Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Actualización 12/05/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.
Libro II
Capítulo 22
Tácticas Dragónicas
[Carta Mágica]
Sacrifica 2 monstruos Dragón; Invoca de Modo Especial, desde tu Deck, 1 monstruo Dragón de Nivel 8.
Supuse que la trampa que Kaiba quería tender a Diva sería algo parecido a lo que hizo en la película. Sólo había un pequeño detalle: al parecer, Sera no contactó a Yugi en este mundo para entregarle una de las piezas del puzle, a juzgar por el hecho de que no era consciente de las actividades de Kaiba en Egipto. Eso podía deberse a dos motivos, ninguno de los cuales era bueno para nosotros: o bien Diva no confiaba en su hermana como lo había hecho en la película; o, lo más aterrador, Sera estaba influenciada por la Luz.
Lo segundo no parecía ser probable. Sera era la profesora encargada del equipo escolar de duelos de la escuela Joran, lo cual la hacía tener contacto constante con Judai y Yubel. Alguno de ellos habría notado algo sí…
«Pero la Luz ya se las arregló una vez para engañar al mismo Haou», me recordé con amargura. Claro, podía excusarse con el hecho de que mi maestro había sido joven en aquel entonces, e inexperto en el uso de sus poderes.
Suspiré agotado. Dar vueltas a todas estas cosas en mi cabeza no hacía más que ponerme en peor estado. Demasiados «si hubiera», empezando por: «si hubiera hecho lo que pensé desde el principio, y me hubiera mantenido alejado de Judai…».
Volviendo a lo que pasó después de esa reunión, Seto Jodido Kaiba prácticamente nos expulsó de su oficina a mí, al tío Kouji, Judai y Haou. Mi maestro no estaba conforme con eso, como es de esperarse; pero, viendo que el golpe de la noticia de que ahora eran huérfanos dejó a Judai en un estado que me recordó a cuando era prisionero de su propia mente en el anime, se tragó esa furia y se llevó a su hermano con él, seguramente de regreso a nuestra habitación.
Mi tío estaba sumido en sus pensamientos, y yo mismo no tenía idea de que hacer. Quería gritar al aire o, mucho mejor, irrumpir de vuelta en la oficina para gritarle más a Kaiba. Al final, sólo apreté los puños y seguí a mi tío por un momento. Sumido en mis pensamientos, no me di cuenta de cuando nos separamos. Terminé vagando por mi cuenta por los pasillos desconocidos de la Torre de Kaiba.
Me detuve cuando entré a una habitación que me recordó un poco a las salas de prueba de duelo, sólo que esta era una habitación más pequeña, o al menos en su superficie. Al mirar hacia arriba, fui incapaz de ver el techo. A mi alrededor, situadas una frente a la otra, en parejas, había cuatro plataformas de duelo.
Era la misma habitación dónde Yugi, Kaiba, Jonouchi y Malik tuvieron su Battle Royale para decidir los enfrentamientos de las semifinales de ciudad batallas.
No supe cómo había llegado allí, pero no pude evitar que una sonrisa se dibujara en mis labios. ¿Si le preguntaba a Mokuba me prestaría esa habitación? Estoy seguro que a Judai le encantaría jugar una partida en esa habitación. Por supuesto, también a los demás.
Caminé hasta una de las plataformas y me subí para ver el tablero. Era idéntico al de las arenas de duelo, aunque podía ver claramente el puerto donde se conectaban los discos de duelo.
—No deberías estar aquí.
Me giré encontrándome con la figura holográfica de Noa Kaiba. Él debería tener la edad de Seto, pero estaba atrapado en un aspecto de doce años perpetuos.
—Lo siento —me disculpé con voz baja y algo quebrada.
Noa me miró de una forma que me recordó mucho a su hermano adoptivo. Este niño había sido criado por Gozaburo, al igual que Seto, para tener la misma filosofía que él. E incluso tras su evangelización clásica de Shonen, no sabía muy bien que esperar de él. ¿Era igual a Seto?
—Te llevaré a las zonas comunes, sígueme.
