Ya es viernes, y milagrosamente es viernes de actualización, y debo decirlo, estoy sumamente satisfecho con el resultado de este capítulo, aunque algunas cosas de verdad que no sé de qué estaba fumando cuando las escribí (cough, la batalla de Tholl). En fin, fue muy difícil para mí englobar todas las batallas de esta entrega. Mi objetivo es que cada saga tenga 12 capítulos, pero al ponerme límites a las cantidades de hojas por capítulo… es posible que me vaya a extender un poco, así que, si sienten que todo está fluyendo muy rápido, lo siento, estoy tratando de cubrir una cuota de capítulos, no me puedo extender mucho o tendremos capítulos eternos como en Guerras Doradas y Guerras de Troya. En fin, ya me extendí mucho, a contestar reviews, y ninjas que leen en las sombras, no me digan que no he logrado conmoverlos, sé que están allí.
TsukihimePrincess: No sé qué entendiste que quiso decir Derbal, pero me voy a arriesgar a contestarte algo que creo que te preocupa. Si la preocupación es que Derbal se haya "propasado" con Lyfia, no, no ha ocurrido, así que tú tranquila, esta no es Guerras de Troya, puede haber mutilaciones, sacrificios, desmembramientos, y otras cosas, pero el tema sexual es de los griegos. Sobre los dorados, no salen mucho en este capítulo, que se trata más de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, pero ya entraremos de lleno a los Dorados pronto, confía en mí. ¿Kanon? ¿Y ese quién es? Es broma, sobre Kanon, todavía no tiene un papel en esta historia, tengo que pensarlo bien para no caer en el cliché, así que no será pronta su aparición, lo siento.
reyna lisset: Que milagro que se aparece por aquí señorita, se andaba haciendo la difícil. El que recuerdes la serie de Soul of Gold es parte del objetivo de esta historia, aunque con un giro distinto. Todas las dudas que tienes sobre los Dioses Guerreros Dorados, te las debo para el próximo capítulo, este se trata casi exclusivamente de los de la Osa Mayor y Osa Menor. Lo de Saori, eso sí te lo contesto en esta entrega. Espero que ya estés en tu casa para que puedas gritar de emoción a gusto. Que lo disfrutes.
EDITADO: 14/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 10: Divinidad Perdida.
Fjördland. Brávellir. Palacio de Brávellir. 3E 1,936.
-¡Jarl Gevarus! ¿Qué significa esto? -hace muchos años, durante la Tercera Era, un joven Derbal, revestido en un Ropaje Sagrado, sin ostentar el puesto de Sumo Sacerdote, se encontraba rodeado de Guerreros Vikingos, mientras miraba al Jarl de Brávellir de ese entonces, Jarl Gevarus, observándolo con malicia desde su trono.
-Derbal -exclamó un compañero de Derbal, el Sumo Sacerdote en ese entonces, Shion, un hombre de apariencia joven, aunque por el lustre de su cabellera, se notaba que habían pasado muchos años desde sus mejores días. Cargaba en su mano una espada dorada, que comenzó a brillar con un destello color de escarlata en ese momento-. Hay que irnos… Derbal… Angurvadel está… -intentó explicarle Shion, mientras la espada en su mano ardía al rojo vivo.
-Pero los dioses… ellos lo han prometido… -enunció Derbal, preocupado, y observando a una doncella, de cabellera azul y hermosa, que se ocultaba detrás del trono de Jarl Gevarus-. Usted lo prometió, hizo un juramento. Odín no permitiría esta blasfemia -agregó Derbal, sacando su propia espada, y desafiando a Jarl Gevarus.
-¡Derbal, no! -proseguía Shion, mirando a sus otros acompañantes. Un hombre revestido en pieles finas con la corona de un Jarl, quien cargaba una lanza; otro joven de cabellera escarlata, que oprimía una masa que llevaba atada al cinturón; un godi con mirada fiera, cargando un báculo con varios arillos de oro; y al final, un inmenso hombre, revestido en una armadura blanca muy hermosa- Derbal… te juro que los dioses están igual de molestos que tú… pero debes atender a la razón. ¿Vas en verdad a forzar a una mujer a cumplir tu capricho? Podríamos ir a una guerra por una mujer, Angurvadel nos está haciendo esta advertencia -le recordó Shion.
-Mejor obedece a tu Sumo Sacerdote, Derbal… estás haciendo el ridículo frente a él y frente a tu Jarl Wotan -apuntó un Guerrero Vikingo, vistiendo el Ropaje Sagrado de Daínn, que muchas generaciones después sería vestido por Harald, el hijo de Jarl Svend Ulfson.
-Hotherus… tú… los dioses no te perdonarán por lo que estás haciendo, es mi derecho, no puedes arrebatármelo, he servido a la corona de Brávellir con tanto honor como lo he hecho por la de mi Jarl Wotan… por favor, Alto Jarl Gevarus, desista -suplicaba Derbal, mientras los Guerreros Vikingos seguían aproximándose-. Por los dioses… tenga compasión… Inanna… -extendió su mano Derbal, intentando llegar ante la mujer tras el trono de Jarl Gevarus, cuando Hotherus atacó con una espada de madera de apariencia insignificante, pero que alertó a Jarl Wotan, quien, con su propia lanza defendió a Derbal-. ¡Mi Jarl! -exclamó Derbal preocupado, mientras Hotherus, de un movimiento rápido, logró herir a Jarl Wotan en su ojo izquierdo, sobresaltando a los presentes, mientras Jarl Wotan caía al suelo, malherido- ¡Jarl Wotan…! -exclamó Derbal en su preocupación, y un trueno centelló con fuerza en la tierra, mientras el guerrero de cabellera escarlata con la maza, enfurecía.
-Oh… tú no debiste haber hecho eso… -preparó su maza el guerrero, Shion intentó detenerlo, pero el guerrero estaba furioso, mientras a las afueras del Palacio de Brávellir una tormenta arreciaba, como si reaccionaran a la maza del hombre, que de un movimiento atacó a Hotherus, quien fue defendido por los Guerreros Vikingos, al primero de los cuales el guerrero de cabellera escarlata le arrancó la cabeza de un potente golpe de su masa.
-¡Traición! -celebró el Alto Jarl Gevarus, apuntando a los presentes con su dedo- Jarl Wotan ha permitido la agresión en el recinto de Brávellir. Por este conducto, declaro iniciada la guerra entre Brávellir y Hlingard, ¡tráigame sus cabezas! -sentenció Jarl Gevarus, mientras los Guerreros Vikingos se abalanzaban contra Derbal y sus acompañantes.
Hlingard. Santuario de Hlingard. Templo de Hlin. 31 de Agosto de 4E 08.
-¡Inanna! -despertó Derbal, quien se había quedado dormido en su trono tras haber consumido demasiado vino. Aunque solo habían pasado unos minutos, lo supo al notar que la séptima pared del Reloj de Bor apenas y terminaba de construirse. A su derecha se encontraba Lyfia, aun intentando elevar su cosmos para destruir los grilletes, pero le era inútil.
-¿Por qué conoce el nombre de mi abuela? -exclamó Lyfia, tras darse cuenta de que nada podía hacer para romper los grilletes, e intentando encontrar una razón para todo lo que hacía Derbal- No me diga que todo esto… es por un amorío de su pasado… -dedujo ella.
-Muchas guerras han comenzado por mujeres, no te creas especial -señaló Derbal, sirviéndose más vino, pero esta vez no lo bebió-. Pero para satisfacer tu curiosidad. Esto no es por una mujer, es por los dioses que fallaron a su promesa, es por los dioses que no intercedieron por mí. Aquel día, aprendí que a los dioses no les importamos, ¿por qué abrían de importarme ellos a mí entonces? -declaró Derbal, mirando en dirección a los Salones de Yggdrasil.
-Fue un Sumo Sacerdote por casi 20 años… ¿y se atreve a decir eso? -le preguntó sorprendida, y Derbal asintió- ¿Cómo pudo fingir serle fiel a los dioses con semejante devoción? ¿Por qué someterse a tanto? -insistió ella.
-Tengo esto… como se llama… sed de poder -aclaró Derbal, sintiéndose orgulloso-. Además, la mejor forma de hacerle la guerra a los dioses, es conociéndolos perfectamente. ¿Por qué crees que tengo tanta seguridad en todo lo que hago? No pueden tocarme. En todo caso, los dioses deberían de tenerme miedo a mí. Soy el resultado de su indiferencia, soy el resultado de haber sido devoto y defraudado por los dioses. Y tú… eres un pequeño capricho, y parte de mi venganza. Pero descuida, tu mente no estará presente para recordarlo cuando termine contigo -le aseguró Derbal.
-¿Por qué me hace esto? Yo no soy mi abuela, no merezco semejante trato -prosiguió ella, pero esta vez su mirada era de empatía, lo que sorprendió a Derbal-. Me has hecho mucho daño… has controlado mi mente… pero incluso, en todo ese tiempo jamás usaste este control sobre mí para forzarme a reemplazar a mi abuela. ¿Por qué lo haces ahora? Tu riña personal contra los dioses no va a terminar bien. Mi abuela jamás te amó -le explicó ella.
-Porque es la única manera de crear un mundo donde los dioses no sean requeridos. Ya que todos seremos dioses -le explicó Derbal, aunque aquello no lo comprendió Lyfia-. Si todos fuéramos dioses, no se rendiría reverencia a nadie, ni nadie sería menos que otros. No solo basta con destruir a los dioses actuales, Lyfia, toda la humanidad está contaminada. Y cuando todos sean dioses, nadie lo será. Todo lo que he hecho, todo lo que soy, tiene este objetivo. Crear un mundo de dioses… -terminó Derbal, concentrándose en el siguiente Salón de Yggdrasil.
Salón de Delta. Svartálfaheim.
-¿Ya han pasado 7 horas? Pero eso es imposible -declaró Alberich, saliendo por la cueva de raíces, y mirando a los alrededores, analizando todo lo que ocurría. 3 Salones de Yggdrasil habían perdido su brillo, el resto se mantenía en pie, pero nadie corría por las afueras de las cuevas de raíces, y, sin embargo, todas las construcciones estaban a la misma distancia-. Esta debe de ser obra del Invierno de Finbul, no hay otra explicación. No podemos llegar todos al mismo tiempo a los Salones de Yggdrasil porque el Invierno de Finbul nos mantiene corriendo infinitamente por el interior de esas cuevas de raíces. Tal parece que el que uno de nosotros salga de estas cuevas de raíces, solo es posible cuando uno de los salones es derribado. El Santuario de Hlingard en verdad que tiene defensas inquietantes, no me sorprende que no haya sido destruido en ninguna de las guerras que han azotado estas tierras. Lo que ahora que lo menciono, es preocupante si considero que estoy en el bando de ataque -dedujo Alberich, llegando por fin al salón en el que combatiría.
El salón al que llegó Alberich, estaba aparentemente construido de roca volcánica derretida por el magma hirviente, pero tallado bellamente con una arquitectura muy moderna para su época, como hecha por artesanos expertos. Los bordes de los marcos de la inmensa puerta, eran derechos, sin imperfección alguna, así como los adornos de varias columnas, una de las cuales Alberich tocó con curiosidad, cortándose el dedo con el contorno afilado. Quien fuera que hubiera construido esas columnas, que presumían las imágenes de solemnes Enanos, reyes en su mundo, lo había hecho con herramientas que los humanos no podían comprender.
Las paredes del lugar parecían contar la historia de los reinos de los Enanos, murales tallados en piedra, con letras en una lengua perdida. En una, se mostraba a un Enano sosteniendo el Mjölnir, el matillo de Thor, en otra, se veía a la lanza de Gungnir, otra tablilla describía a un Jabalí de metal, en otra un barco que se doblaba como el papel, y mientras más observaba Alberich, casi podía escucharlo, el sonido de las herramientas, el rechinar de los metales, el soplido de los fuelles. Alberich, se sentía en casa.
