Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Las respuesta a reviews anónimos/de invitados están al final del capítulo anterior. Este se editará con las respuestas a medida que los vaya aprobando y respondiendo (siempre que sean reviews de este capítulo o generales de la historia).
Sé que rara vez pongo esto, por qué se me olvida en la debacle que es publicar y responder, pero esta vez me acordé: ¡gracias a todos por sus favs y follows!
LIBRO III
Capítulo 41
Tablero del Destino
[Trampa/Continua]
Cuando esta carta y todas las 4 cartas "Mensaje Espiritual" con nombres diferentes son situadas en tu Campo, ganas el Duelo. Una vez por turno, durante la End Phase de tu adversario: pon boca arriba, desde tu mano o Deck, 1 carta "Mensaje Espiritual" en tu Zona de Magia y Trampas, en el orden adecuado de "E", "A", "T", y "H". Cuando cualquier carta "Mensaje Espiritual" o "Tablero del Destino" que controles deje el Campo, manda al Cementerio todas las cartas "Mensaje Espiritual" y "Tablero del Destino" que controles.
En cuanto el profesor Chronos nos dejó marchar, me apresuré hacia el elevador lo más rápido que pude sin correr. Fubuki trató de detenerme, así que di media vuelta y le dije:
—Los chicos quieren hablar sobre…, bueno, algo parecido a lo que hablé con ustedes aquí. Después de la cena en la cafetería de Osiris. Pueden venir, si quieren.
—¿En la cafetería de Osiris? —me cuestionó Fujiwara alzando una ceja.
—Es muy imprudente de su parte hablar de eso en la cafetería —añadió Kaiser en un tono que claramente pretendía ser un regaño.
—Cierto —repliqué, mi voz apenas si variar el tono con el que solía responderle a Fubuki cuando se ponía pesado—, pero somos demasiados para caber en uno de los dormitorios. Si tiene una mejor idea, superior Marufuji, estoy seguro de que estarán abiertos a escucharlo. Buenas tardes.
Di media vuelta y me alejé de los tres estudiantes superiores de Obelisco pretendiendo no haber escuchado a Fubuki cuando me llamó para que me detuviera.
—Eso fue un poco grosero, ¿sabes? —me indicó Banshee una vez que estábamos en el elevador.
—Sí, bueno, la actitud de Kaiser comienza a molestarme.
Banshee me miró con el entrecejo fruncido.
—Últimamente, tu manera de actuar es… rara. Pareciera que quieres poner la mayor distancia posible entre ellos y tú.
Parpadeé un poco. ¿Sería cierto? Desde que había llegado a la Academia muchas cosas habían cambiado. Tenía más pistas sobre quién era realmente, sobre qué se supone que debería estar haciendo. Eso sin hablar de mi contacto con las Entidades Exteriores de más allá de las estrellas.
Quizá debido a todo eso, me sentía más en control, más como… yo mismo. Era una sensación extraña, aunque no del todo desagradable. La forma que se me ocurre para describir esa sensación es esta: como si hasta ese punto hubiera sido un simple actor interpretando un papel, y a la mitad de la obra decidiera dejar la actuación de lado para ser mi propia persona.
Además, estaban los libros que se suponía debía estar buscando.
—La misión de ellos es proteger su mundo —dije—. Yo tengo mi propia misión. Cuando ambas se crucen, entonces trabajaremos juntos. De lo contrario…
Banshee me miró con una expresión indescifrable. Parecía que quería decir algo más, pero no se atrevía. Al final, simplemente se desvaneció.
El elevador se detuvo en la planta baja. Saqué mi PDA mientras me dirigía a una de las bancas que había cerca de la fuente que representaba a los tres dioses egipcios, donde me senté a ver si tenía correos nuevos. Eran las cinco, cuarenta y cinco de la tarde, y como los exámenes habían pasado unos días atrás, no había tareas pendientes y tenía tiempo antes de la cena para relajarme. Se me ocurrió entonces revisar el tablón digital de anuncios de la Academia. Con los primeros exámenes de ascenso pasados, ahora los alumnos teníamos permiso de organizar nuestros propios clubes.
Sonreí cuando vi que un tal Takahiro Takadera, un alumno de primer año como yo, estaba organizando lo que llamaba un «club de esoterismo».
—Un tal Takadera de primer año —murmuré pensativo. Si era el mismo que conocía por la serie, entonces esto podría ser interesante.
Oprimí el anuncio para enviar una solicitud de ingreso al club de esoterismo. Había altas probabilidades de que el estudiante que lo había fundado se tratara del mismo Takadera que evocó el espíritu de Jinzo en el canon. De ser ese el caso, había sido un poco descuidado del profesor Chronos, como encargado de aprobar los clubes escolares, el haberle dejado fundar un club de esoterismo que podría conducir a un resultado similar.
