Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Les recuerdo que las respuesta a reviews anónimos/de invitados están al final del capítulo anterior. Este se editará con las respuestas a medida que los vaya aprobando y respondiendo (siempre que sean reviews de este capítulo o generales de la historia).

¡Gracias a todos por sus comentarios, favs y follows!


LIBRO III

Capítulo 42


Sentencia de Perdición

[Trampa/Continua]

Puedes seleccionar cualquier cantidad de tus monstruos Demonio desterrados o en tu Cementerio, hasta el número de cartas "Tablero del Destino" y/o "Mensaje Espiritual" que controles; añádelos a tu mano. Puedes mandar al Cementerio esta carta en tu Zona de Magia y Trampas; pon en tu Zona de Magia y Trampas 1 carta "Mensaje Espiritual" en tu mano, Deck o Cementerio. (Esto se trata como siendo situada por el efecto de "Tablero del Destino"). Sólo puedes usar 1 efecto de "Sentencia de Perdición" por turno, y sólo una vez ese turno.


Durante todo el camino hacia los dormitorios, no les volví a dirigir la palabra a mis compañeros. De cualquier manera, ellos preferían hablar entre sí sobre temas más casuales –claramente en un intento de despejar su mente de lo que acababa de pasar–. No se habló de reunirnos de nuevo otro día, o siquiera de lo que había pasado. Mis tres compañeros de clase estaban demasiado asustados como para ponerse de acuerdo en algo.

Bueno, con excepción de Takadera. Una vez superado el susto inicial, parecía mucho más emocionado que otra cosa. Eso puede ser peligroso, pensé, considerando lo que había pasado en el anime.

Isaka, el más bajito de los tres, y quien era el dueño de esa Ouija tan peculiar que utilizamos, era el más callado. Desde que salimos del edificio principal y nos adentramos en el sendero que iba a los dormitorios de Osiris, solo había respondido a lo que sus compañeros le decían con monosílabos.

Por su parte, Mukouda, el rechoncho de anteojos redondos y labios grandes, se notaba un poco más nervioso que los otros dos, ahora que había tenido más tiempo para procesar lo que habíamos presenciado unos momento atrás.

Una vez que llegamos al complejo de Osiris, decidí saltarme la cena. Mientras que los otros tres seguían en dirección a la cafetería, preferí entrar en mi habitación.

En el momento en que cerré la puerta y comprobé que estaba solo, o tan solo como puedes estar cuando vives rodeado de espíritus, me permití recargarme en la puerta y respirar profundamente para dejar caer la máscara de tranquila «arrogancia de mago» que había usado ante los otros miembros del club de esoterismo.

Tras tranquilizarme, lo único que atine fue a decir al aire:

—Quién sea que haya desviado el oráculo hace un rato, gracias.

William apareció luego de que no lo hubiera visto desde la tarde anterior. En realidad, últimamente su presencia parecía cada vez más distante. En las últimas semanas, desde el incidente con Erzsébet, era más común para mí ver a Banshee que a cualquier otro espíritu de mi mazo. A veces hasta parecía que ella era mi compañera espiritual y no William.

Ese último pensamiento hizo que mi corazón latiera un poco más fuerte, así que hice lo posible por suprimir esa sensación y centrarme en mi problema actual.

—¿Qué piensas? —le pregunté al Señor de los Vampiros.

—No está con el Dragón —me aseguró él, intuyendo acertadamente a qué me refería.

Muy bien, eso quería decir que era otro enemigo más del cual preocuparme. ¡Maravilloso!

—No obstante, parece que va tras Erzsébet —dije—. Está claro que odia a los vampiros, pero se puso especialmente violento cuando la mencioné y me negué a decir nada sobre ella.

Entonces caí en cuenta de algo: quien quiera que fuera este nuevo enemigo, era un espíritu. ¿Qué garantía tenía de que no estaba allí en ese preciso momento, escuchando lo que estábamos hablando?

—No está aquí —dijo William adelantándose a mi pregunta, quizá adivinando mis pensamientos debido a mi expresión.

—Ni siquiera está en la isla —Banshee completó, mientras aparecía sentada sobre mi escritorio—. Ya sabes, la Ouija es conocida por «abrir puertas». Y tú, bueno, atraes la mala suerte.

Ya ni siquiera me molesté en seguirle el juego.

—¡Carajo! —me quejé al darme cuenta de algo. Abrimos una puerta, y luego de que el espíritu se pusiera loco, cometimos uno de los peores errores de novatos cuando se usa la Ouija: no cerramos la sesión. Ni siquiera Takadera, quien un momento antes de eso nos había recordado que debíamos cerrarla, se preocupó por eso una vez que todo se volvió un desastre.

—Ya te diste cuenta —dijo Banshee con tono presumido—. De todas las personas, me sorprende que hayas cometido ese error de novatos.

—Ar… Banshee, no es el momento —la cortó William.

Fruncí el ceño ante el titubeo de William. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Banshee se me adelantó, y le respondió a William:

—Tengo todo el derecho a quejarme —dijo ella cruzándose de brazos—. Soy quien más tiene derecho a quejarse de cualquier error que él cometa.

