Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Libro III
Capítulo 24
Pregunta
[Carta Mágica]
Al activar esta carta, tu adversario no puede comprobar las cartas del Cementerio. Tu adversario nombra el nombre del primer monstruo encontrado en el fondo de tu Cementerio. Si lo nombra correctamente, el monstruo es retirado del juego. Si lo nombra incorrectamente, la carta es Invocada mediante una Invocación Especial en tu Campo.
Nuestro último año de secundaria se deslizó con una rapidez increíble, y antes de que me diera cuenta ya estábamos en diciembre. Restaba sólo un mes más para la primera ronda de los exámenes de ingreso de la Academia, a mediados de enero. Dicho examen correspondía al examen estandarizado para educación media superior de Japón, el cual presentaban todos los estudiantes que estaban por graduarse de la secundaria y deseaban continuar sus estudios.
Debo decir que me sorprendió la cantidad de estudiantes de familias ricas que estaban convencidos de que no necesitarían pasar ese examen para ir a la Academia de Duelos. Cuando el profesor titular de nuestro grupo «reveló» —nos lo recordó, más bien— esto una semana atrás, pude ver como el horror se dibujaba en sus rostros. La reacción de Torimaki y Mototani al enterarse me resultó particularmente divertida, y algo aterradora también: literalmente, se petrificaron al «estilo anime». Creo que podrían pasar mil años, y no dejaría de sorprenderme que las personas en este mundo sufran reacciones como esa, y me pregunto si pasará lo mismo conmigo.
Volviendo al punto del examen, la verdad, no entiendo cómo, siendo japoneses, no consideraron que debían presentar el examen que todos los chicos del país que desean avanzar más allá de la educación obligatoria deben rendir a esa edad. En especial porque cada año los de tercero estaban muy nerviosos por dicho examen.
Suspiro.
Supongo que, considerando el hecho de que muchos de esos mismos estudiantes terminarían siendo parte del dormitorio Obelisco, a pesar de ser duelistas con menos talento para el juego que el de un niño de primaria, pues tampoco debía esperar mucho de ellos. Estaban demasiado acostumbrados a poner la chequera por delante del talento, y ahora que se venía una prueba de verdad, temblaban como soldado extranjero tratando de invadir Rusia durante el invierno.
En todo caso, era necesario obtener una puntuación alta, muy alta, para hacerse acreedor al derecho de presentar el examen de duelo de la Academia.
Y toda esta explicación me lleva a dos personas en particular. Un par de esos estudiantes con poco sentido común que ahora buscaban desesperadamente quien les ayudara a estudiar para el examen con tan sólo un mes para prepararse: Momoe Hamaguchi y Junko Makurada.
Lo curioso es que no pensé en ellas cuando el profesor habló sobre el examen unas semanas atrás. No eran las duelistas más brillantes, pero a diferencia de los otros ricos con mazos llenos de cartas caras, pero poco funcionales, ellas estaban al menos un paso por delante. Asuka no sería su amiga si no fuera así… creo. En lo académico, pues Junko tenía un promedio aceptable, y cuando se esforzaba un poco, en vez de perder el tiempo leyendo revistas de adolescentes con su mejor amiga y el pequeño club de admiradoras de «chicos guapos» que habían montado, podía lograr la puntuación necesaria para pasar sobrada. Respecto a Momoe… digamos que se daba el lujo de perder el tiempo porque tenía el dinero para hacerlo, o eso es lo que yo creía. Lástima que no se podía sobornar a los hombres del Ministerio de Educación que aplicaban el examen estandarizado de ingreso a preparatoria.
Muy bien, de vuelta a ese domingo a comienzos de diciembre de 2005, como de costumbre en los últimos dos años (pronto tres), me encontraba en el aparador de la tienda de juegos Tortuga leyendo algo, esta vez una obra de literatura clásica japonesa que formaría parte del examen de ingreso, específicamente en la parte de idioma japonés. Normalmente, al ser domingo por la tarde, habría una buena cantidad de niños y pre adolescentes listos para el torneo de fin de semana del abuelo, pero dada la importancia del examen, y para evitar distracciones, el abuelo decidió no celebrar torneos entre diciembre y enero.
Estaba pasando la hoja de mi libro, francamente muy aburrido, preguntándome si no me iría mejor de estar tratando de leer El Quijote por doceava vez en mis dos vidas. (La maldita escuela primaria en mi vida anterior arruinó ese libro para mí: por favor, gente que hace los programas escolares, ¡dejen de poner obras tan densas en primaria! Más que inspirar a los niños a leer, los alejan.) La campanilla de la puerta sonó, distrayéndome de un libro que de por sí no me estaba atrapando para nada. Si tan sólo fuera algo de folclore, como un libro de yokai o de yurei, sin duda me iría mejor concentrándome.
—Bienvenidas —dije en mi modo automático de «atención al cliente» sonriendo a las recién llegadas. Se trataba de Asuka, acompañando a Junko y Momoe.
Hacía un rato que Asuka no se presentaba en los fines de semana de torneo, y en realidad durante el último año sólo había pasado a la tienda cuando estaba en busca de algo en específico para su mazo. Su ausencia en la tienda no era particularmente extraña, considerando que ahora ella capitaneaba el equipo de duelo de la escuela. Además, sin Judai por allí, y con Fubuki y Ryo en la Academia, el grupo estaba muy disperso. La escuela y los torneos inter escolares era lo único que nos reunía a todos en esos días (salvo durante el verano, cuando Judai estaba de visita y se volvía un mes de pasear casi a diario por la ciudad, e incluso habíamos ido juntos a Tokio, Osaka y Kyoto un par de veces). En general, Sho y Daichi eran quienes más se dejaban ver por la tienda. El primero más que nada para visitar al abuelo, y Misawa porque le gustaba comparar notas sobre las clases conmigo y Johan.
