Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Libro III
Capítulo 30
Gracia del Vampiro
[Zombi/Efecto/OSCURIDAD/Nivel 6/ATK 2000/DEF 1200]
Cuando uno o más monstruos de Tipo Zombi de Nivel 5 o mayor son Invocados de Modo Especial a tu lado del Campo por el efecto de un monstruo de Tipo Zombi mientras esta carta está en tu Cementerio: puedes pagar 2000 LP; Invoca esta carta de Modo Especial desde tu Cementerio. Sólo puedes usar este efecto de "Gracia del Vampiro" una vez por turno. Una vez por turno: puedes declarar 1 tipo de carta (Monstruo, Mágica o de Trampa); tu adversario manda al Cementerio, desde su Deck, 1 carta de ese tipo.
Las vacaciones fueron un respiro más que bienvenido para mí. No tener que estar despierto hasta altas horas de la noche escuchando el llanto del bebé se sentía como estar en el paraíso. El llanto de los bebés es uno de los sonidos más desesperantes que existen para el oído humano. ¿La razón? Bueno, es un mecanismo de preservación de la especie: escuchar a un bebé llorar provoca que deseemos callarlo, por lo que cualquier persona psicológicamente estable y competente tendrá como instinto primario buscar la causa del llanto y hacer lo necesario para que se detenga; ya sea darle de comer, cambiarle el pañal, arrullarlo o llevarlo al médico si se identifica que está herido o enfermo. En ese sentido, la naturaleza es muy sabía.
El festival de ciudad Domino fue tal como había sido siempre: una mezcla entre un festival tradicional japonés y una convención occidental. Por la noche, ocurría el festival con los puestos de comida y juegos de habilidad tradicionales, las lámparas de papel y los fuegos artificiales. Durante el día había torneos de duelo, concursos de Cosplay y presentaciones de nuevos productos de las empresas interesadas. Corporación Kaiba presentó su nuevo modelo de discos de duelo, el que actualmente usábamos en la Academia de Duelos. Pegasus subió al escenario el mediodía del miércoles para mostrar las nuevas cartas y otros productos.
La ciudad, como cada año, estaba llena con personas de todas partes del mundo que querían experimentar una fiesta que ya se había convertido en uno de los principales atractivos turísticos, no sólo de la ciudad, sino de Japón en sí.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y con el «milagro económico» del país entre las décadas de los 60 y 80 del siglo XX, Japón se había convertido en una mezcla extraña entre su propia cultura y la occidental (tal como sucedió en mi mundo anterior); lo cual era mucho más notorio en Ciudad Domino. Convertirse en la Meca del Duelo hizo que una gran cantidad de personas de todo el mundo que deseaban probar suerte en sus Ligas se mudaran a la ciudad. Ese parecía ser el motivo por el que, para la época de 5D's, la ciudad parecía ser mucho más cosmopolita, con muchos descendientes de familias occidentales viviendo en ella.
Hablar de la Segunda Guerra Mundial en el mundo de Yu-Gi-Oh! es raro para mí. Ciertamente Japón se unió al Eje, pero fue mucho menos radical y racista que en el otro mundo. Hasta dónde sabía, no hubo matanzas de prisioneros de guerra, ni contra la población civil de los países ocupados (aunque sí estaba esa idea de unificar todo el llamado «Lejano Oriente» e Indochina, junto con gran parte de Oceanía, bajo la bandera del Sol Naciente); jamás hubo un Escuadrón 731, ni mujeres de confort sirviendo como esclavas sexuales de su ejército; además de que los soldados no pensaban que debían luchar hasta el último hombre o suicidarse, junto a los civiles, si fallaban en detener al enemigo. Es decir, fue un Imperio Japonés menos brutal, o tan poco como se puede en una guerra de esas características.
(Ojalá se pudiera decir lo mismo de la Alemania Nazi…)
Como resultado de lo anterior, no fue necesario el uso de bombas atómicas para obligar al emperador a rendirse. Esto a su vez se tradujo a una ocupación de menor duración y con menos restricciones a la hora de reconstruir el país. Siendo el mayor cambio la inexistencia del Artículo 9 en la constitución actual de Japón. Es decir, Japón nunca renunció a su «derecho» a la guerra y pudo reconstruir su ejército tras el final del conflicto. Esa fue la razón principal por la que Gozaburo pudo fundar Corporación Kaiba como una empresa militar y dedicarse al desarrollo de tecnología bélica. En el Japón pacificado de mi mundo anterior eso no habría sido posible.
Volviendo al punto de mi historia, el festival también ayudó a Judai a sentirse mejor. Pudo olvidarse por un momento de lo ocurrido con Manjoume y concentrarse en divertirse. Ganar uno de los torneos del festival, uno para estudiantes de nivel preparatoria, ayudó mucho a la hora de subirle el ánimo.
Y luego estaba Fubuki.
Convencí a Judai de que lo mejor que podíamos hacer era hablar con él sobre lo que estaba pasando. Fubuki fue una especie de maestro para Manjoume en el canon, además de compartir su situación como viajero en el tiempo.
Fubuki no estaba sorprendido tras escuchar eso. Supongo que él ya sospechaba algo de eso.
—Para él fue complicado. Perdió mucho en la guerra, no solamente amigos. A pesar de la forma en que se desarrolló su relación con sus hermanos, eso no cambiaba el hecho de que… —Suspiró.
Lo entendí: a pesar del conflicto, un hermano es un hermano, en especial si era la única familia que te queda. Sólo un mes atrás, los medios de comunicación de Japón habían publicado la noticia de que Daiki Karasuno, el padre de Jun, había sido trasladado de emergencia al hospital; al parecer por complicaciones debido a un cáncer no diagnosticado a tiempo. Si eso había pasado también en la otra línea del tiempo, entendía por qué Jun parecía haber quedado al cuidado de sus hermanos con únicamente quince años de edad.
—Sé que sus hermanos no eran las mejores personas. Es decir, con todo ese supuesto plan de dominación global y la forma en que lo trataron cuando se salió.
—No lo eran —estuvo de acuerdo Fubuki—. Pero tenían una reputación que mantener, razón por la cual no intentaron hacer nada, más allá de cortar su acceso a los fondos ilimitados de su familia.
