Son las dos de la mañana, estoy cansado y quiero dormir. ¿Qué por qué escribo a estas horas? Llevo todo el día escribiendo, y tengo mucho trabajo esta semana, además de que hoy domingo voy a salir, así que, no se quejen y disfruten esta entrega tempranera.
dafguerrero: Ya vi que por fin fuiste la primera, muy bien, estoy orgulloso. Comparado con el capítulo anterior, este no tiene nada de acción, el acomodo de las 12 Moradas de los Dioses no me lo permitió, pero descuida, eso cambiará en el próximo capítulo. Créeme cuando te digo que todos subestiman a Milo demasiado. Por culpa del anime más que nada, desde que lo utilizaron para enfrentar a Albiore de Cefeo y disque no pudo, se les olvida algo muy importante, Milo básicamente derrotó y humilló tanto a Seiya como a Shiryu, enfrentándolos al mismo tiempo. De hecho, Shiryu estaba demasiado doblegado. Hyoga tuvo que llegar al rescate del par, y por si la memoria les falla a algunos, en todo el combate, Milo jugó con su presa, con los 3 de hecho, y es verdad que admitió que Hyoga lo hubiera matado si no fuera por la protección de su Ropaje Sagrado, pero nuevamente es porque Milo simplemente se burlaba de Hyoga. Ahora, Milo en definitiva es más fuerte que Camus, las pruebas son muchas, pero si quieres, lo dejo en palabras de Camus, quien dijo en el Episodio G que Milo era uno de los Caballeros Dorados más poderosos, solo le hacía falta algo, concentración. Si no quieres ver el Episodio G como algo oficial, ve la serie clásica, Hyoga es derrotado por Milo, de hecho, Hyoga solo vive porque Milo lo perdona, pero Hyoga mata a Camus, en esencia, esto significa que Milo es superior a Camus. Pero si nada de esto te convence, allí está el Taizen, allí dice claramente quien es más fuerte que quien. Ahora, tampoco nos confundamos, Milo en verdad es mi favorito, es mi signo, y todo lo que quieras, pero soy realista, Guerras Doradas debió haberlo dejado en claro, favorito o no, Milo no es perfecto, y si llegó hasta el final fue más por Ares que por sus propios méritos. El cuento de Aldebarán también me gustó mucho, jajaja. Cada Morada tiene su propia prueba, y en este capítulo entenderás mejor la razón, lamento que no vayan a haber muchas batallas, pero de verdad, el orden de las Moradas no benefició a este capítulo. Lo de Mephisto fue difícil de escribir, pero es parte de la conversación de arriba, la gente se cicla en que alguien es débil, porque Kurumada dejó de utilizar a ciertos personajes, pero se les olvida lo verdaderamente peligrosos que son, uno que otro tropiezo en el funcionamiento de un personaje, no significa que no sea fuerte. Y sí, se escribe Hlingard.
TsukihimePrincess: Mephisto es un irrespetuoso, y lo seguirá siendo, pero tranquila, todo eso se va a ir arreglando, aunque suene a novia que vuelve con su ex prometiendo que ya cambió, jajaja. Saga, la verdad disfruté mucho escribiendo de él como un semidiós todo poderoso, su fortaleza mental debía ser doblegada. Jajaja, cuanto desprecio por el pobre de Frodi, pero oye, escribiste bien Jormundgandr, muy bien, estoy orgulloso de ti, solo por eso ofreceré a Frodi en sacrificio, algún día… que disfrutes esta entrega.
EDITADO: 14/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 12: Las Enseñanzas de los Dioses.
Hlingard. Santuario de Hlingard. Quinta Morada, Leo. 31 de Agosto de 4E 08.
-¡Lluvia! -exclamó Aioria, y tras sus palabras, un torrente tan inoportuno como poderoso, comenzó a golpear a los Dioses Guerreros que aún subían por la 12 Moradas de los Dioses. Los vientos eran tan exagerados, que lograron detener la avanzada, mientras el grupo se estremecía por las fuerzas de la naturaleza- ¡El cielo estaba despejado! ¿De dónde viene esta lluvia? -se quejó Aioria.