Por otro lado, reflexioné, hasta donde podía recordar, Chronos no estaba en ese episodio. Tal vez ni siquiera sabía sobre ese incidente con Jinzo. ¿Qué pasaba con los otros testigos? Veamos, Judai y Daitokuji estaban muertos cuando ellos planearon todo eso del viaje en el tiempo, al igual que Sho. Eso descartaba a tres testigos que podrían haberle contado algo sobre ese incidente. ¿Hayato fue testigo? Creí recordar que sí, más por la Serie Corta que por el canon. Si fue el caso, era muy probable que estuviera más concentrado en su guerra contra la Luz de la Destrucción que en un puñado de estudiantes planeando evocar a un espíritu de duelo al plano de los humanos.
«Puedo advertirles para evitar que ocurra, o aprovechar esto para buscar a los espíritus a quienes quiero contactar», me dije.
Decidí ir por lo segundo. Si las cosas se salían de control, siempre podía involucrar a Fujiwara, dado su conocimiento en estos temas.
«Si se sale de control y te explota en la cara, todos van a estar furiosos», me dije. Oh, bueno, ya vería qué hacer si llegaba a ese punto.
Mi solicitud fue aceptada más pronto de lo que pensé. Si no mal recordaba, ese club (¿Siquiera eran un club oficial en el canon?) tenía únicamente tres miembros. Quizá estaban desesperados por recibir a más estudiantes. Entre más gente tuvieras, más DP recibían para actividades del club. «Matemáticas, hijo», diría cierto personaje de la WB que no existía en este triste mundo regido por un juego de cartas.
Recibí la notificación de un correo nuevo.
Takadera, el presidente del club, me acababa de escribir. Era un mensaje extrañamente formal: «Muchas gracias por interesarte en nosotros», ese tipo de tono, como de empresa tras leer un currículum o solicitud de empleo. Lo más curioso es que me preguntaba si tenía tiempo ya mismo, antes de la cena, para una pequeña prueba.
Me mordí el labio en un gesto pensativo. ¿Qué quería probar? ¿Cuánto sabía sobre astrología y esas cosas? Sí era eso, no mucho. La adivinación no era mi fuerte. Saiou era el experto en eso.
—¿Una prueba? —preguntó Banshee sobre mi hombro—. ¿De verdad vas a ir? Creo que tienes suficiente en las manos como para ir a jugar a los magos con un montón de niños.
—Alguna vez alguien te dijo que leer el correo de otras personas es de mala educación.
Banshee resopló y volvió a desaparecer.
A pesar de mi respuesta, me encontré pensando en lo que ella había dicho. De verdad, ir a ese club de esoterismo se escuchaba como apuntarse a un grupo de rol para jugar a los magos, cuando en realidad en días anteriores había afrontado una aventura que bien podría haber sido una partida de D & D. Ni hablar de los libros que Fujiwara me había prestado. En comparación con alguien que parecía ser un practicante de magia real, ¿qué podían hacer Takadera y sus dos amigos? ¿Evocar a Jinzo y terminar perdiendo sus almas por no respetar una simple ley básica en esto: nunca llames a algo tan poderoso que te sea imposible controlar?
Me quedé mirando el correo de Takadera. Todo lo que tenía que hacer era responder «no» y acabar con esa tontería.
«Estaré allí, nos vemos», escribí.
Guardé mi PDA, suspiré, y me puse en movimiento.
Me detuve nuevamente cuando mi PDA sonó una vez más. Esta vez era la notificación que indicaba que alguien me estaba desafiando.
«¿Kaiser?».
Había una laguna en las reglas de la Academia. Si eras un estudiante con un rango de duelista bajo, no podías desafiar a alguien como el Kaiser; pero, eso no significaba que el Kaiser no pudiera desafiarte a ti a un duelo. Imaginó que pensaron que un estudiante de rango alto no tenía razones para desafiar a los de niveles más bajos que el suyo.
Pensé en rechazarlo. De hecho, iba a hacerlo cuando noté tres presencias cercanas.
Kaiser estaba de pie frente al elevador. Fubuki estaba un paso por detrás de él y, en cuanto vio que me había volteado a verlos, sonrió ampliamente y me mostró su dedo índice en una señal de «¡bien!». Fujiwara me miraba sin ninguna expresión en el rostro, aunque con él nunca se podía saber qué estaba pasando por su mente.
—Exactamente, ¿cuál es su objetivo, superior Marufuji? —cuestioné al Kaiser ignorando a Fubuki. Sin embargo, antes de que Ryo pudiera responderme, y dado que no estaba en el mejor humor para cuidar la sutileza, no me molesté en revisar si algún estudiante o profesor incauto y ajeno a todo eso pasaba por allí, le dije—: ¿Quiere probar un punto sobre por qué el duelo en este mundo es superior al que había en el otro? O, tal vez, ¿comprobar si soy digno de llamarme un «duelista»? Ya hizo eso último, ¿recuerda? Cuando me probó para ver si era digno de un puesto en el equipo de Joran. Puesto que al final me dio por lástima tras todo ese desastre en Alcatraz.
