Tiene casi 4 meses que no actualizo esta historia, lo lamento, me he estado concentrando en otras historias, específicamente hablando de Pokémon, pero actualmente cuento con un poco más de tiempo libre, que me ha facilitado poder actualizar historias que tenía en el abandono. Reitero mi compromiso de continuar con otra historia, agradezco el apoyo que me han brindado hasta ahora, y espero aún quieran continuar leyéndola.

dianasoll: Sé que estás poniendo de tu parte para salvar esta historia, jajaja, siento no haber puesto de mi parte también, este año me casaré, y he estado muy ocupado, pero por fin he encontrado algo de tiempo libre, espero aún continúes leyendo esta historia. Sé que muchos no conectaron con Soul of Gold, pero solo de allí puedo extraer personajes, espero poder, de poco en poco, lograr que conecten con los personajes. En este capítulo te va un poco de Milo para que te emociones.

TsukihimePrincess: ¿Qué te puedo decir de Aioros? Sabes muy bien que no le voy a dar un mal papel, aunque me temo que no puedo complacerte en estos momentos, solo te puedo prometer reivindicarme próximamente, jajaja (risa nerviosa). En esta historia, no estoy seguro si pondré a Milo y a Aioria tan cercanos, sobre Derbal, estoy empeñado en hacer de él un villano ejemplar, y pues Lyfia, ella tiene salud… creo.

reyna lisset: Yo me tardé varios meses en actualizar, lo siento mucho, desearía tener el tiempo que tienen los jóvenes, pero no es así. Espero que todavía ssigas por aquí para leer esta historia. Shaka apareció ante Saori, pero aún no puedo utilizarlo, ha sufrido mucho y necesita recuperarse. Es muy pronto para decir sobre Milo y Camus, solo te diré que lo estoy considerando. El juicio de Mime también tendrá que esperar, de pronto es prisionero, pero veremos de poco en poco como se desenvuelve la historia. Que nervios que me quieras agarrar a estrangulamientos y yo que apenas me aparezco después de tanto tiempo, lo siento. Espero aún te quede tiempo, y ganas de leer.

EDITADO: 13/09/2022.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Midgard.

Capítulo 5: La Amenaza Gigante.


Fryslán. Pantano de Fýrisvellir. 17 de Septiembre de 4E 05.

El Pantano de Fýrisvellir, es uno de los pantanos más peligrosos de todo Midgard, un pantano sumido en una bruma grisácea, una niebla pestilente, que muchos consideran embrujada, y que solo los locos o suicidas se atreverían a surcar.

Más es sobre este pantano, por donde navega un hombre inusual, que ha sido el sinónimo de pesadillas para quienes han tenido la desdicha de cruzarse en su camino. Un hombre que, en una sed de muerte inquietante, se dice arranca los rostros de quienes le hacen frente, colgándolos entre las ramas de los árboles a ser picoteados por los cuervos.

Por esta razón, al ser inquietante se la ha dejado navegar en paz, en una búsqueda eterna por un camino a la muerte misma, surcando silenciosa, solitaria, e ininterrumpidamente, o al menos así lo prefiere él, ya que, en reiteradas ocasiones, su silencioso peregrinar ha sido interrumpido por ellos quienes desean lo que él posee.

-Deberías hacer caso a las leyendas, hombre de Hlingard… el camino de rostros putrefactos no es de adorno -susurraba el hombre, envuelto en una capucha grisácea, mientras interrumpía su remar, y miraba desde el interior de la misma, a otro hombre oculto entre los árboles, quien lo observaba, silenciosa, y cuidadosamente, revestido en un Ropaje Sagrado de color morado-. Es tu última advertencia -prosiguió el hombre, esperando, dejando que su embarcación surcara por sí misma, guiada por el gentil río.

-Gjöll -susurró el hombre, y su voz quebradiza y oscura, resonó por los alrededores del río, haciendo eco por entre los árboles, que comenzaron a estremecerse con la mención del nombre que habían escuchado, como si pudiesen arrancar sus propias raíces, y moverse lejos del río por el cual surcaban-. ¿Por qué deseas… llegar al Niflheim…? -continuaba hablando el hombre, moviéndose entre los árboles- Niflheim es, el fin de todo lo que se es… tierra de muertos… hogar de la desesperanza… no debes, jamás, ir allí… -proseguía él Dios Guerrero.

-Apestas a muerte… -habló el hombre de la capucha, mirando al Dios Guerrero, que se acercaba cada vez más-. Mis intereses en el Niflheim no te conciernen. Aunque has decidido no atender a mi advertencia. ¿Eres otro de los enviados de Saga? Es la primera vez que se digna a enviar a un Dios Guerrero a por mí. Singularmente, a uno que apesta a muerte -dedujo el hombre en la barca.

-Conozco… la… muerte… -susurraba el Dios Guerrero, quien proseguía moviéndose entre los árboles, aunque ya no se ocultaba del barquero, y saltaba entre las ramas, acercándose más y más a él-. ¿Por qué… deseas… conocerla…? -prosiguió, lanzándose a la barca, y el barquero, pese al violento movimiento de la misma, no se movió en absoluto- Máscara Mortal… -susurró nuevamente el hombre, y su voz resonó por todo el pantano-. Los muertos susurran tu nombre… Máscara Mortal… -continuaba el Dios Guerrero, y el barquero, de poco en poco, comenzó a acercar su mano a una caja a sus espaldas-. ¡Jarnvird! -exclamó con fuerza el Dios Guerrero, por lo que el barquero desistió en tocar la caja, y se maravilló por lo que aconteció frente a él.

Un inmenso bosque de árboles de hierro, cuyas hojas eran de plata, comenzó a reemplazar el desolado y pantanoso lugar. Los alrededores de la barca, comenzaron a verse astillados no solo por las hojas de plata que caían de los árboles sobre sus cabezas, sino por objetos afilados que comenzaban a salir por entre las aguas que surcaban, objetos similares a cuchillos, que la barca empujaba, y se astillaba al pasar, mientras la temperatura bajaba más y más, y la neblina, se tornaba verdosa, y venenosa.

-El bosque de Jarnvird, el bosque de hierro que es la frontera entre Midgard, Jotunheim y Niflheim… lo he encontrado, después de tanto tiempo lo he encontrado… -miró entonces el hombre a las aguas, repletas de cuchillos que navegaban junto a trozos de hielo por debajo de la barca-. Por fin lograré burlarme de la muerte… esta jamás me alcanzará -se alegró el hombre.

-Hay… otra… forma… -le habló el Dios Guerrero, llamando la atención del hombre de la barca-. Gjöll… lleva a Niflheim… y lleva a Helheim… o podría, llevar a Jotunheim… -explicó nuevamente el Dios Guerrero-. La vida… no existe en Nifelheim, o Helheim… la muerte… está en Jotunheim… no existe… vida eterna… en esas tierras -finalizó el Dios Guerrero.

-Eso no te incumbe, parásito -lo señaló el hombre de la barca, apuntándolo con su dedo, en el cual comenzaban a reunirse energías fantasmagóricas, que hacían estremecer las aguas del río Gjöll-. Yo decido sobre mi vida, y mi vida, será eterna -sentenció.

-No por este camino… -le aseguró el Dios Guerrero, y miró en dirección a la caja detrás del barquero-. Einherjer… es el camino… -apuntó a la caja, y el barquero, se decidió a escucharlo-. Vida eterna… solo a los Einherjer… Ropaje Sagrado… solo a destinados a convertirse en Einherjer… adelante… solo penas y muerte… aquí… vida eterna… -le explicó.

-¿Qué puede saber un Dios Guerrero de pacotilla sobre la vida eterna y los Einherjer? -preguntó el barquero, a lo que el Dios Guerrero respondió acercando su mano a su máscara, y quitándosela cuidadosamente, permitiendo al hombre de la barca el ver lo que ocultaba al llevarla puesta- Imposible… -se impresionó el barquero, mientras el Dios Guerrero volvía a colocarse la máscara-. Tienes mi atención ahora, Dios Guerrero, ¿puedes convertirme en lo que eres? -preguntó el barquero.

-Con tiempo… -aseguró el Dios Guerrero-. Y lealtad… solo entonces… el secreto de la vida eterna… lo compartiré -le aseguró, mientras el hombre de la barca se frotaba la barbilla-. Pelea, por Midgard… pelea, por Odín… la recompensa… superará a la promesa de la Diosa de la Muerte… -señaló, mientras frente a ellos, se alzaba una caverna inmensa, con la forma de un cráneo humano con la boca abierta, que pretendía tragarse a la pequeña embarcación-. Decide… -finalizó el hombre.

-He buscado esta entrada… por tantos años… -prosiguió el hombre de la barca, mientras la misma aceleraba el ritmo, siendo aparentemente succionada por la cueva con forma de cráneo-. Estoy… tan cerca de la vida eterna… -cerró sus manos en puños el barquero, mientras el Dios Guerrero, en pánico, abandonaba la barca-. ¡Cáncer! -llamó el hombre, y la caja a sus espaldas estalló, vistiéndolo en un Ropaje Sagrado Dorado, que le dio la fuerza de saltar de la barca, y aterrizar sin daño alguno a orillas del río, mientras la barca era tragada por el cráneo, que cerró las fauces, elevó la niebla a su alrededor, y cuando esta se disipó, ni el rio, ni el cráneo, ni los árboles de hierro se encontraban presentes. Estaban de vuelta en el pantano-. Maldición… -se quejó el hombre, virando a ver al Dios Guerrero-. Ni con todo mi poder, puedo permanecer en el Niflheim a voluntad por más de unos minutos. Más te vale que el secreto de la vida eterna que posees, me lo compartas -sentenció, y el Dios Guerrero reverenció en su dirección-. ¿Cuál es el nombre con el que he de dirigirme a ti, sabandija? Al parecer seremos socios, no puedo ir por allí sin saber tu nombre -aseguró.

-Dios Guerrero de Canum Épsilon… Útgardo de Garm -se presentó-. Guardián de Midgard… -terminó de decir, y con un movimiento de su mano, le pidió que lo siguiera, y el hombre de Ropaje Sagrado Dorado, refunfuñó.

-Ni siquiera preguntó por mi nombre -se molestó el hombre-. Pero se lo diré de todos modos. Oye, sabandija -lo llamó el Dios Guerrero Dorado-. Aprende mi nombre también, Dios Guerrero de Altarf, Máscara Mortal de Cáncer -finalizó, mientras el viento, llevaba sus nombres con terror.

Fjördland. Río Hríd. Los Fiordos de Brávellir.

-¡Lordag! -resonó el grito de un regordete guerrero de Brávellir, despertando a Saori, quien hasta esos momentos dormía sobre uno de los 4 Drakkar que se dirigían a Brávellir, y sobre los cuales habían sido tomados como prisioneros, cuando de pronto vio al regordete guerrero quitarse toda la ropa, y correr desnudo por el Drakkar, hasta llegar a la orilla de la embarcación, saltar, y darse un chapuzón en el agua fría.

-¡Uwah! ¿Qué Draugrs está pasando? -se estremeció Saori, sumamente avergonzada, mientras el resto de sus acompañantes se levantaba, igualmente contrariado por la conmoción, y mientras más y más hombres se desnudaban por completo, y salían corriendo por la borda de los Drakkar hasta lanzarse al fiordo.

