Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Respuesta a Review Anónimo:
Roxas Strife
El pasado de Kenichi es más complicado de lo que él mismo sabe. Por eso los dioses no quieren que recuerde cosas. Pero siempre hay lagunas, es imposible limpiarlo todo.
No es que Chronos estuviera escondido, bueno, más o menos sí. Se dio cuenta de la tención y se quedó por allí esperando a ver que pasaba. Sólo intervino cuando fue claro que Midori no iba a ceder y hacer su trabajo.
Libro III
Capítulo 32
Sanadora Harmoniosa
[Carta de Trampa]
Solo puedes activar esta carta cuando recibes daño a tus Life Points. Aumenta tus Life Points en 1000 puntos. Además, aumenta tus Life Points en 500 puntos por cada carta "Sanadora Harmoniosa" en tu Cementerio.
Cuando desperté, de mis síntomas sólo quedaba un dolor de cabeza débil y la sensación de fatiga. Lo primero que vi fue el techo blanco y mi nariz se llenó con el hedor del alcohol y el desinfectante.
«¿Un hospital?», pensé. Salvo por aquellas semanas en que un médico de Corporación Kaiba decidió que no tenía permitido dejar la cama, esta era la primera vez que estaba en uno en esta vida por más de unas cuantas horas. Tampoco es que la experiencia de hacía tres años contara como uno, puesto que fui confinado dentro de las instalaciones secretas de Corporación Kaiba en Alcatraz.
Una vez que mi mente se aclaró un poco, me di cuenta de que estaba en la enfermería. Aunque estaba suficientemente bien equipada como para ser considerada algo más que una simple enfermería escolar. Siendo una isla en medio del océano, a cientos o miles de kilómetros de una ciudad grande, tenía que ser así.
No percibí el pitido de las máquinas de soporte vital que estaba acostumbrado a ver en series y en películas. Eso era bueno, supuse. Lo que sí noté fue el tubo de oxígeno en mi nariz y la intravenosa en mi brazo derecho. Era fácil darse cuenta de que a esto último se debía que mi dolor de cabeza hubiera mejorado.
Estuve un rato viendo al techo de baldosas blancas preguntándome qué hora sería. Por la intensidad de la luz que entraba por la ventana, calculé que debía ser pasado el mediodía, ¿tal vez la una de la tarde? Por desgracia, no tenía mi PDA a la mano para confirmar la hora exacta. Tampoco ninguno de mis dos celulares, tanto el personal como el que Kaiba me dio.
Escuché el sonido inconfundible de una puerta automática. No menos de diez segundos después, la profesora Ayukawa estaba a mi lado revisando mis signos vitales.
—Muy bien, es bueno que esté despierto, joven Satou.
Apuntó algunas cosas en una tableta electrónica. Luego, tras revisar de nuevo mi pulso, pareció satisfecha.
—Un par de horas de descanso más, para que se termine el suero de la intravenosa, y podrá volver a su dormitorio. Necesita una dieta alta en hierro por las siguientes dos semanas y voy a recetarle vitaminas. Una píldora diaria antes de desayunar durante un mes.
Noté que la profesora no parecía conforme.
—Ahora, sobre su problema con la energía de duelo, tengo algunas preguntas que hacerle.
Procedió a hacer las mismas que ya había tenido que responder al médico de Corporación Kaiba tres años atrás:
Sí, los duelos a veces me dejaban agotado (más de lo normal) si se extendían mucho, por eso prefería un estilo de duelo más agresivo del que era usual en ese mundo, siempre pensando en terminar lo más pronto posible llenando el campo rápidamente con monstruos fuertes. No siempre se podía, dado que los mazos para ese momento de la línea del tiempo no eran capaces de generar combos de quince minutos que, si no eran interrumpidos, terminaban en el OTK.
Para mi sorpresa, hizo algunas preguntas sobre espíritus de duelo. Tuve que ser honesto, ya que Chronos los había visto, además de la profesora Midori. Supuse que le contaron lo sucedido a la profesora Ayukawa.
Cuando traté de ocultar el hecho de que alimentaba a mis monstruos con mi propia energía de duelo, la profesora me dio una mirada severa que me recordó mucho a mi madre cuando trataba de ocultarle que me sentía mal. Me pregunto si es algo de todos los médicos y enfermeras. Aunque, ahora me doy cuenta de que House tiene razón: todo el mundo miente y en especial los pacientes a su médico.
—¿Tenía un diagnóstico previo de esto?
—Sí.
La mujer revisó su tableta de nuevo. No pareció contenta con lo que vio.
—No está en su expediente médico. ¿Quién hizo el diagnóstico?
—Eh, el doctor Takeda… trabaja para Corporación Kaiba. Fue hace tres años, luego del incidente de la falla global de la Visión Sólida durante la Golden Week.
La profesora murmuró algo por lo bajo sobre enviar expedientes médicos incompletos.
—Muy bien. Descanse. Enviaré a alguien con comida en diez minutos. Se perdió la cena y el almuerzo. También, todas sus clases del día: ya pasa de las dos de la tarde.
