Aquí agregando otro capítulo a la lista!

Antes de comenzar, me gustaría contestar una review:

Akakiru: No me eh centrado mucho en la reacción del Olimpo, porque todavía no quiero que Bell se relacione mucho con los Dioses hasta el final del Ladrón del Rayo. De todos modos, puse varias interacciones que da a entender que la cosa esta complicada.

Ahora sí, disfruta el capítulo!

CAPITULO 7: LAS TRES HERMANAS DEL DESTINO.

"Vamos a mi oficina, ¡Ahora!" Declararía Dionisio mientras caminaba junto a Bell, atravesando las cabañas.

"Señor D, ¿Me puede decir que demonios está pasando?" Preguntaría Bell, ya que no tenía idea de lo que estaba sucediendo.

Antes de que Dionisio pudiera responder, la capitana de la Cabaña de Ares llego rápidamente a su lado y lo abrazo del cuello, haciendo que Bell pusiera una pequeña mueca de dolor.

"¿Así que si te dolió un poco esa caída, eh? Ya decía yo que era muy extraño que un Semidiós pudiera salir de esa caída casi ileso. Pero eres un Dios, y eso explica todo."

"¡¿Dios?!" Bell pensó en shock al comenzar a entender lo que estaba pasando.

"Eso no explica el poder de las llamas." La rubia, Dionisio y Bell mirarían sobre su hombro para ver a Annabeth y los de más hijos de Atenea detrás de ella.

Bell comenzó a sudar por la mirada penetrante de las dos mujeres que se encontraban esperando una respuesta.

"Eso es porque recibió la Bendición de Hestia." Bell le dirigió una sonrisa agradecida a Dionisio por salvarlo. "No entiendo como habrá pasado todo eso, pero Zeus nos ocultó bastante detalles."

"Oh, eso explica de donde obtuvo su media inmortalidad y el poder del fuego." Diría Annabeth con una mano en el mentón, para después dirigirle una mirada calculadora a Bell. "Pero Hera y Zeus no pueden ni verse por más de un segundo sin comenzar a gritarse. Entonces, ¿ambos se emborracharon en una noche loca y sin querer Hera se quedó embarazada, y por eso mismo quedaste como una especie de hijo bastardo en el plano mortal?"

Bell puso los ojos en blanco ante semejante idea.

"No digan estupideces. De Zeus podría creerlo, ¿pero de Hera? Simplemente está sucediendo algo extraño y no quieren comentarnos. Deja de crear teorías absurdas." Dionisio nuevamente salvaría a Bell, haciendo que Annabeth se frotara el cabello un tanto avergonzada mientras que la rubia se reía fuertemente por lo escuchado.

"Buen trabajo."

"Estuviste increíble, Bell."

"Espero que podamos entrenar algún día juntos nuevamente."

Bell simplemente asintió un poco sorprendido a todos los cumplidos y las palmaditas en la espalda de los hijos de Atenea mientras avanzaban más rápido al ver que la hoguera estaba encendida, dando a entender que el almuerzo había comenzado.

"Ustedes también deberían ir a comer, oh los demás campistas las dejaran sin nada." Annabeth y la rubia se pusieron nerviosas por su declaración y rápidamente se despidieron de Bell para dirigirse al comedor.

SALTO DE LINEA.

Bell y Dionisio entraron al despacho del mismo, para ver que todas las cazadoras ya se encontraban en el lugar, junto con Quirón.

"Ya me explicaron todo. Es algo increíble, Señor D." Declaro Quirón seriamente.

"Agradecería que esto no salga de este círculo, Quirón. Se armaría un gran desorden en el Campamento si se enteran de las existencias de otras Dimensiones." Aclararía Dionisio mientras tomaba asiento en su oficina con tranquilidad.

"¿Dónde está Lady Artemisa?" Pregunto Bell buscando a la Diosa con la mirada.

"Esta en el Olimpo. Se generó un gran revuelo por lo que sucedió, y lo más probable es que tarde un rato en regresar. Por lo menos, hasta que Zeus escuche oh imagine una excusa posible para despejar las dudas de los campistas más problemáticos, como esa hija de Atenea." Declararía Zoe seriamente.

Dionisio junto sus manos y apoyo su mentón en ellas mientras daba un gran suspiro de cansancio. "De momento, me gustaría que nadie hable más de lo debido. Deberían permanecer en la Cabaña de Artemisa junto con las cazadoras hasta que todo se relaje un poco." Declararía Dionisio.

