Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Libro III

Capítulo 26


Umi

[Mágica/Campo]

Todos los monstruos Pez, Serpiente Marina, Trueno y Aqua en el Campo ganan 200 ATK/DEF, y además todos los monstruos Máquina y Piro en el Campo pierden 200 ATK/DEF.


Las dos semanas de vacaciones antes de tener que tomar el ferri a la Academia pasaron más rápido de lo esperado. Judai, Haou y Edo se quedaron en Ciudad Domino, hospedándose en el penthouse del hotel que Pegasus compró en la ciudad para uso exclusivo de sus empleados y sus familias. Considerando los constantes viajes que sus empleados debían hacer a la ciudad por cuestiones de negocios, al igual que el mismo Pegasus (su principal socio tenía su sede allí después de todo), resultó lo más cómodo y económico para su empresa comprar un hotel en la ciudad que estar buscando reservaciones cada vez que era necesario (en especial durante fechas tan importantes como lo era la Golden Week, o la temporada de torneos navideños).

Y aunque Haou, fiel a su costumbre, casi no se dejó ver por la ciudad esos días, Judai parecía no querer perder un solo segundo del tiempo que por fin podía pasar con todos sus amigos, bueno, con excepción de Daichi, quien decidió volver a Yokohama, su ciudad natal para estar con su familia. Su decisión de estudiar en Joran se debió a su nivel académico, y para él fue una suerte de internado, ya que durante los días de clases se quedaba en una residencia de estudiantes que la escuela tenía en la ciudad para aquellos alumnos que asistían desde otras partes del país. Volvería el viernes, justo un día antes de partir. Eso sí, se las arregló para arrastrar a Edo, quien tendía ser un poco más accesible que Haou, aunque aun así era alguien reservado.

Hablando de Edo, su actitud era por mucho más relajada de lo que recuerdo del anime. Puedo decir que tener a Pegasus como tutor en lugar de a DD le sentó muy bien. Lo cual es obvio. Más allá de todo lo que Pegasus hizo originalmente en el anime y en el manga bajo la influencia del Ojo Milenario, cuando este aún estaba contaminado por la influencia de Zorc, era un hombre que se preocupaba genuinamente por Edo, y también por Judai y Haou. Y por supuesto, a diferencia de lo que DD habría hecho, él no alimentó los deseos de venganza de Edo. Como resultado, al duelista de los Héroes del Destino, a pesar de todo lo que había pasado, se le había permitido ser un niño y ahora un adolescente normal. Y aunque seguía siendo un duelista formidable, sus aspiraciones profesionales iban por otro lado.

En cierto sentido, la Academia de Duelos era más parecida a una universidad para duelistas que a una escuela preparatoria. ¿O quizá puedo decir que era una suerte de Instituto Técnico? En todo caso, además del curso para ser Duelista Profesional (el más solicitado de todos), daba muchos otros relacionados con el mundo del duelo. Entre ellos, diseño de cartas. Pues bien, Edo estaba optando por este último sobre el glamuroso mundo del duelo profesional.

Retomando mi historia, esas dos semanas fueron un ir y venir continuo entre diversos eventos de duelo en la ciudad, además de días enteros en Kaibalandia, e incluso una pequeña escapada de fin de semana a Tokio. Ese último viaje lo disfruté mucho, como casi todos los que hacíamos allí.

El problema de haberme mudado de Tokio a Ciudad Domino con sólo siete años, casi ocho, fue que no pude disfrutar de la Megalópolis que es dicha ciudad como se debe. Si bien en mi infancia visité algunos puntos emblemáticos como la Torre de Tokio o el edificio de Fuji TV, jamás pude recorrer otros sitios como Shibuya o el legendario barrio de Akibahara. Principalmente porque era un niño, y por más que la situación económica de mi familia era un poco por encima del promedio, eso no quiere decir que mis padres fueran a gastar mucho en videojuegos. Pero, ahora con quince años, y habiendo ahorrado una buena cantidad de dinero, tanto por trabajar en la tienda del abuelo, como de lo que mi tío Kouji insistía en enviar para manutención y los regalos de los abuelos, tenía más que suficiente para ir a la caza de algunos videojuegos. E incluso cuando muchos de los juegos de ese mundo eran prácticamente parodias de juegos que conocí en mi mundo original, había muchos otros (la mayoría de Konami y empresas afines o que directamente absorbió) que eran tal cual los recuerdo.

Así pues, terminé ese fin de semana haciéndome con copias más que decentes de juegos de NES, SNES, PC Engine, y otras consolas retro, entre los que estaban la serie Contra, Sunset Riders, los Metal Gear originales, Frogger, además de completar mi colección de The Endless Fantasy; pero, para mi consternación, ni Gradius ni Castlevania existían como tales en este mundo. (El primero por ser parte del Duelo de Monstruos, y el segundo, bueno, iba más o menos por allí…). Además, me las arreglé para convencer a Fubuki, quien ya tenía edad para comprar juegos más maduros, para que adquiriera por mí un Silent Hill perfectamente sellado en su caja original (y como disfruté el abrirlo). Para mi mala suerte, tampoco había Resident Evil. Bueno, no podía haberlo cuando ni siquiera había un CAPCOM como tal (así que tampoco había Street Fighter, Megaman, ni ninguna otra de sus emblemáticas franquicias).

Junko y Momoe se unieron a nosotros la mayor parte de las vacaciones. La primera argumentaba que lo hacía porque no era correcto que una joven respetable como Asuka fuera por allí rodeada por tantos muchachos. Momoe no se molestó en ocultar la verdad: quería estar cerca de Fubuki, Johan, Edo y Káiser.