-Mu, como desearía que pudieras ver esto -se impresionó Alberich, admirando todos los bellos murales, intentando descifrar las escrituras en las paredes, queriendo descubrir los secretos de tan magnífica obra-. Cada Salón de Yggdrasil, representa la magnífica arquitectura de un mundo distante. Es como ver al mismísimo Svartálfaheim, su impresionante cultura. Los secretos del mundo de los Enanos al alcance de mis manos -prosiguió Alberich, imaginando aquel mundo, un mundo que sus ancestros habían buscado por décadas, pero que Alberich tuvo que ignorar, para acercarse a las puertas dobles perfectamente talladas en la piedra-. Tendrá que esperar… -declaró Alberich, entrando en el Salón de Yggdrasil-. Saori peligra, y ella, es más importante que mis deseos personales -afirmó Alberich, mientras las puertas se cerraban tras de él, y Alberich observaba el salón interior, destruido por varias raíces, mientras en el centro, una estatua de un cristal de amatista yacía-. ¿Qué ha ocurrido aquí? -preguntó Alberich, curioso, y mirando a Fafner, quien usaba su cosmos sobre una raíz del lugar.
-Oh, lo lamento, ¿querías admirar la grandeza de una civilización perdida? -se burló Fafner, dejando a la raíz, y dirigiéndose a Alberich, a quien miró fijamente- Eres bastante bajito. ¿De verdad eres un Dios Guerrero? -se burló Fafner.
-Dios Guerrero de Megrez Delta, Alberich de Dvergr -aclaró Alberich, mirando a las raíces, y los destrozos del lugar-. Esas rupturas no están erosionadas, debo suponer que son recientes. ¿Esta es obra tuya? -le preguntó Alberich, sintiéndose molesto.
-Son solo ruinas insignificantes, no son merecedoras del cuidado del Dios Guerrero de Yildun Delta, Fafner de Nidhogg -le aseguró Fafner, elevando su cosmos, que parecía atraer a las raíces, mientras el inmenso Dragón de la Muerte, Nidhogg, una criatura serpenteante con cornamenta de madera tallada, escupía niebla de su hocico-. Son solo rocas sin valor, de una civilización insignificante -le aseguró.
-Esas rocas sin valor, son la historia de un reino que es por mucho, el más avanzado de los 9 Mundos -exclamó Alberich, quien entonces notó a Fafner preparar su espada, por lo que Alberich saltó a un lado-. Engañarme para hacer conversación y tomarme con la guardia baja. Astuto, pero inútil contra alguien como yo -declaró Alberich, aunque en su egocéntrico despliegue de superioridad, falló en ver a la espada de Fafner sisear, y atraparle la pierna, y una vez que esta estuvo aprisionada, Fafner lanzó con todas sus fuerzas a Alberich en dirección al techo, donde quedó momentáneamente clavado, y comenzó a caer, siendo impactado en ese momento por Fafner, quien lo golpeó con su mano transformada en una garra de cosmos, que lanzó a Alberich a la entrada del salón.
-Delta, tanto en la Osa Mayor como en la Osa Menor, representa al genio táctico de cada orden de Dioses Guerreros -declaró Fafner, alimentando a una raíz con su cosmos, y esta se lanzó a Alberich, apresándole el cuerpo y estrujándolo con fuerza-. Supuse entonces que el Dios Guerrero que enviarían por mí sería un genio estratégico y, por consiguiente, débil de cosmos. Bastaba solamente con distraerte, destruyendo las ruinas de este lugar, para hacerte bajar la guardia y atacar efectivamente. Ahora estás indefenso, y te convertirás en mi nuevo sujeto de experimentación -expresó Fafner, acercando la raíz de Alberich a donde él se encontraba.
-¿Sujeto de experimentación? -se preguntó Alberich, mientras veía a Fafner tomar su Nuevo Zafiro de Odín de su peto, y colocarlo frente a Alberich, quien comenzó a sentir que su cosmos le fallaba- Esa cosa… siento que se alimenta de mi cosmos -se estremeció Alberich, mientras su cosmos le era robado.
-¿Te gusta? Requirió de muchas vidas humanas para ser creado -le explicó Fafner, sorprendiendo a Alberich-. Los hombres de Hlingard que morían en Brávellir, sus nombres me eran entregados, así como los nombres de sus esposas, de sus hijos e hijas. Ellos, se convirtieron en mis sujetos de experimentación. Lo mismo ocurrió con los refugiados de Ulfrgard, y con los que escaparon de Hlingard. Todas esas vidas por crear estos Nuevos Zafiros de Odín, y su poder sigue creciendo, alimentándose de los cosmos de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor -le explicó, sintiendo su cuerpo aceptando el cosmos de Alberich, y fortaleciéndose-. Ah… que poder. Aunque debo admitir que eres bastante débil de todas formas -se burló Fafner.
-¿Experimentaste con seres humanos? Y por lo visto, fueron con demasiados -dedujo Alberich, y Fafner simplemente le sonrió- No me considero una persona exactamente noble, pero experimentar con humanos… no tengo problema con matarlos, pero al menos les doy una muerte sin sufrimiento. Fafner… ¿cuántos murieron por estos falsos Zafiros de Odín? -preguntó Alberich, haciendo fuerza para destruir la raíz que lo mantenía aprisionado.
-No veo como sea importante -le aseguró Fafner, colocando su mano sobre la cabeza de Alberich, y aplastándosela con fuerza-. Al menos 1,000 vidas se requirieron para cada Nuevo Zafiro de Odín, pero descuida, su propósito es divino. ¿Qué importan unas vidas, si nuestros dioses se deleitan por estos sacrificios? -se burló Fafner, quien entonces sintió su mano congelarse, por lo que soltó a Alberich.
-Si tanto quieres complacer a los dioses con sacrificios, Fafner… entrégate tú mismo… -agregó Alberich con desprecio, mientras la raíz que lo apresaba lo liberaba al momento que era rodeada por el cosmos de Alberich-. No eres nadie para menospreciar la vida ajena, yo podré ser un asesino, pero soy un asesino de causa justa, no me rebajaría al nivel de experimentar con otros seres vivos solo por mis deseos personales, porque, aunque no sea un ser noble, existo en comunión con todo lo que existe. No puede existir una vida a costa de otra, todo está equilibrado en el mundo, en una selecta comunión. ¡La Comunión con la Naturaleza! -exclamó Alberich, incinerando su cosmos, y forzando a Fafner a cubrir con sus brazos, aunque no recibió daño alguno, y cuando descubrió sus brazos, entendió la razón.
-¡La Estatua de Svartálfaheim! -se sobresaltó Fafner, mientras esta caía a pedazos- ¿Cómo? ¿Por qué? -se preguntó Fafner, mientras las raíces se retiraban del Salón de Yggdrasil, obedeciendo al cosmos de Alberich- ¿Qué clase de truco sucio es este? -preguntó Fafner, notando entonces que su Nuevo Zafiro de Odín lo abandonaba, y volaba al Templo de Hlin.
-¿El falso Zafiro de Odín? -se preguntó Alberich, pero enfocó su atención a Fafner- Respondiendo a tus preguntas, no soy el Dios Guerrero de la Osa Mayor más poderoso, se podría decir que soy el más débil. Pero aún en mi debilidad, soy el Dios Guerrero más peligroso de todos, porque soy más listo que mis compañeros. Matarte me tomará mucho tiempo, pero es algo posible, y tiempo es lo que menos tengo -aseguró, usando su cosmos para atacar a una de las paredes de las ruinas, y observar al túnel de raíces liberar a Tholl, quien se hacía camino al siguiente Salón de Yggdrasil-. La estatua es el objetivo, no el guardián. Con la estatua demolida, Tholl puede seguir con su camino, y yo podré concentrarme en tu castigo, Fafner, porque alguien tan despreciable como tú, no merece irse de este mundo gentilmente -prosiguió Alberich, tomando a su espada de Amatista, e incinerándola-. Pero el castigo que te tengo planeado, no retrasará nuestra misión primordial. ¡La prueba de Svartálfaheim ha concluido! ¡Pero tu castigo apenas comienza! ¡Espada Llameante! -declaró Alberich, lanzándose a Fafner con su espada lista.
-¿Con ese cosmos tan insignificante? ¡Tendrás suerte de asestar un golpe! ¡Ráfaga de Dragón! -se burló Fafner, lanzando pequeños destellos rápidos que impactaron a Alberich en diferentes oportunidades, doblegándolo, y lazándolo por el salón hasta dejarlo tendido en el suelo- No eres más que palabras, yo soy verdadero poder. Te haces llamar el Dios Guerrero más peligroso de todos, pero un Guerrero Vikingo podría asesinarte -lo levantó del suelo Fafner, y con su mano convertida en garra de cosmos, comenzó a cortar el cuerpo de Alberich en repetidas ocasiones, hasta que Alberich soltó su espada-. No eres siquiera digno de ser un sujeto de experimentación, una mujer hubiera chillado y resistido más que tú -le aseguró Fafner, quien comenzó a estrujar el cuello de Alberich, cuando el Dios Guerrero le sonrió, sorprendiendo a Fafner, a momento que, con un movimiento de su mano, le manchaba el rostro de ácido que se desprendió del dorso de su ropaje-. ¡Aaaaah! ¡Maldito! -se quejó Fafner, mientras su rostro ardía con el líquido que le quemaba la piel.
-Tu cosmos es más alto que el mío, por ello te aplaudo, Fafner, aunque el cosmos de todos a los que he enfrentado, siempre ha sido superior al mío -se burló Alberich, levantando su espada, y guardándola en su ropaje-. Mi intelecto por otra parte, es muy superior, te dije que me tomaría tiempo darte muerte, jamás mencioné que fuera porque no podía derrotarte antes. Solo prolongo tu vida lo suficiente, para que sufras tu muerte lentamente -le aseguró Alberich.
-Ya me estoy cansando de ti… -elevó su cosmos Fafner e intentó correr en dirección a Alberich, notando que sus piernas no se movían- ¿Qué es esto? -unas estructuras de cristal le aprisionaban las piernas, eran como la amatista, y crecían lentamente, Fafner intentó golpear la estructura, pero esta le atrapó la mano derecha, rodeándola de amatista.
-Su nombre es amatista, y no podrás romperla, Fafner, drenará tu energía, así como tú hiciste con ese falso Zafiro de Odín, con la sutil diferencia de que no se alimenta de cosmos, sino de tu fuerza vital -comenzó a acercarse Alberich, y una vez estuvo lo suficientemente cerca, arremetió contra el rostro de Fafner, rompiéndole la nariz-. Te lo repetiré… por mi propio deleite personal es que sigues vivo, no porque no pueda matarte antes, sino porque no te he dado el castigo adecuado por todas esas personas con las cuales experimentaste. Vas a morir, lenta, y dolorosamente -le aseguró Alberich, y Fafner intentó golpearlo con su mano libre, misma que Alberich evadió, materializó su espada, y le cortó la mano de un movimiento rápido y certero.
-¡Aaaaah! ¡Malnacido hijo de Troll! -lloró Fafner de dolor, pero se negó a dejar de ver a Alberich con odio, por lo que Alberich nuevamente le roció acido de su Ropaje Sagrado, quemándole nuevamente la piel, que parecía derretirse, y dejaba ver por entre sus mejillas consumidas un poco del hueso de su mandíbula-. Detente… ten piedad… -lloraba Fafner.
-¿Cuántos te habrán pedido piedad, Fafner? -preguntó Alberich, cortando con su espada el vientre de Fafner, pero solo superficialmente, no deseaba que Fafner muriera tan rápido- Mejor cubres esa herida, no sea que tus viseras se escapen -se burló Alberich, mientras Fafner, en intenso dolor, se tomaba con el muñón el estómago, evitando que lo que yacía dentro se le escapara-. Sabes, si los dejas caer morirás más rápido, pero claro, le temes a la muerte, te anclas a la vida lo más que puedes. Te diré algo, te daré una muerte más placentera, si me dices lo que son esos falsos Zafiros de Odín, ¿que planea hacer Derbal con ellos? -preguntó Alberich, mientras Fafner lloraba por su vida.
-Te lo diré… -comenzó Fafner, sintiendo como el dolor le hacía perder la cordura-. Derbal quiere… él desea… -le susurró, y Alberich se sorprendió por lo que escuchó-. Por favor… cumple tu palabra… termina con esto… por favor… -lloró Fafner, y Alberich lo pensó.