-¡Tú mejor que nadie deberías saberlo! ¡Estamos llegando a los dominios de Thor! -le recordó Hilda, empapada, y apenando a Aldebaran, quien se dio prisa a liderar la avanzada, incluso empujando a Dohko y a Milo, y entrando en la Morada de Leo tras pasar entre las estatuas de un par de cabras que daban la bienvenida a la misma, y colocaba a Hilda sobre la alfombra anaranjada que les daba la bienvenida, antes de virar en dirección a Milo, arrancarle su capa a la fuerza, y cubrir con esta a Hilda, quien se encontraba ruborizada tras notar que su túnica se transparentaba por el agua- No le diré a Shaina si tú no dices nada -agregó apenada.
-Le juro que no vi nada -se disculpó Aldebarán, ante la mirada de incredulidad de los 3 Dioses Guerreros que llegaban tras de él-. Es obvio que Thor envió esta tormenta a recibirnos -cambió el tema Aldebarán, mirando en dirección a la estatua dorada de Thor, que presumía al Dios del Trueno y la Fuerza sosteniendo el Mjölnir con su guante Járngreipr, y con el cinturón de la fuerza, Megingjord, alrededor de su cintura. A los pies de Thor yacía Jormundgandr, la Serpiente de Midgard, quien con sus fauces abiertas amenazaba con morder a Thor, quien valientemente le hacía frente-. Sabes sobre Thor, ¿no es así? -preguntó Aldebarán, y Aioria hizo una mueca- ¿No lo sabes? -se molestó Aldebarán.
-Ni que hubiera vivido bajo una piedra, por supuesto que sé de Thor -miró Aioria en dirección a la imponente estatua, sintiéndose intimidado por la misma-. Simplemente no creo ser tan elocuente como el resto de ustedes. Pero aquí vamos… -se concentró Aioria, y miró con orgullo a la estatua de Thor-. Dios del Trueno y de la Fuerza. El primero de los hijos de Odín, y de la Jotunn Jörd. Buen amigo de Loki, y defensor de los hombres y los dioses -comenzó Aioria, aunque era evidente que no se le daba muy bien el ser quien hablara ante los demás-. Entre los dioses, él es quien lucha junto a los hombres, los ve como sus hermanos, como campeones. Su culto, es casi tan grande como lo es el de Odín. Con los guantes Járngreipr sostiene el martillo Mjölnir, el sonido del trueno representa a su martillo pulverizando el cráneo de un Jotunn. Con el Megingjord, su fuerza se duplica, sería Jarl de los Dioses si no prefiriera hacer la guerra a los Jotnar que gobernar. Un dios directo al punto, extrovertido, valiente, quien viaja por los 9 Mundos con su carro tirado por las cabras Tanngrisnir y Tanngnjóstr, a quienes puede sacrificar para alimentarse, y resucitar a voluntad. La cantidad de historias que se pueden contar de Thor no tienen fin, ya que diferente de Odín, él siempre toma un rol más activo en todas las guerras. Pero, la historia más grandiosa de Thor, es la de su rivalidad con Jormungandr, la Serpiente de Midgard, con quien Thor sabe que librará su última gran batalla. Aun así, es tanto el deseo de batalla de Thor, que sabiendo que morirá bajo su mordida, la busca voluntariamente para hacerle frente, deseoso de que sea tan poderosa como Odín ha profetizado que será -terminó Aioria, aunque las puertas de la Quinta Morada no se habrían.
-Es probable que tengas que enunciar todas las historias de Thor para que nos deje pasar -declaró Milo, mirando con atención a la Estatua de Thor, sintiendo un inmenso respeto de solo verla, aunque bien podría ser intimidación-. Escuché que Thor no es muy brillante -se burló un poco, intentando tranquilizarse.
-Debiste escuchar mal -se burló Aioria también-. Thor es directo, prefiere el fervor de la batalla, por eso algunos piensan que es un descerebrado, pero ha demostrado ser un gran pensador. Podría pasar horas diciéndote todo lo que se dice de Thor, que venció a un Enano en una competencia de adivinanzas, o que cuando Odín intentó premiar con grandes bendiciones a un nieto de un Jotunn, a cuyo padre Thor despreciaba, por cada bendición de Odín, Thor contrarrestó con una maldición que hiciera a las bendiciones de Odín palidecer. Tantas son las historias que se cuentan de Thor, que hay incluso una donde debió vestirse de novia, pretendiendo ser Freyja, para recuperar su martillo que le habían robado -aseguró, sorprendiendo a Aldebarán y a Milo, Dohko parecía ya conocer esa historia.
