Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Respuesta a Review Anónimo:

Black Demon

De hecho, en mi opinión, de todos los protagonistas «Yu», Judai tiene el arquetipo más estable. Por algo en Tag Force Special es el compañero con deck más roto. Por lo que he visto, al menos.

Gracias por comentar.


LIBRO III

Capítulo 38


Gyakuten no Megami

[Hada/Normal/LUZ/Nivel 6/ATK 1800/DEF 2000]

Esta hada utiliza su poder místico para proteger a los débiles y darles apoyo espiritual.


El lugar quedó en silencio. No podía ver la expresión de Haou, pues estaba a sus espaldas, aunque para mí era fácil saber que estaba viendo a la Diosa derribada.

—Eso fue… —Una voz cortó el silencio en el que se sumió la habitación tras la derrota de la Diosa de la Justicia.

Me giré hacia la entrada del salón. El profesor Daitokuji estaba allí, viendo a Haou con una mezcla de perplejidad y algo que tal vez era admiración.

El profesor avanzó unos pasos.

—Tengo que admitir que estoy impresionado. Es decir, ella no tenía posibilidades con su mazo actuando en su contra. —Por el rabillo del ojo, vi a Banshee asintiendo con fuerza de acuerdo con esas palabras—. Aun así, esto es mucho más de lo que esperaba.

—Eres un espía. —Las palabras de Haou no dejaron ver emoción alguna, más bien era como si, simplemente, estuviera diciendo algo que todos allí ya sabían. En cierto sentido, era así. Banshee no tenía más de un año conmigo, así que no sabía cuánto había escuchado sobre lo que tal vez estaba pasando en la Academia Central.

—No voy a negar eso. —Daitokuji alzó las manos en señal de rendición cuando sintió el aura peligrosa de Haou—. Por favor, antes de condenarme al mismo destino que a la venerable Diosa de la Luz, le pido una oportunidad para explicarme.

Daitokuji avanzó un poco más, pasando junto a mí. Me miró por un momento, al igual que a Banshee, y luego centró su atención una vez más en Haou.

—Mi maestro, el Presidente Kagemaru, me envió aquí con un objetivo: esperar al Heraldo y asegurarme de que estuviera listo para la guerra que se aproxima.

»Después de lo que he presenciado hoy, es claro que eso es así. En ese caso, no tengo más opción que ofrecer mis humildes servicios al Rey Supremo.

Daitokuji hizo una pequeña reverencia.

Vi a Haou entrecerrar los ojos en dirección al profesor.

—¿Por qué confiaría en alguien que traiciona tan fácilmente a su Maestro anterior?

—Oh, mis disculpas, su Alteza. No es realmente traición. Nuestra intención siempre fue asegurarnos de que el Heraldo de la Oscuridad pudiera reclamar su título. Es por eso que mi Maestro intentó asegurar tanto su custodia como la del joven Judai tras el desafortunado incidente de sus padres. No esperábamos la intromisión de Seto Kaiba y del Presidente Pegasus.

—¿Admites que formaste parte del complot para despojarnos de lo que es nuestro por derecho?

Sentí pena por el hombre. Hasta ahora había sido de lo más amable con todos nosotros. Puedo ver porque su traición fue un golpe tan bajo para sus estudiantes, y porque Judai llegó a apreciarlo casi como a un padre. A cada palabra, más que demostrar tener intensiones honestas de servir a Haou, no hacía más que quedar peor ante él.

—Me temo que está malinterpretando las cosas, su alteza. Nuestra intención no fue realmente esa. Admito que posiblemente usar a esa parte de su familia no fue nuestra mejor idea. Los primos de su padre ciertamente actuaron con avaricia. Aunque, más allá de ganar acceso a la fortuna Yuki, lo que deseaban era el trozo de pastel dentro de Corporación Kaiba que mi Maestro les prometió si conseguían hacerse con su custodia.

»Al igual que sus padres, ellos no respetaban las viejas tradiciones. No quedan muchos de los herederos de las viejas familias de Ciudad Domino que lo hagan. La mayoría de los ancianos fueron asesinados sistemáticamente durante los veinte años previos a que usted y su hermano nacieran, como resultado, no hubo quien les educara en las costumbres antiquísimas.

Daitokuji suspiró demostrando cierto pesar por esto.

—Me parece que es algo que debemos discutir en otro momento. Sólo quiero dejar en claro algo: nuestra intención jamás ha sido actuar en su contra. Todo lo contrario.

¿Era cierto todo eso o sólo una trampa? No veía porque Daitokuji se estaba revelando ahora como parte de las Siete Estrellas. ¿Quería decir esto que no existía tal grupo? ¿Por qué Kagemaru tenía interés en Judai y Haou? Sí, bueno, en el anime fue la mano en las sombras moviendo los hilos detrás de todos los acontecimientos importantes de la primera temporada; pero jamás demostró tener conocimiento sobre el verdadero destino de Judai.

Y aunque Daitokuji reconoció el poder que había en su estudiante, se presentó como algo que descubrió tras observar su desarrollo como duelista desde que llegó a la Academia hasta que lo enfrentó como Amnael. ¿Por qué entonces ahora parecía que eran conscientes de la identidad de Haou y estaban moviendo los hilos a su alrededor para asegurarse de que enfrentara su destino como Heraldo?

Necesitaba estar seguro.

—Profesor Daitokuji… —El hombre me miró. Entrecerró los ojos un momento, para luego mostrar una sonrisa avergonzada.

—Lo lamento mucho, joven Satou. Todo esto debe ser confuso para usted. No tenía la intención de involucrarlo.

