Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Actualización 12/05/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.


Libro II

Capitulo 16


Onda Doble

[Carta Mágica]

Manda al Cementerio 1 monstruo Cantant más monstruos que no sean Cantantes de tu lado del Campo cuyos Niveles combinados sean igual a 7, y después Invoca de Modo Especial, desde tu Deck Extra, 1 "Dragón Taladro" y 1 "Dragón Hada Antiguo" en Posición de Defensa boca arriba.


Desperté al día siguiente con más preguntas que respuestas. Unas pocas horas de sueño bastaron para que mi mente procesara todo lo que había ocurrido el día anterior, y comenzara a hacer toda clase de hipótesis sobre que podría ser lo que estaba pasando en esa realidad.

Más allá de que Johan al parecer fue un enemigo de Haou en el pasado, o de que Judai estaba adquiriendo conocimiento de otra línea del tiempo de alguna fuente desconocida, estaba el hecho de que debíamos convencer a Pegasus de ir por el Dragón Arco Iris antes de tiempo, además de acelerar el proceso de la creación de los péndulos para proteger a Johan de la influencia de la Luz. Esto me trajo un nuevo cuestionamiento: hasta ahora estaba viendo este mundo como uno donde, en la línea del tiempo anterior, las cosas sucedieron justo como yo había visto en la serie, pero en realidad no tenía pruebas de esto; salvo la poca información que había obtenido de Fubuki y lo que dejaron entrever mis conversaciones con Yugi, Kaiba y Pegasus. Tampoco es que ellos fueran muy explícitos respecto a lo que vivieron en su guerra contra la Luz en el futuro apocalíptico que dejaron atrás.

¿Y si en realidad había estado malinterpretando las cosas al dar por sentado que lo que sabía era exactamente lo que sucedió? Fubuki dijo que la razón para traer a Johan a la custodia de Yugi y su familia era protegerlo del enemigo, pero, ¿y si lo que querían era vigilar al Avatar de la Luz antes de que esta pudiera establecer contacto con él?

Me incorporé en la cama y vi que Judai todavía dormía. Su sueño era intranquilo, por lo que su cabeza descansaba sobre el regazo de Yubel, quien pasaba sus dedos entre sus mechones en un intento por tranquilizarlo.

Un pequeño ruido llamó mi atención. Me giré hacia el armario empotrado y noté que estaba entreabierto. Podía distinguir parte de la figura de Zombina escondida allí, espiando a Yubel a través de la rendija de la puerta.

—¿Zombina? —la llamé.

La niña hizo un gesto muy anime: emitió un chillido de sorpresa y cerró la puerta del armario con fuerza.

Me reí entre dientes de su actitud.

—¿Ese es su nombre? —me preguntó Yubel.

—Es una de mis cartas favoritas —le respondí encogiéndome de hombros.

En mi otra vida, tanto ella como su hermano me habían parecido unas cartas muy adorables, así que en cuanto pude me hice con un set completo de cada una. Eran de las cartas que más me lamentaba de haber perdido tras morir en mi mundo original. Casi deseaba que mi llegada a este mundo hubiera sido como esos fics isekai, en los que el prota despierta en el yugiverso con el último mazo que jugó antes de terminar en esa situación particular, y así habría tenido esas cartas. Por otro lado, estoy seguro de que lo último que jugué en mi vida anterior fue algún mazo genérico de Sincronías en el Duel Links.

Noté que Yubel miraba al armario con el ceño fruncido.

Judai despertó al escuchar el ruido.

—Buenos días —lo saludó Yubel, sin dejar de pasar sus dedos por su cabello.

—¿Estuviste despierto toda la noche? —preguntó Judai a su guardián con el ceño fruncido.

Yubel no respondió, lo cual solamente la incriminó más.

—¡Yubel!

—Necesitaba asegurarme de que estuvieras bien. Además, no necesito dormir.

Judai emitió un sonido exasperado, antes de sentarse para empezar a desperezarse.

—¿Qué hora es? —preguntó en medio de un suspiro.

Tomé mi teléfono de la mesita de noche y vi la hora. Ya eran más de las ocho, además, tenía varias notificaciones de los chicos preguntando sobre Johan. Recordé entonces que no les había dicho más luego de prometer que los mantendría informados. Tampoco es que supiera del todo como era su estado actual. Además, Johan no había comentado nada en el grupo. Esperaba que fuera porque no tenía su teléfono y no porque todavía estuviera inconsciente.

Respondí de inmediato lo poco que sabía. Luego, envié un mensaje a Fubuki en el que, en palabras simples, le decía entrelíneas que era necesario vernos cuanto antes para hablar de lo que estaba pasando, y que iba a contarle todo a Judai.

Hasta ese momento, mi trato con Fubuki era mantener mi contacto con él y el hecho de que era uno de los «viajeros del tiempo» en secreto de Judai y Haou. La Oscuridad no parecía oponerse a eso, y teníamos la sospecha de que Haou de hecho lo sabía, así que no vimos la necesidad de ser explícitos al respecto. Pero ahora necesitaba respuestas sobre cómo podía haber sido la línea del tiempo que él y los otros viajeros pretendían cambiar, y ver si tenía alguna idea de dónde venían los recuerdos de Judai de lo que tal vez era esa línea del tiempo. Yugi dijo que Judai pereció en la guerra contra la Luz, y que todo lo que quedó de la Oscuridad fue un pequeño remanente que usaron para traerme a mí a su mundo.

Fubuki respondió casi al instante. Tomando en cuenta la hora que era, y que estábamos en vacaciones, me sorprendió un poco. Él siempre había dicho que en vacaciones debía tener su sueño reparador, y se quedaba en cama hasta el mediodía. Tal vez sólo estaba preocupado por Johan, como todos.

—Debemos ver a Fubuki esta tarde —le anuncié a Judai en cuanto me puse de acuerdo con Fubiki sobre cómo y cuándo vernos.

Aparté los ojos del teléfono al sentir las miradas de Judai y Yubel sobre mí.

—¿Hoy mismo? —me preguntó Judai con un pequeño deje de confusión.

Asentí con la cabeza.

