Muchas visitas y no me dejan reviews, los estoy viendo, los cuervos me susurran a los oídos sus actividades, y sé lo que han estado haciendo, puercos. Es broma, no se lo vayan a tomar enserio.
En fin, quería hacer una pequeña aclaración antes de comenzar con este capítulo. Como bien saben los lectores habituales a mis historias, tiendo a enfocarme en la acción, el drama, y las matanzas, lo que, técnicamente hablando, debería significar que escribir esta historia debiera ser sinónimo de sangre, muerte y destrucción. Bueno, eso no es enteramente cierto, recuerden que es una mitología muy diferente de la Griega. La historia de Saint Seiya está enfocada en la tragicomedia, héroes que se sacrifican por un bien mayor, por ser reconocidos por su heroísmo, por romance inclusive, y por servir ciegamente a los dioses. Bueno, los Nórdicos no son así, los pueblos Nórdicos son agresivos, no necesitan a los dioses, los temen, los respetan, pero buscan su propio honor. Además, entre los pueblos Nórdicos, la familia, la amistad, el compañerismo, eran más importantes que el heroísmo. La única razón para un Nórdico para sacrificar su vida, era alcanzar el Valhala, su honor personal era más importante que una misión romántica y por el bien común.
Habiendo dicho esto, este capítulo tiene el objetivo de demostrar esa diferencia cultural. No son caballeros al servicio de los dioses dispuestos a sacrificar sus vidas por el honor, la gloria y una diosa virgen. Son guerreros, son humanos, con visiones distintas de los dioses, y que seguramente quieren el tesoro entre las piernas de esa diosa virgen. Espero que al final de este capítulo tengan todos una idea más clara sobre la diferencia entre Griegos y Nórdicos.
dafguerrero: Ya extrañaba los reviews estilo biblia. Es verdad que adapté algunos mitos griegos, pero tendré que hacerlo para explicar la existencia de las constelaciones de los 12 Caballeros Dorados. Lo siento, pero eso es algo que no puedo evitar. Sobre Milo, su comportamiento social es reservado, pero tiene buenos maestros, como Hilda y Siegfried, veras que de poco en poco se compone, y claro que iba a rehuir a Saori, primera mujer que ve desde niño o no, sigue siendo una niña. Derbal es mi villano por excelencia, lo siento, pero tendrás que seguirlo soportando, jajaja, me encanta la libertad creativa de los universos alternativos. Sobre Saga y su comportamiento tan diferente de Guerras Doradas, Derbal está fungiendo el papel del Patriarca en esta historia, por ende, Saga no puede cumplir ese papel. Entonces, eso nos deja con solo una alternativa, Saga es leal, Saga no es el malo, es un Saga sin ninguna influencia negativa. Estás viendo a Saga como siempre debió haber sido, sin que Cronos metiera sus narices en su vida. Shura, esa es harina de otro costal, Shura no es muy listo, es todo lo que puedo decir. Las escenas cómicas, creo que serán más recurrentes en esta más que en otras historias, y tiene que ver con la personalidad de los pueblos Nórdicos. Espero esta entrega te haga ver eso mejor.
TsukihimePrincess: Lo de Aioros te lo iré resolviendo de poco en poco. De entrada, lo único que te puedo decir es que los roles de Aioros y Saga están al revés, con Saga siendo el bueno y el prudente, y Aioros cayendo en la oscuridad. ¿Cómo va a terminar esto? La verdad ni yo lo sé, no pensaba llegar tan lejos, jajaja. Ya sé que odias a Lyfia, pero la necesito con vida, no la patees muy fuerte.
Postdata 1: Sigo buscando dibujante para esta serie, ofrézcanse, pago bien, ya sé que no es para nada sencillo imaginar los Ropajes Sagrados de los Guerreros Vikingos, aunque todos sean básicamente iguales.
Postdata 2: Sean felices, verán caras conocidas de personajes clásicos en este capítulo, esto no significa que no habrán más OC, solo significa que no todos serán OC.
Postdata 3: A partir de este momento, en mi profile podrán encontrar un repositorio de información sobre esta historia, entre las cuales incluiré el glosario completo de todos los capítulos, y el cual iré actualizando, para que no tengan que regresarse a buscar alguna definición que no recuerden. Además, este es el lugar donde subiría los dibujos de los Ropajes Sagrados y personajes OC, ¡Si tuviera dibujante! (Leer con voz de Papá de Timmy Turner), entre otras cosas.
EDITADO: 13/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 6: La Protectora de Hombres.
Galdhoppiggen. Mirador de Galdhopiggen. 24 de Septiembre de 4E 05.
-Ya deben estar próximos a llegar al Reino de Brávellir -durante todo el viaje de los Dioses Guerreros Dorados, y los que pertenecen a la Osa Mayor, en dirección al Reino de Brávellir, donde Hilda y Saori se presentarían ante el Jarl Svend Ulfson buscando una alianza, Dohko no había hecho más que vigilar la montaña Galdhopiggen, la cual era una tarea que realizaba de forma recurrente, sin contratiempos, salvo que estos fueran en muy contadas y especiales ocasiones.
Extrañamente, esta parecía ser una de esas ocasiones tan peculiares, ya que un profundo dolor en el pecho comenzó a inundar el cuerpo de Dohko a manera de convulsiones de infarto, mientras su piel comenzaba a tornarse morada, y su rostro se llenaba de sudor. El cabello de Dohko, inclusive, comenzaba a perder su lustre rojizo, y a decolorarse hasta llegar al blanco característico de los ancianos.
Una niebla extraña y fría comenzó a rodearlo, mientras de su interior unas criaturas parecidas a humanos de pieles decrépitas y blancas, con los dedos ensangrentados y faltantes de uñas, parecían asomarse, expectantes, mientras Dohko se tomaba del pecho, y apretaba su corazón. Las criaturas de pieles blancas, parecían emanar vientos congelados de su aliento mismo, mientras se dirigían lentamente en dirección a Dohko, quien reducía su tamaño con cada momento que pasaba. Las criaturas estaban cada vez más cerca, hasta que, sorpresivamente, un rayo de luz las hizo espabilarse, disipando la niebla, y regresando el brillo de la luna sobre el acantilado en el cual Dohko se convulsionaba.
Una vez que la luz dorada se disipó, Dohko lentamente alzó su mirada en dirección a una bella mujer. Su piel era blanca, aunque con un ligero toque de dorado, que le daba una apariencia de estar recubierta por polvos de oro. Su cabellera era dorada también, no rubia como la de las mujeres de Midgard, sino hecha de hebras de oro. Llevaba puesto un Ropaje Sagrado de Oro, pero sin pertenecer a la Orden de los Dioses Guerreros Dorados, y asemejando a un ave dorada, más parecida a un gallo que a cualquier otra ave, pero extrañamente femenino, como su portadora. La bella mujer cargaba una eski, una caja de madera hecha de fresno, en la cual descansaban varias manzanas de oro, mismas que colocó ante Dohko.
-Shunrei… -habló la mujer a una niña que cargaba su velo dorado, de al menos unos 10 años de edad, con su cabello oscuro, como los de una humana cualquiera, atado en una coleta larga y fuerte. Pese a ser una niña, vestía como una guerrera, inclusive cargaba un escudo de madera y una daga amarrada a su cinturón envuelta en pieles. Pero pese a la vestimenta, parecía más una doncella en entrenamiento que una guerrera, ya que, en lugar de llevar cota de malla o ropajes de cuero, su túnica parecía más un saco de papas atado por cuerdas, extrañamente de oro, pero cuerdas al final de cuentas-. Atiende a nuestro amigo, ¿quieres? -le pidió la hermosa mujer.
-Con su permiso -reverenció Shunrei, tomando una de las manzanas, cortándola con su daga, y dándole un trozo a Dohko, quien comenzó a comerla con debilidad, mientras Shunrei guardaba las semillas de la manzana, y comenzaba a hacer una pequeña fogata con varios utensilios que ya traía listos para quemar las mismas, asegurándose de que el fuego las destruyera por completo, antes de separar más pedazos de manzana, y volver a alimentar a Dohko, quien cada vez se veía más joven.
-Mi Asynjur Idunn… me ha salvado la vida nuevamente -reverenció Dohko, rejuvenecido, y sintiendo un inmenso respeto por la Asynjur que se encontraba frente a él, quien dulcemente movió su mano, pidiendo a Dohko que dejara los respetos a un lado-. Aunque debo admitir que ha llegado más tarde que de costumbre, por un momento me pensé en el Niflheim -le aseguró.
-Los Vanir tienen sus reservas con respecto a la última reencarnación de la Asynjur Hlin, Dohko. Ha sido más problemático de lo habitual el poder brindarte mi apoyo -aclaró la Asynjur, mientras Dohko se cruzaba de brazos, y asentía ante sus palabras-. Me temo que los Vanir no confían en la legitimidad de esta niña, y es por esto, que este eskir es el último que puedo brindarte -aclaró la Asynjur, sobresaltando a Dohko, quien miró la caja de fresno con preocupación-. Además de la manzana que te he otorgado, solo dispones de 11 más. Estas manzanas deberán de ser suficientes para completar tu misión, y he de recomendarte que las utilices sabiamente, la intensidad del cosmos que consumas, deteriorará tu vida, y te verás obligado a consumir la siguiente manzana si eres imprudente. Dohko, realmente no llegué tarde ante ti, consumiste de tu cosmos, por ello casi mueres -le recordó.
-Solo una vez… no pensé que fuera tan importante, además de que tampoco pensé que me limitarías las manzanas -se quejó Dohko, aunque de forma infantil, lo que le robó una gentil sonrisa a la Asynjur-. Eso solo me deja con 2 posibilidades, Idunn… no usar mi cosmos y esperar vivir lo suficiente para evitar lo inevitable, o usar mi cosmos sin reservas, y entrenar a alguien digno de seguir con mi misión si llego a caducar antes de tiempo. No pensé que tuviera que recurrir a semejante decisión tan pronto -sentenció Dohko, sumamente molesto.
-Evidentemente estás desilusionado, Dohko, pero más no puedo hacer -le enunció, por lo que Dohko bajó la cabeza, apenado-. Eres el amigo de una Asynjur, y por ello desearía poder confiar en ti incondicionalmente. Pero los Vanir me han pedido que, además de cortarte la ración, te deje a una vigilante que se encargue de destruir las semillas de las manzanas doradas que no deben, bajo ningún motivo, existir en otro reino ajeno a Vanaheim. Shunrei, de ahora en adelante, y hasta su muerte, servirás a Dohko -ordenó Idunn, sorprendiendo tanto a Dohko como a Shunrei.
-¿De qué va eso? ¡Idunn! -se quejó Dohko, mientras Idunn se convertía en una luz brillante, que estalló en dirección al cielo, donde se perdió de vista- Si esta es la venganza de tu marido por lo nuestro, no es divertida, Idunn -se fastidió Dohko, apenando a Shunrei, quien lo escuchó todo-. No me prestes atención. Ahora… ¿qué se supone que voy a hacer contigo? Esa Idunn, dejándome toda la custodia a mí, y con 11 manzanas solamente. En fin, sígueme, que no me gusta desprenderme de mi vigía mucho tiempo, menos si ahora solo tengo 11 manzanas -se quejó Dohko, pidiéndole a Shunrei que lo siguiera hasta una casa cercana a donde Dohko siempre vigilaba-. Esta es mi casa, y la base de operaciones de la rebelión. No es mucho, pero es tu deber limpiarlo todo de ahora en adelante, cocinar, y atender a todas las necesidades de los que viven aquí -agregó Dohko con fastidio.
-¿Eh? Soy ayudante de la Asynjur Idunn, no una esclava -se molestó un poco Shunrei, mientras Dohko le entregaba una escoba, y tomaba otra él para enseñarle a barrer-. Sé barrer perfectamente -aclaró.