Negué con la cabeza.

—En realidad, no es algo nuevo para mí. Sólo… Hay algo que necesito saber. ¿Cuáles eran las intenciones reales del Presidente Kagemaru? ¿Realmente se infiltró aquí para vigilar al Heraldo o buscaban algo más?

Daitokuji entrecerró los ojos. Su sonrisa desapareció por completo. Me miró con una seriedad que sin duda pretendía ser intimidante.

—¿Qué motivo oculto podría tener?

—No sé. ¿Apoderarse de los Demonios Fantasma mediante el uso de los Juegos de lo Oscuro?

La mirada de Daitokuji se ensombreció más. Detrás de él, vi a Haou mirando al hombre, claramente analizando todas sus reacciones.

—¿Cómo es que sabe de la existencia de esas cartas?

—Sé muchas cosas, profesor…

Dos personas podrían jugar a ser crípticos. Por un breve momento, los insectos zumbaron en mis oídos.

La mirada de Daitokuji se ensombreció más. Me pareció que estaba listo para atacar.

Ese fue el instante en el que William por fin hizo su aparición. Cuando lo hizo, sentí un «tirón» peculiar, como si alguien hubiera estirado una liga hasta romperla, con el consiguiente efecto látigo golpeándolo. Pude sentir atisbos de la Luz. Al parecer, la razón por la que no había intervenido hasta ahora era porque estaba sellado.

Daitokuji retrocedió un poco ante la presencia del Señor de los Vampiros, claramente tomado por sorpresa.

—Kenichi Satou es uno de mis caballeros. —La voz de Haou nos interrumpió, haciendo que Daitokuji regresara su atención a él—. Cualquier intento tuyo por atacarlo se considerará como un acto de traición.

Fue un poco extraño escuchar a Haou decir algo como eso.

—Me disculpo —dijo Daitokuji.

Me miró de nuevo, una vez más con esa máscara de profesor afable.

La atención de Haou se centró en William.

—Su hechizo se está debilitando —dijo, luego me miró a mí—. Ocúpate de Andersen.

Dicho eso, se dirigió hacia donde se encontraba la Diosa, todavía inconsciente.

Pasé a su lado mientras me dirigía al trono. Johan estaba profundamente dormido. No tenía su disco de duelo, aunque si vi su mazo en su cinturón.

—Las Bestias de Cristal fueron selladas —dijo Banshee.

Asentí con la cabeza.

—¿Debería tratar de despertarlo?

Por si las dudas, puse mis dedos en su cuello para sentir el pulso. No soy un médico, pero me pareció que era estable.

Repasé en mi cabeza como podría hacer que recuperara la consciencia: un poco de agua, alcohol como con los desmayados… Supuse que no funcionaría señalarlo y decir «rennervate» como en Harry Potter. Al final, opté por golpear sus mejillas levemente con las palmas de mis manos.

—No creo que eso funcione —dijo Banshee.

—¿Alguna sugerencia?

—Yo no reanimo personas, sólo les anuncio cuando la muerte está cerca.

Agitar a Johan y decirle que se le estaba haciendo tarde en un intento por convencerlo de que era día de escuela tampoco funcionó. Muy bien, tal vez era hora de pensar diferente. ¿Y si Johan no estaba sólo dormido o inconsciente? Si yo fuera una diosa loca como esta, ¿qué habría hecho? Sumirlo en un trance, hechizo o, siendo ese el yugiverso, arrebatarle el alma tras derrotarlo en un juego de cartas para niños.

Descarté de inmediato esa última opción. Dado el nivel de duelo que mostró la Diosa al enfrentarse contra Haou, no la veía ganando contra Johan.

Mi atención se dirigió de nuevo hacia Haou.

La Diosa, todavía inconsciente, estaba atrapada en un hexagrama que claramente era el Círculo Atahechizos. Recordé que Kaiba había hecho eso antes para mantener quieta a Yubel cuando tuve mi duelo contra él en el Mundo Virtual.

—¿Está bien el joven Andersen?

Sentí escalofríos cuando el profesor Daitokuji me habló. Había algo en su voz que no terminaba de convencerme del todo de que fuera honesto. Más motivos para sospechar de él.

—No pude despertarlo.

El profesor asintió, antes de él mismo ir a revisar a Johan.

—¿Confías en él? —me cuestionó Banshee.

—No creo que se atreva a hacer algo con Haou aquí. —Aun así, no aparté la mirada del profesor—. ¿Puedo pedirte un favor? ¿Podrías vigilar a Johan?

Banshee me miró un momento. Luego asintió.

—Él me agrada, si no… —Dejando eso en el aire, se alejó de mí y fue hacia el trono, en donde Daitokuji parecía estar tratando de aplicar primeros auxilios a Johan.

—Ella te selló.

William apareció frente a mí. Asintió levemente con la cabeza.

—Nos selló a casi todos. De alguna forma, tomó el vínculo que tenemos y lo usó en nuestra contra.

Sí, eso tenía sentido. Parecía muy buena en hacer eso. Si no mal recordaba, el nombre de su carta en su versión vainilla significaba Diosa de la Reversa, o algo por el estilo. En ese caso, tenía sentido que pudiera revertir las cosas. Explicaba el que utilizara mi lazo con mi Deck contra mí, al igual que a la Oscuridad. Su carta no era muy buena, pero ese poder era sin duda aterrador…

Era justo lo que Yubel y otros espíritus nos habían explicado: el que una carta no pareciera muy buena en el duelo, no significaba que su espíritu fuera débil ni mucho menos.

