Una disculpa por la tardanza en actualizar esta historia, recién terminé el primer capítulo cuando sufrí de un problema de salud muy doloroso, y antes de que piensen que ya me voy a morir sin terminar mis historias, les digo que es un problema de una lesión lumbar que evolucionó en ciática, muy… muy… muy… dolorosa. Pero nada mortal, así que no se preocupen.
En fin, muchas gracias a todos ustedes quienes se tomaron el tiempo de dejarme un review, de verdad se los agradezco mucho. De igual manera me disculpo si el capítulo anterior, y este, son algo confusos, pero no puede ser de otra forma de momento, después de todo los estoy introduciendo a una mitología que muy probablemente no conozcan, además de intentar, muy torpemente debo agregar, de dibujar un mapa de Midgard algo comprensible para ustedes, ya que esta historia no se sitúa geográficamente en un lugar en específico, mucho menos en un mundo, sino en nueve, además de ser mundos que no son iguales a la Tierra, en otras palabras, de verdad perdón si los confundo demasiado, haré lo posible para que sea menos confuso.
Referente al glosario, poco a poco serán menos las definiciones, pero creo que existirá durante toda la historia, si hay algo que no entiendan, pueden preguntarme, y les contestaré junto con la siguiente actualización.
Por último, para los que no me conocen, yo suelo contestar los reviews en las actualizaciones de la historia, porque muchas veces pasa que dos o tres personas preguntan lo mismo, y además hay lectores anónimos a quienes no les puedo contestar de otra forma, así que, si se sintieron ignorados por mí, lo siento, pero es mi método de responder a sus reviews, y sin más preámbulos, a contestar reviews:
dafguerrero: En el momento en que me enviaste tu review estaba bien… al día siguiente moría de dolor, pero ya estoy mejor. No sé si estoy innovando o no pero me encanta la mitología nórdica, así que no podía no escribir esto. En cuanto a que sentiste que veías la serie clásica, pienso usar varias ideas de la serie clásica adaptadas a la mitología nórdica, espero no se vea como plagio, jajaja. Sobre la cantidad de capítulos, no puedo prometerte nada, pero yo en lo muy particular sí quisiera que fuera muy larga, lo que sí te adelanto es que ya puse un límite a la cantidad de hojas por capítulo para evitar escribir capítulos biblia, seguirán siendo capítulos largos (20 hojas de Word en tamaño de letra verdana tamaño 9), pero ningún capítulo pasará por encima de ese límite, puede haberlos más cortos, pero no más largos. Sobre Derbal, no quería usarlo pero por falta de personajes tuve que fusionar todas las sagas nórdicas, pero ahora que lo usé, me está agradando como villano. Como en todas mis historias, intentaré que el protagonismo de los dorados sea equitativo, al menos esa es la idea, no todo siempre tiene que tratar de Milo, jajaja. Sobre los Dioses Guerreros, su protagonismo me es todavía un misterio, no sé qué tanto podré explotarlos, pero intentaré que sea algo creíble y parejo, pero los protagonistas, obvio, serán los dorados. Bueno, espero sigas disfrutando esta historia, sé que es muy rara pero espero encontrar el equilibrio entre lo que fue Guerras Doradas, y lo que es Guerras de Troya, para escribir una historia que se parezca a ambas.
TsukihimePrincess: Me da gusto que siempre puedo contar con tu review. Si con intensas te refieres a que serán más sangrientas, puede ser, pero si quieres compararla, pienso que se va a parecer más a Game of Thrones, jajaja… o a Skyrim… umm… me gusta Skyrim…
Viki-ChanFriki: ¿Todos quieren que sea más sangriento que Guerras Doradas? Porque tal vez pueda hacerle un "Águila de Sangre" a alguien, si no saben lo que es, no lo googlen, no será agradable. ¡Les dije que no lo googlearan! No me tardé un año en actualizar… puede que un mes sí… pero oye estaba enfermito, jajaja.
Niki1213: Me da mucho gusto que te haya gustado el primer capítulo, espero que el segundo sea de tu agrado también. Me conmueven cuando me dicen que han tenido lecturas agradables, esperaré ansioso un review de tu parte para saber tus reacciones, espero.
kagaho de bennu: Siempre que leo kagaho me imagino al Tuca Ferreti, el director técnico del equipo de futbol de los Tigres, gritando kagajo (carajo) cuando se enoja. Sí soy Tigre, jajaja. Perdón si me desvié, que bueno que te gustó, disfruta del capítulo 2.
EDITADO: 13/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 2: El Inicio de la Rebelión.
Hlingard. Ulfrgard. 01 de Septiembre de 4E 05.
Los vientos del otoño danzaron junto a la cabellera larga y morada de Saori tras haber hecho aquella declaración, revelando ante los atónitos habitantes de las ciudades vecinas a Hlingard que se habían reunido en Ulfrgard, que la princesa que se había pensado perdida en el ataque de los hombres del Reino de Brávellir en contra del Santuario de Hlingard seguía con vida, y pensaba hacerse nuevamente con su trono. El color de su cabellera, y la heterocroma en sus ojos, eran aspectos de la princesa de los que todos estaban al tanto. Saori, hija del fallecido Jarl Wotan, seguía con vida.
-Así que… Saori… -interrumpió el silencio Derbal, mientras la extraña conglomeración de guerreros se mantenía a la defensiva mirando a su respectivo oponente, Tholl frente a Saga, Alberich frente a Shura, Siegfried frente a Sigmund, incluso Fenril contra Aioria, todo mientras un confundido Milo se encontraba frente a Saori, desconociendo a dónde debía posar su lealtad-. Y si se puede saber, ¿en qué me afecta tu supervivencia? -preguntó Derbal, bajando tranquilamente del palco en el cual se encontraba, y dirigiéndose ante Saori, quien se posó desafiante frente a él- ¿Qué desea, princesa? ¿Regresar a su reino? Fuerzas más grandes que tu sangre real me han asignado el trono a mí. Fui elegido por la mismísima Lyfia, la actual encarnación de la Asynjur Hlin, como Jarl de Hlingard y Alto Jarl de todo Midgard. Volveré a preguntarte entonces, ¿en qué me afecta tu supervivencia? -se posó Derbal desafiante.
-Yo soy la Asynjur Hlin -respondió Saori, y Derbal sonrió ante aquellas palabras-. La declaración de una falsa diosa no te hace Jarl, y mucho menos te hace Alto Jarl. El trono de mi padre, Wotan, es mío por derecho, y la asignación del Alto Jarl es mía también por un derecho aún más grande. Midgard me pertenece, yo soy su reina -insistió.
-Lo dices como si fuera poca cosa -prosiguió Derbal, caminando alrededor de Saori, mientras todos los presentes, combatientes incluidos, desconocían lo que debían hacer-. Solo por mi propio deleite, contestaré a tus palabras. No eres la Asynjur Hlin, si lo fueras, los Ropajes Sagrados no habrían despertado, frente a ti se encuentran 3 Dioses Guerreros Dorados, los guardianes de Yggdrasil -Saori los vio a los 3, e Hilda, a una distancia prudente, bajó su cabeza, apenada-. Si eso no es suficiente, los 7 Dioses Guerreros, los Guardianes de Asgard, respaldan a Lyfia -apuntó a Sigmund, quien miraba a Siegfried con desprecio-. Eso es prueba suficiente de que no eres la Asynjur Hlin, pero te daré una última prueba. Llegas ante mí, el Alto Jarl, y exiges como tu derecho de sangre el trono que se me dio por derecho divino, y no solo eso, ¿declaras que Midgard te pertenece? -se burló Derbal, y los civiles presentes comenzaron a comprenderlo- Hlin es la Diosa Protectora de la Humanidad, quien ama a los humanos como a nadie más, jamás ha gobernado con imperialismo, y de pronto, tú, supuesta Asynjur Hlin, declaras pertenencia. ¿Acaso Midgard es un juguete para ti? -y Saori comprendió su error- ¿Son los humanos tus sirvientes? ¿Estás por encima de ellos? -insistió, y Saori intentó hablar- ¡No estás por encima de los humanos! ¡La verdadera Asynjur Hlin lo sabe! ¡Ella se entregó al mundo de los humanos para protegerlos! ¡Para servirles! ¡Si la diosa es venerada como una reina, es porque su mismo pueblo así lo ha querido! ¡No porque sea una obligación! ¡Eso se llama tiranía! ¡Y en Hlingard no se tolera la tiranía! -enunció Derbal, y los civiles comenzaron a gritarle a Saori, a insultarla, a llamarla tirana, y Derbal sonrió- Así que… Saori… sobreviviste a la invasión de Brávellir -se acercó Derbal, tomándola de la barbilla, y forzándola a mirarlo-. Si hubieras llegado a Hlingard, declarándote una sobreviviente, y que querías el reino de tu padre por derecho de sangre, la diosa Asynjur Hlin lo hubiera considerado… pero en lugar de eso llegaste como una conquistadora, la líder de una rebelión. Eso se llama tiranía… no importa si eres o no la hija de Jarl Wotan -apuntó Derbal, y su pueblo continuó gritando e insultando a Saori.
-¡No! ¡Cambias mis palabras a tu conveniencia! ¡Lo que dices es mentira! -se dirigió Saori a su pueblo, intentando razonar con ellos- Soy la hija legítima de Jarl Wotan, yo soy su princesa. Él intentó asesinarme para hacerse con mi reino -pero Saori fue fuertemente impactada por un tomate podrido. Tan duro fue el golpe, que cayó en sus rodillas- No lo entienden… yo soy quien debe protegerlos… -lloró Saori, y al notar aquello, Milo enfureció, mientras recordaba la masacre en la Isla de Lyngvi, y a sí mismo a los 7 años, llorando, intentando proteger los cuerpos calcinados de sus padres-. Es injusto… yo no deseaba esto… solo quería ser una niña amada por su familia… mi padre murió, mi madre murió… y me arrebatan a la fuerza mi reino… me lo quitaron todo… -lloró ella, pero su pueblo la siguió insultando.
-Me lo quitaron… todo… -susurró Milo, su cosmos incinerándose escarlata y violento, mientras alzaba su mano izquierda-. Comprendo ese dolor… -sentenció, miró a Derbal, y el Alto Jarl se sobresaltó-. ¡Juicio de Gungnir! -atacó Milo, con una explosión escarlata de cosmos desprendiéndose de su mano, impactando de lleno el cuerpo de Derbal, y estrellándolo en contra del palco de madera, que se derribó sobre él- Jarl Wotan… -comenzó Milo mientras encaraba a Saori, quien lo miró fijamente-. ¿Cuándo murió? -preguntó.
-Apenas había nacido y ya lo había perdido… -confesó ella, y Milo entonces asintió-. ¿Por qué es importante? -preguntó, pero entonces sintió a Milo cargarla, mientras Saga y Shura abandonaban a sus respectivos combatientes y se posaban frente a Milo, desafiantes.
-Porque Jarl Wotan dio permiso a mi padre para vivir en la Isla de Lyngvi, pero nadie creyó en su palabra -prosiguió Milo, colocándose a la defensiva-. Si alguien le hubiera creído ese día, seguiría con vida, yo tendría un padre y una madre, y no me hubiera convertido en el asesino despiadado que soy -elevó su cosmos Milo, y desafió a ambos Dioses Guerreros Dorados.
-El enemigo de mi enemigo, es mi amigo -escuchó Milo, y vio a Alberich lanzar las llamaradas de su espada en dirección a Shura, quien lo evadió-. ¿Qué esperan? ¿Una invitación? ¡Sus órdenes, Huskarl Siegfried! -se molestó Alberich, mientras el joven que miraba fijamente a su hermano, aferró su mano alrededor del mango de su espada negra.
