Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Respuesta a Reviews Anónimos:

Invitado

Gracias por leer y comentar.

Bueno, hasta ahora el romance ha estado afuera principalmente porque, al menos hasta este punto, todos se me hacían muy jóvenes para eso (aunque a Rei no le importa la edad para enamorarse XD). Veré que pasa, porque tampoco quiero meter esas tramas sólo porque sí y que luego se sientan forzadas. Si los personajes se prestan, se hará, si no pues lo que salga. Excepto todo el drama de Haou y Judai con Yubel, porque por algo marque así la ship. No se puede ignorar ese juramento.

No quiero decir mucho sobre Jim y los demás, sólo que saldrán antes de lo pensando, es decir, antes de la tercera temporada. Pero de que estarán, estarán. No hay GX sin ellos. Aunque con un poco de participación menor en la trama principal de momento, porque están repartidos por el mundo y eso.

Black Demon

Gracias por leer y comentar.

Lo de los Doce Libros va un poco en esa línea. Sí tiene que ver con otras dimensiones, por así decirlo, pero no con las Doce Dimensiones que se plantean en la serie.

Ahora, como se vio antes, Junko y Momoe son las menos propensas a creer en esas cosas, ya que hasta ese momento han estado aisladas de todo lo sobrenatural. El resto han tenido experiencias por estar asociados con Judai, incluso Daichi (ha hecho caso al consejo de Kenichi de que lo sobrenatural sólo es aquello que la ciencia no puede explicar, pero eventualmente va a comprender). Y Mokeo es un duelista psíquico, así que sabe que hay mucho en el duelo que se puede considerar metafísica.

Sólo una nota, tal vez la próxima semana no suba de esta historia, ya que quiero subir el de «Harry Potter y el Duelo de Monstruos» y será un capítulo largo, quizá tan largo como el del Duelo Inter Escolar.

Bueno, disfruten del capítulo.


Libro III

Capítulo 35


Monstruo Reencarnado

[Carta Mágica]

Descarta 1 carta, y después selecciona 1 monstruo en tu Cementerio; añádelo a tu mano.


Hasta cierto punto, me extrañó que Haou no intentara detener a Judai. Tal vez sabía que era imposible o, en el fondo, él mismo deseaba que todo eso saliera por fin. De ser lo segundo, podía entender el por qué (o al menos intentarlo). En mi caso, no me percaté de cuánto daño me causó mantener mi secreto hasta que se lo conté a alguien. Tener todos esos recuerdos de otra vida y ser incapaz de probar si habían sucedido en realidad, o sí solamente eran producto de mi imaginación, pudo haberme vuelto por completo loco de no haberlo dejado salir.

Por supuesto, no estoy del todo seguro de que la mente de Judai y Haou funcione de la misma forma que una mente, digamos, ordinaria. Ellos fueron hechos para reencarnar y, eventualmente, recordar el pasado. Para ellos, reencarnar no es una maldición.

Volviendo a esa noche, Judai lo contó todo, absolutamente todo. O al menos todo lo que correspondía a su participación en ese asunto. No ahondó en las partes de la historia que me involucraban a mí y a mi peculiar situación como un ser reencarnado desde otro mundo. Tampoco dijo que Fubuki, Jun y el profesor Chronos habían regresado de ese futuro devastado. El revelar o no eso nos lo dejó a nosotros. Por otro lado, lo que sí admitió, fue que tanto Pegasus como Yugi y el mismo Seto Kaiba estaban metidos en toda la «conspiración» para cambiar ese futuro potencialmente desastroso. Supongo que, a pesar del respeto que tiene por los tres, para ellos no tiene la misma consideración que para con nosotros, sus amigos.

Como esperaba, más que todo reinó el escepticismo en la mayoría de los que estaban presentes ese día en la oficina del profesor Chronos.

Me atreví a mirar a Daichi, ya que en mi experiencia es el más reacio a aceptar este tipo de cosas. Me encontré con que permaneció sentado en su lugar, muy quieto, con la mano en la barbilla y su mirada concentrada en algún punto indeterminado del suelo alfombrado de la oficina. Claramente estaba pensando en todo lo que acababa de escuchar.

—Están de broma, ¿verdad? —Por supuesto, de nuevo fue Junko quien se puso más vocal con respecto a negar lo que Judai dijo.

—Junko, tal vez deberías… —Momoe se calló en el instante que su amiga le dedicó una mirada, imagino que fulminante, ya que desde mi ángulo no pude verla.

—No puedes estar considerando que eso es verdad —le recriminó—. Sólo piénsalo: ¿fuerzas cósmicas destructivas que vienen de las estrellas…?

Sentí un escalofrío recorriéndome el cuerpo en cuanto dijo eso. Me obligué a reprimirlo y concentrarme en ese momento para no pensar en cosas terribles.

—… y ahora salen con viajes en el tiempo.

—¿Por qué estás aquí? —Sorpresivamente, la pregunta vino de Haou.

Sus ojos dorados estaban fijos en Junko. Era imposible no darse cuenta del color que tomaron, ya que sus iris prácticamente brillaban como si estuvieran hechos de oro.

Junko pareció encogerse en su lugar, como si de pronto alguien le hubiera robado toda su confianza.

—Ustedes me llamaron… —medio murmuró.

—No me refiero a eso. ¿Por qué estás aquí en la Academia de Duelos?

Junko masculló algo que ya había escuchado antes: como vio a Mai Kujaku en televisión y quiso ser como ella.

—¿Eso es cierto? —insistió Haou y luego, sin esperar una respuesta de ella, agregó—: O solamente es lo que piensas.

—Por supuesto que es verdad —le respondió Junko con voz dura, ganando de pronto el coraje para enfrentar a Haou a la cara.

—¿Por qué decidiste usar un mazo de Arpías?

—Por la misma razón… —respondió Junko sonando ya un poco molesta por el interrogatorio, a pesar de su aparente miedo anterior a Haou.

—No, no elegiste esas cartas porque hayas visto a otro duelista usándolas. De ser así, ¿jugarías un mazo de Amazoness?

—¡No! —medio gritó Junko con un tono que pareció un poco indignado.

Haou prosiguió como si ese exabrupto no hubiera pasado:

—Mai Kujaku usa esas cartas también. Si toda tu elección de mazo se basa en lo que ella usa, ¿por qué no jugar también Amazoness?

Junko abrió la boca y la cerró de nuevo.