Suspiré. Que Banshee no fuera presa de su hechizo fue una señal más que clara de que no estábamos en los mejores términos. De verdad, debía esforzarme más en congeniar con ella.

—Imagino que ahora que está contenida su hechizo se desvanecerá —dije.

De igual forma, si no era así, Haou podría obligarla a deshacerlo.

La puerta del salón del trono se abrió una vez más. La inconfundible figura de Ángel Caído Lucifer entró en la habitación. Su armadura lucía dañada y sus alas parecían haber tenido días mejores. No fue eso lo que llamó más la atención de todos los presentes: fue el hecho de que cargaba a una inconsciente profesora Midori.

Detrás de Lucifer, entraron Judai, Kuriboh Alado y Yubel. El espíritu de duelo más grande estaba claramente furioso. Mientras, el pequeño ángel sobrevolaba a su duelista transmitiendo una profunda tristeza. Los raspones y rasgaduras en el uniforme de Judai eran una señal clara del porqué de dichas actitudes.

Haou apartó su atención de la Diosa prisionera. En un segundo estaba junto a su hermano.

—Supongo que no soy al único al que la Diosa puso un duelo en el camino —dije más para mí.

—Sin embargo, creo que a ellos les envió algo más peligroso que un montón de calaveras —comentó Banshee a mis espaldas.

—No subestimes al Rey de los Sirvientes de la Calavera. Puede dar algunas sorpresas desagradables.

Aun así, podía entender el punto de Banshee. La misma Diosa dejó entrever ese hecho: me envió a un espíritu al que esperaba podría derrotar, para luego atraerme a ella ya debilitado y de esa forma poder «juzgarme». Claramente, no estaba preparada para el nivel de poder que podía alcanzar Haou, aunque si esperaba que el monstruo que envió contra él pudiera entretenerlo el tiempo suficiente. ¿Había sido lo mismo con Judai? Por su aspecto, podía deducir que era justo eso, o que incluso le envió algo peor.

Tampoco me agradó el hecho de que la profesora Midori estuviera inconsciente.

—¿Es ella? —La profunda voz de Lucifer llenó la habitación. Sonaba tanto cansado como furioso.

Sus ojos estaban fijos en la Diosa.

Ángel Caído Marie apareció junto a él. Lucifer dejó a la profesora Midori a su cuidado y luego caminó hacia la Diosa todavía presa del Círculo Atahechizos.

Judai y Haou parecían haber terminado de hablar, y ahora la atención de ambos estaba fija en el ángel de armadura y alas oscuras. Este pasó su mano por sobre el cuerpo de la Diosa caída, que todavía seguía inconsciente. Un aura oscura envolvía su mano, lo que me hizo pensar que estaba haciendo alguna especie de escaneo mágico.

—Es lo mismo una vez más —dijo con voz algo cansada.

Su mirada se dirigió hacia Haou.

—Ganaste un duelo contra ella usando el poder de la Oscuridad, y ni siquiera eso rompió el Dominio.

Yubel cruzó sus brazos sobre su pecho y resopló con sorna.

—Te atreves a hablar así al Rey Supremo, incluso cuando renunciaste a la Luz para aprovechar el poder de la Oscuridad.

—¿Qué puedes saber tú, demonio? —le espetó Marie con rabia—. Renunciaste a tu mortalidad para convertirte en esto

Una mirada de Lucifer fue suficiente para hacer que el otro ángel se callara.

Miré a la Diosa de la Luz. ¿Habíamos entendido todo mal? Ella admitió que fue a hablar con su hermana, la Luz de la Destrucción, y tras eso intentó aniquilarnos a todos, salvo a Johan y (tal vez) a Yubel, mediante su «juicio». Antes, Haou dijo que no podía identificar qué clase de Luz estaba ocultándose en el pozo. Ahora, Lucifer hablaba de un Dominio que alguien tenía sobre ella, uno que debería haberse roto al perder un duelo.

Miré a Haou. ¿Él lo sabía? Tal vez no se defendió de ninguna acusación de la Diosa precisamente por eso: sabía que estaba actuando como una marioneta de la Luz de la Destrucción.

Por otro lado, que Lucifer hablara de este Dominio como algo que ya había visto antes no me sentó nada bien.

—¿Quién está bajo el control de la Luz de la Destrucción? —pregunté a Lucifer.

Si mi sospecha se confirmaba… Pero, no tendría sentido que la Diosa hubiera enviado a alguien a atacar a la profesora Midori si ella estaba del lado de la Luz de la Destrucción. Mi hipótesis estaba fundamentada en el hecho de que, aunque un duelista estuviera bajo su control, no necesariamente era así con sus espíritus de duelo. En el canon, los Ojamas no se vieron afectados incluso cuando Manjoume se convirtió en uno de sus agentes más importantes. Podía decir que con la Diosa pasó lo mismo, y esa fue la razón por la que su mazo no respondió y de hecho parecía desear su derrota.

Siendo de esa manera, era muy probable que el desprecio de la profesora Midori por los espíritus fuera a causa de la Luz de la Destrucción. Coincidiría con la tristeza que Lucifer demostró respecto a esa actitud unas semanas atrás en el bosque. Incluso cuando ella parecía tener un fuerte prejuicio hacia los espíritus, Lucifer se negaba a abandonarla. Igual que los Ojamas nunca abandonaron a Manjoume.

—La profesora Midori… —continué.

Lucifer negó con la cabeza.

Volvió a centrarse en Yubel.

—Es cierto, a pesar de ser seres de Luz, tuvimos que abrazar la Oscuridad. Eso es porque fuimos desterrados y privados de nuestra Gracia Divina, aquella que nos ataba al poder de Nuestro Padre.

