando, sin hacer nada.

Hizo una mueca de molestia, que luego se transformó en una de tristeza profunda.

—Sabía que tenía que hacer algo, pero no podía. Me contentaba con derrotar a todos los duelistas que la Luz enviaba contra mí; porque, cada vez que intentaba concentrarme en lo que se supone debería hacer, la cabeza me molestaba. Así que era más fácil no hacer nada… ¿Por qué no hice algo más? ¿Y si la Luz hubiera decidido que ya no eran útiles y…?

Yubel abrazó a Judai por la espalda, besando la corona de su cabeza.

—No dejaremos que eso ocurra —le prometió—. La Luz no volverá tocar a nuestra corte.

¿Corte? ¿Cómo en una corte real? Algo para preguntar más tarde, ahora teníamos que concentrarnos en otras cosas.

—¿Qué hay de Johan? —preguntó Judai a Yubel—. Dijiste que fue su Avatar, pero la Luz no lo ha tocado esta vez. Nos habríamos dado cuenta. Tal vez podamos evitar que llegue a él.

Yubel sonrió con tristeza.

—Eso espero —susurró.

Guardé un momento de silencio sumido en mis propios pensamientos. Tantas preguntas, y las respuestas parecían no tener sentido. Ya que la única respuesta posible a los sueños de Judai, a cómo podía tener esa información si no la había sacado de mi cabeza o de alguna forma inconsciente de su conexión con Haou, era que Judai estaba obteniendo los recuerdos de su yo del canon, o de una línea del tiempo similar a esa.

—¿Qué pasó después de los Asesinos? —me preguntó Judai.

—Oh, bueno, en realidad Daitokuji no fue el último.

Le conté sobre el presidente Kagemaru, quien orquestó todo para despertar a los Demonios Fantasma.

—¡Esas cosas parecidas a los dioses! —dijo de pronto—. Las vi. Ese niño con el que Johan y yo estábamos luchando las fusionó.

Vi la mueca de molestia de Yubel. Sabía que ese niño era Martin Kanou poseído por su propio espíritu, y a su vez manipulado por la Luz.

—Sí, esas cosas están selladas debajo de la Academia —le expliqué.

Judai frunció el ceño.

—No tiene sentido. Ese niño no debería haber podido usar esas cartas. Creo que esas cartas son mías.

—¿Tuyas? —Maldición, Judai, ¿no podemos conversar tranquilamente sin que salgas con una cosa como esa, que refuten una y otra vez todo lo que sé sobre la serie y las teorías del fandom?

Yubel acarició el cabello de Judai.

—Por supuesto, los Demonios Fantasmas solamente obedecen al Rey Supremo y a su Corte —aclaró.

—Entonces, ¿por qué ese niño los estaba usando?

Miré a Yubel en busca de su permiso. Cerró los ojos en un rictus de dolor, pero asintió de forma afirmativa.

—Ese niño, Martin, estaba siendo controlado por Yubel.

—Oh —fue todo lo que salió de la boca de Judai. Agachó la mirada—. ¿Fue porque te envié lejos?

—Eso no sucedió ni va a suceder —afirmó Yubel—. Estoy aquí y no iré a ninguna parte.

Judai asintió, aunque temeroso.

—¿Qué hay de Kagemaru? —pregunté—. No pareció tener problemas para manejar a los Demonios Fantasmas.

Yubel frunció el ceño.

—En circunstancias normales, no debería poder. Pero, si se las arregló para robar parte de la energía de duelo de Judai y de otros miembros de su Corte…

¿Cómo podría…? Oh, las llaves espirituales en realidad eran como baterías recargables de Energía de Duelo. Y de nuevo, ¿qué dijo Fubuki sobre la reencarnación? Dio a entender que todos los amigos de Judai habían reencarnado de alguna manera. Muy conveniente, pero, de nuevo, la reencarnación en este mundo era extraña y parecía venir en lotes… Joder, estaba atrapado aquí por la eternidad, ¿verdad? Técnicamente ahora era parte de esa Corte.

—Creo que es suficiente —dijo Yubel mientras seguía pasando sus largos dedos por los mechones de Judai—. Ha sido un día largo y han pasado muchas cosas. Es hora de dormir. Podrás escuchar el resto de la historia mañana, si aún quieres hacerlo.

—Necesito saber —la contradijo Judai—. Me he conformado con permanecer a un lado todo este tiempo, mientras es Haou quien dirige lo que sucede. Tengo que comenzar a tomar decisiones, o las cosas terminarán como antes. La Luz se llevará a todos.

Yubel sonrió con tristeza.

Me levanté y fui a mi armario para sacar un par de pijamas. Le pasé una a Judai y nos cambiamos lo más rápido posible, antes de ir al baño a lavarnos los dientes.

Cuando volvimos a la habitación, Judai se acostó en el futón. Yubel lo arropó. Yo mismo me acosté en mi cama.

