Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Respuesta a Review Anónimo:

Roxas Strife

Pues, aquí comienza lo que sigue: un miniarco de espíritus. Bueno, en realidad creo que lo del Bebé encaba en esto, porque vienen más explicaciones indirectas de que está pasando con eso. Gracias por comentar.


Libro III

Capítulo 33


Mokey Mokey

[Hada/Normal/LUZ/Nivel 1/ATK 300/DEF 100]

Un ángel desterrado. Nadie sabe en que está pensando. A veces se enfada y es algo terrible.


No estuve muy equivocado con respecto a cómo se relacionaba Mokeo con la profesora Akemi. Sólo que ella no es exactamente doctora en medicina, como sí lo es la profesora Ayukawa. De hecho, comenzó su carrera en la ciencia dedicándose a la Física Teórica (no por nada nos daba la clase de Física del Duelo). ¿Cómo entonces una persona que estaba en el campo de la física y no de la medicina tenía a Mokeo como su paciente? Bueno, su especialidad estaba en el estudio de la energía de duelo y como esta afectaba a los seres vivos.

Volviendo a lo que sucedió la tarde en la que conocí a Mokeo, la profesora Akemi nos animó a buscar un lugar relajado en el cual pudiéramos conversar. Ese lugar resultó ser el techo de la Academia. Como toda azotea de una escuela japonesa de anime, el lugar funcionaba casi como una serte de segundo patio. Aunque, en realidad, pocos alumnos subían allí en las horas de la tarde, después de clases, cuando todos preferían volver a sus cómodos dormitorios, ir a la biblioteca a terminar sus tareas o pasaban el rato en las arenas de práctica.

Como teníamos la azotea entera para nosotros, los espíritus de duelo del mazo de Mokeo se hicieron presentes. Tres Mokey Mokey, Haniwa, Amante Feliz, Amistad Brillante y demás monstruos vainilla de niveles bajos y estadísticas poco impresionantes. Mokeo sonrió feliz, como un niño en dulcería, mientras los veía corretear por todo el lugar jugando entre sí, como si fueran niños de preescolar.

—Así que, la profesora Akemi dijo que podías ayudarme.

Mokeo me miró un momento. Su sonrisa se apagó un poco. No de una forma negativa, más bien parecía estarme estudiando.

—Ese es el plan —dijo.

No sabía muy bien que decir. Mokeo tenía un aura muy relajada a su alrededor, aunque no sentía ganas de irme a dormir como sucedía en la serie (al grado de que el profesor Chronos no podía acercarse a él si no usaba un traje protector).

—No te había visto en Osiris antes —comenté. El clásico desvío de tema de quien no sabe sobre qué hablar.

—Me trasfirieron hoy. —Volvió a mirarme como tratando de descubrir un gran misterio sobre mí. No estoy seguro de si la confusión por ese giro en los acontecimientos se notó en mi rostro. ¿De dónde habían trasferido a Mokeo? Según recordaba, él era de la edad de Hayato, Ryo y Fubuki, es decir, debió entrar a la Academia al mismo tiempo que ellos—. Lo curioso es que tú estés en Osiris.

Su comentario solamente me descolocó más.

—Todos los estudiantes comienzan en Osiris…

—Nosotros no —dijo—. La doctora Akemi dijo que eras como nosotros, así que no debiste comenzar en Osiris.

No tenía idea de que pensar. ¿Yo era cómo ellos? ¿Quiénes eran ellos? Por supuesto, la profesora Akemi especificó al presentarme a Mokeo «uno de mis pacientes» así que, en teoría, debía de tratar a más chicos con sus mismas «habilidades» peculiares. Sin embargo, Mokeo lo hizo sonar como si fueran un grupo unido y no pacientes aislados que veían al mismo médico.

—Empecemos desde el comienzo —le pedí—. ¿Dices que te transfirieron hoy? ¿Estabas en otra Academia?

—No, estudio aquí, en esta isla. De hecho, debería graduarme este año.

—Pero…

—¡Por supuesto! Perdón, no debes saber sobre el «programa». —La confusión en mi rostro debió ser toda la respuesta que Mokeo necesitó, porque al instante cambió su enfoque—: ¿Conoces el dormitorio que está en el bosque?

Asentí con la cabeza.

—Todos saben que Corporación Kaiba tiene un laboratorio en esta isla. Dicen que los investigadores duermen allí.

Mokeo negó con la cabeza.

—No realmente. El dormitorio es «la otra Academia». Es decir, el lugar en el cual vivimos los que formamos parte del «programa».

—¿Otra Academia?

—Sí, la doctora Akemi la llama «la Academia dentro de la Academia». Es el lugar en el cual ella y sus colegas ayudan a los que son como nosotros. O bueno, ella lo hacía. Este año se trasfirió a la Academia Regular.

Mokeo extendió las manos cuando uno de sus Mokey Mokey decidió que quería un abrazo. El pequeño ángel con apariencia de ser un trozo de tofu me miró con ojos curiosos.