—¿Cómo es eso? —le pregunté.

Ella no dijo nada, limitándose a sostenerme la mirada por un momento. Yo fruncí el ceño. No lo había notado, pero había algo en su rostro que me era muy familiar.

—Cómo sea —dije al final, intuyendo que era solo porque fue una de mis cartas favoritas antes, en mi otra vida—. No nos distraigamos del asunto importante aquí: hay que volver y cerrar la puerta que dejamos abierta.

—Qué tú y tus bobos «amiguitos» dejaron abierta —me recordó Banshee.

—Sí —por una vez le di la razón para ver si eso la calmaba.

—Buena suerte convenciéndolos…

—Por el contrario —la interrumpí—, Takadera parecía más que dispuesto a volver allí. Y, por lo que pude ver esta noche, los otros lo seguirán.

—Sé honesto con ellos —intervino William.

Lo miré, sorprendido.

—No respecto a todo, sino a las consecuencias que pueden venir de haber dejado esa puerta abierta.

—Estoy seguro de que lo saben —repliqué—. O al menos Isaka. Tiene experiencia en esto. Aunque, tengo que admitir que esa fue una forma muy peculiar de hacer una sesión de Ouija.

Jamás había escuchado de alguien que usara los puntos cardinales de esa manera. Aunque, reflexionando al respecto, podría encontrar cierta lógica en el asunto. La tabla parlante no era solo un medio de comunicación espiritual y una llave para abrir puertas: también era una especie de radar que buscaba espíritus. Por otro lado, estaba seguro de que llegué allí cuando el ritual, o lo que sea que hubieran hecho, ya había empezado. Yo era la última pieza.

—El espíritu me llamó el «guardián del sur». Pensé que fue por mi posición en la mesa, pero ahora no estoy tan seguro —les expresé mis dudas.

—Es una cosa japonesa de este mundo —para mi sorpresa, fue Banshee quien me respondió—. Cuando la Ouija llegó a Japón durante la moda espiritista, a algún místico local se le ocurrió que era buena idea mezclar su concepto con alguna clase de juego similar que se practicaba aquí. Y, bueno, tal vez no lo notaste, pero la tabla no solo representaba a los cuatro puntos cardinales, sino que a cada uno se le asignó un significado equivalente a las cuatro Bestias Sagradas.

Ciertamente, no había notado eso. Los cuatro guardianes eran las Bestias Sagradas que protegían al Japón según la mitología sintoísta. En el anime, habían sido inspiración de muchos elementos, en especial en Digimon.

Ahora, ¿cómo Banshee sabía esas cosas? Ella era un tipo de hada, más bien un fae, tradicional de folclore irlandés. ¿Cómo sabía qué había pasado en la «escena» esotérica de Japón durante la moda espiritista de hacía cien años?

—¿Sabes cuál de estas bestias está al sur? —me preguntó Banshee de pronto.

—El fénix —respondí de manera automática.

Me tomó un momento darme cuenta de porque Banshee estaba dándole tanta importancia a eso. Dado que el espíritu me llamó «guardián del sur» y, de acuerdo con mi posición en la mesa, yo estaba representando al fénix: el ave mitológica que representa la inmortalidad, el renacimiento y la reencarnación.

—Es una coincidencia —dije.

Banshee bufó exasperada.

—Nada es coincidencia —me recordó—. Te pasaste todo el tiempo repitiendo que la voluntad es lo que hace a la magia. Pues bien, más allá de tu supuesto escepticismo, fuiste allí esperando que algo pasara… no, querías que algo pasara.

Banshee saltó del escritorio y caminó hacia donde yo estaba, todavía recargado contra la puerta. Me la quedé viendo. De verdad, había mucho en ella, desde la manera en que caminaba hasta como me veía, que me resultaba muy familiar.

—Sí, bueno, eso… —tartamudeé mientras apartaba la mirada de ella.

—Y esos tres, ¿de verdad piensas que hicieron lo que hicieron solo por las risas? También querían que algo se presentará. Sabemos que al menos uno lleva un rato esperándolo. Ese bajito habló de que había hecho sesiones antes con sus primos de América.

Banshee se detuvo, sentí un escalofrío cuando su mano transparente se posó sobre mi hombro.

—Tienes que llamar a esos idiotas. Deben volver allí y cerrar lo que abrieron.

—El oráculo se hizo pedazos —le recordé.

—Tú lo dijiste: se obtiene el mismo resultado con un vaso de vidrio. Además, sabes que no necesariamente necesitas el oráculo que usaron para cerrar una sesión. Hay otros rituales.

Claro, no sé cómo no había caído en cuenta de eso antes. Ojalá no fuera tarde.

Kenichi... —Era la primera vez que Banshee me llamaba por mi nombre. Hubo algo extraño en su voz, era como si hubiera dudado. O más bien, como si quisiera decir otra palabra (otro nombre) y ella misma se hubiera sorprendido de que saliera el mío—. Kenichi —repitió con más seguridad—, necesitan cerrar la puerta que abrieron cuanto antes. Lo sabes, así que ya no busques excusas. Háganlo antes de que empiecen a desaparecer, por qué esta vez estás en medio de todo el desastre.