-No lo mereces siquiera… -aseguró Alberich, pero elevó su cosmos de todas formas-. ¡Escudo de Amatista! -declaró, y Fafner terminó encerrado, en un inmenso cristal de amatista. Su rostro repleto de dolor, cambió a uno apacible y relajado, mientras su vida era consumida por el cristal- Ese sujeto… aún si sé lo que desea, no puedo hacer nada para evitarlo -se viró Alberich, mirando a las puertas del Salón de Svartálfaheim, que, al abrir sus puertas, solo le mostró oscuridad-. El Invierno de Finbul no me permitirá regresar por donde vine, no hasta que el último Salón de Yggdrasil sea derribado, no me queda otra alternativa más que esperar -se sentó Alberich, y comenzó a elevar su cosmos-. No soy el más fuerte… -se dijo a sí mismo, pero, de cualquier forma, reunió todo el cosmos que podía-. Pero para evitar esta locura, necesitaré de todo el cosmos que pueda, ya que soy el único que sabe lo que Derbal planea hacer. Ten cuidado, Saori… eres más valiosa viva que muerta -sentenció, concentrando todo su cosmos.
Las 12 Moradas de los Dioses. Onceava Morada, Acuario.
-Apresura el paso, ya casi llegamos -declaró Bud, con Saori siguiéndolo de cerca, resignada a que los Dioses Guerreros de Yggdrasil que servían a Derbal, realmente pensaban que Lyfia era la verdadera Asynjur Hlin. Una vez llegado a la Onceava Morada, sin embargo, encontró al Dios Guerrero Dorado arrodillado, presentando sus respetos ante ella.
-¿Tú eres? -preguntó Saori, mirando a Camus, quien se presentaba solemne ante ella. Saori se mostraba confundida, hasta ahora, solo esperaba semejante recibimiento de Shura, pero frente a ella, un total desconocido le brindaba respeto.
-Dios Guerrero Dorado de Beta Aquarii, Camus de Acuario -se presentó Camus, observando a Saori, quien, tras unos instantes, movió su mano, pidiéndole pararse. Una vez lo hizo, Camus observó los ojos de Saori, descubriendo las galaxias en los mismos-. Pandora tenía razón… esta chica es… -dedujo Camus, pensando en lo que debía hacer.
-Lo sabes, ¿verdad? -preguntó Saori, curiosa de lo que estaba ocurriendo, mientras Camus se mostraba intranquilo, y Bud pretendía que Saori dejara de perder el tiempo, por lo que intentó tomarla de la mano, pero Camus lo detuvo, tomando de su muñeca, y amenazándolo con su cosmos- Sé que lo sabes… -declaró Saori, mirando a Camus fijamente-. Pero aun así no harás nada para ayudarme, ¿verdad? ¿Puedo preguntar por qué? -le preguntó Saori, entristecida.
-Porque a pesar de que sé que el cosmos que la respalda, es el cosmos de una diosa… no creo que usted sea realmente la Asynjur Hlin -declaró, lo cual sorprendió a Saori en ese momento-. Si de verdad fuera quien dice ser, mi Ropaje Sagrado hubiese despertado para servirle, y no fue así -le explicó Camus.
-Pero eso es porque… -intentó decir Saori, pero no tenía formas de demostrar nada-. Camus. ¿Quién crees que es Lyfia? Alguna vez la has visto. ¿Has logrado ver la galaxia en sus ojos? -le preguntó con sus manos en forma de plegaria, y Camus lo pensó con detenimiento.
-Se me ha dicho que Lyfia es la Asynjur Hlin -aclaró Camus, deprimiendo a Saori-. No he visto las galaxias en sus ojos, a los Dioses Guerreros Dorados no se nos permite estar cerca de Lyfia. Pero… no creo que ella sea una persona malvada, igual que tampoco creo que usted lo sea… -declaró, y Saori asintió-. En todo caso, mi mente se encuentra confundida. Si no puedo confiar en lo que sé, entonces solo puedo confiar en la persona por la que tengo una deuda, y si él cree, genuinamente, que Lyfia es la Asynjur Hlin… yo le creo, hice un juramento a Var -declaró, y Saori recordó el juramento de sus Dioses Guerreros Dorados, quienes decidieron seguirla, sin tener pruebas de que ella fuera o no la Asynjur Hlin-. No puedo irrespetar mi juramento. Le debo a mi amigo una vida -le aseguró.
-Ya le has entregado una vida, Camus… la vida… de alguien a quien yo estimaba… -entristeció Saori, recordando a Mime, pero al ver la mirada de determinación de Camus, ella se sorprendió-. Acaso Mime está… -se concentró Saori, virando a las Moradas Inferiores, encontrando a Mime, con una ligera fuerza de cosmos rodeándolo.
-Como dije… le debo a mi amigo una vida… -declaró Camus, haciéndose a un lado, y permitiéndoles pasar-. Hasta que no cumpla mi juramento, no puedo buscar mis propias respuestas. Por ello he decidido confiar en Surt y, por consiguiente, confiar en Lyfia. Defenderé a Lyfia como si ella fuera la verdadera Asynjur Hlin. Ya que, pese a que acepto su divinidad… no siento ninguna responsabilidad por usted… -declaró, fría e hirientemente.
-¿Y si equivocas? -preguntó Saori, haciendo a Camus dudar- Y si entregas a la verdadera Asynjur Hlin a su muerte, solo por cumplir una promesa. ¿Qué pasará entonces, Camus? -le preguntó Saori, pero Camus se mantuvo firme.
-Ellos quienes nos atacan, también podrían estar equivocados, ¿no es así? -preguntó Camus, y Saori lo comprendió- ¿Qué prueba tiene, de que somos nosotros quienes equivocamos? -insistió, pero Saori no se defendió.
-No tengo que darte ninguna prueba -le aseguró, lo que sorprendió a Camus-. Mis acciones… deberían hablar más fuerte que mis palabras. No tengo que comprobarle nada a nadie, así no es como se debe dirigir un dios, a ellos a quienes ama… -le aseguró, haciendo a Camus dudar, pero sin pruebas fehacientes, simplemente no podía hacerlo-. Eres una buena persona, Camus… una buena persona, que no confía en lo que no puede ver… con tu permiso -declaró Saori, y continuó con su camino por las 12 Moradas.
Salón de Gamma. Alfheim.
-¡Nieve! ¡Espero que sea Jotunheim! -exclamó Tholl alegremente, mientras corría por las ramas que daban a una edificación con la forma de un árbol de cristal de hojas color zafiro, que contaba con una sencilla puerta de madera azul, la cual se abrió frente a sus ojos, mientras el inmenso guerrero entraba sin darse a esperar, encontrando una sala extensa, rodeada por lo que parecía ser una cúpula de estrellas. Los suelos se encontraban congelados con arbustos de cristal, y en el centro, yacía una columna de cristales con una esfera perfecta en su cima- Momento -exclamó Tholl, intentando pensar con claridad-. Por afuera es un árbol, y por dentro un reino luminoso. ¡Por las flatulencias de Thor! ¿Soy el guardián de Alfheim? ¡Esto es ridículo! ¿Por qué debo ser guardián de un mundo lleno de elfos debiluchos y enclenques? -exclamó Tholl, notando que no estaba solo, ya que, frente a la columna de cristal, se posaba Balder- Oh, estabas aquí -se burló Tholl.
-Que repugnante -exclamó Balder, insultando a Tholl sin siquiera dirigirle la mirada-. ¿Cómo puede ser posible que el Dios Guerrero de Phecda Gamma, Balder de Hraesvelgr, comparta la custodia del Salón de Alfheim con alguien como tú? -apuntó Balder, con sus ojos cerrados.
-Ni siquiera voy a fingir que sé pronunciar el nombre de tu bestia guardiana -se volvió a burlar Tholl, con una sonrisa en su rostro-. De Phecda Gamma solo hay un Dios Guerrero, y lo estás viendo. Tholl de Jormungandr -se presentó Tholl, preparando sus hachas de batalla-. ¡Martillo de Mjölnir! -lanzó su ataque Tholl, creando torbellinos de nieve, que se dirigieron en dirección a Balder, quien no se dignó siquiera a evadir el ataque de Tholl, recibiéndolo directamente, mientras las hachas de Tholl fueron repelidas, y cayeron al suelo cerca de Balder- Fascinante -exclamó Tholl.
-He comprobado que no eres capaz de hacerme daño -declaró Balder, abriendo sus ojos, y mirando a Tholl fijamente-. No solo eres un ser repulsivo, sino que no puedes dañarme. Es decepcionante, casi hace que mi defensa de este lugar, sea más una molestia que una misión divina -aseguró, lo que molestaba a Tholl.
-De todos los que pudieron haberme tocado, me tenía que tocar el fanfarrón parlanchín -se dijo a sí mismo Tholl, subiendo su guardia, dándose cuenta de que Balder no se alistaba, ni siquiera subía su cosmos-. ¿Qué esperas? -preguntó Tholl, y tras ver que nuevamente Balder no se movía, el gigante entre los hombres se fastidió, y decidió atacar él mismo- ¡No tengo tiempo que perder contigo! ¡Puño de Titán! -exclamó, reuniendo todo su cosmos en su puño derecho, y lanzándose con este en dirección a Balder, quien simplemente extendió su mano, y atrapó el puño de Tholl- Para ser un cara de niña, parece ser que eres muy fuerte -exclamó Tholl, mientras Balder incineraba su cosmos.
-Yr -habló Balder con tranquilidad, transportando a Tholl a un nuevo espacio o dimensión, en donde Tholl flotó en un cielo que estaba en eterno atardecer, y donde se observaron figuras que asemejaban a Valkirias, quienes, con sus armas en mano, cabalgaron con sus corceles en dirección a Tholl, y se estrellaron sobre él, lanzando al inmenso Dios Guerrero de regreso al Salón de Alfheim, donde se estrelló con fuerza-. Eso deberá bastar… -enunció Balder, quien entonces notó el cómo Tholl se ponía de pie.
-Ah, eso estuvo muy bien… -se limpió un hilo de sangre Tholl, mientras Balder lo miraba con sorpresa y extrañeza-. Para ser un niño bonito, golpeas muy fuerte. Pero eso no te será suficiente para doblegarme, mientras más fuerte mi oponente, más fuerte me vuelvo yo. ¡Puño de Titán! -prosiguió Tholl, lazándose nuevamente en dirección a Balder, quien nuevamente detuvo el ataque de Tholl con una mano.
-Ansuz -comentó Balder tranquilamente, liberando un estallido de relámpagos, que lanzó a Tholl por la nieve, estrellándolo contra varios arbustos de cristal-. Es inútil, mi cuerpo es invulnerable. No tiene importancia con cuanta fuerza intentes golpearlo, fui bendecido por un dios misterioso, con un cuerpo que es incapaz de sentir dolor -le aseguró Balder, mientras Tholl se reponía, y volvía a limpiarse la sangre de los labios.
-Eso me parece muy aburrido. ¿Cómo vas a superarte si no puedes sentir dolor? -se lanzó Tholl nuevamente en dirección a Balder, quien atrapó su puño nuevamente, esta vez con solo un dedo-. ¿Anzus dijiste? Esa es una de las runas de los dioses, la conozco bien, pero a Yr no la conozco -prosiguió Tholl, mientras Balder nuevamente reunía la fuerza de su cosmos en su mano derecha, y la liberaba en un estallido de cosmos.
-Ansuz -llamó nuevamente, lanzando a Tholl por los suelos, aunque el gigante entre los hombres se negaba a darse por vencido-. Estas runas me fueron entregadas por aquel dios misterioso, no espero que lo entiendas, pero alguna vez fui tan débil como tú -le explicó.
-¿Débil? ¡Ja! -se burló Tholl, incorporándose, para sorpresa de Balder. No me considero Débil, pero admito que me estoy divirtiendo mucho siendo lanzado por todas partes. No es algo que pase todos los días, aunque no tengo mucho tiempo -levantó sus hachas Tholl, lanzándolas en dirección a Balder-. ¡Martillo de Mjölnir! -exclamó con fuerza.
-Tyrfing -desenvainó su espada Balder, y con ella repelió a las hachas, acto seguido, comenzó a llenarla con la energía de su runa derecha-. ¡Ansuz Tyrfing! -apuntó en dirección a Tholl, liberando un relámpago, que Tholl cubrió al cruzar sus brazos por frente a su pecho y rostro, y tras el impacto, el choque de cosmos estalló con fuerza, aunque Tholl continuaba de pie- No todos fuimos bendecidos con un cuerpo fuerte como el tuyo. Cuando era niño, vivía en una aldea pobre, y por más que me esforzaba, la gente moría a mi alrededor. No podía salvarla, todos morían, por culpa de mi debilidad -recordó Balder, aunque mantenía un rostro inexpresivo-. Si hubiese poseído un cuerpo fuerte como el tuyo, pude haber salvado muchas vidas. En su lugar, fui convertido en un dios, y ahora solo puedo traer muerte -le aseguró, con su espada lista, y acercándose a Tholl.