Necesitaba distraerme de lo que estaba pasando, así que pregunté a Noa:
—Tú… ¿Sabes de dónde vengo?
—Tengo acceso a toda la información de Corporación Kaiba, incluso a lo que sabemos sobre ti.
—Yo… pensé que tú. Bueno, creí que habías muerto.
—Biológicamente, lo estoy. —No sentí ninguna emoción en su voz—. Mi mente es ahora sólo datos cargados en la Nube de Cristal de Corporación Kaiba, y lo seguirá siendo por siempre. —Hizo una pausa, y yo no me atrevía a preguntarle nada más—. Sabes lo que sucedió en el Mundo Virtual.
—Sí —le respondí, aunque claramente no era una pregunta.
—Bien, esta vez Seto pensó que era más valioso para él si rescataba mi mente que si la dejaba desaparecer allí. Soy, después de todo, uno de los pocos en este mundo que está a su nivel de intelecto.
Su tono no fue presumido, más bien, lo dijo como si fuera una verdad absoluta. De nuevo, me recordó a la forma de hablar de Kaiba la primera vez que nos encontramos en su Mundo Virtual.
—Es curioso, tú y él se parecen mucho. Incluso físicamente.
—Hay un parentesco biológico lejano. —Eso explicaba mucho—. Gozaburo eligió a Seto para ser el anfitrión de mi mente por algo más que su inteligencia.
Habíamos regresado por fin a la zona del complejo que era como un hotel.
—Puedes regresar por ti mismo desde aquí. Por favor, abstente de vagar por las instalaciones por tu cuenta.
Desapareció.
Saqué mi teléfono. Eran casi las diez. No sé por cuanto tiempo estuve vagando, pero al parecer debieron ser unas dos horas.
Fui en dirección a la cafetería. La zona de la comida estaba cerrada, y las mesas vacías. Me senté en una mesa, al fondo, oculté mi rostro en mis brazos, y dejé que las lágrimas fluyeran libremente.
Sentí una pequeña y esquelética mano jalarme de la manga de la sudadera.
Me giré y los ojos vidriosos, aunque aun así muy expresivos, de Zombina me devolvieron la mirada.
—Únicamente necesito sacar esto —le dije.
La niña inclinó la cabeza un poco, casi como un cachorro.
—La verdad, no sé qué voy a hacer ahora.
Levanté a la niña, y la senté en mi regazo, abrazándola como si fuera un muñeco de peluche. Sus manos temblorosas me devolvieron el abrazo. Ni siquiera me cuestioné el que ella fuera física, sólo necesitaba abrazar a alguien.
—Vamos a hacer que la Luz pagué por esto —me prometió William con solemnidad. Podía sentir su presencia a mis espaldas, pero no quise girarme para verlo. Por toda respuesta, asentí con la cabeza.
Buscar venganza parecía el paso lógico. Y a la vez, se sentía como si no tuviera sentido hacerlo. ¿Buscar venganza significaba dejar que la amargura me consumiera de la misma forma en que lo hacía con Haou? Pero, a la vez se sentía que era la única forma de obtener algo de retribución por lo que estaba pasando. No era como si pudiera llevar a la Luz, o incluso a Diva, ante la justicia. Cómo si la justicia de los humanos pudiera hacer algo contra fuerzas sobrenaturales capaces de llevar al mismo mundo a su fin.
No sé cuánto estuve allí. En algún punto Zombina desapareció, y yo me quedé dormido con la cabeza apoyada sobre la mesa, usando mis brazos como almohada.
Cuando desperté, estaba en una cama, pero no la cama en la habitación que Mokuba nos dio cuando llegamos allí. Me incorporé, y vi a mi tío dormido en un sofá a pocos metros.
Consulté el reloj de mi teléfono, eran las tres con quince de la madrugada.
«Justo a la hora del diablo», el pensamiento me trajo un escalofrío. Por un momento, imaginé un par de ojos amarillos viéndome desde la oscuridad.
