Ya sé, me tardé en actualizar, pero es que tenía tiempo planeando el especial de Navidad de otra de mis historias: "Academia Sanctuary", y tenía que actualizar constantemente esa historia para lograrlo. Pero no se preocupen, a partir del inicio del 2019, ya pongo fechas para la actualización de mis proyectos (actualizo todos los viernes, pero diferentes historias). Si quieren saber la fecha de la siguiente actualización, por favor vayan a mi profile. Pero bueno, ya no les quito tiempo, a contestar reviews:
dafguerrero: No estaba tan largo, de hecho, son los capítulos más cortos que he escrito en mucho tiempo. Uno de los principales objetivos de este tipo de historias es que aprendas de mitología, de verdad espero que estés aprendiendo, esta es mi mitología favorita después de todo. Es verdad que Saori tiene solo 10 años, por lo que no tomará muy buenas decisiones, pero poco a poco irá madurando, para eso tiene a Alberich, jajaja. De Mime poco a poco irás viendo más, y sobre Derbal, créeme cuando te digo que como villano estoy disfrutando mucho explotándolo. Sobre Lyfia, no va a tener una linda participación como en Soul of Gold, en este proyecto sí la vamos a poner a trabajar, aunque eso no le va a gustar mucho.
TsukihimePrincess: Derbal es algo así como un discípulo de Loki, tiene todo bajo control y será un villano de temer, no sé si una temporada sea suficiente para él, a lo mejor lo uso al estilo Munra de los Thunder Cats, jajaja. Definitivamente Derbal convencería a quien sea de cualquier cosa, y a quien no puede convencer, digamos que tiene otros métodos. Sobre Shaka y Afrodita, te lo resuelvo en este capítulo, estoy esperando a ver si se dan cuenta de cuál es la división entre buenos y malos entre los Dioses Guerreros Dorados y por qué. Disfruta.
dianasoll: Vaya, que bonita anécdota, me da gusto ver como siguen hablando de Guerras Doradas después de tanto tiempo, lo que hace aún más difícil poder superar esa historia, por un momento pensé que en Guerras de Troya lo estaba logrando, teniendo hasta un capítulo con 19 reviews… pero… ahora con esfuerzo llego a 2, vaya, extraño Guerras Doradas T_T. Como esta historia es nórdica, de momento los Dioses Guerreros originales parecen tener más protagonismo, espero pronto poder darle más a Milo y compañía y comenzar a introducir algo de romance, pero de momento la trama no me lo permite. Ya veré si puedo darle a los Dioses Guerreros de Soul of Gold el protagonismo esperado, aunque se me dificulta un poco. ¿Se te está yendo la fijación en Milo? Señorita, no se lo permitiré, jajaja, solo dame tiempo para poder meterlo en un personaje convincente como en Guerras Doradas, digo, Milo no es exactamente Saga de Géminis, tiene defectos y necesito explotar eso. ¡Yo también siempre escogía a los Nórdicos! ¡Thor forever and ever! Si habrá Camus Hilda, pero no será pronto, pero te lo prometo. Y espero no sea muy tarde para que regreses a esta lectura.
Por cierto, antes de que empiecen a leer. Como esta historia está ambientada en la saga de Asgard, la película y Soul of Gold, no existen suficientes personajes. Me estoy debatiendo aún entre meter a los personajes del clásico, pero preferiría no hacerlo, así que, tristemente tengo que inventar personajes, lo siento de verdad, trataré de que sean en su mayoría personajes históricos. Sin más que decir, espero lo disfruten.
EDITADO: 13/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 4: Él quien Desafía a los Dioses.
Hlingard. Santuario de Hlingard. 10 de Septiembre de 4E 05.
Cuando los Ropajes Sagrados de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor fueron liberados, la explosión de los 7 sitios de descanso de los mismos sacudió en su totalidad a Midgard, mientras la Constelación de la Osa Mayor, la verdadera guardiana de Asgard, se dibujaba en el firmamento, como si observase a la Constelación de la Osa Menor con orgullo, retomando su lugar como el Ropaje de Odín en el cielo, antes de ser dividida de la constelación principal por Draconis en la antigüedad.
La sola presencia de la constelación, ya ponía en duda la identidad de los Dioses Guerreros que habían estado protegiendo a Midgard por 5 años, pero dibujaba una sonrisa en cierto individuo, de cabellera verde suave, ojos color de avellana, y quien comenzó a caminar con orgullo en dirección a los calabozos de Hlingard, ignorando a la constelación que comenzaba a liberar a 7 cometas de su interior, los Ropajes Sagrados que comenzaban a buscar a sus dueños.
-No dispongo de suficiente tiempo -habló el joven, mientras entraba a una celda, donde se encontraba encadenado otro joven idéntico a él, quien se encontraba horriblemente herido, pero hacía un esfuerzo por mirar con desprecio a su captor, quien era su propio hermano-. En breve el Ropaje Sagrado de Bygul vendrá a vestirte, hermanito. Y tu utilidad habrá finalizado al fin. Ya no habrá necesidad alguna de mantenerte con vida, y tomaré el lugar que siempre me fue negado. Cuando tú desaparezcas, tu título nobiliario será reclamado por mí. Seré finalmente, el único miembro de la Casa de Zeta que permanezca con vida -le aseguró.
-¿Por qué no me matas de una buena vez, y dejas de usurpar mi nombre, Bud? -tembló con desprecio el encadenado, intentando liberar su brazo de los grilletes que lo mantenían en la pared, y así enfrentar a su hermano gemelo- Yo no tengo la culpa de tu desgracia -insistió el apresado, sin lograr liberarse.
-Toda la culpa de mi existencia vacía la tienes tú, Syd -le respondió Bud, mirándolo fijamente-. Si no hubieras nacido, las reglas de Midgard no habrían aplicado sobre mí y yo no hubiera sido abandonado en un bosque para alimentar a los osos. De hecho, si no fuera por una familia humilde que me encontró, yo habría muerto, y tú tienes la culpa por nacer -le aseguró.
-Teníamos la misma posibilidad de ser abandonados, tú o yo -le recordó-. Siempre supe que algo en mí no estaba completo, aquel día en que nos conocimos cuando niños… yo estaba convencido de que éramos hermanos. ¡Pudiste haber hablado! ¡Pudimos ser una familia! -le recriminó con ojos llorosos, mientras Bud sacaba de su túnica una daga en cubierta dorada. Sacó la daga de la misma, y lanzó la cubierta al suelo-. ¿Vas a matarme ahora? -preguntó con repudio.
-De la forma más original que se me ocurre, hermanito… voy a devolverte la daga que me diste cuando niños -le susurró, y le clavó entonces la daga en las costillas, forzando a Syd a gritar de dolor mientras Bud le retorcía la daga en el cuerpo, causándole a su hermano un inmenso sufrimiento, mientras la vida se escapaba de su cuerpo, y mientras el rugido de una bestia hacía estallar las puertas de la celda en que se encontraban, justo en el momento en que Bud dio su último aliento, y bajó la cabeza, sin gemir más. La bestia Bygul rugió nuevamente, y se posó orgullosa frente a Bud, quien la miró con impaciencia-. Allí estás… Bygul… -extendió sus brazos Bud frente a la bestia, cuyos ojos brillaban rojos e intensos-. Syd ha muerto. Ahora el verdadero Dios Guerrero de Mizar Zeta soy yo. Ven y vísteme en tu tremenda fuerza, Bygul -enunció Bud, pero la bestia le rugió con fuerza, con su cosmos desafiando a Bud-. ¿Acaso me estás negando? -preguntó Bud sorprendido.
-¿Cómo no iba a hacerlo? -escuchó Bud, se dio la vuelta, y encontró a su hermano aún vivo y elevando su cosmos pese a la herida en la cual la daga seguía incrustada- Cuando su legítimo dueño aún respira… -gracias al cosmos de Bygul, que respaldaba al suyo, Syd por fin tuvo la fuerza suficiente para romper los grilletes y desafiar a su hermano gemelo, mientras Bygul estallaba en sus partes, y lo vestía, sacando a su vez la daga de su cuerpo-. ¡Garra de Tigre Vikingo! -enunció una vez que estuvo revestido en su Ropaje Sagrado, y el poderoso estallido, destrozó el calabozo, que comenzó a separarse del palacio, y a caer en dirección al río Slíd sobre el cual estaba suspendido.
-¡Maldición! -se quejaba Bud, tomándose del hombro tras ser atacado por su hermano Syd, mientras el suelo de la torre comenzaba a colapsar y él se aferraba al marco de la puerta abierta por la cual había entrado Bygul- Solo has tenido suerte, mi cosmos es más alto que el tuyo -se preparó Bud, cuando vio que Syd no combatía, y que tan solo recogía la daga del suelo, y volvía a meterla en su cubierta dorada, mientras miraba a su hermano con ojos llorosos-. ¿Por qué es tan importante esa basura? -preguntó Bud.
-Porque fue un regalo de nuestro padre y de nuestra madre… -le explicó Syd, mientras lloraba y veía a su hermano-. La mitad de un set de dagas dobles… ellos nos amaban… Bud… -finalizó, mientras el suelo a sus pies se partía, y los escombros de la torre se desplomaban sobre de él, mientras Bud lograba aferrarse lo suficiente al marco, para ver a Syd caer al agua, y ser sepultado bajo los escombros que liberaron la sangre de Syd bajo los mismos.
-A mí no me amaban… -lloró Bud-. No me hubieran abandonado si así fuera -finalizó, se dio la vuelta, y encontró a alguien tomándolo del cuello, y suspendiéndolo sobre el abismo que daba al rio-. ¿Quién? -se preguntó, intentando elevar su cosmos y liberarse.
-Así que eso era… -habló Derbal, mientras estrujaba el cuello de Bud-. No eras Syd, el heredero de la casa de Zeta que dio su espalda a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor para conservar su estatus de nobleza, eras Bud, el hermano maldito que fue abandonado por órdenes del Jarl Wotan -le espetó Derbal, mientras continuaba estrujando el cuello de Bud, pese a que este intentaba liberarse de su agarre con su cosmos-. ¿Crees que soy un idiota? Ya presentía que no podía confiar en ti, aunque admito que no me imaginé que pretendías liberar los Ropajes Sagrados para hacerte con Bygul… en esa parte te aplaudo, ni yo mismo la vi venir -lanzó entonces Derbal a Bud, estampándolo a la pared más cercana, donde él adolorido joven intentó respirar con normalidad-. Dime entonces, Bud, ¿qué pretendías hacer después de reclamar a Bygul? Obviamente no ibas a llegar ante mí vistiendo ese Ropaje Sagrado sin ganarte un castigo pertinente. ¡Liberaste los Ropajes Sagrados! -enfureció Derbal.
-El que yo desprecie a mi hermano, y deseara su Ropaje Sagrado… no significa que no sea leal a Odín… -lo miró Bud con desprecio-. Yo sabía que los Dioses Guerreros que sirven a esa tal Lyfia son falsos. Los verdaderos están allí afuera, con la verdadera Hlin… y yo debía ser uno de ellos… -aseguró, intentando elevar su cosmos.
