Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Respuesta al Review anónimo:
Un poco más tarde de lo que pensé, pero aquí está el siguiente capítulo. Sobre como cambia a los enemigos canónicos la nueva línea del tiempo, pues tengo algunas sorpresas, que espero no tarden mucho en salir, considerando que no habrá tanto relleno como en el anime, respecto a duelos casuales y auto conclusivos). Sobre romance, eso lo decidirán los personajes, por así decirlo. Aunque, hay que considerar que Judai nunca olvido a Yubel, y la presencia de Haou hace que sea consciente de su juramento. ¿Cómo afecta el que el alma de Judai esté dividida en dos a eso? Ya se sabrá más tarde.
Bueno, de nuevo gracias por leer, y también gracias a todos los que siguen la historia, y le han dado Like y Follow. No soy mucho de poner notas de autor, pero que sepan que leo todo y respondo a cualquier duda por MP (o en notas si es review anónimo).
Los dejó con el capítulo.
Libro III
Capítulo 28
Dominio del Vampiro
[Carta Mágica/Continua]
Una vez por turno: puedes pagar 500 LP; este turno, durante tu Main Phase, puedes Invocar de Modo Normal 1 monstruo "Vampiro/a" además de tu Invocación Normal/Colocación. (Aún si esta carta deja el Campo. Sólo puedes ganar este efecto una vez por turno). Cada vez que tu monstruo "Vampiro/a" inflija daño de batalla a tu adversario: gana la misma cantidad de LP.
La vida en la Academia de Duelos era en gran parte como había esperado: una versión un poco más rígida de la típica vida escolar japonesa. En aspectos generales, no se diferenciaba mucho a asistir a cualquier escuela no internado de Japón. Para mi suerte, el haber vivido ya quince años en una sociedad tan rígida en cosas como la puntualidad y en buscar nunca destacar por cosas negativas, me hizo más fácil adaptarme a un sitio con horarios un poco más rígidos a los de una escuela ordinaria. Lo último considerando que, a diferencia de en Joran, aquí la escuela también regía el horario de sueño y todas las comidas de los alumnos.
El desayuno se servía sin falta a las siete de la mañana, y era obligatorio estar allí a esa hora. La escuela ponía mucho énfasis en asegurarse de que los alumnos estuvieran muy bien alimentados. Debido a esto Osiris no era el desastre en las comidas que el anime había reflejado. Tal vez no teníamos platillos gourmet, pero el profesor Daitokuji se preocupaba por qué tuviéramos un desayuno adecuado y nutritivo.
Como es de esperarse el primer día fue una pequeña odisea. Estaba agotado por no haber dormido mucho, así que cuando me presenté al desayuno no parecía que estuviera muy emocionado por el hecho de por fin estar en la Academia. A pesar de eso, llegamos media hora antes de las siete.
En ese momento no supe si era por la emoción del primer día, pero la mitad del dormitorio ya estaba allí cuando Johan y yo nos presentamos en la cafetería. De nuestro grupo de amigos éramos los primeros en llegar, así que nos tocó separar la mesa para el resto.
—¡Buenos días! —Judai no tenía el mismo problema que yo, como lo demostró su saludo animado cuando llegó cinco minutos más tarde.
A su lado, Sho se veía un poco más apagado.
Hayato no estaba con ellos. Una rápida ojeada alrededor de la cafetería me permitió ubicarlo. Estaba sentado en una mesa alejada con otros chicos y chicas de tercero. No había muchos estudiantes de Osiris del último año, algo de lo que me había dado cuenta la noche anterior, ya que ellos sólo ocupaban dos mesas del comedor.
—¿También tuviste mala noche? —me preguntó Sho. Luego agregó, sin esperar a que le respondiera—: No sé cómo es que Hayato podía dormir tan tranquilo con los ronquidos de Judai.
El mencionado se rascó su cabellera con forma de Kuriboh en un gesto de vergüenza.
—¿Pareces muy animado para ser tan temprano? —comentó Asuka a Judai. Momoe y Junko parecían un poco indecisas respecto a si sentarse en esa mesa, o con sus nuevas compañeras de habitación.
—Estoy deseando tener duelos —respondió Judai.
Johan se animó al escuchar esa respuesta.
—¿Tan temprano? —cuestionó Junko—. Es como si respiraras duelos.
—Es la Academia de Duelos —le respondí más en un gruñido—. ¿Qué esperas que hagamos? ¿Jugar al Monopolio?
Junko me fulminó con la mirada. Asuka soltó un suspiro exasperado, claramente ya harta de nuestras discusiones.
—Por favor, no empiecen con eso tan temprano.