—Él sabe —fue todo lo que necesité decir para que la comprensión llegara a Judai.

—Oh.

Yubel frunció el ceño.

—Así que por fin serán honestos —se limitó a comentar el espíritu, aclarando mis sospechas.

—Fubuki también volvió. —La seguridad en el tono de Judai fue hasta cierto punto una sorpresa. Esperaba que Haou supiera, pero no Judai.

Judai no era el tipo de persona que prestaba atención a los detalles sutiles. Era alguien más directo y que iba al grano. Allí radicaba una de las principales diferencias entre él y Haou: el Rey Supremo era alguien que se adaptaba a las necesidades, sabiendo ser cauteloso cuando era necesario; Judai se lanzaba a la acción de inmediato. En general, era Yubel quien frenaba el carácter más impulsivo de Judai.

—Haou lo sabe —continuó Judai dirigiéndose a Yubel—. ¿Desde cuándo?

—Casi desde el principio. No consideró oportuno actuar sobre esa información, eso es todo. Fubuki es uno de sus Caballeros, y él confía plenamente en él.

Muy bien, eso era nuevo, aunque no inesperado. No después de todas las pistas que Fubuki dejó caer en los últimos años.

Siendo sincero, ahora podía ver muchos paralelismos entre Yugi y Judai. Yugi era una especie de reencarnación de Atem y, en cierto sentido, se podía decir que sus sacerdotes también renacieron como los usuarios actuales de los Artículos Milenarios —en algunos casos de forma muy explícita como era el caso de Ishizu y Kaiba—, o al menos casi todos ellos. En ese sentido, parecía ser que tanto el Faraón sin Nombre como el Rey Supremo estaban destinados a volver junto con sus Cortes.

Tal vez ese comentario de Sho en el segundo capítulo de GX, teorizando que Judai y él fueron Rey y Sacerdote en otra vida, fue algo más que un simple guiño a la serie anterior.

—Quieres que Fubuki te confirme la verdad —las palabras duras de Yubel dirigidas a mí me sacaron de mis pensamientos.

—Yubel no mentía —me aclaró Judai de inmediato con voz apagada, denotando que, aunque sabía que su guardián fue sincero respecto al pasado de Johan, tampoco era algo que le gustara.

—No pienso que lo haga —admití.

Yubel podía mentirme a mí, pero no lo haría a Judai, menos en algo como esto. En especial si eso lo hacía sufrir. El saber lo que sus acciones significaron para Judai en otra realidad, hizo que el espíritu se replanteara sobre su forma de reaccionar ante determinadas situaciones en la vida de Judai.

—Necesito comparar información con él. Tal vez, y sólo es una hipótesis sin mucho fundamento, hay algo que no sabemos, pero que Fubuki sí, algo que podría ayudarnos a resolver todo este embrollo.

Yubel no parecía muy conforme; Judai, en cambio, asintió esperanzado. Quizá deseaba que, cualquier cosa que Fubuki nos dijera, fuera la clave para evitar que Johan terminara en el lado opuesto de esta guerra.

Con eso decidido, fue momento de cambiarnos los pijamas y prepararnos para el día.

El desayuno de esa mañana trascurrió en un ambiente apagado. Incluso la regla implícita de mi madre de nunca llevar los teléfonos a la mesa durante las comidas fue rota. Todos esperábamos cualquier actualización sobre el estado de salud de Johan.

Judai regresó a su departamento después del desayuno, aunque claramente no quería ir allí. Dudaba que Judai y Haou discutieran o algo similar. Sus disputas por lo general los llevaban a una suerte de «ley del hielo» mutua.

Yo regresé a mi habitación. Habíamos quedado de reunirnos con Fubuki en la entrada de Joran a las dos de la tarde, y dado que apenas eran las diez con veinte, tenía muchas horas que matar.

Tomé mi caja de cartas de reserva y revisé que tenía, buscando distraerme trabajando en los cuatro mazos que tenía a medio construir. Y por cuatro mazos me refiero a cuatro grupos de entre diez y veinte cartas que estaban juntas por el simple hecho de que podían funcionar más o menos bien unas con otras.

Durante los últimos años, tuve la idea de hacer algo que era común en mi mundo, pero muy extraño que sucediera en este: vender bases de decks.

Como dije antes, intercambiar y vender sobres sellados de los premios que ganaba en torneos se convirtió para mí en una fuente de ingresos aceptable, y la que por lo general pagaba libros y videojuegos; además de la pequeña colección de Monsters in my Pocket que comencé adquirir en eBay el año anterior. Se sentía bien tener dinero propio, ya que la sensación de estar robando dinero a mi familia nunca desapareció del todo.

Mientras tenía las cartas extendidas en el escritorio, pude sentir las miradas curiosas de dos niños detrás de mí.

—¿Van a dejar de ser tan tímidos? —les pregunté sin apartar la vista de las cartas.

Como respuesta recibí dos chillidos, y luego la sensación de que la temperatura de la habitación cambiaba, volviéndose más cálida, al tiempo que ambos espíritus desaparecían.

Suspiré derrotado. No entendía por qué ellos estaban allí. En primer lugar, sus cartas no existían, no al menos en este mundo; y en segundo, cada vez que parecía que estaba logrando ganarme su confianza, algo pasaba que los asustaba.

Un par de semanas atrás, Zombina me sonrió cuando la saludé por la mañana, y el día anterior, Zombino, al parecer, confió lo suficiente como para manifestarse junto a mí e incluso dejarme tocarlo. Esa mañana, Zombina se asustó en cuanto la noté, y ahora (la primera vez que ambos aparecían juntos) se ocultaron asustados en cuanto les hablé.

Suponía que su actitud de esa mañana era debido a todo lo que ocurrió con Johan la tarde anterior, pero tampoco podía estar seguro de si ellos vieron eso mientras nos seguían escondidos. Ni siquiera estaba seguro de que tan lejos podían estar de mi casa, considerando que la única vez que los vi fuera de mi habitación fue en el pasillo la tarde anterior.