Volví a recostarme para tratar de dormir de nuevo. Incluso con lo que había pasado, no había pesadillas como las de la noche anterior, al menos al principio. Sólo recuerdos, y una sensación horrible de que el universo se estaba equilibrando de una manera retorcida. Olvidé a mis primeros padres, ahora lo justo era que mis nuevos padres se olvidaran de mí. Y al fondo, esa voz hueca que parecía una parodia horrible de la Princesa Daedrica Meridia, se rio con una insana satisfacción.
- GX -
Cualquiera que fuera el plan de Kaiba, no nos incluía. Le prohibió al tío Kouji abandonar el complejo, y le ordenó quedarse allí, junto con Bakura y Pegasus, mientras Yugi, Mokuba y el propio Kaiba volvían a ciudad Domino para hacer lo que tuviera en mente. Lo poco que dejó entrever, era que usaría el Festival de la Golden Week de Domino para tender su trampa al enemigo.
Bakura no estaba muy conforme con ser dejado atrás, supongo pensando que Diva tenía la Sortija Milenaria en su poder. Para mí no parecía lógico considerando que, debido a su cercanía a la Luz, era poco probable que Diva quisiera tener contacto con algo cargado de tanta Oscuridad. Al final, el paradero de dicho artículo acabó siendo una prueba de lo que Yugi dijo sobre como el tiempo, incluso con las alteraciones que le hicimos, suele jugar con los mismos factores, porque la Sortija resultó estar en poder de Mani, igual que en la línea del tiempo de la película (y por extensión la del manga original).
Volviendo a lo poco que aprendí del plan de Kaiba antes de su ejecución, me enteré después de que el mismo Seto enviara a Mokuba a despertarme a las cinco de la mañana, a fin de que le diera un resumen lo más detallado posible de El lado oscuro de las dimensiones. Yugi no estaba conforme con los métodos de Kaiba, y Pegasus se mostraba incluso más ácido de lo normal en sus burlas hacia su socio más joven. Mokuba, bueno, es un Kaiba, aceptaría lo que fuera necesario por más que al parecer no le agradaran del todo los métodos de su hermano.
Kaiba pareció pensar lo mismo que yo medite la noche anterior, ya que de inmediato ordenó la búsqueda y captura de la profesora Sera. Estuviera o no trabajando para la Luz, había una pequeña posibilidad de que ella tuviera parte del Puzle Milenario en su poder. E incluso si no era el caso, sería buena carnada para atraer a Diva a su trampa.
Una vez Kaiba aprendió todo lo que pensó que podía servir de lo que yo sabía, me hizo salir de su oficina de nuevo, no sin antes ordenar a uno de sus guardaespaldas que se asegurara de que esta vez no vagara a mis anchas por sus instalaciones.
Creo que puedo entender por qué Saio veía ese lugar como una prisión.
De vuelta en lo que Noa llamó las «zonas comunes», el tío Kouji se apresuró en mi dirección para comprobar que estuviera bien, tal vez temiendo que Kaiba pudiera haber usado métodos un poco más agresivos para obtener lo que quería de mí. Se calmó un poco cuando le dije que Yugi y Pegasus no iban a dejar que Kaiba llegara muy lejos, y quiero pensar que tampoco Mokuba.
La tía Megumi me abrazó antes de decirme que estaba allí para cualquier cosa que necesitara. Luego, se aseguró de que comiera un buen desayuno para compensar el hecho de que me salté la cena la noche anterior. Tanto ella como el abuelo me aseguraron que Yugi encontraría la forma de resolver lo que pasaba, siempre lo hacía. Me hicieron recordar a Judai, años atrás, pidiéndome que confiara en Yugi: «¡Él es un héroe!».
Esperaba que fuera así, la verdad. Todavía tenía esa pequeña esperanza de que las cosas fueran como en el anime, y tras derrotar a Diva los recuerdos de mis padres volvieran.
Me sentí culpable luego de pensar eso. Su derrota no haría que los padres de Judai regresaran.
El resto de los chicos parecían confundidos sobre lo que estaba pasando. Fubuki estaba serio, a diferencia de su actitud normal, lo cual sólo hizo que su hermana se preocupara por él, al igual que Ryo, quien parecía no estar dispuesto a perderlo de vista.
