Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Actualización 12/05/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.
Libro II
Capítulo 20
Aleister, el que Invoka
[Lanzador de Conjuros/Efecto/OSCURIDAD/Nivel 4/ATK 1000/DEF 1800]
(Efecto Rápido): puedes mandar al Cementerio esta carta en tu mano, y después seleccionar 1 Monstruo de Fusión que controles; hasta el final de este turno, éste gana 1000 ATK/DEF. Si esta carta es Invocada de Modo Normal o volteada boca arriba: puedes añadir a tu mano, desde tu Deck, 1 "Invokación".
Miré a Saio con la ceja alzada, mientras el joven cortaba el mazo del Tarot frente a él.
¿El destino? No era algo en lo que pensaba abiertamente en mi vida cotidiana. Para mí era una cosa sobre la que se escuchaba en series de TV o se leía en libros, así que tampoco estaba seguro de si creer o no.
Por otro lado, el destino era un tema recurrente en Yu-Gi-Oh!, tanto como lo eran los duelistas con supuestos poderes psíquicos. Curiosamente, todas las personas que creían en el destino de forma ciega tuvieron que replantearse esas creencias cuando apareció alguien capaz de desafiarlo: Kaiba, al hacer todo lo contrario a lo que Ishizu vio gracias a su Collar Milenario; y el mismo Saio, y junto él también Edo, cuando Judai desafió sus predicciones una y otra vez.
—No es algo en lo que piense —le respondí encogiéndome de hombros.
Saio me miró de la forma que me provocó escalofríos. Esto me hizo cuestionarme por qué él estaba allí, en la base de operaciones de Kaiba. No habíamos tenido ninguna noticia sobre su búsqueda en años, cuando Yugi nos confirmó que estaban intentando localizarlo. Pensando bien las cosas, tal vez no era buena idea estar solo con él. ¿Y si ya había tenido contacto con la Luz y de alguna forma se había infiltrado en Alcatraz? Era poco probable que consiguiera engañar la seguridad de Kaiba, pero hablando de la Luz de la Destrucción, una fuerza que en términos simples era un dios, tenía muchos recursos para lograr algo como aquello. Especialmente con la facilidad que tenía para doblegar la voluntad de las personas y convertirlas en marionetas. A veces sutilmente, como intentó conmigo al comienzo, y otras de la forma más brutal posible.
Saio, sin perder la sonrisa enigmática de su rostro, comenzó a hablar:
—La mayoría de la gente no piensa en estas cosas, aunque me he encontrado con el hecho de que casi todos, incluso si afirman no creer en el destino o la adivinación, sienten al menos un poco de curiosidad por conocer su futuro. —Saio sacó la primera carta y la puso en la mesa junto a él, boca abajo.
—La gente teme a muchas cosas, en especial al futuro. Es normal que sientan curiosidad por saber si les irá bien.
Saio asintió de acuerdo conmigo.
—¿No sientes curiosidad también? —Sacó otra carta.
—Entonces, ¿vas a hacer una tirada de tarot para decirme mi destino? —pregunté de la forma más inocente que pude, y luego, adoptando una actitud más seria, agregué—: ¿Será una tirada simple, rápida o de algún otro tipo? No creo que tengamos tiempo para una tirada completa. Además, a juzgar por la altura de tu mazo, sólo estás usando a los Arcanos Mayores. Para que una lectura completa sea efectiva, es necesario usar también a los Arcanos Menores.
Saio me miró de forma incluso más penetrante que antes, casi como si quisiera ver a través de mi propia alma.
—¿Sabes cómo funciona el tarot?
—Hace mucho tiempo leí un manual al respecto. Pensaba escribir una historia donde uno de los protagonistas era un experto en la lectura de la suerte, así que investigué un poco. Solamente lo básico: tarot, hojas de té, lectura de la mano y el cliché de la esfera de cristal.
Me rasqué la mejilla derecha. Saio asintió.
—No veo necesario el uso de los Arcanos Menores. Mi don me permite ver a través de las brumas del destino sin necesidad de usarlos.
Fruncí un poco el ceño extrañado.
—Supongo que sería así para preguntar cosas triviales o sin importancia; pero, si de verdad desearas desentrañar los misterios del destino, entre más información tuvieras sería mejor, ¿no te parece?
Saio reunió de nuevo el mazo y lo barajó.
—En circunstancias normales sería así, pero como duelista prefiero que el tarot refleje mi baraja.
—¿Fuerza Arcana? —fingí estar adivinando.
Saio volvió a asentir confirmando mis palabras.
