Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Respuesta a Reviews Anónimos/invitados:
Roxas Strife
Jaja. Iba a hacer la broma de Hogwarts en el capítulo, pero se me olvido ya a la hora de redactar la última parte. Bueno, recuperé una referencia sobre eso en este capítulo. Kenichi como mago estaría más cerca de un nigromante, así que los zombis son adecuados para él. Además, los vampiros son expertos en eso y magia de sangre. Aleister tendrá su momento para brillar, no por nada se hacen tantas referencias a él.
Sabremos más de la misteriosa novia de Kenichi conforme recuperé más recuerdos. Aunque todavía no sé si la veremos o no. Por el lore de Kenichi, debería ser así, pero nunca se sabe. Los dioses podrían no querer que ella aparezca.
Malon 630
Siento haber tardado tanto en responder y públicar. Como Kakashi, me perdí en el camino de la vida (que en este caso es una PC dañada y unos detalles familiares que me arrojaron al fondo y a jugar Skyrim por muchas horas para tratar de olvidarlos).
Gracias a todos los que comentaron, han dejado follows y favs. Y una disculpa por tardar tanto en sacar este capítulo.
Creo que a partir de este capítulo responderé los reviews anónimos editando el capítulo para agregarlos al final. De esa forma no tardo tanto en responderlos. Las respuestas las estaría añadiendo los fines de semana, si hubo reviews esa semana.
De nuevo, una disculpa por tardar tanto.
LIBRO III
Capítulo 40
Respetar el Juego
[Trampa/Continua]
Durante sus respectivos turnos, cada jugador debe mostrar su mano a su adversario.
No puedo decir que los libros que Fujiwara me envió hayan sido una completa decepción, simplemente fueron… diferentes a lo que esperaba. No eran en sí lo que uno puede entender como «libro de magia», sino que más bien algo que se puede ubicar entre un libro de texto y una especie de manual de teoría espiritista.
Decidí revisarlos por encima la misma noche en que los recibí. En esa revisión inicial, no me pareció que hablaran de los típicos fraudes como el de las hermanas Fox –famosas por comunicarse con supuestos fantasmas mediante el método de «un golpe es "sí" y dos es "no"»–. No obstante, sí que había muchas referencias a Madame Blavatsky, aunque no me quedó claro si, como en el otro mundo, en este ella era una figura controvertida de la teosofía que se movía peligrosamente en el filo entre el fraude y la auténtica clarividencia.
En resumen, al menos el primer libro era más sobre teoría de espiritismo que de magia ceremonial o de algún otro tipo. Supongo que tiene sentido, ya que la magia de este mundo está fuertemente ligada a lo espiritual.
Por supuesto, encontré algunas referencias más a Aleister Crowley. Esto me confirmó que, a diferencia de lo que pensé antes, estaba ante un texto moderno y no algo escrito hacía más de un siglo, a pensar del lenguaje anticuado. Sin embargo, esta nueva información no era algo que fuera más allá de lo que ya había aprendido años atrás sobre él gracias a Saio, y lo que pude encontrar más tarde en Internet: sus viajes por Egipto, la escritura de El libro de la Ley, la fundación de Thelema, y su posterior desaparición en Boca do Inferno, Lisboa.
Tampoco podía culpar al libro –más bien a su autor– por esto. La información sobre El Invokador era realmente escasa. Más allá de su propio manual para la lectura del Tarot, con su correspondiente baraja personalizada, el Tarot de Thoth, esta versión de La Bestia dejó muy poco material escrito. Sus seguidores, de igual forma, guardaron silencio sobre muchas de sus enseñanzas. Esto, sumado a su repentina desaparición, le confería un aura de misticismo a su figura incluso mayor de la que ya tenía en mi mundo.
No había olvidado mi hipótesis respecto a cuál pudo ser su destino. ¿Era realmente el Aleister Crowley de este mundo «Aleister, el que Invoka»?
Terminé de dar una ojeada por encima al primero de los libros con un poco de decepción. Tal vez me había hecho demasiadas expectativas. ¿Qué esperaba encontrar realmente? ¿Un libro que bien podría haber salido de la biblioteca de Hogwarts? ¿Un grimorio que me daría el conocimiento de algún hechizo mágico, autodestruyéndose en el proceso, como en Skyrim? ¿Algún tomo de hechizos arcanos y prohibidos como el De Vermis Mysteriis, los Manuscritos Pnakóticos o el temible Necronomicón de Abdul Alhazred?
Me estremecí al pensar en el último nombre. Por un momento los insectos volvieron a zumbar a pesar del Símbolo Arcano aún grabado en mi mano. Repetir mi mantra para sacar esas ideas de mi mente tampoco parecía estar ayudando más. Mi memoria volvió una vez más a la Puerta Suprema y los temibles secretos que esperaban más allá de ella.
«Yog-Sothoth seduce a los hombres versados en la magia, ofreciéndoles conocimientos prohibidos y secretos. Si estos aceptas su bendición, será capaz de abrir una puerta a sus mundos para destruirlos o saquearlos… Se dice que Yog-Sothoth visita constantemente a Azathoth. Si cuando Yog-Sothoth aparece se escuchan sonidos de flautas, significa que acaba de estar en compañía de dicho dios».
Cerré el libro con fuerza. Iba a tomar el siguiente, pero me di cuenta de que ya era muy tarde y tenía clases por la mañana. Luego de todo el agotamiento causado por Ferenc durante casi un mes, lo que menos que debía hacer ahora era perder tiempo valioso de descanso… Sobre todo si consideraba lo que venía.
Johan ya estaba listo para dormir, así que le deseé buenas noches y fui al baño a ponerme mi ropa de cama.
Haou aún no había regresado cuando apagué las luces del dormitorio.
A pesar de mi intención de dormir, me quedé despierto con la mirada fija en la parte inferior de la litera de arriba. Al poco tiempo la habitación quedó inundada por la respiración y los murmullos de mi primo. Johan siempre hablaba sobre comer pasteles mientras dormía. Claro, lo hacía en noruego, pero luego de los últimos tres años compartiendo habitación con él, había aprendido un poco de vocabulario. Era agradable oírlo soñar con pasteles, considerando que, cuando me mudé a casa del abuelo, Johan solía tener muchas pesadillas, supongo que relacionadas con lo que sucedió en Alcatraz.