—Puedes verlos, ¿verdad? —me preguntó Mokeo.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Unas semanas antes de cumplir siete.

—Yo no recuerdo cuando vi a uno por primera vez. Creo que siempre han estado conmigo, incluso antes del duelo. —Sonrió con nostalgia—. Ellos me cuidaban cuando nadie más lo hizo. ¿También te cuidan a ti?

¿Cuál era la respuesta a eso? Recordé a William deteniendo a Yubel el día que pensé que me iba a enviar al hospital como a Osamu en el canon. También a él apareciendo para advertirme que tuviera cuidado justo el día en que Haou tuvo ese desagradable duelo contra Johan; aunque todavía no estaba seguro de si se refería a que sospechaba lo que podía pasar, o si era debido a Diva y la Luz de la Destrucción. Además, se ocupó de mi problema de sueño debido a Ferenc… a su manera. También recordé lo que Banshee me dijo: «Zombino y Zombina estarán tristes si le pasa algo a su "hermano mayor"».

—Lo hacen —le respondí.

Miré a Mokey Mokey. Se había quedado dormido profundamente en los brazos de Mokeo, incluso tenía la burbuja de moco cliché del anime en su nariz.

—Así que, este «programa», ¿es para las personas «como nosotros», es decir, quienes podemos ver a los Espíritus de Duelo?

Mokeo negó con la cabeza.

—No exactamente. Algunos podemos verlos, otros no. Lo que sí es verdad es que nuestra Energía de Duelo provoca «fenómenos interesantes», o eso es lo que dicen algunos de nuestros profesores.

Mokeo se rascó la cabeza.

—¿Qué clase de fenómenos?

—Bueno… yo solía herir a las personas. Cuando comencé a jugar usaba un mazo de dragones. Era muy bueno y me divertía mucho. Mis amigos de la primaria siempre decían que debía entrar a los torneos. A mí no me importaba ganar, únicamente quería divertirme jugando con mis amigos dragones.

Mokeo sonrió con nostalgia, una sonrisa enorme y agradable, que luego se fue ensombreciendo:

—Cuando obtuve mi disco de duelo a los doce años, sucedió: la gente empezó a resultar herida cuando jugaba con ellos. Yo no quería hacerlo, pero sabía que era a causa de… ellos. —Me quedó claro que hablaba de los dragones—. No importó cuánto trate de explicarles que no podían hacer eso, no entendían. Tal vez ellos pensaban que el duelo era una batalla real y no sólo un juego… no sé.

Mokeo acarició la cabeza del Mokey Mokey en sus brazos de forma distraída.

—Decidí que debía usar monstruos que no lastimaran a las personas. Así que me conseguí a estos pequeños. —Por un momento su sonrisa regresó—. Hasta que comenzó de nuevo: la gente no resultaba herida, solamente se quedaba dormida.

Mokeo dejó de tener duelos luego de eso. Un par de años más tarde, cuando estaba por ingresar a la preparatoria, su familia fue contactada por Corporación Kaiba para informarle que tenían una beca para él en la Academia de Duelos. Por supuesto, no era la Academia de Duelos que todos conocían, sino «la Academia dentro de la Academia».

—Entonces, ¿cuál es tu historia?

¿Cómo debería empezar? «Tenía vida común, hasta que un montón de gente en otro mundo decidieron arrastrarme a un lugar en el cual todo esto lo que conocí como ficción resultó ser real y, eventualmente, llegué a aquí, al tejado de la Academia de Duelos compartiendo historias sobre espíritus contigo…»

Claro, sabía que se refería a mi historia con los espíritus, pero una cosa va de la mano con la otra. Tampoco podía decirle que comencé a verlos cuando un poderoso y antiguo espíritu llamado Yubel decidió atacarme por ganarle en un juego de cartas a un niño al que protegía, y quien en otra vida le prometió amor eterno. Mucho menos que, luego de eso, convirtió el atacarme en un deporte para ver hasta dónde podía llevarme antes de herirme de verdad.

Poner una bandera roja sobre Yubel haría dos cosas: lastimar a Judai y hacer que Haou quisiera lastimarme a mí… de la forma más terrible en la que un rey de la antigüedad podía pensar. Recuerden: eso de los derechos humanos es algo nuevo.

Mokeo me miró, claramente esperando que le contara mi historia.

—Creo que primero debería presentarte a algunos de ellos. Los menos amenazantes.

—¿Son peligrosos?

—Juego un mazo zombi. Muchos de esos zombis son grandes, de aspecto malvado y aterrador: vampiros, momias, muertos vivientes, fantasmas y espectros.

—¿Ellos no…?

—No han herido a nadie.

Bueno, sin contar el hecho de que William robaba energía de duelo de mis adversarios; o que Zombino, Zombina y Ferenc, sin querer, casi me habían llevado al agotamiento extremo… pude morir de nuevo.

—¿Dijiste que tus oponentes se dormían?

—Sí.

—¿Tienes a un monstruo de tipo Zombi?

Mokeo me miró un momento con curiosidad. Luego negó con la cabeza.

