Tenía mucho tiempo que no actualizaba durante un fin de semana, ya hasta había olvidado el cómo se siente. Ya empezó lo bueno, la gloriosa Guerra de Midgard. Ahora, una parte de los conflictos de los pueblos Nórdicos, era la música. Los que leyeron Guerras Doradas, saben que solía colocar temas musicales de la saga principal en momentos clave. Tristemente, para esta saga no puedo hacer eso, en realidad, los canticos vikingos que encontré no encajaban con la idea de la batalla que quería representar. Así que hice algo para este capítulo que no suelo hacer: adaptar un cantico, en este caso de un videojuego, y traducirlo al español, para que tengan una especie de idea de a qué me refiero con la tradición de los canticos vikingos, que vienen siendo algo así como los himnos de guerra. En fin, si quieren poner en practica este experimento de posicionamiento de los canticos de guerra, por favor tengan listo en su reproductor de videos favorito la canción: "Age of Oppression – Mulukah", que es una canción del videojuego de Skyrim. Pongan la canción cuando las letras comiencen a verse en cursiva, y lean los canticos traducidos y adaptados para la trama. Con un poco de suerte, este experimento funcionará. En fin, a contestar reviews:

TsukihimePrincess: Ya empezó lo bueno señorita, espero estar a la altura de sus expectativas. Comprendo lo que mencionas de Pandora, pero lo único que puedo decirte, es que sirve a un dios y hace su voluntad, no significa que sea aliada de Saori. Sabes, los juicios pensé que iban a ser una parte que les iba a aburrir, me da gusto que no fuera así. Espero disfrutes mucho este capítulo.

dafguerrero: Andabas desaparecida, pero te perdono, jajaja. El que puedas comparar Guerras del Ragnarok al sentimiento que te daba Guerras Doradas, es algo que me da mucho gusto, y espero poder seguir logrando el transmitir ese sentimiento. Derbal, como he venido diciendo, es mi villano favorito hasta la fecha, y estoy planeando que su participación en esta guerra sea gloriosa y colosal. No estoy seguro de si Aioros actúa como Saga, pero sí de que Saga está actuando con más nobleza, como un Saga que no fue consumido por la maldad, a ver cuánto le dura. Y bueno, como le mencioné a TsukihimePrincess, yo esperaba que los juicios les fueran aburridos, pero me da gusto saber que me equivoqué. En cuanto a lo que dices de las 12 Casas, ya me conoces, no puedo evitar no poner algo similar a las 12 Casas, pero ya es una idea muy quemada, esta espero sea la última vez que uso esa idea. Jajaja, diosa con nombre complicado, todos los nórdicos tienen nombres incluso más complicados, vete acostumbrando, y obvio iba a regresar el Panshura, junto con el Milori son mis creaciones, jajaja.

EDITADO: 14/09/2022.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Midgard.

Capítulo 8: La Guerra de Midgard.


Galdhopiggen. Mirador de Galdhopiggen. Casa de Dohko. 31 de Agosto de 4E 08.

-Hoy hay luna llena -la voz de Shunrei sonaba más como un susurro, mientras miraba a la luna en el cielo nocturno. Recordando sus instrucciones, caminó por su habitación hasta llegar a un pequeño cofre, del cual extrajo un recipiente de cuero con aquel líquido de color azul, el Eitr, que Dohko le había pedido utilizar para dar a beber a Shiryu, un joven que vivía con ellos, y a quien Dohko entrenaba todos los días en el Mirador de Galdhoppigen, y mientras una cascada proveniente del río Slíd, llenaba el lugar con un velo de vapor de agua, dentro del cual Dohko y Shiryu combatían en esos momentos-. ¡Maestro! -llamaba Shunrei, escuchando los impactos de los golpes entre los puños de Dohko y de Shiryu, mientras sus siluetas se movían entre el vapor de agua, vagamente escuchando a Shunrei.

-El cosmos es una fuente infinita, Shiryu, como las corrientes del río Slíd que se mueven entre los 9 Mundos, hasta llegar a las raíces de Yggdrasil, para entonces proseguir con su periplo continuo por los mundos -agregó Dohko, atrapando el puño de Shiryu en su mano, y apretándola con fuerza, hasta forzar a Shiryu a caer en sus rodillas-. Básicamente, las aguas de este río caen desde las estrellas, y hasta el fin del mundo, pero vuelven a brotar desde el Élivágar, la fuente de donde vienen las aguas de los 11 Ríos que alimentan a los 9 Mundos. Entonces, tomando en cuenta que existen 11 Ríos, y que estos brotan de la misma fuente, los 11 Ríos son como las venas del mismo Yggdrasil. Y quien es capaz de controlar, y enfrentar la fuerza de estos ríos, puede conocer los dominios del cosmos en su totalidad -aclaró Dohko, mirando a la cascada frente a ambos-. El día en que te admita como mi verdadero sucesor, será el día en que seas capaz de controlar el flujo del cosmos con tal maestría, que seas capaz de revertir el flujo del agua que cae de esta cascada, y regresarla al Élivágar -le aseguró.

-¿Revertir el flujo de la Cascada de Slíd en dirección al Élivágar? -se sobresaltó Shiryu, poniéndose de pie, y mirando a las aguas de la cascada- Eso es imposible, maestro. Nadie podría revertir el flujo de uno de los 11 Ríos, no existe forma de hacerlo -aclaró, y Dohko le sonrió con arrogancia.

-El hombre que admite la existencia de algo imposible, se ha colocado una venda en los ojos, y no puede ver más que oscuridad -agregó Dohko, acercándose a la cascada-. Para un Dios Guerrero Dorado, no existe algo como lo imposible, Shiryu. En otras condiciones, te diría que deberías tener esperanza en mis enseñanzas, y esforzarte hasta ver cumplidas las mismas. Pero he de partir a la guerra, y podría no regresar. Así que, planeo acelerar el crecimiento de tu cosmos, forzándote a presenciar la fuerza verdadera de un Dios Guerrero Dorado -aclaró Dohko, elevando su cosmos, y en su espalda un Tigre rugió con fuerza-. ¡Dragón Ascendente! -enunció Dohko, y el poderoso Dragón acompañó al rugido del Tigre, y por un instante, el tiempo pareció congelarse alrededor de Dohko y de Shiryu, y cuando este volvió a moverse, el agua de la Cascada de Slíd había vuelto a fluir, más en esta ocasión, lo hacía en dirección inversa, subiendo inclusive hasta las estrellas.

-¿Cómo es posible? -se sobresaltó Shiryu, mirando el flujo de la cascada haberse invertido- La cascada que viene desde las estrellas, ha invertido su flujo en dirección al Élivágar. Maestro, ¿cómo he podido dudar de usted? Aún más sorprendente, sin embargo, es que su cosmos rugiera como un Tigre, pero en su puño se ha materializado un Dragón. ¿Qué significa, Maestro? -preguntó Shiryu, impresionado.

-Forseti, el dios Aesir de la Justicia, colocó su propia balanza en el cielo -le explicaba Dohko, mirando a la Constelación de Aesir, y encontrando a la Constelación Secundaria de Libra en sus estrellas-. Se dice que Forseti, cauteloso de que los juicios de los hombres siempre se inclinaran en favor de la vida humana, buscó por los 9 Mundos al ser más sabio de todos, quien utilizara su sabiduría para inclinar la balanza en favor de lo más justo; y al ser más astuto de los 9 Mundos, que fuera capaz de defenderse de las acusaciones más severas. De esta forma, el Dragón se convirtió en el símbolo del poder, la potencia, la energía y la sabiduría, en el juicio de los hombres, quien sería verdugo a favor de la justicia verdadera. Mientras el Tigre se convirtió en el símbolo del valor y la valentía, la astucia, el dinamismo, siempre en favor del combate a la verdad contra las acusaciones falsas -le explicó Dohko, y Shiryu asintió a aquellas palabras-. En la balanza, cuando se inclina en favor a la sabiduría del Dragón, se dice que la justicia es la más justa que puede existir, mientras que cuando la balanza se inclina al Tigre, se está favoreciendo a quien se ha defendido con valentía y astucia, no necesariamente eso significa que la balanza ha sido justa, pero ha sido más definitiva -agregó, recordando las razones de que el Tigre lo respaldaba y no el Dragón-. Básicamente, esto significa que el Dragón es pasividad, sabiduría y templanza, y el Tigre agresividad, determinación y coraje. Se requiere de ambas para crear la justicia verdadera, y solo cuando puedas controlar ambas fuerzas, el Tigre y el Dragón, podrás llamarte a ti mismo un verdadero Dios Guerrero Dorado de Libra. Mientras tanto, una de las bestias será tu guía hasta la iluminación total, y así como el Tigre me sonrió a mí, el Dragón brilla en tu corazón -finalizó Dohko, y Shiryu recordó el tatuaje en su espalda.

-Lo que entiendo, maestro, es que usted no desea que yo siga la senda del Tigre aún, y que pretende que la sabiduría del Dragón, sea la que dicte mi camino a su Ropaje Sagrado Dorado -concluyó Shiryu, y Dohko asintió-. Comprendo la dualidad del Tigre y el Dragón, pero no entiendo la razón de entregar mis enseñanzas a solo una dirección -agregó curioso.

-La justicia de Libra es, y deberá ser siempre, definitiva, Shiryu. Eso significa que no existen amigos ni enemigos, solo la justicia. ¿Podrías hacer eso, Shiryu? ¿Podrías darle la espalda a tus creencias, y vivir solo y únicamente por la justicia verdadera? -le preguntó, y aquello inundó a Shiryu de curiosidad- Cuando logres eso, dejarás de ser humano, Shiryu -fue la respuesta de Dohko a sus propias preguntas, lo que impresionó a Shiryu-. Los Dioses Guerreros de Libra, nos entregamos enteramente a un lado de la balanza, aún si conocemos el cómo usar ambos lados. Y lo comprenderás, algún día, cuando seas incapaz, al igual que lo fui yo, de hacer justicia verdadera. Porque Shiryu, a veces la justicia verdadera, es la más grande de todas las penitencias. Yo jamás podría hacer justicia verdadera, si eso significara asesinar a quienes llamo mis hermanos. No Shiryu, la balanza siempre debe estar inclinada -finalizó, y tras aquellas palabras, el Ropaje Sagrado de Libra brilló a los pies de la Cascada de Slíd, sorprendiendo a Shiryu, quien no se esperaba que el preciado Ropaje Sagrado estuviese oculto bajo las aguas y recibiendo toda la fuerza de la cascada. El Ropaje Sagrado entonces salió de su contenedor, estalló en sus partes, y revistió a Dohko en el mismo-. Pero ya se acabaron las explicaciones. Debo partir a Hlingard, y mientras estoy allí, mi vigilancia, es tu responsabilidad -aclaró Dohko, notando entonces a Shunrei con el contenedor del Eitr en sus manos-. Momento más incómodo que elegiste para tener que enfermar, Shiryu -se fastidió Dohko, y Shiryu no lo comprendió, hasta que notó a Shunrei a sus espaldas, y con el recipiente en sus manos-. Tendrás que soportarlo mientras montas guardia. Mis camaradas me necesitan, soy el único en el grupo que cuenta con entrenamiento completo, y debo quitarles del camino al que yo considere el más poderoso de nuestros rivales -aseguró.

-No entiendo, maestro. ¿De verdad es tan importante esta vigilancia? -le preguntó Shiryu, mientras Shunrei le entregaba el recipiente, y se dirigía a Dohko, con una bolsa que brillaba con una fuerza de cosmos dorado en su interior.

-Ya le he quitado las semillas -agregó Shunrei, mirando a Dohko fijamente-. Va a necesitarla, ¿verdad? Debería ser más cuidadoso con su cosmos. Recuerde que solo le quedan 11 manzanas -insistió Shunrei.