—Oh, ya entiendo —dije—: «¡Cómo has caído del Cielo, oh Lucifer, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a la tierra, tú que conquistaste naciones! Tú que en tu soberbia dijiste: "¡Escalaré los cielos y construiré mi trono por encima de las estrellas de Dios, y seré semejante al Altísimo!"».

Por un momento vi un destello de rabia en la expresión de Lucifer.

—¿Soberbia? No es soberbia amar tanto a tu padre, que estás dispuesto a morir con tal de romper las cadenas que atan su mente.

Haou pasó junto a Lucifer. Miró a la Diosa todavía inconsciente por un momento, y luego volvió a centrar su atención en el ángel caído.

—Gyakuten mencionó el caos en que se convirtieron las Doce Dimensiones. Asumo que son conscientes de ello.

Judai se detuvo junto a mí. Estaba tan concentrado en lo que estaba haciendo Lucifer, que no noté cuando se acercó.

—¿Johan? —me preguntó.

Me giré hacia atrás. Johan seguía dormido, al cuidado de Daitokuji y Banshee.

—No podemos despertarlo. —Judai parecía muy cansado—. ¿Fue un duelo complicado?

Judai negó con la cabeza.

Sentí la familiar sensación de un espíritu de duelo apareciendo. Junto a Judai, ahora había una niña pequeña, tal vez de unos cinco o seis años, quien usaba un vestido negro y un gorro con la forma de un conejo.

—Es mi culpa —dijo al borde de las lágrimas—. ¡El príncipe Judai fue herido por mi culpa!

—Curan —la llamó Judai con firmeza mientras negaba con la cabeza.

—Pero… —Curan sorbió los mocos que se formaron en su nariz congestionada debido al llanto—. Si yo…

—Querías proteger a tu hermana, ¿verdad? No sabías que este lugar no era precisamente más un santuario.

—¿Qué sucedió? —pregunté.

—Podrán hablar sobre eso más tarde —nos interrumpió el profesor Daitokuji—. Ahora, joven Judai, me parece que alguien debería tratar sus heridas.

Daitokuji tenía un botiquín de primeros auxilios en sus manos.

Judai asintió. Se sentó en el suelo, mientras el profesor se arrodillaba junto a él y se ocupaba de limpiar las cortadas.

Curan no desapareció, se quedó de pie cerca viendo como el profesor trataba las heridas de Judai.

—Lo siento mucho —dijo de nuevo—. Si hubiera aprendido a usar magia de luz como mi hermana, yo podría…

—Está bien, Curan —la interrumpió Judai.

—Pero, yo causé eso…

—Era un duelo. Sólo hiciste lo que debías hacer.

La niña asintió, aunque claramente no estaba convencida.

Daitokuji terminó su trabajo.

—Estoy seguro de que Emi querrá ver esto cuando volvamos a la Academia, aun así, no pasan de ser cortadas superficiales.

—Lo ves, Curan, ¡estoy bien!

—No diría que bien, aunque sin duda no son heridas que lo pongan en peligro, joven Judai. —El profesor se puso de pie—. Debo ver a la profesora Midori.

Cuando el profesor se marchó, Judai se levantó y fue a donde Johan.

Curan, mostrándose algo tímida, siguió al duelista Héroe. Cuando vio a quien estaba en el trono, saltó hacia atrás, como si alguien hubiera saltado frente a ella gritando «¡bu!».

—¡Príncipe Judai, no debe…!

Judai la miró con curiosidad.

—Está bien. Es Johan, mi amigo.

Curan pareció incluso más aterrada de escuchar eso.

—¡Él es…! —Sorbió los mocos una vez más—. Johan el Maestro de los Caballeros-Gema. Es alguien malvado.

—Johan no es malvado —la cortó Judai con algo de dureza en la voz.

—Pero él… Es el Avatar de la Luz de la Destrucción. ¡Él destruyó nuestro reino, el reino de los magos, hace mucho tiempo! Por su culpa…

—Johan ya no es más esa persona —volvió a interrumpirla Judai.

La niña se calló. Negó con la cabeza un par de veces, y luego desapareció.

Judai soltó un fuerte suspiro.

—¿Qué pasó? —le pregunté.

Me miró un momento.

—Luché contra su hermana, Pikeru. La Luz de la Destrucción la estaba controlando, igual que controlaba a Asuka en la otra línea del tiempo. Yubel quería que acabara el duelo lo más pronto posible… Pero…

—Curan te pidió que la ayudaras.

Judai asintió.

—Pikeru obligó a Curan a lastimarme cada turno. Yubel dijo que Curan no pudo ser controlada por la Luz debido a que su naturaleza es la de un Mago usuario de Magia Negra. Ella sólo se quedó con Pikeru porque es su hermana, su única familia. No podía abandonarla.

—¿Dónde está Pikeru?

—Durmiendo. La Luz no iba a dejarla sin una última venganza. —Miró a Johan y luego a la dirección general en la que se encontraba el profesor Daitokuji, quien estaba de tratar a la profesora Midori ante la vigilante mirada de Marie—. No sé si podremos despertarlos.

—¿Crees que los demás? —le pregunté.

Judai negó con la cabeza.

—Son fuertes. Encontrarán su camino hacia este lugar. No son los mismos novatos sin conocimiento de estas cosas que fueron antes. Yugi, el señor Kaiba y el señor Pegasus nos ayudaron a ser más fuertes.

Salvo por Momoe y Junko. Además, el que la Luz de la Destrucción pudiera controlar a los espíritus de ese Atributo, no me dejó un buen sabor de boca. Rei tenía a los Luminosos, ¿y si se aprovechaba de eso para…?