-Esa… definitivamente vas a contármela… -agregó Milo, cuando un trueno pareció resonar con fuerza, sobresaltándolo-. Aunque no creo que eso sea lo que Thor desea que aprendamos en su Morada -señaló Milo.
-Hay que resumir lo que sabemos hasta ahora -recordó Dohko-. En Aries aprendimos del dios Frey que los dioses entregan sus armas a los humanos porque confían en ellos. En Tauro aprendimos que los dioses saben del destino que ellos sufrirán, y que no hacen nada para detenerlo voluntariamente. ¿Qué nos puede enseñar Thor? -preguntó Dohko curioso.
-Thor no tiene por qué enseñarnos nada, él predica con el ejemplo -defendió Aioria, pensando en que Dohko no respetaba la imagen de Thor-. Jamás me han obligado a rendirle tributo, o a servir a Thor. En todo caso, lo seguiría ciegamente sin que nadie me lo pidiera. Un dios que exige tributo no es digno de ser venerado, y Thor podrá ser temperamental, y castigar con fuerza a los agresores, pero jamás ha forzado a nadie, y por ello, le debes respeto -le recordó, y en ese momento, las puertas de la Morada de Leo se abrieron.
-Lealtad y culto, en honor a la reciprocidad de los dioses -declaró Hilda, notando la razón por la que las puertas se habían abierto, y percatándose de que la lluvia se calmaba, aunque seguía cayendo gentilmente-. En este mundo existen sacerdotes en honor a los dioses, celebraciones en su honor, incluso oramos por ellos y buscando sus favores. Pero los dioses jamás nos han exigido el ser adorados -aseguró Hilda, y el grupo asintió, aunque Milo se encontraba confundido.
-Pero existe el Blót -le recordó, e Hilda asintió-. Además, he escuchado de Alberich hablar de la existencia de un templo, Upssala, en el cual se realizan sacrificios a Odín, a Thor, y a Frey, pero principalmente a Odín -le aseguró.
-¿Has escuchado alguna vez a Odín exigir estos sacrificios? -preguntó Hilda, por lo que Milo pensó que la pregunta era ridícula- Yo soy una Sacerdotisa de Odín, puedo oír su voz, y él jamás me ha exigido sacrificio alguno. Los sacrificios exigidos por Odín son de cerdos y caballos. El Blót, significa la adoración por sacrificio, y se supone que sea un banquete en que dioses y hombres celebran bebiendo hidromiel. ¿Qué parte de eso te suena a un sacrificio humano? -preguntó.
-Pero los sacrificios humanos existen, en honor a Odín además -le recordó Dohko, quien al parecer había visto esos sacrificios a lo largo de su extensa vida. En respuesta, Hilda suspiró en señal de descontento, pero se decidió a explicarles.
-Los Blóts que incluyan a humanos, se decía eran en honor a Tyr -comenzó Hilda, y Aldebarán asintió ante sus palabras-. Cuando Tyr dejó el puesto de Jarl entre los Dioses, los Godis pretendieron que los mismos honores se le atribuyeran a Odín. Sin embargo, Tyr exigía sacrificio de los prisioneros de guerra, al Odín ser un dios más voluble, declararon que los sacrificios eran voluntarios. En otras palabras, si nadie se ofrece, nadie se sacrifica, Odín de todas formas los recibe en Asgard -aclaró Hilda, y antes de que Milo hablara, Hilda lo detuvo-. Ya sé a dónde vas con lo de los sacrificios… solo espera… -insistió ella-. Cada 9 años, en Upssala, que se encuentra en el Santuario de Gimlé, se celebra un Blót que sacrifica a 9 machos de cada especie: caballos, cerdos, cabras, jabalíes, conejos, zorros, venados, gallinas, y, por último, humanos -le enunció Hilda, y Milo asintió con molestia-. El sacrificio humano es voluntario, y pueblo que no quiera cubrirlo, o no tenga la cantidad suficiente de voluntarios, solo paga una multa, y caso cerrado. ¿De qué le sirve a Odín una multa? -preguntó Hilda, y Milo la miró con incredulidad- El Blót de cada 9 años no es más que un invento para que el Santuario de Gimlé obtenga fondos. Pero claro, se hizo popular y se salió de control, algunos voluntariamente van a ser sacrificados -le explicó Hilda.