-¡Lordag! -gritaban todos mientras se lanzaban, apenando sobremanera a Saori y a Hilda, hasta que Milo tuvo la cortesía de taparle los ojos a Saori, mientras el resto de los guerreros de Brávellir continuaba con sus saltos al agua.

-¡Aséense bien, hombres! ¡Ya fue suficiente de sus asquerosas pestes! -gritaba Harald, el Huskarl a cargo de uno de los 4 Drakkars que iban en dirección a Brávellir, quien daba las órdenes por todo el lugar- Los que no se estén bañando todavía, repartan las túnicas limpias, refrieguen la cubierta, y estense listos para su turno. Alguien traiga también túnicas para los prisioneros -continuó ordenando.

-¿No cree que ya traumó suficiente a nuestra señorita, Huskarl Harald? Pedirle a ella que se una al Lordag es un poco… -intentó defender Alberich, pero el Huskarl de todas formas les entregó túnicas limpias-. A sus órdenes… Huskarl Harald… -agregó Alberich, y comenzó a desvestirse, lo que escandalizó a Hilda, aunque Alberich solo se había quitado la parte superior de la túnica-. Es el capitán, sería una falta de respeto no obedecerle. Y es eso, o arriesgarnos a que el Godi de la embarcación nos sacrifique -le recordó.

-¿Alguien quiere por favor decirme el por qué todos se están desnudando? -exclamó Saori con vergüenza, y para sorpresa de Alberich, Hilda lo miró con la misma preocupación, mientras Siegfried se quitaba la parte superior de la túnica, y comenzaba a desatarse el pantalón, cuando Aldebarán, respetuosamente, se colocó en el camino evitando que Hilda continuara admirando a Siegfried mientras saltaba al agua.

-Claro, olvidaba que los de la realeza no se preocupan por estas pequeñeces al poder asearse siempre que quieren -se burló Alberich, mientras Tholl y Fenril saltaban también al agua, aunque de espaldas a Hilda para evitar incomodarla, mientras Hagen sacaba algunos peines de una bolsa entre sus pocos víveres, y Mime tan solo esperaba en aburrimiento con sus manos atadas por grilletes-. Los guerreros en los Drakkar, suelen dejar sus ciudades por lapsos prolongados de tiempo, haciendo la guerra, o saqueando otras tierras. La combinación de sangre, hierro, y los olores corporales, suele ser muy insoportable, además de la amenaza constante de guerra, que impide que las tripulaciones puedan, de forma segura, asearse correctamente. Es por ello, que los dioses asignaron un día en específico para dedicarse al aseo personal, y atacar a otras embarcaciones durante este día, es considerado un pecado imperdonable, a esto se le llama el Lordag, y se celebra todos los Vatdagr -les explicó Alberich, quien comenzó a quitarse el pantalón, por lo que Aioria le tapó los ojos a Hilda-. En todo caso, es una obligación para los que vamos sobre los Drakkar el bañarnos, y es una falta de respeto no hacerlo, así que, todos debemos de bañarnos, o arriesgarnos a insultar a los dioses, y cuando se insulta a los dioses, los Godis sacrifican a los prisioneros para apaciguarlos, adivinen qué somos. ¡Lordag! -saltó Alberich, seguido de Hagen, y cuando no hubo más hombres desnudos abordo, Aioria y Milo dejaron de tapar los ojos de Hilda y de Saori.

-¡Espera! ¡Alberich! -se apenó Saori, intentando ver por la borda y buscar a Alberich, pero Mu y Aldebarán se lo impidieron al posarse frente a ella- ¿Eso significa que… tengo que bañarme yo también o estaré irrespetando a los dioses? ¿No podemos esperar a llegar a Brávellir y bañarnos allí? -se preguntó Saori, contrariada.

-Es la tradición -interrumpió Harald, entregando a Saori una túnica limpia y una cubeta con utensilios para su aseo-. Cada uno de los días es dedicado a un dios. Soldagr es dedicado a la diosa Sól, Manídagr es dedicado al dios Maní, Tyrdagr al dios Tyr, Wodendagr a nuestro padre Odín, Thordagr al poderoso Thor, Freyadagr a la bella Freyja, y solo Vatdagr se dedica a los humanos para que nos bañemos, así que, por respeto al día que nuestros dioses han dedicado a nosotros y a nuestra limpieza, todos en el Drakkar se van a bañar -apuntó Harald con autoridad-. Además de que alguien deberá asear al Dios Guerrero Dorado que descansa en mis aposentos. He sido condescendiente, se le ha brindado atención médica, y se ha prestado mi camarote para su atención. ¿Quién lavará al inválido? -preguntó.

-Huskarl Harald, si me permite -interrumpió alguien las ordenes de Harald, un joven de cabellera rojiza oscura bastante abundante, quien aparentaba al menos unos 17 años de edad, de piel lechosa suave, y ojos de un violeta intenso. Llevaba un mechón de cabello dentro de un tubo de oro, lo que denotaba una posición social alta, aunque la túnica sucia que llevaba puesta, no reflejara el mismo estatus social-. Como médico de Brávellir, me encargaré yo mismo de limpiar y vendar nuevamente los vendajes del joven Shaka. Sus heridas eran muy graves, requirieron de cuidados muy especiales, el riesgo de infección es alto. No debe preocuparse, yo me encargaré de darle los cuidados pertinentes -aseguró el joven.

-Andreas, no deberías ser tan condescendiente -se molestó Harald, mirando a los prisioneros que quedaban en su embarcación-. Sea o no sea verdad lo que dicen sobre su identidad, así como el que no pertenezcan a la orden de Jarl Derbal, son prisioneros hasta que se demuestre su inocencia. Y mientras sean prisioneros, deberán atender a mis órdenes si quieren alimento, cuidados, y medicina -le recordó.

-Hemos remado junto con sus hombres -le interrumpió Milo, mirando a Harald directamente-. Hemos pescado y cazado con ustedes, limpiado los pisos, y curado la carne. Así ha sido por una semana, sin exigencias, ni quejas algunas, pese a que tiene a uno de los nuestros encadenado, y lo único que pedimos a cambio es que se tenga consideración a con las mujeres que nos acompañan -insistió Milo.

-¿Y arriesgarme a que se escapen a la primera oportunidad? No me hagas reír, Dios Guerrero -le respondió el Guerrero Vikingo, desafiante en todo momento-. Suficiente cortesía he tenido con ustedes al mantenerlos con vida, alimentarlos, y proporcionarles transporte. No merecen más, ahora al agua -insistió Harald, por lo que los ánimos entre él y Milo comenzaron a encenderse aún más. Afortunadamente, Andreas intervino.

-En las cercanías hay un estanque en el cual las señoritas podrían tener la privacidad necesaria, Huskarl Harald -lo interrumpió Andreas-. Seguramente, si enviamos a las jóvenes con un guardaespaldas, podrían asearse en privacidad -aseguró.

-No destinaré recursos a semejante labor -fue la respuesta de Harald, pero se tranquilizó rápidamente-. Puede ir la dichosa Asynjur, acompañado de solo un Dios Guerrero, no me importa quién. Pero si no regresan antes del atardecer, daré a la sacerdotisa en sacrificio para honrar a los dioses -sentenció Harald, apuntando su hacha a Hilda.

-¡La cortesía de Brávellir está resultando ser muy violenta! -se quejó Hilda, pero Harald se decidió a ignorarla, y a continuar dando sus órdenes por los alrededores del navío- En otras condiciones, definitivamente me hubiera hecho respetar -sentenció Hilda.

-Pero no son las condiciones propicias para una sacerdotisa cuyo pueblo no la respalda -dedujo Mime, adivinando que Hilda era más que una simple criada de Saori-. Es natural que quienes vivieron rodeados de lujos, salgan y vean la realidad de la vida del proletariado, y sientan que están siendo abusados. Me temo que ya no están más en un palacio, esta es la realidad de los pueblos guerreros, y habrá que cumplirse -insistió Mime.

-Eso lo entiendo, pero podrían ser más corteses con unas chicas como nosotras -se molestó Hilda, quien entonces viró en dirección a Saori-. No puede hacerse nada al respecto, será mejor que elijas a un acompañante y vayas a lavarte -le pidió Hilda.

-¿Sola con un acompañante? -exclamó Saori apenada, y mirando por la borda con cuidado en búsqueda de Fenril, a quien no encontraba, más por no querer mirar a alguien desnudo que porque fuera difícil de encontrar. Fue entonces que Saori recordó una historia de su infancia, y con algo de rubor en su rostro, enunció el nombre de quien la acompañaría- Milo… -agregó, sobresaltando al Dios Guerrero Dorado.

Hlingard. Santuario de Hlingard.

-Te expido amablemente una disculpa por la tardía reunión, Frodi -exclamaba el Sumo Sacerdote Derbal, a su llegada al banquete que había sido preparado para la ocasión, y con Lyfia tomado gentilmente su mano para permitirse guiar por Derbal a bajar las escaleras, y así sentarse en el trono que le correspondía, frente a la mesa de banquetes-. Hemos tenido una semana, peculiarmente atareada. La atención de Lyfia estaba más encausada al reciente aprovisionamiento de tus tropas -le aseguró Derbal, sentándose, y permitiendo a uno de sus sirvientes el servirle una copa de vino.

-Le agradezco todas las atenciones, amo Derbal -reverenció Frodi, quien fue invitado entonces por uno de los sirvientes de Derbal, a sentarse frente al Sumo Sacerdote, con Lyfia a su derecha-. Me complace volver a verte, Lyfia -agregaba Frodi con cariño, esperando alguna reacción de quien fuera su amiga de la infancia, quien simplemente asintió y comenzó a comer.

-No considero la familiaridad necesaria, Frodi, hay protocolos que deben seguirse -habló Lyfia con frialdad, una que Frodi no se esperaba, y que, por ella, comenzó a comer-. Midgard no puede estar en paz con la amenaza de Brávellir vigente. Los 30 Guerreros Vikingo no han salido de sus territorios aún, pero tenemos razones para pensar que preparan un ataque a gran escala -aseguró Lyfia, continuando con su alimentación.

-Esperaba… que no tuviéramos que conversar de la guerra, mi señorita Lyfia… -agregó Frodi con cautela y descontento, mientras Lyfia continuaba comiendo, a ojos cerrados, sin prestarle mucha atención-. La guerra no debería ser impedimento para que la esperanza no reine en Midgard. Usted es la esperanza de Hlingard, y mucho me temo que su pueblo, y yo, necesitamos de su presencia, de su cariño, y de su amor -intentó continuar.

-¡El pueblo ha de conformarse con lo que yo decida que es lo mejor para terminar con esta absurda guerra! -azotó la mano contra la mesa Lyfia, sobresaltando a Frodi, antes de comenzar a frotarse la frente con dolor, y comenzar a sudar frío- Derbal… -intentó decir Lyfia, y Derbal, con un movimiento de su cabeza, llamó a Loki a que hiciera el favor de llevarse a Lyfia-. Lo lamento… me encuentro bajo mucha presión… no era mi intención… -intentó decir, y terminó arrebatándole su mano a Loki, virándose, y mirando a Derbal con desprecio, recuperando poco a poco la coloración natural de sus ojos, mientras Derbal simplemente sonreía, y apuntaba con su mirada a espaldas de Frodi.