-¡Acábenlos! ¡Espada de Odín! -atacó Siegfried a su propio hermano, sobresaltando a Hilda, quien vio a Sigmund ser abatido cuando la espada de Siegfried liberó la fuerza explosiva de un cosmos que rodeó a Sigmund en lanzas que se levantaron de un anillo en el suelo, preocupándola- Sin importar nada, inclusive la sangre y los parentescos, somos primero Dioses Guerreros -miró Siegfried a Hilda, quien asintió ante sus palabras, y corrió en dirección a Milo y a Saori-. ¡Manténganlos ocupados! -ordenó Siegfried.
-Y yo que planeaba ver el resultado de tan conmovedora escena, es una lástima -preparó su espada Alberich, se lanzó contra Shura, quien cubrió con su propia espada dorada, que materializó para contrarrestar la de Alberich.
-Tu placer ante el descontento ajeno, es inquietante, Alberich -apuntó Tholl sus hachas en dirección de Saga, quien envolvió su cosmos alrededor de un guante dorado en su mano derecha-. Mjölnir contra Járngreipr. Las armas de Thor se batirán en duelo -enunció Tholl, atacó con su hacha, pero Saga se defendió con la mano derecha envuelta en el guante Járngreipr. Impactando a Tholl con todas sus fuerzas, y enterrándolo en las gradas de madera que los mirones no habían terminado de evacuar. Saga entonces pretendió llegar ante Saori, pero las hachas de Tholl, los Mjölnir, nuevamente le cortaron el paso.
-¡No tengo tiempo que perder contigo! -enunció Fenril, mientras veía a Aioria, que aún cargaba su escudo y pretendía continuar con el combate- Maldición… Saori es más importante que el Ropaje Sagrado -tomó entonces Fenril uno de los escudos que le quedaban, y salió con daga en mano en persecución de Milo y de Saori, dejando a Aioria confundido.
-¡Espera! -se molestó Aioria- Esta era mi oportunidad de reclamar a Leo -enfureció, pero entonces notó que una explosión de cosmos violeta lanzaba los restos del palco por los aires, mientras un furioso Derbal se reponía, con un cosmos tan alto que inclusive a Aioria le parecía intimidante- ¿Qué clase de monstruo eres? -se sorprendió Aioria.
-Del tipo que está decidido a hacer lo que sea necesario por ver cumplidos sus objetivos -sentenció Derbal, sacando de los interiores del demolido palco a la caja dorada conteniendo el Ropaje Sagrado de Leo-. Tú quieres venganza por el asesinato de tu hermano, yo deseo que me entreguen a esa niña. ¡Ten el Ropaje Sagrado! ¡Tráeme a la niña! ¡Y yo te revelaré el nombre de quien asesinó a tu hermano! -ofreció Derbal, mientras Leo estallaba como un Ropaje Dorado y hermoso, y vestía a Aioria consu cosmos- ¡Hazlo, y se te serán perdonados todos los crímenes de tu hermano! -insistió.
-¿Cómo sé que tú no lo mataste? -lo miró Aioria, y Derbal tan solo sonrió con malicia, mientras elevaba su cosmos ante el cosmos desafiante de Aioria- No… tu cosmos es inmenso… pero no eres del tipo que se ensucia las manos. Con ese cosmos podrías derrotarnos a todos, pero prefieres que otros hagan el trabajo sucio por ti -se molestó Aioria.
-Ya estás entendiendo… -le sonrió Derbal-. Escucha bien, no importa cuánto tiempo pase, la oferta seguirá en pie. La niña, por el nombre del asesino de tu hermano, lo juro en el nombre de Odín -finalizó, y Aioria, aunque furioso, asintió y corrió tras de Milo y Fenril.
-¡Deténganlo! -ordenó Siegfried, pero encontró a la Gram de su hermano presionada en contra de su espada- Gram es poderosa, pero solo es la espada de reemplazo de nuestro antepasado Sigurd. Hrotti es la verdadera espada legendaria -sentenció Siegfried, que entonces miró al caballo Granir, la bestia que representaba el Ropaje Sagrado de Sigmund, resoplando llamaradas azules mientras respaldaba el cosmos de Sigmund.
-Así es… Gram es la espada de reemplazo, probablemente te serviría más a ti que a mí, Siegfried -le respondió Sigmund, molestando a Siegfried-. Porque yo soy el verdadero prometido de Hilda, mientras tú solo eres un reemplazo -lo pateó Sigmund, forzando a Siegfried a retroceder, mientras elevaba su cosmos alrededor de Gram-. ¡Huracán de Granir! -reunió relámpagos y torbellinos Sigmund en su espada, y con esta atacó a Siegfried, que quedó atrapado en los tornados, y fue impactado por los relámpagos.
-Hrotti, Gram, ambas son espadas de reemplazo para la original, par de necios -se molestó Alberich, mientras evadía los ataques cortantes de Shura, que alzaba con la fuerza de su espada dorada-. La verdadera espada de Sigurd el Afortunado, se llamaba Balmung, y pertenecía a la Armadura de Odín, hasta que el todo poderoso decidió conferírsela al Dios Guerrero de Deneb Algedi, de la bestia Capricornio -regresó la afrenta Alberich, que con su espada de fuego intentaba doblegar a Shura, quien era muy superior usando espadas.
-Conoces mi espada, pero yo no conozco la tuya -enunció Shura, dándole un respiro al ya agotado Alberich-. Que los Dioses Guerreros de Asgard se enfrenten por una mujer, no me interesa, pero mi existencia la he dedicado a demostrar que Balmung es la más grande de todas las espadas. Dime el nombre de la espada a la que he de derrotar ahora -insistió.
-Muspelbrann -enunció Alberich, y Shura se mostró impresionado-. La espada de amatista de un Muspel, contra la espada de oro de un Aesir. Ciertamente, si hay una espada equiparable a Balmung esa es Muspelbrann, tristemente no soy muy diestro en el combate cuerpo a cuerpo ni la esgrima, soy más del tipo habilidoso que planea sus batallas. Aunque… esta no la planeé. Pero resulta ser muy interesante -preparó su espada Alberich, y Shura hizo lo mismo con la propia-. ¡Espada Llameante! -atacó.
-¡Espada de Balmung! -lanzó Shura su corte congelado, fuego y hielo colisionaron, negándose el uno al otro, mientras la terrible explosión alertaba a todo el pueblo. Ulfrgard estaba bajo ataque, y Derbal tan solo sonreía, tenía testigos, tenía la conmoción, todo estaba saliendo tan bien como si él mismo lo hubiera planeado.
Ciudad de Hlingard.
-¡Por aquí! -ordenó Hilda, llevando a Fenril, Milo y Saori en dirección a unos callejones en la ciudad de Hlingard, lo que contrariaba a Fenril, quien miraba en dirección a las puertas abiertas de la ciudad con cautela-. Derbal jamás sospecharía que nos ocultamos dentro de la ciudad de Hlingard, enviará a sus soldados a los caminos en dirección a los pueblos cercanos, tranquilízate, Fenril -le pidió Hilda, Fenril asintió, y una vez que el grupo estuvo seguro de que nadie los perseguía, Hilda se dirigió a Saori-. ¿En qué estabas pensando? -le gritó, asustando a Saori- ¡Pusiste tu vida en riesgo! ¡Pusiste a tu pueblo en tu contra! ¡Derbal no tenía razones para buscarnos ya que no sabía nada de una rebelión ni de nuestra supervivencia! ¡Ahora lo sabe! -se molestó Hilda.
-¡Tenía que hacerlo! ¡Tenía que reunir a mi esperanza! -le contestó Saori, mientras Milo la ponía en el suelo- ¡No quiero levantarme en contra de los Dioses Guerreros Dorados! ¡Ellos son la razón por la que me borran las memorias de mi vida pasada cada vez que mueren en mi nombre! -insistió ella.
-¡Es su trabajo el dar la vida por ti y por la estabilidad de Yggdrasil! ¡Y no estamos en posición de discutir al respecto! -espetó Hilda en su preocupación- ¡Pudiste haberte lastimado o peor! ¡Pude haberte perdido! ¿Por qué desobedeces a mis órdenes? -preguntó Hilda contrariada.
-¡Tú no eres mi madre! ¡No tengo por qué escucharte! -y en ese momento, ocurrió algo que sorprendió a Milo y a Fenril, Hilda cacheteó a Saori, con tanta fuerza, que la dejó tendida en la nieve frotándose la mejilla, y viendo a Hilda con ojos llorosos.
-Es verdad, no soy tu madre. Ni tengo la sangre ni la edad, pero te he cuidado más tiempo que ella que falleció en el parto -le recordó Hilda, y Saori lloró con fuerza, con su corazón destrozado. El de Hilda estaba igual de herido, sus ojos también estaban ahogados en lágrimas-. Mira las cosas que me haces decir… solo tú puedes hacerme perder mi temple de esta manera… pero no tienes idea de lo preocupada que estaba. Pudiste haber muerto, ¿y para qué? ¿Por unos Ropajes Sagrados? Tú eres más importante que unos tontos Ropajes… te prometí conseguirte un ejército, te prometí regresarte tu reino -insistió Hilda.
-Son mi esperanza… -continuó llorando Saori, pero se puso de pie, y abrazó a Hilda con fuerza-. ¡No quiero hacerle la guerra a mi esperanza! -insistió Saori, y Hilda la abrazó con fuerza, intentando tranquilizarla- Perdóname, pero… es muy duro… no puedo hacer esto… -continuó llorando Saori, y Milo se cruzó de brazos, esperando.
-Ya lo discutiremos cuando te tranquilices… -le mencionó Hilda, se secó las lágrimas, y solo entonces encaró a Milo-. Supongo que debería estar agradecida de que salvaras a Saori. Pero sin importar lo que piense Saori en este momento, eres un Dios Guerrero Dorado, y nuestro enemigo. ¿Por qué te levantaste en contra de Derbal? -preguntó ella.
-Eso no tiene importancia -respondió Milo, molestando a Hilda-. Yo elijo a quien darle mi apoyo, y he elegido dárselo a esa niña. Pero si no quieren mi ayuda, hagan lo que les plazca, no es mi problema -enunció, pero Saori de inmediato le tomó la mano.
-Te necesitamos… -comenzó Saori-. Hilda no querrá admitirlo, pero, yo sé que los necesitamos. Ustedes son mi esperanza -insistió Saori, y miró a Hilda con detenimiento-. Ya tenemos a un Dios Guerrero Dorado de nuestro lado, a Dohko. ¿Por qué no pueden ser más? -preguntó Saori contrariada.
-Porque Dohko es de lealtad inquebrantable, a los demás no los conocemos -aseguró Hilda, pero tras notar la mirada dolida de Saori, se rindió-. Odín, dame fuerzas… -se quejó Hilda, y se colocó su capucha, le puso la suya a Saori, y miró a Fenril y a Milo-. Fenril, busca algo de ropa en los tendederos cercanos, y tú, quítate esa cosa, llamas demasiado la atención -recriminó, por lo que un molesto Milo le dio la espalda, pero entonces se quitó el Ropaje Sagrado, que se convirtió en un escorpión de oro, y materializó una caja dorada a su alrededor. Fenril entonces llegó con una capucha, misma que Milo le arrebató arrogantemente, y se la colocó alrededor del cuerpo.
-A mí tampoco me agradas -lo desafió con la mirada Fenril, pero entonces tomó del callejón una caja con verduras podridas, las vació en la nieve, y le entregó la caja a Milo-. Esa cosa llama mucho la atención, ponla aquí -ordenó apuntando a la caja dorada.
-No me des ordenes, faldero -enunció Milo, Fenril hizo un ademán con la mano, desafiante, preocupando a Saori, quien se puso en medio de ambos. Hilda por su parte, suspiró, intentando acomodar sus ideas, y pidió al grupo que la siguiera por la ciudad mientras Milo cargaba la caja de madera que ocultaba en su interior al Ropaje Sagrado de Escorpio.