Por supuesto, mientras nosotros estábamos ausentes disfrutando de nuestro tiempo libre antes de ir a la Academia, la prensa del mundo del duelo se había convertido en un hervidero amarillista y de rumores. La presencia de Pegasus en el examen de ingreso levantó muchas cejas. Por supuesto, era normal considerando que Edo, su heredero legítimo, se presentó al examen; pero también estaba el hecho de que lo habían visto llegar no solo con su hijo adoptivo, si no además con los gemelos Yuki.

El «accidente» donde murieron los padres de Judai fue motivo de gran revuelo en la prensa japonesa, en especial por la forma «misteriosa» en la que sucedió el incidente. Dicho sea de paso, descubrí que la familia Yuki no era precisamente una familia mal posicionada en la alta sociedad japonesa, lo cual debí suponer: en el canon Judai pudo pagar la Academia y, tras graduarse, irse de trotamundos aparentemente sin necesidad de preocuparse por el dinero. Debido a esto, la aparición de Judai y Haou con Pegasus durante los exámenes levantó algunas sospechas. Pronto algunos periodistas serios hicieron su trabajo y destaparon la cloaca. Ahora, los familiares restantes de los gemelos eran el blanco del juicio social, y había quienes presionaban por una acción legal más contundente sobre ellos, en especial cuando se supo el cómo intentaron despojar a dos huérfanos para dejarlos en la calle, y como una acción rápida por parte de los abogados de Pegasus y Kaiba lograron evitar esto.

Con las cosas desarrollándose de esa manera, uno de los motivos por los que ninguno de nosotros queríamos dejar solo a Judai, era para evitar que cualquier miembro poco ético de la prensa fuera a intentar llegar a él. No es que algunos no lo intentaran, pero cuando tienes espíritus cuidando tu espalda, las cámaras y los micrófonos tienden a estropearse, y los neumáticos a reventarse o quedarse sin aire sin un motivo aparente.

Durante esas semanas, cuando no estábamos disfrutando de actuar como adolescentes normales, gran parte de lo que hacíamos era hablar sobre lo que esperábamos de la Academia de Duelos. Para nuestra decepción, Fubuki y Ryo se negaban a hablar al respecto. De hecho, me sorprendió que la información sobre la Academia de Duelos fuera de hecho muy hermética, aunque supongo que no debió sorprenderme considerando lo aficionado que era Kaiba a mantener secretos.

Lo poco que se sabía sobre la Academia era que había un sistema basado en dormitorios inspirado por las tres Cartas de Dioses Egipcios, y aunque para mí (y los que sabían los detalles de mi vida pasada, o al menos algunos) no era una novedad, la implicación de Yugi sobre un cambio de sistema, respecto a lo que había conocido por el anime, seguía molestándome. El hecho de que Fubuki simplemente sonriera de forma enigmática cada vez que le había preguntado, y que Ryo insistiera en que era algo que debíamos ver por nosotros mismos, sólo incrementaba mis sospechas.

—En todo caso, sólo espero estar en Osiris —dijo Judai en una de esas ocasiones.

Asuka lo miró de forma inquisitiva. Ryo y Fubuki intercambiaron una mirada cómplice. Estábamos en Burger World disfrutando de la cena después de haber pasado todo el día en Kaibalandia.

—Aniki, todavía no sabemos cómo funciona eso —le recordó Sho, mirando al Káiser de reojo, quien simplemente se limitó a sorber de su refresco como si no captara la indirecta de su hermano menor.

Debo que admitir que cuando Seto Kaiba quería ocultar algo, no había forma de destaparlo. Y no pude evitar sentir que a este mundo realmente le faltaba sentido común. Es decir, en mi otra vida, nadie habría aceptado enviar a sus hijos a una escuela-internado en una isla en medio del océano, de la cual no se revelaban detalles tan básicos como lo es la forma en que su sistema de dormitorios funciona. Claro, tendía olvidar que este era un mundo loco en el que terroristas y asesinos aceptaban el desafío a un juego de un adolescente, cuando bien podían simplemente dispararle.

—Sólo tengo un presentimiento —las palabras de Judai me hicieron volver a la realidad—. Además, los uniformes de Osiris deben ser los más geniales.

—El azul tampoco es un mal color —comenté, antes de llevarme un puñado de papas fritas a la boca.

Judai me miró como si lo hubiera traicionado.

—No sabemos ni siquiera como son —nos recordó Asuka.

Fubuki se rio por lo bajo. De verdad, era sorprendente la capacidad de Kaiba de ocultar al público todo lo que tenía que ver con la Academia de Duelos, incluso cosas tan aparentemente insignificantes como lo era el diseño de los uniformes.

—Lo descubrirán el próximo domingo —nos recordó Fubuki.

—En todo caso, si de verdad los uniformes llevan los colores de los dioses, no quisiera estar en Ra.

Fubuki parpadeó un poco ante eso.

—¿Qué quieres decir, hermanito?

—Bueno, no soy fan de ese amarillo mostaza que tiene el marco de la carta de Ra.

—¿Amarillo mostaza? —repitió Momoe con horror.

—¿Desde cuándo te preocupas por cosas de moda? —me cuestionó Junko entrecerrando los ojos con sospecha.

—Desde nunca. Pero, andar por allí con un uniforme de ese color, no sé, sería como tener un blanco sobre ti.

En serio, creo que sólo el mono naranja de Naruto me parece peor que el uniforme de Ra.