-Eso no importa ya -le respondió Dohko, tomando la bolsa, y amarrándosela a la cintura-. Siempre que tenga a un sucesor digno, aún si mi tiempo se acaba, Saori estará bien resguardada -le aseguró, mirando en dirección a Shiryu, y teniendo confianza en su discípulo-. No lo olvides, Shiryu. Cada 100 años después de que los 12 Dioses Guerreros Dorados han muerto, a la Asynjur Hlin se le permite abrir el Libro del Ragnarok para borrar sus memorias, y ser sellada en las estrellas para 100 años después, renacer con su esperanza renovada… -le comentó Dohko, lo que Shiryu no comprendía-. Si yo combatí en el nombre de la Hlin anterior a Saori… eso significa que no soy el Dios Guerrero Dorado de esta generación –aclaró, y aquello sorprendió a Shiryu aún más-. En otras palabras, soy de los pocos Dioses Guerreros Desechables. Pero ya he dicho suficiente. El Mirador de Galdhopiggen es temporalmente tu responsabilidad -finalizó, y con la fuerza de su cosmos, dio un tremendo salto, y como un cometa dorado, se dirigió a la Ciudad de Ulfrgard.

Hlingard. Afueras de Ulfrgard.

Una canción resonaba por la noche. Era la canción de los hombres de Brávellir, que cantaban alegremente en su marcha, mientras la aurora guiaba su camino, en una noche bellamente iluminada por la misma y por la luna. 1,000 guerreros, sin contar a los 29 Guerreros Vikingos, a los 7 Guerreros de la Osa Mayor, o a los 5 Dioses Guerreros Dorados, caminaban revestidos en pieles de animales, cargando escudos de madera redondos, con hachas amarradas a sus cinturones, espadas y lanzas a sus espaldas, mientras marchaban entonando canciones sin letra, canticos de los guerreros, resonando con fuerza desde sus gargantas, como si al hacer la mayor cantidad de ruido posible, pudiesen despertar a los dioses.

Algunos resonaban cuernos de guerra rítmicamente, otros cargaban tambores o liras. Las guerras de los pueblos de Midgard, era todo un espectáculo, un ritual, una ceremonia en la que se despertaba a los dioses para pedirles su favor, para pedirles que los observaran, y que juzgaran sus acciones.

-¡Más fuerte! -resonaba el grito de Jarl Svend, y el ruido se intensificaba, mientras quienes marchaban ponían todo su esfuerzo- ¡Que nuestro ruido se escuche hasta Asgard! ¡Despierten a Heimdal! ¡Despierten a Thor! ¡Despierten a Tyr! ¡Despierten a Odín! -proseguía Jarl Svend, y los canticos comenzaron a hacer resonar la tierra, los animales comenzaban a huir despavoridos, y Ulfrgard despertó, era evidente en las luces de las hogueras de alerta, mientras el pánico forzaba a las familias a ser evacuadas, y a los ejércitos de Ulfrgard a prepararse- ¡Eso es! ¡Ruido! ¡Sigan cantando! -exclamó Jarl Svend, y de pronto, la canción comenzó a entonarse en los interiores de Ulfrgard, mientras los de la ciudad a las afueras de Hlingard, entonaban también una canción intentando despertar a los dioses. El ruido se intensificó, y pronto la canción se escuchó proveniente de Hlingard, mientras la ciudad dormida despertaba- ¡Sí…! -gritaba Jarl Svend, y sus hombres festejaban, mientras el ruido continuaba- ¡Más ruido! -proseguía Jarl Svend- ¡Si los dioses duermen, no podrán vernos en nuestro momento de gloria! ¡Si ellos duermen las Valkirias no vendrán por nosotros! ¡Si ellos duermen, el Valhala no recibirá con su gran banquete a quienes encontremos la muerte! ¡Ni el Fólkvangr nos colmará de tesoros en muerte! ¡Más ruido! -proseguía Jarl Svend, y aunque la marcha se había detenido, las canciones prosiguieron.

Entre los carromatos tirados por bueyes, Saori salió del interior de uno, despidiéndose gentil mente de un adolorido Shaka, quien se cubría los oídos con fuerza mientras intentaba meditar, y se dirigió a otro de los carromatos, dentro del cual encontró a Milo, también cubriéndose los oídos con su almohada, intentando conciliar el sueño, pero enfureciendo al notar que no lo lograría.

-¿Qué Draugrs está pasando? -enfureció Milo, sorprendiendo a Saori, quien se encontraba a medio camino de entrar en el carromato, y tropezó. Milo lo notó, y la atrapó en su caída, terminando con una apenada Saori pegando el rostro a su pecho desnudo, lo que la forzó a ruborizarse- Mi señorita. ¿Qué hace usted aquí? -preguntó Milo, a momento que los canticos cedían, e imperaba el silencio, que solo era interrumpido por Jarl Svend dando órdenes a los alrededores de los carromatos.

-Lamento mucho el que te hayan despertado así -agregó Saori, apenada, y haciéndose a un lado, mientras Milo volvía a sentarse en su cama-. Despertaron hace un par de meses en Brávellir, y desde entonces han viajado en estos carromatos. Comen, beben y duermen, no hacen más que eso. Sé que es porque por 1,000 días estuvieron en ese trance, y que sus cuerpos estaban moribundos. Pero en estos 1,000 días, no tuve la oportunidad de hablar con ustedes, y ahora estamos a las afueras de Ulfrgard, a punto de que estalle una guerra… deseaba hablar con ustedes, antes de que todo esto empiece. Los conozco de hace 3 años, y nada sé de ustedes. Me hace sentirme terrible, todo lo que hacen por mí, y siento que no tienen razón de hacerlo -le aseguró Saori, con lágrimas en sus ojos.

-Ya estuvo con los otros Dioses Guerreros Dorados, ¿no es así? -preguntó Milo, y Saori asintió en ese momento- Estoy seguro, de que los demás ya le dieron la respuesta que yo estoy a punto de darle. No nos importa si es la Asynjur Hlin o no, no nos importa si recibimos la ira de los dioses. Es a Saori a quien hemos elegido servir, divinidad o no, esté en lo correcto o no. Es lo que elegimos, y lo elegimos, sin siquiera conocerla. Porque usted tiene esa calidez que alimenta nuestros cosmos, y nos hace saber que luchamos por la causa más justa -terminó Milo, apenando a Saori.

-Palabras más o palabras menos, es básicamente lo mismo que me mencionaron los demás -aclaró Saori, y Milo asintió en ese momento-. Aun así… también sé que todos cuentan con sus propias motivaciones. Mu fue discípulo de Shion, el anterior Sumo Sacerdote, y quien amaba a mi padre Jarl Wotan. Su lealtad es gracias a que Shion lo instruyó, me haya jurado lealtad a mi después o no. Aldebarán fue marginado, nadie le demostró amor ni compasión, no fue hasta que me conoció que conoció la compasión, aunque sé que lucha por una vida tranquila. Aioria fue prisionero, tiene un resentimiento enorme contra Hlingard por lo ocurrido con su hermano. Shaka se entregó al servicio de los dioses, únicamente me ha aceptado como la Asynjur Hlin porque los dioses se lo han dicho. Pero tú, Milo… no entiendo por qué me seguirías. Solo conoces la muerte y el odio, y yo, no puedo curarte ese vacío. ¿Es por una isla? ¿Es por venganza? No comprendo qué te motiva a ir en esta guerra. ¿Cuál es tu recompensa? -preguntó ella curiosa.

-Si piensas que estamos en esto por una recompensa, estás más que equivocada -le aclaró Milo, y Saori bajó la mirada-. Todos tenemos un mismo deseo, sentarla en el trono de Hlingard, y crear un mundo noble y justo. Esa es nuestra motivación, creemos que usted es la persona a la que seguiríamos ciegamente hasta el mismísimo Niflheim. Comprenda, que nuestras vidas no son importantes para nosotros ya, solo sirven para una razón, servirle a usted -aclaró Milo, pero la respuesta no era del agrado de Saori-. No necesitamos recompensa, la queremos a usted -finalizó él, apenando a Saori.

-Esta vez, dijiste algo que ninguno ha dicho -se apenó ella, y Milo la observó con cautela-. Todos dijeron: 'le serviríamos a usted'. Nadie habló de querer… -le explicó, sonrojada, y aquello, pese a que tomó algunos instantes en ser asimilado por Milo, cuando comprendió lo que acababa de decir, o la forma en que Saori lo interpretó, se apenó-. Ya habías dicho, que mi presencia te incomodaba, por ser la primera mujer que veías en años. No me esperaba algo como esto… -se apenó una vez más.

-No… es usted la que se está haciendo ideas y convierte mis palabras a su conveniencia… -se susurró Milo, pero viendo el rostro ruborizado de Saori, no tuvo el corazón de negárselo-. Solo, tenga confianza en que sus Dioses Guerreros Dorados, le servirían incondicionalmente. Eso es todo lo que debe saber -aclaró Milo, y entonces escuchó a la multitud reuniéndose afuera-. ¿Por qué tanto alboroto? -preguntó Milo.

-Estamos a las afueras de Ulfrgard, los canticos de los guerreros eran para alertar a los dioses, y para despertar a nuestros oponentes -le aclaró Saori, sobresaltando a Milo-. Esa misma mirada me dio Alberich, si por él fuera, hubiera aprovechado el velo de la noche para atacar, sin que hubiera bajas importantes. Pero Jarl Svend insistió en que eran sus hombres, y sus costumbres. En sus palabras: "si los dioses duermen, no podrán vernos en batalla, ni enviarán a sus Valkirias por las almas de los caídos de ningún bando. Los muertos van al Valhala o al Fólkvangr, por eso es importante despertar a los dioses. Además de que, se les da la oportunidad a nuestros oponentes de prepararse, y a que los enfermos y niños escapen de la ciudad." Las hostilidades comenzarán solamente tras la ceremonia de la iniciación, que precederá Hilda -terminó de explicarle.

-Y mientras todo eso pasa, que Ulfrgard y Hlingard se preparen, ¿verdad? Los de Brávellir están dementes -se molestó Milo, quitándose los vendajes, y dirigiéndose a su Ropaje Sagrado, cuando recordó que Saori aún estaba en su carromato, y mirándolo fijamente con el rostro ruborizado-. ¿Le importaría? -preguntó Milo.

-¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! -salió Saori del carromato, y Milo continuó quitándose los vendajes y alistándose, mientras Saori, con el corazón acelerado, esperaba afuera del mismo- ¿Qué me pasa? Estoy siendo demasiado obvia -se quejó Saori, y Milo entonces salió del carromato, vistiendo su Ropaje Sagrado Dorado, el resto de los Dioses Guerreros Dorados se reunió con ella, y en cuanto todos estuvieron reunidos, esperaron sus órdenes-. Solo falta la ceremonia de iniciación -aclaró Saori, y comenzó a caminar en dirección al inmenso grupo de soldados, quienes, al verla y a sus acompañantes, les hicieron espacio.

Se había construido un templete provisional, frente al cual se encontraban los 29 Guerreros Vikingos, 15 de un lado, otros 14 del otro, y la caja de hierro con el ropaje del Berserker al final. Frente a ellos, a la izquierda, se habían posado los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, por lo que los Dorados intuyeron que ellos iban del lado derecho. Solo Mime no se encontraba con el resto, más bien se encontraba en el templete, junto con otros bardos, y con Hilda en el medio.

-Comenzaremos con los ritos de iniciación. Les pido que guarden silencio, y que escuchen con sus corazones, el himno con el cual hemos de recuperar lo que es nuestro por derecho. Mime… -pidió Hilda, y los bardos comenzaron a tocar una canción, e Hilda comenzó a entonar varias notas en diferentes tonalidades, para ajustar su garganta a lo que estaba por cantar, mientras algunos sirvientes, comenzaban a repartir hidromiel a los presentes.

"Bebemos por nuestra juventud, por los días que van y vienen.

Para la edad de la opresión, que está cerca de acabar.

Echaremos a la falsa, de esta tierra que nos pertenece.

Con nuestra sangre y acero, recuperaremos nuestro hogar.

Todos clamen a Saori, tú eres la diosa Hlin.

En tu gran honor bebemos y cantamos.

Somos los hijos de Midgard y luchamos toda la vida.

Y cuando el Valhala nos llame, cada uno de nosotros morirá.

Pero esta tierra es nuestra y la veremos limpia.

Por el azote que ha manchado, nuestras esperanzas y nuestros sueños."