—Este lugar está un poco…
—¿Muerto? —completé por Asuka—. No habrá torneos hasta después del examen. De todas formas, durante las vacaciones de invierno los niños estarán más ocupados abarrotando Kaibalandia que jugando duelos por aquí.
Cerré el libro y lo guardé en el cajón debajo del mostrador.
—¿Hay algo en que pueda ayudarlas? Acabamos de resurtir el stock del nuevo mazo estructurado de hadas, y las nuevas latas…
—¿Dónde está el Guapo Johan? —me interrumpió Junko frunciendo el ceño.
—Salió a ayudar a la tía Megumi con las compras —respondí con voz aburrida.
Ella me miró mal.
—¿Por qué tú estás aquí haciendo el flojo mientras él trabaja?
Sentí ganas de suspirar con cansancio, pero me reprimí. En lugar de eso, le expliqué lo que pasaba:
—Hoy fue su turno de ayudar a mi tía, mientras que yo me ocupé de limpiar aquí y esperar a los clientes.
—Junko —la llamó Asuka con un tono que me recordó al de una madre castigando a su hijo impertinente—. Esta no es la mejor forma de comenzar si de verdad quieres que Kenichi te ayude.
Alcé una ceja de forma inquisitiva al escuchar aquello. ¿En qué podría yo ayudar a Junko? En general, no me llevaba bien con ella, en parte porque pareció decidir que si a Káiser (el exalumno más guapo de toda la escuela, junto con Fubuki, según ellas y su Club) no le agradaba mucho, entonces en su lógica extraña yo no podía ser alguien bueno. De igual forma, porque Junko celaba a Asuka de una forma que, a veces, me hacía pensar en si todo eso de ir tras los chicos guapos no era más que una fachada para esconder alguna otra preferencia. Según sus propias palabras: «Asuka no debía gastar su tiempo con niños que probablemente eran pervertidos». No es que yo le hubiera dado motivos para que creyera eso, sino que tenía la loca idea de que todo chico que se acercaba a Asuka (con excepción de Káiser y Johan) debía por fuerza querer algo más que amistad. Curioso, porque parecía no tener nada en contra del verdadero estereotipo de galán pervertido del anime que era Fubuki. Pero bueno, siendo el hermano mayor de Asuka, sería extraño si ella se sintiera celosa de él. Además, tendía a ignorar los defectos de aquellos a quienes consideraba «galanes».
Junko le dirigió una mirada dolida a Asuka. Momoe, por su parte, se mostró un poco incómoda.
—Asuka tiene razón —dijo finalmente la última, lo cual fue muy sorpresivo. Si bien ambas parecían tomar muy en serio cualquier cosa que Asuka dijera, normalmente eran un frente unido cuando se trataba de «mantener alejados a los chicos pervertidos de su mejor amiga».
Además, como dije, Momoe solía ser arrastrada por Junko de un lado a otro y viceversa. En realidad, me parecía que se complementaban muy bien: Momoe distraía a Junko de lo académico, y Junko hacía lo propio a Momoe con respecto a los duelos. Y al final, ambas terminaban perdiendo el tiempo hablando de chicos guapos. Por lo menos Asuka tenía muy en orden sus prioridades, y por lo general se las arreglaba para hacer que se esforzaran un poco, al menos en los periodos de exámenes.
Claro, considerando sus notas apenas lo suficientemente buenas para pasar (si hubieran ido a escuela pública les habría ido mucho mejor), debían estar desesperadas por obtener toda la ayuda posible. Lo cual todavía no me decía por qué decidieron acudir a mí.
Junko suspiró, se tragó su orgullo y se inclinó de la forma que lo hace un japonés cuando de verdad quiere pedir un favor:
—Necesitamos tu ayuda para prepararnos para los exámenes.
Parpadeé un par de veces muy sorprendido.
—¿Escuché bien? —pregunté con tono incrédulo.
—¡No me hagas repetirlo! —dijo algo sonrojada, asumo por la vergüenza y la furia de haber tenido que pedirme algo a mí.
—¡Por favor! —añadió Momoe—. Sabemos que Judai y Sho solían ser un desastre en la escuela, y tú los ayudaste.
—Sí, bueno, eso fue en la primaria —le respondí algo a la defensiva—. Y, en primer lugar, Sho únicamente necesitaba confianza en sí mismo, cosa que obtuvo cuando quedó bajo la tutela del abuelo. Respecto a Judai, sólo le di algunos consejos y trucos para que aprendiera a concentrarse…
—¡Eso es justo lo que necesitamos! —medio gritó Momoe, se sonrojó un poco, y luego agregó con voz más mesurada—. El examen es el próximo mes y no estamos listas.
«Lo habrían estado si no perdieran tanto el tiempo», quise decirles, pero me quedé callado.
—Además, eres un nerd —contraatacó Junko, ya olvidada su vergüenza—. El trabajo de los nerds es ayudar a las chicas guapas a pasar sus materias.
Quise darme un fuerte golpe en la cabeza. Esta chica estaba demasiado influenciada por las novelas y series de adolescentes estadounidenses.
—No soy un nerd —me defendí.
Junko bufó con sarcasmo.