-¡Pero no lo eres! ¡Es tu hermano el Dios Guerrero! -le enunció Derbal, quien entonces tranquilizó su cosmos- Que desilusión -comenzó a caminar Derbal, dándole la espalda a Bud, quien se mostró sorprendido ante ese acto-. Tu falta de visión es inquietante. ¿Te has puesto a pensar por qué fuiste abandonado? ¡Fue la voluntad de los dioses! -le espetó Derbal, y Bud, aunque confundido, miró a Derbal con cautela- Los dioses, esos caprichosos seres inútiles que se creen tan buenos como para hacer su voluntad. Yo no creo en los dioses, Bud, y no me refiero a que no existan, me refiero a que los dioses, me son indiferente. Es más, he dedicado mi vida al único objetivo, de destruirlos -aseguró.
-¿Destruir a los dioses? -preguntó Bud, sorprendido- Eso es una ridiculez. Además, ¿qué tiene que ver todo esto conmigo? -se quejó Bud, negándose a bajar la guardia, mientras Derbal movía su cabeza en negación.
-Es que no estás viendo el panorama completo, muchacho -se quejó Derbal, y pidió con su mano que se tranquilizara, pero Bud cerró sus dientes con desprecio-. Tengo el poder de aniquilarte de un solo movimiento, pero te estoy pidiendo, que te tranquilices, y escuches -le pidió, y Bud, tras meditarlo, así lo hizo-. Para los dioses, no somos más que el instrumento para mantener a los 9 Mundos en equilibrio. Si son todo poderosos, ¿por qué no lo hacen ellos mismos? Yo te diré por qué, porque no pueden, son débiles, por eso usan a los humanos como sus peones en un juego de ajedrez, mueven sus piezas esperando que hagamos su voluntad, o vas a decirme que no fueron los dioses quienes obligaron a tus padres a abandonarte… -la mención molestó a Bud, quien cerró sus manos en puños-. La 'tradición', dicta que cuando nacen gemelos, deben llevarlos ante los Godis, quienes definirán cuál de ellos es el virtuoso, y cuál de ellos debe ser sacrificado por su maldad. ¿Eres malvado, Bud? ¿Te consideras el portador de la maldad y la oscuridad? Yo lo que veo es a los dioses poniendo sus reglas para controlar a las masas, ¡y que los teman! -le aseguró.
-¿Quién Draugrs se cree usted que es? ¡Es el Sumo Sacerdote! ¿Cómo puede decir esas cosas? -enfureció Bud, pero Derbal tan solo suspiró- Los dioses nos dieron vida, los dioses son quienes gobiernan. ¡Yo deseaba convertirme en un Dios Guerrero para servir a los dioses! -le aseguró Bud.
-¿Quieres un Ropaje Sagrado? Yo tengo el poder de darte uno -elevó su cosmos Derbal, y frente a Bud se formó un aro de cosmos violeta, del cual comenzó a alzarse un Ropaje Sagrado, idéntico al de Syd, pero en lugar de ser una bestia esmeralda similar a un Tigre, su color era blanco y hermoso-. Este es Trjegul -presentó Derbal, y el Ropaje Sagrado brilló con un cosmos inmenso-. No solo los dioses pueden crear Ropajes Sagrados, muchacho. Yo poseo el conocimiento de crearlos también. Te estoy dando la oportunidad, única, de desafiar a los dioses a mí lado, ¡y poner fin a las injusticias de esos malnacidos tiranos! -le espetó con fuerza.
-¿Puedo convertirme en un Dios Guerrero? ¿De verdad? -se preguntó Bud, mirando a Trjegul con sorpresa- No sé cuál debería ser mi postura ante los dioses… pero es verdad que es por los dioses que yo fui dado en sacrificio… es gracias a los humanos el que sigo vivo… no a los dioses… -enfureció Bud, y su mirada se mostró tranquila, y determinada-. Muéstreme el camino, amo Derbal… -continuó Bud, logrando que Derbal le sonriera-. Enséñeme el camino para desafiar a los dioses… ¡y evitar que vuelvan a hacer su voluntad sobre nosotros! -Trjegul rugió entonces, y se unió a Bud en ese momento, al tiempo en que Bud elegía su lealtad, y decidía ayudar a Derbal, en su afán de vencer a los dioses.
Fjördland. Senderos al Reino de Brávellir. 15 de Septiembre de 4E 05.
Parecía como si la guerra y las traiciones hubiesen dejado de ser importantes. Hacía tiempo que ni Hilda ni Saori sentían semejante paz, semejante calma, mientras se entregaban al confortable sentimiento del escuchar los acordes de la lira de Mime, quien tocaba a la orilla del río Hríd, que alimentaba al reino de Brávellir, rodeado de fiordos por donde embarcaciones pequeñas podían pasar sin problema alguno.
Habían acampado allí para pescar un poco, los suministros se les estaban agotando, y debían ganar fuerzas antes de llegar a Brávellir, donde gracias a la sombra de la guerra entre el reino de los protectores de Midgard y Hlingard, era más que probable que encontrarían conflicto. Además, ni Saori ni Hilda estaban acostumbradas a las largas caminatas, y en esos momentos Hilda le curaba los pies llenos de ampollas a Saori, cubriéndola de vendajes ante el arduo esfuerzo. No contaban con una carreta después de todo, la habían abandonado para poder entrar a las Grutas de Brezal de Gnita, además de que uno de los viajeros llevaba una cantidad exagerada de equipaje, Mu, quien se había negado a acompañar al grupo sin antes poder llevarse todo su taller.
En esos momentos, y mientras Saori e Hilda descasaban escuchando la melodía de Mime, Mu reparaba el Ropaje Vikingo del Berserker, como había prometido a Mime, y requería de todas sus herramientas para lograrlo. Alberich se mostraba muy interesado también en las habilidades de la forja de Mu, razón por la cual se mantenía a su lado, observando el cómo utilizaba trozos de amatista molida para avivar las llamas de un fuelle que llevaba consigo, y mezclaba varios metales fundidos con minerales que Alberich jamás había visto, y que Mu le explicaba de tanto en tanto su procedencia, y el método de obtenerlo.
-Debe tener otro nombre, pero no lo conozco -le explicaba Mu, mientras Alberich asentía en todo momento-. Solo puedo obtener este metal si lo fundo de otros artefactos de origen Enano. De momento lo llamo Metal Enano, y no tengo mucho, es difícil encontrar artefactos de los Enanos, y cuando los encuentro… bueno… la mayoría de las veces no deseo fundirlos para obtener esta aleación. Aún tengo mucho que aprender -señaló.
-Si supiéramos qué metal es este y donde conseguirlo… podríamos reparar inclusive los Ropajes Sagrados Dorados si estos llegaran a dañarse, aunque jamás he escuchado que eso sea posible -aseguró Alberich, analizando una de las piezas del Ropaje Sagrado de Aries-. Uno pensaría que es solo oro, pero no es así… es algo más fuerte, más valioso -aseguró.
-¿Quién se llevó mi leña? -escucharon ambos las quejas de Hagen, quien llegaba a mirar a Alberich y a Mu con molestia- ¡Si quieren seguir con su reparación de Ropajes Sagrados, tomen un hacha y vayan por su propia leña! -reprendió, tomando la leña que Alberich le había arrebatado para ayudar a Mu en la forja.
-No fue un hurto, fue más como una toma pacífica esperanzado en que no lo notaras -se defendió Alberich, pero Hagen lo ignoró y fue a preparar la fogata para ponerse a cocinar los peces que traían Fenril y Milo-. No hay respeto para el arte de la confección de metales, pero eso puede arreglarse. ¡Tholl! -llamó Alberich.
-Ve por tu propia leña -espetó Tholl con molestia, mientras partía leños junto a Aldebarán, quien les limpiaba las cortezas y hacía cubiertos improvisados con su cuchillo-. Tengo hambre, y prefiero que la hoguera esté lista antes que su forja -les aseguró.
-Si tantas prisas tienen en terminar de reparar el Ropaje de Mime, entonces les presto mi hacha -le arrojó su hacha Aldebarán, misma que cayó a los pies de Alberich-. Eso si es que tus brazos pueden levantarla, alfeñique -enunció Aldebarán, y tanto él como Tholl comenzaron a reírse con fuerza.
-Mejor seguimos pescando… ese par va a acabar con todos nuestros suministros -se quejaba Fenril, preparando una caña de pescar-. ¿Vienes? -le preguntó de forma arrogante a Milo, quien afilaba una lanza de fresno.
-Lo que quieres decir es que mi método de pesca es más efectivo -se burló Milo, llegando a la orilla del rio, y clavando su lanza a un pez, mismo que sacó y lanzó junto a un montículo de peces que él había pescado-. Admítelo, soy mejor sobreviviendo, viví mi niñez cazando mi alimento, y asesinando por sobrevivir -se burló Milo.
-Yo fui criado por lobos -confesó, sorprendiendo a Milo, mientras Fenril se posaba sobre unas rocas, se concentraba, y sacaba un pez de un zarpazo-. No necesito de una inútil lanza de fresno tallado para pescar -le aseguró, y Milo lanzó su lanza a un lado y se posó frente al rio.
-¿Quien dijo que yo la necesitaba? -le preguntó de forma arrogante, enterró su mano en el agua, y lanzó a un pez. De pronto, la pesca se convirtió en una competencia personal más que en una necesidad.
-Parecen muy entusiasmados… -comentó Hagen, mientras cortaba algunos vegetales en un tronco cortado que Tholl había derribado para hacer leña-. Ponle más ímpetu, Aioria, el fuego debe estar a la temperatura correcta -le pidió Hagen mientras seguía cortando.
-Fuego es fuego, quema igual -se quejaba Aioria, pero de todas formas le soplaba al fuego para calentar la olla-. ¿Cómo pasé de enfrentarme a muerte en un torneo de 1,000 guerreros, a cuidar del fuego de un cocinero de posada? -se quejó.
-Para tu información, yo solía cocinar para Jarls -lo apuntó Hagen con su cuchillo, antes de tomar las verduras partidas y dirigirse a la olla-. Mantén el fuego así de fuerte, ni más ni menos, todo debe prepararse a la temperatura correcta, o los sabores se pierden. Ahora tráeme algunas cabezas de pescado -le pidió, y Aioria hizo una mueca-. Tú te ofreciste a ayudar -le recordó Hagen.
-Solo quería que te apuraras, no que me tomaras la palabra -se quejó Aioria, pasándole las cabezas de pescado, mismas que Hagen comenzó a hervir-. ¿Pongo los medallones también? -le preguntó curioso.
-No, no, eso arruinaría la carne -le explicó-. Las cabezas de pescado se ponen a cocer en la mezcla hirviendo, hasta que se deshacen. La cabeza le da más sabor, y después se cuecen los medallones. Si cueces los medallones junto a las cabezas, el medallón se deshace -le explicó.
-¿Se comen las cabezas? -agregó Aioria con asco, a lo que Hagen respondió moviendo su cabeza en negación- Cuando vivía con mi hermano, él cocinaba cosas horribles, le llamaba estofado, y era una combinación de todo lo que encontraba -le confesó.
-Cuando termine contigo, sabrás al menos lo básico de cocinar -le enunció, colocando varias especias en la mezcla-. ¡Ama Saori! ¡Ama Hilda! ¡La comida ya casi está lista! -llamó mientras continuaba mezclando, antes de azotarle la mano a Aioria con la cuchara- Deja de intentar robarte los medallones y prepara el tronco para comer -reprendió.