—Es como si pensaras que alguien podría atacarte —comentó Asuka un poco extrañada.

Intercambié una mirada con Judai, y luego me encogí de hombros.

—¿Cómo estás tan seguro que el color de la carta de Ra es amarillo mostaza? —me cuestionó Junko de pronto.

Entonces recordé un detalle. La gente sabía que las cartas de dioses tenían patrones de colores únicos, específicamente Rojo, Amarillo y un Azul un poco más fuerte que el de los rituales, pero en realidad nadie tenía constancia de que tonos exactos eran. No había fotografías como tales de las cartas, sólo de sus hologramas. Pegasus y Kaiba habían sido muy cuidadosos al respecto, sabían lo que podía pasar si alguien intentaba falsificar a los dioses, no querían arriesgarse a que alguien supiera exactamente como eran esas cartas.

—¡Las has visto! —dijo de pronto Junko.

Casi me caí de la mesa. Las miradas de todos estaban puestas ahora sobre mí. Sólo Johan, Fubuki y Judai no estaban sorprendidos ante tal deducción errónea.

—¡No! —negué de inmediato.

—Has estado viviendo con Yugi durante años —dijo Junko claramente sin creerlo—. Has tenido muchas oportunidades para ver el mazo de Yugi, incluyendo a los dioses.

Había mucha especulación sobre las cartas de dioses. La historia oficial era que todavía estaban en poder de Yugi, ya que no podía simplemente ir a la prensa y decir: «Si, bueno, las cartas desaparecieron cuando el Faraón cruzó a la Otra Vida, y los espíritus de los dioses descansan de nuevo en una vieja losa de piedra al cuidado de un antiguo clan de guardianes de tumba de Egipto».

—No te creo —replicó Junko cruzándose de brazos.

—Kenichi no está mintiendo —intervino Johan.

—Junko, ¿piensas que voy por allí espiando los mazos de otros duelistas?

—Lo haces en un duelo.

Suspiré exasperado.

—Por última vez: toda carta que esté boca arriba, sea en el campo, cementerio o en el destierro, es pública y puedes revisarla en cualquier momento.

Junko resopló con fastidio.

Era exasperante y la verdad estaba cansado de tener esa discusión. El hecho de que la gente en este mundo no se tomara la molestia de hacer cosas tan simples como revisar el cementerio de su adversario ante cualquier carta sospechosa, o simplemente leer las cartas, no significaba que yo no fuera a hacerlo. Es decir, no era ilegal. Y, por suerte, todavía no llegábamos al punto de los tres o cuatro efectos con mil restricciones que te hacen pensar: «Mucho texto, voy a decir que hace de todo y me arriesgare a estamparme».

—Creo que es hora de irnos —dijo de pronto Johan. Habíamos terminado nuestras hamburguesas, así que nadie se quejó. De todas formas, eran casi las nueve de la noche, así que era mejor volver a casa antes de que la tía Megumi se preocupara.

Judai suspiró un poco decepcionado, antes de sonreír y asentir con la cabeza de acuerdo con Johan.

Nos despedimos en las puertas de Burger World prometiendo encontrarnos al día siguiente.

- GX -

A diferencia del resto de las vacaciones, el viernes no pasamos todo el día juntos, salvo para recibir a Daichi en el aeropuerto y comer todos juntos. Por la tarde, cuando Johan y yo regresamos a la casa del abuelo, Judai vino con nosotros. La razón principal para no reunirnos el último día, fue darnos un tiempo para asegurarnos de que no olvidábamos nada de lo que llevaríamos a la Academia. Siendo que de todos nosotros Judai era el más distraído en esos temas, me pareció un poco extraño que estuviera muy relajado.

—¿No vas a empacar? —le pregunté.

Estábamos en la habitación que compartía con Johan. Judai nos hacía compañía mientras revisábamos por última vez que no estuviéramos olvidando algo. Sobre la cama de Johan, que era la litera de arriba, Zombino y Zombina se divertían jugando con Kuriboh Alado y Rubí.

—Lo hice hace semanas. No me he molestado en desempacar desde que llegamos para el examen. Si no desempaco, no puedo perder nada.

—No puedo discutir nada contra esa lógica —repliqué mientras Johan se rio en voz baja.

—Por cierto, hablé con Fubuki para que me confirmara algo sobre la Academia.

Johan soltó un grito ahogado, mientras Judai me miraba con la cabeza inclinada en un gesto de curiosidad.

—¿Lograste sacarle algo? —me cuestionó.

—No, sólo quería saber si cierto lugar existe: el Pozo del Descarte. —Johan parpadeó en confusión, así que le expliqué—: Es un viejo pozo de agua seco en el que los estudiantes se deshacen del «cascajo».

—¿Cascajo? —me preguntó extrañado.

—La «basura» —aclaré haciendo las comillas con los dedos. Había usado la palabra en español, ya que mentalmente era así como llamaba a las cartas sobrantes.

Johan frunció el ceño en forma descontenta. No era realmente una novedad para él, ya que, a lo largo de los años, habíamos rescatado muchas de esas cartas de la basura. Incluso llegué a obtener un set completo de «Niwatori» de esa manera (y había comenzado a armar una baraja de Niwatori para evangelizar a los infieles de este mundo en la verdad sobre el único e indiscutible Dios del OTK). Judai simplemente soltó el aire en un suspiro triste. Yubel, quien hasta el momento se había mantenido rondando de forma invisible, apareció recargada en la puerta con los brazos cruzados.