—Porque no serían tus cartas —Haou respondió por ella—. Cuando viste a Mai Kujaku usarlas por televisión las recordaste, aunque no te diste cuenta, y por esa razón te diste cuente que ese era tu mazo. Incluso si nunca hubieras visto a otro duelista usar esas cartas, podríamos haber puesto todas las cartas del mundo en una habitación y elegirías a las Arpías de entre ellas, siempre.

—¿Dices que las cartas que alguien usa están predestinadas? —le preguntó Mokeo.

—No —respondió Haou de forma tajante.

—No entiendo entonces —replicó Junko cruzándose de brazos—. ¿Por qué elegiría esas cartas en específico si no estuvieran «predestinadas»?

Todo eso del destino me recordó a Saio.

—¿Renunciarías a usar a las Arpías? —la cuestionó Haou—. Si ahora mismo viniera alguien y te ofreciera cualquier cosa, lo que más deseas en el mundo, a cambio de nunca más volver a jugar ese mazo, ¿aceptarías?

—¡Jamás! —Junko parecía horrorizada, como si el simple hecho de considerar eso fuera terrible e insultante.

Me pareció que había entendido el punto al que Haou pretendía llegar.

—Es una prueba de reencarnación, ¿o me equivoco? —me atreví a preguntarle. Al sentir las miradas sobre mí, expliqué el razonamiento detrás de dicha prueba o, mejor dicho, la creencia detrás de ella y por qué pensé en eso—: Es lo que hacen en el Tíbet para confirmar la reencarnación del Dalai Lama: el niño que se sospecha es su reencarnación es llevado a una habitación llena de objetos variados y comunes; si elige aquellos que pertenecieron a sus vidas pasadas, es la prueba de que es el siguiente Dalai Lama. O al menos la definitiva, ya que eso únicamente se hace después de numerosos exámenes y pruebas secretas que sólo los sabios del Tíbet conocen.

Era justo la misma prueba, o una de las pruebas, que usaban en La Leyenda de Aang para determinar la identidad del próximo Avatar.

—No creo que elegir un mazo o no sea determinante de nada —se quejó Junko cruzándose de brazos—. La reencarnación es un cuento de hadas.

—¿Por qué te esfuerzas tanto en cuidar de Asuka? —la interrogó Haou cambiando su enfoque.

—Ella es mi amiga, es normal que me preocupe por su seguridad…

—¿De verdad? —insistió Haou.

—¿Qué tiene que ver con lo que hablábamos? —intervino Asuka.

Haou se dirigió a ella:

—Imagino que a veces te resulta exasperante su sobreprotección y solamente quieres buscar una excusa para alejarte. —Era como si Haou estuviera hablando por experiencia propia y, a la vez, como alguien que comparte quejas sobre sus guardianes de igual a igual.

—Eso no… —Haou le sostuvo la mirada. Asuka suspiró—. Sí, es cierto —admitió.

—¡Asuka! —se quejó Junko.

—No es que no aprecie que te preocupes por mí —se defendió ella—; pero a veces, de verdad, eres peor que mi madre.

Junko se hundió en su asiento, con los brazos cruzados sobre el pecho y un gesto malhumorado.

El siguiente en hablar fue Daichi:

—¿Qué tiene que ver la sobreprote… la protección —se corrigió cuando Junko lo fulminó con la mirada— de Junko para Asuka?

—¿No crees que es algo excesivo para ser sólo preocupación de «amigas»?

Las palabras de Haou me hicieron tragar saliva. ¿Estaba diciendo que Asuka y Junko…?

—Solía tratar de escapar de esa misma forma de mi cuidador —confesó Haou.

Esa admisión hizo que Judai se quejara en voz alta:

—¡No te gustaba que me quejara de que Yubel lastimaba a mis amigos, pero tú sí tratabas de escapar de él! —Luego, al parecer tras llegar a una conclusión similar a la mía, miró a Junko y luego a Asuka de forma un poco incómoda—. ¿Ellas? ¿Junko era para Asuka lo que Yubel es para nosotros?

—No de la forma en que están pensando —intervino Fubuki riendo entre dientes. Noté que me miraba a mí y a Judai en intervalos regulares. Suspiré. Iba a molestarme con eso por un largo tiempo—. En términos modernos, Junko era su guardaespaldas. Aunque, era algo más profundo que eso. ¿Una especie de guardaespaldas confidente? Sí, tal vez esa sea la forma de explicarlo.

Junko casi saltó.

—¿Cómo…? —Miró a Fubuki y luego exclamó con un tono mitad incredulidad, mitad reproche—: ¡Superior Fubuki! No puede creer esas cosas.

—Junko, es la verdad. —La voz de Fubuki fue tan seria que acalló por completo las quejas de la chica.

—¿Cómo es que funcionaba eso? —preguntó Johan interesado.

Fubuki suspiró de forma algo cansada.

—Es algo que en la actualidad de este mundo no sería bien visto. Hasta lo podríamos llamar un tipo de esclavitud.

»Había clanes, como la familia de Junko, que hacían juramentos de servidumbre a las familias importantes. En este caso, la familia real del Reino de la Noche Blanca. El juramento era tal que, en cuanto se sabía que la familia a la que juraron lealtad estaba esperando a un hijo, se elegía a un niño que estuviera cerca de esa edad o que fuera a nacer cerca de las mismas fechas. Se prefería que fuera más grande mientras estuviera dentro de un rango no mayor a dos años de diferencia. Esto era para que ese niño pudiera ser criado como su "sombra", por decirlo de alguna forma.

Fubuki hizo una mueca desagradable, indicando que no le gustaba ese sistema.

—En términos simples: la vida de ese niño estaba atada al Señor o a la Señora a quien debía servir. Toda su vida giraría en torno a eso. Sería educado en combate, duelo, arquería, equitación, escritura, administración e historia para ser el perfecto guardaespaldas y asesor de aquel a quien serviría hasta la muerte.

Miré a Haou.

—¿Eso significa ser un Caballero?

—No —me respondió—. Lo que Fubuki describe no es un Caballero. Aunque, en cuestiones de rango militar, tendrían el mismo nivel. Él está hablando de un Huscarle.

Fubuki le dio la razón.

—Si bien un Caballero jura lealtad a un Señor, a diferencia de un Huscarle, cuenta con las prestaciones de cualquier otro militar que se une al ejército: días de descanso, un sueldo y llegada a cierta edad puede retirarse del servicio, aunque siempre podría ser llamado a combatir de nuevo o al menos a asesorar en una guerra.

