Hola jóvenes Aesirs, bienvenidos a otro capítulo de Guerras del Ragnarok, hoy vamos a hablar de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor (Se roba el intro de Pascu y Rodri), nah es broma, pero me gustaría que la canción de Loki fuera el intro de Guerras del Ragrarok.

Antes de empezar a contestar reviews, requiero disculparme con algunos de mis lectores. Si alguno de ustedes ha llegado a esta historia siguiendo el tag de "Hilda x Camus", les expido una disculpa, no es que no vaya a existir esa pareja en un futuro en esta historia, está planeada, pero me ha tomado mucho más tiempo de la cuenta el empezar a promoverla, ya saben, Camus es malo, Hilda es buena, los dos ni se han conocido, así que he decidido reemplazar este tag en la historia por una temporada, en su lugar tendremos el tag de Shura y Pandora, que, aunque tarde, allí está presente. Nuevamente, una disculpa, no fue engaño, solo las cosas no se han dado.

Otra aclaración/recordatorio que quiero hacerles es, Milo, como en la mayoría de mis historias, es el protagonista, pero pese a que lo es, no pretendo darle favoritismo en ningún momento… bueno un poco, pero pretendo que sea un favoritismo realista, digo, Milo no es Yamsha como muchos quieren que sea, pero tampoco es un Ikki de Fénix. A lo que voy es, el protagonismo de la historia, si bien es mayormente centrado en Milo, él no es único ni planeo hacerlo inmensamente fuerte y lograr que venza a todos con el poder de la amista, el amor, y los burros alados (y sí, estoy insultando a Seiya besa el suelo Kido, porque es Kido, ¿lo sabían?), el protagonismo es diverso, cualquier personaje puede ser protagonista en cualquier momento, y en este momento, es el momento de brillar de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor (patente pendiente), por lo que, espero no terminen decepcionados, pero este protagonismo recaerá en ellos en este, y seguramente la mayor parte del próximo capítulo, si no es que todo. Habiendo dicho esto, disfruten y a contestar reviews:

TsukihimePrincess: Lo que quiere Derbal con Saori es un secreto, pero ya di una pequeña pista en este capítulo. Sobre Saga, comprendo que hay decepción entre los lectores con su personalidad actual, pero Saga de la serie clásica se volvió así por una peculiaridad que actualmente no tiene: remordimiento, hasta que Saga no sufra algo así, no puede convertirse en el Saga que todos queremos y amamos. Sobre la observación que me hiciste, gracias, ya la corregí, en el momento que estaba escribiendo esa parte ya iba por el séptimo sueño.

dafguerrero: Con Wars of Gold supongo que te refieres a Soul of Gold, o probablemente a Guerras Doradas, no tengo ni idea, pero creo que puedo responder a tu pregunta. Si te referías a Soul of Gold, entonces los eventos que ocurren aquí están basados en la serie, por ello la familiaridad. Si te refieres a Guerras Doradas, digamos que sí, La Saga de Midgard, es una especie de Nueva Titanomaquia con diferentes protagonistas. Ya medio te respondí lo de Saga, pero indagaré un poco más. Todos los personajes tienen una esencia, así como todas las personas tenemos una personalidad. Pero nuestra esencia o personalidad puede fluctuar conforme a los sucesos a nuestro alrededor, pero eso no significa que dejemos de ser nosotros mismos. Eso es lo que le pasa a Saga, quien en la serie clásica siempre fue noble y algo inocente, si le quitamos toda su faceta de esquizofrénico y narcisista que se desnudaba por lo menos una vez por capítulo. Si Saga no hubiese tenido esa dualidad de personalidad, yo pienso que sería algo más similar al Saga que te estoy presentando, pero tranquila, ya regresará la gloria del Saga que recuerdas y amas. Dohko es harina de otro costal, su personalidad en la Serie Clásica y en Lost Canvas dista mucho de lo visto en Soul of Gold, este sujeto no es bipolar, es tripolar, espero que no se me salga de las manos su personalidad. ¿Sospechoso el nombramiento de Milo? A ver, entre un monje, un herrero, un granjero, un ex-prisionero, y un mercenario, ¿a quién pones como general en un ejército? La verdad no tenía de donde elegir, era Milo o Aioria, porque Dohko, él tiene algo así como un sentimiento de evasión de responsabilidades, como cuando manda a Aldebarán a pelear su batalla en Soul of Gold. Lo de Saori es un secreto muy bien guardado por Loki.

No me puedo ir sin antes recomendarles el video de Pascu y Rodri sobre Loki, vayan y véanlo, promoción gratuita y sin fines de lucro, pero que me tiene más activo en mis actualizaciones.

EDITADO: 14/09/2022.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Midgard.

Capítulo 9: La Gran Batalla de los Dioses.


Hlingard. Santuario de Hlingard. 31 de Agosto de 4E 08.

-Por las barbas de Odín -la preocupación imperaba en el tono de voz de Jarl Svend Ulfson, quien era ayudado por Huskarl Harald a mantenerse en pie, mientras usaba su gran hacha como bastón improvisado. La batalla contra el inmenso Jotunn se había interrumpido, pese a que el Jotunn mantenía uno de sus inmensos brazos firmes, y estirándolo con todas sus fuerzas, mientras varias cadenas le rodeaban el mismo, cadenas que eran tiradas por Shaina, Seiya y Björn con sus cosmos blancos elevados alrededor de las mismas, quienes se las habían arreglado para apresar al Jotunn, evitando que este se defendiera de ellos. Pero, pese a que el Jotunn de la Escarcha no dejaba de ejercer presión sobre su inmenso brazo, sus demás extremidades seguían sin movimiento, y los Guerreros Vikingos no lo atacaban de igual manera. Tanto el Jotunn como los Guerreros Vikingos, se habían perdido en ser testigos de toda la locura que ocurría a sus alrededores.

El Reloj de Bor no solo continuaba construyéndose, aunque en esta ocasión, el ser primordial envuelto en cadenas se encontraba extendido a lo largo de la cara del reloj, con sus cadenas brillando de violeta, y con la constelación de la Osa Menor remplazando a la de la Osa Mayor. El caótico ser estaba en calma, como si las cadenas lo tranquilizaran, pero esta era una calma inquietantemente perturbadora.

Al Reloj de Bor le hacían falta varias horas para terminar de completarse, era más que evidente ya que únicamente estaban construidas las columnas de roca a manera de dodecágono, que delimitaban las paredes a ser construidas por aquella fuerza primordial. Un par de paredes, sin embargo, llevaban más tiempo construyéndose, por lo que Jarl Svend dedujo que cada una de las paredes representaba una hora de la construcción que había pasado, siendo la primera de las paredes, que presumía una estatua en honor al dios Frey, la única que se había terminado, y sobre la cabeza del dios se mostraba a la constelación de Aries. La pared a su derecha, tenía casi la mitad de una estatua terminada, la estatua de Tyr, dedujo Jarl Svend al ver que le faltaba la mano derecha, y por la constelación de Tauro formada en la parte más alta del marco que pertenecía a esa pared.

Pero la construcción del Reloj de Bor, y el poderoso ser encadenado a la cara flotante del reloj, no eran lo que mantenía a los presentes anonadados, y al Jotunn inmóvil, sino que era la aparición de 7 formaciones de un árbol, inmensas. 4 Raíces y 3 ramas, que comenzaron a alzarse sobre la ciudad de Hlingard, rodeando la montaña en que estaba construido el Santuario de Hlin, en cuya cima se encontraba la Estatua de Odín. Las raíces y ramas no llegaban tan alto, como para opacar a la primera de las 12 Moradas de los Dioses, fácilmente visible sobre la cima del Palacio de Hlingard, pero si se extendían alrededor de la ciudad, por encima de los edificios más cercanos al Palacio de Hlingard, y comenzaron a llenarse de vegetación, y a abrazar a 7 templos, que aparentemente, siempre estuvieron construidos sobre aquellas raíces y ramas.

-Los Salones de Yggdrasil… -comentó Jarl Svend, entendiendo el significado de las edificaciones-. No pensé vivir para ver el día en que las más grandes armas de defensa de Hlingard se pusieran en marcha, aunque menos me fui a imaginar que sería viéndolas desde el bando enemigo -meditó Jarl Svend, observando entonces al Jotunn, quien tras ver a los Salones de Yggdrasil formarse, regresó la afrenta a los Guerreros Vikingos, tirando de su brazo encadenado con fuerza, derribando a Shaina y a Björn, aunque Seiya logró aguantar-. ¡Guerreros Vikingos! ¡Alístense! ¡La Gran Batalla de los Dioses Guerreros está por comenzar! ¡Y antes de que los Dioses Guerreros de la Osa Mayor se adentren en esos salones, tengo que advertir a Hilda del secreto que se esconde en el salón de Jotunheim! -indicó Jarl Svend, a momento de que el Jotunn lo observaba, y soplaba viento congelante para intentar asesinarlo.

-¡Tendrán que averiguarlo por ellos mismos, mi Jarl! -agregó Harald, empujando a su Jarl fuera del camino, y elevando su cosmos tan alto como le fue posible- ¡Ventisca de Lacustre! -extendió las manos con las palmas abiertas Harald, con el Ciervo Dáinn respaldando su cosmos, quien convirtió el ataque del Jotunn en una nevada tranquila- Quiero a esa cosa, encadenada y derribada. ¡Rodéenlo! -ordenó.

-Hora de ponerse serios, alfeñique -agregó Björn, tomando nuevamente de su cadena a derecha de Seiya, y elevando su cosmos-. Trata de no estorbarme. ¡Espíritu de Fylgja! -gritó Björn, y el inmenso Oso que formaba a su Fylgja rugió con él. De pronto, el cuerpo obeso de Björn se tonificó, se volvió corpulento y musculoso, lo que sorprendió a Seiya, quien jamás lo había visto así, con una fuerza tal que lograba mantener el brazo del Jotunn inmóvil por sí mismo- Seiya, es tu turno de brillar, y de ser más que un Guerrero Vikingo cualquiera. Te he entrenado por muchos años ya, desde que mi querida hija Marín se marchó a la guerra para no regresar más. Has que me sienta orgulloso del jovencito en quien ella vio el potencial de convertirse en un Guerrero Vikingo formidable -le sonrió Björn, y Seiya, comprendiéndolo, soltó su cadena, y comenzó a elevar su cosmos.

-¡Estará orgulloso de mí, maestro! -preparó su puño Seiya, corriendo por sobre la cadena, por el brazo del Jotunn, y en dirección a su enorme ojo- ¡Cometa de Hofvarpnir! -exclamó Seiya, destrozando de un tremendo golpe el ojo del Jotunn, que gritó de dolor, siendo derribado por el tremendo ataque de Seiya, ante la celebración de los Guerreros Vikingos, quienes veían al Jotunn malherido y cayendo sobre su rodilla.

-¡Grandioso trabajo, Seiya! -exclamó Harald, orgulloso de sus hombres- ¡Más cadenas! ¡Quiero a la bestia lo más inmóvil posible! ¡Vayan, vayan, vayan! -continuaba Harald, y los Guerreros Vikingos comenzaron a rodear el cuerpo del Jotunn, con Harald atando una cadena enorme alrededor de su cuello, y tirando con fuerza desde las espaldas del Jutunn, evitando que el Jotunn pudiera respirar- Somos los héroes de Midgard, los verdaderos defensores del Reino de los Hombres. Que los Dioses Guerreros Dorados y los de la Osa Mayor defiendan a los dioses, nosotros velamos por los hombres, ¡tiren! -proseguía Harald, y los Guerreros Vikingos lograron inmovilizar al Jotunn, estirando sus brazos y piernas, y con Harald descubriendo su cuello al tirar de él con todas sus fuerzas- ¡Mi jarl! -exclamó Harald, mientras Jarl Svend elevaba su cosmos alrededor de su hacha de mandoble.

-¡El hacha de los reyes de los hombres que destroza el mal! ¡Tjald-sperra! -enunció Jarl Svend, girando su hacha un gran número de veces, antes de lanzarla, y como un torbellino, cortar la garganta del Jotunn, que comenzó a desangrarse y a morir lentamente, con su cuerpo convirtiéndose en polvo de nieve tras perder la vida- Está hecho. No lo hubiésemos logrado sin tu discípulo, Björn -agregó Jarl Svend, felicitando a Björn, quien tras apagar su cosmos recuperó su forma regordeta-. Has hecho un trabajo excelente, Seiya. De ahora en adelante se te conocerá como, Seiya el Matagigantes -aclaró Jarl Svend, y los presentes clamaron en su nombre-. Pero no es momento de celebraciones, los Dioses Guerreros corren peligro, deben saber el secreto de los Salones de Yggdrasil, y más importante, de la Sala de Jotunheim -les explicó el Jarl, y sin darse a esperar, los Guerreros Vikingos corrieron en dirección al Palacio de Hlingard.