-Que bien, menos explicaciones que dar -se alegró Dohko, por lo que Shunrei intentó quejarse, hasta que escuchó los quejidos de un joven que hasta esos momentos dormía en una cama de madera, envuelto en pieles de diversos animales, sudando frío, aparentemente con fiebre-. Ese es Shiryu -le explicó Dohko, sorprendiendo a Shunrei-. Entre tus responsabilidades, está la de siempre cuidar de él. Lo alimentarás, curarás sus heridas y, sobre todo, sin importar qué, así como yo debo de consumir las manzanas de Idunn para sobrevivir, tú deberás dar de beber esta sustancia a Shiryu una vez al mes, antes de cada luna llena. ¿Ha quedado claro? Es tu tarea más importante -le explicó.
-Darle de beber… -inspeccionó Shunrei el frasco con el líquido azul que Dohko le había entregado, y gracias a su conocimiento por servir siempre a los dioses, dedujo lo que era-. ¿Eitr? -se sobresaltó- En su estado más puro, además. ¿Cómo puede hacer algo tan ruin? Envenenar a este chico con algo tan peligroso. Más importante, la única forma de obtener este Eitr sería enfrentando a… -se quejó ella, mas entonces escuchó los gritos de dolor del niño, y vio en su espalda dibujarse una serpiente a manera de tatuaje-. ¿Jormungandr? -se estremeció Shunrei.
-Uno de sus vástagos al parecer -aclaró Dohko, y ante aquel comentario, Shunrei palideció-. Darle de beber esto una vez al mes, es la única forma de mantenerlo en su forma más controlable. ¿Lo comprendes ya? Él es humano únicamente porque bebe esto. El Eitr de otras serpientes puede ayudarlo a mantener su forma humana, pero solo este Eitr lo mantiene completamente sellado. Acabo de darle la dosis de este mes, por ello es que está sufriendo tanto. Se recuperará dentro de poco, hasta entonces, ve que no le falte nada -terminó Dohko, saliendo de la casa, y regresando a su vigilancia-. Esto… complica mucho las cosas… con solo 11 manzanas, conseguir más Eitr será muy complicado -agregó Dohko, meditando sobre todo lo que acababa de pasar-. Mi intervención en las Guerras de Dioses deberá de ser mínima, no puedo arriesgarme a quedarme sin suministro, no a menos que ese chico pueda buscar su propio Eitr… -miró una última vez Dohko en dirección a la casa, de la cual se escuchaban los gritos de dolor-. Solo espero que esté listo a tiempo -finalizó, y volvió a su vigilancia.
Fjördland. Reino de Brávellir.
El sonido de un cuerno de guerra despertó a Saori, así como el movimiento en la proa del Drakkar principal, mientras los Guerreros Vikingos ocultaban la vela del Drakkar, y Harald comenzaba a dar sus órdenes.
-¡A los remos! ¡Ahora! ¡Si no quieren remar entonces no estorben, princesitas! -le recriminaba Harald, como ya había hecho en varias ocasiones, forzando a Saori y a Hilda a levantarse del lugar en donde dormían, sobre los incomodos maderos de un banco para remar, y permanecer paradas mientras los guerreros en el Drakkar, además de los prisioneros, se sentaban en los bancos y comenzaban a remar.
-Mi espalda… ya quiero llegar a Brávellir para dormir en otra cosa que no sea un banco de madera podrida. Me siento como una anciana de ochenta años -se fastidiaba Hilda, mientras veía a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor y a los Dioses Guerreros Dorados, acomodarse en los bancos, todos menos Shaka, quien aún se encontraba descansando en los aposentos de Harald, atendido como siempre por Andreas.
-Descuide sacerdotisa, en las celdas de Brávellir hay suficiente paja. No crea que va a llegar a dormir a una linda habitación con una cama repleta de pieles, son prisioneros -le recordó Harald, y encaró al resto de los prisioneros-. ¡Y más les vale no volver a competir a ver quién rema más fuerte como la última vez! ¡Por poco nos hunden, tarados! -les gritó Harald.
-Aioria empezó -se defendió Tholl, mientras Aioria estaba que se moría de ganas de volver a poner a prueba su fuerza de remo contra la de Tholl, aunque en esta ocasión, ambos fueron reprendidos por las miradas de molestia tanto de Siegfried como de Milo-. Que te quede claro que soy el más fuerte, gatito -sentenció Tholl.
-Mira cómo te tengo miedo, lombriz -le respondió Aioria, y tanto él como Tholl se pusieron de pie y se encararon el uno al otro, ante la risa y los festejos de todos los guerreros en el Drakkar, quienes querían ver pelea, pero Harald nuevamente puso orden.
-Al próximo que diga que quiere sangre, lo ofrezco en sacrificio al Godi para que le practique un Águila de Sangre, y así veremos si les quedan ganas de sangre -sentenció, por lo que todos lo obedecieron, con el terror del horrendo ritual en sus mentes-. Mantengan el ritmo, estamos por pasar las Fauces del Dragón -enunciaba Harald, mientras los Drakkar llegaban a un estrecho en el fiordo, donde las embarcaciones corrían el riesgo de hundirse por el poco espacio que había entre el fiordo y las paredes. Sobre sus cabezas, varios guerreros apuntaban flechas en dirección a los recién llegados, como si estuvieran dudosos de que quienes llegaban fueran aliados, pese a llevar el emblema de Brávellir en un escudo de reconocimiento. El emblema de Brávellir, era un blasón rojo con una franja dorada vertical dividiéndolo por la mitad, con el emblema de la cabeza de un dragón de color negro con las fauces abiertas, blasón fácilmente visible al ser cargado por uno de los tripulantes, quien se encargaba de identificar a los Drakkar como aliados.
El grupo de 4 Drakkar continuó con la travesía por el estrecho fiordo sin que los arqueros los acribillaran, pero frente a ellos se encontraba una red de cadenas que impedían el paso por entre una apertura en una muralla con la forma de cabeza de dragón con las fauces abiertas, sobre la cual un Guerrero Vikingo se encontraba. Era joven, de cabellera escarlata, y sin un pelo de barba, aunque sus ojos azules y rasgados denotaban una inmensa autoridad. Su Ropaje Vikingo era casi idéntico al de Harald y sus hermanos, con ligeras diferencias siendo por ejemplo que, en lugar de adornos de oro en su caso, estos eran de plata, además de que, en lugar de tener una rosa de los vientos en el emblema del cinturón del peto, llevaba una vela extendida como emblema, y sobre el pecho, el dibujo de un Drakkar.
-¿Quién va que por el fiordo travesía solicita? -llamó el Guerrero Vikingo en la cima de la entrada con forma de cráneo de dragón tallado en roca, mientras sostenía una antorcha bien alzada, que los arqueros miraban esperando la señal de ataque o de repliegue.
-¿Cómo que quien va? ¡Cara de trasero de Trol arrugado! ¡Soy tu hermano mayor, Harald! -se quejó el Huskarl del Drakkar, mientras el hombre en la cima de la entrada a la ciudad, hacía como que se limpiaba los oídos- ¡Repliega la maldita red! ¡La última vez que hiciste una de estas bromas, perdimos a 3 Drakkar! -se quejó Harald.
-Nicolás de Velorum Gamma, Guerrero Vikingo de Drakkar, no hace bromas, forastero -se burló el joven Guerrero Vikingo, mientras Harald se preocupaba al ver las cadenas cada vez más cerca de sus Drakkar, y cuando estas estuvieron tan cerca que la cabeza del primer Drakkar estuvo a punto de quedar atrapada, Nicolás dio su orden-. Suelten la red -ordenó, y los guerreros soltaron la cadena, hundiendo la red, y permitieron al primer Drakkar pasar-. ¡Eso es por bajarme a la novia, imbécil! -le gritó Nicolás.
-¡Voy a partirte la sonrisa cuando desembarque, sesos de Trol! -insultó Harald, mientras el grupo de Saori observaba al Huskarl con curiosidad- No me juzguen, estaba ebrio, y ella no se resistió -se defendió él.
-Hombres… -se quejó Hilda, y Saori asintió en ese momento, mientras el primer Drakkar pasaba por los interiores de la cabeza tallada de dragón, y revelaba una inmensa ciudad, repleta de cientos de casas fortificadas, de piedra tallada en lugar de madera como las que se encontraban en el Santuario de Hlingard, y la mayoría de los pobladores vistiendo pieles vikingas, trajes de cuero o de hierro, escudos atados a sus espaldas, y cargando todos alguna clase de arma. Se encontraban entre los guerreros inclusive a varias mujeres, con los rostros llenos de pinturas y símbolos rúnicos, siempre listas para entrar a la batalla junto con los hombres.
-Bienvenidos sean, a Brávellir, la capital de la guerra -señaló Harald a un par de estatuas inmensas, una perteneciendo al dios Odín, de varios metros de altura, con la espada de Balmung desenvainada y chocando con la espada de otra inmensa estatua, está siendo la de un guerrero muy similar a Odín, pero contaba con ambos ojos, aunque le hacía falta la mano derecha, y empuñaba la espada con la mano izquierda.
-Odín, Dios de la Sabiduría en la Guerra, te saludamos -habló un guerrero dentro de la embarcación, y todos los que se encontraban dentro, reverenciaron ante la estatua de Odín, mientras navegaban por debajo de su espada-. Tyr, Dios de la Guerra y el Honor, te saludamos -prosiguieron saludando al otro dios que se encontraba en los muelles, y entonces amarraron a los Drakkar en los atracaderos, y todos se prepararon para el desembarco.
-Por fin una buena comida, una buena bebida, y a dormir con una buena mujer, no le digan a mi esposa que ya llegué, por cierto -exclamaba un regordete Guerrero Vikingo, el mismo al que Saori había visto saltar desnudo por la borda en el anterior Lordag. Aunque al verlo vestido, llevando un Ropaje Sagrado como el de Harald, comprendió que se trataba de uno de los 30 Guerreros Vikingos, este perteneciendo a la Carina, otra de las partes de la constelación de Drakkar, siendo esta de grado bronce, evidente en los adornos de su casco. Dibujado en su pechera, llevaba a un oso inmenso. Al pasar frente a Saori, el regordete guerrero de barba castaña y revuelta, reverenció-. Björn de Carinae Theta, Guerrero Vikingo de Fylgja, señorita -reverenció el hombre con excelsos modales, confundiendo a Saori, y molestando a su grupo de Dioses Guerreros, quienes estaban a punto de interferir-. Cuando quiera, puedo enseñarle la ciudad, me daré algo de tiempo… oh… -se quejó el regordete, a momento que fue cargado por otro Guerrero Vikingo, uno muy joven, Saori notó que muy probablemente tenía su misma edad, pero levantaba al hombre regordete sin problema.
-¿Otra vez coqueteándole a las prisioneras, Björn? ¿Qué pensará tu esposa si le voy con el chisme? ¡No tienes remedio! ¡Lanzamiento de Ebrios! -imitó un ataque el joven Guerrero Vikingo, también de grado bronce, y lanzó al regordete hombre por los suelos, haciéndolo rodar- Que no te engañe, es un mujeriego, aunque es de buen corazón, no es malo, solo un pervertido -aclaró el joven, mirando a Saori fijamente. Su piel era un poco bronceada, y su cabellera castaña, con ojos de avellana, y sobre el Ropaje Sagrado poseía el emblema de un Caballo Alado-. Seiya de Carinae Eta, Guerrero Vikingo de Hofvarpnir -se presentó el joven, cuya energía ruborizó a Saori, quien estuvo a punto de estrechar la mano de Seiya, hasta que el rostro de Seiya se vio rodeado de una mano, antes de ser lanzado con violencia al cuerpo de Björn, quien apenas y se estaba poniendo de pie.
-¡Milo! -reprendió Saori a momento que notó que su Dios Guerrero Dorado había actuado con rudeza, aunque no era el único, ya que el resto de sus Dioses Guerreros, tanto Dorados como de la Osa Mayor, se mostraban molestos por las aproximaciones de Seiya- Eso ha sido muy grosero, discúlpate en este instante -ordenó Saori, pero antes de que Milo pudiera hablar, una fuerza de cosmos impresionante arremetió contra él, derribándole el casco de un potente golpe, mientras Milo, sorprendido, miraba a su atacante con molestia. Seiya se había puesto de pie, y no estaba para nada contento.
