Me tardé en actualizar, una disculpa por eso, no estoy del todo recuperado de la ciática aún y mis tiempos frente a una computadora son muy breves por ello, pero me esforcé por completar este capítulo.
No sé si ustedes sienten los episodios lentos, entre tantas explicaciones mitológicas y el intentar encajar a los dorados en un mundo al que no pertenecen, pero espero que poco a poco vayamos pasando del mundo de explicaciones sobre el cómo funciona este mundo, a un poco más de acción.
Algo que se me olvidó mencionar, las parejas principales en efecto son Milo y Saori, y Camus e Hilda, pero esto es muy a futuro, así que no esperen romance próximamente, lamento si eso desmotiva a las fans de mis historias pero en esta ocasión deseo enfocarme más en la historia de los dioses que en el romance. Y bueno, ya me colgué, sin más que decir por el momento, a contestar reviews:
dafguerrero: Perdona si no te puedo contestar tu PM Daf, la respuesta rápida es que los sueños no se interpretan como las cartas, jajaja, solo sé unas muy pocas cosas y no creo que sean de ayuda, pero descuida no creo que sea algo de lo que debas preocuparte. Sobre tu review, las lesiones lumbares son del demonio, y bueno no he escuchado de Danaaf en mucho tiempo, pero no hay presiones, no te preocupes, no me muero por tener reviews, aunque ayudan, jajaja. En efecto en esta historia estoy usando ciertas variantes del manga y el anime para complementar esta historia y hacerla sentir más Saint Seiya que fanfiction, pero por supuesto que me estoy tomando libertades creativas también como en el caso del compromiso entre Hilda y Sigmund, además de los desvaríos de Alberich y que Hagen sea buen cocinero, pero fuera de eso, intento que la historia tenga ese sentimiento de episodio de Saint Seiya, y bueno me pareció agradable revivir algunos eventos, aunque de formas diferentes. Sobre Episodio G Assassin, no lo he leído, pero sé de quién hablas, y sobre Derbal, habrá mucho más de él y de otros personajes que son sus patiños, tu descuida, hay malo para rato.
reyna lisset: Supongo que le debo una disculpa a tu madre por tus despliegues de emoción, aunque espero que te siga emocionando leer más de Guerras del Ragnarok, en especial con lo inconstante que soy. Sobre Aldebarán, creo que la respuesta la encontrarás en este capítulo. Lamento que la historia sea complicada de entender, pero yo sabía que iba a ser así por tener que explicar toda una nueva mitología. Jajaja, por mí que no madures nunca porque me dio risa tu review, yo estoy más viejo y sigo escribiendo esto, no te preocupes.
TsukihimePrincess: Así como lo dijiste, Aldebarán es Aldebarán de Aldebarán, Dios Guerrero de Tauro, ya sé que suena raro, pero reglas son reglas. Y bueno, lo de Lost Canvas, al no ser canon (no me maten yo prefiero Lost Canvas a Next Dimention), desacredita esa teoría, ya que en Next Dimensión está Ox de Tauro. Espero disfrutes este capítulo.
EDITADO: 13/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 3: Los Guerreros de la Osa Mayor.
Danmark. Puerto de Munarvágr. 10 de Septiembre de 4E 05.
Al este de Hlingard, pasando el país de Galdhopiggen, y llegando hasta el reino de Danmark, se encuentra el puerto de Munarvágr, conocido por ser la cuna de los mejores constructores de Drakkar de toda Midgard. Por toda la inmensa ciudad portuaria, se podían observar a las diversas embarcaciones. Los Drakkar más pequeños, y de velas más cortas, eran los navíos mercantes, transportaban pieles, hierro, y diversas especias o carne curada para los pueblos cercanos a Hlingard. Las embarcaciones más alargadas, que contaban con una vela a manera de tienda, y las cuales se movían mayormente impulsados por los remeros, eran los navíos pesqueros, confeccionados para ser ligeros para los remeros, y a la vez destinar la mayor parte del vientre del barco dragón para su pesca. Por último, estaban los Drakkar militares, tan largos como los Drakkar pesqueros, pero 2 veces más altos, y con los escudos de las casas reales colocados sobre los remos. Eran estos los verdaderos barcos de guerra, que navegaban en dirección a Brávellir constantemente, manteniendo la guerra latente en todos quienes veían a los Drakkar navegar.
Las aguas de Munarvágr estaban repletas con el tráfico marítimo, salvo por los alrededores de una pequeña isla situada a poco más de 10 kilómetro de distancia desde el puerto hasta la misma. Se trataba de una isla rodeada de formaciones de hielo puntiagudas, a manera de estalagmitas, que impedían que cualquier embarcación, sin importar cuan pequeña, pudiera acercarse a la pequeña isla no más grande que la estatua de Odín en Hlingard, y que presumía únicamente un montículo de nieve sobre el cual se erguía una estatua tallada en madera de una niña de alrededor de 6 años que llevaba en su mano un plato de oro en el cual ardía un fuego intenso. Esta isla, funcionaba como faro para los Drakkar que buscaban puerto por las noches, o durante los días de niebla.
En la cara contraria a la cual la niña de madera miraba, se veía claramente desde la costa una cueva que daba a los interiores del faro. Sin embargo, sería imposible para cualquier embarcación acercarse lo suficiente para explorar dicha cueva, lo que levantaba sospechas y rumores sobre lo que podría encontrarse en su interior.
-Apostaría lo que fuera a que allí dentro hay un tesoro -hablaba uno de los soldados raso que viajaba sobre uno de los Drakkar que se dirigían a hacer la guerra en contra del reino de Brávellir-. Si estas aguas no fueran tan frías que te hielan la sangre con tan solo entrar, intentaría el viaje a nado -continuaba el soldado.
-Perderías la apuesta si llegases a hacerla, y perderías la vida si llegaras a sumergirte en estas aguas -le respondía un Dios Guerrero de la Osa Menor, de ropaje escarlata, cabellera naranja con un mechón adornado en una trenza, y de ojos magenta de apariencia vacía-. Dentro de esa cueva hay un tesoro claro está, pero es un tesoro que solo interesa a unos pocos. Ya que esa cueva es la tumba de una pequeña niña, lo sabrías si vivieras en Munarvágr y no solo estuvieras de paso. Pero claro que los pueblerinos inventan leyendas sobre esa isla, hace que las arcas se llenen de dinero por parte de los viajeros curiosos -le aseguró el Dios Guerrero, quien entonces miró al sorprendido soldado raso-. Y sobre sumergirte en estas aguas, en verdad que no te lo recomiendo, el agua que rodea a esta isla es más fría que la del resto del puerto, ya que esta isla es protegida por un inmenso poder congelante. Solo si tu sangre fuese capaz de hervir con la fuerza de un Muspel, podrías sobrevivir a estas aguas, a no ser que tu sangre sea tan fría como la de los Jotunn mismos y pudieras soportar tan bajas temperaturas. Hay otra forma de llegar a la isla, sin embargo, y consiste en ser un mago de hielo y viento, capas de caminar sobre el agua, dejando tras de ti tus huellas congeladas en la superficie -finalizó el Dios Guerrero.
-¿Dejar huellas en el agua? Mi señor Surt, ¿está usted tomándome el pelo? No pensé que tuviera semejante sentido del humor -se sorprendió el soldado raso. Pero Surt, el Dios Guerrero de la Osa Menor, simplemente apuntó con su mirada, invitando al soldado raso a acercarse a la orilla del Drakkar, y maravillarse, al ver a un joven caminando sobre el agua en dirección a la pequeña isla, cargando un ramo de flores blancas, y mientras dejaba sobre el agua huellas congeladas-. ¿Ese sujeto está caminando sobre el agua? ¡Debe ser un mago! -se sorprendió el soldado raso.
-El más poderoso de todos los magos… eso te lo aseguro… -se acercó Surt a la cabeza del Drakkar, y trepó la misma-. Con semejante poder… ¿cómo podría no perdonarte? Prodigio del viento y del hielo -se susurró a sí mismo Surt, dejándose caer del Drakkar, para sorpresa del soldado raso, quien entonces notó el agua a los pies de Surt congelarse, y permitirle caminar sobre el agua como hacía el joven del ramo de flores-. Llamas mucho la atención, Camus. Te he dicho que no a todos les agradan los hechiceros. Podrías meterme en problemas por continuar permitiendo tus acciones -le recriminó Surt.
-Solo peregrino a la tumba de Sinmone una vez al año… en su cumpleaños, Surt… -le respondió Camus, el joven con el ramo de flores en sus manos-. A Sinmone no le gustaban los Drakkar, le daban miedo… acercarme a su tumba sobre un Drakkar, aun si es para saltar al mar y continuar nadando, sería faltarle al respeto -aseguró.
-Eso lo entiendo, pero… podrías al menos nadar en lugar de asustar a todo el puerto con tu caminata a la tumba de mi hermana -le aseguró Surt, y continuó caminando sobre el agua, que Camus congelaba bajo sus pies y en dirección a la entrada de la cueva donde se encontraba enterrada su hermana-. Por cierto… gracias por venir otra vez… Camus… -comentó Surt.
-Gracias por permitirme honrar su memoria, Surt… -respondió Camus, caminando junto a Surt por los interiores de la cueva, hasta llegar a un inmenso bloque de hielo, dentro del cual se encontraba congelado el cuerpo de la niña a partir de la cual la estatua de madera había sido tallada. Sinmone, la hermana de Surt-. Jamás dejaré de llorar su muerte… si no hubiese sido tan imprudente… Sinmone… -se mordió los labios Camus, aunque Surt se mostró inexpresivo.
-Ya han pasado 9 años desde que pasó. ¿Alguna vez te lo he recriminado? -preguntó Surt, y Camus lo miró con sus ojos dolidos- Fue un accidente, tú no querías hacerlo. ¿Cómo podría culparte, Camus? Sinmone te amaba como a un hermano, incluso juraba que cuando creciera, sería tu esposa. No sé si después de 9 años el sentimiento sería el mismo, pero, sí sé que, si Sinmone pudiese decírtelo ella misma, te diría que todo está bien, y que ella no te odia. A ella no le hubiera gustado verte triste -aseguró Surt.
-Cargaré con este dolor, y con mi deuda a contigo, Surt. Eso ni tú ni Sinmone pueden evitármelo -le aseguró Camus, y Surt tan solo cerró los ojos, y asintió-. Te debo una vida, Surt… ese fue mi juramento. Y tú decidirás cuando reclamarla. Hasta entonces, tendré que esperar para disculparme con Sinmone personalmente -finalizó Camus.
-Todos los años tenemos esta misma conversación… Camus… -lo miró Surt nuevamente, con una mezcla de dolor y empatía en su mirada-. No me debes nada, ni a mí ni a Sinmone. Pero en vista de que eres muy obstinado para comprenderlo, pretendo hacerte cumplir tu promesa, no por mí, pero por la diosa Hlin… vestirás el Ropaje Sagrado de Acuario, ya está por despertar. Después de Deneb Algedi, en el próximo cumpleaños de nuestra ama Lyfia, Beta Aquarii ha de despertar, y será entonces que te pediré esa vida en su defensa -Camus tan solo asintió a sus palabras-. Cuando tenga esa vida, tú y yo volveremos a ser hermanos, y podrás volver a sonreír.
-¿Sonreír? -preguntó Camus- El ultimo día que sonreí… fue el día en que tu hermana falleció bajo mi puño, Surt… jamás podría volver a sonreír después de eso… -colocó su mano Camus sobre el hielo, como si frotase el rostro de Sinmone-. Era muy joven para amar… pero Sinmone en verdad que podía hacerme sonreír.
Fjördland. Laberinto de Brezal de Gnita.
