Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Respuesta a Reviews Anónimos/invitados:
Black Demon
Gracias. De hecho es una faceta de Kenichi que normalmente se queda en sus pensamientos: ponerse a citar literatura o hacer referencias a algo. O, directamente, responder a sus enemigos con algo tipo: «sí, como sea. Todo esto es ficción en otro mundo». Claro, conforme se va desbloqueando su yo verdadero comenzará a hacer eso más y más.
Apunto la carta, aunque la verdad ahora mismo la lista de cartas de Kenichi es muy extensa.
Roxas Strife
En un sentido estricto, el Dios del Juicio representa al dios bíblico, pero no es él en sí. El verdadero Yahvé/Jehová del multiverso es un Arquetípico como Horakhty, a quien de hecho la diosa se ha referido antes. Aunque de todos ellos Nodens sigue siendo el más poderoso para respetar el canon lovecraftiano.
Sí, Kenichi se está recuperando y comenzará a meterse un poco más en cosas esotéricas, aunque primero necesita tentar aguas. Es alguien que siempre trata de pisar seguro y no hará algo hasta que sepa que va a funcionar.
Sobre un enemigo final, Drácula va que vuela para ser eso. Después de todo, "¿qué es un hombre?". No es precisamente un espíritu fácil de vencer y ha tenido unos cuantos milenios para prepararse para cuando alguien viniera a reclamar su trono.
Gracias por comentar.
LIBRO III
Capítulo 39
Libro de Artes Secretas
[Carta Mágica/Equipo]
Un monstruo de Tipo Lanzador de Conjuros equipado con esta carta aumenta su ATK y su DEF en 300 puntos.
Si he de ser sincero, todavía me parece un poco surrealista que la misión en el Pozo de Descarte terminara en un día de campo con los espíritus del sitio. Tal vez Momoe y Junko tengan dotes de profetas… Lo cual es muy dudoso.
Por supuesto, eso no quiere decir que tras eso todos automáticamente hayan podido ver a los espíritus, incluso con su pasado común. No es una habilidad que se aprenda de un momento a otro. Es casi como el Haki en One Piece: tienes que desbloquearlo y luego ejercitarlo como un músculo (o ser constantemente bombardeado por Yubel porque cierto rey oscuro le ordenó hacerlo para comprobar si el nuevo amigo de su hermano valía o no la pena).
En algún momento, Haou, Judai y Yubel desaparecieron junto con la diosa Gyakuten. Esto ocasionó un pequeño momento de caos, causado en parte por Rei, quien se puso un poco paranoica respecto a que la diosa fuera a hacerle algo a «su Príncipe Judai». Johan trató de tranquilizarla diciéndole que estarían bien, ya que la diosa no era más una enemiga.
Fue un poco molesto que Johan confiera tan fácilmente en ella. Supongo que la confirmación por parte de las Bestias de Cristal de que ella siempre veló por su seguridad desde las sombras –antes de que todo en el Reino de las Gemas fuera cuesta abajo a causa de la Luz de la Destrucción–, como una madre que se ve forzada a dejar a su hijo por su seguridad, pero aun así hace lo posible para estar al tanto de su vida, pudo influir en eso.
Por mi parte, estaba seguro de que sólo habían ido a discutir «cosas de dioses». No sería la primera vez que estos seres hacían lo que querían sin preocuparse por informar a los «pobres e indefensos mortales» de sus decisiones.
En fin, preocuparme por lo que estaban haciendo no llevaría a nada, así que me concentré en poner en marcha mi propio plan. Primero, necesitaba encontrar a Fujiwara.
Fue un poco complicado dar con él. Incluso sin estar poseído por Darkness, es bueno para camuflarse en las sombras.
Necesitaba ser cuidadoso con respecto a cómo le preguntaría sobre lo que quería saber. En el pasado me había mostrado muy escéptico respecto a estos temas, en especial con Saio. Aunque, en mi defensa, debo decir que la adivinación no es precisamente la más confiable de las artes mágicas.
«La adivinación es un frágil intercambio entre un observador y aquello que desea ser visto. Toda predicción debe ser hecha con cuidado, ya que se corre el riesgo de alterar el destino de las personas; igual que es peligroso para quien posee el don practicar la auto-adivinación».
Suspiré. Por algún motivo, siempre que era momento de acercarme al esoterismo con una actitud más abierta, recordaba algún diálogo de Yuuko Ichihara.
—¿Necesitas algo? —me cuestionó Fujiwara cuando por fin lo encontré.