Ryo Marufuji no dijo nada. Se limitó a mirarme con el ceño fruncido.
—Eso no fue lástima —fue Fubuki quien respondió por él—. Créeme, hermanito. ¿Recuerdas? Te dije que si fuera por mí no tendrías que hacer eso…
—El domingo a las tres de la tarde, en la entrada al camino que sube al volcán —lo interrumpió Ryo dirigiéndose hacia mí.
—Solo debo oprimir «rechazar» y no ocurrirá ese duelo —dije—. Además, el camino hacia el volcán está prohibido para los estudiantes. Pienso que ni siquiera el Kaiser de la Academia puede saltarse esa regla. Después de todo, sigue siendo un estudiante, el modelo al que todos los demás alumnos debemos aspirar a igualar.
Kaiser entrecerró los ojos.
—Deja ya esto, Ryo —Fujiwara habló por fin—. No tienes que tomarla contra él por cómo era el duelo en su mundo. Lo dijo hace rato: es más una cuestión cultural que de honor.
—Ese es el punto, ¿no? —volví a hablar—. Demostrar que su forma de ver el duelo es superior a la que teníamos allá, dado que dicha forma de duelo no encaja en el modelo de lo que considera correcto.
»Siendo así, ¿qué haría si alguien le destrozara todos estos paradigmas?
Sin esperar a una respuesta, continué hablando:
—Su problema es que basa todo lo que es, tanto en los duelos como en su vida personal, en su visión de lo que considera honorable y lo que no. Por ende, para usted, en el momento que algo o alguien contradice su moralidad, se vuelve el mal absoluto de inmediato.
»Debe tener cuidado, superior Marufuji. Cuando alguien basa su vida en modelos de moral y honor tan rígidos como esos, en el momento en que ese alguien o algo que no lo hace le demuestra que está equivocado, se romperá como una ramita.
—¡Kenichi! —Fubuki me gritó, mitad sorprendido, mitad enojado. Sabía a qué me estaba refiriendo. Él mismo había visto la debacle de Ryo y como, en su búsqueda de encontrar algo más en qué creer una vez que todo lo que creía parecía haber sido destruido, se convirtió en Hell Kaiser.
—Supongamos que decido aceptar tener ese duelo en su contra —proseguí, una vez más ignorando a Fubuki—. Si me gana, ¿qué demostraría? Difícilmente demostrará que su forma de duelo es la correcta. Por qué, incluso cuando sigo un código de duelista diferente, todavía estoy jugando con un mazo que está al mismo nivel de poder que el suyo. Y no, no me refiero a cuestiones de qué arquetipo o que condición de victoria sea superior o más viable que la otra. Es cuestión de qué estamos jugando el mismo formato, con la misma lista de cartas prohibidas y reglas básicas. Por tanto, con iguales posibilidades respecto a que tan fuerte puede llegar a ser nuestro Deck personal.
»No tengo un mazo Señor Dragón completamente roto que puede sacar Invocaciones Xyz de Rango 8 con una facilidad que lo vuelve de risa. O un Deck PePe para abrumarlo con todo el poder de la Invocación Péndulo.
»Si vamos a esas, se está poniendo a llorar porque no le gusta a donde va el juego. Muy bien, pongamos las cosas así: ¿cómo era el Duelo de Monstruos hace doce años? Hablo de la época del Reino de los Duelistas, que imagino es cuando usted vio el juego por primera vez y sintió que lo llamaba.
»Había pocos monstruos de efectos, y estos eran desiguales: cosas muy potentes para entonces como "Mago de la Fe", y otros que, honestamente, no servían de nada. Como ese que destruía a un monstruo que luchaba contra él, pero cinco turnos después. No había invocación por tributo y, seamos francos, eso era algo bueno, porque sí que había un montón de monstruos que no llegaban ni a los 2000 puntos de ataque y ya eran Nivel 5, 6 o hasta 7. Las verdaderas cartas poderosas del juego eran Cartas Mágicas como "Monstruo Renacido", "Cambio de Fidelidad" o "Raigeki", cartas que en este mundo casi nadie podía permitirse, por qué, o costaban la cantidad absurda de un millón de yenes, o se daban solo en torneos. Y las trampas, en ese entonces un "Agujero Trampa" era de lo más poderoso, ya que rara vez un duelista promedio tendría algún monstruo que superará los 1000 puntos de ataque. "Fuerza de Espejo", por esto mismo, era devastadora.
