Rick
Subí al primer auto que me indicaron, me pregunté hasta cuando volvería, no había una respuesta definida, podrían ser semanas, meses o quizás un par de años, me preocupaba que Kate no estuviera allí a mi regreso, que la distancia y el tiempo fuesen suficientes para que lo nuestro quedara en el olvido pero así debía ser, ya bastante había hecho como para que ahora no me hiciera responsable por mis actos, Kate estaría más segura sin mí o eso esperaba.
Los primeros días los pasé en un departamento fuera de la ciudad, supe por los mismos agentes que me llevaron allí que mi antigua casa sería desocupada y mis pertenencias llevadas a un depósito, mi vida como la conocía había desaparecido, tendría que usar otro nombre y tendría que cambiar de empleo, era parte de vivir en un lugar donde nadie me conociera, donde nadie supiera quien era yo o lo que hacía antes de llegar allí.
Algunos días después fui llevado a mi destino final, un pequeño poblado en el campo, con ganado pastando y altos pinos verdes, con un clima frío y una enorme montaña en el fondo, todo sería mejor si Kate estuviese aquí conmigo, recuerdo ir en el auto, observaba el paisaje mientras pensaba que solo había visto algo como eso en la televisión, al llegar y bajar del auto pude escuchar el murmullo de un arroyo no muy lejos, la cabaña en la que viviría tenía una enorme pila de madera a un costado, el aire frío golpeó mis mejillas, empecé a extrañar la ciudad, mi empleo, mi vida.
Con las provisiones suficientes para el primer mes, me instalé, mi nuevo empleo empezaría un par de días después, trabajaría en un aserradero en medio del bosque, debía mantenerme atento y a la vez alejado del mundo, debía trazar una ruta de escape por si en algún momento se presentaba alguna dificultad y lo más importante, debía estar preparado para cuando fuesen por mi, armar un juicio les llevaría tiempo, los acusados serían juzgados por diversos delitos pero a mi me tocaría ser el testigo estrella en caso de ser necesario aunque no sabía cuando.
Otro tema importante y el cual no me representaba ningún problema, era el de relacionarme con las personas, haría lo necesario para vivir aquí pero debía olvidarme de las relaciones personales de cualquier tipo, de cualquier manera si hablábamos de asuntos románticos mi único objetivo era volver con Kate.
Me tomó un par de días instalarme totalmente, tuve que limpiar y acomodar los muebles, sacar el polvo y algún insecto que se había instalado antes que yo, cortar leña no era mi estilo y tuve que aprender a hacerlo, por suerte no había mucho que hacer dentro de la casa y pasados unos días me enfoqué en el arreglo de la cerca que rodeaba la cabaña, mientras trabajaba pensaba en Kate y en lo lindo que hubiese sido que ella me acompañara.
Mi trabajo en el aserradero comenzó una semana después, había hecho un par de visitas al pueblo y reconocí a alguno de los hombres que trabajaba allí, aunque no hablé mas de lo necesario, todos me miraban de manera extraña, claro que entonces yo era un desconocido que se había aparecido en ese lugar de manera misteriosa una tarde de domingo y que no tenía ningún interés en socializar, sin embargo y por mi bien debería empezar a relacionarme con los que ahora eran mis vecinos, imaginé que la gente murmuraba sobre mi verdadero propósito allí y no quería que tuvieran una mala imagen de mí, así que contrario a mis deseos me vi en la necesidad de buscar la manera de encajar en el lugar, mi primer oportunidad vino un fin de semana, decidí que después del trabajo podría ir al bar que estaba en el centro del pueblo y donde la mayoría de los hombres se reunían, y tal vez beber un par de cervezas.
La luz del sol casi se ocultaba cuando llegué al lugar, dentro el bullicio era bastante, había un partido de béisbol en la pantalla, fui directo a la barra donde pedí la primer cerveza, con ella en la mano miré alrededor, nadie ponía atención a lo que hacía, todos observaban la pantalla con atención y alguno hacía un comentario, miré la llovizna cayendo afuera, de nuevo pensé en Kate y en lo que estaría haciendo, me pregunté por enésima vez si ella pensaría en mi, si me extrañaría como yo lo hacía.
Pedí un par de cervezas más antes de abandonar el lugar, había cruzado un par de palabras con el cantinero quien a pesar de que había mostrado interés en hacer más preguntas se habia visto interrumpido por los pedidos de los asistentes, me despedí después de un rato y caminé rumbo a la salida, atravesaba la puerta cuando un hombre llamó mi atención.
-hey tu?.- dijo con voz grave.
-si?
-juegas béisbol?
-no.
-eres joven y fuerte, nos hace falta uno, ven el domingo al parque norte, te enseñaremos.
Antes de que pudiese negarme el hombre ya había dado la vuelta y caminaba hacia la barra donde le vi sentarse y pedir una cerveza.
Salí entonces pensando en la posibilidad de no asistir, sin embargo debía ocupar mi mente en algo más que pensar en Kate.
La mañana siguiente salí temprano, después de beber un café caliente y comer un par de huevos, caminé por el mismo sendero por donde lo había hecho los días anteriores, el cielo se veía despejado, la luz del sol calentaba mi rostro, por primera vez desde que había llegado el día lucia hermoso, aspire el aire fresco de la montaña y seguí caminando, en mi hombro llevaba mi almuerzo y en mi mano mis herramientas, era sábado por la mañana, pensé entonces en la proposición de aquel hombre, lo medite un buen rato hasta que me convencí de que quizá sería una buena idea, solo sería uno más.