-Déjame ver si entiendo. ¿Eras un niño debilucho, y te volviste fuerte por rezarle a un dios? -preguntó Tholl, mientras Balder intentaba ejecutarlo con su espada, pero el Dios Guerrero de Jormungandr lo evadió- Cambiaré mi pregunta. ¿Piensas que yo nací así? ¿Con un cuerpo fuerte? Me tomó mucho trabajo y esfuerzo poseer esta complexión, no necesité de rezarle a ningún dios, mucho menos que me hicieran pensar que era uno -se apuntó a sí mismo Tholl, sintiéndose orgulloso de sus logros.
-No pienso ser un dios, soy un dios -aclaró Balder, forzando a Tholl a burlarse sonoramente-. Deberías respetarme, mortal, pude haberte perdonado la vida -insistió Balder, ante las burlas de Tholl, quien continuaba incinerando su cosmos, con la serpiente de Jormungandr respaldándolo-. No lo entenderías… me convertí en un dios como recompensa por la bondad en mi corazón -le explicó.
-No eres un dios… -aclaró Tholl, y Balder lo miró fijamente-. En primer lugar, los dioses no necesitan presentarse para que los mortales sepamos que son dioses. En segunda instancia, dices que existe bondad en tu corazón, pero yo solo veo soberbia. En tercer lugar, voy a patearte tu lindo trasero pálido, sabandija -prosiguió Tholl, uniendo ambas manos entrelazadas sobre su cabeza, y bajándolas con todas sus fuerzas, pero nuevamente, Balder logró detenerlas.
-Un mortal como tú, no puede entenderlo -exclamó Balder, colocando su mano izquierda frente a Tholl-. Yr -enunció nuevamente, llevando a Tholl ante la dimensión con el atardecer perpetuo, donde las Valkirias se encargaron de castigarlo, y de lanzarlo de regreso al Salón de Alfheim, donde Tholl, aún con una sonrisa, se atrevió a intentar ponerse de pie-. No eres más que un sucio perro -exclamó.
-¿No tienes insultos más originales? Porque yo con mucho gusto acepto ser llamado un perro -se apuntó Tholl, impactándose el propio pecho con fuerza, lo que llenaba el rostro normalmente inexpresivo de Balder con curiosidad-. Los perros son las criaturas más nobles de corazón que existen. Siempre fieles a sus amos, no importa si el amo es un insensible cabeza de Jotunn, o el ser más magnánimo que existe. Un perro siente una compasión tal, que moriría por su amo, lo sabrías si hubieras tenido uno -aclaró Tholl.
-Tuve un perro… -recordó Balder aquellos días en los que era joven y ayudaba a los menos afortunados, siempre seguido de su noble perro, quien lo seguía a todas partes-. Era un animal noble, pero débil. Al final él murió también. Yo no comía y no bebía, soportaba las inclemencias del clima, él se congeló durante nuestros viajes, no era digno -finalizó, y por vez primera, la sonrisa de Tholl se borró.
-De modo que. ¿No alimentaste a tu propio perro, quien te siguió por días hasta que el cansancio, el hambre y el frio lo consumieron, y tú simplemente lo dejaste morir? -preguntó Tholl, y Balder asintió ante aquellas palabras- Umm… esto ha dejado de ser divertido. Me parece muy bien. Alguien tan insensible como tú, no merece ser llamado mi igual, terminaré contigo, sin remordimientos -aclaró Tholl, con su cosmos embravecido, y llamando a una tormenta, mientras relámpagos comenzaban a caer por los alrededores.
-¿Qué has dicho? -se preguntó Balder, mientras Tholl se cruzaba de brazos, y su cosmos crecía sin límites aparentes- Esta fuerza de cosmos, supera cualquiera que haya visto antes. Si poseías esta fuerza, ¿por qué no la usaste desde un principio? -preguntó Balder, sorprendido.
-Ah, porque eso no sería divertido. Pero ya no me pareces alguien divertido… -apuntó con su dedo Tholl, reuniendo todo su cosmos en el mismo, y atacando con toda su fuerza-. ¡Puño de Titán! -declaró Tholl, y Balder alzó su mano derecha.
-Ansuz -enunció, detuvo el ataque de Tholl con su mano, pero sorpresivamente, esta vez el ataque destrozó su ropaje sagrado, y a la runa que usaba para defenderse. La explosión no hirió a Balder, pero su ropaje había quedado sumamente dañado, mientras Tholl lo miraba con desafío, y desprecio-. ¿Cómo has podido hacer eso? -preguntó Balder, mirando a la runa en su mano derecha.
-¿Acaso importa? -preguntó Tholl, cruzándose de brazos, y esperando- Anda Balder, ya destruí a Ansuz, ven y lánzame a Yr, te aseguro que el resultado será el mismo -insistió mientras Balder dudaba-. ¿No eras un dios, Balder? No siento tu divinidad. En realidad, no siento nada por ti, ni siquiera compasión -prosiguió Tholl.
-De modo que, ¿muestras este poder solo porque no sentí compasión por un perro? Casi me parece gracioso -apuntó Balder con su mano izquierda, y en esta brilló su runa-. Yr -exclamó, Tholl fue llevado a aquella dimensión, y las 4 Valkirias se abalanzaron sobre él, atravesando a Tholl con sus armas, que entraron por diversas secciones del cuerpo de Tholl, y salieron por su espalda. Aunque Tholl no se inmutó por el ataque-. ¿Recibiste el ataque directamente? -se sorprendió Balder.
-Es la mejor forma que se me ocurrió para destruirlo -aclaró Tholl, elevando su cosmos, atrapando a las 4 Valkirias con el mismo, y haciéndolo estallar con tal fuerza, que la runa en la mano izquierda de Balder estalló, haciendo que su ropaje sagrado cayera a pedazos-. Ya no tienes ni la runa Ansuz, ni la runa Yr, solo te queda esa espada -apuntó Tholl, mientras Balder retrocedía, con su guardia en alto-. ¿No eras invulnerable? -preguntó Tholl, molestando a Balder- ¿Por qué cubres tu cuerpo? Si fueras invulnerable, y un dios, no necesitarías un Ropaje Sagrado de una bestia que, la verdad no puedo pronunciar -se burló Tholl, aunque su sonrisa no duró mucho-. Vaya dios que resultaste ser -finalizó.
-¿Thor? -preguntó Balder, notando inmensas similitudes entre Tholl y el Dios del Trueno y la Fuerza- Ya entiendo, tú también eres un dios -dedujo Balder, y Tholl lo miró con curiosidad-. No solo es el nombre, también es el nombre de tu arma, y el Ropaje de Jormungandr, además de que has elegido luchar al lado de los humanos. Eres Thor, el Dios del Trueno y la Fuerza -aseguró Balder, pero Tholl lo negó con la cabeza.
-No es así -aclaró Tholl, y Balder lo observó con detenimiento-. No soy Thor el Dios del Trueno y de la Fuerza -le explicó, aunque Balder tenía sus dudas-. No necesito serlo para derrotarte. Tu cosmos puede ser aplastante, tu cuerpo, supuestamente invulnerable. Pero no eres un ser de compasión, no eres un ser de luz. Y mientras existan seres como tú, sin corazón, que no luchen por la justicia, yo no podré ser derrotado -le apuntó a Balder, quien se molestó por aquellas palabras-. Solo una persona justa y de buen corazón, cuya misión fuera más importante que la mía, podría derrotarme. Si por mí fuera, podrías ser un dios verdadero, y de todas formas te derrotaría. No puedo ser derrotado por un ser sin compasión -aclaró Tholl, con Jormungandr rodeándolo, como si respaldase sus palabras con su cosmos.
-Palabras sin sentido -aclaró Balder, elevando su cosmos alrededor de su espada-. Mucho menos podría creerlas de alguien que es protegido por Jomundgandr, la bestia que se encargará de asesinar a Thor en el Ragnarok -finalizó Balder, lanzándose en dirección a Tholl.
-Oh, qué buena alusión has elegido -tomó Tholl su hacha, elevando su cosmos alrededor de la misma-. Porque si Thor puede morir, y es un dios… aún si tú fueras un dios también podrías morir, ¿no es así? -se lanzó Tholl en dirección a Balder, quien, tras escuchar aquellas palabras, dudó, y en su duda, permitió a Tholl impactarlo directamente con su hacha, que atravesó su pecho supuestamente invulnerable, desprovisto de su Ropaje Sagrado, y por vez primera en mucho tiempo, Balder comenzó a sentir miedo, y cayó en sus rodillas, mirando al hacha, que le había destrozado el corazón.
-Mi cuerpo… debía ser invulnerable… ¿por qué? -se preguntó Balder, quien no sentía dolor, pero entonces recordó sus runas, se vio sus propias manos, y estas estaban quemadas- Ya entiendo… las runas, eran lo que hacían verdaderamente invulnerable mi cuerpo. Sin ellas, mi cuerpo puede ser herido. Pero, aun así, mi cosmos era más alto, y mi incapacidad de sentir dolor, debió darme la victoria. Tholl, ¿cómo es que no te rendiste, pese a que te enfrentabas a alguien que genuinamente pensaba que era un dios? -preguntó Balder, dándose la vuelta, aún con el hacha de Tholl en el pecho.
-Me hiciste enojar, fue por eso -agregó Tholl con molestia, cruzándose de brazos, lo que sorprendió a Balder-. Nunca había requerido de mi verdadera fuerza. Cuando supe que eras una persona tan cruel, enfurecí, y decidí no darte consideraciones como hubiera hecho con cualquier otro oponente. En verdad, ¿cómo puede haber alguien tan descorazonado? Abandonar a su perro, cuando un perro moriría por ti -se quejó Tholl.
-En verdad no puedo creer que todo esto haya sido posible, por tu compasión por un animal insignificante -se impresionó Balder, más en ese momento escuchó un ladrido, y aparentemente, Tholl lo escuchó también. Los ojos de Balder se estremecieron, y de pronto, lágrimas comenzaron a caer de los mismos-. ¿Vigil? -se dio la vuelta Balder, siendo derribado en ese momento por un perro gris con blanco, lo derribó con tanta fuerza, que el hacha de Tholl salió de su pecho, mientras el perro lamía a Balder, como si hubiese guardado aquel amor por su dueño por tantos años- Vigil… eres Vigil, ¿verdad? -preguntó Balder, mientras el perro le lamía el rostro, y Balder sonreía y reía por primera vez en mucho tiempo- ¿Cómo? -preguntó, más entonces notó a Tholl, y el cómo miraba al cuerpo de Balder en el suelo, con el Hacha aún en su pecho- Ese soy… -se miró a las manos Balder, notando que estas brillaban con una bella luz pura-. Tholl -miró Balder a Tholl, quien le arrancó el hacha a su cuerpo sin vida.
-Escuché un ladrido, Balder -habló Tholl, dirigiéndose al cuerpo sin vida de Balder, y cerrándole los ojos que se encontraban cubiertos de lágrimas-. Por la mirada en tu rostro, estoy seguro de que lo escuchaste tú también. Te lo dije, Balder -prosiguió Tholl, sentándose junto al cadáver de Balder. Un perro lo daría todo por ti, seguramente hasta vino por tu alma. Cuando las Valkirias lleguen por ti, asegúrate de darle mucha comida, mientras esperan ansiosos el día del juicio final. Qué envidia me das. Estarás con tu amigo, por toda la eternidad -finalizó Tholl, colocándole la espada Tyrfing a Balder en su mano, y virándose en dirección a la estatua de Alfheim, elevando su cosmos frente a ella, y lanzando toda la fuerza del mismo, haciendo estallar la misma, y liberando el camino para el siguiente Dios Guerrero de la Osa Mayor, mientras el Nuevo Zafiro de Odín de Balder, se dirigía al Templo de Hlin.
-Tholl… -bajó el rostro Balder, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas-. Fui un tonto, por pensar que encontraste la fuerza suficiente para derrotarme, por un perro inútil -miró Balder a Vigil, que le ladró con alegría mientras le movía su cola-. Debí comprender, que lograste derrotarme por tu inmensa compasión. Gracias… espero que algún día nos volvamos a ver… como Einherjers… en el ejército de Odín -finalizó Balder, mirando a una Valkiria frente a él, quien lo llevó en dirección a un puente de arcoíris, siempre acompañado de su querido perro.
Las 12 Moradas de los Dioses. Doceava Morada, Piscis.