»¿Las fusiones y rituales? Las que había y eran accesibles a todos con suerte llegaban a más de 2500 de Ataque. No, de hecho, esas eran las más decentes, y ni siquiera tenían efectos, e invocarlas era complicado. Casi no había forma de buscar "Polimerización" o las cartas de ritual específicas. Mucho menos había maneras alternativas para realizar esas Invocaciones. Bueno, tal vez una o dos, que solo podías permitirte si eras profesional.
»Imagine que vuelve atrás llevando su mazo actual. Arrasaría en cualquier torneo. ¿Cuándo fue la última vez que en su mano inicial no tenía las cartas necesarias para fusionar al menos a dos de sus "Ciber Dragón"? ¿Imagina cómo se vería Invocar una fusión de 2800 de Ataque que puede pegar dos veces por turno en ese entonces? ¿Imagina cómo se sentirían sus adversarios si les hiciera eso el primer turno todo el maldito tiempo?
»Y una cosa más: no me hablé de honor o de cuál es la forma correcta de ser un duelista cuando nunca ha experimentado la frustración de tener una mano brickeada llena de ladrillos mientras está en medio de un torneo importante. Cuando vive en un mundo lleno de espíritus y poderes mágicos que arreglan su deck de tal modo que siempre robará la carta correcta en el momento adecuado.
»Nosotros no teníamos eso: nada parecido a un «corazón de las cartas» o de robos del destino. Para lograr algo medianamente similar a eso, debíamos tratar de armar un deck que se centrara en una cosa y optimizar los combos para poder hacer eso la mayor parte del tiempo. E incluso llevando tres copias de cada uno de los buscadores, o llevando veinte staples y las handtraps de moda a tres, no era garantía de nada. Un mazo que te podía dar manos viables el sesenta por ciento del tiempo ya era muy bueno.
»No ha experimentado la frustración de perder sin jugar porque simplemente no robó ninguna forma de interrumpir el combo de veinte cartas de su adversario. Y, a pesar de eso, la compañía que dirige el juego se niega a liberar la carta que podría permitir que ambos jugaran.
»Eso sin hablar que dicha compañía le daba todo el cariño a Japón, un poco a Estados Unidos y Europa, mientras a mi región le arrojaban las sobras.
Respiré profundamente.
No parecía que ninguno de ellos tuviera muchas ganas de decir nada más luego de mi diatriba. Volví a mirar el PDA y rechacé la solicitud de duelo de Kaiser.
—Cuando madure y deje de ser un niño, entonces tendremos ese duelo. Buenas tardes, superior Marufuji. Acabo de apuntarme a un club escolar y llego tarde a la primera reunión.
Kaiser simplemente me miró como en estado de shock. Quizá era la primera vez que alguien lo enfrentaba de esa forma. Es lo que pasa cuando eres el consentido de la Academia y todos solo tienen alabanzas que decir sobre ti, luego no sabes lidiar cuando alguien te enfrenta. Pero, eh, al menos no soy una versión arrogante de Edo Phoenix, y no lo humillé en un duelo profesional transmitido a todo el mundo vía satélite.
Fubuki pareció ser quien quería decir algo, pero Fujiwara le hizo una señal para que se callara. Aun así, me envió una mirada que decía: «Hablaremos de esto».
Banshee volvió a aparecer una vez que nos dirigimos hacia el aula en la que se reunía el club esotérico de Takadera.
—¿No crees que te pasaste un poco? —me preguntó.
—Sí, bueno, acabo de expresar todo lo que me guardé por años. ¿Sabes que es eso? Soporté sus miradas de «no tienes honor» desde los ocho años, prácticamente la mitad de mi vida.
Suspiré.
—Además, si él hubiera vuelto en el tiempo, estaría exigiendo toda la información posible sobre cómo adaptar su deck a la Master Rule 4. O, por el contrario, exigiendo que aceptara su desafío usando un mazo con veinte staples y diez handtraps, no para demostrar que mi forma de duelo es «incorrecta», sino que él puede superar cualquier cosa con tal de obtener un duelo que lo haga brillar como nunca.
Suspiré. Quizá solo estaba siendo mezquino desquitando todas mis frustraciones con Ryo Marufuji.
—¿Oye? —me llamó Banshee una vez más—. ¿De verdad no había magia y espíritus en tu mundo?
—No, al menos que yo sepa. Se hablaba de fantasmas, duendes, brujas y los hechizos que hacían… Ya sabes: amarres, maldiciones, limpias y mal de ojo… —Suspiré de nuevo.
—Nunca había escuchado de conjuros de magia con esos nombres. Bueno, solo de las maldiciones y el mal de ojo.
—Es algo más cultural que otra cosa. Los amarres eran supuestos conjuros o trabajos mágicos con el que, supuestamente, podías conseguir que una persona se enamorara de ti. Y las limpias, en general, eran rituales para librarse de las maldiciones, los amarres o, simplemente, de la mala suerte. Si me lo preguntas, todas esas cosas eran trampas para estafar a la gente ignorante.
