Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Respuesta a Review Anónimo:

Roxas Strife

Bueno, la introducción de Mokeo funciona como el prefacio para el siguiente mini-arco de la historia, que es el pozo, con lo cual viene mucha información sobre los espíritus de duelo.

A partir de ahora Haou va a estar un poco más activo y no tanto tras bambalinas, por cosas que ya se leerán en este capítulo y en los siguientes.

De nuevo, gracias por seguir leyendo.


Libro III

Capítulo 34


Luz de la Intervención

[Carta de Trampa/Continua]

Los monstruos no pueden ser Colocados boca abajo. Los monstruos Colocados en Posición de Defensa son Invocados mediante una Invocación Normal en Posición de Defensa boca arriba.


El sábado por la tarde, luego de las clases de educación física, el profesor Daitokuji nos dio las indicaciones para realizar la «excursión». Curiosamente, Hayato lo estaba ayudando a realizar el registro de voluntarios. Además de él, no había nadie externo al grupo allí. Según Daitokuji, ya que fue nuestra idea consideró que debíamos ser nosotros los que participáramos en eso.

—¡Es emocionante! —dijo el hombre mientras nos anotaba en una lista—. No suelo tener más de tres voluntarios en mis excursiones.

Recibió varias miradas que iban desde la sorpresa hasta la duda.

—¿Hace excursiones a un viejo pozo cada año? —le preguntó Sho sorprendido.

—Más bien a las ruinas —nos aclaró Hayato, mientras nos pasaba un formulario de responsabilidad. El lugar al que íbamos era un viejo pozo y había que indicar que estábamos yendo allí por voluntad propia. Desconozco que tanta validez legal haya tenido eso, cuando casi todos allí éramos menores de edad.

—¿Ruinas? —preguntó Johan interesado. No lo culpaba: si había algo en lo que el abuelo era mejor que en los juegos, era en contar historias de sus días como explorador y arqueólogo independiente. De verdad, su vida fue como la de un Indiana Jones con juegos de azar en lugar de nazis y eso hizo que Johan se interesara en la arqueología.

—Oh, sí —respondió el profesor—. Son realmente fascinantes. Se trata de las ruinas de una antigua ciudad que se encuentran cerca del volcán. Las últimas estimaciones indican que podrían tratarse de los restos de una civilización con al menos cinco mil años de antigüedad.

—¿No es peligroso ir tan cerca del volcán? —le pregunté.

Siempre me había llamado la atención el que Kaiba construyera la Academia en una isla con un volcán activo, el cual constantemente estaba arrojando humaredas. Al menos dos veces desde que estábamos allí, la isla había amanecido cubierta con una débil capa de cenizas.

—Está lejos del curso que la lava tomaría en caso de una erupción —respondió él con tono casual, como si estuviera acostumbrado a responder eso.

Habría preferido que Jim estuviera allí para explicar mejor eso. Daitokuji era un alquimista-arqueólogo, en cambio, Jim era un geólogo. De hecho, cuando lo conociéramos en el tercer año (si es que pasaba), tendría algunas preguntas para él sobre si era o no seguro estar en esa isla. Aunque, siendo sincero, esperar hasta el tercer año sería tarde, pues ya estaría en la recta final de mi paso por la Academia de Duelos.

—Ahora no se callará con la historia de las ruinas —comentó Hayato algo fastidiado.

El profesor no lo tomó a mal, sólo se rio entre dientes.

—Tendré tiempo para explicarles eso más tarde, en noviembre, cuando vayamos a verlas.

Johan asintió con la cabeza de forma entusiasta. Entendí que estaba muy emocionado por eso.

Los ojos del profesor brillaron con ilusión detrás de sus anteojos. Debía estar realmente emocionado de que por fin alguien más le prestara atención. Era casi triste. Por otro lado, no estaba seguro si era buena idea ir a esa otra excursión. No me apetecía estar en una situación en la cual corriera el riesgo de ser enterrado vivo.

—¿Por qué mi hermano aparece como asistente del profesor? —preguntó Asuka de pronto.

Señaló la parte de arriba de la lista que Daitokuji había dejado sobre la mesa.

—También mi hermano —dijo Sho también leyendo la lista.

—La escuela no iba a aceptar al menos que otro profesor y algunos alumnos de tercero nos acompañaran —explicó Daitokuji.

Misterio resuelto: por eso Hayato estaba allí, aunque no estaba tan unido al grupo como en el canon.

Noté que Fujiwara también estaba anotado como ayudante y la otra jefa de excursión era la profesora Midori. No sabía qué pensar de esto último. Nuestra relación se había enfriado mucho a causa de los espíritus de duelo y ahora íbamos a un pozo lleno de ellos.

—¿Fubuking? —preguntó Momoe apareciendo casi como si hubiera sido evocada con alguna especie de ritual.

—¿Kaiser Ryo? —la siguió Junko, quien al parecer había dominado la misma habilidad sobrenatural para detectar cualquier situación en la que habría «galanes» presentes; era casi como la habilidad de Judai para detectar cuando alguien estaba teniendo un duelo.

Volviendo al asunto de la excursión, me extrañó que esas dos no se hubieran apuntado en el momento exacto en que supieron que Johan y Edo también irían. Supongo que, tras esos meses conviviendo con ellos de forma cotidiana, ya se habían dado cuenta de que nunca iban a hacerles caso como algo más allá de compañeras de escuela.

En menos de dos minutos estaban apuntadas en la excursión, haciendo que Sho, Johan y Hayato las vieran con la clásica gota de sudor anime. Judai, como de costumbre, permanecía ajeno a esas cosas al igual que Mokeo. Asuka sólo suspiró como diciendo «otra vez lo mismo», Edo fingió no darse cuenta y Rei las miró con una mezcla de curiosidad e interés. Era bueno que pasara más tiempo con Asuka que con ellas, o de otra forma podría terminar incluso peor que en el canon.

—¿Están seguras de que quieren venir? —les preguntó Asuka enarcando una ceja.

—Será como un día de campo, ¿verdad? —respondió Momoe.

—Los días de campo no requieren equipo de escalada y espeleología —repliqué.