Imagino que Fubuki debió enterarse en algún punto de la noche o esa mañana. Me pregunté qué tan al tanto lo mantenía Kaiba, o quizás Yugi, de lo que pasaba. Considerando que, de nuevo, la lealtad de Fubuki era hacia Judai, y por extensión a Haou.
Judai y Haou llegaron al desayuno casi dos horas después de que el resto hubiéramos terminado, mientras la mayoría hacía lo posible por animarme a mí y a Fubuki, todavía sin saber que estaba pasando.
Los chicos sólo se confundieron más cuando notaron a un Judai completamente apagado. Se sentó en una mesa apartada de donde estábamos, sin levantar su vista de sus manos, y fue Haou (mostrándose inusualmente atento con él) quien se encargó de pedir la comida y prácticamente obligó a Judai a ingerirla.
—Muy bien —dijo Asuka en un suspiro—. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué de pronto ustedes tres están tan deprimidos?
Abrí la boca para responder, pero se formó un nudo en mi garganta que me impidió hacerlo.
—Hubo un accidente —respondió Fubuki por mí.
Supuse que Fubuki únicamente sabía sobre eso. Volví a sentirme culpable, cuando pensé que, incluso si no podía recuperar los recuerdos de mis padres, al menos ellos no…
—Los padres de Judai y Haou…
Fubuki no necesitó terminar. La implicación detrás de esas palabras fue suficiente para que todos acabaran sumidos en sus pensamientos, Rei parecía la más perdida de todos. Podía ver que no tenían experiencia en esta clase de cosas, lo cual me hizo preguntarme si habían perdido a alguien. Incluso si fuera así, podía decir que la mitad de las personas en esa mesa no habían experimentado el dolor de la pérdida repentina de alguien tan cercano o de su familia inmediata.
Edo, Saio y Johan expresaban algo más allá del shock que una noticia como la muerte causa en las personas: sus miradas transmitían también comprensión y algo de solidaridad. Ellos habían pasado por lo mismo.
La mirada de Fubuki, además de eso, dejaba al descubierto un deje de rabia, el cual no estoy seguro si los demás notaron. Para él, esto era el primer golpe abierto en la guerra.
Nos quedamos un rato en silencio, cada cual sumido en sus propios pensamientos. De vez en cuando, Sho y Rei miraban en la dirección en donde estaba Judai, para posteriormente apartar la mirada. Nadie se atrevía a levantarse e ir en su búsqueda, como si no supieran que hacer.
Johan soltó un suspiro, y luego se puso de pie, para posteriormente caminar hacia Judai. Contuve la respiración, sin apartar la mirada de él, Haou y Johan se sostuvieron la mirada por unos instantes, que debido a la tensión se sintieron como horas. Luego, para mi sorpresa, mi maestro se levantó y, sin decir nada, se apartó para dejar que Johan y Judai hablaran entre sí.
Solté el aire y me puse de pie para ir en busca de Haou. Tenía que ponerlo al tanto sobre lo que Kaiba estaba haciendo, lo poco que sabía al respecto. Fubuki también se puso de pie y me siguió.
—Superior Fubuki, ¿sabe algo sobre lo que Kaiba planea? —Recibí un suspiro cansado en respuesta, lo cual fue la única negativa que necesitaba.
—Es difícil saber lo que ese hombre trama la mitad del tiempo —admitió—. Sólo puedo decir que, por muy cuestionables que sean sus métodos, sus planes tienden a funcionar.
Claro, a menos que dichos planes impliquen asesinar o humillar a Yugi y sus amigos de alguna manera. Pero no iba a decir eso en voz alta, menos en ese lugar.
—En realidad, yo pensé que tendríamos otros dos años, o con suerte tres, de paz antes de que todo esto estallara —admití.
Fubuki soltó una carcajada sin gracia.
—Eres demasiado optimista.