-Mi fe en la humanidad comienza a decaer más a cada momento -exclamó Milo, pero entonces se dirigió a la salida de la Morada de Leo-. Ya me quedó claro que, de los dioses, solo Tyr exigiría sacrificio humano. Hemos recibido el mensaje de Thor, ya podemos seguir adelante. Pero estas enseñanzas, nos quitan demasiado tiempo.
-Son las 12 Enseñanzas Doradas, ¿qué esperabas? Alégrate al menos de que solo nos están pidiendo aprender 6 -le explicó Dohko, y el grupo lo miró con curiosidad-. Pero ya he dicho demasiado. Si interrumpo el Juicio de los Dioses, no habrá servido de nada este conocimiento. Solo resumamos lo que sabemos hasta ahora. Primera Enseñanza: Los dioses brindan fuerza a los hombres -declaró Dohko, y el grupo asintió-. Segunda Enseñanza: Los dioses conocen su destino, pero no lo niegan ni lo detendrán -enumeró, mirando directamente a Aldebarán, quien era el guardián de esa enseñanza-. Quinta Enseñanza: Los dioses se han ganado su culto por sus acciones en nombre de los humanos -concluyó Dohko.
-Vamos por la sexta -prosiguió Milo, Aldebarán cargó nuevamente a Hilda, y salieron entonces en dirección a la Sexta Morada de los dioses, con la gentil lluvia enviada por Thor arropándolos en todo momento.
Novena Morada, Sagitario.
-Thor acaba de aceptar a los Dioses Guerreros Dorados que sirven a Saori -enunció Aioros, revestido en su Ropaje Sagrado Dorado, mientras observaba el Reloj de Bor con la flama de Leo apagándose, mientras la lluvia caía gentilmente por los exteriores de su Morada. A su derecha se posó otro Dios Guerrero Dorado, Shura de Capricornio, a quien Aioros no se dignó a ver en señal de molestia-. El que mi puerta esté abierta para ti, no significa que debas abusar de ella. Estamos en medio de una guerra -le aseguró.
-Una guerra que pierde sentido con cada hora que pasa -declaró Shura, mirando a las flamas en el Reloj de Bor-. Siguen retrasados, aunque no sé si eso debería alegrarme -se viró Shura, observando a Saori, suspendida sobre la espada de la Estatua de Odín, con Sowellu, la runa que invertida significaba la muerte, adornándole la frente, mientras su ojo izquierdo lloraba sangre, y por el derecho caían lágrimas cristalinas-. La vimos, Aioros. A la hija de Jarl Wotan. Hace 8 años no pude matarla, y ahora que ha pasado, siento un inmenso respeto por ella, y vela allí, como una imagen espectral, un augurio de algo que está terriblemente mal -le aseguró.
-Ella no es Hlin -declaró Aioros, y Shura lo miró con detenimiento, notando que en su mirada no existía la duda, y que juzgaba a Shura con la misma-. ¿Tú crees que lo sea? Necesito saber si los hombres que están conmigo son leales a Hlin o no, Shura. ¿Estás conmigo? ¿O estás en mi contra? -le preguntó Aioros con determinación.
-Estoy del lado de Hlin… -fue la respuesta de Shura, que no le daba a Aioros idea alguna de las intenciones de Shura-. Volveré a mi puesto… enfrentaré a mi oponente, y planeo derrotarlo. Solo tengo una pregunta para ti, Aioros: ¿qué harás si el oponente frente a ti es Aioria? ¿Lo asesinarías en el nombre de Hlin? -le preguntó, y Aioros no dudó ni un solo segundo en responderle.
-Me ofendes, Shura… -aclaró Aioros-. Desde que aceptamos el Ropaje Sagrado Dorado, dejamos de ser dueños de nuestras propias vidas para entregárselas a Hlin… lo que significa que yo no tengo un hermano… -sentenció con cierta tristeza, pero Shura en ningún momento vio duda en su mirada.
-Solo alguien verdaderamente devoto a Hlin, diría algo así -declaró Shura, ya más tranquilo y regresando a su Morada-. Despreocúpate, Aioros. Si tu hermano resulta ser mi oponente, te juro en el nombre de Hlin que intentaré salvarle la vida. Interpreta esto como gustes interpretarlo, pero fieles o no a Hlin… somos camaradas también… -señaló, y volvió a su Morada.