No es que Jun los necesitara. Como duelista profesional sin duda había tenido una carrera más que exitosa.
—Por supuesto, a la Luz no le importan esas cosas. Una vez que los tuvo bajo su control expulsarlo de la familia no fue suficiente.
Hice una mueca de desagrado. Judai no parecía mejor. Por el gesto que hizo, fue claro que había entendido: la Luz intentó asesinar a Jun usando a sus hermanos como medio.
—Ver caer a todos uno tras otro —siguió Fubuki y luego miró a Judai—, verte caer a ti, no lo ayudó en nada, sino todo lo contrario. Sabes lo mucho que le costó abrirse a la idea de que tener amigos no lo hacía débil. Luchar contra años de educación sobre como las personas son herramientas no fue fácil para él.
Los hermanos de Manjoume le habían llenado la cabeza con esas ideas durante años. La supremacía, el control global, ser bueno no es nada: tienes que ser el mejor. Todas esas mierdas que creían personas como ellos y que al final lo único que hacen es crear a pequeños psicópatas obsesionados con la idea del éxito, sin importar a quien tengan que aplastar para lograrlo.
Muy parecida a la forma en que Gozaburo acondicionó a Kaiba. Me pregunto si la familia de Manjoume había hecho eso mismo con él. Dolía de solo pensarlo. A la vez, agradezco que el plan para cambiar la historia haya sido traerme como parte de la familia de Yugi, porque algo me decía que Kaiba no habría dudado en hacerme pasar por eso de haber estado en su familia. No se lo haría a Mokuba, pero era diferente a un alma que veía sólo como una herramienta para un fin.
—Pero, Jun decidió volver —dijo Judai luego de un rato—. ¿Por qué hacer eso y luego simplemente dejarnos fuera de su vida?
Fubuki volvió a suspirar con cansancio.
—El Jun que conocimos desapareció tras la muerte de Edo. Perder a su maestro, el hombre que lo ayudó a construir su carrera en las Ligas Profesionales, fue el último golpe que necesitaba para romperse. Ahora, cuando alguien se rompe de esa forma, pueden pasar dos cosas: se derrumba por completo y pierde el deseo por vivir, o se arroja a una espiral de venganza autodestructiva.
—Pasó lo segundo —deduje.
Fubuki asintió con la cabeza.
—La brutalidad de los duelos de Hell Káiser era poca cosa en comparación con lo que Manjoume hacía a los seguidores de la Luz. Quien fuera: niño o adulto.
Judai apretó los puños. Estaba temblando, no sé si de ira o de dolor. Quizá ambos.
—Manjoume no…
—La guerra lo cambia todo —lo interrumpió Fubuki—. El presidente Pegasus no quería dejarlo volver.
Esto hizo que Judai alzara la mirada, mitad desconcierto, mitad furia. Yubel apareció a su lado y puso su mano en su hombro para demostrar su apoyo.
—Papá no…
—Entiende: alguien que ha caído en esa espiral de venganza no era adecuado para lo que teníamos que hacer. Al final, Kaiba fue la voz de la razón. ¿Cuántos duelistas verdaderamente buenos quedaban de nuestro lado? Toda nuestra generación de la Academia estaba acabada. Sólo quedábamos él y yo. De nuestros profesores, únicamente Chronos. La Luz destruyó incluso el alma del profesor Daitokuji. Maldición, no perdonó ni siquiera a Faraón.
¡Auch! ¿Por qué al gatito? Nunca fui alguien de gatos, pero Faraón era único. Tenía la tendencia a saltar al regazo de cualquiera que estuviera sentado en las mesas de la cafetería y no se iba hasta que le rascaras la panza por lo menos durante diez minutos. Si le dabas un bocadillo, te seguía durante todo el día (lo que sacaba de quicio al profesor Chronos porque, por más que intentaba echarlo, no podía sacarlo del salón).
—Imagino que de la generación de Yugi solamente quedaban él y Kaiba.
Fubuki asintió dándome la razón.
Ya me había confirmado que, tras fragmentarse a causa de la Luz, los restos del equipo 5D's cayeron intentando recuperar a Rua y Ruka. De todas formas, haber traído a cualquiera de ellos no habría servido de mucho. Estaban demasiado adelante en el tiempo. El plan era detener a la Luz antes de que pudiera hacerse con el control de uno de los Signers.
—Ahora entiendo mejor por qué Manjoume se sentiría culpable y por qué Kaiba lo tiene vigilado. —Sabiendo esto, me di cuenta de que no fue la aparición del Dragón de la Luz y la Oscuridad lo que atrajo la atención de Kaiba sobre Manjoume. Conociéndolo, lo había estado vigilando todo el tiempo. ¿Se había dado cuenta de lo que su padre intentó hacer a su madre y había actuado al respecto?
Entonces recordé otra cosa: hasta ahora había creído que la presencia de Manjoume en ese callejón tres años atrás se debió a una coincidencia. ¿Y sí no era exactamente así? Fubuki dijo que se sumió en una espiral de venganza contra los seguidores de la Luz. ¿Estaba detrás de Diva? Era algo lógico: de alguna forma sabía que Diva estaba trabajando con la Luz y su intención era acabar con él. Incluso se presentó como «el Trueno Negro que desterrará a la Luz de la Destrucción». La coincidencia fue que Judai y yo justo estuviéramos cerca de allí antes de que él llegara, antes de que Diva pudiera lograr secuestrar a Rei.
Fubuki escuchó mi razonamiento. Parecía algo dudoso de que fuera exactamente así.
—No sé la verdad que pensar respecto a él —dijo—. Es claro que recuerda, pero no estoy seguro de cuánto. Suficiente para que le afecte, eso es claro. Aunque… —se pasó la mano por el cabello en un gesto de desconcierto—. Ese dragón lo cambia todo. ¿Dices que es importante?
—Mucho. Hay algo dentro de él… no es un espíritu de duelo común.
—¿El maat? —me preguntó Judai.
—Ma'at —lo corregí—. Como dije, la Pluma de Ma'at era parte del juicio de los muertos en la mitología egipcia. Y a la vez era la hija del dios Osiris. No sé, creo que, mientras esa pluma esté dentro de él, es tan poderoso como un Dios Egipcio. Al menos en lo que corresponde a su poder como un espíritu de duelo.