-Esto es lo más lejos que podemos llegar con carruaje -enunció Mu tras detener la avanzada de la carreta de suministros, sobre la cual viajaba el grupo de Saori. Se encontraban en una pradera semi-congelada, las hierbas se veían escarchadas, y el rio Slíd aún podía escucharse caer por las cascadas lejanas de las montañas que hasta esos momentos habían estado rodeando. No se parecía en nada al paraje inhóspito que Mu les había descrito con anterioridad, a decir verdad, al menos no hasta el momento en que una apertura en el cañón sobre el cual viajaban, y que escupía niebla desde su interior, parecía prevenir a los visitantes de continuar con su camino-. Esta no es niebla común y corriente, mi maestro Shion solía decirme que es una niebla con voluntad propia que protege a las Grutas de Brezal de Gnita de los invasores. Si entran dentro de esta niebla, deberán saber que sus vidas estarán en peligro -finalizó Mu.
-¿La niebla misma protegiendo el camino a las grutas? Eso es ridículo -se quejó Aioria, incrédulo de que la niebla tuviese conciencia propia, pero sintiendo desde su interior emanar una extraña fuerza.
-Tal vez la niebla no tiene conciencia -comentó Tholl-. Tal vez Thor la ha conjurado para proteger algún secreto en este valle. O podría ser Skadi que ha convertido el lugar en su hogar temporal. O tal vez un Jotunn habita estos parajes -intentó encontrarle sentido a la neblina Tholl, a su estilo muy particular.
-O podría tratarse de la niebla del mismo Niflheim -se preocupó Hagen, recordando los relatos del mundo de los muertos gobernado por la niebla misma. En todo caso, la realidad era que la niebla aterraba en muchos sentidos a los pobladores de Midgard, ya que la veían como una fuerza de misterio y muerte.
-Todas esas razones son las que mantienen a los hombres de Midgard alejados de las Grutas de Brezal de Gnita -aseguró Mu con una sonrisa-. Pero puedo asegurarles que no es obra de los dioses, ni de los Jotunn, ni hay una puerta al Niflheim en estas montañas. Mi maestro descubrió que estas montañas están en una zona volcánica de actividad moderada, hay muchas aguas termales en los alrededores que poseen tan altas temperaturas que la vegetación apenas existe, pero eso no impide que algunas criaturas como los Troles y los Dragones abunden en su interior, alimentándose de las raíces de los helechos secos. Fuera de esas bestias, el principal peligro es que más adentrados en la niebla esta es tan densa que es muy difícil ver por donde se camina, y esto normalmente termina en los aventureros cayendo por acantilados hasta una horrible muerte, atravesados por las estalagmitas que se forman bajo los puentes naturales del cañón -les explicó Mu.
-No me parece un escenario muy alentador -comentó Saori mientras miraba a la niebla, temerosa. Pero recordando su provenir divino, y sabiendo que debía enmendar su error de hace un par de semanas, se armó de valor, y se dirigió a Mu-. Le pido por favor que nos guíe en dirección a las Grutas de Brezal de Gnita -reverenció.
-Ser reverenciado por una diosa… es sobrecogedor… -se susurró a sí mismo Mu, y entonces miró al grupo-. Yo debo realizar el viaje a las Grutas de Brezal de Gnita por mis propios motivos personales, pero no puedo responsabilizarme por la seguridad del grupo. Los peligros de estas montañas son barbáricos para quienes no se encuentren preparados, si desean seguirme, pueden hacerlo, pero no me pidan que los proteja -aseguró Mu.
-Como si necesitáramos protección -se molestó Milo, adelantándose, más se detuvo frente a la niebla-. Esto es… -se impresionó Milo, quien entonces miró a Mu, quien asintió en ese momento. Milo entonces miró a Saori-. Tu mano -exigió, sorprendiendo a la niña, quien entonces recordó que debía comportarse a la altura de su proceder divino, y negó con la cabeza.
-Le agradezco, señor Milo, pero no necesito protección -aseguró Saori, adentrándose en la niebla, para sorpresa de Mu quien intentó detenerla, ya que, tras dar el primer paso sobre la niebla, Saori comenzó a caer, solo que Milo la atrapó en el momento justo, mientras una aterrada Saori se encontró a sí misma suspendida bajo la niebla, mirando las afiladas estalagmitas con los cuerpos de varios guerreros en Ropajes Vikingos, todos atravesados de maneras horribles y con sus Ropajes destrozados. Saori gritó despavoridamente en señal de terror, hasta que Milo la levantó hasta encararla.
-Aún puedo soltarla si la señorita insiste en que no necesita protección -se burló Milo, aunque Saori estaba sin habla y no podía responderle. La diversión de Milo terminó sin embargo, cuando Siegfried lo empujó rudamente, y ayudó a Saori a incorporarse.
-¿Estás bien, Saori? -gritó Hilda histérica, abrazando a Saori con fuerza mientras la niña temblaba de miedo- ¡Una advertencia hubiese sido bien recibida! -le gritó Hilda a Mu.
-A mí no me mire… yo hice las advertencias pertinentes. Si la reencarnación de la Asynjur Hlin no quiere atender a las advertencias, no me compete corregirla -aseguró Mu, cruzando sus brazos alrededor de su nuca.
-Además, la Asynjur Hlin acaba de indicar que no requiere de la protección de nadie -se burló Milo de igual manera-. Lo que significa que sabe perfectamente bien lo que está haciendo -agregó Milo de forma arrogante.
-Aunque de todas formas la Asynjur Hlin erró por su propia inexperiencia e impaciencia, como hizo en Ulfrgard -agregó Aioria frotándose la barbilla-. Considero imprudente seguir a alguien tan inexperto a una guerra, la Asynjur Hlin definitivamente necesita mostrar más prudencia -finalizó Aioria.
-Umm… en verdad que ha sido imprudente de parte de la Asynjur Hlin… -continuó Aldebarán, cruzándose de brazos y asintiendo-. Cuesta creer que alguien con semejante incapacidad pueda liderar sus ejércitos a la guerra -y tras las conclusiones, los 4 asintieron al unísono.
-¡Está bien! ¡Ya entendí! ¡Tengo 10 años, denme un respiro! -se molestó Saori, y entonces se viró a ver a sus dioses guerreros- ¿Y ustedes no piensan defenderme? -preguntó Saori, mirando en específico a Fenril, quien desvió la mirada- He sentido su traición -sollozó.
-Traición es una palabra muy fuerte… señorita… -comentó Fenril contrariado, Hagen, Alberich y Tholl compartían expresiones similares. El único que se mantenía calmado, era Siegfried.
-¿Ya terminaron de ridiculizar a nuestra diosa? -les preguntó Siegfried con seriedad- Si no van a ayudar a convertir a Saori en una digna representante de la Asynjur Hlin, entonces les pido que no estorben -elevó su cosmos Siegfried, concentrando la fuerza en su puño, y entonces lanzó la tremenda ráfaga en dirección a la niebla-. ¡Ventisca Valerosa del Dragón! -lanzó su ataque en la forma de torbellinos morados rodeados de relámpagos violeta, y la niebla terminó por disiparse a lo largo de todo el cañón, revelando su verdadera forma, siendo esta la de un puente irregular que serpenteaba alrededor de un acantilado debajo del cual esperaba una fosa repleta de estalagmitas presumiendo los cadáveres de los guerreros que habían errado en su andar- Ahora podemos pasar -lideró la marcha Siegfried.
-Me desagrada ese sujeto -se quejó Milo, y entonces miró a Saori, quien se molestó, le dio la espalda tanto a él como a Mu, Aldebarán y Aioria, y siguió a Siegfried inmensamente molesta. Hilda siguió rápidamente a Saori, y el resto de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor hizo lo mismo. Los demás por su parte, permanecieron atrás mirando a Saori con curiosidad.
-¿Qué piensan de ella? -preguntó Mu, mirando en específico a Aioria y a Milo- Ustedes son Dioses Guerreros Dorados, protegiendo a la hija legítima de Jarl Wotan quien se cree a sí misma la actual encarnación de la diosa Asynjur Hlin. Tienen que admitir que parece una locura, la Constelación de Aesir la delata como una falsa, ¿y si no es quien dice ser? -preguntó Mu.
-Me he hecho la misma pregunta varias veces -confesó Aioria-. Si Saori no es la Asynjur Hlin, entonces estamos ayudando a una chiquilla impertinente con delirios de grandeza a conquistar el reino de la verdadera diosa. ¿Qué pasa si estamos equivocados? -comentó, y sacó el dije de la punta de flecha de su hermano de dentro de su túnica- Amo a mi hermano… solo por su memoria quiero proteger a la persona que él murió protegiendo, pero… vestir el Ropaje Sagrado… significa serle fiel a Hlin. ¿Y si Saori no es Hlin? -preguntó Aioria a Milo.
-A mí no me importa si esa niña es o no Hlin -se cruzó de brazos Milo-. Pero definitivamente no es una líder nata. Será un suicidio atacar Hlingard bajo estas condiciones, con o sin los Dioses Guerreros de la Osa Mayor -les aseguró Milo-. Y diosa o no… me niego a seguir a alguien que no tiene el corazón ni la determinación de proteger lo que es justo. Si Saori no resulta ser esa persona, yo no la seguiré -aseguró de forma arrogante-. Pero si lo es… juro ante la tumba de mis padres que nada jamás me hará perder mi convicción en ella -finalizó.
-Ya, ya, Alde no te hará cruzar ese puente tan angosto -escucharon los 3, mientras Aldebarán desataba a su buey de la carreta-. Esta es la última vez que tienes que tirar de la carreta. Me serviste bien. Ahora eres libre, pero aléjate de la niebla -terminó de despedirse Aldebarán, y mientras el buey pastaba, el hombretón se dirigió al grupo-. Ahora… hay una princesa legítima intentando recuperar el reino de su difunto padre. Es su derecho de nacimiento, y yo no estoy nada contento con el actual gobierno. Así que, provincianos, de boca de alguien que ya ha tenido que soportar los abusos de Derbal. No me importa si Saori es o no la Asynjur Hlin, ella es una buena niña, y yo voy a ayudarla a reclamar su trono -aseguró Aldebarán, siguiendo a los Dioses Guerreros de la Osa Menor.
-Si Aldebarán lo dice es porque es cierto -comentó Mu-. No habrá más dudas entonces, los guiaré a las grutas, y los ayudaré a encontrar al último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor. Lo que haré después, eso lo he de decidir por mí mismo -aseguró.
-Oigan dorados -escucharon a Alberich a lo lejos-. No sé de qué tanto hablan con el arqueólogo y el granjero, pero, esto definitivamente es algo que desean ver -pidió entonces que lo siguieran Alberich, hasta un punto en el puente donde Saori abrazaba aterrada a Hilda, mientras el grupo de Dioses Guerreros observaba cadáveres recientes en los alrededores de la fosa-. Estos cuerpos son recientes… pero eso no es importante, son una cantidad considerable, además de que cuentan con armaduras de soldados raso de Hlingard -les explicó Alberich.
-Eso solo puede significar lo que Alberich ya sospechaba -prosiguió Hagen-. Derbal no solo sabía que huiríamos en dirección al este, sino que sabía de antemano que nos dirigíamos a las Grutas de Brezal de Gnita -aseguró Hagen.
-Viajamos por 10 días en dirección a las grutas, nos habríamos topado con ellos en el camino -concluyó Siegfried, pensativo-. Estos hombres no vinieron dándonos cacería, tenían otra misión. Seguramente la misma que nosotros, encontrar al último Dios Guerrero de la Osa Mayor -concluyó Siegfried.