Decidiendo que tal vez solamente necesitaban algo de tiempo, me concentré en la base en que trabajaba: un mazo simple de atributo Tierra, cuya estrategia giraría en usar a «Muka Muka» y a «Muka Muka Enfurecido» como fuerza de ataque principal.

—Sabes, Zombina, tu carta iría muy bien con este mazo —comenté al aire. Después de todo, ella era un monstruo de Tierra, y su efecto de invocar monstruos al ser destruida venía perfecto para recuperar los recursos, en especial los monstruos principales, del cementerio.

Eso me dio una idea.

Volví a guardar las cartas y saqué mi cuaderno de bocetos de la clase de arte. No era el mejor dibujando, pero podía intentarlo.

Pasé las siguientes dos horas bosquejando las dos cartas tal como las recordaba: Zombina y Zombino. Tenía sus estadísticas claras en mi mente: ambos del Tipo Zombi, de Atributo Tierra y nivel 4; ella, un monstruo de efecto con 1400 puntos de ataque y 1500 de defensa; él, un monstruo normal, con 2000 de ataque y 0 de defensa. El efecto de ella podía invocarlo a él desde el cementerio, pero sólo al ser destruida. Esto me hizo recordar el poema que estaba escrito en la descripción de Zombino:

Dos tan cercanos

Mueren, vuelven a vivir

Inseparables

Y la línea final que únicamente estaba presente en la versión de OCG:

Por eso nunca volverán a encontrarse

Escribí las primeras tres líneas, conservando el formato que se usó en el TCG, para que las palabras formaran un haiku. Decidí no escribir la última línea.

Cuando terminé los dos bocetos de las cartas, las dejé sobre el escritorio, consciente de que los dos espíritus curiosos estaban viéndome desde la cama. De nuevo juntos.

Desde que comencé a notarlos, imaginé que su tendencia a aparecer cada uno en momentos diferentes del día se debía precisamente a la descripción de la carta de Zombino: juntos, pero incapaces de verse de nuevo.

No quería eso.

—¿Ustedes son hermanos? —les pregunté.

De nuevo escuché un par de chillidos, pero sus presencias no se desvanecieron.

—Yo también tuve hermanos —dije en voz baja, en inglés, ya que instintivamente me pareció mejor hablarles en ese idioma—. Y tampoco los volveré a ver. No quiero que ustedes vuelvan a estar solos.

Escuché con claridad los pequeños pasos de los dos espíritus infantiles acercándose.

Zombino y Zombina se convirtieron en dos de mis cartas favoritas no sólo por ser de Tipo Zombi, sino por sus diseños: una suerte de pareja de juguetes —o tal vez niños convertidos en juguetes—, vestidos con la moda del siglo XIX; y la forma en la que estaban sentados me hacía pensar en las viejas fotografías post mortem: esa vieja y olvidada tradición de fotografiar a las personas ya muertas, por lo general sentadas y con sus familias, de tal forma que parecieran vivas o dormidas, como el recuerdo final de alguien a quien estás a punto de sepultar. Por supuesto, las ilustraciones de las cartas muestran lo que parece ser el jardín descuidado de una mansión, y no un rico y ornamentado salón de una casa antigua o un estudio fotográfico de hacía más de cien años.

Eso hizo que una nueva idea sobre ellos se formara en mi mente.

—¿Ustedes…? —Me mordí el labio sin saber bien que palabras usar. Decidí ser directo—: ¿Ustedes murieron?

Era una obviedad, tomando en cuenta que son de Tipo Zombi, pero quería confirmar la corazonada que tenía. ¿Y si no eran espíritus de duelo como tales?

—¿Dónde murieron? —pregunté incluso cuando no recibí respuesta a mi pregunta anterior.

Silencio absoluto, de ellos y de mí.

No me moví ni dije nada más. El único sonido en la habitación era el murmullo del aire acondicionado.

—Londres… —El susurro fue tan débil que por un momento pensé que quizás lo estaba imaginando.

—¿Cuándo?

—No sé —respondió el mismo susurro tras otro largo silencio.

—Hace mucho —agregó otra voz, de una niña.

Por su vestimenta, yo diría mediados de los 1800, pero no podía estar seguro. No soy experto en moda de esa época, así que hice una conjetura basándome principalmente en las adaptaciones de las novelas de Charles Dickens que había visto en esta y en mi otra vida.

—¿Estaban enfermos? —La mortalidad infantil era alta en esos tiempos. Los niños enfermaban o morían trabajando en las fábricas.

—Sí.

—Todos murieron —agregó ella.

—La enfermedad negra.

No pregunté nada más. Tomé mi teléfono, abrí el navegador de internet e hice una búsqueda rápida. Descubrí que «enfermedad negra» era una forma de referirse al cólera en la antigüedad*, y hubo una epidemia en Londres en 1854. Zombina y Zombino fueron dos de las víctimas de la enfermedad, no me cabían dudas.

¿Cómo terminaron siendo espíritus de duelo? ¿Era posible que, en determinadas circunstancias, cualquier persona pudiera acabar así? Es decir, Mahad se fusionó con su Ka convirtiéndose en el Mago Oscuro. ¿Y si no era necesario el poder de un Artículo Milenario para que sucediera algo como eso?

En el antiguo Egipto, el Ka era la fuerza vital de una persona, mientras que el Ba era algo así como su alma. En este mundo, por lo que recordaba del anime, el Ka contaminado era extraído de las personas mediante los Objetos Milenarios y sellado en las losas de piedra. Así que tal vez Zombino y Zombina, o los fantasmas en general, eran en realidad parte del Ka, o el Ba, de una persona que no había encontrado la forma de cruzar al más allá. Y no tenía dudas de que había un más allá en este mundo: Atem mismo cruzó la puerta hacia el descanso eterno.

Si los Artículos del Milenio en realidad sólo facilitaban algo que podía ocurrir de forma, digamos, natural, eso explicaría por qué había losas de piedra esparcidas por todo el mundo: existían otros métodos para sellar el Ka en las piedras. Además del hecho de que existían espíritus de duelo mucho más antiguos a la época en que se crearon los Artículos Milenarios. No estaba seguro de si el relleno de Dartz era «canon» en la línea del tiempo en donde me encontraba, no le había preguntado a Yugi, pero, de serlo, eso ubicaría algunos espíritus en un periodo de al menos diez mil años atrás, siete mil antes de la era del Faraón sin Nombre.