Daichi, Rei y Edo fueron los últimos en llegar. Manjoume no se veía por ninguna parte.
Justo cinco minutos antes de las siete, todos los PDA de primer año sonaron al mismo tiempo indicando que teníamos un correo. Resultó ser el horario de clases.
A las siete en punto, el profesor Daitokuji anunció que el desayuno estaba listo. Una fila se formó frente la barra de la comida. Para mi sorpresa, avanzó pronto y en menos de quince minutos estábamos de regreso con el desayuno. Ayudó el que el profesor tenía ya las raciones divididas, y lo único que habíamos tenido que hacer era ponerlas en nuestra bandeja y volver a la mesa.
Para decepción de Judai, no había camarones fritos en el desayuno de esa mañana.
Para las siete con cuarenta, todos habíamos terminado y fuimos a entregar las bandejas, para posteriormente emprender el camino al edificio principal.
Las clases comenzaban a las ocho con treinta de la mañana, lo que nos daba media hora para hacer el trayecto desde el dormitorio hasta nuestros salones de clases. Eso si salíamos justo a las ocho, hora que se cerraba la cafetería por las mañanas. Por tal motivo tomamos nota sobre que era mejor estar en camino desde antes de las ocho, considerando que nuestro dormitorio era el más alejado del edificio principal.
El buen ánimo de Judai duró hasta que recordó que teníamos que separarnos de nuevo para tomar nuestras clases.
—Antes no era así —murmuró por lo bajo.
—No te preocupes, Aniki, nos veremos en el almuerzo.
Judai sonrió a Sho por su intento de darle ánimos.
Por mi parte, entendí un poco el por qué Judai estaba tan decepcionado. Nuevamente la realidad era diferente a la que recordaba del anime, y que parecía ser la línea del tiempo anterior. Podía decir que la escuela tenía muchos más alumnos, ya que en el anime toda la generación de Judai estaba en el mismo salón de clases. Para Judai debía resultar extraño no tomar sus clases con todos ellos.
Nos despedimos de momento del resto y entramos a nuestros salones. Momoe había ido a sentarse con una de sus compañeras de habitación, mientras que yo seguí a Johan y Sho, quienes querían los asientos de primera fila.
El salón no era tan grande como me parecía respecto al anime, teniendo una capacidad para unos cincuenta estudiantes, divididos en cinco filas de diez alumnos cada una, que a su vez estaban partidos en dos por las escaleras, veinticinco a la izquierda y veinticinco a la derecha. Al frente había una plataforma y un pizarrón electrónico, además del escritorio del profesor.
Justo a las ocho treinta, el sonido de las conversaciones ociosas se detuvo cuando la puerta del salón se abrió y entró la profesora de nuestra primera clase. Resultó ser la maestra Akemi. Ahora que veía mejor su uniforme, me di cuenta de que era muy similar al de la profesora Midori, sólo que de color amarillo. Lo cual, junto con su presentación, terminó por confirmar lo que ya pensaba respecto a los dormitorios:
—Buenos días —nos saludó mientras el pizarrón electrónico se encendía mostrando su nombre escrito en Kanjis y el nombre la materia que nos estaría impartiendo—. Soy la profesora Akemi Fudo, codirectora de Ra Amarillo, y les estaré dando Física del Duelo durante el primer trimestre.
No me sorprendió mucho el nombre de la clase. En sí era la física de toda la vida (con sus fórmulas para medir y convertir magnitudes de siempre), pero por ser el Yugiverso, alguien encontró la forma de hacer que una aburrida clase de ciencias terminara de alguna forma relacionada con el juego de cartas. No fue la única clase «normal» que agregó duelo al final.
Ese primer día antes del almuerzo también tuvimos clase con Chronos, Teoría del Duelo. Debo admitir que el profesor era bueno en lo que hacía. Por supuesto, a diferencia de su contraparte animada, no tenía motivos para ser hiriente con los alumnos de rojo. Sabía que él también había regresado desde ese futuro horrible del que Fubuki tenía tantas pesadillas por lo que este Chronos no era el mismo snob elitista que había estado empeñado en expulsar a Judai, pero incluso cuando no hubiera sido así, supongo que no tiene sentido meterte con los rojos cuando todos en primer año los son. Este último hecho no cambiaría hasta que se llevara a cabo el primer examen de promoción a finales de mayo.
A las doce con treinta tuvimos el receso del almuerzo, que duraba una hora. Desde ese primer día nos dimos cuenta de que lo mejor era comprar algo en la cafetería del edificio principal; aunque, luego de nuestra primera semana en la Academia, comenzamos a preferir ir a la tienda de la señorita Tome. Su tienda no solía tener muchos clientes a esa hora, salvo que fuera el día del sándwich sorpresa. Respecto a la cafetería principal del campus, se parecía más a una cafetería típica occidental, lo cual contrastaba con el aspecto similar a un restaurante tradicional japonés de la cafetería de Osiris.