-Eso es ridículo -interrumpió Alberich-. ¿Por qué Derbal buscaría al último Dios Guerrero de la Osa Mayor incluso antes de que nosotros comenzáramos a buscarlo? No puede saber algo que inclusive nosotros no sabíamos que íbamos a hacer. Además, si Derbal estuviese buscando a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor desde antes que nosotros buscáramos al último, hubiese empezado con nosotros. Tholl, Fenril, y un servidor, siempre hemos sido prospectos de dioses guerreros, incluso Siegfried lo era. El único a salvo era Hagen y nuestro espía que no tienen relación alguna con ninguna familia real que haya vestido un Ropaje Sagrado antes. La única forma en que Derbal supiese lo que tramábamos, antes de que lo tramáramos, sería a costa de nuestro espía… -y entonces, la revelación se hizo presente-. ¡Ese malnacido! -enfureció Alberich- ¡Syd nos tendió una trampa! ¡Envió a los hombres de Derbal a las Grutas de Brezal de Gnita antes que a nosotros para que sus hombres asesinaran al último Dios Guerrero de la Osa Mayor, impidiendo que Saori pudiera comprobar que es la Asynjur Hlin, y después nos envió a morir aquí a nosotros en una emboscada! -enfureció Alberich- ¡Lo creería de alguien como yo el traicionar a Saori, pero de Syd! -se molestó Alberich.
-Encuentro esa revelación en exceso perturbadora, Alberich -comentó Saori al escuchar la rabieta de su supuesto Dios Guerrero-. ¿Eso quiere decir que Syd es un traidor? -preguntó Saori contrariada- No lo creería ni viéndolo. Syd siempre nos ha informado de lo que acontece en el Santuario -aseguró Saori, anclándose a la esperanza.
-O Syd es un traidor, o fue descubierto y torturado por la información. En cualquiera de los casos estará muerto cuando todo esto termine -aclaró Siegfried sombríamente-. Para nuestra fortuna, estos soldados murieron por las inclemencias de estas montañas.
-Yo no estaría tan seguro… -comentó Fenril, mirando las heridas en los cuerpos de los fallecidos-. Sus cuerpos no solo están maltrechos, sino sumamente pulverizados. Sus muertes no fueron un accidente. Todos cayeron en la misma zona, lo que significa que sabían por dónde iban. Seguramente, o eran muy experimentados rastreadores, o poseían el domino del cosmos, lo que significa que ningún Trol ni Dragón los habría vencido. No me cabe la menor duda, esto lo hizo un Dios Guerrero muy poderoso… casi podría jurar que lo hizo un Dios Guerrero Dorado. Nadie vencería a estos hombres con semejante brutalidad sin tener ese poder -aseguró Fenril-. Sea quien sea quien mató a estos hombres… seguramente sigue por aquí,
Hlingard. El Santuario. Habitación del Trono.
-Todo parece ir con respecto al plan -habló Derbal, sentado sobre su trono, y mirando a un joven de cabellera verde menta y ojos rojizos, quien se mantenía arrodillado frente a Derbal-. He recibido un mensaje de cosmos de parte de Balder, aparentemente ha sentido el cosmos de Siegfried hacerse presente en el Puente de la Niebla de camino a las Grutas de Brezal de Gnita. Aunque aún no tenemos noticias sobre aquel individuo que fue capaz de diezmar a los hombres que enviamos para la emboscada. ¿Estás seguro de que no debo preocuparme por la resurrección de los Ropajes Sagrados de Asgard? -preguntó.
-Aún si lograran reclutar al último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, ellos no cuentan con que su supuesto espía es un traidor, y que gracias a él los Ropajes Sagrados no despertaran -aseguró Syd, mostrando respeto ante Derbal-. Alberich inclusive, jamás admitirá que su genio táctico fue superado por el mío. Estará tan concentrado en atar los cabos sueltos como para percatarse de que Balder los dirige peligrosamente a una trampa. Ninguno sobrevivirá, no tiene de qué preocuparse, amo Derbal -aseguró Syd.
-No se me conoce por ser confiado, Syd. Quiero que busques a los últimos 2 Dioses Guerreros Dorados y los traigas ante mí -ordenó Derbal-. Si por gracia de los dioses logran sobrevivir, continuarán su camino hacia Brávellir, y pese a que sé de antemano que Jarl Svend jamás prestaría servicio a Saori, prefiero tener a la mayor cantidad de Dioses Guerreros Dorados de mi parte. Encuentra a esos 2 -exigió, y Syd desapareció frente a sus ojos-. Si los dioses piensan que Hlin volverá a sentarse en el trono de los hombres, están muy equivocados. Por 3 Eras los dioses han hecho de Midgard su voluntad, y Midgard pertenece a los hombres. No permitiré que los dioses insistan en seguirnos gobernando, usaré sus propias armas en su contra de ser necesario -agregó Derbal con desprecio, más sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la puerta de la habitación del trono fue golpeada gentilmente-. Puedes pasar, Loki -agregó Derbal, y al hacerlo, un joven de cabellera revuelta de un color cremoso suave, vistiendo una túnica morada con adornos rojos, entró en la habitación-. Cada vez que digo eso, siento que estoy permitiendo al Dios del Fuego y las Travesuras entrar en la habitación del trono. ¿A quién se le ocurre ponerte semejante nombre? -se molestó Derbal.
-Mi señor -reverenció Loki, ignorando las palabras de Derbal-. El Dios Guerrero, Surt de Lambda Eta, solicita audiencia con usted y con la señorita Lyfia -enunció.
-Hazlo pasar -prosiguió Derbal, acomodándose en su trono-. Bienvenido seas, Surt. Me temo, sin embargo, que la señorita Lyfia se encuentra indispuesta en estos momentos -notó entonces Derbal al joven que caminaba detrás de Surt, y se mostró en extremo interesado en él-. ¿Es este el joven de quien me has hablado? ¿El que encontró el Ropaje Sagrado de Acuario? Acércate, muchacho -solicitó Derbal.
-El mago de viento y hielo, Camus del Puerto de Munarvágr, mi señor Derbal -reverenció Camus, impresionando a Derbal por sus modales-. Así como lo ha dicho, hace 5 años el Ropaje Sagrado de Acuario se estrelló en contra de uno de los Drakkar que acababan de salir de la carpintería, destrozándole la cabeza. Desde entonces he sido el guardián del Ropaje Sagrado esperando el momento de su despertar -le aseguró el joven.
-No cualquiera es digno de vestir los Ropajes Sagrados Dorados, Camus del Puerto de Munarvágr. Se necesita de un cosmos inmenso, superior inclusive al de los Dioses Guerreros como Surt -explicó Derbal, poniéndose de pie, y caminando en dirección a Camus, rodeándolo con su sombra-. Dime Surt. ¿Por qué si sabías que este joven poseía el Ropaje Sagrado de Acuario, elegiste no informarme al respecto? -preguntó Derbal, y Surt intentó responder- La verdad, Surt… quiero la verdad -agregó Derbal, furioso.
-Si… mi señor… -reverenció Surt-. He sabido que Camus es poseedor del Ropaje Sagrado desde hace 5 años. Debí decírselo, pero… temía por la vida de mi amigo si no resultaba ser digno ante sus ojos. No podía soportar el ver a mi amigo castigado como pasó con Aioria, el Dios Guerrero de Regulus que viste a Leo… debía cerciorarme de que Camus era digno antes de presentarlo ante usted. Solo cuando tuviera la suficiente fuerza, habría de presentárselo -finalizó Surt con preocupación.
-¿Y es digno? -preguntó nuevamente Derbal, a lo que Surt no supo qué responder- No importa… yo definiré que tan digno es o no -aseguró Derbal, elevando su cosmos, rodeando su mano extendida de la fuerza de un cosmos violeta, y con este atacando a Camus, quien sintió su cuerpo ser empujado al suelo mientras la aplastante fuerza del cosmos de Derbal lo impactaba, forzando a un alarido de dolor a escucharse por todo el Santuario.
Fjördland. Laberinto de Brezal de Gnita.
-Tengan cuidado, esta parte del Laberinto de Brezal de Gnita es la más peligrosa, aún para los conjuradores del cosmos -comentó Mu, liderando al grupo entre la niebla nuevamente, que ahora era tan densa que al grupo se le dificultaba ver a la persona que tenían justo en frente. En su mayor parte, el grupo viajaba en silencio, este era tan solo interrumpido por la rabieta ocasional de Alberich, quien intentaba armar los cabos sueltos en su plan.
-Ya basta, Alberich -se molestó Fenril, enfureciendo a Alberich aún más-. Requiero de silencio… hay algo oculto en la niebla -aseguró el cazador del grupo, sorprendiendo a Milo, quien era también un cazador muy experimentado, pero que de no ser por Fenril, no se hubiese percatado del gentil siseo que se escuchaba a lo lejos. El grupo interrumpió la marcha, todos se pusieron en alerta. Fenril y Milo entonces se reunieron, y comenzaron a concentrar sus sentidos-. Es algo que jamás había escuchado, con un olor fétido a muerte. No sé cuántos son -le aseguró Fenril.
-La niebla es muy densa, pero mis ojos pueden ver a través de ella hasta cierto punto -le aseguró Milo, y Fenril asintió-. Si puedes escucharlo, yo podré verlo, solo vira tu mirada en la dirección en que lo escuches -lo miró fijamente Milo, y tras escuchar algo, Fenril viró la vista en la dirección del sonido, y Milo hizo lo mismo-. Piel escamosa de color negro, hocico alargado y afilado, con alas de ventosa, pero es muy rápido, no pude ver más -Fenril entonces viró la mirada en otra dirección, y Milo siguió la misma-. Cola alargada y esquelética, son 2 al parecer… -más Fenril viró la mirada nuevamente-. Aunque podrían ser más -aseguró Milo.
-Un momento… -interrumpió Mu-. Lo que dices no tiene sentido. La descripción que has dado concuerda con la descripción de un Dragón, lo cual, si es correcta, nos pone en peligro, uno para el cual estoy preparado. Pero los Dragones no viajan en grupos, son territoriales, y no estamos en su época de apareamiento. Además de que conozco todos los territorios donde habitan los Dragones y los he encaminado por donde no suelen cazar. Eso solo deja otra posibilidad. Las alas con ventosas, Milo… ¿están pegadas a los brazos? -preguntó, y Milo miró a Fenril, quien se concentró en escuchar, y cuando escuchó algo, viró la vista, Milo viró en la misma dirección.
-Tienen las extremidades delanteras pegadas a las alas, son del tamaño de un hombre adulto, y están muy cerca… a unos 5 metros a lo mucho -aseguró Milo, y el grupo se colocó en guardia-. ¿Qué son, Mu? ¿Cómo los combatimos? -preguntó Milo.
-¿Combatirlos? -sonrió Mu, pero era más bien una sonrisa de preocupación- Con esa descripción, solo pueden ser una cosa… y no son tan peligrosos como los Dragones, no al menos en comparación de uno a uno… pero el problema es que nunca es uno solamente, sino que es toda la horda la que se mueve junta -sudó frio Mu, colocando su mano sobre el hombro de Saori-. Corran… en línea recta… sin detenerse… la entrada a las Grutas de Brezal de Gnita está a unos 200 metros en línea recta. ¡Vayan! -enunció Mu, elevando su cosmos, y sorprendiendo a los que podían manipular el mismo- ¡Forja de Nidavellir! -enunció Mu, lanzando de su mano flechas de fuego que atacaron a las bestias en la niebla, quienes aletearon sus alas y comenzaron a disipar la niebla, generando torbellinos de la misma- ¡Wyverns! -nombró Mu, y las bestias se abalanzaron sobre ellos.