—Tenemos un prisionero —le recordé mirando al sitio en donde todavía estaba la Diosa—. No importa si actuó por voluntad propia o controlada por la Luz de la Destrucción, ella es la responsable de todo esto. Sólo debemos forzarla a que deshaga su hechizo o nos diga cómo hacerlo.

Por un breve momento, me pareció escuchar un zumbido en mis oídos.

—¿Cómo vas a hacer eso? —preguntó Yubel interesada. Ni siquiera vi en que instante llegó hasta donde estábamos.

—Por cualquier método. La torturaremos para que nos lo diga de ser necesario. A veces, el fin justifica los medios.

—No —negó Judai con firmeza—. No nos rebajaremos al nivel de la Luz.

Sentí su mirada sobre mí. Suspiré y luego asentí con la cabeza.

Kuriboh Alado se pegó a Judai, quien rascó su pelaje haciendo que ronroneara como si fuera un gatito.

—¿Por qué debería hacerlo? —El grito repentino de la Diosa me distrajo.

Por fin había despertado. Como es de esperarse, no estaba muy contenta de estar contenida en el Círculo Atahechizos.

—Si no quiere hablar, entonces tendremos que obligarla.

Parpadeé en un poco al escuchar esa voz. ¿En qué momento Manjoume llegó allí?

También vi a Kaiser, Fubuki y Fujiwara de pie cerca de él.

Judai, sin decir nada, pasó junto a mí y se dirigió hacia el pequeño grupo que se había reunido alrededor de la Diosa.

—Es justo como nuestro padre: no escuchara razones —comentó Lucifer con voz cansada.

—Escuché lo que pasó —dijo la Diosa—. Un grupo de ángeles que pensaron poder revelarse ante el Dios del Juicio. Lo único que consiguieron fue ser desterrados, marcados como proscritos sin hogar. No son bienvenidos en el Cielo y tampoco en el Infierno.

»En mi opinión, cualquiera que haya abandonado la Gracia Divina de la Luz para seguir sus metas egoístas, debió ser ejecutado. El Dios del Juicio fue demasiado amable con ustedes al dejarlos ir sólo con una palmada en la cabeza.

—¡No entiendes nada! —gruñó Marie—. Padre no es el mismo. La Luz de la Destrucción tiene su mente sumida en el caos. Lo que nosotros hicimos, la razón por la que él…

—Marie. —De nuevo, una simple palabra de parte de Lucifer la hizo callar.

Manjoume resopló con fastidio.

—La vencieron en un duelo, y ni siquiera eso rompió el control de la Luz de la Destrucción.

Miré a Johan una vez más, luego a la profesora Midori. ¿Había perdido el duelo y por eso estaba inconsciente? Comencé a caminar hacia el grupo que estaba cerca de la diosa.

Mientras avanzaba, noté que Ryo apretaba los puños, su rostro estaba tenso, y sus ojos mostraban una furia que no recordaba haber visto antes en él. Fubuki parecía estar tratando de calmarlo, mientras que Yusuke se limitaba a mirarlos. Noté la silueta de un ángel detrás de él.

Claramente, era Honesto. Aunque, me llamó la atención algo: parecía avergonzado. Sí, de hecho, miraba a Lucifer y a Marie como si quisiera decirles algo y no se atreviera. Así que no era sólo vergüenza, también había culpa.

«Como un niño pequeño que cometió un error y no sabe cómo disculparse», pensé.

Volví a centrar mi atención en el grupo que discutía qué hacer con la diosa cautiva. Mientras ellos estaban ocupados eso, Judai estaba mirando a la Diosa.

Me detuve cerca de Judai.

—¿Podrías despertarlos? —preguntó Judai a la Diosa—. Johan y la profesora Midori no se merecen esto. Tampoco Pikeru.

—Pikeru —respondió la Diosa—. Esa pobre niña. La cuidé como si fuera su propia madre, y me pagó con traición.

—Pikeru estaba sufriendo, igual que su hermana. No se merecían eso —insistió Judai.

La Diosa negó con la cabeza.

—Por el contrario, niño, es trabajo de una madre disciplinar a los hijos rebeldes.

—¿Las habrías ejecutado como sugeriste que el Dios del Juicio debió hacer con los ángeles caídos? —le pregunté yo.

—¿Qué puedes saber tú?

—Sé que la disciplina es una cosa completamente diferente a lo que planteas. ¿Qué hizo Johan para que lo sumieras en ese trance?

Mi Johan necesita descansar. Ustedes han llenado su mente con mentiras. Contaminaron a sus monstruos con la Oscuridad…

—¡Es para ayudarlo! —la interrumpió Judai—. Él sufrió mucho por lo que la Luz le hizo en el pasado. Somos su familia.

—No, niño. ¡Yo soy su familia! La única que necesita. Voy a sanarlo y luego también sanaré a Yubel. Seremos la familia que éramos antes de que la Oscuridad nos separara y convenciera a Johan de convertirse en ese monstruo horrible que no tenía piedad por los débiles. Antes de que se llevara a Yubel y lo torturara para convertirlo en eso.

Sus ojos se posaron en Yubel.

—¿No lo recuerdas, hijo mío? Esos días en los que fuimos felices, gobernando juntos un reino de paz y armonía.

Yubel resopló.

—No recuerdo nada de eso. Ni siquiera recuerdo haber tenido una madre. Siempre fuimos Johan y yo solos, cuidándonos el uno al otro, hasta que nos separamos. Terminé en Kronet bajo el cuidado de la familia real y Johan en el Reino de las Gemas.

