¡Rayos! ¡Me extendí en este capítulo más de lo que debía! Tengo que admitir que fue en extremo difícil el acomodar este capítulo a una forma más convincente. Ya estamos en el capítulo siete después de todo, y hay que irnos acercando al final de la primera de las sagas, la Saga de Midgard.

Aprovecho para hacerles el recordatorio, de que en mi profile, en la sección de Saint Seiya que habla de la presente historia, podrán encontrar material que les haga la lectura más sencilla, siendo el más importante de todos, el glosario de toda la historia, para que cada vez que vean un término que no conozcan, en lugar de irse regresando capítulo por capítulo a ver cuándo demonios definí ese término en el glosario final de cada capítulo, lo busquen en ese glosario, que actualizo junto con cada nuevo capítulo.

Otro documento que siento que puede llegar a interesarles, y está también en el repositorio, es uno que se llama "La Historia de las Constelaciones", mis lectores habituales me conocen, me enfoco mucho en la mitología y en la cosmología de las historias que escribo, pero suelen desviar la atención de la trama. Este documento entonces, es una lectura adicional, con imágenes que podrían o no serles más comprensibles, y que intentan explicar el cómo funcionan las constelaciones en este universo alternativo, e igual que todos los documentos, se irá actualizando constantemente. Piensen en este documento como un Taizen de mi historia.

Sin más que decir por el momento, a contestar reviews:

TsukihimePrincess: Jajaja, ya sé que los nórdicos tienen nombres raros para todo. Créeme que Derbal es tan astuto como Loki, entre él y Alberich se darían un tiro de astucia y agudeza mental, no lo descartes, seguro puede convencer a cualquiera. Lo de Shaina y Aldebarán, pues lo sacó a relucir el Episodio G Assassin, y pues me agradó porque es ese tipo de pareja crack y sin sentido que yo me sacaría de la manga y dije, pues vamoh a utilizarlo. Sobre lo de Milo, puede que ya me tenga que poner a trabajar en eso, pero no prometo nada todavía. Este capítulo, considero que está medio raro, pero espero lo disfrutes.

EDITADO: 13/09/2022.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Midgard.

Capítulo 7: Augurios a una Guerra Santa.


Hlingard. Reino de Hlingard. Explanada de la Ciudad. 01 de Octubre de 4E 05.

-Está ocurriendo, por fin está ocurriendo -en el centro de la Ciudad de Hlingard, se había mandado construir un auditorio de madera, mismo que poseía unas inmensas cortinas de terciopelo rojo, con el emblema de la familia real de Hlingard en medio de esta, siendo este, el escudo real con la Osa Mayor dibujada en el mismo, y con los cuervos Hugin y Munin cada uno de un lado del escudo extendiendo un ala asemejando que el escudo poseía un par de alas negras, y con la espada de Odín, Balmung, sobresaliendo boca abajo desde la parte superior del escudo-. Por años soñábamos con que llegara este día, Saga, y que uno de nosotros se convirtiera por fin en el Sumo Sacerdote del Santuario. Aunque no pensaba que fuera tan pronto, ni que fuera a tener que coronarte yo mismo, amigo mío -agregó Aioros, mirando a las afueras por la apertura entre las cortinas, al pueblo reunido alrededor de la estructura.

Saga esperaba sentado en un trono provisional, vestido en la túnica ceremonial de los Sumo Sacerdotes, mientras sostenía en sus manos la corona de oro del Sumo Sacerdote, misma que llevaría como adorno a partir del momento en que la ceremonia terminara. Saga no había dejado de ver aquella corona en todo momento, preocupado por la responsabilidad que significaba el vestirla, y sintiendo la presión de los duros años que proseguirían a su coronación.

-Saga… -volvió a interrumpir sus pensamientos Aioros, y Saga por fin le dirigió la mirada-. ¿Qué ocurre? Has deseado la llegada de este día por mucho tiempo. Pensé que te mostrarías más… entusiasmado -prosiguió Aioros, mientras Saga intentaba acomodar sus ideas.

-Antes, cuando ambos competíamos por el puesto del Sumo Sacerdote, pensé que sería yo quien te coronaría a ti, Aioros -confesó Saga, meditando sobre todo lo que había transcurrido en tan poco tiempo-. Desde el día que combatimos por… discrepancias en el nombre de Saori, pensé que todo había terminado. No me interesó más el puesto de Sumo Sacerdote, había perdido a un amigo por el mismo… después de eso regresaste, y me anunciaron como el único prospecto, y tras una serie de eventos que no me alcanzo a explicar, aquí estoy, a escasos minutos de mi coronación. Aioros, ya no sé lo que es real y lo que no es real en este mundo. ¿Cómo podría aceptar esto? Debería renunciar ahora que puedo -aseguró Saga, y tras hacerlo, miró a los ojos de Aioros, y su determinación.

-No voy a permitírtelo -aseguró Aioros, mirando a Saga fijamente-. No voy a permitir que mi amigo, y la persona más honorable que conozco, dude sobre esto -volvió a decirle, lo que Saga no alcanzaba a comprender-. Saga, sé que cargas muchos secretos en tus hombros, y que son estos los que no te dejan apaciguar tu mente. Hace 5 años, aún ante mi traición, me diste una oportunidad -recordó Aioros el momento en que la habitación de Saori se venía abajo, y Saga le tomaba del brazo, salvándole la vida-. Si no hubieras intercedido en ese momento, hubiera caído junto a los escombros, me habría precipitado sobre ellos, y seguramente quedado sepultado. En lugar de eso, intentaste salvarme, aunque de todas formas me dejaste caer al final -se burló un poco Aioros.

-No deseaba soltarte -aclaró Saga, apenado-. Yo… simplemente pensé que me obligarían a ejecutarte de todas formas. Quise ahorrarnos a ambos ese pesar -aceptó Saga, lo que, aunque fuera una revelación algo incomoda, Aioros supo aceptar-. Aioros… el día que caíste, yo asumí tu muerte. La lloré incontables noches, mi amigo de la infancia, con el que entrené, con quien ascendí en las líneas de los nobles, ya no estaba. Perdí una gran motivación. Después me enteré de que vivías, de que el Ropaje Sagrado de Sagitario te respaldaba, y temí el que me dieran la orden de darte cacería. En lugar de eso, volviste sin anunciarte, nuevamente en nuestras filas, como si nada hubiera pasado. Debo saber lo que hiciste durante esos 5 años. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué regresaste y juraste lealtad a Lyfia? -preguntó sin rodeos, a lo que Aioros reaccionó con preocupación.

-¿Si te lo cuento, te ayudará eso a relajarte? -preguntó Aioros, y Saga asintió en ese momento- No son memorias que me agraden recordar -aceptó Aioros, recordando aquellos días-. Un anciano a orillas del río Slid fue quien me salvó. Tenía unos extraños poderes, podía utilizar las runas, supe que usó varias de ellas para salvarme la vida -le comentó Aioros, recargándose en una pared cercana-. Me tomó varios meses recuperarme, todo ese tiempo, el anciano cuidó de mí. Nunca supe su nombre, la verdad es que no hablaba para nada. Pero aprendí mucho de él, sobre las estrellas, sobre el destino, sobre los dioses. Todas las noches, mientras me recuperaba, el anciano dibujaba las constelaciones. Todas las noches, el anciano apuntaba a la constelación de Aesir en el cielo -aclaró, mirando a Saga para observar sus reacciones-. Comprendí, que lo que el anciano intentaba decirme, aún sin mencionar palabra alguna, es que la Constelación de Aesir era mucho más que solo una constelación, y que, en su interior, yacían 12 -elevó su cosmos Aioros, lo extendió por toda la habitación, y con este, Aioros dibujó la constelación de Aesir, conectada por 12 estrellas.

-Aesir… el Einherjer que porta la lanza de Odín -observó Saga, sorprendido-. Las 12 constelaciones que mencionas, no pueden ser otras que las Constelaciones del Zodiaco, de cuyas estrellas guardianas fueron creados los Ropajes Sagrados Dorados -agregó Saga, apuntando a las estrellas de Aesir-. Hamal, la estrella más brillante de la constelación de Aries -apuntó Saga, y con su cosmos, dibujó la constelación completa-. Aldebarán, la estrella más brillante de Tauro; Pólux, la estrella más brillante de la constelación de Géminis -prosiguió él, sintiéndose más tranquilo-. Altarf, la estrella más brillante de Cáncer; Regulus… -intentó continuar, cuando notó el tema delicado que estaba tocando.

-La estrella más brillante de la constelación de mi hermano Aioria, Leo -tras notar la preocupación de Saga, Aioros prosiguió-. Espiga, la estrella más brillante de la Valkiria Virgo; Zubeneschamali, la estrella más brillante de Libra, la que porta el maestro Dohko -aseguró Aioros, y Saga lo miró con curiosidad.

-¿Fuiste a buscarlo? -preguntó, aunque Aioros mantuvo su silencio- Derbal siempre ha sabido de la supervivencia del viejo maestro. En reiteradas ocasiones lo ha intentado convencer de volver al Santuario. Pero él no parece desear moverse del Mirador de Galdhopiggen -aseguró.

-Fui con él -confesó Aioros, sorprendiendo a Saga-. Tenía muchas preguntas, por lo que, cuando me recuperé, me despedí del anciano que me cuidó, e intenté ir a donde el viejo maestro. Se mostró muy cortante, como si no supiera si podía o no confiar en mí. Cargaba en mi espalda a Sagitario, convertido en plomo, mientras que Libra brillaba intensamente a espaldas del viejo maestro. Aparentemente, el que mi Ropaje Sagrado fuera de plomo lo confundía, y me dijo que no charlaría conmigo hasta que el Ropaje Sagrado de Sagitario volviera a brillar de dorado. Esa misma noche ambos vimos el estallido de cosmos proveniente de la Isla de Lyngvi, y la estrella de Antares, la punta de la lanza de la Constelación de Aesir, brilló de un escarlata intenso. Escorpio estaba con vida -aseguró.

-Tu estrella brilló intensamente en el cielo también -recordó Saga, quien hace años en el Santuario, supo que definitivamente Aioros seguía con vida-. Cuando Kaus Australis brilló en el cielo nocturno, una pesada roca se levantó de mi espalda. Seguías con vida, pero al mismo tiempo, una dura carga cayó sobre mis hombros. Si vivías yo tendría que… -intentó decir.

-Pero no fue así -aclaró Aioros-. El día en que Kaus Australis me aceptó, tuve la oportunidad de ir a donde Dohko nuevamente, pero cuando llegué, él había abandonado su puesto de vigilancia, y su casa estaba inquietantemente vacía. No sabía qué hacer, tenía mi Ropaje Sagrado, pero no tenía a una diosa. Hice entonces lo que me dictó mi corazón. Me escabullí en el Santuario, y decidí terminar con la vida de Derbal -confesó, y aquello sobresaltó a Saga-. Conocía los pasadizos secretos, el único que supo que estaba allí era él cuando llegué. El maestro, me dio la paliza más grandiosa de toda la historia. Aún no me explico cómo nuestra batalla no alertó a los guardias -aceptó Aioros, sumamente curioso-. Después de eso, mi memoria es algo difusa -confesó, mientras miraba nuevamente la Constelación de Aesir, y a las estrellas remanentes. Es como si un año entero de mi vida, se hubiese perdido. Desperté, con Shura a mi lado, quien me había encontrado en un templo en honor a los dioses, vestía su Ropaje Sagrado Dorado, y me llevó prisionero ante Derbal. Deneb Algedi brillaba hermosa aquella noche. Ese día la conocí, a Lyfia, a Hlin -aseguró, mientras Saga mantenía su silencio-. Solo me bastó con verla para saberlo, yo estaba equivocado, Saga. Saori no era Hlin, Lyfia era Hlin. Cuando Derbal me lo explicó todo, apenas y podía creerlo. Nuestro Jarl, Wotan, tenía otra hija, todo tenía sentido ahora. Yo les había hecho mucho daño, había robado los Zafiros de Odín, había permitido que existiera una rebelión, todos mis errores, pesaron demasiado. Y Lyfia… ella me perdonó -recordó Aioros, a Lyfia sonriéndole, y brindándole su perdón-. Se me permitió volver al Santuario, me explicaron también que mi hermano igualmente había sido perdonado por Lyfia. Al ser yo un traidor, lo normal es que lo hubieran sacrificado a los dioses, pero no fue así. Aioria está allí afuera, en algún lugar, cumpliendo una misión. Espero ansiosamente el volverlo a ver, seguro se ve radiante, en su Ropaje Sagrado Dorado -aseguró.