Palacio de Hlingard. Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra.

-¿Qué diantres es este lugar? -exclamó Milo, llegando a lo que quedaba del Salón del Consejo de Guerra, y pasando de lado a la estatua de Odín, dirigiéndose a la salida que llevaba a las 12 Moradas de los Dioses, cuando Mu, quien corría a su lado, tuvo un mal presentimiento, y tacleó a Milo, derribándolo al suelo, y confundiendo a Aldebarán y Aioria, aunque Shaka rápidamente dedujo lo que había ocurrido, al igual que Dohko, quien se cruzó de brazos y se recargó a una pared- ¿Cuál es la grandiosa idea? -se molestó Milo.

-Evitar tu desintegración total -le explicó Mu, levantándose, y dándole la mano para ayudarle a levantarse, acto que Milo aceptó-. Sé que estás preocupado por Saori, todos lo estamos, pero lanzarnos a ciegas podría ser un error fatal. No lo viste porque el ojo humano no tiene tanta capacidad si no está bien entrenado, pero yo me fijo en los detalles más minúsculos en mis excavaciones. Hay un muro tornasolado, casi imperceptible, frente a nosotros. Y este muro es similar a mi Muro de Cristal, pero perturbadoramente más agresivo -aclaró Mu, agachándose y levantando de los restos de la Sala del Consejo de Guerra una piedra, y arrojándola a la pared tornasolada, que destrozó en una explosión el guijarro-. Seguramente habrías sobrevivido, pero hubieras quedado bastante aturdido -señaló Mu.

-Un muro tornasolado no va a detenernos -elevó su cosmos Aioria, concentrándolo en su puño derecho, Mu y Milo se hicieron a un lado para permitirle intentarlo, mientras el poderoso Leo rugía con fuerza y le brindaba su poder-. ¡Plasma Relámpago! -liberó su ataque Aioria, golpeando al muro tornasolado un increíble número de veces con hileras de cosmos que lo azotaron continuamente, más una vez su ataque fue concluido, el muro tornasolado regresó las afrentas, forzando a Shaka a empujar a Aioria a un lado, y a interceder.

-¡Hugr! -exclamó Shaka, creando una esfera dorada alrededor de él y de Aioria, que absorbió el poder repelido, mismo que Shaka selló en sus ojos- Todo parece indicar que inclusive la fuerza de un Dios Guerrero Dorado es insuficiente para romper esta barrera -agregó Shaka.

-Eso es porque no puede ser derribada por métodos convencionales -escuchó el grupo a Hilda, quien llegaba en brazos de Siegfried, lo que la apenaba mucho, por lo que una vez llegaron, le pidió a Siegfried que la soltara y la dejara en el suelo. Tras ellos llegaron Alberich, Mime y Tholl, y no tardaron en llegar Hagen, Fenril y Syd de igual manera, llevando con ellos las Piedras de los Mundos Oscuros, o lo que quedaba de ellas-. Todos los dioses poseen una barrera divina que los protege de toda fuerza. Se cuenta que esta barrera no puede ser derribada salvo por el cumplimiento de ciertos requisitos especiales. Algunos dicen que el cosmos, como la fuerza destructiva del universo, puede cumplir estas condiciones que serían equivalentes a atravesar todo un océano de un puñetazo, o fragmentar una estrella de un puntapié -les explicó, lo que no parecía ser comprensible por ninguno de los presentes-. Pero si no se posee el cosmos suficiente para lograr estas locuras, se deben cumplir los requisitos pertinentes para romper una Barrera de Galdr. Y para romper esta barrera en específico, debe primero conocerse al dios al que pertenece, y después cumplirse con las exigencias de dicho dios -les explico.

-Ya entiendo, esta barrera seguramente pertenece a Odín, por ello la estatua en medio de la habitación -dedujo Alberich, mirando entonces a los símbolos sobre las cuevas de raíces y ramas-. De forma que, para derribar esta barrera, es indispensable cumplir con los desafíos de los Salones de Yggdrasil -finalizó.

-Entonces hemos de cumplirlos -aclaró Siegfried, ganándose las miradas determinadas de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, aunque también se ganó las miradas confundidas de los Dioses Guerreros Dorados-. ¿Cómo es posible que no sepan absolutamente nada de nuestra cultura? ¿Vivieron bajo una roca? -se molestó Siegfried.

-Gruta inaccesible, granja de analfabetas, una prisión, templo de dioses, e isla abandonada ¿alguna otra pregunta estúpida que quieras que responda, Siegfried? ¿O el lord de casa noble y sirvientes que le hicieran sus quehaceres, pretende seguir insultando a los del proletariado? -se fastidió Milo, recordándole nuevamente a Siegfried la escasa educación que todos los Dioses Guerreros Dorados que le acompañaban poseían- ¿Quieres que pregunte quien no sabe leer y escribir también? ¿Alguien? -preguntó Milo, continuando con la burla- Oh, mira eso, al menos tenemos ese conocimiento, ahora, si no te importa, explica, antes de que continuemos intentando derribar esa barrera a base de ataques de cosmos -finalizó.

-Si no hubieran pasado esos 3 años meditando, se los habría explicado con más calma, porque desgraciadamente no tenemos tiempo -interrumpió Alberich, separando a Milo y a Siegfried-. Los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, tienen la capacidad de, en una emergencia, convocar con los Zafiros de Odín a la aparición de los Salones de Yggdrasil. Estos salones, manifiestan el Galdr de Odín en este lugar en específico, para dar tiempo a los Dioses Guerreros de la Constelación de Aesir, a prepararse para las batallas que puedan hacer peligrar el Santuario. Muchas guerras han terminado porque los atacantes no han podido derribar ese muro, y mientras este se mantenga, no hay necesidad de usar el Reloj de Bor, que he de informarles, requiere de muchos requisitos para poder volver a funcionar, requisitos que no mencionaré por la falta de tiempo -les explicó, y Milo asintió-. En todo caso, Derbal seguramente trajo los Salones de Yggdrasil con la finalidad de dar tiempo al Reloj de Bor de completar su construcción. Lo que significa, que a menos que uno de ustedes pueda elevar su cosmos con la fuerza necesaria para destruir la Barrera de Galdr de Odín, no nos queda otra opción que cumplir con la tarea de Odín para disiparla, la cual incluye combatir al guardián de cada uno de los Salones de Yggdrasil, y destruir la estatua que se encuentra en su interior. Si logramos eso, Odín bajará su barrera voluntariamente, y podremos pasar a las 12 Moradas de los Dioses -aclaró Alberich.

-Lo que es inquietante, sin embargo, es que Derbal haya logrado romper el Sello de Yggdrasil para traer a estos salones a nuestra realidad -agregó Hilda, preocupada-. No solo al hacerlo desperdició el Escudo de Odín, que solamente puede usarse una vez cada 100 años, sino que desconocemos si la ruptura del sello ha hecho estragos en otro mundo. En todo caso, lo más preocupante es que haya hecho todo esto sin los Zafiros de Odín -les explicó Hilda.

-Loki dijo algo sobre eso -le informó Fenril, llegando con la Roca Rubí en su mano, y acercándose junto a Hagen y Syd-. Los guerreros a los que enfrentamos realizaron un Blót, y todos los que fueron asesinados, sus almas entraron en estas cosas, y cuando lo hicieron, los Zafiros de Odín dejaron de brillar -finalizó Fenril apuntado a su Zafiro de Odín.

-Esos son los restos de las Piedras de los Mundos Oscuros que destruí en el Santuario de Gimlé, donde me tenían prisionero -aclaró Shaka, sobresaltando a Alberich-. Me tomó mucho tiempo reunir el cosmos necesario para liberarme. Pensé que esas piedras habían quedado destruidas -aseguró con curiosidad.

-¡Estás piedras son lo único que evita que los mundos colisionen! -enfureció Alberich, quitándoles las piedras a los 3- Dementes… pero mientras exista al menos un fragmento, las piedras pueden recuperarse. Pero eso no importa de momento, lo único que se me ocurre es que Derbal haya cortado la conexión de los Zafiros de Odín a la Constelación de la Osa Mayor, pero, ¿con qué objeto? -se preguntó Alberich.

-Loki los llamó Nuevos Zafiros de Odín -prosiguió Fenril, y Alberich comenzó a comprenderlo-. Y si es lo que creo que es, eso significa que los Salones de Yggrasil se materializaron gracias a que alguien logró crear esos dichosos Nuevos Zafiros de Odín -finalizó.

-¡Ya basta de palabrerías! -enfureció Milo- El cómo llegaron los Salones de Yggdrasil a este mundo no tiene importancia. Mientras más tiempo pasa, la vida de Saori corre peligro. No quiero explicaciones del cómo están ocurriendo las cosas, quiero explicaciones del cómo remediarlas. Si derrotar a unos Dioses Guerreros de la Osa Menor y romper unas estatuas es suficiente. ¿Qué estamos esperando? -finalizó iracundo.

-Cálmate -reprendió Hilda, y Milo se mordió los labios con molestia-. Yo también estoy preocupada. Pero no podemos simplemente actuar sin la prudencia debida, esto es lo que vamos a hacer -prosiguió Hilda, mirando a Siegfried fijamente-. Y esta orden va por encima de cualquiera tuya, Siegfried. Los Dioses Guerreros de la Osa Mayor enfrentarán a sus equivalentes en cada Salón de Yggdrasil, y una vez caiga la Barrera de Galdr de Odín, los Dioses Guerreros Dorados ascenderán a las 12 Moradas de los Dioses. No podemos desperdiciar el cosmos de los únicos que pueden enfrentar en igualdad de condiciones a otros Dioses Guerreros Dorados -les aseguró Hilda.

-Veo que esta generación por fin empieza a hablar con coherencia -agregó Dohko, quien se había mantenido en silencio en todo momento, y se frotaba la barba rojiza con comezón, uno que asqueó a Aldebarán-. Combatir a los Dioses Guerreros de la Osa Menor no es tarea de nosotros. Eso debemos dejárselo a nuestros hermanos de la Osa Mayor. Todos en la Orden de Hlin tienen un papel que cumplir, ninguno es más importante que el otro. Un Dios Guerrero debe ser capaz de seguir adelante, a sabiendas de que un hermano corre peligro. Milo tiene razón en la parte en que mucho les falta para entender lo que significa ser un Dios Guerrero Dorado, y yo he de enseñarles. Pero deberán tener paciencia y confianza en sus hermanos, entiendan que no todo lo pueden hacer siempre ustedes -finalizó Dohko, aunque Milo se mordió los labios con desprecio-. A veces, solo deben confiar en los demás. Todos luchamos por Hlin, todos luchamos por Saori. Lo dejamos en sus manos, Siegfried -finalizó Dohko.

-Agradecemos la confianza, Maestro Dohko -reverenció Siegfried, y entonces se dirigió a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor-. No perdamos más el tiempo, todos colóquense frente a la Estrella hermana de la Constelación de la Osa Mayor a la que representan, dejaremos que nuestras estrellas sean las que elijan a nuestros oponentes -aseguró.

-Perfecto -se tronó los nudillos Tholl, sabiendo de antemano quien era su oponente-. Ya tenía ganas de partirle el rostro de niña a ese princesito desde que lo enfrenté en las Grutas de Brezal de Gnita -agregó Tholl sin darse a esperar, y corriendo a los interiores de la cueva que representaba a su estrella, el resto de dioses guerreros se adelantó de igual manera, y al final, solo quedaron Hilda y los Dioses Guerreros Dorados.

-Bien… -prosiguió Dohko, dirigiéndose al grupo-. Mientras esperamos, seré yo quien les dará lecciones sobre lo que significa ser un Dios Guerrero Dorado, y una de las lecciones más importantes es la de la confianza, y el entendimiento de que aún con todo su poder, no pueden hacerlo todo ustedes solos -continuó entonces con su lección.

Las 12 Moradas de los Dioses. Tercera Morada, Géminis.

-¿De dónde habrá salido ese Jotunn? -se preguntaba Saga, siguiendo a Bud por la Tercera Morada, mientras Bud tiraba de Saori a la fuerza, demasiada para opinión de Saga, ya que Saori lloraba por la presión que ejercía Bud- Se más gentil, es la hija de tu anterior Jarl, y como tal le debes respeto -exigió Saga.