La Diosa miró a Yubel con un gesto conmocionado.

—Eso no… ¡Yo los encontré! Mis dos pequeños niños indefensos, víctimas de la guerra. Los cuidé como a mis propios hijos, hasta que la Oscuridad me los arrebató.

¿Yubel y la Diosa tenían recuerdos diferentes? ¿Era algo similar a lo que pasaba con Fubuki y Yubel? Había una posibilidad muy baja de que se tratara de un caso idéntico al de ellos. Dudaba que ella fuera una viajera del tiempo.

Aun así, necesitaba saber…

—Dijo que fue a ver a su hermana para hablar sobre lo que pasaba en las Doce Dimensiones. ¿Eso fue antes o después de que viniéramos a esta escuela? —La Diosa no me respondió, limitándose a fulminarme con la mirada—. Supongo que fue lo primero. Dudo mucho que pudiera configurar toda esta trampa en menos de dos meses. Así que tuvo que saber que vendríamos.

—Supe que eras la causa cuando visitaste este lugar hace años —admitió a regañadientes.

Muy bien, eso me ayudaba a confirmar más mi hipótesis.

—Imagino que la Luz de la Destrucción estaba acompañada por un joven egipcio, uno con un cubo mágico muy particular.

—Diva —dijo Judai.

—Sí. Creo que esta diosa fue víctima de La Prana, igual que mis padres. La Luz debió usarla para reescribir sus recuerdos y de esa forma usarla para planear esta emboscada en la misma Academia de Duelos.

—Es posible —admitió Yubel.

—Incluso hay posibilidades de que ella ni siquiera haya ido a buscar a la Luz de la Destrucción, sino todo lo contrario. El cubo combinado con La Prana era una fuerza a tener en cuenta.

Estaba todavía el problema de que no bastó con que Haou la venciera con un OTK para liberarla de dicha influencia. ¿Se debía al uso de La Prana?

—¡Manjoume! —llamé.

—¡Soy el Señor Manjoume para ti! —me respondió mientras se acercaba.

—Sí, lo que sea. Necesitamos al Dragón de la Luz y la Oscuridad.

Miré a Judai.

—¿Lo recuerdas? El dragón pudo deshacer el efecto de La Prana cuando Diva nos atacó en aquel callejón.

Me sentí un poco estúpido por no pensarlo antes. Quizá la clave para salvar las memorias de mis padres estuvo allí todo el tiempo.

Manjoume me miró un poco confuso.

—Ya sabes, el tipo ese con el Cubo —le dije.

—Sé de qué hablas —me interrumpió—. Pero no sé cómo él podría ayudarlos.

Noté entonces el hecho de que también parecía haber pasado por un duelo un poco duro. Ahora que me daba cuenta, Fubuki y Ryo estaban igual: con cortes y claras señales de golpes producto de duelos con daño real.

—Repelió a La Prana una vez. Quizá también puede revertir lo que hizo. Aunque, tras todos estos años, puede que sea tarde para ello.

Kuriboh Alado apareció junto a Judai y comenzó a «hablar» de forma muy rápida.

—Él piensa que puede funcionar debido a la naturaleza de los poderes de la diosa.

Manjoume chasqueó la lengua. A pesar de eso, desplegó su disco de duelo y colocó la carta del Dragón de la Luz y la Oscuridad en la ranura de en medio.

El inmenso dragón se manifestó al instante. Una vez más, creí que esa era la sensación que debía sentirse al estar en presencia de un ser divino. Se sentía incluso más poderoso que la misma diosa a la que teníamos presa del Círculo Atahechizos.

No pude evitar estremecerme un poco cuando el dragón rugió con toda su potencia.

Una mezcla del poder de la Oscuridad y el Poder de la Luz llenó la habitación. Ninguna era buena o mala, sino, por el contrario, al estar en perfecto equilibrio actuaban en conjunto para garantizar que las cosas existieran. No había consciencias como la Luz de la Destrucción o la Oscuridad Gentil influyendo en ellas y en la forma en que se manifestaban. No se enfrentaban en una guerra, sino que se complementaban la una a la otra.

Había tantos conceptos sobre lo que estos poderes eran en la ficción, que nuestro entendimiento estaba parcializado a uno u otro lado. Como había visto y nacido en un anime en el que la Luz era el mal y la Oscuridad el bien, olvide pensar que también podía ser lo contrario.

Incluso, si veía más allá del yugiverso, esto se repetía. Recordé las palabras de Homeostasis poseyendo a Hikari en Digimon Adventure: «La Oscuridad nace en los lugares que están llenos de Luz». ¿Era algo similar en este mundo?

En The Elder Scrolls, el universo comenzó cuando la Luz (Anu) y la Oscuridad (Padomay) colisionaron. Según su mitología: Anu era el orden, y las cosas jamás se movían en su presencia, permanecían estáticas; Padomay, por el contrario, era el caos, el movimiento, las cosas avanzaban en su presencia. Por eso, cuando colisionaron, su mundo comenzó a moverse y nació el universo conocido como Aurbis. Ellos, al igual que el poder dentro del Dragón de la Luz y la Oscuridad, no se enfrentaban en una guerra, sólo existían y se complementaban.

¿Y si la Oscuridad y la Luz no eran más que eso? Simples fuerzas flotando en el cosmos, pero ninguna de ellas significaba bien o mal. Eso dependía de quienes las usaran. Tal vez, los seres a los que conocíamos como la Luz de la Destrucción, la Oscuridad Gentil, el Vacío… Incluso Zorc, esta diosa o los Dioses Terrenales no eran más que consciencias que emergieron (o, más bien, nacieron) de esas fuerzas primordiales. Por sus propias convicciones como individuos cada uno de esos nuevos seres optó por tomar un camino determinado, hacer lo que desde su punto de vista se consideraba correcto.