-Odio tener que ser el portador de malas noticias, Aioros, pero la lealtad de tu hermano, es cuestionable -aclaró Saga, y Aioros bajó la mirada, sabiéndolo de antemano-. Pero tu lealtad está en el lugar correcto… desearía decir lo mismo de la mía -aceptó Saga, sintiéndose mal por sus dudas.

-Eres la persona más leal que conozco, Saga -aclaró Aioros, tomándolo del hombro-. Y sé que nos guiarás a todos por el buen camino, eso incluye al guardián de Beta Aquarii, el portador de Acuario; y al de Alrisha, quien vestirá a Piscis -le aseguró, tranquilizando a Saga-. Anda, es el momento de tu coronación -le pidió Aioros, recogiendo la cortina, y permitiendo a Saga pasar, encontrando a Derbal, vistiendo como el Alto Jarl tras haber renunciado a su túnica de Sumo Sacerdote, que vestía ahora a Saga. También estaba presente Lyfia, revestida con ropajes que resaltaban su divinidad. 2 Dioses Guerreros Dorados, Máscara Mortal y Shura, servían de sus guardias. Los 7 Dioses Guerreros de la Osa Menor se encontraban arrodillados, y el pueblo de Hlingard llamaba al nombre de Saga con orgullo. Entre el público, se encontraban los aspirantes a Dioses Guerreros Dorados, Camus y Afrodita.

-Tiempos oscuros están por llegar a Hlingard… -interrumpió una voz la ovación, provenía de una joven, de alrededor de unos 13 años, que permanecía envuelta en una túnica negra, con un velo puesto, y un báculo con la forma de un tridente plateado en su punta-. Oscuros en verdad, y todo comienza este día, con esta coronación. ¿En verdad vas a continuar con esto, dios maltrecho? Con tus acciones, desatarás catástrofes inimaginables en esta tierra, que repercutirán en los 9 Mundos -prosiguió la mujer, con su larga cabellera violeta oscuro ondeando con el viento, mientras su mirada de ojos violetas, intimidaba a Saga.

-¿Una Gidja? -preguntó Derbal, mientras la bella joven reverenciaba- No hemos requerido los servicios de adivinación de nadie para esta ceremonia. ¿Quién te envió? -le preguntó Derbal con suma curiosidad- No se requiere de un Godi, yo mismo poseo los servicios de adivinación que requiero -aseguró.

-Conveniente que un adivino no requiera de otro adivino, cuando los adivinos pueden ver el pasado, el presente, y el futuro, sin verse a sí mismos reflejados en ellos -continuó la mujer, sacando una bolsa de runas, y lanzándolas a los pies de Derbal, quien, al verlas, se mostró intranquilo-. Adelante, o gran Godi, anterior Sumo Sacerdote. Si no desea que sea yo quien lea su futuro, seguramente puede traducir por sí mismo las runas que he enviado -aclaró, a lo que Derbal respondió pisoteando las runas, y rompiéndolas, mientras se acercaba a la Gidja.

-Di tu nombre, Gidja, y el nombre del Godi que te ha enviado -ordenó Derbal, confundiendo a los presentes-. ¿Acaso eres una enviada de Brávellir? -le preguntó, mientras la joven, sin darle respuesta, tan solo jugueteaba con su cabellera.

-Mi nombre es Pandora… -le respondió, con una sonrisa malévola en su rostro-. Y quien me envía, es mucho más poderoso que quien lo ha enviado a usted a desatar la destrucción de Midgard. Alguien, que no desea que usted siga jugando a ser el destructor de dioses. Alguien, muy travieso -le susurró.

-De modo que sí tengo la atención del Dios de las Travesuras y el Fuego -sentenció Derbal, mirando a la mujer fijamente-. ¿Qué es lo que quieres? Esto es un evento privado, y no me apetece que sea interrumpido -se molestó.

-Quiere que desistas… mi amo no desea que los humanos se vean inmiscuidos en el conflicto entre sus hijos y los dioses -aseguró la mujer-. El rumbo que está tomando todo esto, indudablemente liberará males que no tienen comparación. Mi amo, por su amistad con los dioses, desea detenerlo, y me ha enviado a advertirle que desista. Puede gobernar a los humanos si así lo quiere, pero no contra los dioses. Esta es su última advertencia, y a partir de ella, si no es atendida, me veré obligada a plantar la semilla, que traerá su derrota. ¿Qué planea hacer entonces, amo Derbal? -le preguntó ella.

-Ejecutarte, claro está -fue la respuesta de Derbal, que sobresaltó a la mujer, mientras Derbal tronaba los dedos, y uno de sus Dioses Guerreros Dorados desaparecía en un instante, llegando a espaldas de Pandora, y colocando su mano de dedos unidos a escasos centímetros de su cuello, lo que mantuvo a Pandora, inquietantemente preocupada-. Dile a la hija del Dios de las Travesuras y el Fuego cuando la veas, que Derbal no negocia con ningún dios -le susurró Derbal, antes de mirar a Shura-. Llévatela, y ejecútala en un lugar seguro. No podemos manchar la ceremonia de ascenso de Saga de esta manera -finalizó Derbal, y Shura, tomando a la mujer del brazo, comenzó a tirar de ella lejos de la ceremonia-. Lamento mucho esta interrupción -agregó Derbal, uniéndose a Saga y a Aioros-. Podemos comenzar con la ceremonia -agregó el.

-Maestro, ¿quién era ella? ¿Qué quería? -preguntó Saga curioso, y mientras miraba a Shura llevarse a la mujer a las afueras de la ciudad- ¿Es algo de lo que debiéramos preocuparnos? Una Gidja jamás quiere nada bueno -le aseguró.

-Por eso es que Shura se encargará de ella -le enunció Derbal, y Saga se mostró ligeramente preocupado por aquellas declaraciones-. Pero ya hemos esperado mucho, Saga, es momento de que aceptes tu corona -agregó Derbal, mientras Aioros, cargando la corona, se acercaba a Saga tras haberla hundido en agua del río Slíd, y en el momento en que Saga aceptó la misma, el pueblo se rebosó de alegría, y todo el evento con la Gidja, pareció haberse olvidado.

A las afueras de la ciudad, sin embargo, Shura sacaba a la mujer a la fuerza de la misma, y una vez fuera, la empujó al suelo, donde la mujer, tras ponerse de pie, comenzó a limpiarse el polvo de su túnica.

-Esa es una forma muy poco gentil de tratar a quien será tu esposa -sonrió Pandora, aunque su sonrisa se esfumó en el momento en que Shura materializó su espada, y apuntó a su nariz con ella-. Todo parece indicar que no me crees -agregó preocupada.

-Un Godi no puede leer su propio futuro, por consiguiente, una Gidja tampoco puede hacerlo -aclaró Shura, alzando su espada, preparándose para ejecutar a Pandora-. Di tus últimas palabras, te aseguro colocarlas en tu piedra rúnica cuando termine de ser tallada. Despídete de quien debas despedirte, apresura, que no pienso perderme la ceremonia -aseguró.

-Qué carácter tan nefasto te cargas -se molestó la joven, nuevamente con una sonrisa en sus labios-. Pero lo que he dicho no deja de ser verdad. Si bien es cierto que los Godis y las Gidjas no podemos leer el futuro propio, esto es algo que alguien leyó en el mío. Es mi destino, y es tu destino, por eso sé que no puedes matarme -aseguró, aunque la espada de Shura estaba cada vez más cerca de su cuello-. Puede que deba comenzar a negociar más, en lugar de dejar las cosas en el nombre del destino -aclaró Pandora, sobresaltada.

-A mí me parece que eres una Gidja en exceso patética, y que no vale siquiera la pena ejecutar -agregó Shura, lo que logró hacer que Pandora recuperara el aliento-. Habiendo dicho esto, no se me conoce por desobedecer ordenes -alzó la espada nuevamente, y la bajó para ejecutar a Pandora, quien se cubrió con los brazos.

-¡Entonces obedece a la orden más sagrada! ¡Y esa es reencarnar generación tras generación al servicio de Saori! -le gritó Pandora, y en ese instante, Shura desvió su propio ataque, como hizo hace 5 años, evitando así asesinar a Pandora mientras dejaba una franja extensa a su derecha- Sé la razón… por la que fuiste incapaz de asesinarla hace 5 años -aclaró Pandora, tomándose del pecho para tranquilizar a su acelerado corazón-. Sé la razón… por la que sientes que tu alma llora sangre… -prosiguió, mientras Shura meditaba al respecto-. Fuerzas… más grandes que los dioses… me han susurrado al oído… y me han dicho… que en esta vida… no cometerás las faltas que has cometido en anteriores. Tu alma, por fin obtendrá la recompensa de tu inmensa lealtad. No sé lo que eso signifique, pero así me lo han susurrado al oído, esas voces, más antiguas que los dioses mismos, que conocen un mundo antes incluso del Ginnungagap -insistió, y los ojos de Pandora parecían decir la verdad-. Pero solo podrá ser así si me permites ayudarte a convertirte en un héroe capaz de luchar por Saori, la verdadera Asynjur Hlin -aclaró, y tras terminar de decir aquello, la mano de Shura rodeo su cuello, y comenzó a estrujárselo.

-Hablas mucho, y dices muy poco. Pero no te permito enunciar que Lyfia es una falsa, ¿te ha quedado claro? -amenazó, y soltó a Pandora, quien tomó aire con dificultad- Dime todo lo que sabes de Saori… y el por qué mi alma se estremece con el deseo puro de protegerla… -le ofreció su mano Shura, y aunque Pandora se mostraba molesta por el intento de ahorcamiento, le permitió levantarla-. Dime por qué mi Ropaje Sagrado, no puede ser leal a Lyfia, como mi corazón desea serlo a Saori. ¡Dime porqué aquella noche hace 5 años no pude matarla! ¡Ni siquiera en el nombre de Odín! -enfureció Shura, mirando a Pandora fijamente.

-Porque tu alma… como el alma de otros 12… está conectada a la de Saori por fuerzas más grandes inclusive que el mismísimo Odín -aclaró Pandora, y Shura bajó su espada-. Voy a decirte todo lo que sé, y cuando termine, puede que no sea suficiente para que me creas. Yo tampoco tengo todas las respuestas para serte sincera. Pero sé que tu destino, es el de ser más que solo un Dios Guerrero Dorado. A ti, y a otros cuantos, les espera un futuro de gloria sin igual. Puedo guiarte, si tan solo confías en mí -le pidió, Shura lo pensó, pero asintió al final.

Fjördland. Brávellir. Salón de los Juicios.

-Forseti, Dios de la Justicia y la Verdad, guíanos en el presente juicio, y ayúdanos a encontrar la verdad por sobre la mentira -enunciaba Andreas, el Godi de Brávellir, mientras en la inmensa sala de los juicios, que era más bien un templo de madera inmenso en honor al Aesir Forseti, se realizaban los preparativos para el juicio, que incluían una ceremonia en la cual Andreas lavaba los brazos, rostros y piernas de los que estaban condenados, en este caso, Mime y Syd, quienes en sus túnicas harapientas esperaban de pie y con sus manos y piernas recubiertos por grilletes, a que se les diera juicio, con Jarl Svend Ulfson sentado en un trono de madera, con Hilda a su izquierda, y Saori a su derecha, vistiendo una bella túnica blanca ceremonial, como un vestido largo que le llegaba a los pies, y cuyas mangas dejaban descubiertas únicamente la punta de sus dedos, manteniendo la mayor parte posible del cuerpo de Saori envuelto.

Alberich se encontraba sentado frente a una mesa de madera, estudiando todo lo que podía mientras la ceremonia en honor a Forseti continuaba. Se le veía intranquilo, como si supera que tenía las de perder. Alrededor de todo el templo, se encontraban los 29 Guerreros Vikingos, uno de los cuales llamaba la atención de Syd, pues le parecía en extremo familiar, un hombretón de gran tamaño, piel ligeramente oscura, y que lo miraba con desprecio. Gran parte del pueblo había sido invitado al juicio, después de todo, el veredicto podía ser refutado por el pueblo si se consideraba que Jarl Svend Ulfson erraba en el mismo.