—¿Cuándo se convirtió esto en un rol medieval? —preguntó Sho con un tono un poco sarcástico.

—¿Dices que enseñaban duelo a estos guardaespaldas? —Daichi cuestionó a Fubuki—. ¿Hablas de Duelo de Monstruos?

—Conocemos el duelo como un juego, pero en realidad es un arma —la respuesta vino de Manjoume. Por su tono, era fácil decir que eso era algo que no le gustaba.

—¿Un arma? —Junko al parecer recuperó su escepticismo.

—Bueno, lo creas o no, hay lugares de Medio Oriente y de África en los que esto ya está pasando —comentó Edo—. El presidente Pegasus (mi padre) y Seto Kaiba hacen lo que pueden para evitarlo, pero es cómo lidiar con una hidra: cortas una cabeza y crecen dos más.

—¿Cómo el duelo puede ser un arma? —murmuró Mokeo con voz afectada.

—Usando a aquellos que pueden hacer real el daño o manifestar a los monstruos de forma física en este mundo, igual que tú puedes hacerlo —le respondió Haou.

Miré a Mokeo. No apartaba sus ojos de Haou, casi como si esperara que en cualquier momento le dijera que únicamente era una broma. Me di cuenta del porqué: otros como él, quizá niños, estaban siendo usados como soldados en guerras alrededor del mundo en ese mismo momento. Sólo porque nacieron con la habilidad de un duelista psíquico.

Solamente cabía esperar que esas guerras no fueran como las de la Academia contra las otras Dimensiones en Arc-V.

También, el uso del duelo como un arma, me recordó a O'Brien. En su momento su disco de duelo me resultó algo gracioso, una más de las ridiculeces «animu» de Yu-Gi-Oh!. Ahora, al imaginar esa «escopeta» de cartas en manos de alguien que puede hacer reales a los monstruos, le quita todo lo ridículo al concepto. Sólo imaginarme disparando una copia de «Desesperación de la Oscuridad» en medio de un pelotón enemigo, para que luego el enorme y destructivo monstruo emergiera y comenzara a destrozarlos y devorarlos, era aterrador.

—Eso es en este mundo, imaginen como es el Mundo de los Espíritus de Duelo —prosiguió Haou—. Por ahora, en este mundo es un simple juego, pero, eventualmente, ambos mundos estarán tan conectados que será lo mismo que allá: los duelos serán cuestión de vida o muerte.

—Eso es ridículo…

—No estabas allí hace tres años —Rei interrumpió a Junko—. No viste lo que pasó cuando los monstruos se hicieron reales.

—Fue una falla en la red de Corporación Kaiba —se apresuró a decir Junko, repitiendo la mentira que se usó para tapar la realidad tanto por Corporación Kaiba, como Ilusiones Industriales y los mismos gobiernos de Estados Unidos y Japón. Por supuesto, había gente en internet que no se tragaba esa verdad, pero esas personas eran ridiculizadas como si estuvieran hablando de cualquier otra teoría conspirativa.

—¿Qué viste? —le preguntó Haou a Junko.

Por supuesto, ese asunto fue casi global. Lo que Diva hizo al corromper el poder del Cubo Cuántico con el Vacío se extendió por toda Asia, Oceanía y partes de América, Europa y África. Sólo se detuvo y retrocedió porque el Faraón Sin Nombre volvió cumpliendo la profecía de Shadi.

Junko debió estar en ciudad Domino cuando eso pasó. Dada la fecha, tal vez incluso era una de las asistentes al festival de la ciudad. Es decir, es posible que haya estado en el epicentro de toda esa locura.

—La «Dama Arpía» te protegió, ¿no es así? —prosiguió Haou—. Tu familia siempre tuvo un pacto con ellas. Así eran las cosas en ese entonces: las familias creaban pactos de mutua protección con los Clanes de Espíritus y Monstruos.

Hubo un momento en que nadie dijo nada. Junko se hundió en su lugar, al parecer ya despojada de todo argumento contra lo que Haou estaba diciendo. Aunque, no podía decir si estaba convencida o únicamente comenzaba a comprender las implicaciones de todo lo que se estaba hablando allí.

—No olviden un hecho fundamental: el duelo es un arma —insistió Haou tras un rato.

—No terminó de entenderlo. ¿Cómo puede un juego de cartas ser un arma? —dijo Junko, al parecer pensando en voz alta—. ¿No se supone que debe ser diversión?

—Las espadas también son un arma —dije—. Eso no quita que se usen en competencias deportivas, lo que en cierta forma las convierte en un juego. Lo mismo la arquería y la práctica de tiro. Además, se dice que en la Antigua Grecia los juegos olímpicos eran una forma de hacer la guerra sin matarse.

Junko no dijo nada más, sólo se quedó sentada con la mirada perdida en algún punto del suelo.

—Entonces, ¿es real? —preguntó Momoe—. La reencarnación, los espíritus de duelo, ese futuro horrible que mencionó Judai…

—Lo es. —Fue Fubuki quien lo confirmó.

—¿Qué ha cambiado? —preguntó Ryo interviniendo por primera vez—. Si hicieron todo este viaje para cambiar las cosas, ¿ha mejorado algo?

—No sabemos —respondió Fubuki con pesar—. Algunas cosas son tan parecidas, otras completamente diferentes. Además, no tenemos idea de qué pasa con la Luz de la Destrucción. Apareció por un momento hace tres años y luego, nada.

—¿Hace tres años? —preguntó Junko—. ¿Ese incidente fue a causa de esta Luz maligna?

—En parte —admití—. Hubo algo más involucrado.

—¿Cómo lidiaremos con ella si no sabemos dónde está? —preguntó Edo.

—Dijeron que estaba aquí —espetó Manjoume cruzándose de brazos mientras miraba a Judai como reprochándole el que lo hubiera arrastrado allí con «mentiras».

—Escribí específicamente que era una posibilidad —le recordé.

—¿Aquí? —medio gritó Momoe—. ¿En la Academia?

—Sí, lo dijimos antes, en el pozo.

—No es seguro que sea eso —me recordó Haou.

—Pero es posible —replicó Junko—. ¡Y quieres que vayamos allí, dónde hay una cosa que provocó el fin del mundo en el futuro!

—Si está allí, es una parte tan pequeña de ella que no puede hacer mucho daño. Sin embargo, no creo que lo sea. —Haou miró a los presentes allí, uno a uno, deteniéndose especialmente en Daichi, Ryo, Hayato, Fujiwara, Manjoume, Fubuki y Asuka—. Necesito a mi corte, o parte de ella, y a mis aliados más cercanos para sellar lo que sea que esté allí.