—No estoy acostumbrado a que pasen estas cosas —me defendí—. Me tomó años aceptar la parte mística del duelo. E incluso con todos los giros que ha dado mi vida en los últimos cinco años, creo que en realidad nunca estaré listo para toda la mierda que puede tirarme este universo.
—Esto es la guerra, nunca estás preparado para ella. Y, por más que te esfuerces en proteger a quienes te importan, la posibilidad de perder a alguien siempre estará allí.
Comenzaba a darme cuenta de eso. Mis padres, los padres de Judai, incluso el tío Kouji, viéndose obligado a firmar un contrato vendiendo su alma al diablo, aka, Seto Jodido Kaiba (lo peor es que este diablo no regalaba parques de diversiones), fueron objetivos solamente porque estaban relacionados con aquellos a quienes la Luz marcó como sus enemigos. Tal vez, lo mejor para mis padres sería nunca recordar que yo existía. Quizá así la Luz los dejaría vivir sus vidas en paz.
Haou se encontraba en la entrada de la cafetería, recargado a un lado de la puerta, con la mirada fija en la mesa donde Judai y Johan todavía hablaban. Me giré levemente hacia esa dirección, dándome cuenta de que Asuka, Sho y Ryo se habían unido a ellos.
—Fubuki —dijo mi maestro con ese tono inexpresivo que hacía más para crispar los nervios que si dejara ver sus emociones.
Fubuki lo miró un momento.
—Debiste haber venido a renovar tus juramentos hace mucho.
—No realmente.
Mi maestro alzó una ceja.
—Mis recuerdos no son del pasado que conoces. Para mí, el único Heraldo a quien debo mi lealtad es Judai.
No sé qué esperaba tras una declaración tan audaz, considerando lo aterrador que Haou podía ser, a veces sin proponérselo. Fubuki le sostuvo la mirada, y pude notar que mi maestro parecía curioso respecto a qué haría el adolescente tras algo que claramente se podía considerar como un desafío a la autoridad del Rey Supremo.
—A pesar de eso, estás aquí.
Fubuki se encogió de hombros.
—Hay cosas que debemos hablar. Se ha dado el primer golpe en esta guerra, y no fue nuestro.
Haou desvió su mirada hacia donde estaba Judai. Permaneció con los ojos fijos allí unos momentos, y luego se giró y comenzó a caminar. Lo seguimos hasta la sala de juegos, que como es de esperarse, estaba vacía. Se sentó en una mesa al fondo, y tanto Fubuki como yo nos sentamos frente a él.
—¿Qué está planeando Seto Kaiba?
—No sé todos los detalles, aunque él necesitaba que le diera información sobre Diva.
—La información que no consideraste oportuno darme.
Me mordí el labio ante la acusación. Fubuki puso su mano sobre mi hombro y me indicó con un gesto de su cabeza que, al menos él, no me culpaba por nada. No sé sobre mi maestro, más allá de esa acusación, no demostró interés en seguir recriminándome mi falta de visión.
—No pensé en Diva, honestamente, ni siquiera había pensado en él hasta que conocí a la profesora Sera.
—¿Qué tiene que ver ella? —me preguntó Fubuki con cierto grado de conmoción.
—Es la hermana menor de Diva.
Haou demostró su furia esta vez.
—Todo este tiempo lo has sabido.
—¡No! —me justifiqué negando con la cabeza—. Es complicado, porque hay tantas líneas del tiempo, o cánones, que me es imposible saber que pasará luego. En un momento todo parece ir según el anime, y luego descubro que Tragoedia está persiguiendo a Kuriboh Alado como en el manga.
—¿Qué cosa qué con Kuriboh Alado? —preguntó Fubuki con un tono confundido.
—Larga historia —le respondí en un suspiro.
—Muy bien —aceptó él con algo de duda.
Suspiré y deseé tener una aspirina.
—Supongo que debí pensar en Diva —admití—. Y puede que lo haya considerado brevemente, salvo por el hecho de que, si hubiera seguido la línea del tiempo que conocía del manga, todo el desastre con Diva habría ocurrido seis meses después de que el Faraón Sin Nombre abandonara este mundo. Es decir, años incluso antes de que me mudara a ciudad Domino. Y, por supuesto, la Luz no estaba involucrada en lo absoluto en ese asunto.