-Oh, disculpe usted, Sumo Sacerdote, pero no tendría que estarla arrastrando si alguien hubiera hecho bien el trabajo de asesinarla hace 8 años, así que no me hable de gentileza -le respondió Bud, lo que molestaba a Saga, quien, a medio camino por la Tercera Morada dejó de seguir a Bud-. No me diga que lastimé su frágil ego. Por si no lo nota, soy un ajeno al Santuario. Si subo por las 12 Moradas solo, sus guardianes me complicarán el ascenso -le recordó, apretando la muñeca de Saori, quien se tragó las lágrimas de dolor mientras caía en sus rodillas.

-Daré la orden de que te dejen pasar -agregó Saga, alzando su dedo, y lanzando 5 destellos de cosmos dorado, que aterrizaron en varias de las Moradas de los Dioses, e instantes más tarde, recibió 5 respuestas-. Está hecho. Puedes continuar con tu asenso por las 12 Moradas de los Dioses, pero si alguno de los Dioses Guerreros Dorados te ve irrespetando a la hija de Jarl Wotan, tienen la instrucción de detenerte -le aclaró, por lo que Bud se molestó, pero soltó a Saori de todas formas, quien terminó en el suelo de la Tercera Morada y mirando a Saga desde el suelo-. Señorita, no tiene a donde ir. Puede subir por las 12 Moradas como una invitada de pocas libertades, o como una prisionera. De cualquier forma, la única forma de escapar es lanzándose al vacío entre las sendas. Sería prudente que atendiera a su situación -le pidió.

-Sería prudente, que vieras las evidencias frente a ti, antes de declararme falsa, Saga -fue la respuesta de Saori, quien pese a sentir un dolor tremendo en su muñeca, no dejaba de mirar a Saga con cierta autoridad-. Ustedes… son un Dios Guerrero Dorado, y un Dios Guerrero de la Osa Mayor -miró Saori entonces a Bud, quien se sorprendió por las palabras de Saori-. Sea lo que sea lo que les haya prometido Derbal, no es nada comparado con la ira de Odín, es una lástima que no la recibirán, ya que las puertas de Asgard seguramente estarán cerradas para ambos. A menos que recapaciten -insistió Saori, teniendo esperanza en Saga, quien la miraba con duda, pero no decía nada-. Alguien me dijo… que una diosa no debería de tener que demostrar su identidad. Entonces te pido, Saga, que me mires, y me digas lo que soy para ti… -le pidió, tomándolo de la cabeza, y forzándolo a verla directamente-. Dime… quien soy… -le exigió, y Saga comenzó a perderse entre las galaxias que brillaban en los ojos de Saori, por lo que Bud se preocupó y tiró nuevamente de la muñeca de Saori, cortando la concentración de Saga, quien se tomó de la frente, sintiéndose mareado.

-Es suficiente. Tenemos mucho que subir, y muy poco tiempo -exclamó Bud, tirando de Saori, y saliendo de la Tercera Morada, mientras Saori lo observaba con molestia, comprendiendo lo que estaba pasando.

-Tú lo sabes… -aseguró Saori, molestando a Bud-. A Saga podría perdonarlo, porque pude ver en sus ojos la duda. Él genuinamente cree que Lyfia es la Asynjur Hlin. Pero tú… sabes la verdad, y aun así haces la voluntad de Derbal. ¿Por qué? ¿Cuál es el plan de Derbal? -preguntó ella, intranquila, y Bud se viró para verla fijamente, mientras continuaba estrujándole la muñeca y forzándola a morderse los labios, resistiendo el dolor.

-Sigue fastidiándome, diosa, y te emparejaré la otra muñeca para que tengas razones para las cuales llorar -amenazó Bud, pero Saori se negó a llorar y se mantuvo firme-. Desprecio a los dioses… los desprecio con todo mi corazón… pero, los dioses pueden morir, no son todo poderosos como los hombres creen, y te tengo a ti aquí, arrodillándote de dolor… -prosiguió, mientras Saori no lo soportaba y caía en sus rodillas-. Como prueba de que los dioses no son todopoderosos. ¿Quieres saber cuál es el plan de Derbal? Él desea la completa exterminación de los dioses para liberarnos a los humanos de su tiranía. No más gemelos siendo separados y asesinados, no más sacrificios de esclavos para apaciguar la ira de los dioses, no más muertes en los festivales de la cosecha por buscar el favor de los dioses. Seremos libres al fin. Y el que Odín no haga nada para detenernos, significa que tiene miedo… -le aseguró Bud.

-Te equivocas… -intentó decir Saori, aunque Bud continuaba estrujándole la muñeca-. Los dioses jamás… han pedido sacrificio… son los Godis cegados por el poder y el miedo, quienes lo han exigido… los dioses… aman a los humanos… tanto, como para luchar a su lado en las guerras. No confundas el miedo de ellos que no pueden comprender la verdad de los dioses… con la exigencia divina. ¿Cuándo ha un dios bajado del Asgard a pedir sacrificio? ¿No será que los Godis controlan a las masas, utilizando el miedo? -le preguntó, y Bud comenzó a dudar- Dime… Bud… ¿quién le ordenó a tu familia abandonarte en el bosque? Seguramente no lo sabes porque eras muy joven para saberlo, pero quien da esa orden, es el Godi del Jarl… y para cuando tú naciste… Shion había abandonado la corte. ¿Quién crees entonces que ordenó tu muerte? ¿Quién se convirtió en Sumo Sacerdote después de Shion? -le preguntó, y una lágrima comenzó a caer de los ojos de Bud, pero rápidamente, Bud enfureció, y comenzó a estrujar el cuello de Saori.

-Cierra la maldita boca, diosa inútil… -amenazó Bud, quien había perdido todo temple, y apresaba el cuello de Saori con tal fuerza, que sangre comenzó a caerle de la nariz-. Quien ordenó mi muerte, lo hizo por el capricho de los dioses. No te atrevas a querer usar tus artimañas conmigo, nadie puede controlarme de esa forma -prosiguió Bud, y Saori comenzaba a perder el conocimiento.

-Oye papanatas… más te vale soltarla en este instante, no me hagas cumplir las órdenes del Sumo Sacerdote -escuchó Bud, y soltó a Saori, quien cayó al suelo tomándose la garganta e intentando respirar, pero se esforzó por mirar a la cima de las escalinatas, aún estaban muy lejos de la Cuarta Morada, pero el guardián de la misma había dejado su puesto para atender a lo que ocurría en la senda-. Tienes agallas, atreverte a desobedecer la orden directa de un Dios Guerrero Dorado es muy peligroso. ¿Tienes el poder para respaldar tus actos? Dime, ¿tienes el poder de enfrentarme? Porque si vuelves a irrespetar una orden de un Dios Guerrero Dorado, adivina qué es lo que va a pasar -se burló el Dios Guerrero Dorado, incinerando su cosmos, desafiante, y Bud se lo pensó mejor antes de bajar la mirada-. Arriba, ensucias mi senda con tu sangre, y no me apetece salir a limpiar. Estamos en guardia, solo los Dioses Guerreros Dorados se permiten en las 12 Moradas, con ligeras excepciones, y no pienso limpiar este desastre -le aseguró apuntando a la sangre que le caía de la nariz.

-Descuide… mi sangre es demasiado importante para dejarla regada por donde vaya… -le respondió Saori, elevando su cosmos y curando sus heridas frente a ambos, lo que sorprendió al Dios Guerrero Dorado-. Le agradezco… el que haya venido en mi auxilio. ¿Su nombre es…? -preguntó Saori, curiosa.

-No tengo un nombre, limítate a llamarme Máscara Mortal -sentenció el Dios Guerrero Dorado, haciéndose a un lado, y mirando a Bud fijamente-. Ahora sube… y no quiero más contratiempos. Suficiente tengo con la molestia de tener que bajar de mi Morada. Ahora lárgate de mí vista -ordenó, Bud lo miró desafiante, pero ascendió de todas formas, con Saori siguiéndolo en todo momento-. Mi Morada es… algo perturbadora, le serviría mantener la vista posada en la espalda de Bud en todo momento. Aunque no es que me importe -se burló él.

-Lo tomaré en consideración -reverenció Saori, mirando a Máscara Mortal de reojo-. Sea cuales fueran sus razones, ha sido amable al venir en mi auxilio, por ello permítame contarle algo -le pidió, y Bud se viró para verla, impaciente, pero a Saori no le interesó-. El nombre de una persona, es el Kenning con el que le conocen los dioses. Desde el día en que se nace, el Kenning queda escrito en su alma. Si usted olvida su nombre de nacimiento, no podrá entrar a los palacios de los dioses si ellos le consideran digno, y tampoco podrá llegar al Niflheim o a Helheim, ya que nadie podría reclamarle. ¿Entonces qué pasa con los que no pueden llegar a ninguno de los reinos de los muertos? ¿Viven eternamente? Ni los dioses pueden vivir eternamente, eso solo significa que hay un solo destino para quienes no pueden ser reclamados en muerte. La condena de ser un muerto, cuya alma no puede escapar a los otros mundos. A eso, se le conoce como un Draugr. Mi consejo entonces es que no se olvide de su Kenning -finalizó Saori, y comenzó a ascender.

-Mephisto… -respondió el Dios Guerrero Dorado, y Saori sonrió al escucharlo-. Si una diosa conoce mi nombre, entonces podré llegar a cualquiera de esos reinos, ¿no es así? -ante la revelación, Saori se mostró sorprendida, mientras el Dios Guerrero Dorado la miraba con malicia-. Gracias por el consejo del nombre, pero, de todas formas, no te soy leal. Alcanzaré la vida eterna, ese es mi único objetivo. La muerte, jamás podrá alcanzarme -le aseguró, y Saori, entristecida, se viró, y continuó ascendiendo en silencio. Sintiendo su corazón destrozado al darse cuenta de que un Dios Guerrero Dorado conocía la verdad, y no le importaba.

Salón de Eta. Muspelheim.

Corriendo por un corredor envuelto en ramas iba Mime, quien fue recibido en ese momento por un puente, desde el cual momentáneamente logró ver a la ciudad de Hlingard, y al Reloj de Bor, que ya contaba con 3 de sus paredes completas, y aunque Mime no conocía lo que Jarl Svend había deducido, que cada una de las paredes del reloj representaba que una hora había pasado, algo le decía que debía apresurar el paso, y que tenía que completar su misión antes de que el Reloj de Bor terminara de formarse.

-Ese debe de ser uno de los Salones de Yggdrasil -dedujo Mime, admirando el templo, que se encontraba rodeado de ramas del Árbol del Mundo, y que contaba con una arquitectura simple, siendo esta una edificación rectangular, de ladrillos anaranjados, y que brillaba con una fuerza de cosmos propia. Contaba con una especie de salida en el techo a manera de chimenea de piedra, con la forma de un rostro de metal de cuyos ojos y boca salía el fuego ardiente de los interiores del recinto. Cuando Mime llegó a la puerta, de varios metros de altura, y brillando como un metal al rojo vivo, dedujo fácilmente el salón del que se trataba, y que, de tocar aquella puerta, terminaría con quemaduras graves-. El Salón de Muspelheim, vaya lugar del que me tocó ser guardián -elevó su cosmos entonces Mime, y se preparó para azotar la puerta de un puñetazo, cuando esta comenzó a abrirse por sí misma, invitándolo a pasar.

Mime apagó su cosmos entonces, y entró tranquilamente en el Salón de Muspelheim, el cual asemejaba más a una inmensa caverna, con estalactitas que colgaban del techo chorreando gotas de magma hirviente, que en algunas ocasiones se habían unidos a las crecientes estalagmitas formando columnas anchas. El calor en el lugar dificultaba la respiración de Mime, que observaba una formación de roca, asemejando a una corona de roca, sobre la cual descansaba una formación que brillaba roja como el rubí.

-Esa debe ser la estatua que Hilda mencionó -se acercó Mime, mirando a la misma fijamente, además de mirar a los alrededores, sabiendo que no estaba solo-. No necesitas esconderte. Sé de antemano que estás aquí, y que no me facilitarás el destruir esta estatua -agregó Mime.