En la parte trasera del templo, casi llegando a la entrada, se encontraban ambos grupos de Dioses Guerreros, los de la Osa Mayor y los Guardianes de Yggdrasil, todos sin vestir sus Ropajes Sagrados, y esperando a que el juicio diera a inicio.

-Lamento llegar tarde -escuchó el grupo, encontrando a Shaka entrando en el templo, sorprendiendo a ambos grupos de Dioses Guerreros-. Me temo que no he tenido el placer de conocerlos, aunque preferiría que hubiese sido en instancias más placenteras. Shaka de Espiga, Dios Guerrero Dorado de la Valkiria Virgo -reverenció, y Mu lo invitó a sentarse, sorprendiéndose tras verlo asentir sin siquiera dirigirles la mirada, ya que sus ojos estaban cerrados.

-Para hacer las presentaciones más rápidas, nosotros somos los Dioses Guerreros Dorados, mi nombre es Mu, ellos son Aldebarán, Aioria y Milo -presentó Mu, notando nuevamente que Shaka movía su cabeza en dirección al resto de Dioses Guerreros Dorados sentados en la banca de madera, y reverenciando. El trio intercambió miradas de sorpresa, mientras Mu apuntaba entonces a la banca al lado de la de ellos-. Por allí están los Dioses Guerreros de la Osa Mayor. El grandulón es Tholl, el moreno se llama Hagen, Fenril es el de ojos dorados… y el de Cabellera Escarlata es Siegfried -presentó, sorprendiendo a Siegfried.

-Es un placer -reverenció Shaka-. Aunque ninguno entre los presentes posee una cabellera escarlata -aclaró sin abrir los ojos, lo que impresionó a Mu-. ¿Debo entonces deducir, que el joven de cabellera castaña suave, es al que llamas Siegfried? -preguntó.

-¿Puedes ver, pese a tener los ojos cerrados? -se impresionó Mu, mientras Shaka movía su cabeza en negación- No lo entiendo, ¿cómo supiste que Siegfried no tenía cabellera escarlata entonces? -le preguntó Mu.

-Porque pude ver a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor en la cueva en la que me encontraron al entreabrir los ojos unos instantes para evitar que intentaran asesinarme -aclaró Shaka, lo que apenó a Mu un poco-. Pero comprendo de todas formas la razón de tu intento, Mu -aseguró Shaka-. Puedo sentir todo lo que existe a mi alrededor gracias al cosmos. Tengo una imagen de todos ustedes, si tuviera que definirla, sería como la de una silueta de cosmos. Pero no estoy ciego, esta es simplemente la forma en la que he decidido ver el mundo, mientras sello mi cosmos, al mantener los ojos cerrados -aclaró Shaka, sorprendiendo a los presentes-. La mejor forma de aumentar la potencialidad del cosmos, es la de renunciar a los sentidos. Voluntariamente renuncié al sentido de la vista para incrementar mi cosmos, aunque pueda recuperarla en el momento en que yo desee -finalizó.

-¿Renunciar voluntariamente a un sentido para incrementar tu cosmos? ¿No es eso ir demasiado lejos? -preguntó Milo, sorprendido, mientras Shaka lo negaba con una sonrisa- ¿Por qué deseas incrementar tu cosmos tan drásticamente? ¿Sabes algo que debiera preocuparnos? -le preguntó.

-Sé que enfrentaremos a nuestros propios camaradas, en una guerra sin sentido alguno, Milo -aclaró Shaka, y Milo recordó a Saga y a Shura, sabiendo que no contaban con su apoyo-. Las batallas entre Dioses Guerreros Dorados, jamás deberían de darse. El poder que poseemos es tal que, si no tenemos el cuidado correcto, y permitimos que nuestros cosmos se eleven infinitamente, podríamos desatar una batalla que se dice duraría 1,000 días, y eso solo porque el cuerpo humano, tiene un límite de tiempo en el que puede sobrevivir reemplazando todas las necesidades básicas por un flujo interminable de cosmos. Sin esas limitantes humanas, la batalla jamás tendría fin -aseguró Shaka.

-El simple hecho de que alguien diga que el cuerpo humano puede durar 1,000 días sin que se tengan que cubrir sus necesidades básicas, ya es ridículo. Asegurar que el cosmos puede elevarse hasta el infinito, es como decir que un mortal es capaz de derrotar a los dioses -se enunció Aioria, y Shaka en ese momento, le dirigió el rostro, como si lo mirara fijamente-. ¿Por qué me no miras así? -se perturbó Aioria.

-No, yo solo… me pareció como si no supieran absolutamente nada de lo que significa ser un Dios Guerreros Dorado -agregó Shaka con cierta preocupación, logrando que el grupo intercambiara incomodas miradas-. ¿Jamás recibieron entrenamiento sobre su rango? -volvió a agregar con confusión.

-Has estado dormido por tus heridas mucho tiempo, no hemos tenido oportunidad de decirte nada, Shaka -interrumpió Aldebarán, por lo que Shaka alzó su rostro-. Lo más cercano que alguien ha tenido a un maestro sobre lo que significa ser un Dios Guerrero Dorado, es Mu quien fue entrenado por el anterior Sumo Sacerdote, quien al parecer era un Dios Guerrero Dorado -aclaró Aldebarán.

-Shion me enseñó solo lo básico de manipulación de cosmos, Aldebarán -aclaró Mu-. Lamento en verdad desilusionarte, Shaka, pero incluso yo, lo único que sé de lo que significa ser un Dios Guerrero Dorado, es lo mismo que todos sabemos. La Constelación de Aesir nos representa a todos, somos los Guardianes de Yggdrasil, por lo que podemos existir entre los 9 Mundos, nuestros Ropajes Sagrados se liberan cada 100 años a partir del año en que el ultimo Dios Guerrero Dorado murió, y solo cuando es el treceavo cumpleaños de la Asynjur Hlin reencarnada, a quien debemos servir incondicionalmente -le explicó Mu, a lo que Shaka asintió con curiosidad-. Fuera de eso, somos un herrero, un granjero, un ex-convicto, y un mercenario -presentó Mu.

-Sus conocimientos son los básicos, y creo entender el por qué Shion no te explicó más al respecto, Mu -aseguró Shaka, meditando sobre todo lo que le contaban-. Pero sus conocimientos deben ser completados si esperamos tener una ventaja en esta guerra que se avecina. El cosmos es infinito, los combates entre Dioses Guerreros Dorados están prohibidos porque pueden desatar una gran destrucción, pero si hemos de tenerlos de todas formas, eso solo puede significar una cosa -aseguró Shaka, y el grupo lo miró fijamente-. Derbal, nuestro enemigo mutuo, sabe que los Dioses Guerreros Dorados con los que cuenta, pueden vencerlos a ustedes. Seguramente tiene algo planeado, los Dioses Guerreros Dorados que le sirven han recibido entrenamiento, saben que no deberían batirse en duelo con otro Dioses Guerreros Dorados, y aun así lo harán. Tengo que admitir que no pensaba que la situación fuera tan precaria. Tendré que entrenarlos a todos, a costa de no recuperarme a tiempo para la batalla -comentó Shaka, recorriendo las mangas de su túnica, y mostrándoles varios vendajes ensangrentados-. Mis heridas… fueron hechas a un nivel superior al físico, mi cosmos se encuentra fragmentado. Pero es preferible que ustedes alcancen el nivel requerido para que vayamos juntos a la batalla, que recuperarme por completo, y dejar a mis camaradas morir. He decidido que voy a entrenarlos -finalizó Shaka, y antes de que el grupo pudiera quejarse, el juicio dio inicio.

-Da inicio el juicio en contra de Mime Folkellson de Brávellir -comenzó Jarl Svend, lo que molestó a Mime, aunque Alberich rápidamente lo tranquilizó-. Y de Syd Skogson de Hlingard. El primero, acusado del asesinato a traición de su propio padre, Folkell de Velorum Delta, Guerrero Vikingo de Berserker. El segundo, acusado de alta traición, e intento de asesinato contra la Asynjur Hlin, Saori Wotansdóttir -presentó Jarl Svend, declarando, como lo hacía siempre que la oportunidad apremiaba, a Saori como la verdadera Asynjur Hlin-. Ambos serán representados por Alberich Wagnerson de Oppland. Se le ha brindado el tiempo suficiente para prepararse para este juicio. ¿Tiene alguna declaración al respecto? -preguntó el Jarl.

-Solo una que considero de vital importancia, mi Jarl -reverenció Alberich-. He de solicitar que el presente juicio sirva para comprobar la inocencia, de ser esta verdadera y juzgada por los dioses, exclusivamente de Mime Folkellson, y que el juicio de Syd Skogson sea aplazado para el siguiente año -pidió Alberich, comenzando con los rumores en la sala, algunos inclusive insultando a Alberich y acusándolo de cobarde.

-Orden, orden -pidió Jarl Svend, y de poco en poco se comenzó a hacer el silencio-. Para aplazar un juicio, debe tener una razón muy de peso, representante Alberich -señaló el Jarl, y Alberich asintió a sus palabras-. Exponga ante los presentes la razón por la que no puede realizarse el juicio de Syd Skogson durante el presente año, y el cómo planea pagar por la custodia en prisión del acusado. Las prisiones no son centros de asilo -señaló Jarl Svend, lo que preocupó a Saori, quien intentó interceder-. Asynjur Hlin, los ritos de la presente ceremonia son en honor al Aesir Forseti, sería una falta de respeto el ignorar su justicia por mera predilección -aclaró el Jarl.

-La Asynjur Hlin no debe preocupare. Tengo todo bajo control -aclaró Alberich, tranquilizando a Saori, quien asintió en ese momento-. La solicitud de prórroga en el juicio de Syd Skogson, es debido a que la evidencia con la que cuento para el presente caso, es meramente circunstancial. Podría armar un caso de defensa, pero este no sería efectivo ya que en Brávellir no cuento con las herramientas de consulta suficientes. A Mime lo puedo defender, toda su documentación existe en esta ciudad. Para comprobar mi material de defensa sobre Syd Skogson, requeriría de la documentación que existe en Hlingard -aclaró Alberich, por lo que Jarl Svend se frotó su amplia barba-. Como puede comprender, mi Jarl, con Brávellir y Hlingard en guerra, no me es posible realizar viajes de comprobación a Hlingard para obtener la documentación que necesito, no a menos que me otorgue tiempo para conseguirla. Esto no tiene que ver con cobardía, o una imposibilidad de demostrar que a quien represento, es o no es inocente. Tiene que ver con la necesidad de acceso a la información familiar -aclaró.

-¿Posee los medios de conseguir esta información en medio de una guerra entre nuestras naciones? -preguntó Jarl Svend, mientras todos a su alrededor se quejaban, y acusaban a Alberich de hacer tiempo.

-Puedo conseguir la información que necesito para arreglar el caso de defensa, si me permite al menos un invierno de ventaja -aseguró Alberich, y los presentes se quejaron, uno inclusive le lanzó un tomate, pero Alberich logró ignorar el insulto-. Para los costos de atención al prisionero, la fortuna de mi familia deberá ser suficiente. Yo mismo pagaré todas sus necesidades -aseguró Alberich, sorprendiendo a Syd-. No pongas cara de agradecido, me vas a regresar cada gald -le aseguró.

-¡Orden! -recriminó Jarl Svend, elevando su cosmos, y haciendo temblar el lugar. Cuando los presentes se calmaron, Jarl Svend prosiguió- Por este conducto, declaro el juicio de Syd Skogson, pospuesto hasta terminado el invierno. Llévenselo a su celda -ordenó Jarl Svend, ante los abucheos de los presentes, y mientras Alberich entregaba una bolsa de galds a un guardia para los gastos de Syd.

-Solicito un receso de 5 minutos para replantear mi accionar ante el juicio de Mime Folkellson -pidió Alberich, y Jarl Svend le concedió el receso. Una vez hecho esto, Alberich se dirigió a la parte trasera del templo, y miró a ambos grupos de Dioses Guerreros-. El invierno se acerca, y no tendré posibilidad alguna de preparar al caso de Syd sin ayuda. Para comprobar la historia de Syd, necesitaré del árbol genealógico de la familia de Zeta, su Escudo de Armas, y el sello del registro de nacimientos. En otras palabras, necesito que alguien vaya hasta Hlingard, y obtenga esta documentación -aclaró Alberich.