—Sí, bueno lo entiendo —dije—. Supongo que sería muy raro que los Arcanos Menores fueran monstruos de duelo. ¿Lo imaginas? «Invoco al "As de Espadas" en posición de Ataque» o «Tributo a mi "Seis de Copas" y a mi "Cuatro de Bastos" para invocar al "Rey de Oros"».
Saio frunció el ceño, no muy conforme con mi broma.
—Creo que una tirada simple sería adecuada —dijo tras un momento—. ¿Sabes cómo funciona?
—Según recuerdo, una tirada simple es cuando se hace una pregunta sencilla o algo muy general. Se pueden usar todos los Arcanos Mayores o el mazo completo, aunque la mayoría prefiere usar sólo a los mayores. La tirada se lleva a cabo así: el Consultante elige tres cartas y las pone una junto a la otra, boca abajo. La primera es el pasado, la segunda el presente y la tercera el futuro. El Lector destapa uno a uno los naipes, de izquierda a derecha. Si la respuesta no es muy clara, se pueden seguir eligiendo cartas hasta que se obtenga la claridad deseada en la consulta.
—Eso es correcto —confirmó Saio sonriendo—. Una consulta general parece ser lo mejor de momento. Dudo que tengas una pregunta muy específica qué hacer.
Saio barajó las cartas un par de veces, e incluso me permitió cortarlo, antes de extender las cartas para que eligiera tres de ellas. Elegí una del centro, y las dos de las orillas, primero la de la derecha y luego la de la izquierda.
Fue una sensación irreal. Cómo dije, alguna vez había leído un manual del tarot como parte de una investigación y de mi gusto por todo lo relacionado con lo esotérico y lo sobrenatural, aunque, como en todo, siempre lo había visto desde el punto de vista escéptico. Hasta ese día, sólo me había interesado el tema como un recurso literario. Así que, obviamente, nunca participé en ninguna lectura del tarot, o cualquier otro método de adivinación. En mi otra vida, siempre vi eso como una estafa. Saio, por otro lado, tenía un auténtico don para ver el futuro. Dicho don no era malo en sí, mientras la Luz no lo estuviera usando para su beneficio.
Saio destapó el primer naipe, el que representaba el pasado. Resultó ser el Arcano Mayor IX: El Ermitaño, su posición era invertida.
Saio miró la carta un momento con un gesto que no me gustó mucho. Era casi doloroso. Luego, comenzó a hablar con voz firme, aunque con un deje apenas notable de amargura:
—La soledad, el aislamiento. La tristeza de ser apartado de la familia, de la sociedad, de aquellos a quienes amas. Sin embargo, hay algo más. Mi intuición me indica que no fue algo voluntario.
Negó con la cabeza y destapó el naipe del centro, el presente. La expresión dolida de Saio se hizo más evidente cuando vio el siguiente arcano. Su voz perdió algo de seguridad:
—Es curioso que el Arcano X haya salido justo después del IX, y en la misma posición. La Rueda de la Fortuna invertida está indicando que hay algo que se interpone en tu camino. Un imprevisto que intenta evitar que logres tus objetivos. También te advierte que algo intenta arrebatarte el control de tu propia vida. Este Arcano, justo después de El Ermitaño, me dice que la soledad de tu pasado tiene relación con la fuerza, o las fuerzas externas que intentan coartar tu libertad.
Volví a sentir escalofríos. Sonaba demasiado preciso con respecto a mi reciente encuentro con la Luz, y con lo que la Oscuridad me había hecho.
Saio giró la última carta. Resultó ser el Arcano XX. Su expresión se animó de nuevo, y su voz recuperó confianza.
—El Juicio al derecho indica que en tu futuro hay un cambio interno, un renacimiento. El perdón a ti mismo y a otros. Al interpretarse junto a las otras dos cartas, significa que el proceso ya ha comenzado. La soledad del pasado, y las adversidades del presente, son una especie de rito de paso a ese periodo de transformación, y al momento de tomar una decisión trascendental que te llevará a ese perdón y a ese renacimiento.
Me recargué en la silla, sin apartar la mirada de los tres Arcanos. Las dos primeras cartas fueron muy precisas con respecto a mi historia, tanto pasada como presente. Demasiado exactas como para hacer dudar a cualquiera. La última carta… Renacimiento… Un periodo de cambio… Además de hablar de un rito de paso, como una especie de bautizo. Eso lo hacía sonar sospechosamente como el Saio del anime, como el líder de la Sociedad de la Luz. Siempre hablando del Bautizo de la Luz, prometiendo un cambio para mejor a sus miembros.