Haou asintió con dureza.
—¿Qué hizo el señor Kaiba en esa línea del tiempo? —me preguntó Fubuki.
—Bueno, a juzgar por el hecho de que relacionó las piezas faltantes del Puzle Milenario con Diva de inmediato, asumo que, igual que en la película, se encontraron en la excavación del Valle de los Reyes. Pero, Mokuba afirmó que llevan meses tras su pista, así que es difícil saber.
»Lo que sí puedo decir, y baso mi conjetura específicamente en lo que Kaiba quería saber sobre lo que yo vi en mi mundo, es posible que esté pensando en tenderle una trampa en el evento de exhibición de esta tarde en el Domo de Duelos.
»En la película, Diva robó dos piezas del puzle. Se quedó la primera, y la segunda se la dio a su hermana. La profesora Sera, en ese momento una niña de doce años, le dio dicha pieza a Yugi. Kaiba se enteró y capturó a Diva. Luego, usándolo como carnada, atrajo a Yugi para realizar un… bueno, lo llamó torneo, pero entre tres no puede ser un torneo.
»Sé que en este mundo Yugi no tuvo contacto con Sera, ya que anoche él no sabía que Kaiba estaba detrás de los Objetos Milenarios. O, tal vez, debido a que Kaiba creó tecnología para bloquear el poder de la Prana, y equipo a todos con ella, Sera no pudo contactarlo.
—¿Por qué Yugi estaba tras de Diva? —quiso saber Fubuki.
—Oh, cierto. Diva hizo desaparecer a Bakura, ya que lo culpaba por la muerte de su maestro: Shadi Shin.
Esto sólo confundió más a Fubuki.
—¡Él no lo mató! —me apresuré a aclarar—. Fue el Rey de los Ladrones, o, mejor dicho, Zorc.
Fubuki frunció el ceño al escuchar eso.
—¿Zorc? —preguntó, aunque no precisamente a mí. Parecía estar tratando de recordar algo.
—Es una de las manifestaciones del Vacío —le aclaró Haou.
Fubuki pareció entre molesto y asustado de escuchar eso.
—Darkness —escupió el nombre.
Muy bien, otro misterio resuelto. Eso explicaba por qué Diva intentó desaparecer todo el mundo en las tinieblas perpetuas cuando se contaminó con la Sortija… Y eso me hizo recordar que la Sortija estaba perdida, y quizá en posesión de otro de los usuarios de la Prana.
—¿La Luz y el Vacío podrían llegar a trabajar juntos?
Haou enarcó una ceja.
—No —respondió al final.
—Oh, supongo que eso evita otro problema. En algún punto de la película, uno de los usuarios de la Prana es manipulado por el poder de la Sortija Milenaria, la cual había sido contaminada por Zorc desde el antiguo Egipto. De hecho, debido a eso, Zorc podía poseer a Bakura y usarlo como un medio para intentar liberarse por completo de su sello, para lo cual necesitaba el resto de los Artículos Milenarios.
»El punto es que la sortija terminó en manos de Diva, y tras combinarla con el poder de la Prana, intentó desaparecer el mundo en la oscuridad eterna. O algo así.
—Eso es… ¿Bueno? —dudó Fubuki—. Tal vez si entran en contacto, con suerte la Luz y Darkness se matarán entre sí.
Me atreví a ver la reacción de mi maestro ante eso. Por su expresión me di cuenta de que quizá no tendríamos esa suerte. Si alguien conocía bien a ambas fuerzas del mal, ese tenía que ser Haou.
—Supongo que vencieron a Diva —dijo Fubuki.
—Eh, sí. El Faraón volvió al final, y usó a «Mahad el Oráculo Paladio» para ganar el duelo. Porque, por supuesto, todo se resolvió con un juego de cartas.
—¿De qué otra forma se iba a resolver? —me preguntó Fubuki divertido.
—No sé —respondí suspirando—. Un duelo a muerte con cuchillos, tal vez.