Lyfia estaba recuperando la cordura, liberándose de su control mental, pero parte de ella obedecía aún a Derbal, razón por la que desvió la mirada a espaldas de Frodi, a las cortinas, donde un hombre vistiendo una túnica blanca, de cabellera verde menta, y con una daga dorada en manos, amenazaba con su mirada maligna con apuñalar a Frodi por la espalda, razón por la que Lyfia desistió.

-Me parece que no se encuentra muy bien, ama Hlin -se levantó Derbal, dirigiéndose a Lyfia, y acercándose para susurrarle-. Si no quieres que Frodi sufra las consecuencias, más te vale cooperar -le susurró, colocando entonces su mano sobre la frente de Lyfia, y su otra mano libre sobre su propia frente-. Arde en fiebre -prosiguió sin preocupación alguna-. Loki, has favor de llevarla a sus aposentos, enviaré al médico más tarde a verle. No sabes cómo me apena esto, Frodi, pero nuestra soberana, su salud, ha decaído -le aseguró, mientras Loki se llevaba a Lyfia, quien tan solo lloraba de impotencia.

-¿Ella está bien, amo Derbal? -se preocupó Frodi- Desde niños siempre tuvo una salud muy precaria, pero todo pareció resolverse cuando su provenir divino se hizo presente el día en que su mirada cambió y el heterocroma apareció en sus ojos. Desde entonces, jamás había escuchado el que Lyfia volviera a enfermar -se preocupó Frodi, culpándose de alguna forma.

-Lyfia es una Asynjur, Frodi -le explicaba Derbal, moviendo a su vez su mano para pedirle al hombre detrás de las cortinas, Bud, el volver a ocultarse, mientras Frodi continuaba distraído en su preocupación por Lyfia-. Los dioses no se enferman como se enferman los mortales, sino que decaen conforme sus dominios se van viendo afectados. Ese es el caso de Lyfia en estos momentos, su dominio es ser la Protectora de Hombres y diosa de la Esperanza. No hay paz en estos momentos Frodi, y la esperanza en el corazón de los pobladores ha decaído, y lo seguirá haciendo conforme más se extienda la guerra. Por ello la salud de Lyfia es cada vez más, deplorable -continuaba en su explicación Derbal, sentándose nuevamente en su lugar, y disfrutando de un trago de su copa de vino, mientras Frodi cerraba sus manos en puños, sintiéndose sobrecogido por la revelación-. Pero claro que no te estoy culpando, Frodi. Brávellir es la capital misma de la guerra. Sé qué haces todo lo que puedes -le aseguró.

-¡No lo suficiente! -enfureció Frodi, azotando sus manos sobre la mesa- Fui seleccionado como Dios Guerrero hace 5 años, pero no logré ir a la guerra hasta hace un año por mi corta edad -prosiguió Frodi en su desesperación-. En todo este tiempo, ¿intenta decirme que mientras la guerra frente a las murallas de Brávellir continuaba, la salud de Lyfia decaía? -le preguntó impaciente.

-Frodi, eres demasiado duro contigo mismo, las cosas no son así -intentó explicar Derbal, pero Frodi ya se había puesto de pie de todas formas, y se preparaba para retirarse-. Es crucial el que tú descanses también. De nada le sirves a Lyfia malherido y derrotado -intentaba mediar Derbal, aunque estando de espaldas Frodi, no pudo evitar el sonreír con malicia ante lo que estaba pasando.

-No puedo hacerlo, Alto Jarl… -bajó la cabeza Frodi, mientras Derbal hacía todo lo que podía por recuperar un rostro más neutral a la situación-. Marcharé nuevamente a Brávellir. ¡Y le traeré la cabeza del malnacido del Jarl Svend Ulfson clavada en una pica! -finalizó, abrió la puerta, y encontró a Saga allí, lo que solo sirvió para incinerar aún más la ira de Frodi- Vaya Dioses Guerreros inútiles que resultaron ser ustedes los Dorados -se fastidió Frodi, por lo que Saga lo miró con descontento-. Recluidos a los límites de la ciudad, mientras los hombres verdaderos mueren frente a las murallas de Brávellir. Me repugnan -finalizó.

-Retírate, Frodi… -agregó Saga en señal de molestia-. No olvides la jerarquía, ahora fuera de mi vista -finalizó Saga, y Frodi, aunque sumamente molesto, se retiró dispuesto a salir de Hlingard lo antes posible-. Aunque no puedo decir que no concuerdo con tus palabras… -se susurró a sí mismo Saga, entrando entonces en la habitación-. ¿Quería verme, Sumo Sacerdote? -preguntó Saga, arrodillándose frente a Derbal.

-Ah, Saga, me complace tu presencia aquí. ¿Gustas comer algo? -lo invitó Derbal, tomando una pieza de pollo de la mesa, y mordiéndola con fuerza- No prestes atención a las palabras de Frodi. Los Dioses Guerreros de la Osa Menor son, como decirlo, desechables -miró Derbal en dirección a las cortinas, donde Bud escuchaba atentamente-. Por supuesto que esto no significa que les deseo la muerte, simplemente significa que tengo un plan más magnifico para ellos quienes han demostrado su lealtad incondicional a mí. ¿Por qué limitarse con pequeñas batallas campales frente a Brávellir y los Guerreros Vikingos, cuando hay más guerras que vendrán, donde el poder de los Dioses Guerreros Dorados será necesario? -le explicaba Derbal, llevándose a la boca algo de lechón ahumando, y cuando terminó, pidió a sus criados levantar la mesa y llevarse la comida-. ¿Seguro que no quieres? -le preguntó.

-Le agradezco las atenciones, amo Derbal -agregó Saga, mirando de reojo a las cortinas, sospechando que alguien se encontraba allí, pero tras acercarse y abrirlas, no encontró a nadie, y viró entonces su atención a Derbal-. Tengo que admitirle, que me siento sumamente consternado. No hace mucho se nos dijo que los Dioses Guerreros que protegían a la Asyjur Hlin no pertenecen a la Osa Mayor, sino a la Osa Menor. Eso sumado a que no nos permite a los Dioses Guerreros Dorados participar en la guerra contra Brávellir… me han hecho dudar sobre la importancia de nuestro rango. ¿Por qué no nos permite invadir Brávellir a los Dioses Guerreros Dorados? -finalizó en su preocupación.

-Porque el lugar de los Dioses Guerreros Dorados, no es en el campo de batalla, Saga, es al lado de la Asynjur Hlin -le explicó Derbal, sentándose en su trono, lamiéndose todavía los dedos repletos de grasa, mientras Saga tomaba su lugar frente al trono, y se arrodillaba en señal de respeto, con las flamas azules de la habitación del trono, hipnóticas, frente a él-. Se avecina una gran guerra, Saga, mucho más grande que la guerra entre Brávellir y Hlingard. Te estoy hablando de una guerra que no será entre humanos como la guerra actual, sino una guerra contra los Jotnar -le explicó, lo que sobresaltó a Saga, quien comenzó a comprenderlo todo-. Como Sumo Sacerdote que soy, conozco los secretos de las estrellas y las constelaciones. Aquella guerra que resultó en la destrucción de la Constelación de Odín durante la era del mito, está cerca de volver a asechar estas tierras. ¿Crees que sabiendo esto, debería concentrar todos mis esfuerzos en acabar con una guerra humana, contra un reino de humanos, a riesgo de perder a uno de los Defensores de Yggdrasil contra un puñado de Guerreros Vikingos? -le preguntó, mientras Saga pensaba sobre sus palabras.

-Pero una guerra contra los Jotnar… mi señor Derbal, si una guerra de tales proporciones se avecina, ¿no deberíamos estar uniendo a los reinos humanos frente a un enemigo en común? -agregó Saga con preocupación.

-¿No crees que eso es lo que yo preferiría? No es mi culpa el que Brávellir haya decidido hacernos la guerra -le espetó Derbal, aunque Saga sabía más sobre aquel suceso de lo que otros, y sabía que la realidad era otra-. ¿Me cuestionas, Saga? -comenzó a elevar su cosmos Derbal, tan alto, que Saga sentía la presión constante del mismo, y fue forzado a arrodillarse nuevamente- No olvides que lo que hice, fue por asegurar la permanencia de la verdadera Hlin en el trono de Midgard, Saori era un peligro a esta misión, sin mencionar que debía morir -le recordó.

-Comprendo perfectamente mi falta, y las razones que conllevaron a la coronación de la verdadera Asynjur, Sumo Sacerdote… -recalcó Saga, liberándose por sí mismo del cosmos aplastante de Derbal, lo que sorprendió al Sumo Sacerdote-. Estamos del mismo lado. Amamos a la misma diosa… -le aseguró, respirando pesadamente por el esfuerzo-. Es por eso que le pido que ya no me oculte estas cosas. Si vamos a defender los mismos intereses, necesito saber más detalles de sus actividades. No soy su enemigo, tengo el interés de Hlingard, y de la Asynjur Hlin, por encima de cualquier cosa -le aseguró, por lo que Derbal meditó al respecto.

-Está bien, Saga -sonrió Derbal, por lo que Saga logró bajar su guardia-. Aunque, como Sumo Sacerdote, no debería tolerar semejante atrevimiento, admito que las decisiones de mi reinado te han incomodado bastante. Los Ropajes de la Osa Mayor, han sido afectados por la Constelación de Draconis, razón por la que decidí no despertarlos, pero si alguien además de mí los ha liberado, esa solamente puede ser Hilda, la Sacerdotisa de Odín, quien, como bien sabemos, sobrevivió, junto a la falsa Asynjur Hlin, y busca regresar a Saori al trono de Hlingard -aquella era la realidad que Saga conocía, pero debía saber más si deseaba confiar en Derbal, y poder continuar con su deber de proteger a la verdadera Asynjur, Lyfia-. La realidad sobre los Ropajes Sagrados de la Osa Mayor es que, al estar corrompidos por los Jotnar, son herramientas de la Diosa Jotunn Angrboda para hacer la guerra contra Hlin. Saori es entonces, la reencarnación de Angrboda en Midgard -le aseguró.

-¿La reencarnación de Angrboda? -se impresionó Saga, y Derbal asintió- La Diosa de los Gigantes, madre de las criaturas asesinas de dioses. ¿Cómo es que llegó a semejante conclusión, amo Derbal? -le preguntó Saga, dudando.

-¿Además de porque soy el Sumo Sacerdote y Godi Supremo, capaz de ver los eventos del pasado, presente y futuro? ¿No estás siendo un tanto arrogante, Saga? -sentenció Derbal, y nuevamente, Saga dudó- El asesinato de Saori no era más que un medio de prevención de lo inevitable. Los Jotnar la usan como el repositorio de la guerra. Comenzarán a aparecer en Midgard, Saga, y aunque sé que no me crees, tengo pruebas concluyentes de lo que te digo, pero deja que te lo cuente él y no yo -finalizó, y las puertas de la sala del trono comenzaron a abrirse, con la llegada de un Dios Guerrero al que Saga desconocía.