—Buenas noches —dije al tiempo que estiraba la mano para apagar las luces.

—Buenas noches —me respondió Judai.

La habitación se sumió en el silencio, pero un par de minutos más tarde, la voz de Judai volvió a romperlo.

—La guerra anterior, la que Haou luchó contra Johan, ¿cómo la ganamos?

Por supuesto. Esa guerra tenía que haberse ganado, o de lo contrario el mundo donde estábamos ya no existiría. La Luz lo habría destruido.

—No fue una batalla fácil. Perdimos demasiado. Amigos y familia. Johan, en un primer momento, fue capaz de resistir a la Luz gracias a las Bestias de Cristal y al Dragón Arco Iris. Hasta que la Luz se las arregló para alejarlas de él. Haou las encontró e hizo un pacto con ellas. Les dio el poder para recuperar a Johan, pero esto sólo lo enfureció más y la Luz se aprovechó de eso llenando su mente de ideas de traición: que Haou quería robarle todo lo que tenía.

—¿Johan y Haou…? —preguntó Judai con voz tensa.

—Ninguno sobrevivió al último duelo —confirmó Yubel—. La Luz abandonó a Johan, debilitada y sin poder para intentar un nuevo asalto a gran escala en esos momentos. Regresó a las estrellas de donde siempre viene. Haou sucumbió a sus heridas antes que Johan. Y Johan, libre de la Luz, únicamente tuvo tiempo para despedirse de las Bestias de Cristal y prometerles que se encontrarían de nuevo. Haou no llegó a saber que Johan estaba libre del control de la Luz.

Un nuevo silencio incómodo llenó la habitación.

—Pero, ¿Haou lo sabe ahora? Las Bestias de Cristal podrían decírselo.

—Judai, Haou no perdona tan fácilmente. Y las Bestias de Cristal… Los espíritus también reencarnan. Pocos somos eternos, e incluso los monstruos como yo debemos pasar largos periodos durmiendo. Las Bestias de Cristal son poderosas, pero sólo el Dragón Arco Iris puede mantener sus recuerdos de una era a otra, y ahora él está perdido, durmiendo en algún lugar dentro de su sello de piedra.

—El señor Pegasus sabe dónde está —la interrumpí—. Él lo encontró en el canon. Estoy seguro de que lo hizo en este mundo también, en la otra línea del tiempo al menos.

—Sí, es posible —admitió Yubel.

—Entonces, ¿debemos ir por él? —preguntó Judai.

Escuché la risa divertida de Yubel.

—Tal vez. Si la Luz no lo ha tocado, entonces es posible que Dragón Arco Iris pueda protegerlo esta vez.

—Iremos por él. Si eso protege a Johan.

—¿Qué hay de más soporte para las Bestias de Cristal? —les pregunté—. Si el Dragón Arco Iris y las Bestias de Cristal pueden proteger a Johan de la influencia de la Luz, entonces más soporte podría ayudar.

—¿Más soporte? —cuestionó Judai.

—Las Bestias de Cristal en mi mundo recibieron soporte para Péndulo y una fusión: «Supradragón Arco Iris». Oh, y por supuesto, «Dragón Arco Iris Oscuro», siempre y cuando tuvieras «Oscuridad Avanzada».

—Dragón Arco Iris Oscuro sólo es el Dragón Arco Iris infundido con el poder de la Oscuridad —replicó Yubel—. Y «Oscuridad Avanzada» fue una carta diseñada por Hayato para poder aprovechar mejor el poder de la Oscuridad al infundirse en las Bestias de Cristal.

—¿Hayato? —Al parecer el que se fuera a diseñar cartas con Pegasus no fue una coincidencia, si ya hacía cartas en su vida pasada—. Tiene sentido… De cualquier forma, en mi mundo no había nada místico en el juego hasta donde recuerdo. Konami editó al «Dragón Arco Iris Oscuro» por separado, y lo hizo como soporte para cualquier mazo de Oscuridad, eliminando el requisito de usar Bestias de Cristal para invocarlo, y permitiendo usar siete monstruos de Oscuridad en el cementerio para ese fin. Años más tarde, salió «Oscuridad Avanzada» cuyo efecto permitía cambiar el atributo de las Bestias de Cristal en el campo y en el cementerio a Oscuridad, y agregaba el efecto de negar el daño de batalla. Oh, y la nerfearon, eliminando el efecto que niega los efectos cuando Dragón Arco Iris ataca.

—¿Por qué en tu mundo alteraban tanto el texto de las cartas? —me preguntó Yubel exasperada.

—Para equilibrar el juego, de otra forma estarían prohibidas. De hecho, se volvió costumbre alterar el texto de cartas viejas que llevaban años prohibidas para hacerlas jugables de nuevo… O al menos en teoría. A veces simplemente las volvían inútiles y muchos hasta preferíamos que se hubieran quedado prohibidas.

Ah, mi viejo y confiable «Sangan», no se merecía ese maltrato por parte de Konami el pobrecito.

