EXCEPCIONALES.
(Dos meses después que Peter recibiera el Brazalete de la Araña)
Peter Parker estaba caminando hacia la oficina de J. Jonah Jameson para entregarle un nuevo folder de fotografías de Spider-Man, lo cual si bien veía muy necesario, dada la precaria situación en la que se hallaban él y su tía desde poco antes de la muerte de su tío. Sin embargo, no le hacía mucha gracia, pues aunque Robbie, Hoffman y Betty no compartían los pensamientos de Jameson sobre el arácnido e incluso trataban de hacerle ver que no era una amenaza como el editor en jefe de El Clarín pensaba, Jameson siempre decía calumnias sobre el alter ego de Peter y hacía menos su trabajo como fotógrafo, incluso si ni siquiera fotógrafos profesionales lograban las tomas que él hacía de Spider-Man (aunque claro, ayudaba mucho el que su cámara tuviera un rastreador conectado a un chip en su traje y el hecho que, literalmente, Peter sacaba fotos de sí mismo).
En fin, cuando el pobre adolescente llegó a la oficina de Jameson, éste estaba gritándole obcenidades a Hoffman por un ligero malentendido sobre el acomodo de las páginas de la edición dominical mientras Robbie era ignorado olímpicamente por el hombre que parecía nunca perder su voz, a pesar de gritar al menos un 60% del día.
- ¡Eres un inútil, Hoffman! - Gritó Jameson. - ¡No pude haber sido más claro! ¡Dije que movieran a Conway a la página 3, que Johnson tuviera sólo una columna en la página 4 y 5% menos paga, y que el encabezado de la primera plana sería: "Amenaza enmascarada entorpece trabajo policíaco"!
- ¡Ese es el problema, Jonah! - Espetó Robbie. - No tenemos fotos de ese robo en particular y no podemos imprimir la primera plana sin una.
- ¡¿Dónde está el chico que nos trae las fotos de ese payaso en traje de licra?! - Rugió Jameson. - ¡PARKER!
- Aquí estoy, señor Jameson... - Soltó Peter mientras se acercaba al escritorio de Jameson.
- Vaya, al menos sabes responder inmediatamente cuando te llaman. - Soltó el hombre del bigote mientras tomaba el folder que Peter estaba cargando.
Jameson abrió el folder y comenzó a revisar el contenido, mirando las fotos con poco detenimiento y algo de desdén.
- Basura... basura... megabasura. - Dijo Jameson mientras miraba las fotos que Peter le había entregado. - Parker, eres el peor fotógrafo que jamás he tenido la desgracia de conocer. Pero ya que eres el único que puede sacar fotos más o menos decentes de ese parásito trepador de muros, supongo que éstas son suficientemente buenas.
Dicho eso, Jameson sacó una foto del folder y se la entregó a Robbie.
- Ten tu primera plana, ponle el encabezado que ya te dije. - Ordenó Jameson.
- Ya te dije que Spider-Man no es una amenaza. - Espetó Robbie.
- ¡Y yo te dije...!
- Está bien, yo lo haré todo...
Robbie suspiró profundamente y salió de la oficina de Jameson a cumplir las órdenes de su jefe, muy a regañadientes. Mientras tanto, Peter sólo atinó a suspirar en exasperación mientras Jameson regresaba su atención a él.
- Muy bien, niño, toma, te daré doscientos cincuenta por todas. - Dijo Jameson mientras le extendía un cheque a Peter.
- Está bien, señor Jameson... Y Spider-Man no entorpeció el trabajo de la policía, él estaba ayudando a los muchachos de azul a atrapar a los ladrones... - Dijo Peter.
- Te diré algo, yo decidiré si eso es cierto, tú limítate a sacar fotografías de ese payaso busca-propaganda.
- Pero...
- ¿Acaso eres su abogado o algo así? - Dijo Jameson con fastidio. - ¡Fuera de aquí! ¡Si a Spider-Man le molesta tanto lo que escribo, entonces que me demande y me haga rico, como una persona normal!