"De acuerdo." Respondió Bell seriamente.

Antes de que alguien más pudiera decir una palabra, Poseidón apareció de la nada en la oficina.

"Mi hermano requiere de tu presencia, Dionisio." Declararía el Dios seriamente.

Dionisio daría un suspiro de cansancio y miraría completamente aburrido a Poseidón. "De acuerdo." Dionisio les dio una última mirada a todos antes de desaparecer. "Les encargo que todo siga en orden."

SALTO DE LINEA.

Ya estaba atardeciendo. Bell se encontraba desparramado en el sillón mientras dormía plácidamente. Las cuatro cazadoras se encontraban en la mesa, jugando al póker.

"Ya no puedo esperar más… ¡¿Cuánto tiempo se van a tardar?!" Phoebe estrellaría fuertemente su mandíbula en la mesa, haciendo que todas las cartas salieran volando.

Zoe se recostaría en la silla y daría un gran suspiro. "Tienes razón. Ya estoy harta. Quiero usar mi arco…"

Lilia y Brilia se mirarían muy seriamente entre si mientras movían sus piernas felizmente y estudiaban sus cartas. Parecía ser que ellas dos y Bell la estaban pasando bien. Claro, teniendo en cuenta que el peliblanco disponía de muy poco tiempo para dormir, tener una pequeña siesta de 7 horas era realmente gratificante para él.

"¡¿Cómo es que puede dormir tanto?!" Pregunto Zoe claramente refiriéndose a Bell, sin tener idea de que el peliblanco tenía unos horarios muy complicados.

Ante esa pregunta, Phoebe miro hacia otro lado distraídamente como si no supiera nada al respecto.

"Ya está todo arreglado." Bell se despertó y dirigió su mirada junto con las demás para ver como Artemisa entraba a la cabaña.

"¿Y que dijeron?" Pregunto Bell mientras posicionaba sus dos manos detrás de la nuca y se recostaba aún más en el sillón.

"Como los campistas no saben toda la profecía, Dionisio ofreció que Hestia se haga pasar por tu mentora, explicando la forma en que obtuviste tu media-inmortalidad y tu poder de fuego. Luego, estuvo la parte más complicada. Al final nadie pudo pensar en una excusa viable para semejante absurdo. Apollo sugirió que tú simplemente te hagas el desentendido con el tema, mientras que el Olimpo simplemente nunca dará una respuesta al tema. Después de todo, Zeus dijo que no debería darle explicaciones a gente que no se merece ese reconocimiento."

"Entonces, ¿eso quiere decir que a partir de ahora será reconocido como un Dios?" Pregunto Phoebe con una ceja alzada.

"¡Wow, wow, wow!" Bell se levantó de un salto. "No soy un Dios ni nada por el estilo."

Todas observaron confundidas a Bell por su respuesta.

"Así es, él es adoptado." Todas se sorprenderían por la declaración de Artemisa. "La otra opción era que lo hayan desterrado, pero Zeus aclaro que eras hijo adoptivo."

"No se hace cuanto habrá sido, pero de momento no ha presentado indicios de ser hijo de Hera oh Zeus, por lo que aún está en proceso de conversión. De lo contrario, el muchacho no podría ser el chico de la Profecía. Porque sería completamente inmortal en vez de medio-inmortal." Artemisa dirigió una mirada muy seria a Bell, haciendo que el peliblanco se pusiera serio de inmediato. "Muchacho, ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que te volviste su hijo adoptivo?"

"Antes de llegar a esta Dimensión."

Artemisa apoyo una mano en su mentón y asintió para sí misma. "Eso significa que la profecía podría cumplirse en estos momentos, oh dentro de dos años."

"¡¿DOS AÑOS?!" Todos observarían a Artemisa en shock por lo escuchado.

"¿Eso quiere decir que arrastrara su trasero con nosotras por dos años?" Preguntaría Phoebe mientras se recostaba en la mesa abatida.

"En el peor de los casos, sí." Declararía Artemisa seriamente.

Un silencio incomodo se alzaría en la cabaña…

"… Pero realmente, no es tan malo como parece."

Todas las cazadoras casi se cayeron de sus asientos al escuchar semejante declaración de Artemisa, mientras que Bell solo podía observarla con los ojos bien abiertos.