Junko puso cara de enfado mientras se llevaba las manos a las caderas:

—Bueno, ustedes pueden bajar mientras nosotras vigilamos las cosas afuera.

Antes de que alguien más pudiera decir algo, se habían ido.

—Tendré que asegurarme de que estén preparadas —dijo Asuka claramente no muy contenta con ese desarrollo, y comenzó a caminar en la dirección por dónde ellas se habían ido.

Poco a poco, todos fueron abandonando la cafetería para dirigirse a hacer lo que tuvieran pendientes en esa tarde de sábado y prepararse para la excursión del siguiente día. Al final sólo nos quedamos Hayato (quien estaba recogiendo los formularios para luego ir a dejarlos a la oficina del profesor Daitokuji), Mokeo y yo.

Distraídos hablando en nuestras cosas, no notamos que alguien más entró en la habitación. Fue un pequeño grito ahogado por parte de Hayato lo que nos advirtió de eso. Tanto yo como Mokeo alzamos la mirada en su dirección al ser tomados por sorpresa.

—¿Judai? —cuestionó Mokeo cuando vio a alguien dejar un formulario en la pila de papeles de Hayato, quien al parecer fue tomado por sorpresa y por eso su grito ahogado de antes, para luego salir sin mirar atrás.

—Ese no es Judai —le aclaré. Esa presencia era muy diferente a la de Judai—. Es Haou.

—¡Oh, el misterioso hermano gemelo!

Mokeo llevaba ya dos semanas conviviendo con nosotros y, en ese tiempo, ni una sola vez había visto a Haou en persona. Considerando que él estaba dos grados por delante de nosotros, no compartía clases con nadie del grupo, además de que Haou difícilmente se podía considerar parte de este. E incluso viviendo de forma regular en el dormitorio Osiris (algunos días todavía iba por las tardes al «otro dormitorio»), hasta el momento solamente sabía que existía porque otros lo habían mencionado. Y por otros me refiero a su club de fangirls. Curiosamente, ni Momoe ni Junko parecían sentirse atraídas por él a pesar de su aura de chico misterioso y solitario de anime. A veces tenía la impresión de que le temían, al igual que Rei.

Hayato tardó un momento en recuperarse de la impresión. Yo miré la pila de formularios con el ceño fruncido. ¿Haou iba con nosotros? Un presentimiento desagradable se formó en mi interior. ¿Por qué de pronto estaba interesado en el Pozo de Descarte?

Saqué mi teléfono y de inmediato mandé un mensaje a Johan y a Judai. Haou no solía mostrar ni siquiera curiosidad por lo que hacíamos, excepto por el misterio de Ferenc. Esa fue la única vez que se involucró en persona, aunque sólo fuera para «darme la misión», como si se tratase de un NPC de RPG, y unirlo a su carta. Ahora se interesaba en la excursión al pozo, un lugar lleno de espíritus.

Siendo ese el caso, necesitaba saber qué pasó con la misión de reconocimiento. ¿Habían encontrado algo allí además de los espíritus de las cartas desechadas por generaciones de alumnos de la Academia? Imaginé que eso podría hacer que Haou mostrara interés por la excursión, ya que, al parecer, únicamente se involucraba si había espíritus de duelo relacionados con la «aventura del día».

A la vez, esto me despertó una duda: ¿cómo se enteró de la excursión? Bueno, razoné, su conexión con los Héroes Elementales era tan fuerte como la de Judai con ellos. Ni hablar de su relación con Yubel. Estaba seguro de que no había nada que habláramos frente a esos espíritus, o más bien frente a Yubel, que Haou no supiera también.

Johan me respondió que estaba preparando las cosas para el viaje (es decir, abriendo varios álbumes de cartas que llenaríamos con las que íbamos a rescatar del pozo). Judai estaba con Sho en su habitación haciendo sus propios preparativos. Le pedí a Judai que se reuniera con Johan y conmigo en mi habitación.

—Tengo que irme —dije a Mokeo nada más recibí la respuesta de Judai diciéndome que estaría allí en cinco minutos.

Mokeo me miró un momento con curiosidad.

—¿Qué está pasando? —me preguntó—. Tu Energía de Duelo se puso extraña en cuanto el hermano de Judai entró aquí. Le tienes miedo.

Nunca había creído en algo como la lectura de auras. De nuevo, consideraba los conceptos de New Age como algo similar a la ciencia ficción. Aunque por mi parte podía detectar un poco la Energía de Duelo, en especial cuando eran de duelistas poderosos (como Kaiba), Mokeo llevaba eso a otro nivel: era capaz de detectar el estado de ánimo de una persona sólo «sintiendo» su energía.

—¿Tiene que ver con el pozo? Pareces ansioso por lo que sea que hay allí.

Miré a mi alrededor. Hayato se había ido y no había nadie más en la cafetería. Faltaban más de dos horas para la cena, por lo que no esperaba que hubiera alguien allí hasta dentro de un rato. La mayoría de nuestros compañeros debían de estar relajándose en la playa o en algún otro lugar tras una ardua semana de exámenes. Si nosotros estábamos allí fue solamente porque el profesor Daitokuji nos citó para darnos los detalles de la excursión.

—Escuchaste la historia del Pozo de Descarte.

Mokeo lo confirmó asintiendo con la cabeza. Noté la tristeza en sus facciones. Uno de sus Mokey Mokey apareció a su lado. Se veía igual de triste que él. Mokeo amaba a sus cartas, incluso las cartas de su viejo mazo de dragones, aunque las mantenía en su carpeta por temor a que fueran a lastimar a alguien de nuevo, podía entender que se sintiera mal de que alguien hiciera eso.

—Es casi seguro… —negué con la cabeza para reformular—. No, de hecho: sé que hay espíritus de duelo allí. Es por eso que he estado pensando en ir a sacar las cartas de allí desde que me enteré de que dicho lugar existe.

—¿Cómo se relaciona eso con Haou?