-Ah, ya extrañaba la civilización -resonó la voz del Dios Guerrero Dorado, que llegaba acompañado de otro Dios Guerrero más, siendo este de la Osar Menor-. ¿Qué recibimiento es este tras años de ausencia, maestro Derbal? Esperaba algo así como un banquete -se burló el Dios Guerrero Dorado.

-Llegaste tarde -le respondió Derbal, mientras el Dios Guerrero Dorado recién llegado, se arrodillaba frente a Derbal-. Puedes irte, Útgardo, tus servicios ya no son necesarios -ordenó, y Útgardo reverenció, saliendo de la habitación-. Saga, tengo el honor de presentarte al Dios Guerrero de Altarf, Máscara Mortal de Cáncer -presentó.

-¿Máscara Mortal? -se preguntó Saga, mirando al recién llegado con cierto desprecio- He recibido reportes de un individuo con ese nombre, quien por varios años ha asesinado a varios soldados de Hlingard, así como a pobladores inocentes -agregó con su cosmos listo, mismo que sorprendió al recién llegado.

-Calma, calma -pidió Derbal, mientras Saga se negaba a apagar su cosmos-. Todo tiene una explicación. Máscara Mortal no es más que un seudónimo, su verdadero nombre es Mephisto. Operaba bajo mis instrucciones desde antes de que el Patriarca Shion abandonara su puesto, aunque al ser un enviado en una misión secreta, no podíamos permitir que se le fuera descubierto. Ni siquiera los Huskarl podían saber de su existencia -le explicó.

-Perdí a varios de mis hombres en búsqueda del asesino del Pantano de Fýrisvellir, ¿y hasta ahora me dice que era un enviado en una misión secreta? ¿Cuántas vidas pudieron haberse salvado? -enfureció Saga.

-Se sacrificaron las necesarias para mantener la secrecía de la misión de Máscara Mortal -le insistió Derbal, y Saga, aunque furioso, decidió apagar su cosmos-. Querías la verdad de mis actividades, ¿no es así? Limítate entonces a escuchar antes de juzgar -reprendió Derbal, y miró a Máscara Mortal fijamente-. ¿Qué descubriste? ¿Encontrarte el Jotunheim? -preguntó Derbal, sorprendiendo a Saga.

-Así como me lo dijo hace 7 años, Maestro Derbal -comenzó Máscara Mortal-. El Pantano de Fýrisvellir realmente tenía un cauce del río Gjöll. Aunque me tomó demasiado tiempo encontrarlo debo agregar. Seguí el mismo hasta los bosques de hierro del Jarnvird, y encontré la entrada al Niflheim, aunque eso no es lo que usted buscaba, quería llegar al Jotunheim. Comprenderá que, no me arriesgaría a entrar al Jotunheim sin las preparaciones debidas, ni que estuviera demente -le aseguró.

-¿Tienes pruebas de lo que dices? -le preguntó Derbal, mirando a Saga de reojo- ¿Trajiste algo, que pueda dar indicios de que el Bosque de Jarnvird se ha manifestado en Midgard? -volvió a preguntar, a lo que el arrogante de Máscara Mortal, respondió extrayendo de los interiores de su capa una rama enteramente hecha de hierro, y cuyas hojas brillaban como la plata misma, y al verla, Saga palideció-. Qué maravilla… -se impresionó Derbal, caminando hasta Máscara Mortal, y recibiendo de él la rama, que incluso se movía al ser maniobrada por Derbal, como si la vida no hubiese escapado de ella al ser cortada-. ¿Vez esto, Saga? Tengo en mis manos una rama del legendario Bosque de Jarnvird, el cual se dice, rodea en su totalidad al Jotunheim, el reino de los gigantes -le explicó, entregándole la rama a Saga, quien la inspeccionó, sorprendido de que todo fuera verdad-. Los 9 Mundos están separados por Midgard que está en el medio. El que Jotunheim se haya manifestado en Midgard, debe ser prueba de que lo que digo es verdad. Los gigantes están invadiendo Midgard, pronto sus criaturas saldrán de sus bosques. ¿Continúas dudando de mí? -le preguntó.

-Debo verlo con mis propios ojos… -exigió Saga, poniéndose de pie, y levantando a Máscara Mortal del cuello de su Ropaje Sagrado-. ¡Llévame ante el Bosque de Jarnvird! ¡Necesito pruebas definitivas de que mi lealtad está bien encausada! ¡De que Derbal es la justicia divina que protegerá a Midgard de estas amenazas! -insistía Saga, forzando a Máscara Mortal a verlo directamente a los ojos.

-Aunque quisiera, no puedo hacerlo… -se preocupó Máscara Mortal, sintiendo el aplastante cosmos de Saga rodearlo-. Una vez que me desvié al Niflheim, y por poco escapo de las fauces de la Diosa de la Muerte, todo desapareció, el río Gjöll, el Bosque de Jarnvird, todo… me encontraba de vuelta en el Pantano de Fýrisvellir, en el mismo lugar en que inicié mi viaje hace 7 años… era como si una gran magia me impidiera llegar hasta el Jotunheim -aseguró.

-Bastante conveniente… -señaló Saga, mirando a Máscara Mortal directamente a los ojos, pero soltándolo tras unos instantes-. Pero puedo ver en tu mirada que dices la verdad, no así en la mirada de usted, Maestro Derbal. Su mirada siempre me ha parecido… imposible de descifrar -le extenuó su preocupación.

-¿Qué más evidencias quieres, Saga? Estás colmándome la paciencia -se fastidió Derbal, estrujando los mangos de su trono con fuerza-. Bien, aún me queda una última carta que jugar. La razón de tu descontento, ¿acaso no es que desde el día en que te pedí asesinar a la falsa Asynjur Hlin, la duda ha embargado tu mente, por la traición de tu queridísimo amigo, Aioros? -le preguntó Derbal, lo que forzó a Saga a morderse los labios- ¿Y si te dijera que Aioros vive, y se encuentra enteramente convencido de mis convicciones? -le preguntó Derbal, con aquella sonrisa de alguien, quien tenía el control total de la situación.

Fjördland. Río Hríd. Los Fiordos de Brávellir.

-Según las instrucciones de Andreas, el estanque debe estar por aquí -gracias a la intervención del médico de los hombres de Brávellir, a Saori se le había permitido dirigirse a una locación segura en la cual poder darse un baño. Ya llevaban un par de horas dirigiéndose tierra adentro, siguiendo un mapa de cuero marcado por el médico, viajando casi en su totalidad en silencio, ya que Milo no se encontraba acostumbrado del todo a la presencia femenina de Saori, mientras que la Asynjur se mostraba nerviosa de tener que bañarse cerca de alguien a quien apenas estaba conociendo-. Seguro no tardamos en encontrar el estanque -agregó Milo, escandalizando a Saori nuevamente.

-¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! -se apenó Saori, mirando a sus pies, preocupada. Milo por su parte, la miró a ella con curiosidad, sintiendo que la Asynjur despreciaba su presencia, lo que lo incomodaba a él aún más.

-Si iba a actuar de esta forma todo el trayecto, ¿qué caso tenía el que me pidiera específicamente a mí acompañarle? -le preguntó Milo, por lo que Saori detuvo su marcha, y tras dar unos pasos más, Milo se detuvo también, se viró, y la esperó.

-Lo siento mucho, si con mis acciones te estoy ofendiendo -agregó Saori con cautela, no sabiendo cómo dirigirse a su Dios Guerrero Dorado-. Sé que me sigues con la esperanza de que pueda crear un mundo, donde los crímenes que le pasaron a tu familia no se repitan. En verdad agradezco la confianza que me están dando, pero no me acostumbro a esto todavía… los veo… y no puedo evitar ver a unos extraños que no tienen razón alguna para confiar en mí -se apenó nuevamente.

-Confías en Fenril y los demás -le enunció Milo, y ella asintió ante sus palabras-. Son Dioses Guerreros también, aunque diferente de nosotros, la responsabilidad de ellos es a con Odín -aclaró, meditando inclusive en sus propias palabras-. Es verdad que solo la estoy siguiendo porque tengo esa necesidad de creer que puede existir un mundo libre de la tiranía que me arrebató a mis padres, pero es una verdad más comprensible, que un grupo de guerreros siguiéndola en nombre de Odín. Sus verdaderos guardianes, somos nosotros y no ellos -le explicó con desprecio.

-Eso ni tú lo crees fervientemente -le respondió Saori, sintiéndose molesta-. Solo tengo 10 años, es natural que piense que las leyendas son suficientemente fuertes para definir mis actos. Si lo que quieres escuchar es que confío en los Dioses Guerreros por las leyendas de que son los protectores de Asgard, y que voluntariamente sirven a Hlin en nombre de Odín, pues bien, es lo que creo genuinamente. No estarías acompañándome a bañarme si no creyera que los mitos, cuentos y leyendas, esconden realidad en sus palabras -le refutó, lo que solo terminó por confundir a Milo aún más.

-¿Exactamente en qué mito se basó usted para pedirme el que la acompañara yo específicamente a vigilarla mientras se baña? -le preguntó Milo, forzando a Saori a sonrojarse ante el recordatorio- No me malinterprete, no tengo práctica dirigiéndome a una mujer. Intento ser lo más caballeresco que puedo, observando a los demás y comportándome como ellos. Pero he de confesar que mi habilidad social es… muy deficiente… no considero ser la persona correcta para cuidar de usted cuando lo único que sé hacer es asesinar sin tentarme el corazón -le explicó, y Saori bajó la mirada, comprendiendo las dificultades que sufría Milo.

-Hasta ahora has hecho bien imitando a Siegfried y a Hilda -dedujo Saori, por lo que Milo desvió la mirada, incomodado-. Yo también… tengo muchos problemas para socializar con quienes no me tratan como a una princesa. Englobo a los 5 Dioses Guerreros Dorados que me siguen actualmente. Mu es demasiado precavido, Aldebarán demasiado primitivo, Aioria es demasiado extrovertido, de Shaka no puedo decir nada porque apenas y permanece despierto. En cuanto a ti, me pareces el más difícil de tratar de todos. En un momento te comportas con modales impresionantes para alguien que vivió toda su infancia en una isla rodeado de sangre y muerte, al siguiente parece que seré tu próxima víctima, es inquietante -le aseguró.

-No mato sin razón -se excusó Milo, y Saori se tragó un poco la risa, al notar que Milo se tomaba todo lo que le decía demasiado literal-. Intento adaptarme… -finalizó él, desviando la mirada, y tras ver su incomodidad, Saori, extrañamente, se sintió más tranquila al saber que no era ella la única nerviosa, aunque reflejaran el nerviosismo de forma diferente.

-La razón por la que preferí que fueras tú quien me acompañara, es por una historia que escuché de Hilda, hace mucho tiempo, curiosamente muy similar a la situación actual -le explicó Saori, resumiendo la marcha, y Milo la siguió-. Hilda solía contarme las historias de los dioses, desde mucho antes de que yo supiera que era la reencarnación de Hlin. En una de las historias contaba, el como Heimdal, el Dios de la Vigilancia y la Protección, por primera vez desde la segunda Era, en la que fue asignado como el guardián del puente Arcoíris, el Bifrost, que conecta a Midgard con Asgard, se distrajo, y permitió a la Asynjur Hlin escaparse a bañarse al mundo de los humanos -agregó Saori, mientras dibujaba imaginariamente el puente de Arcoíris, como si pudiera conectar a Midgard con Asgard en ese preciso momento-. El Ropaje Sagrado de Escorpio, fue creado por Heimdal, y en honor a esa historia -aclaró.