En ese momento de la canción, Hilda comenzó a entonar canticos, y estos, sumados a aplausos, y a los canticos de los hombres de Brávellir, le dieron mayor fuerza a la ceremonia, mientras chocaban sus cuernos de Hidromiel, y bebían en honor a los dioses. La aurora sobre sus cabezas parecía resonar con los canticos, y algunos guerreros entre las filas comenzaron a apuntar al cielo. Entre las auroras, se veía marchar a las Valkirias, como fuerzas de cosmos con los colores del arcoíris, que habían sido enviadas por los dioses, quienes habían por fin despertado, y les hacían saber que esta batalla era oficialmente vigilada por ellos, y que los muertos, de cualquier bando, si lograban impresionar a los dioses, terminarían en alguno de los palacios de los dioses, y serían recompensados por su valentía en batalla, trayendo consigo la mayor de todas las glorias, la de poder compartir la muerte, al lado de los dioses a los que tanto amaban por su lealtad a los mismos humanos que ellos crearon.

"Todos clamen a Saori, tú eres la diosa Hlin.

En tu gran honor bebemos y cantamos.

Somos los hijos de Midgard y luchamos toda la vida.

Y cuando el Valhala nos llame, cada uno de nosotros morirá."

Bebemos por nuestra juventud, por los días que van y vienen.

Para la era de opresión que está cerca de acabar."

Una vez que la canción de Hilda terminó, el grito de aprobación de los presentes entonó con gran fuerza. Los hombres estaban inspirados, los dioses estaban despiertos, la sangre correría, y muriesen en batalla, con sus hermanos o sus hermanas a sus lados, todos encontrarían la gloria, todos subirían a la tierra de los dioses, cenarían con ellos, beberían con ellos, la emoción de encontrar tan glorioso fin, llenaba los corazones de los guerreros de impaciencia y sed de gloria.

-¡Los dioses han despertado! ¡Las Valkirias se encuentran en los cielos expectantes! ¡Los dioses juzgarán nuestras acciones! ¡Valientes guerreros de Brávellir, hoy la guerra estalla más fuerte que nunca! ¡Y el conflicto de 8 años de guerra, habrá llegado a su fin! -agregó Hilda, y los hombres celebraron, mientras Andreas se acercaba, y le entregaba una lanza de fresno muy hermosa, que Hilda comenzó a bañar en las aguas sagradas del rio que le habían traído en un recipiente, antes de arrodillarse, y presentar la lanza a los cielos- Asynjur Hlin -pidió Hilda, mientras Saori, nerviosa, era invitada al estrado, y se posaba frente a Hilda-. Es tradición, que el guerrero elegido y quien liderará las hostilidades, realice el lanzamiento en honor al dios Odín -le entregó la lanza, y Saori reverenció.

-La tradición ha de cumplirse -aceptó Saori, mientras Hilda se retiraba del estrado, y Saori comenzaba a incinerar su cosmos, rodeando la lanza de fresno que le habían otorgado con el mismo, y mostrando la misma ante los presentes-. La tradición en nombre de Odín, dictamina que, al iniciarse las hostilidades, los guerreros más grandes de ambos ejércitos, compitan en un enfrentamiento de lanzas. Al ejército del campeón vencedor, lo favorecerá Odín en la batalla. Al ejército del campeón derrotado, se le habrá negado el favor de Odín, y si quiere ganar en esta batalla, sus hombres deberán actuar con tal fiereza, que Odín deberá de reconsiderar su alianza. Esta, es la tradición de los pueblos guerreros, esta, es la forma en que se inician las guerras. Y es por este conducto, que he de elegir al Huskarl, que llevará a las tropas de Hlingard, a la victoria -presentó Saori, mirando a los hombres que la acompañaban, y dudando-. Esta… es la primera de mis elecciones como diosa… y requiero a mis consejeros a mi lado. Alberich… -llamó Saori, sorprendiendo al Dios Guerrero de la Osa Mayor-. Siegfried… -llamó también, y aquello preocupó a Hilda, pero Siegfried atendió sin reparos-. Frente a mí se encuentran, quien es mi sabiduría -presentó Saori a Alberich-. Y quien es mi fuerza -presentó Saori a Siegfried-. He de buscar su consejo ahora -prosiguió, y entonces bajó la mirada-. Mi mente me dice, que debería elegir a Siegfried como el portador de la lanza, Huskarl de la afrenta, y campeón de nuestras fuerzas -confesó Saori, enorgulleciendo a Siegfried-. Pero mi corazón, me dice que quien debería liderar, no es un Dios Guerrero de la Osa Mayor. Este honor, es uno de los más grandes, y pienso debería ser un Dios Guerrero Dorado quien debería de ejercerlo. Pero no considero que ninguno tenga la proeza militar de la que Siegfried es capaz -admitió.

-No se equivoca -agregó Siegfried, incluso antes de que Alberich pudiera hablar-. Pese a que admito que me siento honrado, la condecoración de Dios Guerrero Dorado, es superior a la de un Dios Guerrero de la Osa Mayor. Pedirme liderar por sobre de ellos, sería como pedir a un esclavo, pelear la batalla que le corresponde a un Jarl -le aseguró.

-Vaya, por fin estamos de acuerdo -se burló Alberich-. Tristemente, eso nos deja a elegir entre darle el honor a un herrero, un granjero, un ex-convicto, un sacerdote y un mercenario. Eso a menos que Dohko llegue a tiempo, que, conociéndolo, no llegará a tiempo a propósito para evadir responsabilidades -le recordó Alberich, quien entonces miró a los Dioses Guerreros Dorados-. De entre los presentes, mi apuesta va con el mercenario. Eso es todo lo que puedo aconsejarle, y antes de que vaya por allí buscando a Jarl Svend con la mirada, este movimiento perderá relevancia si le pide a Jarl Svend lanzar la lanza, elija, y hágalo pronto -finalizó Alberich.

-Supongo… que fue un pésimo momento para haber tenido esa conversación -se apenó Saori, quien despidió a sus consejeros, y se dirigió entonces al ejercito-. El honor que en estos momentos presento, y la responsabilidad que con ello conlleva, es el más sagrado en la presente batalla… -prosiguió Saori, mirando en dirección a los Dioses Guerreros Dorados-. Dios Guerrero Dorado de Antares, Milo de Escorpio -llamó, a lo que Milo reaccionó con curiosidad-. Por este conducto, te entrego el honor de realizar los ritos de inicio a las hostilidades, y te declaro como Huskarl de los ejércitos de Brávellir, que Jarl Svend Ulfson ha colocado bajo mi cargo -finalizó Saori, mirando a Jarl Svend, quien asintió en esos momentos, mientras Milo, miraba a Saori fijamente, y la intimidaba-. Esto no tiene nada que ver con… -intentó decir.

-Lo sé… -fue la respuesta de Milo, quien tomó la lanza, y comenzó a caminar por la planicie en medio de ambos ejércitos, mientras un hombre del ejercito contrario, cargando también una lanza de fresno, le hacía frente a Milo a la distancia. Milo alzó la lanza de fresno, el guerrero de Ulfrgard alzó la propia, ambos comenzaron a trotar, y a correr en dirección a la zona media, con las lanzas listas. El guerrero al que enfrentaba Milo, era conocedor del cosmos, pero no vestía un Ropaje Sagrado, solo pieles, armadura de cuero y un escudo de madera. El fornido hombre lanzó la lanza que cargaba, Milo lanzó la suya de igual manera. La puntería del valiente guerrero, y la fuerza de su lanzamiento fue tal, que Milo apenas pudo evadir la lanza, que le pasó muy cerca del rostro, mientras la suya, se clavó entre los ojos del guerrero, saliéndole por detrás de la cabeza con una lluvia de sus propios sesos. El valiente guerrero sonrió, y mientras la muerte lo alcanzaba, posó su mano sobre el hacha que llevaba atada al cinturón, asegurándose de tenerla a la mano, para que las Valkirias supieran que dio su vida en batalla-. ¡La primera sangre es nuestra! ¡Odín nos favorece! -exclamó Milo, alzando el puño, y contagiando a los hombres de Brávellir con su ímpetu, mientras Saori suspiraba agradecida, de que la lanza del guerrero caído, no le hubiera arrebatado a su Dios Guerrero- ¡Por Brávellir! ¡Por Hlingard! ¡Por la Asynjur Hlin! -materializó su lanza dorada Milo, y resonó en ese momento el cuerno de guerra vikingo en ambos bandos.

La gran marcha dio a inicio, no había máquinas de asedio, no había murallas, nadie se escondía detrás de barricadas, la primera de las batallas de la Guerra de Midgard, se libraba en campo abierto. Los hombres de la Capital de la Guerra, contra los hombres de la ciudad que entrena a los Dioses Guerreros. La noche se llenó del sonido de los pasos agigantados de los inmensos guerreros, el choque del metal contra el metal, auguraba una terrible masacre.

Los de Brávellir eran menos, pero entre sus filas contaban con 41 manipuladores del cosmos. Los de Ulfrgard eran más, y al pertenecer a la ciudad donde se entrenaban a los Dioses Guerreros, en su mayoría podían manipular el cosmos, lanzaban estocadas congelantes, congelando los brazos y piernas de los hombres de Brávellir que no contaban con el dominio del cosmos, pero quienes se negaban a rendirse pese a ello, y arremetían con sus escudos, cercenando cabezas, clavando sus lanzas, manchando la nieve de rojo.

El cosmos no era importante para muchos. Los de Brávellir se habían entrenado para asesinar gigantes y troles, y contaban con una ventaja aún más grande por sobre los hombres de Ulfrgard, y esa era que sus Dioses Guerreros contaban con un dominio de cosmos superior al de cualquier guerrero de Ulfrgard.

-¡De frente Dioses Guerreros de la Osa Mayor! -enunciaba Siegfried, con su espada Hrotti en mano, y lanzando la fuerza de su cosmos como torbellinos- ¡Lideremos la carga contra los manipuladores del cosmos! ¡Ventisca Valerosa del Dragón! -sus torbellinos despedazaban a las líneas de defensa de Ulfrgard, y los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, le seguían con orgullo.

-Con mi cosmos, enorgulleceré al Dios del Trueno y la Fuerza -se adelantó Tholl, inmenso ante los conjuradores de cosmos de Ulfrgard, quienes comenzaban a pensar que se trataba de un Jotunn-. ¡Puño del Titán! -enunció Tholl, lanzando un tremendo puñetazo, que envió a los conjuradores del cosmos por los aires, y a su ataque le siguió un aullido, proveniente de Fenril, rodeado de varios hombres de Ulfrgard, todos vistiendo pieles de lobo.

-Ulfrgard se jacta de hacer sus armaduras de batalla con los cadáveres de mis hermanos. Mi jauría y yo tenemos cuentas pendientes con ustedes, asesinos -prosiguió Fenril, y tras él, varios lobos se reunieron, uno de los cuales contaba con un peculiar color turquesa-. Es bueno verte de nuevo, Ging -saludó Fenril a una loba que aullaba con orgullo y lideraba una jauría a encuentro de uno que consideraban parte de los suyos-. ¡Terminen con todos los que vistan las pieles de nuestros hermanos! ¡Puño de los Lobos del Norte! -exclamó Fenril, y en persecución con su jauría, comenzó la matanza de guerreros de Ulfrgard.

-Estos salvajes me están robando el protagonismo, pero es hora de recuperarlo -alzó su brazo izquierdo Alberich, mientras los guerreros de Ulfrgard se dirigían a él con sus armas listas-. ¡Unidad de la Naturaleza! -enunció Alberich, forzando a la nieve a su alrededor a escuchar su comando, y alzarse en forma de inmensas estalagmitas de hielo, que despedazaron los cuerpos de quienes corrían a su encuentro.

-No puedo concentrarme tan bien con ese sujeto en nuestras filas -se preocupó Hagen, evadiendo espadazos y ataques de hacha de varios que lo rodeaban, mientras observaba a Ullr de Puppis Pi, Guerrero Vikingo de Geri, y quien secretamente era un enemigo, evadir sin atacar a los hombres de Ulfrgard, pero de igual manera no atacaba a los hombres de Brávellir-. ¿Dónde diantres está la lealtad de ese sujeto? Tendré que mantenerlo vigilado, pero debo concentrarme también en esta batalla. ¡Gran Presión Ardiente! -incineró su cosmos Hagen, rodeando a sus oponentes de flamas, e hiriéndolos severamente.