Banshee desapareció antes de que pudiera decirle algo más.

William seguía de pie en el centro de la habitación.

Respiré profundamente.

—Tienes que advertirles a todos —dijo de pronto.

Mi cerebro parecía no estar funcionando bien, ya que tardó un poco en procesar sus palabras. ¿A todos? Hablaba de… mis amigos.

—Creo que Banshee tiene razón —dije—. Si cerramos la puerta…

—Al menos advierte a su majestad… —me cortó.

Desapareció luego de eso.

Me quedé allí, en la habitación que cada vez estaba más oscura a medida que la tarde avanzaba. La hora de la cena estaba a punto de terminar. Los chicos me estaban esperando para «nuestra conversación».

¿Por qué advertirle a Haou?, quise preguntarle a William, pero no me atreví. Entonces, caí en cuenta de que él no era el único que ostentaba el título de Rey Supremo, por más que este se hubiera convertido en su nombre. No, Judai también podía ser llamado «su majestad».

Saqué mi teléfono. Dudé un minuto antes de introducir el pin de desbloqueo. Dudé más en abrir el chat grupal de todos, fruncí un poco el ceño al notar que alguien había añadido a Momoe y Junko. Quise reír cuando noté que estaban fangirleando por estar en un chat grupal con Kaiser, Fubuking y el enigmático Fujiwara. Incluso Asuka ya las había amenazado con sacarlas del chat.

Luego de leer eso, lo cerré. Busqué mi conversación privada con Judai y tecleé: «No podré ir, discúlpame con los chicos».

Dudé más en enviarlo.

Sentí mi corazón latir en mi garganta.

—De verdad, ¿quieres alejarte de ellos? —escuché a Banshee.

Alcé la mirada. Ella estaba de pie a un par de pasos por delante de mí.

—Yo, no sé. —Me reí sin gracia—. Creo que cada vez me siento más y más como el Dinosaurio Anacleto —dije, como intentando restar importancia a todo con un chiste muy malo.

—¿Y? —preguntó ella—. ¿Vas a enviar un proyecto para la televisión? Ya sabes: con cantantes y concursos, mucha diversión.

Abrí la boca, sorprendido. ¿Cómo es que ella…? Banshee resopló y, antes de que pudiera decirle nada al respecto, me gritó:

—¡Tú no estás inventándote amigos con tu imaginación y sentándote frente al espejo para conversar! Ellos son reales, de carne y hueso. Ahora, ¡deja de meterte el pie a ti mismo y pide ayuda!

Volvió a desaparecer.

Inhalé…, solté el aire. Respiré un par de veces tratando de despejar mi cabeza.

No importaba cómo Banshee entendía esa referencia oscura a un programa chileno que encontré por azares del destino una vida atrás, durante una tarde de aburrimiento mientras visitaba a mi familia de la Ciudad de México. Lo que importaba es que ella tenía razón. No podía hacer cosas como esa solo y esperar que todo resultara bien.

Estaba en el yugiverso, un mundo en el que esas cosas cursis como el poder de la amistad de verdad tienen peso. Un mundo donde no tener el apoyo de tus amigos, o intentar alejarte de ellos, hace que termines mal… Poseído por Darkness como Fujiwara en el canon, si querías ir al peor escenario posible.

Joder, la última vez que hice cosas por mi cuenta terminé en el hospital cuando Erzsébet casi me drenó hasta la muerte… Ese recuerdo me despertó una duda, la guardé en mi mente y volví a desbloquear mi teléfono.

Esta vez envié el mensaje a Judai.

Judai tardó un momento en responderme:

«Oh. ¿Está todo bien?»

Iba a responder, pero Judai se adelantó soltando una pequeña bomba:

«Johan dijo que fuiste a ver a Kaiser. Y Hayato dijo que ustedes discutieron».

¿Hayato había estado allí? Bueno, considerando que discutimos justo en la recepción del edificio principal, frente a la fuente de los dioses, por donde todo el personal y los alumnos pasan al menos cinco veces en un día de clases ordinario, era un verdadero milagro que ahora mismo no estuviera siendo propagado a la mitad de la escuela.

Por otro lado, estaba un poco aliviado que Judai no supiera la tontería que había hecho esa tarde. Quizá podría usar eso como excusa para…

Escuché el resoplido molesto de Banshee, pero esta vez ella no apareció.

«No es sobre eso», escribí. Dudé un momento, mientras veía que Judai estaba escribiendo una respuesta. Me mordí el labio y, esta vez, me adelanté a él: «Hice algo estúpido. No, hice algo increíblemente estúpido».

Judai dejó de escribir. Pasaron unos treinta segundos que se sintieron como minutos.

«¿Necesitas ayuda?», me preguntó por fin.

«Es lo de Jinzo», escribí. «Pero creo que llamamos a alguien peor».

Esta vez, su respuesta fue casi inmediata:

«¿Dónde estás?»

«En mi habitación». Dudé un poco. «No vengas aquí. Voy a tratar de convencer a Takadera y a los otros de volver y cerrar esto antes de que se nos vaya de las manos».