Kuriboh Alado apareció junto a Judai, este no dudó y rascó su pelaje, lo que le hizo gorjear de felicidad.
—Eventualmente aparecerán enemigos tratando de recuperar lo que hay dentro del dragón de Jun y dentro de Kuriboh Alado. —Ojalá hubiera prestado más atención al manga de GX.
—El dragón era muy extraño en verdad —dijo Judai—. Se sentía como una mezcla entre la Oscuridad y la Luz, pero en equilibrio perfecto.
—Bueno, por algo es el Dragón de la Luz y la Oscuridad —repliqué—. Y luego están esos otros dos dragones, los que usó contra mí.
—¡Oh, es cierto! Nunca había visto cartas como esas.
—Creo que Jun las usaba en el manga —dije—. Además, existían en mi mundo. Pero eran monstruos de Sincronía. En esencia eran lo mismo, pero para invocarse pedían un monstruo cantante más monstruos no cantantes de su mismo atributo: OSCURIDAD para el «Dragón del Final Oscuro» y LUZ para el «Dragón del Fin de la Luz».
Solté una pequeña carcajada.
—Creo que, si el «Dragón de la Luz y la Oscuridad» fuera una fusión, esos dos serían sus materiales.
Judai abrió los ojos con sorpresa.
—Tal vez no sus materiales, pero, ¿y si esos dragones nacieron del otro?
Parpadeé sorprendido. Eso en realidad tenía mucho sentido. Al igual que el monstruo Jefe de Jun, esos dos basaban sus efectos en reducir su propio poder, sin contar que eran tan similares a él en su diseño.
—Sé que solamente lo dije como una broma, pero, ¿un espíritu de duelo puede tener hijos?
Yubel resopló con fastidio.
—Tomaré eso como un «sí».
—¿Qué hay con los dragones? —preguntó Fubuki—. Imagino que los mencionaste por algo.
—Sólo es un pensamiento que tuve de pronto. ¿Qué pasaría si esos dragones de alguna forma ayudaron a «sanar» la mente de Manjoume? Dijiste que estaba sumergido en una espiral de venganza. Pues, más allá de la culpa que pueda sentir por como acabaron las cosas, no parece que sea el Jun que conociste antes de volver.
»El Ma'at es equilibrio. Y en cierta forma el Dragón de la Luz y la Oscuridad representa eso. Por eso es que lo sentiste así —le indiqué a Judai—. Es como el Yin y el Yang representado en un monstruo de duelo. Tal vez, de alguna forma, ha equilibrado ambas partes de Jun, permitiéndole sanar.
Nuestra conversación tuvo que parar allí. Nos habíamos alejado del grupo y nos sentamos en las escaleras de uno de los templos sintoístas que participaban en el festival, una que estaba alejada de las zonas en la cual habían instalado los puestos; y los otros chicos acababan de encontrarnos por fin.
Después de un regaño por escabullirnos de esa forma sin avisar, tuvimos que regresar a la fiesta.
Era el último día de las festividades. Al día siguiente tendríamos que tomar el ferri de regreso a la Academia. Esperaba que pronto pudiéramos hablar de nuevo sobre esto. Todavía había muchas preguntas que necesitaban ser respondidas con respecto a Jun y el futuro del que venía. Sin hablar de los dragones.
- GX -
Regresar a la Academia fue volver a las noches de poco sueño y pasar casi todo mi tiempo libre repasando mis notas sobre cartas tratando de descubrir que podía ser. Mi sospechoso más probable era «Bebé Vampiro». Es decir, todo encajaba: el llanto era demasiado humano, así que tenía que ser un monstruo humanoide; además, estaba robando energía de duelo… al igual que William. Bueno, siendo estricto, Zombino y Zombina habían hecho lo mismo y no eran vampiros. ¿Tenía algo que ver con el Tipo Zombi?
Hice un sonido de frustración mientras cerraba mi laptop. Estaba agotado por no dormir mucho en tres días, comenzaba a llegar al límite de mi frustración y quería acabar con eso al menos una semana antes de los exámenes de promoción, a fin de tener tiempo para relajarme y estudiar. El tío Kouji no estaría contento si tenía malas notas.
Mi PDA sonó con una solicitud de duelo. Tuve que aceptarla. Miré la fecha en el calendario y sentí una punzada de dolor. Era diez de mayo. En Japón el día de las madres se celebra el segundo domingo de mayo (es decir, faltaban cuatro días), pero para mí el diez siempre sería la fecha. Había evitado ver el calendario por eso mismo.
No quería deprimirme, pero camino a mi duelo no pude evitar hacerlo. Pensar en mamá (en mis dos madres: la que olvidé y la que me olvidó) tenía ese efecto en mí.
Me detuve en seco cuando una idea pasó por mi cabeza.
—Cuando su llanto se oye cerca es que está lejos… —murmuré.
El llanto del bebé era un problema porque se escuchaba muy cerca, a veces casi como si estuviera a mi lado. Sin embargo, no obtuvimos ni una sola pista que nos indicara que él o su carta estuviera en los dormitorios. Zombino, Zombina, los héroes de Judai y las Bestias de Cristal habían buscado sin encontrar nada.
¿Qué tal si no era así?
Llegué a mi duelo, hice lo posible por acabar pronto y media hora después estaba de regreso en el dormitorio. Mientras corría de vuelta, envié un mensaje a Judai y Johan para que me encontraran en mi habitación.
—Creo qué sé lo que pasa con el espíritu y porque no hemos podido encontrarlo.
Judai y Johan me miraron con los ojos emocionados queriendo saber más. Para ellos todo eso era un gran misterio que querían resolver… como a ellos no los mantenía despiertos hasta la «hora del diablo».
—¿Alguna vez han escuchado de La Llorona? —No esperaba que fuera así.
—Creo que hablaste de eso una vez que contábamos historias de horror en Halloween. —Oh, bueno, quizá Judai sí. Había contado muchas viejas leyendas de México antes, tantas que no estaba seguro de si esa era una de ellas. Fue pecar de tonto de mi parte: la historia es tan común que lo raro sería que no lo hubiera hecho.