-Es momento de demostrar mi lealtad. ¡Garra del Tigre Vikingo! -resonó el grito de Syd, quien de un movimiento hirió gravemente a varios soldados de Ulfrgard, quienes cayeron con los cuerpos desgarrados y fragmentados por los veloces ataques de Syd, quien al parecer, pese a toda su velocidad, se vio sobrepasado por un guerrero inmenso con vestimenta de oso, quien intentó herirlo con su hacha de mandoble, aunque eso no ocurrió gracias a la intervención de un Guerrero Vikingo, quien atravesó el pecho del oponente de Syd con un boomerang y le cortó la cabeza de un movimiento con otro- Yo te conozco -subió sus defensas Syd, pero el hombretón lo ignoró y siguió atacando a los hombres de Brávellir.

-Concéntrate, Syd… -escuchó Syd a Mime, quien mantenía aprisionados a varios hombres de Ulfrgard en las cuerdas de su lira, mientras entonaba una hermosa melodía-. No es momento de pensar en riñas personales, es momento de actuar y recuperar el reino de Midgard en el nombre de Saori. Y hemos de demostrarle nuestra lealtad de forma definitiva. ¡Acorde Mortal! -exclamó Mime, despedazando los cuerpos de los guerreros de Ulfrgard, y cuando estos estuvieron acabados, un silencio sepulcral cayó en todo Ulfrgard- ¿Dónde están los Dioses Guerreros Dorados? -se preguntó Mime, mientras el resto de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor se reunían con él, y con sus cosmos encontraban a los Dioses Guerreros Dorados, en medio de un grupo extenso de oponentes caídos, y todos en guardia.

-Huskarl Milo… -intentó acercarse Siegfried, cuando Milo lo detuvo con su mano alzada, deteniendo la marcha de los presentes-. Tal parece que algo mantiene inquietos a los Dioses Guerreros Dorados… -apuntó Siegfried con cautela, y entonces pudo sentirlo-. Este cosmos… no hay nada que temer, Milo, ya lo esperábamos -intentó decir Siegfried, cuando de pronto, Mu elevó su cosmos ante el rugido de un Dragón que se aproximaba, sorprendiendo a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor.

-¡Muro de Cristal! -se defendió Mu, aunque no logró alzar su muro a tiempo para impedir el tremendo puñetazo de Dohko, el Dios Guerrero Dorado de Libra, quien, con una arrogante sonrisa, envió a Mu por los Aires, aunque el de Aries cayó grácilmente, sin daño aparente.

-Impresionante, sobrepasé la velocidad de tu muro, pero aun así lograste esquivar mi golpe. ¡Veamos qué tan fuerte eres tú! ¡Tigre Descendente! -se lanzó Dohko en dirección a Aioria, quien rugió con la fuerza del León.

-¡Relámpago de Voltaje! -exclamó Aioria, y el Tigre y el León se encontraron en el cosmos, puño de Libra y puño de Leo colisionaron, y aunque impresionado, Dohko viró su puño solo un escaso centímetro, forzando a su brazo a resbalar por sobre el Ropaje de Aioria, sacando chispas, que usó para cegar a Aioria, quien retrocedió, pero logró evadir la tremenda patada de Dohko pese a estar momentáneamente cegado.

-Instintos con reflejos aumentados, movimientos a la velocidad de la luz misma. Sobresaliente -prosiguió Dohko, mientras Aldebarán se posaba inmenso a sus espaldas, con sus enormes brazos unidos en sus manos, que bajó rápidamente, forzando a Dohko a cubrir con su escudo, y ser lanzado por la nieve, hasta estrellarse con un edificio de madera, que quedó enteramente pulverizado-. Fuerza descomunal, y una velocidad de ataque impresionante -dedujo Dohko.

-¡Gran Cuerno! -enunció Aldebarán, forzando a Dohko a cubrir con ambos escudos y resistir el ataque de Aldebarán, quien quedó sorprendido con la fuerza de los escudos dorados que portaba el Ropaje Sagrado de Libra.

-¡Invocación del Demonio! -atacó Shaka de pronto, sobresaltando a Dohko, quien vio a figuras de niebla como cráneos agresivos dirigiéndose en su dirección, forzando a Dohko a evadir, e impactar a algunos de ellos con sus brazos y piernas, aunque estos se volvían cada vez más agresivos.

-Como era de esperarse del Dios Guerrero Dorado más cercano a los dioses -terminó Dohko, evadiendo hasta el último de los espíritus lanzados por Shaka, y observando el cómo se preparaba para abrir sus ojos, y el tremendo poder que se asomaba de su interior-. No aún, me queda un último individuo a quien juzgar -incineró su cosmos Dohko, cegando a Shaka momentáneamente, quien recibió el destello de luz directo al rostro, mientras Dohko se dirigía a Milo-. ¡Demuéstrame tu fuerza! ¡Tigre Descendente! -prosiguió Dohko, transformado en el poderoso Tigre, el cual Milo enfrentó cruzando los brazos, y recibiendo el ataque de Dohko, quien sonrió ante lo que estaba presenciando. Su ataque había sido bloqueado perfectamente, y no solo eso, sino que la fuerza del cosmos que había utilizado, comenzaba a rodear a Milo, como si se formara un torrente de cosmos similar a un torbellino de agua embravecida, Milo entonces abrió las manos, redirigiendo el cosmos de Dohko en su dirección, pero en una fracción de segundo, el estallido liberado por Milo fue evadido por Dohko.

-Este sujeto es… -se impresionó Milo, mientras Dohko caía a sus espaldas, y alzaba el brazo como en un gancho al mentón de Milo, pero deteniéndose a escasos centímetros de su rostro-. No eres un Dios Guerrero ordinario… -aceptó Milo con una sonrisa.

-Tú también me impresionas, Huskarl Milo, mira que medir la extensión de mi ataque con tu brazo y dejarme ligeramente acorralado. Un centímetro más adelante, y la primera de tus agujas estaría en mi vientre -miró Dohko hacia abajo, a donde Milo mantenía su aguja a escasos centímetros del vientre de Dohko-. Todos ustedes, me han sorprendido. La verdad es que me esperaba a un grupo de mocosos sin control de sus Ropajes Sagrados. Puedo ver que todos y cada uno puede defenderse, y tiene un excelso dominio del cosmos, en especial… -miró Dohko en dirección a Shaka, quien reverenció en ese momento-. Si tuviera que adivinar, solo un Dios Guerrero Dorado con una fuerza tan brutal como la que posees, sería capaz de entrenar a un herrero, a un granjero, a un ex-convicto, y a un mercenario hasta alcanzar esta fuerza. Pero a qué costo… -dedujo Dohko, dirigiéndose a Shaka-. Tu cosmos está sellado en tus ojos, pero ese cosmos… no se encuentra para nada en calma. ¿Qué fue exactamente lo que hiciste? -le preguntó Dohko.

-Sometí a los Dioses Guerreros sin entrenamiento a una Batalla de los 1,000 días contra las inclemencias del clima -le explicó Shaka, sorprendiendo a Dohko-. Todo el tiempo, utilizando mi cosmos para debilitar sus cuerpos con ataques directos a sus mentes que les hicieran peligrar la vida. En otras palabras, maestro Dohko, mientras ellos subsistían con sus cosmos resistiendo el clima y mis embistes, yo no lograba meditar al usar mi cosmos para atacarlos, mientras subsistía yo mismo. Recibí el mismo castigo que mis compañeros, con la fatal diferencia de que mi cuerpo está aún más deteriorado que el de ellos -le mostró Shaka su cuerpo recubierto en vendajes-. Estas heridas me las hicieron hace 3 años. No han sanado porque mi cuerpo no ha tenido el descanso suficiente para hacerlo. El cosmos reunido en mi sentido de la vista, está desbordante, ya que no he logrado recuperarme físicamente, ni he meditado lo suficiente. Me tomará mucho tiempo el recuperar mi verdadero potencial -aclaró.

-Sacrificar el bien menor por el bien mayor -dedujo Dohko-. Preferiste llevar a 4 Dioses Guerreros perfectamente entrenados, y a uno moribundo, que a un Dios Guerrero en pleno control de su cosmos, pero con 4 bultos mal entrenados -insultó Dohko, molestando a los presentes-. Admiro tu entrega, y por nuestro bien, será mejor que puedas combatir -le recriminó Dohko, y entonces sonrió con fuerza, mientras una muy feliz Saori corría a encuentro de Dohko tras notar que la batalla había terminado, y lo abrazaba con fuerzas-. ¡Saori! ¡Diste el estirón! -se sorprendió Dohko.

-Qué bueno es verte de nuevo, Dohko -sonrió Saori, pero el gusto le duró muy poco, mientras miraba en dirección a la ciudad de Hlingard, y al Santuario-. Derbal… definitivamente ya debe saber que vinimos a enfrentarlo. Nos espera una dura batalla -aseguró Saori.

-Después de la victoria en Ulfrgard, lo considero poco probable -le aseguró Dohko, reuniéndose con el resto de Dioses Guerreros Dorados, quienes tras el abrazo de Saori, sabían que Dohko no era un enemigo-. Hay un par de discípulos míos allí en el Santuario. Sus lealtades están equivocadas, pero no son seres de mal. Si los conozco tan bien como sé que los conozco, evitarán que esta matanza se repita y nos invitarán a un Combate de Dioses -aseguró Dohko, observando el Santuario con orgullo-. Debo adivinar que eres el Huskarl elegido por Saori, ¿no es así? -preguntó a Milo, quien asintió en ese momento-. El mercenario. Yo hubiera elegido al más poderoso, pero con esa cara de pasividad, es natural que eligieran al más aguerrido. Muy bien, Huskarl Milo, he de recomendarle que monte campamento, y que prepare audiencia con los manipuladores de cosmos para presentarnos ante las puertas de Hlingard.

-Primero, Saori me eligió por las razones equivocadas -aclaró Milo, mirando a Dohko fijamente, y apenando a Saori-. Considero que el Viejo Maestro, el héroe legendario de Midgard, Huskarl de la anterior Orden Dorada, debería de liderar -le pidió Milo.

-Eso no va a pasar -aclaró Dohko con una sonrisa pícara en su rostro-. Yo ya sufrí el estrés de ser Huskarl hace más de 100 años. Te toca, novato holgazán -lo molestó Dohko, y Milo, reverenció en ese momento-. ¿Quién le enseñó modales a este sujeto? Esperaba que me recriminara y me insultara -se fastidió Dohko.

-Viejo Maestro, compórtese -llegó Hilda con el resto de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, con Jarl Svend, y con los Guerreros Vikingos a su lado, un par de los cuales se ganaron miradas de desaprobación tanto de Hagen como de Syd-. No es momento de que incite a la violencia, estamos en guerra, y mientras más nos tardemos, más preparados estarán nuestros enemigos -finalizó Hilda, mirando en dirección al Santuario.

Santuario de Hlingard. Sala del Consejo de Guerra.

-Ulfrgard ha caído, no sé por qué no me sorprende -agregó el Alto Jarl Derbal, reunido en el consejo de Guerra con el Sumo Sacerdote Saga, los Dioses Guerreros de la Osa Menor, y los Dioses Guerreros Dorados fieles a Lyfia-. Eligieron el momento más incómodo de todos. Mañana es el cumpleaños de la Asynjur Hlin. Por consiguiente, debemos acabar con esta guerra antes de las celebraciones, es un tiempo sagrado para nosotros -aclaró Derbal.

-Con el debido respeto, Alto Jarl Derbal -interrumpió Saga-. A riesgo de molestar a la Asynjur Hlin, es una fecha cualquiera en estos momentos. Lo que apremia es la guerra frente a nuestras puertas -le aseguró Saga, y Derbal asintió, aunque tenía otras razones para demostrar su preocupación-. ¿La Asynjur Hlin nos acompañará en la reunión de consejo? -preguntó Saga, extrañado de que Lyfia no se presentara en la sala del Consejo de Guerra.