Por supuesto, hasta ahora no había sentido nada remotamente similar a la Luz en él, más allá del hecho de que su mirada me causaba escalofríos. Salvo por eso, Saio se había comportado de forma cordial, pero eso no probaba nada. Como se suele decir: «la mayor astucia del diablo es hacerte creer que no existe». ¿Podría aplicarse a la Luz también? ¿Y si sólo pretendía hacerme creer que no estaba en posesión de Saio? La lectura del tarot bien podría ser parte de esa actuación. La fe ciega de Edo en las predicciones de Saio, alimentando su creencia en el destino, fue lo que le permitió a la Luz manipularlo. ¿Intentaba hacer lo mismo conmigo? ¿Por eso envió a Saio para que me mostrara sus dotes como vidente de primera mano?
La precisión en su lectura del pasado y del presente solamente me despertó más sospechas. La Luz había estado en mi cabeza, había visto cuál era mi origen, y qué papel jugó la Oscuridad en eso. No debería ser difícil para ella usar esa información, dándosela a Saio.
Volví a mirar los tres naipes del tarot todavía extendidos en la mesa. Y luego alcé la vista hacia Saio. Miraba las cartas con una expresión concentrada, como si estuviera tratando de desentrañar un significado más profundo en ellas.
Por fin, apartó su mirada y volvió a enfrentarme con esos ojos de color púrpura de mirada intensa los cuales, sumados al aspecto demacrado de su rostro, me provocaban escalofríos.
—¿Deseas elegir otras tres cartas? —me preguntó, extendiendo el resto del mazo frente a sí como un abanico.
Negué con la cabeza.
—Muy bien —dijo él—. Puedo ver que te afectó un poco. Es normal. La mayoría, en especial las personas que tienden a racionalizar mucho las cosas, tienen esa reacción. No voy a obligarte a creer o no en lo que dicen las cartas. Yo únicamente soy un intérprete del destino.
—Es sano ser escéptico —repliqué, quizás un poco (demasiado) a la defensiva.
—¿Lo es? —preguntó con una ceja alzada.
—El noventa y nueve por ciento de las cosas supuestamente sobrenaturales tienen una explicación lógica. —Eso aplicaba al menos en mi mundo, pero estaba en un mundo en donde la magia, los espíritus, fantasmas, vampiros, dioses, todas esas cosas que eran sólo una ficción con la que me entretenía, eran reales—. E incluso quienes creen en esto, y no sean estafadores, te dirán que es así.
Saio volvió a desviar la mirada hacia las cartas en la mesa. ¿Se sintió ofendido? El tarot todavía se hallaba extendido frente a él.
—Mi oferta sigue en pie —volvió a decirme con tono sereno—. Puedo profundizar más en la lectura. Como dijiste, se pueden elegir cartas hasta que el Consultante esté satisfecho o se haya llegado al límite de lo que las cartas pueden decirnos.
—¿Cambiaría algo sacar más cartas?
Saio lo meditó un poco antes de responderme:
—Eso depende. ¿Quieres más detalles generales de lo que ya nos han dicho o quieres preguntar algo específico al respecto?
Me mordí el labio, indeciso.
—No sé en realidad. Quizá hay cosas que no deberíamos saber.
—Estoy de acuerdo.
Me sorprendió que dijera eso. En el anime, parecía muy obsesionado por saber el futuro. ¿Por qué me alentaría a no buscar más respuestas en las cartas?
—El destino y el futuro son diferentes —me explicó—, y a la vez son lo mismo. Vislumbrar un poco puede ayudar a tomar decisiones. Conocerlo todo es imposible, y conocer demasiado puede ser contraproducente. Incluso si hay un destino escrito, no podemos saber si lo que muestran las cartas es parte de ese destino. Por otra parte, El Juicio ya es una carta muy absoluta.
Demasiado, considerando que representaba a un ángel tocando una trompeta anunciando el Juicio Final de la mitología cristiana. El final de los tiempos. El que hubiera salido al derecho, suponiendo que las cartas no estaban amañadas por la Luz, fue un alivio. Era señal de una buena decisión, cualquiera que esta fuese. Si hubiera salido invertida como las dos anteriores…
Suspiro.
No soy experto, cómo dije sólo leí un manual del cual tampoco aprendí mucho. A lo más que llegó fue a dar una descripción de cómo funcionaban las tiradas más comunes, y describir los significados de los Arcanos en forma muy general. Por supuesto, el significado de una carta dependía de las otras en la tirada, por eso había un acomodo en concreto para cada una de ellas y debían revelarse en un orden específico: de izquierda a derecha, en el caso de la tirada simple. Debido a esto, el obtener una carta la cual estaba indicando que mi libre albedrío se encontraba amenazado, justo antes de una que indicara una mala decisión, habría sido terrible. Si fuera supersticioso habría pensado que era un muy mal presagio, así que, ante el resultado actual, ¿podía decir que era un buen presagio?