-Me temo que no tengo el placer de haber escuchado antes esa historia -agregó Milo, siguiendo a Saori, quien aparentemente ya estaba mucho más tranquila-. No sé ni siquiera quien es Heimdal, no conozco a los dioses, todo lo que escucho a mi alrededor es nuevo, casi incomprensible. Hay muchas cosas que no sé hacer, solo matar -le recordó.

-Eso es preocupante… -se sobresaltó Saori-. Pero yo puedo enseñarte -se alegró en ese momento, y comenzó con su explicación-. Heimdal es uno de los muchos dioses que viven en Asgard, la ciudad de los dioses que se encuentra en algún lugar en el cielo, accesible solo por un puente de arcoíris, del cual Heimdal es guardián -mientras explicaba, Milo visualizaba todo aquello en su mente, le costaba trabajo, pero lo intentaba-. Heimdal es hijo de Odín, aunque su madre, es algo complicado que te lo explique, pero haré todo lo que pueda -le aseguró, sintiéndose orgullosa, mientras Milo le prestaba toda su atención-. Se cuenta que Odín caminaba por las playas de Midgard al poco tiempo de que se terminó la creación del mundo, y encontró en su andar a 9 hermosas mujeres gigantes que se bañaban en el mar -explicaba Saori, algo ruborizada, y para Milo no fue secreto el que se imaginaba a las 9 gigantas desnudas y bañándose en el mar-. Las 9 gigantas eran las olas: Atla, Auegia, Aurgiafa, Egia, Gjálp, Greip, Iarnsaxa, Sindur y Ulfrun -enumeró Saori, y Milo la miró con demasiada curiosidad, más por la emoción que sentía al contarle aquella historia-. Cuando terminaron de bañarse, se acostaron todas a tomar el sol sobre la arena blanca, y Odín estaba tan enamorado de las 9, que les propuso matrimonio en ese momento, a todas ellas, y cuando ellas aceptaron, se combinaron en una sola giganta, con la belleza de las 9, y así por fin Odín pudo estar con ellas -agregó con entusiasmo, escandalizando a Milo.

-Espere, solamente tiene 10 años, no me diga que sabe cómo… -comenzó Milo, a lo que Saori reaccionó al parpadear un par de veces-. Déjeme acomodar mis ideas por favor… entonces… Odín se enamoró de las 9 gigantas… y se casó con las 9… que se convirtieron en una sola giganta, ¿voy bien? -ante el resumen, Saori asintió, mientras a Milo le temblaba una ceja- ¿Exactamente qué es lo que usted piensa que pasó cuando las 9 se combinaron y Odín pudo 'estar' con ellas? -preguntó intranquilo.

-Hicieron un bebé por supuesto -agregó Saori, a lo que Milo reaccionó con una mueca, mientras se cruzaba de brazos, y se frotaba la frente intentando pensar en qué decir a continuación-. No entiendo -se apenó ella.

-Bien, cambiaré la oración -prosiguió Milo, pensativo-. ¿Exactamente cómo piensa usted, señorita, que se puede hacer a un bebé? Esa es mi duda, y vaya que me va a sorprender la respuesta -aseguró Milo, y Saori lo pensó un poco.

-Bueno… antes de que Odín encontrara a las 9 gigantas en la playa, había creado a los primeros 2 humanos, Ask y Embla, con la ayuda de sus hermanos Ve y Vili -prosiguió Saori, y Milo comenzó a darse a una idea-. Encontraron a un par de troncos en la playa, un fresno y un olmo. Del fresno hicieron a Ask, del olmo a Embla. Odín los dotó de vida física y alma, Vili los dotó de ingenio y emociones, Ve los dotó de sentidos y de la habilidad de hablar. Supongo que Odín y las 9 gigantas hicieron juntos a Heimdal de la misma manera -concluyó ella.

-En definitiva, lo hicieron juntos, pero no de un tronco, pero vamos a dejar esa parte así como se la imagina -aclaró Milo, aunque Saori ya estaba pensativa de lo que Milo intentaba decirle-. Me contaba de Heimdal entonces -se apresuró a desviar la atención.

-Actúas de forma muy sospechosa -se quejó Saori, pero Milo no le prestó importancia-. Las 9 madres procedieron a alimentar al bebé con la fuerza de la tierra, la humedad del amor y el calor del sol. Con esta dieta, Heimdal creció en muy poco tiempo, y se unió a Odín en Asgard, donde los dioses acababan de terminar de construir el puente Bifrost, el puente arcoíris, el cual construyeron con fuego, aire y agua -describió Saori, dándole poca importancia a sus sospechas-. Cuando Heimdal llegó al puente, los dioses discutían sobre tener un guardián del mismo, y puesto que Heimdal apenas llegaba, le ofrecieron convertirse en ese guardián. Heimdal aceptó con alegría, y los dioses le dieron habilidades mágicas muy poderosas para ayudarlo a cumplir su misión, como escuchar el crecimiento del pasto y de la lana de las ovejas, y ver a 100 millas de distancia tanto de día como de noche, además de requerir menos tiempo de sueño que un pájaro -prosiguió ella, aunque Milo no se creía semejantes disparates-. Los dioses le dieron a Heimdal además, una reluciente espada y un cuerno extraordinario, llamado Gjallarhorn, y le ordenaron que hiciera sonarlo siempre que divisara que se aproximaban los enemigos, los gigantes de escarcha, pretendiendo que su sonido despertaría a todas las criaturas en el cielo, de Midgard, y de Niflheim -terminó emocionada.

-Todo eso es bastante interesante, pero… ¿qué tiene que ver conmigo? -se apuntó Milo nuevamente, y Saori notó que se había desviado un poco del tema- Lo único que entiendo es que Heimdal es quien construyó mi Ropaje Sagrado -le mencionó.

-Heimdal construyó el Ropaje Sagrado de Escorpio como un regalo para el octavo cumpleaños de la Asynjur Hlin -prosiguió ella, a momento en que llegaban al estanque indicado por Andreas, se encontraba en el medio del bosque, y contaba con unas aguas cristalinas muy hermosas, mismas que Saori observó emocionada, y algo ruborizada, mientras recordaba la historia-. La historia cuenta, que Heimdal flaqueó en su vigilancia solo una vez, y que aquella vez, la Asyjur Hlin, de tan solo 8 años, escapó a Midgard, donde encontró un estanque, en el cual se bañó… para su poca fortuna, un Jotunn, que odiaba a los dioses, intentó asesinarla mientras se bañaba. Heimdal se dio cuenta a tiempo, y llamó a todas las criaturas vivientes a que ayudaran a la Asyjur Hlin, pero nadie vino en su auxilio, solo un Escorpión… -agregó ella, colocando su mano sobre el pecho de Milo-. Un Escorpión… más valiente que nadie… se enfrentó al Jotunn, quien lo aplastó, clavándose su aguijón. Pero gracias a eso, su veneno invadió al gigante, que murió al poco tiempo. Ese Escorpión sacrificó su vida por la Asynjur Hlin… por eso, pienso que el Dios Guerrero de Escorpio es tan importante para mí, ya que representa a ese pequeño Escorpión, que lo dio todo, por salvar a una diosa, a la que apenas conocía… puedes pensar lo que quieras de mí, pero en el momento en que me pidieron cumplir con el Lordag… no pude imaginar mejor guardaespaldas, que ese pequeño Escorpión… -finalizó, y Milo comprendió por fin el por qué Saori lo había elegido, aunque tras haber dicho todo aquello, Saori se apenó-. Aunque… preferiría si vigilaras desde la distancia… es solo que… -se apenó.

-Ya entendí… -se dio la vuelta Milo, alejándose del estanque, y recargándose en un árbol cercano para descansar-. Puede estar tranquila, señorita Saori. Nada va a pasarle mientras el guardián de los dioses esté presente -le aseguró, y Saori, ya más tranquila, se desprendió de su túnica, y se metió al agua, aunque no tardó en quejarse por la fría sensación, mientras Milo miraba al cielo, como buscando a Asgard, y preguntándose qué tan cierta sería aquella historia-. El aguijón de un Escorpión… logrando doblegar a un Jotunn… -miró Milo a su mano, en la que creció una uña escarlata-. Alberich dijo, que me autodestruiría si no aprendía a controlar mi cosmos, y a usar la Aguja Escarlata… no sé a qué se refería, aunque aquella historia… me hace pensar que hay un poder dentro de mí que ni yo mismo conozco, ¿qué significa? -meditó al respecto Milo, mientras observaba su uña, y se preguntaba sobre semejante poder.

Hlingard. El Santuario. Moradas de los Aesir.

A las afueras del palacio de Hlingard, en su parte opuesta a la ciudad, y subiendo por la montaña a espaldas del gran palacio, se encuentra un conjunto de templos en honor a los dioses, construidos a lo largo de caminos de roca congelada, conectados por puentes de hielo, suspendidos sobre vastos desiertos congelados, que caen directamente al río Slid.

Es en cada uno de estos templos es donde se les rinde honores a los dioses Aesir, los dioses de Asgard, y donde permanecen los 12 Dioses Guerreros Dorados, quienes hacen de estos templos sus hogares, en su eterna vigilancia sobre la Asynjur Hlin, cuyos aposentos se encuentran en la cima del Monte Valhöll, y frente a la imponente estatua del dios Odín.

Todos quienes pasan a través de las 12 Moradas de los Aesir, requieren el permiso especial de los Dioses Guerreros Dorados, sean servidumbre o no, requieran audiencia de Derbal o no, incluso los Dioses Guerreros de la Osa Menor, si desean cruzar, necesitan forzosamente del permiso de los Dioses Guerreros Dorados. Ya que, en la cima de las 12 Moradas, yace el templo de Hlin, donde vive la Asynjur de la Esperanza.

El palacio de Hlingard no es su morada, no es más que el lugar donde el Sumo Sacerdote, el Alto Jarl, y la Asynjur Hlin, sostienen reuniones con los pueblerinos. El verdadero Santuario, comienza con la primera de las 12 Moradas, y termina directamente en la estatua de Odín.

Las 12 Moradas de los Aesir, sin embargo, no estaban habitadas en su totalidad, por lo que al ascenso de Derbal, de Saga, y de Máscara Mortal, no encontraron oposición alguna. O al menos no hasta llegar a la Novena Morada, donde el Dios Guerrero Dorado de Deneb Algedi, Shura de Capricornio, montaba guardia.

-¿Qué hace Shura montando guardia fuera de la Novena Morada? -le preguntó Saga, observando la entrada a la morada, adornada con varias estatuas congeladas de la diosa Jotunn, Skadi-. Deberías estar protegiendo la Décima Morada, la Morada de Odín -enunció confundido.

-Solo mantengo una cortesía, ante la persona que fue mi maestro -le explicó Shura, a lo que Saga reaccionó con sorpresa, y mirando a Derbal con detenimiento-. Te encontrabas fuera de Hlingard cuando lo encontramos, he de admitirte que no se encuentra en las mejores condiciones. Tengo mis reservas sobre dejarte verlo -aseguró Shura.