-Ya voy, ya voy… qué carácter… -se fastidió Aioria, tomó un medio tronco partido, y comenzó a acomodar los cuencos que le daba Aldebarán. Todo aquello fue observado por Saori, quien sonreía ante lo que miraba, y suspiraba aliviada.
-Todos parecen llevarse muy bien… -confesó Saori, mientras Hilda terminaba de amarrarle los vendajes-. Sería perfecto, que jamás tuviéramos que preocuparnos por la guerra, y que todos hiciéramos nuestras vidas tranquilamente, pero… no puede ser… -bajó la mirada.
-Una vez recuperemos tu reino, no veo por qué las cosas no puedan ser así de simples -le sonrió Hilda, quien entonces miró en dirección a Siegfried, quien era el único del grupo que no se integraba, y en su lugar, mantenía su mirada atenta siempre en dirección a Hilda-. A algunos les cuesta más integrarse que a otros… -agregó preocupada, y ayudó a Saori a ponerse de pie, y caminar tranquilamente hasta donde el grupo comenzaba a reunirse-. ¿Falta mucho para llegar al siguiente pueblo, Mime? -le preguntó Hilda, mientras Mime se sentaba y la miraba con curiosidad- Cargamos demasiadas cosas, nos serviría una carreta -le explicó.
-No hay más pueblos de aquí hasta llegar a Brávellir -fue la respuesta de Mime, y todos le prestaron atención-. Hlingard ha sido muy insistente en su invasión terrestre. Los fiordos están muy bien resguardados, cualquier embarcación, incluso una mercante, sería hundida inmediatamente… por eso los soldados de Hlingard frecuentan los caminos, han saqueado todos los pueblos cercanos. En realidad, hemos corrido con suerte de no encontrarlos, ya que, de hacerlo, nos atacarían intentando robarse todo lo que tenemos -les explicó.
-Que lo intenten… -agregó Milo con arrogancia, mientras Aioria ayudaba a Hagen, colocaba un plato de caldo de pescado frente a él-. Todos los aquí presentes manipulamos el cosmos. Un puñado de hombres de Hlingard no son nada -aseguró, probó su comida, y sus ojos se abrieron de par en par-. Esto… no puede ser… -se estremeció Milo.
-Adelante, deléitate, es mi fascinación personal -se burló Hagen, y el resto de los presentes miró a Milo con curiosidad, mientras este temblaba en impaciencia, y volvía a probar-. Cliente asegurado -espetó Hagen, y el resto probó su comida, y todos, incluso Siegfried, se maravillaron ante lo que estaban comiendo. Aioria inclusive intentaba tragarse las lágrimas, sintiéndose conmovido por comer algo así-. Es verdad, tú no habías probado mi comida. Cabezas de pescado, Aioria, no lo olvides -le mencionó.
-¿Cómo puede existir comida así? -se preguntó Aioria, y entonces miró a Mime, quien se negaba a probar- ¿Qué ocurre? Espera… ¿te preocupa que el hombre rudo asesina héroes y parricida disfrute de una comida así? -le preguntó.
-Tonterías… es solo comida… -aclaró Mime, probando el alimento, mientras Hagen posaba recargándose en un brazo mientras miraba a Mime, quien mantenía la mirada inexpresiva… antes de comenzar a ruborizarse, y que su ceja le temblara-. Admito que… es superior al promedio… -aceptó.
-Si puedo hacer esto con pescado, imagina lo que puedo hacer con un buey -presumió Hagen, mientras Mime desviaba la mirada, no queriendo aceptar que había disfrutado el alimento más de la cuenta, aunque Hagen se reía de su vergüenza de todas formas.
-De verdad quisiera que todo se quedara así… -se susurró a sí misma Saori, quien entonces sintió algo extraño, y viró en dirección a un anciano viajero en el sendero, quien caminaba con mucha dificultad, y se tomaba del estómago con descontento-. Ese hombre… -parpadeó un par de veces Saori, vio su plato, y asintió con determinación-. ¡Anciano! -llamó Saori, tomando el plato, y corriendo en dirección al anciano en el sendero, quien la observó con cautela-. Tiene hambre, ¿no es verdad? -preguntó Saori, ofreciéndole al anciano el cuenco- Nosotros tenemos comida de sobra, puede llevarse este plato si así lo quiere… -le ofreció, y el anciano entonces metió su mano en su bolsillo, y sacó algo de su interior-. Ah… no necesita pagarme… -se apenó Saori.
-¡Raidha! -enunció el anciano tras colocar una piedra blanca en la mano de Saori, con una marca de una "R" con los trazos rectos, y de pronto, Saori fue golpeada por una fuerza de cosmos familiar, pero a la vez desconocida, mientras su mente vagaba por los caminos. Encontraba pueblos destrozados por los caminos principales en dirección a Brávellir, y a varios soldados en encrucijadas violentas entre los hombres de Hlingard y los Defensores de Midgard. Después vio el camino por los fiordos, y a un joven moribundo dentro de una de las cuevas, ocultándose, por donde varios soldados pasaban y hundían a las embarcaciones pequeñas que se atrevían a cruzar por los fiordos. El joven estaba tranquilo, meditaba, pero era más que evidente el que sentía un profundo dolor, mientras sangre se escapaba de su labio. Saori entonces regresó en sí, miró al anciano, y este había terminado de tomarse todo el caldo, y le entregaba el cuenco a Saori, reverenciaba, y seguía con su camino.
-¿Saori? -preguntó Hilda, mirando a la joven en trance, quien, tras despertar, miró a Hilda con curiosidad- ¿Qué ha sido todo eso? Dame eso, veré que Hagen te sirva más de comer -la ayudó Hilda a regresar a la mesa, mientras entregaba el cuenco a Hagen.
-De inmediato, hay de sobra… am… -miró Hagen al cuenco, encontrándolo lleno de medallones de pescado-. ¿Solo se tomó el caldo? -se preguntó Hagen, y tuvo que tirar los medallones de pescado, limpiar el cuenco, y volverlo a llenar- Aquí tiene, princesa Saori -le ofreció, aunque Saori estaba demasiado pensativa, y ni lo notó-. ¿Señorita? -preguntó él nuevamente.
-¿Eh? -despertó de su trance Saori- ¡Ah! ¡Lo siento mucho Hagen! ¡Está delicioso! -agregó Saori, pero ni había probado la comida, lo que Hagen encontró sospechoso- Mime -se dirigió al pelirrojo, quien aún se deleitaba en su comida-. Si avanzáramos por los fiordos… ¿llegaríamos más rápido a Brávellir? -le preguntó.
-¿Más rápido? -se preguntó Mime- Si hubiera una forma de avanzar por los fiordos… llegaríamos a Brávellir en un par de semanas, no en 2 meses como es lo común -le explicó Mime, y Saori asintió-. Pero no es cuestión de si es más rápido o no, mi señorita, es cuestión de si es o no es posible. Los fiordos están… -intentó explicarle.
-Por favor guíanos a través de los fiordos… -le pidió Saori, y Mime parpadeó un par de veces-. Debemos llegar a Brávellir a través de los fiordos… es el camino correcto, lo presiento… si no nos damos prisa… alguien va a morir… -les explicó, y todos la miraron en señal de curiosidad.
Hlingard. El Santuario de Hlingard. Sala del trono del Sumo Sacerdote.
-Mi señor Derbal… -entró un joven a la sala del trono del Sumo Sacerdote, vistiendo un Ropaje Sagrado de un color blanco muy hermoso, su cabellera era azul oscuro, y su mirada era fiera y orgullosa-. Le traigo noticias de la avanzada sobre Brávellir, mi señor -se arrodilló el joven.
-Ah, Frodi de Kochab Beta, heredero del Ropaje de Gullinbursti -sonrió Derbal, mientras giraba el vino de la copa que hasta esos momentos bebía-. Me preguntaba cuanto tardarías en presentarte ante mí con el reporte de la avanzada. Espero me traigas buenas noticias -le sonrió el Sumo Sacerdote.
-Los Guerreros Vikingos se han defendido bien, pero no son rivales para nosotros, mi señor -le explicó Frodi, lo que mantenía a Derbal complacido-. La avanzada terrestre ha adelantado filas, pronto tendremos el control total de los caminos terrestres. Es el camino por los fiordos el que no ha logrado ser conquistado. Sin esos fiordos, Brávellir tendrá libertad de movimiento marítimo, podrían rodearnos, o abastecerse mientras conservamos el sitio. Necesito más soldados para poder apoderarme de esa región -le explicó.
-¿Más soldados? Pero si ya tenemos las manos muy ocupadas aquí -se frotó la barbilla Derbal, y entonces dirigió la mirada en dirección a Frodi-. Me comprometo a analizar esta propuesta, Frodi. Pero con la falsa Hlin aun rondando por nuestro reino, espero que comprendas que evitar el brote de una rebelión es prioridad -Frodi asintió, comprendiendo la negativa del Sumo Sacerdote-. ¿Es todo lo que has venido a solicitar? -le preguntó.
-No, mi señor -respondió Frodi-. A decir verdad, me complacería tener audiencia con nuestra señorita Lyfia. Me serviría el consejo de la Protectora de Hombres para poder emplear el método de conquista más apropiado. Esta guerra por el control de Brávellir se ha extendido ya 5 años. Requiero de su guía -le explicó.
-Ya hablamos de esto, Frodi… se espera de los Dioses Guerreros el tener fe incondicional -le explicó Derbal, lo que molestaba a Frodi-. Solo pueden ver a Hlin cuando la diosa así lo dicte, no cuando a los Dioses Guerreros les place. Ella es sagrada, ella es una divinidad, no tiene tiempo para amistades de su infancia -le explicó.
-Quisiera escucharlo de sus propios labios, si no le molesta -insistió Frodi, ganándose la molestia de Derbal-. Sumo Sacerdote… yo respeto su postura. Lyfia es la reencarnación de la diosa Asynjur Hlin, eso lo entiendo perfectamente… pero Lyfia… ella era mi amiga. Sé que un Dios Guerrero no debería mostrar debilidad, pero el poder verla… me daría la fuerza de continuar… -le pidió, y Derbal se frotó la barbilla con curiosidad.
-Está bien… -le sonrió Derbal, y Frodi le regresó la sonrisa, he hizo una reverencia-. Pero no puede ser en este momento, Frodi. Requiero que me permitas realizar los preparativos pertinentes. Nuestra amada Hlin tuvo una infancia placentera, desconociendo sus responsabilidades divinas. Si la mantengo en reclusión, no es porque desee herirla, sino porque debe comprender, que ella ya no es una humana común y corriente, es una diosa… y los dioses no pueden dejar su juicio nublarse en favoritismo a los humanos -le explicó, y Frodi bajó la mirada en ese momento-. Te permitiré verla… si eso te ayuda a que encuentres la fuerza para continuar con la avanzada a Brávellir… pero será únicamente tras haber mediado yo con ella primero. ¿Te satisface esta respuesta? -le preguntó.
