Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Respuesta al Review anónimo:
Muchas gracias, me alegro que te gusten mis historias. Y, por supuesto que O'Brian, Jim y Kenzan tendrán su participación. El problema es que ellos no están en Japón, así que habrá que esperar a que se involucren en la historia cuando vayan a la Academia.
Tengo algunos originales, principalmente cuento y relato, que tal vez luego suba a Fictionpress (link a mi cuenta en mi perfil, aunque de momento está vacía). También, aunque alguna vez me planteé querer ser profesional en esto de la escritura, de momento es algo complicado. Tal vez pueda auto publicar en Amazon, pero soy muy malo para eso de hacer relaciones públicas en redes.
De nuevo, gracias por leer. Nos vemos.
Libro III
Capítulo 27
Osiris el Dragón del Cielo
[Bestia Divina/DIVINIDAD/Nivel 10/ATK X000/DEF X000]
Los cielos se estremecen y los truenos rugen, señalando la llegada de esta criatura antigua y el amanecer del verdadero poder.
El barco atracó en el muelle de la Isla Academia quince minutos antes de las dos de la tarde. Para mantener el orden en el desembarco, nos dividieron en grupos de cuarenta alumnos cada uno, de acuerdo a cada uno de los grados escolares. Un profesor se ocupó de guiarnos hacia una serie de autobuses que nos esperaban en un estacionamiento ubicado entre las bodegas y los muelles. Debo decir que ni el anime ni los videojuegos hacían justicia al tamaño de estos, hasta podría jurar que incluso los habían ampliado más desde que estuve allí, tres años atrás.
Respecto a nuestro equipaje, no había que preocuparnos por él: mientras asistíamos a la ceremonia de inauguración, este sería desembarcado y llevado a los respectivos dormitorios.
El viaje desde el muelle hasta el campus principal duró unos veinte minutos. Tres años atrás, había tenido un vistazo general de lo grande que era el campus con respecto a lo que se veía en el anime y los juegos, a pesar de eso, fue impresionante verlo en la realidad. Ahora que tenía mucho más tiempo para disfrutar el recorrido, sin Seto Kaiba exigiendo que se hiciera todo lo más rápido posible, puedo decir que no me extraña que Judai llegara tarde a sus clases. Es decir, si un camión tardaba veinte minutos en ir desde los muelles hasta el campus, caminando bien podrían ser cuarenta y cinco minutos o hasta una hora. Me hizo preguntarme por qué no habían decidido construir los dormitorios en el mismo edificio de la Academia (que de por sí ya era grande), en lugar de dejarlos dispersos por toda la isla.
La fachada del edificio fue otra cosa que me dejó sin aliento. Los enormes obeliscos que franqueaban la entrada principal estaban llenos de jeroglíficos egipcios. Me entró la duda sobre si sólo eran algo netamente decorativo o si en verdad decían algo. Tiempo más tarde, descubrí que era lo segundo: los jeroglíficos contaban la historia del Faraón sin Nombre y su relación en el origen del duelo moderno. No es que Kaiba hubiera hecho eso a propósito, más bien fue algo que Pegasus mandó a poner allí, dado que él participó en la construcción de la Academia de Duelos Central (por más que Corporación Kaiba tuviera su negocio principal alrededor del duelo, seguía siendo propiedad de Ilusiones Industriales, un proyecto como la Academia de Duelos necesitaba sí o sí de su aprobación). Para asegurarse de que los jeroglíficos de la fachada fueran correctos, Pegasus contrató al abuelo y al profesor Hopkins, apoyados por un equipo de egiptólogos, lingüistas y artistas plásticos importantes que se ocuparon de darle un acabado tal que pareciera algo que podrías encontrar en un verdadero templo del antiguo Egipto. Hasta podría jurar que los obeliscos se esculpieron en una sola pieza de piedra caliza como hacían los propios artesanos del Faraón en épocas remotas.
Pasando las puertas principales, llegabas a un amplio recibidor de un techo muy alto que bien podría haber sido la entrada de un enorme centro comercial. Incluso tenía unas enormes escaleras eléctricas que subían hacia la primera planta, y luego a la segunda y la tercera. Frente a las puertas de cristal automáticas, entre las escaleras eléctricas, había una enorme fuente con tres gigantescas estatuas de los Dioses Egipcios: Obelisco en el centro, Ra a la derecha y Osiris a la izquierda.
Del enorme recibidor partían una serie de pasillos que llevaban hacia los salones de clases y demás instalaciones. Unos letreros sobre cada uno de ellos indicaban, en japonés y en inglés, a dónde se dirigían. En los de la planta baja pude leer: a la derecha, «auditorio», «gimnasio» y «enfermería»; y a la izquierda «arena principal» y «sala de exámenes prácticos».
Los profesores nos condujeron por el pasillo de la derecha, en dirección al auditorio.
El auditorio debía tener una capacidad para unas ochocientas personas, y estaba equipado con la última tecnología (incluyendo lo que parecía ser una pantalla IMAX de última generación), como cabía esperar de algo mandado a construir por Seto Kaiba. Los alumnos de primer año debíamos ocupar los asientos más cercanos al escenario. Luego los de segundo, que en su mayoría eran de Ra, seguidos por Osiris y un número más pequeño de Obeliscos. Los de tercer año eran los últimos, con un número de Ras y Obeliscos más o menos similar, y tan sólo un pequeño grupo de Osiris. A diferencia de lo que recuerdo del anime, no notaba una diferencia tan abrumadora entre hombres y mujeres.