—¿Qué pasa con los zombis?

—Bueno, hasta ahora he conocido a cinco espíritus en mi mazo. He sentido a otros pocos, y uno de los que conozco me confirmó que hay dos más. —Mokeo asintió para indicarme que entendía. Imaginé que él también fue descubriendo a sus compañeros poco a poco—. También, alguien me dijo que había un espíritu más en una carta dragón que tengo en mi mazo secundario. Aunque, yo nunca lo he visto.

—¿Qué dragón?

—«Dragón de Zafiro». —Mokeo pareció aliviado. ¿Qué clase de dragones usaba él antes de cambiar a los monstruos lindos de marcos color vainilla?

Volví a mi explicación de cuál era mi historia con los espíritus de duelo de mi mazo:

—Tres de ellos, en cierta forma, me afectaron negativamente. Al comienzo no lo noté, luego llegué a un punto crítico. Con los dos primeros, me sentí muy cansado y terminé durmiendo más de doce horas. El otro… tuve un insomnio que no había experimentado desde que un dolor de muela me tuvo despierto por setenta y dos horas.

Mokeo se quedó pensando un poco.

—Ellos, ¿están relacionados con los sueños?

Negué que fuera así. Eran únicamente tres niños indefensos.

Mokeo sacó su mazo y buscó una carta para enseñármela.

—Cuando llegué al «programa» lo primero que la doctora Akemi y su equipo hicieron fue buscar la causa por la que mis oponentes se dormían cuando luchaban conmigo. También, para ese entonces, me cansaba mucho. Tenía que dormir al menos dieciséis horas diarias para estar bien. Este pequeño fue el responsable.

La carta representaba a un bebé, o lo que parecía ser un bebé, dormido. Chupaba su pulgar derecho en un gesto muy adorable. Tenía una larga cabellera de color azul y su cuerpo se parecía mucho a un camarón. Se trataba de «Nemuriko».

Al verlo, me vino a la mente lo que Johan, Judai y yo aprendimos sobre los monstruos fuera del duelo, justo el día que planeamos enviar un grupo de exploración al Pozo del Descarte: por más básicas que sean sus estadísticas, un monstruo puede tener alguna clase de poder u habilidad que lo haga tanto o más peligroso que un monstruo fuerte o con efecto. La descripción de «Nemuriko» parecía ser un presagio de lo que le sucedió a Mokeo:

«Una criatura de apariencia infantil que controla a un demonio del sueño para sumir a los enemigos en un sueño eterno.»

Por suerte, hasta dónde sé, a diferencia de lo que dice su descripción, ninguno de los adversarios de Mokeo, o el propio Mokeo, cayó jamás en un sueño tan profundo que despertarlos fuera imposible. Eso no cambiaba el hecho de que, sabiendo lo que sé, sea aterrador pensar en lo que un monstruo como ese puede hacer. Consideren que estamos hablando de un monstruo de Nivel 3 con 800 y 700 puntos de Ataque y Defensa respectivamente. Ahora, imaginen lo que podría hacer una criatura como «Cerbero de Llamas», el «Dragón Serpiente de la Noche» o «Zoa».

—¿Él atacaba a los duelistas?

—No fue su intención. Pensaba que querían hacerme daño. Por supuesto, tampoco ayudaba el que los otros duelistas me gritaran cosas feas.

Hice una mueca desagradable. Mokeo vivió lo mismo que Judai: fue llamado demonio y repudiado por todos.

—Pero también te afectó a ti.

—No podía evitarlo: solamente es un niño asustado…

—Lo entiendo. —Fue mi turno de mostrar a «mi propio» bebé—. Este pequeño de alguna forma se conectó conmigo en cuanto llegué a la isla. Estaba hambriento y solo —no estaba listo para hablar sobre Erzsébet con alguien a quien apenas conocía, incluso si era alguien que me despertaba tanta confianza como Mokeo—, así que comenzó a alimentarse con mi Energía de Duelo.

Por supuesto, Ferenc no salió de su carta. Aún había demasiada luz de sol como para que fuera bueno para él.

—Imagino que sabes lo que pasó la madrugada de ayer. —Mokeo lo confirmó con un movimiento de cabeza. Entendí que la profesora Ayukawa y la profesora Akemi lo habrían puesto al tanto de mi aventura con los espíritus de duelo—. No fue una abducción o alguna otra clase de secuestro. Tenía que ir a buscar a este bebé.

—¿Cómo es eso de que se alimenta de tu energía?

—Tal vez sólo es cosa de los espíritus de tipo Zombi. Algunos de ellos me han confesado que necesitan alimentarse de energía de duelo. Normalmente la mía o… bueno, de los otros duelistas durante el duelo.

Mokeo pareció sorprendido por un momento.

—¿Los profesores saben esto?

—No… bueno, imagino que ahora sí. Debe de estar en mi expediente médico después de lo que sucedió hace tres años. La profesora Ayukawa estaba muy molesta ayer porque alguien selló esa parte para que nadie supiera de mi conexión con los espíritus.

—¿Alguien?