Estaría allí hasta después de las cuatro, considerando que dijo que posiblemente serían otras dos horas hasta que se terminara el suero de la intravenosa.
Volví mi mirada de nuevo hacia el techo.
Esperaba que la enfermería no fuera a ser una constante en mi paso por la Academia. Considerando lo que parecía estar en mi futuro, era muy probable que fuera así. Asesinos, fanáticos adoradores de la luz, un profesor traidor trabajando con un espíritu de duelo enloquecido (no estaba seguro de si alguien ocuparía el lugar de Yubel aliándose con Cobra) y Darkness; eran todos muy buenos motivos para para enviarme a la enfermería al menos un par de veces por «temporada».
Eso me hizo recordar algo importante.
—¿Dónde está Ferenc? —pregunté en voz baja, sabiendo que William siempre me escuchaba.
—A salvo —me respondió sin aparecer—. Banshee cuida de él… En su carta —agregó antes de que pudiera preguntar en dónde.
—¿Un espíritu puede entrar en la carta de otro?
—Por poco tiempo, cuando no está vinculado.
Supuse que las cartas eran casi como se especulaba que eran las Pokeball por dentro: una especie de dimensión o «casa» de bolsillo.
—Tal vez deba comenzar a usarla…
—¿Por qué la elegiste en primer lugar? —me cuestionó William.
—Para activar fácilmente «Mundo Zombi» y protegerlo una vez está en el campo.
Por supuesto, una vez activado, para sacar todo su potencial necesitaba cartas como «Dragón Zombi de Ojos Rojos», «Paladín del Dragón Maldito», «Dragón Emperador de la Destrucción» y otros similares; esto para poder robar los monstruos del Cementerio de mi adversario una vez convertidos en Zombis por el efecto de «Mundo Zombi». El problema era que sólo recientemente había obtenido a los dos primeros monstruos. El tercero era de Sincronía, así que de momento era imposible agregarlo a mi mazo. Era una de las razones por las que deseaba que Pegasus se apresurara con eso.
Claro, también estaba su segundo efecto que impedía invocar por tributo nada que no fuera de Tipo Zombi, pero ya que buscaba acabar mis duelos lo más pronto posible, ese efecto no me servía de mucho. Aunque, en retrospectiva, debí haberla usado contra Manjoume. Fue un muy mal cálculo de mi parte el pensar que me atacaría solamente con Dragones Armados mientras que usaría Ojamas para bloquear mi campo.
—¿Todavía no consideras que estemos al cien por ciento?
—Faltan muchas cartas —respondí—. Por ejemplo, el combo que habría usado contra Erzsébet de tener el mazo completo habría sido: invocaba al «Cráneo de Samurái», mandaba a Banshee al cementerio; cuando «Reino Vampiro» destruyera al Cráneo, encadenaría a Banshee en el Cementerio para activar «Mundo Zombi» desde mi Deck. Por el efecto de Cráneo invocaría a «Gozuki». Entonces activaría «Gozuki» para enviar a «Floración Brillante» al Cementerio desde mi mazo. Se habría activado el efecto de «Floración Brillante» y lo usaría para buscar a «Dragón Zombi de Ojos Rojos». Al estar activo «Mundo Zombi», desterraba a «Floración Brillante» desde el Cementerio para Invocar Especial al monstruo buscado en vez de ponerlo en mi mano. Con eso habría tenido el OTK listo.
El resultado a final de cuentas hubiera sido el mismo, pero me habría permitido ahorrar a «Mezuki» para más adelante, en caso de que el duelo se alargara.
—¿Me estás diciendo qué no me usas porque te falta una maldita flor que crece por todas partes en el necromundo?
La intervención repentina de Banshee me hizo dar un respingo, lo que me provoco un pinchazo de dolor cuando se movió el intravenoso. No fui el único, ya que al instante la habitación se llenó con el llanto de un bebé.
Antes de que pudiera responder, una enfermera entró en mi habitación. Me incorporé para quedar sentado, mientras ella ponía una mesa de cama con la bandeja de la comida. Era la dieta típica para la anemia: muchas verduras verdes (ensalada de lechuga, espinaca y brócoli), algo de carne y un plato de sopa de legumbres.
La enfermera se marchó tras decirme que volvería en media hora para recoger la bandeja.
Comí lentamente, mientras pensaba en los reproches de Banshee. Tenía toda la razón para estar enfadada. La había elegido para ser parte de mi Deck porque tenía un buen efecto y unas estadísticas decentes para el momento actual del juego. Sin embargo, ni una sola vez le había dado oportunidad, ni siquiera cuando la tenía en mi mano. Quizá era por eso que no había parecido en esta en varios meses. No la culpaba si prefería esconderse en lo más profundo de mi deck.
Tal vez debía reformular mis combos a fin de que todas mis cartas tuvieran la oportunidad de lucirse. No sólo «Mezuki», «Gozuki» y todos esos zombis de más de 2000 de ataque que invocaba usando a «Tortuga Pirámide».
