El nerd que nunca tendré.


Sakura miró la ropa frente a ella con una expresión neutral, pero por dentro sentía su estómago gruñir y revolverse al rememorar las cientas de veces que se escondió al buscar talla L o XL.

Odiaba los estándares de belleza, en serio los detestaba, pero al final era una esclava más que se aferraba a mantener una talla para poder comprar la ropa de moda.

Porque así es la industria, solo las delgadas con cuerpos esbeltos lucen mejor con esos nuevos jeans que van arriba de la cadera y que son holgados de las piernas.

Cruda realidad.

Levantó la mirada y por el cristal a espaldas de dónde la ropa colgaba, alcanzó a ver a Eriol con el chico nuevo. Iban camino a la fuente en medio de la plaza, lugar donde su amiga y su novio acordaron encontrarse.

Suspiró con disimulo y regresó a dónde Tomoyo se estuvo probando sombreros los últimos diez minutos.

—Mi madre quiere hacer una parrillada estilo América, ya sabes, con sus allegados y socios, vestimenta casual pero de nivel —le contó ella mientras se ponía de lado y hacia boca de pato al verse frente al espejo—. Pienso llegar con este sombrero y, cuando se descuide, ponerme una gorra de béisbol.

Sakura le sonrió con cierta empatía, sabía que lo haría. Tomoyo siempre aprovechaba cualquier ocasión para llevarle la contraria a su madre que le exigía se comportara como una princesa.

Lo peor fue que encontró a su ideal, pues Eriol siempre le hacía segunda en sus fechorías. Y Sonomi, por el apellido que respaldaba al de lentes, no le quedaba de otra más que soportar y sonreír aunque quisiera separarlos de por vida.

—Me parece una gran idea, si agregas una bermuda le darás una hernia.

Tomoyo se carcajeó justo en el momento en que su celular tintineó, mientras negaba con la cabeza, sacó el aparato de sus jeans y sonrió de manera genuina al leer lo que seguro su novio le envió.

—Llegaron —anunció antes de dejar el sombrero de lado para luego enlazar su brazo con el de la castaña.

Juntas caminaron hasta el lugar de encuentro donde la de cabello oscuro saludó con un enorme beso al inglés de lentes, mientras que el otro chico, desvió la mirada con un ligero sonrojo en las mejillas.

—Oh, Sakura, te presento a Xiao Lang... —dijo Eriol al alejar un poco a su novia para señalar al joven que lo acompañaba—. Ella es la mejor amiga de Tomoyo...

—Nos vimos en biología, ¿cierto? —interrumpió Sakura y ladeó la cabeza provocando que el nuevo clavara la mirada en el suelo.

Tomoyo y Eriol se miraron unos segundos antes de regresar la atención a los castaños. Por su lado, el incómodo chico puso una mano en su hombro y apretó, un curioso tick que tenía ante los nervios.

—Sí, así es —musitó.

Sakura sonrió y vio a su mejor amiga.

—Tomó el lugar de Akiho, definitivamente es mejor pareja que ella —señaló y entornó los ojos—. Nunca quiere trabajar, hoy él y yo avanzamos mucho en la clase.

—Todo eso ya lo había visto con mis tutores —titubeó Xiao Lang y metió las manos a su pantalón.

—¡Vaya! ¿Llevaste biología avanzada? ¿Tienes más materias de nivel avanzado? —cuestionó la de mirada verde con las cejas arqueadas.

El nuevo la miró un segundo antes de llevar su atención al lado contrario al que ella, se aclaró la garganta y asintió levemente con la cabeza.

—Le comentaba que tendrán clases juntos, así no se perderá en la escuela —intervino Eriol al mirar a su novia.

Tomoyo le dio una sonrisa y entrelazó sus manos.

—Casi todas mis clases son de nivel avanzado; las que no, supongo que las tendrás con Sakura... A quien le vendría bien un cambio de pareja —explicó con un gesto fastidiado.

—Akiho no es tan mala... Solo tiene sus prioridades mal acomodadas —defendió la aludida con un encogimiento de hombros.

El nuevo los observó alegar por unos momentos hasta que de su celular se escuchó un bipido, los otros lo vieron mientras él sacaba el aparato.

—Perdón, es mi madre —susurró antes de alejarse para contestar.

Tomoyo apoyó un brazo en el hombro de su novio y miró con curiosidad al chico.

—Lo traen cortito.

Eriol rio por lo bajo antes de asentir.

—Algo así, sus padres son muy sobreprotectores... Mi padre dice que es porque de cinco embarazos, él fue el único que sobrevivió.