-¿Qué pasará con los demás? ¿No estás preocupada por Siegfried? -preguntó Saori, contrariando a Hilda, que se ruborizó un poco- ¿O estás más preocupada por Sigmund? Después de todo, él es… -se apenó Saori.
-¡No estoy preocupada por ninguno de los 2! ¡Estoy preocupada por ti! -la reprendió Hilda, y Saori bajó la mirada, apenada- Hasta que esta guerra termine, no tengo derecho de pensar en el romance, así que todos ustedes dejen ese tema de una buena vez. Siegfried estará bien, con o sin Ropaje Sagrado, es técnicamente inmortal. Alberich es demasiado listo, y Tholl es demasiado fuerte. Encontrarán la forma -le aseguró Hilda, y Saori asintió nuevamente-. Por aquí… -prosiguió Hilda, hasta llevar al grupo a una posada.
-¿El Pony Legendario? -se quejó Milo al leer el nombre del lugar, escrito sobre una placa colgante de madera con el logotipo de un caballo de 8 patas. Fenril hizo una mueca y asintió, recordando el nombre del establecimiento que a él también lo incomodaba- Que ridiculez. Pero de qué me quejo, no he visto una posada en 10 años -entró Milo al lugar, y Saori se sorprendió por la revelación.
-¡Hermana! -escuchó el grupo, y una mujer rubia de ojos color de esmeralda corrió en dirección a Hilda y la abrazó con fuerza- Escuchamos las explosiones, vimos el fuego en dirección a Ulfrgard, ¿qué ocurrió? -preguntó sorprendida, y entonces la rubia miró a Milo con curiosidad, y un joven de unos 16 años, de cabellera rubia, ojos color de esmeralda y piel bronceada, cerró la puerta del vacío establecimiento mientras observaba a Milo con descontento.
-Ellos son mi hermana Flare, y su guardaespaldas Hagen -presentó Hilda. Flare hizo una reverencia, pero el desconfiado de Hagen mantuvo su mirada firme en contra de Milo-. Él es… umm… no pregunté tu nombre -recordó Hilda.
-Su nombre es Milo, y es un Dios Guerrero Dorado -anunció Saori, sobresaltando a Flare, y subiendo la defensa de Hagen, que comenzó a elevar su cosmos-. Por favor, no peleen, está de nuestro lado -insistió Saori.
-Nada de cosmos Hagen, o los guardias de la ciudad descubrirán que no eres un simple cocinero -reprendió Hilda. Hagen se retrajo, y asintió-. Hagan el favor de mantener el establecimiento cerrado, y por favor preparen algo de comer para nuestros invitados. Tenemos mucho de qué hablar.
Ulfrgard. Fuertes de Entrenamiento.
-¿Cómo que escaparon? -se molestó Derbal, mientras Saga, Shura y Sigmund se arrodillaban frente a él- Ustedes son Dioses Guerreros, ellos poseerán las armas de sus Ropajes Sagrados, pero no poseían la protección de sus bestias. ¿Cómo es que los superaron lo suficiente para escabullirse frente a sus narices? -recriminó Derbal con molestia.
-Es mi culpa, mi señor… -comentó Shura-. Pensé que mi oponente era honorable, pero cuando me di cuenta, había sacado una capa de plumas muy extraña, cegándome con ella. Es un estratega brillante, desapareció junto con los oponentes de Saga y Sigmund, y todos apagaron sus cosmos. Parecía una estrategia muy bien planeada -explicó Shura.
-¡No me importa si el mismo Loki bajó de Asgard e hizo alguna fechoría! ¡Los perdieron de vista y ahora van a encontrarlos! ¡Uno de ellos mide casi 3 metros por Odín! -recriminó Derbal, y los Dioses Guerreros se mostraron apenados por sus respectivas faltas- Búsquenlos, y corran la voz. Saori está con vida y ha declarado la guerra a Hlingard, desafiando la autoridad de la Asynjur Hlin -el trio asintió, retirándose y buscando por toda la ciudad, mientras Derbal subía a su carruaje, y se retiraba en dirección a Hlingard.
-¿Comparado con Loki? Me halaga, Alto Jarl -se burló Alberich, que se levantó de la nieve con una capa mágica hecha de plumas en sus manos, mientras unos sorprendidos Siegfried y Tholl se reponían también, saliendo de entre la nieve-. Tal vez debería dejarte transformado, Tholl, Derbal tiene razón, mides demasiado, pareces un Jotunn -apuntó.
-¿Qué nos pasó? -se molestó Siegfried- Hace unos instantes estábamos combatiendo, y de pronto me sentí rodeado de nieve. ¿Qué hiciste esta vez, Alberich? -se molestó Siegfried, y Tholl se cruzó de brazos en incredulidad de igual manera.
-Ni una simple palabra de agradecimiento, afortunadamente ya lo esperaba -confesó Alberich, y entonces les mostró la capa, antes de que esta se encogiera, transformada en una pluma plateada, que Alberich se guardó en la capucha-. Este es el Valshamr, la capa de plumas de la Asynjur Freyja, capaz de transformar a cualquiera que la vista en un ave de cualquier tipo. Perdonen por no preguntar, pero Tholl es demasiado alto para ocultarse, y tú Siegfried, estabas más preocupado por tu venganza personal que por Saori -aseguró Alberich.
-¿Me convertiste en un pájaro? -se molestó Tholl, y comenzó a sacudirse las plumas- Más importante, ¿de dónde sacaste esa cosa? -le preguntó cruzándose de brazos, y Siegfried hizo igual, aunque ya lo sospechaba.
-De los tesoros de la señorita Hilda, seguramente -se molestó Siegfried, tomando a Alberich del cuello de su capucha-. ¿Estuviste en su habitación? Si es así… -se molestó Siegfried, pero Alberich se quitó sus manos de encima.
-Si lo estuve, te aseguro que no fue con una invitación. Así que no me pongas en tu lista de personas que odias por acercarse a la señorita Hilda, o volveré a transformarte en un petirrojo, tú eras un carbonero, Tholl -sentenció Alberich, molestando a Siegfried, pero no hizo nada para hacerle frente-. Soy el más listo de los Dioses Guerreros, serás el líder, pero te dejaste cegar por el repudio a tu hermano. Ten cuidado Siegfried, que podría hacerme con el liderato yo mismo -amenazó.
-Es suficiente, somos aliados, no enemigos -reprendió Tholl, y Alberich tan solo alzó sus hombros y los bajó indicando que no le interesaba-. ¿Qué hacemos ahora? ¿Regresamos a Oppland? ¿O buscamos a las señoritas? -preguntó Tholl.
-No abandonaremos a Hilda… -enunció Siegfried, y entonces notó la mirada de Alberich-. Ni a Saori -se apresuró a decir-. Seguramente se dirigieron al Pony Legendario. Andando -ordenó Siegfried, y el grupo se ocultó con sus capuchas.
-Sí, como el gigantón no llama la atención midiendo casi 3 metros -se quejó Alberich, pero tanto Tholl como Siegfried lo ignoraron, y el grupo comenzó a caminar en dirección a Hlingard-. Por aquí, par de tontos. Los guardias estarán vigilando los caminos, iremos por los callejones. A veces no sé ni por qué me molesto -guio Alberich, y el par lo siguió por la ciudad.
El Pony Legendario.
-Insisto en que es un nombre ridículo -se quejó Milo mientras colocaban un plato de estofado de carne de jabalí frente a él, y el arrogante miraba la comida con detenimiento, pero recordando el aroma tan peculiar-. Tiene 10 años que no como jabalí. En la Isla de Lyngvi solo había ciervos, y no eran suficientes para alimentar a 800 personas. Pescar no era nada sencillo, y con suerte te comías a una ardilla -se dijo Milo.
-Eso… es muy duro… -mencionó Saori, mientras Milo miraba a su plato-. Puedes comer… el lugar pertenece a la hermana de Hilda, Flare, no tienes que pagar nada -Milo continuó mirando el plato, pero asintió y comenzó a comer, sorprendiéndose por el sabor.
-¿Esa es la cara de alguien que no ha probado jabalí en 10 años, o de alguien que jamás había probado mi comida antes y ha quedado impresionado? Me pregunto cuál será -se burló Hagen, mientras Fenril devoraba todo lo que tenía enfrente-. Saboréalo al menos, es una falta de respeto al chef -se molestó Hagen.
-Me lo estoy comiendo, ¿no? -refunfuñó Fenril, y Hagen tan solo lo ignoró y se sentó en la mesa. Todos entonces miraron a Hilda, que estaba en extremo pensativa- Pensaremos en algo… -intentó tranquilizarla Fenril.
-El problema no es pensar en algo, Fenril -le mencionó Hilda-. El problema es que ya solo hay una forma irrefutable de comprobar que Saori es la Asynjur Hlin reencarnada, pero es una solución tan complicada, que no se ha requerido cumplir en miles de años… y solo Odín sabe las consecuencias de hacerlo… -entristeció Hilda, y Saori la observó con preocupación-. Saori deberá vestir el Ropaje Divino de Hlin, es la única forma -sugirió Hilda, pero nadie, salvo Saori, comprendió lo que decía-. Pero antes de explicarles… supongo que debo darte contexto -miró Hilda a Milo, quien asintió a sus palabras-. Quieras creerlo o no, hace 5 años Saori era la princesa del reino de Hlingard en que estamos. Su madre, Jordis, había muerto durante el parto. Y poco antes de que Saori siquiera aprendiera a hablar, su padre, el Jarl Wotan, había fallecido también gracias a una misteriosa enfermedad. Así la educación de Saori quedó bajo mi cargo, y el gobierno de Hlingard pasó a manos de Derbal como Sumo Sacerdote, y así seguiría, hasta que Saori cumpliera sus 13 años, momento en que subiría al trono de Hlingard al cumplirse su mayoría de edad y la profecía que la declaraba como la reencarnación de Hlin en Midgard -le explicó Hilda, y Milo asintió indicando que entendía lo que le contaban-. Los Godis habían profetizado que Saori era la reencarnación de la diosa Asynjur Hlin, pero claro que lo manteníamos en secreto. Solo se presenta a la Asynjur Hlin ante el pueblo cuando se cumple la profecía, y la constelación de Aesir aparece visible en el cielo después de 100 años de no presentarse en el firmamento, anunciando el despertar de los 12 Ropajes Sagrados. Pero apenas en su quinto cumpleaños, la constelación apareció, y sigue apareciendo todas las noches desde entonces. Además, aquella mañana en que los rayos del sol iluminaron a Hlingard, se liberaron los 12 Ropajes Sagrados, eligiendo a sus Dioses Guerreros -aseguró.
-No lo hicieron… -enunció Milo, y todos lo miraron con curiosidad-. La caja de plomo con el Ropaje Sagrado de Escorpio se estrelló en la Isla de Lyngvi hace 5 años, pero no fue hasta hace 2 años que se convirtió en oro, y hasta hace un día me vistió, y solo tras asesinar al último de los aspirantes a poseerla -le explicó Milo.
-Ya lo habíamos sospechado -comentó Hilda, continuando-. Hay un Dios Guerrero Dorado que es nuestro aliado, su Ropaje Sagrado es el de Libra, y solo brilló de dorado hace 3 años -le explicó-. En el firmamento, la constelación de Aesir tiene 12 estrellas, cada estrella es un regalo de los dioses para Hlin. Estos regalos se le entregan a Hlin únicamente en su treceavo cumpleaños, ya que a los dioses les tomó un año hacer cada uno de los Ropajes Sagrados. Eso significa que despiertan uno por uno, año por año. Saori tenía 5 años recién cumplidos para cuando los Ropajes Sagrados despertaron, pero despertaron antes del tiempo requerido. Al ser el Ropaje de Escorpio el octavo presente, solo brilló de dorado llegado al octavo año. Hoy es el cumpleaños número 10 de Saori, lo que significa que Capricornio despertó apenas hoy por la mañana -le explicó Hilda.