-Oh… esto se va a poner feo. ¡Me encanta! ¡Pelea! -gritó Björn, y tras escuchar su grito, otros guerreros comenzaron a gritar. De poco en poco comenzó a correrse la voz, y la tierra alrededor del grupo comenzó a temblar, mientras más y más guerreros llegaban ante los muelles, sorprendiendo a los presentes, y preocupando a Harald, quien se tomó el rostro y se lo estiró con molestia- ¡30 galds, 2 bueyes y 3 gallinas al dorado! -gritaba Björn.
-¡Oye! ¿Qué clase de amigo eres? -se quejaba Seiya, mientras escuchaba más apuestas de todos los presentes, todas en su contra- ¿Qué nadie va a confiar en mí? ¡No importa! ¡Voy a partirte el rostro, niño bonito! ¡Meteoros de Hofvarpnir! -atacó Seiya, con el inmenso Caballo Alado respaldando su cosmos, y aunque Milo se mostró sorprendido por el tremendo poder, apenas y se movió para esquivar todos los golpes de Seiya- ¡No te creas la gran cosa, Dios Guerrero Dorado! ¡Meteoro de Hofvarpnir! -continuaba Seiya, y Milo simplemente se hizo a un lado, permitiendo al cometa pasar, mientras todos los guerreros alrededor seguían apostando, y algunos inclusive comenzaron a tocar instrumentos musicales, haciendo del evento una fiesta, mientras Milo simplemente se fastidiaba de lo enérgicos y extrovertidos que eran todos a su alrededor- ¿Qué esperas para atacarme? -preguntó Seiya, sumamente molesto.
-Ganas no me faltan, pero sería un abuso ridiculizarte frente a tu familia y amigos -se burló Milo, con una sonrisa arrogante, misma que molestaba aún más a Seiya, cuyo rostro se iluminaba de rojo por el coraje.
-Ah, que no te de pena, por nosotros no te fijes, tu muélelo a golpes -proseguía Björn, recibiendo una mirada de molestia por parte de Seiya-. ¿Qué? Oye yo te cuido, asegúrate de perder y yo invito el hidromiel -aseguró Björn.
-¡Que no voy a perder! -le gritó Seiya muy molesto, más que nada porque Milo ni se dignaba a tomarlo enserio- ¡Ya verás! ¡Voy a destrozarte! ¡Arde cosmos! -prosiguió Seiya, elevando su cosmos, y por vez primera, Milo sintió que debía tomarlo enserio, incluso preparó su aguja para la batalla, aunque pretendía que no se notara- ¡Siente la fuerza de mi estrella! ¡Meteoros de…! -intentó decir, pero pronto sintió una presencia intimidadora a sus espaldas.
-¡Seiya! -gritó una mujer, revestida en un Ropaje Sagrado Vikingo, de grado plata, con una Cobra en la pechera que llevaba puesta- ¡Repliégate en este instante! -ordenó, y aunque Seiya intentó refutar, la mirada fiera de la mujer, que era inclusive más agresiva detrás del tatuaje de tinta oscura que llevaba a manera de antifaz alrededor de los ojos, logró desalentarlo- Me disculpo, Huskarl Harald. Veré que los reclutas de la unidad de la Carina, se comporten -finalizó.
-Todos los días en Brávellir son un caos -les explicó Harald, caminado en dirección a la mujer de cabellera esmeralda-. Aunque una buena mujer todo lo arregla, les presento a Shaina de Velorum Ómicron, Guerrera Vikinga de Dronning, una de nuestros guerreros más fuertes -presentó, y la mujer reverenció-. Pero ya ha sido suficiente de este circo, Andreas, ¿todo bien con el prisionero? -preguntó Harald a Andreas, quien había terminado de amarrar a Shaka a unas tablillas, que serían tiradas por unos guerreros en dirección a los centros de atención- Bien, Andreas se encargará de su amigo, hasta ahora lo ha mantenido estable con la ayuda de varios venenos y ungüentos, pero ha perdido mucha sangre, y algunas de sus heridas están infectadas, su recuperación será más prometedora una vez que lo vea uno de nuestros sacerdotes -le aseguró Harald.
-Le prometo que haré todo lo que esté a mi alcance, señorita Saori -reverenció Andreas, acompañando al grupo que llevaba a Shaka, aún inconsciente, en dirección a los centros médicos, mientras Saori cerraba sus manos en una plegaria.
-Asynjur Eir, Diosa de la Sanación y la Salud, cuida de mi Dios Guerrero Dorado y ayúdalo a salir adelante de tan horribles heridas… -suplicó Saori, y una vez terminada su oración, se dirigió a Harald-. Huskarl Harald, como hemos prometido, por ayudarme a traer a mi Dios Guerrero Dorado a tiempo hasta Brávellir para que se atiendan a sus heridas, nos ponemos todos a su disposición -miró Saori a Mime, quien asintió en ese momento y se acercó a Harald, haciendo una reverencia-. ¿Podré tener audiencia con Jarl Svend Ulfson antes del juicio? -preguntó ella.
-Umm… no se amotinaron en ningún momento, y han cumplido con su juramento -meditó al respecto Harald, mientras Saori cerraba sus manos en forma de plegaria-. Tendrás tu audiencia -aclaró Harald, alegrando a Saori-. La llevaremos ante Jarl Svend Ulfson, pero solo podrá llevar a la Sacerdotisa de Odín, y a un Dios Guerrero que la represente. Nada más. Mime irá a prisión, a Shaka lo mantendremos bajo observación, y el resto de sus Dioses Guerreros podrán usar el Salón de Hidromiel de Boca Dragón para alimentarse y embriagarse. Pueden hacer de esta propiedad su hogar temporal, enviaré a algunos escuderos a atenderlos -aseguró Harald.
-Comprendo, Huskarl Harald -aceptó Saori, y miró a sus Dioses Guerreros-. Llevaré conmigo a Alberich, como la voz de mi sabiduría. El resto por favor espere en el Salón de Boca Dragón -reverenció Saori, y una vez que se decidió, Harald y sus hermanos guiaron a Saori, a Hilda, y a un Alberich que se contoneaba por haber sido el elegido frente a Siegfried, en dirección al Palacio de Brávellir, mientras al resto de los Dioses Guerreros, los guio Shaina en dirección al Salón de Boca Dragón.
-Pueden usar el Salón de Boca Dragón como les plazca, enviaremos comida y bebida, además de túnicas limpias para su aseo personal -los invitó Shaina a pasar, y encontraron en su interior varias mesas de banquete, una pira de carbón que iba de un extremo del salón hasta el trono del final del mismo, 2 pisos con diversas habitaciones, instrumentos musicales y platería diversa, y polvo, mucho polvo-. Como pueden observar, no solemos tener visitas en un Midgard plagado de guerra. Hagan lo que les plazca, pero no pueden salir, quien sea sorprendido intentándolo, será ejecutado -aclaró Shaina, antes de intentar salir por la puerta.
-Disculpa, ¿habrá algo de…? -intentó detenerla Aldebarán, cuando Shaina notó que el hombretón intentaba tomarla del hombro, y pensando que se trataba de un ataque, intentó cortarle a Aldebarán la garganta con sus afiladas uñas, pero Aldebarán resultó ser más rápido, evadió el tremendo ataque de cosmos, le dobló el brazo, y la derribó, dejándola perpleja y tendida en el suelo- Solo quería preguntar si había aceite para prender la hoguera. Hace mucho frio -se molestó Aldebarán.
-¡Aquí hay algunos, Alde! -enunció Mu, quien había encontrado los aceites junto con Hagen, quienes no pretendían darse a la espera. Hacía frio, y el lugar estaba incluso más frío que el exterior- Nosotros prenderemos la hoguera, tú preocúpate por derretir un poco de nieve para hacer agua y limpiar la platería -le pidió Mu.
-Oh, supongo que debí buscar antes de… -intentó decir, cuando notó que Shaina se levantaba, y lo miraba con desprecio-. Yo… me disculpo… -se apenó Aldebarán, perturbado por la horrible mirada de odio que le dirigía Shaina.
-¡No vuelvas a hacerme malinterpretar las cosas! ¡O te rebanaré la garganta! -prosiguió Shaina, antes de intentar salir del Salón de Hidromiel- Nadie jamás… había logrado derribarme antes… te aseguro que jamás volverás a tener tal suerte, armatoste -enfureció Shaina, y azotó la puerta con tanta fuerza, que las bisagras cedieron, y la misma se cayó.
-Este lugar es un basurero -se quejó Tholl, levantando la puerta y volviéndola a colocar-. Mu, ¿sería mucho pedir que usaras tus habilidades de herrero para hacer unas bisagras nuevas? Si vamos a hacer de este lugar nuestro hogar temporal, prefiero que no nos congelemos -aclaró Tholl, sosteniendo la puerta.
-Necesitaré metal que fundir y que la hoguera esté lista -se molestó un poco Mu, como pesando que sus habilidades se desperdiciaban en un lugar como ese, y extrañando sus excavaciones en las Grutas de Brezal de Gnita-. Aldebarán, ve a partir leña… -pidió Mu, notando que Aldebarán no le ponía atención-. ¿Alde? -preguntó nuevamente.
-No creo que coopere mucho, está salivando por esa bella Hermana de Escudos -se burló Hagen, ganándose la atención de Aldebarán, quien comenzó a limpiarse el labio-. Era solo un decir, grandulón. Pero es más que obvio que disfrutas de la belleza de Brávellir. En todo caso, mientras Saori esté ocupada en audiencia con el Jarl Svend Ulfson, hay que ocuparnos. Fenril, ¿hay algo de comer en el almacén? -preguntó mientras veía a Fenril abrir la puerta trampa del almacén.
-Si había, se lo comieron las ratas -se quejó Fenril-. Este lugar es una pocilga. Buscaré la apertura por la que entraron esas malditas y la cerraré. Aioria, ven a ayudar, Milo, tú también -ordenó Fenril, pero Milo se encontraba muy distraído-. Oye, alimaña rastrera -insultó.
-Déjalo, Fenril -habló Seigfried con cautela, por lo que Fenril se fastidió y entró al almacén junto con Aioria para intentar reparar el lugar. Una vez que estuvieron solos, Siegfried se dirigió a Milo-. ¿Qué ocurre? Normalmente no eres tan silencioso ante los insultos -preguntó.
-Solo me preguntaba si ofendí a Saori de alguna manera -confesó Milo, sentándose en una de las bancas, mientras observaba a Hagen encender la hoguera-. No es porque haya elegido a Alberich, hasta yo sé que era la elección más sensata. Solo pensaba que, en mi intento por defender el honor de Saori, permití que ese mocoso me colmara el temple -le explicó.
-¿El Guerrero Vikingo de Hofvarpnir? -le preguntó Siegfried, y Milo asintió- Si bien es cierto que desde niño viviste en la Isla de Lyngvi, y tu agresividad es comprensible. Tu manejo de los modales y la etiqueta es sobresaliente, no tengo queja alguna de ella, has seguido bien mis recomendaciones -aclaró Siegfried, lo que sorprendió a Milo-. Todos los aquí presentes hemos recibido alguna educación. Eso tristemente se te fue negado, pero tu capacidad de aprendizaje sobrepasa mis expectativas. El problema entonces, no son los modales. El problema es que te molesta que alguien tenga la atención de Saori, algo comprensible, si tomamos en cuenta que has tomado el papel de su guardián -le aclaró.
-No es mi intención ser el niñero de esa niña, Siegfried -aclaró Milo, ganándose la atención de Siegfried-. Entiendo el que Heimdal sea el guardián de los dioses, y que por ello se espere que yo sea el guardián de Saori. Lo que me preocupa no es eso, me preocupa, que mi juicio se vea afectado por querer mantener a otros lejos de ella -aclaró.
-Lo comprendo… -meditó Seigfried, pensando en Hilda-. Lo comprendo, pero debes ignorar ese sentimiento. Lo que quieres es imposible, y está prohibido -aclaró Siegfried, lo que molestó a Milo aún más-. Milo, la Asynjur Hlin jamás se ha dejado doblegar por el romance. Es una de esas diosas extrañas de nuestro creer que practica la conservación de su pureza. Será la Protectora de Hombres, pero lo es porque no le da predilección a ninguno por sobre los demás. Así ha sido por las 4 Eras. En otras palabras, ella es una Asyjur virgen -le explicó, lo que consternó a Milo.