—Lo sabías desde hace tiempo, ¿verdad? —Judai enfrentó a Haou—. No te hemos visto mucho porque has estado explorando la isla. Así que, encontraste el pozo, te diste cuenta de lo que podría haber allí, y luego te enteraste por Yubel de lo que queríamos hacer.

Judai parecía cada vez más dolido porque Haou hubiera hecho todo eso por su cuenta.

—Si nunca se hubiera aprobado ese viaje, ¿qué habrías hecho?

—Lo necesario.

—Nos habrías obligado a ir allí. No lo niegues. Admitiste que necesitas a todos, ¿para qué?

Haou y Judai se sostuvieron la mirada por unos momentos:

—Un ritual de sellado —admitió Haou por fin.

El profesor Chronos suspiró.

—Considerando lo que sé ahora, no creo que sea conveniente continuar con ese viaje al pozo. No sin antes cerciorarnos de que es seguro, ¿no creen?

—Hay que hacer esto —Judai contradijo al Profesor Chronos, se notaba que no estaba de acuerdo en que Haou se lo hubiera ocultado por tanto tiempo, pero a la vez parecía entender que era algo que debía hacerse y cuanto antes, mejor—. Se trata también del profesor Daitokuji. Necesitamos saber si él…

Signore Judai, he vigilado a ese hombre desde que ingresó como profesor de esta Academia. A pesar de lo que ocurrió antes, no he visto nada que pueda indicar que él…

—Daitokuji nos traicionó una vez, es posible que lo haga de nuevo —gruñó Jun—. Iré.

—No estás inscrito en la lista del profesor Daitokuji —le recordé.

—Puedo meter su hoja al registro —dijo Hayato encogiéndose de hombros—. No creo que a él o a la profesora Midori les importe.

—¿Tú crees todo esto? —Sho cuestionó a Hayato—. Es decir, de la Luz y del viaje en el tiempo.

—Si me hubieras preguntado un viaje del tiempo atrás, tal vez te habría dicho que no —le respondió encogiéndose de hombros.

—¡Tú también! —exclamó Sho sorprendido.

Hayato sonrió mostrándose un poco avergonzado.

—Lo siento, mantener un perfil bajo es importante. Pero, ya que Judai lo contó todo, aunque no sé cómo es que él sabe, eso ahora no importa. Al menos no con ustedes.

—¿Por qué Judai no debería saber? —lo cuestionó Sho con el ceño fruncido.

—Porque yo no sobreviví a la guerra en el futuro —respondió Judai.

Se desató un pequeño caos. Algunos lo miraron como si temieran que fuera a desaparecer. Rei se llevó las manos a la cabeza mientras negaba murmurando que eso era imposible, que «el príncipe Judai» no podía morir. Momoe, quien estaba sentada a su derecha, la abrazó mientras daba palmadas en su espalda tratando de tranquilizarse. Noté que Asuka se limpió algunas lágrimas.

—Está bien, chicos, estoy aquí,

—¡Aniki! —le gritó Sho—. ¿Cómo puedes estar tan relajado respecto a esto?

—Por qué ese es mi trabajo: enfrentar a la Luz de la Destrucción.

Sho negó con la cabeza.

—¿Por qué…?

—Así son las cosas —lo interrumpió Haou con voz dura—. Existimos con ese propósito, y si fallamos, es el fin: no habrá un mañana para nadie más.

Antes de que cualquiera pudiera intentar replicar las palabras de Haou, el profesor Chronos habló. Su voz sonó vieja, como la de un veterano amargado que recuerda viejas batallas, a los amigos y aliados a los que perdió en ellas. En realidad, así era:

—Es duro. La guerra siempre lo es. Tuve que ver morir a demasiadas personas importantes para mí: mis colegas en esta isla, tanto los que trabajan aquí ahora como los que lo harán en el futuro. A mis preciados alumnos, a muchos de ustedes…

Esa realidad golpeó a todos, o al menos a los que no conocían ese futuro, como un balde de agua: si Judai no lo logró, entonces muchos de ellos tampoco. Estábamos hablando del fin del mundo después de todo.

—¿Cuántos…? —fue Edo quien se atrevió a preguntar lo que muchos debían estar pensando—. ¿Cuántos sobrevivieron?

Chronos se hundió en su escritorio, viéndose muy viejo. Fubuki miró hacia el suelo. Jun apretó los puños y cerró los ojos, como tratando de reprimir las lágrimas. Hayato tenía una expresión de profundo pesar en su rostro, lo cual lo hacía parecer un hombre mayor y acabado, no como un joven de dieciocho años.

Fubuki fue quien respondió:

—Para el momento en que volvimos, sólo cinco personas en esta habitación estaban vivas.

—¿Cinco? —preguntó Asuka con voz medio ahogada por la impresión y el dolor.

Edo fue el siguiente en hablar:

—Puedo entender que hablamos de usted, superior Fubuki, del Profesor Chronos y del superior Hayato. Si Judai no lo logró, imagino que Manjoume y Kenichi…

—Manjoume sí, yo no —dije en voz baja. En el silencio que había en la habitación, mi voz se escuchó perfectamente.

—¿Cómo…?

—Mi situación es más… peculiar.

Edo asintió, dejando claro con su mirada que quería saber todos los detalles. Podía decir que no le gustaba la idea de tener tan poca información sobre algo que potencialmente significaba la muerte de las personas a quienes amaba. Puedo entender el porqué de eso: más información es tener más herramientas para cambiar las cosas. Si hubiera podido hacerlo, habría cambiado el destino de su familia.

Su mirada se volvió hacia Haou, imagino que pensando que él era la otra posibilidad, y luego a Manjoume.

—Entonces, imagino que tú…

Manjoume se cruzó de brazos.

—Sí, regresé. No es la gran cosa.

Sho resopló.

—Creo que no estarías aquí si no quisieras cambiar las cosas. No sé cómo funciona, pero el hecho de que volvieras es que al menos alguien aquí te importaba lo suficiente como para que valiera la pena el riesgo.

—Tú que vas a saber, enano. Tal vez solamente lo hice para salvar a mi propia familia. Era el fin del mundo, ¿recuerdas?

—Eso es falso —dijo Judai.

—Cómo si tú supieras algo…

—Sé que te gusta fingir que no te importa la gente, cuando en realidad saltarías a lo desconocido por ayudar a un amigo. Al menos, no te importó ir a una misión potencialmente suicida para salvar a Johan.