Estúpido mundo regido por la magia y dispuesto a hacerme cuestionarme todo lo que creía.
—Entonces, ¿sugieres que deje las cosas así?
—Sería lo mejor —me respondió sonriendo de forma sincera, o así me lo pareció—. El acontecimiento que indica la última carta ya está en movimiento. Tener una guía sería útil, pero considerando tus circunstancias, lo mejor es que tomes tus propias decisiones.
Saio recogió las cartas, dejando al final las tres de mi tirada. Las contempló un poco más, antes de reunirlas para barajarlas en el mazo.
¿Saio me estaba aconsejando que mantuviera mi libre albedrío? Este no podía ser el mismo hombre que organizó todo ese lavado de cerebro para convertir la Academia en la sede de un culto dedicado a alabar a la Luz de la Destrucción. Pero, ¿y si era parte del engaño? ¿O únicamente era yo quien estaba siendo demasiado paranoico? Considerando lo que acababa de suceder menos de veinte horas atrás, ser precavido era lo mejor. Y este chico tenía un historial de haber sido una marioneta usada por la Luz para dirigir una secta en su nombre.
—En todo caso, si deseas aprender más sobre ese cambio que viene, una tirada simple no es el método adecuado. Supongo que estarás un rato por aquí, podríamos organizar una consulta más adecuada si decides que quieres saber más.
Eso me regresó a mi duda sobre el por qué él estaba allí.
—¿Trabajas para el señor Kaiba?
Saio se tensó un poco.
—Esa es una forma de decirlo. De manera oficial, soy un invitado permanente en esta isla.
Oh, un prisionero, entonces. No sabía si eso significaba que estaba libre de la influencia de la Luz o no, pero al menos era la confirmación que necesitaba de que no se había infiltrado. Seguramente Kaiba mantenía alguna clase de control sobre él. No era el tipo de persona que dejara cabos sueltos. Si Saio estuviera bajo el control de la Luz, dudo mucho que le permitiera vagar a sus anchas por la isla.
—Mi familia y algunos amigos estamos de visita aquí, me extraña que no te haya visto.
Saio me miró un momento como meditando mis palabras.
—No suelo abandonar las habitaciones que el joven señor Kaiba me asignó. Vine aquí hoy porque las cartas me indicaron que debía hacerlo.
Fruncí un poco el ceño.
—¿Adivinas tu propio futuro?
Saio negó con la cabeza.
—Es tabú hacer eso.
Otra diferencia respecto a lo que recuerdo del anime. Bajo el control de la Luz, Saio parecía no tener reparo alguno en consultar las cartas con su don, en un intento por averiguar si sus planes saldrían bien.
—Tiene sentido. Supongo que si lo haces verías sólo los futuros que son favorables para ti —dije recordando el capítulo sobre adivinación de xxxHolic.
—Entre otras cosas. —Saio se estremeció un poco—. Pero no siempre puedo controlar lo que veo. Por suerte, las cartas me permiten enfocar mi don la mayor parte del tiempo. Y, a veces, las cartas hablan conmigo.
—¿Hablan contigo? —repetí extrañado.
Saio metió la mano en el bolsillo de su saco, y extrajo una baraja de duelo. La extendió frente a sí mismo, mostrando todos los monstruos del arquetipo Fuerza Arcana perfectamente ordenados según su número en el tarot.
—He escuchado sobre los espíritus del duelo, y aunque yo mismo no soy capaz de verlos, ellos me hablan a través de la simbología del tarot.
Tenía sentido de una forma que solamente podía tener lógica en un mundo como este.
—¿Tus monstruos son capaces de ver el futuro?
—Sigues pensando que es imposible. —No había reproche en sus palabras, tal vez sólo un poco de ¿decepción? No estoy seguro.
—No dije eso. Simplemente que era sano ver las cosas siempre desde la perspectiva escéptica. Como dije, un porcentaje muy alto de los fenómenos paranormales tienen una explicación lógica. Pero, ese uno por ciento restante, son la explicación imposible que resulta ser correcta.
—Sherlock Holmes —reconoció Saio sonriendo.
Le devolví la sonrisa antes de seguir mi explicación:
—Por otro lado, Einstein ya demostró matemáticamente que el tiempo no es absoluto. Prueba de ello es que, si llevas un reloj atómico a dar la vuelta al mundo, descubrirás que va más rápido que otro reloj idéntico perfectamente sincronizado con él, el cual permanezca en tierra. Así que, si el tiempo no es absoluto, entonces es posible doblarlo de alguna forma para ver hacia adelante. Otra cosa es que quienes afirman poder hacer esa hazaña estén diciendo la verdad o no. Hay mucho estafador, lo cual hace quedar mal a quienes de verdad tengan el don.