—Estoy llegando a eso: Haou puede ver espíritus, como Judai. Él... —¿Confiaba lo suficiente en Mokeo para decirle estas cosas? Las últimas dos semanas llegué a confiar más en él para decirle algunos de mis pensamientos que al propio Judai. Mokeo tenía algo en él, quizá su actitud relajada, que hacía que sintieras que podías confiar en él—. Creo que él sabía sobre «Bebé Vampiro», al punto en que, en términos simples, él quería que lo encontrara.

Mokeo pareció conmocionado por un momento.

—Vamos —dijo—. Vas a reunirte con alguien para hablar de estas cosas, ¿verdad?

¿Debía involucrarlo más? «Irá al pozo con nosotros, un sitio lleno de espíritus y con algo lo suficientemente grande como para que Haou quiera ir también», me respondí a mí mismo. Mokeo estaba involucrado en todo eso desde el momento en que se convirtió en mi tutor. Mientras estuviera cerca, eventualmente acabaría envuelto en todo eso, igual que en el canon Sho, Hayato y los demás se vieron mezclados en montones de cosas por el sólo hecho de conocer a Judai.

Salimos de la cafetería y nos dirigimos hacia mi habitación.

Johan estaba sentado en su escritorio, mientras que Judai se encontraba sentado en el suelo jugando con Kuriboh Alado. Los dos se giraron a vernos en cuanto abrí la puerta.

—Hola de nuevo —los saludó Mokeo con su habitual actitud relajada.

Johan frunció el ceño, mientras que Judai le envió una mirada de curiosidad. Kuriboh Alado desapareció, lo cual me resultó extraño. Lo normal cuando los cuatro nos reuníamos era que se pusiera a jugar con Rubí, Zombino, Zombina y los pequeños monstruos de Mokeo. En esta ocasión pareció que ninguno de ellos estaba de humor para eso. O tal vez, al igual que Mokeo, podían leer las auras y sabían que no era momento para salir

—Pasó algo importante —dije sin rodeos—. ¿Qué sucedió con la misión de reconocimiento en el pozo?

—¿Ahora te importa? Lo hicimos hace días —me recriminó Johan algo dolido.

Supuse que era porque no había hablado mucho con él en las últimas dos semanas. Entre estudiar, mis asesorías con Mokeo y los exámenes realmente no había tenido mucho tiempo para juntarme con todos como antes. Salvo Judai, quien siempre encontraba la forma de arrastrarnos a Mokeo y a mí a un duelo cuando de verdad quería luchar.

—No mucho —respondió Judai. Noté la mirada exasperada y algo traicionada que le dirigió Johan—. No pudieron acercarse.

—¿Misión de reconocimiento? —preguntó Mokeo interesado.

Judai abrió la boca para responder de nuevo, pero esta vez Johan se le adelantó:

—¿Por qué Mokeo está aquí?

—Para ayudarnos —le respondí algo extrañado por su actitud.

Johan frunció el ceño aún más.

—No te preocupes: ¡es un buen tipo! —declaró Judai.

—Alguien a quien conocemos desde hace no mucho tiempo.

—Pero puede ver espíritus, como nosotros.

Johan no pareció encontrar argumentos para discutir con Judai. De alguna forma, llegó a la conclusión de que, si podías ver a los espíritus de duelo, era porque tenías que ser un «buen tipo». Curiosamente, algo que Yoh Asakura de Shaman King solía decir (en su caso hablando de espíritus en general).

—Mokeo es confiable —le aseguré a Johan. Miré a Mokeo esperando que él entendiera que tendría que ser honesto con ellos respecto a la razón por la que él estaba allí realmente. Como única respuesta: se encogió de hombros—. Él está aquí para ayudarme con mi problema de energía de duelo.

—¿Ayudarte? —me preguntó Johan claramente confundido.

—Ya sabes, mi energía es extraña: es errática en el mejor de los casos. Por eso es que siempre busco terminar mis duelos en pocos turnos. —Nunca les había dicho eso. Judai asumía que se debía a que ese era el estilo de duelo del otro mundo y Johan pareció aceptar que tenía razón—. A diferencia de lo que Ryo piensa, no es que me divierta buscar siempre el OTK y ganar sin dejar que mis oponentes jueguen. Todo lo contrario: me gustan los duelos que son un reto. Pero, si el duelo se prolonga mucho, me canso. Casi como correr los cien metros planos.

Johan me miró un momento con un gesto afectado.

—Y eso que has mejorado mucho. —Las palabras de Judai nos tomaron a todos por sorpresa.

—¿Mejorado? —le preguntó Johan.

Me atreví a ver a Mokeo. Tenía la mirada fija en Judai con un brillo de interés en los ojos que no supe descifrar.

—Sí. Cuando conocí a Kenichi, mi hermano solía desafiarlo mucho a duelo. Kenichi acababa muy cansado después de cada duelo y eso jugando en una mesa.

—¡Espera! Siempre pensé que Haou disfrutaba de… bueno, aplastarme con todo su poder.

Judai se encogió de hombros.

—Tal vez. Pero también es cierto que no era tan duro como lo fue conmigo cuando me estaba enseñando duelo.

¿No fue tan duro? ¿Haou se había estado conteniendo? Después de esos duelos siempre acababa empapado en sudor, jadeando y con todos los músculos adoloridos. Como si fuera alguien no acostumbrado a hacer ejercicio —que en realidad en cierto sentido así era—, que de la noche a la mañana tenía que hacer una rutina extensiva a diario. Ahora venía Judai y me decía que Haou ni siquiera se estaba esforzando.

¿Qué fue lo que dijo Yubel en aquel entonces? Oh, sí: qué Haou quería ayudarme a generar mi propia Energía de Duelo, además de asegurarse de que estuviera listo para los Juegos de lo Oscuro. Aunque en ese momento Judai se mostró sorprendido por lo último, imagino que él sabía que se estaba conteniendo, pero ignoraba muchos de los efectos secundarios que esa clase de duelos podían tener.

—Judai, ¿tu hermano puede hacer cosas especiales? —le preguntó Mokeo.

—¿Especiales? ¿Cómo…?

—Sí. Cosas como: daño que se vuelve real en un duelo, materializar monstruos sin necesidad de un holograma, esa clase de cosas.