Por supuesto, todo en la cafetería y en la tienda de la señorita Tome se pagaba con DP.
Hablando de estos, ganarlos no era una tarea tan fácil como podría pensarse. Si bien cualquier duelo dentro de la Academia (mientras fuera contra otro estudiante) te daba una cantidad de Puntos de Duelo con base en tus estadísticas, no todos los duelos valían lo mismo. Había tres clases de duelos en la escuela: escolares, oficiales y no oficiales. Los primeros se referían a todos los duelos que se tuvieran durante las clases y los exámenes. Los duelos oficiales eran desafíos concertados mediante una solicitud de duelo a través de un formulario, básicamente lo que Judai había intentado hacer cuando quería desafiar a Káiser para dar confianza a Sho al comienzo del anime. Y los no oficiales era cualquier duelo casual con tus amigos fuera del horario de clases, siendo en realidad los más comunes, ya que era con los que probabas tus mazos y estrategias.
Como es de esperarse, el tipo de duelo influía en cuantos DP ganabas. Un duelo escolar daba el total de los DP a ambos jugadores, más un bono de participación (si había sido por petición de un maestro para demostrar algo en clase) que los profesores asignaban según su propio criterio. Los Duelos Oficiales sólo daban los puntos al ganador, y eran los únicos en los que podías intentar romper los récords escolares y personales por una pequeña bonificación adicional. Los casuales, por otro lado, tenían una penalización del ochenta por ciento de los puntos ganados, y de igual forma solamente los daban al ganador.
Ahora, los Duelos Oficiales tenían un sistema de clasificación que, de nuevo, los hacían parecer algo sacado de uno de los videojuegos de la franquicia. Para ser más específico: parecían ser el modo Jugador contra Jugador de Duel Links. Sólo podías desafiar a un duelista que estuviera en tu mismo dormitorio, aunque con la diferencia de que ganar muchos duelos no te hacía subir tu nivel dentro de este, eso era algo que únicamente se podía hacer pasando el examen de finales de cada mes. Así que, además de los DP, ¿cuál era la ventaja de estos duelos? Simple: no subías de nivel en tu dormitorio, pero sí que te ayudaban a mejorar tu rango de duelista. Por supuesto, entre más alto fuera tu nivel y tu rango, mayor era tu ganancia en Puntos de Duelo.
Como he dicho antes, las cartas en este mundo no son baratas, y tampoco lo es una colegiatura en la Academia, así que en realidad no era que Kaiba estuviera regalando dinero a sus estudiantes. Más bien era un incentivo para forzarlos a practicar lo más posible. Si bien podías recibir dinero de tu familia, este estaba limitado a 1000 DP semanales: suficiente para pagar por tus comidas y alguno que otro extra, pero no para comprar cartas nuevas (a menos que quisieras pasar hambre). Y el hecho de que la Academia recibiera las expansiones, y algunos arquetipos exclusivos, antes que el resto del mundo era un poderoso disuasivo para querer comprar cartas en su tienda usando tus DP.
Volviendo a aspectos más generales de la vida escolar en la Academia, las clases concluían a las cuatro treinta de la tarde. A partir de esa hora éramos libres de dispersarnos por la Academia y hacer lo que quisiéramos. Lo normal para nosotros, desde la primera semana, era ir a la sala de duelos prácticos. Dado que era dónde se hacían las solicitudes y se llevaban a cabo los Duelos Oficiales, siempre estaba llena. Debido a esto, y como todos queríamos esos jugosos DP, los duelos allí solían ser muy entretenidos.
Aprendimos todo sobre lo que implicaba tener duelos en la Academia el primer día después de las clases, cuando decidimos ir a dar una vuelta por las arenas de práctica. Por supuesto, casi todos los que jugaban eran de grados superiores. Allí encontramos a Fubuki, quien disfrutaba de su tiempo luciéndose ante su grupo de admiradoras con una buena racha de victorias. Judai y Johan querían enfrentarlo, pero debido a las limitaciones de rango y nivel, les era imposible. Eso no evitó que nos desafiaran a nosotros, y en poco tiempo terminamos acaparando una de las arenas para retarnos entre unos a otros.
No pasó mucho tiempo antes de que atrajéramos la atención de los estudiantes mayores. Para disgusto de Asuka y Sho, las comparaciones con sus hermanos mayores no se hicieron esperar. Podía entender su molestia: en mi vida anterior, los compañeros de clase de secundaria de mi hermano mayor me habían puesto el apodo de «mini», como si fuera su versión en miniatura, cuando ingresé a la misma escuela que él.