-Es usted muy noble, Sumo Sacerdote, la respuesta me complace -aclaró Frodi, poniéndose de pie-. Esperaré pacientemente el que se me sea informado el momento en que sea permisible ver a la Asynjur Hlin. Hasta entonces, disfrutaré de mi descanso de la batalla, hasta que termine el abastecimiento de nuestras tropas -reverenció, y Derbal aceptó la misma, permitiendo a Frodi retirarse, y una vez lo hizo, miró a su fiel sirviente-. No más visitas, Loki… -le espetó Derbal, y una vez que Loki cerró las puertas, Derbal caminó a la parte trasera de su trono, abrió las cortinas de pieles de oso que separaban la Sala del Trono, y entró a los aposentos a manera de mazmorra que era la habitación de Lyfia, quien se encontraba encadenada de manos y piernas a un poste, como una esclava cualquiera, con solo un cuenco de agua cerca de donde estaba. Al verlo, su mirada se llenó de miedo y de tristeza.
-No más por favor… -pidió ella, alejándose lo más que podía-. Ya no lo soporto… por favor… solo quiero irme a casa… -lloró Lyfia en preocupación, mientras Derbal extraía de debajo de su túnica un frasco con una calavera de cristal como tapa. Abrió la misma, y se acercó a Lyfia con autoridad-. Se lo suplico… ya basta… -le pidió ella con ojos llorosos.
-Te ofrecí a que te unieras a mí voluntariamente, antes de que termináramos con esta barbárica situación, Lyfia -le recordó Derbal, mientas Lyfia intentaba alejarse de él hasta los límites de sus cadenas-. ¿Cuál fue tu respuesta? Odín es grande, Odín proveerá, Odín no permitirá que Midgard caiga en penumbras… oh, Lyfia, cuan equivocada estabas. A Odín no le importas en lo más mínimo. No le importas tú, ni le importo yo, ni le importa nadie. ¿Cómo es que nadie puede ver la verdad? Si no me hubieras negado, no tendría necesidad de estos venenos para controlar tu mente, y lo peor de todo es que estás desarrollando resistencia a ellos. Hay un límite para lo que puede hacer Fafner, no abuses. Ahora… vas a beberlo voluntariamente, ¿o vas a ponérmela difícil y obligarte a beberlo? Sabes que no me gusta golpear a las mujeres -le explicó.
-¿Qué va a ordenarme a hacer ahora? -le preguntó Lyfia con temor- Ya me ha hecho hacer muchas cosas atroces… enviar a los hombres de Hlingard a la guerra… autorizar el saqueo de las granjas… incluso me hizo ordenar que, por Odín, no tomaran prisioneros de Brávellir… ¿qué más quiere? -le pidió ella mientras lloraba.
-He sido un captor bondadoso hasta ahora. No puedes decirme que no -le recordó, pero Lyfia continuaba llorando, y temblando-. Pero por tu tranquilidad mental, te lo diré. Frodi ha solicitado audiencia contigo. No es secreto para nadie que sigue perdidamente enamorado de la jovencita con quien compartió su infancia. En realidad, la única razón por la que Frodi se convirtió en un Dios Guerrero, es por ti -le confesó, y aquello logró hacer que Lyfia se tapara la boca en señal de sorpresa-. Pero a Frodi lo necesito en el campo de batalla. Pienso cumplirle su deseo de que tenga audiencia contigo, pero sabes que no puedo arriesgarme a que vayas de boca floja. No quiero hacerlo, pero por tu poca cooperación, irás nuevamente bajo mi control -le recordó mostrándole el frasco.
-¿Y qué va a hacerme decirle? -le preguntó mientras se mordía los labios con descontento- ¿Va a decirle que se olvide de mí? No puede usarme para controlar a Frodi -se molestó, y Derbal suspiró y desvió la mirada.
-Llevo 5 años usándote para controlar todo Hlingard -le recordó, y Lyfia lloró por su infancia perdida-. Todo esto se solucionaría si me dieras lo que quiero, pero eres una terca. Ahora bebe… o te obligaré a beber… -le enunció, Lyfia tomó el frasco, y miró a Derbal con tristeza-. No tienes que preocuparte. Eso jamás te lo pediría mientras estuvieras controlada por los venenos de Fafner. Pero espero comprendas, no me gusta la competencia -le aseguró.
-Mi corazón nunca va a ser suyo… -exclamó ella, y comenzó a beber. Tosiendo inmediatamente tras haberse bebido toda la botella, e inclusive cayendo sobre sus rodillas y tomándose del cuello, intentando resistir la quemante sensación.
-Eso ya lo sé… me resigné hace mucho tiempo -respondió Derbal, mientras Lyfia lo miraba, sumamente mareada-. Ahora… nubla tu mente… -elevó su cosmos Derbal, con sus ojos brillando de un violeta intenso-. Eres la diosa Hlin, Asynjur de la Esperanza. Yo soy tu fiel Sumo Sacerdote de quien jamás puedes dudar. Tu reino es Hlingard, tu destino, unificar a los reinos de Midgard bajo el estandarte del Alto Jarl… yo soy el Alto Jarl… y a mi consejo… siempre atenderás… -terminó de conjurar Derbal, y el ojo izquierdo de Lyfia se opacó, cambiando su color a un violeta intenso.
-Tú eres el Alto Jarl… y a tu consejo… siempre atenderé… -comentó Lyfia, quien entonces miró los grilletes alrededor de sus manos y pies-. Derbal… ¿por qué estoy encadenada? -preguntó Lyfia, mientras Derbal se frotaba la cabeza por haber usado sus poderes hipnóticos.
-Muy buenas tardes, mi señora -reverenció Derbal, sacando una llave de debajo de sus mangas, y abriendo los grilletes de Lyfia-. Tuvo pesadillas, mi señorita. Eran tan graves que se estaba lastimado a sí misma. No tuve otra alternativa que encadenarla, por su bien -aclaró.
-¿Mi poder volvió a salirse de control? -preguntó, y Derbal asintió- Está pasando más seguido que antes. ¿Por qué? ¿Es acaso por la influencia de Draconis en este mundo? ¿Será una artimaña del Jarl Svend Ulfson de Brávellir? -preguntó curiosa, mientras se frotaba las muñecas.
-Indagaré al respecto, diosa mía -le explicó Derbal, invitando a Lyfia a salir de la habitación, y la falsa diosa lo siguió en ese momento-. Como bien sabe, su salud es lo principal. Ahora debo hablarle de uno de sus Dioses Guerreros -intentó explicarle.
-¿De Fafner de Yildun Delta, portador de la bestia Nidhogg? -preguntó Lyfia, a lo que Derbal respondió alzando una ceja en señal de curiosidad- ¿Tenía audiencia el día de hoy? -preguntó.
-No con Fafner, con Frodi. ¿Qué tiene que ver Fafner con…? -intentó preguntar, cuando encontró a Fafner junto a Loki en la Sala del Trono, además de a Afrodita, encadenado de manos detrás de ambos- ¿Qué significa esto, Loki? -preguntó molesto.
-El Dios Guerrero de Yildun Delta insistió en que esto le competía, mi señor -exclamó Loki, mirando a Fafner de reojo, quien reverenciaba a Derbal en ese momento-. ¿Qué debo hacer? -le preguntó.
-Déjanos… y lleva a Hlin a que se prepare para audiencia con Frodi. Mándalo a llamar a él también -le pidió, y Loki asintió, retirándose, y permitiéndole al grupo privacidad-. Espero… Fafner… que traigas noticias sobre la ubicación de Shaka de Espiga, el Dios Guerrero Dorado de la Valkiria de Virgo -sentenció Derbal, intimidando a Fafner.
-Me temo… mi señor… que no es así -confesó, mientras el cosmos de Derbal acrecentaba, furioso ante la impertinencia de su Dios Guerrero, mientras Afrodita sonreía con malicia-. Pero traigo conmigo algo igualmente valioso… mi señor… el veneno perfecto… extraído de la sangre de este esclavo -le apuntó Fafner a Afrodita.
-¿Esclavo has dicho? -preguntó Derbal, mirando a Afrodita, y sintiendo un cosmos emanando de él. Pero no solo un cosmos, sentía otra fuerza en su interior- ¿Un Seidr? -se impresionó Derbal, dirigiéndose a Afrodita, quien retrocedió asustado- Dime, ¿cuál es la razón por la que eres un esclavo? -le preguntó.
-¿La razón, dice? Miré de mala manera a la persona equivocada… -sonrió en señal de preocupación, pero Derbal no se lo creía, y aquello preocupaba a Afrodita, quien podía sentir la fuerza de cosmos de Derbal apresarlo.
-No le preste atención, mi señor -le explicaba Fafner, y Derbal lo miró de reojo-. Afrodita fue descubierto practicando el Seidr. Y al hacerlo, perdió todo derecho de considerarse un hombre libre -aseguró Fafner.
-¿Así que era eso? Dime, Afrodita. ¿Qué clase de Seidr puedes utilizar? -le preguntó Derbal, y Afrodita desvió la mirada, sintiendo vergüenza- El Seidr es la fuerza que las brujas y hechiceras controlan, el cosmos de las mujeres y los afeminados, opuesto inclusive al Galdr de los dioses. Pero no puede existir en un individuo tanto el cosmos como el Seidr, a no ser que se trate de una anomalía única en su tipo, por ello te pregunto nuevamente. ¿Cuál es el poder de tu Seidr? -le preguntó seriamente.
-Puedo hablar con las plantas… mi señor… -confesó, y Derbal se frotó la barbilla con interés-. Escucho a todas las plantas… no piensan como nosotros, son seres… primitivos… pero puedo comprenderlas, y ellas pueden comprenderme. Cuando fui descubierto… fue porque logré hacer florecer un campo de flores a las afueras de Hlingard, cerca del bosque de Hormímir… -le explicó, y Derbal asintió, y en ese momento, destruyó sus grilletes con su cosmos-. ¿Mi señor? -preguntó Afrodita.
-No puede existir un individuo que posea ambas, la fuerza del cosmos y del Seidr, a no ser que sea el elegido por los dioses, para convertirse en un Dios Guerrero Dorado -sacó un Ruby de Thor Derbal, y este brilló intensamente frente a Afrodita-. Lo sabía… no eres un humano ordinario. De ahora en adelante serás un miembro de mi corte, te entrenaremos para usar tu cosmos y tu Seidr, y estarás por encima de los Dioses Guerreros de Asgard -aclaró, preocupando a Fafner.
-¿Por encima de…? -se conmovió Afrodita- ¿Me está dando mi libertad? -preguntó Afrodita sorprendido, y Derbal asintió. Tras la noticia, Afrodita cayó sobre sus rodillas, y comenzó a llorar. Por fin tantos años de sufrimiento serían apaciguados.
-No solo te concedo tu libertad… como Dios Guerrero Dorado que estás destinado a ser, podrás usar el Seidr sin prejuicios -le explicó, y Afrodita abrió sus labios en señal de alegría-. Solo necesitamos encontrar el Ropaje Sagrado que te corresponde y… -intentó decir.
-Yo sé dónde se encuentra ese Ropaje Sagrado -aclaró Afrodita, y Derbal lo miró con una sonrisa-. Si es verdad lo que me dice, mi señor, y me está entregando la libertad que yo tanto he deseado. No me molestará llevarlo hasta donde el Ropaje Sagrado de Piscis -aseguró.
-Así se hará… -miró entonces Derbal a Fafner, quien se encontraba sin habla-. Ahora, antes de que regrese a mí en extremo atareada agenda. ¿Qué deseabas, Fafner? -le preguntó, y Fafner, pese a estar deprimido por perder a su esclavo, le mostró un frasco con un veneno rojizo y oscuro- ¿Es lo que creo que es? -preguntó divertido.