-Es el quinto destello de luz que veo volando en dirección al Templo de Hlin -se dijo a sí misma Saori, mientras llegaba junto a Bud ante el guardián de la Doceava Morada de los Dioses, un hombre muy femenino, que al principio confundió a Saori, pero rápidamente dedujo su identidad, y saludó con excelsos modales-. Un placer conocerlo, joven Dios Guerrero de Piscis -le sonrió Saori.
-Vaya, eres muy linda para ser una impostora -declaró Afrodita, devolviendo la reverencia-. Dios Guerrero de Alrisha, Afrodita de Piscis -se presentó, entregando a Saori una rosa, misma que Saori miró con detenimiento-. Veo que conoce sobre mis rosas, pero descuide, esta no está envenenada -le entregó Afrodita, y Saori la aceptó con una sonrisa.
-Es usted muy amable, pero… me interesa saber más lo que piensa usted de mí… ¿recibiré la misma respuesta, que he recibido de los demás? -le preguntó, a lo que Afrodita no respondió, simplemente bajó la mirada- Su silencio… es respuesta suficiente -entristeció Saori.
-Toda mi vida, he sido tratado con crueldad y desaprobación, por poseer un Seidr -le explicó Afrodita, y Saori asintió a sus palabras-. Gracias a Derbal eso no ocurre más. Soy tratado con respeto, como una persona normal. No se me juzga, por primera vez soy libre… desconozco cuál es la verdad, Lyfia no me parece una persona malvada, en realidad es bastante linda y gentil… puedo creer que ella es una diosa… -le explicó Afrodita, y Saori entristeció-. No siento odio por usted de todas formas, pero en estas circunstancias, me temo que no me atrevo a sacrificar lo que tengo, espero entienda -reverenció Afrodita.
-Lo que entiendo, es que he hecho un pésimo trabajo, para que la mitad de la Orden de Yggdrasil no me reconozca -le respondió Saori, y Afrodita desvió su mirada-. Si pudiera hacer lo que fuera para que ustedes me creyeran, lo haría sin pensarlo. Los he defraudado a todos, Afrodita, entiendo perfectamente el que no crean en mí. Pero si salgo viva de esto, les juro que me convertiré en una diosa a la que puedan amar -finalizó, retirándose en dirección al Templo de Hlin, mientras Afrodita, miraba una de sus rosas con curiosidad.
Salón de Beta. Vanaheim.
Hagen salió de entre las cuevas de raíces, dirigiéndose a toda velocidad en dirección al penúltimo de los Salones de Yggdrasil, mientras veía de reojo al Reloj de Bor, ya con 10 de sus paredes terminadas, y la onceava a media construcción. La batalla entre Tholl y Balder se había extendido demasiado, aunque eso no era algo que Hagen pudiera saber, pero podía deducir por la posición del sol, que estaba bajando, que el tiempo se les estaba terminando.
-Debo darme prisa, ese laberinto de raíces me ha quitado demasiado tiempo. ¡A mí Sleipnir! -enunció Hagen, con Sleipnir alimentando su cosmos, y su velocidad aumentando en dirección a un palacio dorado, que presumía árboles de troncos de oro blanco, con sus hojas doradas, y fuentes que escupían vino de manzana dorada. El lugar era hermoso, digno de los dioses, pero Hagen no podía detenerse a admirarlo, por lo que corrió en dirección a las puertas de oro, que se encontraban detrás de las estatuas de un par de dioses que se parecían mucho físicamente a Odín-. Vili y Ve, los hermanos de Odín, dioses de los Vanir. Eso significa que soy el guardián de Vanaheim -dedujo Hagen, entrando por las puertas doradas, y frenándose ante la estatua de un dios con una espada dorada, en un salón dedicado a los héroes.
-Qué falta de respeto, hacerme esperar tanto tiempo -exclamó Frodi, el Dios Guerrero de la Osa Menor, que era el guardián del Salón de Vanaheim, forzando a Hagen a detenerse-. Sleipnir -se impresionó Frodi.
-Gullinbursti -dedujo Hagen al notar el cosmos que respaldaba al de Frodi, mientras Sleipnir, el Caballo Sagrado de 8 patas, relinchaba con fuerza en su cosmos-. De modo que mi oponente es el Jabalí Dorado del dios Frey, quien se dice es más veloz que cualquier caballo, aunque Sleipnir no es cualquier caballo -aseguró Hagen.
-Dios Guerrero de Kochab Beta, Frodi de Gullinbursti -se preparó Frodi, mostrando su espada, misma que brilló bellamente-. Y esta es mi espada Siegschwert. La espada legendaria del Dios Frey -declaró Frodi, apuntando con su arma a Hagen-. Muéstrame tu arma, Dios Guerrero de Sleipnir -le pidió.
-Dios Guerrero de Merak Beta, Hagen de Sleipnir -declaró Hagen, extendiendo ambas manos, formando fuego con una, hielo con la otra, uniendo ambas fuerzas en el medio, y creando una lanza de plata, con su punta dividida en siete arpones individuales que formaban una sola punta afilada-. Se me asignó a Gaebolg como parte de mi Ropaje Sagrado, aunque rara vez la uso, solo cuando lo considero necesario. Se podría decir que la situación actual lo amerita -giró su lanza Hagen, apuntando con esta a Frodi.
-Posees un cosmos aplastante, eso me agrada. Mientras más poderoso el oponente, más formidable será mi victoria -prosiguió Frodi, elevando su cosmos, que hizo temblar el salón-. ¡Por Hlin! ¡Estallido de Jabalí! -lanzó su espada Frodi, con hileras de cosmos rodeando a Hagen, quien usó toda su velocidad para evadir los ataques, saltando entre las líneas, que iban cada vez más rápido- Corre todo lo que quieras, Sleipnir, nadie es más rápido que Gullinbursti -declaró Frodi, mientras atacaba con mayor velocidad.
-Su ataque, es tan veloz como el ataque de Plasma Relámpago de Aioria, no podré esquivarlo por mucho tiempo -aceptó Hagen, que comenzó a sentir su cuerpo siendo impactado por el ataque de Frodi, que comenzaba a cortarle el Ropaje Sagrado-. Es… demasiada velocidad… -se estremeció Hagen, mientras el cosmos de Frodi lo doblegaba, y lo dejaba tendido en el suelo, con sangre cayéndole de sus heridas.
-Tu aplastante cosmos, resultó no ser la gran cosa. ¡Siegschwert! -se lanzó Frodi, intentando atravesar a Hagen con su espada, pero Hagen logró interceptar su ataque con su lanza- Veo que aún te quedan fuerzas -sonrió Frodi, notando la pose que optaba Hagen, juntando el mango de su lanza a su cadera, y alzando la espada de Frodi, lo que lo sorprendió.
-¡Estocada Centellante! -lanzó Hagen una sucesión de estocadas a alta velocidad, que Frodi bloqueaba con una sonrisa en su rostro, sumamente impresionado, mientras Hagen aceleraba más el ritmo de las estocadas, forzando a Frodi a tomarse la batalla más enserio, hasta que Hagen y Frodi se separaron, con sus respectivas armas aún listas.
-Ese estilo de batalla, es el estilo de los guerreros de Hlingard… ¿cómo lo has aprendido? -preguntó Frodi, lanzándose a Hagen, y continuando con el ataque armado, que Hagen continuaba repeliendo con su lanza.
-Pertenecí a la corte cuando era joven, pero a petición de Siegfried, renuncié a mi rango para optar una carrera más discreta, como cocinero del reino -sonrió Hagen, evadiendo el ataque de Frodi, sorprendiendo al de Gullinbursti cuando vio que la lanza de Hagen pasó muy cerca de su rostro-. Aunque nunca dejé de entrenar -presumió, rodeando su lanza con fuego, y repeliendo a Frodi con su ataque-. ¡Estocada Centellante! -lanzó la lluvia de fuego, que se dirigió a Frodi, quien de un revés de Siegschwert logró disipar el fuego- Este sujeto… no es para nada ordinario -aceptó Hagen, preparando sus defensas.
-Tu cosmos es igualmente sorprendente -agregó Frodi, manteniendo su cautela en todo momento-. Me he entrenado por años para alcanzar el nivel de batalla que tengo, y, aun así, tu cosmos no se parece a nada que haya visto antes. Es inmenso, desbordante, no tiene comparación. Seguramente eres el Dios Guerrero más fuerte de tu orden -dedujo Frodi, observando a Hagen con cuidado.
-Entre los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, mi cosmos es el más alto, eso no te lo voy a negar. Pero en cuanto a proeza en la batalla se refiere, al menos 2 me sobrepasan -giró su lanza Hagen, clavándola en el suelo, mientras su casco se cerraba, y cruzaba los brazos de una forma extraña-. Me he entrenado por años en secreto, junto a Syd de Bygul y Siegfried de Fafnir, y en todos esos años, no he alcanzado a manipular el cosmos con la efectividad de Syd, ni con la maestría de batalla de Siegfried. Lo mío, es la destrucción total, elevar mi cosmos lo más alto que me sea posible, fulminar todo lo que me pongan en frente, en un estallido sin precedentes -prosiguió Hagen, alcanzado un nivel de cosmos que intimidó a Frodi.
-Pero eso significa también, que al no ser más que cosmos sin control y desbordante, tu cuerpo está expuesto a los ataques de alguien que sí cuenta con esa maestría. ¡Siegschwert! -se lanzó Frodi con su espada en alto, y con el Jabalí Dorado en estampida dirigiéndose en contra de Hagen, quien parecía sonreírle, a momento en que hileras de magma hirviente salieron del suelo, sobresaltando a Frodi, quien retrocedió antes de ser alcanzado por ellas- Magma hirviente, ¿en una rama de Yggdrasil? -no tenía sentido para Frodi, mientras veía más y más hileras de magma hacer erupción alrededor de Hagen.
-Este magma hirviente no viene de la tierra, Frodi, no puede hacerlo ya que nos encontramos sobre una rama de Yggdrasil -aseguró, mientras las explosiones de magma se intensificaban a su alrededor, manteniendo a Frodi al margen, mientras el cosmos de Hagen seguía creciendo sin límite alguno. Era tan alto, que rodeaba casi en su totalidad el Salón de Vanaheim-. Este será, mi ataque definitivo, Frodi… ¡Gran Presión Ardiente! -desató todo su cosmos Hagen, como una inmensa llamarada, de la cual Frodi no podría escapar.
-Inmenso y desbordante… pero sin control -enunció Frodi, con Siegschwert en su mano derecha, rodeándola con su cosmos, y con Gullinbursti resoplando con fuerza-. ¡De nada sirve que tu cosmos sea tan alto, si el control que ejerces en el mismo es deficiente! -declaró Frodi, usando su espada como un corta vientos- ¡Embestida de Jabalí! -se lanzó, atravesando la explosiva fuerza de cosmos de Hagen, y por la forma en que usaba su cosmos, salía ileso del ataque de Hagen- No necesito tener un cosmos más alto que el tuyo para derrotarte, y te lo demostraré -sonrió Frodi, mientras seguía cortando las llamas, cuando de estas se alzó el Caballo Sagrado Sleipnir, que de un brinco entre las llamas reveló a Hagen con el puño en alto, pasando a lado de Frodi a toda velocidad, escapando de él, e impactando la estatua en la Sala de Vanaheim con todas sus fuerzas, misma que comenzó a desmoronarse-. ¡Era una artimaña! -se molestó Frodi, dándose la vuelta, y atacando a Hagen- ¡Estallido de Jabalí! -liberó su ataque Frodi, impactando a Hagen con fuerza y lanzándolo por el Salón de Vanaheim, mientras la estatua terminaba de derribarse y el Nuevo Zafiro de Odín escapaba del ropaje de Frodi- Me engañaste… -enfureció Frodi, apuntando su espada en dirección al adolorido de Hagen.
-Aún con todo mi cosmos… no habría podido vencerte… Frodi… -le explicaba Hagen, poniéndose de pie débilmente, con su cosmos apenas aferrándose a su cuerpo-. Lo entendí, en el momento en que vi tu mirada. La mirada de alguien que lucha con honor. Un Dios Guerrero que ama a Midgard, y cree genuinamente en la causa que defiende -le aseguró, cayendo en su rodilla, pero haciendo lo posible por volverse a poner de pie-. Tenía que destruir esa estatua, debía asegurarme de que los demás continuaran su camino. Así, sin la limitante de tiempo, probablemente pueda sobrevivir… para ver a mi diosa… y para volver junto a la mujer a la que amo… -se repuso Hagen, elevando su cosmos nuevamente, que de alguna forma se había recuperado, mientras Sleipnir resoplaba con fuerza.