Johan me miró con desconcierto.
—En resumen: se trata del espectro de una mujer que perdió a sus hijos. A veces ella los mató debido al despecho por la traición de un hombre, a veces el hombre es quien los asesinó. El punto es que la mujer está condenada a penar buscando a sus hijos, generalmente cerca de cuerpos de agua como ríos o lagos, dado que en el noventa y nueve por ciento de las versiones sus hijos murieron ahogados.
—Muy interesante, pero no parece haber relación con el bebé que escuchas.
Por supuesto, era Yubel. Estaba de pie cerca de la puerta, mirando las garras de su mano izquierda con una expresión de aburrimiento.
—A eso voy. Uno de los elementos más comunes en diversas versiones de la leyenda de La Llorona, es que cuando su llanto se escucha cerca es que en realidad está lejos, y si lo escuchas lejos es que está cerca.
Había otras leyendas que también hablaban de esa peculiaridad, por ejemplo, el sonido de El Silbón de Venezuela y Colombia.
—¿Crees que es lo mismo? —me cuestionó Johan.
—Es probable. No parece estar en los dormitorios, así que por lógica debe estar en algún otro lugar de la isla.
—¿El Pozo de Descarte? —me preguntó Judai.
Johan me miró con una expresión de «te lo dije».
—Es posible —tuve que admitir—. Pero creo que lo mejor es estar seguros. ¿Qué tanto puede alejarse un espíritu de duelo de su carta?
Judai miró a Yubel. Con un suspiro de fastidio, el espíritu respondió:
—En un lugar como este, tan cargado de energía de duelo, varios cientos de kilómetros.
—¡Muy bien! —medio gritó Johan emocionado—. Hay que enviar una expedición. ¿Quién se apunta?
Amatista, Topacio y Cobalto se inscribieron a la expedición de inmediato. Al parecer estaban esperando una excusa para explorar más la isla. Por parte de Judai Avian, Burstinatrix, Sparkman y Wildheart. Los trillizos (los Niños Héroe de Judai), intentaron apuntarse, pero una mirada de madre estricta por parte de Burstinatrix los hizo retroceder refunfuñando de regreso a sus cartas.
—Lo siento, chicos, tal vez la próxima —Judai se disculpó con ellos.
—Por favor, no les des falsas esperanzas. Son muy jóvenes para misiones peligrosas —lo regañó la heroína de fuego.
Judai se rascó la cabeza en un gesto avergonzado.
—¿Peligroso? —preguntó Johan con duda, mientras Rubí saltaba a su regazo para obtener su atención. Comenzó a pasar la mano por su espalda en un gesto cariñoso, causando que el ser mitológico ronroneara contento.
—Bueno, no estamos seguros de que clase de espíritus haya en ese pozo —aclaró Topacio.
—Muchos monstruos de bajo nivel —respondió Judai. Cerró los ojos y se concentró tratando de recordar que había visto allí en su vida pasada.
—Supongo que también esos de puntos de ataque decentes, pero de nivel muy alto —dije por mi cuenta—. Monstruos cuyas estadísticas jugaron en su contra cuando Kaiba decidió que ahora había que sacrificar monstruos para invocar los de niveles altos.
—Eso solamente lo hace peor —dijo Avian—: un monstruo sin efecto, o con puntos de ataque bajos, puede ser peligroso si tiene un nivel alto. Fuera de un duelo, el nivel importa más que las estadísticas de ataque y defensa.
Miré a Yubel de reojo. Tenía cero puntos tanto de ataque como de defensa y más allá de su efecto, en definitiva, era un espíritu poderoso con quien no querías meterte. Un nivel diez.
—E incluso los monstruos pequeños y de nivel bajo, pueden conocer algún tipo de magia que los haga peligrosos —terminó Avian.
Me hizo recordar algunas de las descripciones de los monstruos vainilla. Algunas de ellas competían contra las más turbias del Pokedex. Sin ir más lejos, la descripción del Dios Niwatori indicaba que se tragaba enteros a sus enemigos para robar sus energías. En pocas palabras, por más que me gustara creer lo contrario (sobre todo por el RPG de Kaiba) Niwatori no se parecía en nada a un tierno chocobo de Final Fantasy, incluso cuando el arte de su carta me hacía pensar en el Chocobo Fat.
Esto hizo que Johan y Judai miraran con preocupación a sus monstruos.
—Es tarde —dijo Johan—. Casi oscurece y la cena se servirá en dos horas. Planeemos la expedición para mañana.
Asentí de acuerdo. Quería saber, pero no a riesgo de la seguridad de los espíritus.
—Haré un reconocimiento esta noche —dijo William apareciendo del otro lado de la habitación, de pie bajo la ventana—. Soy más que capaz de mantenerme oculto en la oscuridad.
Antes de que pudiera decir nada, William había desaparecido.
Me mordí el labio. Las cosas entre ambos todavía eran un poco complicadas.
—¿Él estará bien? —preguntó Johan
—Los vampiros son expertos en usar la noche a su favor —explicó Yubel—. Uno de ellos puede estar a menos de dos metros de ti en medio de la oscuridad y no te darías cuenta, al menos no hasta que lo tengas prendido de tu cuello sorbiéndote la sangre.
Había un deje de siniestra diversión en la forma en que dijo lo último.
Pasamos el resto del tiempo antes de la cena planeando la expedición. Por suerte para la mañana siguiente William habría regresado y ajustaríamos el plan según lo que hubiera encontrado.
Al final, por petición de los Héroes, Wroughtweiler iría con ellos. Si bien Amatista y Topacio eran más que capaces de seguir rastros, nunca estaba de más tener otro rastreador experto.
- GX -
Estaba seguro de que ya era más de la media noche. El llanto del bebé había comenzado hacía unos treinta minutos y no parecía que fuera a detenerse hasta muy entrada la madrugada.
Cerré los ojos deseando que el llanto no se sintiera como un taladro en mi cabeza.
Me sobresalté cuando sentí una mano fría sujetando mi brazo. Abrí los ojos y vi a William reclinado un poco sobre mí. Sus ojos eran dos carbones al rojo vivo en la oscuridad.