-Es de sabios el analizar a tu oponente antes de una batalla, Dios Guerrero de Benetnasch Eta, Mime de Bardr -salió Surt de su escondite, con su espada en mano, misma que Mime observó con cautela-. Pero ya he deducido lo que me es necesario para la victoria -miró Surt a la lira que cargaba Mime, quien no se dignaba siquiera a ponerse a la defensiva-. Pero qué modales los míos, permíteme presentarme. Dios Guerrero de Lambda Eta, Surt de Eikpyrnir -se presentó Surt, y Mime logró ver, dibujado en su cosmos, a un siervo con la cornamenta en llamas, que resoplaba fuego azul.

-Eikpyrnir, el Ciervo de Odín que reside en el Valhala, alimentándose del follaje del árbol Laeradr que crece en su interior. Se dice que sus cuernos de roble emanan un calor tal que derrite los hielos del Hvergelmir, el caldero del cual fluyen los 11 Ríos, y dentro del cual se encuentra la fuente de Élivagár -recordó Mime, quien casi podía ver el cosmos llameante de Eikpyrnir bajar desde la cima del Árbol del Mundo, hasta sus raíces, donde el caldero Hvergelmir, repleto de hielo infinito, se derretía con este calor, dando origen en su interior a la fuente de Élivagár, de la cual emanaban los 11 Ríos que viajaban por todos los mundos.

-Al menos me tocó enfrentar a un conocedor. Corren rumores de que la mayoría de los que acompañan a la falsa Asynjur, son salvajes y descerebrados -prosiguió Surt, apuntando a Mime con su espada-. Seguramente también conoces a Laevateinn -agregó Surt, sobresaltando a Mime, quien entonces rápidamente se hizo a un lado, evadiendo a Surt, quien se había lanzado en su dirección y estuvo a punto de atravesarlo con su espada, misma que, al impactar el suelo, soltó un estallido de fuego azul que forzó a Mime a rodar a un lado-. Así es, Mime. Lo importante de mi Ropaje Sagrado no es la bestia a la que representa, sino la espada que forma su cornamenta. Laevateinn, la Espada de la Ruina, una espada que escupe fuego, y que ha pertenecido al Muspel Surtur, así como al dios Frey, y que por años ha elegido a diversos portadores para desatar la ira de la naturaleza sobre los hombres. Esta, es la verdadera fuerza del Ropaje Sagrado de Eikpyrnir, la fuerza de Laevateinn. Dime Mime, ¿cómo podría una simple lira compararse conmigo? ¡Vorágine de Llamas del Ciervo! -prosiguió con sus ataques Surt, esta vez con llamas normales, pero que se movían como si formaran parte de un vórtice, que rodeaba a Mime, acortándole el camino, y por el cual Surt comenzó a correr con su espada alzada, hasta llegar a donde Mime, y atravesarle el pecho, tras lo cual la espada Laevateinn incineró el cuerpo de Mime, que cayó envuelto en llamas-. Ha sido en extremo sencillo -se burló Surt, quien entonces comenzó a escuchar una gentil melodía.

-¿Eso piensas? Para alguien que se jacta de observar a su enemigo, y planear una estrategia de batalla con base a ello, no observas muy bien, Surt -la voz provenía de Mime, a quien Surt creía haber incinerado, dándose cuenta de que lo que logró incinerar, no era más que hielo recubierto de cosmos, y que el verdadero Mime se encontraba cerca de la entrada del Salón de Muspelheim, tocando su lira, con una melodía hipnótica, que mantenía a Surt a la expectativa, pero extrañamente tranquilo, como si no hubiera un instinto asesino en Mime, quien simplemente continuaba tocando-. He comprobado que no tienes la fuerza necesaria para hacerme frente, Surt. No es la primera vez que combato a un Dios Guerrero de la Osa Menor. El ser al que enfrenté, quedo inmovilizado por mí sin poseer un Ropaje Sagrado de ningún tipo, no tienes posibilidades de vencerme ahora que visto a Bardr, quieras pensar en mi Ropaje Sagrado como un Ropaje inútil o no, la verdad es que te supero en toda forma, desperdiciarás mi tiempo, y tu vida, si te atreves a enfrentarme -prosiguió Mime con tranquilidad, mientras su melodía continuaba resonando por los alrededores.

-Sé perfectamente sobre tus capacidades, Mime, y admito que ha sido impresionante el enterarme de que lograste poner a dormir a Balder con tu melodía -aceptó Surt, preparando su cosmos pese a que el de Mime parecía elevarse aún más alto que el del mismo Surt-. Pero tengo la victoria de esta batalla asegurada, porque conozco el secreto para derrotarte -intentó decir Surt, cuando de pronto, un corte en su Ropaje Sagrado le arrebató algo de sangre a la altura de su rodilla, forzando a Surt a caer sobre la misma, mientras Mime seguía tocando-. ¿Qué ha sido eso? -se sorprendió Surt.

-Tú dime, Dios Guerrero de Eikpyrnir, ya que parece que tienes todo bajo control -se burló Mime, quien no interrumpía la música de su lira, lo que enfurecía a Surt, quien intentó levantar su espada, solo para terminar con su mano cortándose por un corte a la altura de sus dedos que casi le corta los mismos, permitiendo a Laevatennin quedar clavada en el suelo-. ¿No habías mencionado que lo más importante en tu Ropaje Sagrado, no era la bestia sino el arma? Acabas de perder tu arma, me pregunto yo, ¿qué te queda de importante? La curiosidad me mataría, si yo no fuera completamente indiferente a la muerte -aclaró.

-¿Indiferente a la muerte? -se preguntó Surt, sintiendo nuevamente un corte a la altura de su mejilla, y otro más en su hombro, más y más cortes se hacían presentes, arrebatándole la sangre, y lanzándola por los alrededores, derribando a Surt, quien no alcanzaba a comprender lo que estaba ocurriendo, pero quien, sorpresivamente, logró mantener la calma, y lentamente, comenzó a ponerse de pie- Nadie es indiferente a la muerte -agregó Surt, haciendo tiempo, mientras deducía lo que estaba ocurriendo.

-¿Estás seguro, Surt? ¿Acaso no posees una indiferencia, que usas como herramienta para mantener el control de un Dios Guerrero Dorado? -preguntó Mime, sorprendiendo a Surt, quien no tardó en relajarse nuevamente, mientras escuchaba la melodía de Mime.

-¿Cómo lo sabes? -preguntó Surt, recibiendo un corte detrás de su pierna derecha, que lo obligó a arrodillarse nuevamente, pero el Dios Guerrero de la Osa Menor nuevamente se puso de pie, lo que sorprendía ligeramente a Mime.

-No es una habilidad tan mágica, a decir verdad, Surt. Pero poseo la capacidad de conocer lo que existe en el corazón de a quienes enfrento -confesó Mime, mientras continuaba tocando-. En tu corazón, puedo sentir un profundo dolor, pero al mismo tiempo, una grata indiferencia. Como la de alguien que ha perdido a una persona importante, pero ha logrado mitigar la herida y seguir con su vida. Tu corazón es fuerte Surt, por ello quisiera no tener que matarte, aunque la verdad, tampoco me importa tanto -aceptó Mime, y los cortes en el cuerpo de Surt prosiguieron, hasta dejarlo tendido en el suelo, en un charco de su propia sangre-. Pero la verdad, mi habilidad de leer el corazón de la gente, no me hace conocedor de tu perdida. Fue Syd quien me lo contó, mientras estuvimos en prisión. Él me contó de todos ustedes, ya que por mucho tiempo pretendió ser un asociado de Derbal, por eso sé que perdiste a tu hermana, por eso sé de la promesa que te ha hecho un Dios Guerrero Dorado, que no cree siquiera que Lyfia sea la verdadera Asynjur Hlin, pero que pelea, por cumplirte una promesa. Esa, es una amistad envidiable, casi me hace querer sentir esa misma amistad. Pero igual que tú, yo solamente combato por regresar un favor, a aquella señorita que confío en mí a pesar de ser un monstruo. A ella debo toda mi lealtad, no me importa mi vida, ni hacer amigos, solo vivo por servirla a ella. Eso también significa que solo tengo un objetivo, y es destruir esa estatua. Si te quitas de mi camino te perdonaré la vida, y tal vez, solo tal vez, puedas seguir disfrutando de tan bella amistad -finalizó Mime, y por fin dejó de tocar, observando a Surt fijamente, quien se mantenía de pie pese a todas sus heridas.

-Si en verdad puedes leer mi corazón, sabes de antemano que no me voy a dejar intimidar -fue la respuesta de Surt, limpiándose un hilo de sangre, y sonriendo ante Mime-. Te confieso que normalmente tengo la ventaja en mis batallas, ya que soy un hombre de estrategias y a quien no le molesta hacerse de cualquier estratagema para lograr mi cometido, eso incluye, utilizar a mi estimado amigo Camus como herramienta -aclaró, y Mime lo miró fijamente, y luego miró a la estatua en el salón-. Pero en ocasiones como esta, en las que no existe la oportunidad de planear con antelación, suelo recurrir a un último recurso. ¡Mi cosmos! -elevó su cosmos Surt, y por vez primera, Mime alzó su guardia- Y es más alto de lo que habías pensado, Mime. Te dije que tenía todo bajo control, eso incluye, el darte una falsa impresión de la extensión de mi cosmos, para bajar tu guardia, y conocer cómo funciona tu técnica -admitió Surt, apretando con fuerza la herida en su mano, extrayendo la mayor cantidad de sangre posible, y lanzándola a los alrededores, logrando que algunos destellos fueran visibles gracias a su sangre-. Cuerdas de lira -dedujo Surt, colocando su mano en un destello, rodeándolo de su cosmos, y haciendo visible toda una red de cuerdas de lira.

-Descubrió mi Réquiem de Cuerdas utilizando su propia sangre como punto de referencia, que astuto -agregó Mime con tranquilidad, notando entonces que Surt desaparecía a su vista, al igual que la espada que había terminado clavada en el suelo-. Eres rápido, pero no sobrepasas mi velocidad -prosiguió Mime, saltando, justo en el momento en que Surt aparecía a sus espaldas e intentaba golpearlo, y rodeando a Surt de cuerdas de lira que salían de los dedos de Mime, quien comenzó a apretar las cuerdas, manteniendo a Surt atrapado en las mismas, y con su cuerpo sangrante con cada movimiento de sus dedos-. Puede que hayas ocultado la verdadera extensión de tu cosmos, Surt. Pero mi cosmos sigue siendo superior. Utilizaste toda la extensión de tu cosmos para intentar aquel ataque y no te fue suficiente. Ríndete, o me veré obligado a despedazar tu cuerpo -le aseguró Mime, notando que Surt sonreía.

-Con mi anterior ataque no pretendía darte a ti, Mime -declaró Surt, mirando en dirección a la lira de Mime, que estalló en pedazos en ese momento, rompiendo todas las cuerdas de la misma, y liberando a Surt de su agarre-. Te dije que conocía perfectamente tu debilidad, sin una lira, no puedes utilizar tus técnicas de batalla -apuntó Surt con su espada e intentó asesinar a Mime, quien evadió sin problema alguno e impactó el pecho de Surt con fuerza, sorprendiendo al Dios Guerrero de la Osa Mayor-. Esta fuerza… es increíble… -aceptó Surt, mientras era lanzado en dirección al cristal en su salón, donde terminó clavado.

-Es verdad que sin una lira no puedo desatar mis técnicas de batalla de Dios Guerrero, pero estas nunca me hicieron falta antes, Surt -enunció Mime, mientras Surt se tomaba del pecho, sintiendo que su corazón se estremecía de dolor en el lugar donde Mime lo había golpeado-. Golpee tu corazón, sin necesidad de las técnicas de mi Ropaje Sagrado. En estos momentos sientes como si te estuviera dando un infarto, y muy probablemente te de uno si sigues interponiéndote. Compréndelo ya, no puedes derrotarme -finalizó Mime, colocándose frente al cristal y elevando su cosmos alrededor de su puño.

-Puede que yo no pueda derrotarte, Mime… -sonrió Surt, estremeciéndose por el dolor en su pecho-. Pero él sí puede -enunció, y Mime fue capaz de sentirlo, una inmensa fuerza congelante, proveniente de una distancia muy extensa, mientras desde la Onceava Morada, una figura en un Ropaje Sagrado Dorado, con las manos entrelazadas, llamaba a la aurora, y disparaba esta en dirección al Salón de Muspelheim, pasando por encima de 10 Moradas de los Dioses, pasando por enfrente del Reloj de Bor, y estrellándose con fuerza sobre el cuerpo de Mime, congelando en su totalidad el Salón de Muspelheim.