Solo ahora comenzaba a cuestionarme a mí mismo de manera seria si había sido buena idea hacer todo eso. La respuesta, por supuesto, era «no». Irónicamente, yo era quien solía quejarse del poco sentido común que tenían las personas de ese mundo, o que parecían tener a través de la pantalla. Pero, cuando tuve la oportunidad de poner el sentido común en práctica, fui y me metí derecho en la boca del lobo.

«Te veo en el aula de clubes número ocho en una hora. Con suerte, no va a pasar nada malo. Pero, si no cerramos la puerta que abrimos antes de que algo entre…»

«Muy bien, veré que les digo a los otros».

Hice una mueca. Judai no era precisamente bueno inventando excusas.

—Mierda, Johan seguro se va a apuntar a esto —dije.

Bueno, pensé, no puede ser tan malo. Tiene a las Bestias de Cristal, y son espíritus poderosos. Quizá nos ayuden a terminar todo este desastre antes de que acabemos en un duelo de vida o muerte con un espíritu enfadado.

Eso me devolvió a la mente la noche en que conocí a Erzsébet y terminé quedando a cargo de proteger a Ferenc.

—William —dije en voz alta sabiendo que él estaba vigilando, mientras se mantenía oculto en algún lugar de las sombras que inundaban la habitación—, si esa noche Erzsébet se hubiera sobrepasado más al tomar mi sangre… —Tragué saliva—. Si me hubiera llevado al punto sin retorno, lejos de toda salvación, incluso cuando la ayuda médica hubiera llegado a tiempo…

Me detuve. Mientras hablaba, había resbalado hasta quedar sentado en el suelo, todavía con mi espalda contra la puerta de la habitación. Toda la tensión de los sucesos de los últimos días parecía estar golpeándome ahora, esta vez a través de un pequeño ataque de pánico y no tanto con un estallido furioso contra Kaiser.

William entendió lo que quería decir, ya que pude ver su silueta recortada contra la poca luz que quedaba en la pieza.

—No te habría dejado ir —respondió.

—¿Incluso cuando unas horas antes rechacé tu ofrecimiento de beber tu sangre?

No me respondió. No era necesario.

—¿Me habrías odiado? —me preguntó luego de un momento. Su voz sonaba resignada, como si ya supiera la respuesta, o lo que él creía era mi respuesta.

—No lo sé —respondí tras pensarlo un poco—. Hacer conjeturas no sirve de nada. No cruzamos esa línea. Al menos, no todavía.

Me mordí el labio.

—Llegué aquí…, a este mundo, para cumplir una misión —dije—. Y supongo que, ya que decidí presentarme como un mago, lo correcto es seguir el consejo de Gandalf y concentrarme en decidir qué hacer con el tiempo que tengo, y no tanto en las quejas de aquellos que somos elegidos para cargar con el peso que conlleva llevar una misión.

Me reí sin gracia.

—Supongo que no lo entiendes. Mucho de lo que digo debe parecerte extraño. En fin, solo quiero decirte que, si en algún punto estoy más allá del punto de no retorno… Quiero decir, si no pueden ayudarme con medios naturales, y esa misión todavía no se completa, por favor, tráeme de regreso.

Fue duro llegar a esa resolución luego de todas las veces que intenté escapar de este mundo en mi infancia… Deseando morir, queriendo alejarme del duelo y el aura mística que lo rodeaba.

—¿Estás seguro? —me cuestionó William.

—No —respondí—. Pero no se trata de estarlo o no estarlo. En momentos como esos, cuando estás al límite y con pocas opciones, no hay chance de pensar las cosas, solo de actuar. Así que, cualquier cosa que pasé, independientemente de si es algo que realmente no deseo, al menos no tendré remordimientos o cargarte a ti con ellos sabiendo que era la única opción posible.

Me reí de manera irónica.

—No te va a gustar —dije—. Pero, en Drácula, Bram Stoker pone en los labios del Conde la frase perfecta a para ese hipotético momento: «Eres ahora carne de mi carne, sangre de mi sangre, familia de mi familia, y mi generosa presa de vino por un tiempo; y, más tarde, serás mi auxiliar y acompañante».

Envié un mensaje al resto del club de esoterismo a través del sistema de correo electrónico del PDA: «Necesitamos hablar. Los veo frente a la fuente de Osiris».

A pesar de la urgencia, me quedé viendo la pantalla esperando que saltara alguna notificación de que ellos habían visto mi mensaje. Esto me hizo darme cuenta de lo pésimamente organizado que estaba todo ese asunto. Es decir, ni siquiera nos tomamos la molestia de intercambiar nuestros contactos de teléfono y organizar un chat grupal.

«No, en lugar de eso, lo primero que hicimos fue saltar directamente a tener una sesión espiritista con una puta Ouija en una isla repleta de espíritus», pensé de manera amarga.

Claro, yo sabía eso y ellos no. Eran solo tres adolescentes aficionados que creían que todo eso de meterse con los espíritus, fantasmas y otros planos de existencia era algo emocionante.

«Cómo tú lo fuiste una vez», me dije con amargura.