-Eso es imposible -agregó Siegfried, preocupado-. Todos los aquí presentes somos fugitivos de alguna u otra forma. Nos atraparían en el acto. Si alguien puede adentrarse en Hlingard a recuperar esa información, ese sería Aldebarán, ya que Mu es extranjero, y tanto Aioria como Milo son fugitivos también. Pero al ser un granjero, y no tener un sello de familia noble, le negarían el acceso a la información -aseguró Siegfried.

-No me conocen a mí, y tengo un sello noble -interrumpió Hagen-. Siegfried, escondí mi estatus de nobleza, renunciando voluntariamente a él en el nombre de Saori. Nadie jamás me ha visto en la corte, y no estuve presente cuando se enfrentaron a los Dioses Guerreros de la Osa Menor. Solo hay un Dios Guerrero que podría reconocerme, pero puedo ocultarme del Dios Guerrero de Hraesvelgr perfectamente. Ante todo Hlingard, soy un simple cocinero. Obtendré la información que Alberich necesita, puedo usar mi sello para obtenerla -agregó, enseñándole el emblema de su familia, aunque aquello preocupaba a Siegfried-. Confía en mí, conseguiré la información -le aseguró, y entonces el receso terminó, por lo que a Alberich se le pidió volver al estrado.

-Háganlo, que la vida de Syd depende de que yo pueda comprobar que no es hijo único -terminó Alberich, se retiró al estrado, y entre Siegfried y Hagen hubo un intercambio de miradas, que terminó en Siegfried asintiendo, y Hagen saliendo del lugar.

-Si regreso y me entero que a Mime lo ejecutaron, te las veras conmigo, Alberich -amenazó Hagen, saliendo del Templo de Forseti, sin percatarse de que un Guerrero Vikingo lo miraba con desdén, desviaba la mirada al inmenso Guerrero Vikingo que Syd había mirado con cautela, y ambos salían del Templo de Forseti con cuidado.

-Ese par… -dedujo Alberich al verlos partir, y recordando las palabras de Syd, tuvo un mal presentimiento-. Espero por vez primera estarme preocupando de más -aclaró, mientras Mime le dirigía la mirada-. Syd fue atacado por un guerrero que manipulaba el cosmos, pero no vestía un Ropaje Sagrado que le fuera familiar, y acabo de ver a un par de Guerreros Vikingos salir, curiosamente, cuando Hagen salió también -le explicó.

-Habrá que confiar en que Hagen sabrá manejarlo -aclaró Mime, y Alberich se sorprendió-. Syd confía plenamente en ti, aunque por tus palabras parezcas un traidor. Si Syd puede confiar en ti tan ciegamente, yo puedo confiar en que Hagen regresará también. Puede que yo no sepa confiar tan fácilmente como Syd, pero su fe en sus compañeros, me hace tener fe a mí también -aclaró Mime, y mantuvo la calma.

-¿La defensa de Mime Folkellson puede comenzar ahora? -preguntó Jarl Svend, y Alberich, con una sonrisa en su rostro, asintió- Bien, porque no habrá más interrupciones. El día de hoy se demuestra la inocencia o culpabilidad de Mime Folkellson.

-Ah, me temo que allí es donde se equivoca, Jarl Svend, ya que yo no defiendo a Mime Folkellson, en absoluto -aclaró Alberich, y la sorpresa invadió a los presentes-. El nombre familiar verdadero de mi cliente, es Mime Oslonson, en honor a su padre legítimo, Oslon de Brávellir, a quien Mime jamás tuvo la oportunidad de conocer -aseguró Alberich, sacando de su bolsa de evidencias un escudo familiar, representado por una lira escarlata sobre un escudo, con una estrella de fondo. Este, es el escudo familiar de Benetnasch. Para los que no se encuentren enterados, los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, no son seleccionados con base a la procedencia de las estrellas como en el caso de los Dioses Guerreros Dorados, sino que son seleccionados en honor a las 7 Familias Reales que durante la Tercera Era, se convirtieron en los 7 Reyes de Midgard. La primera prueba que tengo de la identidad de Mime como hijo de Oslon, es su capacidad de vestir el Ropaje Sagrado de Benetnasch Eta, que representa a Bardr. Pero si no fuera esto suficiente, entre las pertenencias personales de mi cliente, se encuentran la presente lira, que contiene el escudo real, y este medallón, en el cual está presente la pintura, de la familia real de Mime. Esto debiera comprobar que Folkell no es el padre biológico de mi cliente -aseguró Alberich.

-Convincente… -aclaró Jarl Svend-. Pero eso solo significa que Mime no es culpable del crimen de parricidio, pero no lo exonera de un asesinato -aseguró Jarl Svend, y Saori comprendió, que pese a aceptarla como la verdadera Asynjur Hlin, Jarl Svend seguía actuando con autoridad, la autoridad de un Jarl verdadero que no daba predilección a los dioses.

-Eso reduce la sentencia, mi Jarl, y pretendo reducirla aún más, al demostrar que mi cliente asesinó a Folkell de Velrum Delta, Guerrero Vikingo de Berserker, por causas justificables, declarándolo como un asesino, y como un secuestrador que intentó manipular a un bebé inocente, sobre seguir una senda que no le pertenecía -declaró Alberich, y el pueblo se levantó furioso, algunos inclusive pretendieron bajar a golpear a Alberich, pero los Guerreros Vikingos pusieron orden-. Mi Jarl, le pido que permita a mi cliente contar a los presentes el cómo y por qué asesinó a su padrastro -le pidió Alberich, y el Jarl accedió.

-Mi Jarl… -reverenció Mime, mientras el auditorio mantenía silencio-. Por años vi a Folkell como mi padre biológico, y acepto, como me lo ha asesorado mi representante en reiteradas ocasiones, que Folkell cuidó de mí, me dio una educación, y que no sería la persona que soy yo, sin su tutela y cuidados -aceptó Mime, y Alberch asintió a sus palabras-. Pero era mi derecho también, el obtener su vida, por las 2 que me arrebató. No puedo perdonarlo por su crimen. Asesinó a mis padres, estuviera en guerra Brávellir con los pueblos vecinos o no. En un acto de arrepentimiento cuidó de mí, y no fue hasta que me enteré de la muerte de ellos a quienes jamás podré honrar, que mi ira hacia Folkell arreció -declaró Mime, dejándose vencer por el desprecio, y mordiéndose los labios intentando contenerse-. El maldito asesino, no se defendió, aceptó su propia muerte, permitiéndome la venganza que por decreto divino me correspondía. ¿Acaso otros no harían justicia propia, por vengar al asesino de sus padres? -declaró Mime, y aunque ganaba la simpatía de algunos, otros no le creían.

-Mi Jarl, Folkell era el Guerrero Vikingo más poderoso de la orden, más incluso que sus propios hijos, ¿me equivoco? -preguntó Alberich, lo que Svend meditó- Entonces le pregunto yo, ¿cómo podría este sujeto, asesinar al Guerrero Vikingo más poderoso, si no fuera porque Folkell otorgó voluntariamente su vida como compensación? -le preguntó, y la discusión en los asientos continuó, la mayoría indicando que no había forma posible, en que alguien tan debilucho como Mime pudiera asesinar al héroe más grande de Brávellir- Antes de que alguien lo saque a relucir, tengo el registro forense de la confirmación de muerte, donde se establece que Folkell gozaba de excelente salud, no fue envenenado, y no contaba con señales de defensa personal -agregó Alberich, mostrándoles la documentación.

-Para un juicio común y corriente, contra alguien común y corriente, la evidencia dictaría que Mime, Folkellson o Oslonson, como quieras llamarlo, no tendría la capacidad para derrotar a nuestro héroe más grande -aceptó Jarl Svend, y Saori se mostró ligeramente agradecida, aunque por la mirada de Svend, sabía que el Jarl no lo creía del todo-. Pero Mime puede manipular el cosmos, es un Dios Guerrero de la Osa Mayor -sentenció.

-Que no fue condecorado como tal, hasta hace un mes que la Constelación de la Osa Mayor apareció en el cielo -aclaró Alberich, y Svend se frotó la barba-. Folkell murió hace 5 años, mi señor. Mime ha sido fugitivo durante todos esos años. Si ha huido, es porque nadie le creería. Pero yo le he demostrado que Mime es culpable de asesinato, pero que sus razones estaban enteramente justificadas, además de que Folkell se entregó voluntariamente en su arrepentimiento, los reportes de su fallecimiento lo acreditan, y tienen su sello como evidencia -terminó Alberich, mostrando el sello del Jarl, y acallando a todos los presentes-. Si todo lo anterior no le ha sido suficiente, su sello en este documento, mi Jarl, significa que usted avaló que no hubo envenenamiento, ni una pelea en la muerte de Folkell. Lo único que tiene de evidencia, es la declaración vocal de su hijo Harald. Si usted quiere decirme que este documento está equivocado, entonces tendría que admitir que usted se equivocó -le recordó.

-Esa es una declaración muy arriesgada. Muchos han muerto por cosas similares -se molestó Jarl Svend, azotando su puño contra el mango de su trono, silenciando al recinto, aunque de pronto, la risa de Jarl Svend se dejó escuchar-. Me agradas, Alberich, aunque no porque me agrades significa que has ganado el juicio -meditó el Jarl al respecto, y Alberich esperó-. Con base a la evidencia, y como no existe una parte acusatoria que niegue la misma, no me queda más que declarar a Mime, culpable de asesinato en defensa del honor personal, haciéndose merecedor de la pena que eso conlleva -declaró Jarl Svend, preocupando a todos los presentes, menos a Alberich, quien estaba agradecido con el veredicto-. Se te sentencia, a un invierno de servidumbre en las barracas de Brávellir. Limpiarás establos, repararás ropajes, sin derecho a paga, y solamente el alimento mínimo requerido. Jarl Svend ha hablado -finalizó el Jarl.

-Espere… ¿es culpable, y esa es su única penitencia? -declaró Saori, confundida, y Alberich rápidamente llegó ante Saori, sorprendiéndola- No entiendo -parpadeó un par de veces, confundida.

-Es la pena correspondiente al crimen cometido -habló Alberich entre dientes, mientras el Templo de Forseti se comenzaba a vaciar-. Saori, declarar a Mime inocente, significaría que el pueblo podría refutar la decisión del Jarl. Si es culpable, por un crimen menor, cumple una condena insignificante, que no termina con su cabeza en una pica -le susurró Alberich.

-Pero declara a Alberich como un incompetente que perdió un juicio -se burló Hilda, molestando a Alberich-. Lo que significa que su número de derrotas en corte, por sobre sus victorias, lo hacen descartable en juicios del pueblo. Nadie le daría trabajo como abogado defensor -se burló Hilda.

-Ah, pero cumplí mi palabra, saliste vivo de esta -apuntó Alberich, sumamente molesto-. Y me costó, me costó mucho, yo no admito la derrota, pero una promesa es una promesa, te dije que serías un hombre libre -aseguró Alberich.

-Es tan gratificante verte perder, por tu propia voluntad, además -aseguró Hilda, molestando a Alberich aún más, pero pese a todo, Saori simplemente estaba feliz de que Mime siguiera con vida.

Mientras el templo se vaciaba, el grupo de Dioses Guerreros esperaba, era más que evidente que estaban agradecidos con los esfuerzos de Alberich, y querían esperar para agradecérselo, pero Shaka pronto se puso de pie, interrumpiendo las intenciones del grupo.

-Una preocupación menos que atender, ahora una más importante apremia -viró Shaka a ver a los Dioses Guerreros Dorados, quienes intercambiaron miradas de preocupación, derivadas del aplastante cosmos que comenzaron a sentir cuando Shaka entreabrió los ojos-. Tenemos solo 3 años para que demuestren el verdadero potencial de sus cosmos. Les aseguro en este momento, que no me contendré -les aclaró, y comenzó a salir del templo.

Hlingard. Reino de Hlingard. Explanada de la Ciudad. 21 de Diciembre de 4E 05.