-¡Domador de Draupnir! -gritó Aioria, partiendo a varias de las bestias que los atacaban en pedazos al liberar al león sellado en su puño derecho en la forma de un cosmos violento- ¡Mu, Milo y yo nos encargaremos! ¡Llévense a Saori y a Hilda de aquí! -pidió Aioria, esquivando la mordida de una de las bestias, y asestando un puñetazo en su rostro.
-¡Juicio de Gungnir! -enunció Milo, perforando a varias de las bestias, logrando verlas en el tumulto del vuelo de las mismas con mayor facilidad que antes por los torbellinos que se alzaban con su vuelo- ¡Fenril, necesitan de tu guía! ¡Váyanse! ¡Nosotros 3 podemos con esto! -le aseguró Milo, quien entonces miró a Aldebarán- ¿Qué esperas, granjerito? -preguntó Milo.
-¿Y dejar desprotegida a la princesa de Hlingard que traerá paz al reino contaminado por la sombra de Derbal? -preguntó Aldebarán, cruzándose de brazos frente a Saori y al resto de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor- Me temo que de este punto nadie me mueve… -aseguró, elevando un cosmos dorado que sorprendió a todos los presentes, mientras el granjero inmenso, aunque de apariencia inofensiva, revelaba un secreto que al parecer se tenía muy bien guardado-. ¡Destructor de Tyr! -enunció, y su cosmos envuelto en su puño derecho, arremetió contra una cantidad sorprendente de bestias. En ese momento, Aldebarán se dio la vuelta, y miró a una anonadada Saori- No me rendiré, señorita, no hasta verla sentada en el trono de Midgard -aseguró sonriente.
-Muchas gracias… Aldebarán… -respondió Saori, quien entonces miró a Fenril-. ¡Vamos, Fenril! -tiró de su mano, guiando al Dios Guerrero entre la niebla, mientras los que se ofrecieron a enfrentar a los Wyvern continuaban con el combate.
-¿Qué significa esto, Aldebarán? -se quejó Mu, mientras enfrentaba a las bestias lanzando sus flechas de fuego- ¿Eres un hechicero que manipula el cosmos y no me lo habías dicho? Creía que no había secretos entre nosotros -se fastidió Mu.
-Así es, yo creía lo mismo, hasta que decidiste no contarme que poseías un Ropaje Sagrado Dorado también -respondió Aldebarán, quien en ese momento abofeteó el rostro de uno de los Wyvern, estrellándolo contra las rocas más cercanas-. Y debido a que decidiste ocultarme ese pequeño pedazo de información, tuve que deducir a través de los años si eras un espía de Derbal o en verdad te interesabas por Hlingard genuinamente. Vine en esta empresa para asegurarme de que estés del bando correcto, o para detenerte de ser necesario -aseguró Aldebarán, hiriendo a Mu con sus palabras.
-Vaya, y pensé que tú y yo éramos los que teníamos problemas de lealtades encontradas -se burló Aioria, impactando puñetazos a los Wyvern que cada vez estaban más cerca-. Uno sigue a Saori por el simple hecho de honrar la memoria de su hermano, y el otro por un sentido de justicia que ni él mismo comprende -se burló Aioria-. Al menos podemos asegurar que estamos del mismo lado, ¿o no? -preguntó Aioria.
-Eso está por verse. ¡Escorpio! -gritó Milo, y la caja de madera que cargaba siempre en su espalda, estalló liberando el Ropaje Sagrado de Escorpio, y lo vistió de dorado- ¡Aguijón Carmesí! -hizo estallar su cosmos Milo, lanzando un torrente de energía escarlata que hirió a suficientes Wyvern, como para que las bestias emprendieran la huida- Y ahora que tenemos privacidad… -preparó su aguja Milo, apuntándola a Aldebarán-. Quiero respuestas… -amenazó Milo.
-¡Tauro! -enunció Aldebarán, y el Ropaje Sagrado de Tauro, cabalgó por los cielos hasta llegar a su dueño, estallar en sus partes, y vestirlo de dorado- ¿Te parece esta respuesta suficiente? Aldebarán de Aldebarán, Dios Guerrero de Tauro, el legendario guerrero de casco con cuernos, el más brutal de todos los vikingos. Y este brutal guerrero pretende ver a Saori sentarse en el trono de Hlingard. ¿Qué quieres tú, Milo de Antares, Dios Guerrero de Escorpio? -preguntó.
-¡Aries! -se escuchó la voz de Mu, y el Ropaje Sagrado de Aries apareció frente a él, estalló en sus partes, y vistió a Mu de dorado- Mu de Hamal, Dios Guerrero de Aries, me hago la misma pregunta, pero no solo por Milo, sino por ti, Aldebarán. ¿Cómo podría confiar en ti después de esta revelación? Siento que no te conozco. ¿Cómo has podido pensarme un traidor? -enfureció.
-¡Leo! -enunció Aioria, y la caja de madera que él llevaba también, estalló en sus partes, vistiéndolo, y acompañando su presentación con un rugido de león- Aioria de Regulus, Dios Guerrero de Leo. Y ya he tenido suficiente, es hora de que los 4 nos pongamos de acuerdo. ¿Por qué luchamos? ¿Por justicia al ver a su familia destruida por las decisiones del Santuario? -miró Aioria a Milo, quien lo encaró con descontento- ¿Por libertad de excavación en su búsqueda de una civilización de otro mundo? -miró Aioria a Mu, quien comprendió que realmente solo ayudaba a Saori por su deseo egoísta de continuar con sus excavaciones en paz- ¿O porque se le permita vivir en paz en un reino donde todos lo discriminan por su tamaño? -miró Aioria a Aldebarán, quien resopló con molestia- Incluso yo sigo a Saori por mi deseo de venganza contra Derbal quien ordenó la ejecución de mi hermano Aioros -les recordó Aioria, sacando del interior de su Ropaje el dije que le había regalado su hermano cuando niño-. Con nuestras convicciones actuales, no somos Dioses Guerreros, somos mercenarios buscando la fuerza de lograr nuestros respectivos cometidos. Por esto les pregunto, ¿qué es Saori para nosotros? ¿Qué es Hlin? ¿Saben siquiera quien es Hlin? -les preguntó Aioria.
-Eso es ridículo. Todo mundo sabe quién es Hlin -aseguró Aldebarán, más en ese momento, notó el cómo desviaban las miradas Mu y Milo-. ¿Es enserio? Lo creería de este, pero de ti, Mu -se sorprendió Aldebarán.
-Sé quién es Hlin -reconoció Mu-. Protectora de los hombres, hija de Odín y de Frigg, la Valkiria siempre al servicio de los hombres y llamada la Diosa de la Esperanza. Pero, ¿por qué debería de importarme… si ni siquiera sé si soy humano o no? -le recordó Mu, y Aldebarán bajó la mirada, pero entonces sonrió.
-Mu es Mu. ¿Qué importa si es humano, Elfo o medio Jotunn? Aunque si fueras medio Jotunn, serías el Jotunn más bajito que jamás haya visto -se burló Aldebarán, y aquello relajó un poco a Mu, quien bajó la guardia-. Pero lo que dice Aioria es verdad. Incluso si sabemos quién es Hlin. ¿Estamos de acuerdo en entregar nuestras vidas por lo que ella representa? Tenemos estos Ropajes Sagrados, los dioses mismos parecen pensar que somos los indicados para vestirlos, pero… ¿y si se equivocan? ¿Somos en verdad devotos a Hlin, o solo a nuestras convicciones personales? ¿Somos aliados o enemigos? -preguntó entonces.
-En el otro bando hay 2 Dioses Guerreros Dorados, eso es todo lo que sé -enunció Milo, cruzándose de brazos-. Y a diferencia de ustedes, yo no sé quién es Hlin ni lo que representa. Me han contado algunas cosas, y todo suena muy agradable si quieren pensarlo así, pero una cosa es un cuento y otra cosa es la realidad. ¿Saori es digna de ser Hlin? No lo sé… ni siquiera sé si debería creer en los dioses… pero tengo este poder, y debo darle uso, y planeo usarlo en defensa de quien creo que puede mantener a este mundo justo… y ese no es Derbal… -concluyó Milo, y miró a los otros Dioses Guerreros Dorados-. Así que… o están con Saori o están en contra de ella… elijan sabiamente… -sentenció Milo, y todos se miraron los unos a los otros-. ¿Es Saori la humana a la que queremos ver sentada en el trono de Midgard, sea o no sea la Asynjur Hlin? Sepan que, si eligen incorrectamente, pueden estar traicionando a la verdadera Diosa de la Esperanza, o sentando en el trono a una impostora. Sea cual sea el caso, lo sabremos a su debido tiempo, pero hoy tomamos una decisión -y así, los 4 meditaron al respecto.
York. Santuario de Gímle. Templo de Frigg.
-Las nieblas de las Grutas de Brezal de Gnita podrán nublar los sentidos, pero son las nieblas de la mente humana a las que verdaderamente hay que temer -habló Shaka, el peregrino que se rodeaba a sí mismo en una esfera dorada de cosmos, mientras Fafner, el Dios Guerrero que se encargaba de torturarlo, intentaba escuchar lo que el rubio balbuceaba-. Puedo sentir las dudas creciendo en los corazones de 4 Dioses Guerreros Dorados, pero Frigg ha dicho que ni uno solo de los 12 podría ser indigno, incluso los más deshonestos y despiadados son los que los dioses creen son los más virtuosos entre los seres humanos. Y, aun así, mi corazón humano alberga la duda. ¿Es Saori verdaderamente Hlin? Frigg no desea decírmelo, ella ha dicho que la respuesta la obtendré al verla. Los Dioses Guerreros Dorados están divididos en sus creencias. ¿Estos 4 Dioses Guerreros Dorados sirven a la verdadera Hlin? ¿Son sus convicciones correctas? Tendré que concentrarme más en mi meditación para averiguarlo -se dijó Shaka, y entonces sintió un inmenso dolor, mientras Fafner volvía a accionar los cristales que lo mantenían prisionero.
-¿Qué tanto balbuceas? -recriminó Fafner, mientras Shaka se mordía los labios intentando soportar el dolor- Traicionaste a la señorita Lyfia al llamarla falsa frente a su pueblo y sus Dioses Guerreros, deberías ser ejecutado por tus acciones, pero la señorita Lyfia te ha perdonado con la condición de que entregues tu Ropaje Sagrado para entregarlo a alguien más digno, pero… ¿cuál fue tu respuesta? Enviar el Ropaje Sagrado a las estrellas. ¿Dónde ocultas el Ropaje Sagrado, Shaka? -enfureció Fafner, incrementando la tortura de Shaka con los relámpagos provenientes de los 3 cristales, mismos que Shaka soportó sin soltar alarido alguno de dolor, e inclusive se dignó a sonreír para Fafner.
-Lo sabrás… Fafner… cuando logres hacerme abrir los ojos -fue su respuesta, mientras volvía a tomar su pose de meditación-. Una gran guerra se avecina, Fafner… una guerra producto de la ira de los dioses ante la traición de un hombre que desea reclamar Midgard para los humanos y negar a los dioses. ¿Con quién viajaré en esta guerra? Parece evidente por el cómo se me está tratando a mí, la voz de los dioses en Midgard. Pero solo me uniré a esos 4… cuando sus convicciones sean una misma… -finalizó, mientras Fafner continuaba con la tortura.
Fjördland. Grutas de Brezal de Gnita.
-¡Llegamos! -enunció Saori con alegría a su llegada a las grutas, aunque Fenril rápidamente le tapó la boca, impidiéndole que continuara hablando. La voz de Saori sin embargo, logró hacer eco por las grutas.
-Saori, debes tener más cuidado -enunció Fenril con cierta molestia-. No sabemos los peligros que se encuentran en estas cavernas. Hablar muy alto delataría nuestra posición -le aseguró Fenril.