Hablando de malos sueños, cada vez que cerraba los ojos volvía a ver la Puerta Suprema. No sabía si era sugestión por mi sueño de esa mañana, o algo más. ¿Había soñado con la Puerta mucho antes de que Erzsébet despertara esos recuerdos? Durante mi vida me había acostumbrado tanto a las pesadillas, que no estaba muy seguro de que hubiera sido así. En especial porque rara vez recordaba lo que había soñado al despertar –lo cual tampoco es inusual–, salvo por ese poderoso recuerdo de la noche en que morí.
Últimamente, sin embargo, los sueños eran mucho más complicados. ¿El sueño con la puerta se desbloquea a causa de que alimenté a Erzsébet con mi sangre? Cuando lo hice, fue como si eliminara una especie de sello en mis recuerdos de otra vida, de eso no tenía la menor duda. A causa de esto, ella vio cosas sobre los libros que se suponía que debía encontrar. Desde ese día, mis sueños se habían vuelto más nítidos, hasta llegar a la puerta y lo que hay más allá de ella.
Horas atrás, Gyakuten me había llevado al borde de la muerte, al igual que Erzsébet, y eso influyó para desbloquear más de mis recuerdos. Un niño y una niña, además de ella. Le había dicho a Fubuki sobre ella porque sentía que si no lo decía a alguien, el recuerdo iba a desvanecerse y eso sería insoportable… Más de lo que ya era…
—¡Cuida más tus palabras! Los compromisos no se toman a la ligera… Pero, si estás dispuesta a pagar cualquier precio, entonces, lo haré. Concederé tu deseo…
Me removí en la cama, agotado pero incapaz de dormir.
¿Cuál fue el precio que ella pagó por su deseo? Solamente de pensar en eso, sentía como si mis entrañas estuvieran siendo estrujadas.
En algún momento me quedé dormido. No soñé con La Puerta. En realidad, no creo haber soñado nada. Fue como si, por una vez, alguien hubiera decidido que me había ganado un pequeño respiro.
- GX -
A la mañana siguiente, el dormitorio Osiris amaneció con sus estudiantes sumergidos a partes iguales en la incertidumbre, los nervios y la expectativa. Ese día se entregaban los resultados de los exámenes de mayo y todos querían saber si su nivel en el dormitorio había aumentado o no.
Incluso Junko y Momoe, a pesar de todo lo que había ocurrido el fin de semana anterior, estaban más nerviosas por sus resultados que por los asuntos sobrenaturales que rodeaban a la Isla Academia. Para el resto del grupo no era así. Tuve que esquivar demasiadas preguntas sobre el estilo de juego de mi mundo de parte de Sho, Daichi y, un poco menos, de Johan. Edo era el más reservado al respecto, pero incluso él me miraba como si fuera un libro de texto. Podía entender su curiosidad respecto a los otros tipos de invocaciones, no obstante, no quería tener que repetir lo mismo varias veces.
—Esta noche, después de la cena —les prometí. Aunque, eso sí, iba a obligar a Judai y a Johan a ayudarme. A Judai porque tenía un conocimiento aceptable de la Invocación por Sincronía gracias a los recuerdos del futuro, de donde sea que estos hayan salido. Y a Johan porque él ya había escuchado una amplía explicación sobre la Invocación Péndulo. Incluso llegamos a practicarla. En una mesa, claro.
Hayato también estaba dispuesto a responder preguntas, dado que estaba más informado que el resto sobre cómo iba la aplicación de las nuevas reglas en el juego de ese mundo.
Eso me recordó que tenía que hablar con Pegasus y Yugi –y tal vez con Kaiba también– sobre el hecho de que las nuevas invocaciones estaban haciendo estragos en el Mundo de los Monstruos de Duelo. Tal vez no había nada que ellos pudieran hacer al respecto, pero era un factor, uno muy grande, a considerar. ¿Qué nos daba la garantía de que la Luz de la Destrucción estaba en la Tierra? Es decir, si pudo influenciar al Dios del Juicio, ¿significaba eso que podía ir y venir a voluntad entre cualquiera de las Doce Dimensiones? Si era así, ¿podría ir al Mundo de los Monstruos de Duelo para poner de su parte a los nuevos clanes que surgieron debido a las nuevas invocaciones?
Me estremecí de pensar que la Luz de la Destrucción pusiera de su parte a los Señores Dragón, a los Artistamigos junto con los magos o, en general, a cualquier arquetipo que hubiera sido un Tier Zero. Era poco probable que la Luz respetara la lista de cartas baneadas.
No pude concentrarme mucho en mis clases de ese lunes debido a esas dudas. Sabía por Banshee que al menos la invocación por Sincronía era ya conocida en su mundo desde hacía mucho. La Invocación Xyz acababa de aparecer unos cuantos años atrás, sumiendo a su mundo en el caos. ¿Fue acaso al mismo tiempo que en el mundo humano fue posible ejecutar la Invocación Xyz de la manera correcta?
Banshee no sabía nada sobre los Péndulos ni sobre los Monstruos de Enlace. ¿Habían surgido ya? Tenía que ser así, al menos en el primer caso, puesto que Pegasus había conseguido crear monstruos Péndulo con éxito. No sabía aún nada sobre los Enlaces.
Los resultados de los exámenes se publicaron durante el almuerzo. Edo, Asuka, Rei, Sho, Daichi, Johan y Judai tenían la opción de decidir avanzar a Ra o no. Puedo intuir que tanto Haou como Jun estaban en la misma situación que ellos. Por supuesto, dudaba que alguno de ellos fuera a mostrarnos sus calificaciones.
Yo podría haber tenido la misma opción de avanzar a Ra, si no hubiera ido a perseguir espíritus potencialmente peligrosos a las tres de la mañana. Mi castigo por romper las normas más importantes –violar el toque de queda y tener un duelo ilegal– me significó estar atascado en mi nivel de dormitorio hasta que el Comité de Disciplina considerará que había aprendido la lección. Pudo haber sido peor. Podrían haberme degradado en lugar de dejarme atrapado en el nivel superior de Osiris por tiempo indefinido.
Tuve suerte de que la profesora Akemi y la profesora Midori fueran asignadas por la dirección como las responsables de mi castigo. Si hubiera dependido de la presidenta del Comité de Disciplina, la señorita Igarachi, habría sido mucho peor. Podía imaginarla yendo a «arrestarme» a primera hora de la mañana, como había hecho con Judai y Sho en el canon. Tal vez, de haber sido el caso, pude haber sido yo el que hubiera tenido que enfrentarme a un duelista profesional para decidir si me expulsaban o no.
Regresemos a las calificaciones.