—Nadie sabe cómo…

Mokeo frunció el ceño. ¿Sabía que le mentía?

—Fue Seto Kaiba —admití—. Bueno, es lo más probable que se haya debido a él. Tal vez también es por su causa que no estoy en el «programa».

—¿Por qué el señor Kaiba haría eso?

Por qué es un bastardo para quien el fin justifica los medios. A saber lo que haría si Mokuba o Yugi no estuvieran allí para servir como su brújula de moral.

No iba a decir eso, así que respondí como un fanático que no tiene idea de que decir ante el menor cuestionamiento:

—Seto Kaiba actúa de formas misteriosas.

Recordé que la primera vez que nos vimos fue sorpresivamente amable (quitando la parte en que me aplastó con sus Dragones Blancos). Ahora creo que únicamente tanteaba las aguas, igual que en el manga original, mostrándose como un joven amable y atento para luego, una vez que estabas confiado, mostrar su verdadera cara de niño psicópata de quince años.

Mokeo todavía no parecía muy convencido de lo que dije.

—Seto Kaiba ayuda a los que son como nosotros. El «programa»…

—Sólo digo lo que creo. Fueron sus médicos quienes diagnosticaron mi «problema» con la Energía de Duelo hace tres años. Además, mi familia es cercana a él. Mi tío…

—Yugi Muto.

Estúpidas revistas de adolescentes filtrando la vida privada de las personas. ¿No se supone que Japón tiene leyes para proteger la privacidad de los menores de edad?

Por otro lado, Seto «Jodido» Kaiba básicamente había creado la «Escuela de Kaiba para Jóvenes Duelistas Superdotados», en la cual, en vez de mutantes, ayudaba a duelistas psíquicos. Porque, al parecer, todos los que teníamos ciertas capacidades sobrenaturales a través del duelo éramos eso. Solamente esperaba que no hubiera algún loco como Divine trabajando en ese «programa».

—Por lo que puedo entender, esta «Academia dentro de la Academia» es algo muy secreto. Dada la fama no deseada, supongo que…

—¡Kenichi! —la voz de Judai, la voz de un Judai muy molesto me interrumpió.

Apareció en la azotea y miró a su alrededor al festival de espíritus que nos rodeaban.

—¡Aniki!

—¡Judai!

Los gritos de Johan y Sho, al mismo tiempo, resonaron por la azotea del edificio principal.

—Yo les dije que estaría aquí —dijo Judai.

Fruncí el ceño. Era la primera vez que subía a la azotea, como Judai… no importaba. Él tenía formas de saber cosas.

Judai me miró con el ceño fruncido.

—Se suponía que íbamos a vernos en la tienda de la señorita Tome. ¡Te esperamos por más de una hora!

Johan y Sho llegaron a donde estábamos. El primero, al igual que Judai, se quedó viendo alrededor interesado por los espíritus. La mayoría habían detenido sus juegos y ahora estaban viendo a los recién llegados.

—¡Aniki! ¿Tienes que salir corriendo de esa forma…?

Se detuvo cuando notó que no éramos los únicos allí.

—Oh, lo siento, debía presentarme primero —dijo mirando a Mokeo—. Soy Sho Marufuji.

—Johan Andersen —se presentó también Johan, mientras se llevaba la mano derecha a la nuca y sus mejillas se teñían de rosa en un gesto avergonzado.

Judai, mientras tanto, alternaba su mirada entre los espíritus y Mokeo.

—¿Son tus amigos? —le preguntó de pronto.

—¡Aniki! Lo correcto es presentarte primero.

Judai también se llevó la mano a la nuca mientras se reía nerviosamente.

—Claro. Siempre lo olvido. Mucho gusto, soy Judai Yuki.

—Mokeo Motegi.

Los ojos de Judai brillaron de emoción, olvidando de momento que estaba enfadado conmigo.

—Dime, ¿todos estos espíritus de duelo están contigo?

Mokeo asintió algo distraído, al parecer no acostumbrado a recibir tanta atención o tal vez porque no esperaba conocer a más personas que pudieran ver a los espíritus de duelo como él.

—Son muchos —comentó Johan. Rubí apareció en su hombro para luego saltar y mirar con curiosidad a los pequeños monstruos que nos rodeaban.

Esto pareció ser una señal para otros espíritus, porque al instante Kuriboh Alado, los trillizos Niños Héroe e incluso Zombino y Zombina, decidieron que querían conocer a estos nuevos espíritus. Por lo que podía decir, Rubí y Kuriboh Alado eran muy buenos jueces de carácter, ya que los otros espíritus normalmente no se presentaban hasta que ellos lo hacían.

—Todos ustedes, ¿pueden verlos? —Mokeo preguntó a mis tres amigos con un deje de curiosidad, sorpresa y tal vez algo de miedo.

—Yo no —dijo Sho de inmediato—. Pero, no dudo que estén allí. Johan, Kenichi y Aniki lo dicen, así que debe ser verdad. Ellos no mentirían sobre eso.