-El veneno, capaz de doblegar la mente por completo -le explicaba Fafner, mientras Derbal observaba el veneno, que brillaba con la intensidad de un cosmos dorado, y del Seidr blanco que poseía a su vez Afrodita-. Si logra hacer que la señorita Lyfia beba de este frasco… -continuaba Fafner, y Afrodita puso atención a aquellas palabras-. Obtendrá la obediencia incondicional. No habrá más necesidad de venenos que flaqueen cuando la señorita obtenga inmunidad. Estará bajo su control total -le aseguró.
-Puedo sentirlo… -sonrió de forma maligna Derbal, mirando el frasco-. Pero no podría hacerle esto a Lyfia… ya ha sufrido suficiente -aclaró Derbal, guardándose el veneno en la túnica, y confundiendo a Fafner-. Como hemos acordado, eres libre de continuar con tus experimentos ahora que has cumplido con tu encomienda. No se te procesará sin importar la… naturaleza… de tus actos -le enunció, y Fafner reverenció-. Sobre este veneno, tengo un uso más… interesante, para él… -sonrió Derbal, maquinando sus siguientes planes.
Fjördland. Río Hríd. Entrada a los Fiordos de Brávellir.
-Los Fiordos de Brávellir estarán completamente vigilados por los hombres de Brávellir. ¿Está segura de que esta es la ruta que desea seguir? -le preguntó Mime a Saori, mientras amarraba con la ayuda de Siegfried y de Aldebarán las cuerdas de la embarcación que recién terminaban de armar, mientras el resto colocaba las cajas conteniendo los Ropajes Sagrados, los instrumentos de cocina de Hagen, y los componentes del taller de Mu, en la parte trasera de otra de las embarcaciones, mientras otra tercera ya se encontraba lista para zarpar con Alberich, Fenril, Hagen y Tholl sobre ella.
-No puedo explicarlo, pero sé que es lo correcto -le enunció Saori, y Mime, pese a querer refutar, asintió, y tomó uno de los remos, mientras Siegfried tomaba del otro. Saori e Hilda se acomodaron en la embarcación con ellos, y los que pertenecían a la Orden Dorada, tomaron la embarcación de en medio, con Aldebarán y Aioria haciéndose cargo de los remos-. Hay que darnos prisa, la vida de alguien peligra -aseguró.
-Nuestras vidas peligran también -prosiguió Mime, pero comenzó a remar, y lideró al grupo por los fiordos, manteniéndose alerta, sabiendo que solo con entrar a los mismos, ya eran el blanco de los hombres de Brávellir.
-Tranquilízate, Mime -intentó calmarlo Seigfried, a quien Mime miraba de reojo-. Sé que solo tenemos 5 días de conocernos, pero puedo asegurarte que todos los que estamos en estas barcas, poseemos la fuerza del cosmos suficiente para sobrevivir a lo que sea -la aseguró.
-Eso dices porque no conoces a los Guardianes de Midgard, Siegfried -enunciaba Mime, navegando por el fiordo con cautela, alerta en todo momento-. Los Guerreros Vikingos son lo más cercano a los Dioses Guerreros de Asgard. No serán tan fuertes, pero sus números son muy superiores a los guerreros de cualquier otra orden. Si entráramos en confrontación con ellos, nos superarían d -les explicó.
-Como si eso fuese un reto -exclamó Milo de forma arrogante, y Aioria sonrió de igual manera, en cuanto a Mu y Aldebarán, se limitaron a mover sus cabezas en negación por lo infantiles que Aioria y Milo eran.
-Ya venciste a un Guerrero Vikingo -prosiguió Hagen desde la embarcación más atrás del resto, pero que al ser la más ligera, era más fácil de maniobrar-. Conoces el poder de los Guerreros Vikingos de primera instancia. ¿Realmente son tan temibles? -le preguntó.
-¿Temibles? -se burló Mime- Son los más grandes conquistadores de Midgard, no por su proeza individual, sino por su fortaleza en conjunto. Imaginen a una unidad de guerra tan bien organizada que puede vencer por sí sola a ejércitos enteros. 30 hombres que conocen el potencial del cosmos, quienes individualmente son invencibles, pero nunca viajan solos. Se dividen en 4 grupos de avanzada, y mientras más reducido el número, más peligrosos y poderosos son. No le temo a enfrentarme a un Guerrero Vikingo frente a frente, Hagen… me temo a encontrarlos en grupo, y ellos siempre lo están -aseguró.
-Pero venciste a uno de ellos -exclamó Fenril, mientras miraba por los alrededores impaciente, intentando divisar a alguno de los Guerreros Vikingos-. ¿Cómo lo conseguiste si siempre viajan en grupo? -le preguntó.
-Hay 4 unidades en los Guerreros Vikingos dependiendo de la constelación menor a la que pertenecen -comenzó a explicarle-. 10 Guerreros Vikingos conforman la Popa, otros 10 a Carina, 6 a la Vela y 4 la Brújula. Mi padrastro, Folkell, pertenecía a la Unidad de la Vela, la segunda más poderosa, y aun así era técnicamente invencible… solo lo vencí, porque él no se defendió. Fue un asesinato silencioso y sutil… -explicó, y aquello sorprendió a Saori y a Hilda-. Era el único momento en que podía hacerle frente -finalizó.
-Así que confiesas tu crimen -escucharon, y pronto todos se pusieron a la defensiva, y buscaron al dueño de la voz por los alrededores del fiordo, siendo Fenril el que tenía una idea más clara de dónde estaba, pero viraba el rostro en varias direcciones constantemente, como si el dueño de la voz continuara en movimiento-. Mime el Bardo, por órdenes de Jarl Svend Ulfson, soberano de Brávellir, estás condenado a muerte. ¡Ventisca de Lacustre! -sentenció el atacante, saltando por encima de las paredes del fiordo, bajando utilizando el sol para cegar a los que estaban debajo, y atacando a Mime, antes de ser interceptado en pleno vuelo por la potente patada de Milo, quien había saltado desde la embarcación de en medio, e impactado su rodilla contra el puño de un Guerrero Vikingo, un hombre en Armadura de Hierro, musculoso y de barba marrón adornada en una trenza corta. También llevaba una trenza larga tras el casco, sus ojos eran color de esmeralda, y su casco de antifaz no permitía ver completamente su rostro, pero aparentemente, era joven-. Vaya, no eres nada malo -pateó en el aire el Guerrero Vikingo, forzando a Milo a cubrir, y a aterrizar violentamente sobre la balsa de Mime, Siegfried, Hilda y Saori, las ultimas abrazándose intentando no caer tras el estremecimiento del impacto del cuerpo de Milo, mientras el Guerrero Vikingo se había impulsado por la patada hasta permanecer parado sobre una roca que sobresalía del agua.
-Ese Ropaje… -se mordió los labios Mime, mientras analizaba el Ropaje de Hierro del Guerrero Vikingo. Los Ropajes de Hierro no eran como los Ropajes Sagrados, a simple vista no sobresalían demasiado por entre un Ropaje común del ejercito de los hombres, de no ser por detalles muy notables en sus incrustaciones claro está. Se conformaba de un par de guanteletes largos, de hierro bien forjado, y con runas talladas en los mismos. Las protecciones de las piernas, también de hierro con incrustaciones de runas, se elevaban hasta casi llegar al peto, que era delgado, con piel de lobo o de oso recubierto de cota de malla para dar cierta protección, y con un emblema en medio del mismo con una estrella de 4 picos. La protección del pecho era una pieza lisa sin runas, pero con un grabado en medio del pecho, en el cual se representaba a un Ciervo de cornamenta de cristal con un Enano montándolo. Las hombreras estaban separadas de la pechera, lo que le permitía mayor flexibilidad, eran lisas también, sin runas, pero con un casco Vikingo pintado en las mismas con pintura roja. El casco, no era de hierro como el resto del Ropaje Vikingo, era de oro, redondo, con un antifaz cubriéndole el rostro por debajo del casco y un par de cornamentas de ciervo. Además, el Ropaje contaba con un escudo redondo extensible, que el Guerrero Vikingo había abierto, mientras se desataba un hacha con runas de su cinturón, aunque mantenía una espada atada a su espalda también-. El emblema en el peto. Este sujeto es uno de los Guerreros Vikingos de la Brújula, uno de los 4 más poderosos -aseguró.
-El más poderoso -aclaró de forma arrogante, mientras veía al grupo pasar en sus embarcaciones-. Estos fiordos están prohibidos, no debieron cruzarlos. Normalmente les daría la cortesía de permitirles excusarse, pero viajan con el asesino de uno de mis hombres, eso los convierte en enemigos de Brávellir -exclamó el Guerrero Vikingo, apuntó su hacha en dirección a Mime, y el de cabellera anaranjada comenzó a incinerar su cosmos.
-Elije tus propias batallas, Mime -escuchó Mime, a momento que un cometa escarlata se dirigía en dirección al Guerrero Vikingo, quien bloqueó con su escudo-. ¡Juicio de Gungnir! -hizo estallar su cosmos Milo, azotando al Guerrero Vikingo a las orillas del fiordo, donde el adolorido Guerrero Vikingo se incorporó con una sonrisa, mientras Milo aterrizaba del otro lado del fiordo- Voy a admitir, que nunca me habían golpeado tan fuerte en mi vida. En Midgard al parecer existen muchos otros guerreros que son capaces de manipular el cosmos, y yo voy a divertirme enfrentándolos a todos -le sonrió Milo con malicia, mientras el Ropaje Sagrado de Escorpio estallaba, lo vestía, y arropaba con la fuerza de su estrella-. Dios Guerrero de Antares, Milo de Escorpio -se preparó Milo para la batalla.
-Acepto el reto, Milo de Escorpio -le sonrió el Guerrero Vikingo-. ¡Te enfrentas a Harald de Pyxidis Alfa, el Guerrero Vikingo de Dáinn! -elevó su cosmos el Guerrero Vikingo, y un Ciervo blanco de cornamenta de cristales azules, respaldó su cosmos- Soy el Guerrero Vikingo más fuerte de la Constelación Menor del Compas, y por cierto, ellos son los otros 3 -tronó sus dedos Harald, y las 3 embarcaciones fueron violentamente azotadas contra las orillas del fiordo, donde quedaron destruidas por otros 3 Guerreros Vikingos que habían salido de debajo del agua, noqueándolos a todos-. ¡Captúrenlos! -ordenó Harald, mientras se lazaba en dirección a Milo con su hacha lista, y Milo era forzado a materializar su lanza para defenderse.
-No me fui a imaginar que el Santuario estuviera tan desesperado por conquistar Brávellir, como para mandar a un Dios Guerrero Dorado en nuestra contra -exclamó otro de los Guerreros Vikingos, parado sobre la orilla del fiordo, donde Siegfried levantaba los escombros tras proteger a Hilda, mientras Mime abrazaba a Saori de forma protectora. El Guerrero Vikingo vestía un Ropaje idéntico a la de Harald, pero con la sutil diferencia de que el Ciervo dibujado en su protección del pecho era más fornido, y se encontraba en medio de una embestida, con la sombra de un Enano regordete corriendo tras de él. Físicamente, el Guerrero Vikingo era más fornido que Harald, su barba rubia no estaba atada en una trenza, y tenía ojos azules pálidos-. Enfréntame, Mime. Encuentra la muerte a manos de Olaf de Pyxidis Gamma, el Guerrero Vikingo de Duneyrr -enunció mientras alzaba su hacha rúnica de mandoble, y se preparaba para ejecutar a Mime, con el cosmos de un Ciervo de cornamenta esmeralda y piel negra respaldándolo.