-Qué pena… escuchaste todo lo que dije de ti… y, aun así… gracias a ti es que estoy vivo, Camus -exclamó Surt, entre el hielo y el vapor de agua, sintiéndose aliviado de que todo hubiera terminado-. Siempre es una buena garantía tener a alguien para cuidar de tu espalda, lástima que no tenías interés en hacer amigos, Mime, pudiste haber terminado de otra forma. Ahora no eres más que una estatua congelada -enunció Surt, notando en ese momento la pose en que se encontraba Mime, con el puño derecho en dirección a la formación color de rubí, que estalló en ese momento, frente a un Mime congelado, que permanecía en la pose de su ataque-. No es posible… este sujeto, en verdad no le tenía miedo a la muerte. Prefirió cumplir su misión, que conservar su vida… Mime… eras… simplemente increíble… -terminó Surt, desmayándose en ese momento, y tras haberlo hecho, el Nuevo Zafiro de Odín se desprendió de su Ropaje Sagrado.

Las 12 Moradas de los Dioses. Novena Morada, Sagitario.

-Ese cosmos ha sido de Camus -agregó Aioros, saliendo de su Morada para ver la nevada que caía en ese momento gracias al ataque de Camus que había bajado desde la Onceava Morada hasta estrellarse en el Salón de Muspelheim. Mientras estuvo afuera observando, notó a un par de figuras subir por las escalinatas de su senda, y posó la mirada fijamente en Saori, quien tras ver a Aioros embozó una gentil sonrisa y sus ojos se llenaron de lágrimas, aunque Aioros se mantuvo inexpresivo-. Sobreviviste… -enunció Aioros.

-Solo es gracias a ti -respondió Saori, acercándose a Aioros, quien bajaba la mirada, intranquilo-. Aioros… no sabes cuánto tiempo he esperado para volverte a ver -prosiguió ella, intentando abrazar a Aioros, decepcionándose cuando el de Sagitario retrocedió, evitando su abrazo-. ¿Aioros…? -agregó Saori dolida.

-Es por ti el que perdí el puesto de Sumo Sacerdote, es por ti el que mi hermano ha perdido la gracia de Odín, es por ti por quien siento una inmensa deshonra -agregó Aioros, lo que devastó a Saori, quien no podía creer lo que estaba escuchando-. Respetaba a tu padre, le era leal. Por amor a tu padre intenté perdonarte la vida, y gracias a ello he causado esta guerra. Tu sola existencia es motivo de mi deshonra. Vete, no deseo verte… -finalizó Aioros.

-No creeré por un solo momento que estos son tus verdaderos sentimientos, Aioros -enunció Saori, sorprendiendo a Aioros-. El Aioros que conozco, no dudaría por ningún segundo sobre mi identidad. Arriesgaste tu vida por mí, te levantaste en contra de tu mejor amigo por mí, no sé qué es lo que te ha pasado, pero cuando despiertes, quiero que sepas que estoy sumamente agradecida contigo -lloró Saori, conmoviendo a Aioros, quien se resistió, y le dio la espalda nuevamente-. Aioria… se ha convertido en una persona increíble… estarás orgulloso cuando lo vuelvas a ver -terminó Saori, siguiendo a Bud nuevamente, y solo cuando ninguno de ellos podía verlo, fue que Aioros comenzó a llorar.

Salón de Zeta. Jotunheim.

Las raíces sobre las cuales corría Syd comenzaron a estremecerse, y tras salir del túnel de raíces y llegar hasta un puente de las mismas, que le permitía ver el exterior, supo la razón. Una tremenda fuerza congelante había caído sobre la rama de Yggdrasil que sostenía al Salón de Muspelheim, y había terminado por congelar el mismo. Sin embargo, este salón no perdió su brillo anaranjado sino hasta unos segundos más tarde, mismos en los cuales un destello color violeta salió del Salón de Muspelheim, dirigiéndose a la cima del Santuario.

-Odio cuando no comprendo absolutamente nada de lo que ocurre a mi alrededor -se fastidió Syd, pero prosiguió con la marcha en dirección al salón, que se encontraba construido sobre algunas raíces, y que era tan alto, que unas ramas lo sostenían en su lugar de igual manera.

El salón frente a Syd, era una especie de edificación de cristal y roca congelada. Rodeado por la mitad por las raíces que, igualmente congeladas, rodeaban la roca y el hielo. El techo de la enorme edificación, parecía la punta de un palacio bien pulido, que no contrastaba con su parte inferior y estaba sujeto por ramas. Era como si alguien hubiese tomado 2 edificaciones distintas, las hubiera cortado por la mitad, y las hubiese unido, aunque la puerta, que era redonda, y parecía hecha de hierro, tenía su marco redondo en ambas edificaciones.

-¿Jotunheim? -se preguntó Syd, teniendo un mal presentimiento cuando miró en la puerta de hierro la imagen de un Jotunn, hasta la cintura al menos, ya que pasando al Jotunn, otro segundo ser parecía adornar la puerta, y este tenía un aspecto más humano y solemne. Era como ver un naipe de cartas, con la carta del Jarl, solo que ambas partes eran diferentes- Parece un Aesir… -declaró, acercando su mano a la puerta, que comenzó a rodar y a abrirse, mientras el cosmos blanco que rodeaba a la edificación, se sentía aplastante. Una vez dentro, sin embargo, el panorama cambiaba, las paredes eran de un amarillo tenue, con una estatua de un Jotunn en el fondo que poseía un cristal color de esmeralda en el pecho, y con Hércules en medio de la habitación.

-Mira que enviarme a un debilucho a mi salón -exclamó Hércules, mientras Syd entraba solemnemente en el salón-. Pero supongo que esperas una bienvenida. Este es el Salón de Jotunheim, y yo soy su guardián, Dios Guerrero de Alifa al Farkadain Zeta, Hércules de Tanngrisnir -se presentó el Dios Guerrero de la Osa Menor.

-Dios Guerrero de Mizar Zeta, Syd de Bygul -se presentó Syd. En su cosmos, el Tigre del Norte rugió con orgullo, en el cosmos de Hércules, una inmensa Cabra de pelaje oscuro, de apariencia agresiva y poderosa-. Así que, ante todo, soy el guardián de Jotunheim. Lo pensaría más adecuado para Tholl, pero cuando descubro que Tanngrisnir es, al igual que Bygul, una bestia que tira de un carruaje, alcanzo a comprender mejor las razones -aseguró Syd.

-Tanngrisnir es una de las bestias que tira del carro de Thor por el Jotunheim. Las inclemencias del mundo de los gigantes y sus bestias no son nada para Tanngrisnir -aclaró Hércules, sacando su poderosa espada, y apuntando con ella en dirección a Syd-. Y con el Tórshamarr, te pulverizaré. ¡Guadaña Giratoria! -exclamó Hércules, desprendiendo una de sus hombreras, que asemejaban ruedas de una carreta con una punta afilada en el medio, y lanzó la misma en dirección a Syd, quien cubrió la rueda con el antebrazo, aunque la misma le hirió pese al Ropaje Sagrado, y prosiguió su camino por el salón hasta regresar a Hércules-. La primera sangre es mía -declaró Hércules con orgullo.

-Ese artefacto, se mueve con una velocidad inquietante -aceptó Syd, tomándose del antebrazo y congelándoselo parcialmente para evitar la pérdida de sangre-. Pero yo no necesito de artefactos como esos, las uñas de mi ropaje sagrado fueron construidas con el metal fundido de la legendaria Hrunting, la espada sagrada del héroe legendario, Beowulf -enunció Syd, elevando su cosmos alrededor de sus uñas, y corriendo en dirección a Hércules-. ¡Garra de Tigre Vikingo! -exclamó Syd, evadiendo la poderosa espada de Hércules, e intentando golpear al Dios Guerrero de la Osa Menor, apuntando directamente a su cuello para terminar con el encuentro lo antes posible, y sorprendiéndose al notar la velocidad con que Hércules se movió, logrando que el ataque de Syd se estrellara no en su cuello, sino en su hombrera derecha- Imposible… no había forma en que pudieras evadir mi ataque -aseguró Syd, notando que Hércules se movía inquietantemente rápido, y golpeaba el cuerpo de Syd con fuerza, lanzándolo por el Salón de Jotunheim, hasta estrellarlo contra la pared-. ¿Cómo? Estoy seguro de haber sido capaz de bloquear tu ataque -se dijo a sí mismo Syd, notando el impacto de un puño en la cubierta de hielo que había formado para cubrirse la herida del primer ataque de Hércules, notando de igual manera, un segundo golpe profundo en su Ropaje Sagrado, que había logrado abollar el mismo.

-Tal vez no eres tan rápido como pensabas, Dios Guerrero de Bygul -señaló Hércules, con su aplastante cosmos incinerándose, y donde Syd había visto a una Cabra salvaje y agresiva de color oscuro, una segunda de color blanco parecía respaldar el cosmos de Hércules-. Yo soy, el Dios Guerrero más poderoso de todos. ¡Tornado Giratorio! -exclamó Hércules, tomando ambas hombreras como llantas de carreta, girándolas, y girando su propio cuerpo de igual manera, formando nubes oscuras de relámpagos morados, cuyos vientos estiraron la piel de Syd y lo lanzaron por todo el Salón de Jotunheim, mientras sus gritos de dolor resonaban con fuerza.

Palacio de Hlingard. Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra.

-Llegamos tarde -resonó la voz de Jarl Svend, quien llegaba junto a los Guerreros Vikingos, ante los Dioses Guerreros Dorados, y ante Hilda, quienes en esos momentos recibían lecciones de caballería por parte de Dohko, en un intento de matar el tiempo mientras la barrera del Galdr de Odín se debilitaba-. Me temía que no venciéramos a ese Jotunn a tiempo. No creí que Derbal fuera tan idiota como para romper el Sello de Yggdrasil, y materializar los Salones de Yggdrasil en Midgard. Debo saberlo, sacerdotisa Hilda, ¿usted conoce el secreto de los Hermanos Sombra? -le preguntó Jarl Svend.

-Si se refiere, mi Jarl, a la existencia de Bud, ha quedado más que claro que todos los presentes ya lo sabemos -le mencionó Hilda, pero Jarl Svend mantenía su preocupación-. Pero he sabido de su existencia por mucho tiempo ya, simplemente, no la exterioricé ya que cuando me forzaron a escapar con Saori de Hlingard hace 8 años, perdí la noción de su entrenamiento -finalizó Hilda.

-Su entrenamiento terminó efectivamente por lo que veo, al igual que la del otro hermano -le respondió Jarl Svend, sorprendiendo a Hilda en ese momento-. Puedo ver que no sabe nada de esto, es natural, la Sacerdotisa de Odín debe velar por los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, los de la Osa Menor son procurados por alguien más, pero ya llegaremos a eso después -miró Jarl Svend a los Dioses Guerreros Dorados, quienes como ya era costumbre, no comprendían mucho-. Ya no tiene caso alertarlos, es obvio que los Dioses Guerreros de la Osa Mayor han salido a enfrentar a los de la Osa Menor, lo comprendo, al igual que comprendo que, una vez que caiga el Galdr de Odín, solo los Dioses Guerreros Dorados podrán enfrentar a sus iguales -exclamó Jarl Svend, sobresaltando a Harald, quien intentó quejarse, pero Jarl Svend lo detuvo-. Así debe de ser -ordenó, por lo que Harald asintió-. Pero solo para alimentar su curiosidad, les diré lo que sé. En la Orden de la Osa Mayor, la estrella de Zeta representa a una estrella binaria. Una es Mizar, la otra es Alcor, representan a Bygul y a Trjegul. Uno es el Dios Guerrero que protege el Zafiro de Odín, el otro, su sombra, y uno de los Dioses Guerreros más poderosos, si no es que el más poderoso. Un Dios Guerrero Fantasma, que protege a los otros desde las sombras. Lo mismo aplica para la Osa Menor -aclaró Jarl Svend, sobresaltando a Hilda-. Eso significa básicamente, que la estrella de Zeta de la Osa Menor, también es binaria, y, por consiguiente, posee 2 salones -miró Jarl Svend al símbolo de Zeta, sobre el túnel que daba a la Sala de Jotunheim-. ¿No le parecía curioso que existieran solo 7 Salones? No hay un salón para Midgard, eso está claro, es representada por este lugar. Pero si con Midgard son 8 de los 9 Mundos, ¿dónde está el noveno? -preguntó Jarl Svend.

-En la Sala de Yggdrasil que representa a Zeta -dedujo Hilda, mirando a la entrada entre las cuevas-. Syd… no está enfrentando a un solo Dios Guerrero de la Osa Menor, enfrenta a 2, en un salón doble -dedujo Hilda, y Jarl Svend asintió con tristeza.