El alumno de tercero estaba sentado sobre una estatua que representaba a un «Petit Dragón» del templo de la diosa Gyakuten. Su mirada estaba fija en su espíritu de duelo acompañante, Honesto, quien se encontraba cerca de allí conversando con Lucifer. Recordé la culpa que había visto en la expresión de Honesto cuando Lucifer nos habló respecto a la caída del Dios del Juicio ante la Luz de la Destrucción. Supuse que Honesto se había puesto del lado de su padre durante la rebelión. Debía ser un golpe duro darse cuenta de que Lucifer siempre tuvo la razón. Al menos este Lucifer no tenía la reputación de «príncipe de las mentiras» que tanto molestaba a otro Lucifer en particular (pero tampoco tenía un club en Los Ángeles con alcohol, sexo y un demonio guardaespaldas).
Me obligué a concentrarme en lo que tenía que hacer. Ya tendría tiempo en otro momento para lamentar el hecho de que nunca llegaría a ver el final de esa serie (estúpido universo sin comics de DC).
—Por lo que pude ver en la reunión de anoche, puedo decir que está informado sobre espíritus de duelo y tal vez magia relacionada con ellos.
Era mejor ser honesto en estas cosas. En la magia, la intención lo es todo.
Aun así, Fujiwara me miró por un momento con el ceño fruncido.
—La magia de los espíritus no es algo con lo que deba jugar un niño.
Fruncí el ceño. Era un poco hipócrita de su parte, siendo que él tenía mi edad –bueno, la edad de mi cuerpo actual–, quince años entonces, cuando comenzó con eso y terminó liberando a Darkness.
Si no conseguía nada de él, mi otra opción sería Daitokuji, y no estaba seguro de que fuera sensato involucrarme con ese hombre. Es decir, se presentó como un aliado e incluso pareció ser leal a Haou, sin embargo, en realidad eso no significaba nada. Pedirle ayuda podría significar acabar como esos tres bobos estudiantes de Obelisco que terminaron invocando a Jinzo en el canon.
Hablando de ellos, se suponía que estaban en nuestro año y hasta ahora no los había visto. Bueno, tampoco es que conociera a todos los Osiris, siendo que actualmente éramos unos doscientos alumnos en Osiris. Además de que no socializaba mucho con otros estudiantes además del grupo «protagonista».
—Entiendo —dije—. Podría al menos darme algo de bibliografía.
Fujiwara bajó de la estatua de un salto y aterrizó en el suelo como si no fuera nada, siendo que tenía una altura de unos tres o cuatro metros. Era interesante como este mundo, a pesar de no ser un Shonen promedio, tenía personas capaces de hacer proezas como esa. Oh, bueno, sin contar el hecho de que, por algún motivo, practicar juegos de cartas místicos te mantiene en buena condición física.
El estudiante de Obelisco me miró un momento, como analizando mis intenciones.
—¿Por qué quieres saber sobre esto? —me preguntó.
—También tengo un vínculo con ellos, es decir, con los espíritus de duelo.
—¿Desde cuándo puedes verlos?
—Desde los siete años, casi ocho. —Tuve un recuerdo fugaz de algo más: ver sombras por el rabillo del ojo cuando se suponía que estaba solo… Tal vez en realidad los había visto desde hacía mucho antes que en esta vida. Es decir, a espíritus en general, no específicamente los espíritus del Duelo de Monstruos.
Fujiwara estaba viendo de nuevo en hacia el punto en el que Honesto conversaba con Lucifer.
—¿Cómo…?
—¿Cómo sucedió? —terminé por él. Sus palabras murieron en sus labios antes de terminar su pregunta. Recordé que Fujiwara tenía una historia un poco triste, relacionada con la muerte y su intención de deshacerse de cualquier lazo afectivo a fin de no volver a sufrir a causa de ellos.
Podía entender un poco por qué alguien querría hacer eso.
No creo que lo estés entendiendo: por más que lo intentes no podrás deshacer los lazos que has creado con otras personas. El simple hecho de conocer a alguien, así sea una breve mirada mientras se cruzan por la calle, ya produce un lazo entre esas dos personas y alterará sus destinos de manera significativa. Todo acontecimiento, sin importar lo pequeño que parezca, tiene un peso de importancia en nuestras vidas y en nuestro destino…
Muy bien, eso ya se estaba poniendo raro. No recordaba que Yuuko hubiera dicho algo como eso a Watanuki en su serie.
Asentí con la cabeza hacia Fujiwara, decidiendo ignorar por el momento las palabras de la Bruja de las Dimensiones.