—Encontré algo —dijo en voz queda. Casi podría jurar que se escuchaba más en mi mente que en la realidad.
—¿El pozo?
William negó con la cabeza.
Me hizo una señal para que lo siguiera. Frunciendo un poco el ceño, decidí que debía confiar en él.
Me deslicé fuera de la cama, teniendo cuidado de no molestar a Johan. Casi di un respingo cuando vi a Haou sentado en el escritorio junto a la puerta, el de Johan.
—¿Lo encontraste? —Tuve la impresión de que no era una pregunta en sí.
—Tal vez —respondí mirando a William.
—Hazlo rápido. —Haou desapareció como si en realidad no hubiera estado allí.
¿Hacer qué? Ir por el espíritu, supuse.
William me indicó que me pusiera los zapatos y la chaqueta. A pesar del clima tropical del archipiélago Ryukyu, la Isla Academia tendía a llegar a temperaturas unos cinco grados Celsius más bajas que el promedio de sus islas hermanas. No había un consenso científico respecto a la explicación de dicho fenómeno, aunque se especulaba que era debido a ciertas corrientes que rodeaban la isla. Quizá en realidad había una razón más sobrenatural que eso. En todo caso, esa era la razón por la que los alumnos llevábamos chaquetas como parte del uniforme.
Sin más, a pesar de que la temperatura promedio más baja del archipiélago en mayo era de unos veintiún grados Celsius, en esos momentos la Academia estaba en dieciséis. Con el bosque y las corrientes de aire que se formaban fácilmente, podía sentirse mucho más baja.
Una vez estuve listo, incluyendo mi mazo principal y mi disco de duelo, William hizo algo que no esperaba: me abrazó con su brazo derecho, envolviéndome en su capa (qué más parecía un ala de murciélago). Al instante fuimos envueltos por una especie de niebla negra que me picaba en la nariz y la garganta como si fuera humo, para después sentir como si estuviera cayendo.
Me tambaleé un poco y William me sostuvo para que no me desplomara. Podía sentir el leve indicio de un mareo y hasta de un dolor de cabeza.
—¿Cómo? —No quería pensar en que tanta energía de duelo había tenido que tomar William de otros estudiantes para hacer algo como eso.
Miré a mi alrededor. Estábamos en el bosque, específicamente, en la entrada de uno de los caminos, cerca de las verjas de los dormitorios de Osiris. El llanto del bebé se seguía escuchando, aunque no tan fuerte como en el dormitorio.
—Almacené la energía que obtuve durante la Noche de los Espíritus. —Es decir, Walpurgis: la víspera de mayo—. Sólo podré hacerlo una vez más y no a mucha distancia.
Eso explicaba por qué estábamos tan cerca de las verjas del dormitorio.
Vi un murciélago llegar volando y posarse sobre el brazo de William, como si fuera un halcón mensajero. Me di cuenta de que no era un murciélago ordinario. Parecía más como una sombra y sus ojos brillaban de forma similar a los de William. Era un Familiar Vampiro. Curioso, yo no tenía esa carta.
—Todos los vampiros podemos invocar a los familiares —explicó William casi como si hubiera leído mi mente—. Envié a los míos a buscar fuentes de energía vampírica.
Comenzamos a caminar por el bosque.
—¿Energía vampírica?
—La energía de duelo de un vampiro es un poco distinta a la de otros monstruos. Somos un tipo muy específico de no-muertos. A pesar de ser tipo zombi, o de las leyendas, tenemos más en común con los vivos que con los muertos. Al menos los puros. Los conversos son otra cosa.
—¿Puedes convertir a otros?
—Sí. Pero, al ser un espíritu de duelo, me sería más fácil convertir a uno de estos que a un humano. —William se detuvo—. Puedo intentarlo, si es lo que quieres.
—No —negué de inmediato.
Sentí la tristeza de William. Quizá hable demasiado rápido y con mucha dureza.
—Yo… probé la muerte una vez. Había tanta paz. Espero que algún día, cuando todo esto termine, y después de que haya podido vivir, pueda experimentar eso de nuevo.
Me mordí el labio. No había dicho esto a nadie antes.
—Creo que, de no ser por mis padres y de no haber conocido a Judai, y a través de él al resto, yo no estaría vivo ahora. —Respiré profundamente—. Papá y mamá me hablaron de cuando fuimos de vacaciones a un hotel. Yo tenía tres años, casi cuatro. No saben cómo me las arreglé para llegar a la piscina y me caí. Casi me ahogo.
Mi cara se desfiguró en una mueca desagradable.
—No recuerdo mucho, pero tengo la impresión de que no fue un accidente. Antes de los seis años, solía pensar mucho en la muerte. —Negué con la cabeza—. No, yo quería morir. Incluso ahora, cuando paso muy cerca de algún cable de alta tensión o cuando voy a nadar, me pregunto «¿Y si tomo ese cable? ¿Debería sumergirme y nunca más salir?».
No pude evitar recordar a Buffy cantando y bailando hasta casi morir en el que, irónicamente, era mi capítulo favorito de toda su serie. Casi podía escuchar los versos cantados por Sarah Michelle Gellar:
Toda la alegría termina con la vida,
la familia y los amigos.
Todas esas vueltas que la vida da,
sabiendo que luego termina y te vas.
En especial los de esa parte tan dolorosa, en la cual se gira para ver a sus amigos y les reclama por fin sus acciones egoístas al traerla de nuevo a la vida:
No había más pena, miedo o dolor,
hasta que me arrancaron del Cielo.
Así que esta es mi queja:
Vivo en el infierno, porque fui expulsada del Cielo…
En los primeros años de mi nueva vida de verdad podría haber jurado que este mundo era el infierno. De allí las pesadillas. Ahora, aunque todavía había cosas aterradoras allá afuera (la Luz de la Destrucción), al menos podía ser feliz. En cierta forma, abrirme y hacer amigos de nuevo, aceptar a mis nuevos padres, a mi nueva familia, funcionó como el ancla que me ató de nuevo a la vida.
Recordé a Spike, William el Sangriento, el personaje de Buffy la Cazavampiros por quien nombré así a Señor de los Vampiros. El hombre que detuvo a Buffy de morir en ese episodio, y más tarde se convirtió en el ancla que la ató a la vida:
La vida no es un musical,
la vida no es actuar,
la vida es sólo esto… vida.