—Entiendo tu punto —respondió Saio—. Me recuerdas al señor Kaiba. Ambos ven las cosas de una forma similar. Él sabe que hay fenómenos que no pueden explicarse, pero es incapaz de apartar su mente de la fría lógica con la que rige su visión del mundo.
—Kaiba ha encontrado la forma de hacer posible lo imposible a través de la tecnología. Y en cierta forma, eso es magia.
Saio me miró con curiosidad.
—Es una forma muy interesante de ver el mundo.
—¿Pensar que todo es magia? Sí, puede ser.
—Supongo entonces que has leído a Aleister Crowley. Me sorprende de un niño de sólo doce años.
—No pareces ser mucho mayor que yo —le devolví.
Él sonrió de esa forma enigmática que me causaba escalofríos.
—Tengo quince —me aclaró.
No fue su edad lo que me sorprendió, sino su confirmación de la existencia de Crowley, el llamado Hombre más Malvado del Mundo. Y bueno, considerando lo que sabía sobre La Bestia, era lógico pensar que Saio viera con sorpresa que un simple niño de doce supiera sobre él. Crowley no se ganó su reputación por nada, más allá de las exageraciones que rodeaban su figura a causa de la mojigatería victoriana y el «pánico satánico».
—No es que haya leído mucho sobre él. Sólo lo básico que se sabe en la cultura popular: vínculos con la masonería, que supuestamente era el anticristo, o ese rumor que dice que sus últimas palabras fueron: «a veces me odio a mí mismo».
—Es difícil que hubiera dicho eso, considerando que desapareció sin dejar rastros a comienzos de los años treinta —comentó Saio con voz enigmática.
Eso contradecía lo que sabía de mi mundo. Según leí, Crowley murió en una casa de huéspedes en Inglaterra en algún punto a finales de los años cuarenta.
—¿Desapareció? Nunca había escuchado sobre eso.
Saio tomó las cartas de la Fuerza Arcana y las devolvió al bolsillo interno de su saco.
—Sí. Según sus discípulos, los dioses de Thelema, los mismos que le dictaron El Libro de la Ley, le indicaron el camino hacia un templo oculto en algún lugar de La Boca del Infierno. Según contaron, en dicho lugar encontraría las claves para resucitar El Juego de los Dioses, un objetivo que persiguió durante las últimas dos décadas de su vida. Crowley jamás regresó.
Saio se puso de pie.
—Bueno, fue un placer conocerte. Si deseas una lectura de suerte más antes de irte, ven a verme. Estaré aquí hasta el mediodía todos los días hasta que sea el momento de que te vayas.
Tras conversar con Saio, mi paranoia se había calmado un poco. La Oscuridad no había soltado ninguna alarma con respecto a su presencia, eso tenía que significar algo, ¿verdad?
—¿Hace cuánto que estás aquí?
Saio se detuvo en su camino hacia la salida de la sala de juegos, se giró y me miró con tristeza.
—Un año, y no parece que vaya a salir de aquí pronto. Pero, mientras el señor Kaiba cumpla su promesa, no me importaría permanecer aquí diez años más.
—¿Una promesa?
—Estaba buscando a alguien muy importante para mí cuando el señor Kaiba me encontró. Él prometió que, si permanecía en este lugar, usaría todos sus recursos para localizar a esa persona.
¿Se refería a su hermana? Según sabía, ellos dos únicamente se habían tenido el uno al otro durante años, pero aquí estaba Saio, al parecer completamente solo.
—Seto cumplirá esa promesa. —Una voz infantil resonó en la habitación.
Miré con sorpresa como una versión infantil del Seto Kaiba de la temporada cero se acercaba a nosotros. Por supuesto, no podía ser él. Además, había un par de detalles en él que me llamaron mucho la atención: no producía sombra, y sus pasos no hacían sonido alguno. Cuando se acercó más, me di cuenta del porqué: era un holograma.
—¿Eres Kenichi Satou? ¿Verdad? —preguntó el niño holográfico—. Ese amigo tuyo, Judai, te ha estado buscando. Mokuba me pidió que te avisara.
—Eh, muchas gracias por eso…
—Soy Noa Kaiba —se presentó el niño—. Es bueno conocerte en persona, considerando que Seto me hizo buscar durante años una señal de que estuvieras vivo. Eres el Activo Externo del que tanto he escuchado.
Fruncí un poco el ceño. Era muy molesto ser llamado «Activo», como si no fuera una persona. Aunque, supongo que debo agradecer que los Kaiba al menos me reconocieran como eso. Hasta ahora, Mokuba era el único que no parecía verme sólo como un simple Activo para su guerra.