—Sí. —Me sorprendió que Judai fuera tan honesto. Yubel apareció detrás de él y lo miró con reproche. Mokeo no se inmutó ni un poco, a pesar de que era la primera vez que veía al espíritu—. Yo también puedo hacer eso.

Yubel negó con la cabeza en un claro gesto de resignación ante la forma casi despreocupada en que Judai confesaba esas cosas, casi como si estuviera hablando del clima.

Como para demostrar su punto, Judai hizo que Kuriboh Alado apareciera: no se veía transparente o como un holograma, estaba allí de verdad, tan físico que incluso podías tocarlo si estirabas la mano.

—No es algo que le muestre a la gente, pero puedo confiar en ustedes —dijo Judai mientras abrazaba al pequeño ángel, el cual hizo un sonido similar al gorjeo de un pájaro.

Mokeo, en respuesta a la confianza de Judai, hizo lo propio con uno de sus Mokey Mokey. ¿Sería eso algo de lo que se aprendía en la «otra Academia»?

—Wow —se sorprendió Judai—. ¡También puedes hacerlo!

Miré a Johan. Tenía la mirada fija en el Mokey Mokey al que Mokeo abrazaba como si fuera un peluche. Me di cuenta de que estaba debatiendo consigo mismo sobre si debía o no decir algo.

—Yo… solía hacer eso cuando era pequeño —confesó con las mejillas coloreadas de rosa—. Dejé de hacerlo durante mis días en el orfanato… —Se mordió el labio. ¿Había sufrido acoso por eso? Era muy probable. La gente tiende a atacar a quienes son diferentes a causa del miedo que les provoca cualquier cosa que pueda alterar su percepción del mundo. A final de cuentas, el miedo era la fuente de cosas como el racismo, la xenofobia y cualquier otra clase de discriminación. Una vez más la misma situación de Judai y Mokeo—. Las Bestias de Cristal, en especial Rubí, también lo hacen algunas veces cuando estamos solos. Aunque, creo que eso son más ellas que yo.

Mokeo asintió lentamente. Creo que podía entender un poco como debía estarse sintiendo. ¿Por qué ellos estaban en la Academia Regular? Tal vez incluso comenzaba a convencerse de que de verdad había un motivo oculto, de Kaiba o de alguien más, para que eso fuera así.

—Creo que nos desviamos mucho del tema —dije.

—¡Oh, cierto! —Judai se rascó la nuca en un gesto avergonzado—. Querías saber sobre la «misión de reconocimiento» al pozo. No encontraron nada.

—¿Nada?

—Ni siquiera pudieron acercarse —confirmó Johan—. Amatista dijo que había una especie de barrera de protección, como si alguien estuviera ocultando algo allí o simplemente parecía no querer que la gente se acercara. Quizá por eso el pozo ya es más un rumor que un sitio al que van a tirar sus cartas.

—Eso no es «no encontrar nada» —repliqué—. El simple hecho de saber que hay algo allí que no quiere ser molestado es encontrar mucho.

—Todavía no entiendo eso de «misión de reconocimiento».

—Oh, lo siento —me disculpé con Mokeo—. Rápidamente: desde que comenzamos a planear toda esta misión para ir a rescatar a las cartas del pozo, algunos de nuestros amigos espirituales pensaron que podía ser peligroso. Es por eso que un grupo de ellos, los Héroes de Judai y las Bestias de Cristal de Johan, decidieron ir a revisar por nosotros.

—¿Qué clase de peligro?

—Espíritus de duelo furiosos —le respondió Judai.

—Creo que también estaría furioso si alguien me descartara a un pozo como si fuera basura —comentó Johan en un tono un poco más duro del que estaba acostumbrado a escuchar en él.

—¿Por qué hasta ahora te interesa lo que encontraron? —me cuestionó Yubel mirándome con suspicacia.

—Ya sabes: Haou piensa ir con nosotros.

Johan abrió la boca con sorpresa, mientras que Judai se giró a ver a Yubel claramente esperando una confirmación.

—Lo hará. Pero no sé cómo es que tú lo sabes.

—Lo vimos llenar el formulario y entregárselo al superior Hayato —le expliqué.

—¿Cómo es que sabe sobre la expedición? —la cuestionó Johan por su cuenta.

—Claramente lo sabe desde el comienzo. —En otras circunstancias tal vez no me habría atrevido a hacer lo que estaba a punto de decir, pero tenía que saber—. Imagino que Haou sabe prácticamente todo lo que hacemos. En especial lo relacionado con los espíritus de duelo.

Yubel no respondió.

—Haou nos espía. —La convicción en las palabras de Johan fue tajante. Estaba claro que él lo creía capaz de eso y más.

—Yubel —la voz de Judai sonó más seria de lo normal.

El espíritu miró a Judai con una expresión más suave.

—Te amo —dijo—. Pero también amo a Haou. No olvides que mi deber es protegerlos a ambos.

—Le dices todo lo que…

—Solamente lo importante. Debes entender que él necesita saber.

—¡Eres su espía! —la acusó Johan.

—La información es poder, Andersen. Especialmente en una guerra.

Sentí el miedo descender por mi estómago como un cubo de hielo. Imagino que Johan sintió lo mismo, porque giró la cabeza de forma rígida hacia la dirección desde dónde vino la voz de Haou.

—Mokeo —dije con la voz más calmada que pude—. Creo que es hora de…

—Qué se quede —me cortó Haou. Saltó desde la litera más alta aterrizando en el suelo con ligereza—. Ya lo involucraste en esto.

—¿Involucrarme? —le preguntó Mokeo—. ¿En qué exactamente…?

—Una guerra —le respondió Haou casi como si fuera lo normal en el día a día. Tal vez para él lo era.

—Siempre estás hablando de guerra…

—¿No fue suficiente lo que ocurrió hace tres años? —Haou interrumpió a Johan—. ¿Esperarás a que el enemigo vuelva a estar a nuestras puertas para darte cuenta? O tal vez es lo que quieres: que bajemos la guardia.

—¡Basta! —gritó Judai—. Lo que ocurrió antes está en el pasado. Johan no es más esa persona. Yubel lo dijo: la Luz lo engañó.