-¡Mejor metete con uno de tu tamaño! ¡Destructor de Tyr! -respondió Aldebarán, lanzando un puñetazo con fuerza dorada contra el Guerrero Vikingo, que terminó rodando por la orilla del fiordo con sorpresa, mientras el Ropaje Sagrado de Tauro aparecía y vestía a Aldebarán- Aldebarán de Aldebarán, Dios Guerrero Dorado de Tauro, te dará una tunda, alfeñique -exclamó Aldebarán con molestia.
-Eso me dolió -le respondió Olaf, pero entonces le sonrió con entusiasmo-. Voy a divertirme partiéndote en dos. ¡Colisión de Ruptura! -azotó su hacha Olaf contra el suelo, levantando estalagmitas de tierra, y tanto Mime como Siegfried tuvieron que cargar a Hilda y a Saori fuera de peligro, permitiendo a Aldebarán recibir de lleno el ataque, en una pose defensiva perfecta.
-Son más de un Guerrero Sagrado Dorado. Derbal debe estarse quedando sin ideas -preparó su martillo de batalla otro de los Guerreros Vikingos, de cabellera roja y larga, barba pronunciada pero corta, y ojos azules profundo. En el pecho tenía gravado la imagen de un Ciervo en posición defensiva, con la cornamenta de frente, y un enano en su sombra con su martillo listo, en su cosmos el Ciervo de piel rojiza y cornamenta de cristales de rubí les hizo frente, aunque en respuesta, un Carnero Dorado y alado detuvo su embestida, mientras Mu saltaba a encuentro del Guerrero Vikingo-. ¿Osas enfrentarte a Canuto de Pyxidis Beta, Guerrero Vikingo de Dvalinn? -preguntó con una sonrisa.
-¿Dvalinn? Estos sujetos… guardan la protección de los Enanos en sus Ropajes… -se tranquilizó Mu, elevando su cosmos, y rodeando su mano de esferas de fuego-. Mi nombre es Mu de Hamal, Dios Guerrero Dorado de Aries, y encuentro una gran fascinación por los Enanos. Pero hoy, he de levantarme en su contra. ¡Forja de Nidavellir! -lanzó su ataque de serpientes en llamas Mu, que el Guerrero Vikingo resistió, y arremetió en respuesta con su martillo.
-¡La Forja de Vulcan! -se defendió Canuto, azotando un tremendo martillazo en contra de Mu, que lo lanzó a las paredes del cañón, que comenzó a deslavarse por el tremendo impacto, forzando a Alberich, Fenril y Hagen a salir de los restos de sus barcas, cargando las cajas de los Ropajes Sagrados, evitando que estos cayeran a los interiores del fiordo. Alcanzaron a rescatar todas, menos la de Leo, que cayó dentro del agua, forzando a Aioria a saltar e ir por ella a nado.
-Ya los tengo -exclamó el último Guerrero Vikingo, de cabellera larga y negra que danzaba con su cosmos, quien, con espada lista, y su escudo extensible preparado, elevó su cosmos con un Ciervo marrón con cornamenta de topacios, mismo Ciervo que estaba impreso en su protección del pecho, con la sombra de un Enano con una espada en pose desafiante-. Aunque presiento, que Erico de Pyxidis Delta, Guerrero Vikingo de Duraþrór, terminará enfrentándose a un oponente de los más digno -exclamó, mientras del agua se escuchaba un rugido, y Aioria salía revestido de su Ropaje Sagrado.
-A Aioria de Regulus, Dios Guerrero de Leo. ¡Domador de Draupnir! -lanzó una esfera de su puño envuelto en relámpagos, que Erico logró bloquear utilizando su escudo de runas- Estos Ropajes Sagrados… son de Hierro, pero resisten mis puños como si estuviesen hechos de oro -se impresionó Aioria, ganando distancia, mientras su oponente lo recibía con una sonrisa.
-Dáinn, Dvalinn, Duneyrr y Duraþrór -habló Alberich tras reunirse con los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, quienes ya preparaban sus cosmos, y eran vestidos por sus Ropajes Sagrados-. Los nombres pertenecen a 4 Ciervos que pastan por Yggdrasil, pero son compartidos con 4 Enanos herreros que son su verdadera forma. Enanos con poderes de transformación, 2 de los cuales forjaron artilugios para los dioses mismos. No llegarán al nivel de quienes forjaron el Mjölnir, pero si son muy astutos -aclaró.
-A mí van a forjarme mis utensilios de cocina -se fastidió Hagen tras enfurecer por su barca que se hundió con sus utensilios, y preparándose para ir a encuentro de los Guerreros Vikingos que combatían a los Dioses Guerreros Dorados, cuando Saori lo detuvo-. ¿Señorita? -preguntó.
-Dejen que ellos se hagan cargo, nos necesitan en otro lugar -aseguró ella, y el grupo miró a Siegfried, esperando su consejo, quien se dirigió en ese momento a Saori-. En una de las cuevas del fiordo, hay una persona malherida. Tenemos que ir a ayudarlo -les pidió cerrando sus manos en forma de plegaria.
-Mi señorita, comprendemos que sienta el deseo de protección que rige a su cosmos, pero… estos son solo 4 de 29 Guerreros Vikingos que nos esperan -intentó mediar Siegfried para hacerla entrar en razón-. No podemos ayudar a quien sea que nos topemos. Hay que pensar en su seguridad -le pidió.
-Soy la Protectora de Hombres, Siegfried. No puedo negar mi dominio -le enunció, sorprendiendo a Siegfried-. Asynjur Hlin, Diosa de la Esperanza y la Protectora de los Hombres… esa es quien soy. No me pidas que abandone a alguien que necesita de mi ayuda. Si lo hago… entonces no soy en verdad la Asynjur Hlin… -le recordó.
-Ya escuchaste a la Asynjur -lo empujó a un lado Fenril, alegrando a Saori-. ¿Qué debe hacerse? ¿Dónde está esta persona que requiere de nuestra ayuda? -le preguntó Fenril, y en ese momento, Milo fue azotado a los interiores del fiordo, mientras Harald caía transformado en un cometa color de zafiro sobre de él-. Estos imbéciles van a terminar ahogados… alguien debería decirles que es muy complicado nadar con un Ropaje Sagrado puesto -se fastidió.
-Será después, las preocupaciones de nuestra diosa apremian más que eso -lo interrumpió Mime, quien viró su atención en dirección a Saori-. Dice que hay alguien en las cuevas del fiordo en peligro de muerte, pero… esas cuevas… son un laberinto. Por eso nadie las usa -le explicó Mime.
-¿Sabes dónde están? -le preguntó Saori, antes de ver a Harald salir desprendido por una fuerza de cosmos escarlata del interior del fiordo, y a Milo saltar con su aguja lista, y disparar de ella la fuerza de cosmos inmensa que era su Aguijón Carmesí- Ellos estarán bien… -les mencionó tras ver a Milo posarse ileso a orillas del fiordo, y sonreír arrogantemente ante el Guerrero Vikingo que se sacudía la cabeza por el tremendo golpe-. Los Dioses Guerrero Dorados no pueden ser vencidos por los Guerreros Vikingos… ellos son los defensores de los 9 Mundos, deben poder con ellos y con quien sea -les recordó.
-Lo creería, si Milo pudiera usar la Aguja Escarlata -dedujo Alberich, ganándose la atención de Saori-. No controla su cosmos, el Aguijón Carmesí es prueba de ello. Pero ya llegará el momento para explicárselo. Busquemos al malherido, antes de que Milo se autodestruya con su cosmos -le explicó, y Saori asintió, mirando a Mime, quien comenzó a liderar al grupo.
-¿Aguja Escarlata? -se preguntó Milo tras escuchar a Alberich, pero su atención regresó rápidamente al oponente frente a él, quien pese a ser valeroso y aguerrido, simplemente no tenía el cosmos para compararse a un Dios Guerrero Dorado- Es suficiente, Harald… podemos ver que no son seres de mal. De serlo, no hubiesen permitido a los demás escabullirse -aseguró Milo, comprendiendo lo que habían hecho los Guerreros Vikingos.
-Suelo dejarme influenciar por corazonadas, lo reconozco -respiró Harald pesadamente, preparando su hacha y su escudo-. Estamos en guerra… pero no asesinamos a los inocentes. Mime el Bardo es un asesino y deberá recibir juicio, ustedes son Dioses Guerreros Dorados al servicio del Santuario, y serán tratados como mercenarios. En cuanto al resto del grupo, usan Ropajes Sagrados, pero no son los Dioses Guerreros de Hlingard. ¿Quiénes son? -preguntó Harald, lanzándose a Milo, quien evadía sus ataques con tranquilidad.
-Son los Dioses Guerreros de Asgard, de la constelación de la Osa Mayor, y escoltan en estos momentos a la Asynjur Hlin por las cuevas del fiordo -le explicó, sabiendo que era muy superior a su oponente, como lo eran sus otros compañeros de Ropajes Sagrados Dorados, quienes también doblegaban a sus oponentes.
-Entonces son enemigos de Brávellir después de todo… -concluyó Harald, preparando su cosmos-. La Asyjur Hlin es quien ha ordenado esta guerra que ya se ha extendido por 5 años. Una vez que terminemos con ustedes, ella sigue. ¡Ventisca de Lacustre! -se abalanzó contra Milo, quien preparó su aguja.
-Saori es la verdadera Asynjur Hlin… de eso, ya no me queda duda… ¡Aguijón Carmesí! -hizo estallar su cosmos Milo, y todo el fiordo se estremeció con fuerza, deslavando las paredes del fiordo, y continuando con el violento enfrentamiento.
Cuevas del Fiordo de Hríd.
-Aquí es… -explicó Mime, señalando a la entrada de una cueva a orillas del fiordo, que se encontraba convenientemente cerca del lugar donde había estallado el combate entre Dioses Guerreros Dorados y Guerreros Vikingos-. Las cuevas supuestamente, son un laberinto que lleva a los acueductos de Brávellir. Pero eso bien podría ser un invento de los criminales de guerra que intentaban escapar de Brávellir utilizado estos túneles. La verdad es que nadie que haya explorado estos túneles a fondo ha salido con vida -finalizó.
-Lo que lo hace un escondite perfecto para alguien que se oculta de las tropas de Brávellir -concluyó Saori, adentrándose en la cueva sin pensarlo más de la cuenta, y Fenril fue el primero en seguirla, junto a Hilda y Siegfried. El resto intercambió miradas, más tras unos instantes, se adentraron al túnel igual que los demás.
-Por supuesto, la niña de 10 años es la guía. ¿Alguien conoce el significado de la palabra prudencia? -se quejó Alberich, pero como ya era costumbre, todos lo ignoraron y continuaron con su camino- Uno de estos días, van a aprender a escucharme -se fastidió.