-Debo verlo… -le pidió Saga-. Lo que pasó hace 5 años, es algo que ni tú ni yo nos hemos perdonado. Debo verlo, y preguntarle directamente si lo que Derbal dice es verdad -le pidió, intercambiando miradas con Shura, quien se debatía entre dejar pasar o no a Saga.

-Puedes pasar… -se hizo a un lado Shura, permitiéndole a Saga abrir las puertas dobles de madera y hierro, y entrar dentro de la Morada de Skadi, la novena de las 12, encontrando un amplio salón, de suelo de madera, una alfombra de terciopelo rojo que guiaba hasta el otro extremo de la morada, donde estaba presente una gentil hoguera, frente a la estatua de Skadi, una inmensa mujer de belleza sin igual, revestida en pieles de ciervo, con su estructura tallada con tal detalle, que eran fácilmente visibles los tallados de todos y cada uno de sus cabellos, mientras la Diosa del Invierno, en la pose de estar esquiando, apuntaba su arco de hielo en dirección a los visitantes, como una advertencia para ellos quienes irrumpían en la morada, de que el guardián de la misma, se encontraba siempre alerta, algo que no le pareció a Saga en un principio, cuando encontró a un Dios Guerrero arrodillado frente a la estatua de Skadi, como si se encontrara rezándole a la diosa gigante.

-Aioros… -exclamó Saga con cuidado, y tras escuchar su voz, el Dios Guerrero comenzó a ponerse de pie, aunque mantenía los ojos cerrados, y le daba la espalda a Saga-. ¿En verdad eres tú? Derbal me lo dijo, pero no podía creerlo -aseguró Saga, mientras Aioros mantenía su silencio-. ¿Cómo ha sucedido? ¿Por qué has regresado? -le preguntó.

-Porque Derbal así me lo ha pedido -fue la respuesta de Aioros, quien no se dignaba a mirar a Saga, mientras el Dios Guerrero Dorado de Pólux se debatía entre acercarse o no-. Tras el incidente de hace 5 años… entré en una profunda negación, Saga… no quería creer que la niña a la que tanto amé, hija del Jarl al que tanto respetaba, fuera falsa… no solo estaba profundamente herido por la batalla que sostuvimos, sino que estaba profundamente herido en mi corazón… no podía regresar… Saga… -aceptó Aioros, mientras Saga por fin se acercaba.

-Si has regresado ahora, es porque confías en la misión de Derbal, ¿es así? -le preguntó, mientras Aioros continuaba dándole la espalda, no deseaba verlo- Pensé que habías muerto… pensé que te había traicionado, y ahora apareces aquí, ¿y esperas que crea que lo que pasó hace 5 años fue un malentendido? -le preguntó, con sus ojos ahogados en lágrimas.

-No espero nada de ti, ni de Shura, ni de nadie… -fue la respuesta de Aioros, misma que no fue del agrado de Saga-. Por mis acciones, Saori sigue con vida. Por mis acciones, Midgard se acerca aún más a una guerra contra los Jotnar… fallé a mi misión, puse mis creencias personales por sobre mi deber. Aun así, mi Ropaje Sagrado Dorado jamás me dio la espalda, continuó arropándome con su poder. Yo me sentía indigno, aún lo siento, pero mi Ropaje Sagrado se negó a desconfiar de mí… los dioses querían que recapacitara, los dioses pretendían que entrara en razón, que regresara, y por fin lo he hecho… y juro en el nombre de Skadi, que enmendaré todo el mal que he causado, yo mismo le ofreceré la cabeza de Saori de ser necesario -agregó furioso, lo que Saga apenas y podía creer.

-Amabas a Saori… más que nadie… -le recordó Saga, a lo que Aioros asintió, pero mantuvo su silencio-. Si estás dispuesto a quitarle la vida a ella quien era la receptora de tu devoción, entonces supongo que estamos del mismo lado, y ambos creemos, genuinamente, que Lyfia es la verdadera Hlin, ¿me equivoco? -le preguntó, impaciente de saber la postura de Aioros.

-No te equivocas… supliqué el perdón de Lyfia, la miré a los ojos, y lo supe en ese momento… ella en verdad es la hija de Odín… -concluyó Aioros, cerrando sus manos en puños-. Y yo le di la espalda… nunca más, Saga… nunca más… estoy decidido a dar mi vida de ser necesario, por mi diosa. Estoy seguro -finalizó, cerrando sus manos tan fuerte, que de estas comenzó a caer la sangre, lo que no pasó desapercibido por Saga.

-Puedo ver el nivel de tu convicción -aceptó Saga-. Pero la convicción verdadera, solo se ve en los ojos, no en las acciones. Mírame Aioros, permíteme ver tus ojos. Muéstrame que tus palabras son verdaderas, y no son solamente un truco sucio de Derbal -le pidió entonces.

-¿Un truco sucio de Derbal? -preguntó Aioros, desprecio más que evidente en el tono de su voz- ¿Cómo puedes llamarte a ti mismo el discípulo y prospecto a Sumo Sacerdote… si te diriges a nuestro maestro con semejante despotismo? -viró Aioros, y Saga por fin los vio, aquellos ojos azules que conocía tan bien, libres de dudas, libres de rencores, pero llenos de arrepentimiento- Gracias a mi traición, la posición de Sumo Sacerdote no se me puede ser entregada, Saga… pero más te vale ser digno de esta posición, ¿me has escuchado? No pretendo que tú también traiciones a la confianza de Derbal. ¡Es nuestro maestro! ¿Cómo puedes decir esas cosas de él? -enfureció Aioros, elevando su cosmos, pero tranquilizándose rápidamente- Déjame… yo… no soy el mismo Aioros que conocías… hay tanto odio en mi corazón… debo recuperar mi camino, debo enmendar mis errores… Saga… perdóname, por haber dudado de ti… -terminó Aioros, arrodillándose nuevamente, y rezando ante Skadi.

-Tú perdóname a mí, Aioros… por haberte dejado caer… -finalizó Saga, se dio la vuelta, y salió de la Morada de Skadi, dirigiéndose en ese momento a Derbal, a Máscara Mortal y a Shura-. Ya no me quedan dudas, Sumo Sacerdote. Sinceramente, le expido una disculpa por dudar de usted -finalizó Saga, haciendo una reverencia en su dirección.

-Odín pone pruebas a sus mejores hombres, Saga… si no aprendes de ellas, no eres digno de su sabiduría, y tanto tú como Aioros, al admitir sus faltas, han demostrado que la gracia de Odín vive en sus corazones, no podría estar más orgulloso de ambos -colocó su mano sobre su hombro Derbal, y sonrió en su dirección-. Aioros está muy conmocionado, le tomó demasiado tiempo el regresar. Cuando Shura lo encontró, apenas y podía creerlo -aseguró Derbal, y Saga miró a Shura con curiosidad.

-El Sumo Sacerdote me envió a corroborar los rumores de un Jotunn en las cercanías de Heorot, la capital de Fryslán -comenzó a explicarle Shura, y Saga asintió-. Imagina mi sorpresa cuando encontré a Aioros, en trance, y tras haber asesinado a la bestia. No podía creerlo -le aseguró Shura.

-Hiciste bien en no matarlo y traerlo ante mí, Shura -le recordó Derbal, y entonces se dirigió a Máscara Mortal-. Con aquella bestia, y la presencia del Jarnvird, ya tengo las pruebas suficientes. Midgard ya no es segura, debemos preparar a los Dioses Guerreros Dorados restantes, Camus y Afrodita, hasta que sean merecedores de sus Ropajes Sagrados. Hasta entonces, ningún Dios Guerrero Dorado deberá abandonar las 12 Moradas de los Aesir. Lyfia inclusive, deberá ser confinada a sus aposentos. Solo yo tengo permitido verla, ¿ha quedado claro? -preguntó Derbal entonces, específicamente a Shura.

-Me cercioraré de que los Dioses Guerreros de Acuario y Piscis comprendan el mensaje, mi señor Derbal -reverenció Shura, y comenzó a subir por las 12 Moradas de los Aesir, reverenciando ante Aioros, quien le permitió pasar sin discutir, y cuando las puertas de la Morada de Skadi se cerraron, Saga por fin se tranquilizó, y regresó a sus responsabilidades habituales.

Fjördland. Los Fiordos de Brávellir.

-¿Milo? ¿Sigues allí? -preguntó Saori mientras continuaba frotándose una barra de jabón sobre el cuerpo, obteniendo como respuesta un suspiro de descontento por parte de su Dios Guerrero Dorado, quien ya estaba fastidiado por las constantes interrupciones a su concentración.

-Por vigésima cuarta ocasión… sí Saori… aquí sigo… -respondió Milo con molestia, mientras miraba en dirección al Sol-. Se está haciendo tarde, si no estamos de regreso en las embarcaciones antes de que se oculte la diosa Sól, Harald entregará a Hilda al Godi. ¿Le falta mucho? -preguntó Milo con molestia.

-Ya me estoy quitando el jabón, ¿puedes pasarme mi túnica? Solo no mires por favor -se apenó ella, cubriéndose el cuerpo, y hundiéndose lo más que podía, permitiendo únicamente a su nariz sobresalir por el agua.

-Solo tiene 10 años, no posee nada que quiera ver -fue la respuesta de Milo, misma que molestó a Saori, quien, apenada, le dio la espalda mientras inflaba sus mejillas en señal de descontento-. Está bien, cerraré los ojos, y dejaré su túnica lo más cerca de la orilla que pueda -se burló Milo, quien encontraba cierta fascinación en molestar a Saori, cerró sus ojos, y comenzó a caminar en dirección a Saori con los ojos cerrados, solo que, al hacerlo, tuvo una extraña sensación, y se mantuvo allí, sin movimiento, escuchando solamente.

-¿Milo? -intentó llamar Saori, solo que Milo, aún con ojos cerrados, le pidió silencio con un movimiento de su mano. Había algo extraño en el ambiente, podía sentirlo en sus instintos, aunque su cosmos no fuera alertado del todo. Hubo un sonido, casi imperceptible, pero cuando este llegó a oídos de Milo, rápidamente elevó su cosmos, abrió los ojos, y atacó.

-¡Aguijón Carmesí! -desató el poderoso ataque Milo, que se estrelló a orillas del estanque en que Saori se bañaba, alzando una nube de tierra y polvo, que forzó a Saori a nadar lejos de la explosión de cosmos. Cuando esta comenzó a disiparse, un montículo de tierra comenzó a moverse en la orilla, en principio sin forma aparente, hasta que este estiró 5 formaciones de roca inmensas, que se estrellaron a orillas del charco, revelando que no eran formaciones de roca después de todo, sino dedos inmensos, cada uno incluso más grande que Milo, y que afianzaban su agarre a la orilla del charco, mientras toda el agua comenzaba a estremecerse, como si algo se alzara de su interior-. ¡Saori! ¡Fuera del agua ahora! -gritó Milo.