Lo que sí sabía, era que Haou ya practicaba una versión del duelo hacía cinco mil años, en las Doce Dimensiones, la cual tenía similitudes con lo que conocíamos como los «juegos de lo oscuro» del antiguo Egipto, pero sin serlo del todo. De hecho, por los detalles que obtuve durante mi entrenamiento, las reglas de dichos duelos eran más similares a las de Forbidden Memories que a las creadas por Pegasus o a la posterior modificación al reglamento hecho por Kaiba. Lo cual en parte explicaba por qué Judai y Haou usaban arquetipos centrados en las fusiones.

Volví a tomar mis bocetos de las cartas de Zombino y Zombina.

Si eran los fantasmas de dos niños muertos en el Londres de 1854, ¿por qué estaban en Japón? ¿Por qué tenían la forma de muñecos…?

—¡La excursión escolar! —La revelación me golpeó tan fuerte que casi me hago un facepalm por no haberme dado cuenta antes.

Dos años atrás, nuestro grupo escolar hizo una excursión al Museo de los Juegos de Ciudad Domino. Allí había una exhibición de muñecos de todas partes del mundo, la cual precisamente venía de préstamo desde Londres. Recordé dos muñecos muy gastados que se exhibían en una de las vitrinas, muñecos muy similares a Zombino y Zombina.

¿Cómo no hice la conexión antes? Había una larga tradición de juguetes malditos, en especial muñecas, que quedaban impregnados con el alma de sus dueños. Y claro, en Japón estaba muy arraigado el concepto de que en realidad todo tiene un alma, o tal vez deba decir Ka. Por eso muchos yokai son objetos inanimados tales como paraguas, teteras o… ¡Muñecas! Como Alicia, la muñeca contra la que Judai luchó en la segunda temporada, y la cual fue poseída por el espíritu de duelo despechado de una de las cartas.

¿Y si el alma, el Ba, de dos niños muertos se unió al Ka de los juguetes que tanto amaron en vida? Dos hermanos gemelos que mueren juntos, por una enfermedad, y ahora vuelven a vivir a través de sus juguetes. Yugi dejó claro que todos en este mundo tienen Energía de Duelo, quizá eso también incluye a objetos. No, debe incluirlos: cualquier carta, con o sin espíritu, tiene Energía de Duelo. ¿Es el Ka la forma en que los egipcios de la antigüedad conocieron eso a lo que ahora llamábamos Energía de Duelo?

Si lo anterior era así, ¿significaba que esos niños, atrapados en sus juguetes, sintieron mi Ka cuando visité el museo? Mi Energía de Duelo no era la más estable, y a veces se filtraba sin que me diera cuenta. Tal vez el Ka en los muñecos no bastaba para que los niños estuvieran «despiertos», y fue mi Ka el que los trajo de nuevo a la consciencia separando sus almas de los juguetes, buscando una fuente de energía mayor, por lo que decidieron seguirme. Es muy común escuchar historias de fantasmas en la cuales una persona se lleva a un espectro consigo cuando se muda de un lugar que se considera «encantado». Algunas veces basta sólo con visitarlo.

Recordé el día anterior, Johan no identificó a Zombino como un Espíritu de Duelo. Rubí al parecer tampoco, a juzgar por lo nervioso que se puso cuando apareció en el pasillo. Ni siquiera Judai o Yubel hicieron esa conexión. Judai siempre se refirió a ellos como fantasmas, no creyó lo contrario hasta que yo insinué que eran espíritus de duelo.

Los dos fantasmas estaban de pie a ambos lados de mi viendo los bocetos de sus cartas. La fascinación por estos les hizo olvidar su timidez.

—Ustedes, ¿saben lo que es el duelo? —Según William, todo espíritu de duelo sabía por instinto lo que era el duelo, incluso si no tenía la capacidad de entenderlo.

Obtuve dos miradas confusas.

—¿Quieren aprender a jugar?

Ambos se miraron, como debatiendo entre ellos en silencio.

—Por favor —dijeron juntos.

—Entonces, presten atención.

Pasé la siguiente hora explicando los conceptos básicos del duelo. Los fantasmas escuchaban con miradas de asombro, aunque podía notar que no entendían del todo lo que estaba explicando. Quizá no sabían matemáticas básicas, no sería extraño si vivieron antes de la educación obligatoria. El que las cartas estuvieran en japonés tampoco debía ser de ayuda. Archivé para más tarde mis preguntas sobre el hecho de que parecían entenderme sin importar en que idioma les hablara.

Escuché que llamaban a la puerta.

—¿Kenichi? —era Judai.

Los dos espíritus desaparecieron.

—Adelante —dije mientras me apresuraba a guardar las cartas con las que impartí la lección.

Miré el reloj y noté que era hora de irnos para encontrarnos con Fubuki.

—¿Había alguien más aquí? —me preguntó Judai.

—Creo que por fin estoy entendiendo a los fantasmas de los niños.

Judai me miró con curiosidad y sonrió por un segundo.

—Yubel —llamé al espíritu que sabía siempre estaba observando a Judai, incluso si no era capaz de verle—. ¿Es posible que un alma humana se vuelva un espíritu de duelo?

El espíritu apareció sentado en la cama.

—Lo es —admitió—. ¿Crees que esos niños lo son?

—Eran cartas en el otro mundo —le aclaré—. Yo… tengo una hipótesis sobre ellos.

Tomé mi disco de duelo y mi mazo de zombis. Judai también llevaba su disco y sus cartas. La lección de no ir a ninguna parte sin ellos estaba firmemente grabada en nuestras mentes.

Fui a avisar a mis padres que salía con Judai, y nos marchamos. En el camino expuse las conjeturas a las que llegué y le mostré a Judai los bocetos de las cartas.

—Eso es muy triste —se lamentó.

Asentí de acuerdo.

—Bueno, la vida es una ruleta rusa en la que esperas tu turno para morir.