—Claro que no —dijo Johan mientras pasaba su brazo por los hombros de Sho—. Quien sabe, tal vez algún día podrás verlos también.

—¿Tú crees? —le preguntó Sho con algo de esperanza en la voz.

Habiendo crecido escuchando sobre estas cosas, había superado su incredulidad hace mucho. Bueno, en realidad nunca la tuvo. Aprendió sobre los espíritus de duelo siendo aún un niño de siete años. En esa edad todavía se cree un poco en la «magia». Eso sin contar el incidente de tres años atrás. Si alguien en el grupo todavía conservaba alguna clase de escepticismo sobre la parte sobrenatural del duelo, terminó ese día. Salvo para Daichi… a veces.

—¡Por supuesto! —dijo Johan hablando con un tono apasionado y un brillo especial en sus ojos—. Algún día todos podrán verlos y los lazos entre los duelistas y sus cartas serán más poderosos que nunca. Ese es mi sueño.

—¿Cómo harías para que todos pudieran verlos? —lo cuestioné.

—Eso es parte de la aventura. Lo sabré cuando encuentre la forma.

Negué con la cabeza. Johan soñaba demasiado. Aunque, como fan de One Piece, mi deber es respetar esos sueños de todos (mientras no impliquen mutilaciones, genocidios u otras cosas feas). Igual que él respetaba el mío de tener mi propia franquicia de fantasía multimedia.

—Por cierto, no te había visto por aquí —dijo Sho dirigiéndose a Mokeo.

El chico se levantó del lugar en el que había estado sentado, sacudió el polvo de sus pantalones y luego miró a Sho sonriendo.

—Acaban de transferirme.

—¡Oh! —exclamó Johan—. Suena raro que transfieran a alguien justo una semana antes de los exámenes de mayo.

—Bueno, lo hice muy bien en mi examen de ingreso. No dudo poder pasarlos.

Considerando que en el canon estaba en Obelisco, y el hecho de que Chronos lo consideró su arma secreta, Mokeo debía de ser realmente un muy buen estudiante.

—Ya son las seis y media —dijo Judai—. La cena se servirá pronto. Como estudiantes de Osiris, creo que es nuestro deber acompañarte al dormitorio.

—¿De verdad? ¡Muchas gracias!

—Es lo normal —dije yo—: ayudar a tus compañeros de clases, en especial de dormitorio.

—Lo que dijo mi primo —agregó Johan.

—Pues, michas gracias.

Los espíritus desaparecieron mientras nosotros volvíamos al dormitorio Osiris.

- GX -

Puedo concluir que, en cierto sentido, mayo no nos trajo al Chico de la Gorra Roja (no lo llamó Konami porque me hace pensar en cosas feas, en especial juegos que pudieron ser, pero que ahora nunca serán, a menos que las estrellas se alineen y… «Fuera de la mente, fuera de la realidad»), en lugar de eso, nos trajo a Mokeo como «personaje regular».

Sobra decir que, sin saber todo el contexto que había en realidad detrás de su presencia allí (Kaiba fue tajante: no hablar con nadie sobre el «programa»), Johan y Judai lo recibieron muy bien. Era otra persona capaz de ver a los espíritus de duelo; además de alguien con quien Judai se llevó muy bien en otra vida (más allá del hecho de que Chronos intentó usarlo para evitar que representara a la escuela en el duelo inter escolar con la Academia Norte), ¿cómo podrían no estar felices con eso?

Mokeo estaba sorprendido de dos cosas. Primero, el grupo lo recibió sin hacer muchas preguntas; en especial (¡sorpresa!) Momoe: compartían demasiado amor por los Mokey Mokey como para que no fuera así, incluso cuando ella no podía ver a los espíritus. Segundo: la gente estaba tan acostumbrada después de casi dos meses viendo a Judai y a Johan hablar con los espíritus, que simplemente aceptaron a un excéntrico más.

Bueno, tal vez Torimaki y Mototani intentaron hacer algo, pero como Johan y Judai les habían pateado el tachero en duelo suficientes veces, decidieron marcar distancia pronto.

Un detalle sospechoso que comencé a notar, fuera de eso, fue en la profesora Midori: la mujer parecía estar mucho más distante que antes con respecto a nuestro grupo. Considerando que ahora sabía que podía ver a los espíritus de duelo, me pregunté si fue consciente desde el principio de la presencia de las Bestias de Cristal, los Héroes y de Yubel. En todo caso, sí antes no parecía molestarle, desde que la encontré en el bosque sentía como si me vigilara.

¿Todavía pensaba que Banshee y William intentaron hacerme daño? Parecía una posibilidad.

Johan también notó ese detalle y me preguntó al respecto en una ocasión.

—No sé por qué, creo que ella odia a los espíritus de duelo.

—¿Odiar? —se burló Banshee apareciendo en la habitación—. Si hubiera podido nos habría destruido allí mismo por «corromper a su preciado estudiante».

—¿Están seguros? —preguntó Johan un poco confundido.

—La noche en que fui a buscar a «Bebé Vampiro», la encontré cuando regresaba. Estaba furiosa y creía que los espíritus me hicieron eso.