Tardó aproximadamente una hora hasta que todos los alumnos estuvimos ya en el auditorio, fue entonces que por fin la ceremonia comenzó. Fue algo muy formal: el profesor Chronos nos recordó parte de la inducción que ya nos había dicho a los de primer año en el barco, de forma mucho más resumida y omitiendo las explicaciones sobre Puntos de Duelo y el sistema de clasificación de duelo.
Luego, el representante de los alumnos de tercero (no fue sorprendente que se tratara de Ryo), dio un discurso de bienvenida para los de primer año:
—Nosotros, como los alumnos de tercero, les damos la bienvenida a la Academia de Duelos. Esperamos que mantengan en alto el nombre de la escuela, y que se esfuercen por ser los mejores. También, hacemos el juramento de ayudarlos y apoyarlos en todo lo que sea posible, a fin de que consideren a la Academia como su segundo hogar; y así, llegado el momento, sean ustedes quienes guíen y ayuden a las generaciones que están por venir.
Finalmente, habló el director Samejima. Recordaba que su discurso de ingreso en el anime no era algo muy espectacular, limitándose a recordarle a sus estudiantes que sólo los mejores lograban llegar allí, y pedirles que se esforzaran para ser los mejores duelistas posibles. Sinceramente, se sentía un poco como un discurso diseñado para despertar la lealtad en alguna especie de país militarista. Con ese tipo de propaganda, era fácil ver porque los estudiantes promedio de Obelisco en el anime eran casi como el Dominio de Altmer de The Elder Scrolls: una bola de idiotas reelitistas, remamones y que siempre andaban por allí con un palo de escoba metido en sus traseros. Considerando lo diferente que parecía esta Academia, quería comprobar si al haber tenido que abrirse paso desde abajo, comenzando como «humildes» Osiris había cambiado un poco de esa actitud por parte de los estudiantes de Obelisco.
Cuando el director terminó su discurso inaugural, todos tuvimos que ponernos de pie para entonar el juramento de la Academia de Duelos:
—¡Somos duelistas! ¡Somos guerreros! ¡Daremos lo mejor en cada duelo, para honrar la grandeza de esta Academia y de sus enseñanzas! ¡Enfrentaremos cada reto sin miedo ni titubeos, siempre persiguiendo la victoria!
De nuevo, era como si Kaiba tratara de adoctrinar a toda una generación de duelistas. Pero, en fin, era Seto Jodido Kaiba. A veces me preguntaba, ¿qué habría pasado con la historia de Arc-V si la Academia hubiera sido dirigida por Seto Kaiba y no por Reo Akaba? Supongo que entonces ni todas las invocaciones rotas del multiverso habrían podido salvar a Yuya y compañía... a menos, claro, que Yugi hubiera estado de su parte
La ceremonia finalmente terminó.
El profesor Chronos volvió a subir al escenario, esta vez para anunciarnos que teníamos un tiempo libre para recorrer las instalaciones a placer. Solamente debíamos asegurarnos de estar en los dormitorios a las siete para la cena de bienvenida. Aun así, su recomendación para los de primer año fue buscar nuestro salón de clases, y luego dirigirnos al dormitorio de Osiris, a fin de familiarizarnos con el camino de ida y venida entre el campus y el dormitorio.
Casi al instante que terminó la ceremonia, me saltó una notificación en el grupo de chat que teníamos. Era Judai: «¡Todos! ¡A la arena de duelo, ahora!».
Negando con la cabeza, me apresuré a responderle: «No creo que este abierta en estos momentos».
La mayoría de los otros estaban de acuerdo. Asuka y Daichi, como siempre intentando de ser las voces de la razón, trataron de convencer a Judai de que lo mejor era hacer caso al profesor Chronos y buscar el camino al dormitorio.
«No es tan complicado llegar. Es un camino muy simple».
Me atraganté con saliva. Le habíamos dicho a Judai muchas veces que no podía hacer declaraciones como aquella y exponer su secreto, pero no parecía entenderlo.
«Hagamos esto», escribí, «primero el salón de clases, luego vamos a echar un corto vistazo a la arena, y de allí a los dormitorios. En todo caso, también debemos ubicar nuestras habitaciones antes de la cena de bienvenida».
Con todos de acuerdo, acordamos reunirnos en la entrada izquierda del auditorio. Dado que el lugar era grande, esperamos a que la mayoría de los presentes se hubieran retirado.
Estaba por levantarme e ir al punto de encuentro, cuando sentí que alguien me tomaba por detrás.
—¡Hermanito! ¿Por qué sigues aquí cuando podríamos ir a buscar a unas lindas chicas?
Solté el aire con actitud cansada.
—Superior Fubuki, ¿no ha revisado el chat del grupo?
Fubuki parpadeó un poco.
—La verdad es que me quedé sin batería. Olvidé ponerlo a cargar en el barco. ¿Pasó algo importante? Bueno, además de esa cosa tan urgente que querías decirme ayer.
—No sobre eso, sino que Judai ya hizo los planes para hoy —le dije mientras le mostraba mi teléfono para que leyera el chat.
—Aww, eso es aburrido.
—De todas formas, ¿por qué tanto interés en que lo acompañe a ligar?
—Te lo dije: los tímidos les gustan a las chicas, tanto como los fríos y misteriosos. Además, quedaré como el héroe que ayuda a los pobres y confundidos de primer año. —Lo miré sin emoción en mi rostro—. Sabes, voy a empezar a creer que tienes otras preferencias… —Suspiró de forma dramática—. Si es eso, sé honesto conmigo. Tengo uno o dos amigos que podría presentarte…
Sentí que me atragantaba de nuevo.