—¿Qué estás planeando? —me preguntó Judai.

—Una misión de rescate: ir al pozo y sacar a todas esas pobres cartas de allí.

Vi sus miradas iluminarse ante esa idea. Sabía que algunas de esas cartas llevaban años allí, ya que Fubuki me confirmó (tras preguntar a uno de sus profesores) que el pozo comenzó a ser usado de esa forma casi desde que la escuela abrió, lo cual me hizo sentir mal. Había aprendido que las cartas, con espíritus o no, tenían cierto grado de «vida». Abandonar las cartas de esa manera, era como abandonar a un cachorro o incluso un bebé.

—¡Muy bien! —aceptó Judai mientras cerraba el puño con decisión—. Hay que decírselo al resto de los chicos. Estoy seguro de que querrán ayudarnos.

De pronto, pareció como si algo lo hubiera golpeado, ya que su semblante decidido cambió a una expresión preocupada.

—Si hacemos eso, ¿qué hay de Manjoume? Él va a necesitar esas cartas.

Sí, había pensado en eso. Sin el Pozo del Descarte, Manjoume no habría podido construir el Deck con el que pateó el trasero de su hermano delante de toda la escuela; pero, tampoco estaba seguro de que eso fuera a suceder de nuevo. La familia de Jun había estado en los titulares de prensa un par de veces en los últimos años. En especial por el escándalo que significó el divorcio de sus padres, y el posterior arresto de su padre, Daiki Karasuno, acusado de haber intentado asesinar a su esposa. Desde entonces, Misae Manjoume había tomado el control de la empresa familiar, y con eso, los hermanos mayores de Jun prácticamente habían desaparecido del ojo público, lo más probable relegados a una posición menos glamurosa dentro de la compañía familiar.

En mi otra vida, me había importado poco lo que pasaba con los escándalos sociales de las familias que controlaban las grandes empresas, pero en este mundo cuanta más información tuviera, mejor. La información es poder, y en una guerra es especialmente cierto. Era necesario estar al tanto de cosas como esa, que afectaban de forma directa a los implicados en dicha guerra.

—¿Tiene que ver con eso de la otra línea del tiempo? —nos preguntó Johan.

Tras todo el incidente de hacía tres años, Judai había decidido ser honesto con él. De igual forma, le dije sobre mi conocimiento de cartas debido a mi condición de viajero desde otro mundo (vivíamos bajo el mismo techo, mantener un secreto así habría sido muy estresante), aunque no precisamente todos los detalles, en especial la forma, en que obtuve toda la información sobre ese mundo. En lo que a Johan respectaba, la magia que me trajo a este mundo fue la que me dio ese conocimiento.

—Sí —le respondió Judai—. Uno de los hermanos de Jun Manjoume intentó apoderarse de la Academia Central mediante una apuesta con Seto Kaiba. La condición era que su hermano menor debía enfrentarlo y ganarle con un mazo que no tuviera monstruos con más de 500 puntos de ataque.

—Y los consiguió en ese pozo —comprendió Johan—. Claro, si rescatamos esas cartas…

—No cambiará nada —dije con mucha seguridad—. Si Jun necesita de nuevo esas cartas, podemos dárselas. En realidad, le estaríamos ahorrando el tener que bajar él mismo a conseguirlas.

—Cierto —estuvo de acuerdo Johan—. Pero, deberíamos hacer algo más, me refiero a hacer algo más respecto al pozo. Podemos rescatar las cartas, pero la gente seguirá haciendo lo mismo: arrojándolas allí.

Eso era cierto. Volví a pensar que las cartas eran como un cachorro.

—Eso puede resolverse con una campaña de recolección. «Obtuviste una carta para la que no tienes uso, dónala». Incluso poner un buzón, de forma similar a los que hay en los hospitales, en dónde la gente pueda darlas en adopción de forma anónima. Como último recurso, podríamos recomprarlas a precios reducidos. Si pueden recuperar aunque sea un poco de lo que gastaron, preferirán eso a ir y tirarlas en un pozo perdido en el bosque. Si luego resulta que alguna carta de las que se deshicieron se vuelve muy OP, es su pérdida, no la nuestra.

Yubel había permanecido en silencio durante todo ese tiempo, aunque estaba más que claro que no le gustaba lo que estaba oyendo.

—Hablas como si tuvieras experiencia en esto —me dijo de pronto.

—No precisamente así, pero solía comprar «cascajo». En mi otra vida, cuando decidí volver a coleccionar cartas, era más barato comprar los sobrantes a los duelistas competitivos que ir a la tienda y comprar productos sellados.

»Allá los duelistas, digamos, profesionales, acostumbraban a comprar cajas enteras de productos. Abrían los paquetes, sacaban lo que ocupaban o podían vender a costos altos, y el sobrante lo vendían por internet. Era normal encontrar anuncios de «cien cartas al azar por diez dólares». Así me hice de muchas cartas, ya que llegó a un punto en que cosas como "Fuerza de Espejo", "Monstruo Renacido", "Mago Oscuro" y (no le digan al señor Kaiba, o buscará la forma de ir a aquel mundo para darles una lección a todos) "Dragón Blanco de Ojos Azules" se vendían como cartas comunes, o igual en rarezas altas, pero con tirajes tan grandes que terminaban dentro del "cascajo".

Sentí ganas de reír al ver las miradas de horror de Judai y Johan.

—¿Tenías un «Dragón Blanco de Ojos Azules»? —me preguntó Johan sin terminar de creerlo.