Sexta Morada, Virgo.
-Otra morada sin guardián… comienzo a aburrirme -declaró Milo, mientras el grupo salía del puente de hielo entre Moradas, y encontraba a la Morada de Virgo erguida en la distancia, en un amplio campo, que parecía llevar además a una senda oculta, un mirador a lo lejos de la Sexta Morada-. ¿Y ese entronque? -preguntó Milo, ignorando la bifurcación y siguiendo por terreno construido con roca y grava.
-Es un mirador prohibido que solo puede ser visitado por el Sumo Sacerdote del Santuario -le explicó Hilda, ganándose la mirada de curiosidad de Milo-. En ese mirador se encuentra uno de los más grandes tesoros que Odín regaló a los hombres, el Hlidskjálf que antes estuviera en su morada en Asgard -le explicó.
-No creo siquiera ser capaz de pronunciar esa cosa -enunció Milo, siguiendo el camino con la vista, encontrando que se dirigía a una colina alejada del resto de la montaña, donde seguramente las estrellas se veían con una gran claridad.
-El Hlidskjálf es el trono de Odín, desde el cual puede ver los 9 Mundos -declaró Hilda mientras se alejaban de aquel sendero oculto-. Odín regaló este trono a los Jarls de Hlingard para que con este pudieran ver por los 9 Mundos y enviar a los Dioses Guerreros Dorados en sus misiones. Se encuentra en dirección a la Sexta Morada porque es la Morada de Frigg, protegida por la Valkiria Virgo.
-Lo que significa que le tocaba a Shaka darnos la lección, pero eso ya no va a pasar -declaró Aioria, mirando las estatuas de 3 Valkirias que se presentaban ante la Sexta Morada, 2 a los lados del camino, una en el medio y sobre un pedestal, que le parecía a Aioria familiar-. Saori -dedujo Aioria una vez que pasó al lado de la estatua.
-Tiene un parecido impresionante… -declaró Milo mientras entraban en la Morada de Virgo, recibidos nuevamente por una alfombra, esta de color marrón, y en la parte inferior del templo, yacía la Estatua de Frigg. La diosa Frigg se parecía físicamente a Saori, solo que de mayor edad. Se encontraba sentada, rodeada por lo que parecía ser una nube, que estaba conectada por unos hilos dorados a una rueca de oro.
-Frigg, la Diosa de Fertilidad y el Amor -declaró Hilda, mientras Aldebarán la colocaba gentilmente en el suelo, e Hilda se aproximaba para arrodillarse frente a la Estatua de Frigg-. Esposa de Odín, la que teje las nubes, por lo que se le atribuye también el ser la Diosa del Cielo. Reina de las Valkirias, es un orgullo estar presente en su Morada -declaró Hilda.
-¿Por qué Frigg es la Diosa de la Fertilidad? -preguntó Aldebarán, sintiéndose curioso de aquel dominio- Pensé que el Dios de la Fertilidad era Frey. ¿Por qué hay 2 Dioses de la Fertilidad? -miró Aldebarán a Hilda, quien se apenó.
-Hay 2 Dioses de la Guerra, ¿no es así? -agregó Hilda, y el grupo asintió- Tyr es el Dios de la Guerra y el Honor, se le atribuye la Brutalidad también. Odín es el Dios de la Sabiduría y la Guerra. Entonces, Frey es el Dios de la Fertilidad Masculina, y Frigg de la Fertilidad Femenina -aclaró.
-Pero… los hombres no necesitan fertilidad… creo… -se frotó la barbilla Milo, Aldebarán y Aioria lo pensaron también, Hilda continuó apenándose, y Dohko simplemente se burló-. ¿Para qué necesita un hombre la Fertilidad si la mujer es quien da a luz? -preguntó Milo.
-Inocentes… la Fertilidad Masculina no se refiere a eso -continuó Hilda, sumamente sonrojada-. Los hombres le rezan a Frey, para pedir que cierta parte de su cuerpo… pues… -intentó explicarles, pero Dohko interrumpió el momento.