Terminé de comer un minuto antes de que volviera la enfermera.
Me recosté en la cama y me quedé mirando el techo por un largo rato. La habitación estaba en casi completo silencio (Banshee había logrado que el bebé se calmara unos quince minutos más tarde), tanto así que hubiera preferido estar conectado a un monitor de signos vitales únicamente para que hubiera algo que lo rompiera.
Comencé a repasar todo lo ocurrido la noche anterior, desde que William me despertó hasta que Erzsébet se marchó tras pedirnos que cuidáramos de Ferenc. Había tantas cosas que habría querido preguntarle. ¿Por qué los sirvientes de Drácula iban tras de ella y su bebé? (Por qué estaba claro que al hablar de un Dragón por fuerza tenía que referirse a él, siendo quien robó el trono de William).
Pensando en este último, me di cuenta de que algunas cosas que me había dicho se contradecían. Dijo que no podía recordar si había nacido o fue convertido por alguien más. ¿Cómo podía ser así sí admitió que la energía de duelo difería de un vampiro a otro según dicha circunstancia?
—William… ¿Hay algo mal con tu energía de duelo?
Sentí su incomodidad ante esa pregunta.
—Es errática —me respondió—. Se ha ido haciendo más inestable con el tiempo. Por eso necesito de un duelista.
Por lo que podía decir, tras repasar mis recuerdos del anime, entre más poderoso era un espíritu menos necesitaba de un compañero humano. Tanto «Jinzo» como la «Chica Maga Oscura» no tuvieron problemas en usar sus propios mazos en el Mundo Humano; el primero tras robar la energía de tres estudiantes, la segunda aprovechando que el velo entre los mundos estaba debilitado por el Samhain. «Don Zaloog» igual, aunque eso debido al Amuleto de las Sombras que usaba. Hasta cierto punto, lo mismo aplicaba tanto para el «Jefe del Cuidador de Tumbas» como para «Kaibaman». Todavía no estaba del todo seguro de si esos duelos fueron en el mundo humano o de alguna forma Judai terminó yendo al mundo de los espíritus. Incluso era probable que hubieran estado en alguna suerte de plano intermedio.
Volviendo al mundo o línea del tiempo en la que me encontraba, en algún punto del pasado William tuvo la fuerza suficiente como para entrar al Mundo Humano y llevarse a Erzsébet con él de regreso a su mundo. Eso antes de que el duelo hubiera vuelto a aparecer entre los humanos, pues debió ser alrededor de 1614, es decir, hacía cuatrocientos años. ¿Por qué ahora estaba debilitado?
—Tuviste una batalla. —Era lo único que se me ocurría.
—Un vampiro puede recuperarse fácilmente de cualquier ataque físico —me respondió confirmando mi sospecha—. La magia es diferente…
No dijo nada más. Lo que sea que le hubieran hecho, afectó su energía de duelo. Tal vez incluso las lagunas que había admitido tener en su memoria venían de allí. ¿Fue antes o después de conocer a Erzsébet? ¿Habría una forma de ayudarlo a recuperarse? Pero, si ese era el caso, era posible que ya no necesitara de un duelista a quien estar unido.
Volviendo a lo que sabía de los espíritus más poderosos, como Yubel, estaba seguro de que no necesitaban de un duelista para mantenerse en el mundo humano. En el canon del anime Cobra encontró a Yubel no como una carta, sino como un brazo. Dicho brazo, y el posterior ojo en el tanque, eran demasiado corpóreos como para ser mero espíritu.
Era muy obvio para mí que Yubel permanecía en su forma espiritual para estar al lado de Judai y Haou. Siendo su Guardián no tenía motivos para manifestarse de otra forma. Eso sin contar el juramento de amor eterno que los unía de una forma que no llegaba a comprender del todo.
Una hora más tarde, la profesora Ayukawa regresó a la habitación. Revisó mis signos vitales de nuevo. Verificó que el suero en la intravenosa se hubiera acabado y por fin lo desconectó, al igual que el oxígeno.
Me pasó la caja con las píldoras vitamínicas y me recordó que debía tomar una diaria antes del desayuno por los próximos treinta días.
—Desde mañana puede volver a sus clases regulares, salvo educación física, por lo menos durante las siguientes dos semanas. Aunque, no crea que podrá relajarse. Me aseguraré de tener algo de teoría para que estudie mientras los demás ejercitan y practican su deporte.
No esperaba otra cosa.
—También, tendrá que venir a verme después de clases, y el domingo por la mañana, durante los siguientes siete días.
Asentí de acuerdo con todas sus indicaciones.
—Muy bien, descanse. El joven Andersen y el joven Judai se ofrecieron para acompañarlo de regreso a su dormitorio después de clases. Podrá cambiarse de ropa en cuanto haya salido —me indicó señalando mi uniforme, el cual estaba doblado y acomodado en una silla cercana—. Le sugiero que, una vez esté listo, espere a sus amigos recostado en la cama. La pérdida de sangre no es algo para tomarse a la ligera.