Todos tenían al menos uno de esos, y un «Mago Oscuro», y un «Dragón de Polvo de Estrella», y… Supongo que se entiende. Salían como churros en los productos de aniversario. Aunque, nunca supe si era verdad la leyenda de que existía un mazo de Ojos Azules que no brickeaba. Posiblemente sólo era un cuento para engañar a los incautos.

—¿«Dragón de Polvo de Estrellas»? Nunca he escuchado de esa carta.

Me mordí la lengua tras escuchar el comentario de Johan. Ocultar ciertas cosas era más fácil cuando la Oscuridad dentro de mí se comportaba como un perro con correa debido al juramento de servidumbre.

—Era una carta que había allá, pero no aquí —me apresuré a decir—. Era… una staple que todos tenían. Tal vez con el tiempo salga aquí también.

Saqué mi teléfono y revisé la hora.

—Son casi las ocho, tal vez debamos irnos a descansar.

Nos esperaba un día largo: debíamos estar a las ocho de la mañana en el puerto si queríamos un buen lugar en el ferri, y luego de eso serían veintiséis horas en el mar camino a la Academia. Además, esa era una buena excusa para no tener que aclarar muchos detalles sobre Polvo de Estrellas.

Y, como si fuera el universo echándome una mano, la tía Megumi nos llamó para que bajáramos.

Pegasus estaba allí, pues había ido a recoger a Judai para llevarlo de regreso al hotel.

—¿Tienen todo listo para mañana? —nos preguntó.

—Revisamos tres veces —dijo Johan con una gran sonrisa—. Todo está más que listo.

Pegasus pareció más que satisfecho con esa respuesta.

—Eso me recuerda —dijo de pronto sacando un pequeño paquete de su bolsillo—. El equipo encargado del desarrollo de las nuevas cartas me entregó esto hace unas horas.

Le tendió el paquete a Johan. Rubí apareció sobre su hombro maullando con interés. Yo mismo sentí una pequeña oleada de poder que venía del paquete. Se sentía… extraño, como la propia oscuridad que habitaba dentro de mi alma, pero a la vez muy diferente. Casi como si fuera una evolución de eso.

—Costó un gran esfuerzo hacer que fueran funcionales. Por suerte, las Bestias de cristal estaban allí para ayudarnos. Ahora, para usarlas correctamente, debes aprender algunas reglas nuevas, que estoy seguro Kenichi podrá enseñarte.

Esto me llamó más la atención. ¿Acaso Pegasus hablaba de…?

—¿Regla Maestra Tres o Cuatro? —le pregunté.

—La cuarta —me respondió con voz jovial, luego volvió a dirigirse a Johan—. Recuerda: son sólo para una emergencia. Úsalas sólo en el caso más extremo de peligro, como sucedió hace tres años, y no dejes que nadie que no sea de confianza las vea.

Miré a Judai, quien asintió con decisión.

Él y Pegasus se despidieron de nosotros.

Media hora más tarde, cuando estábamos preparándonos para dormir, Johan seguía contemplando el paquete todavía sellado.

—¿Vas a abrirlo?

Parpadeó un poco, antes de mirarme.

—No sé si debo. Es decir, sé que el señor Pegasus no me habría dado nada peligroso; pero, algo dentro de mí…

—Johan, si todo lo que aprendimos es cierto, fuiste tocado por la Luz. Yo la he enfrentado, y no es agradable. Es horrible. La Luz intenta tomar lo más preciado que tienes y retorcerlo para que te vuelvas contra eso. El señor Pegasus, Yugi, y también Judai, trabajaron duro para crear estas cartas y protegerte de su influencia.

Johan asintió. Respiró profundamente, y luego abrió el paquete. Tal como esperaba, dentro había dos Monstruos Péndulo: «Cuidador del Cristal», en la cual se podía sentir de forma ligera la presencia de las siete Bestias de Cristal, y «Amo del Cristal», de la cual emanaba un poco del poder de la Oscuridad, y las esencias combinadas de Judai y Yubel.

Estas cartas representaban a la familia de Johan, y su voluntad para protegerlo y que nunca más cayera bajo el poder de la Luz de la Destrucción.

Johan miró las cartas con un gesto muy confundido.

—Son Péndulos —le aclaré—. Es un tipo nuevo de carta, y de invocación, que había en mi mundo. El señor Pegasus lleva años tratando de replicarlos para este mundo.

Durante la siguiente hora, le expliqué el funcionamiento de las cartas, con todos los ejemplos que pude pensar para dejar claro cómo se usaban. Por fortuna, Pegasus había agregado un poco de soporte genérico para Péndulos.

- GX -

La Isla Academia, como todo aquel que vio el anime sabe, se encuentra en una Isla volcánica del Océano Pacífico. Lo que no se sabe es su ubicación precisa. Pues bien, está dentro de Japón. Más específicamente, en el archipiélago de las islas Ryukyu, dentro de la prefectura de Okinawa, justo entre la isla homónima y la isla de Miyako. Eso significaba que eran aproximadamente veintiséis horas de viaje en ferri desde Ciudad Domino hasta la Academia.

Siempre había pensado que eso del mareo en barcos era algo de la ficción, hasta que estuve en uno por más de treinta minutos.

—Es increíble, ¿cómo puede un japonés marearse en un barco? —me preguntó Fubuki con diversión en la voz.

—Nunca tuve necesidad de viajar en uno —repliqué, antes de tener que agacharme para respirar en la bolsa cliché para mareos.