La Puerta Suprema pareció brillar en mi mente. Por un momento, pude jurar que algo de metal estaba tintineando. Fue como si algo pequeño y metálico hubiera sido dejado caer. Un sonido que mi mente, de manera casi automática, relacionó con una llave. Una pequeña llave de plata.

Sacudí la cabeza para apartar esos pensamientos. No era momento. Tenía un potencial desastre más próximo por resolver que participar en las maquinaciones de Yog-Sothoth.

Hice una mueca al recordar esto. Banshee tenía razón en una cosa, fui a ese club de esoterismo esperando que algo pasara. Claro, yo tenía en mente aprovecharme de eso para llamar a los Fantastruco o algo así. No me detuve a pensar por un momento que algo más podía presentarme.

No era diferente a esos tres: un niño jugando con fuerzas más allá de la comprensión.

Y tenía la impresión de que no era la primera vez que cometía un error como ese. Antes había pensado en Digimon al mencionarse a las Bestias Sagradas de la mitología japonesa, pues bien, ¿qué decía el opening de Digimon Tamers? «Todo comenzó por curiosidad, porque yo quiero entenderlo todo». Casi podía estar seguro de que fue por algo como eso que terminé llamando a Yog-Sothoth en primer lugar.

«Si pudiera conseguir una droga que sea capaz de eliminar la molesta necesidad de dormir... Desvelé secretos… Desvelé secretos más allá de la comprensión humana…»

Me estremecí ante ese recuerdo.

Guardé mi PDA y revisé mi teléfono. Había más de diez notificaciones en la aplicación de chat. Hice una mueca ante eso. Seguramente la mitad de esos mensajes eran de Johan. Parecía ser quien peor estaba tomando el hecho de que me estaba volviendo más distante con ellos.

Respiré profundamente. Me aseguré de que mi disco de duelo estuviera bien sujeto a mi antebrazo y que mi mazo estuviera listo por si todo eso iba a peor. Luego, tras ponerme de pie, devolví mi atención hacia William:

—Si ese espíritu entra, usaré el mazo de Erzsébet. Pasé lo que pasé, cuento contigo.

Por supuesto, el mazo vampiro de Erzsébet solo podía ser utilizado dentro de la ilusión que ella creó para esconderse en la isla. Emplearlo significaba que tendría que llevar a ese enemigo allí.

Muy bien, en el canon, Jinzo fue quien decidió dónde sería el duelo. Tendría que invertir ese detalle si era necesario.

Sin esperar por la respuesta de William, abrí la puerta y fui a terminar lo que había empezado horas atrás.

Sentía mis pies pesados mientras caminaba hacia la fuente de Osiris. Cuando llegué allí, la imponente figura del poderoso dragón contrastaba contra el cielo estrellado. Me senté en una de las bancas que había alrededor de la fuente y esperé.

Como es obvio, no había nadie allí. Si fuera más temprano o unos pocos días antes de los exámenes, el patio central del complejo de Osiris estaría lleno de alumnos practicando su duelo. Ahora sólo podía ver a uno que otro que cruzaba el patio camino a su dormitorio.

Imaginé que la mayoría de los que se iban a Ra debían estar preparando su equipaje. De manera un tanto cruel, me dije que era bueno que Junko y Momoe no tuvieran que mudarse todavía. Considerando la cantidad de equipaje que ellas habían traído –casi como si tomaran su estancia en la isla como unas vacaciones a la antigua, de esas que duraban meses–, de haber sido el caso, seguramente nos habrían forzado a todos a ayudarlas a cargarlo.

—¿Qué pasa Satou? —La voz de Takadera me trajo de nuevo a la realidad.

Estaba de pie en el centro de sus dos amigos, mirándome con curiosidad. Tanto Isaka como Mukouda se notaban un poco nerviosos. Más el segundo que el primero.

Decidí ir directamente al grano:

—Tenemos que volver allí y cerrar lo que abrimos.

Isaka y Mukouda se miraron. Takadera, en cambio, frunció un poco el ceño.

—¿Viste algo? —me preguntó.

—Quizá… —No era del todo una mentira. Había visto a dos espíritus, los cuales estaban de acuerdo en que el mejor paso a seguir era ir y cerrar la puerta que estúpidamente dejamos abierta.

Esta vez, los tres intercambiaron miradas.

—Pero —comenzó Isaka—, el oráculo está destruido.

—Lo sé, pero les dije que se puede hacer lo mismo con un vaso de vidrio. —No parecían muy convencidos, así que insistí—: ¿Recuerdan lo que dije? No es el ritual lo que da el poder al objeto, o que tan especial sea. En realidad, eso ayuda, pero, al final, lo que importa es la voluntad… la fe, si lo prefieren, que pongan en que dicho objeto va a funcionar.

Isaka todavía no parecía muy convencido.

—¿Y si eso vuelve a pasar? —preguntó Mukouda.

—Esa es la razón por la que debemos ir allí y cerrar la sesión, cuanto antes mejor —añadió Takadera. Suspiró—. No puedo negar que estaba emocionado cuando algo respondió, no obstante, no creí que esto escalaría tanto en tan poco tiempo.

Isaka se retorció las manos.