Haou y Judai se sostuvieron la mirada por un momento. Luego, paso algo que no pensé presenciar en mi vida: Haou retrocedió. No físicamente, simplemente fue él quien desvió la mirada primero, al tiempo que soltaba un pequeño gruñido marca Uchiha.

—No entiendo lo que pasa —dijo Mokeo con tono confundido.

—¿Qué hay en el pozo? —me atreví a preguntarle a Haou.

Me miró un momento. No había expresión alguna en sus ojos, a pesar de eso, supe que me estaba estudiando.

—Algo grande. Lo suficientemente grande para ocultarse de mí.

Muy bien, no esperaba que admitiera eso.

—¿Es malo? —le preguntó Judai.

—No lo sé.

¿En qué carajo nos estábamos metiendo ahora? Podía decir que lo que había allí preocupaba a Haou lo suficiente como para que quisiera ir a investigar. Muy bien, podía entender eso, sin embargo, había un pequeño detalle que me llamó la atención: Haou no debería de tener problemas para hacer eso solo, o en su defecto llevar a Yubel con él; a pesar de eso, decidió ir en la expedición con nosotros. Así que, considerando lo que sabía sobre Haou y su pasado —su vida pasada—, había algo allí que no podía enfrentar por sí mismo, algo para lo que nos necesitaba a todos… a su Corte, incluso si únicamente Fubuki recordaba ese pasado, o uno similar.

¿Qué significaba ser parte de la Corte del Rey Supremo? Él y Fubuki hablaron de Caballeros, de hecho, Fubuki debía prepararme para algún día asumir ese cargo (deber que, dadas ciertas circunstancias como estar separados por la Academia, estaba descuidando). Yubel dijo que Hayato era algo así como su diseñador personal de cartas, de allí su don especial para crearlas. Imagino que habría otros «puestos» que ocupaban el resto de nuestros amigos o la mayoría de ellos: ¿hechiceros, concejeros, guardaespaldas? De ser así, ¿quiénes de nuestros amigos desempeñaron esas labores en sus vidas pasadas y por qué Haou los necesitaba ahora?

Volví a mirar a Haou.

—¿Cree qué, cualquier cosa que haya allí, sea como el bebé?

Haou me estudió por un momento.

—¿Sentiste algo?

Negué con la cabeza.

Lo único raro que me había pasado hasta ahora en la Academia era todo el asunto de Ferenc. Sin embargo, la isla tenía más actividad sobrenatural que eso: un clan de Cuidadores de Tumbas en las ruinas y las cartas de los Demonios Fantasmas selladas en algún lugar bajo el edificio principal. Eso sin contar toda la actividad de espíritus de duelo que se paseaban por allí (al menos en el anime): Jinzo, Kaibaman y hasta la Chica Maga Oscura. Y, también, estaba el propio pozo.

—No he estado lo suficientemente cerca de ese lugar… La verdad, luego del asunto con Ferenc, he estado ocupado como para ir a buscar más espíritus por la isla.

—¿Ferenc? —me cuestionó Mokeo.

¡Rayos, no pretendía decir eso! La presencia de Haou tendía a hacer que mi lengua se aflojara.

—«Bebé Vampiro». Su nombre es Ferenc.

—¿Le pusiste nombre? —me cuestionó Johan algo contrariado—. Sabes que no es un cachorro, ¿verdad?

—No, no le puse nombre —le respondí con un leve tono de molestia—. Su madre fue quien lo nombro.

—¿Madre? —me preguntó Mokeo—. ¿El espíritu tiene una madre?

—Sí, bueno, los bebés no aparecen por allí de la nada. Alguien tuvo que…

—Ya entendí —me interrumpió Mokeo completamente rojo.

Parpadeé un par de veces. Yo iba a decir que tenía que haber nacido de alguien, pero… Bueno, no importa.

—¿Piensas que ella está relacionada con el Pozo? —preguntó Judai a su hermano.

—No.

Yubel miró a Haou, este asintió con la cabeza.

—Estuvimos en la «casa» de ese espíritu —aclaró Yubel—. No encontramos nada que pueda estar remotamente relacionado con el pozo. Aunque, si encontramos rastros de algunas cosas interesantes.

—Hablaremos de eso más tarde —la interrumpió Haou—. Primero, debemos averiguar quién se oculta en el pozo. Imagino que también lo sintieron.

Ante esas palabras, Amatista, Topacio y Cobalto se hicieron presentes.

—La barrera fue formada por un espíritu aliado a la Luz. Uno poderoso —aseguró Amatista.

—¿La Luz de la Destrucción? —les preguntó Johan. Retrocedió un poco cuando Haou centró su mirada en él.

—No lo sabemos —fue el turno de Topacio de hablar, mientras él y sus dos compañeros Bestias de Cristal se colocaban entre Johan y Haou, en una clara señal de que no les importaría atacar al Rey Supremo para proteger a su duelista.

—Era una fuente de Luz, eso es todo. No pudimos identificar qué clase de Luz.

—¿Hay más? —pregunté.

—La Luz de la Justicia —respondió Haou sin emoción alguna—. Lo que sea, lo sabremos mañana. —Esas palabras se sintieron como el final de toda la conversación.

En seguida entendí por qué tras mirar el reloj en mi teléfono: ya eran casi las siete, era hora de ir a cenar.

Haou miró a Mokeo una vez más. Yo también lo miré, y me di cuenta de que no tenía ni idea de la mitad de lo que acababa de ocurrir allí. El pobre pasaba la mirada entre uno y otro de los presentes, incluidos los espíritus, pidiendo en silencio que alguien le explicara exactamente que era todo eso de la Luz y una guerra.

Haou me miró de nuevo.

—Encárgate —me ordenó.

—¡Oye! No puedes ordenar a la gente como si…

—Sí, yo le explico todo.

Johan me miró con cara de fastidio. Judai soltó un suspiro, no sé si decepcionado conmigo o con Haou. En todo caso, se sintió como si dijera: «No sirvió de nada el que me esforzara por romper ese juramento».

—¿Por qué siempre haces lo que Haou te pide? —me preguntó Johan.

—Involucré en esto a Mokeo. Es justo que yo le explique todo lo que está pasando.