—Claro, un nerd no habría abandonado el equipo de duelo de la escuela para tomar clases avanzadas extra.
—Tomé una clase de escritura creativa, lo cual es muy diferente. Mis notas son lo suficientemente buenas. No necesito estudiar más de lo que ya hago.
Ni siquiera sabía por qué me estaba justificando con ella.
—Kenichi —Asuka intervino de nuevo—, sólo vine a pedírtelo porque ellas de verdad parecen comprometidas con esto. En realidad, no pensaba cargarte el trabajo a ti solo. Únicamente quería ver si podíamos reactivar el viejo grupo de estudio y agregarlas a ellas.
Me rasqué la mejilla derecha, mientras pensaba en la petición de Asuka. El grupo de estudio que formamos había funcionado durante toda la primaria, bueno los cuatro años que estuvimos juntos en Joran, y nuestro primer año de secundaria, el mismo en que el grupo comenzó a fragmentarse debido a la falta de Judai. Fue triste, aunque no sorprendente, darme cuenta de que él era el pegamento que nos mantenía a todos juntos. Me recordó el hecho de que, en el anime, el grupo parecía no saber qué hacer si Judai no estaba allí para tomar la iniciativa (refiriéndome al grupo original, porque tanto Johan, Edo, Jim y O'Brian eran más que capaces de actuar por su cuenta sin la necesidad de Judai, y bueno Hell Káiser iba a lo suyo, salvo por esa alianza con Edo durante todo el asunto ocurrido en la Dimensión Diferente).
—Muy bien, si pueden prometerme que van a esforzarse, y no se distraerán viendo a Johan, las sumaré al grupo de estudio.
—¿Sumarnos? —preguntó Junko.
—¡El guapo Johan estudiará con nosotras! —agregó Momoe. Quisiera decir que había dejado de parecerme extraño que sus ojos se volvieran corazones, pero eso sería más falso que un billete de tres pesos, o su equivalente en cualquier otra moneda.
Asuka miró a Momoe con el ceño fruncido, y ella al menos tuvo la decencia de lucir avergonzada de nuevo.
—¿Has reactivado el grupo de estudio? —me preguntó Asuka. Parecía un poco molesta porque no le había avisado.
—No realmente. Johan, Sho y yo hemos estado ayudando a Rei para prepararse para los exámenes desde hace poco más de un año. Y Daichi a veces se pasa por aquí para comparar notas.
—¿Rei? ¿Esa niña de primaria que seguía a Judai como un cachorro perdido? —me preguntó Junko.
—Ella misma. Debo decir que tiene agallas.
Les conté, más para Asuka que para las otras dos, lo que había pasado en la fiesta de Halloween de Pegasus de un año atrás: Rei se las arregló para convencer a Judai de que le consiguiera una invitación, y se pegó a mí y a Johan para ir. Las fiestas de Halloween en el Reino de los Duelistas se convirtieron en un momento en que Kaiba, Yugi y Pegasus nos probaban a ver que tanto habíamos avanzado en el año (esto se los oculté a ellas, dejando el asunto como una simple reunión de familia y amigos en el marco de la fiesta). De alguna forma, Rei se enteró de eso y se las arregló para desafiar a Kaiba en algo simple (al menos en apariencia): si lograba vencer a uno de sus dragones blancos, movería sus influencias para que ella pudiera presentar el examen de ingreso a la preparatoria, saltándose la secundaria, para ir directamente a la Academia de Duelos. Al final, Kaiba aceptó con la única condición de que obtuviera una nota mayor al promedio en ambos exámenes: el estandarizado del gobierno, y el de la Academia.
Considerando que en el canon se las arregló para engañar a todos y que la transfirieran a la Academia, no me cabían dudas de que podría lograr la hazaña de pasar el examen. Y bueno, si podía ayudarla a entrar de forma legal a la Academia, por mí no había problema. De todas formas, ella se las arreglaría por su cuenta para llegar allí con o sin nuestra ayuda.
—¿Estás de broma? —me preguntó Junko sin creer lo que para ella era una broma muy disparatada.
—Yo no lo creería, si no hubiera visto que pasó los exámenes finales de primero y segundo de secundaria en menos de un año. Ahora va por los de tercero, este lunes, y en enero pretende pasar el estandarizado de preparatoria.
—Esa niña —suspiró Asuka—. Seguro hace todo esto para seguir a Judai.
Me encogí de hombros. Algo había de eso, aunque más que nada, Rei admitió que lo hacía porque no quería quedarse atrás. Le costó lo suyo recuperarse tras ese encuentro con la parte más mística del duelo en Alcatraz, y desde entonces había dejado atrás sus niñerías y comenzó a parecerse cada vez más a la Rei que recuerdo de la tercera y cuarta temporada del anime.
—En fin, si de verdad quieren que las ayude, entonces nos veremos aquí mismo más tarde, a las seis.
Eran apenas las tres de la tarde.
Junko frunció el ceño, mientras Momoe parecía horrorizada, supongo que ante la idea de estudiar en domingo. Asuka simplemente alzó una ceja de forma inquisitiva.
—¿Qué tienes en mente? —me preguntó Asuka.
—Nada complicado. Tenemos una reunión de estudio esta tarde. Así que, si de verdad quieren unirse a nosotros, son bienvenidas.
- GX -
Tres horas más tarde, me sorprendí un poco al ver que de verdad se presentaron. Bueno, de Asuka lo esperaba, pero parte de mí estaba convencido que Momoe y Junko se echarían para atrás.