—Es más común de lo que se piensa —respondió un profesor que pasaba por allí. Procedió a recomendarme que tomara un refresco de cola y que me mantuviera ocupado. Al parecer, el mareo en el mar era más una cosa psicológica que física. Simplemente debía dejar que mi mente se acostumbrara al movimiento de las olas.

El ferri era un barco impresionante, como se esperaba de algo que pertenecía a Corporación Kaiba. En cierto sentido, el barco era como un pequeño crucero, en el que cada curso ocupaba una clase inversa: los de tercero en primera clase y así respectivamente. Debido a esto, los de primer ingreso, sin importar que tan poderosas y ricas que fueran sus familias, estábamos atrapados en el equivalente a tercera clase. Algunos (Torimaki y Mototani) no se tomaron bien esto.

—Me sorprende que esos dos pasaran —comenté.

—Supongo que todos tienen un poco de suerte algunas veces —me respondió Sho, quien se unió a mí y Fubuki cerca de la máquina de refrescos.

Las zonas comunes estaban abiertas para todos. En el salón principal del barco se habían montado mesas similares a las que se usaban en los torneos infantiles, y ahora mismo muchos duelos se estaban llevando a cabo de la forma tradicional. Sorprendentemente, una pequeña fila se había formado para desafiar tanto a Judai como a Edo. Era más que obvio que ya todos allí se habían enterado de que Judai estaba bajo la protección de Pegasus.

Haou, bueno, él andaba en lo suyo en algún otro lugar del barco.

—¿Cuántos duelos lleva Judai hasta ahora? —le pregunté.

—Creo que unos diez —me respondió Sho.

—Bueno, creo que yo iré a buscar a Ryo —dijo Fubuki—. Seguro se está divirtiendo con las chicas sin mí.

—Difícil. A diferencia de ti, no es un pervertido.

Fubuki me miró e hizo un gesto exagerado, como si lo hubiera herido de muerte.

—Ah, como eres malo, hermanito. De verdad, debes dejar de escuchar a Asuka.

Se fue. Terminé mi refresco y arrojé la lata al basurero.

—Tal vez debamos unirnos a los duelos. De todas formas, el profesor dijo que lo mejor era mantenerme ocupado para evitar el mareo.

Sho asintió de acuerdo y fuimos a buscar una mesa vacía para enfrentarnos.

La impaciencia estaba en el aire. Quienes no jugaban conversaban con una mezcla de nerviosismos y expectación sobre lo que les esperaba en la Academia. También había muchos que estaban intercambiando cartas.

Nadie llevaba aún sus uniformes, ni siquiera los alumnos de los grados superiores. Eso me hizo preguntarme si serían muy incómodos. Personalmente, no me atraía la idea de usar una chaqueta en el clima tropical de Okinawa.

Mientras recorría el salón en compañía de Sho, traté de prestar atención a las personas que me rodeaban, para ver si podía reconocer a alguno de los personajes secundarios, o incluso episódicos, que aparecieron a lo largo del anime; y tal vez alguno que apareciera en videojuegos como los Tag Force. Tras un par de minutos, simplemente me rendí. Había demasiadas personas. Tenía sentido, la Academia de Duelos era enorme. Sería absurdo que hubiera sólo unos cien estudiantes como aparentaba por el anime y los juegos. Tal vez habría mínimo unos quinientos o seiscientos.

—Parece que Rei se está haciendo de una reputación —comentó Sho de pronto.

Miré hacia una de las mesas, dónde un grupo de estudiantes mayores parecían estar muy frustrados porque Rei estaba pateando el trasero de todos con un mazo luminoso.

Pegasus se lo había obsequiado como premio por pasar en el examen. Aunque creo que más bien fue por lograr superar la apuesta con Kaiba. Y debía admitir que, para ser un arquetipo en etapas de prueba, Rei se había ajustado muy pronto a su uso. Cuando obtuviera su soporte del Deck Extra sería muy fuerte. O podría mezclarlo con otra cosa. Los Luminosos son, de forma muy representativa, como el color blanco: pueden usarse con prácticamente cualquier cosa.

En general, el duelo se había vuelto un poco extraño. Había muchos arquetipos nuevos para este mundo, y los jugadores estaban tratando de encontrar la mejor manera de sacarles provecho, y por lo mismo había muchos que estaban comenzando a murmurar que era como si al juego le hiciera falta algo. Y no faltaban quienes teorizaban que Ilusiones Industriales estaba preparando el camino para algo realmente grande.

No les faltaba razón. Era un poco como jugar en Duel Links: tenías cosas como Inzektor y Magidulce, pero no podías explotar todo su potencial porque faltaban sus monstruos del Deck Extra.

—Algunos de ellos se están frustrando —dije. Podía entender el porqué: eran adolescentes en crecimiento, y de pronto llegaba esta niña que debía estar en primaria, y les ganaba a todos usando un arquetipo nuevo. Debían sentirse muy humillados, y eso podía acabar mal para Rei.

Esto fue especialmente obvio cuando uno de los chicos mayores pareció no poder contenerse y estuvo a punto de soltarle un golpe.

—¡Joven Kuroba! —la voz de una mujer hizo que el chico se detuviera—. Si no puede soportar perder un duelo, tal vez debería elegir una mejor opción de carrera.

El chico, mitad asustado y mitad tomado por sorpresa, terminó disculpándose con Rei. No sin antes recibir la noticia de que estaría cumpliendo un castigo en cuanto el ferri atracara en la Isla.

La profesora era una mujer que me resulto muy conocida, y por el jadeo de Sho a mi lado, él también la reconoció. La larga cabellera hasta la cintura, y el uniforme similar al que usaban los examinadores del examen práctico, aunque en color rojo, fueron suficientes para que supiéramos quien era ella.