—Entonces, ¿de verdad no había nada mágico en las cartas de tu mundo?
—No —respondí tajante.
Me detuve de pronto. Tuve un flashazo. Una vez que regresé a casa del trabajo y encontré todas mis cartas regadas sobre la cama. Recordé que en esa ocasión pensé que la causa fue un ladrón, uno que por algún motivo había decidido no robar nada. Lo curioso entonces fue que no había señales de que alguien hubiera forzado la puerta o las ventanas del departamento. Tampoco faltaba nada de valor: la computadora, mis consolas, juegos y electrónicos en general estaban intactos y nadie había saqueado los cajones de las cómodas, tampoco el clóset o el escritorio. Lo único anormal fue que mis cartas estaban regadas sobre la cama, como si alguien hubiera estado buscando algo entre ellas. Al revisarlas, no faltaba una sola.
Por supuesto, con el paso del tiempo me fui convenciendo cada vez más y más de que eso no era algo natural.
Mis recuerdos de las últimas semanas en que estuve vivo en mi mundo para ese punto seguían siendo un borrón sin mucho sentido. No obstante, detalles como ese parecían ser un buen punto para descubrir qué había pasado. ¿Lo sobrenatural de este mundo se impuso sobre lo natural del otro? Si tomaba en cuenta que la Oscuridad, o una parte de ella, fue enviada allá a buscar mi alma, era lo más probable.
—Bien, eso explica muchas cosas —agregó Banshee devolviéndome a la realidad.
—¿Qué cosas?
—Tu incapacidad para conectar de todo con tu mazo, y tu tendencia a usar los mismos combos una y otra vez.
—Sí —admití—. Lo siento por eso: no se pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo. O eso he escuchado.
Banshee resopló.
—Por cierto, gracias por estar aquí, aunque me he ganado a pulso tu odio —dije.
—Créeme, niño: si sintiera odio por ti, no estaría aquí. —No obstante, se cruzó de brazos con la actitud típica de ciertos personajes de anime cuando se hacen los duros—. Además, William tiene razón con respecto a una cosa: tu alma se siente muy parecida a la nuestra. Una vez que superes tu mal manejo de la energía de duelo, serás el mejor jugando un mazo zombi.
—Ah, ya… ¿Solamente quieres hacerme sentir mejor, verdad?
Ella resopló molesta.
—Piensa lo que quieras.
Iba a responderle una vez más, pero habíamos llegado al aula asignada al club de esoterismo.
Banshee volvió a desaparecer. Yo respiré profundamente un par de veces, tratando de asegurarme de estar por completo tranquilo luego de todo lo que había pasado unos minutos atrás. Una vez que lo conseguí, abrí la puerta y entré.
Fui recibido por una habitación en penumbras, cuya única iluminación eran algunas velas dispuestas alrededor de una mesa en el centro de la habitación. Eso era ya que, a diferencia de las aulas en las que tomábamos nuestras clases, estos salones eran más tradicionales: con escritorio, mesas, sillas y pupitres. Todo a fin de que fuese más fácil para los alumnos organizar el espacio según las necesidades de su club.
Rodeando la mesa había tres estudiantes. Todos ellos usaban túnicas con capuchas, las cuales les daban el aspecto de ser tres monjes salidos de un viejo cuento de fantasmas.
—Llegas tarde —dijo uno de ellos alzando la mirada. No pude ver su rostro, pero el reflejo de la luz de la vela en sus anteojos de moldura cuadrada me dejó en claro que ese tenía que ser Takadera, el líder del club.
Muy bien, querían jugar en serio su rol de ocultistas, yo también podía hacerlo, aunque más por el lado de la fantasía que de las sociedades secretas y todo eso del mundo real.
—Soy un mago —respondí. Noté cierta confusión en ellos—. Un mago jamás llega tarde, tampoco temprano, sino precisamente cuando es el momento.
La confusión solo se hizo más palpable en ellos. Estúpido mundo sin las obras de Tolkien.
—¿Un mago? —cuestionó uno de los dos miembros menos recordados de ese club, tanto que 4Kids ni siquiera se molestó en darles nombre—. ¿Hablas en serio?
—Bueno, no soy yo quien inició el juego de rol —dije encogiéndome de hombros—. Además, concepto básico de la Magia Caos: no basta con aspirar a ser algo, tienes que serlo. No dices: «Me gustaría ser un mago», declaras ser un mago. La magia, después de todo, es hacer que tu voluntad se haga realidad.
Cerré la puerta y caminé hacia la mesa.
—Me sorprende que hayan podido encender las velas sin que se active el sistema contra incendios —dije.
—Hay métodos para hacerlo —me respondió Takadera.
—Cierto. —Mi mirada recorrió la mesa. Había un libro que se veía muy viejo. ¿Sería similar a los que me prestó Fujiwara? Por supuesto, un elemento que no podía faltar era cierto juguete con fama de provocar posesiones en niñas precoces de doce años.