Las hice pasar a la sala, en dónde Rei, Sho y Johan nos estaban esperando. No había libros o cuadernos a la vista, lo cual, como es obvio, levantó algunas sospechas en mis invitadas.
—¿Exactamente cómo vamos a estudiar? —me cuestionó Junko con suspicacia.
La miré con diversión en los ojos, antes de responder con tono un poco enigmático:
—Bueno, aspiramos a entrar a una Academia cuya base es un juego. Así que, me parece, sería muy lógico usar un juego para prepararnos.
Estoy seguro de que ellas pensaron que me refería al duelo, y no tengo duda de que Junko quería protestar, pues lo que ella quería era pasar el examen académico. Antes de que pudieran decir cualquier cosa, me disculpé y fui a la habitación que compartía con Johan a sacar una pequeña caja de cartón de color blanco.
Vi de reojo como Rei miraba a Johan de forma desafiante, lo que me hizo reír por lo bajo, siempre era lo mismo. Sho saludó a Asuka con alegría, lo que hizo que Junko entrara en su modo sobreprotectora.
Al volver, Sho me ayudó a despejar la mesa del café y abrí la caja. Saqué un tablero que representaba un camino en espiral, dividido en cuarenta casillas y con ocho carriles (usando los colores del arcoíris, un detalle que a Johan le encantaba, aunque le disgustaba el carril en negro que los acompañaba). También ocho piezas de plástico similares a un peón de ajedrez.
—¿Qué es esto? —me preguntó Momoe claramente confundida—. ¿Cómo un juego de mesa va a ayudarnos con el examen?
—Es el Maratón —le respondió Johan—, se le ocurrió a Kenichi.
No, en realidad no, sólo me robé la idea de un juego de mi otra vida, pero no podía decir eso.
—Las reglas son simples —les expliqué—, elijan una pieza de plástico, excepto el negro, y colóquelas en la salida, en el carril que corresponda a su color. —Por supuesto, Johan, Rei y Sho ya tenían sus piezas favoritas separadas. Las tres chicas mayores hicieron lo que les pedí, todavía notándose un poco confundidas. Yo, por mi parte, puse la pieza negra en el carril del mismo color, que era el de la orilla derecha del «camino».
—¿No dijiste que la pieza negra no podía ser elegida? —me cuestionó Junko con el ceño fruncido—. ¿O es que la querías para ti?
—Yo voy a leer las preguntas —le aclaré—. La pieza negra representa a la ignorancia.
Saqué un dado de seis caras, así como un mazo de cartas de color verde, el cual barajé antes de dejarlo en el centro del tablero, boca abajo. Luego, proseguí a explicar cómo funcionaba:
—Estas son las reglas. Primero: durante su turno, cada jugador tira el dado de seis caras y, dependiendo cuál número obtenga, debe responder una pregunta de una de las seis categorías que representan los temas del examen: japonés, inglés, matemáticas, ciencias, sociales y duelo. La pregunta puede ser con opciones o sin opciones. Si responden correctamente sin opciones, avanzan dos kilómetros —señalé los cuadros en los que se dividía el camino, cada uno de los cuales representaba un kilómetro del Maratón—; por el contrario, si piden opciones, avanzan uno.
»Si el jugador en turno falla al contestar la pregunta, los otros jugadores podrán intentar responderla, pero sin opciones y sólo avanzando un kilómetro. Si todos falla, nadie avanza; pero la ignorancia sí, la cual avanzará la misma cantidad de kilómetros que jugadores participantes. En este caso, seis kilómetros.
»Ahora, cada cinco kilómetros pueden robar una carta del mazo táctico. Las cartas tácticas pueden usarse en cualquier turno, para beneficiarse o perjudicar a otros jugadores. Y el comodín se usa para robar una carta a otro jugador. Ojo, sólo pueden tener una carta táctica, así que, si pasan cinco kilómetros de nuevo, y no la han usado, no robarán otra hasta que utilicen la que tienen en la mano.
»Gana el jugador que llegué primero a la meta. Pero, si la ignorancia llega antes, todos pierden.
»¿Dudas?
Nadie respondió, así que comenzó la partida, Johan, Sho y Rei porque ya conocían las normas, así que comenzó el juego.
Junko y Momoe, e incluso Asuka, en un comienzo estaban dudando de si un juego de mesa de verdad servía para estudiar. Asuka fue quien se dio cuenta de cómo estaban formuladas las preguntas en las tarjetas. Como dije, cinco de las seis categorías eran las que se examinaban en el examen de ingreso estandarizado, y la sección de duelo era por dos motivos: un pequeño descanso para lo académico, y porque íbamos a una escuela de duelo y había que tocar el tema (al menos la parte teórica).
Esta versión del maratón la armamos entre Johan, Daichi y yo, usando nuestras notas de la escuela, los libros de texto y los exámenes de prueba que se podían encontrar en internet para prepararse para el «infierno de los exámenes», o juken (presentar el examen), si se quiere ser menos dramático. El juego terminó conformándose por mil tarjetas, con un total de seis mil preguntas. Fue un trabajo largo y a veces tedioso (sobre todo a la hora de vaciar las preguntas en la computadora para hacer las tarjetas), pero a mi parecer, valió la pena. Y la verdad, luego de hacer eso, gané admiración por el emprendedor a quien se le ocurrió ese juego en primer lugar.
Pude ver como los ánimos de Momoe iban bajando, ya que tras una hora no había logrado pasar más allá del kilómetro trece, y de esos, cuatro los superó gracias a su buena suerte robando la carta táctica de «avanzo dos kilómetros sin contestar».
