Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Actualización 12/05/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.
Libro II
Capítulo 18
Viaje Compartido
[Carta Mágica/Juego Rápido]
Por el resto de este turno, cada vez que una o más cartas sean añadidas a la mano de tu adversario desde el Deck Principal o Cementerio, excepto robándolas, inmediatamente tú robas 1 carta. Sólo puedes activar 1 "Viaje Compartido" por turno.
La habitación estaba envuelta en un silencio incómodo. Había tanta tensión, que estaba seguro podría haberla cortado con un cuchillo.
No me atreví a ver a mi tío directo a los ojos, pero aun así sentía su mirada sobre mí con una intensidad que, figurativamente, podría haber erosionado mi piel. No podía culparlo, y a la vez no estaba seguro qué decirle. Ni siquiera sabía cuánto había escuchado. ¿Sabía que yo…, bueno, no era de este mundo? O, por el contrario, ¿sólo asumió que era un asunto tradicional de «oh, viajamos en el tiempo porque lo jodimos todo en el futuro»?
Ambas cosas eran correctas, pero, como dije, yo no sabía qué fue lo que escuchó él ni a qué conclusiones llegó.
Lo peor, parecía que la Oscuridad se había retirado, seguramente exhausta tras el encuentro de esa tarde con el combo surreal de La Prana más la Luz de la Destrucción. Seguía siendo aterrador a que grado una pequeña porción de la misma oscuridad tenía consciencia, como si fuera un ser vivo. En ese sentido, era como si yo estuviera poseído todo el tiempo, de forma similar a Yoko, la protagonista de The Twelve Kingdoms, quien tenía a Hinman, una especie de elemental de agua, dentro de ella. La diferencia era que la Oscuridad nunca hablaba conmigo de forma directa, y era algo más parecido a un cachorro por la forma en que se comportaba la mayoría de las veces. Tomando en cuenta que usé el juramento de los Kirin para sellar mi lealtad a Haou y a Judai, las comparaciones con aquella serie que tanto me gustó en mi otra vida no se sentían tan fuera de lugar.
El tío Kouji apartó la mirada por fin, y solté la respiración contenida.
—Vas a decirme por fin qué está pasando.
Seguía sin poder mirarlo a los ojos. Su voz era tan dura y, hasta cierto grado, dolida que me desarmó por completo.
El viejo temor que había tenido años atrás, cuando Judai conoció al tío Kouji, regresó. ¿Sería este el desencadenante para que terminara de la misma forma que su personaje en el anime?
—Lo que pasó con Johan —continuó él con el mismo tono estricto—, ¿quién fue el responsable?, ¿Judai?, ¿Haou? —Dudó un momento—. ¿Tú?
Me estremecí tan siquiera al pensar la posibilidad de eso último. ¿Podría hacer yo eso a Johan? Si se convertía en un enemigo, como sucedió milenios atrás en la vida anterior de Haou, ¿podría luchar contra él de la forma que él lo hizo? ¿Podría herir a uno de mis mejores amigos? ¿Podría, incluso, matarlo?
—Haou.
Mi voz fue un susurro el cual, debido a lo silenciosa que estaba la habitación, se escuchó más fuerte de lo que pretendía. El hecho de que pudiera decirlo abiertamente fue una prueba de lo debilitada que estaba mi conexión con la Oscuridad en esos momentos. De hecho, comenzaba a sentirme muy cansado, como sí toda mi energía hubiese sido drenada.
El tío Kouji se quedó en silencio, pero la tensión en la habitación no se relajó.
—Quiero entender lo que está pasando, de verdad lo intento —dijo luego de unos minutos que se sintieron como una eternidad—. ¿Sabes lo peligroso que puede ser un duelo de esas características? ¿Qué alguien pudo morir?
A pesar de la dirección tan sombría que estaba tomando la situación, una parte de mí sintió alivio. ¡Él no había escuchado todo! Quizá solamente escuchó algo lo cual le confirmó que sabíamos exactamente lo que había pasado con Johan, o que al menos lo intuíamos. No todo lo que hablamos relacionado con otros mundos, el anime, lo que ocurrió entre Johan y Haou en el pasado…
—Por supuesto que lo sabes —terminó con un tono de voz entre furioso y decepcionado—. Al parecer, sabes mucho más de lo que deberías sobre estas cosas.
Me mordí el labio de forma nerviosa. Decepcionar a alguien que, en los últimos años, me había ofrecido consejos sobre el duelo que iban más allá de la brutalidad con la que Haou disfrutaba de entrenarme, era lo peor de todo. El hombre gracias a quien tenía el noventa por ciento de las cartas de mis dos mazos, gracias a quien tenía a William como mi mentor en los asuntos de los espíritus de duelo.
Por fin el tío Kouji respiró profundamente en un intento de tranquilizarse.