—El señorito Noa ha sido mi principal compañía durante mi estancia en esta isla —me aclaró Saio.
—En cierto sentido, ambos somos prisioneros aquí —admitió Noa con un deje de amargura.
—Suena a que no es muy divertido —dije.
—El joven Mokuba suele pasar a dejarme material de lectura, y cuando tiene un poco más de tiempo libre, jugamos algunas partidas de monstruos encapsulados o duelo de monstruos.
Seguía sonando a una existencia solitaria y aburrida. Yo lo sabía, había pasado dos años, desde que aprendí a leer, refugiándome en los libros de leyendas populares japonesas y la literatura infantil de este país (leer el cuento de Momotaro en su idioma original, después de haber pasado décadas viendo referencias a él en distintos animes, fue una experiencia interesante), pero eso no significaba que no hubiera sido aburrido pasar todo ese tiempo solo. Incluso cuando fue un aislamiento voluntario. Era otra cosa que le debía a Judai: el haberme sacado de allí, incluso cuando significó involucrarme en toda la mierda aterradora del canon.
—Dime algo, Saio, ¿es obligatorio que estés en tus habitaciones todo el tiempo?
Fue Noa quien respondió por él:
—No lo es, mientras no salga del complejo subterráneo.
—Prefiero estar en mi habitación. Los empleados del señor Kaiba tienen más cosas de qué preocuparse como para lidiar con un adolescente aburrido.
—Bueno, estamos en la Golden Week, y la mayoría están de vacaciones. Y, como dijiste, estaré por aquí un tiempo. ¿Por qué no vienes a conocer a mis amigos?
Saio abrió la boca para replicar, pero de nuevo Noa se adelantó a él:
—Esa es una buena idea. No podré pasar mucho a visitarte estos días. Estamos en medio de algo y hay mucho trabajo.
Saqué mi teléfono para ver la hora. Eran más de las tres. Seguramente todos debían de estar de vuelta en la cafetería para la comida.
—¿Tienes hambre? —le pregunté a Saio y antes de que pudiera responder agregué—: Yo sí. Vamos a la cafetería.
Saio dudo un momento, y luego asintió de acuerdo.
—¡Muy bien! —dijo Noa—. Ahora, si me disculpan, debo volver a mi trabajo.
El holograma del niño desapareció con un sonido idéntico al de los hologramas del disco de duelos.
—Vamos, estoy seguro de que todos querrán conocerte.
Saio pareció todavía dudar un poco, pero al final me siguió en dirección a la cafetería.
—¿Sabes un poco más sobre Crowley? —le pregunté.
—Para alguien que dice ser escéptico, tienes mucha curiosidad sobre estos temas.
Me encogí de hombros.
—Me gusta demasiado toda la cultura del horror y lo sobrenatural. Es normal que sienta curiosidad por personajes como La Bestia.
—Nunca escuché que alguien lo llamara de esa forma.
Quise darme un facepalm. ¿Qué tan diferente fue la vida de Aleister Crowley en este mundo si uno de sus apodos más famosos no se relacionaba con él?
—El apodo más famoso de Aleister Crowley fue El Invocador. Según sus seguidores, era capaz de invocar espíritus desde otros planos. Desafortunadamente, la única copia completa de El Libro de la Ley, que contenía los secretos de sus invocaciones, desapareció junto con él en la Boca del Infierno.
La mención a una Boca del Infierno me hizo pensar en Buffy. «La Boca del Infierno se abrirá y nos tragará a todos desde abajo». Me estremecí al recordar esa línea, la cual se repitió una y otra vez durante la última temporada, como una suerte de profecía fatalista, que se volvió real cuando El Primer Mal literalmente abrió la Boca del Infierno para invadir el mundo mortal con un ejército de monstruos vampiros de la edad de piedra. «Ellos son para los vampiros lo que los neandertales son para los humanos», explicó Giles a Buffy en su serie.
Por otro lado, estaba seguro de haber leído ese término en otra parte, de igual forma relacionado con Crowley, pero no recordaba del todo cuándo y dónde fue.
—¿Dónde está esa Boca del Infierno?
—En Portugal. Es un acantilado muy famoso, cerca del palacio que usaban los reyes portugueses en el siglo XIX.
¿Un acantilado en Portugal? ¿Sería el mismo lugar donde Crowley fingió su suicidio? Si era así, ya sabía dónde lo había leído: una novela llamada Los nombres muertos, y casi pude oír los diálogos de Crowley en dicha novela: «Eso es lo más maravilloso. Si no existe, se puede hacer lo que se quiera con él. El Necronomicón representa el poder ilimitado de la creencia. Un poder capaz de, por ejemplo, traer a alguien de vuelta a la vida».