Artemisa miro a todas sus cazadoras con una pequeña sonrisa. "Después de todo, podría haber sido cualquier otro hombre. Pero justo nos tocó el único hombre respetable y amable que existe en las Cinco Dimensiones."

"Creo que decir en las Cinco Dimensiones es algo exagerado." Pensó Bell con los ojos en blanco. "Pero no me quejo en lo absoluto." Pensó al final con una sonrisa al ver que por fin le estaba cayendo bien a Artemisa.

Aunque todavía tenía una pequeña duda.

¿Qué le había hecho cambiar de opinión? Después de todo, ella solo dijo que lo respetaría. Pero parecía haberse ganado no solo el respeto de la Diosa, sino que también su confianza.

Phoebe solo refunfuño por lo bajo al no poder declarar nada en contra. Mientras que Zoe, Lilia y Brilia esbozaron una gran sonrisa.

"¡Eso es genial, Lady Artemisa! Bell realmente ha demostrado ser una buena persona, y disfruto su compañía." Artemisa simplemente alzaría una ceja a Zoe por sus palabras. Sabía que Bell y Zoe estaban más unidos, pero parecía que ya se habían vuelto buenos amigos sin que ella se enterara.

"¡Wow, wow!" Declaro Bell con una sonrisa, al sentir como Lilia y Brilia lo abrazaban fuertemente y lo zarandeaban un poco.

Las demás mujeres miraron esto un poco sorprendidas. Lilia y Brilia tenían mucho miedo a los hombres, pero Bell había logrado llegar profundamente en sus corazones de alguna forma.

Artemisa abandono su asombro por una pequeña sonrisa. "Me impresiona que se hayan dado cuenta siendo tan pequeñas. El muchacho podría haber capturado la bandera sin la necesidad de salvarlas y perder el tiempo. Pero al final opto por salvarlas, sin importar que otra persona pudiera alzarse con la victoria." Artemisa observaría aun con su sonrisa vigente como Bell estaba intentando quitarse a las dos niñas de encima con una gran sonrisa en su rostro. "Ahora, lo más probable es que no se le quiten de encima. Ellas lo admiran y se sienten seguras estando a su lado." Artemisa dirigió su mirada por la ventana mientras incrementaba aún más su sonrisa, algo extraño en ella. "De hecho, debo admitir que la llegada del muchacho nos ah traído muchas cosas buenas."

Zoe rápidamente se uniría al trio, intentando ayudar a Bell para que se sacara las niñas de encima mientras reían alegremente.

"Lástima que no todas piensen igual." Finalmente pensaría Artemisa, dirigiéndole una mirada preocupada a Phoebe, que aun seguía recostada en la mesa con un aura depresiva a su alrededor.

SALTO DE LINEA.

Ya se había abierto el comedor para la cena. Cada uno de los campistas tomó lugar en sus respectivas mesas. Bell camino junto con las cazadoras, hasta que finalmente se frenó en seco cuando vio que todas ellas se dirigieron hacia la mesa de Artemisa. Teniendo experiencia con sus hábitos anteriores, lo más seguro es que no lo dejarían comer en la misma mesa donde estaban ellas.

Bell giro su mirada para ver la mesa de Hera y Zeus. Estuvo pensando por unos pocos segundos, hasta que finalmente se dirigió hacia donde estaban todos los platos de comida (que se encontraban cerca de la enorme hoguera) y comenzó a agarrar todo tipo de alimentos.

"Ya me estaba preguntando donde estabas. No apareciste durante el almuerzo ni el entrenamiento en la tarde." Bell observo con una pequeña sonrisa a Annabeth, que ya estaba cerca de él, escogiendo su comida también. Era obvio que tenía miles de preguntas para hacerle.

Annabeth señalo hacia su costado. "Este de aquí es mi mejor amigo."

El chico de cabello rubio un tanto desordenado dio un paso adelante. "Mi nombre es Luke Castellan." El identificado Luke alzo su mano. "Es un placer conocerte."

Bell estrecho la mano con una sonrisa. "Bell Cranel. También es un placer."

"Si necesitas ayuda con algo, no dudes en venir a verme. Soy hijo de Hermes, pero me gusta acampar fuera de la cabaña. Ya sabes, todos siempre tenemos una pequeña faceta rebelde." Declararía Luke con una sonrisa amigable.