Salón de Zeta. Jotunheim.

-¡Tornado Giratorio! -exclamó Hércules nuevamente, lanzando a Syd por los aires, estrellándolo con el techo, donde quedó clavado por unos instantes, antes de caer y estrellarse sobre el suelo, donde quedó tendido, y comenzó a desangrarse- Patéticos Dioses Guerreros de la Osa Mayor. Tan débiles, y aún se dignan a decir que son superiores a nosotros los de la Osa Menor. Todo parece indicar que nosotros somos más poderosos -se burló Hércules, mientras Syd, débilmente, se ponía de pie, a momento de que Hércules preparaba su espada-. Es momento de terminar contigo, pequeñín. ¡Tórshamarr! -declaró Hércules, con su espada recubierta de relámpagos. Syd esperó, con su cosmos débil, y cuando Hércules estuvo lo suficientemente cerca, lanzó un objeto desde los interiores de su capa, antes de lanzarse en dirección a Hércules junto a aquel objeto.

-¡Garra del Tigre Vikingo! -exclamó, Hércules bajó su espada, pero en un sorprendente movimiento de velocidad, Syd viró su cuerpo, terminando con Hércules abanicando, mientras Syd se colocaba bajo su cuerpo, y le impactaba el rostro con tanta fuerza, que destrozó el casco del Ropaje Sagrado de Tanngrisnir. Una vez hecho aquello, miró a la pierna derecha de Hércules, y atacó rápidamente, rompiendo en su totalidad el Ropaje Sagrado.

-¿Cómo? ¡Soy más veloz que tú! ¡Soy más fuerte que tú! ¡Pero de alguna forma lograste herirme y destruir mi Ropaje Sagrado! -se impresionó Hércules, mientras su cuerpo estallaba con varios ataques sucesivos de garras, que lo derribaron, y lo dejaron tendido contra una pared.

-Rompí tu Ropaje Sagrado, tras deducir la debilidad del mismo. Tanngrisnir… es asesinado por Thor para alimentarse siempre que tenga hambre, pero puede ser resucitado tras unir la piel y los huesos con el poder del Dios del Trueno y la Fuerza -explicó Syd, mientras Hércules intentaba reponerse-. Pero Tanngrisnir… es cojo, porque uno de los invitados de Thor a consumir su carne, rompió uno de los huesos de su pierna, sin saber que Tanngrisnir podía resucitar a voluntad de Thor. Desde entonces, Tanngrisnir es cojo, es natural que esa debilidad, se haya trasladado al Ropaje Sagrado -le aseguró Syd, sin darse la vuelta para ver a Hércules-. Aunque esa no es la única razón por la que te derroté. No eres el Dios Guerrero más fuerte, solo lo aparentas, porque hay alguien más, que siempre combate a tu lado -preparó sus uñas Syd, y frente a él, una gota de sangre cayó al suelo, proveniente de un Dios Guerrero idéntico a Hércules, con la única diferencia de que su Ropaje Sagrado era blanco.

-¿Quién… eres tú…? -se sorprendió Hércules, mirando a una copia de sí mismo. Estaba tan conmocionado, que no prestó más atención a Syd, quien, como un gato, mantenía la guardia arriba en todo momento-. Yo… creo que te conozco… tú eres… -intentó decir, pero perdió el conocimiento.

-¿Cómo lo supiste? -preguntó el inmenso ser, desprendiéndose el objeto que Syd le había lanzado, una daga, la daga de su familia, misma que se había clavado en su cuello, de donde caía sangre que manchaba el piso a cada segundo- No sentiste mi presencia, yo soy una sombra, un fantasma, estoy seguro de que no lograste verme nunca -aseguró el hombre.

-No te vi… pero sabía que estabas allí -le aseguró Syd, mientras el aplastante cosmos del hombre frente a él acrecentaba-. Yo… tengo un hermano… un hermano del cual desconocía su existencia. Siempre me sentí como la mitad de algo, no lo comprendí hasta mucho tiempo después… fue entonces que deduje lo que ocurría. El por qué el exterior de este salón, parecieran ser 2 salones uno sobre el otro, el por qué las raíces que rodean al Jotunheim, son acompañadas de ramas como si uno de los Mundos de la Luz fuera representado por este salón también -prosiguió Syd, tomando aire, intentando recuperar la compostura-. Zeta, tanto en la Osa Mayor como en la Osa Menor, es una estrella binaria. Y si existe Trjegul para Bygul, eso significa que para Tanngrisnir existe también un Tanngnjóstr, la Cabra Blanca y hermana de Tanngrisnir -finalizó Syd, retrocediendo, sabiendo que estaba en una situación complicada-. ¡Esta sala no solo representa a Jotunheim! ¡Representa a Asgard! ¡Es una sala doble! -concluyó.

-Impresionante -aceptó el poderoso Dios Guerrero-. En efecto, soy un Dios Guerrero Fantasma. Pero Hércules no es mi gemelo, es mi mellizo, nuestra madre tuvo amoríos con 2 hombres distintos, y quedó embarazada de ambos, compartimos la madre, pero físicamente, somos un poco diferentes, nos parecemos a nuestros respectivos padres -se quitó el casco entonces el Dios Guerrero, demostrando que el color de su cabello era oscuro, diferente del castaño de Hércules, así como su piel era más oscura también, aunque esas fueran las únicas diferencias notables-. Soy el Dios Guerrero de Anwar al Farkadain Zeta, Ificles de Tanngnjóstr -se presentó el Dios Guerrero, se colocó su casco, y preparó su cosmos-. Y ahora que lo sabes, es hora de que mueras. ¡Tornado Giratorio Fantasma! -liberó su cosmos Ificles, con la bestia Tanngnjóstr bufando con fuerza en su cosmos, lanzando a Syd por los aires, estrellándolo contra la pared, donde dejó su silueta clavada, antes de desplomarse en el suelo, mientras Ificles, se aproximaba con pasos agigantados, pulverizando el suelo con cada paso que daba-. Entrégate a la muerte, Dios Guerrero de la Osa Mayor, te ahorrarías mucho dolor -prosiguió Ificles, aunque Syd encendía su cosmos de todas formas.

-Tengo… un hermano… al que deseo volver a ver… con el que deseo enmendar… nuestros lazos familiares… -preparó su garra Syd, apuntándola en dirección a Ificles-. Aún… tienes oportunidad de recuperar ese vínculo tú también. Te lo pido. ¡No me obligues a que uno de nosotros, pierda la posibilidad de enmendar nuestros lazos familiares! -pidió Syd, y tras aquellas palabras, la mano de Hércules aplastó el suelo donde yacía, mientras el inmenso Dios Guerrero de la Osa Menor se ponía de pie, sobresaltando a Syd, quien se encontró a sí mismo en medio de los gigantes.

-Ificles… -se dirigió Hércules a su mellizo, quien lo observó impresionado-. Lo que he escuchado, ¿es verdad? ¿Tengo un hermano mellizo? -preguntó Hércules, como si aún le costara comprender todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo- ¿Eres mi hermano? -preguntó nuevamente, e Ificles se mantuvo en silencio, pero asintió- ¿Te importo, hermano? ¿O solo me has protegido porque es tu deber? -preguntó sin rodeos, lo que sobresaltó a Syd.

-Que tonterías dices… -interrumpió Syd, y Hércules lo miró fijamente-. Los hermanos son para toda la vida. El día en que los hermanos asesinen a sus hermanos, nos estaremos acercando cada vez más al Ragnarok. ¿Cómo puedes preguntar semejante cosa? Yo aún, pese a todo lo que ha ocurrido, deseo volver a ver a Bud, y enmendar el daño que otros nos han causado al separarnos… -externó, lo que conmovió a Hércules.

-El que dice tonterías eres tú, Dios Guerrero de Bygul -le respondió Ificles, con una mirada inexpresiva en su rostro-. Solo he cumplido mis órdenes, no siento amor por mi mellizo, por mí que muera, no me interesa su existencia, no me interesa su salud. No siento absolutamente nada por este sujeto -respondió Ificles, conmocionando a Hércules, quien cerró sus manos en puños-. Es más, creo que he mentido, sí siento algo por este imbécil, siento lástima. Pensarse a sí mismo el Dios Guerrero más poderoso, cuando era yo quien lideraba sus batallas, quien derrotaba a sus enemigos, quien protegía su cuerpo. La única razón que tenía para ello, era la de cumplir con mi deber a los dioses, mi deber a Hlin, aunque, a decir verdad, ni eso logré hacer bien, ¿no lo crees? Después de todo, Lyfia no es la Asynjur Hlin -comentó Ificles.

-¿Qué has dicho? -preguntó Hércules, sobresaltado- ¿A qué te refieres con que Lyfia no es…? ¿Entonces quien…? -miró Hércules a Syd, quien asintió a sus palabras- Hemos vivido… un engaño… mi vida no ha sido más que decepción tras decepción tras decepción… -dedujo Hércules, cayendo en sus rodillas y lamentándose -mientras Ificles reía con fuerza.

-Por fin lo has comprendido, ser insignificante. ¡Guadaña Giratoria Fantasma! -atacó Ificles a su propio hermano, sacando una versión de color blanco del Tórshamarr, que pudo haber cortado la cabeza de Hércules, si Syd no hubiera intercedido, atrapado la rueda giratoria con sus manos, que sangraron con cada giro de la misma, hiriéndolo gravemente, pero salvando la vida de Hércules-. Eres un inútil, ¿cómo es que te arriesgas a salvar la vida de este bueno para nada, debilitando tu cuerpo aún más, a sabiendas de que yo estoy aquí para pulverizarte de todos modos? -preguntó Ificles a manera de burla, mientras Syd hacía brillar su cosmos y preparaba su garra.

-Lo lamento… Hércules… de verdad lo lamento… -lloró Syd, preparando su cosmos, y elevándolo lo más que le permitía su cuerpo maltrecho-. Yo de verdad. ¡Deseaba salvar a tu hermano! ¡Garra del Tigre Vikingo! -se lanzó Syd, e Ificles cubrió con su escudo el ataque de Syd, que empujaba con su cosmos de todas formas, intentando doblegar el poder de Ificles.

-Descuida, Syd… -enunció Hércules, levantándose, y elevando su propio cosmos-. Yo no tengo hermano… -sentenció, tomó una de sus hombreras del suelo, y atacó-. ¡Guadaña Giratoria! -lanzó su ataque, sobresaltando a Ificles, quien concentraba su cosmos en mantener a Syd al margen, pero decidiendo cubrir su cuello ante el ataque de Hércules, bajando la guardia el instante necesario para que el ataque de Syd le destrozara el Ropaje Sagrado, y su mano le saliera por la espalda-. Hasta nunca… inútil desconocido que no me importa en absoluto… -declaró Hércules, mientras Ificles caía muerto tras su corazón ser destrozado por Syd, quien, horrorizado, viró para ver a Hércules-. No importa… -mencionó Hércules con tristeza-. Ya nada importa. Mi vida ha sido una mentira, no soy fuerte, no sirvo a la Diosa Hlin. ¿Qué soy entonces? -preguntó Hércules, cayendo sobre sus rodillas, deprimido, y sintiendo la mano de Syd en su hombro.

-Eres un Dios Guerrero… y mi hermano de armas… -concluyó Syd, lo que sorprendió y conmovió a Hércules-. Ahora… si me disculpas… mis heridas están por doblegarme. Debo terminar… lo que he empezado… para así… llegar ante Bud… -le pidió Syd, elevando su cosmos, reuniéndolo alrededor de sus garras, pero esta vez, Hércules lo hizo a un lado.

-Guarda tu cosmos, pequeñín… -le sonrió Hércules, preparó su propio cosmos, y atacó-. ¡Aaaaarght! -se lanzó con el puño en alto, destrozó la estatua del Jotunn en el Salón de Jotunheim, y tras hacerlo, su Nuevo Zafiro de Odín se desprendió de lo que quedaba de su Ropaje Sagrado, y salió disparado, en dirección a la cima del Santuario de Hlingard.

Una vez que Syd logró ver la estatua desmoronándose, y a Hércules sonriéndole, su mirada se apagó. Había sido todo, no podía seguir adelante, y ante la mirada perturbada de Hércules, Syd cayó al suelo, mientras su sangre comenzaba a arroparlo.

Las 12 Moradas de los Dioses. Décima Morada, Capricornio.