-Eso explica por qué el Dios Guerrero de Capricornio fue engañado tan fácilmente por un servidor -escuchó el grupo, que notó a Alberich llegando junto a Tholl y Siegfried tras abrir un pasaje secreto detrás de un librero de la posada-. Era evidente que Shura, aunque con un cosmos inmenso y digno de cualquier Dios Guerrero Dorado, no estaba acostumbrado a su Ropaje Sagrado. Un momento por favor -miró Alberich a Hagen-. Un estofado de oso para el grandote, costillas de venado para Siegfried, y filete de salmón a las brasas para un servidor -pidió, y Hagen se levantó y fue a la cocina-. Nuestros espías… -continuó Alberich-. Afirman no haber visto al Dios Guerrero de Capricornio antes del día de hoy, lo que significa que en efecto la constelación de Aesir apareció 8 años antes en el firmamento. En un año recuperará su fuerza el Ropaje Sagrado de Acuario, y en uno más el de Piscis. Pero los Ropajes Sagrados debían ser liberados todos juntos tras el treceavo cumpleaños, así lo dicta la leyenda -aseguró Alberich.
-Gracias por la explicación, Alberich… ahora dame mi pluma -le pidió Hilda, y un sonriente Alberich se la entregó mientras se sentaba en la mesa, Tholl se sentó a su lado, Siegfried por su parte, se sentó al lado de Hilda, incomodándola-. ¿En qué estaba? -se preocupó Hilda, pero rápidamente se repuso- Los 12 Dioses Guerreros Dorados, son los guardianes de Yggdrasil. Y cuando Hlin reencarnada cumple su treceavo cumpleaños, la constelación de Aesir libera el sello puesto en los Ropajes Sagrados, y elige a 12 Dioses Guerreros Dorados, mismos que se presentan ante la reencarnación de Hlin, con los 12 Rubíes de Thor brillando intensamente en sus Ropajes Sagrados. Esto declara oficialmente la reencarnación de Hlin en Midgard -le explicó Hilda, y Milo permaneció en silencio, sabiendo que no debía interrumpir-. Pero de alguna manera, Derbal logró hacer aparecer a la Constelación de Aesir en el firmamento 8 años antes del treceavo cumpleaños de Saori. Aquello puso en duda la identidad de Saori como la Asynjur Hlin y fue lo que aprovechó Derbal para traer a otra supuesta reencarnación de la diosa en su lugar. Pero hay una falla en el plan de Derbal… ni los 12 Dioses Guerreros de Yggdrasil, ni los 12 Rubíes de Thor, brillan alrededor de Lyfia, la supuesta reencarnación de la Asynjur Hlin… lo que significa que, por medio de hechicería muy poderosa, Derbal manipuló el cosmos para hacer este milagro tan descabellado -aseguró Hilda.
-¿Hacer aparecer una constelación en el cielo? Solo un dios podría hacer eso -se burló Milo, pero Hilda asintió-. ¿Intentas decirme que Derbal cuenta con la protección de algún dios que le ayudó a traer a la Constelación de Aesir al cielo 8 años antes? ¿Cómo podrías estar segura? ¿Y si esa tal Lyfia es en verdad Hlin reencarnada y tus Godis se equivocan? -preguntó.
-No se equivocan… -aseguró Hilda, mirando a Milo directamente-. Y para pertenecer a esta rebelión, tienes que estar convencido tú también -insistió, pero Milo se cruzó de brazos, como retando a Hilda a convencerlo-. Hace 5 años que por milagro escapamos del intento de asesinato de Derbal gracias al sacrificio de Aioros, el que estaba destinado a convertirse en el Dios Guerrero de Sagitario, incluso yo dudé. Pero un Dios Guerrero Dorado Legendario, Dohko, quien había servido a la Asynjur Hlin en el pasado, tras mirar a Saori aseguró que ella en verdad era la reencarnación de la Asynjur Hlin… sé que puede sonar ridículo confiar en el criterio de un hombre de más de 100 años de edad -aquello sorprendió a Milo, que alzó una ceja en señal de sorpresa-. Pero Dohko dijo que, si presentábamos a Saori ante su pueblo, cuando cumpliera los 13 años de edad, y mientras los 12 Guardianes de Yggdrasil se encontraban reunidos, y los 12 Rubíes de Thor brillaban ante Saori, esa sería la prueba definitiva de que Saori era la reencarnación de la Asynjur Hlin -le explicó Hilda, y Milo comenzó a comprenderlo-. Por eso debíamos esperar a que Derbal reuniera a los 12 Dioses Guerreros Dorados, y a la llegada del treceavo cumpleaños, llevaríamos a Saori bajo la protección de los 7 Dioses Guerreros de Asgard ante Derbal en medio de la celebración con Dohko liderándonos. Y allí, reunidos los 12, los Rubíes de Thor brillarían ante Saori. Derbal sería expuesto como un mentiroso y un traidor, y a Lyfia la verían como una falsa. Pero todo se arruinó… Saori no quería arriesgarse a una batalla entre los 7 Dioses Guerreros de Asgard y los 12 Dioses Guerreros de Yggdrasil, si le sumamos eso a los 7 Dioses Guerreros de la Constelación de la Osa Menor… -intentó decir Hilda.
-Ya me confundí -interrumpió Milo, Hilda suspiró y asintió-. ¿Dioses Guerreros de Yggdrasil? ¿Dioses Guerreros de Asgard? ¿Dioses Guerreros de la Osa Menor? ¿Pues cuantos Dioses Guerreros hay? -se quejó Milo, y Hilda notó que las explicaciones se extenderían.
-¿Cómo te explico de una manera que no sea tan confusa? -se preguntó Hilda, y entonces tuvo una idea- Hay 9 Mundos, ¿no es verdad? -y Milo asintió- Entonces es natural que existan 9 ejércitos, uno por cada mundo -y Milo volvió a asentir-. Pues en realidad, son 10 ejércitos, uno por cada mundo, y un décimo para proteger a todo Yggdrasil de que existan conflictos entre los 9 Mundos. En otras palabras, el décimo ejército, el que pertenece a los Guardianes de Yggdrasil, es el ejército que se creó para defender a los 9 Mundos, no solo a Midgard. La Orden Dorada es el Ejército de Yggdrasil, y se reúne cada 100 años en Midgard, porque Midgard separa a los Mundos de la Luz: Muspelheim, Asgard, Aflheim y Vanaheim, de los Mundos de la Oscuridad: Jotunheim, Svártalfaheim, Niflheim y Helheim. Así los 12 Dioses Guerreros Dorados defienden a todo Yggdrasil, pero sirven a la Asynjur Hlin -aseguró.
-Los 7 Dioses Guerreros, son los guardianes de Asgard -explicó Alberich, relevando un poco a Hilda, que ya estaba agotada de dar tantas explicaciones-. Somos los guardianes de los Zafiros de Odín, y nuestros Ropajes Sagrados son casi tan fuertes como los Ropajes Sagrados de los Dioses Guerreros Dorados. La diferencia, es que los Dioses Guerreros de Asgard no aparecen cada 100 años, estamos aquí todo el tiempo, siempre que seamos requeridos. Pero nuestros Ropajes Sagrados solo despiertan cuando los 7 Dioses Guerreros están reunidos frente a los Zafiros de Odín, para aceptar dar sus vidas en el nombre de Odín. Y por supuesto, servimos a la Asynjur Hlin también, pero en el nombre de Odín -aseguró.
-No lo entiendo muy bien… -agregó Milo nuevamente-. Entiendo que la Orden Dorada es la guardiana de todo Yggdrasil y se encuentra en Midgard para mantener separados a los Mundos de la Luz y de la Oscuridad. ¿Pero qué hacen los de Asgard en Midgard? -preguntó.
-La entrada a Asgard es a través de Midgard, ¿qué esperabas? -le respondió Alberich- ¿De qué sirve proteger a Asgard si los Jotnar, nuestros principales enemigos, ya entraron en Asgard? Estamos en Midgard porque protegemos la entrada a Asgard, y servimos a Hlin por ser hija de Odín, pero nuestra verdadera lealtad pertenece a la representante de Odín en Midgard, quien aún no ha sido anunciada. Pero hasta entonces, nuestra lealtad es a Hlin -aseguró.
-Entonces, ¿quiénes son los verdaderos guardianes de Midgard? ¿Y quiénes diantres son esos Dioses Guerreros de la Osa Menor? -se frotó la cabeza Milo, desesperado por no comprender lo suficiente, mientras todos a su alrededor lo miraban como si fuera más que obvio.
-Primero responderé a la segunda pregunta -interrumpió su rabieta Hilda, mientras veía a Hagen llegar y poner los platos de comida de Alberich, Tholl y Siegfried sobre la mesa-. Hagen, ¿puedes traerme pergamino y tinta? -le pidió Hilda, y tras unos instantes, Hagen le acercó los mencionados objetos- Gracias -y entonces se dirigió a Milo-. Cada mundo es protegido por una constelación, o grupo de constelaciones en algunos casos. La de Aesir no es la constelación que protege a este mundo, sino que protege a todos. La constelación que protege a Asgard, es Odín -explicó Hilda, y comenzó a dibujar una constelación de un imponente guerrero vestido en piel de oso y con un cuervo en su hombro-. La constelación de Odín tenía 22 estrellas, pero en la guerra contra los gigantes, la constelación fue dividida por Draconis -dibujó Hilda una constelación de un Dragón, que dividía a la constelación de Odín en 3 partes-. Así quedaron 3 constelaciones donde solo había una. Ursa Majoris -encerró en un círculo Hilda y dibujó un oso inmenso al lado de la constelación-. Ursa Minoris -encerró en otro círculo a una constelación casi idéntica, pero con un oso de menor tamaño-. Y Corvis -terminó, encerrando la última constelación, que pese a tener solo 6 estrellas, representaban a un par de cuervos, mismos que Hilda dibujó uno mirando a un lado y otro en dirección contraria-. La Ursa Majoris, es la constelación con las estrellas de las cuales los Dioses Guerreros que protegen los Zafiros de Odín obtienen su poder. La Ursa Minoris, representa a otro grupo de Dioses Guerreros que no cuenta con Zafiros de Odín, pero que sirve a Asgard de cualquier forma. Corvis, es una constelación especial, solo libera los Ropajes Sagrados cuando se cumplen ciertos requisitos, requisitos que deberemos cumplir ya que en esta constelación está sellado el Ropaje Divino de Hlin -aseguró, lo que molestó a Milo, era demasiada información-. Tú preguntaste -enunció Hilda.
-La constelación que protege a Midgard, es Drakkar -prosiguió Alberich, tomando el pergamino de manos de Hilda y dibujando en el mismo varias constelaciones separadas, como piezas de una inmensa constelación-. 6 estrellas conformaban la Constelación Menor de la Vela, 10 dibujaban la Constelación Menor de la Popa, otras 10 conformaban la quilla o esqueleto del barco, la Constelación Menor de Carina, y por ultimo un conjunto de 4 estrellas conformaban la brújula atada al mástil, la Constelación Menor de Pyxis. Las 4 constelaciones unidas conformaban la Constelación Mayor de Drakkar, algo similar a como Ursa Majoris, Ursa Minoris y Corvis todas juntas conformaban la constelación de Odín-. Una constelación que consta de 30 Estrellas, y que viste con Ropajes Sagrados a los 30 Guerreros Vikingos. Ellos son los guardianes de Midgard, y pertenecen al Reino de Brávellir, con quien Hlingard está en guerra desde hace 5 años -explicó Alberich.
-Voy a arrepentirme de preguntar, pero… ¿por qué Hlingard y Brávellir están en guerra? -se atrevió a preguntar Milo, pese a que hacía un gran esfuerzo por retener tanta información, e Hilda fue quien le dio respuesta.