Peter suspiró y se dirigió a la salida de la oficina de Jameson.
Sin embargo, en cuanto Peter cerró la puerta de la oficina de su jefe, la ventana y la pared que la sostenía fueron voladas en pedazos, haciendo que Jameson fuera lanzado sobre su escritorio y que Hoffman se estrellara contra la pared, haciendo que se golpeara la cabeza y quedara inconsciente. Y entre la nube de polvo, una inconfundible silueta se estaba acercando a Jameson, flotando algunos centímetros sobre el suelo y con una gran sonrisa siniestra en el rostro. Ante esos hechos, los trabajadores del Diario el Clarín salieron despavoridos mientras Peter corría presurosamente a buscar un sitio para poder transformarse.
Una vez que estuvo lo suficientemente cerca, el villano conocido como el Duende Verde se agachó un poco y extendió su brazo derecho para levantar a Jameson del cuello, mientras éste forcejeaba y pataleaba para intentar liberarse, sin éxito alguno.
- John Jonah Jameson, pobre diablo, te haré una pregunta y tú me contestarás honestamente o las cosas se pondrán muy feas para tí. - Dijo el Duende Verde mientras sonreía malévolamente. - ¿Quién es el sujeto que le toma las fotografías a Spider-Man?
- ¡No sé quién es! ¡Me llegan por email! - Mintió Jameson.
- ¡Es mentira! ¡Última oportunidad, Jameson! ¡Dime quien es el maldito fotógrafo!
- ¡Es en serio! ¡No sé quién es!
- Si es así, entonces no me sirves...
El Duende Verde levantó su puño y se preparó para acabar con Jameson de un solo golpe, pero en ese momento, una hebra de telaraña atrapó su brazo y lo detuvo. Y en cuanto vio la telaraña, el Duende Verde no pudo evitar esbozar una sonrisa de malicia.
- ¡Suéltalo, bravucón! - Espetó Spider-Man.
- Hablando del diablo... - Dijo el Duende Verde mientras soltaba a Jameson.
El maniáco de traje verde y púrpura se volvió para encarar al recién llegado héroe y sonrió más ampliamente al ver a su rival por excelencia, colgando de cabeza gracias a un hilo de telaraña.
Mientras tanto, Jameson gruñó y se puso de pie mientras apuntaba un dedo acusador a ambos superhumanos.
- ¡Duende Verde, Spider-Man! ¡Sabía que eran un equipo...! - Rugió Jameson.
En ese momento, Spider-Man le disparó un poco de telaraña a Jameson en la boca.
- Cállate y deja que los adultos hablen en privado. - Dijo Spider-Man.
Mientras tanto, el Duende Verde levantó su brazo y apuntó el dorso de su muñeca al cuello de Spider-Man, haciendo que un compartimiento en su guante se abriera y disparara un micro-dardo al superhéroe arácnido. Aunque el sentido arácnido de Spider-Man se activó a tiempo, debido a su distracción al cerrarle la boca a Jameson con telaraña, el joven héroe no pudo evitar el ataque del Duende Verde.
Y en cuanto el dardo se encarnó en su cuello, su cuerpo comenzó a sentirse sumamente pesado y su agarre en la hebra de telaraña comenzó a fallar.
- Duerme. - Sonrió el villano de traje verde y morado.
Pocos segundos después, Spider-Man cayó de su hebra de telaraña y algunos metros antes que se estrellara contra el suelo, el Duende Verde lo atrapó y se lo llevó volando, ante la mirada atónita de los transeúntes.
(Horas después)
Spider-Man comenzó a recobrar el sentido, su cuerpo aún se sentía pesado, su cabeza daba vueltas y aunque tenía la visión borrosa, pudo notar que ya era de noche. También notó que estaba en la azotea de un edificio y que había una persona justo delante de él.
- Despierta, pequeña araña. - Dijo la persona frente a él. - Descuida, no estás muerto, no aún al menos. Sólo temporalmente paralizado.