—¿A mí?

Jun ignoró al mencionado. Se puso de pie y caminó hasta Judai. Lo tomó por el cuello de la chaqueta y lo obligó a levantarse.

—¡Manjoume! —lo llamaron varios.

—¡Signore Manjoume!

Ryo, Fubuki y Hayato se apresuraron a ponerse de pie para ir a detenerlo. Se pararon en seco cuando Yubel apareció a un lado de Jun, completamente físico, apuntando a su cuello con sus garras.

—No lo intentes —le advirtió con un tono peligroso.

—Está bien —dijo Judai—. Es la única forma en que Manjoume entiende.

Eso únicamente hizo que Manjoume se enfureciera más, al grado de soltarle un puñetazo.

—¡Qué sabes tú! —gruñó—. ¡Fuiste allí solo e hiciste que te mataran! Nos dejaste cargar con todo: con la culpa de los amigos que no pudimos salvar, con el peso de una guerra que estaba perdida. Fue como si nada de lo que vivimos juntos te hubiera importado. Todo lo que pasó en el Mundo Oscuro se repitió y esta vez no había vuelta atrás, ahora las muertes eran reales. ¡Demonios, ni siquiera teníamos cuerpos a los que llorar o sus mazos para hacerles una tumba adecuada!

Judai, sentado en el suelo y con el labio partido, se limitó a Manjoume, tras indicarle a Yubel que no hiciera nada.

—Yo… lo siento —dijo en voz baja.

Manjoume chasqueó la lengua, y parecía listo para darle otro puñetazo. Fubuki puso una mano en su hombro derecho y eso lo detuvo.

—Sé que es duro, pero por eso decidimos arriesgarnos: para salvar a todos.

Jun asintió con dureza.

—¿Y cómo van a hacer eso? —les preguntó Haou.

—Bueno, por eso estamos aquí, hablando sobre esas coas, ¿no? —respondió Fubuki.

Manjoume miró a Haou con furia.

—Tú ni siquiera deberías existir. ¿Por qué piensas que puedes cuestionar lo que hagamos o no?

—Es cierto —respondió Haou con simpleza—. Yo debería ser únicamente una sombra en el subconsciente de Judai, una guía del pasado para ayudarlo a aceptar su misión. Sin embargo, existo separado de él debido a lo que ustedes hicieron.

El peso de esa declaración se sintió sobre todos.

—No mentías —dijo Johan—. Cuando dijiste que tú y Judai eran un solo ser.

—Hablé completamente en serio. Judai y yo somos dos caras de la misma moneda que de alguna forma existen separadas.

—¿Cómo es posible eso? —preguntó el profesor Chronos.

—Bueno, por lo que sabemos, el pasado cambió —respondió Fubuki—. Eso, de alguna forma hizo que las cosas se complicaran.

—Si arrojas una piedra a un estanque crearás ondas en todas las direcciones, no solamente en una —dije.

El profesor Chronos me miró y luego asintió con la cabeza.

—Todavía no entiendo mucho, signore Satou. ¿Cómo es que sabe tantas cosas? Casi como si hubiera estado allí. Pero eso es imposible.

—Sólo conozco los detalles hasta que Judai se graduó. Luego de eso, únicamente lo que Fubuki y Yugi Muto me han contado.

—Estoy perdido —dijo Daichi.

Los ánimos se habían calmado lo suficiente para volver al punto de toda esa reunión. Yubel ayudó a Judai a sentarse y Fubuki hizo lo propio con Manjoume una vez que se hubo calmado.

—Sabemos que solamente cinco personas aquí sobrevivieron a la guerra, pero una no volvió —prosiguió Daichi con su recapitulación.

—La guerra continuaba —lo corrigió Jun con amargura—. Pero, a esas alturas, era la Academia de Duelos contra el mundo. La Luz eliminó a todo el que no fuera un duelista y también a los duelistas que no le fueran de utilidad. Los que quedaban eran meras marionetas. Esos gemelos del infierno y los soldados que el tal Divine entrenó para ellos.

—¿Divine? —grité sorprendido—. ¿El imbécil del Movimiento Arcadia?

—Eh, supongo —respondió Fubuki—. Llamó al ejército que creó para la Luz de la Destrucción: Movimiento de Restauración de la Luz de Arcadia, o al menos así fue mientras era una especie de culto religioso.

—¡Pero ese bastardo estaba muerto! Recuerdo que atacó a Yusei y casi lo mata, entonces Misty se interpuso cuando confesó ser el responsable de la muerte de su hermano menor y el desgraciado terminó como comida de Ccarayhua.

Joder, si ese cabrón se las arregló para sobrevivir a eso, entonces era más difícil de matar que una cucaracha.

—Divine estuvo en la prisión de la ciudad de Neo-Domino durante un tiempo, antes de ser sacado de allí por sus abogados —me explicó el profesor Chronos—. Ignoro lo que haya pasado antes de eso. Lo que sí sé es que no hubo suficientes pruebas contra él y muchos políticos en Japón presionaron a los jueces a su favor.

—Oh, tiene sentido. Los líderes de culto carismáticos siempre tienen influencia en la política. A veces hasta eligen presidentes.

—¿Cómo es eso posible? —me preguntó Fubuki.

—Bueno, los cultos tienen tan sometidos a sus miembros, que votarán por quien diga el líder. Por eso a los políticos les gusta tenerlos de su lado, a veces incluso forman parte de esos grupos.

Fubuki pareció horrorizado. No era para menos.

—¿Cómo es que usted sabe sobre eso? —cuestionó Fubuki al profesor Chronos.

—La Academia aceptó hacerse cargo de muchos de los chicos cuyos padres optaron por sacarlos del Movimiento Arcadia original. Cabe decir que luego de que el Señor Kaiba regresó de ese viaje, a dónde sea que haya ido, no estaba muy feliz con lo ocurrido en su ausencia.

—¿Quién lo estaría? —pregunté en un suspiro. Ahora tenía otra duda; debajo de que piedra se escondió Kaiba durante veinte años mientras pasaba toda esa mierda en Neo Domino.

Daichi tosió en su puño para llamar la atención de todo.

—Retomando, ¿qué pasó con esa guerra?

Jun gruñó, no muy feliz de ser obligado a recordar eso. Fubuki hizo una mueca antes de empezar a hablar.

En resumen: la guerra estaba perdida.