—¿Una tabla parlante? —pregunté—. Imagino que la prueba es una sesión de preguntas y respuestas con ella.
—Es una Ouija —respondió el alumno olvidado número dos—. Nos ayudará a descubrir si eres digno de estar aquí.
—¿Si sabes que es un juguete, verdad?
Los tres se miraron, quizá debatiendo en silencio si valía la pena dejar que me uniera.
—No es un juguete —replicó el estudiante dos con un deje de molestia más marcado.
Di unos pequeños golpes a la tabla con mis nudillos.
—Está hecha de plástico —dije—. ¿Han pensado en conseguir una de madera? Son más elegantes.
—¡Qué no es un juguete! —dijo el mismo chico con tono exasperado.
—¿Sabes la historia de las tablas parlantes?
—Ouija —insistió en corregirme.
—Sí, ese nombre se lo inventó el que consiguió la patente hace más de cien años. Y no, no tiene nada que ver con Egipto. —Ese era un mito común alrededor de la Ouija.
Saqué una de las sillas y me senté en ella.
—Durante la moda espiritista del siglo XIX, sobre todo en Europa y Estados Unidos, las sesiones espiritistas estaban a la orden del día. En muchas de ellas se usaban tablas parlantes. Estas tablas, a su vez, estaban inspiradas en un viejo método de adivinación árabe.
»La Ouija es solo una más de las muchas tablas parlantes, la cual fue patentada y vendida en masa desde los 1880. Y, actualmente, la compañía que tiene sus derechos es un fabricante de juguetes y juegos de mesa.
Iba a poner mi dedo sobre el oráculo, pero al final no lo hice.
—Se obtiene el mismo resultado escribiendo el alfabeto en un trozo de papel y utilizando un vaso de vidrio como oráculo —dije.
—¿Estás diciendo que no funciona? —el estudiante número uno preguntó un poco decepcionado.
—No, no dije eso —respondí—. ¿Escuchaste lo que dije antes? Es tu voluntad lo que hará que algo funcione o no. No si tienes una tabla parlante curada en Egipto, hecha con la madera del árbol sagrado por los druidas del norte durante una luna llena en que Marte estaba en la cuarta casa de Cáncer.
Decidí dejar de lado todas las explicaciones que se habían dado en mi mundo, como que el oráculo se movía inconscientemente por los participantes mediante pequeñas pulsaciones musculares imperceptibles a simple vista; o que las respuestas que daba el «fantasma» eran una mezcla de sugestión con el propio conocimiento de los participantes, igual, debido al inconsciente. Este era un mundo con magia, y en el canon estos tres –imaginé que los Alumnos Desconocidos Uno y Dos eran los mismos amigos de Takadera en el anime– de verdad habían conseguido contactar algo.
—Aclarado todo eso, ¿a quién estaban tratando de contactar? —Si decían Jinzo, tal vez me levantaría de la silla y saldría de esa habitación… No, en realidad no.
—Nadie ha respondido —admitió Takadera—. En realidad, nunca he hecho esto. He escuchado historias sobre espíritus de duelo, sobre todo luego de lo que pasó hace tres años. Creí que la Academia sería un buen lugar para hacer esto, pero…
—Demasiados estudios y no has tenido tiempo para hacerlo realmente —completé por él—. Además, supongo que no muchos por aquí estaban interesados en jugar con una Ouija. O les da miedo, o creen que es un tonto juego infantil. Buena idea usar los clubs para esto. Cualquiera que aceptara unirse al club de esoterismo estaría más abierto de mente para intentarlo.
Los tres chicos se miraron de nuevo.
—Bueno, ahora que somos cuatro, podemos completar la rosa de los vientos —dijo el alumno desconocido número uno.
¿Rosa de los vientos? Jamás había escuchado que hubiera un ritual en el que cuatro jugadores, emulando los cuatro principales puntos cardinales. Aunque, había tantas historias sobre la Ouija que, francamente, debía haber cientos de formas de jugarla.
—¿Ya han abierto la sesión o estaban por hacerlo?
—Lo intentamos —admitió Takadera—. Hasta ahora el oráculo no se ha movido.
—Es por qué nos faltaba una persona —insistió el Alumno Desconocido Uno—. Cuando jugaba con mis primos de América, siempre éramos cuatro. Y quien estaba al norte era quien abría.
De hecho, noté que habían trazado una rosa de los vientos en la superficie de la mesa. Takadera estaba sentado al norte, y a mí me correspondía el sur. Además, los puntos cardinales intermedios estaban marcados por las velas blancas que usaban para iluminar la habitación. La tabla, por supuesto, estaba en el centro de la rosa de los vientos.
—Muy bien, veamos qué pasa —dije—. Tengo que admitir que siempre me ha generado un poco de curiosidad emplear una de estas.