-Amatista… -se impresionó Alberich, mientras encontraba incrustadas a las paredes de la cueva varios cristales diminutos de un color entre violeta y rosado-. Estas paredes… solían tener amatista en ellas… pero el cristal fue removido casi en su totalidad, sin desgastar las paredes. Solo un ojo muy bien entrenado para encontrar detalles tan minúsculos podría encontrar restos de amatista -aseguró Alberich.
-¿Cómo hace eso importante nuestra estadía en estas cuevas? -se molestó Siegfried, enfureciendo a Alberich por el poco interés de su compañero y líder en algo que para él era tan importante, aunque esta vez Alberich se sorprendió de encontrar a Hilda de su lado.
-No deberías ser tan irrespetuoso, Siegfried -defendió Hilda, aunque para el grupo más parecía que Hilda buscaba razones para generar conflicto con Siegfried, que teniendo un interés genuino en defender a Alberich-. ¿Decías algo de los cristales de amatista? -preguntó Hilda, contrariando un poco a Alberich.
-En efecto… -parpadeó un par de veces Alberich, pero se dignó a continuar-. Para los humanos… la amatista no es más que un material para hacer joyería barata, así que no es raro encontrar cuevas de amatista con las paredes destrozadas por los picos de minería, pero esto… la amatista de estas paredes fue extraída con semejante cuidado, como si quisiesen extraer la amatista en su estado más puro sin dañarla. Esto es porque los Enanos utilizan la amatista como nosotros los humanos la madera para hacer el fuego. Los fuelles de las forjas enanas son minas de amatista que utilizan para avivar las llamas de sus forjas, y así forjar tan increíbles artilugios que los han hecho tan famosos. Mu tenía razón… estas cuevas… debieron haber sido frecuentadas por los Enanos hasta que se agotaran las amatistas… -aseguró Alberich.
-Todo esto es muy interesante, pero, ¿en qué nos ayuda a encontrar al último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor? -preguntó Hagen, encontrando solo cuevas y más cuevas por los interiores de las grutas- ¿Sabemos lo que estamos buscando al menos? -preguntó.
-Hasta donde sé, el malnacido de Syd podría haberse inventado todo eso de la ubicación del último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor -volvió a enfurecer Alberich, preocupando a Hilda y a Saori-. ¡Nos han enviado en una misión suicida a propósito! -insistió.
-Alberich, cierra la boca o yo mismo te arranco la lengua -prosiguió Fenril-. No sabemos los peligros que hay en estas cuevas. ¿Y si aún son habitadas por Enanos? -insistió.
-Los Enanos no son un peligro -interrumpió Siegfried-. Debemos adentrarnos en estas cuevas y buscar al último de los Dioses Guerreros. No dudaré de Syd -agregó Siegfried.
-Oh, claro, porque hay que obedecer al gran y poderoso Siegfried -se fastidió Alberich nuevamente-. Perdóneme, señor Dios Guerrero inmortal, pero el del cerebro aquí soy yo, y no arriesgaré la vida de Saori, solo porque tú deseas hacerte el valiente frente a Hilda -le aseguró, y Siegfried en ese momento tomó a Alberich del cuello.
-Hagan silencio todos… -habló por fin Tholl, y el grupo enmudeció, más porque la voz de Tholl era en extremo autoritaria-. Saori… usted es nuestra soberana y la razón de nuestra rebelión. No escucharé a nadie más que a usted -agregó Tholl mientras se cruzaba de brazos.
-Tholl, entiendo que seas en extremo leal a tus convicciones, pero… -comenzó Hilda, mientras Saori pensaba en qué debía hacer-. Saori solo tiene 10 años, no podemos poner toda la presión sobre sus jóvenes hombros… es mejor si dejamos las decisiones en manos de Siegfried -aseguró Hilda.
-Por supuesto, déjenselo al novio de la criada personal de Saori -agregó sarcásticamente Alberich, molestando a Hilda y a Siegfried, cuando de pronto, Saori alzó la mano, y todos enmudecieron nuevamente.
-Música… -mencionó Saori, y todos prestaron atención. El primero en escucharlo fue Fenril, quien había estado tan adentrado en la discusión, que no se había percatado del gentil sonido de una lira en las profundidades de las cuevas-. Es una melodía gentil y triste… llena de soledad y de dolor… -comentó Saori mientras miraba a Fenril, quien asintió y comenzó a liderar la marcha, adentrándose en las grutas, siguiendo la melodía.
Las grutas de Brezal de Gnita eran muy amplias, la melodía se escuchaba tenuemente, pero solo por el eco de las paredes vacías. Fenril sabía que quien fuera que tocaba esa melodía no se encontraba cerca, sino profundo, podrían pasar horas buscándolo con el riesgo de perderse para siempre en aquel laberinto de grutas. Pero Saori confiaba, quería creer que dentro de esas grutas se encontraba el último de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, ese que los ayudaría a liberar por fin los Ropajes Sagrados de los campeones de Asgard.
Poco a poco, la melodía fue haciéndose más y más fuerte, hasta que por fin llegaron a un lugar que maravilló los ojos de todos los presentes. Tras salir de una de las cuevas, llegaron a una cúpula subterránea, de piedras azules bañadas por la luz de un cristal inmenso en forma de una estrella que se encontraba incrustado a lo largo de todo el techo de la cúpula. Una gentil cascada caía por lo alto, bañando un lago subterráneo repleto de estalagmitas brillantes con el agua mezclada con minerales diversos, logrando que el agua del lago pareciera brillar con luz propia.
Frente a este lago se encontraba lo que parecía ser un pequeño taller, constaba de una mesa de herrero, una superficie metálica amplia, con un mazo descansando sobre este. A la derecha de la mesa había una especie de pozo conectado a un fuelle, del cual emanaban flamas moradas, del mismo color que la amatista depositada en un barril a la derecha del mismo. Se trataba de una pequeña forja, que escupía flamas de un color inusual para los presentes. Una cama de acampar se encontraba en el suelo cerca del lago, así como una pequeña caja de provisiones y una hoguera apagada con una olla suspendida sobre la misma.
Sobre una mesa de madera, se encontraban las creaciones del herrero que trabajaba en ese lugar. Espadas de materiales preciosos que brillaban como el arcoíris, flechas tornasoladas que cambiaban su color dependiendo del ángulo por el cual se miraban, escudos de cristal, casi invisibles por la pureza con que habían sido confeccionados, y martillos, muchos martillos, todos de mango corto como si quisiesen asemejarse al legendario Mjölnir.
Pero había algo que abundaba más que los martillos, y eran los Ropajes. Por todo el lugar se podían ver Ropajes de materiales diversos, todos incompletos, como si faltase algo que los hiciera lo más cercano posible a los Ropajes de los Dioses Guerreros. Tenían formas de animales, con cada pieza asemejando una parte del cuerpo de cada animal. De estar completos podrían asemejarse a los Ropajes Sagrados Dorados, con la diferencia de que parecían no tener vida en su interior, como así la poseían los Ropajes Dorados originales.
Tras maravillarse del lugar, y del taller, como lo llamarían más tarde, Saori decidió posar nuevamente su atención en la melodía, encontrando su origen en el medio del lago, donde sentado sobre una roca que sobresalía del brillante lago se encontraba un joven de cabellera anaranjada, vestido en una túnica blanca, y quien tocaba una lira de madera.
Saori estaba tan maravillada por el sonido, que caminó en dirección al lago, se quitó el calzado, y sumergió sus pies en el mismo, queriéndose acercar lo suficiente al músico en medio del lago. Su vestido inclusive comenzó a humedecerse, pero a ella parecía no importarle. La música era tan relajante, que el grupo poco a poco perdió todo aquello que los había estado aquejando. Alberich perdió su coraje por ser engañado, Hilda olvidó su vergüenza ante Siegfried, e inclusive buscó su mano, el orgulloso de Siegfried bajó la guardia y la tomó también, era como si todas las inhibiciones de todos los presentes, estuviesen desapareciendo. Los desconfiados de Fenril y Tholl inclusive habían bajado sus respectivas guardias, y Hagen, quien era el más centrado en su deber junto a Siegfried, sonrió disfrutando de la melodía.
Cuando el agua del lago hubo llegado hasta su cintura, Saori dejó de avanzar, y se limitó a ver al joven tocando la lira, impresionada por la melodía, casi en un trance. El joven entonces abrió sus ojos gentilmente, y el cosmos brilló tenuemente de azul en los mismos, antes de regresar a su color de ojos natural, siendo este un rojo suave.
-¿Eres el herrero legendario que vive en estas cuevas? Tengo que decir que no me lo pareces… esas manos de apariencia tan suave y gentil no podrían pertenecer a un herrero capaz inclusive de reparar los Ropajes Sagrados de los Dioses Guerreros -comunicó el joven, mientras continuaba tocando su lira sin parar.
-Lo lamento, no creo ser el herrero al que buscas -le respondió Saori, para tristeza del joven, que continuaba con la melodía-. Yo también busco a alguien en este lugar, no sé su nombre, no sé su apariencia, podrías inclusive ser tú. Busco a una persona que se convertirá en el Dios Guerrero de Benetnasch Eta, quien vestirá el Ropaje Sagrado de Bardr -le explicó Saori-. Eres un bardo, ¿verdad? Pareces la persona perfecta para vestir un Ropaje Sagrado -le aseguró Saori con entusiasmo.
-Ya poseo un Ropaje Sagrado, estoy sentado sobre el mismo -explicó el joven, y Saori notó una caja de hierro sobre la cual el joven se sentaba, una caja con la figura de un hombre vestido de lobo adornando la misma-. Este Ropaje Sagrado perteneció a Folkell de Velorum Delta, es el Ropaje Sagrado del Berserker. Es el Ropaje sagrado del héroe más grande de Midgard en la actualidad, a quien yo asesiné -aseguró el joven.
-¿Folkell de Velorum Delta? -se impresionó Hagen, y el grupo le dirigió la mirada- Antes de que Hlingard y Brávellir entraran en guerra, a los escuderos se nos permitía al alcanzar la mayoría de edad el enlistarnos en la armada de Brávellir para recibir entrenamiento con los 30 Guerreros Vikingos de Midgard. Folkell de Velorum Delta era el Guerrero Vikingo más fuerte de los 30, y la admiración de todos quienes aspirábamos a convertirnos en merecedores de un Ropaje Sagrado de cualquier tipo. ¿Estás diciéndome que Folkell fue derrotado por ti? -preguntó Hagen, impresionado, a lo que el joven respondió con tranquilidad.
-Así es… -comenzó-. Folkell de Velorum Delta, fue derrotado por Mime el Bardo de Brávellir. Y no solo eso, ese hombre al que todos llaman un héroe, no era más que un mentiroso que asesinó a mis padres y me adoptó para convertirme en el próximo guardián de Midgard. Ese hombre no existe más, lo asesiné de un solo golpe, perforando sin embargo el preciado Ropaje Sagrado que planeaba reclamar como propio, el Ropaje Sagrado del Berserker… -confesó, lo que mantenía sin habla a Hagen-. Escuché que en estas grutas podría encontrar a quien podría reparar el ropaje de mi difunto padrastro, pero… solo he encontrado Wyverns, Troles, Dragones, mercenarios y asesinos… e inclusive, a un Dios Guerrero muy molesto quien me mantiene aquí tocando para mantenerlo dormido. Es por esto que les digo que… si vienen a asesinarme como ese molesto Dios Guerrero, háganlo ahora antes de que llegue al fin de mi melodía, ya que, si no lo hacen, seré yo quien termine con ustedes. Esto se los digo solo como una cortesía, ya que ocupado o no manteniendo dormido a este Dios Guerrero, daré hasta la última flama de mi cosmos por mantenerlos al margen -aseguró.