—Razón no le faltaba.

Banshee pareció sorprendida de que Johan, de todas las personas, dijera eso.

—No digo que ustedes lo hicieran —se apresuró a decir—. Pero, mi tonto primo fue y dejó que un vampiro bebiera su sangre y casi lo matan.

—No iba a morir.

—Acabar en la enfermería necesitando una transfusión de emergencia está lo suficientemente cerca.

—Nunca vas a dejar pasar eso, ¿verdad?

—No hasta que admitas que fue una estupidez.

—No es muy brillante, le pides demasiado —se burló Banshee antes de desaparecer.

Suspiré. De verdad tenía que encontrar la forma de disculparme con ella. No podríamos luchar juntos con ese rencor interponiéndose. ¿Qué fue lo que Zangetsu le dijo a Ichigo? «Cuando dos que no confían en el otro pelean juntos la fuerza que cada uno posee se divide a la mitad».

—No conozco a la profesora Midori lo suficiente —dije volviendo al punto de la conversación—. Sin embargo, creo que algo debió pasarle a ella o a alguien importante, posiblemente a su hermano, relacionado con los espíritus. Eso explicaría sus prejuicios a pesar de poder verlos.

Johan no se veía muy conforme con esa respuesta.

—Sé que quieres crear lazos con ellos —le dije—. Pero, recuerda que los espíritus son como nosotros, los humanos: su mundo no es blanco y negro, tiene muchos matices de diversos colores. Los hay buenos, malos y los que están en medio o se comportan según les convenga. Debes considerar la posibilidad de que uno de ellos pudo haber lastimado a los humanos, quizá a la misa profesora o a alguien importante para ella.

Johan suspiró.

—Sí, debe ser.

Por ahora, todo lo que podíamos hacer era estar alertas. No quería creer que la profesora Midori pudiera hacer algo contra nosotros o nuestros espíritus; pero, alguien con esos prejuicios, podía ser peligrosa. La ira nubla lo mejor de las personas.

- GX -

Por supuesto, con Judai cerca era difícil tener algo de tiempo para las «asesorías» de Mokeo, en especial con los exámenes de mayo tan cerca. Al final, tanto la profesora Ayukawa como la profesora Akemi tuvieron que ayudarnos con eso.

Ahora, a pesar de toda mi fascinación por las cosas sobrenaturales, la magia y el terror, como he dicho soy muy escéptico. En especial de las cosas new age: todo eso de los cuarzos, niños índigos y demás tonterías que en general resultaban ser estafas (y, muy a mi pesar, todo eso de los supuestos vampiros energéticos). Lo cual, debo decir, incluía la meditación.

Pero, de nuevo, ahora estaba dentro del Yugiverso, un mundo, en el cual la magia, los espíritus y esas cosas eran tan reales como el sol, la luna y las estrellas. Así que, ¿podría la meditación servir de algo? Según Mokeo, era una buena forma de estar en sintonía con los espíritus de tu baraja y tu propia energía de duelo. Ese era el primer paso para, eventualmente, tener un mejor control de ella y evitar que se desbordara (algo vital para alguien que producía tan poca como yo: mejor administración de la energía equivalía a una vida más saludable, supongo).

Por supuesto, meditar no me era nada fácil: me era muy complicado hacer cosas como «dejar la mente en blanco». Parece un cliché más de protagonista Shonen, pero era así. Mi mente simplemente tenía que estar pensando en algo todo el tiempo y cuestionarlo todo, como Lisa Simpson visitando África.

—Solamente respira y deja ir las cosas por un momento. No es tan complicado.

Era la quinta vez en una hora que Mokeo me decía lo mismo. Cerré los ojos, respiré profundamente y traté de concentrarme en no pensar en nada, sólo para que al final mi mente divagara en un montón de cosas: tareas pendientes, el hecho de que olvide uno de mis libros favoritos en la casa del abuelo…

—Estás pensando de nuevo —dijo Mokeo.

—Siempre estoy pensando en algo —admití.

Mokeo jamás se molestaba, sin importar que pasara, así que, en vez de recriminarme eso como un típico «maestro» de protagonista Shonen, decidió probar otro enfoque.

—Dejar la mente en blanco es como… —se rascó la cabeza. Un Mokey Mokey apareció junto a él y dijo algo en ese idioma extraño que sonaba como «moke moke». Al igual que Judai con Kuriboh Alado, Mokeo parecía ser el único capaz de entenderlo—. ¡Eso! Es como apagar el cerebro.

—¿Apagar el cerebro? ¿Debo pensar en la canción de las mentas?

Mokeo parpadeó un par de veces sin entender.

—Nada —dije. Puedo aceptar que en este mundo no existan muchas cosas qué en mi mundo anterior sí, pero, ¿por qué no existe Malcolm en este mundo loco? Al menos tenía One Piece, que, por cierto, el nuevo volumen saldría pronto…

—Estás haciéndolo de nuevo. Tal vez si debas probar esa «canción de las mentas».