Junko y Momoe estaban satisfechas de haber alcanzado el nivel medio de Osiris. Si seguían esforzándose, tal vez podrían llegar al nivel superior o a Ra para el trimestre luego de las vacaciones de verano. Sinceramente, luego de todo el trabajo que tuve que hacer para ayudarlas a subir sus notas, estaba feliz de que lo lograran. Por supuesto, nunca iba a decirle eso a Junko en voz alta.
Cuando terminó la última clase, me apresuré a guardar mis libros.
—¡Vamos, Kenichi! —me urgió Sho—. Los demás nos esperan en la tienda de la señorita Tome.
—Sí, vamos a celebrar que todos conseguimos avanzar de nivel —añadió Johan.
—Lo siento. Tengo que ir a la oficina del profesor Chronos.
Eso los desanimó un poco. Me di cuenta de que Momoe estaba parada en la puerta viendo en nuestra dirección. Eso me sorprendió un poco. Normalmente, ya habría ido a buscar a Junko, para luego ir a reunirse con alguna de sus compañeras de cuarto y hacer… lo que sea que hicieran. Hablar de Fubuki, tal vez.
—¿No viene con nosotros? —preguntó acercándose.
—¿Celebrarás con todo el grupo? —le inquirí a ella por mi parte.
—¡Por supuesto! Es normal celebrar con tu grupo de estudios que todos lograran pasar sus exámenes, ¿no crees?
—Sí, eso tiene sentido —respondí.
Salimos del aula. Nuestros destinos estaban en caminos opuestos, así que nos despedimos allí. Johan todavía parecía un poco molesto por qué no iba con ellos.
—Tenías que meterte en más problemas el día de hoy —me recriminó.
—¿Cuándo dije que estaba en problemas?
—Vas a ver al profesor Chronos —agregó Sho—. Imagino que es sobre tus resultados en el examen.
—No realmente —negué—. El profesor Chronos y Kaiser quieren saber algunas cosas. Ya saben, sobre lo que pasó el fin de semana.
—¡Espera! —me detuvo Johan—. ¿Cómo es que ellos obtienen una sesión privada de preguntas y respuestas y nosotros debemos esperar?
—Sí, bueno, ellos son el jefe del Departamento Escolar y el Kaiser —le respondí.
Se me hacía muy tarde, así que dejé de responder a sus preguntas y me apresuré a ir hacia la oficina del profesor Chronos.
Parecía que cuanta más prisa tuviera, más personas pensaban que era un buen momento para hablar conmigo. Cuando giré por el pasillo en dirección a los ascensores me encontré con Mokeo. Estaba recargado en el muro, cerca de una jardinera. Alzó la mirada en cuanto aparecí, sonrió y levantó la mano en un gesto de saludo.
—¡Hola!
Me detuve.
—¿Qué tal todo? —le devolví el saludo—. No te vi esta mañana en la cafetería.
—Decidí pasar la noche en la cascada —dijo encogiéndose de hombros—. Necesitaba un lugar tranquilo para reencontrarme con mi viejo deck y conocer nuevos amigos.
Me sentí feliz por él.
—Entonces, ¿dejarás atrás a tus pequeñas hadas?
Mokeo me miró con horror.
—¡Por supuesto que no! No puedo hacer eso de nuevo. —Se refería a dejar sus monstruos, como hizo con los dragones cuando su poder comenzó a dañar a otros—. Pero… —suspiró. Noté que no estaba tan relajado como de costumbre—. Si lo que pasó ayer es una muestra de lo que puede ocurrir en un duelo…, de lo que amenaza a la Academia, entonces, necesito más poder.
Caminamos hacia el elevador.
—Supongo que no quieres arriesgarlas. Es decir, los dragones son seres más aptos para el combate.
—No exactamente —replicó—. Si es necesario, lucharán. Quieren luchar. Mis dragones también quieren hacerlo y proteger a mis hadas como me protegían a mí.
Oprimí el botón para llamar al ascensor.
—Puedo entenderlo. A veces pienso que dejar a Zombino y Zombina fuera de todo este embrollo sería lo mejor. Y, al mismo tiempo, siento que si lo hago ellos no me perdonarían.
El elevador se detuvo frente a nosotros y la puerta se abrió.
—Hablaremos luego. Debo ver al profesor Chronos en su oficina. Todos los chicos fueron a la tienda de la señorita Tome a celebrar sus resultados del examen de ascenso, tal vez debas acompañarlos.
Mokeo asintió.
Las puertas del ascensor se cerraron. Me permití relajarme.
—¿De verdad los dejarías? —me preguntó Banshee.
—Son niños —respondí.
—Algunos dirían que también lo eres.
—Banshee, hace mucho que dejé de ser un niño. Siempre me sentí como un alma muy vieja atrapada en un cuerpo infantil. Y si a veces me comporté como uno, fue para mantener las apariencias o porque la mentalidad no rige los procesos químicos de un cerebro y un cuerpo en crecimiento.
Hice una mueca. Eso último había sonado como algo que Daichi diría. Tal vez Junko tenía razón: yo era un nerd. Al menos podía aceptar que era un friki. Claro, en este mundo no significaba nada: todo el mundo era un friki de Yu-Gi-Oh!.
—Ahora puedo decir que soy un alma mucho más vieja de lo que pensé —dije, más para mí mismo—. Ni siquiera estoy seguro de cuántas vidas he vivido.
Banshee no dijo nada más.
El elevador pitó, indicando que había llegado al último piso, el mismo en el que se encontraban las oficinas de la administración, del director y el jefe del Departamento de Educación: la oficina del profesor Chronos.
Salí del ascensor mientras Banshee desaparecía.
—¡Hermanito!
Suspiré y puse mi mejor sonrisa falsa para recibir a Fubuki.
—Buenas tardes, superior Fubuki —lo saludé.
—Ryo está un poco impaciente —dijo él—. Tardaste un rato.
—Todos fueron a celebrar que subieron de nivel en el examen de ascenso. Tuve que sacármelos de encima.
Fubuki frunció el ceño.
—Lo dices como si fueran una molestia.
Parpadeé un par de veces.
—¿Eh? ¡No es eso! También he tenido mucho en la cabeza estos días. Ya sabe, hay momentos en los que uno todo lo que quiere hacer es detenerse un momento a reflexionar sobre la vida.
—Hablas como un anciano —se quejó—. ¿Es sobre esa misteriosa novia de tu otra vida? ¿Crees que haya sido una chica linda?
Fruncí el ceño.
—No lo sé —admití—. Tengo una imagen muy vaga de ella. No vi su rostro, solo sentí su presencia.
No había querido pensar en ella. Me hacía sentir vacío, pero, a la vez, muy extraño. Era como si ella jamás estuviera lejos, no obstante, existiera una distancia enorme entre ambos que jamás podría acortarse.