-¿Un Dios Guerrero Dormido? -se preguntó Fenril, y entonces miró al interior del lago, donde al parecer una figura de un cosmos inmenso era aprisionado por una fuerza de cosmos blanquecina, la fuerza del cosmos de Mime, quien mantenía la barrera con el poder de su lira de madera- Ahora lo entiendo, este sujeto es el que asesinó a los mercenarios del Santuario. Debió combatir inclusive al Dios Guerrero que los lideraba, y al verse sobrepasado, decidió sellarlo con esta melodía -dedujo Fenril.
-Así es… -respondió Mime-. En mi búsqueda por el herrero, este Dios Guerrero y su ejército de mercenarios intentaron darme muerte. No especificaron una razón, simplemente atacaron. Los asesiné a todos, pero este Dios Guerrero resultó ser muy poderoso para mí… solo guiándolo hasta este taller donde mi música resuena con mayor intensidad gracias a la forma de cúpula que tiene, mi música resonó con la intensidad suficiente para dormirlo… -les explicó, y Saori notó entonces la gota de sudor que caía de su frente. Mime estaba agotado-. Tal parece que no podré encontrar a este herrero, pero no me iré sin pelear a la otra vida. Expongan sus motivos de su presencia en este lugar. Si son enemigos, los combatiré, aunque mi cosmos se encuentre agotado. Si no son enemigos, les pediré que se marchen… este Dios Guerrero… pronto va a despertar -finalizó.
-No somos enemigos… no hemos venido a hacerte daño -explicó Saori-. Mi nombre es Saori, hija de Jarl Wotan, anterior soberano de Hlingard y Alto Rey de Midgard -la revelación llamó la atención de Mime, pero las sorpresas no acababan aún-. Soy además la actual encarnación de la Asynjur Hlin. Hace 5 años, el Sumo Sacerdote Derbal intentó asesinarme, y colocó a otra princesa, haciéndola pasar por la verdadera Asynjur Hlin, en mi lugar. Hoy busco reunir a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, y a la mayor cantidad posible de Dioses Guerreros Dorados, para intentar recuperar el reino que se me fue arrebatado a la fuerza. Y creo fervientemente, que tú, Mime, eres el Dios Guerrero de Eta, el que falta para así liberar los Ropajes Sagrados de Asgard -metió su mano Saori en su bolsillo, y de este extrajo un Zafiro de Odín, mismo que brilló con intensidad frente a Mime-. El Zafiro de Odín reacciona ante tu presencia… en verdad eres quien está bajo la protección de Eta, uno de los defensores de Asgard… Mime… esto puede resultar ser sorpresivo, pero… ¿lucharías a mi lado en la guerra que está por venir? Sé que no me conoces, sé que puede parecerte una tontería… pero yo soy Hlin reencarnada, y deseo proteger a Midgard… necesito de ti… ¿puedes ayudarme? -preguntó nuevamente Saori, con sus ojos repletos de esperanza.
-¿Ayudar a una completa desconocida… que me pide convertirme en un Dios Guerrero? -se preguntó Mime con curiosidad- ¿Sabe usted que la sola propuesta es ridícula? ¿Cómo podría asegurar que usted es en verdad la Asynjur Hlin, y que me han elegido los dioses como guardián de Asgard? Me arriesgaría a la ira de Odín si errara en mi respuesta -le explicó.
-Una vez que aceptes… los Ropajes Sagrados de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor despertarán todos al unísono… y serás vestido por Bardr -le explicó Saori, más Alberich intentó interceder-. ¡Así será, Alberich! -se viró Saori para encararlo, y uniendo sus manos a manera de plegaria- Así será… Syd no nos traicionaría, yo lo sé… y cuando los 7 Dioses Guerreros hayan aceptado su lealtad a Hlin… no… a Odín, a Asgard, y a Midgard… los Ropajes Sagrados de los 7 Dioses Guerreros despertarán al fin… yo lo sé… lo siento en mi corazón -insistió Saori, y se viró nuevamente para encarar a Mime-. Es por esto que yo te suplico… como una diosa a un mortal… que me ayudes… ayúdame a crear un mundo justo y hermoso… -le pidió.
-¿Un mundo justo y hermoso? Ese mundo no existe… -fue la respuesta de Mime, y Saori entristeció al escucharla-. Pero… si semejante mundo pudiese existir, sería muy grato convertirme en un partidario de su creación. Si en verdad usted es quien dice ser, tendrá indudablemente mi lealtad… ¿puede probar quien dice ser, señorita Saori? -preguntó Mime sin rodeos, y Saori tan solo cerró sus manos en puños.
-No… -confesó ella-. No tengo forma de probar quien soy… desearía poder hacerlo… pero no puedo… -aseguró ella, y entonces le mostró el Zafiro de Odín nuevamente-. Pero puedo probar quien eres tú… Mime… -insistió ella, y Mime entonces sonrió.
-¿Probar quién soy yo? -se rio un poco, abriendo sus ojos, y estos se llenaron de esperanza- Eso es algo… que me gustaría descubrir… -en ese momento, el Zafiro de Odín flotó en su dirección, y Mime dejó de tocar su lira para tomar el mismo en sus manos.
-Has realizado tu ataque, y acabas de interrumpirlo -escuchó Mime una voz, y el agua a los alrededores de Saori se tornó turbulenta, mientras esta arrastraba a la joven a un torbellino de agua que se había formado justo en el momento en que Mime había dejado de tocar su lira-. Ahora que sé que no puedes matarme, es mi turno de asesinarte sin piedad. ¡Conocerás por fin la verdadera fuerza de Balder de Phecda Gamma! ¡Te castigaré con la fuerza de Hraesvelgr a quien representa mi Ropaje Sagrado! -un Águila inmensa de color azul con alas de oro adornó entonces el cosmos de Balder, quien salió del interior del lago con un estallido de cosmos, y comenzó a flotar grácilmente sobre las embravecidas aguas- Pero antes de acabar contigo, un deber aún más preciado apremia, la captura de la falsa Asynjur Hlin -el Águila de cosmos se lanzó entonces en dirección a Saori, pero para sorpresa del Águila, una inmensa serpiente se alzó de las profundidades del lago con una explosión de cosmos descomunal-. ¿Una serpiente? -se sobresaltó Balder.
-No cualquier serpiente -habló Tholl, con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro-. La serpiente Jormundgandr -y así Jormundgandr siseó con fuerza, estallando en sus partes, y vistiendo a Tholl con el Ropaje Sagrado-. Mencionaste ser Balder de Phecda Gamma, ¿no es así portador de Hraesvelgr? -se burló Tholl, inmenso, y con su Ropaje Sagrado cubriéndolo- Es curioso… porque hasta donde sé, Phecda Gamma es la estrella que me protege a mí y a Jormundgandr, a no ser que tu Phecda Gamma sea la estrella de la Osa Menor del mismo nombre. ¡Comprobémoslo, Balder! ¡Osa Mayor contra Osa Menor! ¿Quién de los 2 es el verdadero Dios Guerrero de Asgard? ¡Phecda Hércules Titánico! -arremetió Tholl contra Balder, quien se defendió envolviéndose a sí mismo en una esfera de cosmos- ¿Qué pasa Dios Guerrero de la Osa Menor? ¿Temes demostrar tu poder contra un Dios Guerrero verdadero? -insinuó Tholl, pero Balder se mantuvo inmutable.
-¿Ropajes Sagrados de la Osa Mayor? ¿De qué hablas? Nosotros somos los únicos Dioses Guerreros de Asgard -aseguró Balder, mientras resistía sin problemas el poder de cosmos de Tholl-. ¿Cómo podría Jormundgandr defender a Asgard si está destinada a ser la verdugo de Thor? Pero de todas formas eso no importa, he visto tu ataque y lo he recibido, y concluyo que no puedes hacerme daño alguno, así que terminaré con tu miserable existencia -comenzó a elevar su cosmos Balder, más antes de poder reunirlo, comenzó a escuchar a más bestias.
El aullar de un Lobo inmenso que manaba fuego de su hocico se hizo presente, seguido del relinchar de un Caballo de 8 patas, del rugir de un Dragón de 2 cabezas, del sonido de la fragua en la que trabajaba un Enano, seguido del bello sonido de una lira que no era tocada por Mime, y finalmente, el rugido de un Tigre de dientes inmensos.
Hlingard. El Santuario. Habitación del Trono.
-¿Qué está ocurriendo? ¡La tierra se sacude! -se sobresaltó Derbal, en medio de una habitación del trono congelada casi en su totalidad, mientras Camus, el aspirante a Dios Guerrero Dorado, se tomaba una herida en su brazo derecho, e intentaba incorporarse tras una brutal batalla con el Alto Jarl- No es posible… -corrió Derbal entonces al balcón, dándole a Camus un respiro antes de desplomarse en el suelo mientras un preocupado Surt corría a su encuentro para ayudarlo a incorporarse. Derbal por su parte, miró en dirección a la Ciudad de Hlingard, y a los reinos de sus alrededores, desde los cuales 7 cometas se levantaron, 6 volando en una misma dirección, hacia las Grutas de Brezal de Gnita, y uno último en dirección al palacio de Hlingard, estrellándose en las mazmorras-. ¡Imposible! ¡Syd dijo que no debía preocuparme! -enfureció Derbal, mientras la Constelación de la Osa Mayor, más grande y brillante que la de la Osa Menor que tenía la misma forma, iluminaba el cielo, como prueba irrefutable de que los Dioses Guerreros que se habían presentado junto a Lyfia aquella vez hace 5 años, no eran quienes decían ser, sino que eran Dioses Guerreros de una constelación menor a la verdadera que debía proteger a Asgard-. Surt… quiero a los 7 Dioses Guerreros reunidos lo antes posible, nos dirigiremos al pueblo junto a Lyfia -ordenó Derbal.
-¿Qué hay de Camus, mi señor Derbal? -preguntó Surt, ayudando a un moribundo Camus a continuar de pie, mientras el prodigio mago de viento y hielo, apenas y podía creer la tremenda batalla que había librado con Derbal.
-Desde iniciada la batalla, supe que era digno de su Ropaje Sagrado -sentenció Derbal, mirando a Camus fijamente-. Te haré entonces el mismo ofrecimiento que he ofrecido a los demás. Jura tu lealtad a Lyfia, a Midgard, y a mí, y serás acogido en el Santuario, se te brindará un título nobiliario, y un rango muy elevado en el ejército de los hombres -le prometió Derbal.
-Jamás ha sido mi deseo… formar parte de la Orden de Hlingard… -confesó el malherido Camus, quien entonces miró a Surt-. Pero tengo una promesa que cumplir… y en el nombre de Odín… la cumpliré… gustoso juro mi lealtad a Lyfia, actual encarnación de la Asynjur Hlin… a Midgard… y a mi señor Derbal… -se arrodilló Camus, y Derbal asintió.
-Acepto tu lealtad, Camus de Beta Aquarii, Dios Guerrero de Acuario -le respondió Derbal-. A partir de este momento, estás bajo el entrenamiento y servicio de Saga de Pólux, Dios Guerrero de Géminis. Llévalo a sus nuevos aposentos, Surt, y ve que se vuelva más fuerte. Jamás había sentido un viento congelado tan fuerte, pero no será suficiente. Alcanza el Cero Absoluto… -terminó Derbal, y dejó a ambos en la congelada sala del trono.
Fjördland. Grutas de Brezal de Gnita.
Tras el cometa que vistió a Tholl con el Ropaje Sagrado de Jormungandr, llegaron 5 cometas representando a criaturas diferentes, cada una posándose frente al Dios Guerrero que fue elegido para vestirlos, Ropajes Sagrados que ellos conocían muy bien.