-Frey es el dios que la tiene más grande -sentenció, y el grupo se apenó, mientras Hilda se ruborizaba por tener que hacer explicaciones de ese tipo-. Pero Hilda, te complicaste tu sola. La Fertilidad de Frey también se refiere a ser Dios de la Tierra Fértil, el que Njörd también tenga ese dominio no significa que Frey solo trate sobre virilidad -se burló Dohko.
-¿Me estás llamando sucia indirectamente? Por supuesto que lo sabía -aclaró Hilda, ganándose la mirada de preocupación de los presentes-. Les recuerdo que no estamos aquí para hablar de la virilidad de Frey -aseguró.
-A mí ya me entró la duda de si cierto herrero sabía esa parte -se burló Aioria, y Milo hizo una mueca tragándose la risa, Aldebarán por su parte, no fue gentil con su sonora carcajada, pero pronto todos se tranquilizaron, mientras Hilda los miraba con desprecio.
-Morada de Frigg, puerta cerrada, y Reloj de Bor llevándose a Saori a Helheim. ¿Podemos dejar a Frey y a su miembro en paz? Su Morada ya la pasamos -les recordó, aunque por las risas nerviosas del grupo, Hilda sabía que seguían burlándose a sus adentros del dominio de Frey-. La Fertilidad de Frigg… -se molestó Hilda, haciendo énfasis en la lección que los sacaría de allí-. Se refiere a su dominio como partera, un dominio que comparte con Freyja. Frigg es la madre, quien cuida a las mujeres embarazadas, y quien les entrega el amor fraternal. Como Diosa del Cielo, teje las nubes para proteger a los humanos de los rayos del sol, y absorbe el agua de las tormentas de Thor y Njörd, llevando la lluvia gentil a los sembradíos, por eso también se le atribuye la fertilidad de la tierra -le apuntó a Dohko.
-Yo no soy la persona que confundió la Fertilidad Masculina con la Fertilidad de la Tierra -se defendió Dohko, molestando a Hilda nuevamente-. Pero ya basta de bromas. La Diosa Madre, Frigg, hizo algo aún más grande que solo tejer nubes. Ella entregó a su hija, Hlin, y a las Valkirias Gná y Fulla, a los humanos para protegerlos -ante aquella mención, el grupo dejó las burlas, y prestaron atención.
-Así como Saori es Hlin reencarnada, se dice que las Valkirias Gná y Fulla reencarnan en personas cercanas a Hlin -les explicó Hilda, mirando a la Estatua de Frigg, conmovida-. Hlin es la Diosa de la Esperanza y la Paz, la Protectora de Hombres. Gná es la Mensajera Celeste. Pero es Fulla quien protege a Hlin, con el amor que Frigg no puede darle, por negarle el Asgard a su hija para entregarla a los hombres -declaró Hilda, y Milo la miró fijamente.
-¿Fulla? -la llamó Milo, e Hilda, en medio de un trance al mirar la Estatua de Frigg, despertó y se secó algunas lágrimas traicioneras que habían comenzado a caerle de sus ojos sin que ella se percatase- Tú eres Fulla, la confidente de Frigg, quien cuida de Hlin brindándole todo el amor que Frigg no puede darle. Hilda… por eso siempre has sabido que Saori es Hlin… porque la amas… como una madre amaría a su propia hija… -dedujo Milo, y los presentes la miraron con sorpresa.
-También protejo el Alhajero de Frigg y la Caja de Tesoros de Freyja, por favor no me deprimas tanto -se secó las lágrimas Hilda, y prosiguió-. Pero es verdad… todo el amor de Frigg, ella me lo entregó para poder cuidar de su hija como si la misma Frigg pudiese hacerlo. Para la diosa Frigg, entregar a Hlin a los mortales fue el acto más grande de amor de todos -declaró Hilda, ruborizada por el recuerdo de una diosa a la que solo podía ver en sus sueños.
-Pero aún no aprendemos la lección de Frigg -dedujo Dohko, notando que las puertas no se abrían-. ¿Cuál es la lección que permitirá que Frigg nos de paso a la Séptima Morada? -les preguntó a los Dioses Guerreros Dorados.
-Seguramente, se trata del resumen de todo lo que hemos aprendido hasta ahora -agregó Aldebarán, mirando a Aioria y a Milo, quienes comprendían lo que el grandulón intentaba decir, y Milo se adelantó en ese momento.
