Disclamer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling; así como la Warner Bros en conjunto con Jam City, son dueños de Hogwarts Mystery. Yo solo hago este fic como medio de entretenimiento y ocio.


Aves del mismo plumaje


Resumen: Desde la primera vez que lo miró, ella no podía imaginar ser su amiga por las percepciones que todo el alumnado y algunos maestros tenían sobre ella, gracias a las acciones de Jacob durante su estancia escolar. Cuando él la conoció por primera vez, jamás pensó que podría llegar a ser su amigo, porque no quería que nadie pudiese cruzar sus barreras. Pero ninguno de los dos podría siquiera creer que entre ambos podría surgir algo más que una amistad. Conjunto de oneshots/drabbles para el Flufftober 2021

Fandom: Harry Potter Hogwarts Mystery

Pareja: Talbott Winger x Isolde Hiwatari (MC!Ravenclaw/OC)

Advertencias: Spoilers de la trama del juego (voy jugando hasta el año 7), MOTL (románticas, clubs, etc), referencias a mi fic "Harry Potter y los Bladebreakes". Mal lenguaje en algunas ocasiones, muerte de personajes (mencionados). En algunos oneshots, podría utilizar narración en segunda y primera persona, pero en su mayoría, será en tercera persona.

Este conjunto de oneshots está basado en la lista del Flufftober 2021 de la página de Facebook "Es de fanfics".

Como nota adicional, tengo una versión en inglés "Birds of a Feather", que si bien son oneshots, no están ligados al evento ya mencionado. Quizá les llegue a traducir e integrar aquí al final; y viceversa. Pero por el momento, me enfocaré en éste, deseando acabarlo dentro de las fechas.


Día 1: Contacto visual

Septiembre, 1984

Isolde Hiwatari se encontraba ansiosa durante toda esa mañana, revisando por última vez su baúl. No quería olvidar nada y su madre le había advertido que no se lo enviaría por vía lechuza, dado que tenía una reunión muy importante en el MACUSA, esto a causa de las próximas elecciones de noviembre. El presidente actual buscaba la reelección y Amanda Boot-Calderón, cómo el resto de los embajadores mágicos estadounidenses, tenían que discutir los términos en caso de que hubiese un cambio del gabinete de gobierno americano.

Amanda buscaba instaurarse en un trabajo en la Unicámara del Magicongreso. Por lo que el cambio de gobierno podría ser la oportunidad idónea de hacerlo. Por ello, era una de las razones por la cual había estado en contra de la decisión de su hija de acudir al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, pese que Isolde, al ser hija de un británico naturalizado, tenía derecho.

Otro de los motivos, siendo de hecho el principal para que la joven Hiwatari estuviese nerviosa, era precisamente por los antecedentes que su hermano mayor, Jacob, había hecho dentro de esa escuela. Los reportajes que Rita Skeeter había sacado a la luz después de su expulsión, trajo repercusiones tanto para su madre como para ella, obligándolas a salir del país por un par de años. Admitía que, quizá esos dos años fueron los más felices que ella había tenido, debido a que estuvo viviendo con sus abuelos paternos. Sin embargo, tenía la esperanza de encontrar a su hermano y era la razón por la cual había tomado esa elección, pese a que temía a lo que pudiese afrontar de ahora en adelante

— ¿Terminaste? —Expresó una mujer de cabello color rubio cobrizo, ojos verdes, de tez blanca y alta, haciéndola sobresaltar y soltar el peluche de jaguar que traía entre manos—. No podemos perder más tiempo. El tren sale a las once de la mañana.

—Sí, madre —respondió Isolde, temblando ligeramente, recogiendo el juguete—. Sólo estaba guardando esto —lo metió en el baúl, cerrándolo.

—Baja a desayunar y acaba de arreglarte —le ordenó, mirando con reprobación el cabello azul de su hija. Sacó su varita, apuntando a la chica, haciéndole un corte del mismo al estilo long bob, con flequillo recto—. Si pudiera, te cambiaría ese color horrible a algo más normal. Jamás imaginé que ese desastre capilar que hicieron Jacob y tú, fuese irreversible. No tardes mucho.