-Los Ropajes Sagrados… en verdad fueron liberados… -se impresionó Hilda, que había logrado sacar a la empapada de Saori del agua gracias al ataque de Tholl sobre Balder-. Para Tholl, Phecda Gamma, la bestia Jormungandr -admiró Hilda a Tholl revestido en su Ropaje Sagrado-. Para Fenril, Alioth Epsilon, la bestia Fenrir -prosiguió Hilda mientras el Ropaje con la forma de un Lobo estallaba y vestía a Fenril con su poder-. Para Hagen, Merak Beta, la bestia Sleipnir -y así como ocurrió con Fenril, un Caballo de 8 patas que era el ropaje sagrado de Sleipnir, estalló y vistió a Hagen-. Para Alberich, Megrez Delta, el Enano Dvergr -el Enano maligno que representaba el Ropaje Sagrado de Megrez Delta estalló, y vistió a Alberich de igual manera-. Para Mime, Benetnasch Eta, la Lira de Bardr -enunció mientras una Lira inmensa estallaba y vestía al último de los Dioses Guerreros con la misma-. Y finalmente, para Siegfried, Dubhe Alfa, la bestia Fafnir -finalizó Hilda, admirando a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor.
-6 de los 7 Dioses Guerreros se han reunido… -se conmovió Saori, mientras los Dioses Guerreros de la Osa Mayor se posaban dispuestos a combatir a Balder, quien pese a encontrarse rodeado, mantenía una calma inexplicable-. Por favor ríndete, no deseamos lastimarte -pidió Saori con gentileza.
-¿Lastimarme? -se burló Balder- Soy incapaz de sentir dolor, soy enteramente invulnerable. Si es mi deseo, podría acabar con todos ustedes de un solo movimiento, pero incluso un dios como yo, sería soberbio si intentase enfrentarse a 10 oponentes capaces de manipular el cosmos al mismo tiempo, más si 4 de ellos son Dioses Guerreros Dorados -aseguró Balder, y en ese instante, el grupo viró para encontrar a Mu, Aldebarán, Aioria y Milo, todos vistiendo sus Ropajes Sagrados Dorados, y elevando sus cosmos en dirección a Balder.
-¿4 Dioses Guerreros Dorados? ¿El señor Mu y el señor Aldebarán? -se impresionó Saori, mientras apuntaba y miraba a Hilda en señal de sorpresa- Ropajes Dorados… el señor Mu y el señor Aldebarán… -continuó trastabillando.
-Puedo verlo, Saori, no necesitas explicármelo -le respondió Hilda perturbada por el infantilismo de Saori-. Lo que resta preguntar sin embargo es, ¿a quién son fieles? -los miró Hilda con preocupación.
-Que pregunta tan más tonta -respondió Milo-. A Midgard por supuesto. ¡Aguijón Carmesí! -gritó Milo, impactando a Balder y clavándolo en contra de la pared de la cueva.
-¡Plasma Relámpago! -prosiguió Aioria, impactando a Balder en diversas ocasiones y derribándolo dentro del agua.
-¡Extinción de la Luz de las Estrellas! -continuó Mu, lanzando su energía dorada en la forma de diminutos destellos que persiguieron a Balder dentro del lago, antes de estallar en una potente luz dorada, aunque Balder salió del agua ileso.
-¡Gran Cuerno! -finalizó Aldebarán, estrellando nuevamente a Balder a la pared, aunque el Dios Guerrero de Hraesvelgr resistió todas las agresiones.
-He recibido todos sus ataques… -habló Balder con arrogancia-. Y aunque fuertes, no son capaces de hacerme daño… -se limpió el polvo del Ropaje Sagrado, mientras los Dioses Guerreros Dorados se ponían todos a la defensiva-. Y aun así… siempre que haya 3 o más Dioses Guerreros Dorados frente a mí, hay una posibilidad. Les concedo la victoria temporal, Dioses Guerreros Dorados traidores, y Dioses Guerreros de la falsa Hlin… pero tienen las palabras de un dios de que esto no volverá a repetirse… -hizo estallar su cosmos Balder, cegando a los presentes, y tras haberlo hecho, desapareció.
Por unos instantes hubo silencio, mientras los presentes que manipulaban el cosmos intentaban encontrar a Balder con sus cosmos, notando que este se había extinguido por completo y les era imperceptible. Este silencio pudo haberse extendido hasta encontrar a Balder, pero la emoción de Saori interrumpió las intenciones del grupo de continuar con la búsqueda.
-¡Por fin el arduo trabajo comienza a rendir frutos! ¡6 de los 7 Dioses Guerreros de la Osa Mayor y 4 de los 12 Dioses Guerreros Dorados están aquí! -celebró Saori saltando de arriba abajo- Tantas emociones al mismo tiempo, si los 7 Ropajes Sagrados de Asgard despertaron eso quiere decir que Syd no es un traidor, además de que con Mu y Aldebarán ya son 5 los Dioses Guerreros Dorados que se han unido a la causa de Hlin… porque… sí se han unido a mi causa… ¿verdad? ¿Sí creen que soy Hlin? -preguntó temerosa, y el grupo miró a Milo, a quien habían elegido para hacer las explicaciones.
-En estos momentos, no nos importa si eres o no Hlin -comenzó Milo, lo que hirió un poco a Saori-. Pero no significa que no vayamos a ayudar a la legítima heredera de Hlingard a recuperar el trono que por derecho de sangre le pertenece. Todos tenemos una deuda con Jarl Wotan… abolió la masacre de la Isla de Lyngvi, aún si Derbal la permitió -explicó Milo.
-Cuidó de mí y de mi hermano Aioros en nuestra juventud, e inclusive le otorgó la posibilidad a mi hermano Aioros de convertirse en Sumo Sacerdote antes de que Derbal lo tomara a él y a Saga como aprendices -recordó Aioria mientras tomaba el dije de su hermano en sus manos.
-Dio permiso especial a mi maestro Shion cuando se retiró de ser el Sumo Sacerdote, de excavar las Grutas de Brezal de Gníta, permitiéndole construir el taller… que ustedes aparentemente se encargaron de destruir -miró Mu a los alrededores del destruido taller.
-Y era un buen Jarl para los granjeros -finalizó Aldebarán, y el trio de Dioses Guerreros Dorados lo miró con intranquilidad por sus razones-. El punto es que, sin importar si creemos o no que Saori es la Asynjur Hlin, es la hija del Jarl a quien todos admiramos o de quien hemos recibido beneficio de alguna manera. Jarl Wotan fue un buen Jarl, y Saori será una buena Jarl cuando recupere su trono, todos deseamos ver ese día, el día de su coronación -y entonces, los 4 Dioses Guerreros Dorados se arrodillaron.
-Con Odín de testigo, y ante la mirada atenta de Var, Asynjur de los Juramentos, prestamos juramento de lealtad ante Saori, legítima heredera del trono de Hlingard, protectora de los hombres y a quien consideramos la actual representante de la Asynjur Hlin -se pusieron de pie entonces los 4, abrieron los ojos, y colocaron sus manos sobre sus corazones-. Pedimos a Odín nos castigue en este momento, si el juramento a los dioses irrespeta, y encomendamos a Thor nuestras palabras, que su ira recaiga sobre nosotros si falsos somos, y si falsas nuestras intenciones son, renunciamos voluntariamente a Asgard si en nuestro deber fallamos, y nos condenamos a Niflheim en muerte si somos indignos de servir a nuestra señorita Saori -finalizaron los 4, y reverenciaron.
-Llegamos tarde porque el imbécil de Aioria no se aprendía el juramento -continuó Milo tras haber terminado el juramento, y un apenado Aioria se ruborizó en señal de vergüenza.
-¿He escuchado bien? -se conmovió Saori, con sus ojos ahogados en lágrimas- ¿Juran su lealtad a mí, a pesar de ser solo una niña, a pesar de no poder demostrar que soy en verdad la Asynjur Hlin? ¿Renunciarían voluntariamente a Asgard si son falsos en sus palabras? -lloró Saori, pero rápidamente se limpió los ojos, y les dio la espalda- Acepto su juramento… Dioses Guerreros Dorados… y tienen mi contrajuramento, de que haré lo que sea necesario, por velar por el bien de Midgard -aseguró con orgullo Saori.
-Si bueno, la palabra contrajuramento no existe -interrumpió Alberich, y Saori se apenó-. En todo caso, y pese a que es mi deseo quedarme a inspeccionar estas grutas, la resurrección de los Ropajes Sagrados seguramente habrá dibujado la constelación de la Osa Mayor en el cielo. Lo que significa que Derbal conoce en estos momentos que los Ropajes Sagrados han renacido y no solo eso, ya que Balder escapó, pronto sabrá que 4 Dioses Guerreros Dorados sirven a Saori, no sabrá sobre Dohko que es el quinto claro, pero de todas formas da pie a que Derbal se prepare -les explicó Alberich, y todos asintieron-. Y si Derbal es la mitad de listo de lo que creo que es, comenzará a ordenar ataques masivos a Brávellir, intentando agilizar el factor conquista. Ya no nos es posible regresar por donde vinimos, solo queda marchar en dirección a Brávellir, lo cual tomará 3 meses de viaje a pie -aseguró Alberich.
-Entonces resulta ser una suerte que un hijastro de Guerrero Vikingo de Brávellir conozca un camino que ahorre al menos un mes -comentó Mime, a quien los Dioses Guerreros Dorados no tenían el placer de conocer-. Ya habrá tiempo para presentaciones. Antes de dedicar mi vida a Odín y a la causa de Hlin, quien ustedes están muy convencidos de que existe en la hija de Jarl Wotan, yo vine aquí con un objetivo personal… restaurar el Ropaje Sagrado de mi padrastro, a quien yo asesiné… -les recordó, colocando la caja de hierro frente a ellos-. Supongo, que el dueño del taller es también el herrero -miró Mime a Mu.
-No suelo trabajar sin compensación económica -enunció Mu, y Mime sacó un saco de monedas de la túnica debajo de su nuevo Ropaje Sagrado-. Tentador, más en esta ocasión tendré que hacer una excepción. Viajamos todos juntos, y el Ropaje Sagrado del Berserker, el héroe de Midgard, será una ofrenda de paz suficiente para el Jarl de Brávellir, que seguro nos escuchará si se lo entregamos -aseguró Mu, más en ese momento, Mime le arrebató la caja.
-No te confundas, herrero… -comenzó Mime-. Este Ropaje Sagrado pensaba utilizarlo, antes de recibir este que es más poderoso. Aun así, es de mi propiedad, y pienso conservarlo como un trofeo de guerra -le explicó, lo cual no fue del agrado de Mu.
-¿Podemos hacer la reparación y preocuparnos sobre qué hacer con uno de los 30 Ropajes Sagrados de los Guerreros Vikingos después? -preguntó Saori, y el grupo asintió- Ahora que los Dioses Guerreros de Asgard han despertado, y que una tercera parte de los Guardianes de Yggdrasil está de nuestro lado… solo hace falta un ejército para marchar en contra de Hlingard… e iniciar la masacre… -se susurró a sí misma Saori, sabiendo que recuperar su reino sería a base de la violencia en lugar de la paz-. Soy la Diosa de la Esperanza, la Protectora de los Hombres. ¿Cómo se justifica la guerra como método para alcanzar la paz? -se preguntó ella.