—¿Qué está sucediendo? —Su voz sonaba un poco más en control, pero no podía ocultar del todo el deje de decepción que había en ella—. Dices que Haou le hizo eso a Johan. No había visto a un duelista tan agotado desde…
Siendo un ex profesional, y un profesor en la Academia —considerando además que en el anime no se tomó con mucha sorpresa la existencia de cosas como Juegos de lo Oscuro o la Luz de la Destrucción—, era claro que había tenido más de algunos encuentros con el lado sobrenatural del duelo de monstruos en el pasado. Y, como sospeché el día anterior, supo reconocer la razón por la que Johan estaba ahora en el hospital.
—Necesito la verdad —siguió ante mi silencio—. ¿Entiendes que alguien pudo morir? —repitió.
—Sí —respondí por fin algo más en esa conversación unilateral.
—Eran completamente conscientes de lo que estaban haciendo, y aun así lo hicieron.
¿Qué podía decirle? No podía ser honesto con él. El pequeño desliz de antes ya se sentía demasiado.
—No fue así —respondí en voz baja.
Me atreví por primera vez a alzar la mirada, y de inmediato tuve que alejarla cuando vi la decepción y la furia en la mirada de mi tío. Se sentía peor verla en sus ojos que escucharla en su voz.
—¿Cómo lo hizo? —preguntó, y luego se respondió a sí mismo, con lo que claramente pensaba era lo que había sucedido el día anterior—: Si encontraron algún amuleto, o alguna cosa rara en internet…
Como en mi mundo original, en el Internet de este mundo había toda clase de supuestos rituales, que en un mundo como lo era el yugiverso, estaban relacionados con los Juegos de lo Oscuro. Y más de algún relato vagaba por allí de alguien que había contactado a algún espíritu de duelo mediante una Ouija, o algún ritual, y había desaparecido o terminado muerto de forma misteriosa.
El hermetismo con el que la Corporación Kaiba e Ilusiones Industriales manejaban los incidentes relacionados con el duelo de monstruos y su parte más mística sólo empeoraba las cosas.
Antes de que pudiera pensar y decir cualquier excusa, o él tío Kouji siguiera con su interrogatorio, mi teléfono celular comenzó a sonar. No el normal, sino el especial que Kaiba me había dado. Toda la comunicación, siempre con Yugi, a través de ese teléfono hasta ese día era sólo mediante mensajes de texto (los cuales usaban un servidor especial cifrado de Corporación Kaiba). Era la primera vez que recibía una llamada en él, en principio porque estas eran más fáciles de ser escuchadas por oídos indiscretos.
Lo revisé de inmediato debido a la sorpresa, y sabiendo que debía ser algo que no podía esperar. La pantalla no mostraba quien llamaba, pero el hecho de que hubiera una advertencia de urgente con letras rojas no era buena señal.
—No hemos terminado —me espetó el tío Kouji con voz mucho más cabreada, al parecer entrando en su modo «profesor estricto», si es que no estaba ya en él—. Guarda ese teléfono…
El aparato se activó por sí mismo, en alta voz, antes de que pudiera rechazar la llamada.
—Tardaste demasiado —la dura voz de Seto Kaiba llenó la habitación.
«¿Es en serio?», pensé. ¡Pasaron cinco segundos desde que vi la pantalla hasta que la maldita cosa se contestó por sí misma! Por supuesto, tenía que ser Seto Jodido Kaiba quien consideraba que tardar diez segundos en responder una llamada, por más urgente que fuera, era demasiado tiempo.
—Siempre tan desesperado, chico Kaiba —escuché la voz de Pegasus al fondo, como siempre disfrutando de lo lindo a costa del joven presidente, según notaba por su tono de voz.
—¿Señor Kaiba? —preguntó el tío Kouji más que sorprendido porque recibiera una llamada del mismo Seto Kaiba en persona.
Escuché a Pegasus suspirar resignado.
—Te dije que no era buena idea hacer esto, chico Kaiba. Olvidas que Kenny es sólo un niño. Un mensaje de texto era más que suficiente.
Kaiba hizo el habitual sonido de fastidio que hacía cada vez que Pegasus se metía con él.
—Profesor Satou —lo reconoció Kaiba al instante—. ¿Es el único adulto allí?
—Eh, sí —le respondí con voz algo dudosa, mientras mi tío todavía estaba sorprendido de que recibiera una llamada del mismísimo Seto Kaiba.
—Muy bien, ve por los gemelos —me ordenó—. Mokuba estará allí en cinco minutos para recogerlos.
—¿Qué está pasando? —preguntó el tío Kouji saliendo por fin de su sorpresa inicial.
—Es un asunto de suma importancia, es todo lo que puedo decir.
Escuché a Pegasus suspirar, claramente exasperado porque Kaiba haría lo que quería, como lo quería, y si los demás no estaban de acuerdo, al carajo con ellos.
—¡Necesito una explicación, señor Kaiba! Está hablando de mi sobrino menor de edad.
Seto Kaiba podía ser el dueño de la mitad de la Academia, y quizá el sueldo de mi tío salía en gran parte de las cuentas de su corporativo, pero eso no significaba que mi tío no se enfrentaría a él de ser necesario para protegerme. Eso me hizo sentir mucho mejor, a pesar de todo lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas.