—Si les soy sincero, con mis primos siempre había alguien que movía el oráculo. Nunca pensé que esto podría pasar de verdad. Siempre supuse que eran cosas de las películas.

—Debes saber algo —dije—: el noventa y nueve por ciento de los supuestos fenómenos paranormales siempre tienen una explicación lógica. Ese uno por ciento que sobra es el que de verdad debe preocuparte.

—Entonces, ¿esto es real? —preguntó Mukouda.

—¿Viste la manera en que el oráculo salió volando sin que nadie lo impulsara?

—Sí… —Frunció el ceño—. Luego se desvió, antes de siquiera tocarte, como si algo más lo hubiera arrojado contra el techo.

—¡Oye, es verdad! —agregó Isaka—. ¿Cómo hiciste eso?

—¡No fui yo! —dije de inmediato.

Takadera me miró con el ceño fruncido.

—Miren, lo juro, no fui yo. Fue mi deck. —William me había aconsejado ser un poco honesto al respecto, valía la pena probar—. ¿Saben quién es mi tío?

—¿El profesor Satou? —respondió Mukouda.

—No, mi otro tío.

—Yugi Muto —esta vez fue Isaka.

—Sí. Pues, digamos que los espíritus son algo de familia. Y dos de ellos insisten en que debemos terminar lo que empezamos.

—¿Sin el oráculo? —insistió Isaka.

—No se necesita. ¿Sabes cómo debes deshacerte de una Ouija cuando ya no la quieres?

—Quemarla —dijo muy seguro.

Sentí ganas de darme en la cabeza con la palma de mi mano. Suspiré. ¿De verdad hacían esto sin investigar primero? Bueno, también podía darse el caso de que en este mundo se hiciera diferente.

En todo caso, no podía dudar. Es la voluntad lo que iba a dar poder al ritual, no el que esté fuera correcto o no.

—Mala idea. Primero, hay que juntar los restos del oráculo usado, y envolverlos en tela. También la tabla, pero sin dejar que se junten de nuevo. Luego, debemos enterrarlos. De preferencia donde nadie más los busque. Por suerte, en esta isla hay muchos lugares para ello.

También había que utilizar agua bendita, según creían los católicos, en los sitios que se utilizó la Ouija. Por supuesto, en este mundo no hay cristianismos. Está la iglesia del Dios del Juicio, pero él estaba del lado de la Luz de la Destrucción, así que para mí era un gran no.

Si no podíamos emplear agua bendita, quizá con algunos talismanes sintoístas funcionará. Era una lástima que no hubiera un templo cerca… Y luego caí en cuenta que estaba con el club de esoterismo.

—¿Tienen talismanes protectores?

Takadera frunció el ceño.

—Por supuesto. ¿Qué clase de persona estaría en esto sin ellos? ¿Estás seguro de que eres un mago?

—Práctico más «Magia Caos» que otra cosa. Y esa se basa en el uso de sigilos. —En realidad, la respuesta salió de manera automática. Sabía lo que era la magia caos por haber leído un poco del trabajo de Aleister Crowley, pero no había hecho uso de esta… no al menos que recordara.

«Excepto que el símbolo arcano en esencia es un sigilo», me recordó una parte de mí.

—¿Cómo es eso? —preguntó Takadera. Los otros dos también me miraban, interesados.

—No tenemos tiempo —dije.

—Podría ayudar —insistió Takadera.

Cierto.

—Cómo dije, se basa en sigilos. Ahora, no necesariamente un sigilo debe ser un círculo mágico excesivamente completo. Es cualquier cosa: un dibujo, una palabra inventada. Algo a lo que le des un significado que te acerqué a lo que quieres conseguir. Una vez hecho el sigilo en una hoja de papel, debes activarlo. Y para eso debes alcanzar un estado de trance conocido como gnosis. Ya activado, destruyes la hoja y luego te olvidas de ello.

Los tres parpadearon.

—¿Destruirlo?

—¡Claro! Sé que parece extraño, pero una vez activado ya no lo necesitas, al menos ya no necesitas verlo. Ahora todo es esperar, más no esperar. Si el sigilo se activó de manera correcta, comenzará un proceso mágico en el que las coincidencias se pondrán a nuestro favor hasta que obtengamos lo que queremos. Es simple, y cualquiera puede usarlo. Solo necesitas suspender tu incredulidad un momento, y llegar al estado de gnosis.

—¿Cómo haces eso? —preguntó Mukouda—. ¿Cómo entras al «estado de gnosis»?

—Eso varía según cada persona. Puede ser meditando, oyendo música, incluso mediante un rosario. Ciertas drogas también ayudan, no es que les diga que las usen, solo digo que es posible. Y bueno también… —Me callé.

—¿Qué más? —insistió Isaka.

—¿No íbamos a terminar el asunto con la Ouija? —les pregunté cambiando de tema.

Eso les recordó a los tres que teníamos una puerta espiritual que debíamos cerrar cuanto antes.

—¿Tienes tela de la que empleamos para las túnicas? —preguntó Takadera a Mukouda, este asintió—. Ve por ella. Haremos ese ritual que propuso Satou.

El chico se apresuró a hacerlo, mientras Takadera mismo regresaba a su habitación para ir por los talismanes de protección.