Su madre se fue al comedor. Isolde fue al espejo de cuerpo entero que tenía, observando el corte de cabello. Le desagradaba mucho, pero ¿qué podía hacer si ni siquiera su madre le había permitido tener su varita hasta que estuviese en King Cross? Aunque tampoco es que supiese mucho sobre cómo arreglar el cabello ni cambiar el color a base de magia, no cómo su abuela, que era un as en transformaciones (la cual sí podía cambiar el color de su cabello con un simple movimiento de varita, pero Isolde le había confesado que le gustaba mucho el color azul cielo, resultado de un experimento que trabajó con Jacob, fallando obviamente). Resopló una vez más, antes de sacar su baúl de su habitación, dejándolo en el pasillo. Regresó a su recámara, tomando un bolso de piel de moke, guardando algunos dulces, pañuelos, un par de orejeras y un monedero.

Ambas desayunaron en silencio. A las nueve y media de la mañana, salieron de su domicilio en un auto prestado por la misma Embajada hacia la estación del tren. Isolde estaba asombrada de todo el movimiento del recinto al momento que arribaron, a pesar de que ya habían venido algunas ocasiones cuando se despedían de Jacob.

—Isolde, ven —le señaló su madre el carrito que ya tenía todas sus cosas, entre esas destacaba una lechuza de plumas canela, cara blanca achatada, pico pequeño—. Debes empujarlo por ti misma. Iremos al andén 9 ¾ —le expresó, mientras caminaban—. ¿Recuerdas cómo entrabamos ahí?

—Sí, entre las plataformas 9 y 10 —contestó la niña—. Madre, ¿esperarás hasta que el tren se vaya? —le preguntó tímidamente.

—Sabes que no puedo. Mi traslador internacional a Nueva York sale al medio día, por lo que sólo te dejaré en la estación —respondió la mujer.

Isolde temía esa respuesta, empero no mostró su tristeza en ese momento puesto ya se encontraban frente al muro. Respirando hondo, la chica corrió hacia éste, empujando su carrito, ingresando al túnel oculto entre ambos andenes. Al salir pudo observar que había bastantes magos y brujas, la mayoría estudiantes que se despedían de sus padres o familiares.

—Isolde —Amanda le tomó de los hombros, viéndola frente a frente—. Es momento de regresarte tu varita —sacó su túnica el estuche en donde el señor Ollivander la había puesto hace un mes, cuando le fue a comprar—. Esto significa que de hoy en adelante tú sólo eres la responsable de cómo manejarás tu magia. Debes comportarte como una buena niña dentro de ese colegio, consigue excelentes notas, sigue las normas que te imponen los profesores, mantente al margen si suceden cosas extrañas y también, no continúes los pasos de Jacob. No toleraré ninguna falta tuya, ni mucho menos una expulsión.

—Sí… madre —susurró, viéndola a los ojos unos segundos antes de bajar su mirada hacia el suelo—. Lo prometo.

—Eso espero, Isolde —observó el reloj que estaba colgado en la pared, marcando cuarto para las diez—. Debo irme —Amanda le soltó, para después irse hacia la entrada de la estación.

—Hasta luego, madre —murmuró para sí, triste.

Decidió sacudirse la cabeza para despejarse de esos sentimientos, prefiriendo buscar con la mirada a aquella chica de rasgos indios, cabellos negros, tez morena y ojos cafés, que había conocido hace un mes en el callejón Diagon. Sin embargo, pudo apreciar que muchos estudiantes, sobre todo los más grandes, le veían fijamente, incluso susurraban entre ellas. Esto era a lo que temía, pero tenía que mantenerse fuerte para poder localizar a su hermano. Y una vez que lo lograra, podría irse a Ilvermorny como su madre quería.

— ¡Isolde! —una voz femenina le sacó de sus pensamientos. Hiwatari volteó, para encontrarse con la persona que estaba buscando. Sin poder evitarlo sonrió ampliamente. Gesto que fue respondido por la misma forma—. ¡Me alegra haberte encontrado!

—Igual yo, Rowan. No recordaba que esta estación estuviese tan llena, no al menos cuando venía a acompañar a Jacob.

—Bueno son las diez con diez minutos, pronto saldremos. Además, muchos tomarán los mejores vagones para ellos mismos.

—Me imagino, ¿has venido sola?

—No, mi padre está allá, subiendo mi baúl. Mamá tuvo que quedarse en casa, porque cayó enferma —puso sus manos en el carrito—. ¡Vamos! ¡Seguro que te ayudará también con el tuyo!

La joven Hiwatari asintió, dejando que Rowan le ayudara con sus cosas. Cuando se acercaron al señor Khanna, que tenía mucho parecido con su hija, no puso en reparos en auxiliarle. Ambas se despidieron de él. Empezaron por buscar un vagón libre. No obstante, la sensación de que las miradas de desprecio de los alumnos no se hicieron esperar cada vez que preguntaban si podían compartir espacio con ellos. Y pudieron confirmarlo cuando en uno de ellos, un alumno de sexto grado le gritó:

—No queremos ver nada contigo, Niña Maldita. ¡Vete de aquí! —El resto de sus amigos, siguieron los insultos:

— ¡No deberías estar aquí, Monstruo Hiwatari!