Fubuki frunció el ceño. Por supuesto, no había captado el significado de la broma. Yu Yu Hakusho, al ser manga de la Jump existía en este mundo, pero su duelo a muerte con cuchillos no tenía el estatus de meme. Por otro lado, no estaba seguro si ese meme era algo fuera de los países hispanos, y nunca lo sabría. Aunque, en primer lugar, el internet de este mundo no tenía memes. Tal vez debería asumir la noble misión de traerlos a este mundo.
—Muy bien —dijo regresando al punto—, ¿estás seguro de que Kaiba intentará algo como en la película?
—No del todo, pero puedo imaginarlo. Diva se mueve a través del odio y el miedo: su odio a Bakura, y su miedo a perder su poder si la profecía del regreso del Faraón se cumple. Kaiba puede usar eso a su favor. Si le hace creer que va a resucitar al Faraón, es muy posible que Diva muerda el anzuelo.
—Tal vez Diva, pero no la Luz —acotó mi maestro.
—Sí, cierto. Aunque, creo que la Luz no controla a Diva. Hace dos días, cuando nos encontramos, hubo un momento en que Diva estuvo a punto de discutir con la Luz. Tal vez sólo son socios. O no tiene el control completo sobre él. Y si es tan impulsivo como lo era en la película, no dudo que caiga en la trampa.
Por supuesto, recluidos en Alcatraz, no había forma de que nos enteráramos hasta que Kaiba, Yugi y Mokuba regresarán. Porque ellos volverían, Yugi y Kaiba no perderían ante Diva y la Luz, y no dejarían que le hicieran algo a Mokuba. En última instancia, si algo le pasaba al menor, sólo lograrían echarse encima a un Kaiba todavía más colérico y peligroso de lo que ya era tras lo que ocurrió en la anterior línea del tiempo.
—Sin embargo, todo es una suposición —debatió Fubuki—. No sabemos cómo funciona su alianza, o si uno controla al otro.
—La Luz no se controla —espetó mi maestro—. Puede hacerte creer que tienes el control, pero al final solamente eres una marioneta.
—Todo se resume a si la Prana protege a Diva de una manipulación completa o no —dije—. ¿Es posible que él sea su nuevo Avatar?
—No —negó Haou tajantemente—. Si es tan irreflexivo como dices, no lo elegiría a él. Quiere a alguien más metódico, que pueda planear.
Como Saio en el anime, me di cuenta.
—Más allá de lo que la Luz pueda planear, ¿qué son exactamente estos Artículos Milenarios?
—Oh, esa es una buena pregunta —admitió Fubuki—. No sabíamos mucho de ellos, sólo que Yugi tuvo uno en algún momento. La mayoría pensaba que era simple joyería, y luego el rumor de que tenía que ver con el Faraón Sin Nombre surgió en Internet. Judai lo confirmó luego, pero en realidad no sabíamos mucho más.
Curioso que no supieran, pero no inesperado. Era algo tan de la primera serie, y poco tocado en las otras, que era fácil deducir que los implicados guardaron silencio respecto a ellos y lo que simbolizaban. En un mundo donde había personas sin escrúpulos que no temían ensuciarse las manos para obtener poder, si la verdad detrás de ellos se volvía algo más allá de rumores habría un montón de locos tratando de hacerse con ellos.
Expliqué lo que sabía por el manga y el anime: eran siete objetos de gran poder oscuro, infundidos con parte del poder de Zorc (del Vacío), fundidos con la sangre y el odio de los habitantes de Kul Elna, cada uno con la capacidad de llamar los poderes de los Juegos de lo Oscuro con un alto costo para sus usuarios. Y, por supuesto, sus poderes individuales que iban desde cosas como servir de radares, leer las mentes; hasta cosas más siniestras y peligrosas como robar almas, someter la voluntad de otras personas o incluso decidir el destino de un alma mediante un juicio con el ma'at (como Kuriboh Alado nos mostró dos noches atrás).