-Yo te escucho, Alberich -le contestó Saori, aunque Alberich se cruzaba de brazos-. Eres el más listo de los Dioses Guerreros. No escucharte sería una locura. Pero de verdad te digo que tengo la certeza de que alguien en esta cueva necesita de nuestra… ¡aaah! -azotó Saori contra el suelo, e inmediatamente después, Fenril la ayudó a incorporarse- Duele… -lloró un poco mientras se frotaba la rodilla.
-Debes poner atención a dónde caminas, Saori… -reprendió Fenril con brusquedad, y descubriendo una cadena dorada en el suelo de la cueva, misma que al intentar tomar, estremeció el Ropaje Sagrado de Fenril-. ¿Qué ha sido eso? -retrocedió Fenril contrariado, como si su Ropaje Sagrado hubiese sentido el verdadero terror.
-Es solo una cadena… una… muy delgada además… -levantó la misma Alberich, mirándola fijamente, estirándola, y esta pareció retraerse, sorprendiendo a Alberich-. Fascinante -exclamó, y la cadena inmediatamente reaccionó e intentó golpear a Alberich, quien se hizo a un lado efectivamente.
-Sea lo que sea, no me agrada, voy a destruirla -enunció nuevamente Fenril, lanzó un puñetazo con las garras de su Ropaje Sagrado, pero las cadenas se rodearon alrededor de su mano, forzando al cosmos de Fenril a reaccionar, y a su Ropaje Sagrado a utilizar todo su cosmos para intentar repeler a las cadenas, y forzar a Fenril a alejarse-. ¿Qué Draugrs? -se quejó.
-El Ropaje Sagrado de Fenrir rechaza a esta cadena, eso significa que, esta cadena, no puede ser otra que Gleipnir -enunció Alberich, sorprendiendo a los presentes, aunque Fenril no lo comprendió, y aparentemente, Saori tampoco-. No entraré mucho en detalles, pero, Fenrir, la bestia gigante en forma de Lobo escupe fuego e hijo de Loki, era tan salvaje, que los dioses hicieron varias cadenas para intentar mantenerlo atado. Una de esas cadenas era Dromaleding, creada por los dioses, y que, tras romperse, sirvió como materia prima para las garras en el Ropaje Sagrado de Fenrir -señaló Alberich a las garras en los guanteletes de Fenril-. Pero Gleipnir, otra cadena sagrada, no se rompió… no la hicieron los dioses, la hicieron los Enanos. Una cadena delgada, pero tan resistente, gracias a que fue creada con materiales impensables: El sonido de las pisadas de un gato, la barba de una mujer, las raíces de una montaña, los tendones de un oso, el soplo de unos peces, y la saliva de un pájaro, todos materiales inmensamente difíciles de conseguir, y no Tholl, no puedes simplemente recoger el sonido de la pisada de un gato -miró Alberich a Tholl, quien intentaba refutar-. Estos materiales solo pueden obtenerlos los Enanos. Fenrir jamás pudo romper esta cadena, es natural que tu Ropaje Sagrado le tema -concluyó.
-Pero lo que dices es imposible -comenzó a decir Seigfried-. No hablo de los materiales, o de la existencia de esta cadena. Hablo de que esta no puede ser Gleipnir, ya que, si así fuera, estaríamos dentro de las fauces mismas de Fenrir -meditó al respecto Seigfried, y todos se preocuparon, todos menos Alberich.
-Obviamente creer que esta es la verdadera Gleipnir sería como pensar que Milo carga a la verdadera Gungnir -les recordó a la lanza de Milo-. Pero el principio de la forja, es el mismo. Los Enanos debieron tener un excedente de cadena, y la guardaron en algún lugar, y de alguna forma terminó aquí. Es Gleipnir pero al mismo tiempo no lo es, ya que Gleipnir aún rodea el cuello de Fenrir, pero esta, alguna vez debió ser parte de la Gleipnir original -sentenció mientras miraba a la cadena, que comenzó a sacudirse, y su movimiento estremecía el Ropaje Sagrado de Fenrir.
-Creo que ya sé lo que está pasando… quiere guiarnos -dedujo Saori, y comenzó a correr siguiendo a la cadena. Fenril, pese a que su Ropaje Sagrado se estremecía de miedo, fue el primero en seguir a Saori, después fue el resto, mientras Saori doblaba por varios túneles, siguiendo la cadena, esperanzada en que sea quien fuera la persona que había dejado la cadena allí, lo hubiera hecho para guiarla. Sus sospechas rindieron frutos entonces, cuando Saori encontró el fin de la cadena, conectada al guantelete dorado de un Dios Guerrero Dorado, que respiraba pesadamente, mientras sangre le caía de una herida bajo su Ropaje-. ¿Te encuentras bien? -preguntó Saori, y en ese momento las cadenas la rodearon, y la apresaron, inclusive se extendieron formando una barrera de agresivas cadenas que siseaban como serpientes alrededor del Dios Guerrero Dorado y de Saori.
-¡Princesa Saori! -exclamó Siegfried, preparando su cosmos, junto al resto de los Dioses Guerreros que estuvieron a punto de interceder- ¡Resista! ¡Ya vamos! -materializó una espada violeta, con la empuñadura siendo unas fauces de dragón abiertas.
-¡Deténganse! ¡No estoy en peligro! -enunció Saori, mientras miraba al joven rubio frente a ella, a quien se le dificultaba mucho respirar- No hemos venido a hacerte daño… vine aquí… porque sabía que necesitabas ayuda. Estás herido, ¿verdad? -le preguntó contrariada.
-Mis heridas… son producto de años de torturas… -comenzó a hablar el joven, y Saori atendió a sus palabras-. Hace 5 años… un Ropaje Sagrado apareció frente a mí en la Ciudad Santuario de Gimlé… pero no era más que plomo… un año más tarde brilló de dorado y me vistió… ese mismo año… el Sumo Sacerdote del Santuario se presentó ante mí, con la supuesta diosa Hlin a su lado. Me pidió que jurara mi lealtad, pero mi Ropaje Sagrado, el más cercano a los dioses, la rechazó… desde entonces fui capturado… fui torturado… diariamente… hasta que, por fin, escapé… -le explicó, y Saori podía sentir su dolor-. Dime entonces… ¿eres la verdadera Asynjur Hlin? ¿Eres ella a quien he de dedicar mi lealtad? Estoy… agotado… pero si no son los Dioses Guerreros al Servicio de la verdadera Hlin… terminaré con todos ustedes… -insistió el joven, mientras abría sus ojos cerrados un poco, solo lo suficiente para que Saori pudiera sentir el cosmos sellado dentro de sus ojos, y que, de liberarse, los fulminaría a todos.
-Mi nombre es Saori, hija de Wotan -comenzó ella, y las cadenas comenzaron a tranquilizarse-. Mi padre era Jarl de Hlingard… y Alto Jarl de todo Midgard. Cuando falleció, me dejaron a cargo del Sumo Sacerdote Derbal, quien, a mis 5 años, intentó asesinarme -le explicó, y las cadenas del joven dejaron de estremecerse, permitiendo a los Dioses Guerreros y a Hilda acercarse-. Me arrebataron mi reino, se robaron a mis Dioses Guerreros Dorados, y usurparon mi nombre. En estos momentos, busco la forma de recuperar lo que me han arrebatado, y tomar mi legitimo puesto, como la Asynjur de la Esperanza y la Protectora de los Hombres -finalizó, y las cadenas que la rodeaban, la liberaron, colocándola tranquilamente en brazos de Hilda-. ¿Cuál es tu nombre? -preguntó Saori ya más tranquila.
-Shaka de Espiga, Dios Guerrero Dorado de Virgo… -retrajo sus cadenas Shaka, hasta que estas desaparecieron, incluso desprendiéndose de su Ropaje Sagrado-. Fiel servidor de Saori, hija de Wotan, y reencarnación de la Asynjur Hlin en Midgard… -abrió sus ojos, sin que su cosmos estallara, y la miró fijamente-. Un placer conocerla… aunque me temo que no tengo energías suficientes para hacer una reverencia, ni para conocer a sus acompañantes. He de disculparme… pero… Fafner y sus torturas… me han dejado al borde de la muerte -le enseñó su mano Shaka, y esta estaba repleta de sangre, que continuaba cayendo por los contornos de su Ropaje Sagrado-. Le juro recuperarme… y luchar a su lado… solo le pido… que me permita descansar… -le pidió con tristeza.
-Descansa… -agregó Saori mientras le tomaba de la mano-. Descansa y recupérate… yo voy a cuidar de ti… -finalizó Saori, y en ese momento, Shaka perdió el conocimiento-. ¡Hay que llevarlo a un lugar seguro! ¡Tenemos que conseguirle atención médica inmediatamente! -les pidió Saori, y en ese momento, toda la cueva se estremeció.
-¿Con los Guerreros Vikingos dándose de golpes con los Dioses Guerreros Dorados? Salir de aquí será un milagro -se quejó Fenril. Mientras la cueva continuaba estremeciéndose-. Lamento ser yo quien te diga esto, Saori, pero si llevamos a este sujeto fuera de estas cuevas, se complicará aún más el viaje a Brávellir -le comentó Fenril.
-No importa lo que hagamos, al parecer siempre tendremos a Brávellir acechándonos -espetó Siegfried con molestia, mientras miraba al Dios Guerrero Dorado inconsciente-. Fenril tiene razón, mi señorita, no podemos llevarlo. Con estas heridas, él simplemente morirá en pocos días -le aseguró con tristeza.
-Puede que haya una forma -interrumpió Alberich, y todos voltearon a verlo-. Ah, ahora sí soy importante. Me deleita el tener su atención, aunque muy seguramente, lo que voy a decirles no va a ser de su agrado -aseguró.
-Solo dinos lo que debe hacerse, Alberich. Por favor, la vida de Shaka peligra -insistió Saori, y Alberich miró entonces a Mime, y al hacerlo, Saori tuvo un mal presentimiento-. De verdad no va a gustarme lo que vas a decir -entristeció.
-Hay que darle a los Guerreros Vikingos lo que quieren, pero antes de que te me pongas violento, Mime, es mejor que escuches detenidamente -aclaró Alberich, y Mime le prestó toda su atención.
Río Hríd. Los Fiordos de Brávellir.
Harald estaba agotado, y el aspecto del resto de los Guerreros Vikingos no era muy diferente. Los Dioses Guerreros Dorados aparentemente eran muy superiores a los Defensores de Midgard. Y debían serlo, eran los elegidos para proteger a los 9 Mundos después de todo, aunque no era como que el reducido grupo estuviese convencido de que ese era su deseo.
Los Guerreros Vikingos por otra parte, estaban sumamente convencidos de su poder, y pese a haber sido superados, hacían arder sus cosmos con fuerza, y este cada vez era más alto, lo que terminó por molestar a Milo.
-Estos sujetos… me están poniendo muy difícil el salvarles la vida -preparó su cosmos Milo-. ¡Es suficiente! ¡Esta es su última advertencia! ¡Los superamos en cosmos! ¡Desistan, o el próximo ataque será fatal! -le insistió, con Mu, Aldebarán y Aioria fundiendo sus cosmos junto al suyo.