Sacudí la cabeza para desterrar ese pensamiento. Debía mantener fuera de mi cabeza cualquier atisbo de la mitología Lovecraftiana. Fuera de la mente, fuera de la realidad. Y si estaban fuera de la realidad, no podrían abrir las puertas como Haou temía que ocurriera.
—¿Estás bien?
La pregunta de Saio me devolvió al presente.
—Sí, solamente estaba pensando en algo; pero no tiene importancia.
Decidimos usar las escaleras, ya que la sala de juegos estaba dos niveles por debajo de la cafetería, y quería platicar un poco más con Saio.
—¿Qué era ese Juego de los Dioses? Estoy seguro de haber escuchado algo así en otro lugar, pero no logro ubicarlo.
—Debió estar relacionado con Crowley o la filosofía de Thelema. Mientras formaba los escritos que más tarde se convirtieron en la base de dicha filosofía, Crowley afirmó que la respuesta estaba en Egipto. Así que invirtió mucha de su fortuna, y las de sus seguidores, en buscar las claves para hacer cumplir la voluntad de los dioses. Se obsesionó con lograr ese objetivo: resucitar El Juego de los Dioses. Afirmaba que sería la clave para salvar el mundo del Ente de la Destrucción.
Me estremecí al escuchar eso. ¿Juego de los Dioses? ¿Egipto? ¿Un arma para evitar la destrucción? Era casi como si Aleister Crowley hubiera estado buscando «crear» el duelo de monstruos, décadas antes incluso de que Pegasus hubiera nacido.
No pude contenerme y le comenté esa hipótesis a Saio.
—Eso piensan muchos. Sobre todo cuando ves los archivos que hay en la Abadía de Thelema: fotografió muchos de los jeroglíficos que más tarde fueron la base del duelo de monstruos.
Saio soltó una pequeña carcajada.
—La realidad es que, El Invocador estaba obsesionado con Egipto.
—¿Fue allí donde escribió El Libro de la Ley, no es así? La base de Thelema.
—Así es, durante su luna de miel, en El Cairo, Crowley recibió las visiones de los dioses, su Voluntad. Por eso uso la palabra Thelema como la base de su filosofía. Thelema es Voluntad en griego.
Me estremecí al recordar una de las primeras lecciones que aprendí del Maestro Haou: «las cartas responden a la voluntad de un duelista».
Tenía demasiadas cosas en las que pensar sobre la vida de La Bestia en este mundo: Aleister Crowley fue apodado El Invocador, escribió El Libro de la Ley, pero este no fue distribuido en masa como en mi mundo, considerando que Saio dijo que desapareció en la Boca del Infierno con la única copia. Escribió el libro en Egipto, donde se obsesionó con resucitar el llamado Juego de los Dioses, algo que no logró; pero Pegasus sí, décadas más tarde, cuando también visitó Egipto.
Aleister El Invocador… «Aleister, el que Invoka». ¡No desapareció, se convirtió en un espíritu de duelo! O al menos sería así si el arquetipo Invokado existía en este mundo.
¿Era la Boca del Infierno una entrada al Mundo de los Espíritus? El término había sido usado para referirse a lugares que supuestamente eran entradas al infierno. Y en el caso del Buffyverso, se refería a un epicentro de gran actividad sobrenatural, que atraía a demonios, brujas y vampiros, los cuales buscaban aprovecharse de su poder místico. Considerando la mitología que rodeaba a sitios similares, como las colinas de las hadas en la mitología celta, bien podría estarse refiriendo a puntos donde la línea entre el mundo de los humanos y las Doce Dimensiones se hacía más tenue.
—¡Kenichi! —escuché a Judai llamándome, lo cual me hizo volver a la realidad.
Saio se tensó un poco cuando vio al chico de cabello de Kuriboh correr hacia donde estaba.
—¡Te he estado buscando! —dijo algo agitado por la carrera.
—Sí, alguien me lo dijo, así que vine a ver por qué.
Judai miró al adolescente junto a mí y sonrió ampliamente.
—Oh, lo siento, soy Judai Yuki, mucho gusto.
Saio tardó un poco en salir de su aturdimiento, pero finalmente respondió en voz baja:
—Takuma Saio, es un placer conocerte, joven Yuki.
Judai adoptó una actitud un poco pensativa, luego sonrió.
—¿Eres duelista?
—No soy muy bueno…
—¿De verdad? Bueno, no importa, mientras te diviertas. Es muy aburrido estar aquí cuando hay un festival en la ciudad, ¡así que vamos a hacer nuestro propio torneo de duelos!