"Lo entiendo. Lo tendré en cuenta." Respondió Bell devolviéndole la sonrisa.

Bell fue empujado un poco hacia adelante, por lo que choco con Luke y casi derriba todos los alimentos sobre su camiseta.

"Pensé que derribar a un Dios sería un poco más complicado." Declararía la hija de Ares con un tono burlón.

"Es fácil decirlo cuando tomas a alguien por sorpresa. Y no me vuelvas a llamar de esa manera. Tengo un nombre, ¿sabes?" Declararía Bell con los ojos en blanco mientras se recomponía con la ayuda de Luke.

La mujer comenzó a tomar una gran cantidad de comida de las bandejas mientras lo miraba de reojo. "Es cierto. Todavía no nos presentamos." La mujer dejo de recoger los alimentos y lo miro de forma desafiante. "Mi nombre es Clarisse la Rue, hija de Ares." Declaro con orgullo mientras extendía su mano.

Bell le devolvió la miraba y aferro fuertemente su mano con la de ella. "Bell Cranel."

Después de unos pocos segundos de probar fuerza, finalmente Clarisse desistió y separo su mano. "Entonces, Bell. Espero verte más seguido en el campamento." La mujer se sacudiría la mano para aliviar el dolor mientras se daba media vuelta. "Aunque entiendo si es medio complicado, teniendo que ir con las Cazadoras a todos lados."

"Hmp, hijos de Ares… todos se comportan como animales cuando presencian a alguien que represente un gran reto para ellos. No les des mucha importancia, ellos son así." Declararía Luke con un tanto de gracia en sus palabras.

"Ni lo digas." Respondería Annabeth mientras miraba como Clarisse se sentaba en la mesa de Ares junto a sus hermanos. "De todos modos, me gustaría saber cómo es que un hijo de Zeus y Hera vuelve a surgir después de milenios."

Bell miro a Annabeth para ver como sus ojos grisáceos entrecerrados estaban estudiándolo profundamente. En esta situación, cualquiera se hubiera puesto nervioso por la intensa mirada de la joven.

Pero Bell no era alguien cualquiera…

"No lo sé. Ni yo lo entiendo." Bell simplemente cerró sus ojos y se inclinó de hombros, haciendo que Annabeth alzara una ceja. "Recién ahora me vengo a enterar de que Zeus y Hera son mis padre. Nunca me hablaron nada al respecto, y mi mentora Hestia tampoco me dijo nada al respecto."

"¿Hestia fue tu mentora?" Pregunto Luke mientras se cruzaba de brazos, un tanto sorprendido por la revelación.

Bell simplemente asintió y se marchó, sin antes alzar la mano como gesto de saludo.

"Eso explica como obtuvo la Bendición de Hestia…" Declararía Annabeth mientras se llevaba una mano al mentón.

Bell asintió rápidamente con su cabeza cuando paso cerca de la mesa de los hijos de Atenea, ya que lo saludaron con mucho respeto. Finalmente, llego a la mesa de Hera, para ver que estaba completamente vacía.

Bell dio un pequeño suspiro y procedió a sentarse en la mesa solitaria.

"¿Qué crees que haces?"

Bell miro hacia adelante con un tanto de intriga al escuchar la voz de Artemisa.

"Ven y come con nosotras, ¿oh acaso ya te acostumbraste a comer solo?" Declararía Artemisa seriamente mientras señalaba un espacio abierto entre ella y Zoe.

Bell pestañeo sorprendido. "¿Estás bien con eso?"

Artemisa simplemente asintió.

Bell rápidamente tomo sus cosas y se sentó entre Artemisa y Zoe con una sonrisa tonta en su rostro. Ya le comenzaba a resultar algo irritante la actitud de las cazadoras, así que este era un gran avance para él.

Phoebe le dirigió una mirada seria Bell mientras jugaba con su comida. "¡Todavía me parece increíble que se haya movido tan rápido! Si se hubiera tardado un segundo más, hubiera intervenido personalmente para rescatar a Lilia y Brilia."

Bell pestañeo dos veces sorprendido. "¡Espera un segundo!" Bell se levantó de su asiento de forma repentina y señalo incriminatoriamente a Phoebe. "¡Eso quiere decir que nos estuviste vigilando todo el tiempo!"