-¿Qué parte de la conversación te hizo pensar siquiera, que yo estaba pensando en algo así? -se fastidió Milo, aunque Siegfried le sonrió, lo que era demasiado extraño en él- Te recuerdo que las sacerdotisas son vírgenes también -lo fastidió Milo, aunque Siegfried era muy difícil de doblegar.
-Desvía la atención del tema todo lo que quieras. Yo solo te hago la recomendación pertinente, por esta empresa, por mi Asyjur, y por el bien de Midgard -le aseguró, y Milo tan solo se cruzó de brazos, o al menos así fue, hasta que la puerta del Salón de Hidromiel se abrió, y Milo tomó una pose más defensiva.
-Eah, tranquilos, Dioses Guerreros, que no vengo en plan de buscar pleito, no todavía -habló Björn, mirando a todos los Dioses Guerreros a la defensiva-. ¡Ja! ¡Bonito basurero al que llegaron a parar! ¡Se nota que no le caen para nada bien a Harald! ¡Pero a mí me agradan! ¡Traje hidromiel! -exclamó con orgullo, enseñándoles a todos un barril lleno con el preciado líquido, aunque la mayor parte del grupo aún actuaba con cautela.
-¡Por fin algo coherente! -exclamó Tholl- ¡A mí también me agradas! ¡Y me sentiré mucho más cálido con la barriga llena de hidromiel! -celebró Tholl, invitando a Björn a pasar, quien no se hizo esperar, llevó el barril frente al trono del Jarl, tomó su hacha, y partió la tapa, acto seguido sacó un cuerno, lo llenó, y se lo ofreció a Tholl, quien bebió alegremente- Oh, extrañaba esta dulce sensación. Ya eres mi hermano, Björn -celebró Tholl, llenando su cuerno una vez más, y riéndose a carcajadas con Björn.
-Te recuerdo que la puerta sigue rota -se quejó Mu, intentando poner algo de orden en el lugar, y sintiendo que, al ser prisioneros, no debían ser tan abiertos con los hombres de Brávellir-. Agradecemos la intención, pero no vinimos a socializar, somos prisioneros, y lo que menos queremos es meternos en más… proble… ese aroma es… -se preguntó Mu.
-¿Está envenenado? -preguntó Siegfried, tomando a Björn del cuello, y levantando al hombre regordete, colocando a todos a la defensiva- ¡Tholl! ¡Deja de tomarte eso! -enfureció Siegfried.
-¿Envenenado? Eso es de mujeres, si los quisiera muertos, bastaría con quemar el Salón de Hidromiel, además de que yo también estoy tomando -le explicó Björn, y aunque cauteloso, Siegfried bajó a Björn-. Ah, pero lo que este joven detectó, es mi orgullo. No tienes la cara de briago, pero puedo ver que disfrutas de un buen hidromiel -apuntó Björn, con una malvada sonrisa, mientras Mu desviaba la mirada-. Estás frente a la receta especial de Björn. 1 litro de miel por cada 3 de agua, levadura de la más fresca, ramitas de romero, unas cuantas estrellas de anís, clavos de olor, un pellizco de nuez moscada, y unas cuantas ramas de canela -saboreó Björn, Tholl eructó, y Mu, se mostró demasiado curioso-. Y un ingrediente secreto más, que hace a mi mezcla la más deliciosa de todos los hidromieles de Brávellir. ¿No quieres saber cuál es? -preguntó Björn, llenando un cuenco, y ofreciéndoselo a Mu.
-So-solo por la curiosidad del descubrimiento culinario, no crea que es por otra razón -tomó el cuenco Mu, y en los labios de Hagen apareció una sonrisa malévola, misma que Mu notó-. ¿Qué ocurre? -se preocupó Mu.
-Nada, solo me deleito de encontrar a un maestro en la preparación de hidromiel. No hay nada más placentero que ver a un terco comensal entregarse ante el verdadero arte -se burló Hagen, y antes de que Mu se diera cuenta, ya estaba rodeado por los curiosos Dioses Guerreros.
-Es solo hidromiel -se fastidió Mu y tomó, pero tras haberlo hecho, sus ojos se abrieron de par en par, y tanto Hagen como Björn intercambiaron una mirada de complicidad-. El ingrediente secreto… es limón… -agregó Mu, muy poco impresionado, cruzándose de brazos, e ignorando la situación-. Me decepcionas, pensé que sería un ingrediente más especial -aclaró.
-No tiene que ser un ingrediente especial, para hacerlo algo especial -le recordó Björn, mientras miraba a Mu estremecerse, intranquilo-. Es la medida correcta, en la proporción correcta, con el deseo de compartir su calidez correctamente -agregó, llenando otro cuenco-. Ahora, ¿Quién quiere más? -llenó el cuenco Björn, y Mu se lo arrebató, algo ruborizado por aceptar sus faltas- ¡Ese es mi nuevo hermano en la embriagues! ¡Sírvanse! ¡Hay para todos! -exclamó, sirviéndole a Hagen, quien no tardó en probarlo también, y así prosiguió, sirviéndole a todos, incluso a Milo, quien aún con reservas, sintió su ceja temblarle mientras se forzaba a ocultar una sonrisa- El hidromiel es lo mejor para romper el hielo, ¿y saben que es mejor todavía para romper el hielo? ¡Un grupo de ebrios, un banquete, y buenos amigos para divertirnos! -exclamó Björn, abriendo la puerta nuevamente, y dejando a varios de sus amigos entrar, todos cargando más barriles, llevando comida e instrumentos musicales. Algunos habían viajado con ellos por Drakkar, otros se habían unido solo porque les daba la gana. Al poco tiempo, el Salón de Boca Dragón se llenó de invitados, y aunque algunos de los Dioses Guerreros se encontraban incomodados, ya eran demasiados como para sacarlos.
-Oye, grandote -escuchó Aldebarán, encontrando a una muy molesta Shaina, ya sin su maquillaje y sin su Ropaje Sagrado revistiéndola, y en su lugar vistiendo una túnica de piel, como una civil promedio-. ¿Sabes bailar? -preguntó con fiereza, ante las burlas de los guerreros a su alrededor, lo que la ruborizó un poco, aunque pateó el rostro del primer hombre que encontró, aún si este no se había burlado, para acallar a los burlones- ¿Sabes o no? -preguntó furiosa.
-Nadie nunca ha querido bailar conmigo… la verdad… -entristeció Aldebarán, aunque la respuesta aparentemente Shaina ya la esperaba, pero de todas formas tomó la mano de Aldebarán, tirando con fuerza de él hasta la mediación del Salón de Hidromiel, donde ya un grupo de Bardos tocaban la lira, los tambores, y algunos otros instrumentos.
-Esto, es demasiado extraño -se quejó Aioria, aunque pronto se vio rodeado por un par de mujeres, quienes lo sacaron a bailar-. Aunque no me quejo -sonrió Aioria, acompañando a las mujeres a la pista de baile.
-A mí no me metan en estas tonterías -se quejó Milo cuando un grupo de mujeres intentó sacarlo a bailar, aunque al poco tiempo fue obligado a acceder por un burlesco Fenril, quien lo empujó, forzándolo a cooperar-. Esto, no va para nada con mi personalidad -insistió Milo.
-Solo déjate llevar, con un cuerno de hidromiel verás cómo te nacen las ganas -celebró Björn, entregándole el mismo a Milo, quien no lo pudo disfrutar mientras las mujeres a su alrededor lo obligaban a bailar.
-¡Hagen! ¡Tienes que cocinar esto, pero ya! -celebraba Tholl, mientras Hagen colocaba algunos lechones sobre las hogueras, y hacía lo posible por darles su toque característico, aunque algunos guerreros arrancaban piezas aún crudas y se las metían a la boca sin darse a esperar.
-Si tan solo me dejaran cocinar, te complacería, Tholl -enunció Hagen, y pronto notó a Tholl custodiando un par de cabras, impaciente, pero confiado en las capacidades de Hagen, a quien por fin lo dejaron trabajar en paz-. Vale más el hambre para ti siempre, ¿verdad? Paciencia, tendré esto listo pronto, el fuego está de buenos ánimos hoy -aclaró Hagen, y el aroma comenzó a apaciguar a las bestias, quienes ya se reunían alrededor de la hoguera, esperando a que todo estuviera listo.
-No soy bueno para esto -se apenaba Aldebarán, mientras Shaina, ya con más espacio debido a que la mayoría se había ido a esperar la comida, ayudaba a Aldebarán a aprender a bailar-. Además, me da pena que todos me vean… siempre me odian por mi tamaño -le explicó.
-Hay otros más altos -le recordó mirando a Tholl, quien ya lanzaba a un impaciente guerrero por los aires, que se atrevió a interrumpir la cocina de Hagen por arrancar una pierna de ternera-. En Brávellir no nos importa el tamaño, nos importa el corazón, la fortaleza, la valentía. ¿Eres valiente hombretón? Porque nadie puede bailar con Shaina sin ser el más valiente. Soy la serpiente indomable entre las mujeres, ¿crees poder conmigo? -le sonrió ella, y Aldebarán tragó saliva, no logrando pensar en qué decir- Nadie derriba a Shaina y sale bien parado, hombretón. Shaina solo puede estar con el más fuerte. Así que, más te vale ser más fuerte -insistió ella, tirando de Aldebarán, ayudándole a relajarse, y ganándose las miradas de los que ya se habían hecho, a la buena o a la mala, con algo de comer.
Todo el Salón de Hidromiel de Boca Dragón rebosaba con alegría. Mu compartía anécdotas con algunos guerreros sobre sus descubrimientos en las Grutas de Brezal de Gnita, ya un tanto pasado de cuernos de hidromiel. Aldebarán bailaba, completamente ajeno a otra cosa que no fuera Shaina, incluso logrando evitar el pensar en el olor de la comida. Aioria de alguna forma se había metido en una riña por una de las chicas con las que bailaba, que terminó en una competencia de vencidas con más de medio salón. Milo por su parte, se había escabullido de las damas que intentaban sacarlo a bailar, y se había sentado en una mesa cualquiera, aunque pronto quedó sorprendido por los relatos de los dioses que uno de los presentes contaba, casi como si él hubiese estado allí.
En cuanto a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, Hagen cocinaba, y lo que no le era arrebatado por Tholl, era devorado por su competencia directa por la deliciosa comida que les preparaban, Björn. Fenril por su parte, se escapó al segundo piso, encontró unas pieles, y tras sacudirlas, se tumbó e ignoró a todos. Siegfried compartía una actitud similar a la de Fenril, no convivía, pero observaba, sentado sobre el trono del Jarl, como sintiendo que este era su reino, y enorgulleciéndose de la calidez de los pueblos guerreros.
Palacio de Brávellir. Sala de Banquetes de Jarl Svend Ulfson.
-¡Tarado! -gritaba Harald, golpeándole fuertemente la nuca a su hermano Nicolás, quien le había hecho pasar a él y a sus otros hermanos, Canuto, Olaf y Erico, un muy mal rato- Las redes son para los intrusos, no para que hagas bromas pesadas que podrían, si se salen de control, hundir nuestros Drakkar y ahogar a los nuestros. Brávellir tiene solo una salida al mar, mientras nuestros enemigos en Hlingard tienen a todo el océano. ¡Nuestros Drakkar son muy importantes! ¡Imbécil! -continuaba en su regaño Harald.
Mientras tanto, Saori, Hilda y Alberich esperaban en la sala de banquetes a que Jarl Svend Ulfson se presentara. Saori se encontraba nerviosa, más aún cuando sabía que la vida de todos quienes la acompañaban estaba en peligro si ella erraba en sus palabras. Aún si Saori desconocía que sus acompañantes estaban siendo bien atendidos, la realidad era, que semejante recibimiento podía convertirse en una masacre en un simple abrir y cerrar de ojos.