—Dos palabras: son niñas —le dije.
—¿No estás un poco grande para creer que las niñas tienen piojos?
Solté otro suspiro exasperado.
—Superior Fubuki, de verdad, habiendo viajado en el tiempo desde no sé cuantas décadas en el futuro, ¿no le causa un poco de conflicto perseguir faldas de niñas?
Él sonrió de medio lado. No de forma pícara, sino más bien un poco, demasiado, seria para lo que era usual en él.
—Hay que mantener el papel —me explicó—. Si supieras la cantidad de información que saqué de nuestras enemigas, incluso aquellas bajo el control de la Luz de la Destrucción, gracias a mis dotes de galán…
¿Seducción de espía? Negué con la cabeza para despejar mi cabeza de esa idea un poco ridícula. Lo menos que quería era imaginar a Fubuki como una especie de James Bond de los duelos.
—De todas formas, eso no es lo mío —dije.
—Aww, vamos. Debe haber algún tipo de chica que te atraiga. Esto es Japón, no se te juzga tanto si quieres a una loli o alguien un poco más… —Hizo un movimiento con las manos para formar la figura de una mujer bien desarrollada—. Además, sé sincero, ¿tu edad mental realmente es la de un adulto?
—No exactamente, pero eso no cambia que tengo recuerdos de…
Mi teléfono sonó de nuevo. Era Judai, impaciente porque me estaba tardando mucho.
—Cómo sea, tengo que ver a los chicos, adiós.
Me levanté y corrí entre los asientos antes de que Fubuki pudiera reaccionar.
—¡Luego terminaremos de hablar de esto! —medio gritó.
Me giré un poco para responderle:
—Algún día cuando… ¡Jamás!
Llegué a la puerta dónde los demás me esperaban. Me sorprendió ver que Junko y Momoe se habían apuntado también a la excursión por la escuela. Supongo que, a esas alturas, ellas se habían graduado de «personaje de fondo más o menos regular» a «aliados menores del protagonista».
—Curioso, pensé que ustedes dos estarían más interesadas en otras cosas que…
—¡Kenichi! —me interrumpió Judai—. ¿Por qué tardaste tanto? ¡De verdad, quiero ver la Arena de Duelos!
—Dos palabras: superior Fubuki.
Esto atrajo la atención de Junko y Momoe, así como el ceño fruncido de Asuka.
—¿Qué quería esta vez? —preguntó ella con molestia.
—Lo de siempre. —Me encogí de hombros.
—Bueno, será mejor que nos pongamos en movimiento —nos interrumpió Daichi.
—Son casi las cuatro —intervino Johan—. Creo que hay suficiente tiempo para tomarnos las cosas con calma.
—La Academia es grande —lo contradijo Edo—. Y tendremos tres años para explorarla por completo. Por ahora, lo mejor es concentrarnos en encontrar nuestro camino para no perdernos. No dejaría una buena impresión con nuestros maestros si llegamos tarde a los eventos importantes en nuestro primer día en la Academia.
¡Ah, Edo, siempre tan preocupado por las formalidades! Hacía un tiempo que sabía que su madre había sido japonesa, así que me imagino que esa parte vino de allí.
Seguimos las indicaciones del mapa del PDA hasta el salón de clases que nos correspondía. Resultó había cinco grupos de primer año, y como es de esperarse, estábamos separados en aulas diferentes. Por fortuna, todos los salones de clases de primer año estaban en la misma planta, la segunda, y uno junto al otro, así que el camino sería el mismo desde el dormitorio y de regreso.
Me tocó el aula 104, al igual que a Sho y Momoe.
Judai suspiró un poco decepcionado.
—Tenía la esperanza de que estaríamos todos juntos. —Imagino que se debía a que en la serie claramente había un único grupo por grado escolar.
—Hay alrededor de doscientos alumnos en primero, matemáticamente era muy poco probable que eso pasara.
—Sí, lo que dijo el genio —estuve de acuerdo con Daichi.
—Bueno, ¡vayamos a la arena!
Volvimos sobre nuestros pasos hasta la escalera que conectaba la segunda planta con la primera. Bajamos y luego giramos a la izquierda para encontrarnos con una puerta enorme sobre la cual brillaba un letrero de color verde: «Arena Principal - Entrada este a las gradas».
La arena no era muy diferente de la que vi en el anime: predominaba el azul metálico tanto en las butacas como en el piso y las paredes. El lugar estaba tan bien equipado que no tenía nada que envidiarle al Domo de Duelos en Ciudad Domino. Una vez más, me sorprendió que la decoración no pusiera a Obelisco por delante: los tres Dioses eran representados por igual, aunque manteniéndose el patrón de Obelisco en el centro.
Si no conociera a Kaiba, podría haber jurado que por fin había superado su rencor infantil respecto a los Dioses que no lo representaban en Ciudad Batallas. Aunque, si tuviera que apostar, eso debía ser más cosa de Yugi y de Pegasus que de él. Por lo que sabía, a diferencia de lo que se mostró en el anime, esos dos estaban mucho más involucrados en la Academia. Pegasus era obvio, por lo que dije antes respecto a su participación en la construcción de la escuela, pero por momentos casi llegué a pensar que Yugi estaba tan involucrado como ellos.
—¡No hay duelos! —dijo Judai mientras hacía una suerte de puchero.
Johan parecía estar tan decepcionado como él, pero fue menos vocal al respecto.