-Está indispuesta -fue la respuesta de Derbal, misma que no agradó a Saga-. Hlin es la Asynjur de la Esperanza y la Paz, la guerra la hace enfermar, Saga. Me ha pedido personalmente hablar en su representación -le aseguró.

-Le recuerdo, Alto Jarl Derbal, que ahora que soy Sumo Sacerdote, las decisiones se median entre nosotros -le aseguró Saga, lo que molestó a Derbal-. No iniciaremos esta reunión de Consejo de Guerra, sin la presencia de la Asynjur Hlin -finalizó.

-Harías bien en escuchar al Alto Jarl, Saga -escuchó Saga, mientras Lyfia entraba en la habitación, seguida de Loki, quien miró de reojo a Derbal, mismo que le agradeció en silencio-. Si el Alto Jarl Derbal te dice, que tiene mi permiso para hablar en mi representación, es porque lo tiene. Pero en vista de que insistes en cuestionarlo, he venido para reafirmar mi autoridad. ¿Quién tiene el reporte del ataque a Ulfrgard? -preguntó Lyfia, sentándose en su trono entre Derbal y Saga, mientras Frodi se ponía de pie.

-No hay mucho que reportar, señorita Lyfia -agregó Frodi, mirando a Lyfia fijamente, como si tuviese el deseo de que ella lo notara con ojos de esperanza y amor, para los cuales Lyfia se mostró indiferente-. Los atacantes del reino de Brávellir, dieron la posibilidad a Ulfrgard a ser evacuada, usando los canticos para despertar a los dioses. Por ello, las bajas fueron de soldados solamente. Las familias fueron movilizadas a Hlingard, y se refugian en las barracas interiores -finalizó con su reporte Frodi.

-Me alegra escucharlo. Es una tragedia lo que ocurrió con sus familiares, pero lloraremos a las familias perdidas en un momento más pertinente -le aseguró Lyfia, y Frodi asintió ante aquellas palabras-. Debo suponer que los atacantes de Brávellir darán la misma alternativa de evacuación a Hlingard. Si ese es el caso, quiero que los ejércitos se preparen para la evacuación por la salida a Vígrídr. ¿Puedes arreglar la evacuación, Loki? -pidió Lyfia a Loki, quien miró a Derbal antes de responder- Puedes contestarme sin necesidad del permiso de Derbal, Loki -agregó Lyfia en un tono de molestia.

-Lo comprendo, mi señorita -aseguró Loki, lo que molestaba a Derbal-. Simplemente quería preguntar al amo Derbal, antes de ir a realizar los preparativos para la evacuación, si requería más materia prima para la investigación de Fafner -preguntó Loki, mirando en dirección a Fafner, quien se presentaba nervioso ante todo lo que ocurría a su alrededor.

-Ah, la materia prima, ya lo había olvidado -mintió Derbal, mirando a Fafner fijamente-. La evacuación es muy importante, pero he de recordarle, Asynjur Hlin, que teníamos un arreglo pendiente. En caso de que Brávellir atacara nuestras tierras, contemplaríamos el uso de la ruptura del Sello de Yggdrasil, si lográbamos recrear los Zafiros de Odín y romper la conexión que ellos poseen -le recordó, y Lyfia meditó al respecto-. Fafner, el tiempo apremia, y Loki debe comenzar con la evacuación. Dime entonces, ¿se logró cumplir con el cometido? -le preguntó Derbal, mientras Fafner, temeroso, se acercaba al Alto Jarl- A mí no, tonto, a Saga -le recriminó Derbal, y Fafner, en nerviosismo, se dirigió al Sumo Sacerdote, entregándole una bolsa, de la cual Saga extrajo un grupo de 7 objetos de color rosado-. Vaya, que belleza -agregó Derbal, mirando los objetos en manos de Saga.

-Pero son inservibles -agregó Saga, rodeando los objetos con su cosmos, y notando que estos no reaccionaban, lo que molestó a Derbal, quien miró a Fafner fijamente-. Siento una fuerza en su interior, pero es una fuerza diferente a la de nuestro señor Odín. Estos… Nuevos Zafiros de Odín, están incompletos -aseguró Saga.

-En efecto, Sumo Sacerdote Saga -se apenó Fafner, molestando sobremanera a Derbal, quien se encontraba más que furioso, y al ver la ira en su rostro, Fafner se mostró intimidado-. Pero aún no es tarde para que funcionen. Si la materia prima, que aún se encuentra en la ciudad, se utiliza para cortar la conexión de los Zafiros de Odín con Asgard. Puedo hacerlo si me permiten el tiempo para ello -les explicó Fafner, y Saga lo pensó.

-Puedo conseguirle la materia prima que desea, mi señor -aclaró Loki, mirando a Derbal fijamente-. Yo mismo me encargaré de suministrarla, tan solo debe de dar la orden -insistió Loki, y Derbal lo pensó.

-La decisión ya no es mía, todos conocen mi postura perfectamente -miró Derbal a Saga, quien pensó en lo que Derbal decía mientras sostenía los Nuevos Zafiros de Odín en su mano-. Solo permíteme recordarte, Saga, que en las líneas enemigas viajan los 30 Guerreros Vikingos, los 7 Dioses Guerreros de la Osa Mayor con los Zafiros de Odín en sus ropajes, y la mitad de los Dioses Guerreros Dorados. Podríamos usar esta ventaja a nuestro favor, actualmente me temo que nuestros números no son… favorables… -le recordó Derbal.

-¿Estos Nuevos Zafiros de Odín, serán capaces de resistir la ruptura del Sello de Yggdrasil, Fafner? -le preguntó Saga, y Fafner, aunque preocupado, asintió a sus palabras- Tengo mis dudas, Asynjur Hlin. Una vez abierto el Sello de Yggdrasil, no podrá volver a cerrarse. Si equivocamos y traemos a Bor a este mundo, y el Dios de la Tierra no es forzado a la obediencia por los Nuevos Zafiros de Odín… nos destruirá a todos -le recordó Saga, y Lyfia meditó al respecto.

-No creo que tengamos muchas alternativas -agregó Lyfia, quien de pronto comenzó a sentirse mal y a tomarse la frente, lo que preocupó sobremanera a Derbal-. Si la falsa… si la… falsa… Saori… yo creo que… -comenzó a estremecerse Lyfia y a perder el heterocroma de sus ojos, por lo que Derbal actuó rápidamente, cubriendo a Lyfia con su capa, y pretendiendo que le brindaba calor.

-¡Saga! ¡La guerra a nuestro alrededor está afectando a Lyfia nuevamente! ¡Por eso te dije que no debía bajar del Santuario! -se molestó Derbal, mientras Lyfia se estremecía, y gritaba, recuperando sus sentidos- ¡Te doy autoridad completa! ¡Decide lo que sea lo mejor! ¡Loki! ¡Si Saga da la orden, ya sabes que hacer! ¡Lleva esto contigo de ser necesario! -se apresuró Derbal, lanzándole una estatuilla a Loki, quien reverenció, y la ocultó rápidamente- ¡Saga! ¡Antes de irme déjame recordarte el peso de tu cargo ahora! ¡Todo lo que pase de aquí en adelante, recaerá en tu alma! -terminó Derbal, preocupando a Saga, mientras Derbal se retiraba con una Lyfia que le mordía la mano intentando soltarse, algo que nadie notó gracias a que Derbal la había cubierto con su capa, y que tras salir por la puerta trasera que daba a las 12 Moradas de los Dioses, Derbal se cobró al cachetear a Lyfia con fuerza y dejarla inconsciente.

-¡Sumo Sacerdote Saga! -exclamó Loki, sobresaltando a Saga, quien aún miraba a los Nuevos Zafiros de Odín con cautela- El Alto Jarl Derbal protegerá a la Asynjur Hlin por sobre todo y todos, pero a su reino nadie lo protege. ¿Qué debe hacerse? ¿Autorizará la evacuación? ¿Permitirá el uso de la materia prima? -preguntó Loki, impaciente.

-Yo… -intentó decir Saga, y apretó los Nuevos Zafiros de Odín con fuerza-. No es el momento de dudar, Brávellir está a nuestras puertas, y llegarán al Santuario dentro de poco -aseguró Saga, guardando los Nuevos Zafiros de Odín en su túnica-. Dioses Guerreros Dorados, vayan a sus respectivas moradas y defiéndanlas de los invasores. Yo romperé el Sello de Yggdrasil, utilizando los Nuevos Zafiros de Odín. ¡Fafner! ¡Apresúrate! ¡Si el sello se rompe y los Nuevos Zafiros de Odín no logran apaciguar la ira de Bor, todos estaremos muertos! -le aseguró Saga.

-Así se hará, amo Saga -reverenció Fafner, dirigiéndose a Loki, y sacando del interior de su capa 3 piedras de reducido tamaño, mismas que impresionaron a Saga-. Estas son 3 de las 4 Rocas de los Mundos Oscuros, lo único que queda de ellas gracias al idiota de Shaka que de alguna forma logró dañarlas. Entrégaselas a nuestros infiltrados, y diles que las usen para el Blót en honor a Odín -le explicó Fafner, Loki reverenció, e inmediatamente fue a cumplir su encomienda-. Está hecho, mi señor, puede usar los Nuevos Zafiros de Odín para romper el sello y despertar a Bor -le indicó Fafner, Saga asintió, dirigiéndose a los Dioses Guerreros de la Osa Menor, y entregándoles a cada uno un Nuevo Zafiro de Odín.

-Eleven sus cosmos en torno a los Nuevos Zafiros de Odín. No hay tiempo que perder, traeremos a Bor a este mundo -enunció Saga, y los Dioses Guerreros de la Osa Menor obedecieron, concentraban su energía alrededor de los Nuevos Zafiros de Odín, y Saga, aunque dudoso, comenzaba a hablar en una lengua antigua y prohibida.

Ciudad de Hlingard.

-Qué extraño, debería haber una audiencia a las entradas de la ciudad -exclamó Dohko, mientras los Dioses Guerreros Dorados se adentraban en la ciudad de Hlingard, seguidos de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, de los Guerreros Vikingos, de Jarl Svend Ulfson, y de Saori e Hilda-. Me sorprende que sean tan descuidados como para dejarnos entrar sin precauciones algunas -aseguró Dohko, mientras el grupo avanzaba con cautela, fallando en darse cuenta de que una sombra aparecía detrás de ellos, una sombra, que susurró al oído de un par de Guerreros Vikingos, quienes asintieron en ese momento, colocaron sus manos sobre las agarraderas de metal de las puertas metálicas de Hlingard, y accionaron las cadenas, bajando los barrotes de hierro de las puertas de la ciudad, y dejando afuera de la misma a los guerreros comunes que acompañaban al grupo-. ¿Qué ha sido eso? -exclamó Dohko con preocupación, y una vez los barrotes cayeron, una inmensa fuerza de cosmos de hizo presente, mientras una especie de domo de cosmos comenzaba a rodear a la ciudad de Hlingard en una cúpula translucida-. Esto es… -se sobresaltó Dohko, elevando su cosmos, y preparando una de sus técnicas más poderosas-. ¡Los 11 Ríos de Élivágar! -lanzó la fuerza de su cosmos Dohko, transformada en 11 Dragones de agua, que se estrellaban contra la cúpula de cosmos, que no recibió daño alguno.

-¡Ustedes! -se apresuró Hagen, colocándose frente a Ullr, desafiándolo con su cosmos, mientras el Guerrero Vikingo de Geri sacaba una espada de su vestimenta. Syd acompañó a Hagen, mirando al inmenso Guerrero Vikingo que estaba junto a Ullr.

-Sabía que me eras familiar, eres Rung -sentenció Syd, por fin descubriendo la identidad del Dios Guerrero que había sido enviado para darle muerte-. No puedo creerlo, ¿por qué vistes el Ropaje de un Guerrero Vikingo? -sentenció Syd, mientras el cosmos de Rung desafiaba a Syd.