—¿Cuánta perdí? —me atreví a preguntarle.
—Más de tres unidades, eso es…
—Casi dos litros.
Esa era una cantidad suficiente como para causar los síntomas que experimente y también para necesitar oxigenación, además de una intravenosa para el dolor de cabeza. Por suerte, no tenía un tipo de sangre muy raro, o habría sido un problema mucho mayor, ya que obviamente había necesitado una transfusión urgente.
La profesora Ayukawa entrecerró los ojos. No cualquier adolescente de quince debía saber a cuánta sangre equivalía una unidad.
—Quiero saber la verdad —dijo—. ¿Tuvo que ver con los espíritus de duelo?
Me tensé. No esperaba esa pregunta y me hizo saber que mi teoría anterior estaba equivocada.
—La profesora Midori está convencida de que fue así. Trabajando aquí se suelen ver cosas. No sería la primera vez que algún estudiante incauto hace algo que no debe…
«Como invocar a Jinzo o pactar con algún espíritu enloquecido por la Luz de la Destrucción», agregué para mí.
—… El asunto es que no hay una explicación lógica para que haya perdido toda esa sangre en una sola noche. No sin una hemorragia interna o externa que no pude encontrar.
Instintivamente miré hacia mi muñeca derecha, allí en donde Erzsébet me mordió esa madrugada. No quedaba rastro alguno de que eso hubiera ocurrido, ni siquiera la más leve señal de cicatrización. ¿Era acaso que la saliva o tal vez la sangre de los vampiros tenía la capacidad de cerrar heridas? Era algo aceptado en la literatura (normalmente con la sangre) desde que Anne Rice publicó sus Crónicas Vampíricas.
—Hubo algo de eso —tuve que admitirlo. Estaba claro que engañar a la profesora Ayukawa era imposible. Por sus interacciones en el anime y en los juegos, no esperaba que fuera alguien tan parecido a Madame Pomfrey, de Harry Potter, respecto al trato a sus pacientes.
Ella asintió con dureza.
—Muy bien. Tengo que reportar esto al director. Debo advertirle: lo más probable es que se inicie una investigación para determinar si fue alguna clase de abducción. En ese caso es poco probable que haya una reprimenda severa contra usted. Pero, si se determina que el espíritu causante está vinculado de alguna forma a su mazo… Mucha suerte, en todo caso.
Se marchó dejando eso al aire.
«Creo que ya sé por qué Kaiba guarda con tanto secreto lo que pasa en la escuela», me dije. Estaba claro que su personal era mucho menos ignorante de los asuntos místicos detrás del duelo de lo que se vio en el anime, al grado de tener una comisión especializada en eso (o imaginé que así era como se investigaban los fenómenos relacionados con espíritus, en especial si un estudiante estaba involucrado).
Por un momento sentí temor de perder mi mazo.
«Cómo si Kaiba fuera a permitir que eso pasara», me dije para tranquilizarme. Estaba demasiado metido en su conspiración para cambiar la historia. Podía verlo mover los hilos para hacerme salir de eso intacto, sólo para asegurarse de no perder un activo valioso.
Ese pensamiento no se sintió nada bien. Le debería un favor a Kaiba. Tener una deuda con ese hombre era peligroso.
Para mi desgracia, no me equivoque.
- GX -
Ni Johan ni Judai estaban felices por mi aventura nocturna. Más allá del hecho de que no avisé a nadie, lo que los molestó fue que me arrojé hacia lo desconocido sin nada de apoyo y, como resultado, estuve un paso demasiado cerca de la muerte, al menos desde su punto de vista.
Por supuesto, en un primer momento no expresaron todo lo que pensaban, mientras el resto de nuestros amigos me preguntaban si estaba bien, para luego regañarme (caso de Asuka) por saltarme el toque de queda, o simplemente verme de forma reprobatoria (Edo). Daichi me miró por un largo rato, de tal forma que me sentí como si fuera un rompecabezas que estaba tratando de armar. O quizá es mejor decir una ecuación por resolver.
Una vez que pude relajarme en mi habitación, Johan sintió que era momento de hablar sobre el asunto, y arrastró a Judai con él.
No importó cuanto lo intenté, mi argumento de que no estaba realmente solo no fue suficiente para convencer a Johan de que nunca estuve en peligro mortal. Creo que lo que más le dolió fue el hecho de que, aunque él dormía a menos de sesenta centímetros de distancia en la cama de abajo, no lo desperté ni siquiera para avisarle que iba a salir.
—Enfrentaste un Juego de lo Oscuro por ti mismo —me dijo Johan con los brazos cruzados y una mirada sospechosamente similar a la que la tía Megumi daba a Yugi cuando sospechaba que podía estar arrastrándonos a algo peligroso—. ¿Qué habrías hecho si fuera algo que te superara?
—Bueno, sí, admito que la posibilidad estaba allí. —En este mundo loco lleno de espíritus, magia y apuestas de almas, eso se consideraba un «accidente» probable… igual que te golpeara un coche mientras cruzas la calle—. En mi defensa, pensé que era sólo un bebé…
—Un bebé que robó tu energía de duelo durante semanas —me recordó.