Junko, por su parte, se lo estaba tomando personal debido a que Sho la estaba superando, así que se esforzó logrando avanzar hasta el kilómetro veinte (gracias a una pequeña racha de buena suerte robando cartas tácticas que usó para frenarlo). Considerando eso, y el mal desempeño de Momoe, era sorprendente que la ignorancia se hubiera mantenido a raya, estancada en el kilómetro doce desde hacía un buen rato.
Dos horas más tarde, Asuka se coronó ganadora, con Johan a sólo dos kilómetros de la meta, Sho y Rei empatados un kilómetro detrás de él, Junko en el treinta y uno, Momoe en el veintitrés, y la ignorancia en el veinte. La partida había durado tanto debido a que Asuka, Rei y Johan terminaron en una guerra de tácticas (a la cual Sho se veía arrastrado de tanto en tanto cuando lograba adelantar a uno de ellos): arrojándose mutuamente cartas de anular avance, retroceder, robo de preguntas… fue casi como si el juego fuera sólo entre ellos tres (a veces cuatro), dejando a Junko y a Momoe atrás.
—Creo que no había tenido que pensar tanto en años —suspiró Momoe cuando por fin terminó la partida.
—Y eso que Kenichi no aplicó todas las reglas —dijo Sho sonriendo.
Junko y Momoe me miraron con caras de horror.
—Originalmente, sólo podrían pedirme repetir una pregunta dos veces —les aclaré—. Y después de la segunda lectura, habrían tenido veinte segundos para responder antes de obtener un fallo. —Les mostré un pequeño reloj de arena que medía los veinte segundos.
—La próxima vez, usaremos todas las reglas —dijo Rei cruzándose de brazos.
—¿Esto es lo único que hace su grupo de estudios? —me preguntó Momoe—. Debo admitir que fue divertido, en parte, pero no sé si aprendí algo.
—Bueno, la próxima vez será mejor que te prepares con algunas lecturas previas a los libros de texto —le sugerí—. Y no, esto sólo lo hacemos el fin de semana. Es como hacer un examen oral, pero más divertido.
—¿Venden este juego en su tienda? —me preguntó Asuka interesada, mientras examinaba el mazo de cartas tácticas y las tarjetas de preguntas.
Johan respondió por mí: era la única copia existente.
La idea de comercializarlo había estado rondando en la familia, aunque primero tuve que hacer una pequeña búsqueda en internet, descubriendo que el juego en sí no parecía haber sido creado antes en este mundo. Desconozco si alguna versión del autor original existía en este universo, pero incluso si era así, todo parecía indicar que nunca se le ocurrió la idea. O tal vez jamás llegó a conseguir financiación para hacerla realidad.
En todo caso, antes de hacer cualquier cosa con el juego, Pegasus decidió investigarlo más a fondo para asegurarse de que no había ningún registro de copyright en algún lugar del mundo de un juego similar o directamente el mismo. Si resultaba que no existía, mi solicitud fue que se publicara bajo el seudónimo de Schaar Chabat, que en realidad son los apellidos del creador del juego. Esa era mi forma de seguir dándole el crédito incluso si llegaba a ser que no existía en este mundo.
Mientras todo eso quedaba resuelto, decidí hacer esa versión prototipo con el propósito de pasar un buen rato mientras estudiaba con mis amigos
Si el juego era comercializable, la compañía de juegos de Yugi se ocuparía de su versión en japonés (la cual tendría un conjunto completamente nuevo de preguntas y categorías, ya que sería una versión familiar y no para estudiar). Pegasus estaba interesado en distribuir el juego de forma internacional, adaptando el Maratón a cada país en el que se lanzara (considerando que las categorías originales incluyen cultura popular; artes, deportes y entretenimiento; y México).
Ya era tarde, así que nos despedimos, no sin antes recordarles que nos estábamos reuniendo los días que no había prácticas del equipo de duelo en un aula de estudio que pedimos prestada a la escuela. Y que no siempre se trataba de jugar Maratón. El resto de los días sería un trabajo escolar más tradicional, y pesado (considerando todo lo que debíamos cubrir para estar listos para el examen).
—¿Crees que aguanten hasta el final? —me preguntó Johan una vez que se marcharon, refiriéndose a Momoe y Junko. No parecía muy convencido de que esas dos en verdad quisieran esforzarse para pasar sus pruebas por iniciativa propia.
—No lo sé —le respondí encogiéndome de hombros—. Veremos si pueden acomodarse a nuestro ritmo.
—Bueno, la pequeña Rei puede —me recordó.
—Y a diferencia de ella, Junko y Momoe no dominan precisamente bien los temas escolares.
Lo cual en sí era una vergüenza para esas dos: que una niña de quinto grado de primaria las superara (aunque técnicamente ahora iba en nuestro grado). Pero, en fin, todavía no sabía por qué querían estudiar en la Academia si en general eran duelistas promedio.
«Como muchos otros estudiantes de Obelisco», tuve que recordarme.
No restaba más que esperar a ver qué pasaría. El examen sería a mediados de enero, y si querían sacar la nota mínima para tener derecho a los exámenes de ingreso internos de la Academia de Duelos, tendrían que poner todo el esfuerzo que no quisieron durante los tres años de secundaria. Si fallaban, esperaba que al menos tuvieran suficientes puntos para una de las escuelas de duelo menores, o las otras preparatorias privadas con buena reputación.