No, eso acabó muy mal para Malcolm. Aunque yo no tenía una madre como Lois, tal vez… nah. Si tocabas el botón correcto (o incorrecto según la perspectiva), el tío Kouji y la tía Megumi podían ser tan terribles como ella. Ya estaba pisando mucho en terreno delgado con ellos como para agregar el volverme tan estúpido como Reese.

Suspiré y traté de buscar en otro enfoque.

—Sólo recuerdo dos cosas que me hacen dejar de pensar: ver Xena y jugar Tetris.

Mokeo volvió a demostrarme su confusión.

—¿Xena?

—Era un viejo show americano. —No tanto, en realidad, de haber existido en este mundo, ese mismo mes habría cumplido cinco años desde su última emisión (aunque cuando morí el show ya tenía más de veinte años de haberse estrenado)—. La historia es una de esas que son tan, como decirlo, tontas que son buenas. Por eso, para disfrutarla al máximo, debes dejar de cuestionar porque pasa lo que pasa. Si comienzas a preguntarte por qué en un capítulo es la guerra de Troya, al siguiente Xena evita que Julio César conquiste Britania y luego, de la nada, resulta que también inventó el árbol de navidad, el juramento hipocrático y hasta sacó a Excálibur de la piedra… Simplemente, si cuestionas todo con una mente racional, no vas a divertirte con el montón de cosas bobas y entretenidas que pasan; más allá del drama de los personajes.

Volví a suspirar. «Apagar el cerebro» para ver Xena no era lo mismo que meditar.

—¿Qué hay de esa cosa, Tetris?

Tetris no era tan famoso en este mundo como debería serlo. Era casi como si la existencia del Duelo de Monstruos opacara a muchos juegos, incluso los que no tenían relación alguna con los juegos de cartas. O tal vez se debía a que en el Yugiverso solamente los juegos que en mi otro mundo fueron hechos por Konami tenían algo más de trascendencia. Demasiados juegos de otras compañías parecían ser sólo parodias (al menos en nombre, porque el contenido usualmente era muy similar a lo que recuerdo). Lo mismo pasaba con los mangas que no eran de la Shonen Jump y sus revistas hermanas. Imagino que era consecuencia de que ese fuera un mundo que en otras realidades era un anime patrocinado por Konami y cuyos mangas editaba Shueisha.

De vuelta al Tetris, precedí a explicarle a Mokeo las reglas básicas del juego: las piezas caen, formas líneas para despejar espacio y, entre más líneas quitas, más rápido caen las piezas.

—¿Cómo eso te ayuda a despejar la mente?

—Llega a un punto en el que el juego va tan rápido, que no tienes tiempo de pensar en nada más. Ya únicamente encajas las piezas de forma automática, porque a la menor pérdida de concentración cometes errores y dejas huecos, al grado que uno solo de estos te cuesta la partida.

Mejor demostrarlo que hablarlo.

Regresamos a los dormitorios, fuimos a mi habitación y le mostré el juego en mi laptop.

La versión que tenía era una antigua que hacía correr mediante una consola virtual. Como dije, Tetris no era tan famoso como debería serlo. De hecho, cuando la Unión Soviética se desbarató, sus derechos ni siquiera volvieron a su creador, sólo quedaron como software abandonado, y ahora vagaba en sitios muy de nicho en los que únicamente los más obsesionados con los juegos «oscuros» iban a buscar cosas; o viajeros de otros mundos que están buscando el juego al que se hicieron tan adictos en su primera adolescencia, mismo que los llevó a reprobar muchas materias en secundaria y preparatoria por jugar en lugar de estudiar. El juego claramente era su primera versión, puesto que no tenía algunas mejoras de vida tales como: anunciar que pieza seguía o reservar una pieza para usarla más tarde.

Mokeo miró con cierto escepticismo al juego.

—¿Cómo te ayuda eso a despejar la mente? —volvió a preguntarme.

—Juega una partida.

Lo hizo. Como todo jugador novato, no llegó muy lejos: tardaba demasiado tiempo en pensar en donde colocar cada pieza y dejaba demasiados huecos. En su segunda partida comenzó a hacer un uso más extenso de la rotación de las piezas. Para la tercera comprendió que era buena idea dejar «juntar» líneas para luego eliminar varias al mismo tiempo usando la pieza I.

Mientras Mokeo aprendía a jugar Tetris, decidí avanzar un poco con mis otras tareas. Los exámenes eran en unos cuantos días más y los profesores tomaron eso como excusa para incrementar los deberes.

Luego de una hora, decidí ver cómo le iba a Mokeo.

Ya entendía el juego lo suficiente como para llegar más allá del nivel diez. Se estaba volviendo muy bueno rápidamente, supongo que es la ventaja de tener una mente tan relajada como la suya.

—Puedo entender lo que dices —dijo tras perder una partida en la que llegó al nivel quince—. Hay un momento en el que llegas a un estado Zen en el que ya no piensas, solo actúas.

—Y luego llegas a otro en el cual comienzas a ver todo el mundo como si fuera Tetris, o incluso sueñas que las piezas caen del cielo.