—¡Espera, Satou! Con todo lo que dijiste, ¿y nunca has participado de una sesión? ¡Llegas aquí presumiendo saberlo todo y al final eres puro humo! —se quejó el alumno dos.
—No he jugado con una Ouija, pero sí otros rituales. Había uno que se jugaba con lápices de colores, en el que estos se movían hacia adentro o hacia afuera para responder. Claro, solo se podía obtener un «sí» o un «no». Sobre la tabla, en realidad nunca se me pasó por la cabeza preguntarles a mis amigos si les interesaba jugar.
Me encogí de hombros.
—¿Hacemos esto o no? —les pregunté—. Tenemos menos de una hora antes de la cena.
Los tres se miraron una vez más y asintieron con decisión.
Uno a uno, fuimos tocando el oráculo, el cual, a diferencia de los clásicos con forma triangular, era una rosa de los vientos con el agujero a través del cual se veían las letras en el centro. Fui el último. En cuanto mi dedo se posó sobre la superficie del oráculo, hubo un pequeño destello y todos tuvimos que apartar la mano. Fue como si en vez de un trozo de plástico hubiera sido un aparato de toques.
—Está bien, solo es electricidad estática —dijo el alumno número dos.
—Te creería si el oráculo fuera de metal —dije.
Sin esperarlos, volví a tocar el oráculo. Volví a sentir el pequeño choque eléctrico, pero mantuve mi dedo allí.
—Bien, creo que pasó.
Con algo de duda, los otros tres hicieron lo propio. No pareció haber más problemas.
—Tengo que admitir que es muy emocionante —dijo el Alumno Desconocido Uno—. ¡Eso nunca pasó antes!
Takadera respiró un par de veces, y luego, con voz fingida de místico barato de feria, comenzó a hablar:
—Si hay algún espíritu en este lugar que quiera hablar con nosotros, por favor, responde.
El oráculo tembló un poco, pero no se movió. Lo miré fijamente mientras los otros se miraban entre sí con nerviosismo.
Takadera volvió a respirar profundamente.
—¿Hay algo que podamos hacer para demostrar que somos confiables? —preguntó.
Una vez más, la pieza de plástico solo tembló.
Por la forma en que el par de alumnos desconocidos se removieron en sus asientos, supuse que estaban a punto de soltar el oráculo y, quizá, salir corriendo de allí.
Decidí probar yo mismo:
—¿Hay alguien en esta habitación cuya presencia te moleste?
El oráculo tembló, esta vez por más de un segundo. Se detuvo otro segundo, y luego se deslizó para marcar su respuesta: «Sí».
Mis tres compañeros volvieron a verse con nerviosismo.
—¿Quién? —pregunté ignorándolos.
«Los vampiros», se formó en el tablero.
—¿Qué vampiros? —se le escapó al alumno desconocido número dos.
«Los que el Guardián del Sur lleva en su bolsillo».
—¿Te refieres a mis cartas de vampiro?
«Sí».
—Si me deshiciera de ellas, ¿responderías todas nuestras preguntas?
«Tal vez».
—¿Qué pasa si no quiero? Ellos son mis amigos.
«Te engañas. Son bestias que beben sangre».
Muy bien, nuestro espíritu misterioso odiaba a los vampiros.
—Bueno, en ese caso, gracias por aclarar mis dudas. No te molestaremos más.
—¡Espera! —me detuvo el Alumno Desconocido Dos—. Si todo lo que tienes que hacer es deshacerte de tus cartas…
—No —dije tajante.
—Amigo, es su mazo —dijo el estudiante uno—. ¿Qué pensarías si te dijeran que te deshicieras del tuyo?
Estudiante dos se echó hacia atrás en su silla y no dijo nada más.
—¿Sigues aquí? —preguntó Takadera al misterioso espíritu.
«Sí».
—Muy bien, antes de irte, ¿conoces a otro espíritu que tal vez querría hablar con nosotros?
Contuvimos la respiración esperando la respuesta. El oráculo tembló un par de veces, pero no parecía que quisiera moverse de nuevo.
«Hay muchos espíritus en esta isla. El Guardián del Sur los ha visto».
Sentí las miradas de los otros tres sobre mí. Hice lo posible por mantener una cara de póquer.
—¡Espera! —dije tras llegar a una conclusión—. ¿Viniste a esta isla escapando de los nuevos clanes?
«No».
—¿Eres un cazador de vampiros?
«¿Qué harás si lo soy?», replicó.
—Viniste aquí persiguiendo a Erzsébet —lo acusé.
«¿Sabes dónde está?».
—No, no lo sé. Y no te lo diría —respondí—. ¿Eres un espíritu de duelo?
«¿Por qué he de responderte? Eres aliado de mis enemigos».
—¿Cómo sé que el Dragón no te envió aquí a cazar a Erzsébet?