-Para evitar que podamos demostrar que Saori es la verdadera Hlin -aseguró Hilda-. Toda esta plática nos lleva a este momento. Para resucitar los Ropajes Divinos, que se encuentran sellados en la constelación de Corvis, se requieren de 3 requisitos. El primero, la Orden Dorada de Yggdrasil debe caminar en Midgard bajo el estandarte de la Esperanza. El segundo, los 7 Dioses Guerreros que poseen los Zafiros de Odín, deben jurar lealtad en nombre de Hlin. Por último, los 30 Guerreros Vikingos, el ejército de Midgard, deberán reconocer a la reencarnación de Hlin como la verdadera diosa de los hombres. Solo cuando estos 3 requisitos se cumplan, Corvis liberará a los 6 Ropajes Divinos, y el de Hlin vestirá a la verdadera diosa de la Esperanza, regresándole su Galdr primordial, el cosmos de los dioses -aseguró Hilda-. Es la única forma de demostrar que Saori es la reencarnación de Hlin, y restaurar su reino -aseguró-. Ya que es un plan descabelladamente complicado, pretendíamos ir con el original de esperar a que los 12 Dioses Guerreros Dorados se reunieran y los Rubíes de Thor brillaran ante Saori, pero con Derbal dándonos cacería, eso es imposible. Debías mantenerte oculta -recriminó Hilda.
-Pero mientras yo esperaba a que tuviera 13 años, el pueblo sufría -aseguró Saori, y Hilda se preocupó-. Muchos están muriendo en una guerra contra Brávellir… solo por forzar a que los 30 Guerreros Vikingos reconozcan a Lyfia como la verdadera Hlin. No podía quedarme de brazos cruzados… pensé que… si reunía a la mayor cantidad posible de Dioses Guerreros Dorados a mi alrededor, mi esperanza reunida encontraría la forma… pero no logramos obtener a Leo… -entristeció.
-¿Eso crees? Porque Leo no está muy convencido de eso -se burló Milo, y lanzó una fuerza de cosmos escarlata de su dedo en dirección a la pared de madera, perforándola, y momentos más tarde, la fuerza de cosmos regresó por el hoyo que había atravesado, regresando a su dueño, que la atrapó con su mano-. Entra ya, siempre supe que estabas espiando -agregó Milo, y la puerta de la posada fue azotada por el puño de Aioria, que logró poner a todos los presentes a la defensiva-. Aioria de Regulus, Dios Guerrero de Leo. Un fanfarrón que no sabe controlar su respiración -se burló.
-Este fanfarrón escuchó lo que tenía que escuchar, y me duela admitirlo o no, no somos enemigos -miró Aioria a Fenril, que le gruñía en descontento-. Aún quiero terminar lo que empezamos, pero no podría levantar mi puño contra la princesa a quien mi hermano murió protegiendo -tiró entonces Aioria de una cuerda dentro del cuello de su armadura, hasta sacar un dije con la forma de una flecha, un dije que Saori recordó ver a Aioros usar alguna vez, cuando era aún más joven, y presentaron a Aioros en su corte. Aioria entonces se arrodilló frente a Saori, sorprendiendo al grupo-. Por favor… recobre su reino, y declare a mi hermano un héroe, no un traidor -pidió Aioria, y todos miraron a Saori, quien se mostró algo apenada.
-Las cosas… no salieron como yo esperaba… pero salieron bastante bien -aseguró Saori, sonriendo-. Te juro en el nombre de mi padre, Odín, que cuando recupere mi reino, declararé ante todo Midgard que tu hermano no es un traidor… sino que era un héroe, y que yo no estaría viva de no ser por él… -y Aioria, conmovido, lloró mientras tomaba en su mano el dije con la flecha de Aioros, reiterando su lealtad al mirarla con detenimiento-. ¿Qué haremos ahora? -preguntó Saori a Hilda.
-Solo queda una forma en que podemos remediar la situación -enunció Hilda-. Derbal nos estará dando cacería, y como has declarado que deseas reclamar tu reino, la población elegirá a Lyfia sobre ti… eso solo deja una forma de recuperar Hlingard -aseguró Hilda-. Debemos negociar una alianza entre Saori como la reencarnación de Hlin, y el reino de Brávellir con el que está en guerra -le explicó Hilda.
-¡Conquista! -exclamó Alberich con una risa malévola- Cada vez me está gustando más este plan -sonrió con malicia, sobresaltando a todos los presentes, que no podían llegar a comprender a Alberich del todo.
-Pero es una locura intentar conquistar el Santuario, aún con el apoyo de los 30 Guerreros Vikingos -le recordó Hagen a Hilda, quien asintió a duras penas-. Hasta donde nuestros espías nos han dicho, actualmente existen 2 Dioses Guerreros Dorados en el Santuario. Saga de Pólux que viste a la bestia Geminis, y Shura de Deneb Algedi que viste a la bestia Capricornio. El que Milo de Antares Escorpio y Aioria de Regulus Leo pretendan ser leales o no está por verse. Le guste a la señorita Saori o no, solo podemos contar con un Dios Guerrero Dorado y ese es Dohko de Zubeneschamali Libra, y él monta guardia frente a Galdhopiggen sin que nadie más que él sepa por qué. En otras palabras, estamos solos contra los 7 Dioses Guerreros de la Osa Menor y 2 Dioses Guerreros Dorados, y los 30 Guerreros Vikingos no tienen el poder de hacerles frente -aseguró Hagen.
-Ah, pero si Aioria y Milo son verdaderamente leales, entonces la balanza está equilibrada -aseguró Alberich, y todos le prestaron atención-. Solo debemos encontrar al último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, y entonces estaremos parejos. Y después de tanto investigar, nuestros espías por fin dieron con su paradero -sonrió Alberich con malicia, una malicia tal que mantenía a Hilda preocupada, como si pensara que en Alberich no se podía confiar.
Pueblo de Vígrídr.
El Santuario de Hlingard es alimentado por el rio Slíd, un rio de aguas heladas que baja desde Asgard y es considerado uno de los ríos más sagrados de toda Midgard. Su cauce pasa alrededor del Santuario, y a las afueras de Ulfrgard, hasta llegar a las frondosas planicies de Vígrídr, un pueblo pequeño, mayormente ganadero, donde los pastores alimentaban a su ganado en las extensas praderas verdosas y les daban a beber de las aguas del helado río.
Un hombretón moreno, musculoso y de cabellera oscura, realizaba la labranza de los campos de cultivo tirando él mismo del arado mientras su buey de labranza intentaba llegar a lamerse el vendaje de su herida pezuña. El hombre no era tan alto como lo era Tholl, pero era increíblemente fuerte. Algunos de los pueblerinos, impresionados por su fuerza y corpulencia, inclusive llegaron a mencionar que su madre había sido una Jotunn, o que había sido amamantado por una osa cuando era tan solo un bebé. Los rumores no le molestaban al hombretón, pero era más que evidente que los vecinos le temían. Todos tenían bueyes de labranza sanos que podían prestarle para evitarle la ardua tarea del labrado manual, pero nadie se ofrecía. O así fue hasta que el arado flotó por sobre los adoloridos hombros del hombretón, y comenzó la labranza por sí mismo, aterrando a los presentes, que huyeron despavoridos.
-Te agradezco la ayuda, Mu… pero eso solo empeora mi reputación. Ahora dirán que soy un mago… sin ofender… -a las afueras de la granja en la cual el hombretón trabajaba, Mu, un joven de cabellera rosada vistiendo una túnica amarilla y con una bufanda roja alrededor del cuello, le sonrió con gentileza.
-Ya no hay nada que puedan decirte que te ofenda aún más, Aldebarán -le comentó Mu, mientras con su mano iluminada de dorado, movía el arado alrededor de todo el lugar, facilitándole a Aldebarán la tarea-. Aunque mi magia no es muy poderosa aún, solo puedo ayudarte con unas cuantas líneas de arado. Espero que sean suficiente -reverenció respetuosamente el joven, mientras los rumores de los vecinos se hacían notar.
-¿Quieres que los espabile? Puedo soportar que digan rumores sobre mí, pero jamás de mi querido amigo -se tronó los nudillos Aldebarán, asustando a los vecinos, pero Mu tranquilamente lo detuvo-. ¿No has escuchado cómo te llaman? Dicen que eres el hijo de un Enano. Por tu fascinación con el Svartálfaheim y todo eso -le explicó Aldebarán.
-¿Y si lo soy? ¿Me hace eso menos humano? -preguntó sin contratiempos, a lo que Aldebarán no supo qué decir- No conocí a mi madre o a mi padre, pero mi maestro solía decirme que yo era especial, que mantenía una conexión con los Enanos, y que, si quería, podría crear sus milagros. Si eso significa que soy un hibrido de humano y Enano, eso no lo sé, aunque algunos dicen que me parezco más a un Elfo. Tal vez soy el hijo de un Elfo y un Enano, no tengo forma de saberlo. Lo único que sé es que mi madre antes de morir me regaló este brazalete que llevo en el brazo, un anillo de guerra Enano. Es la única conexión que tengo a mi linaje familiar, y voy a encontrarlo, y si eso me hace un Enano, creo que soy el enano más alto que conozco -sonrió.
-Serías el único Enano que conoces -se burló también Aldebarán-. Pero tú la tienes fácil. Los Enanos son temidos, pero no son odiados. Por mi tamaño y por lo corpulento que soy, a mí me acusan de ser el hijo de un Jotunn. Lo ignoro la mayor parte del tiempo, pero… suele ser doloroso -bajó la mirada Aldebarán, a lo que Mu simplemente le sonrió.
-Aldebarán es Aldebarán, no importa si es Jotunn, humano o un Enano -señaló Mu, conmoviendo un poco a Aldebarán-. Cambiando el tema un poco, la encontré… -reveló Mu, lo que le tomó unos instantes a Aldebarán comprender, pero cuando lo hizo, su reacción de sorpresa no se hizo esperar, mientras Mu sacaba de una bolsa de cuero rojizo que cargaba, lo que parecía ser un trozo de raíz que brillaba con un cosmos propio-. No me queda la menor duda, es una raíz de Yggdrasil. La encontré en lo profundo de las Grutas de Brezal de Gnita. Si continúo escavando, es seguro que encontraré el camino a Svartálfaheim. Puedo convertirme en el primer humano… o lo que sea… en llegar a Svartálfaheim. Imagina las maravillas. Ciudades enteras creadas por una civilización con la tecnología suficiente para crear los artefactos de los dioses -le explicó Mu con entusiasmo.
-¿Será sensato, Mu? -preguntó Aldebarán con precaución- A través de las 4 Eras, los Jotunn, los Enanos y algunos Elfos, han visitado Midgard. Pero nunca se ha hablado de un humano que haya llegado jamás a los otros mundos. Solo a Niflheim, a Helheim y a Asgard, pero solo se puede llegar a esos lugares si se está muerto -le explicó Aldebarán.
-Y yo voy a visitarlos todos en vida, lo presiento, y el primer paso es llegar a la tierra de mis antepasados -se frotó el anillo de guerra Enano Mu, pero tras hacerlo, notó que el pueblo entraba en un silencio sepulcral-. ¿Qué está ocurriendo? -se preguntó Mu, mientras un ejército de soldados rasos marchaba por las planicies asustando al ganado, y tomando comida de los aldeanos cercanos- ¿Soldados de Hlingard? Pero si Brávellir está en la dirección contraria. ¿Qué hacen los soldados en Vígrídr? -se preguntó Mu, observando a un Dios Guerrero entre los soldados raso, un inmenso hombre, más alto inclusive que Aldebarán, de Ropaje Sagrado esmeralda, y cargando una gran espada casi tan grande como él.