—Profesora Midori —la llamó Sho mientras se acercaba.

La mujer, quien se había quedado donde estaba para asegurarse de que no se repitiera el mismo incidente de antes, se giró al escucharlo. Por un momento, la sorpresa llenó su mirada, antes de que una sonrisa se dibujara en su rostro.

—Sho, Kenichi —nos reconoció—. Han crecido mucho.

Era obvio: habían pasado casi siete años desde que la vimos por última vez, cuando terminó el curso de segundo de primaria.

—Es un placer verla de nuevo, profesora —la saludé por mi parte.

—Es bueno ver que hayan sacado provecho a sus clases en Joran. Sé que no es una escuela fácil. Espero que al menos allí se haya aburrido menos que en las mías.

Me sonrojé un poco ante esas palabras.

—¿Era tan obvio?

Ella simplemente me sonrió.

—Tal vez el sistema de educación japonés no era el adecuado para ti. —Se puso sería un momento—. Pero eso significa que no voy a dejar que te relajes en mi clase. Bueno, tengo trabajo que hacer. Si no nos vemos más por aquí, los veré en la ceremonia de apertura. Saluden a Judai y a Haou de mi parte, ¿quieren?

Miré un momento como la profesora se alejaba, revisando entre las mesas que no hubiera más incidentes como el que pasó en la mesa de Rei. La idea tardó un momento en plantarse en mi cabeza. Midori Hibiki era profesora en la Academia, y por su uniforme era más que obvio de que dormitorio era directora. ¿Significaba eso que Daitokuji no estaba? Si fuera el caso, ¿qué implicaciones tenía para la línea del tiempo? Podía estar muerto, o aparecer directamente como Amnael. Y esto último significaría que tal vez no podríamos salvarlo. Algo que no le sentaría bien a Judai. Por los pocos detalles que pude obtener de sus viajes con el espectro de su ex profesor, el hombre prácticamente ocupó el lugar de un verdadero padre para él.

O, quizá, podía significar otra cosa. Que el primer año (o tal vez el tercero), no sería como en el anime. Podría ser que tendríamos que lidiar con Tragoedia.

Saqué el teléfono y envié un mensaje al grupo privado que tenía con Judai, Haou y Fubuki: «Surgió algo. Reunión. Lo más pronto que se pueda».

- GX -

Veintiséis horas en el ferri, y ni una sola vez hubo tiempo de estar los cuatro solos. Fubuki no pudo cancelar sus citas, Judai estuvo tan ocupado con los duelos durante todo el día, que ni siquiera revisó su teléfono hasta que ya eran más de las nueve, y los profesores mandaron a todos a dormir.

Y, de todas formas, posiblemente Haou no estaría muy contento. No tenía muy claros los acontecimientos del manga de GX, porque sólo leí un resumen en la Wiki, así que no había mucha información que pudiera darle.

Puntos que sabía: Koyo le dio su mazo a Judai, el dragón de Jun y Kuriboh Alado tenían algo que Tragoedia quería (como el mismo Kuriboh nos mostró años atrás), el espíritu de duelo malvado podía poseer a las personas y de hecho tenía cierto control sobre el director de la Academia Americana y sus hijos, la serie de cartas Planeta tenía que ver con sus planes y, de alguna forma (porque no puede ser de otra manera), todo terminaría en la Academia Central.

En todo caso, devanarme los sesos pensando en que cambios podía traer la presencia de la profesora Midori en la Academia de Duelos, fue suficiente para mantener mi mente ocupada y que el mareo de mar no fuera más un problema para mí.

Al siguiente día, todo el grupo (menos Ryo y Fubuki), nos encontramos en la cafetería para desayunar juntos.

—¿Cuántos duelos tuvieron ayer? —cuestionó Junko a Judai y a Johan con el ceño fruncido—. Juro que cada vez que pasaba cerca de ustedes, estaban teniendo un duelo.

Judai y Johan admitieron que habían perdido la cuenta después de los primeros cinco.

—Bueno, es la Academia, no sirve de nada estar aquí si no aprovechamos el momento —agregué yo—. ¿Cuántos duelos tuviste tú?

Junko no dijo nada.

—Había muy buen clima afuera —respondió Momoe por ella—. ¡Y había piscina, y chicos guapos!

Asuka soltó un pequeño suspiro como diciendo: «nunca aprenden».

—Yo al menos tuve una docena de duelos —dijo Rei mientras cortaba sus huevos estrellados con el cuchillo—. Mi nuevo mazo es muy bueno.

—Luminosos —dije estremeciéndome un poco—. Vi lo que pueden hacer y, francamente, pasar sobre ellos será un problema.

Rei sonrió satisfecha al escuchar eso, mientras Sho asentía de acuerdo conmigo. Edo, Asuka, Daichi y Johan la miraron con interés, sin duda deseando comprobar por sí mismos lo que el nuevo mazo de Rei era capaz de hacer.

—Hablando en serio. —Miré a Junko y Momoe con la expresión que ellas comenzaron a llamar «de profesor estricto» cuando se unieron a nuestro grupo de estudio buscando estar listas para el examen—. ¿Cuál es su objetivo en la Academia?

—Ya lo sabes —me respondió Junko un poco a la defensiva.

—Saben, es muy probable que en algún momento tengan que enfrentar a todos esos chicos que estaban teniendo duelos ayer en el salón. Por eso es que yo estaba allí: viendo a quien desafiar, y observando todos los duelos que podía. Aunque somos compañeros, tarde o temprano también seremos adversarios. Es la Academia de Duelos, después de todo.