—Creo que es conveniente que el profesor Satou nos acompañe —agregó la voz de Pegasus, más fuerte. La pantalla indicaba que una nueva persona se había unido a la conversación, y el pequeño avatar con la imagen de ese conejo animado qué Pegasus tanto amaba, que para mí era una parodia de Bugs Bunny, era una señal clara de quien se trataba.
—No —lo cortó Kaiba de tajo.
—Exijo una explicación, Señor Kaiba.
—Ya lo has involucrado por tu impaciencia, chico Kaiba. Si yo estuviera en el lugar del profesor, no dejaría ir a cualquier lado a mi sobrino hasta recibir una buena explicación.
—Muy bien, pero tendré un contrato de confidencialidad listo. Les quedan tres minutos. —Colgó.
—¡Oh, la impaciencia de la juventud! —suspiró Pegasus con tono dramático—. El joven Mokuba llegará en helicóptero. Sugiero subir a la azotea de inmediato. —Y también colgó.
No perdí tiempo, desde el mismo teléfono inicié una llamada con Judai y Haou. Sólo respondió Judai.
—Llama a Haou, Mokuba Kaiba viene por nosotros. En la azotea, ¡ya mismo!
Judai no cuestionó, asintió y dijo que me veía en un minuto.
—¿Qué está pasando? —exigió saber mi tío.
Me aseguré que mis dos barajas, y la de Rei, estuvieran en mi cinturón, antes de apurarme en dirección a la puerta.
—Es importante —fue lo único que pude responderle—. El señor Kaiba no habría llamado a ese teléfono si no fuera, posiblemente, un asunto de vida o muerte.
Me mordí el labio pensando que tanto debería decirle, y luego fui honesto:
—Está relacionado con lo que el tío Yugi me llevó a ver ayer. Y, hasta cierto punto, con lo que pasó con Johan. Con todo lo que Judai y yo estuvimos discutiendo hasta altas horas de la noche…
Mi tío Kouji no parecía conforme con esa respuesta.
—Debemos ir, Seto Kaiba no es de los que son pacientes…
Dejé eso en el aire, y el tio Kouji lo entendió, porque al instante suspiró resignado.
Era una suerte que Seto Kaiba no fuera más de los «malos», porque el hombre no temía volver a sus tácticas mafiosas para conseguir algo si era necesario. Además, era una realidad que la prosperidad actual de ciudad Domino se debía a que Seto Kaiba lo controlaba todo allí. Su recién creado Sector de Seguridad cada día ganaba más poder que la misma policía de Domino. El alcalde y los miembros de su oficina prácticamente besaban el suelo por el que Kaiba caminaba. Todo ese control que Corporación Kaiba tenía sobre Neo Domino de forma abierta en 5D's, ya era una realidad, sólo que todavía no era admitido al público general.
Nos encontramos con Judai y Haou camino al elevador. Judai me sonrió débilmente, mientras Haou se limitó a mirarnos sin decir una palabra.
Nadie dijo nada, así que los cinco minutos que tardó el elevador en llegar a nuestro piso, y luego llevarnos hasta la azotea, fueron muy incómodos.
Nos recibió el ensordecedor ruido del motor del helicóptero. Mokuba estaba de pie cerca del elevador, vestido con un traje formal de color blanco, similar al que llevaba Kaiba en los rellenos del Grand Prix en la serie Duel Monsters.
—Usen esto —nos dijo mostrando unos dispositivos con la forma de brazaletes de color azul, con pequeñas líneas brillosas que parecían ser circuitos.
—¿Qué es esto? —le preguntó el tío Kouji suspicaz.
Mokuba alzó su mano derecha para mostrar que llevaba uno en la muñeca.
—Evitará que los usuarios de la Prana nos encuentren.
Judai hizo un ruido apagado, seguramente recordando lo que la Prana era capaz de hacer.
—Vamos —nos urgió Mokuba señalando al helicóptero.
Dos minutos más tarde, estábamos sobrevolando ciudad Domino.
—¿Qué está pasando? —exigió saber mi tío, cada vez más molesto porque nadie le explicaba nada.
—La orden de mi hermano fue simple: ponerlos a salvo.
Haou gruñó al escuchar eso. Mokuba sonrió entretenido, al parecer acostumbrado a recibir respuestas como esa. Siendo el hermano menor de Kaiba, es comprensible.
—¿Qué es eso de la Prana? —preguntó el tío Kouji.
—Desde hace seis meses, hemos escuchado reportes de desapariciones misteriosas en Europa, América y, en las últimas dos semanas, Japón. Siempre jóvenes duelistas que habían destacado al menos en algo: chicos que llegaron a altos puestos en torneos importantes de categoría Junior, o que se sabía estaban en posesión de cartas muy raras.
»En todos los casos se detectó una firma de energía que coincidía con los patrones de los Artículos Milenarios.
»Ante eso, hace tres meses, Corporación Kaiba e Ilusiones Industriales, apoyados por la familia Ishtar, han llevado a cabo investigaciones al respecto. Revisando los viejos textos de la era del Faraón Sin Nombre, descubrimos la existencia de este poder llamado Prana. Un poder relacionado al parecer con lo que muchos expertos de los viejos textos hieráticos han apodado "el Octavo Articulo del Milenio".