Eran pasadas las seis de la tarde, cuando recibí un mensaje en mi teléfono. Cuando noté que era de Haou, me disculpé con los chicos con la primera excusa que pude pensar y me dirigí de regreso a los dormitorios.
Iba a medio camino cuando Fubuki se unió a mí. Su rostro era la máscara perfecta de la seriedad.
—Supongo que ahora sabré que es lo que te tenía tan preocupado durante el viaje en el ferri —dijo.
—Es la profesora Midori —respondí sin darle muchas vueltas al asunto.
Fubuki se detuvo y me miró un momento como si no pudiera creerlo.
—No me digas que es una agente doble. Suficiente tuvimos con… —se calló.
Negué con la cabeza, pero no dije nada más.
Encontramos a Haou de pie en la entrada a los dormitorios. Nos dirigió una mirada fría, antes de hacernos una señal para que lo siguiéramos.
Nos condujo hasta el acantilado. Era el mismo lugar en donde Judai había enfrentado a Rei en el canon.
—Habla —me ordenó Haou sin mucha ceremonia.
Pasé a explicarles sobre la implicación que podía tener el que Midori Hibiki fuera profesora en la Academia. Por supuesto, muchas cosas eran diferentes a lo que sabía del manga. En primer lugar, Judai y ella no tenían una conexión muy profunda, más allá de que había sido nuestra profesora de primaria, y eso solamente durante un año, dos trimestres para mí. Judai tampoco había recibido a Kuriboh Alado de su hermano Koyo, sino de Yugi.
Respecto a Koyo Hibiki, había poco que supiéramos sobre él más allá de lo que era público. Había disputado el campeonato del mundo varias veces contra Jonouchi, con quien tenía un empate respecto a rachas de triunfos, y sin duda había sido uno de los mejores duelistas del mundo. Para algunos había sido el candidato más probable a la corona del Rey de los Duelistas, sobre todo luego de que Jonouchi declarara que no tenía la intención de ir tras el título de su mejor amigo.
Por supuesto, la clave de todo esto es que sus logros estén en pasado: Koyo Hibiki se había retirado hacía dos años, y nadie parecía saber dónde estaba. Eso había sido un pequeño escándalo, pues se retiró en uno de los mejores momentos de su carrera.
—¿Crees que tiene que ver con este ser, Tragoedia? —me preguntó Fubuki.
—No lo sé. A menos que esté en coma en algún hospital. Lo cual dudo mucho. No puede pasarle algo así a un duelista tan famoso sin que la prensa se entere.
—Debemos mantener vigilada a Midori Hibiki —decidió Haou—. Si Koyo Hibiki está involucrado de alguna forma con este ser, Tragoedia, entonces ella será un objetivo colateral.
La conversación terminó allí, pues casi eran las siete y era hora de la cena.
Las instalaciones del edificio principal estaban abiertas hasta las nueve de la noche, aunque pocos (salvo que tuvieran demasiadas tareas pendientes) se quedaban por allí hasta esas horas. La cena en los dormitorios se servía a las siete de la noche, y si no estabas allí a tiempo, tendrías que desembolsar tus DP para comprar algo en las máquinas expendedoras. A diferencia del desayuno, no era obligatorio asistir a la cena. Supongo que se debía a que muchos estudiantes preferían comprar alguna barra energética y aprovechar la hora para terminar sus tareas, si estas eran muchas, en la biblioteca o en la sala de estudios de su dormitorio.
A las diez de la noche, todos los estudiantes debían estar en los dormitorios, y para las once todas las luces de las habitaciones debían de estar ya apagadas.
- GX -
Años atrás ya había sospechado que el nivel de la Academia sería alto, y no me decepcionó. Joran ya era una escuela difícil (en Japón escuela privada equivale a escuela de más dificultad), la Academia de Duelos la dejaba en otro nivel. A veces sus clases básicas parecían que estaban diseñadas para alguien que había solicitado un máster en alguna carrera, no para un estudiante de preparatoria. Supongo que tiene sentido, dado el tipo de educación que Gozaburo le dio a Seto (el tipo tenía varios títulos universitarios antes de los quince años), pero a veces no podía evitar pensar que se le había pasado un poco la mano al elaborar el plan de estudios. Ahora puedo ver porque Judai lo sufría tanto en el anime. Esta vez quienes lo sufrían más eran los herederos de los multimillonarios, aquellos que en el anime eran los snobs de Obelisco que estaban allí sólo por dinero y contactos. A diferencia de lo visto en el canon, Kaiba no les iba a dejar tomar el camino fácil.