-Es con gran honor que, con el permiso de los dioses, y con la autoridad que mi título de Sumo Sacerdote me otorga, declaro el Yuletide oficialmente inaugurado -exclamaba Saga, quien ya llevaba un par de meses desempeñando sus funciones como Sumo Sacerdote, entre las cuales se encontraba el dar inicio al festival del Solsticio de Invierno. Con antorcha en mano, Saga encendió un inmenso tronco de madera en medio de la ciudad, alrededor del cual se encontraban reunidos los pobladores, quienes celebraron, repartiéndose entre las mesas de los alrededores, compartiendo la cerveza especial de la celebración, la Jóalöl, además de degustar de un auténtico banquete. Sin embargo, y pese a que la alegría se mostraba en los rostros de todos los presentes, algo a Saga no le agradaba-. ¿No te parece, Aioros, que hay menos familias presentes que en años anteriores? -le preguntó Saga a Aioros, intranquilo.

-Son tiempos de guerra, Saga. Es natural que muchas familias estén… incompletas… -lo tranquilizó Aioros, aunque la verdad era que él también se mostraba incomodado, mientras observaba a las familias, notando en ese momento que Shura se escapaba de la celebración-. Tenemos a un desertor -agregó Aioros, llamando la atención de Shura-. No me vengas con excusas, Shura. Apenas y vamos empezando -se burló Aioros.

-No soy muy afecto a las celebraciones. Disculpen -fue todo lo que dijo Shura, negando a Aioros la oportunidad de que lo convenciera de quedarse a la celebración, mientras Shura se retiraba en dirección al Santuario.

El Santuario, la Décima Morada.

-Juilskinka -exclamó con tranquilidad Pandora, aunque Shura notó un ligero tono de emoción, mientras Shura colocaba un plato con jamón ahumado sobre la mesa frente a ella, y se sentaba él del otro lado de la misma, y bebía algo de cerveza-. Trajiste Jólaöl también -se alegró.

-Eres menor de edad, no se te permite beber -fue la respuesta de Shura, y aunque Pandora se molestó por ella, decidió comer en silencio-. Pandora… -interrumpió Shura, mientras la mujer comía con excelsos modales-. Te he dado asilo en mi templo, aun cuando eso podría significar que se me acusara de alta traición. Y durante todo este tiempo, no me he mostrado exigente. Pero pienso que ya va siendo hora de que me digas la verdad. ¿Por qué no puedo estar tranquilo, por mi confusión sobre esa niña? -le preguntó.

-Te lo he dicho ya muchas veces, pero te niegas a creerlo -le comentó Pandora, continuando con su comida, y solo respondiendo tras tragar-. No tiene caso que te siga explicado cosas que ya sabes. Saori es la verdadera Asynjur Hlin, eso es algo que tu alma sabe, por ello no pudiste matarla. Se avecina una terrible guerra, y aún te niegas a verlo. ¿Qué más puedo decirte? Ya te he explicado también que la aparición temprana de la Constelación de Aesir, proviene de hechicería muy poderosa -le recordó.

-Pero no puedes decirme de parte de quien -se molestó Shura, y Pandora lo negó con la cabeza-. Comienzo a pensar que el que estés aquí, ha sido un error y una pérdida de tiempo. Me considero una persona paciente, pero hasta mi paciencia, tiene sus límites -le aseguró Shura, materializando su espada.

-Que nefasto eres, y yo que me tomé la molestia de prepararte el baño de vapor como dicta la tradición -se molestó Pandora, por lo que Shura suspiró, sumamente molesto-. Entiéndelo ya, por más que quieras, hay cosas que no te puedo decir. La fe en la Asynjur Hlin debe ser ciega, y no puedo convencerte de que la sigas sin siquiera conocerla. Solo puedo asegurarte, que en cuanto la veas lo sabrás. Pero tu juramento de lealtad te impedirá actuar con raciocinio. Shura… la razón por la que estoy aquí, es para evitar que cometas un error que te perseguirá por siempre, como ha hecho en muchas vidas anteriores tuyas. Balmung no puede matar a Saori, tu espada conoce las razones, pero tu corazón se niega a aceptarlo -finalizó, y Shura tan solo guardó su espada, y comenzó a retirarse-. El pueblo está por la otra salida -declaró Pandora, pero Shura la ignoró-. Y el baño de vapor se va a enfriar -sonrió ella.

-Pandora… -interrumpió Shura, y Pandora asintió-. No me fastidies en estos momentos. La razón por la que no puedo tomarte enserio, es porque siempre haces lo que quieres. No puedo matarte, pero no me pidas más. Ahora, necesito hablar con Odín -finalizó Shura, abriendo las puertas, y saliendo de la Décima Morada, mientras Pandora sonreía, como si tuviera todo bajo control.

Onceava Morada.

Una vez que Shura entró en la Onceava Morada, un viento gélido lo envolvió y comenzó a congelarle las piernas, lo que no solamente sorprendió a Shura, quien no se había percatado de que había alguien en la Onceava Morada, sino que se mostró impresionado por ver su Ropaje Sagrado envuelto en el hielo.

-No recuerdo haberte invitado a la Onceava Morada, la Casa de Njörd -comentó Camus, quien se encontraba arrodillado frente a la estatua de un inmenso dios de los Vanir, revestido en un Ropaje Sagrado digno de un Dios de los Mares.

-No me esperaba que fuera el único que elegiría no participar en el Yuletide -aclaró Shura, partiendo el hielo en sus piernas con su cosmos-. Te pido una disculpa por haber irrumpido en tu morada sin tu permiso. Pretendía buscar el consejo de Odín -le explicó Shura, reverenciando con respeto en dirección a Camus.

-Uno pensaría que orar a Odín en la morada del guardián del padre de todos, sería más efectivo que hacerlo frente a la Estatua de Odín -prosiguió Camus, quien continuaba arrodillado frente a la estatua de Njörd-. No esperabas orar a Odín, ¿verdad? Querías huir de esa mujer -finalizó.

-¿Lo sabes? -agregó Shura, incomodo, y preparando su espada, pero fue recibido por el cosmos de Camus, quien congeló en su totalidad el lugar, pese a no estar vistiendo un ropaje Sagrado, lo que llamó la atención de Shura- Tu cosmos, es impresionante -declaró Shura.

-Y tu impertinencia, muy molesta -agregó Camus, por fin dignándose a prestarle atención a Shura-. No es de mi interés el que lleves mujeres a tu morada. Quien te debería de castigar es Odín si lo considerara pertinente. Fuera de eso, con quien compartas el lecho, no es de mi incumbencia -declaró.

-No le doy asilo por esa razón. No te hagas ideas sin sentido -se molestó Shura, mirando de reojo a la caja de plomo del Ropaje Sagrado de Acuario-. Tienes un cosmos impresionante. Uno pensaría que el Ropaje Sagrado de Acuario ya te habría revestido -se sorprendió Shura.

-He entrenado incansablemente para que el Ropaje Sagrado recupere su brillo, por eso no me he sumado a las celebraciones -le dio la espalda Camus, y volvió a arrodillarse frente a la estatua de Njörd-. Debo ser merecedor, no importa lo que los demás digan, no estoy listo, y debo lograrlo -aseguró, y al verlo, Shura comenzó a recordar las palabras de Pandora.

-La mujer que vive conmigo -comenzó, y Camus se fastidió, no deseando escuchar excusas-. Solo escúchame… -le pidió Shura, por lo que Camus se dio la vuelta-. Ella, es una Gidja… y parte de las cosas que me ha dicho, es que los Ropajes Sagrados no han despertado, no porque no fuéramos dignos de vestirlos, sino porque la Constelación de Aesir fue llamada al cielo por métodos de hechicería -le explicó, y Camus se sorprendió por esa revelación-. Si lo que Pandora dice es cierto, entonces la razón por la que el Ropaje de Acuario no ha despertado, es porque no se ha cumplido el treceavo cumpleaños de la Asynjur Hlin, lo cual significaría… -bajó la mirada Shura, intranquilo.

-Que la señorita Lyfia no es la verdadera Asyjur Hlin -declaró Camus, y Shura asintió en ese momento-. Esa es una declaración bástate perturbadora, Shura. Otro Dios Guerrero Dorado, te habría ejecutado por semejante atrevimiento -le explicó, y Shura volvió a preparar su espada-. Da la casualidad, que yo también tengo esa enorme duda -le declaró Camus, y Shura se sorprendió-. Pero no me malinterpretes. Sea o no sea cierto, combatiré a nombre de Lyfia, sin importar qué. Le debo a alguien una vida, esa es la razón por la que combato. No me interesan los dioses, no me interesa la gloria, ni ser un Dios Guerrero Dorado. Le quité a su ser más querido a mi mejor amigo. No tengo derecho a vivir hasta compensarlo. Vestiré el Ropaje Sagrado, enmendaré mi error, y solo entonces, tendré el derecho de ser un individuo por mí mismo, y razonar sobre estas cosas. Así que, si ya terminaste, puedes pasar por mi morada, yo necesito volverme digno -aclaró Camus, encontrando la espada de Shura materializándose a su lado-. ¿Me estás retando? -se molestó Camus.

-Esa es una declaración bastante perturbadora, Camus. Otro Dios Guerrero Dorado, te habría ejecutado por semejante atrevimiento -agregó Shura, sorprendiendo a Camus-. Da la casualidad, que yo también tengo esa enorme duda -terminó, retirando su espada-. Te propongo algo. Entrenemos juntos, hasta volverte digno. Y hagamos nuestras propias conclusiones mientras nos ayudamos a mejorar el uno al otro -exclamó, se desprendió de su Ropaje Sagrado, y preparó su espada-. ¿Qué dices, Camus? -preguntó Shura, Camus se puso de pie, y comenzó a elevar su cosmos.

Archivos del Reino de Brávellir.

-Estamos por cerrar mi señor, cerramos temprano por el Yuletide -le comentaba una señorita a Hagen, quien se las había arreglado para entrar a los archivos del reino, con Flare sirviéndole de compañía-. Le ruego me disculpe, la celebración… -intentó insistir.

-Mi señor comprende su preocupación -exclamó Flare, mientras Hagen, haciendo todo lo posible por ocultar su identidad al utilizar una túnica de sedas preciosas que le cubría también el rostro, continuaba buscando lo que Alberich le había pedido-. Sin embargo, lo que buscamos es de suma importancia, y no puede esperar. ¿Sería tan amable de esperar unos minutos más? -le pidió, a lo que la chica reaccionó con preocupación.

-Flare -exclamó Hagen, tomando una bolsa de cuero repleta de galds, y Flare comprendió, acercándose a la chica, y entregándole la misma. La chica seguramente nunca había visto semejante cantidad de oro en un mismo lugar, tomó la llave que llevaba atada al cuello, y se la entregó a Flare sin preguntar. Acto seguido, salió del lugar, apagando las velas-. Encontré el Escudo de Armas de la familia Zeta a la que pertenece Syd, también encontré su árbol genealógico, pero no habla por ninguna parte de que hayan sido gemelos los nacidos ese día. Eso significa que, o Syd está mintiendo, o alguien ha borrado esta información -declaró Hagen.

-Es natural, los nacimientos de gemelos son vistos como malos augures -le recordó Flare, mientras Hagen temblaba en desesperación-. Hagen, cuando regresaste, estaba muy feliz, pensaba que todo saldría bien al final. Pero tengo miedo, cosas muy malas están pasando en la ciudad, la gente desaparece sin razón, familias enteras. Necesitamos a los Dioses Guerreros aquí en Hlingard -le pidió con preocupación.

-No es posible, nuestro lugar es al lado de Saori, debes comprenderlo -prosiguió Hagen, buscando más información-. Antes del treceavo cumpleaños de Saori, Brávellir marchará a Hlingard. Para entonces, tendrás que haber salido de la ciudad, Oppland es lo más seguro, en la casa de Dohko. Yo encontraré la documentación que necesito y me marcharé, a Alberich solo le dieron hasta terminado el presente invierno -le recordó.

-Eso lo entiendo, pero… Hagen… si yo llegara a desaparecer… -intentó decirle Flare, ganándose la atención de Hagen-. Te digo que algo muy malo está pasando aquí en Hlingard -insistía ella, en suma preocupación. Pero, aunque sí fuera cierto, la verdad era que Hagen tenía otra responsabilidad más grande.