-¿Cómo puedes luchar con semejante convicción por una diosa falsa? -enfureció Frodi, sintiendo que había fracasado en su misión- Vienes y haces la guerra a Hlingard, intentas asesinar a mi diosa y a la mujer que amo, pero no pareces un criminal. Te veo… y solo veo a un guerrero noble… casi parece que estuvieras convencido de que Saori es la verdadera Asynjur Hlin -lo miró Frodi con determinación.
-Qué curioso… -escupió algo de sangre Hagen, pero su cosmos no flaqueaba-. Iba a decirte lo mismo… casi parece que creyeras, genuinamente, que Lyfia es la Asynjur Hlin… aunque si lo fuera, tendrías prohibido amarla -le recordó Hagen, lo que molestaba a Frodi en gran medida-. Vamos… Frodi… aún me queda cosmos, y no es como que podamos hacer otra cosa que combatir… sería muy aburrido si solo nos quedamos viendo el rostro el uno al otro… anda… Flare me espera… -recordó Hagen a Flare, inconsciente, y recostada sobre un árbol en la ciudad.
-Tú no decides a quien debo o no amar, Hagen -estremeció su cosmos Frodi, y aunque la estatua estuviera demolida, Sleipnir y Gullinbursti volvieron a encontrarse en el cosmos, iniciado la agresiva carrera, con Hagen transformado en un corcel de hielo y fuego mientras cabalgaba en dirección a Frodi, quien, transformado en un Jabalí de Oro en plena rabieta, se negaba a que sus convicciones no fueran las verdaderas. El cosmos estalló, la Sala de Vanaheim comenzó a desmoronarse, y la Ciudad de Hlingard brilló intensamente, con el cosmos desbordante de los Dioses Guerreros, uno el del cosmos más alto de su orden, el otro, el del mayor dominio en el mismo. Sus roles en esta guerra estaban interrumpidos, no sabían si podrían volver a alzarse en defensa de sus respectivas diosas, pero no importaba, solo importaba el guerrero que tenían frente a sus ojos.
Las 12 Moradas de los Dioses. Templo de Hlin.
-¡Hagen! -gritó Saori conmocionada, mientras veía la inmensa barrera de cosmos que estallaba por los cielos, creando un agujero en las nubes, como si la extensión de los cosmos mismos pudiese escapar de Midgard, y llegar al reino de los dioses mismos.
-¡Frodi! -resonó el grito de Lyfia, quien sentía el cosmos de su amigo de la infancia estremecerse, aunque se elevaba desafiante, ante un guerrero formidable que poseía un cosmos muy superior al suyo. En proeza militar Frodi era más grande, pero un error insignificante, podía serle mortal.
-Ah, la música de la guerra -celebró Derbal, mientras el sexto Nuevo Zafiro de Odín llegaba a su mano, mientras admiraba la explosión de cosmos que continuaba en un flujo constante y sin debilitarse en el Salón de Vanaheim-. Mejor salón para semejante batalla no podía elegirse. Ya solo falta la batalla que desestabilizará el corazón de la Sacerdotisa de Odín, espero con ansias el poder verla -declaró Derbal, mientras jugueteaba con los Nuevos Zafiros de Odín en sus manos-. Saori -reverenció Derbal.
-Aquí me tienes, Derbal -agregó Saori, mirando a Derbal fijamente, mientras el Alto Jarl le pedía a Bud hacerse a un lado, y así lo hacía el Dios Guerrero Fantasma-. No es tarde para detener esta locura… muchos han muerto ya, y más morirán si los Dioses Guerreros Dorados entran en conflicto. Ni tú poseerías el poder para enfrentarte a ellos -exclamó Saori valientemente, y mientras miraba a Lyfia, que se sentía agobiada por tener a la diosa que había sido forzada a suplantar frente a ella.
-Ah, los Dioses Guerreros Dorados no son una preocupación -continuó jugueteando Derbal con los Nuevos Zafiros de Odín, que poseían un cosmos que intimidaba a Saori-. Tú tampoco eres una amenaza, Asyjur Hlin. Nadie lo es -aclaró Derbal, invitando a Saori a que lo siguiera, y Saori, confundida, siguió Derbal hasta que estuvo frente a la estatua de Odín.
-Soy la Asyjur de la Esperanza y de la Paz, la Protectora de Hombres, Derbal -le recordó Saori, mientras Derbal continuaba viendo a la Estatua de Odín, como esperando a que el todo poderoso Dios de la Sabiduría y la Guerra hiciera algo, cualquier cosa-. Aún no es tarde para negociar. Como Asynjur que soy, no puedo negar la guerra, pero puedo volverla justa. Si te rindes ahora… negociaremos los términos de tu rendición -le aseguró.
-¿Negociar? ¿Tras haberme hecho del control de Hlingard a base de engaños y crímenes sucios? -preguntó Derbal divertido- ¿Tras haber sacrificado a inocentes, y envenenado a mi Jarl por años hasta su trágica muerte? -preguntó nuevamente Derbal, y aquella revelación, sobresaltó a Saori- ¿Tras haber roto todos los votos posibles a los dioses, y desafiarlos tan abiertamente, que ni Odín, en su inmensa sabiduría, ha movido un solo dedo para detenerme? ¡Aquí estoy Dios de la Sabiduría en la Guerra! ¡Podría matar a tu queridísima hija en este mismo instante! -se viró Derbal, Lyfia gritó aterrada, y su mano de uñas afiladas se preparó para cortar el cuello de Saori, quien sorpresivamente para Derbal, detuvo su avance con su propio cosmos, manteniendo su mano a escasos centímetros de su cuello.
-Odín es sabio, Derbal… -respondió Saori, mirando a Derbal fijamente, desafiándolo con su cosmos-. Si no ha intervenido, es porque sabe que otros pueden derrotarte. Soy la Diosa de la Paz… pero no temo hacerte la guerra -le aseguró Saori, pero para su sorpresa, sus palabras simplemente divertían a Derbal.
-Querida niña… -se burló Derbal, presionando los Nuevos Zafiros de Odín con fuerza-. No pretendo que te confundas, tú no tienes ningún poder -le aseguró Derbal, elevando su cosmos, que, alimentado por los Nuevos Zafiros de Odín, logró ayudar a Derbal a lanzar una esfera esmeralda de cosmos a Saori, que la recibió sin poder detenerla, y terminó rodando por el suelo, en debilidad.
-¡Saori! -gritó Lyfia, mientras Saori se estremecía de dolor- ¿Cómo puedes ser tan cruel? -preguntó Lyfia, notando que Derbal no le prestaba atención, y en su lugar, miraba a la Estatua de Odín fijamente- No lo comprendo… has atacado a su hija, ¿por qué Odín no hace nada? -lloró Lyfia, aterrada.
-Porque no puede -fue la respuesta de Derbal, quien miraba a los Nuevos Zafiros de Odín-. Y cuando el último de los Salones de los Dioses caiga… -se viró para ver a Saori, quien débilmente intentaba reponerse-. Todo se les será revelado. Sigue mi consejo, Saori, disfruta de este pequeño lapso de tiempo sin ponerte desafiante ante mí. Nada puedes hacerme. Bebe vino, come un poco, disfruta de la vista. Cuando el ultimo salón caiga, no podrás hacerlo más -le aseguró, y Saori simplemente miró al último de los salones, teniendo esperanza.
Palacio de Hlingard. Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra.
-¡Saori! -se estremeció Hilda, sintiendo el cosmos de Saori estremecerse, y en el momento en que su queja resonó, de igual manera lo hizo el tremendo puñetazo que Milo dirigió a la Barrera de Galdr de Odín- ¿Lo sentiste también? -preguntó con sorpresa.
-Todos lo sentimos… Hilda… -respondió Milo, y Hilda observó a Mu mordiéndose los labios, a Aldebarán resoplando con fuerza, a Aioria temblar mientras aplastaba su puño con fuerza, y a Shaka siendo incapaz de mantener su meditación mientras su ceja le temblaba. El único que estaba tranquilo, era Dohko, quien tenía una fe ciega en Hlin-. Maldita sea… Siegfried… apresúrate y derriba esta maldita barrera -se quejaba Milo, mirando a la barrera, impaciente.
-Las cosas se van a poner muy tensas por aquí, Milo. Lo menos que necesitamos es que las tenses aún más -exclamó Dohko, mirando a Hilda, quien comenzaba a temblar, sabiendo que la batalla que seguía, sería una muy dura para su corazón-. Hilda… tu deber es a con Saori, no a con tu corazón… pasará lo que tenga que pasar… -finalizó Dohko, e Hilda asintió.
Salón de Alfa. Niflheim.
-Hagen… -exclamó Siegfried sorprendido, quien, tras salir de la cueva de raíces, no pudo evitar admirar la columna de cosmos que se alzaba, y que se negaba a decaer, como un presagio de que todo estaba por complicarse aún más-. Has hecho un excelente trabajo abriéndome el paso, amigo mío -reverenció Siegfried, antes de dirigirse a una edificación rodeada de niebla.
La edificación parecía una especie de templo alto de color blanco, que presumía vitrales con la imagen de la Diosa de la Muerte, Hela. Cada vitral, a lo largo de la pared blanquecina, que brillaba extrañamente como si estuviera construida de escamas, poseía una columna del mismo material para dividir cada sección del templo. Tras acercarse, Siegfried notó que no eran escamas las que recubrían las paredes blancas del templo, sino uñas, todas apelmazadas una sobre la otra, algunas inclusive con la sangre seca de sus anteriores dueños en las mismas. La puerta de entrada poseía el cráneo de un inmenso perro con las fauces abiertas, con una lengua de piedra funcionando como puente, mientras de las cuencas vacías, salía niebla.
-Niflheim… esperaba ser guardián de un mundo más… heroico… -aceptó Siegfried, acercándose a las fauces, que se abrieron aún más a su paso, abriendo bien la garganta de hueso del animal, que daba entrada al Salón de Niflheim, que para sorpresa de Siegfried, quien se dio la vuelta para comprobarlo, encontrando solamente niebla, se había convertido en una serie de plataformas redondas, conectadas unas con otras, y que llevaban a una con un cristal inmenso de color lila, frente al cual se encontraba Sigmund-. Aunque me siento ligeramente feliz de verte, hermano, admito que deseaba esta confrontación -declaró Siegfried, caminando hasta la plataforma de en medio, donde se reunió con su hermano.
-¿Por qué, hermano? ¿Porque deseas quitarme de mi puesto como defensor de Niflheim? ¿No me has quitado suficientes cosas ya? -le preguntó Sigmund, y Siegfried simplemente bajó la mirada, sin saber qué decir- Soy el hermano mayor, por supuesto que soy el guardián de Niflheim, pero por alguna razón, que no alcanzo a comprender, Jarl Wotan decidió asignarme a Polaris Alfa en lugar de a Dubhe Alfa. Apenas estaba comenzando mis estudios en el arte de los Dioses Guerreros, cuando me di cuenta de que mi estrella no era de la Osa Mayor, era de la Osa Menor. ¿Por qué Jarl Wotan me dio la estrella de la Osa Menor a mí? -le preguntó furioso.
-Eso… yo no lo sé, hermano… -aceptó Siegfried-. Era muy joven para entenderlo. Para mí era una simple promesa de que me convertiría en un Dios Guerrero, no tenía idea de que mi nombramiento fuera jerárquicamente mayor al tuyo -intentó explicarle.
-No puedo quejarme de todas formas, Siegfried. Mi nombramiento como Polaris Alfa me dio algo más importante. ¡Algo que tú me arrebataste! -señaló con desprecio, incomodando aún más a Siegfried- ¡Polaris, Siegfried! ¿Te suena el nombre? Esa mujer con la que huiste. ¡Esa mujer era mi prometida! ¡Sabía que la amabas, pero jamás pensé que caerías tan bajo! El día que pedí su mano en matrimonio y ella aceptó, me juraste que lo respetarías -enfureció.