Superarás el dolor que sientes.
La única forma de superarlo, es viviendo.
Suspiré. Podía sentir las lágrimas picando mis ojos, pero las contuve. No había llorado pensando en esas cosas en mucho tiempo. No había llorado desde que la Luz se llevó los recuerdos de mis padres. Desde ese día pensar en ellos y en lo que les hizo la Luz únicamente me provocaba rabia y un deseo de venganza el cual trataba de suprimir lo más que podía. La venganza te convertía en un ser lleno de rabia como Manjoume en el futuro. Como Katara en Los invasores del sur.
No dije nada más sobre eso. Avanzamos por el bosque hasta que el llanto del bebé se hizo más y más tenue. ¿Era justo como en la leyenda de La Llorona?
—¿Escuchaste lo que hablé con Johan y Judai sobre el llanto?
—Lo hice. Tiene mucho sentido. Algunos espíritus hacen eso. Es tanto para defenderse como para confundir a sus presas. Hace que el cazador piense que están lejos y que la presa se confíe pensando que está a salvo.
Justo como dijo Yubel unas horas atrás: no sabes que está allí hasta que lo tienes prendido del cuello.
—Debimos pensar en eso antes. —Me sentía tonto de no haberlo recordado, considerando lo difícil que fue encontrar al niño. Pero aún estaba el misterio de porque solamente yo lo escuchaba.
—No es algo que hagamos los vampiros. Por otro lado, si es un Bebé Vampiro, podría ser posible.
—Existe su carta.
—Hasta donde recuerdo, no ha nacido uno puro en miles de años. Ni siquiera estoy seguro de si yo nací o soy un converso. El tiempo se hace tan largo, que recordar lo que pasó al comienzo es tan difícil como el que los humanos aprendan a volar sin recurrir a las máquinas.
Llegamos a una cueva. Había algo extraño en ella. Sentí el hedor a sangre casi en el instante que nos paramos frente a la entrada. Era tan fuerte que hasta me resultó extraño el que no se sintiera por toda la isla.
William hizo un gesto con su mano, como si estuviera rasgando un velo. Al instante el hedor a la sangre se volvió cada vez más tenue hasta desaparecer.
—Alguien puso un hechizo para alejar a los posibles enemigos. Hay que apresurarnos, ya debió sentir que fue removido. Con suerte está algo lejos.
Asentí. Entonces recordé que no había traído una linterna. Eso a la vez me hizo darme cuenta de algo: el bosque que nos rodeaba era muy espeso. Si bien la luna llena sería en tan sólo tres días, y por tanto estaba muy brillante, su luz no debía ser capaz de iluminar esa parte del bosque.
Noté entonces las pequeñas flamas plateadas que nos rodeaban.
—¿Fuegos fatuos? —pregunté.
—Son bonitos, ¿verdad?
Frente a mí estaba de pie una chica. Tenía el cabello azul claro de un tono tan bajo que casi parecía blanco o plateado (aunque quizá era por el color de las llamas que se veía así). Su piel era de un tono similar. Llevaba un vestido blanco muy holgado, que casi parecía una bata. Tuve que apartar la mirada algo avergonzado cuando me di cuenta de que no cubría mucho debido a su trasparencia un poco fantasmal. También noté sus orejas puntiagudas como de duende… o vampiro. En realidad, eran lo primero, pues a pesar del tipo de este monstruo, el folclore de estos seres los clasifica como hadas más que espectros o no muertos.
—Banshee del Necromundo —la reconocí.
—Así es. No sé si decir que es un placer conocerte en persona o no. ¿Puedo confiar en un duelista que no quiere usar mi poder? —Se cruzó de brazos.
—Lo siento, no es que no quiera, es que no ha sido necesario.
Mala elección de palabras. La chica resopló con amargura.
—Podría ayudarte a establecer un hermoso Campo para sorprender al enemigo, pero siempre prefieres descartar a Mezuki o a Gozuki. Se han vuelto presumidos por eso, ¿sabes?
Miré a William en busca de respuestas. Este se encogió de hombros.
Ella siguió quejándose:
—Si me respetaras un poco, habrías descubierto este misterio más fácil. Soy experta en llantos.
Por supuesto que sí: las banshees eran espíritus llorones del folclore irlandés. Según se contaba, escuchar su llanto era un augurio de que algún familiar cercano iba a morir pronto. Por este motivo, estas hadas eran consideradas mensajeras del otro mundo.
—Como sea, solamente te estoy ayudando porque William me lo pidió. Y Zombina y Zombino llorarán si le pasa algo a su «hermano mayor».
William nos recordó que había que hacer eso antes de que el guardián del bebé se presentara.
—Todavía me pregunto por qué sólo yo lo escucho…
Banshee del Necromundo resopló como burlándose.
William me respondió:
—Te lo dije: tu alma es muy compatible con nosotros. Deberías estar muerto, sin embargo, estás aquí.
No entendía del todo como funcionaba eso. ¿Era por reencarnar? Poco probable: la reencarnación era algo común en este mundo. O quizá era por las peculiaridades que rodeaban la forma como llegué a reencarnar en ese lugar.
La cueva no se parecía en nada a cómo debía ser una. Fue como entrar a una vieja casa victoriana. El llanto del bebé ya se había normalizado y se escuchaba en una habitación del fondo.
Al abrir la puerta, nos encontramos con una habitación infantil que parecía sacada de un museo. La decoración, los muebles, incluso los juguetes, todo parecía haber viajado en el tiempo desde doscientos o quizás trescientos años atrás.
El bebé estaba en una cuna de madera.
Banshee del Necromundo se adelantó para verlo.
—Oh, es tan pequeño y lindo —cantó con voz enternecida.
Me asomé a la cuna. Tenía una cabeza redonda con una pequeña mata de cabello rubio en la corona. Sus cachetes eran regordetes, sus orejas largas y puntiagudas y su boca muy amplia dejaba ver dos enormes colmillos. Dejó de llorar en cuanto Banshee comenzó a arrullar con ternura, mirándola con sus dos enormes y penetrantes ojos que brillaban como diamantes. En mi opinión, parecía un viejo muñeco nenuco deformado.