—Es el primer día, Aniki, no creo que se permita tener duelos aquí. Además, todos están cansados por el viaje. Apostaría que la mayoría han ido a relajarse a los dormitorios para esperar la cena de bienvenida.
—Sí, supongo que es eso —dijo Judai algo apagado.
Estábamos en la cima de las gradas, así que pudimos ver claramente cuando una figura avanzó desde la entrada de abajo a la derecha, se dirigió hacia el centro de la arena y se quedó allí de pie. Me dio la impresión de que estaba meditando o algo parecido.
—¿Ese es Jun Manjoume? —preguntó Johan.
—Sí, es él —le respondió Daichi.
—¿Qué está haciendo aquí? —cuestionó Sho.
—Supongo que los grandes duelistas piensan igual —le respondió Judai encogiéndose de hombros. Luego, sin decir nada a nadie, comenzó a bajar las escaleras.
Nos miramos un momento, antes de seguirlo.
—¡Manjoume! —lo llamó mientras saltaba de las gradas hacia la zona de la arena (más o menos unos tres metros). Aterrizó en el suelo con gran ligereza, como si hubiera saltado de un peldaño a otro de una escalera, y no de un piso de altura.
Asuka le llamó la atención por esto, pero él simplemente fingió no escucharla.
—¡Señor Manjoume para ti, inútil Osiris!
Rei gritó indignada exigiendo a Jun que se disculpara. Judai, por su parte, se encogió de hombros y le respondió:
—Ambos somos Osiris, así que, si insultas al dormitorio, te insultas a ti mismo.
No pude contener la risa. Sho y Johan luchaban por no soltar sus carcajadas. Supongo que la mayoría del grupo hacía lo mismo. Pude escuchar a Daichi fingir que tosía para esconder la propia.
—¿Qué dices, Manjoume? ¿Un duelo?
No escuché si Jun le respondió algo, pero tras intercambiar algunas palabras en voz más baja, pareció que ambos estaban listos para hacer precisamente eso.
—¿De verdad van a luchar ahora? —nos cuestionó Junko con sorpresa.
—Es Judai: no perderá la oportunidad de batirse en duelo —le aclaré—. Además, ha pasado un largo rato desde que él y Jun lucharon.
Sho y Johan me dieron la razón. Asuka suspiró resignada, supongo que, como todos los que lo conocíamos bien, ya había aceptado que Judai nunca perdería la oportunidad de tener un duelo. Si pudiera saltarse todas las clases para tener duelos todo el día, lo haría.
Además, habían pasado casi tres años, justo desde que Judai dejó Joran, desde que dejaron de tener duelos de práctica en el equipo escolar. Aunque, mis pensamientos iban por otro lado: esto era un poco similar a lo sucedido en el segundo capítulo del anime, sólo que no a la media noche. Imaginé que ambos encontraban el tener el duelo en la arena durante su primer día en la Academia como algo sumamente nostálgico.
El duelo no comenzó muy diferente de lo que recordaba, salvo que, debido al cambio de reglas implementado por Ilusiones Industriales, Manjoume tuvo que colocar a su «Zombi Renacido» en lugar de Invocarlo en Posición de Defensa. De nuevo, era como si el universo estuviera empeñado en que algunas cosas permanecieran sin cambios, a pesar de todo el efecto mariposa que nuestras acciones estaban ocasionando en el mundo.
Judai invocó por Fusión a «Héroe Elemental de la Llama Wingman», sólo para que Manjoume terminara robándoselo con su trampa «Polímero Infernal», obligando a Judai a pasar a la defensiva.
—Parece que los monstruos de Manjoume tienen su misma actitud poco amigable —comentó Sho cuando vio aparecer al «Soldado del Infierno» de Jun.
—Tal vez el pobre monstruo sólo está enfadado porque nadie quiere decirle dónde está su padre —comenté encogiéndome de hombros.
—¿Los monstruos de duelo tienen padres? —me preguntó Rei algo confundida.
—Imagino que algunos tendrán —dije.
—Por supuesto que no: son sólo cartón —me espetó Junko cruzándose de brazos. De reojo, vi a Johan fruncir el ceño ante las palabras de la chica.
—¡Eso es cruel! —se quejó Rei.
—¿Le dirías eso al pobre Mokey Mokey? —le pregunté yo.
—¡Oye! No metas al lindo angelito en esto —se quejó Momoe.
Volví a ponerle atención al duelo. Por fin había pasado algo diferente: Judai activó «Un Héroe Emerge», en respuesta al ataque directo de Jun con «Soldado del Infierno». Había dos cartas en la mano de Judai, así que Jun eligió la de la derecha, la cual resultó ser «Héroe Elemental Neos». Manjoume no tuvo más remedio que terminar su Fase de Batalla.
En su siguiente turno, Judai limpió fácilmente el campo de Manjoume, a pesar de lo cual su oponente todavía tenía el doble de puntos de vida.
Necesitado de recursos, Jun jugó «Carta de Santidad» para recargar ambas manos.
—¿Qué es esa cosa? —preguntó Momoe con claro asco cuando Jun invocó a su siguiente monstruo.
Podía entender el por qué: en el campo de Jun ahora había un hombrecillo cabezón de color rojo, aparentemente desnudo, salvo por un pañuelo de color amarillo envuelto alrededor de su cuello. Por supuesto, tenía su característico tanga de color rojo, sólo que a la distancia a la que estábamos no era posible distinguirlo bien.