Incluso con la antipatía que Junko me mostraba a veces, no le deseaba mal. Sólo era una niña, después de todo.
Por otro lado, siempre estaba el riesgo del efecto mariposa. ¿Qué pasaría con toda la trama de la Academia sin ellas allí? Cierto, no eran personajes ni cerca de ser relevantes para cualquier cosa ocurrida en la trama principal (a menos que ser secuestradas por un mono —ni siquiera recuerdo cuál de ellas sufrió ese destino en el anime—, o humilladas durante el torneo por un duelista profesional misógino solo para hacer que Asuka se luzca dándole una paliza, se considere algo más que relleno), pero la teoría del caos seguía indicando que cualquier cambio, por mínimo que fuera, tendría un resultado completamente diferente. Eso si había algo así como los puntos fijos del tiempo al estilo Doctor Who.
Miré a Johan, quien estaba sentado en el sofá jugando con Rubí. Él iba a aplicar para la Academia Central, y no para la Academia Norte. Además, Yubel no había sido enviada al espacio. ¿Qué significaría eso para la trama que conocía? ¿Acaso eso se traduciría en que no habría que lidiar con Cobra en el tercer año?
La realidad, ya no había garantía de nada. Era posible que los años de la Academia fueran completamente diferentes a lo que vi en el anime, incluso cuando el universo parecía gustar de jugar con factores similares, si no es que los mismos. No me quedaba de otra más que no bajar la guardia, y tratar de hacer lo mejor con lo que nos arrojara.
- GX -
Los últimos dos años y medio no fueron del todo malos, pero tampoco los mejores. Puedo admitir que, a pesar de toda la mierda en la que terminé involucrado desde que Kaiba decidió arrastrar a mi familia a la «trama principal», antes me consolaba un poco sabiendo que cada vez que abriera la puerta de mi casa sería recibido por una sonrisa de mi madre, y que mi padre me revolvería el cabello de forma cariñosa cuando llegara del trabajo. Y esos pequeños detalles hacían que todo fuera mejor.
No es que la tía Megumi y el abuelo no fueran buenas personas, y por supuesto que Yugi hacía todo lo posible para hacer que me sintiera bienvenido, pero no era lo mismo. Nunca lo sería. Johan lo entendía en parte, habiendo perdido también a sus padres. Cierto, los míos no estaban muertos, pero a veces no podía evitar pensar que eso habría sido mejor. Les habría llorado, habría pasado por las siete etapas del duelo (de nuevo) y, eventualmente, lo habría superado. Encontrarme con ellos y que sus ojos pasaran sobre mi sin reconocerme (tratándome sólo como «el otro niño huérfano» a quien Yugi adoptó), era mucho peor. Por eso trataba de no estar en casa cuando sabía que ellos iban a estar por allí de visita. No es que no quisiera verlos, pero… no ser reconocido dolía más que no verlos.
Y tampoco era como si la familia pudiera cortar del todo el contacto con ellos. Para mis padres su vida se desarrolló de la misma forma exacta. Es decir, tenían todos sus recuerdos, excepto que yo no aparecía en ellos. Casi como si la Luz los hubiera intercambiado por una versión de otro mundo en el cual yo nunca existí.
Creo que ahora puedo entender cómo se sentía Neville Longbotton en Harry Potter, con sus padres enloquecidos por la maldición de la tortura de forma tan irreversible que no podían siquiera reconocerlo. Aunque no puedo evitar pensar que tal vez más sería más soportable para mí si ellos no estuvieran cuerdos.
En temas más amables, Johan se convirtió en una especie de hermano menor para mí. Compartíamos habitación, durmiendo en literas, lo cual me recordó que hasta los quince años hice lo mismo con mi hermano menor en mi otra vida. Esto me trajo un sentimiento muy nostálgico y familiar, el cual fue de gran ayuda para superar el sentimiento de pérdida que me traía la situación de mis padres.
Pasar tanto tiempo con Johan, me hizo darme cuenta de que no era tan similar a Judai como pensaba que sería al estar predispuesto por las insinuaciones de que ellos eran «como gemelos» del canon y el fandom de la serie. Sí, Johan amaba el duelo casi tanto como él, pero a diferencia de Judai, no parecía respirar eso. También, Johan era más un mentor que otra cosa. Si había algo que el chico disfrutaba más que el duelo en sí mismo, era ayudar a los niños pequeños que llegaban a la tienda a comprar sus primeras cartas. Y vaya que era popular entre los niños pequeños del barrio: siempre llegaban a buscarlo para que les diera consejos sobre el duelo, o a veces sobre otras cosas, como aprender a lidiar con los matones.
Es fácil suponer que, habiendo crecido en un orfanato, Johan estaba más que acostumbrado a lidiar con cosas como matones e incluso debía de haber defendido a un par de niños más pequeños contra ellos. Bueno, esto si es que los orfanatos de verdad son como los pinta la ficción. La verdad, nunca he estado en uno como para saber qué es cierto y qué no. En todo caso, había una especie de acuerdo tácito entre nosotros de no hablar sobre ciertas cosas, y los días de Johan en el orfanato eran parte de eso. Claro, como es de esperarse, a veces Johan relataba alguna anécdota divertida que recordaba de ese tiempo, aunque nunca le preguntaba directamente sobre sus días allí.