Yo suspiré aliviado por dentro por no tener que explicar la otra forma de alcanzar el estado de gnosis. Lo menos que necesitaba ahora era a tres mocosos de quince tratando de comenzar a tener una vida sexual activa solo con el objetivo de activar sigilos mediante un orgasmo.

Escuché la risa divertida de Banshee. Casi podría jurar que había algo de travieso en ella.

Mukouda regresó cinco minutos más tarde con dos retazos de tela negra. Nos miramos y, a pesar de que ya no eran horas de regresar al edificio principal, nos escabullimos del dormitorio. Por suerte, teníamos todavía una hora antes del toque de queda. Podríamos sellar la tabla de manera momentánea y luego enterrarla para cortar la conexión, cerrando así la puerta antes de que algo pasara.

Por supuesto, como es de esperarse, no íbamos a tener tanta suerte y la Ley de Murphy hizo de las suyas: «Si algo puede salir mal, saldrá mal. Si algo puede empeorar, empeorará».

Cuando llegamos al aula del club de esoterismo, el ambiente se sentía un poco pesado. Ese fue en realidad el mayor indicador de que algo andaba mal, aunque también podía ser nuestro nerviosismo. Más allá de eso, no presenciamos ninguno de los clichés habituales. Las luces no fallaron, no escuchamos sonidos inexplicables o nos sentimos observados. Solo era la sensación de que algo estaba oprimiéndonos.

El aula estaba justo como la dejamos. Las velas apagadas, la tabla en el centro de la mesa, junto con los otros elementos del ritual. El oráculo seguía partido en tres y esparcido por el piso de la habitación.

—Recoge los pedazos —ordenó Takadera a Isaka—. Nosotros envolveremos la tabla.

—Por seguridad, no hay que tocarlas con las manos desnudas —dije.

Los otros aceptaron mi petición y fuimos a hacer lo que acordamos.

Tragué saliva y sentí el sudor escurriendo por mi rostro.

Escuchamos algo deslizarse, y a Isaka emitir un jadeó de sorpresa, mezclado con miedo.

—¿Qué…? —comenzó a preguntar Takadera.

Al girarnos, vimos los tres pedazos del oráculo levantarse en el aire. Luego, tal como sucediera unas horas atrás, salieron volando. Tuvimos que arrojarnos al suelo para evitar que nos golpearan.

Cuando alcé la cabeza, los tres restos del oráculo flotaban sobre la Ouija. Luego, volvieron a pegarse formando una pieza única.

—¡Qué rayos! —gritó Mukouda.

—¡Demonio! —añadió Takadera.

Isaka volvió a jadear, escondiendo su cabeza entre sus piernas y protegiéndose con sus manos como si con eso pudiera evitar a lo que estaba allí.

La puerta se cerró con fuerza y las paredes de la habitación parecieron temblar.

Sentado a la mesa, en la silla que antes uso Takadera, estaba el espíritu de Necrofear Oscuro. El monstruo tenía sus manos puestas sobre el oráculo, el cual comenzó a moverse formando una palabra. La misma que el Tablero del Destino: «DEATH».

Isaka, Mukouda y Takadera gritaron, al tiempo que sus cuerpos se retorcían y luego se elevaban. Quedaron suspendidos en el aire, mientras sus almas les eran arrancadas de sus cuerpos.

Necrofear Oscuro me sonrió de manera enigmática, y luego desapareció.

La tabla tembló un par de veces, para luego comenzar a despedir un humo negro que envolvió las tres almas arrebatadas a mis compañeros.

Sentí la presencia de alguien más, y una persona con el uniforme de Osiris y cabello castaño se paró frente a mí.

—Ju… —me detuve cuando los dos ojos amarillos me devolvieron la mirada—. Haou.

—Aquí viene —dijo el Rey Supremo mientras volvía su atención hacia la mesa.

El humo negro ya había tomado forma. Ahora, frente a nosotros y flotando sobre la tabla, había un hombre rubio, quien vestía una armadura, que bien podría haber usado en las cruzadas, y en cuya mano sostenía un látigo.

—Cazador de Vampiros —dije.

El hombre saltó de la mesa aterrizando en el suelo con los movimientos ágiles y seguros de un guerrero experimentado.

—¿Eres el hechicero que me contactó antes? —me preguntó.

—Tal vez —dije. Él frunció el ceño—. Me presenté como un mago, no un hechicero —le recordé.

Su sospecha solo se incrementó. Miró entonces a Haou.

—¿Qué hay de ti? ¿Eres su aliado?

—Tu oponente será él —dijo—. Asumo que sabes duelo. Todas las almas unidas a las cartas lo saben de manera instintiva.

—¿Por qué enfrentaría al hechicero en una batalla a muerte?

—En este mundo, el duelo no es algo de vida o muerte, a menos que ambas partes lo acuerden. No obstante, este duelo no es para eso. Aun así, tu presencia física en este mundo está atada a las almas de los tres estudiantes sacrificados. La única forma de liberar esas almas es mediante un duelo. No importa quien gané.

Haou sacó una de las sillas y se sentó en ella, cruzando sus piernas con el porte majestuoso de un rey.