Como se dijo antes, sólo quedaba la Academia Central en pie. Los otros Campus, tanto Norte, Sur, Este, Oeste y Norte América, fueron borrados del mapa. Neo Domino, la última ciudad en pie, cayó unos meses después de la muerte de Judai. Los supervivientes se refugiaron en la Isla Academia resistiendo por seis meses más, con Yugi, el Profesor Chronos, Fubuki y Jun como luchadores principales ganando tiempo al proteger la Academia y a los pocos que sobrevivían allí.

Mientras, Kaiba, Pegasus, Hayato y Daichi hacían lo posible para crear su última oportunidad… volviendo una y otra vez al mismo punto. O al menos eso era lo que decían los cálculos de Daichi y Kaiba. Hasta que se decidió probar una hipótesis del profesor Daitokuji: el factor externo.

En realidad, resultó que todo el asunto del viaje en el tiempo fue investigado por ese hombre antes que ellos, y únicamente fue gracias a que el director Samejima mandó a sellar su laboratorio del dormitorio abandonado que pudieron tener acceso a su investigación. Quizá Daitokuji pretendía volver en el tiempo para evitar la maldición que le provocó esa enfermedad mortal que lo forzó a transferir su alma a un homúnculo. No había forma de saberlo, el hombre (o su espíritu) desapareció junto con Judai en aquella línea del tiempo y ahora esa pregunta nunca tendría respuesta.

—¿Daichi? —preguntó Sho.

—No soy un viajero en el tiempo —respondió Daichi de inmediato.

—No, él no regresó —dijo Jun dejando que se notara un poco de su dolor en su voz—. Alguien tenía que quedarse atrás para asegurarse de que el plan funcionara. Alguien que pudiera hacer funcionar la complicada mezcla de magia, alquimia y tecnología que hicimos para lograr el milagro. Eras el más adecuado, eras el único allí que había recorrido las Doce Dimensiones del Mundo de los Espíritus y aprendido sobre su magia y su ciencia.

—Entiendo —dijo Daichi con más calma de la que creí fuera posible en alguien que estaba escuchando como se sacrificó en un futuro alterno al nuestro. Imagino que es la ventaja de tener una mente tan analítica como la suya.

—¿Qué hay de Seto Kaiba? —preguntó Mokeo—. ¡Él es un genio! Él podría haber encontrado una forma…

El profesor Chronos respondió a esa pregunta:

—No había tiempo para nada más. Trabajaos con lo que podíamos y elegimos con cuidado quienes debíamos volver, los que pudiéramos hacer lo mejor para cambiar las cosas a nuestro favor. Era claro que tanto Yugi como el señor Kaiba y el Presidente Pegasus no podían quedarse atrás. Mi misión y la del presidente Pegasus fue crear las bases para comenzar a cambiar las cosas: comenzando por rediseñar el sistema de la Academia y hacer algo que evitara que hombres como Divine terminaran siendo usados por el enemigo.

—¿Qué hay del llamado factor externo? —preguntó Daichi.

—Esa fue tu sugerencia —respondió Fubuki—. Bueno, la de tú yo de esa línea del tiempo. Según tus cálculos, Daitokuji tuvo razón: para romper el bucle temporal que nos llevaría siempre al mismo resultado, necesitábamos un factor que no estuviera presente de forma natural en ninguna de las posibles líneas del tiempo.

—Y ese factor externo que mencionan: es Kenichi —concluyó Edo.

—¿Cómo…? —Fubuki parpadeó ante la perspicacia de Edo.

—¿Cómo lo sé? Una simple conjetura. Antes, cuando Haou mencionó a su corte y sus aliados, su mirada pasó sobre él como si no estuviera aquí.

Edo me miró por un momento.

—Además, el que Kenichi venga de otro mundo en dónde el duelo es diferente explica muchas cosas respecto a su forma de luchar.

Levantó uno de sus dedos.

—En primer lugar, hace tres años, cuando mi padre nos pidió probar las nuevas reglas de duelo (no poder invocar normal en defensa, saltarse la Draw Phase si tienes el primer turno, el tener dos cartas de campo activas al mismo tiempo e incluso llamar Extra Deck al Fusion Deck) Kenichi se adaptó a ellas como si fuera lo más normal del mundo. De hecho, estoy seguro, que mi padre únicamente implementó esas reglas después de hablar con él.

—Es cierto, excepto por el Extra Deck —admití—. Eso ya estaba en el futuro.

—Ese es otro punto —alzó el segundo dedo—. No viajaste en el tiempo, pero conoces el futuro. De alguna forma, tal vez debido a la forma en la que llegaste a nuestro mundo, ese conocimiento llegó a ti.

—¿Por qué cambiar las reglas del duelo? —me preguntó Momoe—. El juego ya es complejo, como para agregar más reglas.

—Y todavía faltan las Zonas de Monstruos Extra —le dije.

Momoe me miró con horror.

—Oh, ya recuerdo —dijo Johan—. Cuando me explicaste como usar… esas cartas, mencionaste esas zonas.

—Sí, sólo pueden volver del Extra Deck a una Zona de Monstruos Extra o a una Zona de Monstruos Principal a la que apunte el marcador de Enlace de otro Monstruo.

—¿De qué están hablando? —nos preguntó Junko. Parecía algo mareada.

—No sé si debamos decirlo —dijo Johan rascándose la mejilla.

—Supongo que sí, si todos los presentes prometen no decirlo. —Me encogí de hombros.

—No sé si el disco de duelo lo acepte —dijo Johan dudando.

—¿Hablas de los Péndulos? —le preguntó Hayato. No fue algo sorprendente, ya que trabajaba para Pegasus. De hecho, es la razón por la que Hayato fue elegido para volver, al ser su empleado de confianza. Además, lo estaba ayudando con el asunto de las nuevas cartas, cosa que aprendimos más tarde.

Hayato le pidió prestado el disco de duelo a Johan. Hizo algunas configuraciones. Para mi sorpresa, una voz electrónica indicó que el sistema estaba ahora en «modo demostración, Regla Maestra 4 2.0». No tenía idea a que se refería con ese 2.0, al menos no en ese momento.

Johan insertó una de sus cartas Péndulo, las cuales llevaba fuera del mazo. El holograma apareció, pero en lugar de ser el monstruo, era una representación holográfica de la carta. De igual forma, el campo de duelo apareció marcado en el suelo mediante un holograma, de forma similar a como pasaba en Vrains.

—¿Qué es eso? —preguntó Junko.

—Es una carta mágica y un monstruo al mismo tiempo —dijo Sho sorprendido.