-¿De qué se trata esto, Ullr de Puppis Pi, Guerrero Vikingo de Geri? ¿Qué haces Rung de Puppis Iota, Guerrero Vikingo de Mökkurkalfi? -exigió saber Huskarl Harald, intranquilo sobre la lealtad de sus Guerreros Vikingos- ¿No piensan hablar? Entonces exigiré respuestas de su superior. ¡Roki! -buscó Harald, y tras mirar en dirección a uno de sus Guerreros Vikingos, este desapareció, como si siempre hubiese sido una ilusión- ¿Qué clase de magia es esta? -se fastidió Harald, mientras los Guerreros Vikingos restantes preparaban sus armas.

-Aquí, Huskarl Harald -habló Loki, el sirviente de Derbal, quien llegaba vistiendo un Ropaje Sagrado, este perteneciendo a un Guerrero Vikingo-. Aunque la verdadera pronunciación de mi nombre, es Loki. Y debo confesarle que nunca le fui leal, no soy Roki de Puppis Ómicron, Guerrero Vikingo de Freki, como siempre ha creído. Tan solo fingía serle leal, como hacían Ullr y Rung, ya que requeríamos de un Ropaje Sagrado de un Guerrero Vikingo como materia prima, para nuestros verdaderos Ropajes Sagrados -le explicó Loki, extrayendo de su Ropaje Sagrado un Zafiro Oscuro, igual al que en esos momentos llevaban Ullr y Rung.

-En el nombre de Odín, libérate, Ropaje Sagrado de Huargo -exclamó Ullr, mientras su Ropaje Sagrado se transformaba, adquiriendo aquella forma que para Hagen era tan familiar-. Cumplí mi promesa, Hagen. Flare se encuentra a salvo y no ha sido utilizada en el Blót, y así permanecerá si me brindas la batalla que he estado buscando -exclamó Ullr, enfureciendo a Hagen, quien no podía creer que alguien tan despiadado le fuera leal a Odín.

-En el nombre de Odín, libérate, Ropaje Sagrado de Hrungnir -exclamó Rung, mientras su Ropaje Sagrado se transformaba, adquiriendo la forma de un Jotunn inmenso y fiero, que estremeció el cosmos de Syd, quien subió su defensa en contra del hombretón-. Es hora de que terminemos lo que empecé hace 3 años, Syd. Esta vez no te me vas a escapar -finalizó.

-En el nombre de Odín, libérate, Ropaje Sagrado de Úlfhedinn -exclamó Loki, mientras su Ropaje Sagrado se transformaba, adquiriendo la forma de un Hombre Lobo de ojos escarlata, que poseía un cosmos muy similar al de un Dios Guerrero Dorado-. Ullr, Rung -exclamó Loki, lanzándoles a cada uno de ellos una de las rocas que le había brindado Fafner, a Ullr una color de Esmeralda, a Rung una color de Zafiro, mientras él guardaba la de color Rubí-. El Blót a Odín debe llevarse a cabo, sacrifiquen a los cobardes que evacuaron Ulfrgard, y a los cobardes que huyen de Hlingard, yo acabaré con los prisioneros de guerra de los calabozos -ordenó, sobresaltando a Ullr y a Rung-. ¡Es la orden del representante de Odín en Midgard! -agregó.

-Eso es ridículo. ¡Odín jamás pediría un sacrificio tan ruin! ¡Yo soy la verdadera representante de Odín en Midgard! -exclamó Hilda, pero obedeciendo a sus instrucciones, Ullr y Rung escaparon en direcciones opuestas, perseguidos por Hagen y por Syd- ¡Esperen! -exclamó Hilda, y Loki decidió ejecutarla, lanzando un ataque en forma de un lobo esmeralda, Siegfried se preparó para defender a Hilda, pero fue Fenril quien interceptó el ataque.

-No permitiré que se siga irrespetando a los lobos, el Hombre Lobo es mío -sentenció Fenril, lanzando estocadas en contra de Loki, quien tras intercambiar unos cuantos golpes con Fenril, lanzó una estatuilla de hielo al suelo, a los pies de Saori.

-Esa es… -habló Dohko preocupado-. ¡Saori sal de allí! -le gritó con fuerza, y Milo, intuyendo peligro, tomó de la mano de Saori y la lanzó a un lado, a momento que una inmensa mano salía de la nieve debajo de Milo, cuando la estatuilla se transformaba en un Jotunn de la Escarcha, más grande inclusive que el Jotunn de Roca al que había enfrentado Milo, y que puso a todos los presentes a la defensiva- ¡Un Jotunn de Escarcha! ¿Cómo se ha hecho Derbal del servicio de los Jotnar! -enfureció Dohko, mientras el Jotunn lanzaba a Milo por los aires, quien fue atrapado por Shaka usando su telekinesis para volverlo a colocar en el suelo.

-¿Saori? ¿Estás bien? -se preocupó Milo, corriendo en dirección a Saori, quien apenas y se recuperaba, y en el momento en que Milo se acercó para ayudarla a escapar del inmenso Jotunn que se alzaba, un corte de cosmos y hielo le cortó el camino, partiendo el suelo alrededor de Saori, mientras una figura en Ropaje Sagrado color blanco, atrapaba a Saori por la cintura.

-De modo que, patéticos Dioses Guerreros, ustedes se atrevieron a pensar que Derbal no tenía todo bajo control en todo momento -habló Bud, sorprendiendo al grupo, a Hilda incluida, quien era la única que conocía de la existencia del gemelo de Syd-. Es increíble lo ingenioso que es ese sujeto, en verdad, si alguien puede vencer a los dioses, ese es el amo Derbal. Y ustedes, sucios Dioses Guerreros, serán exterminados por el Asesino de Dioses. ¡Fulmínalos, Jotunn! -ordenó Bud, a momento de que el inmenso Jotunn se puso de pie en su totalidad, y azotó su mano en contra de los Dioses Guerreros Dorados, quienes vieron sus velocidades reducidas, y fueron impactados por el inmenso ser, aunque Aldebarán logró empujar la mano del Jotunn y evitar así que los aplastaran- Nos vamos, Asynjur Hlin -se burló Bud.

-¡No! ¡Suéltame! ¡Milo! -gritó Saori aterrada, y Milo, tras escuchar su nombre, intentó correr tras Saori, dándose cuenta de que su velocidad no le permitía ir más rápido que un ser humano promedio y, en consecuencia, siendo pateado por el Jotunn, que lo lanzó al aire hasta estrellarse con la barrera de cosmos, detrás de la cual los guerreros de Brávellir intentaban, incansablemente penetrar el domo.

-¡Saori! -se puso de pie Milo, elevó su cosmos para intentar ir tras ella, pero nuevamente su velocidad no aumentaba, y tuvo que evadir un pisotón de parte del Jotunn, mientras todos los que se encontraban dentro del domo se acomodaban alrededor del Jotunn- ¿Qué está pasando? ¿Por qué no puedo aumentar mi velocidad? -se preocupó Milo.

-¡Es el Escudo de Odín! -exclamó Dohko, evadiendo los puños del Jotunn que intentaban aplastarlo, mientras Dohko se debatía entre ir a rescatar a Saori, o enfrentarse al Jotunn-. Se supone que el Escudo de Odín sea un mecanismo de defensa de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, ante los ataques de los Jotnar. Se acciona al utilizar los 7 Zafiros de Odín en ceremonia del Sumo Sacerdote, y es la primera línea de defensa del Santuario. Un Escudo de Cosmos que mantendrá a los Jotnar fuera del Santuario por un periodo de 24 horas. El Escudo de Odín no puede romperse, nada entra y nada sale hasta que finalicen las 24 horas -les explicó.

-¿Por qué alguien usaría un mecanismo de defensa tan extraño? Nada puede salir, pero nada puede entrar -se preguntó Aldebarán, mientras con la ayuda de Tholl, detenían ambos el puño cerrado del Jotunn que intentaba aplastarlos-. Si fuera un escudo que permitiera la evacuación de la ciudad lo entendería, pero también es una prisión -se quejó Aldebarán.

-¡Eso es exactamente lo que es! -les explicó Dohko, apuntando al Santuario, más específicamente hablando al Palacio de Hlingard, donde una grieta en el cielo comenzaba a abrirse, y ladrillos de un material extraño, comenzaban a ser lanzados de la grieta en el cielo, como si construyesen una inmensa torre- El Escudo de Odín se activa con la ayuda de los Zafiros de Odín, y su poder consta de 2 fases, cada una de 12 horas -les explicaba Dohko-. Por las primeras 12 horas, mientras el Sello de Yggdrasil está abierto, se comienza a materializar un inmenso reloj, el Reloj de Bor, el padre de Odín, el Dios de la Tierra y el Tiempo -explicó Dohko, mientras el inmenso reloj comenzaba a formarse-. Este reloj tiene la capacidad de expulsar a cualquier criatura de regreso al mundo al que pertenece, siempre y cuando se encuentre dentro de los confines del Reloj de Bor. De este modo, si los Jotnar atacaran Hlingard y al Santuario, requerirían de tan solo 24 horas para hacerlo, o el poder del Reloj de Bor los devolvería a todos a su mundo, al Jotunheim -proseguía Dohko, evadiendo nuevamente el ataque del Jotunn.

-Ya entiendo -exclamó Mu, usando un Muro de Cristal para evitar que el Jotunn pisoteara a los Guerreros Vikingos-. Al estar todos encerrados en el Escudo de Odín, y al paso de las 12 horas tras la materialización del Reloj de Bor, los Jotnar podrían ser expulsados sin posibilidad de escape de los territorios de Hlingard -dedujo Mu.

-Eso es parcialmente cierto. Ya que el Escudo de Odín solo puede usarse una vez cada 100 años -les explicó Dohko, sintiéndose sumamente molesto-. Ese escudo, se supone que debería usarse únicamente para una guerra en específico, y no es contra los Jotnar… el Reloj de Bor puede usarse indefinidamente siempre y cuando se le permita recargarse, pero el Escudo de Odín, toma 100 años para volver a funcionar. ¡Esto es un desperdicio sin precedentes! ¡Deliberadamente están utilizando este escudo para dividir nuestra avanzada! ¡Lo que es ridículo! ¡Hay guerras más importantes que las guerras entre humanos! -enfureció Dohko, aunque aquello era algo que quienes lo acompañaban no podían comprender.

-Yo solamente tengo una duda -agregó Aioria, tras impactar el rostro del Jotunn con fuerza, y hacerlo retroceder un par de pasos-. Si el Escudo de Odín no está diseñado para mantener a los Jotnar atrapados, y eso es solo un efecto colateral. ¿A quién sí quieren mantener atrapado? -se preguntó Aioria, y Shaka comenzó a sudar frio en ese momento.

-Bueno, Aioria, hay una razón de peso para que se llame el Reloj de Bor -le explicó Shaka, mientras un dios de piel oscura, ojos rosados, y cabello largo y negro, rodeado de una infinidad de cadenas, comenzaba a bajar desde la grieta, junto a una cara inmensa de reloj con 12 grabados que les parecían muy familiares, mientras la construcción del reloj continuaba.

-Bor… -sentenció Dohko, mirando al dios encadenado, y notando que el Jotunn comenzaba a temblar de miedo-. El padre de Odín… no es ni un Aesir ni un Vanir, tampoco se le considera un Jotunn o un Muspell, es algo mucho más caótico, una fuerza creacionista, un ser primordial, y no distingue entre amigos o enemigos, es simplemente caos puro y violento -enunció Dohko, mientras Milo caminaba a su lado.

-Todo esto es muy interesante, pero a mí solo me importa una cosa, o más bien una persona, Saori, y se la han llevado al Palacio de Hlingard -enfureció Milo, mirando al Jotunn, quien pareció recuperarse del miedo y miró a los Dioses Guerreros Dorados y de la Osa Mayor, además de al grupo de Guerreros Vikingos, dispuesto a asesinarlos a todos-. Dohko, hay algo más en ese reloj, ¿no es así? No puede expulsarnos, somos de Midgard, además de que los Dioses Guerreros Dorados pueden existir en los 9 Mundos -aseguró Milo.