"Si, y debo decir que hiciste un buen trabajo." Bell miro de forma incriminatoria a Zoe tras decir esas palabras. Zoe solo se rio por la mirada disgustada de Bell.

"Estoy de acuerdo con Zoe. No solo capturaste la bandera, sino que también salvaste a las dos, tal y como esperaba. Gracias por no decepcionarme." Bell observo un tanto sorprendido a Artemisa por sus palabras, mientras la Diosa comía tranquilamente de una forma refinada.

Bell sacudió rápidamente su cabeza al entender lo que estaba pasando. "¡Nuestro trato! ¡Me mentiste!"

"¡Eso no es lo peor, Artemisa es muy mala!" Todos mirarían a Lilia con una gota de sudor por sus palabras.

"¡Eso es cierto! ¡Al final, resultamos ser utilizadas por ella y no por Bell!" Declararía Brilia con un puchero.

Artemisa se aclararía la garganta y tomaría un poco de refresco, para después mirar hacia otro lado avergonzada.

Zoe posiciono una mano sobre Lilia, que se encontraba a su costado. "Pero eso es lo mejor, ¿no creen? Si Lady Artemisa no hubiera utilizado este método tan arriesgado, ustedes todavía no se sentirían augustas con Bell cerca, mientras que Lady Artemisa nunca hubiera cambiado su punto de vista acerca de Bell."

Bell pestañeo confundido. "¿Punto de vista?" Bell observo a la Diosa muy sorprendido. "¿Eso quiere decir que desde un principio no estaba tu respeto en juego, sino tu confianza?"

Artemisa lo miro de reojo seriamente. "Así es." La típica expresión apática de Artemisa se curvaría en una pequeña sonrisa. "Pero al final también conseguiste la bandera, así que es justo tener ambos premios, ¿verdad?"

"No me quejo en lo absoluto." Bell se frotaría tímidamente el cabello.

Una gran corriente de viento sacaría a todos de su ambiente alegre, para remplazarlo por uno de misterio.

Dionisio y Quirón salieron de sus oficinas para ver lo que estaba sucediendo, solo para sorprenderse aún más.

Todos sin excepción se sorprenderían enormemente al ver a tres figuras paradas cerca de la hoguera. Rápidamente, los campistas comenzar a murmurar diferentes cosas entre ellos mientras observaban a las tres aparentes mujeres que estaban paradas allí.

"¿Qué demonios?" Dijo Artemisa en voz alta con un claro tono impactado, dándole entender a Bell que algo demasiado extraño estaba sucediendo, teniendo en cuenta que hasta la Diosa se sorprendía.

Las tres mujeres que parecían ser unas ancianas estuvieron mirando a todos los campistas por unos segundos que fueron eternos para todos. Finalmente, las tres posicionaron su mirada en Bell y le fruncieron el ceño, haciendo que Bell alzara una ceja en respuesta. Las tres ancianas se acercaron un poco a la mesa de Artemisa, mientras seguían mirándolo fijamente.

"Se supone que no deberías haber aparecido tan pronto." Una de las ancianas hablo con una voz ronca, haciendo que todos la miraran con especial atención. "Haz cambiado el orden de las cosas. Haz cambiado el futuro. Haz cambiado las guerras próximas." Una de las mujeres sacaría varios hilos y los tensaría fuertemente. "haz cambiado el destino de la gente." Declararía la anciana mientras señalaba los hilos que sostenía la otra mujer.

"¿Pero, qué podemos hacer nosotras al respecto?" Preguntaría una de las mujeres mientras sacaba una tijera. "Después de todo, nosotras no tenemos su hilo de vida para asegurarnos que las cosas no cambien tanto." Cerraría fuertemente la tijera tras decir esas palabras, haciendo que todos cierren los ojos fuertemente por el sonido chirriante.

"Lo único que nos queda, es aferrarnos a los nuevos cambios, hermanas." Respondería la tercera mujer mientras guardaba los hilos. "El futuro es solo una línea recta. Pero a veces puede curvarse un poco debido a diferentes acciones."

"Pero cuando llegue la catástrofe, ni siquiera el niño de la Profecía podrá cambiarlo." La anciana le dirigiría una mirada muy compenetrarte a Bell, haciendo que comenzara a sudar un poco por los nervios.