—¿Robó más de tu energía? —lo interrumpió Judai—. Si podía hacer eso fuera de un duelo, en uno debió ser peor.
—No luché contra el bebé —les aclaré—. Luché contra su madre.
Eso solamente hizo que el gesto de «padre estricto» de Johan empeorara.
—¡Si un bebé te hacía eso la madre pudo matarte!
—William no la habría dejado —me defendí.
—Tal vez, pero incluso así, mira como terminaste.
Me rasqué la mejilla. Lo averiguarían de todas formas tarde o temprano, así que mejor decirlo:
—Estrictamente hablando, no fue el duelo lo que me llevó al hospital. Estaba perfectamente bien después de que terminó. Tal vez un poco cansado. Ya saben, el bebé, el robo de energía y la falta de sueño.
—¿Cómo acabaste toda la mañana y la mitad de la tarde en la enfermería si no fue el duelo? —me cuestionó Judai con el ceño fruncido.
—Tal vez deba empezar desde el comienzo…
Omitiendo la parte de Haou, les conté que William apareció poco después de la media noche y me dijo que había identificado el lugar en donde estaba el bebé. Tuve que aclarar que no era el pozo, sino una cueva en el bosque. Dada la conversación que tuve con William, en realidad no había prestado mucha atención al camino (no es que pudiera distinguir mucho del bosque en la noche). Podía decir, sin embargo, que era posible que estuviera cerca de la cascada, ya que usamos uno de los senderos que llevaba hacia allá desde el dormitorio Osiris, antes de tener que internarnos en la arboleda.
Les conté sobre mi duelo con Erzsébet y que William de hecho la conocía. Omití cuál era exactamente la verdadera relación entre ellos: como Creador y Cría. Era un asunto personal sobre el que no hablaría sin su permiso. También les conté que ella de hecho se estaba ocultando en la cueva para proteger a su bebé de un enemigo.
—Drácula —dedujo Judai.
Tomando en cuenta que él estuvo presente cuando Haou nos ordenó a mí y a William recuperar el Reino de la Noche Eterna, el cual estaba bajo el control de Drácula, no fue una sorpresa que fuera así. Además, Judai era mucho menos despistado y despreocupado de lo que era en las primeras temporadas del anime. Tenía la hipótesis de que eso, junto con el hecho de que se mostró incrédulo de la parte sobrenatural del duelo, tenía que ver con el tratamiento al que se sometió para olvidar a Yubel. Eso sin contar los recuerdos que obtuvo desde el futuro a través de una fuente desconocida.
—¿Hablamos del Conde Drácula? —nos preguntó Johan incrédulo—. ¿El verdadero?
—Debe ser —respondí encogiéndome de hombros. Johan no sabía todo lo que había pasado entre mí, Judai, Haou y Fubuki antes de que me mudara a casa de Yugi. Mucho menos de la promesa que hice de ayudar a William a regresar a su trono algún día.
La historia del Drácula «histórico» en este mundo era extraña cuando menos. No encontré nada referente a la Casa de Drăculeşti como una rama de la Casa Basarab de Valaquia. Ni una sola referencia a Vlad II Dracul, su padre, o a su hermano Radu el Hermoso. De hecho, no había registros históricos sobre que hubiera sido Voivoda de Valaquia; de su participación en la fundación de Bucarest (capital de Rumania); y, aunque sí que circulaban panfletos medievales sobre sus guerras contra los turcos y los húngaros que querían controlar la región, incluyendo los bosques de empalados, su historia era más una leyenda para asustar niños que la de historia (comprobable) un héroe nacional.
Por supuesto, Drácula existía como literatura y el libro de Bram Stoker resulto ser idéntico, palabra por palabra, a lo que recuerdo de mi mundo. Además, la historia de su publicación era exactamente la misma: Stoker iba a titularla Conde Wampyr, cambiando de idea tras conseguir una copia del libro Informe sobre los principados de Valaquia y Transilvania, en el cual encontró la leyenda sobre Vlad Draculea Tepes: un temible vampiro quien, supuestamente, imponía el miedo en los corazones de los habitantes de los Cárpatos y sus enemigos. Tomando además inspiración de otras obras literarias del siglo XIX, en especial de Varney el Vampiro, Carmilla y El extraño misterioso.
La verdad, durante toda mi infancia no me había molestado en buscar diferencias entre el Drácula de mi mundo y el de este. Dado la existencia de la novela y las películas, asumí que había ocurrido exactamente lo mismo con respecto a la historia de Vlad III. Luego de que William me confirmó su existencia como un vampiro real, fue que revisé las fuentes y las contrasté con lo que sabía (y de paso encontré las diferencias entre la historia de Erzsébet Báthory en este mundo y el otro).
—¿Cómo es posible?
—Lo más probable es que sea un espíritu de duelo —dije.
Judai me miró un momento con mirada inquisitiva.