Para mi sorpresa, mi maestro estaba furioso. Era casi como si se tomara como una ofensa personal el que esas cosas existieran. Puedo decir que, aunque no lo dijo, estaba de acuerdo con Pegasus y Yugi en que no deberían ser usados de nuevo.
Con suerte, como sucedió al final del Lado oscuro de las dimensiones, tal vez la Sortija (el más peligroso de todos por contener parte del alma de Zorc) desaparecería junto con la Prana.
La reunión terminó con eso. Había puesto al tanto a mi maestro de todo cuanto sabía. Aunque, la verdad, no parecía que hubiera nada que pudiéramos hacer con esa información. El plan de Kaiba, cualquiera que este fuera, estaba en movimiento y no estábamos incluidos en él. Sólo restaba esperar a ver qué pasaría.
No sería una espera fácil.
Regresamos a donde estaban los otros. Todos los planes de las «vacaciones» estaban cancelados, a favor de intentar hacer sentir mejor a Judai. Al menos lo vi enviar miradas vacilantes a los otros.
En cierto momento, Saio vino a verme. No intentó hacer esa tirada de tarot completa que habíamos considerado el día anterior, sólo se quedó un rato de pie junto a mí, mientras yo estaba recargado en la pared, apartado un poco del resto.
—Las fuerzas que están disputando el control de tu vida están moviéndose de nuevo —me dijo antes de retirarse—. Pero, una de ellas está a punto de ceder.
Sin elaborar más, se marchó para reunirse con Edo.
La tarde siguió avanzando con un ritmo lento, lo cual únicamente hizo que mi mente se dividiera entre la incertidumbre y la esperanza. El plan de Kaiba tenía que funcionar. Si Diva caía era posible que lo que había hecho a mis padres se revirtiera. Quería creer en eso. Fubuki lo dijo: los planes de Kaiba solían ser infalibles. No por nada era el campeón del mundo en ajedrez (aunque sospechaba que sí Yugi jugara, también le habría arrebatado ese título).
A eso de las seis, estábamos todos reunidos en el comedor, tratando de decidir si jugar otro torneo (esta vez para animar a Judai y no a Johan), o si deberíamos probar con un juego de mesa. Mokuba, había prometido prestarnos algunos de los que guardaba en su habitación de Alcatraz.
De pronto, las luces parecieron fallar, parpadeando de forma intermitente. La atmósfera estaba cambiando.
Judai se tensó, sujetando su mazo con fuerza. Kuriboh Alado apareció junto a él, tratando de calmarlo, pero se le notaba el nerviosismo. Rubí apareció en los hombros de Johan maullando de forma algo lastimera.
—¿Kuriboh Alado? —preguntó Rei de pronto.
Noté como las miradas de todos se dirigían hacia el espíritu. ¡Podían verlo!
—Algo está pasando —escuché la voz de William—. El velo entre los mundos se hace débil. La batalla está en su punto más crítico.
Justo en ese instante las luces fallaron por completo.
Burstinatrix apareció, encendiendo una llama que se convirtió en la única fuente de luz. Había más espíritus, aunque sólo los más pequeños se podían ver: Cycroid, una Cría del Dragón Negro, y Zombino y Zombina aferrados a mí.
Johan hacía lo posible para calmar a Rubí, y yo hacía lo mismo con los dos niños, aunque estaba tan aterrado como ellos.
Haou apareció en el momento que una niebla purpura comenzaba a rodearnos, mientras todos nos juntábamos lo más que podíamos para protegernos las espaldas.
—Judai, tienes que actuar —los instruyó Yubel.
Asintiendo con la cabeza, Judai dio un par de palmadas a Kuriboh Alado mientras caminaba hacia su hermano.
Haou, con sus ojos brillando de un color dorado intenso, asintió de acuerdo con él.
Cerré los ojos para permitir que la parte de la Oscuridad que había en mí fluyera en su dirección. Lo entendía de forma instintiva: iban a usarla para crear una burbuja protectora a nuestro alrededor.
Únicamente quedaba esperar que el Faraón se presentara, y como en la película, invocara a Mahad para acabar con Diva.