"Es cierto, hermana. Pero él no tendría que haber llegado en estos momentos. Los acontecimientos que debían pasar anteriormente comenzaran a transformarse cada vez más debido a su presencia. Gente que debía morir, no morirá. Gente que no debía morir, morirá. Él controla el hilo de algunas vidas que nosotras mismas sentenciamos, y no podemos hacer nada al respecto. Eso me molesta." La tercera hermana cerraría fuertemente la tijera nuevamente, haciendo que todos cerraran los ojos nuevamente por el sonido agudo.

"No te culpamos, niño. Todo es culpa de Zeus por tratar de manipular su destino." Diría la segunda hermana, para luego mirar a Artemisa y sacar un hilo plateado que brillaba fuertemente.

Artemisa pestañeo en shock al ver su hilo de vida.

Las tres hermanas miraron el hilo atentamente. "Este es el hilo que más cambiara por su llegada."

"Ah mitad de su travesía, emociones nuevas surgirán. Ella se sentirá muy afortunada."

"Estas hablando del futuro, hermana. Ahora, ella se sentiría muy desafortunada si se entera lo que le depara en un futuro."

"Tienes razón, hermana. Cuando llegue el momento, ella no podrá resistirse a la verdadera tentación. Ella intentara evitarlo, pero finalmente, de nada servirá. Ya que ella misma será la que dé el siguiente paso."

"Y cuando lo haga, ella sentirá que tocara la cúspide de su vida debido al gran placer emocional."

Después de decir esas palabras, las 3 mujeres desaparecieron del lugar, haciendo que Bell cerrara los ojos por la luz incandescente en la que desprendieron.

Hubo unos segundos de silencio, hasta que finalmente Phoebe decidió romperlo.

"Lady Artemisa, ¿tiene alguna idea a lo que se referían?" Preguntaría Phoebe muy seriamente.

Artemisa bajo la cabeza y apretó sus labios al no encontrar una respuesta. "No tengo ni la menor idea." Artemisa alzo su mirada y observo a Bell seriamente. "Lo único que sé, es que él tiene algo que ver con esto. Ellas mismas dijeron que la vida de muchos cambiaron, especialmente la mía."

"De todas formas, no parecía ser algo malo, ¿verdad? Dijo que te sentirías realmente bien emocionalmente." Declararía Zoe mientras veía el lugar donde anteriormente estaban las tres hermanas.

Artemisa simplemente asintió mientras posicionaba su mano en el mentón y entrecerraba los ojos con sospecha. "No entiendo porque algo que me hace bien, podría sentirlo como algo muy desafortunado en estos momentos…"

Phoebe finalmente se inclinaría de hombros y seguiría comiendo. "No tiene sentido darle más vueltas. Cada vez que hablan, siempre lo hacen de una manera encriptada y no se entiende nada hasta que todo sucede. Los únicos que podrían saber algo al respecto son lo que saben el futuro. Y realmente no veo importante investigarlo si se supone que será algo bueno. Simplemente, dejemos que pase."

"¿Quiénes eran esas viejas? ¡Daban miedo!" Exclamarían las dos niñas mientras recordaban el rostro decrepito de las tres ancianas.

"Lo mismo digo." Artemisa le dirigió una mirada burlona a Bell por lo mencionado.

"¿Me estás diciendo que le tienes miedo a unas simples ancianas?" Artemisa preguntaría con un claro tono burlón en sus palabras.

"¿Qué? ¡No! Me refería a quienes eran." Contestaría Bell rápidamente, haciendo que todas las presentes se divirtieran un poco por su reacción.

Artemisa le daría un gran sorbo a su refresco y volvería a su típica expresión apática. "Ellas son las Parcas, oh también conocidas como las Tres Hermanas del Destino. Ellas son Tres Diosas que se encargan de controlar el hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta su muerte." Artemisa dejaría fuertemente su vaso en la mesa. "Es la primera vez que las veo tan molestas, aunque no lo demostraron como tal. Pero para que te hagas una idea, ellas nunca se presentan solo para darte las buenas noches."

"¿Es por mi culpa?" Bell se señaló a si mismo con nerviosismo.

Artemisa lo miro de reojo. "Así es. Cambiaste el destino de algunas personas, y eso es algo realmente molesto para ellas. Seguramente, eso se debe a que nunca premeditaron que alguien de 'afuera' pudiera cambiar las cosas. Ellas pueden controlar el destino, pero no pueden controlar el futuro. Si el futuro cambia, el destino de ciertas personas también cambiaran, y simplemente no les queda de otra que aceptar esa realidad… aunque en un principio trataron de matarte." Declararía la Diosa con diversión en sus últimas palabras.