—No, no existía como carta en el lugar de donde vengo —dije deduciendo lo que pensaba.
—¿Estás seguro de que tiene que ver con Drácula? —preguntó Johan todavía algo incrédulo de eso.
—William lo dijo —respondí—. Hace años. Él fue expulsado de su casa en aquel mundo por el mismo Drácula.
—Oh —fue todo lo que pudo decir.
—Volvamos al duelo de anoche —nos pidió Judai—. Dijiste que estabas bien después del duelo. ¿Cómo es que terminaste en la enfermería toda la mañana?
Suspiré. Por la forma en que Johan me miró, no me dejaría tranquilo a menos que respondiera a eso.
—Bueno, «Gracia del Vampiro» necesitaba comida para poder cuidar de su hijo. Puede que yo la haya dejado alimentarse de mí.
Judai parpadeó confundido.
—¿La dejaste tomar tu propia energía de duelo? —preguntó Johan incrédulo.
—No exactamente. Ella puede beber sangre, así que yo…
—Dejaste que bebiera tu sangre —terminó Johan incrédulo. Me miró casi como si de verdad hubiera muerto allí—. Dejaste que un vampiro bebiera tu sangre —repitió con voz más alta y afectada.
—Sí, lo hice.
—¡Estás completamente loco! —gritó—. ¿Cómo se te ocurre…? —Se interrumpió y me miró frunciendo el ceño—. Por supuesto que tú harías algo así.
—¿Cómo puede un espíritu de duelo beber la sangre de un humano? —preguntó Judai.
—Creo que ese no es el punto. ¡Kenichi pudo morir! O peor…
—¿Por qué ser un vampiro sería peor? —pregunté frunciendo el ceño.
—Por supuesto, para ti eso sería un premio.
—No exactamente. —Si Anne Rice tenía razón, los que de verdad deseaban ser convertidos eran los que menos estaban preparados para soportar lo que era ser uno de ellos—. Sobre cómo pudo beber mi sangre. Ella fue humana alguna vez. Al parecer, eso significa que puede entrar a este mundo con su cuerpo físico.
—¿Es un híbrido? —me preguntó Judai—. ¿Es como Yubel?
Tanto yo como Johan lo miramos sorprendido. Yubel apareció detrás de Judai con los brazos cruzados sobre su pecho.
—Oh, cierto, no se supone que diga esas cosas —dijo Judai riendo con nerviosismo.
Yubel suspiró.
—Tienen prohibido repetir esto a alguien más —dijo enseñando sus garras—. Sabré si lo hacen.
—Entonces, ¿tienes un cuerpo físico fuera del mundo espiritual?
Yubel me fulminó con su mirada.
—Judai lo dejó implícito —me justifiqué alzando las manos.
—Lo tengo —gruñó en respuesta.
Oh, bueno, misterio resuelto. El brazo que encontró Cobra y el ojo en el tanque de verdad eran partes de su cuerpo real, es decir, físico.
—Cómo es posible —dijo Johan incrédulo.
—Bueno, si alguna vez fue humano, eso explicaría que pueda asumir esa forma.
—¡Por supuesto que fui un humano! Una parte de mí todavía lo es.
Como para enfatizar su punto, Yubel se volvió más nítida, algo corpóreo. Ahora entendía por qué podía hacer algunas cosas, tales como peinar el cabello de Judai. Lo más probable es que eligiera permanecer en su forma espiritual para estar más cerca de Judai y Haou. Además de que su aspecto andrógino (¿Yubel es algo así como una futanari furry-dragón?), de piel morada, tres ojos y alas de murciélago le haría imposible pasar desapercibida en el mundo humano, con todo y que la gente se había acostumbrado a «ver» monstruos gracias a la Visión Sólida.
—¿Hay humanos en el mundo espiritual? —preguntó Johan intrigado.
—Los hay —le respondió Tigre Topacio apareciendo de repente—. Hace mucho tiempo se podía ir y venir de ambos mundos sin muchos problemas. Con el tiempo las puertas se fueron cerrando y algunos espíritus se quedaron de este lado y algunos humanos del otro. Los espíritus atrapados en este mundo se convirtieron en leyendas y mitos de los humanos. Los humanos que se quedaron allá se adaptaron a nuestro mundo: crearon sus propios reinos y algunos lograron trascender a una forma espiritual al unirse a sus espíritus compañeros o someterse a ciertos rituales.
La mención de esto último me hizo recordar lo que pasó con Yubel.
—Entiendo —dijo Johan. Su voz fue suave y triste. Noté que estaba mirando a Yubel. Sacudió la cabeza y luego me miró de nuevo—. Así que el vampiro a quien le diste tu sangre es en parte humano.
—No exactamente —le aclaré—. Más bien, es lo que William llama un «vampiro-humano», es decir, el vampiro de las leyendas, la literatura y el cine. Pero también es un espíritu de duelo.
—¿Qué pasó con ella? —me preguntó Judai—. ¿Todavía está en la isla?