—¿Cuánto estás dispuesta a pagar?
—Lo que sea…
—¡Cuida más tus palabras! Los compromisos no se toman a la ligera…
Sacudí la cabeza.
—Es algo para hablar más tarde. Quien sabe, tal vez la recuerde. Cada vez que algo está a punto de matarme, recuerdo más detalles.
Me reí con amargura.
—No bromees con eso —gruñó Fubuki.
Parpadeé un par de veces y lo miré con sorpresa.
—Es tarde —la voz de Kaiser alejó la conversación de ese momento incómodo.
El mejor estudiante de la Academia se acercaba a nosotros desde el pasillo izquierdo.
—Buenas tardes, superior Marufuji. —Noté que Fujiwara estaba de pie al final del pasillo, esperándonos—. Superior Fujiwara —agregué con voz más alta.
Obtuve un leve asentimiento de cabeza del último como respuesta a mi saludo.
—El profesor Chronos nos espera —dijo Ryo.
Caminamos detrás de él en dirección a la oficina de Chronos.
—Entonces, superior Marufuji, ¿hay algo en especial que quiera saber sobre las nuevas reglas?
Ryo me miró de reojo. Fujiwara se unió a nosotros cuando pasamos junto a él. Podía sentir su mirada y la de Fubuki sobre mí.
Sin responder a mi pregunta, Ryo se detuvo frente a la puerta del profesor Chronos y llamó. La voz chillona de Chronos nos dio el paso de inmediato. Hayato estaba dentro y nos saludó con un asentimiento de cabeza.
—Bienvenido, signore Satou —me saludó Chronos, sonriendo ampliamente, de tal forma que podía ver todos sus dientes.
—Buenas tardes, profesor Chronos —le devolví el saludo de acuerdo al protocolo japonés.
—Estaba charlando con el signore Maeda sobre esas nuevas e interesantes invocaciones. —Supe que Chronos de verdad era un duelista en ese momento. Su rostro dejaba ver un asombro y maravilla por la siguiente evolución del Duelo de Monstruos, similar a la que demostró Judai años atrás, cuando vio en mis recuerdos cómo funcionaban esas invocaciones.
El profesor nos invitó a sentarnos en los mismos sillones que usamos la noche del sábado en nuestra conversación sobre el futuro y lo que podría suceder en el Pozo de Descarte. Me miró con interés mientras se sentaba.
—He estado pensando en algo los últimos tres años —dijo de pronto—. La tarde en que nos conocimos, signore Satou, cuando visitó la isla junto con su tío, Yugi Muto y los hermanos Kaiba. ¿Eran las nuevas invocaciones su motivo para estar aquí?
Miré a Hayato. El chico simplemente se encogió de hombros.
—Más o menos —respondí—. Había problemas para hacer que funcionara la invocación Xyz y ellos pensaban que tal vez había algo que estaban omitiendo. Resultó que hacía falta el Canto de Invocación para que funcionara.
—¿Canto de Invocación? —preguntó Kaiser.
—¡Oh, sí! —respondió Hayato—. Es algo que descubrimos con la Invocación por Sincronía. El Canto de Invocación es algo que ayuda a enfocar la energía de duelo y facilita las Invocaciones más poderosas, disminuyendo el impacto físico y mental en los duelistas.
—Tiene sentido —dijo Fujiwara—. La concentración es importante al manejar esas cantidades de energía mágica. He allí la importancia de los mantras y el verdadero poder del rezo.
—Los rezos enfocan la energía de una persona con un fin —agregué—. Por eso el uso del rosario en religiones como el budismo y el cristianismo. La repetición ayuda a enfocarse y, por lo tanto, potencia el resultado.
Era un concepto básico en la magia que los practicantes de esta, en especial de la Magia Kaos, conocían muy bien.
—¿La invocación falló porque se requería de ese Canto? —preguntó Káiser.
—No era tanto el Canto de Invocación en sí —explicó Hayato—. Más bien, era por la forma en que se debía declarar la Invocación.
Chronos parpadeó un par de veces.
—¿Cómo…? —preguntó—. Quiero decir, el modo correcto de declarar la Invocación normalmente se conoce incluso antes de que se impriman las cartas.
—Bueno, eso fue por mi culpa —confesé—. Cuando les mostré cómo funcionaban esas Invocaciones no pensé que la declaración fuera importante.
El profesor Chronos me miró todavía sin entenderlo. Ryo tenía el ceño fruncido y Fujiwara me veía con la ceja alzada. Fubuki parecía estar tratando de contener la risa.
—Sí, bueno, en mi mundo no hacías eso… A menos que fueras Youtuber y quisieras verte interesante mientras jugabas un videojuego de duelo.
—¿Youtuber? —preguntó Fubuki.
—Eh, sí. Gente que subía vídeos a una página donde podías abrir un canal y monetizar el contenido. Había gente que subía contenido de duelo. Reseñas de las nuevas expansiones, comentarios sobre la lista de cartas prohibidas, noticias y resultados de torneos. Todo eso.
—¿Cómo el Duel Channel? —preguntó, esta vez, Hayato.
—Más o menos, pero no era un canal oficial. Era un sitio en el que cualquiera con una cámara, un micrófono y sin pánico escénico podía subir algo sobre lo que quisiera: películas, animación, juguetes, jardinería… cualquier cosa.
Suspiré.
—El caso es que no había un ritual en especial que tuvieras que seguir para Invocar un monstruo poderoso. Nada de Cantos de Invocación o algo muy elaborado, más allá de decir que estabas haciendo una Invocación desde el Deck Extra, y enviar los materiales al Cementerio o acoplarlos en el caso de la Invocación Xyz.
Hayato parecía querer tomar notas. Fujiwara seguía pensativo. Fubuki extrañamente se veía relajado. Y el profesor Chronos decidió que era un buen momento para servirse una taza de café de una cafetera exprés que tenía en una esquina de su oficina.
Podía sentir los ojos de Ryo sobre mí todo el tiempo. Era una sensación a la que ya me había acostumbrado, esa que me hacía pensar que no aprobaba mi forma de jugar.
El profesor dio un sorbo a su café. Dejó la taza suavemente sobre la mesita al centro de la sala y me miró.
—Signore Satou, ¿qué tan diferente era el duelo en su mundo de origen con respecto a este?