Él había sido honesto conmigo respecto a su historia. Era hora de pagarle con la misma moneda.

Haou estaba a punto de salir de la habitación. Se detuvo en la puerta y se giró a ver a Judai. Tuve la impresión de que, de alguna forma, Judai lo había llamado en silencio.

—No es necesario que le expliques nada a Mokeo —me dijo Judai.

Una vez más, ambos hermanos se sostuvieron la mirada. Luego, con una voz increíblemente seria, que me hizo pensar más en el Judai de la cuarta temporada, comenzó a hablar:

—Vamos a reunir a todos. Esta noche, después de la cena. Les contaremos lo que está pasando, sobre la Luz de la Destrucción y la posibilidad de que esté allí mañana. No voy a arriesgarme a llevarlos a un lugar en el cual… —No fue necesario que lo dijera en voz alta, si lo conocías bien, eras capaz de saber lo que estaba pensando: «en el cual pueda perderlos de nuevo».

—Haz lo que quieras —le respondió Haou.

—¡No! Lo haremos ambos. Creo que sé por qué haces esto… Quiero decir, porque te comportas así, por qué no quieres estar con nosotros. Es lo mismo con Manjoume. Sientes culpa y por eso no quieres enfrentarlos cara a cara. Tienes miedo de que si vuelves a abrirte a ellos los perderás, y volverás a sentir el mismo dolor.

Sentí la energía de Haou crisparse como un gato enfurecido. Imaginó que Mokeo sintió lo mismo, ya que, por un momento, pareció estar buscando un lugar en donde esconderse.

Judai continuó:

—Yo… hice lo mismo. Antes, en otro tiempo: traté de alejarme porque pensé que estarían mejor sin mí. Pero, eso no es cierto. Estemos aquí o no, ellos serán arrastrados por esto. No sé si es el destino en el que Saio tanto cree. —Negó con la cabeza—. No creo que importe al final. Ahora sé que la Luz no atacó a nadie al azar. Buscó a Jun, a Asuka y a Daichi… incluso a Edo y a Saio; Kenzan se salvó por muy poco, pero, si lo hubiera logrado, no se habría detenido allí: habría ido a por Sho, Fubuki e incluso el Kaiser. Quería ponerlos en mi contra… en nuestra contra. Y si los dejamos ignorantes de la verdadera amenaza que representa, volverá a hacerlo. Podríamos perderlos de nuevo, incluso podríamos perderlos para siempre.

Haou permaneció en su lugar, casi como si lo hubieran petrificado. Nadie dijo nada. El silencio en la habitación era uno de esos que sientes que puedes escuchar.

—Judai… —Fue Johan quien rompió el silencio—. ¿Estás seguro de esto?

Judai lo miró. Johan debió notar algo en él que no era común, ya que casi al instante apartó la mirada.

—Creo que es lo justo. Si las cosas van como la última vez, la Luz de la Destrucción atacará la Academia el próximo año.

—¿Sucederá incluso si no tiene a Saio? —me atreví a preguntar—. Es decir, Saio está lejos de la influencia de la Luz. No creo que sus sirvientes puedan llegar a él mientras siga prisionero en Alcatraz.

—¿Prisionero? —me preguntó Judai.

—¿Por qué otro motivo se quedaría allí? —preguntó Haou con voz dura.

—No me lo dijo directamente —agregué yo—, pero, por sus palabras cuando nos conocimos, fue muy claro que eso era.

—No creo que eso la detenga —dijo Yubel.

Cierto. Todavía quedaba Mizuchi allá afuera. Al menos en cierta medida, ella podía ver el futuro tanto como el mismo Saio.

—¿Cómo haremos esto? —pregunté a Judai—. No podemos usar los dormitorios. Tanto la cafetería como las zonas comunes estarán llenas. Y no cabemos en una de las habitaciones.

—Le pediré ayuda al profesor Chronos. Supongo que su oficina es lo suficientemente grande.

—Claro. —También podría ayudarnos en caso de que sobrepasáramos el toque de queda. Es decir, no creía que la reunión durara más allá de las diez, pero era mejor estar seguros—. Contactaré a todos, bueno, no a todos. Imagino que Rei, Junko y Momoe no tienen por qué…

—Llámalas. También a Yusuke Fujiwara.

Miré sorprendido a Haou.

Me giré hacia Yubel. Ella asintió indicándome que lo hiciera. ¿Estaba confirmándome que también eran reencarnaciones? Joder, de verdad que la reencarnación en este mundo era una cosa extraña. Supongo que tuve suerte: el concepto de reencarnación más común implicaba que podría haber nacido como una cabra, un ave o incluso una cucaracha.

—También a Manjoume —me pidió Judai.

—¿Cómo se supone que lo convenza de venir? —Ni siquiera habíamos hecho el intento de acercarnos a él desde que Judai nos arrastró a un duelo antes de las vacaciones.

—Diciendo la verdad: es posible que la Luz esté ya en la Academia o al menos en la isla.

Sí, eso tendría que funcionar.

Sería extraño estar todos reunidos finalmente al mismo tiempo. Bueno, con excepción de Saio, Kenzan, Jim y O'Brien.

- GX -

Durante la cena, la mayoría cuestionaron a Judai sobre el porqué de la insistencia de la reunión después de comer. Algunos asumieron que tenía que ver con la expedición del día siguiente.

—¿Qué pasa realmente? —Fue Sho quien habló, mostrando una actitud un poco preocupada—. Estás demasiado serio.

Judai suspiró.

—Se los diré en un rato más. Sólo… es importante.

Judai sonrió, tratando de parecer el chico distraído e hiperactivo de siempre. Fue claro que Sho no estaba muy convencido.

A la mitad de la cena, el PDA de Judai sonó indicando que tenía un correo. Lo revisó de inmediato.

—El profesor Chronos nos dio permiso para usar su oficina. Únicamente que él quiere estar presente.

Si antes había una razón válida para que los más suspicaces (es decir, no Momoe ni Junko) sospecharan de lo que Judai planeaba, eso solamente lo empeoro.

Justo veinte minutos antes de las ocho, nos pusimos de pie y el grupo entero comenzó su camino hacia la salida. Hayato se unió a nosotros poco después.