—Sólo comenzó… —dije—. Cuando conocí a Judai. Por un largo tiempo, pensé que fue una consecuencia de eso. Pero, considerando las circunstancias que me trajeron a este mundo, ahora no estoy del todo seguro de que sea así.
Miré mis cartas.
—Cualquiera que sea la razón, hace casi ocho años que he podido ver a los espíritus, y desde entonces he formado una especie de… ¿Pacto? ¿Trato? No estoy seguro de cómo definirlo.
—Eso depende mucho de las circunstancias en que llegaron a ti —me explicó—. Un vínculo entre un humano y un espíritu se puede formar de muchas maneras diferentes.
—Entiendo. En todo caso, hasta ahora tengo un mentor, dos hermanos pequeños, un bebé y una tsundere.
—¡No soy una tsundere! —gritó Banshee apareciendo frente a mí con los brazos cruzados y fulminándome con la mirada.
—Bueno, si te queda el saco… —le respondí encogiéndome de hombros—. Además, negar que tienes un problema es la primera señal que lo tienes.
El espíritu resopló con enfado y luego desapareció.
—No veo que hayas tenido problemas para conseguirlos por ti mismo —comentó Fujiwara—. A menos que estés buscando a un espíritu en particular.
Asentí lentamente.
—Es algo así. Primero, quiero entender un poco más el asunto. Gracias a mis espíritus, las Bestias de Cristal, a Johan y a Judai he aprendido algunas cosas… Sin embargo, incluso con su experiencia, siempre es bueno tener otras referencias. En especial al inmiscuirse en asuntos sobrenaturales. Demasiados enfoques, demasiadas cosas que podrían funcionar o no.
Aunque en teoría todo el mundo puede aprender magia, no significa que todo el mundo pueda manejarla. Más aún al tratar con espíritus: los demonios, que en esencia eso son, no se ganaron su reputación de «estafadores» por nada.
—¿A quién estás buscando? —me preguntó.
—Al espíritu de Ha Des… Más o menos. Según supe por Banshee de Necromundo, fue derrotado. Más específicamente, pensaron que murió. Hasta que alguien usó algún antiguo método de Invocación para resucitarlo y manipularlo como su marioneta.
Fujiwara frunció el ceño.
—«Gobernante Oscuro Ha Des» es una carta poderosa. La única copia que se conoce es la que Ryo Bakura utilizó en Ciudad Batallas.
—¿Necesito la carta para Evocar al espíritu?
El estudiante mayor asintió.
—¿Sabes la diferencia entre Evocar e Invocar?
—¿Hablando desde el punto de vista esotérico y no del duelo? —Asintió afirmativamente—. Evocar es llamar a algo para consultarlo, generalmente fuera del círculo mágico. Se suele creer que los círculos son para contener a los entes que se Evoca, pero en realidad es lo contrario: los círculos mágicos, o de Evocación, protegen al taumaturgo funcionando como una barrera entre él y los seres a los que llama; siempre que pueda mantenerse puro e intacto y el Evocador no cometa la tontería de abandonar el círculo antes de asegurarse de que aquello a lo que llamó se ha marchado de verdad.
»Invocar, por otro lado, es llamar a un ente y permitirle posesionarse del cuerpo del Invocador.
En realidad, eso explicaría por qué el incidente de Jinzo terminó tan mal para esos pobres estudiantes de Obelisco. Invocaron al espíritu, pensando que era lo mismo que Invocar en un duelo, cuando lo que debieron hacer era Evocarlo. Lo cual a su vez me hizo recordar una lección que cierto hombre tuvo que aprender por las malas: «Le recomiendo que no llame a su presencia a nadie que no pueda dominar, es decir, a nadie que pueda conjurar a su vez algún poder contra el cual resulten ineficaces sus más poderosos recursos». Esos tres habían aprendido dicha lección por las malas, aunque, a diferencia de otros, sobrevivieron.
—Siempre me ha llamado la atención que en el Duelo usemos el término Invocar a la hora de llamar a uno de nuestros monstruos —comenté.
—En un sentido estricto, es correcto —me explicó Fujiwara—. Cuando un duelista llama a uno de sus monstruos, contenga un espíritu o no, está alimentando su poder con su propia energía vital…
—La Energía de Duelo. —Volvió a asentir.
—En ese caso se puede decir que es una Invocación dado que, si es un verdadero duelista, conectará su alma con sus monstruos a la hora de la batalla. Una posesión no necesariamente significa que el espíritu se apodere completamente del médium que lo canaliza.