»Hemos estado vigilando a quienes sospechamos son portadores de dicho poder, y ahora parece que nos han descubierto.
Mokuba nos miró a mí y a Judai.
—La señorita Rei Saotome está bien —nos confirmó.
Judai suspiró aliviado. Vi de reojo como Haou alzaba una ceja en un gesto de intriga. Al parecer Judai no consideró oportuno decirle lo ocurrido.
—Pero eso nos lleva a otra cosa: ustedes, junto con ella y Jun Manjoume, son los únicos que han tenido un encuentro con el portador del Cubo y no desaparecieron.
El tío Kouji se giró a verme de inmediato, mientras Judai se hundía un poco en su lugar.
—Jun nos salvó, yo no pude hacer nada, y Kenichi…
—Experimenté lo que la Prana puede hacer de primera mano —terminé por él.
Mokuba asintió, Judai se hundió más en su asiento, y el maestro Haou… no sé la verdad. Se inclinó un poco hacia adelante, claramente interesado, pero no demostró nada en su rostro.
El tío Kouji fue quien tuvo la peor reacción: abrió los ojos con sorpresa y me miró de arriba abajo como si esperara que fuera a desvanecerme de un objeto a otro. Habiendo estado en Ciudad Batallas, no era descabellado asumir que escuchó muchos rumores sobre lo que podía hacer un Artículo Milenario.
—¿Cómo los salvó Jun Manjoume? —preguntó Haou muy interesado.
—Oh, él tenía ese increíble dragón. No había visto nada igual antes.
—El «Dragón de la Luz y la Oscuridad» —aclaré.
—¿Se llama así? Bueno, Jun apareció con ese enorme dragón, y ese tipo extraño con el Cubo, se echó para atrás, como si lo hubieran quemado.
El tío Kouji miró a Judai con sorpresa, mientras Haou fruncía el ceño, como si no reconociera la carta, lo cual no debía ser así, considerando él tenía acceso a toda la «base de datos» de cartas traída desde mi mundo.
Mokuba estaba buscando algo en su teléfono. Luego, nos mostró un vídeo de calidad baja, más porque el que lo grabó no sabía cómo sostener el teléfono sin que se moviera por todas partes, que por una baja resolución. En el vídeo se mostraba el poderoso dragón al ser invocado en una arena de duelos.
—Este vídeo fue tomado en un duelo inter escolar entre la primaria donde estudió Jun Manjoume y otra escuela, en Tokio. Es de hace dos años. Es la única vez que dicho monstruo ha sido usado. El monstruo no está registrado en ninguna base de datos dentro de Ilusiones Industriales o Corporación Kaiba. Estamos ante uno de esos raros casos de un monstruo de duelo que aparece por propia voluntad en nuestro mundo. El joven Manjoume no lo ha vuelto a utilizar desde entonces. Todo registro de su existencia, salvo este vídeo, fue borrado de cualquier lugar de la red o archivo privado, y se sobornó a las personas indicadas para que no se filtre información sobre él hasta que sepamos qué es exactamente.
—Me sorprende que los Manjoume aceptaran algo así —resopló mi tío—. Son de esos ricos que son especialmente molestos.
Por la amargura en su voz, parecía que tuvo un encuentro poco agradable con ellos en el pasado.
—En circunstancias normales, lo son. Pero Misae Manjoume hará cualquier cosa por proteger a su hijo menor. Y como ella es la verdadera dueña del dinero en esa familia…
No necesitó terminar la frase: la mujer tenía a los hermanos de Jun, y quizá a su padre, agarrados por los huevos.
—¿La madre de Jun? —preguntó Judai extrañado—. Pensé que ella había muerto…
—Estuvo muy enferma hace un par de años —le explicó Mokuba—. Pero ya se encuentra mucho mejor. Una recuperación milagrosa. Curioso, coincidió con el tiempo en que su hijo obtuvo ese raro dragón.
Miré por la ventanilla, y me sorprendí al ver que la ciudad no estaba bajo nosotros, solo el océano, cada vez más oscuro mientras la noche caía.
—Pensé que íbamos a la sede de Corporación Kaiba —comenté algo distraído.
—Necesitamos un lugar más seguro.
¿Algo más seguro que las mismas oficinas de Seto Kaiba? Ese edificio era como una fortaleza en el centro de ciudad Domino, no había lugar más seguro en toda la ciudad. Bueno, a excepción de la misma mansión Kaiba.
—Ese tipo, el que tiene el Cubo, ¿piensan que volverá a intentar atacar a mi sobrino?
Mokuba me miró un momento. Asentí afirmativamente a su pregunta silenciosa: podía decírselo a mi tío.
—Sí. Judai, Haou y Kenichi deben ser sus objetivos principales. En realidad, es muy probable que cualquier estudiante con una buena calificación en Joran, o con un récord en las ligas Junior como el de Judai y Kenichi, será objetivo. El problema es que ellos ya se escaparon una vez.