-Primera Enseñanza -comenzó con orgullo, recordando lo aprendido en la Morada de Aries-. Los Dioses brindan fuerza a los Hombres -declaró, y Aldebarán infló su pecho con orgullo.
-Segunda Enseñanza -prosiguió el inmenso hombre, enunciando fuerte y claro-. Los dioses conocen su destino, pero no lo niegan ni lo detendrán -miró entonces a Aioria, quien asintió.
-Quinta Enseñanza -prosiguió Aioria, sintiendo orgullo del dios al que representaba-. Los dioses se han ganado su culto por sus acciones en nombre de los humanos -agregó, mirando a Dohko con una sonrisa.
-Trio de ingratos, me dejan la enseñanza más vergonzosa a mí -se rascó la barbilla Dohko, y sonrió con orgullo-. Sexta Enseñanza. Los Dioses aman a los humanos, y no temen sacrificarse por ellos -declaró, y las puertas de la Sexta Morada se abrieron-. Adelante… estamos a 2 Enseñanzas de terminar con las pruebas de los dioses -prosiguió Dohko, Aldebarán cargó a Hilda, y el grupo resumió la marcha.
Templo de Hlin.
-¿Las 12 Enseñanzas de los Dioses? -agregó Derbal con cautela, mientras usaba su Galdr para observar todo lo que ocurría en las 12 Moradas de los Dioses, poseyendo él mismo una omnisciencia divina que le había transmitido su Galdr al llegar a la divinidad- Esas tonterías que conmueven a los idiotas. No me imaginaba volverlas a escuchar -se molestó Derbal.
-¿Tonterías? -preguntó Lyfia, mirando a Derbal con curiosidad- Como mi Sumo Sacerdote, me sorprende que digas esas cosas. Las 12 Enseñanzas de los Dioses son los mandamientos sobre los cuales se rigen los dioses mismos. ¿Qué ocurre, Derbal? ¿Por qué ahora que eres un dios, no puedes sentir el poder de estas enseñanzas? -le preguntó Lyfia en su preocupación.
-Había olvidado que cree esta personalidad para ti -se dijo a sí mismo Derbal, virándose para ver a Lyfia directamente-. Las 12 Enseñanzas de los Dioses, alguna vez me conmovieron a mí también. Pero eso fue hace mucho tiempo, antes de que Jarl Gevarus me negara mi derecho -le explicó Derbal, y la mente de Lyfia parecía recordar vagamente-. Fui defraudado por los dioses. Ellos no me brindaron su fuerza como decía la Primera Enseñanza. Conocían mi destino y lo permitieron como dicta la Segunda Enseñanza. Jamás me exigieron culto como enuncia la Quinta Enseñanza, pero tampoco me demostraron amor como dictamina la Sexta Enseñanza -le explicó Derbal, y Lyfia sintió pena por él.
-Seguro que los dioses cumplieron a su manera -intentó decirle. La personalidad que Derbal había creado para Lyfia, genuinamente se preocupaba por él-. Puede que tan solo no pudieras ver las mismas -más Derbal no podía creer en aquellas palabras-. Ahora eres un dios. Tú puedes cumplir las 12 Enseñanzas de los Dioses -intentó animarlo ella.
-Querida mía -la miró Derbal, con sus ojos normalmente violetas, brillando de un rojo intenso, uno que intimidaba a Lyfia-. No puedo seguir enseñanzas en las que no creo -terminó, alejándose de Lyfia y volviendo a su trono, desde donde lo observó todo nuevamente.
Séptima Morada, Libra.
-Estamos llegando a la Morada de los Juicios, la Séptima Morada, Libra -exclamó Dohko alegremente, mientras pasaban por en medio de una fuente que brotaba agua cristalina y pura, que pese a las bajas temperaturas que en teoría debían de congelar el agua que brotaba de la fuente, esta seguía corriendo sin congelarse. El friso del lugar presumía la balanza de Libra, y llegados a las puertas dobles, la séptima flama en el Reloj de Bor seguía ardiendo gentilmente, lo que significaba que estaban recuperando el tiempo perdido.
Una alfombra azul recibió a los presentes, quienes de inmediato miraron a la estatua dorada al final del corredor, ya que sabían de antemano que en Libra no encontrarían un oponente, ya que era Dohko quien representaba a esta Morada de los Dioses. Aldebarán colocó a Hilda en el suelo, y el grupo se dirigió ante la estatua dorada.