-Brávellir no va a caer… ni bajo su puño, ni bajo el de nadie… -le respondió Harald, y su cosmos se incineró, siendo respaldado por el cosmos de sus compañeros-. Aún no nos han vencido… separados, somos fuertes… juntos somos invencibles… -el cosmos de los 4 Guerreros Vikingos creció más y más, se mostraba inclusive capaz de desafiar el cosmos dorado, Milo se colocó a la defensiva, el resto hizo lo propio, mientras las aguas del fiordo comenzaban a estremecerse, los fuertes vientos se hicieron presentes, la tierra comenzó a temblar, e inclusive explosiones de magma comenzaron a estallar detrás de los Guerreros Vikingos.
-¡Esto debió ser a lo que se refería Mime cuando decía que unidos los Guerreros Vikingos eran invencibles! -enunció Mu en preocupación- ¡Sus cosmos se alimentan unos a otros! ¡La tempestad de los elementos es prueba de ello! ¡Cada uno domina un elemento, y unidos están desatando una calamidad! -les explicó.
-No quería usar todas mis fuerzas contra los Defensores de Midgard, pero tal parece que no tenemos otra alternativa -se preparó Aioria, resistiendo la catástrofe que ya comenzaba a extenderse-. ¡Sentirán la fuerza de mis colmillos! -agregó.
-No importa que tan fuerte me golpeen, yo aquí seguiré -se cruzó de brazos Aldebarán, dispuesto a recibir de lleno el poder de los 4 Guerreros Vikingos de ser necesario-. ¡Yeaaaaarght! -incineró su cosmos Aldebarán, haciendo retumbar la tierra, Mu, Aioria y Milo le siguieron, un encuentro digno de ser presenciado por los dioses estaba más que cerca de desatarse, cuando un grito desesperado los interrumpió.
-¡Deténganse! ¡Nos rendimos! -gritó Saori, y los 8 combatientes la voltearon a ver- Dioses Guerreros de Yggdrasil, desistan, uno de los nuestros peligra -apuntó Saori a Shaka, en brazos de Tholl-. Guerreros Vikingos, en verdad que todo esto no es más que un malentendido. No somos sus enemigos, deseamos audiencia con el Jarl Svend Ulfson, y como muestra de buena fe, les entregamos a Mime el Bardo, quien voluntariamente ha aceptado someterse a su juico -les explicó, y Mime, desarmado, se entregó.
-¿Cómo sabemos que no es una trampa, y que cuando bajemos la guardia no intentarán emboscaros? -preguntó Harald, mirando a Saori fijamente, pero negándose a apagar su cosmos.
-Si no nos creen y no obtenemos pasaje seguro a Brávellir, uno de los míos va a morir… -volvió a presentar Saori, y Harald lo pensó detenidamente-. Tienen que creer a nuestra palabra. Si no quieren verme como la reencarnación de la Asyjur Hlin, entonces véanme como la legítima heredera al trono de Hlingard. Los aquí presentes juraron lealtad en mi nombre bajo juramento a Var, y en estos momentos yo ofrezco el mío, de que he de someter a mis hombres, a la ley de Brávellir, y al juicio de Svend Ulfson su legítimo Jarl -finalizó Saori, mientras Harald la observaba fijamente, y tras unos instantes, su cosmos de apagó.
-Veamos qué tan leales son a su princesa, Dioses Guerreros Dorados -sentenció, por lo que Milo, aunque deseoso de continuar con el combate, apagó su cosmos, seguido del resto de los Dioses Guerreros Dorados-. Supongo que realmente es su compañero en armas. Bien, aceptamos su rendición. Mime el Bardo, solo por cortesía, se te será otorgado un juicio… pero créeme que el veredicto está más que decidido -terminó de decir Harald, y Mime miró a Alberich de reojo.
-Vas a tener que aprender a confiar en mí si quieres vivir -le espetó Alberich-. Todos estos sujetos, son unos descerebrados que piensan con los puños. Yo por otra parte, soy más astuto, y la astucia, es lo que mueve realmente al mundo -terminó de decir, y Mime no tuvo más que asentir y confiar.
Hlingard. Santuario de Hlingard.
-La fuerza bruta no es lo que mueve al mundo, Bud, es la astucia -le explicaba Derbal al Dios Guerrero de Trjegul, quien ahora confiaba plenamente en el ideal de Derbal, de ver el mundo libre de la influencia de los dioses-. Poseo la fuerza bruta por supuesto, pero ella sola no me ayudará a hacerle frente a los dioses. Se requiere de mucho, mucho más, en especial cuando en el bando de los dioses, hay muchos de astucia infinita, como lo es Odín, y como lo es Loki. ¿Sabes por qué Odín quien todo lo sabe, no me detiene, Bud? -le preguntó.
-No voy a mentirle, la duda ha pasado por mi mente en varias ocasiones -fue la respuesta de Bud-. Solo se me ocurre que, u Odín no existe, o no lo ve como una amenaza -le espetó con cierta desconfianza-. En todo caso, si Odín todo lo sabe, debería prever que usted planea destronar a los dioses -aseguró.
-Odín es real, demasiado real -aseguró Derbal, mientras continuaba caminando por el palacio de Hlingard, y en dirección a las mazmorras-. Pero el que tengas el conocimiento infinito, no significa que estés facultado para evitar lo inevitable. Bajo mi control hay fuerzas que solo Odín comprende, y que incluso Odín teme. Todas estas fuerzas, me hacen capaz de desafiar a los dioses. Básicamente, lo que intento decirte es que soy el humano que, por su propio despertar, encontró la forma de asemejarse lo más posible a los dioses. Odín no puede detenerme, no hay dios que pueda detenerme. Es por esto, que estoy convencido de que los humanos tenemos el poder de derrocar a los dioses -le aseguró.
-Eso es algo que me gustaría ver -le respondió Bud-. Pero le seré sincero, su alteza, en estos momentos solamente lo sigo por la posición de poder. No me creo de forma alguna que sea capaz de derrotar a los dioses -aseguró.
-Puedo derrotar a cualquier Dios Guerrero, y eso no tengo que probártelo, lo sabes -le aseguró, mirado a Bud directamente-. Pero si esto no te convence, todo plan debe tener sus debidas precauciones. ¿Ves esto? -le preguntó, mostrándole un veneno a Bud, quien asintió ante sus palabras- Es un veneno capaz de manipular cualquier mente, sin importar cuan fuerte sea. En sus inicios planeaba utilizar este veneno para forzar a Lyfia a la obediencia incondicional. Fafner dijo que es increíblemente difícil de replicar, así que, muy probablemente esté frente a la única botella del veneno que existe. Pero no voy a usarlo en Lyfia, puede que sea lo más obvio que debería hacer, pero no me convertí en Sumo Sacerdote, ni obtuve el poder que poseo, haciendo lo obvio. No, Bud, este frasco tiene un propósito más… especial… -aseguró, abriendo una puerta que daba a las mazmorras, e invitando a un desconfiado Bud a pasar, y tras hacerlo, Bud descubrió a un hombre encadenado en la mazmorra-. 5 años de tortura… y no ha sido doblegado. 5 años de venenos, y a todos los ha vencido. Pero esta vez, no podrá negarse a mí. Prefiero arriesgarme a que Lyfia despierte en medio de una reunión con el pueblo, o con su queridísimo amigo de la infancia con quien tendrá una calurosa reunión en breve, que perder la oportunidad de tener en mi ejército, al soldado perfecto. ¡El Dios Guerrero Dorado más poderoso de todos! ¡Aioros de Kaus Australis quien porta a Sagitario! -anunció Derbal, mientras un débil y malherido Aioros lo miraba con odio-. A partir de hoy… tu lealtad… es mía… -se acercó Derbal, y su risa malévola, se extendió por las mazmorras.
Glosario:
1 – ARTEFACTOS:
Dromaleding: Nombre con que se conocen a las cadenas creadas por los Aesir con las cuales intentaron encadenar al lobo gigante Fenril. Pese a ser creadas por los dioses, no resultaron ser lo suficientemente fuertes para mantener preso a Fenril.
Gleipnir: Las cadenas creadas por los Enanos. Fueron las únicas cadenas capaces de mantener apresado al lobo gigante Fenril. Los materiales que se usaron para construirla fueron el sonido de las pisadas de un gato, la barba de una mujer, las raíces de una montaña, los tendones de un oso, el soplo de unos peces, y la saliva de un pájaro.
2 – CRIATURAS:
Bygul: Uno de los dos gatos gigantes que tiraban del carro de Freija, algunas versiones dicen que era un Skogkatt (gato de los bosques noruego), otras que se trataba de un lince boreal.
Dáinn: Un enano con la capacidad de transformarse en un ciervo junto a otros 3 enanos que comparten esta habilidad. Se creía que los 4 ciervos y su capacidad de moverse entre los mundos simbolizaban a la rosa de los vientos. Dáinn destaca de entre los otros 3 enanos en que, junto a otro enano llamado Nabbi, fue el constructor del jabalí Hildisíni que tiraba del carro de Freyja. También se le atribuye el enseñar a los elfos el cómo usar las runas.
Draugrs: Seres no vivos que mantienen sus almas dentro de sus cuerpos putrefactos. Normalmente habitan en Hel o en Niflheim, pero en algunas ocasiones se han descubierto deambulado sus tumbas, buscando volver a sentirse vivos. Un Draugr no es siempre un cadáver con el alma de su antiguo ser, en ocasiones, cuando sus almas fueron virtuosas y fueron al Asgard, solo se trata de sus cuerpos reanimados por nigromantes.
Duneyrr: Un enano con la capacidad de transformarse en un ciervo junto a otros 3 enanos que comparten esta habilidad. Se creía que los 4 ciervos y su capacidad de moverse entre los mundos simbolizaban a la rosa de los vientos.
Duraþrór: Un enano con la capacidad de transformarse en un ciervo junto a otros 3 enanos que comparten esta habilidad. Se creía que los 4 ciervos y su capacidad de moverse entre los mundos simbolizaban a la rosa de los vientos.
Dvalinn: Un enano con la capacidad de transformarse en un ciervo junto a otros 3 enanos que comparten esta habilidad. Se creía que los 4 ciervos y su capacidad de moverse entre los mundos simbolizaban a la rosa de los vientos. También se le atribuye el enseñar a los enanos el cómo usar las runas, ser el creador de la poesía, construir junto al enano Durin la espada maldita Tyrfing, y construir junto a los enanos Alfrigg, Berling y Grer el collar Brisingamen, con el que pretendían que la diosa se acostara con ellos, acto que no sucedió.
Trjegul: Uno de los dos gatos gigantes que tiraban del carro de Freija, algunas versiones dicen que era un Skogkatt (gato de los bosques noruego), otras que se trataba de un lince boreal.
3 - DEFINICIONES:
Raidha: Una de las 25 runas que se utilizaban para la adivinación y que es controlada por el dios Odín. Su poder especial es el de guiar a los viajeros por el camino correcto y darles suerte.
4 - LUGARES:
Hríd: Uno de los 11 ríos que parten del Niflheim y rodea a los 9 mundos.
5 - PERSONAS:
Canuto: Uno de los 20 hijos de Jarl Ulfson, quien era conocido como el último de los reyes vikingos.
Erico: Uno de los 20 hijos de Jarl Ulfson, quien era conocido como el último de los reyes vikingos.
Harald: Uno de los 20 hijos de Jarl Ulfson, quien era conocido como el último de los reyes vikingos.
Olaf: Uno de los 20 hijos de Jarl Ulfson, quien era conocido como el último de los reyes vikingos.