No fue hasta más tarde, cuando nacieron los seres «mortales» que adquirieron su estatus de divinidades. Es decir, el reconocimiento como dioses o demonios no les fue otorgado hasta que las «razas menores» entraron en contacto con ellos, empleando dichos términos para tratar de explicar la naturaleza de entidades capaces de hacer lo que ellos hacían.

Cuando el poder del dragón se disipó, la Diosa de la Dulce Venganza había desaparecido. Ahora, frente a nosotros, estaba Gyakuten no Megami: la Diosa de la Reversa.

Por un momento, la Diosa pareció confundida. Miró a su alrededor con un gesto completamente en blanco. Hasta que sus ojos se posaron sobre Yubel y un gesto de tristeza se dibujó en sus facciones.

La Diosa Gyakuten extendió su mano en dirección a Yubel. Luego la apartó, casi como si temiera que de tocarla desaparecería.

—Sí, lo recuerdo ahora —dijo—. Mis dos niños: Yubel y Johan. Los encontré en una vieja ciudad destruida por la guerra. No entendía por qué las criaturas a las que dimos vida se comportaban así. Por un momento, creí que mi hermana había tenido razón y que todo eso fue una pérdida de tiempo. Entonces los escuché: dos pequeños bebés indefensos. Lloraban desconsolados en los brazos de una mujer quien sin duda era su madre. Supe que ella los protegió con su cuerpo y su vida ante el inminente ataque de sus enemigos. Esa muestra de amor incondicional, era por lo que valía la pena que la vida siguiera.

»Los tomé y cuidé de ustedes. Hasta que Ella volvió y tuve que dejarlos. Ella es rencorosa y sabía que iba a dañarlos sólo para hacerme sufrir. No podía dejar que los lastimara por mi causa. Aun así, los cuidaba desde lejos tanto como podía. Los vi crecer, cuidándose el uno al otro. Hasta que llegaron los Goblins…

»Cuando volví a verlos, Johan se había convertido en su herramienta. Y mi hermoso Yubel, movido por el amor, se fusionó con el Dragón Guardián de las Pesadillas.

Hubo un momento de silencio, en el que nadie supo qué decir. Finalmente, Haou se acercó a la Diosa.

—Vas a liberarlos ahora —le ordenó.

La Diosa Gyakuten lo miró un momento, como si fuera la primera vez que se encontraban. Luego miró a Judai y asintió.

Haou chasqueó los dedos, haciendo que el círculo que mantenía prisionera a la diosa se disipara.

Gyakuten se alzó hasta quedar de pie. Respiró profundamente y luego extendió sus brazos.

Hubo otro resplandor en la habitación, y al instante siguiente, nuestros amigos estaban allí. La profesora Midori y Johan pronto despertaron. Al igual que Pikeru, quien apareció en un resplandor blanco. En menos de un segundo, la pequeña maga se vio envuelta en los brazos de su hermana.

—¡Tonta, idiota, malvada hermana! —chilló—. Tienes prohibido volver a asustar así a tu hermana mayor. ¿Me escuchaste? ¡Prohibido!

El dragón de Jun desapareció una vez cumplido el propósito por el que fue llamado.

Observé todos esos acontecimientos como si trascurrieran lejos de mí.

Mis oídos zumbaban, como si tuviera un enjambre de insectos dentro.

—¿Estás bien? —La pregunta de Judai me tomó por sorpresa—. Te quedaste callado. Ni siquiera escuchaste cuando Johan te llamó.

—Sí, sólo… —Suspiré—. Me siento un poco mal. Debí pensar en pedirle ayuda a Jun antes. Ya sabes, con mis padres.

Kuriboh Alado volvió a parlotear en el idioma «Kuri».

—Bueno, parece que necesitas el poder de revertir las cosas de Gyakuten no Megami para conseguir eso. Supongo que sólo debemos convencerla de ayudarte.

Asentí. Luego de todo lo que había pasado, no estaba muy seguro de eso.

Los insectos zumbaron en mis oídos.

—De verdad se siente culpable —la voz de Judai me trajo de nuevo al presente—. No creo que se niegue si se lo pides.

Sí, tal vez…

Miré a mi alrededor.

Tanto Asuka como Sho lucían algo fastidiados, mientras Ryo y Fubuki los vigilaban como halcones. Edo no estaba muy lejos de ellos junto con la profesora Midori, quien parecía estar revisando sus signos vitales. A pesar de la petición del profesor Daitokuji de relajarse un poco, la profesora Midori insistía en que primero tenía que poner a salvo a sus estudiantes.

Rei, por su parte, parecía encantada de jugar con un Ryko que se veía mucho menos amenazante que cuando era invocado en un duelo. La Doncella Enamorada no se quedó atrás: abrazaba a Rinyan mientras le hacía mimos en la cabeza.

Vi a Junko mirar con cierto temor a una cría de Dragón Mascota de la Harpía. El polluelo (que de hecho medía como tres metros de altura) la miraba con su cabeza inclinada como si fuera un cachorro. Me pregunté de donde había salido.

Momoe al menos estaba pasando un buen rato, abrazando emocionada a un montón de pequeñas hadas que se habían reunido a su alrededor. Aunque, en especial me llamó la atención un pequeño gatito con casco que había decidido tomar su regazo como si fuera su cama.