—Después de todo lo que hizo tu hermano, ¿crees que tienes el derecho de venir a Hogwarts?

— ¡Lárgate de aquí, Pesadilla Hiwatari!

—Vámonos, Isolde —Rowan le tomó de la mano—. No vale la pena escuchar una zarza de tonterías.

—Deberías ser más inteligente, niña. No te conviene ser amiga de esa clase de personas —masculló el joven que había empezado los ataques verbales—. Los amigos de Jacob acabaron mal.

Ninguna de las dos les respondió, prefiriendo buscar un vagón vacío para evitar repetir esta clase de escenas. Casi de los últimos, finalmente hallaron uno sin ningún estudiante. Metieron sus baúles a los portaequipajes y acomodaron a Hanna, la lechuza que poseía Isolde en el mismo compartimiento.

—Era precisamente el recibimiento que esperaba, pero creí que sería hasta que nos encontráramos en el castillo —le confesó Isolde—. Supongo que me reconocieron en el acto. Entre mi cabello azul, mis ojos rojos y por mi madre, que es una reconocida embajadora del MACUSA. Lamento que ellos puedan tomarla contra ti, por el hecho de estar a mi lado, Rowan.

—No importa. Después de todo, somos amigas y estamos juntas en esto ahora. Yo te había prometido en el callejón Diagon si ocurría esta clase de situaciones, no huiría en la primera oportunidad —le tomó de las manos, sonriéndole a la de los ojos carmesí.

—Muchas gracias Rowan —respondió con una sonrisa en su rostro—. Pero si en alguna ocasión crees que es demasiado, no te culparé de irte.

—No lo haré. Sé que lo que más quieres es encontrar a tu hermano y te apoyaré en lo que pueda. Por ahora —le soltó, para sacar de su bolso un libro—, deberíamos preocuparnos más por la Selección de Casas. He leído en "Hogwarts: Una Historia" todo lo referente a ello ¿Sabías que Godric Gryffindor donó el Sombrero Seleccionador y que todos los fundadores colocaron parte de ellos en él para elegir a futuras generaciones?

Pero antes de contestarle, la puerta del vagón se abrió. Isolde estaba lista para pelear, al menos de la manera muggle si eran estudiantes mayores. Rowan también se había puesto alerta, con la intención de lanzar el libro si fuese necesario. Empero, sólo se trataba de un niño de once años, tez morena, cabello bicolor, nariz aguileña y ojos rojos. Los cuales llamaron la atención de Isolde cuando ambos chicos cruzaron las miradas.

Son muy bonitos, ¿serán naturales? No conozco mucha gente que posea esa coloración de nacimiento, salvo mi abuelo, mi papá, Jacob y yo —pensó, mientras relajaba sus facciones. Era probable que fuese uno de sus futuros compañeros de clases. Cuando dejó de ver sus ojos, pudo notar que el chico traía su baúl—. ¿Podemos ayudarte?

—No hay más lugar en el tren. Por mi parte preferiría ir solo, pero dadas las circunstancias…

—Puedes compartir el vagón con nosotras —le respondió la niña de los cabellos azules—. Puedes tener el asiento de enfrente para ti solo. Rowan y yo estaremos en este.

El niño asintió, acomodando sus cosas en el portaequipajes, sentándose después sin dirigir palabra alguna a sus acompañantes, terminando por mirar hacia la ventana. Las dos muchachas se observaron entre sí algunos segundos antes de que Rowan se encogiera los hombros. Isolde asintió, retomando su plática acerca de la Selección. Empero lo seguía mirando de reojo de vez en cuando. Quizá era su imaginación, pero era probable que el chico estuviese incómodo o trataba de dormir.

Al quedarse calladas nuevamente, el niño les vio por el rabillo del ojo, notando que Isolde estaba escudriñando su bolso, sacando sus orejeras. Esto le llamó la atención, alzando una ceja para después cambiar su cara de sorpresa cuando ella le extendió el objeto. Sin poder evitarlo, volvió a tener contacto visual con la niña.

—Perdona por hacer tanto ruido —se disculpó—. Para compensarte, quisiera darte mis orejeras. Mi abuelo me las envió para que las utilizara en Herbología —se detuvo brevemente—, o para evitar escuchar los comentarios que he recibido esta mañana —pensó—, ya que tienen un hechizo aislante de sonido. Te servirán más a ti en este momento.