Hablando de Judai, aunque todavía tendía a relajarse en clases, hasta ahora no se había quedado dormido en ninguna ni había fallado con sus tareas (al menos hasta donde sabía). Supongo que el que nos apoyáramos todos para terminar estás últimas ayudó en eso. Ayudó también que Yubel, actuando como un tutor estricto, había decidió crear una regla: si quería tener duelos, primero debía terminar los deberes. Los demás no sabían que eso venía de Yubel, pero no les pareció mala idea.
Hablando de nuevo sobre nuestra primera semana, hubo poco tiempo para planear la misión de rescate de las cartas en el Pozo del Descarte. Algo que se vio agravado con el hecho de que, después del primer día, rara vez teníamos un tiempo todos juntos para hacer eso. Ya saben, clases separadas y horarios diferentes. La cafetería (tanto la del campus como la de Osiris) solía estar llena de gente, incluso fuera del horario de comidas. La sala de estudios y la biblioteca eran incluso peores (esta última llena por los alumnos de tercer año). Todo el tiempo había estudiantes yendo de un lado para otro, repasando notas o haciendo turno para usar las computadoras de la biblioteca, las cuales eran mejores que las de los dormitorios. Osiris tenía buenos equipos, para ser el dormitorio con menos presupuesto, pero algunas tareas (sobre todo si estabas en una que refiriera programas muy especializados, como diseño de hologramas) no se podían hacer en esos equipos. Claro, estudiábamos juntos, pero no es lo mismo estar en eso que planear un viaje a algún punto apartado del bosque para bajar a un pozo seco el cual podía ser peligroso.
No ayudaba que los profesores parecieran tener prisa por cumplir con el programa escolar, y nos hubieran sobrecargado con deberes incluso siendo la primera semana. La serie hacía parecer que todo en la Academia era ir de duelo en duelo (a veces a altas horas de la noche) y luego ir a dormir en la clase de Chronos (algo altamente desaconsejado, porque su furia era algo que no querías experimentar). En la realidad, o quizá sólo en la realidad de esta línea del tiempo, mantener una nota aceptable era muy difícil. Quizá por eso muchos de nuestros compañeros de Osiris se habían rendido, y puedo ver porque Hayato prefirió no subir a Ra. Si el dormitorio más bajo tenía ese nivel de estrés, no quiero imaginar cómo era en Ra o en Obelisco, a quienes se les exigían mayores resultados… Tal vez pasar tres años con la chaqueta roja no era tan mal idea después de todo. (Spoiler: el tío Kouji jamás me permitió hacer eso.)
Para mí y Johan estaba además el asunto de que no queríamos pasar demasiado tiempo en nuestra habitación. Vivir a diario con Haou no era la mejor experiencia, y me hacía extrañar cuando había un departamento entero entre su habitación y la mía. Esa aura de «mantente alejado de mí» que despedía cuando niño no había hecho sino crecer con el paso de los años, y ahora que no había un juramento que me obligara a servirlo, estaba más que feliz de hacerle caso. No ayudaba la constante tensión que había cada vez que Johan estaba cerca de él. Daban ganas de gritar: «¡Ya! Suelten un puñetazo y acaben con esto para poder seguir con nuestras vidas».
Y todas las noches, cuando por fin comenzaba a quedarme dormido, el llanto del bebé llenaba la habitación y seguía escuchándose por horas. Sin poder hacer nada al respecto, comencé a prestarle atención. A veces parecía que el llanto estaba dentro de la misma pieza, otras veces más bien era como si viniera del interior de una de las paredes o del techo. Una noche, más que un llanto desgarrador, fue sólo una serie de hipidos melancólicos, como si el bebé que lloraba comenzara a darse cuenta de que nadie iba a ir a buscarlo para consolarlo.
Tras el tercer día de malas noches, William decidió hacer algo al respecto. Aprovechó para hablarme mientras estaba solo en el baño preparándome para irme a la cama.
—Desafía a alguien a duelo mañana antes del desayuno.
Me pareció extraño, pero no lo cuestioné. Los espíritus de duelo a veces tenían «formas misteriosas» de hacer las cosas, casi como el dios cristiano.
—Está bien. Es muy temprano, pero no creo que Johan o Judai se nieguen…
—Ellos no. Que sea alguien a quien apenas conoces. Y hazlo cada mañana hasta que resolvamos el asunto de tu falta de sueño.
Pensándolo bien, creo que eso debió levantar algunas alarmas sobre lo que William pretendía hacer, pero a lo largo de los años se había convertido en alguien en quien confiaba de forma ciega.