-Saori, debe concentrarse -indicaba Alberich, despertando a Saori de su trance-. La familia de Svend Ulfson, es una familia belicosa. No por nada se conoce a Brávellir como la capital de la guerra misma. Debe comprender que Jarl Svend Ulfson no ha tomado un rol más activo en la guerra contra Hlingard, simplemente porque al hacerlo, los dioses lo castigarían por levantarse en armas contra la hija de Odín, uno de los 2 dioses a quien sigue ciegamente -le ayudaba Alberich a tranquilizarse, aunque Saori sentía que era demasiado para alguien de su edad-. Si quiere que Jarl Svend Ulfson crea en sus palabras, tiene que demostrarle a él, y solo a él, su proceder divino. El ser la hija legitima de Jarl Wotan no basta -le explicó, pero aquello molestó a Hilda, quien tuvo que intervenir.
-¿De qué estás hablando? La única razón por la que Jarl Svend Ulfson podría ayudarnos, es por la promesa de riquezas que obtendría al sentar en el trono del Alto Jarl de Midgard a Saori -se molestó Hilda-. El revelar que Saori es la Asynjur Hlin, solo puede suceder en la presencia de los 12 Dioses Guerreros Dorados, con los 30 Guerreros Vikingos hincando su rodilla ante ella, y los 7 Dioses Guerreros de la Osa Mayor portando los Zafiros de Odín -le explicó.
-Lo cual es imposible porque, en primer lugar, la mitad de los Dioses Guerreros Dorados no están en nuestras filas, no sabemos si los 30 Guerreros Vikingos puedan hincar la rodilla, porque Mime mató a uno de ellos, y Syd es un traidor -le recordó, lo que preocupaba a Hilda-. No, Hilda, esto ya no puede verse como un movimiento político. Uno de los nuestros, inclusive, está por perder la cabeza si somos imprudentes. Tienes que convencerlo de tu proceder divino, y solo tienes una oportunidad. Políticamente hablando no solucionaremos nada, Jarl Svend Ulfson no conquistará Hlingard por mera política, ni aún por la posición de Alto Jarl, él respeta sobremanera a los dioses, Hlin es la hija de Odín, no importa por donde lo veas, convencerlo de hacer la guerra ciegamente y sin pruebas, en contra del reino de la hija de Odín, es un suicidio -aclaró Alberich.
-Pero, Alberich… -se preocupó Saori-. ¿Cómo puedo convencer a Jarl Svend Ulfson de algo por lo que fui expulsada por mi propia gente? -le preguntó, y Alberich meditó al respecto- La única razón por la que sé que soy la Asynjur Hlin, es porque Hilda me lo contó, no tengo prueba alguna, no tengo forma de probar mi divinidad. ¿Qué debo hacer? ¿Cómo puedo hacerlo? -agregó desesperada.
-De la misma forma que nos convenció a nosotros, de la misma forma en que convenció a 6 Dioses Guerreros Dorados -agregó Alberich, sorprendiendo a Saori-. Demostrando un corazón tan puro, que únicamente una diosa podría tenerlo. Recuerde, nada de herencia, no aún, eso no debe, por ningún motivo, ser herramienta de convencimiento, sino un incentivo posterior a que lo logre -finalizó, mientras las puertas de la parte trasera de la sala del trono de abrían.
Jarl Svend Ulfson por fin hizo acto de presencia, un hombre alto, de complexión robusta, pero sin llegar a ser obesa, cuya musculatura era imponente. Su cabello era largo y de un rojo muy intenso, amarrado en una trenza larga que le llegaba hasta la cintura, su amplia barba roja también estaba adornada por dos trenzas que parecían bajar por su bigote, y una tercera más corta en el medio, las tres adornadas por arillos de oro, al igual que en sus brazos, donde contaba en cada uno con 4 arillos dorados. El rostro de Jarl Svend Ulfson, era aguerrirlo e intimidante, lleno de cicatrices de varias batallas, una de las cuales asustaba a Saori, una herida que, en algún tiempo muy pasado ya, le había rebanado la nariz por la mitad, por lo que su nariz regordeta parecía estar seccionada en el tabique, a la altura de sus ojos azules. Aun así, y pese a la fiera apariencia, el Jarl sonrió, antes de sentarse en su trono.
-Ojos con heterocroma, cabellera de un color inusual, viajando con 6 Dioses Guerreros de Asgard y 5 Dioses Guerreros de Yggdrasil. Tengo que admitir que eres la supuesta reencarnación de la Asynjur Hlin más convincente hasta la fecha -aclaró Jarl Svend Ulfson, recargándose en su trono, tomando una actitud soberbia, como si ya hubiera visto esto muchas veces antes-. Vayamos al grano entonces, cuéntame cómo es que eres la hija fallecida de Jarl Wotan, mi queridísimo amigo, por cierto, quien por alguna razón jamás me contó de tu existencia. Cuéntame de tu madre Jordis, por quien tu padre me partió la nariz con su hacha cuando el muy infeliz pensaba que la había cortejado. Cuéntame de como los hombres de Brávellir entraron a incendiar tu palacio, incitando una guerra contra Hlingard, y sentaron a otra dichosa Asynjur Hlin en el trono, el mismo día que cumplió 13 años, y los Ropajes Sagrados Dorados fueron liberados. Anda, estoy impaciente por escuchar todo eso, no es como que lo haya escuchado, ¿cuántas van? 23 o 24 veces ya -aseguró, poniendo demasiado nerviosa a Saori, quien deseaba escapar de allí, pero Alberich la detuvo, mientras se arrodillaba frente a Jarl Svend Ulfson, así como lo hacía Hilda.
-Yo… -intentó decir Saori, mientras Jarl Svend Ulfson la miraba fijamente-. Yo… la verdad es que… yo… -pero las ideas no se acomodaban en su mente, estaba aterrada, un error significaría la vida de todos quienes la acompañaban y, aun así, no podía decir nada-. No tengo forma… de demostrar quién soy en realidad… -confesó, sobresaltando a Hilda, quien intentó interceder por ella, pero Alberich la tomó de la mano y la forzó a permanecer arrodillada, mientras Saori bajaba la cabeza, sin tener el valor de mirar a Jarl Svend Ulfson.
-Vaya, que decepción -agregó el Jarl, levantándose del trono, y caminando de un lado del templete de madera en el que estaba montado, al otro, ya que el Jarl, pese a estar sentado, siempre debía estar por encima de los demás-. Algunas han llegado con tesoros, ¿traes tesoros que ofrecer? -preguntó el Jarl, a lo que Saori negó con la cabeza- Otras, han llegado con asombrosas historias de cómo escaparon del incendio de Hlingard, ¿tienes una historia así? -le preguntó, y Saori inmediatamente desvió la mirada en dirección a Alberich, quien la miró de regreso, y negó con la cabeza.
-Poseo historias que me gustaría compartir -enunció, preocupando a Alberich-. De mi vida, de mis padres, de todos los que me acompañan… pero, ninguna de esas historias podría comprobar mi identidad, y no planeo quitarle el tiempo con historias que más que ayudar, podrían sonarle a excusas… -aclaró, y Alberich soltó el aire que había guardado.
-Ya veo… pero me gustan las historias… -agregó el Jarl, y por alguna razón, Saori se sintió un poco más calmada-. Otras antes que tú, han llegado con trucos de magia impresionantes, muchos de esos trucos fueron comparables a un Seidr. Otros, al trabajo de una bruja, todos bastante convincentes, pero no determinantes. Esos trucos, no me mostraban a una diosa, me mostraban a una hechicera. Pero, de todas formas, esos trucos eran convincentes. ¿Tienes algún truco? ¿Posees alguna magia? -le preguntó curioso.
-Ninguna que pueda demostrar mi identidad… -aceptó ella, apenada, bajando la mirada, preocupada-. He venido aquí, sin tener la claridad suficiente de cómo demostrar quién soy. Si pudiera demostrarle quien soy realmente, ni siquiera habría venido por su apoyo, ya que mi pueblo, Hlingard, ante quienes me revelé, no pudieron creerme -aceptó Saori, y Jarl Svend Ulfson se frotó la barba con extrañeza-. No pude convencerlos a ellos, si yo supiera el cómo hacerlo, no estaría aquí en primer lugar. Yo… puede que haya requerido pensar las cosas mejor -confesó, y el Jarl la miró nuevamente.
-¿Por qué viniste aquí entonces? -le preguntó el Jarl, sentándose en su trono nuevamente- Si no sabías el cómo convencerme, no has hecho más que condenar a ellos quienes sí creen en ti. Dime entonces, niña, ¿por qué hacer un viaje tan largo, sin tener pruebas de tu divinidad, arriesgando a lo más valioso de Midgard y de los 9 Mundos? -el Jarl se acomodó, como sabiendo que aquella era la pregunta más importante. Alberich lo sabía, este era el momento, quiso intervenir, darle palabras de aliento a Saori, pero en su lugar, decidió confiar en ella.
-He viajado por casi un mes, desde Hlingard, pasando por Ulfrgard, por las llanuras hermosas del pueblo de Vígrídr, y desviándome a las Grutas de Brezal de Gnita, con solo un objetivo en mente, Jarl Svend Ulfson -agregó Saori, con sus ojos cubiertos de lágrimas-. Salvar a cuantas personas pueda… de guerras que no tienen sentido… donde hermanos de Midgard combaten, porque alguien ha usurpado mi nombre… eso no es lo que deseo… eso no es lo que soy… -las lágrimas la vencieron, y estas comenzaron a caer desconsoladamente, mientras Alberich e Hilda permanecían en silencio, conmovidos-. El nombre de Hlin, no es el nombre de la guerra, pero he tenido que venir aquí, a la capital de la guerra misma, a suplicar que todo pare… la gente en Hlingard muere… los pueblos entre ella y Brávellir mueren… sus propios hombres mueren… la tarea de Odín y de Tyr, es la de propagar la guerra, uno con sabiduría, el otro con brutalidad… entiendo que la guerra sea necesaria, más no a base de una mentira tan ruin, que solo beneficia a una sola persona, esa no es una guerra justa… y es mi deber… preservar a las guerras justas… proteger a los hombres de caer en la brutalidad sin sentido y sin sentimiento, y que la sabiduría de la paz, no los lleve al conformismo. ¡Eso es lo que soy! -se armó de valor por fin Saori, cerrando sus manos en puños, tragándose las lágrimas, y mirando a Jarl Svend Ulfson directamente- Soy la Protectora de los Hombres… soy quien define cuando una guerra es injusta, y quien la apacigua con su sabiduría… soy quien debe ayudar al hombre a no conformarse, a superarse, sea por la vía de las letras, las canciones, y los conocimientos, o por el puño de hierro del imperialismo, la batalla, la épica y el heroísmo. Soy la diosa, que debe intervenir en todas las guerras, sirviendo como la línea divisoria entre la sabiduría y la brutalidad, la Diosa de la Paz… sea esta la paz por violencia o por la audiencia… es lo que soy… la Diosa de la Paz… la Protectora de los Hombres… guardiana de la Esperanza, y he de armarme de cualquier herramienta que sea necesaria, porque la guerra jamás deje de ser justa -terminó de decir, arrodillándose frente a Jarl Svend Ulfson, lo que sorprendió sobremanera tanto a Hilda como a Alberich-. Le ruego… que me permita demostrárselo… le ruego, que me ponga la prueba que considere pertinente… júzgueme como sienta que es su designio… haré lo que sea que usted me pida, por comprobar que soy quien digo que soy… solo debe decirme qué hacer, soy yo quien le sirve… -finalizó, y tras aquella mención, salió a la luz la revelación-. Soy yo… quien le sirve… -por fin lo comprendió-. Yo no estoy por encima de nada, ni de nadie… yo soy… quien sirve… eso es lo que significa, ser la Protectora de Hombres… -finalizó, comprendiendo el verdadero significado de su dominio en este mundo.