Judai frunció el ceño.

—¿No es muy pesimista de tu parte creer eso?

Me encogí de hombros.

—Por eso dicen que vivas cada momento como si fuera el último.

Yo lo sabía, ya había muerto una vez.

Media hora después de salir de casa, nos encontramos con Fubuki frente a la puerta principal de la escuela. En otra ocasión habríamos elegido la Plaza del Reloj de Domino, pero al ser la mitad de la Golden Week, el lugar se llenaba de turistas y cosplayers desde muy temprano, así que no era una opción. Además, en su mensaje Fubuki dejó claro que tenía un lugar privado en el cual podríamos hablar con tranquilidad y nos pedía verlo allí.

Fubuki nos saludó con mucha menos efusividad que de costumbre, lo cual extrañó un poco a Judai. Yo estaba más acostumbrado a verlo serio, una actitud que mostraba sobre todo cuando teníamos que hablar sobre cosas que habían pasado en la otra vida, lo cual era el caso ahora.

Después de saludarnos, se acercó al guardia de la puerta.

—Soy el vice-capitán del equipo de duelo, tengo permiso de la profesora Sera para hacer uso de las instalaciones de la escuela para un duelo de práctica.

Fubuki mostró un pase firmado, además de desplegar el holograma de identificación que se incorporaba en todos los discos de duelo de Joran.

El guardia examinó el documento y la identificación de Fubuki.

—¿Duelos de práctica en vacaciones? —preguntó con tono suspicaz.

—Lo sé, es inusual, pero tengo un duelo de exhibición mañana, ya sabe, representando a la escuela en el festival de la Golden Week de Domino. Acabo de hacer algunos ajustes a mi baraja y necesito probarla fuera de miradas indiscretas.

Eso no era del todo una mentira. Como dicen, el primer paso para mentir bien es poner algo de verdad en tus palabras.

—¿Qué hay de ellos?

—También son estudiantes. Judai está en el equipo y Kenichi a veces nos ayuda con las prácticas. —Procedimos a mostrar nuestras identificaciones.

El guardia revisó algunos registros en la computadora y luego asintió.

—Muy bien, tienen dos horas para usar las instalaciones. —Nos abrió las puertas.

Menos de diez minutos después, estábamos sentados en las gradas del gimnasio, el mismo donde se llevaron a cabo las pruebas de ingreso al equipo.

—Muy bien, ¿qué fue lo que sucedió ayer?

Directo al grano.

Judai agachó la cabeza. Su sonrisa había estado ausente casi todo el día, reemplazada por una seriedad que me hizo pensar en su actitud de la cuarta temporada.

—El maestro Haou luchó contra Johan —le expliqué a Fubuki cuando fue claro que Judai no estaba listo para hablar—. Un duelo con daño real.

Fubuki hizo una mueca de dolor.

—¿Cómo pasó eso?

—Pues, Johan finalmente le recriminó en la cara su actitud hacia él. Cuando se negó a responder, lo desafió a un duelo que el maestro convirtió en un Juego de lo Oscuro.

Fubuki abrió la boca en confusión. Miró a Judai, quien tenía los ojos en el suelo como si hubiera algo más interesante que ver allí.

—No entiendo. ¿Qué motivos podría tener para hacer eso?

Judai alzó la mirada para enfrentarlo por fin.

—¿No recuerdas? —preguntó con esperanza en la voz—. Yubel nos dijo que Johan… —Se mordió el labio.

—Johan fue el Avatar de la Luz —agregó Yubel apareciendo detrás de Judai y atrayéndolo en un abrazo.

Fubuki miró al espíritu con un gesto de conmoción absoluta. Me sorprendió un poco que pudiera ver a Yubel, pero no comenté nada. No era momento para eso.

—¿Cómo…? —Soltó una carcajada sin gracia—. El primero de abril pasó hace más de un mes…

—No es una broma —le espetó Yubel con molestia.

—Lo siento, pero… eso. La única explicación que podría encontrar para algo así es que sea una broma de muy mal gusto. ¿Johan Andersen, el Maestro de las Bestias de Cristal, el Avatar de la Luz de la Destrucción?

—Entonces, es como yo pensaba —comenté más para mí mismo—. ¿Qué recuerdas del pasado? Es decir, de lo que pasó hace cinco mil años.

Fubuki guardó silencio un momento, como intentando poner en orden sus pensamientos.

—Johan creció en la Ciudad Antigua, después de que las Bestias de Cristal lo encontraran tras haber escapado de un grupo de esclavistas. A los dieciséis años, viajó a la capital del Reino de Kronet** para presentarse a la coronación del nuevo rey. Fue allí cuando conoció a Judai.

—¿A mí?

—A Haou, para ser precisos —se apresuró a aclarar Fubuki—. En realidad, Haou era un título en aquellos días. El título oficial del Heraldo, para ser precisos. Tú… bueno, te conocíamos como el príncipe Judai antes de que ascendieras al trono y tomaras el título de Haou.

Judai miró a Fubuki con un gesto confundido.

—Lo sé, es raro. Por eso resulta tan extraño para mí que tú y Haou, bueno, sean personas separadas.

—Pero tenemos la misma alma.

Fubuki asintió.

—No sabemos por qué la Oscuridad hizo esto, quizá nunca lo sepamos.

Judai miró a Yubel.

—¿La Oscuridad tiene consciencia propia?

Fui yo quien respondió:

—La tiene. —Luego agregué, ante su mirada curiosa—: A veces, cuando el maestro Haou está presente, es más como si yo fuera un espectador. La parte de la Oscuridad en mí es la que habla, como una fuerza que está en posesión de mi cuerpo.

Vi el dolor aparecer en la mirada de Judai ante mis últimas palabras.

—Lo siento… —se apresuró a disculparse.

—No es tu culpa.

—Sé cómo se siente eso —comentó en voz baja—, bueno, ahora que recuerdo lo sé.

—¿Cuál es tu teoría? —me preguntó Fubuki para desviar la atención de ese momento incómodo.