Durante los siguientes tres días, tuve un duelo con algún personaje random de Osiris. Fue un poco sospechoso que la mayoría de ellos parecieran aceptar incluso cuando unos segundos antes me habían visto con mala cara por pedir eso antes de las siete de la mañana. En cada uno de esos duelos, parecía que mis cartas estaban empeñadas en que William o la «Dama Vampiro» estuvieran en mi mano inicial, listos para ser invocados.
Siempre me sentía mucho mejor luego de terminar el duelo, irónicamente como si hubiera dormido toda la noche como un bebé. No fue hasta el tercer día luego de aquello que me di cuenta del porqué.
Ese día fue el primer sábado que pasábamos en la Academia. Los sábados en teoría sólo teníamos dos clases, aunque en la realidad eran más, ya que luego del almuerzo teníamos las clases optativas. Las primeras dos horas se ocupaban en duelos prácticos, en los cuales los profesores, ayudados por los alumnos de tercero, nos daban una pequeña asesoría sobre qué tan bien estaba construida nuestra baraja. Luego de eso, eran dos horas de educación física, que normalmente se resumían a algún partido de uno de los tres deportes que se jugaban en la Academia: fútbol, béisbol o tenis (dos veces por semana se tenían clases más ordinarias de educación física con atletismo y esas cosas).
Justo estábamos en medio de un partido de béisbol, deporte que tuve que elegir porque luego del duelo y la pesca era la única otra cosa que Judai podía hacer sin aburrirse, noté que la profesora Ayukawa estaba llamando la atención de uno de nuestros compañeros de dormitorio. Al parecer lo había sorprendido quedándose dormido en la banca en lugar de participar en el partido, lo que le llevó a cuestionarlo sobre si estaba durmiendo bien.
El chico era el mismo con quien había tenido un duelo esa mañana.
Me quedé helado por un momento cuando entendí lo que pasaba: William estaba robando la energía de duelo de los otros estudiantes para que yo no tuviera problemas debido a mi falta de sueño.
Esa tarde, luego de asistir a mi primera clase optativa de programación orientada en diseño de videojuegos (por extraño que parezca desde afuera, Corporación Kaiba vive de algo más que hologramas avanzados para un mejor disfrute de los juegos de cartas para niños), me excusé con los chicos diciendo que había olvidado algo y volví a los dormitorios. Originalmente había planeado, junto con Judai y Johan, usar ese día para explicarles al resto sobre el Pozo del Descarte y el plan para rescatar las cartas; sin embargo, tenía que resolver el problema con William antes de eso.
Me apresuré a llegar a los dormitorios de Osiris y de inmediato me asomé a mi habitación para asegurarme de que no hubiera nadie. Si hubiera visto que Haou estaba allí habría dado media vuelta para ir a buscar otro lugar (posiblemente en algún sitio en medio del bosque) en dónde tener esa conversación sin miradas indiscretas.
Saqué mi mazo y de inmediato busqué la carta de William. La dejé sobre mi escritorio, saqué la silla y la giré para que viera hacia las literas. Hecho eso, me senté en la orilla de la cama de abajo, que era la de Johan (Haou había tomado la cama de arriba, y yo la de en medio para servir como una suerte de escudo entre esos dos).
William no tardó en presentarse. Apareció sentado en la silla. Sus ojos rojos me miraron con esa melancolía a la que ya estaba acostumbrado.
—No puedes robar la energía de otros para dármela a mí —fui directo al grano.
William no cambió su expresión en lo más mínimo.
—La necesitas más que ellos —dijo con simpleza—. Es otra vez lo mismo: lo que hay aquí se está alimentando de tu energía de duelo.
Cerré los ojos y me llevé la mano al puente de la nariz en un gesto de exasperado.
Se repetía de nuevo el incidente que hubo con Zombino y Zombina. Tanto William como Yubel me habían explicado el porqué: mi poca capacidad para controlar como gastaba mi energía de duelo era la principal causa detrás de ese suceso. A eso se sumaban otros dos problemas. Primero, la generaba en menos cantidades de las que hacía un duelista ordinario; y segundo, también tendía a derrocharla más. Era como tener una suerte de trastorno metabólico, pero de una índole más «espiritual» que físico.