Poderoso Efecto Tetris.

Mokeo ignoró ese comentario:

—Ahora, debemos averiguar cómo trasladar tu concentración del juego a la meditación.

Suspiré.

—¿De verdad piensas que funcionara?

—Eres demasiado racional.

—Sí, alguien ya me dijo eso. —Mi conversación con Saio de tres años atrás volvió a pasar por mi cabeza. Últimamente me pasaba mucho.

—¡Vamos! Ahora que sabemos que puedes alcanzar el estado Zen no será tan complicado.

Eso esperaba.

- GX -

Los exámenes de mayo llegaron. Dos semanas de presentar prueba tras prueba, una a diario, entre las clases normales y las de duelo. Y, por fin, los exámenes de ascenso.

Consistían en un examen similar al de ingreso: escrito, teoría y práctico. Esto nos tomó todo el día. Para cuando el último examen terminó, justo a las seis treinta, estaba muy cansado y el resto se encontraban en una situación similar.

—Creo que eso fue incluso más complicado que el examen de ingreso —dijo Sho mientras descansábamos en la cafetería del dormitorio.

—Tiene sentido: ya estamos dentro —le respondió Johan.

—¿Cuándo entregan los resultados? —preguntó Asuka.

—El lunes —le respondió Daichi revisando su PDA.

—Va a ser un infierno esperar —dijo Momoe. Estaba demasiado cansada como para mostrar el «decoro adecuada» para una chica educada, por lo que estaba descansando con los codos sobre la mesa.

—Estoy seguro de que lo hicimos bien —le comentó Sho.

—Debiste ayudarme a estudiar —dijo de pronto Junko, alzando la cabeza y señalándome.

—¿Y eso?

—¡Es el trabajo de los nerds! Te lo dije antes del examen de ingreso.

—No puedes depender de mí cada que haya un examen. Dijiste que querías ser una gran duelista, pues empieza a hacerte responsable.

Estaba demasiado cansado tras un día completo de pruebas como para hacer caso a Junko y sus tonterías.

Ella me miró mal. Asuka trató de calmarla diciendo que en parte yo tenía razón respecto a que debía comenzar a depender un poco menos de que los demás estarían allí siempre para ayudarla. Aunque como amigos casi todos tratábamos de estudiar juntos, estar en grupos diferentes y tener clases diferentes afectaba que tanto podíamos ayudarnos entre todos.

Sumado a eso, yo tenía más cosas que hacer.

—No parecen muy animados —dijo de pronto el profesor Daitokuji haciendo gala de su habilidad para aparecer aparentemente de la nada.

—Día complicado con exámenes —le respondió Sho.

—Oh, cierto, los exámenes de ascenso. Bueno, para amenizar la espera, ¿quién está listo para una excursión este domingo?

De inmediato levante la cabeza para escuchar con atención. Era demasiado pronto para todo el asunto con los Cuidadores de Tumbas. Además, no había trama del dormitorio abandonado ni estudiantes desaparecidos, ¿por qué Daitokuji querría «probarnos»?

—¿Excursión? —preguntó Judai interesado.

El profesor Daitokuji asintió mientras rascaba las orejas de Faraón.

—Conseguí los permisos. Pueden decirme mañana quienes quieren venir, y el domingo iremos en misión de rescate al Pozo del Descarte.

Oh, era eso.

Si, bueno, eso consiguió animar a la mayoría.

Eso me recordó algo: Judai y Johan habían proseguido con la misión de enviar un grupo de exploración por su cuenta. Debido a todo el tiempo que pasé con Mokeo aprendiendo esas cosas de meditación y otras formas de control de Energía de Duelo del «programa», no estaba muy al tanto de que habían encontrado. Así que ahora estaba en un dilema: preguntarles o dejar que fuera una sorpresa.

—¿Qué es el Pozo del Descarte? —nos preguntó Mokeo.

Oh, claro, los estudiantes de la Otra Academia no estaban al tanto de lo que pasaba en la Academia Regular. Pasando todo su tiempo en un dormitorio que en esencia estaba por completo aislado de los demás, sería muy extraño que fuera así.

—Es una larga y triste historia —le respondió Johan.

—Yo diría que sólo triste —lo contradijo Edo.

Decidí que era momento de retirarme a dormir. Descansar después de una larga jornada de exámenes siempre era bienvenido. Además, si iba a visitar un pozo llenó de espíritus dentro de dos días, mejor deshacerme de todo el estrés post exámenes cuanto antes.


La idea de que el problema de Mokeo está relacionado con Nemuriko la leí en la historia «Firsts» de The Elemental Shark aquí mismo en fanficion (está en inglés). Me pareció que encajaba muy bien con el Worldbulding que he estado haciendo para esta historia, y con el personaje en sí. Por supuesto, solamente tomé la idea de Nemuriko, ya que la historia de fondo de por qué pasaba eso es muy diferente. Si pueden, léanla. Hay muy poco sobre Mokeo y ese fic es muy bueno.