-Escuchen campesinos, es Hércules de Alifa al Farkadain Zeta, portador del Ropaje Sagrado de Tanngrisnir, quien les habla -se presentó el Dios Guerrero, quien entonces tomó la cesta de comida de una aldeana y la lanzó dentro de una carreta tirada por un buey de carga de apariencia agresiva, una de las muchas que viajaban con el hombretón-. Agradecemos su humilde cooperación en el abastecimiento de nuestro ejército. La Asynjur Hlin estará más que complacida por su tributo, harán bien en demostrarle el aprecio que tienen por su ejército -prosiguió entonces el "abastecimiento" el ejército de Hércules, que más parecía un saqueo-. Y ahora, una proclamación. El Alto Jarl de Midgard y Jarl de Hlingard, Derbal el Justo, ha anunciado que, tras 5 años de creerla muerta, la princesa Saori, hija de Jarl Wotan, ha sobrevivido al ataque del Reino de Brávellir que se llevó acabo el primero de septiembre del último día de la Tercera Era en el ciclo solar de 1,978 -enunció mientras leía el pergamino con la proclamación, sorprendiendo a los habitantes de Vígrídr, que se encontraban sin palabras-. Más es de verdadera importancia el anunciar, que la princesa se ha declarado la heredera legítima del trono de Hlingard, y que la Asynjur Hlin no ha pretendido reconocerla como tal. Por tal motivo, se acusa a Saori, hija de Jarl Wotan, de invadir nuestras tierras orquestando un intento fallido de asesinato en contra de nuestro queridísimo Jarl Derbal, el Magnánimo -prosiguió Hércules, mientras los soldados rasos comenzaban a repartir panfletos con los retratos hablados de los invasores que intentaron acabar con la vida del Jarl de Hlingard. Los panfletos llegaron a manos de Mu, pero cuando Aldebarán estiró la mano para tomar el suyo, el soldado raso se burló quitándole los mismos en el último momento, lo que humilló a Aldebarán, y molestó a Mu. Pero por prudencia, Mu lo ignoró y posó su atención en los panfletos, hasta llegar a uno con el rostro de Saori-. Queda prohibido entregar cualquier tipo de ayuda a los sospechosos del intento de asesinato de nuestro queridísimo Jarl Derbal, el Grande. Quien sea sorprendido brindando cualquier tipo de apoyo a estos malnacidos, será ejecutado en la plaza pública por alta traición sin posibilidad de juicio de ningún tipo. Así lo decreta Jarl Derbal, el Astuto -finalizó Hércules, y prosiguió con la marcha por el pueblo.
-El Santuario cada vez me parece más tiránico -susurró Mu a Aldebarán, mientras veía a Hércules arrebatarle a una ancianita una manzana que acababa de comprarle a uno de los campesinos-. ¿Cómo puede Lyfia permitir esto? ¿Sabe al menos la forma en que los soldados tratan a los pobladores? No recuerdo haberla visto una sola vez fuera del Santuario -afirmó Mu.
-Puede que tú no lo sepas porque rara vez vienes a Hlingard, y solo frecuentas Vígrídr cuando se te acaban los alimentos en las Grutas de Brezal de Gnita. Pero una vez al mes, la princesa Lyfia viaja por Hlingard y las ciudades y pueblos cercanos acompañada de Derbal y sus 7 Dioses Guerreros -le explicó Aldebarán, en un tono bajo de voz para que los soldados no lo escucharan-. Un día antes de la visita, sin embargo, los soldados visitan los pueblos, desaparecen a los quejosos, limpian las ciudades, amenazan a los pobladores para que digan que todo es maravilloso. Quienes se rehúsan, son azotados en la plaza pública, y los desaparecen si no cambian de opinión. Pocos son los que no cambian de opinión, pero en esos casos no se les vuelve a ver -le aseguró Aldebarán.
-Alguien debería hacer algo… tal vez… -se susurró a sí mismo Mu, recordando el cometa dorado, y la bestia que lo había elegido-. No… sería muy arriesgado. Pero de verdad pienso que deberíamos hacerle saber esto a Lyfia de alguna manera. ¿Sabrá ella siquiera que la hija de Jarl Wotan sobrevivió? -se preguntó Mu, mirando el panfleto con el rostro de Saori, y al bajarlo, notó a una niña de cabellos morados escabulléndose entre el ganado y en dirección a los graneros. Aparentemente tirada violentamente de la mano por una mujer de cabellera plateada- ¿Acaso fue mi imaginación? No… mis ojos son muy buenos con los detalles -se dijo a sí mismo Mu, descubriendo a un grupo de personas que se ocultaban en los graneros de la granja de Aldebarán.
-Quédense aquí, yo me encargaré de encontrar transporte -enunció Hagen, mientras ocultaba al grupo dentro de uno de los graneros, y movía algunas cajas para ocultar al inmenso de Tholl detrás de la mercancía que los agricultores planeaban llevar a los mercados-. Esta granja pertenece a Aldebarán. Es mi proveedor de confianza, le compraré toda la mercancía y pediré que me ayude a transportarla a un nuevo restaurante en los pueblos del este -aseguró.
-¿Cuál pueblo del este? No hay un solo pueblo cerca de las Grutas de Brezal de Gnita -se quejó Alberich, y Hagen se mordió los labios con molestia-. Esto no está bien. Todo el pueblo está en alerta, y se supone que los soldados estén en las puertas del oeste cercanas a Ulfrgard del otro lado del rio Slíd. ¿Por qué están los soldados en Vígrídr? Es como si supieran que planeamos huir en esa dirección, es inaudito. Ni yo sabía que iba a huir en esta dirección. Algo no está bien -se molestó Alberich.
-Después te preocupas por quien es tan listo para deducir a donde planeabas llevarnos -espetó Siegfried, ofreciendo su mano a Hilda para ayudarla a ocultarse entre la paja de la terraza del granero, pero ella subió sin su ayuda, aunque levemente ruborizada, lo que forzó a Siegfried a suspirar en señal de molestia-. No importa lo que cueste, debes conseguirnos una carreta, Tholl es demasiado grande, llama mucho la atención -aseguró.
-Debería entregarme, les juro que no podrán doblegarme -prometió Tholl, mientras se ocultaba entre las cajas lo mejor que podía-. Soy un peligro para la rebelión, solo váyanse ustedes, yo pelearé hasta la muerte de ser necesario -aseguró.
-¡Y después tendremos el problema de encontrarte un reemplazo, armatoste! -se quejó Alberich- El último Dios Guerrero de la Osa Mayor está en las Grutas de Brezal de Gnita, así lo dijo nuestro espía. Y a menos que Derbal sea un adivino, no hay forma posible de que él lo sepa también. Solo debemos cruzar del otro lado del rio Slíd por el Puente del Trol y podremos continuar sin contratiempos -insistió Alberich.
-Deja de parlotear -se molestó Milo, oculto en una de las esquinas del granero, del otro lado de la puerta, Aioria se ocultaba detrás de la otra-. Hay cuervos cerca -susurró, Alberich comprendió la mención, tomó a Saori de la mano, y la hundió dentro de la paja donde él se ocultaba, Hagen entonces se apresuró a las puertas del granero.
-Aldebarán, muy buenas tardes -reverenció Hagen, algo nervioso, mientras veía a un curioso Aldebarán entrar en el granero, acompañado de Mu, quien llegaba con los brazos cruzados-. Espero que no te moleste que haya entrado sin permiso a tu granero, quería inspeccionar las verduras, es una buena cosecha -mintió, mientras miraba un tomate en su mano.
-Es solo Hagen, Mu -le susurró Aldebarán, caminando en dirección a Hagen, con quien intercambió un amigable apretón de manos-. Son tiempos difíciles, el invierno está próximo. Puede que sea la última cosecha del año -aseguró Aldebarán, mientras Mu buscaba por todo el granero, descubriendo a Tholl detrás de las cajas de verduras, a Siegfried y a Hilda bajo la paja de la terraza, a Saori y a Alberich debajo de la paja en el piso inferior, y a Aioria y a Milo detrás de las puertas. Al que le fue más difícil de encontrar fue a Fenril, que se ocultaba detrás de una viga de madera en el techo, siendo tan flaco que podía ocultarse fácilmente detrás de ella sin ser visto, aunque el crujir de su peso sobre la madera vieja cada vez que se acomodaba fue lo que lo delató.
-Estás de suerte, Aldebarán -exclamó Hagen-. Flare y yo abriremos un nuevo restaurante en los pueblos del este que están del otro lado del rio Slíd, así que tenemos una gran necesidad de productos para la apertura. Los compraré todos, y el respectivo transporte por supuesto, no quisiera que se echara todo a perder antes de la apertura -aseguró.
-¿Qué pueblo? -preguntó Mu, pese a que Aldebarán se encontraba a punto de exclamar por la emoción de la venta. Hagen por su parte, enmudeció por completo- Quisiera conocer ese pueblo del que hablas, ya que en mis continuos viajes desde las Grutas de Brezal de Gnita, hasta llegar a Puente del Trol, jamás he visto un pueblo. Siempre realizo el viaje hasta llegar a Vígrídr, ya que es el pueblo más cercano donde puedo encontrar suministros para mis excavaciones. Sería realmente conveniente saber dónde se encuentra ese pueblo del cual hablas, me ahorraría muchos días de viaje por las desoladas montañas congeladas -le sonrió, y Hagen palideció. En ese momento, Hagen divisó a Milo saliendo cautelosamente de detrás de la puerta del granero, con su puño preparado. Aioria hizo lo mismo, posándose detrás de Aldebarán. Ambos cerraron cuidadosamente las puertas del granero, y en la mirada de Hagen se mostraba la preocupación. Pero tan solo cerró los ojos, recordando su misión, y esperó a que Aioria y Milo dieran muerte tanto a Mu como a Aldebarán, pero al abrir los ojos, encontró a Aioria y a Milo con los puños suspendidos a escasos centímetros de las cabezas de Mu y Aldebarán-. Atacar a alguien por la espalda… es una táctica de lo más despreciable. ¡Muro de Cristal! -enunció Mu, repeliendo la fuerza de los puños tanto de Aioria como de Milo de regreso a ellos, lanzándolos por el granero hasta estrellarlos con las puertas de madera, que muy apenas resistieron el impacto.
-¿Un cosmos? -escuchó Mu, y tanto Aioria como Milo se sorprendieron, mientras los soldados a las afueras del granero se ponían en alerta, y Hércules daba sus órdenes- ¡Nuestro informante tenía razón! ¡Planean escapar por las puertas del este! ¡Búsquenlos! -ordenó Hércules, y los soldados buscaron alrededor de todo el pueblo.
-Ahora… solo basta para elevar mi cosmos una fracción de su poder para alertar a los soldados de Hlingard. ¿Quiénes son y qué es lo que quieren realmente? -preguntó Mu, mientras los que se ocultaban salían de su escondite- Lo único que hay al este son los senderos que llevan a las Grutas de Brezal de Gnita. ¿Por qué un grupo de manipuladores del cosmos, llevarían a la legítima princesa de Hlingard en dirección a las Grutas de Brezal de Gnita? ¿Acaso no saben que ese lugar está maldito? -preguntó.
-Lo sabe… -susurró Saori, saliendo de su escondite, limpiándose la paja, y caminando en dirección a Mu-. Lamento mucho el engaño… pero era necesario por conservar mi vida y la de mis aliados. Les aseguro que no les deseamos mal alguno -aseguró Saori, mientras los pasos de los soldados se escuchaban cada vez más cerca, como si comenzaran a inspeccionar la granja de Aldebarán-. Sé que piensas que mis aliados han actuado de forma traicionera al atacarlos por la espalda, pero es que no tenían opción. Si esos hombres nos descubren, acabarán no solo con mi vida… sino con la vida de todos… -agregó con sus ojos llorosos.