—Vaya... Qué triste —musitó Sakura con un gesto decaído que no pasó desapercibido por sus acompañantes.

—Vamos, le dije que le ayudaría a conseguir los libros que pidieron en la escuela —dijo Eriol al tomar a su novia por la cintura.

Tomoyo volvió a entrelazar su brazo con el de su enajenada amiga y, tras darle una mirada de empatía, alcanzaron al que estaba terminando su llamada para medio ayudarlo a tener un buen inicio de vida en Tomoeda.


Decir que traían a Xiao Lang bien cuidado, era quedarse corto. Cuando salieron de la plaza, Sakura vio con asombro que un chófer lo esperaba a la puerta. Tomó los libros del chico y, tras discutir un poco, le dijo que iría cinco metros atrás, en su vehículo, pero que no lo dejaría irse solo.

Y aunque él trató de restarle importancia, se notó bastante incómodo cuando avanzaron calle arriba en dirección a sus hogares.

Claro que Tomoyo y Eriol caminaron delate de ellos, pues entre abrazos, besos y bromas que solo ellos entendían, Sakura se fue alejando a cada paso hasta quedar junto al nuevo.

—Lamento si estás incómoda —susurró él, de la nada—. Mis padres dan indicaciones específicas y no dejan espacio a alegatos.

Sakura lo miró de reojo con curiosidad, hablaba tan correcto que le daba la sensación de que era un diccionario andante... O algo así. Quiso aligerar su pena, así que se encogió de hombros.

—Pena que esos dos no se aguanten a estar a solas para demostrarse amor —bromeó y sacó la lengua.

Xiao Lang la vio por un segundo antes de regresar su mirada al suelo.

—Debe ser difícil estar en una escuela llena de desconocidos —continuó ella tratando de hacerlo entrar en confianza.

—Algo... En Hong Kong solo estaba mi prima... Las personas suelen alejarse por... —Señaló a su espalda —. Cosas como esa.

Sakura le dio una sonrisa empática.

—No te preocupes, aquí todos tenemos algo de locura. —Hizo un movimiento con la cabeza en dirección a la pareja delante—. Esos dos son los más raros, cuando conocí a Tomoyo tenía cinco guardaespaldas, mujeres.

Xiao Lang la vio con sorpresa y ella rio.

—Esa misma cara puse, lo juro.

El chico se sonrojó y bajó la mirada mientras fruncía el ceño.

—Gracias por... Lo de la cafetería...

Sakura ladeó la cabeza y se detuvo, él lo hizo pasos más adelante y la volteó a ver, tenía las manos metidas en su pantalón, pero se notaba que las empuñaba con fuerza.

—Creo que te ví... Que... Tal vez estoy mal, no me hagas caso —dijo y atropelló las palabras con los nervios dibujados en su rostro.

Pasados unos segundos, ella suspiró.

—No pasa nada, hay gente muy estúpida en la escuela... Pero, de nada.

Él asintió mas nunca subió la mirada, Sakura se sintió un tanto incómoda hasta que una idea le llegó a su cabeza.

—¿Sabes? Trabajamos bien en equipo y... Bueno, mi pareja es una inútil y tú no tienes con quien hacer el proyecto final... —Los iris color ámbar detrás de los lentes de botella se clavaron en ella, así que sonrió con cierta picardía —. ¿Te parece si lo hacemos juntos? Prometo una excelente nota para ambos.

Casi se podía escuchar el canto de los grillos a su alrededor de lo silencioso que había quedado el ambiente, pero tras unos momentos, el chico nuevo asintió, apenado.

—Claro, por mí está bien.

Y cuando Sakura sonrió como si fuera mañana de navidad, Xiao Lang tragó pesado y clavó la mirada en el suelo al sentir que estaba atrapado.


NA: Antes de que se emocionen con que ya cayó o algo así, quiero que recuerden que Syaoran fue educado en casa, casi no tuvo contacto con gente de su edad y es consciente de su aspecto. Y Sakura es todo lo inalcanzable, así que el que ella sea amable con él, le da vergüenza.

Aún no sé si la narración se va a mantener en Sakura, estoy indecisa por muchas cosas a futuro. Normalmente ya hubiera metido la perspectiva de Syaoran, pero me gusta que nos quedemos conociendo a Sakura porque ella tiene mucha tela de dónde cortar.

¿Les está gustando? Juro que me gustaría saltarme a lo bueno jajajaja, pero necesitamos contexto.

¡Nos vemos la otra semana!