Me pregunté por qué Fujiwara no estaba en la «otra Academia». Tal vez se debía a que él no nació con esa capacidad natural de interactuar con espíritus, sino que la aprendió mediante la disciplina y el estudio de la magia. También podría haber una diferencia entre ser un duelista psíquico y tratar con los espíritus desde el punto de vista esotérico. Era probable que tener la capacidad de hacer daño real con un monstruo no tuviera que ver tanto con el espíritu de dicho monstruo, sino con la habilidad latente del propio duelista para darle cuerpo a un holograma, más allá de lo que permitía la Visión Sólida. Eso explicaría por qué la profesora Akemi y los otros investigadores no habían encontrado algún patrón que conectara la capacidad de ver a los espíritus con la de ser un duelista psíquico y porque algunos podían verlos y otros no.
Sería interesante que Mokeo y Fujiwara hablaran al respecto. Ciertamente, no me molestaría ver un debate entre ambos sobre ese tema.
—Parece que sabes más de lo que muestras —dijo mientras veía a Honesto. Su charla con Lucifer parecía haber terminado y ahora se acercaba a nosotros una vez más—. Respecto a tu pregunta anterior, no necesariamente necesitas la carta del espíritu que deseas Evocar, pero ayuda. El hechizo de rastreo funciona mejor si tienes algo que pertenezca o represente a lo que deseas llamar.
Era comprensible. La carta de un monstruo debía ser el equivalente a una fotografía, las cuales eran empleadas para realizar ciertos conjuros como amarres, maldiciones y evocar protección de ciertos entes hacia otras personas. Los objetos personales también se usaban mucho, por ejemplo, en el vudú a la hora de elaborar los muñecos, los cuales, contrario a la creencia popular, podían ser usados tanto para sanar como para herir a otros.
Fujiwara comenzó a alejarse.
—Te enviaré algunos libros con Fubuki. Sin embargo, tengo que pedirte que no intentes nada hasta que hayas leído muy bien esos libros y hayamos tenido tiempo de discutir su contenido.
Hice una mueca tras a su mención de Fubuki. Seguro trataría de inmiscuirse. Más tarde, me di cuenta de que Fujiwara lo hizo precisamente por eso: fue una forma de asegurarse de que no intentara nada sin «supervisión adulta». Bueno, de todas maneras, tenía algo que hablar con él, aunque luego me arrepintiera de eso.
—Muchas gracias, superior Fujiwara.
Hizo un gesto de despedida con su mano y siguió su camino para reunirse con Honesto.
—¿Cómo es que sabes tanto de estas cosas? —me preguntó Banshee—. ¿Eres un hechicero?
—Tal vez lo soy —respondí. Había demasiados huecos en mi memoria, sin embargo, los pocos que comenzaba a llenar, me estaban conduciendo en esa dirección.
Tal vez mi gusto por esos temas no se debía a mera curiosidad, sino a un conocimiento real en la materia. Recordé el instinto que me invadió cuando Gyakuten intentó «separarme» de este mundo. ¿Qué iba a hacer con mi sangre?
Los insectos zumbaron con fuerza en mis oídos.
—¿Quieren que recuerde sobre la magia, pero no lo que iba a hacer en ese momento? —murmuré.
Tenía que analizar las pistas, más allá del zumbido y los recuerdos relacionados con él.
—¿De qué hablas? —escuché a Banshee preguntarme con preocupación.
—Los insectos están zumbando en mi mente —dije mientras me miraba la mano derecha, específicamente a mi dedo índice, ahora cubierto por un curita. El mismo que mordí para…
Los insectos zumbaron más insistentemente. Me aseguré de que nadie estuviera prestándome atención. Arranqué la pequeña tira de mi dedo, siseando un momento por el dolor. Luego volví a morder mi dedo para reabrir la herida y que sangrara.
El murmullo de los insectos… Las pesadillas que me habían atormentado toda mi vida… Los libros que no deberían existir y, sin embargo, lo hacían… La cámara de Umr At-Tawil… Yog-Sothoth…
En ese breve momento en el que la Diosa liberó las cadenas, yo supe lo que tenía que hacer para que los insectos se callaran. Todavía lo sabía. No podías ser lector de Lovecraft sin saber eso.
No lo hice en el suelo como pretendí antes, sino en la palma de mi mano izquierda. Los insectos zumbaron furiosos. Usando mi propia sangre dibujé una estrella de cinco picos y un ojo al centro de esta. Al instante los insectos callaron.