Uno podría decir: «Pues deja el duelo y asunto arreglado: ya no estarás sujeto a espíritus ni a juegos de lo oscuro que afecten tu salud». Ojalá fuera así de fácil. En una de esas ironías de la vida, era el duelo lo que me mantenía relativamente sano. Vamos, la generación de energía de duelo era como un músculo: si no lo usabas se atrofiaba. Todavía no se hacían estudios muy amplios al respecto, porque todo eso era algo relativamente nuevo para la ciencia médica de ese mundo, (aunque tal vez los viajeros en el tiempo sabían algo más al respecto). Según puedo sospechar, si no hubiera comenzado a tener duelos, habría llegado un momento en el que habría resultado imposible para mi cuerpo mantenerse sano. Es decir, cuando la energía de duelo que Yugi me prestó se hubiera agotado, habría estado en serios problemas. Quizá de haber nacido antes de que Pegasus hubiera reabierto la puerta del duelo al mundo humano no habría tenido ese problema al no haber tanta interacción entre espíritus y humanos, pero ese no fue el caso.
—Aun así, no creo que… —Me mordí el labio—. ¿No hay otra forma de obtenerla? Es la Academia de Duelos: ¡estamos rodeados de ella!
—Los humanos no pueden adquirir energía de esa forma —me recordó—. Además, no estoy tomando la energía de otros y dándotela a ti. Simplemente, la energía que normalmente me das, la estoy tomando de nuestros enemigos.
Fruncí un poco el ceño ante la última palabra, aunque la dejé pasar de momento. William ya me había explicado que hacía eso: tomar energía en pocas cantidades de los duelistas a los que enfrentaba, aunque nunca hasta el punto en que esa «ingesta» de energía resultara perjudicial para ellos.
—¿En qué se diferencia lo que hay aquí de Zombino y Zombina?
El espíritu que estaba aquí debía ser diferente. Los dos niños se alimentaron de mi energía por años sin que eso supusiera un problema grave, hasta que la Luz se interpuso y bloqueó parte de mi conexión con la Oscuridad. ¿Qué había de diferente en este espíritu que estaba afectándome tanto, sin otro factor externo debilitando mi ya de por sí deficiente administración de energía de duelo?
—No lo sé —admitió William.
—¿Has escuchado el llanto? —Le había hecho esa misma pregunta a Judai y a Johan, ambos lo negaron. Judai le pidió a Yubel y a Kuriboh Alado que buscaran cualquier indicio sobre algún espíritu que estuviera haciendo «travesuras», pero hasta el momento no había nada.
William negó con la cabeza.
Genial, creo que ahora podía parafrasear a Ron Weasley: «Escuchar llantos que nadie más puede oír no es una buena señal, incluso en el yugiverso».
Me mordí el labio en un gesto pensativo. Sabía una cosa al menos, lo que fuera había comenzado a alimentarse de mi energía, eso significaba que era algo real, y no imaginario. Si, bueno, la mente es poderosa y existen los trastornos psicosomáticos, síntomas físicos sin una causa biológica real, sino que parten de algún aspecto más psicológico o incluso de mera sugestión; pero no podía pensar en una razón lógica de por la que mi mente podría estar creando todo ese asunto del llanto del bebé, el cual además de limitar más mis horas de sueño, estaba robando mi energía de duelo.
—En todo caso, no me gusta que te mantengas en base de la energía de otros —volví al punto de partida de toda esa discusión.
William me miró alzando una ceja como preguntando: «¿Y tu punto es?».
Entendí el porqué de esa reacción: «eso hacen los vampiros».
Suspiré.
—Yo soy quien creó un vínculo contigo. Elegí ser tu Donante, o Ganado si lo prefieres —añadí recordando algo del léxico de Vampiro, la Mascarada.
—No eres Ganado —susurró William con voz afectada.
Abrí la boca para responderle cuando otra voz resonó en la habitación:
—Haces mucho drama por algo tan insignificante.
Me congelé un momento. Luego, giré la cabeza para ver a la persona que habló. Haou estaba de pie junto a la puerta, recargado en la pared. Traía una manzana en la mano derecha y la mordió de forma despreocupada mientras me miraba con sus indiferentes ojos de color dorado. Supe que había estado allí todo el tiempo, posiblemente oculto sin ser visto en las sombras. Eran casi las seis de la tarde, así que las sombras en la habitación eran ya muy largas.
Haou terminó su manzana y luego arrojó el corazón a la papelera.
Era desconcertante verlo con el uniforme de Osiris. Hacía más difícil diferenciarlo respecto a Judai. Los ojos fríos e indiferentes no quedaban con ese rostro. Bueno, no al menos cuando llevaba la chaqueta color rojo brillante de nuestro dormitorio. ¿Por qué no podía hacer como Manjoume y usar una chaqueta de color negro?
—Si de verdad te molesta que tu vampiro haga eso, ¿por qué no te centras en resolver el problema desde su fuente?
Fruncí el ceño.
—Quiero hacerlo, pero William…
Haou dio un paso al frente saliendo de las sombras. Por primera vez en años sentí a la Oscuridad en mí reaccionar a la presencia del Rey Supremo. Fue una sensación intensa, como si de pronto se hubiera destapado algo dentro de mí con una explosión.