—Así que si es sobre el día de campo de mañana —dijo Junko con una mirada de triunfo, como si fuera la respuesta obvia y se creyera mejor que los demás por haberlo adivinado.

—¿Es eso? —preguntó Momoe—. ¿Por qué no reunirnos entonces con el profesor Daitokuji y la profesora Midori? Ir hasta el edificio principal me parece un poco exagerado.

—No es eso exactamente —dijo Judai.

—Si fuera eso, Jun Manjoume no vendría con nosotros —comentó Mokoe como quien habla sobre el clima.

Efectivamente, Jun venía detrás de nosotros. Los Ojama danzaban a su alrededor. No podía escuchar lo que decían, ya que estaban lejos, pero por la expresión en el rostro de Manjoume, temí que de alguna forma fueran a hacer que se arrepintiera de seguirnos.

—También Manjoume —comentó Daichi, casi como si estuviera haciendo una lista mental de todos los que estábamos allí.

Cuando llegamos al edificio principal, Haou nos esperaba en las puertas de este, recargado en un muro y con los brazos cruzados sobre el pecho. Entramos al enorme recibidor de la Academia y caminamos en dirección a los ascensores. Divididos en dos grupos seleccionamos el último piso, que era la zona administrativa. Allí estaban las oficinas de la mayoría de los profesores y demás personal.

No supe en qué elevador subió Haou, quizá ni siquiera usó uno, ya que, de nuevo, estaba de pie frente a la oficina esperándonos. Escuché el grito ahogado de Rei, mientras se ocultaba detrás de alguien.

—Es como si fuera un fantasma —dijo en voz baja.

—Exageras, seguro tomó otro elevador —respondió Daichi.

—Uno que desafía las leyes de la física y lo trajo aquí en menos tiempo —comentó Edo con sarcasmo.

—¡Hermanita!

Asuka soltó un suspiro en cuanto escuchó la voz de Fubuki. Un instante después, estaba atrapada en un abrazo de oso.

Ryo los miró claramente divertido, mientras que Yusuke parecía más interesado por ver a un grupo tan peculiar de estudiantes de Osiris. Momoe y Junko de pronto parecían estar en el paraíso al ver a tres de tercero allí.

La puerta de la oficina se abrió y Chronos nos indicó que entráramos.

- GX -

Por un momento, pareció que Judai no encontraba las palabras para comenzar. Nos miró a todos, sentados en los cómodos sillones de la oficina de Chronos —tenía una buena cantidad, casi como si esperara que eso pudiera pasar en cualquier momento—. Abrió la boca, luego se arrepintió de nuevo.

—¿Qué pasa, Aniki? —le preguntó Sho cada vez más preocupado.

—¿Me llamaste aquí solamente para perder mi tiempo? —gruñó Manjoume—. Por supuesto, ¿qué más se puede esperar de un inútil como tú?

—¡Signore Manjoume! —Chronos le llamó la atención.

De reojo vi a Yubel. No me gustó la expresión en su rostro. El rostro de Haou, por otro lado, era indescifrable, aunque, si me permito hacer una conjetura, no estaba nada contento con las palabras del chico de gabardina negra (porque claro que Manjoume no se molestaría en usar el uniforme de Osiris).

—Es sobre mañana, la excursión al pozo —dijo Judai por fin.

Junko chasqueó los dedos como diciendo «se los dije».

—¿Qué excursión al Pozo? —preguntó Manjoume frunciendo el ceño.

—El Pozo de Descarte —respondió Fubuki—. Fue una idea muy buena de Kenichi: ir allí y rescatar las cartas abandonadas.

—¿Todo eso del día de campo fue tu idea?

—No es un día de campo —corregí a Junko como por décima vez esa noche—. Debo decir que no esperaba que llegáramos a tanto. Mi idea original era simplemente ir al pozo y sacar las cartas. Sin tanto papeleo y esas cosas.

—¿Por qué tanto interés en el pozo? —me cuestionó Manjoume en un gruñido. Casi podía jurar que para él era algo personal.

—¿De verdad abandonarías a todas esas pobres cartas abandonadas allí a su suerte? ¿Dejaras a todos esos espíritus viviendo en un frío pozo sólo porque alguien decidió que como no sabía usarlas entonces eran basura?

Me miró por un momento.

—¿Espíritus? —resopló Junko—. ¿De verdad crees en eso? Bueno, por supuesto que crees. Esas son cosas de nerds como tú.

—¡Signora Makurada! —Chronos la reprendió. Junko se encogió un poco en su lugar.

—No son sólo los espíritus —dijo Judai—. Y a la vez sí.

Miró a Johan y a Yubel, aunque eran pocos los que podíamos ver a esta última.

—Enviamos una «misión de reconocimiento».

—¿Cómo? —preguntó Chronos sorprendido—. ¡No se supone que los alumnos se acerquen allí sin supervisión!

—No lo hicimos —le aclaró Johan de inmediato—. Mandamos a Amatista, Topacio, Cobalto, Avian, Sparkman, Burstinatriz y Wildheart.

—¡Espera! ¿Mandaron a sus cartas? —lo cuestionó Junko.

—¿Se puede hacer eso? —agregó Momoe—. A menos que las lanzaran al pozo, pero entonces ustedes de todas formas habrían ido allí.

Johan y Judai la vieron casi como si acabara de sugerir que cometieran suicidio.

—Se refiere a los espíritus —dije.

Antes de que Junko y Momoe pudieran cuestionar o burlarse de eso, Edo se les adelantó:

—¿Qué encontraron?

—No pudieron llegar al pozo —le respondió Johan—. Algo se interpuso en su camino. Ese «algo», sea lo que sea, también evita que los espíritus se acerquen allí. Una fuente de Luz.

—¿Cómo un foco o una lámpara? —preguntó Momoe—. ¿Los espíritus le tienen miedo a las luces?

—No esa clase de Luz —respondió Johan con una mueca.

—La Luz de la Destrucción —dijo Judai sin dar más rodeos.

Mantuve mi mirada en el suelo.

—¿Luz de qué…? —preguntó Junko.

—Todavía no me queda muy claro que es eso —dijo Mokeo.