-¡Escapé con ella! ¡No lo niego! ¡Pero aún con estos sentimientos jamás la he irrespetado! -le explicó Siegfried, mientras Sigmund se encontraba al borde de las lágrimas- Pero te confieso… que no ha sido por falta de intentos. Merezco tu desprecio hermano, pero Hilda, ella jamás ha abandonado tu apellido. ¡Ella te ama! -confesó Siegfried, sorprendiendo a Sigmund- Déjame cumplir con mi misión… permíteme destruir esta estatua, permíteme sentar a Saori en su trono, y yo te juro, que te daré mi vida por todo el daño que te he causado. Puedes regresar con Hilda, hermano… puede volver a ser como antes, como aquellos días en los que cabalgaban juntos por los mercados de Midgard, que se contaban historias, que le dedicabas canciones. Puedes volver a tener todo eso, por más que me destroce mi corazón… solo déjame… cumplir con mi deber… es todo lo que pido… -lloró Siegfried, y esperó.
-Tomaré tu vida… Siegfried… -declaró Sigmund, y Siegfried reverenció, creyendo que su hermano aceptaba su oferta-. ¡La tomaré a la fuerza! ¡Porque has destruido mi vida al arrebatarme lo único que me importaba! ¡Resoplido de Huracán! -se lanzó Sigmund, con la espada Gram rodeada de torbellinos violetas, cayendo sobre Siegfried, quien saltó en el último instante, evadiendo los vientos de tornado de su hermano, y la destrucción que rodeó a la plataforma en que se encontraban- ¿Qué pasa Siegfried? ¿No ibas a entregarme tu vida? Era de esperarse, no te importa arruinar la vida de los demás con tal de que se beneficie a la tuya. ¡Resoplido de Huracán! -insistió Sigmund, por lo que Siegfried materializó su espada obsidiana, Hrotti, colisionando la misma con la de Sigmund, intensificando los vientos de Sigmund con los propios- ¡Yo la amaba, Siegfried! -prosiguió Sigmund, furioso.
-Lo sé… -elevó su cosmos Siegfried, y Fafnir respaldó el mismo, mientras Siegfried saltaba, escapando de la presión de la espada de Sigmund, que se estrelló en la plataforma, partiéndola por la mitad, y hundiéndola en la niebla-. ¡Y no hay un solo minuto en que no sufra por ello y por lo que te hice! ¡Ventisca Valerosa del Dragón! -liberó sus torbellinos Siegfried, lanzando a su vez un par de esferas de cosmos violeta rodeadas de relámpagos, que impactaron a Sigmund, quien gritó en pena y dolor- Sé que no puedes perdonarme… pero usaré todo mi cosmos desde un inicio para derrotarte… hermano… tengo una misión más grande que nuestros sentimientos encontrados por una mujer -le aseguró.
-¡Esa mujer era mi prometida! ¡Embestida Brillante de Granir! -declaró Sigmund, lanzándose a Siegfried transformado en un Caballo de cosmos, que galopaba con vientos de tormenta, logrando impactar a Siegfried, quien sorpresivamente había atrapado su puño- Siempre fuiste un fanfarrón. Lo único que tenía era el amor de Hilda y mi posición de Dios Guerrero. Todo para que te fugaras con ella, y no contento con ello, te convirtieras en el Dios Guerrero de la Osa Mayor… -continuó recriminándole Sigmun, lanzando estocadas con su espada, que Siegfried evadía con facilidad.
-No lo niego, todo es cierto, pero también es cierto el que siempre he sido superior en batalla a ti, aunque seas mi hermano mayor -apuntó con su dedo Siegfried, y en este se formó un espiral de cosmos, que lanzó en una línea recta a los pies de Sigmund-. ¡Espada de Odín! -declaró, el cosmos se extendió como lanzas de luz en dirección al cielo en un círculo alrededor de Sigmund, que estalló con fuerza, hiriéndolo gravemente y dejándolo tendido sobre una rodilla, con Gram sirviéndole de apoyo para no caer al suelo- Te lo imploro… no hagas esto, tu estilo de batalla es salvaje y caótico, no puedes detener a alguien con mi entrenamiento. ¡Sigmund! ¡Escúchame! ¡Aún podemos enmendar todo esto! ¡Eres mi hermano! -le suplicó.
-¡Un hermano no me hubiera traicionado de esa forma! ¡Gram! ¡Dame la fuerza para destruirlo! -prosiguió Sigmund, rodeando su espada con todo su cosmos, que lanzó en la forma de una inmensa espada en dirección a Siegfried, quien recibió toda su fuerza, mientras la plataforma se partía a la mitad, y Siegfried, aunque ileso, comenzaba a caer al no tener un suelo firme, en dirección a la niebla. Siegfried comenzó a correr hasta una parte más estable de la misma, pero no logró llegar a tiempo y comenzó a caer, para fortuna de Siegfried sin embargo, una mano atrapó la suya, mientras Sigmund clavaba a Gram en la plataforma con su mano libre, logrando aferrarse a Siegfried, y mantenerlo suspendido en el aire.
-¡Sigmund! -agregó Siegfried sorprendido, mientras Sigmund usaba todas sus fuerzas para lanzar a Siegfried por los aires, y hacerlo estrellarse en una zona segura de las plataformas, pero, en consecuencia, el suelo a sus pies comenzó a desmoronarse- ¿Por qué lo has hecho? Tenías la victoria… -se sorprendió Siegfried, intentando correr en dirección a Sigmund, pero al dar un paso, el suelo comenzó a fragmentarse, rodeando a Sigmund en su totalidad-. ¡Sigmund! -gritó Siegfried con miedo.
-Soy tu hermano mayor… -lloró Sigmund, con el suelo de la plataforma colapsando-. No podría asesinarte… Siegfried… pero no me pidas vivir en un mundo… donde no pueda perdonarte… cuida a Hilda por mí… -terminó de decir Sigmund, cuando el suelo por fin cedió.
Palacio de Hlingard. Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra.
-¡Sig…mund…! -se estremeció Hilda, mordiéndose los labios con fuerza, y ganándose la atención de los Dioses Guerreros Dorados, quienes comprendieron en ese momento lo que acababa de pasar- ¡Sigmuuuuund! -lloró Hilda con todas sus fuerzas, cayendo en sus rodillas, tirándose de su cabellera, mientras el cosmos de Sigmund se despedía de ella, quien no lo soportó más, se desplomó sobre el suelo, y se lamentó.
-Lo siento mucho… Hilda… -enunció Dohko, mientras el suave llanto de Hilda resonaba en los corazones de los presentes, la mayoría de los cuales apenas y tenía noción de lo que Hilda estaba sufriendo-. Hilda no tuvo oportunidad de decirle… que ella aún lo amaba… Hilda nunca lo olvidó, llevó su apellido por todos estos años… pero… eligió a Saori al final… -les explicó Dohko, guardando su respeto a Hilda, y los presentes todos reverenciaron en su dirección-. Eso es lo que significa ser devoto a Hlin, Dioses Guerreros Dorados, sus renuncias, sus pérdidas, sus penas… no son más que sacrificios que debemos de estar dispuestos a afrontar en el nombre de Hlin -finalizó, y se posó frente a la Barrera de Galdr de Odín-. Atentos ya… pronto comienza… -les aseguró Dohko, y los Dioses Guerreros Dorados se pusieron en guardia.
-Hilda, tendrás que lamentarte más tarde… -le pidió Jarl Svend, mientras Hilda, temblorosa, asentía y se limpiaba las lágrimas-. Nosotros esperaremos aquí, no todos los nuestros vencieron a sus oponentes. Regresarán por entre los túneles de raíces y deberemos enfrentarlos. Hilda, ¿tú que harás? -preguntó el Jarl.
-Lo lamento… -volvió a limpiarse las lágrimas, y miró a los Dioses Guerreros Dorados-. Fui débil… mi corazón está roto… pero… no debo lamentarme hasta ver a Saori recuperar su reino… iré con ustedes una vez que Siegfried… -se mordió los labios Hilda, derramando una última lágrima-. Rompa la barrera… él no ha hecho… más que cumplir su deber… -finalizó Hilda, y miró a la entrada de la cueva de raíces que llevaba a Niflheim.
Salón de Alfa. Niflheim.
-Sigmund… -lloró Siegfried una última vez, guardando los respetos a su hermano, y virándose en dirección a la Estatua de Niflheim-. Pese a todo, siempre te admiré, hermano. Deseaba ser como tú, no importaba que todos dijeran que yo era más glorioso. Para mí… no existía nadie más noble que tú… viviré… para cumplir tus ideales. Y cuando llegue mi muerte… espero verte en Asgard, querido hermano… -prosiguió Siegfried, elevando su cosmos frente a la Estatua de Niflheim-. ¡Ventisca Valerosa del Dragón! -enunció Siegfried, destruyendo la última de las Estatuas de los Salones de Yggdrasil, cumpliendo así con la encomienda de Odín, mientras el Nuevo Zafiro de Odín volaba en dirección al Templo de Hlingard.
Templo de Hlingard.
-Ah, justo a tiempo -declaró Derbal, mientras veía Saori temblando de dolor en el suelo, y a Lyfia perdiendo la cordura ante la muerte de otro de sus Dioses Guerreros, mientras Derbal recibía el último de los Nuevos Zafiros de Odín-. Tristemente, Hagen me ha defraudado. Tu mente hubiese colapsado más rápido si hubiera derrotado a Frodi. Ah, pero Frodi siempre ha sido impresionante, mira que seguir luchando -apuntó Derbal, al único de los Salones de Yggdrasil que poseía a combatientes que se negaban a rendirse.
-No vas a salirte con la tuya, Derbal… -lo miraba Lyfia con desprecio-. Los Dioses Guerreros Dorados ya vienen por ti… ellos te castigarán por todo esto. No puedes vencerlos -le aseguró Lyfia, mirando a Saori, quien aún no lograba reponerse-. Asynjur Hlin… confíe… todo va a salir bien… -le pedía Lyfia, incluso le sonreía.
-Lyfia… -se conmovió Saori, quien no conocía a Lyfia del todo, pero que ahora sabía que todo lo que Lyfia había hecho, había sido en contra de su voluntad-. Tengo plena confianza en mis Dioses Guerreros Dorados. Nunca pierdas la esperanza -le pidió, ayudándola a tranquilizarse.
-Conmovedor -declaró Derbal, quien entonces apuntó al Reloj de Bor-. Pero inútil a final de cuentas. El Reloj de Bor terminó de construirse incluso antes de que Siegfried destruyera la última de las Estatuas de los Salones de Yggdrasil, y la Barrera de Galdr de Odín no caerá inmediatamente -les explicó, mientras Saori y Lyfia observaban el Reloj de Bor, ya completo con sus 12 paredes, con la Osa Menor aun brillando en su cara, mientras Bor comenzaba a atravesar la cara del reloj, y su Galdr se fundía con el mismo-. Lo que me da suficiente tiempo, para poner en marcha la última parte de mi plan -declaró Derbal, quien tomó los Nuevos Zafiros de Odín, y comenzó a incrustarlos a la fuerza en su Ropaje Sagrado, terminando con los 7 Zafiros, 3 arriba y 3 abajo formando un círculo, y el ultimo en el medio, y cuando estos estuvieron incrustados en el Ropaje Sagrado, estos comenzaron a brillar con fuerza-. ¡Sí! ¡La leyenda era cierta! -exclamó Derbal con orgullo.
-¿Leyenda? -se preocupó Saori, mientras observaba el Ropaje Sagrado de Derbal desprenderse de su cuerpo, salvo su protección del pecho, dejándolo casi desnudo brevemente, mientras un Ropaje Distinto aparecía frente a él- ¿Un Ropaje Divino? ¡Ese Ropaje! ¡Yo lo conozco! -se estremeció Saori, posando su atención en la espada que sobresalía del Ropaje Divino, y recordando el Escudo de Armas de Asgard.
-El conocimiento prohibido de los Sumo Sacerdotes… -le explicó Lyfia a Saori, quien sentía el cómo crecía el cosmos de Derbal-. Los Zafiros de Odín, su función real es la de llamar al Ropaje Divino de Odín a presentarse en Midgard, y vestir a algún elegido con la fuerza del Dios de la Sabiduría en la Guerra -le explicó Lyfia, mientras el Ropaje Divino de Odín era corrompido por la fuerza de los Nuevos Zafiros de Odín, y cambiaba sus colores de ser azules como el cristal o el hielo, a ser rojos como la sangre y el rubí. Tras estallar en sus partes, el Ropaje Divino corrompido vistió a Derbal-. Derbal… debió romper la conexión del Ropaje de Odín, por ello puede vestirlo ahora -le explicó Lyfia en ese momento, preocupando a Saori.