-Cabellera morada, ojos con heterocroma, en verdad eres la hija de Jarl Wotan -se impresionó Mu-. No comprendo lo que está ocurriendo. Hace 5 años escuché que el palacio de Hlingard había sido atacado y que la hija del Jarl Wotan había sido asesinada en el ataque. Pero ahora los soldados afirman que sobrevivió y de pronto es enemiga del reino. Dígame entonces. ¿Cómo la hija del Jarl a quien mi maestro sirvió como Sumo Sacerdote antes que Derbal ocupara ese puesto, está con vida, y el Sumo Sacerdote actual desea su cabeza? -preguntó.
-Quisiera contestarte, pero… -enunció Saori, escuchando los gritos a las afueras del granero-. Pero por mi poca preparación para dirigirme a mi pueblo, ya he comprometido mi misión una vez. Además, de que no tenemos el tiempo para explicaciones tan largas -aseguró Saori, y Mu asintió-. Tenemos que llegar a las Grutas de Brezal de Gnita… porque allí encontraremos al último de los Dioses Guerreros verdaderos, y con su ayuda poder convencer a mi pueblo de que soy yo, y no Lyfia, la verdadera Asynjur Hlin -aclaró, y la sorpresa no se hizo esperar en el rostro de Aldebarán, aunque Mu se mantenía más calmado.
Sendero a el Puente del Trol.
-¡Señor! -afuera del granero, uno de los soldados rasos se apresuró a llegar ante Hércules, quien resopló con fuerza al mirarlo- Hemos inspeccionado todas las casas y graneros, solo falta la de un tal Aldebarán, a quien todos señalan como un hijo de Jotunn -enunció el soldado.
-¿Y por qué no han inspeccionado ese granero? -se molestó Hércules, mientras el soldado raso palidecía- ¿Dónde está ese granero? -preguntó, y entonces notó una carreta dirigirse en su dirección- Así que, el viejo truco de ocultarse en la carreta de provisiones -sonrió Hércules, mientras caminaba en dirección a Mu, Aldebarán y Hagen, quienes iban sobre una carreta tirada por un adolorido buey que seguía recuperándose de su pezuña lastimada-. ¿Qué llevan y a donde se dirigen? -preguntó Hércules, deteniendo la carreta, y observando fijamente a Aldebarán- Tú debes ser ese al que llaman hijo de un Jotunn. No me pareces tan alto -aseguró Hércules, posando frente a Aldebarán.
-Mi señor -interrumpió Hagen, aunque Hércules no dejaba de ver fijamente a Aldebarán-. Hagen del Pony Legendario, mi señor, llevamos producto para nuestro restaurante -le aseguró Hagen a Hércules.
-Ah, el cocinero -recordó Hércules-. Hlingard está en la otra dirección. ¿Por qué un cocinero y un granjero se dirigirían en dirección contraria a Hlingard? -preguntó Hércules con curiosidad, mirando cada vez más fijamente a Aldebarán, quien se mantenía firme.
-Porque yo los he contratado -aseguró Mu, mirando a Hércules con una gentil sonrisa-. Me conocen como Mu de Brezal de Gnita, a sus órdenes, mi señor -reverenció, y entonces sacó un pergamino de cuero de borrego, y se lo mostró a Hércules-. Poseo permiso de Jarl Wotan para explorar las Grutas de Brezal de Gnita. Poseo también el sello del anterior Sumo Sacerdote, Shion de Hamal -le explicó.
-¿El legendario Dios Guerrero de Aries? -se preguntó Hércules, mirando el manuscrito con las firmas tanto de Jarl Wotan como del Sumo Sacerdote anterior a Derbal- Aunque ni Jarl Wotan ni el Sumo Sacerdote Shion viven ahora, esta documentación es inválida, así que he de confiscar tus alimentos, ¡y su traicionero contenido! -gritó Hércules, clavando su espada dentro de una de las cajas, y así continuó con todas las demás, barriles incluidos, hasta que todas fueron perforadas- ¿No hay sangre? -se preguntó Hércules- ¡Abran las cajas! -ordenó, y los soldados así lo hicieron, encontrando en su interior solo frutas destrozadas y verduras- ¿Qué significa esto? -se quejó Hércules.
-Aparentemente, que tendré que pescar mi comida de los próximos meses en el río Slíd antes de la llegada del invierno -agregó Mu con molestia, Hércules lo miró con desprecio, a él y a Aldebarán.
-¡Sin manuscritos válidos, esta es la comida de los soldados! ¡Llévense la comida! ¡Solo nos hicieron perder el tiempo! -se molestó Hércules, y sus hombres continuaron la búsqueda por el pueblo, sintiéndose más y más frustrados por no encontrar a los fugitivos.
-Lo lamento por la comida de ambos -mencionó Aldebarán, mientras guiaba a su buey a las afueras del pueblo, y en dirección a un inmenso puente de roca, el Puente del Trol, que se erguía sobre el rio Slíd y llevaba hasta las montañas.
-No tiene importancia -le respondió Hagen-. Lo importante es que no descubrieron a Saori y a los demás -aclaró, mientras miraba a unas aves blancas volar hasta posarse dentro de la ahora vacía carreta, y entonces el buey que tiraba de la misma se quejó, mientras sorpresivamente la carreta pesaba varios kilos más.
-Adoro esta pluma -enunció Alberich nuevamente con la pluma Valshamr, tras transformarse gracias a la magia de la capa que alguna vez perteneció a la Asynjur Freyja, de ser una paloma blanca, a su forma humana, igual que pasó con el resto del grupo, que se encontraba confundido por lo que había ocurrido, algunos inclusive, se frotaban las cabezas como si la transformación les hubiese sido dolorosa-. Deberían estar agradecidos por mi intelecto superior que pensó en este plan tan astuto -sonrió Alberich.
-¡Es la última vez que tocas mis cosas! -se quejó Hilda, arrebatándole la pluma nuevamente- Mi alhajero de tesoros está prohibido, nuestros espías no se tomaron las molestias de recuperarlo del incendio para que abuses de sus poderes -sentenció Hilda.
-Hay objetos más poderosos en ese alhajero que una simple pluma, y sería ridículo no sacarles provecho –aseguró Alberich, más entonces vio a Milo, quien lo observaba con sumo desprecio-. ¿Qué? -preguntó con una sonrisa malévola Alberich.
-No vuelvas a usar esa cosa sobre mí… jamás… -sentenció, y Alberich tan solo movió sus hombros de arriba abajo en señal de inocencia-. ¿Cuál es el plan ahora? -preguntó Milo a Saori, quien sonrió sin tener idea del mismo.
-Intentar sobrevivir el viaje hasta las Grutas de Brezal de Gnita -aseguró Mu, sacando un mapa de su túnica-. El camino a las grutas es un laberinto, en mis múltiples viajes he encontrado los restos de aventureros muy poco precavidos que fueron víctimas de los Trol salvajes que habitan en sus cuevas, o algunos perforados por caer en alguno de los múltiples acantilados, otros devorados por lobos, e incluso algunos esqueletos calcinados -aseguró Mu, mientras inspeccionaba su mapa, hasta que notó las miradas de los presentes-. ¿No lo sabían? Las Grutas de Brezal de Gnita son el único lugar en todo Midgard donde habitan dragones, y son muy violentos. Supongo que es porque a los dragones les gusta roer las raíces de Yggdrasil… esto solo confirma que en verdad hay una raíz de Yggdrasil en esas grutas -lo último se lo mencionó a sí mismo, por lo que se puso pensativo, o así fue hasta que Saori se sentó a su lado en el asiento del conductor.
-Gracias por ayudarnos -le sonrió Saori, y Mu asintió a duras penas-. Pero necesito saberlo. ¿Por qué? -preguntó ella, pero Mu desvió la mirada- Soy una fugitiva, y arriesgaste tu vida por nosotros. No solo tú, pero el señor Aldebarán que parece no saber nada de lo que pasa -miró Saori a Aldebarán, quien se apenó un poco.
-¿Señor? No soy un señor, solo soy alto… -aclaró Aldebarán, pero entonces notó a Tholl, quien era casi un metro más alto que él- Entonces… así se sienten los demás cuando me miran -se sorprendió Aldebarán-. Por mi parte, señorita Saori, no tengo una razón para ayudarla… simplemente creí que era lo correcto... -confesó.
-Una parte de mí sintió eso también -susurró Mu, y entonces miró a Saori-. Pero para mí, eso no es suficiente. Jarl Wotan, aunque no lo conocí, era el Jarl a quien mi maestro Shion servía. Jarl Wotan dio a mi maestro el permiso de excavar las grutas, y de construir su hogar allí. Mi maestro… siempre soñó con el día en que vería a la hija de su Jarl nacer en este mundo… pero el maestro… murió antes de cumplir su cometido en las grutas… y de ver a la hija de Jarl Wotan nacer -le explicó Mu, y Saori asintió, sintiéndose un poco deprimida por la revelación-. Desde entonces me prometí a mí mismo que vería cumplidos los deseos de mi maestro: encontrar la puerta al reino de los Enanos, el Svartálfaheim… y cuidar de la hija de Jarl Wotan… al menos eso le debo a mi maestro por todo lo que me ha enseñado -bajó la mirada Mu, y entonces miró a Saori-. Habiendo dicho esto… nadie vive en las Grutas de Brezal de Gnita. ¿Podría ser yo a quien están buscando? -se preguntó Mu.
-Solo hay una forma de saberlo -interrumpió Alberich, mirando a Hilda, quien asintió y sacó una bolsa de cuero que en su interior contenía un único cristal, un Zafiro de Odín, mismo que le entregaron a Mu, quien curioso lo inspeccionó.
-Si el cristal brilla ante tu presencia, eso significa que eres uno de los seleccionados por el señor Odín, el padre de todos, para convertirte en un Dios Guerrero de la Constelación de la Osa Mayor -le explicó Hilda, pero para tristeza de ella y de Alberich, el cristal no se iluminó-. Me temo… que no eres la persona a la que estamos buscando. ¿Quién más podría estar habitando las Grutas de Brezal de Gnita? -se preguntó Hilda, mientras Saori le pedía el cristal a Mu y lo guardaba en su vestido.
-Tengo una corazonada… -interrumpió sus pensamientos Mu-. Muy en lo profundo de las grutas donde llevo a cabo mis excavaciones, he escuchado una gentil tonada musical, como el sonido de un harpa -aseguró Mu-. Aunque la he escuchado en muy pocas ocasiones, he llegado a pensar que en esas cuevas habita alguien además de mí. Pero por lo improbable de que alguien tenga la fuerza de sobrevivir a los horrores de las grutas, he descartado esa posibilidad. La otra posibilidad es que sean en verdad Enanos que salen por la puerta de Svartálfaheim a nuestro mundo -aseguró Mu.
-Imposible, los Enanos no tienen un gusto musical -se apresuró a decir Alberich-. Pero puedo ver que eres un conocedor. ¿De verdad crees que existe una puerta a Svartálfaheim en las Grutas de Brezal de Gnita? -le preguntó, y Mu se mostró algo incomodado, más al notar el interés genuino en la mirada de Alberich, pero tras unos instantes, Mu sonrió.
-No solo lo creo, sino que tengo pruebas -aseguró Mu, sacando del bolso que siempre cargaba, el pedazo de raíz que había descubierto-. Encontré esta raíz en mi última excavación, seguramente es la prueba definitiva de que las raíces de Yggdrasil que llevan a Svartálfaheim existen dentro de las grutas -le explicó.
-¿Tienes idea de lo que es esto? -se impresionó Alberich, y Mu asintió- Esto, explica perfectamente la existencia de dragones en las Grutas de Brezal de Gnita. ¡Comen raíces del Árbol Primordial! -continuó Alberich, y la conversación entre él y Mu continuó, lo que mantenía a Saori y a Hilda inquietas por el par de obsesionados con el mundo de los Enanos.