—¿Doble caja de texto? —se horrorizó Momoe—. ¿Cómo se supone que voy a aprender a usar eso?

—Sí, eso es un Péndulo —respondí—. Y sí, es carta mágica y monstruo al mismo tiempo. Como carta mágica, tiene su propia zona en el campo, como pueden ver en el demo. No voy a explicar cómo funciona. Es complicado. Sólo diré que es un juego que fue la regla principal por un tiempo en mi mundo.

—¿Solamente por un tiempo? —me preguntó Ryo.

—Konami, la empresa que publicaba el juego en mi mundo, se ha dedicado a matar a los Péndulos de forma sistemática. Prohibió sus mejores cartas para hacer imposible usar sus mazos de forma competitiva y modificó las reglas y creó otra Invocación, la Invocación de Enlace, únicamente para limitar su poder. O al menos es lo que parecía.

—Ya veo, tu forma de duelo se debe a que así se jugaba en tu mundo —dijo Ryo entrecerrando los ojos.

—Eh, sí, básicamente.

—Creo que podremos discutir esas cartas nuevas más tarde —dijo el profesor Chronos—. De verdad, me interesa saber todo al respecto sobre cómo funcionan estos Péndulos, las nuevas zonas del campo y las otras invocaciones del Extra Deck.

Era lógico, siendo un maestro prestigioso de duelo, que quisiera aprender lo más posible.

—Por supuesto.

—Muy bien —asintió el profesor. Miró su reloj—. Se hace tarde. Podemos seguir con la conversación sobre el futuro otro día. Ahora, concentrémonos en la expedición al Pozo.

Recapitulamos en dónde lo dejamos: la sospecha de que la Luz de la Destrucción, o parte de ella, podría estar en el Pozo de Descarte.

—En todo caso, si la Luz está allí, tal vez Johan deba quedarse atrás.

Johan saltó de inmediato, mirando a Fubuki con un gesto de traición. Yo estaba igual. Esperaba eso de Haou, no de él.

—¿No confía en mí? —preguntó Johan con voz dolida.

—La Luz te usó en el pasado, sólo quiero ser prudente.

—Johan estará bien —insistió Judai—. En todo caso, es quien tiene más derecho a enfrentarse a ella que el resto.

El aura siniestra de Haou, la cual casi se había disipado durante esa conversación, regresó.

—¿Por qué sería así? —gruñó Jun.

Johan agachó la mirada.

—Yo… parece ser que hace mucho, en mi última reencarnación, la Luz me usó como su Avatar.

Manjoume miró a Johan como si le hubiera crecido otra cabeza.

—¿Qué demonios? —gritó, mitad sorprendido, mitad horrorizado.

—Kenichi lo dijo: al traerlo a este mundo alteraron todo —respondió Haou—. Incluso el pasado.

Judai suspiró resignado.

—Kenichi cree que se debe a eso que Haou y yo existimos de forma separada: es una especie de equilibrio a causa de los cambios en la línea del tiempo. Por eso pienso que Johan tiene derecho a estar allí.

Pareció que Fubuki quería debatir las palabras de Judai, así que decidí hacer algo:

—Superior Fubuki, si lo que estuviera allí fuera Darkness y decidiéramos dejarlo a usted atrás…

—No es Darkness —gruñó.

Asentí con la cabeza.

—Ese es mi punto —dije. Creo que lo entendió, porque apartó la mirada.

Hablar de Darkness era una de las pocas cosas que podían hacer que él perdiera la compostura y su fachada de chico relajado, fiestero y mujeriego desapareciera.

—¿Qué pasa si la Luz no está allí? —nos cuestionó Manjoume cruzándose de brazos—. ¿Vamos a esperar a que ataque de nuevo? ¿A qué se infiltre en la Academia como la última vez?

—¿Qué es exactamente lo que pasó en la otra línea del tiempo? —nos preguntó Daichi. Casi podía ver los engranajes comenzando a funcionar en su mente. Seguramente no iba a dormir mucho esa noche, ocupado haciendo cálculos. Manjoume, siendo su compañero de habitación, gruñó, tal vez por llegar a la misma conclusión que yo.

—Utilizó a Saio para iniciar un culto de adoradores al color blanco mediante lavado de cerebro —respondió con tono amargo.

Edo saltó al instante de que se nombró a su amigo.

—¿Saio?

Jun entrecerró los ojos.

—¿Ya lo conociste? —le espetó.

—Casi todos aquí lo conocemos —se apresuró a explicarle Fubuki—. Puedo asegurarte, Manjoume, que Saio no está bajo la influencia de la Luz.

Jun asintió de forma rígida.

—¿Qué sabes sobre la Luz? —lo interrogó Haou—. Tienes un motivo para pensar que el Adivino podría haber estado bajo su influencia en esta línea del tiempo. ¿Por qué?

Manjoume sostuvo la mirada de Haou por un momento.

—Me encontré con ella, o al menos una parte de ella —aceptó por fin—. Está poseyendo a Mizuchi.

Eso podía ser peligroso dada su capacidad para ver el futuro.

—¿Mizuchi? —preguntó Edo—. ¿Estás seguro de eso?

—¿Quién es esta «Mizuchi»? —me preguntó Mokeo confundido.

—La hermana de Saio —le respondí—. Ellos… No sé si deba decirlo. Es un asunto personal de la familia Saio. Sólo puedo decir que no la han pasado muy bien. Ya sabes, el mundo es cruel…

Mokeo asintió, entendiendo lo que quería decirle, o eso creo. «El mundo es cruel con quienes son diferentes». Eso es especialmente cierto en la sociedad japonesa. Hay un viejo dicho en este país: «El clavo que sobresale se encontrará con el martillo».

—¿Qué tiene que ver Saio con esta Luz? ¿Por qué tiene a Mizuchi? —exigió saber Edo.

—Lo dije: dirigía un culto de fanáticos en su nombre —le respondió Manjoume—. Puedo asumir que Mizuchi tomó su lugar esta vez.

—¿Cómo sucedió? —le preguntó Judai.

—¿Por qué crees que yo lo sé? —le respondió con voz dura.

—Me refiero a cómo te enteraste. ¿Cuándo te encontraste con ella?

Manjoume apretó los puños.

—Fue una coincidencia.

—¡No fue así! —Ojama Amarillo eligió ese momento para mostrarse.

—¡Cierto! —lo secundó Ojama Negro—. Estaba cazando a nuestro jefe.