-Ese ha sido el discurso más largo que he permitido que me den -aclaró Jarl Svend Ulfson, acercándose a Saori, agachándose, y ofreciéndole su mano-. De pie… -le pidió, y Saori, confundida, le tomó la mano, y permitió que el Jarl la ayudara a levantarse-. Un dios jamás debe tener que demostrar quién es. Uno debe de ser capaz de reconocer a un dios cuando lo ve, y créeme que he visto a muchos dioses, pequeña, y ninguno, parece más una divinidad que tú -reverenció Jarl Svend Ulfson, sobresaltando a Saori, quien lo miró fijamente, aún con sus ojos llorosos-. Además, no existe dios alguno, ni Thor, ni Odín, ni Tyr, que deba exigir rito en su nombre. Los humanos no seguimos a los dioses que exigen, seguimos a los dioses que sienten con nosotros, que viven con nosotros, que son uno con nosotros. Porque entiende una cosa, Asynjur Hlin… nosotros, no somos sirvientes de los dioses… les debemos respeto por ser nuestros creadores, pero no importa si los dioses bajan del Asgard a hacernos la guerra, nos vamos a defender, porque a un dios tirano no se le reverencia, se le enfrenta -más tras haber dicho eso, Jarl Svend Ulfson se arrodilló, presentando respetos ante Saori-. A todos los demás… los servimos por nuestra propia voluntad -miró entonces Jarl Svend Ulfson a sus hijos, y los 5 se arrodillaron ante Saori-. Yo, Jarl Svend Ulfson, declaro que la Asyjur Hlin, existe, y existe en el cuerpo de esta niña. Brávellir, está a sus humildes servicios, Asyjur Hlin -terminó de decir.
-¿Es verdad lo que oigo? -se sorprendió Saori, mientras Jarl Svend Ulfson se volvía a poner de pie- ¿Me cree? ¿Usted me cree? -para la tranquilidad de Saori, Jarl Svend Ulfson asintió nuevamente- Gracias… gracias por creerme. No sé qué más decir -agregó con sus manos entrelazadas a manera de plegaria.
-Aún tienes mucho que decir, pequeña -aclaró el Jarl, regresando a su trono-. Ahora que hemos aclarado tu identidad, es momento de que me digas todo lo que sabes sobre Hlingard, y sobre el hombre que asesinó a mi amigo, a quien consideraba un hermano -le exigió, lo que Saori no comprendió del todo-. Ah, conocí a Jarl Wotan mejor de lo que crees, Saori. La última vez que nos vimos, fue el día que naciste. Siempre he sabido quien eres realmente, Saori, porque estuve presente el día en que fuiste anunciada -aclaró, pero en lugar de interrumpir, Saori se dignó a esperar-. Lo importante no era que yo supiera quien eres, sino que tú misma lo supieras. Ahora que estamos en el mismo entendimiento, déjame decirte que mi hermano no murió por una misteriosa enfermedad. Él fue asesinado, por alguien cercano a él, quien, por varios años, estuvo realizando el acto más vil de todos. Ese acto, que hace que a los hombres los traten como a mujeres. Asesinato, por veneno -le explicó, y Saori se cubrió la boca con temor-. No es que no atacáramos abiertamente a Hlingard por temor a los dioses, Saori. Nos mantuvimos a la defensiva, porque debíamos saber si continuabas con vida. Ahora ya nada nos detiene, aplastaremos Hlingard de ser necesario, y tendré la cabeza del malnacido que envenenó a mi hermano hasta la muerte, clavada en una pica -finalizó, y la reunión de guerra, prosiguió.
Hlingard. Santuario de Hlingard.
-¿Cómo van los preparativos para el próximo ataque a Brávellir, Alto Jarl Derbal? -Lyfia nuevamente se encontraba bajo el control de los venenos de Derbal, en una de las reuniones de guerra, en las que se encontraban presentes los Dioses Guerreros de la Osa Menor, los 7, así como otros generales de prominente importancia para Hlingard, quienes esperaban la respuesta del Sumo Sacerdote Derbal, quien extrañamente se tomaba del cuello- ¿Mi Jarl? -preguntaba Lyfia consternada, mientras los Dioses Guerreros Dorados, ajenos a la reunión de guerra, y entre los cuales se encontraban Saga, Máscara Mortal, Shura, e increíblemente, Aioros, lo observaban con curiosidad.
-El número de individuos que desean mi cabeza parece haberse multiplicado -se susurró a sí mismo Derbal, pero entonces se secó la garganta, y atendió a la reunión-. ¿Qué me preguntaban? Temo informarles que no estaba prestando atención -aclaró él.
-No es normal en usted, Alto Jarl -exclamó Frodi, arrodillado frente a los tronos de la Asynjur Hlin y del Alto Jarl de Midgard, junto al resto de los Dioses Guerreros de la Osa Menor-. Nos hemos abastecido lo suficiente para la siguiente incursión. Discutíamos si era pertinente el enviar a otros Dioses Guerreros, como, por ejemplo, los Dioses Guerreros Dorados, en dirección a Brávellir para poner fin a las hostilidades -agregó, mientras miraba a Saga directamente.
-Los Dioses Guerreros Dorados se quedan en Hlingard, punto final, Frodi -le ordenó Derbal, y pese a la molestia de Frodi, Derbal tuvo que detener la reunión de guerra, pidiendo silencio con su mano, mientras sus ojos parecían moverse a su derecha, como si alguien le susurrara algo al oído.
Ante los ojos de los presentes, Derbal miraba a la nada, pero entonces, Frodi se puso de pie, sobresaltado, y mientras veía en la sombra de Derbal, que era visible gracias a las llamas azules frente a su trono, a un cuervo, que físicamente no se encontraba parado sobre el hombro derecho de Derbal, pero que se veía fácilmente en las sombras.
-Hugin y Munin -susurró Frodi, y el resto de los Dioses Guerreros, tanto los de la Osa Menor como los Dioses Guerreros Dorados, observaron a la sombra, mientras Derbal escuchaba lo que el cuervo le susurraba al oído-. ¿Qué significa esto, amo Derbal? ¿Por qué los cuervos de Odín, Hugin y Munin, se posan en sus hombros? -le preguntó.
-Porque soy el Sumo Sacerdote, Frodi, y mientras ostente ese título, soy también el Hrafnagud, el manipulador de cuervos -le espetó, despidiendo al cuervo invisible en su hombro, y la sombra del mismo se disipó-. Caballeros, me temo que debemos cambiar nuestro plan de acción -les mencionó Derbal tras meditar lo que los cuervos le habían dicho-. Sé de buena fuente que, en estos momentos, Jarl Svend Ulfson ha sellado su alianza con la falsa Asyjur Hlin, me refiero a la hija legítima de Jarl Wotan, Saori Wotansdóttir -aclaró Derbal, y el grupo de Dioses Guerreros, tanto los de la Osa Menor como los Dorados, comprendieron la noticia-. Ahora que el reino de Brávellir ha hecho alianza con la falsa Asynjur, todo tiene más sentido que nunca. Jarl Svend Ulfson, hermano de Jarl Wotan, orquestó todo esto para hacerse con el dominio de todo Midgard, pero fallábamos en ver hasta qué punto. Es más que obvio, que el incendio de hace 5 años, no era para asesinar a Saori, sino para raptarla, y educarla en el arte de la guerra, y con Svend Ulfson como figura paterna, reclamar, legítimamente debo agregar, el trono de Hlingard, y declararse él mismo como el Alto Jarl de Midgard -les explicó.
-Aún si eso fuera cierto, Derbal, la autoridad de una mortal no está por encima de la autoridad de una diosa -le recordó Lyfia-. Si doy la orden, la reclamación de Saori Wotansdóttir, no tiene ningún peso. No veo como esto cambie el curso de la presente guerra -le aseguró.
-Lo cambia, porque existe una leyenda de la cual pocos saben, solo los Sumo Sacerdotes, y los Dioses Guerreros Dorados -aclaró Derbal, y Lyfia lo observó con detenimiento-. Si los 30 Guerreros Vikingos, los verdaderos defensores de Midgard, hincan su rodilla ante una misma mujer, con los 7 Dioses Guerreros de la Osa Mayor portando los Zafiros de Odín, y los 12 Dioses Guerreros Dorados presentes, se liberará el Ropaje Sagrado de la Valkiria Hlin, sellada desde la Segunda Era en la Constelación de Corvis, comprobando, definitivamente, la identidad de la Asyjur Hlin ante los hombres de Midgard -le explicó Derbal.
-No veo cómo deba eso preocuparnos -declaró Lyfia con tranquilidad-. Soy la Asynjur Hlin, la constelación de Aesir me declaró como tal, y me recompensó con el Ropaje Sagrado de los Dioses Guerreros de Yggdrasil. ¿Cómo podría esta leyenda preocuparme? Además de que es una leyenda que solo los Dioses Guerreros Dorados, y el Sumo Sacerdote, conocen -agregó.
-Los Guerreros Vikingos conocen también esta leyenda -aseguró Derbal-. Y si se han aliado a Saori Wotansdóttir, quien he de recordarle mi diosa, posee los Zafiros de Odín gracias a la ayuda de un confundido, pero ya perdonado, Aioros de Sagitario… -aclaró Derbal, y ante el recordatorio, Aioros bajó la mirada, entristecido-. Solo digamos, que Jarl Svend Ulfson ahora posee herramientas casi suficientes para, según él, comprobar que Saori Wotansdóttir es la verdadera Asynjur Hlin, y no usted -le recordó.
-Eso es ridículo -se defendió Lyfia-. Aun si la leyenda es verdadera, aún si Saori Wotandóttir posee los Zafiros de Odín y el apoyo de los Guerreros Vikingos, los Dioses Guerreros Dorados me sirven, me son leales -aclaró.
-No todos -le recordó Derbal-. Solo la mitad -aclaró nuevamente, señalando con la mirada, al par de cajas de plomo presentes en el Santuario-. Y si lo pensamos detenidamente, ellos tienen la ventaja, basta simplemente con la presencia de los Dioses Guerreros Dorados, no su lealtad, para liberar el Ropaje Sagrado de la Valkiria Hlin. Obviamente, si el Ropaje Sagrado llegara a presentarse en Midgard, vestiría de manera inmediata a la verdadera Asyjur Hlin, y esa vendría siendo usted, mi señorita. Pero el daño colateral, producido por la confusión de sus pobladores, podría ser muy grave -le aseguró, por lo que Lyfia comenzó a preocuparse-. Le propongo, una solución más inteligente. Si Brávellir llega ante nuestras puertas, con los 30 Guerreros Vikingos, con los 7 Dioses Guerreros de la Osa Mayor, y con la mitad de los Guardianes de Yggdrasil… será una masacre. Miles de Hlingard y de Brávellir morirán -le explicó.
-¿Qué propone entonces, Alto Jarl Derbal? -le preguntó Lyfia, pensando ahora, y gracias a las aclaraciones de Derbal, que tenían las de perder- No podemos permitir que una usurpadora se declare la Diosa de la Paz mientras lleva la guerra a nuestras puertas, y presuma ser la Protectora de los Hombres mientras los mata -le aseguró.
-Concuerdo perfectamente con su filosofía, ama Hlin -reverenció Derbal, quien entonces se dirigió al grupo con orgullo-. Es obvio que, pese a los valientes intentos de los ejércitos de Hlingard, no se ha conseguido doblegar a la capital de la guerra misma. Es por esto, que muy a mi pesar, he de proponerles que evacuemos a Hlingard en su totalidad, y que dejemos únicamente en los territorios del Santuario a los guerreros más poderosos para enfrentar esta barbarie -declaró Derbal, y los Dioses Guerreros intercambiaron miradas-. Invitaremos a la falsa Asyjur Hlin a confrontación justa, no podrá negarse ya que si lo hace estaría violando los principios de su dominio, que son el de ser la Diosa de la Esperanza y la Paz, y la Protectora de Hombres. Y una vez haya aceptado nuestras condiciones, liberaremos el Sello de Yggdrasil en Hlingard, la ciudad y sus alrededores entraran en decadencia, pero al hacerlo, lograremos sellar el destino de nuestros enemigos -aseguró.
-¡Inaudito! ¿Planea traer el invierno eterno a Hlingard? -declaró Saga, interrumpiendo la reunión, por lo que Derbal se mostró muy molesto- Sumo Sacerdote Derbal, Asynjur Hlin. Como bien saben, soy un estudioso de los secretos del Santuario, en un intento por hacerme con el puesto de Sumo Sacerdote una vez que mi maestro abandone esta senda. Es por eso que sé, que liberar el Sello de Yggdrasil en Hlingard, no solo fortalecería a los Dioses Guerreros que defendemos el Santuario, sino que, de hacerse sin el cuidado debido, podría liberar el Fimbulvetr -les aseguró Saga.