-Lo lamento, Flare… -insistió Hagen-. No puedo quedarme aquí, pero podrías venir conmigo, una vez que encuentre la información que necesito -le sugirió, alegrando a Flare-. Vayamos juntos a Brávellir -le pidió, y Flare asintió con entusiasmo.

-Ah… -de pronto interrumpió Flare-. Hay una forma de que alguien sea borrado de un árbol genealógico familiar. Si una persona no cuenta con un registro de nacimiento, no puede colocarse en el árbol genealógico. Pero siempre se está obligado a llenar un registro de mortalidad -le explicó, sorprendiendo a Hagen.

-¿Podría ser? -se preguntó Hagen, abriendo los registros de mortalidad del año en que nació Syd, y sorprendiéndose de lo que encontró- Bud Skogson… es él… -se alegró Syd, y Flare celebró con una sonrisa.

-Y ahora que lo has encontrado, es momento de destruirlo -escuchó Hagen, sintiendo un aplastante cosmos, por lo que rápidamente arrancó la página que necesitaba del registro de mortalidades, antes de evadir una espada que cortó el mismo, y el escritorio en el cual descansaba. Hagen rápidamente corrió en dirección a Flare, cargándola, saliendo a toda velocidad de los Archivos del Reino, y lanzándola a la nieve de las afueras del lugar, hundiéndola en ella, antes de encarar a la persona que salía de los Archivos de Hlingard-. Eres mucho más rápido de lo que creí, pero no debes perder el tiempo ocultando a tu novia. Ullr no necesita de artimañas para vencer a sus oponentes -declaró el guerrero, de cabellera blanca y erizada, unos ojos azules muy suaves, y vistiendo un Ropaje Sagrado de un Guerrero Vikingo.

-Eres uno de los Guerreros Vikingos de Brávellir -se preparó Hagen, mirando rápidamente a los alrededores, asegurándose de que nadie los veía, y preparando su puño derecho, mientras protegía la documentación que Alberich le había pedido con el brazo izquierdo-. ¿Qué crees que haces? Si elevamos nuestros cosmos alertaremos a los guardias, y en cuanto vean tu Ropaje Sagrado de Guerrero Vikingo, tanto tú como yo estamos muertos -le aclaró.

-¿Esta pequeñez? -se burló Ullr, mostrando su Ropaje Sagrado de hierro, que en su cinturón mostraba el emblema de la Constelación de Puppis, y en su pechera llevaba pintado la figura de un lobo- El Ropaje de Geri, representado por la estrella Puppis Pi, es uno de los Ropajes Sagrados de los Guerreros Vikingos más débiles que existen. Su rango no pertenece ni al bronce, ni a la plata, mucho menos al oro. ¿Cómo podría interesarme pertenecer a un ejército de Guerreros Vikingos, ostentando el rango más bajo de todos, el rango de hierro? -declaró Ullr, elevando su cosmos, lo que preocupada a Hagen, quien sabía que pronto tendría a todo Hlingard tras de él-. Solo visto este Ropaje Sagrado, porque sirve de materia prima para otro Ropaje Sagrado que me viste a mi voluntad -le explicó, sacando de su Ropaje de Guerrero Vikingo un objeto muy similar a un Zafiro de Odín, pero de color negro-. Este pequeño de aquí, no tiene nombre. Fafner los llama los Zafiros Oscuros, experimentos fallidos para recrear los Zafiros de Odín, pero que poseen una conexión con una de las raíces de Yggdrasil, la única encontrada por los hombres. En otras palabras que entiendas, son una conexión a la fuerza primitiva del Jotunheim, lo que me permite hacer esto -declaró, elevando su cosmos alrededor de la roca oscura, y cambiando el Ropaje del Guerrero Vikingo de Geri, en un Ropaje Sagrado de tonos azules cobalto, asemejando más su Ropaje Sagrado al de uno que vistiera a un Dios Guerrero de Asgard-. Este, es el Ropaje Sagrado de Huargo. No necesita una estrella, se conecta directamente a la raíz de Yggdrasil que lleva al Jotunheim. Así que no te preocupes, Dios Guerrero de Sleipnir. Si mi cosmos alerta a alguien, será a mis camaradas. ¡Muere Sleipnir! -gritó Ullr, y tras blandir su espada, esta liberó una energía congelante y cortante, que fue bloqueada por la mano de Hagen envuelta en llamas- Llevabas tu Ropaje Sagrado bajo esas prendas… -dedujo Ullr, mientras las flamas detenían su ataque.

-Para tu fortuna, Ullr, no tengo tiempo para combatirte. Pero si quieres intentarlo, te invito a seguirme el paso -comenzó a correr Hagen, y Ullr, sintiéndose menospreciado, ignoró todo, inclusive a Flare, para darle persecución a Hagen-. Lo lamento, Flare… no pude llevarte conmigo, pero no puedo dejarte con este sujeto tampoco. Podría perderlo y escapar a Brávellir, pero si lo hace y regresa por ti… jamás me lo perdonaría. Debo dejarme alcanzar por él en el momento preciso -prosiguió Hagen, quien ya había dejado la ciudad de Hlingard atrás, escapando de los guardias sin ser visto, pero sintiendo el cosmos de Ullr cerca-. ¡Es más rápido de lo que pensé! -se sorprendió Hagen, evadiendo la espada de Ullr, y rodando por el suelo tras no poder frenar a tiempo por la velocidad que había acumulado.

-Ya me había dicho Rung que eran más fuertes de lo que parecían -agregó Ullr, con su espada en dirección al rostro de Hagen-. En estos momentos, no deseo más que enfrentarte, y tener una batalla tan gloriosa, que Odín me recibiría en Asgard tras mi muerte. Pero… eso significaría la muerte de otro posible oponente, y Rung tiene pendiente una revancha con él -terminó Ullr, clavando su espada sobre la nieve, sorprendiendo a Hagen-. Haré un trato contigo, portador de Sleipnir. Tú te aseguras de que Syd de Mizar Zeta, el portador de Bygul, sobreviva a su juicio, y mantienes el secreto de la existencia de nosotros los Guerreros de la Escarcha, y a cambio, yo mantendré a tu querida Flare a salvo de los experimentos de Fafner -declaró, ofreciéndole su mano para ayudarlo a levantarse.

-¿Por qué haces esto? ¿Qué clase de experimentos realiza Fafner? -le preguntó Hagen, permitiendo que lo ayudaran a levantarse, y cuando estuvo de pie, Ullr tiró de su mano con mayor fuerza, mirando a Hagen fijamente.

-No te confundas, Dios Guerrero de la Osa Mayor, no soy tu aliado, pero tampoco soy tu enemigo -lo soltó, y recuperó su espada, y tras haberlo hecho, disipó la fuerza del Zafiro Oscuro, regresando la forma del Ropaje Sagrado del Huargo, al que usaba como Guerrero Vikingo de Geri-. Soy leal a Odín, y únicamente a Odín, lo mismo aplica para mi amigo Rung. Ustedes no han hecho absolutamente nada para ofender a Odín, y hasta que no sepa la verdad sobre la identidad de la Asynjur Hlin, esta guerra no me compete. Mi única responsabilidad, es librar una batalla contigo, quien me ha impresionado, además de cumplirle a Rung el que obtenga su revancha contra Syd de Bygul -aclaró, mirando a Hagen fijamente-. Así que, si regresas a Hlingard. Ten por seguro que te daré cacería, Sleipnir -terminó de decir, y desapareció, tragado por una ventisca-. Recuerda -resonó su voz, aunque Hagen no podía verlo más-. Ni una palabra de nuestra existencia, o podría olvidárseme el proteger a cierta señorita, de convertirse en otra de las víctimas de Fafner -terminó, y Hagen, aunque furioso, tomó la documentación que requería Alberich, y corrió de regreso a Brávellir.

Fjördland. Brávellir. Centro de la Ciudad. 21 de Marzo de 4E 06.

-Todo parece tan tranquilo, uno apenas y se daría cuenta que estamos en guerra -medio año llevaba Saori viviendo tras las murallas de Brávellir. El Jarl Svend Ulfson, como ya era costumbre, disfrutaba de paseos largos con Saori, Hilda, y un selecto grupo de Dioses Guerreros de la Osa Mayor, quienes rotaban sus guardias. En esta ocasión, la guardia de Saori estaba conformada por Mime, Siegfried, y Tholl, mientras que Fenril disfrutaba de su descanso, seguramente tendido bajo la sombra de algún árbol. Alberich dedicaba todo su tiempo a la defensa del juicio, junto al recién llegado Hagen.

-Brávellir es muchísimo más grande que Hlingard, no por nada se le conoce como la Capital de la Guerra -le recordaba Jarl Svend, paseándose por los mercados, y saludando a los pobladores-. Además, celebramos el Disablót, las fiestas en honor a la llegada de la primavera. Hasta los ejércitos de Hlingard renunciarían a la batalla para volver con sus familias y celebrar. Se aproximan un par de semanas sin batallas y sin guerras -le comentó.

-En 6 meses que llevamos viviendo en Brávellir bajo sus cuidados, Jarl Svend, no hemos escuchado nada de ataques a las murallas, o invasores por los fiordos -agregó Saori con curiosidad, sorprendida por la tranquilidad que se vivía en la ciudad, pese a que, por los alrededores, marchaban los soldados en dirección a las murallas.

-Brávellir tiene una posición geográfica envidiable señorita, el río Hríd nos proporciona agua dulce, buena pesca, y permite irrigar nuestros campos de cultivo -le explicó el Jarl, mientras curiosamente, pasaban por uno de los tantos puentes de madera, en el cual un anciano pescador se las arreglaba para sacar un salmón, mismo que entregó tras una dura batalla a una familia humilde, que se lo agradeció, mientras el anciano no aceptaba nada, más que un cuerno de Hidromiel. Aquello le pareció a Saori bastante conmovedor, el notar que las familias se cuidaban unas a otras, y que había abundancia-. Si eso no es suficiente para volver a Brávellir inexpugnable, la ciudad fue construida sobre un claro en los fiordos, no hay posibilidad de un ataque directo, ya que los fiordos son muy estrechos, y como nosotros controlamos los caminos por las montañas, que también son muy estrechos, si atacan por Drakkar, los recibiremos con una lluvia de flechas, y si lo hacen por las montañas, conocemos mejor el terreno. En todo caso, sean los fiordos o las montañas, al final se toparían con nuestras murallas, y con una ciudad militar alrededor de la verdadera Brávellir. Pero no equivoque, Asynjur Hlin, los de Hlingard son valientes y fuertes, se presentan ante nuestras murallas pese a todas nuestras precauciones. Durante las primeras incursiones, inclusive, hubo un ataque que logró sobrepasar la muralla oeste. Si la memoria no me falla, fue la misma que Mime usó para escapar -miró Jarl Svend a Mime, quien reverenció a manera de disculpa-. En todo caso, la guerra podría prolongarse indefinidamente, pero mientras los Guerreros Vikingos protejan a Brávellir, incluso contra los Dioses Guerreros, nos mantendremos firmes. Y, hablando de Dioses Guerreros, ¿por qué no la vemos acompañada de los Dorados? -preguntó en su curiosidad Jarl Svend.

-Me temo que, desde el juicio de Mime, los Dioses Guerreros Dorados han estado bajo un riguroso entrenamiento por parte del Dios Guerrero de Espiga, Shaka de la Valkiria Virgo -le explicó Saori, buscando con su cosmos a los Dioses Guerreros Dorados que le servían, viendo gracias a una omnisciencia divina parcial, a Shaka envuelto en una túnica sacerdotal, normalmente usada por los Godis, frente a una estatua de madera de la diosa Frigg, montada a orillas de una de las entradas del rio Hríd a la ciudad, y en cuyas aguas se encontraban arrodillados Mu, Aldebarán, Aioria y Milo frente a él, elevando sus cosmos mientras vestían muy pocas prendas, solamente cubiertos por pieles alrededor de sus cinturas, mientras las violentas aguas intentaban moverlos, y con sus cosmos resistían las mismas-. No se han movido de ese lugar desde que terminó el juicio de Mime. No han probado alimento alguno, no han vestido nada para arroparse, han soportado el frio invierno, y pronto llegarán las primeras lluvias de primavera. Pienso que es un entrenamiento brutal, inclusive tuve que ver sus cuerpos semi-congelados cuando cayeron las primeras nevadas, pero allí siguen. ¿Qué clase de entrenamiento es ese? -se preocupó Saori, orando por sus Dioses Guerreros Dorados.