—«Ojama Rojo» —dije sorprendido de ver esa carta—. Parece que Manjoume obtuvo nuevo soporte para sus amiguitos durante las vacaciones.
Gracias al efecto de su monstruo, Jun pudo llenar su campo con los tres hermanos Ojama y su primo «Ojama Rosa».
—¿Es en serio? —preguntó Junko con un tono de asco similar al de Momoe—. ¿Por qué alguien usaría monstruos como esos?
—Para ser muy molesto —le respondí—. Los Ojama son especialistas en bloquear al adversario. Si caes en su combo, terminarás con gran parte de tu campo, si no es que todo, sellado. Además, deberías saber esto. Manjoume los usó un par de veces en eventos escolares.
Junko me dedicó una mala mirada, y yo sólo me reí por lo bajo de ella. Me giré un poco y noté que tanto Edo como Daichi estaban muy concentrados, sin duda tratando de memorizar las nuevas cartas de Jun por si tenían que enfrentarse a él más tarde.
Jun no tuvo que sellar el campo de Judai, ya que activó la Carta Mágica «¡Huracán Ojama Delta!» limpiando así el campo de su adversario. Luego, activó «País de Ojamas», con lo cual ahora sus cinco criaturas tenían 1000 de ATK cada una, suficientes para ganar el duelo.
Por supuesto, el universo una vez más parecía no querer que la historia se desviara mucho más allá del canon, puesto que alguien intervino: la profesora Akemi, la madre de Yusei, entró en la arena y detuvo el duelo.
—Muy bien, sé que están entusiasmados por estar en la Academia, pero tienen sólo una hora para llegar a la cena de bienvenida. Dejemos esto en empate por ahora. Si todavía quieren la revancha, podrán hacerlo mañana en su tiempo libre.
La profesora Akemi llevaba un traje similar al que uso durante el examen, aunque en color amarillo, cómo si ella fuera la encargada del dormitorio Ra. Aunque, no podía ser. El profesor Kabayama había sido el encargado de llevar a mi grupo desde el muelle hasta la Academia, y se había presentado como el director de Ra Amarillo. Eso sólo podía significar una cosa…
No pude terminar de formar mi idea, ya que la voz de la profesora Akemi cortó mis pensamientos cuando se dirigió a nosotros:
—También va para ustedes. La arena está cerrada por hoy.
Sin más remedio, nos dirigimos a la entrada del edificio y luego buscamos el camino al dormitorio Osiris.
Había dos formas de llegar desde allí: seguir el camino principal, o adentrarnos por los senderos del bosque que conectaban el Campus con el Dormitorio. Parecía que estos últimos eran más directos, y estaban diseñados precisamente para llegar caminando desde el punto A al punto B, por lo que no fue difícil tomar la decisión de cuál de ellos seguir.
Tengo que decir que la isla Academia era grande, mejor dicho, enorme. Estoy seguro que en ella bien podría caber una ciudad pequeña. Ahora puedo entender muy bien cómo es que Judai pasó varios días perdido en su bosque tras su regreso desde el Neo-Espacio en la segunda temporada. Incluso con los caminos perfectamente señalados, uno podía perderse fácilmente si daba la vuelta en algún lugar equivocado, especialmente porque había toda una serie de pequeños corredores que se internaban en el bosque, y en algunos puntos la arboleda era tan espesa que era prácticamente como entrar en una cueva.
Jun caminaba un poco por detrás del grupo, y podía sentir como nos observaba, aunque sin atreverse a acercarse demasiado. Judai conversaba con Johan y Sho sobre su duelo con Jun, indicando cuál o tal carta podría haber usado para terminar el duelo. Rei lo miraba asintiendo para darle la razón en prácticamente todo. Por mi parte, sólo podía suponer que Judai tenía alguna handtrap desconocida en la mano, ya que, con su campo vacío y Jun teniendo cinco monstruos listos para atacarle, no había otra forma en que pudiera haber salvado eso, más que con suerte de protagonista «Yu».
Tardamos media hora en llegar al dormitorio. Mucho menos de lo que calculé en el autobús. Atravesar por el sendero del bosque de verdad que ahorraba tiempo. Aunque, pensándolo bien, no me vendría mal una bicicleta o algo parecido, a fin de hacer más corto el trayecto.
Una vez que estuvimos frente a los dormitorios de Osiris, no pude evitar sorprenderme. No era el edificio más lujoso de la isla, pero, tal como noté brevemente durante mi visita de tres años atrás, no era en nada parecido al cuchitril que había sido en el anime.
No eran sólo dos edificios: eran tres. En sentido estricto, había dos dormitorios: a la izquierda hombres, y a la derecha mujeres. Eran edificios de tres plantas y claramente con suficientes habitaciones para albergar a más de cien alumnos cada uno. El tercer edificio, perpendicular a los dos anteriores, tenía dos plantas: en la planta baja la cafetería, y en la planta alta una sala para que los estudiantes se relajaran o estudiaran en su tiempo libre.
El patio era una explanada de grava con ocho campos de duelo marcados con tiza, como si de campos de fútbol se tratasen. Al centro, rodeada por los ocho campos de duelo, estaba una majestuosa fuente en cuyo centro había una estatua de Osiris, la cual, aunque no era tan grande como la que estaba en el recibidor de la Academia, no dejaba de ser majestuosa. De nuevo, Kaiba no escatimó en gastos incluso para la decoración del dormitorio de más baja categoría (o tal vez también fue cosa de Pegasus).
—Esto es… diferente —dijo Judai. No sabía si era algo bueno o malo, ya que su tono de voz no me permitió deducirlo.