-Pero… -exclamó ella avergonzada, mientras Milo le lanzaba su capa encima, y mantenía la mirada posada en contra de la criatura que comenzaba a alzarse, saliendo de los interiores de la tierra, como un conjunto de raíces, que al poco tiempo Milo descubrió que no eran raíces realmente, sino cabellos inmensos, que se sostenían apenas rodeando la calva del inmenso ser de piel terrosa que ya salía de los interiores de la tierra, con una barba pronunciada, hecha igual que su cabello de hebras similares a raíces fangosas, poseyendo un rostro de nariz achatada, aunque redonda, ojos como cristales de cosmos azules, y un cuerpo inmenso, algo obeso, pero musculoso, rodeado de unas pieles de criaturas para Milo desconocidas, y que le servían de vestidura, aunque sus enormes piernas peludas, estaban desprovistas de vestiduras desde las rodillas, hasta unas botas de piel inmensas, que empujaba contra el lodoso suelo, hasta alzarse, a casi unos 30 metros de altura, y mirar abajo, a Saori, quien se vestía lo más rápido que le era posible-. Es un… es un… es un… -comenzó a llorar Saori, medio vestida, y envuelta en el terror que le ocasionaba la inmensa criatura-. ¡Un Jotunn! -gritó aterrada, mientras el inmenso ser desenterraba de la tierra un garrote enorme, y golpeaba con él su mano, desatando un estruendo descomunal.

-No debiste molestarme, humano… -pisoteó con fuerza el suelo el Jotunn, forzando a Saori a caer, y a Milo a elevar su cosmos de forma defensiva-. Es a la Asynjur a quien quiero, tú no eres siquiera un bocadillo digno… ven aquí, pequeña, haré un buen estofado contigo -acercó su mano el Jotunn a Saori, forzando a Milo a colocarse frente a ella, y desatar toda la fuerza de su cosmos destructivo en su contra.

-¡Será sobre mi cadáver! ¡Aguijón Carmesí! -lanzó su ataque Milo, como una explosión escarlata que se estrelló en contra de la mano del Jotunn, quien, tras el estallido, retrocedió momentáneamente, aunque solo para tomar vuelo de su garrote, y estrellar el mismo contra la humanidad de Milo, lanzándolo por los bosques, destrozando varios árboles con su cuerpo, y estremeciendo el corazón de Saori, que veía a uno de sus Dioses Guerreros Dorados ser derribado de un solo golpe.

-Tu cuerpo apesta a Galdr -mencionaba el gigante, acercándose a Saori nuevamente, mientras ella apenas y podía moverse, y no hacía más que llorar de miedo, mientras el gigante se agachaba un poco, y acercaba su inmenso rostro en su dirección-. Yo odio el Galdr -le mencionó, y su aliento logró estirarle los cabellos como si de un torrente de aire se tratase-. Te voy a aplastar -prosiguió el gigante, alzando su inmenso pie, y preparándose para aplastar a Saori, pero para fortuna de ella, Milo saltó en su auxilio, rodando con ella lejos del tremendo pisotón, que generó un pequeño temblor, del cual Milo comenzó a recuperarse lentamente-. Me estás molestando, insecto -enfureció el gigante, mientras abría su mano, y se preparaba para aplastar a Milo, quien empujó a Saori lejos de la mano del Jotunn.

-Arácnido, pero no espero que lo entiendas, cerebro de roca -insultó, antes de ser aplastado por la inmensa mano del gigante, que cerró su mano en un puño, mismo que comenzó a brillar de dorado, con la fuerza del cosmos de Milo, que pretendía abrir la mano del Jotunn a la fuerza-. ¿Crees que puedes aplastarme? ¡No te lo pienso permitir! -se defendía Milo, poniendo todo su empeño en abrir la mano del Jotunn, pero era inútil, se encontraba físicamente doblegado, no importaba cuanto se extendiera su cosmos.

-Ni siquiera Thor, en su inmensa gloria, podría abrirme la mano, humano insignificante -apretó el Jotunn, y Milo terminó con solo su cabeza sobresaliendo de entre el puño del Jotunn, que solo mantuvo a Milo allí por su propio deleite personal-. Puedo aplastarte el cuerpo, y ver como tu cabeza rueda por el suelo. La satisfacción que eso me produciría, sería casi tan grande como la de arrancarte la cabeza con mis propios dientes -le sonrió el Jotunn, mientras Milo se limitaba a mirarlo con desprecio.

-Hablas mucho… imbécil… te serviría simplemente hacerlo en lugar de darme la oportunidad de liberarme… te lo advierto… no me subestimes… -se defendió Milo, y el Jotunn, por simple diversión, comenzó a aplastarle el cuerpo lentamente, hasta que sangre comenzó a escaparse de su nariz y boca.

-¡Milo! -gritaba Saori horrorizada, y sintió en su cosmos que la ayuda venía en camino, aunque ella sabía que no llegarían a tiempo, por más rápido que corrieran- ¡Suéltalo ya! -lloraba Saori, mientras los destellos dorados se acercaban, y se materializaban frente a ella en la forma de Mu, Aldebarán y Aioria, quienes habían sentido el cosmos de Milo estremecerse, y pretendían auxiliarlo. Al verlos, el Jotunn se decidió a aplastar por fin a Milo para continuar con el resto, notando que su mano no lo aplastaba, y que no podía moverla.

-¡Saori! -llegó Aioria ante ella, y observó al Jotunn, que se mordía los labios, pero por más que lo intentaba no podía aplastar a Milo- ¡Tenemos que hacer algo! ¡O va a matar a Milo! -agregó Aioria, elevando su cosmos, aunque en ese momento, Mu lo detuvo.

-Si te mueves, e interrumpes su concentración, Milo realmente estará muerto -le explicó Mu, y a momento que lo hacía, colocó un Muro de Cristal entre ellos y los que recién llegaban, el resto de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor y los Guerreros Vikingos, quienes no podían moverse a la misma velocidad que los Dioses Guerreros Dorados, pero que habían llegado para ayudar-. ¡Nadie se mueva! ¡Milo lo tiene bajo control! -ordenó Mu con preocupación.

-¡Eso no me parece para nada bajo control! -exclamó Harald en preocupación, pero entonces comenzaron a escuchar al Jotunn balbucear, mientras comenzaba a elevar un cosmos propio, intentando rodear su mano del mismo y aplastar a Milo, pero no podía hacerlo-. ¿Qué está ocurriendo? Su mano no se mueve -se sorprendió Harald.

-Por supuesto que no se mueve, porque no puede hacerlo -aclaró Aldebarán, orgulloso, mirando a su compañero en armas, y sorprendiéndose de lo habilidoso que era-. Milo acaba de doblegar al Jotunn, atacando su punto más débil, su mente -les aseguró Aldebarán.

-¿Qué es esta fuerza? ¿Por qué no puedo aplastarte? ¿Qué son esas ondas que salen de tu mirada? ¡Respóndeme! -enfureció el Jotunn, que comenzaba a sentir su agarre desvanecerse, mientras Milo simplemente le sonreía, extremadamente confiado.

-Se llama Restricción, Jotunn sesos de roca erosionada -insultó Milo, empujando los dedos del Jotunn, que ya no podían ejercer presión-. Dices que puedes aplastarme, pero la realidad es que hay miedo en tu ser. Miedo a lo que significa mi Ropaje Sagrado, miedo a lo que soy capaz de hacer si me das la oportunidad, te dije que me asesinaras mientras podías, pero no, tenías que disfrutarlo, ¿verdad? ¿Qué se siente tenerle miedo, a un pequeño escorpión? -se burló Milo, y cuando Saori lo notó allí, aún vivo, y aparentemente controlando la situación, se atrevió a tranquilizarse, aunque aquella tranquilidad solamente le duró un instante.

-¡Yo no te tengo miedo! -enfureció el gigante, alzando la mano, azotando a Milo en el suelo, y acto seguido, lo aplastó de un pisotón- ¡Los Jotunn no sentimos miedo! -rugió con fuerza, mientras el resto de los Dioses Guerreros Dorados, de la Osa Mayor, y Guerreros Vikingos, perdieron la compostura tras haber presenciado el momento en que Milo había sido aplastado- Ahora… ¿quién es el que sigue? -se burló el Jotunn, quien entonces escuchó la risa de Alberich, que se tomaba incluso el estómago con dolor por el ataque de risa- ¿Qué te parece tan simpático, humano? -preguntó el Jotunn.

-¿Cómo no voy a burlarme, Jotunn… si ya estás muerto? -sentenció Alberich, y una vez terminado aquel comentario, el Jotunn gritó con dolor, mientras su pie, lentamente, comenzaba a alzarse- La técnica por excelencia de los Dioses Guerreros de Escorpio, podrá parecer una insignificancia para muchos, pero encierra un poder colosal, que por siempre ha estado durmiente en el recuerdo de los Jotunn desde la antigüedad, y que Milo por fin ha recordado -admiró Alberich, como si hubiese hecho un descubrimiento colosal.

-¡Aguja Escarlata! -liberó la energía de su ataque Milo, que perforó el pie del inmenso ser, quien retrocedió adolorido, y sujetándose la herida, mientras un Milo más muerto que vivo, mantenía su aguja mirando al cielo, como si intentase alcanzar los conocimientos secretos ocultos en su estrella guardiana.

-¿Crees que esta pequeñez va a vencerme, humano? -se incorporó el Jotunn, mirando abajo, a donde Milo intentaba a duras penas continuar de pie, con su cosmos apenas anclándose a su cuerpo- Esa pequeña molestia no podrá… no… podrá… no… -se tomó el pecho el gigante, y comenzó a rugir con inmenso dolor, mientras su corazón se detenía, sus ojos perdían el brillo del cosmos, y se desplomaba de espaldas, carente de toda vida.

-¿Lo ve, Saori? -habló Milo con debilidad, mientras la sorprendida de Saori, lo miraba sumamente preocupada- No hay nada que temer… mientras… el guardián de los dioses… esté… cerca… -se desplomó en el suelo Milo, convulsionándose de dolor, Mu, Aldebarán y Aioria corrieron a su lado, le ayudaron a incorporarse, aunque era más que evidente que Milo estaba demasiado lastimado físicamente por los ataques del Jotunn.

-No lo creo… -agregó Harald impresionado-. Jamás había visto a un Jotunn en mi vida, pero, aunque sé que nuestros antepasados los han enfrentado y los han vencido, siempre escuché que lo hacían en grupos muy numerosos, y con controladores del cosmos bastante habilidosos. Jamás había oído hablar de un humano, que no fuera un dios, que derrotara a un Jotunn por sí mismo desde que Beowulf venció a la bestia Grendel -finalizó Harald, observando el cadáver del Jotunn, y al Dios Guerrero Dorado que muy apenas se anclaba a la vida.

-Ese es el poder que poseen los Dioses Guerreros -le respondió Siegfried, con los brazos cruzados-. Si no hubiera sido Milo, hubiera sido cualquiera de nosotros. Que no te sorprenda, Harald, todos los aquí presentes, poseemos la fuerza de acabar con los Jotunn, eso te incluye a ti y a los tuyos, solo deben hacer arder sus cosmos, hasta desafiar a los mismísimos dioses -le aseguró Siegfried, retirándose, siendo seguido en ese momento por el resto de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, mientras los Dioses Guerreros Dorados ayudaban a Saori a seguir adelante, y Aioria llevaba a Milo, con un brazo alrededor de sus hombros, lentamente, y en dirección a las embarcaciones.