Era algo que ya había respondido muchas veces. Quienes sabían más detalles sobre eso eran Haou, Yubel y Judai. En realidad, cuando lo pensaba bien, me di cuenta de que muchos de los esfuerzos de Judai en torno a mí fueron para mostrarme lo que era el «verdadero duelo». No me refiero a verdadero duelo como lo entiende Haou, es decir, como un arma. Todo lo contrario, lo que es ser un duelista en este mundo: confiar en tus cartas y entenderlo como una extensión de ti mismo. Aprender el Corazón de las Cartas, diría si estuviera en la versión doblada –y censurada– de este mundo.
—Bueno…, el duelo era… Un juego. —Antes de que pudiera obtener la respuesta cómica típicamente de anime que una situación como esa habría conllevado, agregué—: Quiero decir, en este mundo claro que es un juego. Y a la vez es El Juego. El Duelo de Monstruos aquí es una industria por sí misma más grande que ninguna otra. Empezando por el hecho de que hay escuelas como esta: con matrículas muy costosas y con un prestigio que las iguala a universidades del calibre de Harvard, Todai u Oxford.
—Creo que divagas demasiado, hermanito —dijo Fubuki.
—Yo sé —respondí avergonzado—. Al punto al que quiero llegar es que el Duelo de Monstruos no era importante a un gran esquema en mi mundo. Sí, la compañía que lo imprimía y manejaba su escena competitiva se embolsaba unos cuantos millones de dólares al año gracias a él. Pero, en el gran esquema, a la gente que no jugaba no le importaba quien era campeón del mundo o siquiera cómo se jugaba. Tal vez ni siquiera sabían que existía, incluso cuando por unos años fue la moda del verano. Una más de tantas que iban y venían.
»La razón de esto es que no había nada especial en el juego. Nada de magia, poderes místicos, espíritus… nada sobrenatural en un mundo que, en primer lugar, se estaba alejando de esas cosas. A cada censo, más y más personas se declaraban ateas o no practicantes de ninguna religión o corriente mística. En ese contexto, el duelo era un simple juego de cartas como cualquier otro.
—Así que es por eso que no respetas realmente lo que es ser un duelista —dijo Ryo.
—No —respondí con tono seco—. Quizá lo que no se ha puesto a pensar, superior Marufuji, es que entendemos el respeto en el duelo de forma diferente.
Di un respiro hondo antes de continuar:
—Para mí, respetar a mi oponente es no hacer trampa y apegarme a las reglas. Para usted, pareciera que el simple hecho de que alguien tenga un estilo de duelo agresivo (algo que de hecho es el caso de Seto Kaiba), o que use una estrategia de loop infinito o similar, basta para que considere que no hay honor en su manera de jugar. Pues, bueno, la última vez que revisé el manual de reglas, no decía nada sobre que eso fuera ilegal. Mientras una carta no esté prohibida, y su ruling se aplique correctamente, considero que cualquier construcción de deck y combo es válida y no significa que se esté jugando de manera incorrecta.
Ryo me sostuvo la mirada.
—Signore Satou —me llamó el profesor Chronos—, que una estrategia no sea ilegal, no significa que no se pueda caer en una forma inadecuada de duelo.
—Yo pienso que es más una cuestión cultural que de otra cosa —le rebatí al profesor—. Entiendo que en Japón hay un alto concepto del honor. En especial en los dojos de duelo. Se rigen por normas que derivan del bushido. Quiero decir, entiendo que la manera de ver el duelo del superior Marufuji es más parecida a la de un samurái: demostrar tu honor y el respeto a los oponentes, ante todo.
Fruncí el ceño. Toda esa charla había sido una idea de Ryo. Considerando a donde se había desviado la conversación, ¿lo hizo para intentar darme una lección sobre respeto en el duelo? No parecía ser eso. Tal vez solo quería entender de dónde venía ese modo mío tan «peculiar y diferente» de ver el duelo. Muy bien, iba a explicarle la diferencia más grande entre el duelo que él conocía y el que había en mi mundo: el juego meta.
—Me doy cuenta de algo —dije—. Esto va más allá de un choque cultural.
—Eres japonés —me recordó Fubuki.
—Pero antes no lo era. Para mí fue más como mudarme a otro país y tener que adaptarme a sus costumbres, pero aun así conservar las mías.
Fubuki no dijo nada más. Noté que el profesor Chronos se removió incómodo en su asiento.
—En cuestión de estructura y reglas, el duelo es muy similar en ambos mundos. Las principales diferencias radican en la forma en que se maneja tanto comercialmente como en el juego competitivo. —Hora de romper sus mentes un poco, solo para establecer mi punto inicial—. ¿Cuánto cuesta un «Dragón Blanco de Ojos Azules»?
El efecto fue inmediato. Hayato frunció el entrecejo, el profesor Chronos casi dejó caer su café, Fujiwara alzó una ceja y, por una vez, pareció que había tomado al Kaiser con la guardia baja. Me miró con incredulidad, casi como si creyera que estaba volviéndome loco.
—¿Hablas en serio? —Fubuki fue quien expresó lo que tal vez todos estaban pensando—. Sabes que es invaluable. Kaiba te comería vivo si te atrevieras a preguntar eso en su cara.
Yo proseguí hablando, haciendo un esfuerzo por mantener el tono casual de quien habla sobre el clima:
—La última vez que recuerdo haber revisado su precio en mi mundo, era posible comprar uno por menos de dos dólares.
—¿Menos de dos dólares? —preguntó Fubuki al borde del colapso.
—Sí. Por 1.99 te llevabas uno a casa.
El profesor Chronos se había convertido prácticamente en una estatua de yeso por la impresión.
—Era una copia en rareza común, por supuesto —agregué—. Tampoco era una carta muy costosa o difícil de conseguir en rarezas altas. Llegué a tener unas nueve copias, con al menos tres variantes de arte y en diferentes rarezas. También muchas copias del «Mago Oscuro», del «HÉROE Elemental Neos»… ¡Oh!, y del «Dragón Negro de Ojos Rojos». La mayoría de las veces salían en las cajas de sobrantes, ya que se reimprimían con mucha frecuencia. Puedo decir que no había un solo jugador, casual o profesional, que no tuviera al menos una copia de cada uno de esos.
Tal vez fui demasiado cruel, pero pensé que podía echar un poco más de leña al incendio.
—Mi hermano mayor tenía el «Dragón Blanco de Ojos Azules» con el arte original. Era una carta muy fácil de conseguir cuando el juego llegó a mi país, ya que salía en una de las Barajas de Inicio.
Fubuki parecía que estaba listo para estallar.
—¡Una Baraja de Inicio! —Asentí.