—Efecto mariposa, o más bien, un efecto de onda que alteró el tiempo en diferentes direcciones. Me explico: cuando Yugi nos dijo la verdad sobre cómo y porque terminé en este mundo, entre sus ejemplos usó el de una roca que es arrojada a un estanque apacible y lo altera. Pues bien, si haces eso, la roca generara ondas en todas direcciones, no en una sola.

Vi como la comprensión llegaba a Fubuki a través de su expresión.

—El pasado también cambió —su voz salió en un hilillo—. Oh, demonios, es nuestra culpa. Johan…, por nuestras acciones él…

—No hay nada que hacer —le cortó Yubel—. Hicieron lo que hicieron, ahora únicamente nos queda tratar de arreglar su desastre.

Podía notar el deje de ira que había en las palabras de Yubel. Por la forma en que Fubuki se estremeció, él también lo notaba.

—Eso no es todo —dije en parte para rescatarlo—. He estado pensando en si este mundo, en su línea del tiempo original, es como el que yo conocí o no.

—¿Cómo? —preguntó Yubel—. ¿Intentas decir que toda la información que nos has dado es falsa?

Negué con la cabeza.

—No es eso exactamente. —Miré a Fubuki—. ¿Formabas parte de las Siete Estrellas Asesinas?

Fubuki miró hacia el frente por un momento, con la mirada perdida.

—Sí —respondió con voz más fría de la usual en él.

Yubel también estaba expectante respecto a cómo respondería. Miré a Judai, quien tenía el mismo gesto que la noche anterior, cuando comenzó a hablar de la otra línea del tiempo.

—Yo luché contra ti —dijo—. Ambos terminamos en la enfermería. Por eso Asuka estaba triste en mis sueños.

Fubuki asintió, al parecer ya estaba comprendiendo a que me había referido en mi mensaje respecto a que Judai sabía todo.

—¿Qué hay del profesor Daitokuji? ¿Era también parte de los Asesinos?

—Lo era.

—Además de ser el responsable de las desapariciones de estudiantes —agregué.

Fubuki asintió, y luego explicó:

—Como nos confesó más tarde, intentó usar el poder de Darkness para completar su nuevo cuerpo. Pero, cuando se dio cuenta de que no podía controlar ese poder, entregó a Yusuke como sacrificio. Yo, pensando que él me estaba ayudando, seguí a Yusuke al sótano del dormitorio de la élite y…

—Terminaste poseído por una parte de Darkness. —No era exactamente como lo recordaba del anime, pero encajaba en lo que sucedió.

Fubuki cerró los ojos en un rictus de dolor.

—El segundo año fue todo el desastre con la Sociedad de la Luz —proseguí—. Y en tercero: Cobra aliado con Yubel, el viaje a la otra dimensión, los zombis de duelo y Johan sacrificándose para que todos volvieran. Luego, Judai intentó ir solo en una misión de rescate y ustedes lo siguieron. Después de eso, Haou despertó y logró crear la «Súper Polimerización». Tras entrar en razón gracias a los esfuerzos de Jim, O'Brian, Edo y Ryo, se enfrentaron a Yubel poseyendo el cuerpo de Johan y usando el mazo de las Bestias de Cristal Avanzadas. Creyeron que Ryo murió, Judai enfrentó a Yubel, recuperando a Johan, y luego tuvo el duelo definitivo tras el cual fusionó su alma con la de su guardián.

Fubuki fue asintiendo de acuerdo a todo lo que decía.

—El tercer año concluyó con Darkness intentando borrar a toda la humanidad —añadió él—. Luego de eso, cada quien tomó su propio camino por unos meses. Sucedió el incidente de Reversa Cero. Nos reunimos en ciudad Domino para ayudar y llorar algunas pérdidas.

—Papá y mamá —dijo Judai en voz baja, dolida.

Yubel lo abrazó más, mientras Fubuki apretaba los puños.

—En realidad, no los había visto en años.

Judai pareció perderse en sus pensamientos, luego, con voz entre cortada, continuó hablando:

—Durante mucho tiempo, luego del tratamiento que me hizo olvidar, vagaba como un zombi por la enorme casa a la que nos mudamos para «dejar atrás los malos recuerdos». Hasta que un día, mientras buscaba un viejo álbum de fotos familiar para un proyecto escolar, encontré una caja de zapatos con mis cartas. Creo que, incluso cuando no podía recordar, algo dentro de mí esperaba que mis héroes volvieran a hablarme. Pero sólo obtuve silencio. Al menos podía sonreír de nuevo una vez que comencé a tener duelos. Por fortuna, en mi nueva escuela no existían los rumores de que yo era un demonio.

Judai agachó la mirada y noté lo mucho que esas palabras dolieron a Yubel.

—Mis padres se dieron cuenta de que volví a los duelos y se enfadaron mucho. No querían que siguiera jugando, así que tenía que dejar mis cartas en el casillero de la escuela, porque temía que si ellos las encontraban… —No fue necesario que lo aclarara—. Cuando decidí ir a la Academia, ellos se negaron. Discutimos. Al final, papá hizo los arreglos a regañadientes. No volví a verlos. Yo estaba en la escuela todo el ciclo, incluso me quedaba allá durante la Golden Week; y el resto de los periodos de vacaciones, cuando volvía a casa, ellos nunca estaban. Cuando me gradué ni siquiera hice el intento por regresar. Y luego, sucedió eso. Siempre estaban fuera, pero cuando pasó estaban en la ciudad. Su casa estaba justo en la línea por donde la ciudad se partió. No quedó nada de ellos que pudiera ser sepultado.

Tras un momento de silencio, en que no sabíamos de verdad que decir, hubo que retomar donde lo dejamos.

—¿Johan nunca fue el Avatar de la Luz a quien enfrentaron en el futuro? —le pregunté a Fubuki.

—No. Johan enfrentó al Avatar de la Luz después de que, bueno, cuando Judai… ya saben.

—¿Quién fue el Avatar de la Luz contra el que lucharon? —preguntó Yubel.

—Ella no ha nacido aun —nos aclaró Fubuki—. En la antigüedad no tuvo uno, al menos no que supiéramos. Siempre actuó a través de sus acólitos. Pero, en el futuro, fue una joven mujer: Ruka.