-Qué clase de sujetos son realmente… los Dioses Guerreros Dorados… -se preguntó a sí mismo Harald, y ordenó entonces a sus hombres a seguir adelante, en dirección a Brávellir, la capital de la guerra misma.

Hlingard. El Santuario. Aposentos del Sumo Sacerdote.

-Sumo Sacerdote -exclamó Loki a su llegada a los aposentos del Sumo Sacerdote, quien hasta esos momentos se encontraba en el balcón de su habitación, mirando en dirección al norte, buscando al Reino de Brávellir con la mirada, aunque este se encontrara muy lejos-. Mi señor… -insistió Loki, y Derbal cerró los ojos, intuyendo lo que estaba por pasar.

-Tengo ese presentimiento, Loki, de que no vienes a darme buenas noticias. Por favor dime que me equivoco -le pidió Derbal, con una mirada inexpresiva, mientras se daba la vuelta, para observar a su asistente personal.

-No son noticias gratas, mi señor… -le respondía Loki, sacando un objeto de su túnica, una estatuilla en miniatura de un Jotunn, muy similar al que Milo había enfrentado, y que se había partido a la mitad en ese momento-. Me temo que una de nuestras herramientas de convencimiento, ha sido sacrificada en vano. Fue derrotada en batalla por uno de los Dioses Guerreros Dorados, ¿debería enviar a otro a acabar con ellos? -le preguntó.

-¿Y arriesgarnos a perder a los 2 Jotunn que nos quedan? No, Loki, es suficiente. Si un Dios Guerrero Dorado pudo derrotar a uno de ellos, imagina lo que pueden hacer los otros -aclaró Derbal, meditando sobre todo lo que había ocurrido, y Loki asintió a sus palabras-. Tengo planes más efectivos para el otro par que me queda, puedes retirarte, no requiero más de tus servicios -le pidió Derbal, y tras una reverencia, Loki se retiró.

-¿Loki? ¿Cómo el Dios del Fuego y las Travesuras? -se burló Bud, saliendo de entre las sombras, y observando a Derbal con una sonrisa malévola- Parece que te has hecho con aliados muy poderosos, Derbal. ¿Cómo te hiciste del control de 3 Jotunn? Me impresionas. ¿Son todos del mismo tipo? -le preguntó curioso.

-Mi querido muchacho, ¿por quién me tomas? No puedes esperar a que revele todos mis secretos en una sola tarde, ¿no lo crees? -le sonrió Derbal, acercándose a su mesa de noche, y sirviéndose una copa de vino- Lo único que debes saber, es que no existe nada para lo que yo no esté preparado. Los Jotunn son las herramientas de batalla perfectas para aniquilar a los dioses, estos 3 que poseo, no son más que lo primero que tengo preparado para los dioses. Uno pensaría que con tanta preparación como la que yo tengo, Odín hubiera enviado a Thor para hacerme frente, pero no parece ser ese el caso, supongo que incluso Odín sabe que tengo todo a mi favor -bebió Derbal, y le invitó una copa a Bud.

-Eso parece ser, Derbal -se cruzó de brazos Bud, negando el ofrecimiento-. En verdad parece que tienes todo bajo control. ¿Si Odín viniera él mismo a enfrentarte? ¿Si lo hiciera Thor? ¿Podrías salir victorioso ante ellos? -le preguntó curioso.

-El único que podría hacer algo contra mí es el mismísimo Loki, eso te lo aseguro -aclaró Derbal, sintiéndose en extremo seguro de sí mismo-. Hay muchacho, no llevo 5 años preparándome para llevar la guerra a los dioses, esto ha sido un trabajo de toda una vida. Poseo herramientas, hechizos, y encantamientos, que harían al mismísimo Odín arrancarse las barbas en desesperación intentando pensar en lo que ha ocurrido. Quédate conmigo, y te aseguro que lo entenderás -le aseguró.

-Eso es lo que pretendo hacer, Derbal -le aseguró Bud-. Pero antes, requiero que me digas lo qué sabes de Syd -le pidió, lo que sorprendió a Derbal-. Sobrevivió, ¿no es verdad? No han encontrado su cuerpo -dedujo Bud.

-Oh, pero por supuesto que envié a mis hombres a buscarlo, regresaron con las gargantas rebanadas, en efecto, tu hermano está más que vivo -le aseguró Derbal, lo que molestó a Bud-. Pero descuida, ¿no te he dicho que lo tengo todo bajo control? Tu hermano Syd, no será una amenaza por mucho tiempo. He enviado a un ser colosal a darle cacería, nadie, ni siquiera un Dios Guerrero de la Osa Mayor, podría sobrevivir a semejante bestia -aseguró Derbal, sirviéndose vino nuevamente, y brindando, por la muerte próxima de un Dios Guerrero enemigo.

Fjördland. Reino de Brávellir.

-¡Aaaaah! -resonaba el grito de un Dios Guerrero envuelto en un Ropaje Sagrado color de esmeralda, por las montañas nevadas cercanas al reino de Brávellir. Sangre le caía de múltiples heridas en su cuerpo, mientras era envuelto por la sombra de un inmenso guerrero, que lo tomaba de la cabeza, tirando de su casco, mientras mantenía un arma afilada, de forma triangular, en contra del cuello del herido guerrero, sosteniéndolo sobre una pendiente, amenazando con lanzarlo al vacío- Rung… -suplicaba el Dios Guerrero, mientras el afilado objeto le cortaba la garganta-. ¡Ya basta! ¡Ambos somos leales a Odín! -pataleaba el Dios Guerrero, doblándose de dolor.

-Debiste pensar en eso antes de traicionar a Derbal, Syd -le contestaba el musculoso hombretón que lo mantenía suspendido, y retraía su brazo para ganar impulso-. Le he jurado a Derbal que le llevaría tu cabeza, y eso es exactamente lo que pienso hacer, el resto de tu cuerpo, la verdad es que me es indiferente. ¡Ahora muere! -atacó el hombretón, aunque Syd logró elevar su cosmos, y con el antebrazo detener el arma, que de todas formas le atravesó la mano, pero no así su cuello- Tal parece que debo tener más cuidado contigo… eres más fuerte de lo que incluso Derbal pensaba… -se impresionó el hombre.

-Seré tan fuerte como deba serlo. ¡Hasta ver a Saori sentada en el trono de Hlingard! ¡Garra del Tigre Vikingo! -enunció Syd, su ataque despedazó el montón de roca congelada en que se encontraba, y junto al guerrero Rung, comenzó a caer al vacío, siendo tragado por la oscuridad del abismo.


Glosario:


1 – ARTEFACTOS:

Gjallarhorn: Cuerno que los dioses le entregaron al dios Heimdall para alertarlos del ataque de los gigantes, se dice que sonará una única vez, anunciando la llegada del Ragnarok.

2 - CRIATURAS:

Angrboda: Conocida como la madre de los gigantes, es una giganta con la que Loki, el dios del Fuego y las Travesuras, tuvo a los 3 hijos de la calamidad, siendo estos Fenril el Lobo, Jormungandr la serpiente, y Hel la diosa de los muertos.

Atla: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Aurgiafa: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Auegia: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Egia: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Einherjer: Nombre con que se le conoce a los guerreros seleccionados por Odín para que luchen a su lado en el Ragnarok. Cuando un guerrero ha sido virtuoso y honorable en batalla, se le otorga la oportunidad de unirse a los ejércitos de Odín, convirtiéndose de esta forma en un Einherjer.

Gjálp: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Greip: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Grendel: Criatura entre Gigante y Troll que atemorizó a Hérot, en Dinamarca, y quien es el principal antagonista del primer canto del poema épico de Beowulf.

Iarnsaxa: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Sindur: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

Ulfrun: Una de las 9 gigantas con quien se casó Odín, y que se fusionó con otras 8 gigantas para engendrar junto con Odín a Heimdal. Una vez concebido Heimdal, se separaron y criaron a Heimdal juntas.

3 - DEFINICIONES:

Freyadagr: Día de la semana en honor a la diosa Freyja, del inglés Friday, traducido al español como Viernes.

Lordag: Traducido de forma literal del nórdico antiguo, significa día de baño.

Manídagr: Día de la semana en honor al dios Maní, del inglés Monday, traducido al español como Lunes.

Soldagr: Día de la semana en honor a la diosa Sól, del inglés Sunday, traducido al español como Domingo.

Thordagr: Día de la semana en honor a Thor, del inglés Thursday, traducido al español como Jueves.

Tyrdagr Día de la semana en honor a Tyr, del inglés Tuesday, traducido al español como Martes.

Vatdagr: Día de la semana dedicado por los pueblos Vikingos a bañarse, literalmente significa día del baño, en idioma español no hay una traducción, pero es lo más cercano que hay al día Sábado.

Wodendagr: Día de la semana en honor a Wotan, otro de los nombres de Odín, del inglés Wendnesday, traducido al español como Miércoles.

4 - DIOSES:

Maní: Dios Aesir que representa a la luna, surca sobre una carroza los cielos, perseguido por el lobo gigante Hati, un lobo de hielo que, cuando lo alcance, lo devorará y anunciará de esta forma la llegada del Ragnarok, se dice que cuando ocurre un eclipse lunar, es porque Hati está cerca de comerse a Maní.

Sól: Diosa Asynjur que representa al Sol, surca sobre una carroza tirada por los caballos Arvak y Alsvid los cielos, perseguida por el lobo gigante Skoll, un lobo de fuego que, cuando la alcance, la devorará y anunciará de esta forma la llegada del Ragnarok, se dice que cuando ocurre un eclipse solar, es porque Skoll está cerca de comerse a Sól.

Ve: Hermano de Odín y de Vili, con quienes creo al primer hombre y a la primera mujer, fue quien les dio los dones de sentidos y de la habilidad para hablar.

Vili: Hermano de Odín y de Ve, con quienes creo al primer hombre y a la primera mujer, fue quien les dio los dones de ingenio y las emociones.

5 - LUGARES:

Bosque de Jarnvird: Bosque que rodea al Jotunheim, lleno de árboles de hierro y donde habitan mujeres Jotunn, lobos gigantes, y Draugrs. Para llegar a Jotunheim desde Midgard, uno debe atravesar este bosque, teniendo cuidado de no perderse en la niebla, ya que el bosque colinda, as u vez, con el Niflheim. Otra leyenda que engloba al Bosque de Jarnvird es, que si algún humano se pierde entre sus bosques, se convierte en un Berserker, o guerrero sin alma, y después en un lobo gigante.

Gjöll: Uno de los 11 ríos que parten del Niflheim y rodea a los 9 mundos. Este río tiene la peculiaridad de que desemboca en Hel, la capital de la muerte, pasando por el Niflheim. Se dice que sus aguas están llenas de cuchillos.

Valhöll: Literalmente significa salón de los caídos, otro nombre para el Valhalla que existe en el Asgard.

6 – PERSONAJES:

Ask: Primer hombre creado por Odín, Vili y Ve, fue descubierto como un tronco de fresno en la playa tras la creación del mundo, y fue dotado de vida por los dioses.

Embla: Primera mujer creada por Odín, Vili y Ve, fue descubierta como un tronco de olmo en la playa tras la creación del mundo, y fue dotada de vida por los dioses.