— ¿Estás segura? —le preguntó, volviendo alzar la ceja.

—No te preocupes, tengo otro par en mi baúl.

Sin discutir más, el joven tomó el objeto, colocándoselo. Realmente esa niña era extraña, sin embargo pareciera que ella comprendía su deseo de estar solo y no involucrarlo en sus charlas. Además, le daba curiosidad el tono inusual de sus ojos, cómo los propios, pero prefería guardarse sus preguntas.

Comprobó que efectivamente el ruido no penetraba en absoluto. Ellas seguían platicando; mientras él, se dedicaba a observar el paisaje que el viaje le ofrecía, imaginándose volar entre las montañas o por encima de los lagos o arboledas.

En un par de ocasiones, las jóvenes le llamaron la atención para cuestionarle, a base de señas, si gustaba comprar algo del carrito de dulces. Solo en una de esas llamadas, se retiró las orejeras para poder comunicarse con la vendedora. A partir de las cuatro de la tarde, Talbott Winger prefirió dormitar, recargando su cabeza en la ventana.

Por unas horas, no tenía noción de lo que pasaba a su alrededor, no al menos hasta que sintió una mano en su hombro. Al abrir los ojos, no pudo evitar hallarse nuevamente con los de la bruja de cabellos azules, la cual ya estaba vestida con el uniforme del colegio. Se retiró las orejeras, dejándolas sobre su cuello para escucharla:

—Ya casi llegamos a la estación de Hogsmeade. Rowan y yo ya nos hemos cambiado —efectivamente, al virar hacia donde estaba la morena, se estaba acomodando la túnica—. Hay un baño al final del pasillo, al cual hemos ido a arreglarnos. Pero si gustas, podríamos salir del compartimiento para darte privacidad.

—No se preocupen —se levantó, tomando de su baúl sus ropas. Dudó por un instante dejar sus cosas. Empero ninguna de ellas había agarrado nada de sus pertenencias, mientras estaba dormido.

Al ver por las ventanas del pasillo, advirtió que ya había anochecido y a duras penas la penumbra de la noche dejaba ver las formaciones montañosas que rodeaban el bosque. Ingresó a los servicios, cambiándose sus túnicas del colegio. No negaba que estaba nervioso, por el mero hecho de la posibilidad de no quedar en Ravenclaw, además de empezar a recorrer el castillo después de clases, aprendiendo cuales eran los mejores escondites para estar solo, sobre todo para que nadie averiguara su secreto, siendo libre de utilizar su don sin que sospecharan que era él.

Podría haberse educado en casa, cómo sus abuelos le habían sugerido en caso de que se sintiera incómodo ante la presencia de varias personas. Sin embargo, el hambre de saber más que lo que había leído en los libros que poseía en su hogar, tener una formación académica lo mejor posible, eran la clave para convertirse en auror cuando se graduara. No dejaría que nadie fuese lo suficientemente cercano a él, por el temor de poner en riesgo a esas personas, volviendo a sufrir la pérdida de seres amados. Sólo conviviría lo suficiente para llevar una relación cordial con sus compañeros de clases, cómo con sus profesores.

Terminó de vestirse, regresando al compartimiento justo en el momento que el tren se detenía en Hogsmeade. Podía ver el movimiento de los otros vagones, cómo los alumnos bajaban del tren. Los tres esperaron un poco más, para ser de los últimos. Finalmente, ellos pudieron descender del vehículo, dejando sus pertenencias en el montículo de baúles que serían recogidos y llevados a Hogwarts.

— ¡Primer año! ¡Los de primero, vengan aquí! —los tres chicos fueron hacia donde se observaba que una lámpara se sacudía encima de las cabezas de los estudiantes. Al acercarse más, apreciaron que se trataba de un hombre muy alto, barba tupida, cabellos y ojos negros—. ¿Ya son todos? ¡Síganme, por favor!

El hombre los llevó por un sendero hasta llegar al muelle, en donde ya los esperaban pequeños barcos. La vista del castillo desde este ángulo era imponente, lo que causó que varios estudiantes soltaran expresiones de admiración.

Sin perder más tiempo, Talbott subió con sus acompañantes de tren, más una chica de cabello blanco, la cual se veía demasiado pálida, (quizás estaba enferma o mareada), ojos azules. Estuvieron en silencio, siguiendo las indicaciones de aquel hombre alto. Cuando llegaron en frente de una puerta de roble, después de haber subido por una escalinata, fue la última vez que cruzó miradas con la bruja de ojos rojos.