-No es el momento de dudar -le mencionó Milo, y Saori lo miró fijamente-. Si alguien te irrespeta, lo irrespetas, no pones la otra mejilla para que siga abusando de ti. Hay que pintar la línea, este no es un mundo para los débiles. Si los dioses no quisieran la guerra, entonces no sería Odín, el Dios de la Sabiduría en la Guerra, quien se sienta en el trono de los dioses -le explicó Milo, y Saori asintió-. Si quiere en verdad evitar una masacre… encuentre la forma apelando a la sabiduría de su padre, o déjenos a nosotros hacer la guerra -finalizó Milo, y Saori meditó al respecto, sabiendo que muy probablemente, la decisión habría de tomarse por sí sola, más pronto de lo que estaba dispuesta a querer aceptar.
Hlingard. El Salón de los Héroes.
Todas las ciudades importantes de Midgard tienen un salón inmenso, donde los Jarl se presentan ante el pueblo. Hlingard por supuesto no podía ser la excepción. Y una vez que la constelación de la Osa Mayor apareció en el cielo, demostrando que la constelación que por 5 años había adornado los cielos de Midgard no había sido la Osa Mayor, sino la Osa Menor, los ciudadanos de Hlingard solicitaron audiencia no solo con Derbal, sino con Lyfia, exigiendo la explicación sobre el por qué razón la constelación que aquella noche había aparecido en el cielo era más grande que la constelación que siempre creyeron que protegía a Midgard.
-Las dudas que tiene mi pueblo, las siento yo también, Derbal -confesó Lyfia, sentada en su trono, meditando sobre el significado de la aparición de la verdadera Constelación de la Osa Mayor, y con los 7 Dioses Guerreros arrodillados frente a ella-. Mis Dioses Guerreros… no eran los Dioses Guerreros de la Osa Mayor… eran los Dioses Guerreros de la Osa Menor. ¿Qué significa esto, Derbal? -le preguntó sin rodeos.
-Significa, una verdad que por muchos años he intentado ocultar, mi diosa -comenzó Derbal, dirigiéndose al pueblo de Hlingard con tristeza-. Mi pueblo… -comenzó Derbal-. Con mi Diosa Hlin de testigo, y con los 7 Dioses Guerreros aquí reunidos, ofrezco ante ustedes la siguiente confesión -comenzó, bajando la cabeza, y mostrando un arrepentimiento evidente-. Los Dioses Guerreros que frente a ustedes se encuentran, no son los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, sino que son los Dioses Guerreros de la Osa Menor -el descontento llegó a los pobladores, quienes gritaron incoherencias en dirección a Derbal, quien esperó pacientemente a que la turba se tranquilizara, para poder excusarse-. Pero les pregunto ahora, mi pueblo al que aparentemente he ofendido. ¿Puedo ser culpado por procurar el bienestar de mi pueblo? ¿No comprenden acaso que los Guardianes de Asgard, han sido corrompidos por Draconis? -les explicó Derbal, lo que su pueblo, sus Dioses Guerreros, y Lyfia, no comprendían- Fenrir… -comenzó Derbal-. Jormundgandr… Dvergr… Fafnir. ¿Qué tienen en común estas bestias? Yo les diré qué tienen en común, todas son bestias que pertenecen a la constelación de la Osa Mayor, supuestos guardianes de Asgard, criaturas de pesadilla que siempre han sido antagonistas en las historias de nuestros padres, de nuestros abuelos, criaturas malignas es lo que son. Fenrir y Jormundgandr, incluso Sleipnir que era el corcel de Odín, todos son hijos del Dios del Fuego y las Travesuras, Loki, y todos saben lo que dice el Ragnarok sobre ellos, quienes serán los asesinos de nuestros dioses, ¿y me piden a mí que deje a estas bestias el velar por el bien de la Asynjur Hlin? -preguntó, y los pobladores pensaron al respecto- Hay otras bestias en la Constelación de la Osa Mayor… pero los futuros asesinos de Odín y de Thor fueron sellados en la Constelación de la Osa Mayor… y esto no ha sido obra de los dioses, ha sido obra de los Jotnar -aseguró Derbal, y el pueblo palideció-. Cuando fue anunciada la llegada de la Asynjur Hlin, temiendo por la vida de nuestro tesoro más preciado, la guardiana de los hombres, elegí a los Dioses Guerreros de la Osa Menor como los guardianes de nuestra diosa, ¿es eso un crimen les pregunto? Si es así, me declaro culpable del mismo, y esperaré el castigo más adecuado de labios de nuestra diosa -aclaró Derbal, mientras el pueblo comenzaba a discutir al respecto.
-Silencio… -exigió Lyfia, y su pueblo calló-. Es evidente, Derbal, que el haberme mentido no solo a mí, sino a mis Dioses Guerreros y a mi pueblo, es una falla que me hiere profundamente -aclaró Lyfia, y Derbal bajó la mirada en señal de arrepentimiento-. Pero comprendo que Fenrir y Jormundgandr no pueden ser considerados Guardianes de Asgard, y ya que la Constelación de la Osa Mayor ha aparecido en el firmamento sin que haya sido convocada por mí, esto solo significa que tus palabras son verdaderas. La Osa Mayor no protege a Hlin, ni a Asgard, su aparición en el firmamento es prueba suficiente. Por este acto yo te perdono, y declaro como Asynjur protectora de los hombres que soy, que en Midgard no son bienvenidos los Dioses Guerreros de la Osa Mayor. La Diosa Hlin ha hablado… ahora… si me disculpan… -se tomó Lyfia la frente, y comenzó a sudar frio-. Requiero descansar en estos momentos… -prosiguió Lyfia, y Derbal se apresuró a su lado.
-Por supuesto, mi diosa -agregó Derbal, ayudándola a salir por detrás de las cortinas de pieles de lobo que dividían el salón donde los Jarl se dirigían a su pueblo, y en dirección a sus aposentos-. Loki, ve que nuestros invitados sean bien atendidos -pidió Derbal, mientras guiaba a Lyfia a su habitación provisional-. ¡Ah estado muy cerca! -empujó Derbal al suelo a Lyfia, quien lo miró con desprecio y perdiendo el heterocroma de sus ojos, siendo estos de un azul profundo-. Mientras más tiempo pasa, más inmune te vuelves a mi control mental, Lyfia. Pero eso no me molesta, solo significa que puedo mantenerte encerrada por más tiempo -le aseguró Derbal.
-Llegará el día en que me libere de tu control frente al pueblo, Derbal, y cuando eso pase, les diré a todos que Saori es la verdadera Hlin -le espetó Lyfia, ganándose una cachetada por parte de Derbal.
-Eso no ocurrirá. Tan solo debo pedir a Fafner que me fabrique un veneno más poderoso -le explicó Derbal-. Y si bien es cierto que has desarrollado inmunidad hacia los venenos de los Godis, Fafner acaba de descubrir un veneno mucho más… convincente… mi pequeña marioneta -le sonrió Derbal con malicia, mientras Lyfia no podía hacer más que llorar.
York. Santuario de Gímle. Templo de Frigg.
-Esa ridícula ceremonia me arrebató mucho tiempo de tortura, pero bien valió la pena por descubrir semejante tesoro para mis experimentos, andando niña -ordenó Fafner, que era seguido de una joven de cabellera azul cremosa, con un lunar en su rostro y los labios de un rosado muy peculiar, y que llevaba las manos rodeadas por grilletes y cadenas de las cuales Fafner tiraba. Además, la niña al parecer no estaba del todo contenta de ser llamada como tal.
-Joven, Fafner, soy un hombre, te recomiendo recordarlo la próxima vez -agregó el joven con molestia, mientras seguía a Fafner a los interiores de su laboratorio-. Pero qué lugar tan más repulsivo. Por cierto, te recuerdo que tengo un nombre y ese es Afrodita, ¿o prefieres que te pague con la misma moneda llamándote adefesio? -se fastidió Afrodita.
-¿Qué has dicho, ingrato? -se molestó Fafner- Te recuerdo que estás aquí solo para ayudarme a producir mis venenos, no para dar tu opinión. Así que, o te muestras cooperativo, o te torturaré como torturo a… -intentó decir mientras abría la puerta de su laboratorio, llevándose una gran sorpresa, cuando encontró a los guardias del laboratorio brutalmente asesinados, y los cristales de tortura destruidos, seguramente por el mismo prisionero al que por tanto tiempo torturó-. ¿Escapó? ¡Pero eso es imposible! -se sobresaltó Fafner.
-Oh, alguien va a estar muy molesto cuando se entere de que cierto Dios Guerrero perdió a su prisionero predilecto. No quisiera estar en tu lugar -se mofó Afrodita, ganándose una bofetada de Fafner, que lo dejó tendido en el suelo.
-Harás bien en recordar tu lugar, manipulador del Seidr -se quejó Fafner, dejando a un furioso Afrodita en el suelo-. Jamás olvides, que no eres más que un simple esclavo -le espetó Fafner.
-No será así si logro vestir el Ropaje Sagrado de Piscis en 2 años, Fafner -susurró Afrodita, poniéndose de pie, y mirando a Fafner con ira. Aquella mirada no fue del agrado de Fafner, quien la ignoró y salió de su laboratorio, seguramente en persecución del escapista-. Puedes salir, no voy a delatarte -aseguró Afrodita, que vio salir de detrás de uno de los libreros de Fafner a Shaka-. No sé quién eres, no sé por qué eras prisionero. Pero ese malnacido de Fafner no es amigo mío. Puedes irte. Haré como que no vi nada -le dio la espalda Afrodita.
-Recordaré esto… cuando inicie la guerra entre los Dioses Guerreros Dorados… portador de Piscis -le respondió Shaka tranquilamente, y salió del laboratorio, dejando a Afrodita pensativo, sobre qué debía interpretar de aquellas palabras.
Glosario:
1 – CRIATURAS:
Dvergr: Otro nombre con el que se conoce a los Enanos, se dice que inclusive es la forma despectiva de dirigirse a los Enanos que procesan el mal ante los hombres.
Fafnir: Un Dragón (de una cabeza), al cual se enfrenta Sigurd, el héroe legendario del Cantar de los Nibelungos, quien se baña con su sangre para volverse invulnerable, lo cual logra, salvo por un lugar en su espalda donde le cayó una hoja cuando se bañaba con la sangre del Dragón.
Fenrir: El Lobo inmenso, uno de los 3 hijos que Loki tuvo con la giganta Angrboda. Solía ser amigo de los dioses hasta que este creció tanto que los dioses comenzaron a temerle e intentaron atarlo en diferentes ocasiones, Tyr era su cuidador y por quien Fenrir sentía un gran afecto, hasta que tuvo que arrancarle la mano cuando los dioses lo engañaron para atarlo a una cuerda irrompible. Se dice que por fin romperá su cadena y asesinará a Odín en el Ragnarok.
Jormundgandr: También llamada la serpiente de Midgard, uno de los 3 hijos que Loki tuvo con la giganta Angrboda. Los dioses la arrojaron al océano donde creció de forma descomunal hasta rodear a todo el mundo. Se dice que enfrentará y asesinará a Thor en el Ragnarok.
Sleipnir: El caballo de 8 patas que cabalga Odín, es hijo de Loki transformado en una yegua y del caballo Svaldilfari. Se dice que es el mejor de los caballos y la más veloz de todas las criaturas, además de ser el único ser capaz de correr sobre Hel y escapar con vida.
Wyvern: Criaturas similares a los dragones pero de menor tamaño y más agiles. Se distinguen de los dragones ya que poseen sus extremidades posteriores pegadas a sus alas. Suelen viajar en grandes grupos.
2 – DEFINICIONES:
Seidr: Hechicería propia de las mujeres y de los afeminados, quienes utilizaban este tipo de hechicería eran marginados por ser débiles. Curiosamente, Odín era un conocedor del Seidr, aunque vivía avergonzado de usarlo.
3 – DIOSES:
Var: Asynjur de los juramentos, quien se encarga de castigar a quien incumple un juramento en el nombre de los dioses y vela por el cumplimiento de los votos de matrimonio.