—Me habría gustado quedarme con ese. Si hubiera sabido que Konami iba a demandar a Upper Deck y tomar el control global del juego, causando que el costo de esa carta se fuera a las nubes… Pude haberlo cambiado por un PS3 o un Xbox 360. Lástima que mi hermano mayor se lo vendió a una vecina por diez pesos años antes de eso. Eso es, más o menos, al cambio de 2005, entre diez y quince centavos de dólar. Lo peor es que, creo, esa versión del Starter Deck impreso por Upper Deck sí que llegó a superar la barrera de los mil dólares en algún punto. Quizá mucho más que eso.
Volví a ponerme serio.
—Supongo que saben a dónde voy. Virtualmente, no había cartas imposibles de conseguir. Incluso podías comprar a los Dioses Egipcios. Había dos versiones: una de coleccionista, que no servía en duelos, y una legal. Aunque, estos últimos, no tenían todos esos efectos rotos que las hacen invencibles en este mundo. Al grado de que se consideraban cartas… Dejémoslo en no muy útiles.
Ahora incluso Fujiwara no pudo contener del todo su expresión mezclada de incredulidad y horror.
Tal vez sí me pasé un poco de la mano con ese comentario. Es decir, en este mundo Ra, Obelisco y Osiris son tratados como deidades tal cuales por los duelistas. En especial en un lugar como la Academia de Duelos Central.
—¿Tú tenías a los dioses? —me preguntó Hayato. Su voz denotaba que no se había recuperado del todo de la impresión de saber que había duelistas que consideraban que los dioses no valían la pena.
—Sí. En versión coleccionista. Konami lanzó un producto para nostálgicos: Las Barajas Legendarias de Yugi. Incluía copias de los mazos que el tío Yugi usó en el Reino de los Duelistas (incluyendo un set entero de Exodia en rareza común), Ciudad Batallas y, bueno, cierto evento que no fue público: el duelo ceremonial en el que el Faraón sin Nombre por fin pudo seguir su camino a la otra vida. Y, claro, venía con copias de los Dioses Egipcios como cartas promocionales.
El profesor Chronos finalmente volvió a recuperarse, solo para decir en un hilo de voz:
—¿Cómo es posible? ¡La gente pudo salir lastimada…!
—No… A menos que alguien los haya asaltado saliendo de la tienda o en un torneo. —Cuando vi su ceño fruncido, agregué—: Pasaba. Una de las razones que tuve para nunca jugar competitivo era lo peligroso que era en mi país. Si tenías suerte, solo te abrían la mochila para robarte tu deck. Escuché que una vez en un regional incluso llegó la policía y arrestó a gente que estaba participando en el torneo. Y no fue precisamente porque hayan hecho trampa. Por eso luego Konami ya no rentaba hoteles bonitos para jugar los regionales.
Volví a insistir en que no había nada místico en el juego en mi mundo. Al menos que yo supiera. Y sí, había cartas que eran costosas y difíciles de conseguir según qué circunstancias. Pero, eventualmente, si una carta era muy usada, recibía su versión en común. Los Arquetipos importantes se estaban reimprimiendo constantemente, mediante recopilatorios o en mazos de estructura.
También, que muchas cartas únicas en este mundo no lo eran en el mío. Cartas como las Bestias de Cristal, o las fusiones de Ciber Dragón, salieron a la venta de la forma ordinaria en una de las expansiones de refuerzo básicas.
Ryo me miró con el ceño fruncido cuando escuchó eso último.
—Escuchó bien, superior Marufuji —dije—. No eran cartas exclusivas del dojo del Ciber Estilo. Por el contrario, fueron cartas que se publicaron de la manera normal: en una expansión junto a muchas otras más.
—¿Cualquiera podía comprarlas? —preguntó Hayato. Asentí con la cabeza—. ¿Qué determinaba su valor? ¿Qué las hacía únicas?
—Su valor venía de su rareza y la oferta y la demanda —respondí—. Ahora, si era una carta especialmente útil, y además una staple, su precio se elevaba, incluso en sus rarezas bajas. Y por eso es que las reimpresiones eran algo muy esperado.
Les expliqué también que la rareza no significaba lo mismo en un sentido estricto. Si bien se refería a la frecuencia con la que esa carta salía en un paquete de refuerzo, la rareza también se refería a la impresión en sí. Entre más brillante fuera, mayor era su costo. Además, salvo muy contadas excepciones, no había cartas únicas. Si tenías el dinero y los medios para comprar una carta, podías hacerlo. Siempre ateniéndose a que, si en cualquier momento Konami sacaba una reimpresión o prohibía esa carta, su precio se podía devaluar en cuestión de horas. De un día para otro, una carta podía pasar de cincuenta dólares a cinco, o incluso menos. Y por eso se podían comprar «Dragones Blancos de Ojos Azules» por menos de dos dólares.
El profesor Chronos dio un largo trago a su café. Se sirvió otra taza y, por fin, pareció recuperarse.
—Signore Satou, cuando habla de la «escena competitiva», ¿se refiere al juego profesional?
—Así es, profesor.
Les expliqué más o menos como funcionaba el competitivo. Las tiendas oficiales, los torneos locales, regionales, el continental y el mundial. El hecho de que, a diferencia de en este mundo, participar en un torneo grande era estar varias horas –a menudo todo el día– dentro del salón de un hotel o de un centro de convenciones, jugando ronda tras ronda contra otros mil jugadores (con suerte). Sin discos de duelo, sin hologramas. Solo tú, frente a tu oponente, en una mesa con tus cartas y, de vez en cuando, un juez se pasaba para ver que todo estuviera en orden; o cuando tú o tu oponente lo llamaban para revisar una ruling.
Finalmente, llegué a lo que quería: el meta.
—Una cosa a considerar de los torneos, es que, si bien se jugaban muchos mazos en estos, por lo general había dos o tres que se destacaban sobre el resto. Por ejemplo, el mundial de 2016 lo ganó un deck de Ojos Azules. Bueno, ese año hubo cinco o seis jugadores con Ojos Azules en el top 22.
Toda esa conversación estaba resultando chocante para ellos. Primero, descubrieron que las cartas más legendarias del juego en otro mundo eran algo común del día a día de los duelistas. Segundo, les revelé la existencia de un juego competitivo sin ligas profesionales ni el gran espectáculo que significaba el uso de hologramas. Y ese era un factor muy importante: sin Kaiba haciendo hologramas avanzados para enriquecer la experiencia de jugar juegos de cartas para niños, el duelo no se habría desarrollado hasta el punto que lo hizo en este mundo… O eso es lo que yo pienso. Pero, quién sabe, quizá la parte mística habría hecho que de todas formas sucediera.