-3 inviernos consecutivos -comentó Shura-. No volvería a brillar el sol, los recursos escasearán, y se hará la guerra por lo más esencial. Hermanos asesinarán a hermanos, mientras el mundo se prepara para el fin de todos los dioses… Ragnarok… -finalizó Shura, aunque con una inmensa tranquilidad.
-Con el debido respeto, ama Hlin -prosiguió Derbal-. Los Dioses Guerreros Dorados, son los Guardianes de Yggdrasil, por ello la preocupación. Pero no tienen voz en el consejo de los hombres -les recordó, lo que molestó a Saga-. Pero para apaciguar tus preocupaciones, discípulo mío, el invierno eterno no puede detonarse artificialmente. Romper el Sello de Yggdrasil, no es otra cosa que alimentar a los Dioses Guerreros del Santuario, bajo la fuerza divina del Árbol del Mundo. Algo que puede realizarse con la ayuda de los Zafiros de Odín, sin que esto signifique el fin del mundo por supuesto. Pero como los Zafiros de Odín están, digamos, indispuestos, no nos queda otra alternativa que fabricar nuevos -aseguró.
-¿Nuevos Zafiros de Odín? ¿Es eso posible? -preguntó Lyfia, y Derbal asintió a sus palabras- Si en verdad es posible generar nuevos Zafiros de Odín, romper el Sello de Yggrasil podría significar una ventaja imprescindible en esta guerra. ¿Puedes hacerlo de verdad, Derbal? -le preguntó curiosa.
-Mi diosa, no hay nada que yo no pueda hacer -le aseguró-. Pero tomará tiempo. Fafner… -llamó Derbal, a lo que Fafner reaccionó con preocupación-. No es algo que no hubiéramos discutido ya. Llevas mucho tiempo, a mi petición, indagando en la posibilidad de recrear los Zafiros de Odín. ¿Cuánto tiempo crees que nos tome recrearlos? -le preguntó.
-Es… una pregunta algo difícil de responder, amo Derbal. Si tuviera la materia prima -intentó decir, pero por la sonrisa de Derbal, Fafner supo que obtendría la materia prima requerida para realizar sus experimentos-. Si puede asegurarme la materia prima suficiente, podría recrear los Zafiros de Odín, incluso más poderosos que los originales, antes de que pasen 3 inviernos, mi señor -le aseguró Fafner.
-Esplendido, puedo prometerte la materia prima que buscas, Fafner -le prometió Derbal, y Fafner reverenció-. ¿Cuento con su real permiso, ama Hlin? -le preguntó Derbal, y Lyfia lo pensó detenidamente.
-Confío plenamente en ti, Derbal -aclaró Lyfia, y Derbal reverenció-. Sin embargo… es una decisión muy compleja. Liberar el Sello de Yggdrasil en el Santuario, se supone que sea algo que solo se realice en contra de las tropas de Hel. Utilizar ese poder inconscientemente, podría significar un error muy grave -le recordó, por lo que Derbal se mordió los labios, molesto-. Autorizaré esto, solamente si podemos sacarle el provecho requerido. Corta el suministro de Galdr a los Zafiros de Odín de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, y compruébame que puedes redirigirlo a los nuevos Zafiros de Odín, y te otorgaré el permiso de realizar esta ruptura del sello. Hasta entonces, me temo que el plan original persiste. Mantendremos el asedio sobre Brávellir, hasta que la operación de Fafner de resultados -aseguró Lyfia, y Derbal aceptó aquellas palabras-. Ahora, me temo que me siento en extremo agotada. La reunión del consejo del día de hoy, ha terminado -el grupo reverenció, y todos comenzaron a retirarse.
-Loki -llamó Derbal, y el sirviente de Derbal entró a la habitación-. Lleva a Lyfia a sus aposentos, Fafner, tú espera aquí, debemos discutir sobre la materia prima -agregó Derbal, y Fafner esperó, aunque antes de poder aproximarse, Saga, quien no se había retirado, encaró a Derbal, y Aioros, quien se disponía a salir del lugar, se detuvo en ese instante-. No me tienes muy contento, Saga -aclaró Derbal.
-Entiendo que la responsabilidad de un Sumo Sacerdote es estar un paso por adelante del enemigo, maestro, pero hay algunas precauciones que está tomando, que considero dignas de replantear -le aseguró Saga, mirando a Aioros de reojo, quien se acercó en ese momento-. Ya no eres el prospecto de Sumo Sacerdote, ese puesto me concierne únicamente a mí ahora. Pero tienes el mismo conocimiento que yo poseo. Romper el Sello de Yggdrasil, traer a este mundo el Reloj de Bor, solo para defendernos de una falsa Asyjur. Maestro, me temo que le está dando demasiada importancia a algo tan trivial. El Sello de Yggdrasil solo debe romperse en guerra contra las tropas de Hel, no contra una diosa falsa -le aseguró.
-El Reloj de Bor es una herramienta que los Dioses Guerreros de Yggdrasil pueden usar a voluntad, Saga -clarificó Aioros, lo que molestaba a Saga aún más-. Nuestro deber es defender a Hlin, sin importar de quien. Además, las estrellas han profetizado que la llegada de Hel es aun distante. Podría no ocurrir dentro de nuestra era -aseguró.
-Como podría despertar al sentir la perturbación de ver el Sello de Yggdrasil romperse -aseguró Saga, desafiando a Aioros-. ¿No lo comprendes, o estás tan arrepentido que pretendes seguir a Derbal ciegamente? El Sello de Yggdrasil, no solo está conectado a Midgard, está conectado a los 9 Mundos. Liberas el sello en un mundo, y los estragos se sienten en los 9. Podrías despertar a la criatura equivocada, podrías acelerar hechos que no deberían de pasar. Me opongo rotundamente a que se rompa ese sello -aseguró Saga.
-Ya, ya, ya, comprendo las preocupaciones, Saga -aseguró Derbal-. El sello puede romperse, y puede recuperarse, no es un artefacto de una sola utilización, y Sumo Sacerdotes antes de mí lo han utilizado constantemente. ¿Se ha acabado el mundo por ello? -preguntó Derbal.
-Usted dígamelo, Sumo Sacerdote, la última vez que se rompió el Sello de Yggdrasil, Draconis atravesó a la Constelación de Odín partiéndola en 3 -le recordó Saga, lo que estaba colmando la paciencia de Derbal-. ¿Qué debo hacer para que entre en razón? Todo este asunto, me está preocupando mucho, maestro. No deseo cuestionarlo, pero mientras más tiempo pasa, más preocupaciones me dan sus decisiones. Quiero creer en usted -le pidió Saga.
-Hay muchacho… -comenzó Derbal, meditando sobre lo problemático que se estaba volviendo Saga-. Comprendo perfectamente tus preocupaciones, y por ello, voy a darte el voto de confianza más grande de todos -aclaró Derbal, quitándose la túnica ceremonial del Sumo Sacerdote, y revelando un Ropaje Sagrado morado, muy similar al de los Dioses Guerreros, pero de una procedencia para Saga desconocida-. Puedes confiar plenamente en mí, muchacho, no haría peligrar el mundo por una guerra contra una falsa diosa. Pero en vista de que mi juicio, podría estar sesgado por desempeñar 2 papeles, el de Sumo Sacerdote, y el de Alto Jarl de Midgard, he decidido adelantar los hechos, renunciando voluntariamente a mi puesto de Sumo Sacerdote, y dándotelo a ti, como muestra de mi confianza en mí discípulo más preciado -le entregó su túnica Derbal, y Saga dudó nuevamente de sus convicciones-. Efectuaremos la ceremonia de tu asenso a Sumo Sacerdote, tan pronto como me sea posible, eso significa Saga, que solamente tú serás capaz de romper el sello, y traer el Reloj de Bor a esta dimensión. Veremos entonces, dentro de 3 años, si tu percepción no ha cambiado. Anda hijo, tómala, es tuya ahora -terminó Derbal, y Saga, conmocionado, tomó la túnica ceremonial.
-Yo… no estoy trayendo todas estas dudas, por el deseo de quitarle el puesto, maestro -aclaró Saga, y Derbal asintió a sus palabras-. Genuinamente estoy preocupado. No creo estar listo para esta responsabilidad -aclaró.
-Pequeñeces, pequeñeces -agregó Derbal-. Tú eres el Sumo Sacerdote ahora, o lo serás después de la ceremonia pertinente. Mi trabajo ahora, es el de demostrarte que soy capaz de recrear los Zafiros de Odín, y de esta forma mitigar los efectos de romper el Sello de Yggdrasil. ¿Te tranquiliza esto? -le preguntó, y Saga, tras ver la túnica en sus manos, asintió- No se diga más. Ve con los dioses hijo, aún tengo mucho que hacer. Aioros, continua con tus estudios, prospecto a Sumo Sacerdote o no, Saga requiere de un consejero. ¿Quién mejor para aconsejarlo que tú? Vayan con los dioses -finalizó Derbal, y tras un intercambio de miradas, Saga y Aioros asintieron, y se retiraron, dejando a Derbal solo con Fafner, y con la presencia que siempre lo seguía, Bud, a quien encontró oculto en las sombras-. Saga se está convirtiendo en una molestia -sentenció Derbal.
-¿Quiere que lo silencie, amo Derbal? -preguntó Bud, saliendo de las sombras y sobresaltando a Fafner, quien no había sentido su presencia- Hasta donde recuerdo, Géminis es el único Dios Guerrero Dorado del cual siempre se dispone de un reemplazo -le recordó.
-No, no, Saga solo hace su trabajo, sería muy imprudente de mi parte castigar a alguien tan cauto. Solamente hay que, convencerlo -aseguró Derbal, dirigiéndose a Fafner-. Esto es lo que vamos a hacer, necesitas materia prima, y gracias a Lyfia, la tendremos de sobra. Bud, mantendrás a Fafner al tanto de cada muerte de soldados en la guerra contra Brávellir, sus esposas e hijos, serán tu materia prima, Fafner -le aseguró, lo que sorprendió a Bud-. Ah, no me mires como si fueras el señor inocencia. Saga me es indispensable, pero tú eres desechable, a menos que me resultes de utilidad, Bud -agregó sin rodeos, lo que molestó a Bud-. Para enfrentar a los dioses hace falta hacer todo lo que sea necesario, y para crear Zafiros de Odín artificiales, y romper la conexión que los Zafiros de Odín originales tienen, hace falta de sacrificios humanos. Ahora, antes de que el nuevo Sumo Sacerdote se ponga a dar órdenes, esta es la instrucción del Alto Jarl de Midgard. Nada, absolutamente nada, se le deberá decir a Saga, sin que antes yo lo autorice. ¿Ha quedado claro, Fafner? -preguntó, a lo que Fafner asintió- Perfecto, ahora, con su permiso, ya no soy más el Sumo Sacerdote, lo que significa que ya no tengo por qué cumplir con el celibato que mi cargo requería. Loki -llamó Derbal, y Loki entró en la habitación-. Vino, y muchas mujeres, no escatimes en gastos -aclaró, y Loki obedeció.
Fjördland. Brávellir. Mazmorras de Brávellir.
-¡Mime! -llamó Saori, a momento de que unos soldados la llevaban ante las mazmorras, donde Mime permanecía como prisionero, y quien, al ver a Saori, se mostró sumamente agradecido. Alberich llegaba con ella, al igual que Hilda, ya que aún no regresaban con el resto de los Dioses Guerreros- He hecho todo lo que he podido, pero Jalr Svend Ulfson, ha decidido no retirar los cargos -agregó Saori, lo que preocupó a Mime.
-Pero ha accedido a que tengas un juicio legítimo -comentó Alberich, a quien le permitieron entrar en la celda, y aunque Saori no estaba permitida, se lanzó a los brazos encadenados de Mime, y lo abrazó con fuerza-. Seré tu abogado en el juicio, así que debo saber todos los detalles. No me ocultes nada, por más crudo y sin sentido que sea. Tienes que confiar plenamente en mí si quieres vivir -le aseguró Alberich.