—No entiendo, ¿cómo funcionaban las cartas prohibidas en tu mundo? —me preguntó Judai.

En este mundo en realidad era raro que una carta estuviera prohibida. En primer lugar, muchas de las cartas poderosas eran únicas o de un tiraje muy limitado (de nuevo, sólo cuatro «Dragones Blancos de Ojos Azules» en todo el mundo) y, por lo mismo, rara vez se las veía en torneos. Por eso Pegasus no tocó la «Carta de Retorno Seguro» incluso cuando vio el combo con la «Mantícora de la Oscuridad» con el que se puede robar todo el mazo en un turno: ese monstruo es tan raro, que las probabilidades de que un duelista tuviera dos copias para generar el loop infinito eran muy bajas, así que no valía la pena molestarse en prohibir la carta. Mucho menos cuando completar un set de Exodia era una misión imposible.

—Bueno, vale la pena aclarar que en mi mundo había dos juegos: OCG para oriente, y TCG para occidente. Y cada uno tenía sus propias listas de restricciones. A mí me tocaba TCG, y allí la lista comenzó con dos actualizaciones al año, pero en algún punto de la era Zexal, creo, cambio a ser cada dos o tres meses. Y a veces había cartas que directamente salían con una modificación a la lista, o a los pocos meses ya se habían ido. Por ejemplo, los Señores Dragones, el mismo año que llegaron fueron prohibidos, luego de que se volvieran Tier 0.

—¿Tier 0? —preguntó Judai confundido.

—Un mazo que es tan poderoso, que virtualmente no puedes pararlo con nada… excepto otro Tier 0. Vamos, que está tan roto que no debería existir.

Me reí amargamente recordando ese reinado del terror. Aunque, debo admitir que jugar Señores Dragón en el Tag Force Special era entretenido, y la mejor opción para ganar los torneos dentro del juego con facilidad, dado lo idiota que era la IA de los compañeros en ese juego. Ese mazo prácticamente se juega solo.

—En fin, la lista tenía que ser actualizada de forma constante, ya que todo el tiempo estaban saliendo nuevos arquetipos, y era muy común que los arquetipos nuevos comenzaran a crear mazos muy fuertes que reducían la variedad en los torneos. Sin más, durante los meses del dominio del terror de los Señores Dragones, prácticamente fue lo único que se jugó en torneos profesionales, junto con las cartas Libro de Magia, que era lo único capaz de plantarles cara.

—¿Nadie creaba sus propios mazos?

—¿Si eras profesional? En general, no: te basabas en profiles que acomodabas según tu gusto de juego, aunque con un set de staples muy definido. ¿Si solamente jugabas fun en tu tienda local y con amigos? Allí hacías lo que querías, hasta jugar con cartas prohibidas si los otros estaban de acuerdo. De todas formas, tus duelos no clasificaban si no entrabas a un torneo oficial. No como en este mundo, que desde el momento en que recibes tu disco de duelo ya empiezas a sumar puntos en tu récord de duelista.

—Bueno, volviendo a lo anterior —dijo Judai—. ¿De verdad crees que si mejoramos el mazo de Johan con esas nuevas cartas de tu mundo pueda estar a salvo?

—Dragón Arco Iris Oscuro está imbuido con el poder de la Oscuridad Gentil, ¿verdad? Si es así, debería poder repeler a la Luz, en teoría.

—Es una posibilidad —estuvo de acuerdo Yubel—. Pero, ¿qué hay de esos Péndulos? Haou no ha podido hacer funcionar ninguna de las invocaciones nuevas.

—Esta tarde logramos hacer funcionar a los XYZ —les confesé.

—¡¿De verdad?! —medio gritó Judai emocionado.

Hice un sonido para que guardara silencio. No debíamos despertar a mis padres o al tío Kouji.

—Sí, por eso acompañé a Yugi. Necesitaban revisar algo sobre eso. Tenía pensado contárselos a ti y al Maestro hoy, después del festival, pero con lo que pasó… —Me mordí el labio—. El caso es, si lograron hacer funcionar a los XYZ, no están tan lejos de hacer realidad a los Péndulos y a los Enlace.

Claro, también estaba el hecho de que había que resolver el cifrado de las cartas. Pero, dado que tenía acceso a esas cartas a través de la Oscuridad, tal vez podríamos extraerla ya cifrada para imprimir a esos dos monstruos.

—Hay que hacerlo —dijo Judai muy decidido—. Si podemos evitar que Johan vuelva a ser tomado por la Luz, tenemos que conseguir esas cartas.

—Vale la pena intentar —estuvo de acuerdo Yubel—. Pero, Haou no estará de acuerdo.

—¡No me importa! —espetó Judai—. Haou tiene que aprender a vivir con el hecho de que no voy a abandonar a nadie.

Con esa esperanza de poder hacer algo por Johan, por fin nos permitimos descansar.