Daichi carraspeó.
—Sugiero ir a buscar nuestros dormitorios. Tenemos treinta minutos hasta la cena. Nos reuniremos en las puertas de la cafetería diez minutos antes de que comience.
Asentimos de acuerdo y nos separamos, cada cual al dormitorio que le correspondía.
—Habitación 106 en la planta baja —dije.
—Oh, ¡qué bien! Estamos juntos, primo.
—Estoy con Aniki —dijo Sho—. Habitación 202, planta alta.
Johan y yo nos dirigimos a nuestra habitación. Abrí la puerta, y al instante sentí como si el mundo se detuviera. Estaba seguro que en algún lugar algún dios estaba riéndose a costa mía. Nuestro tercer compañero de habitación nos dirigió una mirada fría. Era Haou.
Muy bien, nueva meta: salir de Osiris lo más pronto posible. Me gustaba el rojo más que el amarillo mostaza, pero prefería soportar un uniforme de color horrible a estar atrapado mucho tiempo con Haou.
Los siguientes veinte minutos fueron lo más tenso que viví en años. Estaba atrapado entre Johan y Haou. Johan parecía haberse congelado, mitad asustado, mitad… no sé, ¿enfadado? Haou parecía ser la máscara perfecta de la indiferencia, pero sus ojos castaños parecían brillar en amarillo cada vez que Johan hacía el más leve movimiento.
Se sintió una eternidad, hasta que Johan por fin suspiró y levantó una mano en un gesto de paz.
—Estaremos atrapados aquí por un tiempo, creo que lo mejor es hacer una tregua.
Miré a Haou. Este tenía la mirada fija en la mano de Johan, todavía sin mostrar expresión alguna.
—Sólo no te metas en mi camino —dijo Haou antes de salir por la puerta sin siquiera tomar la mano que Johan le extendía.
Incluso con Haou fuera de la habitación, la tensión no pareció disiparse.
Solté la respiración contenida, y me dirigí al baño para echarme agua fría en la cara.
—Esto va a ser un infierno.
Vi el reflejo de William a través del espejo. Estaba recargado en la puerta del baño.
—Todavía no confías en su majestad —dijo.
—Bueno, él me esclavizó por años.
Había tratado de hacer las paces con ese hecho durante los últimos tres años. Su explicación de «asegurarse de que la Luz no me usara como arma» cada vez me sabía más a una excusa que a una verdadera justificación. En todo caso, no hay justificación posible para la esclavitud, servidumbre forzada o como sea que quiera llamarlo.
También estaba el hecho de que no había visto mucho a Haou en los últimos años. Un corto vistazo cuando iba a visitar el Reino de los Duelistas durante Halloween, pero nada más. Él siempre estaba encerrado en su habitación, y ni siquiera lo veía en la comida y la cena familiar que Pegasus solía servir para todos durante esas visitas.
Decidí distraerme mirando a mi alrededor. El baño estaba muy bien equipado. Tenía un retrete, un lavado, un armario lleno de productos de higiene personal, un estante para toallas limpias y un cesto para ropa sucia, además de una ducha. Era estrecho, pero no al punto de ser incómodo.
Salí del baño. Johan estaba sentado en una de las sillas que había para los tres escritorios de la habitación, Rubí estaba sentado en sus piernas, ya que obviamente había salido a reconfortar a su amo.
Analicé la habitación a mi alrededor. No era tan pequeña como esperaba. Seguía teniendo una litera, una pequeña cocina con lo suficiente para preparar té, café y algunas comidas simples. También tres escritorios, equipado cada uno con una computadora. Además, había un armario empotrado dividido en tres secciones, una para cada uno de los estudiantes.
—¿Crees que pueda pedir un cambio de dormitorio? —me preguntó Johan de pronto.
Me mordí el labio. ¿Qué excusa podría usar? «¿Podrían cambiarme de habitación? Dormir bajo el mismo techo que la Oscuridad encarnada me produce mucha ansiedad. Siento que podría estrangularme en cualquier momento mientras duermo».
—No estoy seguro —respondí al final.
Miré mi reloj. La cena estaba por comenzar.
Johan también se dio cuenta, así que entró al baño para lavarse y entonces salimos de la habitación.
Nos encontramos con Edo y Asuka en la puerta de la cafetería.
Asuka frunció un poco el ceño cuando nos vio caminar con actitud un tanto taciturna.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? —nos preguntó.
—Nuestro compañero de habitación es Haou —le respondió Johan.
Edo entrecerró un poco los ojos.
—Es más fácil vivir con él si sólo lo ignoran.
Era fácil de decir. ¡Él no sabía lo que nosotros!
—Ah, me muero de hambre. Espero que haya camarones fritos —dijo Judai al momento que se unía a nosotros. Sho venía detrás de él, y también un chico alto y fornido, aunque no del todo musculoso, con cara de Koala.
—Ah, él es Hayato —lo presentó Sho—. Es nuestro compañero de habitación.
—Mucho gusto, soy Hayato Maeda, de tercer año.
—¿Tercero? —pregunté.
—¿Es normal que los de tercero compartan habitaciones con los de segundo? —lo cuestionó Asuka.
—Sólo en Osiris. Somos tan pocos que nos toca compartir con los de grados menores si no hay mucho espacio. Por lo general, más tarde en el año cuando muchos comienzan a ascender, los que se queden recibirán habitaciones individuales.
—¿Es muy difícil ascender? —le preguntó Sho.