—Se volvió algo personal —comprendió mi tío. Guardó silencio un momento—. ¿Cuándo fue?
—Hace menos de tres horas —admití en voz baja.
Mi tío se giró a verme con el rostro congestionado por la culpa y, de nuevo, me miró como temiendo que fuera a desaparecer allí mismo.
Mokuba siguió explicando:
—Detectamos la energía de esa cosa llamada Prana, coincidiendo con la ubicación de los discos de duelo de Joran asignados a Judai y Kenichi. Una hora después —me sorprendió saber que fue tanto tiempo dentro de esa dimensión creada por el cubo, para mí fueron unos minutos—, detectamos al dragón de Jun Manjoume. La Prana desapareció, y unos minutos más tarde, Yugi recibió una llamada de Kenichi avisándonos que Rei Saotome, una estudiante de Joran cuatro años menor que ellos, estaba muy mal.
—¿Tardaron una hora en ir a buscarlos? —preguntó mi tío visiblemente molesto.
—No es tan simple. Creamos esta nueva tecnología para repeler la influencia de la Prana —Mokuba señaló el brazalete en su muñeca derecha—, pero había algo más allí esta tarde. Algo que no permitió que nos acercáramos.
—La Luz —espetó Judai.
Haou gruñó al escuchar eso. Nos miró a mí y a Judai con una intensidad que prometía dolor por no avisarle sobre eso. Me encogí en mi sitio, pero Judai le sostuvo la mirada de una forma que hasta ese día no había hecho.
—Ya habrá momento de explicarlo, amor —escuché a Yubel cerca de Haou, pero no se dejó ver porque el espacio era reducido, e incluso en su forma espiritual, Yubel no se manifestaba donde no pudiera extender sus alas a plenitud. Por su tono de voz, supe que estaba allí para calmar la furia de Haou.
Me recargué en mi asiento. Estaba agotado en todos los sentidos, y con la Oscuridad tan débil dentro de mí, me sentía indefenso. Era curioso como algo que cada vez se sentía más como un grillete al que estaba encadenado, podía darme tanta seguridad.
—Estamos llegando a Alcatraz —anunció el piloto—, aterrizaremos en cinco minutos. Por favor, abróchense los cinturones de seguridad.
—¿Alcatraz? —preguntó Judai sorprendido.
—Es la Isla donde está la Torre de Duelos —aclaró el tío Kouji.
Mokuba sonrió cuando el entusiasmo llenó las facciones de Judai, quien miró por la ventanilla no deseando perderse nada. Yo hice lo mismo, aunque tratando de ser un poco más reservado.
De verdad estábamos descendiendo en la isla donde se llevó a cabo la final de Ciudad Batallas. Pero, si no mal recordaba, Kaiba la destruyó al terminar el torneo. ¿Había reconstruido algo sobre sus ruinas? Después de todo lo que significo ese lugar para los hermanos Kaiba, eso no parecía probable.
Descendimos en un helipuerto cerca de los muelles de la isla. Allí estaba esperándonos el señor Isono, y un par de vehículos idénticos a los que vi en la Academia Central el día anterior.
Ya era de noche, así que no había mucho que pudiéramos ver en la isla. Lo que noté, sin embargo, me hizo sentir extraño. El lugar no era una pila de escombros como en el anime. De hecho, la base militar de Corporación Kaiba parecía estar intacta, siendo la Torre de Duelos lo único que desentonaba, la cual no se veía en sí idéntica a la que vi en el anime. Allí no era más que una estructura con un elevador y un estadio de duelos en la cima. Esta torre era mucho más alta, y claramente estaba pensada como una segunda sede oculta para Corporación Kaiba.
El viaje desde el helipuerto del muelle hasta la torre duró diez minutos. Una señal de que la isla era mucho más grande de lo que se veía en la serie. O quizá había sido ampliada de forma artificial.
—¡Bienvenidos! —nos saludó Pegasus con su habitual tono jovial—. Espero que hayan tenido un viaje agradable desde Domino.
—Sin complicaciones —le respondió Mokuba. Noté que no parecía ser hostil al hombre, a diferencia de su hermano mayor. Un detalle curioso, considerando que este era Pegasus: el hombre que hizo un trato con la junta directiva de Corporación Kaiba para apropiarse de la compañía, matar a su hermano y lo secuestró para usarlo como peón en su adquisición ilegal.
A menos, por supuesto, que en esta línea del tiempo eso no hubiera ocurrido. No tenía pistas que me indicaran que Mokuba pudiera ser también un viajero del tiempo. ¿Y si no lo era? ¿Mokuba había muerto en el futuro? Esa parecía ser una razón de peso suficiente para que Kaiba se arriesgara con ese plan tan loco de reescribir la historia por completo. La mayor prueba era que parecía no estar dispuesto a permitir que ese futuro se repitiera.
Entramos en la Torre de Duelos encontrando una recepción no muy distinta a la de la sede de Corporación Kaiba en ciudad Domino. Sólo que no había recepcionista, al menos no una humana. Fuimos recibidos por un holograma que se parecía mucho a la «Guía Turística del Inframundo». Sólo quedó claro que era un holograma, cuando Mokuba activó algunos comandos de voz para que nos diera acceso directo a uno de los pisos del edificio.