—Bueno, es una historia larga —respondió Judai—. Debemos remontarnos atrás, al origen de todo.

—¿El origen de todo? —repitió Daichi.

—Sí, el origen del universo mismo —le respondió Haou.

Siguió una explicación que ya conocía:

Al comienzo la Luz y la Oscuridad estaban juntas. Luego se separaron. La Luz desapareció y la Oscuridad se quedó atrás. De la Oscuridad nació la vida. Después, la Luz regresó e intentó destruir la vida creada por su hermana. Como consecuencia, comenzó una guerra que había durado desde entonces. Ahora, para luchar dicha guerra se creó el Juego de los Dioses. Los espíritus de duelo nacieron a causa de esto, y así es como comenzó lo que ahora conocíamos como Duelo de Monstruos.

La habitación quedó en silencio después de que Haou y Judai dieran esa explicación.

—Muy bien, ¿qué tiene que ver ese cuento de hadas con lo que está en el pozo? —cuestionó Junko claramente todavía incrédula de todo eso.

—Mucho, en realidad —le respondí yo.

—La Luz —susurró Rei de pronto—. Yo la escuché, hace años. En ese callejón… Estaba mintiendo, ¿verdad?

—La Luz siempre miente —susurré yo. Tenía muy presente mi conversación con ella, su promesa vacía de devolverme a casa.

Entonces recordé algo: Erzsébet dijo que mi nombre era la clave para ser libre. Se suponía que eso estaba oculto de alguna manera en mi sangre. ¿Y si la Luz vio eso? ¿Qué pasaría si la Luz se refería a decirme mi nombre, mi verdadero nombre, y de esa forma enviarme de regreso a mi mundo? No, no podía ser tan fácil. Yo estaba muerto en aquel mundo. Además, Erzsébet nunca dijo nada sobre volver, sólo que eso rompería las cadenas que me ataban a este mundo.

«Doce libros falsos que al reunirse forman Uno verdadero».

Mi mente volvió a esa frase, la misma que había poblado mis sueños durante las últimas dos semanas. No atinaba a entender que eran los doce libros falsos y cual el verdadero que se formaría con ellos. Sólo sabía que eran importantes, muy importantes.

Eso también estaba en mi sangre, por eso Erzsébet lo había escuchado cuando bebió de mí. No entendía como era así. ¿Memoria genética? Era absurdo, el cuerpo que ocupaba no era mi cuerpo original. No podía serlo, puesto que aquel estaba muy lejos, pudriéndose en una tumba en otro universo (suponiendo que el tiempo transcurriera de forma similar entre ambos mundos).

«Ah, una cosa más, cuando encuentren el libro, cuídense del Cazador. Es poco probable que aparezca, pero nunca está de más ir preparados. Busca el libro que usted debe traerme. Es poderoso y temible, y no está atado a las leyes de su universo, ni del mío, ni de ninguno otro más, por qué, ¿cómo limitas a alguien que pertenece a todas las realidades y a la vez a ninguna en particular?»

Otro fragmento de una memoria a la que no podía dar contexto. ¿Cuándo sucedió eso? ¿Fue antes o después de mi vida anterior? Cada vez que pensaba en el libro y en lo que Erzsébet dijo esa noche sobre él, sentía que estaba perdiendo una gran cantidad de piezas de un rompecabezas más grande. Uno que se extendía más allá de esta o de mi vida anterior.

—¿Kenichi? —la voz de Johan me sacó de mis pensamientos.

—Lo siento, me distraje un momento.

—¿Sólo un momento? —preguntó Johan—. Más bien por cinco minutos.

Me sonrojé un poco avergonzado. Noté la mirada de alguien más fija sobre mí. Era Haou.

Suspiré.

Volví a conectarme al momento. Ya podría meditar esas cosas una vez que termináramos lo que estábamos haciendo allí.

—Todo eso de la Luz suena algo factible —dijo Daichi.

—¿Estás de broma? —le preguntó Junko.

—No sé, Misawa es listo, ¿verdad? —El mencionado miró a Momoe haciendo una mueca muy graciosa—. Es decir, es el mejor de la clase. Si él piensa que tiene sentido…

Daichi explicó por qué pensaba eso:

—Hay una hipótesis circulando hace un tiempo entre cierto grupo de cosmólogos: hay un agujero blanco que se acerca a nuestro sistema solar cada cierto tiempo y baña a la Tierra con algún tipo de energía. Se ha notado que cada vez que pasa ocurre algún suceso violento en la historia: guerras, principalmente. La Hipótesis de la Influencia Externa sostiene que esas emanaciones de energía de alguna forma alteran el comportamiento humano causando esos conflictos.

—Eso parece ciencia ficción —comentó Edo. Daichi se encogió de hombros—. Sin embargo, lo que sucedió hace tres años…

No dijo nada más, era casi como si lo último lo hubiera dicho pensando en voz alta y el resto del proceso lo estuviera haciendo en silencio para sí mismo.

—Ok, supongamos que esa energía existe…

—¿Suponer? —preguntó Sho.

—Déjame terminar —le espetó Junko—. Como decía, si suponemos eso, ¿qué tiene que ver con los que estamos aquí y lo que haremos mañana en ese día de campo?

—Todo —le respondió Haou con ese tono frío e indiferente que lo caracterizaba—. No hay nadie en esta habitación que no haya sido afectado, de forma directa o indirecta, por esta Luz. En esta o en otras vidas. Bueno, excepto por un persona.

Su mirada se movió hacia Mokeo.

—¿Otras vidas? —Fujiwara habló por primera vez en toda la conversación, claramente expresando una pregunta que pasaba por las mentes de muchos allí.

Judai tomó aire y entonces contó la verdad para todos los que estábamos allí. Imagino que los que ya lo sabíamos nos preparamos mentalmente para ayudar a probar sus palabras, si la incredulidad anterior de Junko era una prueba de que podíamos esperar. Al menos eso fue lo que yo hice.

No sólo eso, tomé una decisión: si Judai iba a contarlo todo, entonces yo también lo haría, o al menos la parte que concernía al hecho de que yo no debía existir en este mundo.