-Ocurre de nuevo… -enunció Shura, a momento de que observó el destello proveniente de la Sala de Jotunheim dirigirse en dirección al Templo de Hlin, montado detrás de las 12 Moradas de los Dioses-. Algo no me agrada. Se derriba una estatua, se alza un Nuevo Zafiro de Odín. ¿Qué utilidad pueden tener los Nuevos Zafiros de Odín además de enaltecer el poder de su portador dentro de los dominios de Yggdrasil? -se preguntó Shura, dándose la vuelta en ese momento, y dirigiéndose frente a la estatua de Odín, donde Pandora se encontraba arrodillada-. A los pisos inferiores, ahora -ordenó Shura.

-Lo sé, no dejaré que me descubran, pero Shura… -prosiguió Pandora, incorporándose, y mirando al Caballero de Capricornio directamente-. ¿Qué vas a hacer cuando vuelvas a verla? ¿Qué vas a hacer cuando vuelvas a dudar? No puedes enfrentar a Derbal tú solo, es demasiado fuerte, requerirás al menos de un par de compañeros más -le aseguró.

-Pandora… -se fastidió Shura, mirándola fijamente y sin decir más. Pandora comprendió el silencio de Shura y comenzó a retirarse, bajando por la escotilla que se encontraba a espaldas de la estatua de Odín, justo en el momento en que Bud llegaba con Saori, quien se mostraba deprimida, pero mostró sorpresa al ver a Shura-. Princesa Saori… -enunció Shura, mirando a Saori fijamente.

-Shura… -se impresionó Saori, admirando a Shura vistiendo el Ropaje Sagrado Dorado-. Aún recuerdo cuando solías seguirnos a Hilda y a mí como una sombra, siempre que viajábamos por el Palacio de Hlingard. Nos incomodabas un poco, y en ocasiones dabas miedo. Pero… no noté lo mucho que te extrañaba, ni lo indefensa que me sentía, hasta el día en que dejaste de ser mi sombra. Shura… tú… ¿sabes quién soy? -le preguntó Saori, y Shura la miró fijamente, mientras Saori, humedecía sus ojos en impaciencia.

-Usted fue la hija del Jarl al que le juré lealtad -comenzó a elevar su cosmos Shura, sobresaltando a Saori, quien retrocedió, solo para ver a Shura materializar su espada, a escasos centímetros del cuello de Bud, quien preparó sus garras para defenderse-. Vuelve a alzar un dedo sobre mi señorita, y yo mismo te rebano la garganta. ¿Te ha quedado claro? -preguntó Shura, obteniendo el silencio de Bud como respuesta, mientras Shura retraía su espada, y miraba a Saori fijamente- Mi señorita… -se dirigió Shura a Saori, quien comenzó a tener esperanza, pero esta se perdió cuando Shura le dio la espalda-. Lo lamento mucho… pero mi lealtad a Odín, está por encima de mi lealtad a su padre. Desearía, que las cosas fueran diferentes -finalizó, bajando su mirada.

-Yo también… desearía que las cosas fueran diferentes, Shura… -le respondió ella, dirigiéndose a la salida de la Morada en honor a Odín-. Pero ya comprendí que no debo demostrar quién soy. Quieres verme como a Saori Wotansdóttir, entonces eso es lo que seré… -terminó Saori, saliendo de la Décima Morada, dejando a Shura pensativo.

Salón de Épsilon. Helheim.

Cuando Fenril salió de la cueva de raíces, el Reloj de Bor terminaba de construir su sexta pared. Las cuevas al parecer no se encontraban a la misma distancia con respecto a sus templos. Al que se dirigía Fenril, parecía estar más alejado que el de los demás, pero cuando llegó a este, lo encontró en una formación de raíces de color negro, como si se hubiesen podrido en el momento en que tuvieron contacto con la formación que se alzaba sobre de ellas.

La edificación, era lo que se conocía como un Salón de los Muertos, una estructura de roca negra o grisácea oscura, que había sido tallada con varios símbolos rúnicos que brillaban de un violeta intenso, como si su magia pudiera mantener encerrada a las criaturas en su interior. Varias tumbas como féretros negros se encontraban colocadas una al lado de la otra, de pie y pegadas a la pared. Algunas con sus puertas entreabiertas, dentro de las cuales Fenril logró ver a los cadáveres de guerreros vistiendo armaduras vikingas, con sus pieles blancas, y sus fauces entreabiertas.

-Helheim o Niflheim, cualquiera es igual de mala -se fastidió Fenril, llegando ante las inmensas puertas negras, que se abrieron en el momento en que Fenril trató de tocar las mismas. Fenril entró en la Sala de Yggdrasil, encontrando un salón repleto de tumbas, y con un sarcófago inmenso en el medio, seguramente la tumba de algún Jotunn, con un cristal color violeta en su parte superior, mientras el cadáver momificado parecía juzgar el alma de Fenril-. Si nadie va a salir a defender este lugar, me haré paso y destruiré esa maldita estatua -amenazó Fenril, preparando sus garras, y elevando su cosmos, cuando de pronto, escuchó el gruñido de una bestia en las sombras, mientras la sala se oscurecía, y una inmensa bestia de cosmos, como un Perro Demoniaco con el pecho repleto de sangre, y las fauces del mismo color, lanzaba un aliento de llamas azuladas en dirección a Fenril, quien se mantuvo firme, y en el momento en que la bestia atacó, Fenril atacó con su garra, que chocó con el colmillo de la bestia, que se disipó, mostrando a Útgardo, con una espada escarlata más parecida a una guadaña chocando en contra de las garras de Fenril-. Podía oler tu fétido aroma a muerte -señaló Fenril, y saltó hacia atrás evadiendo la guadaña de Útgardo, que terminó enterrada en el suelo-. Esa espada… no es una espada ordinara. Siento una fuerza asesina emanando de ella -se preocupó Fenril, elevando la guardia.

-Dios Guerrero de Canum Épsilon, Útgardo de Garm -se presentó el Dios Guerrero de la Osa Menor, mostrándole a Fenril su espada-. Dáinsleif -prosiguió, lo cual sorprendió a Fenril, aunque fuera momentáneamente.

-La espada maldita -susurró Fenril, y miró a Útgardo fijamente-. De modo que tu Ropaje Sagrado representa a Garm, el Perro Demoniaco del Helheim que protege a la diosa Hela. Qué curioso, luego dicen que nosotros somos los sirvientes de los Jotnar -se burló Fenril, pero su sonrisa se borró cuando observó nuevamente a Dáinsleif-. Esa espada, ¿es la verdadera? ¿O solo usas su Kenning para asustar a los que la ven? En cualquier caso, ni creas que vas a tener la suerte de asestarme con ella -aseguró Fenril.

-Dáinsleif… la espada maldita… -prosiguió Útgardo, apuntando con su espada a Fenril-. Una vez desenvainada, alguien debe morir… si corta tu piel o eres herido por Dáinsleif, su mordida jamás sanará… la verdadera espada del mal… -aseguró Útgardo.

-Mis garras se llaman Dromaleding, y no por eso las voy presumiendo -volvió a burlarse Fenril, que comenzó a rodear a Útgardo como un lobo a su presa, notando que Útgardo se movía de la misma manera. En el cosmos de Fenril se reflejaba al Lobo Fenrir, en el de Útgardo, al Perro Demoniaco Garm, ambos se analizaban, se estudiaban, Fenril era metódico y cuidadoso con cada movimiento, Útgardo por su parte, con un golpe de su espada produciría una herida que jamás sanaría. Así prosiguieron, por unos minutos, hasta que la desesperación de Fenril pudo más que su cautela-. Es suficiente. Si no vas a enfrentarme yo haré el primer movimiento. ¡Garra Feroz de Lobo! -exclamó Fenril, atacando con una ráfaga congelante, mientras el Lobo Fenrir respaldaba a su cosmos.

-¡Alucinación Carmesí! -exclamó Útgardo, sin siquiera dignarse a escapar del ataque de Fenril, que lo impactó directamente, rompiendo su Ropaje Sagrado en diversas secciones, mientras Útgardo, negándose a romper su postura de ataque con el brazo derecho sosteniendo a Dáinsleif elevada, rodeó con su cosmos el cuerpo de Fenrir mientras formaba una luna llena en el fondo de su cosmos. Fenril fue transportando a una dimensión distinta, en la que se encontró a sí mismo en medio de un bosque, con varios ojos escarlata mirándolo por entre las sombras.

Sin embargo, el ataque de Fenril logró congelar el cuerpo de Útgardo con su ráfaga congélate, aunque su cosmos continuaba elevándose. Varias criaturas se materializaron, eran como Lobos, que comenzaban a rodear a Fenril, quien se ponía a la defensiva, sabiendo lo que seguiría.

-No puedes usar a unos Lobos para detenerme, Útgardo. Yo conozco a los lobos perfectamente -meditó Fenril, recordando su infancia, viendo a un inmenso oso frente a sí mismo cuando tenía apenas unos 7 años. Los cuerpos de sus padres, asesinados por el oso, se encontraban sobre la nieve, al igual que los cadáveres de sus monturas, mientras los supuestos amigos de sus padres los abandonaban a su suerte. Fenril recordó a los lobos a su alrededor, los primeros ataques, fueron directo al cuello, lo mismo sucedió con los lobos que había traído Útgardo con su cosmos, se le lanzaron al cuello, y Fenril, recordando el patrón de ataque de los lobos, los degolló de un solo movimiento. Los segundos que atacaron a aquel oso, le atacaron las piernas, Fenril entonces degolló a otro par de lobos que pretendía atacarle aquellas extremidades, mientras se colocaba a sí mismo en la pose del oso, con un brazo al aire, como si pretendiera usar una zarpa para defenderse, y así impactó a otro par de lobos que intentaron atacar por debajo de su cuello. Así prosiguió Fenril, derribando a los lobos, el oso de aquel recuerdo murió por los ataques, pero eso era porque no contaba con la capacidad de raciocinio de Fenril, quien sabía cómo atacaban los lobos, y podía defenderse en consecuencia a lo que sabía. Al final, los lobos quedaron derrotados, y desaparecieron junto con la ilusión-. Te diría que tendrías que hacer algo mejor que eso para derrotarme, pero no creo que puedas escucharme. No eres más que una estatua congelada ahora -se burló Fenril, dirigiéndose al sarcófago en el medio de la habitación y preparando su cosmos para derribarlo-. Esto ha sido demasiado sencillo -agregó Fenril, preparándose para demoler el sarcófago, cuando escuchó una placa negra de una tumba salir disparada, y tras darse la vuelta, encontró a un cadáver blanco, envuelto en una armadura vikinga, que levantaba una inmensa hacha e intentaba darle muerte-. ¿Draugrs? -enunció Fenril, saltó a un lado, y el hacha destrozó el suelo a sus pies.

-¡Alucinación Carmesí! -resonaba nuevamente la voz de Útgardo, su cosmos aún funcional pese a estar congelado, y gracias a este, rodeando a los cadáveres de los caídos, cuyas cuencas vacías se llenaron de luz, despertando de la misma muerte, rompiendo sus tumbas, alzando sus armas, y dirigiéndose a Fenril intentando darle muerte.

-Les daré su segunda muerte, bestias -se defendió Fenril, atacando a los Draugr con sus garras, despedazando sus cuerpos, pero más tardaba un Draugr en caer, que otro en tomar su lugar-. ¿Por qué se levantan ahora? Los Draugr son protectores de tumbas y de tesoros, ¿acaso son guadianés de este salón? -se preguntó Fenril, notando entonces que uno de los Draugr poseía un Ropaje Sagrado que, aunque de plomo, se veía muy similar al suyo-. Eso es… -se impresionó Fenril, mientras veía al ser momificado vistiendo ese Ropaje, elevando su cosmos, y apuntarlo en su dirección.

-¡Grohiik Nax Brod! -exclamó el Draugr, lanzando un ataque congelante idéntico al de la Garra Feroz de Lobo en una lengua que solo conocían los muertos, y comenzó a impactar y despedazar el Ropaje Sagrado de Fenrir, lanzando a su portador por los suelos, mientras el Draugr continuaba su camino en dirección al adolorido de Fenril con su garra en alto.

-Ese Draugr… viste un Ropaje Sagrado idéntico al mío… debe ser una ilusión, debe serlo… quienes visten un Ropaje Sagrado no deberían de convertirse en Draugrs, deberían llegar a Asgard a servir a Odín como sus Einherjer -se quejó Fenril, mientras el Draugr continuaba su camino en su dirección.