—Por aquí —nos indicó y lo seguimos a un elevador.
Subimos tres pisos hasta una oficina amplia, bien iluminada y equipada con todo lo necesario para administrar la compañía de los hermanos Kaiba desde allí sin problemas.
—¿Esta es una sede secundaria? —pregunté a Mokuba.
—Algo así, es más bien el cuartel general. Seto no habría querido construirla aquí, pero Alcatraz tiene una muy buena ubicación, y al encontrarse en aguas internacionales, lejos de las rutas marítimas y de las zonas de pesca, nos permite trabajar con discreción en los proyectos que necesitamos.
Una puerta lateral de la oficina se abrió y de ella salió Seto Kaiba, acompañado por un joven de su edad aparente, pero con el cabello largo, tupido y de color blanco.
—Buenas noches —nos saludó el joven sonriendo.
—¿Puedo presentarles a Ryo Bakura?
Kaiba fulminó a Pegasus con la mirada debido a que actuaba casi como si fuera el anfitrión.
—¡Increíble! Fuiste uno de los finalistas de Ciudad Batallas —medio gritó Judai emocionado—. ¡Tenemos que enfrentarnos en un duelo!
Bakura me pareció un poco nervioso.
—No he tenido un duelo en años, pero supongo que podría intentarlo.
El entusiasmo de Judai se apagó un poco por esa respuesta.
—Muy bien, tengo el contrato de confidencialidad listo para ser firmado —los interrumpió Kaiba mirando a mi tío—. En términos simples: no se divulgará nada de lo que suceda en este sitio. En lo que al público respecta, en estas instalaciones se hacen pruebas con nueva tecnología holográfica.
Kaiba sacó una tableta de unas siete pulgadas y se la dio a mi tío.
—Puedes leer todos los puntos del contrato y adjuntar tu firma electrónica. Debo advertir que, si ese contrato no se firma, tengo otros métodos menos agradables para proteger los secretos de este lugar.
El tío Kouji, como es obvio, no estaba nada contento con este desarrollo.
—Oh, chico Kaiba, eres todo un mafioso. ¿Estás seguro que no operas una banda de Yakuza en secreto? Parece algo que harías en tu tiempo libre.
Kaiba no dijo nada, y Pegasus soltó una pequeña carcajada cuando volvió a ser fulminado por su mirada.
—Si firmo esto, señor Kaiba, quiero la garantía de que mi sobrino no será involucrado más en… lo que sea que hagan aquí.
—No —lo cortó Kaiba—. Kenichi Satou es una pieza muy importante en lo que hacemos. Considerando lo que has aprendido respecto al verdadero duelo de monstruos en los casi cuatro años que llevas dando clases en mi escuela, debes estar más que consciente de las capacidades del niño.
—Exactamente, es un niño, no dejaré…
—Es un activo valioso. Estoy eligiendo ser amable, podría decidir emplear otros métodos para asegurarme la custodia del niño de ser necesario.
—A Yugi no le gustará oír esto —murmuró Bakura, pero Kaiba lo ignoró, manteniendo la mirada fija en mi tío.
El tío Kouji apretó la mandíbula.
—Por favor, chico Kaiba, debes entender al hombre…
—Es mi última palabra.
—Está bien, no pasa nada —decidí intervenir.
Mi tío me miró, suavizando su expresión.
—Eres un niño, no entiendes lo que implica algo como esto.
Si sólo supiera…
—¿Qué hay de mis padres y los abuelos? —decidí preguntar a Kaiba—. Estaban en el aeropuerto cuando recibimos su llamada.
—Ya nos estamos ocupando de su seguridad —intervino Mokuba—. Haremos una videollamada con ellos desde la casa de seguridad, en cuanto nos confirmen que fueron puestos a salvo.
El tío Kouji pareció dudar un poco más, antes de por fin escanear un código QR con la cámara de la tableta, con lo cual el contrato quedó firmado. Supongo que las palabras de Mokuba, indirectamente, lo convencieron. Seto Kaiba podía desaparecer a nuestra familia si así lo quería.
El teléfono de Mokuba sonó, y se apresuró a alejarse un poco para contestar. Un minuto después, se acercó de nuevo.
—Han dado de alta a Johan. Él y Yugi vienen en camino, pero antes pasarán por la tienda para traer también al abuelo y a la tía Megumi.
Miré a Mokuba con curiosidad. Al parecer, estaba mucho más unido a la familia Muto que en el canon. Bueno, considerando que, al final del anime, Kaiba y Yugi quedaron en términos cordiales, y con todo esto del viaje en el tiempo, debieron pasar mucho tiempo planeando cuando eran adolescentes, sumado a que en esta vida Kaiba jamás destrozó el Dragón Blanco del abuelo, sonaba factible que hubiera un contacto más cercano. Además, veía a la tía Megumi encariñándose con Mokuba al enterarse que era huérfano. Su relación de casi una madre con Johan, y la forma en la que prácticamente adoptó a Judai en la familia eran toda la confirmación que necesitaba.