-Hay otra parte a la fuerza del Reloj de Bor, y es que brinda una fuerza especial a los Ropajes Sagrados Dorados -le explicaba Dohko, pero tenía un mal presentimiento-. Sin embargo, si Derbal lo ha convocado, eso significa que ha encontrado una forma de brindarle esta fuerza solamente a los Ropajes Sagrados que él considere necesarios. Algo me dice que no obtendremos ninguna ventaja de ese reloj, pero eso no importa, esta ventaja, solo existe durante las últimas 12 horas. Si apresuramos, podremos enfrentar a los Dioses Guerreros Dorados enemigos sin que ellos puedan aprovechar esa ventaja -le aseguró.

-Entonces dejen de perder el tiempo, y vayan a rescatar a Saori mientras esa ventaja aún es inexistente -exclamó Jarl Svend, con una inmensa hacha de batalla en mano, y mirando desafiante al Jotunn de la Escarcha frente a ellos-. Los Guerreros Vikingos se han entrenado por miles de años para enfrentar a las amenazas Jotnar. Esta no será la excepción. Vayan y rescaten a la Asynjur Hlin, nosotros nos encargaremos del Jotunn. ¡Guerreros Vikingos! ¡Protectores de Midgard! -llamó Jarl Svend, y los Guerreros Vikingos, entre los cuales se encontraban Harald, Canuto, Olaf, Erico, Nicolás, Shaina, BJörn y Seiya, comenzaron a fundir sus cosmos, llamando la atención del Jotunn- ¡Vayan! -ordenó Jarl Svend, mientras los Guerreros Vikingos, todos al unísono, liberaban la fuerza de sus cosmos en la forma de una luz blanca intensa, que golpeó en el rostro al Jotunn, haciéndolo caer y ocasionando un tremendo temblor por todo Hlingard- ¿Qué esperan? ¡Nosotros nos encargaremos! ¡Somos los guardianes de Midgard! -finalizó Jarl Svend, y en respuesta, Milo y Siegfried reverenciaron, seguido del resto de los Dioses Guerreros de ambos bandos.

-¡Nos vamos! ¡Salvaremos a Saori! -ordenó Milo, y los Dioses Guerreros Dorados lo siguieron. Los Dioses Guerreros que quedaban de la Osa Mayor, lo siguieron tras Siegfried levantar a Hilda en sus brazos, pese a la vergüenza de la Sacerdotisa de Odín, quien fue llevada en contra de su voluntad en dirección al Palacio de Hlingard.

Mientras tanto, lejos del Palacio de Hlingard, y lejos de donde los Dioses Guerreros Vikingos combatían al inmenso Jotunn, Hagen daba persecución a Ullr, llegando demasiado tarde, y encontrando a cientos de ancianos, mujeres y niños, sacrificados por Ullr, quien sostenía la Roca Esmeralda en su mano.

-Ullr… ¿qué has hecho? -lloró Hagen, arrodillándose frente a una niña con la garganta cortada, y abrazándola, sintiéndose culpable de la muerte de la pequeña- ¡Pensé que eras un guerrero honorable! -gritó Hagen, tembloroso, y mirándolo con odio, dándose cuenta de que los ojos de Ullr derramaban lágrimas de igual manera.

-Lo soy, Hagen -le respondió Ullr, apuntándolo con su espada-. Tan honorable que, pese a mis órdenes, le perdoné la vida a ella, quien cuidaba de los refugiados -apuntó con el rostro Ullr, y Hagen se horrorizó de ver a Flare, con una herida en su frente, e inconsciente, recargada contra una de las paredes del Centro Urbano que había servido como refugio-. ¡Todo lo que he hecho ha sido en el nombre de Odín! -señaló Ullr, elevando su cosmos alrededor de su espada.

-¿En el nombre de Odín has dicho? Me niego a creer que los dioses pueden ser tan crueles, Ullr -elevó su cosmos en respuesta Hagen, desafiando al de Ullr, con sus ojos aun derramando lágrimas de dolor-. Odín… es sabio… Odín, es todo poderoso. ¿Por qué alguien así exigiría sacrificio? No, Ullr, esta gente no murió en el nombre de Odín. ¡Murió por la tiranía de un hombre, que se empeña en jugar a ser dios! ¡Yo soy Hagen de Merak Beta! ¡Represento a Sleipnir, el Caballo de 8 piernas de Odín! ¡Nadie conoce mejor a Odín que Sleipnir! ¡Y Sleipnir sabe, que Odín no es malvado! ¡Sleipnir! -gritó Hagen con fuerza, y Ullr logró verlo, a aquel hermoso semental, el Caballo de 8 piernas que fue un regalo de Loki para Odín, el semental más rápido de todas las bestias de Yggdrasil, con quien Odín luchaba en la guerra, respaldando el cosmos de Hagen-. La furia de Odín alimenta mi cosmos, Ullr. No puedes ser perdonado, recibe. ¡El Universo Congelante! -enunció Hagen, lanzando toda la fuerza de su cosmos de hielo, que sobresaltó a Ullr.

-Este cosmos, siento la fuerza de Odín que lo respalda -se estremeció Ullr, preparando su espada, y lanzando un corte para detener a Hagen, pero su espada terminó congelándose, al igual que el Ropaje Sagrado de Ullr, a momento de que Hagen traspasaba el cuerpo de Ullr con su cosmos aplastante-. ¿Cómo es posible? He sentido la ira de Odín, pero si yo no he hecho otra cosa que su voluntad… -se estremeció Ullr, negándose a darse por vencido, aun cuando el Ropaje Sagrado de Huargo se caía a pedazos y el de Geri lo vestía-. No importa… con Ropaje Sagrado especial o no, con uno de un Guerrero Vikingo me basta para hacerte frente -elevó su cosmos Ullr, pero algo andaba mal, el Lobo Geri, que respaldaba el Ropaje Vikingo de Puppis Pi, no deseaba ayudarlo. En su cosmos, Ullr veía a Geri el Lobo, bajar la cabeza entristecido, con el rabo entre las patas y sus ojos llorosos-. ¿Por qué? -cayó Ullr en sus rodillas, mientras Geri continuaba llorando.

-Geri, es uno de los Lobos Guerreros de Odín, Ullr -le explicó Hagen, acercándose, con su cosmos ardiendo como el fuego-. Así como Sleipnir está furioso por verte utilizar el nombre de Odín como excusa para estas matanzas, Geri, se encuentra triste… él te eligió, y tú lo reemplazaste por Huargo, y no solo eso, Geri ama a Odín, el que hagas esto lo hiere mucho. Él no va a respaldar tu cosmos, lo siento, Geri -llamas rodearon el puño derecho de Hagen, mientras su máscara le cubría los ojos llorosos-. Espero puedas reunirte con Ullr en Asgard. ¡Gran Presión Ardiente! -se lanzó Hagen en dirección a Ullr, atravesando su cuerpo, y estirando su piel con su cosmos, antes de que este se incinerada, con el aullido entristecido de Geri despidiéndose de quien fuera su portador.

En dirección opuesta a donde Hagen había enfrentado a Ullr, se encontraba Syd, atacando con sus ojos llorosos a Rung, quien había desatado una masacre con los pobladores que intentaron huir de Hlingard en dirección a las planicies de Vígrídr, encontrándose atrapados dentro del domo del Escudo de Odín mientras intentaban huir de la ciudad. La fortuna no les sonrió a los que evacuaban de todas formas, pues sus cabezas habían sido cortadas por Rung, quien, usando sus boomerangs, había ejecutado tan rápidamente a los que huían, que no tuvieron siquiera el tiempo de dibujar miradas de terror en sus rostros, y en su lugar, murieron sin siquiera darse cuenta de lo que había ocurrido.

-¡Eres un maldito cobarde, Rung! ¡Garra del Tigre Vikingo! -lloraba Syd, rasguñando el rostro de Rung, abriéndole una herida por encima de la frente, que bajaba a sus ojos, nublándole la vista- ¡Entrenamos juntos para volvernos Dioses Guerreros! ¡Juramos proteger juntos a Midgard! -insistía Syd, con Trjegul igualmente furioso respaldando su cosmos.

-Defiendo Midgard en el nombre de Odín, Syd -le aseguraba Rung, con ambos boomerangs en sus manos, y con relámpagos morados respaldando a su cosmos, mientras el Jotunn Hrungnir se dibujaba en su cosmos-. Puede que Hrungnir haya sido un Jotunn que retó a Odín a una carrera de caballos, poniendo la cabeza de Odín como premio si él ganaba, pero cuando Odín lo derrotó, y lo invitó al Valhala a celebrar con él, Hrungnir sintió la bondad de los dioses, y pudo haber sido un gran amigo de ellos -prosiguió Rung, lanzando sus boomerangs, mismos que Syd evadió al saltar en medio de ambos, y al dar un segundo salto cuando estos dieron un giro y destrozaron la piedra a sus pies-. Al vestir este Ropaje Sagrado, intento enmendar la imagen de Hrungnir a los ojos de Odín -señaló Rung, guardando sus boomerangs y lanzándose a Syd con el puño en alto, mismo que Syd evadió, y le rebanó la garganta a Rung con sus afiladas uñas.

-Hrungnir se embriagó, amenazó a los dioses, y se ganó la ira de Thor, Rung, y tú te has ganado la mía. ¡Garra del Tigre Vikingo! -prosiguió Syd, destrozando el Ropaje Sagrado de Hrungnir, y revelando el Ropaje del Guerrero Vikingo de Mökkurkalfi-. Siempre me pregunté, por qué tu obsesión por los Ropajes Sagrados de los Jotnar. Deseabas vestir a Jormungandr, pero las estrellas favorecieron a Tholl, luego elegiste vestir a Mökkurkalfi, el Jotunn de arcilla, creado por otros Jotnar, y quien era escudero de Hrungnir. Ahora todo tiene sentido para mí, Rung, la sangre de los Jotnar corre por tus venas -señaló Syd.

-Es verdad… -escupió sangre Rung, inmenso, casi tanto como Tholl-. Sueño con un mundo, en que los Jotnar y los humanos puedan vivir en paz. Sirvo a Odín con ese objetivo, y si Odín exige sacrificio, eso es lo que le daré -prosiguió Rung, quien diferente de Ullr, poseía un Ropaje Sagrado Vikingo de una bestia que odiaba a los hombres y a los dioses, por lo que no abandonó a Rung como hizo Geri con Ullr.

-Comprendo tus intenciones, Rung, pero si algo me ha enseñado Hrungnir, es que ese mundo no existe -elevó su cosmos Syd, con un orbe de luz azulada formándose frente a su pecho-. Los Jotnar son bestias horribles, pero estaba dispuesto a aceptarlos por ti… -proseguía Syd, con sus ojos ahogados en lágrimas-. Pero verte asesinar a ancianos, niños y mujeres, en el nombre de Odín… no Rung, Odín jamás ordenaría tal cosa… semejante maldad solo puede existir en un Jotunn, y yo, soy un Dios Guerrero que se encarga de darles muerte. ¡Impulso Azul! -lanzó el ataque Syd, y aunque Mökkurkalfi respaldó el cosmos de Rung, el ataque le atravesó el pecho, destrozándole el corazón, y dándole muerte a Rung.

Cerca del Palacio de Hlingard, una tercera batalla tenía lugar, una más pareja que las demás, entre lobos que no se daban tregua alguna, 2 guerreros que eran la primera vez que se veían, la primera vez que se enfrentaban. Uno, vistiendo el Ropaje Sagrado de Fenrir, un lobo sirviente de los Jotnar, quien se decía traería la destrucción del padre de los dioses, el otro, un Úlfhedinn, miembro de la élite de Odín, supuestamente, uno de sus guerreros más nobles y fuertes, pero que escapaba de Fenril para hacer estallar su cosmos contra los prisioneros y esclavos de las barracas de Hlingard, aunque Fenril tampoco hacía mucho para detenerlo.

-No eres digno de ser un Dios Guerrero de la Osa Mayor. No haces siquiera el intento de salvar las vidas de estos condenados -proseguía Loki, mostrándole la Roca Rubí a Fenril, quien se mostraba curioso de la roca, pero no había hecho nada para defender a los asesinados.