Suspiré aliviado, mientras miraba el Símbolo Arcano dibujado en mi mano.
—¿Qué…?
—Esto —interrumpí a Banshee— es el Símbolo Arcano. Fue creado por… No puedo decir su nombre, a veces adopta la forma de la diosa griega Atenea. En fin, el asunto es que es un sello.
—¿Qué clase de sello? —preguntó con cautela. Considerando que era un espíritu, y el de un hada del folclore irlandés ni más ni menos, debía estar acostumbrada a esas cosas.
—De los fuertes. Fue diseñado para apresar a seres de más allá de las estrellas que esparcen caos y destrucción a cualquier lugar al que entran.
Entrar era la palabra correcta. Siempre presionando, siempre intentando entrar.
—¿Funcionará? —preguntó Banshee—. No soy experta en la magia, aun así, ese símbolo…
—Como todo sigilo, sólo funcionará mientras haya una voluntad fuerte detrás de él. Por ahora, mantendrá a los insectos callados.
«Pero tarde o temprano volverán… Siempre lo hacen, hasta que logren su objetivo, como han hecho con tantos otros…»
Banshee pareció que quería agregar algo más, sin embargo, algo lo impidió. Judai, Haou, Yubel y Gyakuten estaban de regreso. Imaginé que eso terminaba la aventura de momento.
No me equivoqué. Unos instantes más tarde, hubo un resplandor y ya no estábamos más allí, sino en una cueva común y corriente, en la cual los espíritus no eran visibles para cualquier que no pudiera verlos.
Incluso sin la magia de la Diosa, el lugar era amplio. Y, por supuesto, estaba lleno de cartas, muchas más de las que pensamos y no todas ellas precisamente «malas».
Mientras el profesor Daitokuji, Ryo, Fubuki y Fujiwara se ocupaban de montar la escalera de cuerda que usaríamos para salir de allí, el resto del grupo miraba las cartas en las paredes y el suelo sin saber muy bien que hacer.
—Así que —Asuka fue la primera en hablar—. ¿Eso es todo? ¿No vamos a hacer eso para lo que venimos?
Judai miró a Haou, quien asintió.
—Pueden tomar las cartas que quieran de aquí —dijo—, pero, si al tomarla, una carta no está tibia, déjenla. Eso significa que el espíritu de esa carta no quiere ir con ustedes. —Miró a Junko y a Momoe un momento—. No importa lo linda que sea, si no quiere ir con ustedes, no la obliguen.
—Pero… —comenzó Rei.
—Por favor —la interrumpió Judai.
—Creo que es muy triste quedarse aquí.
—¿Viste ese lugar al que fuimos? —le preguntó Judai—. Bueno, esto que vemos aquí es sólo la entrada a ese sitio. Esos espíritus han decidido convertir este pozo en su hogar, así que, si los obligamos a dejarlo, es como si les quitáramos su casa una vez más.
Rei asintió, antes de alejarse de Judai e ir en busca de cartas.
Sin prestar mucha atención a lo que hacían los demás, me senté en un rincón, teniendo cuidado de no pisar las cartas mientras avanzaba. Fue complicado: de verdad eran muchas de ellas.
Miré a mi alrededor, tratando de identificar la mayor cantidad de cartas. Encontré un par de «Petit Dragón», «Amante Feliz», «Sirviente de la Calavera», entre muchos otros monstruos vainilla de nivel bajo. También había cartas mágicas como «Medicina Roja», «Chispas» y, por algún motivo, una copia de «Daga Mariposa - Elma».
—¿Por qué alguien se deshizo de esto? —pregunté mientras la recogía. No estaba prohibida en este mundo, así que no había motivos para que esa carta fuera desechada.
—¿Algo interesante? —me preguntó Daichi.
—Al parecer alguien pensó que era una buena idea deshacerse de una de las mejores cartas del juego.
Le mostré la carta a Daichi.
—Hay muchas personas que creen que 300 puntos no son nada. Además, la carta del «Guardián Elma» es muy complicada de conseguir.
Negué con la cabeza.
—El bono de ataque o su monstruo guardián son lo de menos. Su segundo efecto es lo verdaderamente bueno de esta carta.
—Sí, es interesante —admitió él—. Pero muchos otros equipos se autorreciclan a sí mismos desde el Cementerio.
—Pero no vuelven directamente a la mano —le dije—. Imagina esto: tienes un mazo especializado en el uso de Contadores Mágicos, a «Gearfried el Caballero de Hierro» en el campo y robas esta carta…
Daichi no es el estudiante más inteligente de nuestro año por nada. De inmediato captó la idea:
—Tendrías Contadores Mágicos infinitos.