-Ah, pero eso no es lo único que he conseguido, querida mía -declaró Derbal, sosteniendo a la verdadera Balmung en su mano-. Al reunir la fuerza de los 9 Mundos en los Nuevos Zafiros de Odín, lo que conseguí al romper el Sello de Yggdrasil y traer parte de esos mundos a los Salones de Yggdrasil, coseché la energía misma del Árbol del Mundo. Las batallas dentro de los Salones de Yggdrasil no eran para hacer tiempo para así completar el Reloj de Bor, era para absorber el cosmos liberado por los Dioses Guerreros de la Osa Mayor y la Osa Menor, quienes, sin quererlo, hicieron mi voluntad, entregándome un Galdr en el proceso. Ya no soy un simple mortal, gracias a mis esfuerzos, me he convertido en un dios -declaró Derbal, alzando su espada escarlata, y llamando a una tormenta que comenzó a rodear Midgard-. Y como el Galdr es superior al cosmos en todos los sentidos, puedo crear a mis propios dioses, así como puedo destruirlos. ¿Comienzas a comprender la razón de que estés aquí, Asynjur Hlin? Destruyo a una diosa, y creo otra -declaró Derbal, acercándose a Saori, quien intentó huir, pero no logró escapar de Derbal, quien colocó su mano sobre el rostro de Saori, específicamente hablando en su ojo izquierdo-. Ya no necesitarás esto -enunció, elevando su Galdr, y el grito de Saori resonó por todo Midgard, mientras caía al suelo, con su parpado izquierdo cerrado mientras lloraba sangre.
-¡Saori! -gritaba Lyfia, horrorizada, mientras Saori miraba con su ojo restante, el azul, en dirección a Derbal, y a la esfera esmeralda que mantenía en su mano- ¡Los dioses no van a permitirlo! ¡Ellos van a detenerte! -exclamó Lyfia furiosa, mientras Derbal se acercaba a ella, con el ojo de Saori en su mano.
-¡Los dioses no pueden hacer nada! ¡Soy más poderoso que todos ellos! -declaró Derbal, enterrando a la fuerza el ojo de Saori en el ojo izquierdo de Lyfia- ¡Esta es mi voluntad! ¡Con mi Galdr yo te ordeno, convertirte en una diosa! ¡Una diosa de obediencia ante su nuevo señor que soy yo! ¡Salve Derbal, el Dios de la Calamidad y el Castigo! ¡Salve su nueva reina, la Diosa de la Esperanza y la Paz, la Protectora de los Hombres! ¡Ya que tú eres la nueva Hlin! ¡Y me servirás solamente a mí! -terminó Derbal, y tras aquello, Saori observó a Lyfia perder su propia identidad, y convertirse en alguien más.
-Salve Derbal… el Dios de la Calamidad y el Castigo -declaró Lyfia, y Derbal rompió los grilletes, liberando a su nueva diosa, quien alzó su dedo en dirección al cielo, llamando a una constelación, la constelación de Corvis-. Ven a mí… Ropaje Divino de Gienah Corvi Gamma, Valkiria Gná -finalizó Lyfia, mientras un hermoso Ropaje Divino, con la forma de una Valkiria, aunque con contornos similares a los del Ropaje Divino de Odín, se hizo presente. El ropaje era de un rosado tenue con contornos de oro blanco, y tras estallar en sus partes, revistió a Lyfia, que obtuvo en ese momento un cosmos inmenso.
-Ese Ropaje Sagrado… ¿podría ser? -se preguntó Saori, quien pese a haber perdido su divinidad, aún podía sentir el cosmos- No… ese Ropaje Sagrado no pertenece a la Valkiria Hlin… es diferente -sentenció, mientras Derbal se acercaba a ella.
-Ah, pero eso solo tú y yo lo sabemos, y no es como que vayas a decir mucho al lugar al que vas. ¡Sello de Helheim, Sowellu! -apuntó Derbal, lanzando un destello de cosmos a la frente de Saori, que terminó con una runa escarlata tatuada a su frente, que le quemaba con fuerza-. Ahora que tengo el Ropaje Divino de Odín, su conocimiento de las runas me pertenece. Sowellu es una runa de poder y voluntad, pero si se usa de forma invertida, como está en estos momentos tatuada a tu frente, simboliza la muerte. Felicidades, oficialmente eres una miembro honoraria de Helheim -se burló Derbal, mientras Saori se ponía de pie-. Y ahora que el Galdr de Odín está por desaparecer, solo debo accionar el Reloj de Bor, y cuando pasen 12 horas, la fuerza del Dios de la Tierra y el Tiempo te enviará a tu lugar de residencia, Helheim. No más Asynjur Hlin, no existirás más. Como puedes ver, Saori, no basta con matarte, el que hayas sobrevivido hace 8 años, probablemente sea lo mejor que pudo pasarme, ya que matarte hubiese asegurado tu reencarnación 100 años más tarde, pero ahora que el Reloj de Bor te reclame, no llegarás a Asgard en muerte, llegarás a Helheim, y a todo el que cae en Helheim, se le niega la reencarnación. ¿Acaso no es el plan perfecto? ¿De qué sirve matarte si en 100 años volverás a nacer? Prefiero no tener la molestia de matarte cada 100 años, así que disfruta de tus últimas 12 horas de vida, Saori, que estas, están por comenzar -elevó su Galdr Derbal, y el Reloj de Bor encendió 12 flamas azuladas, mismas que delimitaban la vida de Saori-. Aunque ahora que lo pienso… podrías suicidarte y llegar a Asgard en lugar de Helheim… veamos, ¿qué voy a hacer contigo? Ya sé… -volvió a elevar su Galdr Derbal, extendiendo los brazos, y una grieta dimensional sustituyó a su cuerpo. Esta comenzó a aspirar a Saori, desprendiéndola de la realidad-. ¡El Sello de los Dioses! -exclamó Derbal tras absorberla, y la lanzó al cielo, a la estatua de Odín, donde Saori quedó sellada, como una forma translucida, frente a la espada del Dios de la Sabiduría y la Guerra- Obsérvalo todo desde allí arriba, Saori. Quiero que tus últimas 12 horas de vida, estén envueltas en el terror que los mortales hemos siempre sentido hacia los dioses, mientras observas sin poder hacer nada, el cómo tu esperanza se destruye a sí misma -finalizó Derbal, mientras la forma sellada de Saori, lloraba lágrimas de su ojo derecho, y sangre, del que ya no poseía.
Palacio de Hlingard. Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra.
-¡Está ocurriendo! ¡La Barrera de Odín se rompe! -declaró Dohko, mientras la barrera por fin desaparecía, pero más tardaron los Dioses Guerreros Dorados en dar el primer paso, que sus cosmos en recibir la aplastante noticia- Este presentimiento… -se estremeció Dohko, y los Dioses Guerreros Dorados intercambiaron miradas, y salieron de las ruinas de la Sala del Consejo de Guerra, seguidos por Hilda, y por los Guerreros Vikingos, hasta llegar al primero de los puentes de hielo que delimitaba la entrada a las 12 Moradas de los Dioses-. ¡Saori! -gritó Dohko sobresaltado.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo llegó allí arriba? -se preocupó Mu, elevando su cosmos e intentando sentir el de Saori, pero no lograba sentirla- Su cosmos… no está en Midgard… no puedo sentirlo… -agregó preocupado.
-¿Qué ha ocurrido con su ojo? ¡Está herida! -se sobresaltó Aldebarán, también elevando su cosmos intentando sentirla- ¿Dónde está? ¿Por qué no puedo sentirla? -se estremeció el gigante entre los Caballeros Dorados.
-Es como si estuviera… muerta… -declaró Aioria, pero mordiéndose los labios, elevó su cosmos, buscando que este llegara hasta la imagen de Saori en la espada de la Estatua de Odín-. ¡No! ¡Ella está allí frente a la estatua de Odín! -apuntó Aioria, furioso.
-Eso es un alivio -declaró Shaka, quien se notaba había recibido la noticia de mala forma-. Cuando no sentí el cosmos de Saori, pensé lo peor. Pero si su imagen es visible, todavía hay esperanza. Yo no puedo verla, pero confiaré en que podremos alcanzarla -elevó su cosmos Shaka, deseoso de volver a sentir el cosmos de Saori.
-Saori… respóndeme… -prosiguió Milo, incinerando su cosmos, su mirada perdida en la imagen de Saori postrada a lo lejos, como si no existiera vida en su ser-. ¡No! ¡No volveré a perder a alguien de esta forma! ¡Saori! ¡Respóndeme de una buena vez! ¡Saoriiiii…! -continuó elevando su cosmos Milo, unido al de sus compañeros, todos juntos lo elevaron, todos juntos se negaron a perder la esperanza, todos juntos, recibieron solo silencio y soledad como respuesta.
Glosario:
1 – ARTEFACTOS:
Angurvadel: Espada mitológica que solía pertenecer al héroe Fridthjof. Fue forjada por los enanos, y se decía que brillaba con una luz tenue en los tiempos de paz, y que ardía en los tiempos de guerra.
Gaebolg: Lanza legendaria que fue creada a partir de los huesos de dos criaturas marinas que se asesinaron la una a la otra. Se dice es capaz de cortar cualquier cosa.
Ridill: Espada legendaria que es capaz de romper la coraza de la piel de un dragón, fue usada por el héroe Sigurd (algunos dicen que por su acompañante Regin), para arrancarle el corazón al dragón Fafner.
Siegschwert: Una espada legendaria que pertenecía al dios Frey, que era capaz de luchar por sí misma una vez desenvainada, y que podía replicar los rayos del sol. Frey la usaba específicamente contra los Jotunn de la Escarcha, a quienes despreciaba aún tanto como Thor.
Tyrfing: Espada legendaria forjada por los Enanos, quienes fueron obligados a crearla e contra de su voluntad, y, por consiguiente, colocaron una maldición que dictaba que, una vez desenvainada, alguien debía morir, y que las heridas causadas por esta arma jamás sanarían. Adicional a lo anterior, y para diferenciarla de Dáinsleif, se le asignó la propiedad de que su portador, sufriría desgracias a lo largo de su vida.
2 – CRIATURAS:
Gullinbursti: Un jabalí dorado creado por el enano Brokk, con la ayuda de su hermano Sindri. Fue dado como regalo por Loki al dios Frey. Se decía que era más rápido que cualquier caballo, y que podía correr por sobre del agua. Se decía que sin importar el mundo al que llegara este jabalí, este se iluminaría por la presencia de Gullinbursti.
Nidhogg: Dragón que vive en el Niflhein, alimentándose directamente del árbol Yggdrasil al roer la raíz del mudo de la niebla.
3 – DIOSES:
Gná: Una de las tres valkirias al servicio de la diosa Frigg, se le consideraba la mensajera celeste, y es la dueña del caballo alado Hofvarpnir.
4 – PERSONAS:
Gevarus: Semilegendario rey Danes que aparece en el manuscrito Gesta Danorum, padre de Nanna (Una mortal basada en la diosa Nanna, esposa de Balder), quien cuidó de Hotherus (Un mortal basado en el dios Hödr), como si fuese su hijo. Prometió a Nanna en matrimonio a Balder (En esta historia, un semidiós), pero cuando Hotherus pidió la mano de Nanna para sí mismo, complotó junto a Hotherus el asesinar a Balder. Como Balder era hijo de un dios, envía a Hotherus a conseguir una espada de muérdago que poseía el sátiro de los bosques Mimingus (Basado en el gigante Mimir). Con esta espada, Hotherus era capaz de herir a los dioses.
Hotherus: Personaje basado en el dios Hödr que aparece en el manuscrito Gesta Danorum, es criado en la corte del Rey Gevarus. Cuando se entera de que Balder (En esta historia un semidiós), pide la mano de Nanna (Una mortal basada en la diosa Nanna), pide él también la mano de Nanna al Jarl Gevarus (en esta historia, Nanna ama a Hotherus en lugar de a Balder). Junto con Jarl Gevarus, complotea para asesinar a Balder, y es enviado por el Jarl a obtener una espada de muérdago, custodiada por el sátiro del bosque Mimingus (Basado en el gigante Mimir). Con esta espada, Hotherus era capaz de herir a los dioses.
5 – RUNAS:
Sowellu: Runa del poder, integridad, simboliza voluntad de ganar y conclusión favorable de los esfuerzos. Sin embargo, si esta runa se usa de forma invertida, significa la muerte.