Negué con la cabeza. Saqué mi mazo de su funda y busqué una carta en específico.
—Banshee, ¿puedes traer a Ferenc?
El espíritu del necromundo apareció en el centro de la habitación cargando al bebé.
—Eres muy desconsiderado con él. El sol todavía está afuera.
Eran casi las seis treinta de la tarde, a lo mucho quedaban quince minutos de luz solar.
—¿Eso es…? —preguntó Johan señalando al Bebé Vampiro que dormía plácidamente en los brazos del espíritu femenino.
—No lo llames «eso». Es algo muy feo.
—Lo siento —se apresuró a disculparse Johan.
—No está unido a una carta —dijo Yubel—. Eso explica por qué necesita tanta energía de duelo y la robó de la primera víctima fácil que encontró.
No hice siquiera el intento de responderle. No era momento para discutir con Yubel.
—William piensa que se unió parcialmente a la copia que tengo en mi carpeta. Es por eso que lo escuchaba aquí, en el dormitorio.
—Entonces, ¿no era por ese «efecto Llorona» que mencionaste? —me preguntó Judai.
—En este caso, parece que no. Pero William ha dicho que algunos espíritus de verdad hacen eso.
—Es verdad —confirmó Yubel.
—Entonces, ¿qué pasa con el bebé? —me preguntó Johan.
—Su madre lo dejó a nuestro cuidado. Dijo que iba a tratar de distraer al enemigo. Tal vez vuelva algún día.
Volví a tener el terrible presentimiento de que ya no sería así.
—Así que este es el bebé.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Antes de que cualquiera de nosotros pudiera parpadear siquiera, Haou estaba de pie en el centro de la habitación. Extendió su mano para tocar a Ferenc. Banshee dudó un momento en permitirlo, pero una simple mirada de Haou fue suficiente para que dejara de resistirse.
La mano de Haou tocó al bebé como si fuera tan físico como nosotros.
—Es fuerte —dijo—. No un linaje puro, aunque lo suficientemente cerca.
Haou alzó la mirada. Sentí como el escalofrío crecía cuando me vio directo a los ojos.
—Dame su carta —ordenó.
Asentí y me dirigí a mi escritorio para tomar mi carpeta.
—¡Espera! —me detuvo Johan, antes de dirigir su atención a Haou—. ¿Qué pretendes hacer?
Haou miró a Johan sin expresión alguna.
—¿Vas a unirlo a la carta? —le preguntó Judai.
—¿Qué otra cosa haría? —respondió él sin apartar la mirada de Johan, como desafiándolo—. A menos que quieras que siga robando la energía de Kenichi.
No fue agradable escuchar mi nombre salir de sus labios.
Johan dudó.
Terminé de buscar la carta. Era una carta común de las muchas que obtuve en las árcades de Kaibalandia. Ni siquiera le preste mucha atención hasta que todo eso comenzó. A diferencia de la mayoría de los monstruos que había añadido a mi deck a lo largo de los años, no sentí nada especial en ella cuando la sostuve por primera vez. Quizá únicamente pensé: «Oh, el "Bebé Vampiro", una buena carta para mi colección de zombis».
Haou sostuvo la carta en su mano. La carta brilló un poco, el bebé despertó y comenzó a llorar, antes de que su cuerpo se convirtiera en niebla. Un par de segundos después, no quedaba ningún bebé, aunque su llanto seguía escuchándose.
Banshee desapareció de nuevo al interior de su carta.
El Rey Supremo permaneció un rato más mirando la carta entre sus dedos. Luego, sin muchas ceremonias, me la entregó y caminó en dirección a la puerta.
—¡Espera! —lo llamó Judai—. ¿Sabías lo que Kenichi fue a hacer anoche?
No escuché una respuesta, nada más la puerta cerrándose. Yubel desapareció mientras Judai salía a seguir a su hermano.
Me quedé viendo la carta un momento. Ahora se sentía tan cálida como las otras cartas que tenían espíritus, incluso cuando eran del tipo Zombi. El llanto se fue apagando gradualmente. Al parecer, Banshee consiguió tranquilizarlo de nuevo.
Johan estaba de pie en el mismo lugar, todavía viendo el punto en el cual Haou estuvo de pie unos momentos atrás.
Tomé mi mazo y agregué a «Bebé Vampiro» sin siquiera pensar en hacer ajustes importantes para adecuar mi estrategia a él. Tenía un efecto similar al de «Paladín del Dragón Maldito», incluso con sus puntos de ataque bajos era utilizable para mí.
Miré a Johan de nuevo. Tenía el ceño fruncido y acariciaba a Rubí, quien apareció en sus hombros, de forma distraída.
Me di cuenta de que no terminé de contarles todo lo que había pasado con Erzsébet. En especial, no les conté lo que ella vio a través de mi sangre.
¿Era real lo que ella había visto allí? ¿Mi nombre era la clave para liberarme, como lo fue para liberar a Atem? ¿Qué significaba el recuerdo que tuve después?
«Doce libros falsos que forman Uno Verdadero», repetí en mi mente.