—Esto es simple, Cazador, las almas de los sacrificios, como dije, serán libres una vez que el duelo terminé. Si vences a mi… —Haou pareció estar buscando la palabra adecuada—. Campeón, entonces, te diremos lo que quieres saber sobre tu objetivo.

—¡Erzsébet! —gruñó el Cazador de Vampiros.

—Exacto. Serás libre de irte con esa información si ganas el duelo. Pero, si mi campeón vence, tu carta, la original, pasará a formar parte de la baraja de mi campeón y lo servirás.

—¿Qué pasa si me niego a participar en tu juego?

Haou miró los cuerpos de los tres estudiantes, los cuales seguían flotando cerca del techo, con los brazos extendidos con forma de cruz.

—Esos tres inocentes pagarán el precio. Permanecerás en este mundo una vez más como un humano, consumiendo el tiempo de vida de esos tres como si fuera el tuyo.

El Cazador apretó los puños. Luego me miró de nuevo.

—Muy bien. Terminemos con esto.

Haou sonrió complacido ante esa respuesta. No me quedó claro si estaba seguro de que el Cazador aceptaría y las almas de esos tres no corrían peligro alguno, o si en realidad cualquiera que fuera la respuesta del espíritu de duelo le daba igual.

—Yubel —Haou llamó a su guardián.

Yubel apareció detrás de él, extendiendo sus alas con todo su esplendor. Hubo un resplandor que me cegó por un momento. Cuando volví a ver, estábamos en la ilusión creada por Erzsébet, el único lugar en que sus cartas funcionaban.

—Ahora, pueden comenzar.

Cazador de Vampiros alzó su látigo, el cual se convirtió en un disco de duelo.

—¿Cuál es tu nombre, hechicero? —me preguntó.

—¿Mi nombre…?

—En una justa entre caballeros, ambos deben estar en igualdad de condiciones. En especial cuando hay vidas inocentes en juego.

Asentí. No parecía que fuera una mentira o una trampa para obtener mi nombre.

—Kenichi Satou, ese es mi nombre.

—Soy Leon, caballero sagrado de la Casa Belmont.

¿Qué demonios?

Miré a Haou. Ahora estaba sentado en una silla tan elegante que parecía un verdadero trono. Tenía los dedos cruzados frente a su rostro, de una manera que me recordó a Gendo Ikari. Algo en su mirada parecía decir: «¿Querías un mazo Castlevania? Esta es tu oportunidad de obtenerlo… literalmente».


Respuestas a Reviews Anonimos de este capítulo (hasta el 31/07/22)


Black Demon

Sinceramente, es poco probable que conozcamos a personas del pasado de Kenichi si no es por flashbacks. Principalmente, porque hay pocos duelistas relacionados con él. Como se puede inferir, él se movía más en un mundo relacionado con dioses, seres míticos y magia, que en juegos de cartas.

No sé si introducir más OC. Eso se debe hacer con cuidado. Sobre una amenaza muy grande, tendría que ser algo capaz de superar a Horakhty. Para mí, ella se clasifica al nivel de Nodens, Yog-Sothoth, Nyarlathotep, entre otros Arquetípicos y Exteriores. Mientras que la Luz y la Oscuridad al nivel de Cthulhu, Hastur, Tsathoggua, es decir: los Primigenios o Grandes Antiguos.

Roxas Strife

Por desgracia, la carta claramente está inspirada en Leon. Y Alucard Fantastruco obviamente es Kid Drácula XD

Banshee es la voz de la Razón. Supongo que ya se ha notado, pero William no hace precisamente eso. De hecho, lo guía por un camino en el que parece desear que acepte su sangre y la alianza con Haou como algo indispensable.

La forma evolucionada de William es "Genesis de Vampiro". No es muy potente, ya que él representa la vieja escuela, por así decirlo. Drácula es la nueva escuela, porque él tiene una versión Xyz (si llegara a surgir una fusión o algo que use a Genesis, quizá esa sea la de William). De hecho, como se puede intuir, hay un poco de viaje en el tiempo involucrado (¿Quizá Drácula aprovecho las olas de cambio causadas por lo que hicieron el futuro para hacer eso?). Y es muy posible que Drácula sea uno de los causantes principales del caos que está ocurriendo en el mundo de los espíritus.

Malon 630

Hasta el momento puedo confirmar que solo se han desbloqueado los Xyz y los Péndulos más básicos (al menos en el mundo humano). No obstante, un duelista de alto nivel como Yugi, Kaiba, Pegasus y Haou podrían llegar a usar más. La invocación Link se tratará pronto. Tengo una idea para ella que creo va muy acorde con su tema y hará referencia a Vrains. Hay que recordar que no hay números, ya que el Código Número no existe en esta versión de su universo al ser uno que fue creado por Horakhty.


Pequeña nota aparte, dije que iba a hacer un servidor de Discord. Pues ya he estado haciendo unas pruebas desde hace unos meses, y creo que ya puedo abrirlo. Si prefieren que responda dudas por allí, como veo muchos lo están haciendo en el fandom en inglés, dejó el link en mi perfil.