Poco a poco, los sentidos del joven héroe fueron aclarándose, dejándole ver que la persona frente a él era el Duende Verde.
Pero tal como el villano le había dicho, su cuerpo estaba paralizado, por lo que no pudo hacer más que mover la cabeza un poco para mirar mejor a su enemigo, quien se estaba acercando a él.
El Duende Verde se puso en cuclillas frente a su joven archienemigo y sonrió mientras miraba al héroe arácnido con sus ojos amarillos.
- Sinceramente, eres una criatura increíble, Spider-Man. - Dijo el Duende Verde. - Y eso me hace creer que ambos no somos tan diferentes.
- No somos iguales... - Espetó un aturdido Spider-Man. - Tú eres un asesino y un criminal...
- Bueno, a cada quien lo suyo. Yo elegí mi camino, tú decidiste seguir el camino de héroe. - Soltó el villano se encogía de hombros. - Y eso ha sido divertido hasta ahora porque a la gente le pareces entretenido, pero no te equivoques, niño, si hay algo que la gente de esta ciudad ama más que a sus héroes es ver cómo esos héroes caen y mueren en una hazaña.
El Duende Verde volvió a acercarse a Spider-Man para tomarlo de la barbilla con algo de rudeza y sonreír maliciosamente.
- No me costaría nada el cumplir el sueño de la gente de esta ciudad, bien podría aplastarte como a un insecto, pero no lo haré porque prefiero darte a elegir tu propio destino. - Dijo el Duende Verde. - Escucha bien: Hay casi ocho y medio millones de habitantes en la ciudad, y ese tipo de masas prolíferas existen con el único propósito de levantar en hombros y adorar a la poca gente excepcional, y tú y yo somos excepcionales.
- Tú no eres más que un criminal... - Dijo Spider-Man.
- Cierto, pero eso no quita el hecho que yo ganaré en esta pequeña riña, y ni tú, Fisk, Zemo, Loki, Von Doom, Richards, ni mucho menos Stark y sus amiguitos van a poder evitarlo. Y es por eso que quiero proponerte tres opciones.
- Sigue soñando, Verdi, después de todo, soñar no cuesta...
- La primera opción que te doy es la que considero la mejor para tí, y esa opción es unirte a mí. - Dijo el Duende Verde, ignorando por completo el comentario de Spider-Man. - Imagina lo que tú y yo crearíamos, ¡o lo que destruiríamos!
Luego de eso, el maníaco de verde y morado se alejó un poco de Spider-Man y le dio la espalda al héroe.
- La segunda opción es bastante simple, sólo aléjate de mis asuntos, puedes seguir jugando al héroe con los Vengadores, pero sin meterte en mi camino. - Dijo el Duende Verde. - La última de tus opciones es, en mi muy humilde opinión, la más estúpida y la peor que puedes tomar, y es que tú sigas siendo héroe, tratando de detenerme. Pero ten en cuenta que si sigues metiéndote en mis asuntos, te mataré y mataré a todas y cada una de las personas que te importan. Además, considera las muertes que causaríamos a inocentes enfrentándonos en una y otra, y otra batalla egoísta hasta que alguno de los dos muera, ¿podrías vivir con toda esa sangre en tus manos?
- Si con eso logro detenerte, podré salvar al resto del mundo de tí...
- Bien, como quieras, pero ya que estás algo aturdido por la neurotoxina que te inyecté, te daré tiempo para que consideres bien tus opciones y elijas la correcta. - Dijo el Duende Verde mientras se subía a su planeador. - ¡Te lo dejo de tarea, héroe!
El Duende Verde soltó una carcajada y se alejó volando en su planeador con forma de murciélago, mientras Spider-Man comenzaba a recobrar el movimiento y la sensación en sus extremidades.
Y tras analizar la charla que apenas había tenido con el Duende Verde, Spider-Man pensó que jamás antes se había sentido tan decidido a detener al maníaco de cara verde como en ese momento.