-Llevas en tu cosmos a la bestia que asesinará a Odín… -le enunció Útgardo, comunicándose con su cosmos-. No te reclamarán las Valkirias, no llegarás al Asgard… y ni en Niflheim ni Helheim serás bien recibido… tu destino… es ser un Draugr… no importa el bien que hagas, no importa el mal que hagas… siempre… al morir… serás un Draugr… -finalizó Útgardo, mientras el Draugr que vestía como Fenril, acompañado de muchos otros, lo rodeaban.

-¿Dices que solo por vestir este Ropaje Sagrado, me espera la condena eterna? -observó Fenril al Draugr, que elevaba su cosmos, desafiante, mientras en el de Fenril, el Lobo de la Calamidad, ladraba con fuerza- Entonces dime… ¿por qué Fenrir se levanta voluntariamente a defender a Odín? -exclamó Fenril, con el poderoso Lobo de la Calamidad exhalando con fuerza ante el Draugr, respaldando el cosmos de Fenril- Puede que el destino encamine a algún portador de mi Ropaje Sagrado en esa dirección como lo dicen las Sagradas Escrituras, pero siento en Fenrir, ese deseo de proteger. Cuando ese día llegue, no será por su libre elección. ¡Por ello mientras yo pueda ser la voz de Fenrir el Lobo de la Calamidad, lucharé a su lado, en el nombre de Odín! ¡Puño de los Lobos del Norte! -enunció Fenril, lanzando a sus lobos de cosmos a destrozar a los Draugr, mientras él se dirigía a la estatua congelada de Útgardo, con el puño listo- ¡No sé cómo es que sigues con vida, pero te voy a despedazar! -proseguía Fenril, a momento en que Útgardo se liberó de su prisión de hielo, y con Dáinsleif perforó el hombro de Fenril.

-La Familia Real de Garm… ha defendido a Asgard desde tiempos que nadie recuerda… usando métodos que nadie comprende… cuestionables… horribles… mórbidos… no me importa mi vida si eso evita que Odín muera por tu mordida… Fenril… -prosiguió Útgardo, presionando aún más la espada con forma de guadaña, hundiéndola en el pecho de Fenril.

-Sigue hablando… y convenciéndote de que haces lo correcto… no doblegarás a mi resolución… ¡Garra Feroz de Lobo! -atacó Fenril, impactando en el rostro de Útgardo, y lanzando su máscara por los aires- Tú eres… -se impresionó Fenril, notando las marcas en el rostro de Útgardo, pateando su pecho, y liberándose de Dáinsleif-. Esas marcas… así que por eso es que es tan difícil matarte… tú ya estás muerto… -dedujo Fenril, mientras caía en sus rodillas y se estremecía del dolor de la herida de Dáinsleif.

-Esa herida jamás sanará… -le respondió Útgardo, levantando su espada y acercándose a Fenril con ella-. No es que importe, morirás de todas formas. Mi familia protege a Asgard, lo que pase con Midgard me es indiferente, y para salvar a Asgard, sus Dioses Guerreros malditos deberán de perecer: Fafnir, Dvergr, Jormungandr, Fenril… incluso Sleipnir. Sea el corcel de Odín o no, es uno de los hijos de Loki. Poseyendo un cuerpo mortal no podría cumplir mi misión, no podría destruirlos a todos, pero un cuerpo muerto, incapaz de sentir hambre, incapaz de sentir sed, incapaz de sentir amor o remordimiento… es el cuerpo perfecto para cumplir el destino de mi familia. Einherjer… -se nombró a sí mismo, apuntando en dirección a Fenril.

-Lo que pase con Midgard te es indistinto… dices… -se puso de pie Fenril, mirando a Útgardo con ira-. Hace años… yo solía pensar así… pero entonces… -recordó Fenril el día en que murieron sus padres, el odio que sentía en dirección a sus supuestos amigos. Recordó a Tholl años después, dándole cacería por los bosques, y tras lograr acorralarlo, recordó a Saori y a Hilda, y el cómo con la calidez de sus respectivos cosmos lo calmaron, y terminó con Saori abrazándolo con fuerza, y él llorando en sus brazos-. No te compete el saber el cómo ni el porqué, no desperdiciaré saliva en alguien a quien considero una basura, solo te diré que he aprendido a confiar en el corazón humano, y que… gracias a eso… soy mejor que tú y tu familia de hipócritas que solo sirven ciegamente a sus amos como perros moviendo el rabo… -el cosmos de Fenril volvió a brillar, ante los ojos inexpresivos de Útgardo, quien poco sentía por la situación, y solo veía su misión frente a él-. ¡Una marioneta sin corazón como tú, no puede derrotarme! ¡Fenrir! ¡Libera el Aliento Ardiente de la Calamidad! -exclamó Fenril, con llamas de colores rodeándole el cuerpo, mientras el Lobo de la Calamidad liberaba las fuerzas del caos de sus fauces monstruosas, acompañando a Fenril en su ataque, que perforaron el pecho de Útgardo y además de continuar con el mismo impulso, hasta el sarcófago con el cristal violeta, y demolerlo de igual manera, liberando el Nuevo Zafiro de Odín en el peto de Útgardo, que se elevó en dirección al Templo de Hlin.

-Mi misión está completa… -agregó Útgardo, aún con su pecho destrozado, y sangre negra cayéndole de los labios-. El Lobo de la Calamidad, no asesinará a Odín en esta generación… Dáinsleif te ha cortado, no importa lo que hagas, la herida jamás sanará… perderás tu sangre… y tu vida… se habrá apagado… -finalizó Útgardo, mientras la luz escapaba de su mirada, y moría de pie, como un recordatorio de su misión, mientras Fenril se desplomaba en el suelo, con la mirada perdida, y su sangre manchando todo el Salón de Helheim.

Las 12 Moradas de los Dioses. Senda a la Onceava Morada.

-Fenril… -exclamó Saori en preocupación, sintiendo su cosmos ser golpeado por otro par de sentimientos vacíos-. Mime… Syd… -lloró Saori, y el último de los nombres mencionados, causó un leve dolor en el pecho de Bud-. Sus cosmos se están apagando… apenas y puedo sentirlos… -prosiguió Saori, mirando al cielo, a la Constelación de la Osa Mayor, misma que podía ver en pleno día mientras apagaba 3 de sus estrellas-. No… -cayó en sus rodillas, y se lamentó. Ya no podía sentirlos, se habían ido.

Templo de Hlingard.

-Útgardo… -mencionaba Lyfia, apenas consciente, mientras permanecía sentada en el trono de la Asynjur Hlin, con Derbal bebiendo una copa de vino, mientras extendía su mano, y sobre esta flotaban tranquilamente los Nuevos Zafiros de Odín-. Útgardo ha… su cosmos ha… -continuaba Lyfia, entregándose al llanto y a la pena, mientras intentaba librarse de los grilletes en su trono, que la mantenían atrapada-. ¡Basta ya! -gritó Lyfia con dolor.

-Oh, me da mucha pena verte así, pero te necesito consciente, tu mente debe colapsar si quiero que mi plan funcione, ya no es suficiente el usar esos venenos, continúas resistiéndolos -le explicó Derbal, bebiendo más de su vino, mientras Lyfia lo miraba con odio profundo.

-Derbal… aún si logras tu cometido… aún si me conviertes en una diosa verdadera… yo jamás voy a amarte… -declaró Lyfia en suma impotencia, e intentando liberarse con su cosmos, pero fallando inútilmente.

-Ah, eso ya lo sé, pero lo único que necesito es tu cuerpo, y cuando tu mente colapse, la diosa que he creado, y que me ha sido fiel, sí que me amará -se burló Derbal, mirando a Lyfia fijamente-. Mi diosa, tu cuerpo. Hasta para hacer amantes soy muy bueno -declaró Derbal, admirando los Nuevos Zafiros de Odín-. ¿Estás viéndolo todo desde allá arriba, Odín? Espero que lo estés disfrutando mucho. Ya que al final de este hermoso y glorioso día, no solo le habré quitado el título y cosmos de la Protectora de Hombres a tu hija Hlin, sino que me habré convertido en un dios más poderoso que tú -prosiguió Derbal, vaciando su copa de vino-. Y me habré embriagado hasta enorgullecer a Thor. La vida, es inmensamente bella, cuando se controla tan plenamente… -aseguró Derbal, con los Nuevos Zafiros de Odín alimentando la fuerza de su cosmos maligno.


Glosario:


1 – ARTEFACTOS:

Dáinsleif: Una espada maldita que perteneció al rey Högni. Fue confeccionada por los enanos, y se decía que siempre que fuera desenvainada, alguien tendría que morir para saciar la sed de sangre de la espada. De igual manera, se decía que las heridas causadas por esta espada, no sanaban nunca.

Hrunting: Espada legendaria de Beowulf, que se decía era siempre efectiva y defendía a su dueño con su poder. La única criatura que logró sobrevivir a esta espada, fue la madre del monstro Grendel.

Hvergelmir: Un caldero de inmensas proporciones, que se encuentra congelado en su interior. Se encuentra en algún lugar de las raíces de Yggdrasil, y los hielos en su interior se derriten por la fuerza del calor que emite el ciervo Eikpyrnir desde el Valhala, lo que dio nacimiento a la fuente de Élivagár, de donde fluyen los 11 ríos de Yggdrasil.

Laevateinn: Nombre de una poderosa espada legendaria, traducido del Nórdico Antiguo significa la rama que daña. Se le atribuye el elemento del fuego, y ha tenido muchos dueños. Cuenta el mito de esta espada que un Jotunn ambicioso, aparentemente sin nombre, viajó a lo más profundo de Yggdrasil, de donde extrajo la legendaria Rama de la Ruina, conocida por la peculiaridad de brotar en lugares donde no existía vida, algunos estudiosos piensan que esta rama es el muérdago. Tras arrancar la rama, el Jotunn se dirigió al Svartálfaheim, donde pidió al Enano Völundr, quien construyó la espada Laevateinn con la rama. Sin embargo, esta espada pasó por varios dueños, dentro de los cuales destacan Surtur, Frey, Gerdr, entre otros. Su dueño más prominente fue Frey, quien morirá en el Ragnaro al no tener esta espada en su poder.

Tórshamarr: Literalmente significa martillo de Thor. No es una objeto mitológico, es más bien una traducción literal, aunque también se utilizaba para referirse a los amuletos en forma de Mijolnir que llevaban los nórdicos atados al cuello.

Tjald-sperra: Literalmente significa poste de tienda, una enorme hacha de mandoble que llevaba ese nombre por ser tan alta como los postes de las tiendas de los pueblos nórdicos.

2 – CRIATURAS:

Eikpyrnir: Un ciervo que reside en el Valhala, alimentándose del follaje del árbol Laeradr que crece en su interior. De sus cuernos emana un calor tal que se dice derrite los hielos del Hvergelmir, el caldero del cual fluyen los 11 Ríos, y dentro del cual se encuentra la fuente de Élivagár.

Garm: Un perro inmenso que guarda las puertas que delimitan Niflheim de Helheim, donde protege a la diosa Hela. Su pecho está constantemente manchado por sangre.

Surtur: El Muspell primordial, un gigante de fuego, quien aburrido en los inicios del tiempo, lanzaba sus llamas a los interiores del abismo Ginnungagap utilizando su espada de fuego (Muspellbrand, no Laevateinn), se dice que vivirá inclusive después del Ragnarok.

Tanngnjóstr: Uno de los machos cabríos que tiraban del carruaje volador del dios Thor. Cuenta el mito que Thor podía cocinarlos y comerlos y después resucitarlos con su Mjolnir siempre y cuando uniera todos los huesos y la piel de los animales antes de resucitarlos.

3 – DEFINICIONES:

Hugr: Traducido del Nórdico Antiguo, significa mente o pensamiento, también se asocia con la meditación, sin embargo, esta última palabra no existe en el Nórdico Antiguo.

Kenning: Traducido del Nórdico Antiguo, significa símbolo, o el hecho de nombrar. Representa al nombre con que se conoce a cada cosa o individuo.

Laeradr: Un árbol que crece en el Valhala, que se dice se encuentra en el centro del cosmos, algunos teorizan que se trata de otro de los nombres del árbol Yggdrasil, pero por las proporciones dispares entre ellos bien podría ser un brote del mismo árbol. Los frutos de este árbol, son los que alimentan a los Einherjer que habitan en Asgard, además de que sus ramas sirven de alimento para Eikpyrnir, el ciervo, y Heidrún, la cabra cuyas ubres producen hidromiel en lugar de leche.