Como es de esperarse, Yugi estaba cada vez menos tiempo en Ciudad Domino. Tras obtener su título de arqueología en Todai, un par de años atrás, había comenzado a participar cada vez más en excavaciones dentro de Japón, y en el último año en el extranjero, dejando la administración de su compañía de juegos en las manos más que capaces de su socio: Ryuji Otoji, mientras él ayudaba a los equipos de Pegasus a desenterrar más y más lápidas de piedra para convertirlas en cartas. Por supuesto, la mayoría de dichas lápidas eran las que Pegasus y sus equipos de arqueología ya habían descubierto en el futuro, por lo que el papel de Yugi se limitaba muchas veces a hacer de guía, más que de explorador al estilo Indiana Jones (porque, como dejó ver el flashback del anime en el que el Abuelo relató como encontró el Puzle Milenario, resulta que la arqueología de este mundo se parecía mucho a la de aquellas películas, aunque sin los nazis).
A decir verdad, luego de que Judai y yo finalmente pudiéramos hablar con ellos sobre nuestra idea de proteger a Johan de la Luz mediante la creación del nuevo soporte para las Bestias de Cristal, él mismo fue en busca de la lápida del dragón.
Como resultado, Dragón Arco Iris estaba ahora en poder de Johan, aunque de momento no podía ser utilizado en duelo. Tras escuchar sobre la existencia de su forma como monstruo de Fusión, el majestuoso dragón se había sometido voluntariamente a una especie de proceso de «evolución», la cual parecía incluir pasar algunos años en una especie de trance meditativo dentro de su carta.
Yubel fue quien nos explicó lo que pasaba: las versiones «superiores» de ciertos monstruos nacían debido a procesos como ese. Sin ir más lejos, a ella le tomó algunos siglos aprender que tenía dos formas superiores. A veces, un monstruo de duelo podía existir miles de años sin saber que podía volverse más poderoso.
Ahora que Dragón Arco Iris sabía que existía esa forma superior, era capaz de iniciar un proceso para desbloquearla. En ese sentido, era un concepto metafísico un poco extraño, pero tenía mucho sentido. Saber que algo existe o es posible, incrementa las posibilidades —o en este caso las desbloquea— de lograrlo. Casi como en los días previos a Internet, en los que si no llegaba un amigo a decirte que existía el castillo invertido de Castlevania Symphony of the Night jamás te enterabas y terminabas creyendo, a veces durante años, que el juego acaba tras pasar el castillo normal.
Los Péndulos, bueno eso era un tema aparte. Esa invocación seguía resistiéndose a aparecer en este mundo. A veces deseaba que fuera tan fácil como Yuya lo hizo ver en el primer episodio de Arc-V (dejando de lado el hecho de que la invocación fue creada por su anterior reencarnación).
Por lo pronto, Johan estaba protegido gracias a que Judai consiguió, con la guía de Yubel, despertar la forma Avanzada de las Bestias de Cristal. Y si bien, en un comienzo, Johan no parecía muy convencido de que fuera algo bueno para su familia (si he de ser sincero, yo también tuve mis dudas, considerando la forma en la que aparecieron en la serie), pronto quedó demostrado que la Oscuridad de Judai no lastimaba a las Bestias de Cristal. Era algo más parecido a ponerse una armadura.
Por suerte, las cartas mágicas y de trampa eran más fáciles de crear que los monstruos, en parte porque no implicaban la presencia de espíritus (con excepción de los monstruos trampa), así que Johan pronto recibió un nuevo conjunto de soporte para potenciar su mazo.
Por mi parte, ya había logrado reunir una buena cantidad de soporte para mis zombis. Mi mazo estaba casi al nivel de los Deck zombi que se jugaban en la era 5D's. sólo faltaba hacerme con los cantantes del arquetipo y sus sincronías. Y la verdad, no podía esperar a que Pegasus decidiera que era hora de revelar las cartas blancas al mundo. Esperaba que no se tardara, ya que, si bien entendía que querían ser cautelosos, estaba impaciente por tener un mazo de zombis lo más cercano posible (si no es que igual) al que jugaba en los Tag Force del tres en delante.
Así, las cosas, en general pensaba que estaba listo para superar cualquier cosa que me lanzara la Academia de Duelos (al menos hasta que empezara toda la trama principal y quedara atrapado en la guerra entre la Luz y la Oscuridad). Por supuesto, primero había que pasar el examen estandarizado de enero.
- GX -
Fue un mes de estudio exhaustivo. Para cuando llegó el fin de semana del examen, Junko y Momoe parecían que iban a estallar. Momoe en especial, al grado que llegó a decir que después de ese examen esperaba no tener que ver una ecuación más en su vida.
Sólo tengo una cosa que decir sobre eso último: buena suerte, si lo que leí en el currículo de la Academia de Duelos es la mitad de cierto (y considerando lo que escuché de mi tío Kouji, además de Fubuki, es completamente cierto), este examen era algo pequeño en comparación con lo que le esperaba. Bueno, tenía la esperanza de que si aprobaba esto —y considerando toda la ayuda que Daichi, Johan, Asuka y yo le prestamos a ella y Junko para prepararse— se acostumbrara a perder menos el tiempo para no tener que aprender todo un año de clases, y un poco más, en menos de mes y medio.
—¿Por qué quieren ir a la Academia de Duelos? —me atreví a hacerles la pregunta que había estado haciéndome desde que todo eso comenzó.
Es decir, Momoe y Junko normalmente evitaban el duelo, y aunque animaban al equipo escolar, estaba claro que lo hacían más porque su amiga era la capitana (y antes porque Káiser y Fubuki estaban allí).
—Es la mejor escuela —respondió Junko medio a la defensiva.