—¿De Osiris a Ra? No tanto. En mi caso, preferí no hacerlo. Estoy estudiando diseño de cartas. Los créditos de duelo práctico no son tan importantes para mi carrera. Te ayuda más la teoría que la práctica.
Edo frunció un poco el ceño. Claramente él no lo veía así.
—Además, tengo más tiempo para pintar si estoy en Osiris. Entre más subas, más debes esforzarte en mantener tus notas altas, y debes pasar más tiempo estudiando.
Judai asintió con mucha vehemencia, algo típico en él.
Los demás fueron llegando, así que entramos a la cafetería.
Era una habitación amplia, con una decoración que la hacían parecer un restaurante típico japonés. La profesora Midori se paseaba por las mesas presentándose personalmente a los estudiantes nuevos, y saludando a los de grados superiores.
—¡Profesora Midori! —la saludó Judai con mucha efusión.
Ella levantó la mirada y nos sonrió.
—¿La conocen? —preguntó Hayato un poco sorprendido.
—Fue nuestra maestra en primaria, antes de Joran —le respondió Sho.
Ella caminó hacia dónde estaban.
—¡Judai! No puedo creer cuanto has crecido —dijo. Se volvió a vernos a mí a Sho—. Ya los había visto en el barco ayer, pero no está de más que les recuerde que espero que se esfuercen en clases —lo dijo viéndome especialmente a mí—. Pero, tampoco olviden divertirse.
—¡Por supuesto que no! ¡Es la Academia de Duelos, pienso disfrutarlo en grande!
La profesora se rio ante la efusividad de Judai.
—Parece que Joran de verdad te sentó bien. Mantén esa actitud. —Se puso un poco más seria—. ¿Dónde está Haou?
—Ya vendrá —respondió Judai encogiéndose de hombros.
Daichi, Asuka, Junko, Momoe, Rei, Edo y Johan se presentaron formalmente con la profesora, y ella les dio la bienvenida a Osiris.
Buscamos una mesa vacía y fuimos a sentarnos, mientras Hayato se despedía para ir a reunirse con otros chicos de tercero, y la profesora continuaba saludando al resto de los alumnos.
—Creo que no le caías bien a la profesora —me dijo Junko de pronto.
—¿De qué hablas? —le espeté entrecerrando los ojos.
—Bueno, normalmente las profesoras saben identificar a los chicos problema —me respondió ella con un gesto y un tono que pretendían ser de obviedad.
—Kenichi se aburría mucho en sus clases, porque ya sabía todo —intervino Sho—. Bueno, casi todo. Japonés y sociales le costaban un poco más.
Daichi me miró un momento.
—No es que supiera todo, sólo que, bueno, las matemáticas de segundo de primaria no son complicadas. Ya saben: todo es dos más dos y cuatro por tres.
El comedor estaba casi lleno cuando Haou entró. Su presencia llamó la atención de casi todos, pero al instante parecieron olvidarse de él, cuando fue a sentarse en un rincón dónde casi no había nadie.
Jun fue el último en entrar en la cafetería, Judai al instante lo arrastró al asiento vacío que había en una de las mesas donde nos habíamos sentado nosotros. Parecía querer negarse, pero cuando vio que casi todo estaba lleno (siendo sentarse allí o con Haou) al final aceptó. En principio fue un poco incómodo, ya que Jun parecía no saber cómo encajar con el grupo, cerrándose sobre sí mismo y siendo muy formal. Por suerte, las payasadas de Judai sacaron a relucir un poco del Manjoume del anime, lo cual eventualmente hizo que se relajara más.
La puerta de la cocina se abrió y apareció el profesor Daitokuji, usaba un traje de cocinero japonés tradicional. Parecía que la decoración de la cafetería no era algo al azar.
Por otro lado, eso confirmó la sospecha que tuve cuando vi a la profesora Akemi usando un uniforme de profesor de Ra: como los tres dormitorios estaban divididos en ambos sexos, también había dos directores para cada uno, al igual que pasaba en el anime con Obelisco.
Y, como esperaba, tanto Daitokuji como la profesora se presentaron ambos como los directores de Osiris. Y aunque cada uno estaba encargado de la mitad correspondiente a su género, cualquier estudiante de Osiris podía acudir a ellos indistintamente para los asuntos académicos.
La cena se sirvió, resultando ser una comida japonesa que incluía un pequeño bufé para cada mesa, con sushi, ramen, cocido japonés, ensalada de tofu y los amados camarones fritos de Judai. Estos últimos desataron una pequeña pelea «a muerte» con palillos cuando Judai intentó robarlos del plato de Manjoume.
Mientras comíamos, Daichi nos puso un poco al tanto de lo que había estado leyendo en el manual del estudiante y repasando en la información disponible PDA.
El sistema de puntos era más complejo de lo que esperaba. Como en los Tag Force, cuando se iniciaba un duelo en la isla, se registraba cada acción y esta, a su vez, era registrada en su récord de estudiante. Judai al instante comprobó su PDA, notando que efectivamente su duelo con Jun aparecía en su registro, y le había sumado puntos, sólo que le habían restado en ochenta por ciento del DP debido a que un profesor lo declaró un empate.
A diferencia de los juegos, podías revisar la información de cada duelo que habías tenido, no sólo tu récord de victorias, derrotas y empates. Es decir, podías ver tus estadísticas globales e individuales, junto con el correspondiente DP que ganaste en cada uno, en tu PDA personal. Imagine que los profesores también tenían acceso a esa información, así que me hizo preguntarme si eso influía algo en las calificaciones globales. Sabía, al menos, que para subir de nivel en los dormitorios había que tener un número de victorias especias ese mes.