El meta los sacó de balance por completo. Descubrir que tu mazo, ese del que estás tan orgulloso y es otra parte de ti, no es único, puede hacer eso. El anime es engañoso a muchos niveles, también los videojuegos. Es fácil creer que absolutamente cada persona en el yugiverso tiene uno o dos Arquetipos insignia, porque los personajes que vemos lo hacen en su mayoría. Sin embargo, no estamos viendo todo el panorama.
Me explico: en este mundo, el noventa por ciento de la gente juega Duelo de Monstruos. Casi todos tienen un mazo en su bolsillo, y en determinadas circunstancias, incluso podrían usarlo para resolver cualquier disputa. Sí, el cliché de «me insultaste, resolvamos esto en un juego de cartas para niños» es el día a día para la gente de este mundo.
Esto no significa que todos sean duelistas. Es como comparar a una persona normal que juega cualquier deporte con sus amigos el fin de semana, a alguien que lo hace de forma profesional.
Ahora, si bien muchas cartas de los Arquetipos se venden al público en general, otras muchas son algo limitado. Y por limitado me refiero a que, con suerte, hay una cantidad muy pequeña de copias de ellas. Lo cual es una prueba de cuánto dinero tiene la familia de Kagurazaka, porque, para copiar tantos mazos, necesita una fuente de dinero inagotable… Eso, o los imprime. El dinero o las cartas… quizás ambas.
Y luego están las cartas únicas: las fusiones de Ciber Dragón, que solo puede tener un miembro del nivel más alto del dojo de Ciber Estilo. Esa puede ser la razón por la que Kagurazaka no le copio el deck al Kaiser.
Esto es por algo que ya había aprendido antes: según qué tan poderoso sea el espíritu que representa una carta, es la cantidad de copias que se podrán imprimir. Esto hace que me pregunte si, de alguna manera, el poder de ese espíritu se divide en todas las copias de sus cartas, o había algo más.
Limitado a mi experiencia, sabía por Judai y Yubel que solamente había un espíritu de cada Héroe Elemental, y estos servían al Rey Supremo –en la actualidad, tanto Judai como Haou–. Sin embargo, eran cartas que, salvo las fusiones más poderosas, se podían encontrar fácilmente. Este hecho no parecía deberse al poder de los espíritus en sí. ¿Era acaso una decisión personal de cada espíritu permitir que se imprimieran copias de manera potencialmente ilimitada? Si era así, ellos solo lo permitieron para asegurarse de que podrían llegar a las manos de la encarnación actual del Rey Supremo.
Esto último tenía más sentido y lógica si se ve desde la perspectiva de cómo funciona el «sistema de magia» de este mundo. Si bien Haou demostró ser capaz de llamar a distintas cartas de sub arquetipos de Héroes, lo normal era que la encarnación actual del Rey Supremo careciera de cualquier memoria o conocimiento sobre su pasado y misión en el mundo. Los Guerreros Elementales –su nombre antes de renacer como superhéroes en el mundo actual– no habrían tenido manera de saber que Haou nacería separado de Judai y recordando todo. En ese contexto, tener múltiples copias de sus cartas entre las cuales moverse ampliaba de manera muy significativa su rango de búsqueda.
Yubel, por otro lado, era demasiado orgulloso y dedicado a su trabajo como para existir en más de tres cartas (y por tres cartas me refiero a sus tres evoluciones), y sus fusiones con Neos. Por otro lado, Yubel era un espíritu con el poder suficiente para decidir por sí mismo las circunstancias en las que llegó a este plano para buscar a su Rey. Igual que el «Dragón de la Luz y la Oscuridad» decidió por sí mismo.
Regresando a la historia, ¿en qué afecta todo esto a la existencia o no de un meta en el juego?
Primero que nada, un porcentaje significativo de Arquetipos podían ser reunidos una sola vez. Bestias de Cristal y Ojos Azules, por ejemplo, existían solo las copias estrictamente necesarias de cada carta para hacerlos funcionales. En un mundo en donde las cartas, con o sin espíritu, parecen tener cierto nivel de consciencia para responder a su duelista, puedes permitirte tener incluso una única copia de una carta clave. Esta siempre encontrará el camino de regreso a ti, con las otras cartas de tu mazo «conspirando» para asegurarse de que eso suceda.
Segundo, esos Arquetipos parecen sentir afinidad por un duelista en específico, ya sea por circunstancias místicas o simplemente porque tiene un alma «compatible» (William dejó claro que esa fue su razón para elegirme, ya que, en cierta forma, yo era un no-muerto como ellos). En consecuencia, buscarán formar parte del mazo de ese duelista. Cómo Yugi dijo: Kuriboh Alado quería ir con Judai. El resto de los pobres mortales que no fueron elegidos por las cartas tendrán que conformarse con mazos normales y corrientes, y quizá jamás logren destacar en el duelo. Triste, pero así son las cosas.
Tercero, debido a todo esto, la construcción de tu deck era tu responsabilidad. Otros podrían guiarte al comienzo, pero a final de cuentas eras tú, sabiendo de manera instintiva que cartas te eligieron, quien debía terminar de darle forma. Por tal motivo (y por las cartas extremadamente raras y únicas), no verías profiles y recetas de decks vagando por la internet. Y quizá también por eso Kaiba y Pegasus no lanzaban videojuegos de duelo como tal, limitándose a crear estaciones de puzzles y las duel terminal. E incluso en estas últimas, debías jugar con tu propio mazo y no tenías opción de jugar con el deck de Yugi o algo así.
Así que, tenemos un mundo en el que las cartas no siempre se imprimen de forma masiva, en el que las cartas de tu mazo te eligieron y no al revés, y en el que la construcción de un deck es algo completamente personal. No hay modo de que pueda existir un meta en el que haya una lista limitada de mazos que son «los más efectivos». Los jugadores crecieron además con esa mentalidad de que sus mazos deben de ser algo único.
En ese sentido, el único loco que andaba por allí haciendo eso era Kagurazaka, lo cual parece ser la razón por la que se lo considere una especie de paria en la Academia. Bajo las normas de honor de los duelistas, su estilo es inadecuado.
—Déjame entender esto —dijo Fubuki—. ¿En tu mundo el duelo se trataba solo de poder? Tener el mazo más poderoso, el Arquetipo más fuerte, abusar de las cartas básicas lo más posible.
—No, y sí —respondí—. La acumulación de poder fue una consecuencia de algo que muchos no aceptaban como un problema: el formato eterno. Es decir, veinte años después de publicarse la primera colección, esas cartas seguían siendo legales.