No había un juramento de servidumbre como el que me ató durante cuatro años, pero eso no quería decir que Haou no tuviera poder sobre mí. Me di cuenta en ese momento: en realidad él no necesitaba de esas cosas para forzarme a hacer algo. Fue tonto de mi parte pensar que no era así, después de todo ya lo había experimentado antes, ese día siete años atrás, el día que me hizo jurarle lealtad, cuando su mera presencia me hizo caer de rodillas ante él.
Por un momento mi mente superpuso la imagen de Haou sobre la del Dios iracundo del Viejo Testamento: «¿Quién ha dado la boca al hombre? ¿Quién hace que uno vea o el otro sea mudo o ciego? ¿No soy yo?». En cierto sentido, eso era así. La mitología del anime lo dejó claro: la Oscuridad Gentil era la fuerza responsable de la existencia de toda la vida en este mundo. Cierto, Haou no parecía ser un ente omnipresente u omnisciente como sí lo era el dios abrahamanico. Sin embargo, a veces tenía la impresión de que allí dónde hubiera la más leve sombra (oscuridad, más bien), Haou sería capaz de moverse.
—Esta criatura, lo que sea, es algo que hasta ahora solamente tú pareces haber escuchado. Algo así no puede ser una coincidencia. No existen las coincidencias cuando hablamos de espíritus.
Haou dejó de mirarme, girándose hacia William.
—Hay enemigos en la Academia, de eso no hay duda.
Era algo a lo que ya me había hecho a la idea. A pesar de la aparente intención de Kaiba de convertir la Academia Central en una especie de bastión en la guerra, estaba claro que no tenía intenciones de evitar que los enemigos la atacaran como ya había sucedido en el canon y en la línea del tiempo anterior. De hecho, para él eso era muy conveniente. Si podía llevar la batalla a su territorio, en dónde tenía ventaja, lo haría sin dudarlo.
—No podemos permitirnos debilidades —continuó Haou, viéndome de nuevo, para luego volver su atención a William—. Has lo que debas hacer para garantizar eso hasta que resolvamos este problema.
William se limitó a asentir con la cabeza. Me envió una mirada de disculpa, y luego desapareció.
No era la primera vez que Haou pasaba sobre de mí para darle una orden a William. Eso no hizo que fuera más fácil. Sobre todo por qué, a diferencia de la última vez, no había un juramento de lealtad que condicionara mi subordinación a Haou. No pude evitar sentir que William estaba traicionándome al obedecer esa orden sobre mis propios deseos. Supongo que no podía evitarse. Tres años atrás había aprendido que los espíritus de duelo del arquetipo vampiro tenían una especie de alianza, o más bien vasallaje, con Haou.
Haou caminó hacia la puerta para salir. Ese era el mejor momento para cuestionarlo con respecto a lo que estaba ocurriendo, algo que hasta ahora había evitado hacer. Parecía que estaba más que enterado de todo el asunto que me estaba quitando el sueño cada noche, además de su implicación de que esto tal vez tenía que ver con un enemigo.
—¿Sabe algo sobre lo que pasa aquí? —Incluso sin el juramento, no me atrevía a ser informal con él. Haou era un Rey, y más allá de la Oscuridad y esas cosas, sabía darse a respetar como uno cuando era necesario.
Se detuvo y volvió a verme. Sus ojos brillaban con diversión.
—Es tu trabajo averiguarlo. Debes resolver esto por ti mismo.
Salió de la habitación.
Muy bien, ahora estaba claro para mí: él lo sabía. Parecía estar mucho más en contacto con su poder que Judai, así que es fácil suponer que a diferencia de su hermano menor estaba más que consciente del espíritu. Quizá incluso hasta lo había identificado. Siendo ese el caso, esto era una especie de prueba para mí.
Me senté en el escritorio y saqué mi laptop. Tenía una carpeta dónde había estado llevando registro todas las cartas que podía recordar, algunas solamente de nombre o por su descripción general. Era molesto que de alguna forma la Oscuridad había usado mi alma para llevar, literalmente, toda la base de datos de Konami a ese mundo, y yo mismo no pudiera acceder a ese conocimiento de forma consciente.
Abrí la hoja de cálculo dónde tenía anotadas todas esas cartas, y me puse a revisarla, buscando todos aquellos monstruos que tuvieran que ver con bebés. Siendo la Academia de Duelos y considerando que, al igual que Zombino y Zombina, este espíritu vivía de mi energía de duelo, estaba seguro de que tenía que ser un espíritu de duelo. Para mi suerte, no había muchos que fueran bebés.