Era el viernes justo antes del examen. Nos habíamos reunido una última tarde para una partida final de Maratón. Tenía que admitir que habían mejorado mucho, puesto que en esa ocasión la Ignorancia no llegó ni a salir de la línea de meta.
—La verdad, yo siempre pensé que me gustaría ser como Mai Kujaku: una mujer fuerte que no se deja intimidar por nadie.
Miré sorprendido a Momoe. Y no fui el único. Momoe suspiró.
—Además, insistí tanto a mis padres para que me permitieran intentarlo que no quiero desperdiciar todo el dinero que han invertido en esto.
Eso me tomó un poco por sorpresa. Siempre pensé que Momoe estaba en una mejor situación económica, tomando en cuenta que se daba el lujo de perder el tiempo en Joran. Y la matrícula de allí era accesible en comparación con lo que sería la Academia de Duelos (por más que Seto Kaiba la patrocine, sigue siendo un internado en una isla paradisiaca del océano Pacífico).
Junko se retorció las manos un poco. Y entonces hizo algo que rara vez hacía: sacó su mazo.
—Ser como Mai Kujaku —murmuró—. Yo tenía el mismo sueño. Cuando la vi en Ciudad Batallas, manteniéndose erguida y orgullosa, sin dejarse amedrentar por ningún otro de los duelistas allí… Yo, en ese momento, pensé que me gustaría ser tan fuerte como ella. Creo que esa idea jamás me abandonó. Cuando mis padres me preguntaron a qué secundaria quería ir, no lo pensé dos veces y elegí Joran. Y luego, no sé, el tiempo pasó. Creí que siempre habría más tiempo para trabajar más tarde mientras disfrutaba de las comodidades de estar en una escuela de élite. Cuando el profesor nos recordó el examen, supe que el tiempo se me había escapado. Pero, ya no más.
Terminó dirigiéndonos a todos una mirada llena de fuego. Me di cuenta entonces que la había juzgado mal en muchos sentidos. Durante las últimas semanas me di cuenta de que Junko Makurada no era ni por asomo la niña rica mimada que todo este tiempo pensé que era. Algo que no admití para mismo hasta que la escuché hablar así.
—Creo que es momento de descansar —dijo Johan tras un rato—. Casi son las nueve, y hay que estar en el centro de exámenes a las ocho en punto.
Guardé el Maratón en su caja, mientras el resto de los chicos se despedía. Mañana era un día decisivo para todos, incluso si en esa ocasión no tocaría decidir nuestro destino con el poder de nuestras cartas.
- GX -
Enero se convirtió en febrero, y Joran se volvió inusualmente menos estricta en lo académico. Supongo que es comprensible, con el examen estandarizado para pasar a preparatoria superado, era momento de prepararnos para la siguiente gran prueba en nuestro camino como duelistas: el examen interno de la Academia de Duelo.
Junko y Momoe lo consiguieron, la segunda muy apenas. Y también Rei, quien sorprendió a todos, tanto a nosotros como a los examinadores, al ser la segunda puntuación más alta, por debajo de Daichi, con lo cual la mitad de las condiciones que Kaiba le impuso estaban completas.
Por supuesto, eso no significó que les permitiéramos relajarse. Con lo académico pasado, era hora de centrarnos en el duelo.
Sobre eso… ¡Oh, por Ra! No creo haber visto dos mazos más desastrosos en mi vida. El mazo Harpía de Junko tenía la peor consistencia que había visto en ese deck; y Momoe directamente no parecía tener estrategia alguna. Como habían pasado los exámenes prácticos de Joran con esas barajas es un misterio que bien podría ser llamado milagro. Quizá hasta habría que canonizarlas.
En ese sentido, los dos meses que quedaban hasta el examen interno de la Academia, que se llevaría a cabo en marzo, los pasamos ayudándolas con ello.
Primero, convertir el mazo de Junko en uno más adecuado que aprovechara mejor sus cartas, centrado de momento en beneficiar más a las Bestias Aladas en general que a las Harpías (ya que, en primer lugar, el soporte que tenía de estas no era el suficiente para hacer de su mazo uno exclusivo para dicho arquetipo).
Segundo, ayudar a Momoe a entender que no puede meter una carta al mazo sólo porque se ve «linda», al menos no sin asegurarse de que tenga consistencia con el resto de la baraja. Deseé que ya hubieran Magidulces en el juego, creo que es un Arquetipo con cartas lo suficientemente lindas como para que Momoe quiera usarlas sin quejarse. Por qué sí, con Momoe poniendo las cosas tan complicadas a la hora de sugerirle que sacara tal o cual carta de su mazo, no me quedó más remedio que buscar una estrategia que pudiera aprovechar todas sus cartas Hada vainilla de nivel bajo que metía sólo por «lindas, graciosas y divertidas». (Sus palabras, no las mías.) Así pues, le di una solución: «Mokey Mokey». Lo siento por usar tu mazo insignia, Mokeo, pero era una situación desesperada.
Claro, Momoe no estaba muy feliz con tener que sacrificar a sus lindas hadas para que sus «Mokey Mokey» se volvieran imparables (al menos mientras no le tiraran una trampa que lo frenara o lo destruyera al atacar). Y esto me llevó a descubrir algo, resulta que no son cartas fáciles de encontrar.
En fin, al menos ahora todos estábamos listos.
Era la hora de la verdad: el canon de GX, si es que quedaba algo de él tras todo lo ocurrido los últimos siete años, estaba a unas cuantas horas de comenzar.
Dioses, esperaba que estuviéramos listos.