—¿Un torneo ahora? —le pregunté con suspicacia.
—¡Por supuesto! He estado pensando en cómo hacer que Haou se sienta mejor, y tal vez por fin perdone a Johan, y esta es la mejor forma de lograrlo. Así que, entre más personas participen, mejor. ¡Incluso el señor Bakura va a participar, y el abuelo hará de juez!
Solté un pequeño suspiro.
—¿Haou está de acuerdo con esto? —Luego de la forma en que nos echó de la habitación unas horas atrás, dudaba mucho que fuera así.
—Yubel aceptó ayudarnos. Si alguien puede convencerlo, es él.
Volvió a mirar a Saio.
—¿Qué dices, Saio? ¿Quieres participar en el torneo?
Vi a Saio dudar un momento.
—Muy bien.
—¡Sí! —exclamó Judai—. Va a ser muy divertido, de verdad.
Si Haou seguía de mal humor, lo dudaba. Y no me apetecía estar atrapado en medio de la tensión que habría entre Johan y mi Maestro, pero no había nada más que hacer. Una vez que a Judai se le ocurría una idea así, no había fuerza humana o espiritual capaz de hacerlo retroceder.
—Bueno, vamos a la cafetería. Mokuba dijo que tendría una de las salas de prueba lista para el torneo después de comer.
Judai comenzó a caminar por delante de nosotros. Saio soltó el aire y yo sólo pude negar con la cabeza, antes de seguirlo.
—¿Él siempre es así? —me preguntó Saio.
—¿Una bola de energía? Casi siempre. Ha estado deprimido los últimos días, así que esta idea es tanto para animarse a sí mismo como a otros.
—Oh, por cierto —dijo Judai girándose a vernos—, decidí invitar a los demás. Mokuba dijo que estaba bien.
—¿Vendrán aquí? —le pregunté sorprendido.
—Sí, pensé que era una buena forma de hacerles saber que Johan está bien. Además, Edo también está aquí. Hace mucho que no estamos todos juntos. ¡Será muy divertido!
Pensando bien en cómo se estaban llevando a cabo las cosas, era probable que Kaiba estuviera usando ese torneo que Judai quería organizar para apartar al grupo entero del alcance de la Luz. Todos ellos tenían un récord aceptable como duelistas, y ahora que sabíamos que Diva estaba trabajando con la Luz de la Destrucción, eso los volvía en un objetivo viable para ellos. Y si la Luz recordaba la línea del tiempo anterior, y considerando lo que me mostró cuando habló conmigo estaba cada vez más seguro que era así, era obvio pensar que intentaría llegar a Judai y al Maestro Haou a través de sus amigos.
Llegamos a la cafetería, justo en el momento en que todos los demás también lo hacían. Sho y Fubuki no perdieron tiempo en ir a abrumar a Johan con preguntas sobre cómo estaba, así que Asuka y Ryo, los hermanos más responsables entre ellos, fueron a su rescate. No es que a Johan le disgustara. Es más, se veía que estaba conmovido por la gran preocupación que sus amigos mostraban por él. Incluso Edo, quien no debía estar enterado de los acontecimientos de los últimos días, estaba claramente preocupado por Johan.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me giré para ver a Saio, y noté que su mirada, esa que causaba escalofríos, estaba fija en Edo.
Edo debió notarlo, porque de inmediato caminó hasta él.
—Saio —dijo en voz baja.
—Veo que estás mucho mejor —comentó Saio—. Eso me hace sentir bien.
—Sí. —Edo alzó la mirada—. No pude agradecerte por tu ayuda. ¡Gracias!
Saio negó con la cabeza.
—Es bueno ver que ya estás en paz, no tienes que agradecerme.
Decidí que era un asunto privado, así que fui a reunirme con el resto del grupo. Me detuve en seco cuando vi a Rei sentada en una mesa, estaba sorbiendo lo que parecía ser leche con chocolate.
Caminé hacia ella.
—¿Te sientes mejor? —le pregunté.
—Sí, muchas gracias. —Su voz carecía del usual tono de fastidio con el que usualmente me hablaba.
—¿Vas a participar en el torneo que quiere hacer Judai?
Rei se mordió el labio y me miró con los ojos brillosos al borde del llanto.
—Me gustaría, pero…
¡Oh, cierto, su mazo! Me llevé la mano al cinturón y tomé el estuche.
—Toma, lo recogí y lo guardé para ti.
La mirada de Rei se iluminó.
—¡Muchas gracias!
—No hay por qué.
Me puse de pie y fui a buscar algo de comida. De verdad que estaba hambriento.