El oráculo tembló violentamente. Esta vez, Takadera y el estudiante dos apartaron la mano.
—¡No! —gritó el Alumno Desconocido Uno—. ¡Tenemos que terminar la sesión correctamente o, de otra manera…!
Antes de que pudiera terminar lo que decía, el oráculo volvió a moverse. Tembló un par de veces, luego se movió de manera errática sobre la tabla, sin formar palabras coherentes, cada vez de forma más rápida y violenta, hasta que no nos quedó otra que soltarlo. En cuanto nuestros dedos dejaron de hacer contacto, la pieza de plástico salió volando. Iba directo a mi cabeza, pero, antes de que pudiera golpearme, algo pareció desviarlo hacia arriba. Se estrelló contra el techo violentamente y se hizo pedazos.
Nos quedamos allí, sentados, los cuatro, con la respiración agitada y sin atrevernos a hablar.
—Creo que… —comenzó Takadera—. Hay que ir a cenar.
Los otros dos asintieron. El Alumno Uno se apresuró a encender las luces del salón, mientras sus dos amigos apagaban las velas.
Tardé un poco más en recuperarme. Ellos estaban casi en la puerta cuando finalmente me puse de pie y los seguí. No nos molestamos en recoger nada de la mesa, o en barrer los trozos del oráculo destrozado. Los dos alumnos desconocidos se quitaron las túnicas, revelando ser Isaka y Mukouda, sus amigos en el canon
—Eso… —dijo Isaka, antes conocido como estudiante uno—. ¡Fue increíble! Jamás pasó eso antes en una sesión.
Takadera asintió lentamente. Mukouda, en cambio, parecía un poco perdido.
—La próxima vez será mejor —dijo al fin.
—Creo que hay que empezar por rituales más seguros —dije—. Esta isla está demasiado cargada de magia.
Sentí a los otros tres mirándome.
—Oye, ¿qué fue todo eso de un Dragón y una tal Erzsébet? —me preguntó Takadera.
—Soy un mago, y un mago tiene sus secretos. —Claramente, eso no fue suficiente para ellos, pero al parecer la tensión del momento fue tanta que ni siquiera tenían fuerzas para insistir con sus preguntas.
Lo qué necesitaba ahora era averiguar quién fue el espíritu que nos respondió, por qué odiaba a los vampiros y por qué estaba tan furioso.
Respuestas a Reviews Anonimos de este capítulo (hasta el 19/07/2022)
Black Demon
Me puse a jugar Magic Arena, y aunque pierdo mucho, se siente bonito estar en un juego de cartas en el que, por más dura que sea una paliza, al menos pudiste jugar tu cartón.
Ahora, sobre esos tres, siendo justos, Kenichi también los está usando. Si pudieron evocar a Jinzo, podrían evocar algún otro espíritu que Kenichi está buscando para conseguir esas cartas sin tener que ir a pedirlas a Pegasus, Yugi o Kaiba.
Roxas Strife
Sí, Kenichi sacó ya todo lo que ha estado guardando. Ahora sola falta que le suelte un puñetazo a Haou.
Y claro, entre más recuerda cosas, se va alejando un poco del resto. Es en parte como lo dijo en uno de los caps de Side Deck (y precisamente se lo dijo a Judai): Dado lo que está buscando, para él es más fácil no trabajar con los "héroes" de la historia. Aunque, también está el hecho de que ya creo esos lazos y no es tan fácil alejarse. Además, conociendo a Judai y a Johan, terminarían persiguiéndolo y teniendo un duelo para entender sus razones. Cosas de Shonen.
Malon 630
Sí, definitivamente ellos harían lo posible para no romper esos lazos. Especialmente Johan, ya que Kenichi ahora es su familia y si hay algo que valora tanto como los duelos, eso es la familia.
Respecto a Haou, lo que he tratado de reflejar en él es que ve como cierta responsabilidad la presencia de Kenichi allí, porque su yo de otra línea fue quien, hasta donde sabe, lo escogió. (Una pregunta a tener en cuenta: ¿cuánto de lo que hacen la Luz y la Oscuridad es porque quieren hacerlo, y cuánto es porque Horakhty quiere que lo hagan?) No significa que no lo vaya a usar, que a final de cuentas fue el punto de todo ese plan.
En ese sentido, se parece más a Kaiba: utilizará las herramientas que tenga a la mano con tal de ganar y que se haga lo que él considera correcto. Si él y Judai fueran un solo individuo, como correspondería, probablemente tomaría más el camino de Yugi y Pegasus, que si hubieran visto a un niño normal, o si directamente les hubiera dicho "No me involucren", lo habrían dejado así. Cosa que estaban haciendo en uno de los Side Deck (Romper la Mente), hasta que Kaiba fue a mover los hilos a su conveniencia como tanto le gusta.