—Ya veo, los profesores pueden parar cualquier duelo en cualquier momento —comentó Edo.
—No sólo eso, es imposible tener un duelo sin que ellos lo sepan —agregó Johan.
—También hay una lista de récords —dijo Daichi—. Se puede consultar en el PDA. Hay tanto récords individuales como globales. Puedes ganar puntos extra si los rompes.
—Déjame adivinar —dije—, cosas como: invocar más de diez monstruos en un duelo, activar más de quince cartas mágicas, hacer más de diez mil puntos de daño de batalla, y un largo etcétera.
Daichi asintió con la cabeza, todavía revisando su PDA.
—Creo que el señor Kaiba ha convertido la Academia en un videojuego —suspiré. A esas alturas, si al siguiente día el director anunciaba un torneo de duelos Tag, y un mes después aparecía un misterioso chico mudo de gorra roja como estudiante transferido, no me sorprendería mucho.
No hace falta decir que Judai, Johan y, sorprendentemente, Sho estaban impacientes por romper todos los récords posibles. ¡Y, oh, sorpresa, Káiser y Fubuki tenían casi todos los récords globales!
Mientras revisaba la lista de récords globales, noté algo más respecto a ellos.
—¿Rango de duelista? —pregunté en voz alta. Comprobé revisando mi propia ficha de duelista, descubriendo que indicaba mi rango como «duelista novato», y al desplegar la lista de rangos de duelistas, me percaté de algo: los respectivos títulos de Rey y Káiser de Fubuki y Ryo los habían obtenido porque eran los duelistas que estaban en la cima.
Los rangos eran como el reemplazo del nivel de duelista de los Tag Force, siendo más similares a lo que aparecía en el Duel Academy de GBA y el Spirit Caller de DS. Por supuesto, no había rango de «Rey de los Duelistas» (Kaiba no lo habría permitido ni drogado), pero sí que podías disputarle el rango de Káiser a Ryo. Por supuesto, para hacer eso, era necesario que llegaras a «Duelista Elite», para luego desafiar a Fubuki por el rango de «Rey», y por fin enfrentar a Ryo, siendo estos los únicos rangos que podían ganarse de esa forma. Noté también que la mayoría de los rangos altos estaban en Obelisco.
—Esto va a ser muy interesante —dije para mí mismo.
La cena duró unas dos horas que fueron de lo más divertidas. Las pláticas amenas a lo largo del comedor hacían que todo se sintiera como en familia. Por supuesto, había algunas personas (Mototani y Torimaki) que no parecían estar pasándolo tan bien como el resto, teniendo algunas quejas sobre la comida y esas cosas. Quejas típicas de niños ricos snob que pensaban que una comida sólo era buena si era gourmet. La comida de Daitokuji tenía ese sabor casero que la hacía muy buena, incluso aunque se notaba que le fallaba un poco a la hora de preparar el arroz.
En todo caso, después de una cena tan deliciosa en compañía de nuestros amigos y nuevos compañeros de clase, nos fuimos a dormir soñolientos y deseando que llegara el día siguiente para ver que nos deparaban la vida en la Academia.
Por supuesto, para mí y Johan, todo el buen humor que hubo durante la cena se disipó cuando volvimos al dormitorio. La tensión era un poco insoportable, y aunque de nuevo Johan trató de hacer las paces, Haou simplemente lo ignoró.
Con el largo viaje que tuvimos, había estado deseando poder descansar, algo que se hizo muy difícil, incluso aunque claramente los tres necesitábamos dormir. Creo que pasaba de la una de la madrugada cuando finalmente comencé a quedarme dormido. Y entonces, comenzó a llorar el bebé.
Por un momento me sobresalté. No era el llanto normal de un bebé. Se sentía diferente: expresaba un dolor que me estrujaba el corazón, y a la vez me llenaba de miedo.
No sé a qué hora me quedé dormido, sólo que a la mañana siguiente me sentía muy agotado, incluso cuando normalmente con unas tres o cuatro horas de sueño era suficiente para que estuviera activo todo el día. En parte porque me acostumbré a forzarme a dormir para no molestar a Johan, al abuelo ni a la tía Megumi.
—No parece que hayas dormido bien —me comentó Johan cuando sonó el despertador por la mañana a las cinco.
Él tampoco se veía tan bien, aunque puedo decir que durmió mejor que yo. Imaginó que Rubí, o incluso Amatista debieron haberle hecho compañía. Era lo normal cuando Johan tenía mala noche que cualquiera de ellos, o ambos si había sido especialmente mala, se quedara a velar sus sueños.
—Escuché algo anoche. —Dado la conexión que Johan tenía con los espíritus, y que él sabía los detalles sobre como Zombino y Zombina terminaron convirtiéndose en parte de mi deck, podía contarse sobre estas cosas—. Un bebé estaba llorando.
Johan pareció un poco sorprendido, así que fue claro que él no notó nada extraño durante la noche. A pesar de eso, escuchó lo que tenía que contarle sobre el asunto con mucha atención, e hizo algunas conjeturas, aunque ninguno de los dos nos pusimos de acuerdo sobre que podría haber sido aquello.
Tampoco iba a preguntarle a Haou si él escuchó algo.
Solo restaba esperar a que no fuera algo de todas las noches, por más que todo mi conocimiento sobre fantasmas y películas del género me decía que no podía ser tan fácil.