—¡Si no fuera por el Maestro Koyo y su Dragón, algo muy malo podría haber pasado! —terminó Ojama Verde.

La vena en la frente de Jun se fue inflando cada vez más y casi temí que fuera a estallar.

—Ustedes —gruñó de forma peligrosa.

Los Ojama tragaron, para luego desaparecer en el interior de sus cartas.

—Entonces, la Luz de la Destrucción también te atacó a ti, justo después de ir tras Mizuchi, imagino que por cosas que pasaron antes, y no me refiero al futuro de la otra línea del tiempo —dije a Manjoume. Mi mirada se dirigió hacia Haou—. ¿Qué hay de Rei? ¿Acaso la Luz también la atacó por algo similar a la razón por la que fue tras Manjoume?

—Es señor Manjoume para ti…

—… ¿Qué era Rei en el pasado?

—La pequeña princesa del Reino Luminoso —respondió Fubuki por Haou—. O al menos en el pasado que recuerdo, imagino que fue igual.

Me atreví a mirar a Rei. Pasó justo lo que pensé que iba a ocurrir: tenía un brillo de ilusión en los ojos, tal vez imaginando el enorme castillo blanco y su elegante vestido de cuentos de hadas, con cientos de guapos sirvientes cumpliendo cada uno de sus caprichos.

—¿Ella era una princesa? —gritó Junko sorprendida.

—¡No se vale! —se quejó Momoe—. Rei y Asuka eran princesas, pero ¿qué hay de mí?

—Deberías probar a practicar un poco de magia —le sugirió Fubuki—. A menos que al reencarnar olvidaras todo lo que aprendiste en la Academia de Magia de Endimión.

—¿Una academia de magia?

—Claro, todo hechicero de una corte debía estudiar allí.

—¡Esperen! —gritó Rei de pronto saliendo de sus ensoñaciones—. Dijiste que tenías una corte. —Fue sorpresivo, cuando menos, que le hablara de esa forma a Haou—. ¿Eras un príncipe?

—Soy un Rey —gruñó Haou.

Rei parpadeó, luego miró a Judai y se sonrojó.

—Pero, eso significa que Judai, mi príncipe Judai, de verdad él es… —Su mirada se dirigió a Fubuki—. ¿Nos conocíamos? Judai y yo…

—Lo siento, pequeña Rei, pero eso era imposible.

La mirada ilusionada de Rei se apagó. Luego de un momento, volvió a encenderse.

—¿Éramos de reinos enemigos? —Incluso al sugerir eso, no pareció decepcionada. Conociéndola, tal vez se estaba imaginando un escenario romántico estilo Romeo y Julieta.

—No exactamente —replicó Fubuki rascándose la mejilla.

—Éramos primos —respondió Haou con tranquilidad—. Alejados por varias ramas de la familia, pero, al final, miembros de la misma Casa.

—¿Primos? —De pronto parecía un niño al que le habían pinchado su globo. Luego, tras negar con la cabeza, dijo—: Primos lejanos. No era raro que para conservar los linajes…

—¡Oh, por favor! —dijo Asuka—. No puedes pensar que ustedes…

—¡Eso era lo normal! —se defendió Rei cruzándose de brazos.

—No deja de ser algo… —la corrigió Asuka.

—No sé, yo creo que es romántico: dos personas comprometidas separadas por el tiempo se reencuentran en su vida futura.

Deseé que alguien la callara. Podía sentir que tanto Haou como Yubel le cortarían la lengua si seguía con eso.

—¡Momoe! —Por fortuna, para ella, Asuka intervino.

—El príncipe Judai tenía una prometida —insistió Rei—. Todos los príncipes la tienen.

—Eso es cierto —admitió Fubuki—. Pero no son cosas de romance, es todo política.

—¿Quién era? —le exigió.

—No quieres saberlo, créeme.

Podía notar que Fubuki estaba acorralado, a pesar de que era un tipo de dieciocho años, comenzó a mirar a todas partes buscando una salida al sentirse amenazado por una niña de once años.

—¡Diga quien, superior Fubuki! —Por supuesto, Momoe quería saber el chisme.

La mirada de Fubuki pasó a Asuka.

—No voy a sacarte de esto —dijo ella.

—¡Superior Fubuki! —le gritó Rei.

Me volví a ver a Judai. Parecía ajeno a toda la conversación. Sin embargo, lo conocía muy bien: en realidad fingía que no estaba escuchando nada. Me hizo pensar si todo eso de que no entendía palabras como «comprometerse» o «casarse» era una actuación. ¿Lo hacía a fin de respetar a su juramento de amor a Yubel?

—¡Por favor, niñas, esto no es algo para discutirse ahora! —la voz del profesor Chronos se impuso sobre el resto.

A regañadientes, Rei y Momoe tuvieron que dejar el asunto en paz, aunque seguían viendo a Fubuki con miradas que prometían dolor si no hablaba pronto sobre quien era la prometida de Judai.

—Exactamente como sellaremos el pozo —Fujiwara, quien hasta el momento se había limitado a ser un observador, se dirigió a Haou.

—Puedo hacerlo, lo único que necesitaré es que invoquen a sus monstruos As para canalizar su energía a través de un ritual.

Fujiwara asintió. Me pareció que entendía a qué se refería Haou. ¿Estaba experimentando con algún tipo de magia de sombras? Esperaba que no terminara invocando a Darkness a este mundo.

Eran casi las once, así que Chronos decidió dar por finalizada la reunión.

Fubuki se escabulló de regreso a su dormitorio para escapar de Rei y de Momoe, dejando a Ryo y a Fujiwara la tarea de escoltarnos de regreso al dormitorio Osiris.

Una vez allí, la profesora Midori nos miró a todos con suspicacia, pero dado que teníamos el permiso del profesor Chronos, no dijo nada y se limitó a pedirnos que nos retiráramos a descansar cuanto antes.

Cuando me fui a la cama, muchos pensamientos rondaban por mi cabeza. Pronto tendríamos que reunirnos de nuevo para terminar de discutir lo que quedó pendiente. Entonces, tendría que terminar de contar mi historia.

Me sumí en un sueño intranquilo. Mi mente reproducía una y otra vez mi encuentro anterior con la Luz y lo que podría pasar si resultaba que estaba en el Pozo de Descarte. Sin embargo, en algún punto del sueño, la voz que sonaba como Meridia se volvió más amable. Tuve la impresión de que era la Luz, pero no la que conocía. ¿Estaba imaginando como podría ser esa Luz de la Justicia de la que habló Haou?