—Combina esas dos con «Librería Mágica Real» y podrás robar todo tu mazo en un turno para ganar con Exodia. Será un turno largo y tedioso, pero un triunfo seguro mientras el oponente no tenga alguna carta que deshaga el combo negando alguna de sus piezas.
Me rasqué la cabeza.
—Este mundo es de locos. Por este motivo esta carta estaba prohibida en mi mundo y nunca iba a salir de la Banlist, a menos que fuera con una de esas erratas de «pero destiérrala cuando deje el campo».
»Pasó lo mismo con el bucle infinito de las dos Mantícoras con "Carta de Retorno Seguro". ¿Qué tienen contra los bucles infinitos?
—Qué son poco honorables —me respondió el Kaiser.
—Supongo. —Me encogí de hombros—. En mi mundo la Banlist comenzó porque hubo un formato entero en el que todos buscaban hacer eso. ¿Han oído del Yata-Lock?
Procedí a explicarles el infame combo que provocó que Konami y Upper Deck tomaran la decisión de prohibir cartas en el TCG.
Daichi me miró un momento antes de responder:
—Supongo entonces que es una suerte que el Dragón Emperador del Caos esté prohibido y «Yata-Garasu» sea una carta exclusiva que se dio como premio en un torneo.
—Sí, eso es cierto…
Me quedé viendo una de las cartas en el suelo. Era un monstruo normal, nada inusual para el lugar en el que estábamos. La carta representaba a un dragón, o más bien una serpiente, de color azul que parecía estar formado por una constelación.
No debería haberme sorprendido después de ver al «Dragón de Labradorita», pero aun así resultaba un poco extraño ver una carta como esa allí, física.
—¿Qué hay con ella? —me preguntó Daichi.
Incluso Ryo tenía una ceja alzada.
Me agaché a recoger la carta. Estaba fría, lo que significaba que no quería venir conmigo.
—¿Ven algo peculiar en ella? —les pregunté.
—Un monstruo normal, Nivel 2 con 1000 de ataque y 0 de defensa —enumeró Daichi—. No me extraña que la dejaran aquí. Hay quienes sólo ven los puntos de ataque.
—Dudo que alguien de la Academia haya dejado esto aquí.
Revisé más a fondo las cartas a mi alrededor. Si había uno de esos entonces, tal vez…
—¿Cantante? —me preguntó Ryo. Tenía la carta de la «Serpiente de la Galaxia» en su mano—. ¿Qué significa eso?
—Es una clase de monstruo que se usa para una Invocación por Sincronía —le respondí—. Por eso es que el Deck de Fusiones cambió su nombre a Deck Extra. Si hay uno de esos tal vez haya Sincronías.
Sin embargo, no pude encontrar ninguna. Muchas cartas verdes, violetas, amarillas; unas pocas naranjas y moradas. Nada de blanco o negro que indicara Sincronías o Xyz.
Supuse que tenía sentido. Si la Diosa no mintió sobre el caos que esas Invocaciones causaron en el Mundo de los Espíritus, sería extraño que alguna de ellas estuviera aquí, aunque ese Cantante pudiera indicar algo diferente.
Tampoco encontré más Cantantes. Eso no quería decir que no abriera muchas posibilidades: esas cartas estaban llegando al mundo humano, probablemente escapando del caos en el que se había convertido su mundo.
Eso no era algo inusual. Mokuba había hablado sobre ese fenómeno antes. Sin ir más lejos, el Dragón de la Luz y la Oscuridad de Manjoume hizo eso en el pasado. Además, la diosa Gyakuten mencionó que ese lugar se había convertido en un refugio para los monstruos que escapaban de ese caos en su mundo.
Por supuesto, tuvimos que dejar la carta allí, ya que no quería ir con ninguno de nosotros.
No hubo más tiempo para hacer nada. El profesor Daitokuji nos pidió que saliéramos del pozo.
Miré a la profesora Midori. Ahora que había confirmado que sus estudiantes estaban bien, parecía haberse retraído en sí misma y sólo contemplaba el lugar con aparente indiferencia. En ningún momento Lucifer desapareció de su lado.