O al menos eso creyó por un tiempo. No negaba que había observado en algunas ocasiones desde lejos a aquella chica, siempre metiéndose en problemas por las bóvedas malditas aunque fuese por salvar a los que quería, oyendo los malos comentarios del resto de la Casa Ravenclaw (porque ambos habían sido seleccionados en ésta última) transformarse en buenas opiniones, e incluso llamándola "Rompemaldiciones", cómo su compañero de cuarto André; o "estrella de quidditch" cuando ella fue cazadora, ayudando al equipo de la Águilas a levantar la Copa.

Pero su segundo "primer encuentro" fue hasta tercer año. Estaba ocupado leyendo un libro de Transformaciones en el Gran Comedor, después de la cena, cuando a lo lejos escuchó su nombre en los labios de ella. Isolde Hiwatari estaba preguntado por él con los alumnos y los profesores. Fue entonces que volvieron a cruzar miradas cuando le chica notó que la Señora Norris le estaba gruñendo a él. Inmediatamente apreció que ella estaba abochornada, aumentando la coloración rojiza en sus mejillas, cuando el Profesor Flitwick confirmó que era a quién buscaba. Aun así, le intrigaban aquellos ojos escarlatas.

Sin quitar su vista sobre Isolde, vio que ella se sentaba justo enfrente de él, demasiado avergonzada para empezar la conversación. Y era probable que su propio rostro reflejaba un poco de molestia, lo cual no ayudaba en absoluto.

—Si quieres saber algo sobre mí, sólo pregúntame —le expresó con seriedad.

— ¿Cómo sabías que estaba investigando sobre ti? —le cuestionó, pero no tardó en darse cuenta de lo obvia que era su interrogante. Su rostro terminó de pintarse de carmesí.

A Talbott le divertía un poco verla en esa situación, no sorprendiéndole que fuese cómo su amiga Penny en indagar de todos. Pero algo le decía que no sólo quería conocerlo. Era probable que necesitara algo de él, para arriesgarse en ponerse en vergüenza en pleno Gran Comedor. Al oír su petición, tuvo que aclararle que no era él quien estaba preparando la poción para convertirse en animago. Le había entrado un poco el temor que Isolde supiera su secreto, sin embargo, tener a alguien en Hogwarts que compartiese su mismo don, podría ser benéfico, además de ayudar a Haywood en su proyecto.

—Espera —detuvo a la Ravenclaw antes de que ésta se fuese, viendo que ella volvía a sentarse, mirándolo desconcertada—. ¿Es verdad que has entrado a la oficina de Filch? —la miró detenidamente a los ojos. Notaba cierta duda en ellos, pero al final le respondió:

—Sí, lo he hecho. Tomé el cuaderno de mi hermano que me había confiscado… ¿Por qué? ¿Quieres irrumpir en ella?

Le explicó sus razones, sin comprometer el nombre de Penny aún. No dudó en su palabra, percibiendo un brillo en aquellos ojos escarlatas cuando le confirmaron que estaría dispuesta a ayudarlos. No podía negar que había "algo" en su mirada que le seguía intrigando, gustando cada vez que Isolde se dirigía a él durante todo el proceso en que la ayudó a convertirse en una animago.

Pese a que le alegraba por una parte que la misma Isolde comenzara a buscarlo mucho después de haberle apoyado, en las diversas clases que compartían (sobre todo Adivinación, donde ellos terminaban por inventarse sus predicciones que hacerlos por el método tradicional), aún tenía miedo. Le aterraba que pudiese encariñarse con ella, pudiéndola perder como a sus padres. Y ese pavor era latente por cada aventura en la cual se enfrascaba Hiwatari.

Por ello, prefería seguir "volando solo", antes de permitirle a Isolde romper sus barreras.


Phoenix's nest

Heme aquí con otro conjunto de oneshots. Esta vez me animé hacerlo en español en lugar de inglés. Los últimos párrafos hacen referencia al primer OS que hice en inglés, referente al primer encuentro. En esta ocasión el primer contacto visual fue en la estación King Cross, algo que hago referencia en ese escrito, en donde Isolde llega a soñarlo recurrentemente en su tercer año antes de transformarse en animago.

También aprovecho que los oneshots no estarán en orden cronológico conforme a la historia que se lleva a cabo en el juego Hogwarts Mystery, sin embargo he puesto el mes y el año, para que tengan una referencia cuando ocurren esta clase de eventos.

Espero que les agrade, y cualquier pregunta, comentario, crítica constructiva, pueden enviarme un comentario (review).