-Confiar en alguien a quien tengo tan solo 2 semanas de conocer. ¿Por qué no? Suena como lo más lógico que alguien en mi situación debería hacer -agregó Mime con sarcasmo, y Alberich en respuesta, sacó una lira que llevaba escondida entre sus pertenencias-. Ya confío en ti, incondicionalmente -aseguró Mime.
-Es bueno saberlo, porque hasta el día del juicio, vamos a estar muy unidos tú y yo, ya que voy a vivir aquí como un prisionero más, y requeriré de música como distracción -aseguró Alberich, lo que sorprendió a Mime.
-¿Irías tan lejos por demostrar mi inocencia? Alberich, asesiné a mi padrastro a sangre fría. Soy culpable, mírelo por donde lo mires -le aseguró, pero Alberich simplemente sacó un libro de leyes, y comenzó a estudiar-. Sería más sencillo comprobar la existencia de un túnel en estas mazmorras que llevara a los Fiordos -aseguró.
-Ah, también voy a encontrar ese túnel, eso te lo garantizo -aclaró Alberich, cerrando su libro momentáneamente-. Pero vas a salir de esta mazmorra como un hombre libre, eso te lo garantizo también. No hay nadie más astuto que yo. Derbal se retorcería de coraje ante mi brillantes y agudeza de mente. Tú solo confía -le aseguró.
-Hablando de Derbal, hay alguien que tiene mucho que decir sobre él -agregó Mime, mirando a la celda frente a la suya, y una vez que Saori, Hilda y Alberich se dieron la vuelta, la sorpresa no se hizo esperar.
-¡Syd! -exclamó Saori, dirigiéndose a los barrotes que separaban a Syd de la libertad, pero aunque Syd se mostraba agradecido de la presencia de Saori, Alberich la detuvo en ese momento- Pero… -intentó decir Saori.
-Nada de peros, no te quiero cerca de este miserable traidor -agregó Alberich, mirando a Syd fijamente, quien mantuvo su silencio en todo momento-. Siempre sospeché que, si alguien traicionará a Saori, ese sería yo, pero ahora que veo que me equivoco, me repugnas -aclaró Alberich, sumamente molesto.
-El que hagas ese tipo de declaraciones, no nos da ninguna tranquilidad -le recriminó Hilda, pero Alberich simplemente actuó como si no le importara en lo más mínimo-. Pero estoy del lado de Alberich en esta ocasión. Saori, Syd nos traicionó -le explicó Hilda.
-Yo no los traicioné -respondió Syd, mirando a Alberich fijamente-. Lo juro en el nombre de Hlin, yo no los traicioné, fui capturado, fui torturado, pero logré escapar. Enviaron a un asesino a por mí, me dejó malherido y los hombres de Brávellir me capturaron. Alberich, eres el más listo de los Dioses Guerreros, sabes que, si los hubiera traicionado, los Ropajes Sagrados de la Osa Mayor no se habrían liberado -le recordó.
-Eso es cuestionable, si pensamos que mi lealtad es solo a mí mismo y heme aquí vestido de Dios Guerrero -le respondió Alberich, preocupando a Saori nuevamente-. No me mire así, si no creyera en usted, los Ropajes Sagrados no se hubieran liberado, solo digo que la lealtad puede cambiar, y mientras me beneficie, mi lealtad no tiene por qué cambiar -aseguró.
-Eres un ser repulsivo, Alberich -lo insultó Syd, y Alberich lo miró fijamente-. Pero eres leal… yo soy leal también, no se hubieran liberado los Ropajes Sagrados si no fuera ese el caso. Puede que tú no confíes en ti mismo, pero yo confío, como confía Saori en ti. Y por esa confianza que sé que te tengo, te estoy diciendo que no soy un traidor -le aseguró Syd.
-Alberich… -interrumpió Saori, y Alberich la miró fijamente-. No hay nadie más leal que tú, yo lo sé -le aseguró Saori, y Alberich lo dudó-. Por eso te pido que, por lealtad, defiendas en juicio también a Syd. Todos somos del mismo bando, por favor -suplicó.
-Confiar en mí puede ser un error, lo sabes, ¿verdad? -le aseguró Alberich, y Saori lo negó con la cabeza-. Soy leal a usted, señorita, pese a todas las cosas que digo. Las digo porque quiero que siempre dude, aún de sus hombres más leales. Pero solo para mi deleite personal, ¿por qué está tan segura de que soy alguien leal? -le preguntó.
-Porque no hubiera descubierto mi verdadera esencia, de no ser por ti, Alberich. Y porque confiaste en mí, poniendo tu vida en riesgo en todo momento -aclaró Saori, y Alberich se frotó la barbilla-. ¿Defenderás a Syd? -preguntó Saori, esperanzada.
-Odín… dame fuerzas… -se quejó Alberich, mirando a Saori directamente-. Tiene mi palabra, Asyjur Hlin… jamás… en la vida, traicionaré a su confianza. Pongo la vida de estos 2 en garantía. Si mueren, estoy siendo falso, si viven, mi juramento será eterno -aseguró, lo que alegró a Syd, y preocupó a Mime.
-De modo que soy un juramento -se quejó Mime, mientras Alberich regresaba a su celda, y continuaba estudiando-. Estaremos bien, Saori. Con ayuda de Alberich o no -le aseguró, y Saori asintió, teniendo esperanza, y siguiendo a los guardias que le pedían abandonar el lugar. Solo cuando estuvieron solos, Mime se dirigió a Alberich-. Planeabas traicionarla, ¿verdad? No eran mentiras… -agregó Mime, leyendo a Alberich perfectamente.
-Ese, joven Mime, es mi secreto personal -cerró su libro Alberich, y lo miró fijamente-. Ahora comienza a hablar, que mientras me beneficie, me sirves más con vida que sin ella, lo mismo va para ti, Syd -aclaró Alberich, y Syd asintió-. Ahora, comencemos por el principio. ¿Cómo conociste a Folkell? -comenzó a indagar Alberich, manteniendo siempre presente la duda, sobre la pertenencia de su lealtad.
Glosario:
1 – ARTEFACTOS:
Eski: Caja de madera hecha de fresno, en la cual la diosa Idunn lleva las manzanas doradas que otorgan juventud a los dioses.
2 – CRIATURAS:
Dronning: Literalmente significa serpiente reina o serpiente madre. Representa a la inmensa serpiente que tortura al dios Loki derramándole veneno en el rostro, mientras espera la llegada del Ragnarok.
Fylgja: Bestia guardiana de los hombres del norte, tradicionalmente siendo un lobo o un oso, pero podría ser casi cualquier bestia. Se decía que todos los hombres adquirían una habilidad especial de su Fylgja guardián, y que solo quienes lo dominaran en su totalidad podían transformarse en ellas.
Hofvarpnir: El caballo alado que pertenecía a la Valkiria Gná, una de las 3 Valkirias que servían directamente a la diosa Frigg, las otras dos siendo Frulla y Hlin. Hofvarpnir, era el único caballo alado, y se decía podía galopar por viento y mar sin problemas.
Hugin: Uno de los dos cuervos del dios Odín, quienes viajan alrededor del mundo consiguiendo noticias para posarse después en los hombros de Odín, y susurrarle al oído todo lo que habían visto. Hugin es la representación del pensamiento.
Munin: Uno de los dos cuervos del dios Odín, quienes viajan alrededor del mundo consiguiendo noticias para posarse después en los hombros de Odín, y susurrarle al oído todo lo que habían visto. Munin es la representación de la memoria.
3 – DEFINICIONES:
Águila de Sangre: Un sacrificio en honor a Odín que consistía en romper los omoplatos de la víctima que se daba en sacrificio mientras aún estaba con vida, y extraer sus pulmones por la espalda, formando una imagen grotesca como si el sacrificado tuviese alas formadas por sus propios pulmones. Este sacrificio era realizado por los Godis de las embarcaciones cuando se creía que habían irrespetado a los dioses, y normalmente se sacrificaba a algún esclavo, pero a falta de estos, nadie estaba a salvo de ser sometido como sacrificio.
Bardo: Similares a los juglares, se trataba de cantantes y músicos que viajaban por todo el mundo, contando las historias de los dioses, de los héroes, y de las guerras. La mayor parte de los mitos Nórdicos se transmitía por este medio, razón por la que una inmensa cantidad de tradiciones y mitos se perdieron, ya que la escritura para documentar su historia no fue documentada, sino que era cantada, o tallada en piedras rúnicas.
Eitr: Se le conoce como el origen de todas las cosas. El Eitr nació de los bloques de hielo que salieron del Ginnungagap, tras derretirse por las chispas de la espada de Surt. El Eitr, es producido por las serpientes en diferentes grados de pureza, siendo el Eitr de Jormungandr el más puro de todos. Mientras más puro, más venenoso es para los seres humanos.
Fimbulvetr: El preludio inmediato al Ragnarok, tres inviernos consecutivos que traerán consigo el fin de toda la vida, cuando la guerra estalle por los recursos más esenciales simultáneamente y alrededor de todo Midgard.
Hermana de Escudos: Nombre con el que se conocía a las mujeres guerreras que combatían al lago de los Vikingos.
Hidromiel: Bebida fermentada en base a la miel. Se le considera precursora a la cerveza, aunque diferente de esta, es de sabores más dulces.
Salón de Hidromiel: Grandes salones o casas comunales, donde se servía Hidromiel, se llevaban a cabo grandes banquetes, y dormían diferentes familias. Se acostumbraba permitir a los guerreros de tierras lejanas el hospedarse de forma temporal en estos salones.
Sdóttir: Acompañamiento al nombre del padre de una mujer, para declararla como hija de alguien en específico, similar al acompañamiento al nombre de un padre de un varón. Ejemplo: Si Björn tiene un hijo llamado Bjarni, entonces el nombre completo de Bjarni es Bjarni Björnson. Si Björn tiene una hija llamada Brunilda, entonces el nombre completo de Brunilda es Brunilda Björnsdóttir. Básicamente, la terminación Sdóttir, era la forma de los pueblos nórdicos de diferenciar entre dos mujeres del mismo nombre, haciendo mención al nombre del padre más el acompañamiento.
Vanir: Una de las dos razas de los dioses. Solían ser enemigo de los Aesir, pero ahora reina la paz entre ambas razas de dioses. Los Vanir, diferente de los dioses belicosos que son los Aesir, son dioses de gentileza y de fertilidad.
4 – DIOSES:
Bor: Padre de Odín, Vili y Ve, simboliza a la tierra, no como un mundo, sino como una esencia del cosmos. La tierra de la cual todo nace, el espíritu del mundo en un plano astral. No está claro el cómo ni cuándo Bor apareció, lo que lo convierte en uno de los dioses más misteriosos.
Eir: Asynjur y Valkiria al servicio de Frigg, y quien se encarga de la sanación y de la salud de los hombres. Algunos piensan que es una diosa Vanir por las propiedades curativas de las plantas y hierbas que se le consagraban.
Hel: Hija de Loki y la giganta Angrboda. Nació con la mitad de su cuerpo siendo la de una niña hermosa, la otra mitad se consideraba azul, o muerta, como un esqueleto pintado de azul, lo que hacía alusión a que la mitad de su cuerpo estaba muerto. Fue asignada por Odín, como la diosa de Hel, un mundo con el cual comparte el nombre, donde gobierna diversos castillos y recibe a la mitad de los muertos.
Idunn: Diosa Vanir que guarda y cosecha las manzanas doradas de la juventud, de quien dependen los dioses Aesir para continuar viviendo. Los dioses con capaces de morir como cualquier otro mortal, por ello, si las manzanas de Idunn llegara a faltar, morirían de vejez.
5 – TÍTULOS:
Hrafnagud: Literalmente significa Dios Cuervo, uno de los muchos nombres que se le da al dios Odín, y se le da este nombre porque Hugin y Munin, los cuervos que llevan las noticias del mundo, solo le susurran lo que ven a él.