-Ninguno de ellos recibió entrenamiento, Saori -le recordó Hilda, tranquilizándola al tomarla de la mano-. Es natural que Shaka deba tomar medidas extremas para asegurarse de que estén listos. Aunque sus métodos sean algo diferentes a lo que estamos acostumbrados, algún objetivo debe de tener -aseguró.

-Hávamál -mencionó Tholl, ganándose la atención de los presentes-. Es solo una idea que se me ocurrió, pero Alberich nunca deja de decir que todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene que ver con las enseñanzas de los dioses. Por ello pienso que lo que hacen los Dioses Guerreros Dorados, tiene que ver con el Hávamál -le explicó Tholl, quien no era bueno explicando las cosas como lo era Alberich, y comenzó a rascarse la nuca con nerviosismo.

-Me sorprende que alguien además de mí le ponga atención a Alberich. Muy bien, Tholl -sonrió Hilda, apeando a Tholl, aunque Saori parecía no comprenderlo-. El Hávamál es uno de los poemas más populares que cuentan los bardos, y habla sobre vivir con sabiduría y para la supervivencia -le explicaba Hilda, y Saori asentía a sus palabras-. Entre los canticos, está el de "El Sacrificio de Odín", que cuenta como el padre de todos, en su búsqueda del secreto para utilizar los poderes de Yggdrasil para el bien de la humanidad, tomó la lanza de Gungnir, y se la clavó él mismo al pecho, quedando clavado por 9 días y 9 noches al Árbol del Mundo -prosiguió ella, y la imagen mental perturbó un poco a Saori-. Durante ese tiempo, Odín no bebió y no comió, el mismo Yggdrasil se encargó de mantenerlo con vida. Acabado su sacrificio, Yggdrasil recompensó a Odín con el conocimiento de las runas, que compartió con los humanos para permitirles comunicarse con los dioses. Por esta razón, los Godis y las Gidjas usan runas, porque son la única forma de comunicarse con los dioses. Tholl cree que lo que hacen los Dioses Guerreros Dorados, al someterse a las inclemencias del clima de esa forma, y utilizar sus propios cosmos como sustento de todas sus necesidades, es el equivalente al Sacrificio de Odín. Aunque… Odín hizo esto por 9 días, y sobre Yggdrasil. No me explico cuál es el objetivo de Shaka, ni cuánto tiempo durará este sacrificio autoimpuesto -se frotó la barbilla Hilda, curiosa.

-1,000 días -respondió Siegfried, sobresaltando a los presentes-. Obviamente, subsistir por 9 días colgado del Árbol del Mundo, es superior a lo que los Dioses Guerreros Dorados intentan hacer por 1,000 días -aclaró Siegfried, virando la vista a donde sabía que se encontraban los Dioses Guerreros Dorados-. Shaka sabe que enfrentaremos a Dioses Guerreros Dorados, y que, de no estar listos, podrían desatar una Batalla de los 1,000 días. Es por esto, que Shaka pretende que ellos sean capaces de sobrevivir una Batalla de los 1,000 días, y desestabilizar las batallas a nuestro favor. Nuestros enemigos recibieron entrenamiento de algún tipo, mientras que los Dioses Guerreros Dorados en nuestras filas son: un herrero, un granjero, un ex-convicto, y un mercenario. Solo sometiéndolos a este brutal entrenamiento, tendrían oportunidad -finalizó Siegfried.

-¿1,000 días? -se preocupó Saori, mirando gracias a su cosmos a los cuerpos adoloridos de Mu, Aldebarán, Aioria y Milo, quienes sufrían el tremendo azote de las aguas, sin alimento, sin abrigo, incluso sin dormir, ya que incluso el dormir significaría poner a descansar sus cosmos, y podría significar la muerte- ¿Irían tan lejos, por mí? -enunció Saori, conmovida, y mientras Jarl Svend se ganaba nuevamente su atención al tomarla del hombro.

-Una vez que este entrenamiento haya terminado, se habrán cumplido casi los 3 años para su treceavo cumpleaños -le aseguró Jarl Svend, y Saori asintió a sus palabras. El juicio se llevó a cabo el primero de Octubre del año pasado. Ese es el día uno. Mime… -pidió Svend, y Mime, ordenado a servidumbre por su condena, sacó papel y un trozo de carbón, y comenzó a hacer los cálculos.

-El 27 de Junio de 4E 09 sería el día en que terminarían los 1,000 días -aclaró, llenando a Saori de preocupación-. Llevan 172 días de entrenamiento. Y una vez terminado el entrenamiento, tendrían 2 meses para recuperarse -finalizó.

-El mismo tiempo que nos tomaría llevar a un ejército desde Brávellir hasta Hlingard -dedujo Jarl Svend-. Eso significa, que ya tenemos fecha de partida. Moribundos o no, los movilizaremos hasta Hlingard, se tendrán que recuperar en el camino -aclaró.

-Pero eso, pondría un estrés muy grande en ellos -se preocupó Saori, mientras Jarl Svend la invitaba a pasar al Templo de Forseti, en el cual se llevaría a cabo el juicio de Syd. En esta ocasión, sin embargo, Saori no logró poner tanta atención al juicio. No era que no le interesase Syd, deseaba que saliera libre, pero si algo salía mal, alguno de sus Dioses Guerreros Dorados, podría peligrar.

-Seré breve -enunció Alberich, despertando a Saori de su trance, y cuando lo hizo, notó que los ritos a Forseti habían terminado, y que ya se encontraban en la etapa de entrega de evidencias-. En primera instancia, me permito agradecerle el que me haya permitido el tiempo, para recopilar esta evidencia, que considero será suficiente para probar la inocencia de Syd Skogson -reverenció, con Hagen a su lado y virando la mirada en dirección a Ullr, posando como Guerrero Vikingo en esos momentos, y pidiéndole silencio con su dedo-. Tengo en mi posesión, el Árbol Familiar de Syd Skogson, su Escudo de Armas, y los registros de nacimiento de la fecha exacta, del implicado -miró Alberich a Hagen, quien asintió, y llevó la documentación ante Jarl Svend, quien la tomó, y comenzó a leerla.

-No comprendo el cómo esto demuestra que Syd Skogson es inocente de alta traición en el nombre de la Asynjur Hlin, solo demuestra que ha nacido -se frotó la barba Jarl Svend, quien admiraba mucho el intelecto de Alberich.

-Comprueba su nombre, mi señor, y si puede ver el Escudo de Armas de la familia de Syd, que son un par de bestias felinas, mirando en direcciones opuestas, con la Estrella de Zeta en el fondo, y dos cuchillos enfundados, uno en cada colmillo visible de las bestias -le explicó, y Jarl Svend admiró el Escudo de Armas-. Este Escudo de Armas, si lo compara con el de la generación anterior a Syd en el Árbol Familiar, es diferente, ya que, en el Escudo de Armas anterior, solo había una bestia, viendo de frente, y ambos colmillos eran cuchillos enfundados, como este que le presento ahora -le mostró Alberich el cuchillo enfundado de Syd.

-Eso puedo verlo, las familias cambian los Escudos de Armas constantemente -le recordó, apuntando a todos los Escudos de Armas de las familias de Brávellir a la que pertenecían Jarl Svend y sus hijos, y que adornaban el Templo de Forseti-. No veo como un cambio de Escudo de Armas sea importante -insistió.

-Pero lo es, mi señor, ya que los Escudos Familiares de las familias nobles, cambian tras los consejos de los Godis, quienes piden el cambio para representar la nueva fuerza de la familia, llegada la nueva generación -le explicó, acercándose al Jarl, tomando el Escudo de Armas, y mostrándoselo a los presentes-. ¿Qué Escudo de Armas, además de este, presenta a 2 bestias guardianas? Son muy pocos la verdad, pero mi principal prueba, la tengo en el Escudo de Armas de Hlingard, que presume a los Cuervos Gemelos, Hugin y Munin -les explicó, y los presentes discutieron al respecto-. El Escudo de Armas de Hlingard, sin embargo, no representa a una familia real en específico, sino a toda la ciudad y a sus guardianes, pero sirve de ejemplo para lo que requiero en este momento. Al cambiar a las bestias del Escudo de Armas de la familia de Zeta, se cambió a un guardián por 2. Eso indica que la familia de Zeta, fue maldecida con gemelos -aclaró.

-Umm… -lo pensó Jarl Svend-. Pero en los registros de nacimiento, no se dice nada de la existencia de un segundo hijo -exclamó Jarl Svend, leyendo la documentación.

-Pero tengo pruebas de la existencia de ese segundo hijo, más no de su supervivencia -aseguró Alberich, aunque era evidente que estaba nervioso-. Le presento, un documento de mortalidad -agregó, y tras ver a Hagen, este asintió, y llevó el registro a Jarl Svend-. Como todos sabemos, los gemelos son mal vistos, se dice que uno traerá siempre la desgracia. Así los Godis eligen a cuál conservar, y tienen la obligación de declarar al otro muerto, aún si ha nacido vivo. Lo anterior debido a que los gemelos que no pertenecerán a la familia en que han nacido, son entregados al bosque. De allí en adelante, se les considera muertos, pero si los dioses lo quieren, pueden seguir con vida, aún si hay un documento de defunción -aclaró Alberich, mientras Jarl Svend pensaba al respecto-. Es por esta razón, que no se puede comprobar que el gemelo de Syd, Bud Skogson, esté muerto, pero puedo comprobar su existencia, en algún momento en el tiempo, con este documento de defunción -aclaró, lo que no convencía a Jarl Svend-. Esto también significa, que no podemos asegurar que los crímenes que se le imputan a Syd, sean realmente suyos. No hay testigos, no hay pruebas, solo teorías. Y si una teoría es suficiente para condenar a alguien, yo usaré una teoría para salvar a ese mismo individuo. Mi teoría es, que los crímenes que se imputan a Syd Skogson, no son suyos, sino de su hermano Bud. Y no hay forma de probarlo o negarlo. Por ello el juicio debe ser invalidado -finalizó.

-¿Invalidar un juicio a base de falta de pruebas, solo por una corazonada? -se sorprendió Jarl Svend Ulfson, y Alberich asintió- Eso es ridículo -aseguró.

-Tan ridículo como sería que yo, en este momento, lo acusara a usted de negligencia en su reinado, por el asesinato de Alberich XIII -acusó Alberich, y los guerreros Vikingos se pusieron a la defensiva-. ¿Tengo pruebas de ese asesinato? ¿Fue usted quien lo asesinó? ¿Existió un Alberich XIII? Nadie lo sabe, pero en lo que ocurren las averiguaciones, yo tendría la oportunidad de exigirle a los dioses justicia. Ese es el mismo caso de Syd, no se puede comprobar, ni desacreditar, su inocencia o culpabilidad, por la existencia posible de su gemelo. Es por esta razón, que a menos de que alguien pueda demostrar la muerte de Bud Skogson, no se puede enjuiciar a Syd por crímenes que solo los dioses saben si se les debería de atribuir. Piénselo de esta forma, mi Jarl. Si los dioses lo quieren, Syd será castigado de todas formas.

-Esta es una forma muy sucia de resolución de un juicio, Alberich -agregó Jarl Svend, meditando, intentando ser más listo que Alberich-. Pero he de admitir, que no se puede seguir manteniendo un juicio sin pruebas suficientes. Es por esta razón que, ante los dioses, hago el llamado de que sean ellos quienes juzguen a Syd, pues solo los dioses saben la verdad. El juicio humano, no puede realizarse por falta de evidencias. Declaro esta corte terminada, y el caso invalidado por faltas de evidencias -declaró, y solo entonces, Alberich se dejó caer sobre su silla, y azotó al suelo, sorprendiendo a Syd, a Hagen, a Hilda y a Saori.