Las puertas del elevador se abrieron de nuevo. El señor Isono se acercó a Kaiba y le dijo algo en voz baja.
Kaiba guardó la tableta con el contrato en su gabardina, y comenzó a alejarse.
—Muéstrales sus habitaciones —le ordenó a Mokuba mientras subía al elevador con Isono.
Mokuba asintió, y nos guio por la misma puerta lateral por la cual entraron Kaiba y Bakura antes.
—¿Cuál es el plan? —le preguntó Haou.
—Por lo pronto, estamos tratando de mantener a todos los posibles blancos del portador del Cubo fuera de su camino. Una vez hecho eso, mi hermano y Yugi lidiarán con él.
Haou no pareció conforme con esa respuesta.
—Sé que quieres luchar —dijo Pegasus—. Pero chico Kaiba fue muy tajante en que él y Yugi deben ocuparse de esto.
—Si es verdad que ese Cubo es un Artículo Milenario, tiene sentido que quieran ocuparse de esto en persona —agregó Bakura—. En lo que respecta a esas cosas, siempre ha sido algo personal para ellos.
Pegasus no dijo nada, pero era claro que hablar sobre esas cosas no le sentaba bien. Con todo lo ocurrido en el Reino de los Duelistas, y lo que significó para él, puedo entenderlo.
Me tallé el ojo al sentir que el agotamiento me alcanzaba. Hasta ahora, parecía que la necesidad de estar alerta ante lo que estaba pasando era lo que me había mantenido en pie. Y ahora que estaba en un lugar seguro, y con la promesa implícita de Mokuba de que mi familia estaría a salvo, todas las energías que me quedaban se estaban agotando muy rápido. De pronto era como si todo el sueño que no necesité en los meses anteriores, estuviera tratando de derribarme.
—¿Estás bien, pequeño Kenichi?
Asentí a Pegasus con la cabeza, pero por su ceño fruncido era claro que no era convincente.
—Solamente estoy cansado. Han sido muchas cosas.
—Tu energía de duelo está casi agotada —sentenció Haou con claro disgusto en su voz.
¿Agotada? ¿Era porque la Oscuridad dentro de mí se había ocultado?
—Son esos niños —prosiguió—. Han estado rondando demasiado a tu alrededor. Y ahora han consumido casi toda tu energía.
—¿Qué niños? —preguntó el tío Kouji con voz seca.
—Zombino y Zombina —le respondí. Estaba tan cansado, que ni siquiera tenía fuerzas para tratar de ocultarle nada.
—Espíritus de duelo —aclaró Judai—. Pero no tienen cartas.
—¿Sin cartas? —cuestionó Pegasus con claro interés.
—Y ese es el problema —explicó Haou—: sin una carta a la cual regresar, se han alimentado de la fuente de energía más próxima que encontraron. Y ahora la están agotando. Tienes que deshacerte de ellos, antes de que el agotamiento te haga verdadero daño.
—No puedo —le respondí. Sentí la mirada intensa de Haou sobre mí. ¿Había sido una orden implícita que no capte bien debido a mi agotamiento?—. Son niños pequeños, y están solos. Han estado solos mucho tiempo.
—Estoy seguro de que puedo arreglar algo —me aseguró Pegasus—. ¿Están por aquí? Si pudiera verlos…
—Kenichi ya sabe cómo son sus cartas —confesó Judai.
Recordé que todavía tenía los bocetos en mi bolsillo, con todo lo que pasó cuando llegué a casa no me dio tiempo de dejarlos. Saqué las dos hojas dobladas y las vi por un momento, antes de pasarlas a Pegasus.
A esas alturas, estábamos en otro elevador, el cual descendía en lugar de subir.
Salimos a lo que parecía ser un complejo de oficinas subterráneo, el cual me recordó un poco a ese centro de investigación de la película Resident Evil: Degeneration. Claro, la diferencia era que, en vez de armas biológicas, aquí se experimentaba con juegos de cartas para niños.
Nos detuvimos frente a una puerta, y Mokuba la abrió con una tarjeta-llave. En el interior de la habitación había tres camas individuales.
—Esta será su habitación —nos indicó Mokuba a mí, a Judai y a Haou—. La primera puerta a la derecha es el baño, y la siguiente un armario con pijamas. Hay un intercomunicador junto a la puerta. El botón rojo los comunica con la recepción, por si necesitan algo. Y el botón azul con la habitación de junto.
Se giró a ver a mi tío Kouji.
—Usted puede usar esa, profesor.
Él asintió secamente, todavía no muy contento con todo el desarrollo.
Pegasus dobló las hojas con los bocetos de las cartas, habiendo terminado su inspección y las guardó en el bolsillo externo de su saco.
—Muy buenas, me ocuparé de ellas cuanto antes. Por la mañana estarán listas.
—¿Viaja con un equipo de diseño? —le preguntó Bakura sorprendido.
—Oh, por supuesto. Nunca se sabe cuándo puede golpear la inspiración. Ya sabes lo que dicen: «hombre precavido vale por dos».