—No sabes cuantos problemas me causaste, pequeño bribón —dije.
—No le digas tan feo —me regañó Banshee.
Hice una mueca de fastidio y me giré buscando a William. No estaba.
La puerta de la habitación se abrió de golpe. Vi que algo se acercaba a gran velocidad. Por mero instinto puse mi disco de duelo frente a mí y este se activó, extendiéndose.
—¡Duelista! —gruñó una voz femenina.
La sombra que había entrado tomó una forma más nítida. Era una mujer ataviada en un elegante vestido que bien podría ser del siglo XVI o anterior. Se parecía a los retratos de viejas reinas y damas de las cortes europeas de siglos atrás, incluso tenía una corona. Era el monstruo Gracia del Vampiro. Curiosamente, su cetro se transformó en un disco de duelo.
—Los humanos no son bienvenidos —gruñó—. Sin embargo, ya que interrumpiste mi cena, creo que lo justo es que tome tu energía de duelo.
Hice un gesto de molestia. ¿Dónde estaba William? Tal vez él podía razonar con ella.
El bebé volvió a llorar.
Gracia del Vampiro alzó la cabeza.
—Ya voy, mi amor. Mamá debe cenar primero.
De reojo vi que Banshee también se había ido, aunque los Fuegos Fatuos seguían flotando a mi alrededor.
—¿Tenemos que luchar?
—Irrumpiste en mi casa —replicó ella.
En fin. Yugiverso: todo se resuelve con un duelo, incluso el allanamiento de morada a la casa de un vampiro.
—Comienzo —anunció la vampiresa. Cinco cartas aparecieron flotando frente a ella, como si estuviéramos en Link Vrains y no la Isla Academia—. Activo la Carta Mágica «Entierro Insensato» para enviar a «Secuaz Vampiro» de mi mazo al Cementerio.
Un Deck vampiro, y con soporte de la era Enlace. Dependiendo como jugara sus cartas podría estar en problemas. ¿Tendría a los XYZ y el Enlace del arquetipo?
—No robaste en primer turno.
—¿A caso no sabes jugar, mortal?
—Esa regla es nueva. Me sorprende que… bueno, supongo que al ser un espíritu de duelo las sabes de forma instintiva.
—El Maestro del Juego es quien decide las reglas. Los espíritus nos ajustamos a ellas. Así ha sido desde el comienzo.
¿Maestro del Juego? ¿Hablaba de Pegasus? Preguntas para después, ahora estaba en medio de un duelo.
—Activo el efecto de «Secuaz Vampiro» en mi Cementerio: envío a «Familiar Vampiro» desde mi mano al Cementerio para Invocarlo de Modo Especial…
—Y luego pagas 500 puntos de vida para agregar una carta Mágica o de Trampa Vampiro a tu mano.
Gracia del Vampiro me fulminó con su mirada.
—No deberías conocer estas cartas. ¿Quién te envió aquí?
—El Rey Supremo. Quiere saber por qué el bebé está llorando. —No era así del todo, pero de momento esa explicación debía servir.
—Eso no es posible. El Rey Supremo es un mito…
¿Qué? ¿No había dicho William que los vampiros eran aliados del Rey Supremo? A menos que Gracia del Vampiro fuera mucho más joven que William.
Hizo justo lo que yo había dicho: pagó 500, invocó a su «Secuaz Vampiro» en Posición de Ataque y agregó «Dominio del Vampiro» a su mano.
Su siguiente jugada fue predecible, básicamente hizo lo mismo, esta vez para Invocar a su «Familiar Vampiro»: envió a «Hechicero Vampiro» de su mano al Cementerio, Invocó a su monstruo en Posición de Defensa y agregó una copia de sí misma a su mano.
Ver a un espíritu de duelo usar su propia versión en carta era incluso más raro que en el anime.
—Activo el efecto de «Hechicero Vampiro» en mi Cementerio: lo destierro…
—Y ahora puedes Invocar Normal a un Vampiro de OSCURIDAD sin tributar.
Ella gruñó con furia por el hecho de que conociera sus cartas.
—He jugado ese mazo antes.
—Mientes. No hemos dejado que los humanos conozcan nuestro poder.
Alcé una ceja en un gesto sarcástico. Claro, porque no teníamos copias de «Señor de los Vampiros» (¿dónde estaba William?), «Dama Vampiro», «Genesis de Vampiro» y «Maldición de Vampiro». Hasta Kaiba había usado algunas de esas.
—Me invoco a mí misma. —Hablando de cosas raras. Gracia del Vampiro no caminó hacia el campo, como hiciera Jinzo en el anime, sino que una versión algo traslúcida de ella se manifestó junto a sus otros dos monstruos—. Activo mi efecto.
—¿Qué clase de carta envío a mi cementerio?
—Trampa —gruñó.
Yo hacía lo mismo, al menos antes de que se popularizara el uso de las trampas que se autorreciclaban desterrándose. Tiré «Fragancia Anti-Hechizos».
Gracia del Vampiro procedió a activar «Terraformación» para buscar «Reino Vampiro». La habitación se transformó en un viejo pueblo medieval. Sobre nosotros brillaba una enorme luna de sangre. Esto calmó el llanto del bebé.
—Coloco una carta boca abajo. —Allí acabó su turno. No hubo invocación de Enlace. Eso era bueno para mí.
Muy bien, repasando, me dejó un campo un poco jodido si no tenía buenas cartas. Aunque pagó 1000 puntos de vida, quedando en 3000, en un Deck Vampiro (más con la copia de «Dominio del Vampiro» que dejó en su mano) recuperarlos sería fácil. Tenía a su «Secuaz Vampiro» con 1200 de Ataque, además de a sí misma con 2000 de Ataque. Su Familiar no era un problema, con solamente 0 de defensa. Además del Campo, el cual para su desgracia también ayudaba a mis monstruos. Claro, estaba su efecto de destrucción, pero pensaba usar eso a mi favor.