—¿Ruka? —pregunté quizá con más fuerza de lo necesario, casi fue un grito—. ¿Estás hablando de la poseedora del «Dragón Hada Antiguo»?

Fubuki me miró con un gesto de confusión.

—¿No te refieres al «Dragón Duendecillo Antiguo»?

—Ese es en el manga —me apresuré a responder y luego conecté los puntos—. A menos que la Luz lo corrompiera.

A diferencia de su «hermana», ese otro dragón era una especie de ente corruptor. Apropiado para la Luz de la Destrucción.

—Sí, creo haber escuchado algo sobre eso —admitió Fubuki—. La Luz corrompió a esos dragones.

—Ella nació después de lo que llamas canon, ¿cómo puedes conocerla? —me cuestionó Yubel.

—Porque ella salía en la siguiente serie: Yu-Gi-Oh! 5Ds. Era uno de los Signers elegidos por el Dragón Carmesí para enfrentar a los Dioses Terrestres y evitar que el Señor del Inframundo despertará. Tenía al «Dragón Hada Antiguo» como su Dragón Insignia, además de una conexión especial con los espíritus del duelo.

Era difícil pensar en Ruka como un enemigo, pero tampoco era algo tan extraño. En el manga de 5D's lo era.

—¿Qué hay de su hermano, Rua?

Fubuki apretó los puños.

—Estuvo a su lado todo el tiempo. Él… —Le costó trabajo decir lo siguiente—. Él fue el asesino de mi hermana.

¿Qué carajo pasó en este mundo? Primero Johan como Avatar de la Luz en el pasado de la nueva línea del tiempo, y ahora Ruka y Rua bajo el control de la Luz.

—Yusei, Crow, Jack, Aki, es decir, el resto de los Signers, ellos no…

Fubuki negó con la cabeza entendiendo que me refería a si eran enemigos.

—Los conocí, a Crow y a Jack cuando eran profesionales, antes de que todo se fuera a la mierda. Y el doctor Fudo era alguien muy respetado en Neo Domino.

—Yusei era un buen tipo —agregó Judai—. Lo conocí cuando enfrentamos a Paradox.

—Sí, lo era —admitió Fubuki—. Jamás se rindió en la lucha, ninguno de ellos lo hizo. Cayeron intentando salvarlos…

Sabía que se refería a Ruka y a Rua. Los vínculos del equipo 5D's eran tan profundos, que no esperaría otra cosa de ellos.

—¿Cómo sucedió? —preguntó Fubuki a Yubel—. Es decir, como es que Johan…

—Se crio en la Ciudad Antigua, como dijiste. Con las Bestias de Cristal y los Caballero- Gema. Pero él jamás se presentó a la coronación de Judai. La Ciudad Antigua fue atacada por los acólitos de la Luz unos años antes. El rey intentó prestar ayuda, pero fue demasiado tarde. Sólo Johan sobrevivió. Fue llevado al reino. Entonces no sabíamos que la Luz lo había infectado, eligiéndolo como su Avatar.

Sus ojos se cerraron en un rictus de dolor.

—Pasó un año antes de que Johan hiciera su primer movimiento. El reino no sobrevivió. Saqué a Judai, a Haou, de allí como el único superviviente junto con una corte inexperta y fuimos en busca de refugio con nuestros únicos aliados.

—El Reino de la Noche Blanca —completó Fubuki.

Yubel le dio la razón.

—¿Noche Blanca? —pregunté—. ¿Cómo las cartas que Asuka usó mientras estaba en la Sociedad de la Luz?

—Creo que allí está una de las diferencias —comentó Fubuki—. En el pasado que recuerdo, los acólitos de la Luz atacaron nuestro reino, pero no de forma directa: se infiltraron. Cuando el hechicero de la Corte de mis padres se dio cuenta, ellos ya estaban bajo su influjo. Consiguió sacarnos a Asuka y a mí del reino, para lo cual recurrió a un viejo pacto con los Dragones Negros.

»Terminamos como refugiados en Kronet, y el rey, para honrar el viejo pacto, nos pidió que sirviéramos a Judai como sus Caballeros. Asumo que algo así debió pasar en esta línea del tiempo: el viejo pacto fue lo que llevó a Haou a buscar refugio en nuestro reino. En fin, los Dragones Negros me ofrecieron su mazo para cumplir mi juramento. Asuka debió tomar el mazo de la Noche Blanca, pero no pudo ser recuperado y, como aprendimos en nuestra siguiente vida, terminó infectado por la Luz de la Destrucción.

—Entonces, no fue coincidencia que la Sociedad de la Luz apuntara hacia Asuka —conjeturé.

—No, no lo fue. Sólo un miembro de la familia real puede usar esas cartas. Incluso si la Luz las corrompió, no podría usar todo su poder sin uno de nosotros. Y Asuka siempre tuvo una mejor conexión con ella.

—En las Doce Dimensiones crear cartas no es algo tan simple como en este mundo —me explicó Yubel para que entendiera porque era tan importante que la persona correcta usara cierto mazo—. No basta con dar imprimir a un botón. Además, no puedes crear cartas de monstruos: los espíritus y los monstruos te ofrecen su lealtad y te prestan su poder convirtiéndose a sí mismos en cartas.

Eso era justo como Amon consiguió su mazo Exodia en la tercera temporada.

—Las cartas Mágicas y de Trampa son creadas por hechiceros que se especializan en ese arte. Los más talentosos, es decir, los que pueden crear las cartas más poderosas, por lo general trabajan exclusivamente para la realeza o los nobles de alta cuna, y sólo consiguen una gran creación una o dos veces en su vida. Por eso los mazos son heredados de generación en generación como se heredan los mismos títulos.

«Que complicado», pensé.

—¿Las Bestias de Cristal fueron corrompidas por la Luz? —preguntó Fubuki a Yubel.

Yubel negó con la cabeza.