Me pregunté una vez más que podría haberle pasado para que tuviera esa reacción con respecto a los espíritus. Los meses que me dio clase de niño siempre fue una persona centrada, amistosa y con sentido común. ¿Tendría algo que ver con la desaparición de su hermano? Por lo que recordaba del manga, que no era mucho, Koyo Hibiki estaba en una especie de coma, de esos que eran frecuentes al perder un Juego de lo Oscuro. Sin embargo, no había escuchado que el joven prodigio del duelo estuviera enfermo o algo así. Simplemente, un día dejó de aparecer convirtiéndose en uno más de esos fenómenos de «desaparición misteriosa» que eran tan frecuentes en Japón; aunque, personalmente, dudaba que fuera uno de esos casos de una persona que se harta de su vida y decide marcharse sin avisar a nadie, dejando atrás trabajo, familia y deudas.
Por supuesto, la primera orden del día luego de esa aventura fue una visita a la enfermería. Cabe decir que la profesora Emi no estaba feliz de vernos allí y no perdió el tiempo en echar en cara a Daitokuji por el estado de sus alumnos. Debo decir algo: esa mujer da miedo. No creo que la forma en que Daitokuji se comportó con ella haya sido parte de su bien montada actuación de profesor bonachón del dormitorio más bajo.
La profesora Emi parecía también querer decirle algo a la profesora Midori, pero decidió postergarlo hasta asegurarse de que la expedición no le significo ninguna herida grave.
El profesor Chronos entró en la enfermería poco después. Nos miró uno a uno y luego se detuvo en Judai.
—No podían esperar, ¿verdad? Tienen que preocuparme tan pronto comenzó el año escolar.
—Lo siento —se disculpó Judai, mientras se rascaba la nuca.
Chronos simplemente suspiró.
—Supongo que pudo ser peor. —Me miró un momento—. Pero, de verdad, entre menos viajes hagan a la enfermería, mejor, ¿no creen?
—De acuerdo —murmuré. Nada contra la comida japonesa, simplemente, pasar una semana con la comida insípida de hospital me hizo extrañar aún más los tamales, los tacos, el mole y las enchiladas. Quién sabe, si me las arreglaba para no agotar la paciencia de mi tío, tal vez podría convencerlo de ir a México de vacaciones durante el verano.
Chronos asintió con dureza.
—Les aconsejo tratar de mantener sus aventuras de lado por un momento —dijo—. Ahora que los primeros exámenes de ascenso pasaron, viene la primera gran prueba para los novatos: la elección del representante de la Academia de Central para el Inter Escolar.
Casi había olvidado eso. Si no mal recordaba, ese duelo debía suceder unas pocas semanas luego de los exámenes.
—¿Kaiser no nos representa? —le pregunté.
—Mi trabajo es asegurarme de que el novato elegido esté listo —me contestó él.
—Eso mismo —concordó Chronos—. Normalmente, se hace este anuncio hasta que los resultados se entregan el lunes, pero esta vez no veo porque esperar. Sabemos que uno de ustedes será nuestro representante este año, ¿no creen?
No tuvo que especificar que se refería a quienes estábamos en primer año.
—Me pregunto a quién será —dije.
Manjoume no tenía su orgullo herido y era mucho mejor duelista que en la línea del tiempo original, así que por lógica el asunto estaba entre él y Judai. Aunque, eso era sin contar el hecho de que Johan estaba allí, al igual que Haou; y los demás se habían vuelto mucho más fuertes.
—Sabremos quién tiene la delantera mañana —dijo Fubuki—. Aunque, puedo adelantarles que es un evento muy interesante. Ryo lo tuvo complicado cuando nos representó hace dos años.
—La Academia Norte debe ser mucho más fuerte —comenté en voz alta.
—No sólo ella —me aclaró Fubuki—. ¿Creen que debemos decirles? —cuestionó a Ryo y Fujiwara.
—Lo sabrán mañana de todas formas cuando el director haga el anuncio oficial —dijo Fujiwara.
—Cierto. Bueno, para que no duerman esta noche: el Inter Escolar es un Battle Royale, ¡el mejor novato de cada academia se enfrenta contra sus rivales en un "todos contra todos"! ¡Como en Ciudad Batallas!
No esperaba eso.
Judai y Johan prácticamente saltaron de emoción.
—¿Están de broma? —le pregunté.
—Es cierto —confirmó Hayato—. Es la manera que Seto Kaiba encontró de unir más a las Academias. Cada año toca en un campus diferente. Este año, el representante y una comitiva de alumnos viajará un fin de semana al Campus de Norte América para el evento a comienzos de julio.
—¿Norte América? —los cuestionó Asuka.
—Se supone que sólo hay cinco campus de la Academia de Duelos —estuvo de acuerdo Rei.