—Eso es verdad —estuvo de acuerdo Daichi—. Ayer vi algunas estrategias interesantes. Tengo muchos cálculos que hacer en cuanto lleguemos a la Academia.

Junko y Momoe se miraron un momento, algo preocupadas.

—Deberían tomar las cosas un poco más en serio —proseguí—, mejorar sus barajas y todo eso. Estuve viendo los anuncios de las nuevas cartas que llegarán en exclusiva a la Academia. Hay dos arquetipos que me llamaron la atención: Simorgh, un arquetipo centrado en Bestias Aladas que me parece hará buena sinergia con las Arpías; y Magidulce… Momoe, sé cuánto amas los postres, así que tal vez debas echar un vistazo a esas cartas.

Fue bueno ver que mi comentario las dejó algo pensativas.

Las pocas horas que restaban del viaje, las pasamos en el salón. Había menos duelos que el día anterior, ya que el nerviosismo y la expectación eran mayores. El ferri estaría llegando a la Academia pasado el mediodía, y todo el mundo estaba impaciente porque fuera así.

A las once de la mañana, los profesores hicieron que todos los de primer año nos reuniéramos en el salón, mientras al resto de los alumnos se les pidió que fueran a sus camarotes a vestirse con sus uniformes. Debíamos ser unos doscientos, tal vez más, los que habíamos ingresado a primer año, así que calculé que la Academia tenía fácilmente unos seiscientos o setecientos alumnos.

Estábamos sentados en las mesas, mientras los profesores nos iban llamando uno a uno para entregarnos un paquete. Este incluía tres juegos de uniformes estándar, un uniforme formal y uno deportivo; además de un disco de duelo de la Academia y el PDA de rigor (el cual se convertiría en agenda electrónica, tableta de anuncios, identificación y principal medio de comunicación dentro de la isla). El color rojo dominaba en cada uno de ellos. Todos allí, incluso Daichi, quien había sacado el mayor promedio en el examen escrito, éramos estudiantes de Osiris. No había un solo Ra, ni mucho menos Obelisco. Ni siquiera las chicas.

Miré a Judai un momento, pero él parecía tan confundido como yo.

Una vez que todos los estudiantes hubieron recibido sus uniformes, el profesor Chronos tomó el micrófono y carraspeó para llamar la atención de todos.

Tras presentarse, por si había algún despistado que no sabía quién era él, procedió a explicar el funcionamiento de los dormitorios.

El sistema era en esencia el mismo: Obelisco en la cima, Ra en el centro y Osiris el inferior. La diferencia era la forma de acceder a los otros dormitorios. El examen de ingreso no influía mucho en eso: todos, sin excepción, comenzaban en Osiris, y si querías graduarte como un Obelisco, dependía completamente de ti esforzarte para llegar a la cima.

Además, cada dormitorio estaba subdividido en tres niveles más: inferior, medio y superior. El examen de ingreso determinaba en qué nivel dentro de Osiris comenzaban durante tu primer mes. Una vez al mes, el último viernes, se realizaba un examen de ascenso en el cual podías mejorar tu nivel. Cuando alcanzabas el nivel superior de un dormitorio, si aprobabas el siguiente examen de ascenso podías elegir avanzar al siguiente dormitorio o quedarte en el que estabas. Su habías entrado en nivel Osiris Superior, podías ascender a Ra si pasabas el examen en tu primer mes.

Por supuesto, entre más alto subieras, significaba que necesitabas cada vez un mejor promedio para mantenerte y seguir subiendo hasta la cima. Por eso se alentaba a los alumnos a pensar con detenimiento si estaban o no listos para ascender, a la par que se les impulsaba a ser cada vez mejores.

En resumen, era un sistema que parecía ser mucho más equitativo y justo del que había en el canon, y de hecho me recordó mucho al Duel Academy de GBA. Y a la vez explicaba algunas de las cosas que vi en la isla tres años atrás: tanto Ra y Osiris tenían edificios más grandes, ya que estaban albergando a más estudiantes, y necesitaban además un dormitorio femenino.

El profesor Chronos explicó algunos detalles más, como que por seguridad en la Academia no se permitía el uso de dinero en efectivo, pero a cambio Seto Kaiba había implementado su propia criptomoneda: los ya clásicos, al menos para cualquier jugador de videojuegos de la franquicia, Duel Points. Y, como en los juegos, todo en la Academia daba DP o costaba DP.

—Creo que será mucho más interesante de lo que pensé —dijo Judai temblando por la emoción. Y podía entender por qué: el sistema de los DP prácticamente había convertido a la Isla Academia en un escenario de Battle Royale perpetuo.

Tras las explicaciones, el profesor Chronos nos hizo dirigirnos a los camarotes para vestirnos con el uniforme. Los uniformes estándar eran los que había visto en la serie, pero el uniforme formal resultó ser una variante en rojo del clásico uniforme Obelisco de chaqueta larga. Para la ceremonia de apertura, que tendría lugar en el auditorio principal del campus, se debía usar el uniforme formal.

Casi a la una de la tarde de ese domingo, todos los estudiantes estábamos en la cubierta del barco, viendo como la Isla Academia iba dibujándose cada vez más frente a nosotros, como si emergiera de las profundidades del océano.

Podía sentir una mezcla de miedo y excitación en mi estómago: ahora de verdad podía decir que las cosas estaban comenzando.