"¿Matarme?" Se preguntaría Bell con asombro.

Phoebe asintió seriamente. "Así es. Parece que les molestaste tanto, que intentaron cortar tu hilo de vida en un arranque de rabia, pero no lo encontraron por obvias razones."

"Menos mal que no lo encontraron. Después de todo, las tres quedarían como un simple chiste si mataran a alguien por cambiar un par de cosas." Declararía Zoe con una sonrisa.

Artemisa apoyo su rostro en ambas manos mientras pensaba en las palabras de Zoe. "Ese es el problema. Ellas no se molestarían si fueran simples cambios. Entonces, ¿Qué cambios tan importantes originara el muchacho?..."

"… ¿Tendrá que ver con mi cambio?"

Artemisa pestañeo confundida al darse cuenta que ya había terminado su comida.

¿Cuánto tiempo había estado pensando en eso?

"Ya deberíamos irnos a dormir. Mañana a la mañana volvemos a nuestro campamento." Declaro la Diosa mientras ordenaba los cubiertos y se levantaba de la silla. Siendo seguido por todas las demás.

"¿Puedo dormir en su cabaña?" Pregunto Bell mientras se levantaba de su asiento.

Artemisa lo miro de reojo con el ceño fruncido. "Por supuesto que no. Puede que ahora confiemos en ti, pero sigues siendo un hombre. Tienes dos diferentes cabañas para elegir a parte de la nuestra. Duerme bien." Artemisa comenzó a alejarse después de esas palabras. Solo Zoe y las dos niñas se detuvieron un segundo para saludar a su amigo.

Bell correspondió el gesto de las cazadoras con una sonrisa aburrida en su rostro. "Bueno… no perdía nada intentándolo."

SALTO DE LINEA.

Bell finalmente decidió entrar en la Cabaña de Hera por obvias razones. Su conflicto con Zeus aún estaba palpable en su mente.

Bell observo todo el lugar con asombro, al ver que unas luces decoraban el lugar, junto con una mesa de un tamaño algo pequeño, sus asientos tenían el signo del matrimonio parpadeando, como si el sitio tuviera vida propia. Mas a lo lejos, Bell pudo ver una habitación que parecía haber sido construida muy recientemente, ya que la madera era demasiado nueva.

"Ella lo arreglo todo para ti."

Bell se daría media vuelta para ver a Quirón, que se encontraba apoyado en el marco de la puerta.

"Quirón." Bell hizo una pequeña reverencia al ver al centauro.

Quirón se rio un poco mientras entraba al lugar. "Eso es lo que debería hacer yo cuando te viera, así que no vuelvas a hacerlo." Bell tan solo asintió con una pequeña sonrisa.

Quirón continúo merodeando por la Cabaña, hasta que finalmente tomo un anillo de casamiento que estaba en una especie de cuadro en la pared. "Hera siempre tuvo un gran cariño por sus hijos, sea quien sea. Para ella, tu eres muy importante." Quirón se acercó a Bell y le entrego el anillo. "De hecho, en estos momentos debe estar saltando de alegría en sus aposentos porque elegiste su cabaña sobre la de Zeus." Declaro con un tono divertido.

"Me imagino." Bell se colocó el anillo en su dedo índice mientras se reía por lo bajo.

Quirón se fue hasta el marco de la puerta y le dirigió una sonrisa. "No me gustaría incordiarte más, Bell. Pero ten en cuenta que esta cabaña, esta mesa, esos asientos, y esa habitación. Todo es tuyo, Bell. Ella remodelo y agrego otras partes de la cabaña solo para que estés cómodo en este lugar."

"¿Ella hizo todo eso por mí?" Pregunto Bell con gran sorpresa.

Quirón asintió. "Así es, Bell. Cuando tú estabas en la Cabaña de Artemisa, ella no perdió el tiempo y nos mandó a construir todo esto. Como dije antes, ella ama a sus hijos. Y como no puede verte, esta es su manera de decirte que estará siempre contigo. Lo más probable es que ella este esperando cualquier oportunidad para poder hablar contigo. La próxima vez que vayas al Olimpo, no la dejes esperando."