-Son criminales, cuestan impuestos de la corona de Hlingard, están mejor siendo cadáveres -aclaró Fenril, lo que sorprendía y mantenía una sonrisa en el rostro de Loki-. Pero no te confundas, Loki, he sentido la muerte de ancianos, mujeres y niños, y aun cuando fui criado por lobos, Saori e Hilda me demostraron que existe la bondad en el corazón de los humanos. Jamás te permitiría asesinar a alguien que yo considere inocente, aún si un inocente es capaz de dejarme a mí a merced de los osos -recordó Fenril su infancia, pero en lugar de dejarse dominar por ella, preparó las garras de su Ropaje Sagrado.

-En verdad hablas como todo un Lobo, pero mi Ropaje es el del Hombre Lobo, soy más humano y merecedor de proteger a Midgard que tú. ¡Embestida de la Jauría de Lobos! -enunció Loki, lanzándose en dirección a Fenril con bestias de sombras que asemejaban a lobos.

-¡Adelante! ¡Puño de los Lobos del Norte! -se defendió Fenril, y la batalla entre proyecciones de cosmos de lobos se acrecentó, con miles de lobos saliendo de ambos bandos, asesinándose unos a otros, mientras Fenril y Loki intercambiaban golpes en medio de las jaurías, hasta que, Fenril obtuvo la ventaja, y atravesó con sus garras el costado de Loki.

-¡Maldito! -se estremeció Loki, mientras Fenril aprovechaba la situación para impactar en repetidas ocasiones el cuerpo de Loki hasta destrozarle el Ropaje Sagrado, y dejar solo el Ropaje de Guerrero Vikingo de Freki revistiéndolo- Soy… un lobo verdadero… no puedo dejarme vencer por un impostor que dice servir a Odín. Derbal… él… será el justo gobernante de esta tierra, aún si debe sentar a una falsa Asynjur en el trono. ¡Aaaaah…! -exclamó de dolor Loki, mientras el Ropaje Sagrado de Freki se desprendía de él, transformándose en un Lobo y mordiendo el brazo de Loki- ¿Por qué? -se estremecía Loki de dolor.

-Freki al parecer no está para nada contento con la forma en que has traicionado a Odín -sentenció Fenril, acercándose con sus garras listas en dirección a Loki, mientras el Ropaje de Freki dibujaba en su cosmos al furioso Lobo Guerrero de Odín-. Dices que luchas en el nombre de Odín, pero conspiras contra su hija. ¿Cómo fuiste a pensar que este era el deseo de Odín? -le preguntó Fenril, tomando a Loki del cuello, y azotándolo a una de las paredes de la prisión.

-Derbal… es el representante de Odin en Midgard… -le explicaba Loki, furioso por ser más débil que Fenril-. Él… recibe instrucciones directas de Odín… si el padre de todos es quien quiere a su hija asesinada, ¿quién soy yo para cuestionarlo? -preguntó Loki, intentando defenderse.

-Qué curioso, porque hasta donde sé, la representante de Odín se llama Hilda -aseguró Fenril, preparando sus garras para cortarle la garganta a Loki-. Fuiste engañado, Loki, y en este engaño, hiciste daño a mucha gente. Vas a morir -señaló elevando su cosmos alrededor de sus garras.

-Adelante, Fenril… yo confío en Odín, y en que Derbal es su sirviente… -aclaró Loki, lo que sorprendía a Fenril-. Y he cumplido su voluntad con el Blót que se ha realizado, se ha hecho la voluntad de Odín, y los Nuevos Zafiros de Odín, van a brillar… -le aseguró Loki, escupiéndole en el rostro a Fenril, quien muy molesto se limpió el escupitajo-. Jormungandr, Fenril, Sleipnir, Dvergr y Fafnir… todas esas bestias no pueden ser los guardianes de Midgard… Derbal tiene razón, Derbal sabe que nosotros somos los verdaderos defensores de Midgard… y como prueba, está tu Zafiro de Odín que en estos momentos se apaga -declaró Loki, mirando al peto de Fenril, donde el Zafiro de Odín comenzaba a perder su brillo-. ¿Quién ha sido engañado, Fenril? Cuando las Valkirias lleguen, yo me sentaré junto a Odín en Asgard -le aseguró Loki.

-No podrás contarle chistes a Odín sin tu garganta -finalizó Fenril, atravesándole el cuello a Loki, quien cayó muerto a sus pies-. No lo entiendo… -miró Fenril a su zafiro de Odín-. ¿Cómo puede el Zafiro de Odín oscurecerse de esta forma? Loki dijo algo sobre Nuevos Zafiros de Odín, ¿es eso posible? -preguntó Fenril, quien entonces escuchó el grito de dolor de Bor, mientras las cadenas que lo aprisionaban se estiraban, brillando de un intenso color rosado. Una cadena rodeaba a su cuello, un par a sus muñecas, otro par a sus tobillos, poseía una cadena doble alrededor de su cintura, y una última sobre la frente. Las cadenas comenzaron a retraerse, y estamparon a Bor sobre la cara del Reloj de Bor que contenía los 12 Signos Zodiacales, en medio de estos signos se encontraba la constelación de la Osa Mayor, pero una vez que los Zafiros de Odín se apagaron, la Constelación de la Osa Mayor se apagó en el Reloj de Bor, y en su lugar, brilló la Constelación de la Osa Menor-. ¿Qué Draugrs está ocurriendo aquí? -se estremeció Fenril, mientras Bor continuaba gritando de dolor.

Santuario de Hlingard. Sala del Consejo de Guerra.

-¡Ha funcionado! -exclamó Saga, agradecido, mientras los Nuevos Zafiros de Odín brillaban de un rosado intenso en las manos de los Dioses Guerreros de la Osa Menor, antes de que estos bajaran, y se incrustaran en los cinturones de los mismos- Se ha cortado el suministro de cosmos sobre los Zafiros de Odín que alimentaban a los Ropajes de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor. Ahora los verdaderos guardianes de la Asyjur Hlin, son los Dioses Guerreros de la Osa Menor, y sus respectivos salones han de hacer acto de presencia ahora -les explicó Saga, mientras la Sala del Consejo comenzaba a temblar, y la tierra se partía a su alrededor.

A espaldas de Saga, una estatua de Odín comenzó a alzarse, al igual que algunas raíces de Yggdrasil, que comenzaron a hacerse presentes en la Sala del Consejo de Guerra, arremolinándose en 7 direcciones diferentes, creando 7 caminos, y Saga, comenzó a dirigirse a la salida que daba a las 12 Moradas de los Dioses, y una vez pasó el trono del Alto Jarl, una barrera de cosmos entre violeta y dorado, se alzó.

-¿Qué está pasando, Sumo Sacerdote Saga? -se impresionó Frodi, mientras 7 caminos se formaron, encontrando su centro en la Estatua de Odín, y generando una especie de túneles de raíces que se extendían indefinidamente.

-Tranquilízate, Frodi -le pidió Saga, mientras varios símbolos aparecían sobre los túneles de raíces-. El que estos túneles hayan aparecido, significa que nuestro plan funcionó. Los Nuevos Zafiros de Odín se han conectado al Galdr de Odín, y Bor, obedece al Galdr de su propio hijo. Quedará aprisionado junto al Reloj de Bor, que encenderá sus llamas pronto. De igual manera, esta barrera permanecerá activa en la medida en que las estatuas de los 7 Salones de los 9 Mundos permanezcan en pie -les explicó Saga, señalando entonces a la cima de cada apertura entre las cuevas de raíces-. Sobre las entradas, se encuentran los símbolos de Alfa, Beta, Gamma, Delta, Épsilon, Zeta y Eta. Lo que significa que, al igual que las 12 Moradas de los Dioses tienen un guardián, sus estrellas les indicarán el salón al que deberán defender -terminó su explicación Saga, y los 7 Dioses Guerreros de la Osa Menor reverenciaron-. Dentro de estas salas, obtendrán el poder de Odín, vayan entonces Dioses Guerreros -declaró Saga, pero se detuvo al ver a alguien llegar ante ellos, se trataba de Bud, quien cargaba a Saori en brazos-. ¿Quién eres? ¿Syd? -preguntó Saga, mientras los Dioses Guerreros de la Osa Menor, preparaban sus cosmos.

-Bud, y no soy su enemigo, Sumo Sacerdote Saga, y le traigo una ofrenda de paz para demostrarlo -agregó Bud, colocando a Saori en el suelo, aunque ella forcejeaba para liberarse de todas formas-. La falsa Asynjur Hlin, Saori Wotandóttir, por instrucciones de Derbal, he de llevarla ante el Templo de Hlin en la cima del Santuario, con su real permiso por supuesto.

-¿Saori? -miró Saga a Saori, perdió su mirada en el heterocroma, y casi logró sentir el cosmos divino emanando de ella, lo que logró hacer dudar a Saga de su misión. Pero pronto se recuperó, y miró a Bud fijamente- Ese Ropaje Sagrado… es el Ropaje de Trjegul. No se supone que nadie que no sea el Sumo Sacerdote conozca de tu existencia. ¿Cómo sé que puedo confiar en ti? -le preguntó Saga, y Bud sonrió con malicia sin darle respuesta, y Saga, por alguna razón, asintió, y pidió con su mano a los Dioses Guerreros de la Osa Menor el que no se defendieran.

-Saga… por favor… -suplicó Saori, y Saga la miró con inflexibilidad-. ¿No te parece extraño que Derbal me quiera con vida? Si no fuera yo la Asynjur Hlin, y verdaderamente lo fuera Lyfia, ¿qué utilidad tendría Derbal de mí? Si me quiere frente a la Estatua de Hlin, es porque algo desea de mí. Tienes que abrir los ojos -suplicó Saori.

-Tú tienes que abrirme el paso -aclaró Bud, forzando a Saori a tocar la barrera de cosmos de los Nuevos Zafiros de Odín, lo que impresionó a Saga, mientras Bud se hacía paso del otro lado de la barrera-. Estamos del mismo lado, Saga, te guste o no. Ahora, vayamos juntos ante Derbal -finalizó Bud, Saga asintió, siguiendo a Bud y a Saori escaleras arriba, subiendo por las 12 Moradas de los Dioses, mientras los Dioses Guerreros de la Osa Menor se dirigían a cada uno de sus salones. La Batalla de Midgard se tornaba más compleja, y las lealtades, comenzaban a ser cuestionadas.


Glosario:


1 – CRIATURAS:

Freki: Uno de los lobos guerreros del dios Odín, que servían una función similar a la de los cuervos Hugin y Munin. Cuando Odín se sentaba en su mesa de banquetes, él solo bebía vino, y a Freki junto con su hermano Geri, se les permitía comer todo lo demás de la mesa.

Hrungnir: Un Jotunn que retó a Odín y a su caballo Sleipnir a una carrera, y quien, tras vencer, fue invitado por Odín al Valhalla, quien había quedado impresionado por las habilidades del Jotunn, pero una vez ebrio, el Jotunn se volvió agresivo, y Thor tuvo que darle muerte.

Mökkurkalfi: Un gigante artificial, creado por los Jotnar a partir de la arcilla. Supuestamente fue creado para servir como escudero del Jotunn Hrungnir. Se decía que medía alrededor de 15,000 metros de altura, aunque por los materiales en que fue construido, era demasiado frágil.

Úlfhedinn: Considerado la elite del dios Odín, eran guerreros Berserker que actuaban como perros rabiosos o lobos, y que se convirtieron en lo que es considerado actualmente como un hombre lobo.

2 – DEFINICIONES:

Blót: Literalmente, significa sacrificio. El Blót era un sacrificio en honor a los dioses y a los espíritus de la naturaleza, con el objetivo de obtener alguna bendición para un dios. A diferencia de otras culturas, el Blót para los pueblos nórdicos significaba que se exigía la vida humana en sacrificio.

Élivágar: Situado en los interiores del Ginnungagap, es la fuente de la cual salen los 11 ríos que viajan por los Nueve Mundos.

3 –LUGARES:

Fólkvangr: Es el lugar de residencia de la diosa Freyja en el Asgard. Freyja recibe en Fólkvangr a la mitad de los caídos en combate, perteneciendo la otra mitad al dios Odín.