Los adultos nos desearon buenas noches, y Mokuba prometió que vendría a buscarme en cuanto nos avisaran que mis padres y los abuelos estaban a salvo, y cerramos la puerta. Todo lo que quería hacer era dejarme caer en la cama y dormir hasta el mediodía. La mirada de Haou me decía que eso no sería así.
—¿Qué sucedió con la Luz? —Directo al grano, con voz impasible.
Judai suspiró.
—Está involucrada con la Prana —le respondí—. Diva, el usuario del Cubo, trató de llevarse a Rei. Lo descubrimos por accidente. Intentó desaparecerme, pero la Luz intervino. —Hice una mueca—. Quería hablar conmigo. No fue una conversación agradable. La cabreé mucho, y de no ser porque Manjoume andaba por allí, tal vez habría hecho algo más que amenazarme.
Haou alzó una ceja.
—¿Eso es todo?
—Sí, en resumen —aceptó Judai—. Ese dragón que tenía Jun repelió a la Luz y a esa cosa Prana.
Pareció pensarlo un poco.
—¿Qué era eso del mat que mencionaste?
—El Ma'at —lo corregí—. Como dije, es un concepto del antiguo Egipto: el equilibrio, y también una diosa hija de Osiris, quien se encargaba de pesar los corazones de los muertos para ver si merecían un castigo en la otra vida.
—¿Qué tiene que ver eso con el dragón?
Y entonces lo recordé:
—¡Kuriboh Alado!
Judai me miró con sorpresa.
—Era algo del manga de GX. Lo poco que recuerdo, ya que solamente leí la Wiki, es que era algo relacionado con Kuriboh Alado y un gran y malvado espíritu de duelo llamado Tragoedia.
Eso hizo que Kuriboh apareciera junto a Judai.
—¿Compañero? —La voz de Judai sonaba extraña. El pequeño ser alado nos miró con tristeza.
—¿En qué nos involucraste, bola de pelos? —exigió saber Yubel.
Kuriboh Alado comenzó a explicar algo en ese idioma «kuri kuri» que sólo Judai entendía.
—Dice que va a mostrárnoslo —nos aclaró Judai con el ceño fruncido.
Al instante, un resplandor emergió del pequeño cuerpo del espíritu.
Lo siguiente que supimos fue que estábamos en lo que parecía ser un antiguo templo egipcio. Nos encontramos rodeados de losas de piedra, de esas donde sellaban a los Ka. Había un grupo de sacerdotes acercándose a un hombre que estaba allí. De sólo verlo supe que no estaba allí para nada nuevo.
Uno de los sacerdotes, que portaba la Balanza Milenaria, intentó juzgar su corazón, para esto trajeron una de las plumas de ma'at. Se parecía a la que Shadi había usado en el manga, pero incluso en ese recuerdo se sentía una poderosa fuerza que emanaba de ella. La misma que sentí antes en el dragón de Manjoume.
Para poder juzgarlo, tomaron su Ib y lo introdujeron dentro de un espíritu: un Kuriboh Alado de color blanco, el cual al instante se volvió café como el que flotaba junto a nosotros.
El prisionero intentó librarse del juicio convocado su Ka. Los sacerdotes lo sellaron en una losa vacía. La imagen que quedó allí sin duda era Tragoedia. Esto no fue suficiente, el espíritu intentó romper el sello. Sin embargo, dado que su Ib todavía estaba en el Kuriboh, le fue imposible. Los sacerdotes entonces colocaron el Ma'at dentro de Kuriboh Alado para que Tragoedia no pudiera recuperar su Ib y sellaron el templo.
La imagen cambió. Ahora era Kuriboh Alado siendo perseguido a través de un bosque. Hasta que un enorme dragón, el Dragón de la Luz y la Oscuridad, apareció y se deshizo de sus perseguidores.
Kuriboh y el dragón conversaron un rato. Luego, Kuriboh le entregó la pluma de Ma'at, antes de que ambos tomaran caminos separados.
La última imagen fue Kuriboh flotando cerca de Pegasus, viendo como este diseñaba su carta con base a una fotografía de la losa de piedra que lo representaba.
Volvimos al momento actual.
—¿Esa cosa te está persiguiendo? —preguntó Judai a su compañero espiritual.
Kuriboh respondió a Judai. No lo entendí, pero podía sentir la tristeza en él.
—No te preocupes, compañero: no dejaré que te haga nada. Si viene por aquí, voy a vencerlo.
Yubel suspiró exasperada.
—Maravilloso, más enemigos de los que preocuparnos.
—¿Yugi sabía de esto? —le pregunté al Kuriboh.
El pequeño espíritu hizo un sonido que interpreté como un «no».
Un enorme bostezo escapó de mis labios.
—Debes descansar —me dijo Judai con tono preocupado.
Lo miré asintiendo con la cabeza. No me molesté en ponerme uno de los pijamas que mencionó Mokuba. Me dirigí a la cama que estaba más a la izquierda, y me metí en ella para una noche de sueño que, esperaba, fuera reparadora.