»Es decir, salvo por las cartas en la lista de prohibidas, cada nueva expansión iba sumando más y más cartas. El resultado de esto fue que, para contrarrestar un arquetipo que ganó poder en la colección anterior, no quedará otra opción que sacar uno todavía más fuerte, o darle cartas más poderosas a un arquetipo anterior para modernizarlo y que pudiera volver a ser competitivo.
»En resumen: el juego únicamente podía subir más y más los "niveles de poder". Monstruos más fuertes, efectos más poderosos, mecánicas más rápidas. Los efectos se volvieron más complejos, ¿cómo lo resolvemos? Crea más negadores. Las Cartas de Trampas ya no sirven, crea efectos rápidos que se activen en la mano o desterrándose desde el Cementerio… ¿Ven el punto?
»Para poder jugar, tenías que adaptarte a eso. Entender que llevar tu deck con tus monstruos favoritos, invocar un monstruo, colocar dos boca abajo y pasar el turno ya no era viable. Necesitabas aprender a hacer combos, establecer campos con negaciones, tener preparadas cartas para interrumpir el combo del oponente, y buscar ganar lo más pronto posible (de preferencia sin que el oponente tuviera oportunidad de jugar), o te retirabas.
»No era lo más sano para el juego, pero era lo que había.
Hayato asintió lentamente a medida que hablaba. Él, junto con Chronos, era quien más conocimiento tenía sobre el juego en esa habitación. Tenía que hacerlo, dado que era un diseñador de cartas. Al igual que Pegasus el día que aprendió de los otros métodos de Invocación, era fácil darse cuenta de que su mente estaba analizando todo lo que escuchaba y haciéndose una idea de cómo afectaría al juego.
—Eso en realidad explica muchas cosas —Fujiwara habló por primera vez—. El espíritu que me enfrentó ayer en el pozo usaba un estilo de duelo muy agresivo y centrado en combos largos para establecer un campo ofensivo.
Miró a Ryo y a Fubuki.
—Sí, es cierto —admitió el segundo—. Por un momento me sentí en el futuro. Casi pude jurar que iba a Sincronizar en algún punto de su combo.
Kaiser no dijo nada. Estaba sentado en el sofá, levemente inclinado al frente y con una expresión pensativa en el rostro.
—Es un hecho de que el equilibrio de poder se está rompiendo —dije—. He visto las conversaciones que hay sobre el juego en internet últimamente. Se habla mucho de que los nuevos Arquetipos que se están presentando parecen incompletos. —Miré a Hayato—. Eso es porque a la mayoría le faltan sus cantantes y su soporte de Deck Extra, o incluso sus Péndulos.
Sentí el peso del mazo que Erzsébet dejó a mi cuidado.
—Al menos es así para nosotros. Los espíritus de duelo no están teniendo ese problema. Imagino que si los espíritus del pozo no atacaron con Sincronías y Xyz fue más que nada porque están huyendo de los clanes que emplean dichas estrategias. O porque tienden a usar versiones puras de sus Arquetipos.
Ryo me miró de nuevo.
—Así que, para ganar esa guerra de la que hablaron, es necesario evolucionar nuestro duelo al que se emplea en tu mundo.
—No creo que llegué jamás a esos niveles. No es necesario. Aquí puedes llevar una staple y la robarás si es necesario. Allá podías llevar tres copias de «Olla de la Codicia» y aun así nunca robarla. Alguien alguna vez me dijo que para ser profesional debías aprender a jugar las malas manos para hacer parecer que no lo eran.
»Hablando con seriedad, me parece que sí.
»Tanto Banshee como la diosa Gyakuten dijeron que su mundo se volvió un caos debido a la aparición de los nuevos métodos de Invocación. He estado pensando sobre eso. ¿Y si el enemigo puede ir y venir entre ese mundo? Si los espíritus de duelo pueden, ¿por qué no una entidad cósmica como la Luz de la Destrucción no podría?
El profesor Chronos soltó un chillido.
—El enemigo puede estar aprovechando esas cartas —dijo Hayato—. Si es el caso, tal vez debamos acelerar los planes para introducir las nuevas Invocaciones.
—Sigue siendo una conjetura —dije.
—Conjetura o no, si el enemigo puede hacerlo, hará todo más complicado para nosotros —agregó Fujiwara.
Fubuki apretó los puños.
Hayato se puso de pie de inmediato.
—Lo mejor será informar al presidente Pegasus sobre esto de inmediato. Necesitamos verificar si es posible que el enemigo haya obtenido las nuevas invocaciones y ver la forma de contrarrestarlas.
—Muy bien, terminaremos esto por ahora —dijo el profesor Chronos—. Cualquier cosa que surja se las haré saber.
Por la manera en que Ryo me miró, me quedó claro que para él estaba lejos de terminar.
Respuestas a Reviews Anonimos (hasta el 29/06/2022)
Roxas Strife
Difícilmente los dioses se harán a un lado. En especial, hay uno que simplemente no puede dejarlo: su vida es jugar con las vidas de las razas menores.
F por Kaiser. Le habría dolido más saber que la gente compraba tres estructuras de Ciber Dragón, sacaba al Impermanence y el resto a la basura. Para su suerte, Kenichi no vivió hasta ese punto en su encarnación anterior y, por tanto, no podía contarle eso.
No sé realmente como se mediría el nivel de poder, al menos no en este momento. Tal vez cuando Kenichi ya tenga todos sus arquetipos. (Pequeño Spoiler) El plan hasta ahora es que sea soporte Zombi genérico centrado en Sincronía, Vampiro, Ghostrick y Revengamiedo (no necesariamente todos juntos).
Black demon
Jaja. Creo que muchos lo pensaron por no dar señales (este sitio necesita funciones sociales que no sean sus foros). Gracias por el consejo, y sí, son cosas que pasan, pero luego vienen juntas con otras más (en mi caso se juntaron asuntos familiares, se rompió mi pc y mi inspiración se fue a volar, todo en un lapso de solo tres meses).
Tomó nota de eso, quizá para algunas cosas posteriores o para un escenario alterno del Side Deck. Hace rato que traigo la idea de que al alterar el tiempo se genera uno en el que es un mundo tipo The Witcher, en el que los duelistas sean el equivalente a las profesiones. Por ejemplo, si usas deck Spellcaster, eres mago; si usas de guerrero, pues eres uno y así. E invocas a los espíritus de tu Deck para que te ayuden en tu profesión. Kenichi sería más o menos un nigromante. Aunque, la historia sería más bien en una taberna, con Banshee hablando con la que atiende la barra quejándose de la personalidad de su Medium. Creo que en ese mundo queda muy bien lo que propones.