«Fuera de la mente, fuera de la realidad», repitió otra parte de mí. En todo caso, eso podía esperar. Tendría tiempo después para preocuparme por eso… «Siempre parecía que habría más tiempo, hasta que ya no fue así».
- GX -
La última hora del viernes fue de matemáticas, con mi tío Kouji. Me hizo quedarme después de clases. Tras preguntarme por mi estado de salud, me dio un largo discurso sobre porque no debía romper las reglas. Luego dijo que había hablado con tía Megumi la tarde anterior y ambos estuvieron de acuerdo: independientemente de lo que dijera la escuela, tenía un castigo esperándome en casa cuando volviera para las vacaciones de verano dentro de dos meses. Él sabía sobre William y que si había salido no era porque un espíritu me hubiera obligado.
Acudí a mi cita con la profesora Ayukawa en su oficina de la enfermería. Por supuesto, ya sabía que iba a tardar más porque estaría con el tío Kouji.
—Todo está en orden —dijo tras un chequeo general—. Siga con las píldoras y con la dieta.
Anotó algo en su tableta.
—Ahora, antes de que se vaya, hay alguien que quiere hablar con usted.
Eso fue extraño.
La profesora Ayukawa salió de su oficina dejándome allí.
Fueron varios minutos de incertidumbre, hasta que la puerta se abrió y entró la profesora Akemi. Me sonrió antes de sentarse en el escritorio de la profesora Ayukawa. Sacó su propia tableta y comenzó a revisar algo en ella.
—Inestabilidad de energía de duelo —dijo—. Un diagnóstico poco común. ¿También ve a los espíritus? —Le dije que sí.
Ella volvió a anotar cosas.
—Muy bien, esto no es algo que se resuelva con píldoras o ejercicio. De hecho, no puede resolverse. —Parecía tener experiencia en eso—. La verdad, no esperaba tener más pacientes, pero no se puede discutir con ese hombre.
Hizo una mueca de molestia.
—¿Experimenta cansancio o somnolencia después de un duelo?
—Solamente si dura mucho.
Asintió con la cabeza, como si ya lo esperaba.
—Imagino que es por una producción de energía de duelo menor al promedio. No afecta a otros, pero a usted sí. —Anotó otra cosa en la tableta—. El que genere tan poca energía también es preocupante. Me sorprende que vea espíritus con esos niveles. Aunque, en realidad, no hemos entendido por qué algunos lo hacen y otros no. Incluso hay quienes no ven nada en toda su vida, y de pronto un día se despiertan para ver su casa inundada con los espíritus de su baraja.
Se puso de pie y me indicó que la siguiera. En la sala de espera había un chico bajito, de cabellera corta y de color azul de un tono tan bajo que casi parecía lila. Llevaba un uniforme senior de Osiris algo desaliñado, aunque nunca lo vi en el dormitorio.
—Buenas tardes, doctora —saludó el chico mostrando una gran sonrisa a la profesora Akemi.
—Me alegra verte —respondió la profesora revolviéndole el cabello—. ¿Cómo has estado?
—Lo de siempre, de aquí a allá siguiendo a los espíritus.
—Muy bien, entonces. Te presento a Kenichi. Es el sobrino del profesor Satou.
El chico hizo una mueca.
—Lo siento —se disculpó enseguida—. Nada contra ti, o contra el profesor Satou. Es sólo que me dormía en sus clases y, pues… el sueño es contagioso.
Terminó riendo con nerviosismo mientras que se rascaba la cabeza.
—Entiendo. —Bueno, al parecer mi tío se consiguió otro enemigo que no era Judai. Esperaba que nunca estuviera en la situación de tener que ensuciarse las manos.
—Joven Kenichi —me llamó la profesora Akemi—. La Comisión de Disciplina determinó que todo fue un asunto relacionado con los espíritus, pero únicamente porque el señor Kaiba decidió desclasificar su expediente médico para que lo viéramos.
Me envió una mirada severa.
—No significa que no esté libre de responsabilidades. Espero no verlo en problemas o, decisión de Seto Kaiba o no, me encargaré que haya consecuencias. Igual su tío.
Le indiqué que lo entendía.
—Muy bien. Ahora, lo presento. Él es el señor Mokeo Motegi: mi paciente más aventajado. Él lo ayudará con su problema de energía de duelo.
Mokeo me sonrió.
—Mucho gusto, espero que seamos amigos.
Sólo pude asentir con la cabeza, un poco aturdido, mientras le daba la mano. No creí que estaría en esa situación. ¿Cómo podría ayudarme Mokeo, el chico que dormía a todos a su alrededor cada vez que tenía un duelo, con mi «asunto» de la Energía de Duelo? Solamente pude deducir que de alguna forma se había «curado» (o más bien aprendió a controlarlo y por eso ya no estaba en cuarentena).
El que Mokeo llamara a «doctora» a la profesora Akemi y ella, a su vez, lo reconociera como su «paciente» era una buena pista de quien lo ayudó a controlar su «problema de sueño».