—Lograron resistir, no fue así con el mazo de los Caballero-Gema. Eventualmente, la Luz intentó deshacerse de las Bestias de Cristal, así que el Dragón Arco Iris no tuvo más remedio que abandonar a Johan. Acudieron a nosotros buscando nuestra ayuda para recuperarlo. Así que Haou les dio parte de su poder para que asumieran su forma Avanzada, y Hayato, nuestro hechicero de la corte, se ocupó de crear el soporte para el nuevo mazo.

Fubuki meditó las palabras de Yubel durante algunos minutos, en los que nadie de nosotros dijo anda.

—¿Es posible que allí fue donde todo cambió? —preguntó, más para sí mismo, pensando en voz alta—. En una línea del tiempo la Luz decide atacar la Ciudad Antigua, en la otra el Reino de la Noche Blanca.

—No creo que sea lo único —agregué—. No puede ser tan simple. Por otro lado, ¿por qué en una línea del tiempo la Luz busca un Avatar y en la otra no?

—La Luz no siempre se manifiesta a través de Avatares —recalcó Yubel—. A veces sólo usa a sus marionetas.

—Pero, ¿y si hay algo más? Una especie de karma o equilibrio cósmico.

Era un concepto muy manejado en oriente: la idea de que todo debía estar equilibrado. Es decir, era la premisa de animes como Fullmetal Alchemist y xxxHolic.

—Las cosas tienden a equilibrarse, eso es cierto —admitió Yubel.

—En la magia, al menos de la que se hablaba en mi mundo, existe el Principio de Correspondencia: como es arriba es abajo. Y el Principio de la Polaridad: todos tienen su doble; todo viene en dos polos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo.

Yubel frunció el ceño.

—¿Eras una especie de ocultista?

—No, sólo leía mucho estas cosas, como investigación para escribir.

—Lo que dices es que el universo, de alguna manera, equilibró las cosas —intentó comprender Fubuki—. Tomó a Johan como Avatar de la Luz a causa de los cambios que hicimos, porque tú estás aquí.

—No creo que yo sea igual a Johan, desde un punto de vista cósmico —repliqué—. Mi hipótesis va por otro lado: ¿Qué pasa si la Luz es consciente de que el estanque cambió? Fue tras otro objetivo de forma deliberada, porque sabía de la línea del tiempo anterior, y trató de modificarla.

—Para equilibrarse, el universo le dio a la Luz conocimiento como el que tenemos —comprendió Fubuki.

—Y tal vez más. Quizá por eso Judai está recordando, y por eso existe separado de Haou. ¿Qué hay si un remanente del viejo Judai viajó conmigo? El universo tuvo que equilibrar eso, y le dio a Judai otro cuerpo. Y también le dio a la Luz conocimiento de lo que se hizo para igualar la balanza.

Yubel negó con la cabeza.

—Es absurdo. ¿Por qué el universo haría estas cosas? Tendría lógica que ayudara a quien quiere salvarlo, entonces, ¿por qué ayudar a la Luz? Eso sería destruirse a sí mismo. Si la Luz gana eso es lo que pasará.

—Tal vez no importa —dije—. El universo no es bueno o malo, no tiene consciencia, sólo hace lo que debe hacer para mantener un balance. Por otro lado, las respuestas deben estar en los detalles más sutiles.

Me dirigí a Judai, quien había estado muy callado:

—En la otra línea del tiempo, ¿cuándo conociste a Sho?

—En el examen de ingreso a la Academia. Entré al domo de duelos justo cuando él y Daichi terminaban sus exámenes.

Asentí. Concordaba con el primer episodio.

—Pero en esta vida él asistió a la misma escuela primaria que tú.

—Eso es porque no se mudaron cuando Sho tenía unos cuatro años —nos aclaró Fubuki—. En la otra línea del tiempo, se fueron unos años a Estados Unidos por el trabajo del señor Marufuji, y cuando regresaron se instalaron en otra parte de la ciudad.

Un misterio más aclarado.

—¿Qué hay de la profesora Midori? ¿La conocías?

Judai negó con la cabeza.

—¿Y a su hermano Koyo?

El mismo resultado.

—¿Por qué ellos son importantes? —me preguntó extrañado. No los habíamos visto desde que dejamos la primaria pública, hacía ya cuatro años.

—Hay una tercera línea del tiempo: el manga.

—¿Manga? —preguntaron Fubuki y Judai al unísono.

—Sí, un manga de GX. En él, Hoyo y Midori Hibiki eran muy importantes para la trama. No digo que vaya a ser lo mismo aquí, pero el hecho de que nos encontráramos con ellos levanta sospechas. Citando a cierta bruja: «las coincidencias no existen».

En el teléfono de Fubuki sonó una alarma, indicando que se habían terminado las dos horas. No tuvimos más remedio que dejar allí las cosas.

Salimos de la escuela y nos despedimos de Fubuki.

El camino de regreso fue silencioso, cada quien sumido en sus propios pensamientos.

Eso hasta que pasamos frente a un callejón, y escuchamos el grito desesperado de una niña. Una voz que conocíamos muy bien: era Rei.

Sin decir nada, fuimos en su búsqueda.

La encontramos de rodillas en el suelo, sus cartas esparcidas a su alrededor.

—¡Rei! —la llamó Judai mientras corría a ayudarla.

—Príncipe Judai… —La voz de Rei sonó entrecortada en medio del llanto.

—¿Qué sucedió?

Mi pregunta tuvo respuesta cuando la figura de un adulto joven, alrededor de la edad de Yugi, se materializó de la nada frente a nosotros. Tenía una larga cabellera de color azul, y vestía una gabardina blanca. Sus ojos eran dos orbes dorados que nos miraban con burla, mientras una sonrisa algo sádica se dibujaba en sus labios. En su mano derecha sostenía un cubo que brillaba con la intensidad de un sol en miniatura.

—Ah, que sorpresa —le dijo a Judai con una voz profunda cargada de malsano deleite—. El Heraldo de la Oscuridad. No esperaba encontrarme tan pronto contigo. Tenemos algunas cosas que discutir.


* No estoy seguro de si dicho termino era usado en el Londres de mediados del siglo XIX, pero si es una de las formas en que se conocía a dicha enfermedad.

** «Coronado» en Noruego.