—No más —nos aclaró el profesor Chronos—. Corporación Kaiba e Ilusiones Industriales adquirieron el cuarenta por ciento de la Academia Norte Americana de Duelos el año pasado. Oficialmente, a partir de este año el duelo Inter Escolar será entre seis estudiantes de los seis campus.
»Durante el siguiente mes, los de primer ingreso competirán por ver quién será nuestro representante.
—¿No es un poco injusto que nos avisé antes que al resto? —le pregunté al profesor.
—Normalmente, pero no me engaño: creo que es claro quién será nuestro representante, ¿no creen? —Estaba viendo a Judai.
Eso había pasado en el canon, sin embargo, con tantos nuevos factores, ¿volvería a ser lo mismo?
Me di cuenta de que Chronos decidió revelar esa información antes de tiempo para animar un poco las cosas tras el desastre de ese día.
La profesora Emi finalmente nos dejó salir.
- GX -
Durante el resto de la tarde todo lo que queríamos hacer era descansar, así que la mayoría nos despedimos y volvimos a nuestras habitaciones. Por supuesto, no sin antes quedar de reunirnos de nuevo lo más pronto posible para discutir más a fondo todo lo que había sucedido ese fin de semana.
Poco después de la cena, recibí un mensaje de Fubuki.
Fui a reunirme con él en la puerta del dormitorio. Traía una pesada bolsa de nilón.
—Me debes una, hermanito. Esas cosas de verdad que son pesadas.
Por la forma de la bolsa, era claro que estaba llena de libros. Al menos tres, de gran tamaño.
—¿Por qué no pueden prestarse libros de bolsillo o, mejor aún, electrónicos?
—Supongo que el superior Fujiwara manda eso.
—Sí —respondió—. ¿Sabes que podrías haberme preguntado? ¡Se supone que yo debo ser tu mentor!
—¿Me ha enseñado algo que no tenga que ver con ligar?
Fubuki entrecerró los ojos.
—Ni siquiera eso. ¡Nunca quieres acompañarme!
Hice una pequeña mueca. Recordé lo que pasó con la Diosa unas horas atrás, ese momento en que las cadenas que sellaban mis memorias se debilitaron lo suficiente para ver un poco de lo que escondían.
—Creo que sé por qué no puedo aceptar eso —dije—. Había alguien… —Sentí un pequeño dolor en mi pecho—. No estoy seguro de si había un juramento como el de Judai a Yubel. Sólo sé que le hice una promesa, una muy importante.
Fubuki me miró con seriedad.
—¿Qué pasó?
—Tengo la impresión de que…, ambos morimos. —Negué con la cabeza—. Como sea, esa promesa fue lo suficientemente importante como para que… «La muerte no es una excusa para romper una promesa».
Tomé los libros.
—¡Espera! —me llamó Fubuki—. No puedes dejarme sólo así. ¡Quiero el chisme completo!
—Eso es todo. No alcancé a ver más. Aunque, sí sé una cosa: ¡jamás pude ganarle en un solo duelo! Ella era mejor que yo sin importar cuanto lo intentara.
Comencé a alejarme de nuevo.
—¡Espera, hermanito!
—No hay nada más —le dije—. Sólo quería que supiera por qué no puedo ir a ligar con usted.
—No es eso. Ryo quiere hablar contigo, mañana después de clases en la oficina de Chronos.
Parpadeé un par de veces. ¿Por qué no me envió un correo electrónico? No veía razón para pedirme eso a través de Fubuki.
—No quieren dejar registro —me aclaró él intuyendo lo que pensaba—. No es que estés en problemas o algo así, sólo quieren hablar.
Se despidió con un gesto de su mano y me dejó con más preguntas. Tal vez sólo querían hablar del otro mundo, bueno, del duelo en el otro mundo y las otras invocaciones. Creí que ese era el pensamiento más lógico al respecto.
Cuando entré en mi habitación, sólo Johan estaba allí. Como era costumbre de Haou, había desaparecido en algún lugar luego de la desastrosa excursión.
—¿Qué tienes allí?
—Libros de magia —le respondí.
Abrí la bolsa y extraje no tres, sino cuatro libros. Ahora veía porque Fubuki se quejaba: eran cuatro tomos gruesos, con hojas como de pergamino y escritos en un inglés que parecía ser anterior al siglo XIX.
Entendí por qué Fujiwara quería que discutiera el contenido con él antes: quería cerciorarse de que entendiera algo de esos libros antes de intentar nada.
«Al menos no son de los que devoran almas», pensé.