Bell simplemente asentiría seriamente. Él no sabía que la Hera de esta Dimensión tenía tanto amor incondicional por sus hijos al igual que la de su mundo. Desafortunadamente, no todas las similitudes pueden ser buenas. Si era como la Hera de su Dimensión, entonces también debería pensar que los hijos bastardos de Zeus son la cúspide de la escoria, junto con el mismo Dios.

SALTO DE LINEA.

Algunos días pasaron, y de momento Bell no había regresado al Campamento Mestizo. La rutina del día a día volvió a Bell. Cada día era un poco más difícil de comenzar debido a la acumulación de cansancio, pero era algo de lo que ya estaba acostumbrado. Lo único que había cambiado realmente, era que ahora cenaba junto con las cazadoras y podían compartir diálogos con casi todas sin que se molestaran oh algo parecido. Aunque por lo visto, nunca lograra dormir cerca de ellas, ya que aún lo siguen considerando como una amenaza. No porque pueda hacerles algo, sino que simplemente estaba en contra de sus principios tener a un hombre dentro de la caza. Lo más probable es que Bell debería dormir un poco alejado de sus tiendas en toda su estadía.

Bell se secó el sudor de la frente con su codo mientras apuntaba con el arco. Finalmente, libero la flecha y pego en el centro del blanco.

"Buen trabajo." Artemisa asintió satisfecha al ver el progreso que había logrado Bell. "Pegarle a un blanco de 25 metros sin tener mi Bendición y solo con 18 días de practica es un progreso bastante notable."

"Gracias." Declararía Bell con una sonrisa.

Artemisa volvería a asentir, entregándole una pequeña sonrisa al peliblanco. Eran cerca de las once de la noche. Artemisa ya había creado su doble para encargarse de la luna, mientras ayudaba a Bell en una pequeña tanda con el arco. Le había pedido ayuda a Artemisa, ya que quería mejorar más rápido su habilidad con el arco, por lo que sus tiempos volvieron a ajustarse un poco más nuevamente.

Justo antes de que pudieran continuar hablando, una extraña bocina se escuchó por todo el lugar, haciendo que Bell mirara en varias direcciones, totalmente asombrado por el sonido.

"Genial, el idiota." Declaro Artemisa con un tono aburrido mientras miraba el cielo.

Bell siguió la mirada de Artemisa, para ver como de repente un carro dorado descendió del cielo y aterrizo fuertemente en el suelo, dejando una derrapada increíble. El peliblanco observo con gran asombro y admiración el objeto que estaba en frente suyo. Nunca había visto algo igual antes.

Una de las puertas se abrió, haciendo que una voz familiar se escuchara. "¿Cómo estas, hermanita?"

"¡Ya te dije que no me llamaras así, idiota!" Artemisa pisaría fuertemente el suelo, demostrando su molestia.

"¡Oh, vamos! No te pongas así…" El hombre saldría del coche, revelando a Apollo. "Y eso que me tome la molestia de venir por una orden de nuestro padre…" Declararía Apollo con un pequeño puchero.

Artemisa pisaría fuertemente el suelo una vez más. "¡Me da igual, vete de aquí!"

Apollo se acercaría a Artemisa rápidamente con los brazos abiertos. "¿Así es como recibes a tu hermano? ¡Vamos, dame un abrazo hermanita!"

Apollo abrazo fuertemente a la Diosa, mientras Artemisa refunfuñaba por lo bajo debido a que no pudo esquivar el abrazo.

"¿Hermanita?" Pregunto Bell con una gota de sudor.

Artemisa le daría un fuerte rodillazo en las partes íntimas de Apollo, haciendo que el Dios la soltara. "Me llama así, porque, según él, nació primero que yo." Artemisa saco su arco y apunto hacia las partes de Apollo, haciendo que el Dios diera un suspiro de cansancio por la arisques de su hermana gemela. "Entonces, ¿me vas a decir que te trae por aquí, oh vas a seguir molestando?"

FINAL DEL CAPITULO!

Bueno, la verdad que se me complico demasiado a la hora de escribir las ultimas 2000 palabras. Sufrí un pequeño bloqueo de escritor en esos momentos, pero de alguna forma logre salir adelante. Más que nada porque no sabía cómo concluir el capítulo, pero creo que al final quedo bien.

Espero que les haya gustado, y nos vemos en la próxima.

Un saludo!

Cantidad de palabras: 5323 palabras.