-Por todos los dioses… es la última vez que arriesgo mi cuello de esta forma… -declaró Alberich, mientras Saori corría a su encuentro, y lo miraba preocupada- ¿Alguna duda sobre mi lealtad ahora, Saori? Arriesgué el cuello acusando a Jarl Svend de un crimen falso. Muchos han muerto por cosas incluso más ridículas que esa -le aseguró Alberich.

-Cumpliste, Alberich… -lo tomó de la mano Saori, inmensamente agradecida-. Jamás, sin importar qué, sin importar las pruebas en tu contra, podría dudar de tu lealtad -le agradeció Saori, abrazándolo con gentileza-. Gracias… mis Dioses Guerreros de la Osa Mayor, están completos gracias a ti -le agradeció, y entonces miró a Syd, sonriéndole en todo momento-. Felicidades, Syd, eres hombre libre -exclamó.

-Me alegra ser un hombre libre, mi señorita -aclaró, mientras un Guerrero Vikingo le liberaba las manos-. Pero he de demostrarlo también con mis acciones. Alberich, a pesar de todo, no pudo demostrar mi inocencia. Es por eso, que dedicaré mi vida entera a darle las pruebas que necesite, yo se lo juro -finalizó, y Saori asintió a sus palabras.

-Una preocupación menos en nuestro haber -declaró Hilda, mirando a Saori, mientras el Templo de Forseti comenzaba a vaciarse-. Una preocupación más grande apremia. Los actores parece que ya han sido definidos. Los Dioses Guerreros de la Osa Mayor estarán completos, pero también lo están los Dioses Guerreros de la Osa Menor. Los Guerreros Vikingos marcharan de nuestro lado, pero los Jotnar han demostrado que su lealtad es a Derbal, si uno ya atentó contra su vida, otros podrían hacerlo también. Y, por último, 6 Dioses Guerreros Dorados nos sirven, podemos deducir que los otros 6 se levantarán en nuestra contra, y quien sabe qué sorpresas aguardarán en Hlingard. Esto, apenas y está comenzando -le aseguró, y Saori bajó la mirada, pensativa.

-Vamos a ganar -declaró Saori con seguridad-. No hay forma de que podamos perder. No cuando todos quienes me acompañan, han sacrificado tanto por mí, que no puedo comprobar quien soy -aceptó Saori, mirando a Alberich, a Hagen, y a Syd, quienes se encontraban con ella, luego a Mime, a Tholl y a Siegfried, que se encontraban entre el público. Y, por último, a Fenril, quien también había estado presente entre el público, pero lo más alejado de todos que le era posible-. También hay otros quienes arriesgan su vida por alcanzar la fuerza suficiente para defender mi nombre, y yo tampoco les voy a fallar -declaró Saori, quien entonces salió corriendo del Templo de Forseti, y tras un intercambio de miradas, quedó en Siegfried el seguirla.

Saori corrió por todo Brávellir, pasó varios puentes, y en todo momento, Siegfried la siguió en silencio. Saori usaba su cosmos para guiarse, y aunque no conociera la ciudad bien, con el cosmos elegía por dónde ir. No fue sorpresa entonces para Siegfried, cuando Saori llegó ante la entrada norte de la ciudad, encontrando a Shaka, de piernas cruzadas y elevando su cosmos, y frente a él se encontraban Mu, Aldebarán, Aioria y Milo, recibiendo el castigo del clima, mientras sus débiles cosmos intentaban mantenerlos con vida.

-Dioses Guerreros Dorados… la esperanza de la Asyjur Hlin… les juro en mi propio nombre, que no fallaré… y que me esforzaré tanto como ustedes lo hacen, hasta volverme merecedora de su devoción -se arrodilló Saori, elevó su cosmos, y con este, comenzó a rodear a los 5 Dioses Guerreros, brindándoles su calidez, ayudándoles a soportar el castigo-. No sé si estoy interrumpiendo su entrenamiento… no sé si estoy errando en mis decisiones. Pero deseo que sepan, que yo también estoy enteramente entregada a ustedes… -declaró Saori, esforzándose por seguir abrazando a los Dioses Guerreros Dorados con su cosmos.

Shaka, al lado de Saori, entreabrió sus ojos para observarla, mientras la diosa se frotaba los brazos por el frio, pero se negaba a rendirse. Shaka entonces sonrió, volvió a cerrar sus ojos, y a elevar su cosmos, más alto que antes. Mu, Aldebarán, Aioria y Milo, lo elevaron también, más tranquilo que antes, alegrando a Saori cuando los vio más relajados.

El entrenamiento prosiguió, por un periodo largo e ininterrumpido. Todos los días, Saori bajaba del Palacio de Brávellir, acompañada de un guardián diferente cada día. Se presentaba ante los Dioses Guerreros Dorados, a veces por periodos reducidos de tiempo, todo dependía de la agenda de Jarl Svend, quien la requería en el consejo de guerra, a veces por periodos muy prolongados de tiempo, que solo terminaban cuando Hilda venía a recogerla y la reprendía.

En el pueblo de Brávellir, se hizo costumbre ver a Saori ir y venir, siempre perseguida por algún Dios Guerrero de la Osa Mayor, hasta la orilla del rio, donde Saori oraba, alimentando a los Dioses Guerreros con su cosmos.

Llegó el verano del primer año, la temperatura comenzó a ascender, y aquello tranquilizaba a Saori. Pero, llegando el otoño, comenzaron las lluvias, y las preocupaciones. A la llegada del invierno, el mayor peligro arreció. El rio se congeló en su totalidad, y los cosmos de los que estaban dentro flaqueó. Todo el invierno, Saori se negó a retirarse de la orilla del rio, por lo que los Dioses Guerreros de la Osa Mayor tuvieron que construirle una cabaña provisional.

El segundo año comenzó, y el ciclo comenzó a repetirse. Las estaciones cambiaban, y la preocupación de Saori oscilaba con cada una de ellas. Pero Saori continuaba corriendo por toda la ciudad, a veces con maderos para hacer fogatas cercanas al río, a veces con pieles para intentar, inútilmente, calentar los cuerpos de los Dioses Guerreros Dorados en los días más fríos, o con telas más extensas, para con la ayuda de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, colocar de un extremo del rio al otro, una cubierta que los cubriera de la lluvia.

Durante todo ese tiempo, Saori creció, no se parecía en nada a la niñita inmadura que sus Dioses Guerreros Dorados habían conocido. Incluso su cabellera ahora era larga, y su cuerpo era más femenino. Parte de Saori, estaba impaciente de presentarse ante ellos como una persona, más cercana a la diosa que ellos merecían.

Comenzó a acercarse la fecha prometida, y la impaciencia de Saori no se hacía esperar. Los cuerpos de los Dioses Guerreros Dorados, comenzaban a deteriorarse. Se les veía más flacos, con sus pieles más pálidas. La vida comenzaba a dejar sus cuerpos, incluso Shaka se sentía muy débil, y apenas y podía mantener su pose de meditación.

Cuando por fin la fecha prometida llegó, una gran multitud se reunió a los alrededores del rio, mientras los cosmos de los Dioses Guerreros Dorados apenas y se mantenía, como llamas de una vela, abatidas por el viento. Algunos pobladores, inclusive, comenzaban a hacer apuestas, entre si los Dioses Guerreros Dorados despertarían o no, estremeciendo el corazón de Saori, aunque era calmado por Hilda, quien la tomaba de la mano, dándole esperanza.

-¡Están despertando! -resonó el grito de Saori, quien no pudo contener las lágrimas, mientras veía a sus Dioses Guerreros Dorados abrir los ojos, y a las galaxias reflejarse en estos. Los pobladores celebraron, pero Saori mantenía el silencio, solo los miraba allí, con sus ojos viajando por el cosmos, encontrando estrellas normalmente ocultas ante ellos, y Saori comprendió, que se encontraban viajando entre sus constelaciones, esas constelaciones que formaban a Aesir, el héroe Einherjer. Aries arropó el cuerpo de Mu, extendiendo sus inmensas alas; Tauro bufó con fuerza, acrecentando la fuerza de Aldebarán; Leo rugió, y su melena pareció adornar el cuello de Aioria en ese momento; la Valkiria de Virgo, abrazó a Shaka brindándole su calor; y Escorpio, dibujó sus estrellas como aguijones por todo el cuerpo de Milo-. Bienvenidos… -les sonrió Saori, mientras los Dioses Guerreros Dorados abandonaban su viaje astral, y apagaban sus cosmos, desplomándose todos sobre las aguas del rio, sobresaltando a Saori, mientras sus Dioses Guerreros de la Osa Mayor se lanzaban al rio y ayudaban a los Dorados a reponerse.

-Están muy débiles, necesitan atención médica inmediata -declaró Jarl Svend-. ¡Alguien avise a Andreas! ¡Traigan comida y bebida también! ¡Después de 1,000 días estarán más que hambrientos! ¡Y alguien avise a Harald! ¡Partimos hoy mismo! ¡A Hlingard! -ordenó Jarl Svend, y el pueblo obedeció, mientras Saori recorría a cada uno de sus Dioses Guerreros Dorados, les tomaba las manos, y las besaba agradecida- Estarán bien… -aseguró Jarl Svend, y Saori asintió, mientras miraba como se retorcían de dolor-. Deben estarlo, ya que pronto todo esto acabará, y veremos si este entrenamiento ha dado los frutos que esperamos -finalizó Jarl Svend, mirando a los cielos, y a la Constelación de Aesir, con todas sus estrellas iluminadas con la misma intensidad.

-Ganaremos… -declaró Saori, sintiéndose orgullosa-. Definitivamente ganaremos… no puede ser de otra forma. El sacrificio de mis queridos Dioses Guerreros Dorados, no será en vano… -finalizó, teniendo esperanza en el futuro de esta guerra.


Glosario:


1 – CRIATURAS:

Geri: Uno de los lobos guerreros del dios Odín, que servían una función similar a la de los cuervos Hugin y Munin. Cuando Odín se sentaba en su mesa de banquetes, él solo bebía vino, y a Geri junto con su hermano Freki, se les permitía comer todo lo demás de la mesa.

Huargo: Lobos de un tamaño superior al de los lobos comunes, inclusive siendo capaces de ser montados por guerreros que consideraran dignos. Se decía que estos Lobos mantenían una estrecha relación con los Berserkers, ya que un Berserker que se entregaba en su totalidad a la locura, se decía se convertía en un Huargo.

2 – DEFINICIONES:

Disablót: Festival realizado en los pueblos de Suecia en honor a la primavera, donde se pedía a los dioses por buenas cosechas, tendía a realizarse durante las fechas del 21 de Marzo, era acompañado de un festival o mercado, además de celebrarse una asamblea entre los gobernantes y el pueblo por varios días en la plaza principal. Como en todas las fechas importantes de los pueblos del norte, se realizaban sacrificios, en este caso a Frey, en búsqueda de fertilidad para las cosechas de primavera.

Hávamál: Uno de los poemas de la Edda poética que propone una serie de reglas para vivir con sabiduría y para la supervivencia. Entre sus versos se encuentra el cómo Odín obtuvo las runas mágicas y los hechizos del mismísimo Yggdrasil, al clavarse su propia lanza, Gungnir, y permanecer colgado por 9 días al Árbol del Mundo.

Jólaöl: Cerveza artesanal que se acostumbra a beber durante las celebraciones del Yuletide.

Juilskinka: Jamón curado que se acostumbraba consumir en las celebraciones de Yuletide cada solsticio de invierno.

Yuletide: Fiestas en celebración al solsticio de invierno, dura alrededor de doce días, y normalmente tiene inicio los 21 de Diciembre. Se acostumbra realizar sacrificios humanos en honor a los dioses de la fertilidad, como Frey y Thor, además de encender un tronco inmenso, que se mantiene en reclusión desde el año pasado, hasta esta fecha. Como casi cualquier otra celebración Vikinga, se acostumbraba tener grandes banquetes. En esta celebración se servía cerveza especial llamada Jólaöl, y se acostumbraba comer jamón curado especial, llamado juilskinka. Otra tradición de estas fechas, era que las mujeres preparaban baños de vapor para los guerreros que regresaban de la guerra.

3 – TÍTULOS:

Gidja: El equivalente a los Godis para el género femenino, manipuladoras del Seidr, y por ello temidas, ya que sus dones de profecía, se decía venían de la brujería, y no de la comunicación con los dioses como en el caso de los Godis.