—¡Es mi turno! ¡Robo! —«Tornado de Polvo», nada mal, aunque no creía necesitarlo este duelo. Jugué Tifón para deshacerme de su carta tapada. Resultó ser «Dominación del Vampiro», la trampa counter del arquetipo. Que bien que me deshice de ella antes de continuar—. Invoco Normal a «Cráneo de Samurái». —Gracias a Pegasus todos teníamos algunas cartas de la era Enlace, aunque no las más poderosas… todavía. Aun así, este monstruo en un mazo Zombi era algo a tener en cuenta—. Cuando lo Invoco de este modo puedo enviar un Zombi de mi Deck al Cementerio.
Me disculpé mentalmente con Banshee del Necromundo, pero necesitaba hacer esto. Envié a «Mezuki». Casi pude escuchar al espíritu que conocí esa noche gruñir con fastidio.
—Se activa el efecto de «Reino Vampiro»: una vez por turno, cuando mi adversario envía cartas de su Deck al Cementerio, seleccionó una carta, luego envió un Vampiro de OSCURIDAD de mi Deck o de mi mano al Cementerio y destruyo esa carta.
Envió otra copia de «Familiar Vampiro» al Cementerio para destruir a mi Cráneo.
—Muchas gracias. Cuando mi monstruo deja mi lado del Campo por un efecto de mi adversario, puedo hacer Invocación Especial un Zombi de Nivel 4 o menor desde mi mano o mi Deck. Invoco a «Gozuki».
Gracia del Vampiro me miró con desagrado.
El toro humanoide resopló al llegar al Campo. Se echó el mazo de madera a la espalda y miró a los vampiros con cierto aire de desdén. Creo que Banshee tenía razón: se estaba volviendo presumido. No puedo culparlo: tiene dos efectos muy buenos. Al instante usé el primero para enviar a «Tortuga Pirámide» de mi Deck al Cementerio.
Podía sentir el descontento de Banshee.
—Activo el efecto de «Mezuki» en mi Cementerio: lo destierro para hacer Invocación Especial de «Tortuga Pirámide».
Por un momento juré que una mano quiso estrangularme. ¿Qué clase de mala vibra estaba creando en mi mazo? ¿No podían llevarse bien como los Héroes de Judai y las Bestias de Cristal de Johan? A todo esto, ¿cuántos espíritus estaban viviendo allí y yo no los conocía?
Más cosas para después, tenía que concentrarme en el duelo.
Activé la Carta Mágica «Toma de Almas» para destruir a su Familiar. Eso le dio 1000 puntos de vida restaurando sus 4000. Su monstruo fue desterrado debido a que había sido invocado desde el Cementerio usando su efecto.
—¡Batalla! ¡Ataco a «Secuaz Vampiro» con «Tortuga Pirámide»!
«Reino Vampiro» hizo que el monstruo de mi adversario ganara 500 puntos de Ataque en la Damage, llegando a 1700. Sin embargo, dicho efecto beneficiaba a todos los Zombis en el Campo, por lo que en realidad el bono no servía de nada cuando enfrentabas Zombis contra Zombis. Mi Tortuga también subió a 1700, causando que ambos monstruos se destruyeran mutuamente.
«Secuaz Vampiro» fue desterrado, mismo motivo que el Familiar. Mientras, yo usé el efecto de mi Tortuga para invocar un monstruo que obtuve durante el festival de ciudad Domino y que ya estaba deseando usar:
—Invoco a «Dragón Zombi de Ojos Rojos».
La habitación, cueva o lo que fuera, tembló cuando una llamarada de fuegos fatuos hizo emerger a la versión corrupta y putrefacta de uno de mis monstruos favoritos. La criatura rugió amenazante, haciendo que el bebé llorara de nuevo. Era fácil decir que estaba hambriento y deseaba comer carne viva, aunque de momento debía conformarse con carne de no-muerto.
Sus 2400 puntos de ataque, más su efecto, me aseguraban la victoria.
—¡Ataco a «Gracia de Vampiro» con mi dragón!
Una bola de miasma (¿Descarga de Miasma Infernal?) fue disparada por las fauces del dragón haciendo desaparecer a la versión traslúcida de mi adversaria. El efecto del «Reino Vampiro» volvió a aumentar los puntos de Ataque de ambos monstruos durante la Damage. 2900 de mi monstruo contra los 2500 del suyo.
Gracia del Vampiro gruñó con enfado, mientras sus puntos de vida caían a 3600. Su molestia solo creció cuando vio emerger a su versión traslúcida en mi lado del Campo
—Cuando mi dragón destruye un monstruo Zombi, puedo hacer Invocación Especial de ese monstruo en mi lado del Campo.
Ordené a «Gozuki» atacar directamente. El mazo de madera golpeó duro a Gracia del Vampiro, tanto que hasta me dio lástima. Por su propio «Reino Vampiro» recibió 2200 de daño en vez de 1700. Le restaban sólo 1400 puntos de vida.
—Ataco directamente con «Gracia del Vampiro».
Hice una mueca de dolor. Ser derrotado por una versión de ti mismo no debía ser nada bonito.
La vampiresa me dirigió una mirada de odio mientras los ¿hologramas? desaparecían y la habitación volvía a su aspecto real. El bebé seguía llorando, cada vez con más fuerza.
—¡Voy a hacerte pagar! —gruñó ella avanzando hacia mí.
—Es suficiente. —William por fin hizo acto de presencia.
Gracia del Vampiro lo miró casi como si fuera un fantasma. La conmoción en su rostro era más que palpable. Dio un paso al frente, estirando la mano para tocar a William. De pronto la retiró, como si temiera que mi amigo fuera a desvanecerse en cuanto lo tocara.
—¿Es usted? —susurró—. ¿Mi Señor?
William avanzó hasta envolver a la vampiresa en un abrazo.
—Lo soy —dijo—. Te has vuelto muy fuerte, mi querida Erzsébet.
Durante un largo rato me quedé de pie allí, sintiéndome incómodo, mientras la vampiresa, Erzsébet, lloraba en los brazos de William.
¿Qué historia había entre ellos? Miré mi PDA para consultar la hora. Eran casi las tres de la mañana.
Tuve que carraspear para llamar la atención de los dos vampiros. No podía quedarme allí hasta el amanecer. Tenía clases en la mañana, además de haber violado el toque de queda para tener esa aventura (Judai iba a estar muy molesto por no haberle avisado).