Regresé a casa sintiéndome cansado, el trabajo físico era algo a lo que no estaba muy acostumbrado y esto definitivamente era nuevo para mi.
El domingo me levanté temprano, corté leña antes de preparar el desayuno, después de comer me quedé sentado pensando, cuando era que volvería a casa, este lugar era lindo, era tranquilo pero a diferencia de lo que había pensado al principio cuando Sorenson se había presentado con su propuesta ahora todo era distinto, en aquel entonces pensaba que sería un trabajo fácil, que terminaría rápido y luego podría tener unas largas vacaciones pagadas por la agencia, pero nada podría estar más alejado de la realidad, el trabajo había durado más de lo planeado, había perdido mi casa, mi empleo y por poco la vida, el único punto bueno era que estaba enamorado, conocí a la mujer de mis sueños y ahora no sabía cuando volvería a verla, quizá si lo pensaba bien, no era tan bueno.
Salí decidido a aprender más sobre el juego, caminé por la orilla del camino, hasta que pide ver el lugar que aquel hombre me había indicado, había varios hombres, todos llevaban un uniforme verde y gris, varios de ellos me miraron cuando llegué, me quedé parado sin saber que hacer, me sentí bastante incómodo con sus miradas, me interrogaban sin pronunciar palabra.
Caminé tan rápido como pude cuando identifiqué al hombre que me había invitado.
-viniste, creí que no lo harías.
-bueno estoy aquí.
-bien, no tienes equipo, ni nada.
-le dije que no jugaba.
-esta bien, te prestaremos algo por ahora, si lo haces bien y sigues adelante te daremos un uniforme que podrás pagar poco a poco.
-bien.
Me dio un uniforme desgastado, al igual que unos zapatos, me indicó una serie de ejercicios para entrar en calor y luego de una hora las gradas estaban llenas de gente que asistía al partido en contra del equipo del pueblo más cercano.
-cual es tu nombre.- preguntó alguien mientras sostenía un portapapeles y una pluma.
-Donald… Wilson.
-ok, esta bien si lo dejamos en Don?
-seguro.
El sujeto se alejó unos metros, al parecer este no sería solo un entrenamiento, entraría al juego y no tuve dudas cuando alguien más pegó un numero en mi espalda con un pedazo de cinta adhesiva, le miré con incredulidad aunque no pude negarme, como me lo habían dicho antes, les faltaba un hombre.
El juego comenzó siendo un desastre, no éramos malos sino terribles y la gente nos abucheaba sin piedad, este mas bien parecía un juego de broma, sucedió entonces lo impensable, mi turno llegó y la cuenta estaba por terminar cuando sin proponérmelo atine a golpear la bola dándonos la ventaja por uno en la última entrada, no podía creerlo y mientras yo corrí incrédulo la gente se había quedado muda, llegué al final sintiéndome ridículamente observado, eso era imposible.
Sentí las palmadas de mi equipo en la espalda, mi rostro se sentía caliente, me sentí avergonzado por un instante hasta que me di cuenta de que era la primera vez en mucho tiempo que ganaban un juego.
Después del juego hubo una especie de fiesta, celebraban su primer triunfo, las familias de los jugadores se reunieron con nosotros, a mi mano llegó una cerveza la cual bebí mientras trataba de adivinar cual era mi lugar allí.
El reloj marcaba las 9 cuando decidí irme, debía ir a trabajar al siguiente día, caminé por el sendero, escuchaba los murmullos de los árboles y de algún animal nocturno, solo había oscuridad, este era un pueblo bastante pequeño, tanto que se podía ir a cualquier lugar caminando y eso era algo que me gustaba, sin embargo extrañaba mi casa.
Una semana mas pasó, no había muchos lugares a donde ir, mi tiempo libre lo pasaba en el bosque, algunas veces iba al bar a beber una cerveza, me preguntaba cual sería el día en el que irían por mi o por lo menos me avisarían que podía volver.
Pronto había cumplido un mes lejos de casa, me acostumbre a mi nueva vida, mi nuevo trabajo era bastante desgastante, intentaba no pensar tanto en Kate, no por que no quisiera, sino por que me dolía pensar en ella y en lo difícil que era no estar juntos, al menos para mi.
Aunque intenté no hacer amigos, luego de un par de juegos dominicales de béisbol me di cuenta que era imposible no conocer a mis nuevos vecino, me vi en la necesidad de inventar toda una historia en la que una decepción amorosa me habia llevado a alejarme del mundo, mis nuevos compañeros se compadecían de mi y la verdad es que poner cara de sufrimiento al pensar en mi supuesta decepción no era difícil, solo tenía que pensar en Kate y las lágrimas casi salían solas.
En el calendario iba poniendo marcas a los días que pasaban, sin ninguna novedad, nadie me había contactado, no sabía absolutamente nada de lo que sucedía, me molestaba el no saber como había ido todo, si había mucho trabajo, si habían seguido los arrestos, me preguntaba si en verdad era necesario que yo no estuviese allí, en algún momento llegué a pensar que tal vez hubiese sido mas útil estando allí ayudando, que aquí en medio de la nada esperando no se que.