Misawa, por su parte, no paraba de tomar notas al ver a los espíritus en su «hábitat natural». Al parecer, el resplandor de la Diosa había hecho algo más que traer a nuestros amigos perdidos. Casi podía jurar que todos los espíritus del pozo se habían reunido allí.

Había muchos más que los espíritus de las cartas vainilla o de efectos débiles que esperaba ver en esa expedición. En un rincón, me pareció ver a un grupo de espíritus que tenían toda la pinta de haber salido de un cuento infantil. No eran espíritus a los que reconociera de algún lugar. ¿Se debía acaso a lo que dijo la diosa antes? Es decir, eran parte de esas nuevas especies de espíritus que habían aparecido a causa de lo que hicimos al introducir otras invocaciones a ese mundo.

Negué con la cabeza para despejarme de esas dudas.

Johan estaba disfrutando de la atención de su familia, las Bestias de Cristal, ahora libres del sello. Decidí dejarlo con ellos de momento y recorrí la habitación para asegurarme de que el resto estaba bien.

Encontré a Mokeo sentado en la orilla de un estanque cercano. Sus pequeños espíritus, en especial los Mokey Mokey, lo rodeaban. Todos ellos parecían tristes. El mismo Mokeo tenía un semblante de preocupación mientras miraba el agua en el estanque.

Él me había ayudado mucho, debería devolverle el favor.

Fui y me senté a su lado. Noté las rasgaduras en su uniforme y los cortes similares a los de Judai. Algunos parecían ser mucho peores que los del duelista Héroe.

—¿Crees que soy una persona horrible?

Su pregunta me tomó por sorpresa.

—¿Por qué pensaría eso?

—Me enfrenté a ellos. Mis dragones. Vinieron a castigarme por haberlos abandonado. Y tienen razón. En lugar de ayudarlos, los hice a un lado. Yo…

Sentí como mi furia volvía y mi mirada buscó a Gyakuten.

—No creo que ellos crean eso. Este lugar… Las cosas no son lo que parecen. El enemigo tomó la realidad y la distorsionó hasta darle vuelta. No creo que ellos…

Mokeo no pareció escucharme.

—Yo he hecho lo mismo —confesé—. Banshee no confía en mí porque no he sido capaz de demostrarle que de verdad la quiero en mi equipo.

Ya era hora de dejar de pensar en los monstruos de mi mazo como eso, y empezar a tratarlos como lo que eran, o deberían ser: aliados. Me llevé la mano al cinturón, al segundo estuche de cartas, ese que alguna vez contuvo mi mazo de guerreros. Ahora lo usaba como una especie de Side Deck (aunque no eran exactamente las quince cartas que marcaba el reglamento de Konami). Busqué al Dragón de Zafiro que me había acompañado casi desde que me embarqué en esa aventura loca por el Yugiverso, el día en que fui con Judai y Haou a comprar cartas por primera vez en este mundo.

—Tal vez sea hora de que hablen —dije—. Ahora entiendes mejor tu poder. Y estoy seguro de que ellos entienden tus sentimientos.

Le tendí la carta a Mokeo.

—No sé si tienes a este, pero tal vez pueda ayudarte.

Mokeo tomó la carta y la miró con sorpresa.

—Hay un espíritu en esta carta —dijo.

—Sí. Haou me dijo que está durmiendo. Nunca he podido despertarlo. Tal vez es porque no estoy destinado a tenerlo. ¿Por qué no lo intentas tú? Ya que tienes mucho soporte para monstruos vainilla, tal vez sea hora de que vuelvas a darles un espacio a tus dragones en tu Deck. Eso puede mejorar las cosas.

Alcé la mirada y volví a ver a mi alrededor. Me sorprendí cuando vi a un Dragón de Labradorita durmiendo en un rincón.

—Incluso, ¿por qué no buscar algunos aliados nuevos? Parece un buen momento para hacer crecer a la familia.

Mokeo asintió.

—No eres tan malo cuando te lo propones —susurró Banshee cerca de nosotros.

—Oye, Banshee, ¿qué tal te parece la idea de prepararnos para derrotar a Ha Des?

—¿Crees que puedes hacerlo? —me cuestionó con los ojos entrecerrados.

—Sí. Pero, no sólo vamos a derrotarlo. Dijiste que alguien mueve sus hilos, así que vamos a cortarlos. Entonces, lo ataremos de nuevo para controlarlo nosotros.

—Estás loco…

—Banshee, ¿sabes que vengo de otro mundo?

—Eso escuché…

—Pues bien, yo usaba a Ha Des. —Me puse de pie y comencé a alejarme de Mokeo. Banshee me siguió—. Necesitamos hacernos fuertes, dejar de depender de Haou y los demás.

—¿Cómo exactamente vas a hacer eso?

—Bueno, primero que nada, necesito una Ouija y algunos libros de esoterismo.

—¿Para qué?

—Los espíritus son reales en este mundo. Tratemos de contactar a algunos. Entre más traviesos, mejor.

Banshee se detuvo.

—Te estás poniendo muy raro, ¿sabes? Primero, esa especie de oración que le dijiste a un maldito Ángel Caído, luego querías torturar a alguien, ¿y ahora esto?

—Mi querida Banshee, las cosas se pondrán aún más raras que esto.

Los insectos volvieron a zumbar en mis oídos.

«Que no está muerto lo que puede yacer eternamente; y en extraños eones, hasta la misma muerte puede morir…»

Todavía tenía muchos huecos que llenar en mi memoria, sin embargo, por primera vez en años me sentía más completo y en control de mí mismo.