-Dejando eso de lado… -se aclaró la garganta Hilda, y miró a Aioria, Milo, Siegfried, Tholl y Hagen -si en verdad el último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor se encuentra en las grutas, solo tendremos que reunirnos con nuestro espía para liberar los Ropajes Sagrados. Una vez que los tengamos, marcharemos al Reino de Brávellir, donde de seguro los Guerreros Vikingos nos verán como sus enemigos. Es indispensable convencerlos de que no somos sus enemigos, y de que Saori es la verdadera Asynjur Hlin -aseguró Hilda.
-¿Qué pasa si no podemos convencer a los 30 Guerreros Vikingos de que soy la reencarnación de la Asynjur Hlin? -preguntó Saori contrariada, y Hilda se mordió los labios, intentando encontrar una explicación razonable.
-Conquistaremos Brávellir -aseguró Siegfried, y Saori lo miró con preocupación-. Con 2 Dioses Guerreros Dorados de nuestro lado, y los 7 Dioses Guerreros de la Osa Mayor a nuestra disposición, conquistaremos Brávellir a la fuerza, y entregaremos las 30 Armaduras Vikingas a guerreros de confianza -aseguró.
-No habrá guerreros de confianza si llegamos a recurrir a la conquista -aseguró Saori-. Además, ¿cómo podrían 9 personas conquistar toda una ciudad? -preguntó Saori, a lo que Milo reaccionó con una sonrisa.
-Sería una buena cacería -sonrió él, lo que perturbó a Saori-. Solo existo para asesinar de todas formas. Asesiné a 800 guerreros en la Isla de Lyngvi. 30 Guerreros Vikingos y unos soldados rasos no son nada para un Dios Guerrero Dorado -aseguró.
-¿Dios Guerrero Dorado? -preguntó Mu, interrumpiendo su conversación con Alberich, y mirando a las cajas de madera que Aioria y Milo cargaban- Tal parece que este pequeño grupo está lleno de sorpresas. Quien sabe, tal vez reciban más sorpresas muy pronto -aseguró Mu, mientras miraba a la cima de la montaña de Gnita, dentro de las cuales se encontraban las grutas que por tanto tiempo escavó.
Santuario de Hlingard. Habitación del Trono del Alto Jarl.
-¿Dentro de las Grutas de Brezal de Gnita? ¿Estás seguro? -en el Santuario, Derbal se mantenía sentado frente a una hoguera de llamas azuladas, detrás de la cual veía a un hombre arrodillado, mientras las sombras de las llamas azuladas ocultaban su identidad- ¿Cómo sé que no intentas salvar a Saori ahora que sabes que ha sobrevivido? Jamás he tenido necesidad de dudar de tu lealtad, no hasta ahora al menos… después de todo, eres uno de los pocos que sabe la verdad del supuesto ataque de Brávellir que jamás existió -enunció Derbal, mirando al Dios Guerrero del otro lado de las llamas.
-Porque al igual que el Dios Guerrero de Pólux que viste a la bestia Géminis, creo que el poder es la verdadera justicia… simplemente, yo soy capaz de admitirlo, mientras él continúa engañándose a sí mismo -le aseguró el informante, y Derbal se frotó la barbilla con curiosidad-. Y le advierto, amo Derbal, no solo encontrará al último de los Dioses Guerreros de la constelación de la Osa Mayor en las Grutas de Brezal de Gnita, sino que también encontrará a uno de los Dioses Guerreros Dorados que por tanto tiempo lo han eludido y quien es, si me permite decirlo, el más importante de todos -aseguró el Dios Guerrero.
-¿Quién podría ser más importante que aquel Dios Guerrero Dorado que se mantiene en reclusión dentro del Templo de Frigg en el Santuario de Gímle? -preguntó Derbal, sabiendo de antemano la ubicación de otro Dios Guerrero Dorado a quien mantenían perpetuamente vigilado por su peligrosidad, un Dios Guerrero Dorado cuyo poder se decía era equiparable al de los dioses mismos.
-Le aseguro que la valía de este Dios Guerrero Dorado es superior a aquel que se comunica con los dioses -prosiguió el informante detrás de las flamas azuladas-. Se trata de un Dios Guerrero Dorado con la habilidad única de reconstruir cualquier Ropaje Sagrado que haya sido dañado. Inclusive… los Ropajes Sagrados que han sido creados a través del oro del Anillo de Draupnir -le aseguró.
-¿Un Dios Guerrero Dorado capaz de reparar los dañados Ropajes Dorados? -se impresionó Derbal- Los Ropajes Dorados son, en sí mismos, en extremo difíciles de romper. Pero si tras esa increíble dificultad existiese alguien capaz de repararlos… -meditó, mostrándose curioso de semejante individuo-. ¿Qué pretendes que haga entonces? -le preguntó.
-De estar en su posición, buscaría al Dios Guerrero más poderoso de mi orden, y lo enviaría a exterminar al Dios Guerrero de la Osa Mayor restante, a asesinar al Dios Guerrero Dorado de Hamal, y de ser posible, traerle la cabeza de la Asynjur Hlin -le informó, y Derbal lo pensó.
-¿Qué hay de los Dioses Guerreros Dorados que acompañan a la Asynjur Hlin? ¿Cuál es la lealtad de Leo y de Escorpio? -le preguntó, a lo que la figura se tomó unos instantes para reaccionar.
-La lealtad del Dios Guerrero Dorado de Antares, de bestia Escorpio, es cuestionable. No posee una motivación clara, tan solo espera encontrar una respuesta -le aseguró el informante tras las flamas-. En cuanto a Aioria de Regulus, de bestia Leo, sea cual sea su resolución final, no resulta ser una amenaza -aseguró.
-Bien… -respondió Derbal-. No puedo movilizar a todo mi ejército de Dioses Guerreros, no hasta encontrar al resto de los Dioses Guerreros Dorados y reclutarlos en mi orden o eliminarlos. Pero enviaré a mi Dios Guerrero más poderoso a terminar con el Dios Guerrero Dorado de la bestia Aries -aseguró Derbal, elevando su cosmos-. Escucha mi orden, Balder de Pherkad Gamma, portador de la bestia Hraesvelgr. Abandona tu misión actual y dirígete a las Grutas de Brezal Gnita. Busca al Dios Guerrero de Hamal, portador de la bestia Aries, y termina con su miserable existencia -ordenó Derbal, y mientras lo hacía, la sombra desapareció de su presencia.
York. Santuario de Gímle. Templo de Frigg.
-¿Cuánto tiempo planeas mantener esa barrera, Shaka? -preguntó un hombre hermoso, de cabellera plateada, ojos color escarlata, vistiendo un Ropaje Sagrado azul muy hermoso, y blandiendo una espada en contra de una esfera dorada detrás de la cual un agotado peregrino intentaba continuar con su meditación, aunque el sudor del esfuerzo lo estaba doblegando- Puedo seguir con este juego tuyo eternamente. Después de todo, soy un dios -aseguró el Dios Guerrero.
-Ser el representante de Baldr, el dios de la Belleza y la Bondad, no te convierte en Balder. Aún si compartes el nombre con esa deidad -enunció Shaka, manteniendo la barrera inclusive ante semejante castigo. Pero pese al mismo, se mantenía sereno, y con los ojos bien cerrados mientras se concentraba en su meditación-. Así como el que Lyfia se declare la Asynjur Hlin bajada del Asgard, no la convierte en una verdadera diosa -le sonrió Shaka.
-Retira eso -volvió a atacar la barrera Balder, mermando la concentración de Shaka, quien resistió los ataques nuevamente-. ¿Por qué aún con todo mi poder no puedo romper su barrera? ¡Fafner! -miró el Dios Guerrero a otro, quien mantenía 3 cristales inmensos alrededor de Shaka, uno de Zafiro, uno de Ruby, otro de Esmeralda, todos con un cosmos violeta que parecía debilitar a Shaka, quien se negaba a perder su barrera.
-Solo es cuestión de tiempo, Balder -le respondía un Dios Guerrero en el Ropaje Sagrado de un Dragón, quien enterraba sus manos en los cristales, liberando de los mismos sus poderes necrófagos, que envolvían a Shaka y drenaban su energía-. Nadie posee energía infinita, y los cristales de los Mundos Oscuros terminarán pronto por absorber hasta la última flama de su cosmos. Aunque el proceso sería más rápido si el cuarto cristal, el cristal de Svartálfaheim, estuviera en nuestras manos -sonrió con malicia Fafner ante el dolor de Shaka, quien comenzaba a perder la concentración.
-La ejecución de Shaka de Espiga, portador de la Valkiria Virgo, tendrá que esperar -le respondió Balder, recibiendo el mensaje de Derbal-. Puedes continuar torturándolo, Fafner. En cuanto a ti, Shaka… jamás olvides, que tú dirigiste todas estas torturas a tu persona, al declarar a Lyfia una falsa Asynjur… -le comentó Balder, mientras se retiraba del Templo de Frigg.
-¿Cómo no declarar a Lyfia una falsa, Balder… cuando la misma Frigg me ha dicho que ella no es su hija? -le preguntó, y Balder se detuvo en su andar- Puedo hablar con los dioses, Balder… y el verdadero Balder, que por cierto se pronuncia Baldr, te manda decir que, si continúas errando en tu camino, serás castigado -le aseguró Shaka, y Balder viró para verlo nuevamente.
-Que sufra, Fafner… -ordenó, y Fafner sonrió con malicia-. Que sufra hasta que suplique mi perdón -finalizó, y Fafner activó la fuerza de los cristales, y el grito de Shaka resonó por todo el Santuario de Gímle.
Glosario:
1 – ARTEFACTOS:
Hrotti: La espada legendaria de Sigmund, el antepasado de Siegfried y de Sigmund.
Járngreipr: El guante de Thor con el que empuñaba a su martillo Mjölnir.
Muspelbrann: La espada que pertenece al Muspel primordial, Surtur, una espada de fuego que es la opuesta a la espada Balmung de Odín.
Valshamr: Capa de plumas de halcón perteneciente a la diosa Freyja, capaz de transformar a quien la vista en un ave de cualquier tipo.
2 – CRIATURAS:
Elfo: También llamados elfos de la luz, son los habitantes de Alfheim, donde se venera al dios Vanir, Frey. Habilidosos con la hechicería, muy longevos y de orejas puntiagudas. Son muy cercanos a la naturaleza y la veneran. Suelen ser despectivos con las razas menos longevas, en especial con sus contrarios los Enanos.
Enanos: También llamados elfos oscuros, son los habitantes del mundo subterráneo de Svartálfaheim. Se considera a los enanos como excelentes herreros y señores de la forja, capaces de agregar propiedades mágicas a sus artefactos. Odian a los Elfos porque los Elfos se creen superiores.
Granir: Nombre del caballo que pertenecía a la Valkiria Brunilda en el cantar de los Nibelungos.
Hraesvelgr: Un águila gigante que se sienta al borde del mundo, en la frontera más boreal de los cielos, y quien se considera el creador el los vientos al estos producirse por el batir de sus alas.
Muspel: Gigantes primordiales de fuego y la luz que habitan en el Muspelheim, son más antiguos que los dioses y los gigantes.
Tanngrisnir: Uno de los machos cabríos que tiraban del carruaje volador del dios Thor. Cuenta el mito que Thor podía cocinarlos y comerlos y después resucitarlos con su Mjölnir siempre y cuando uniera todos los huesos y la piel de los animales antes de resucitarlos. Tanngrisnir sin embargo, es cojo ya que en una de sus aventuras cuando Thor invita a unos campesinos a comer con él, uno de ellos rompe uno de los huesos de Tanngrisnir sin saber que Thor podía resucitar a los animales.
3 – TÍTULOS:
Godis: Hechiceros capaces de leer las runas, y predecir el futuro.