-Forseti, Dios de la Justicia y la Verdad -presentó sus respetos Hilda, quien, mientras más tiempo pasaba en las 12 Moradas de los Dioses, más en casa se sentía. Los Dioses Guerreros Dorados que la acompañaban habían descubierto que ella era en realidad la Valkiria Fulla reencarnada, una sirviente de Frigg y asignada a la protección de la Asynjur Hlin, por lo que el estar cerca de todo lo que representara a sus dioses, la llenaba de orgullo.
La estatua de Forseti representaba a un hombre vistiendo una túnica sagrada, con los brazos abiertos, sosteniendo en cada mano un plato. En uno de los platos, el izquierdo, llevaba el agua de una fuente de oro, que parecía salir de un cuerno de la abundancia, en la mano derecha llevaba un pergamino, con 12 líneas escritas. A sus pies se había construido un Drakkar con algunos guerreros en su interior, y una inmensa hacha de mandoble, se encontraba amarrada a su espalda.
-Forseti es un dios simple -comenzó Dohko, rindiendo respetos a Forseti-. Es hijo de Baldr, y el mejor amigo de Tyr, y a su vez su opuesto perfecto. Es el dios que reside en los juicios, y se dice que su tribunal es el más justo de todos. Los grandes jueces acuden a su sabiduría al dar sentencia, y se dice que reside juicios a quienes se lo solicitan -prosiguió Dohko, mirando al pequeño barco a sus pies-. Cuenta una historia que un día un Jarl muy poderoso, quien no creía en que los dioses merecieran ser venerados, mandó llamar a 12 jueces a su palacio, todos siendo a su vez Godis, todos, con un inmenso respeto por los dioses. El Jarl les pidió entonces a los 12 jueces el recitar las leyes más sagradas, esas que ni los dioses podrían romper -miró entonces Dohko a sus compañeros, sintiendo orgullo por la historia que les estaba contando-. Pasaron 9 días, y los 12 jueces no consiguieron enunciar las reglas que convencieran al Jarl, ya que todas esas reglas, involucraban servidumbre a los dioses que gobernaban firmemente por sobre los mortales -continuó, regresando su mirada en dirección a Forseti, sabiendo que él lo estaba escuchando-. Decepcionado, el Jarl decidió castigar a los 12 jueces, y les dio a elegir entre 3 destinos: El primer destino era la muerte, el segundo la esclavitud, el tercero, ser colocados en un Drakkar sin remos, y enviados al mar -declaró, apuntando a los pies de Forseti.
-Evidentemente, los 12 jueces eligieron el mar -dedujo Aldebarán tras contar a los individuos dentro del Drakkar, notando en ese momento con sorpresa, que no eran 12, sino 13-. ¿Está mal construida esta estatua? Yo cuento 13 individuos -le mostró.
-Tienes que escuchar el relato completo para comprenderlo -se burló Dohko, y entonces prosiguió-. Los 12 jueces pensaban que, a pesar de estar a la deriva, encontrarían tierra. Pero pasaron 9 días, y comenzaron a desesperarse, por lo que comenzaron a orar a los dioses buscando su ayuda –Dohko se tomó un ligero respiro, antes de continuar-. Escuchando las plegarias, un treceavo juez apareció, cargaba sobre su espalda una inmensa hacha dorada de mandoble, misma que utilizó para remar hasta una isla. Tras desembarcar, el treceavo juez tomó su inmensa hacha, y la lanzó a los aires. El hacha partió la tierra donde cayó, y emanó de esta una fuente, con el agua más limpia que jamás haya existido. Era tan limpia esta agua, que sin importar quien quisiera contaminarla, ni los sacrificios que se hicieran sobre la misma, está siempre poseía agua dulce y limpia, y purificaba el alma de los pecadores -aclaró Dohko, pero este no era el fin de la historia-. El treceavo juez, era Forseti, quien entonces les enseñó a los 12 jueces restantes, las leyes más importantes. Esas, que ni los dioses podrían romper -terminó con su relato Dohko.
-Es una historia interesante -miró la estatua Milo, notando que al parecer todos los elementos de la historia se encontraban representados en la misma-. Pero Forseti, me parece muy diferente de los otros dioses. Sus estatuas estaban repletas de adornos, que llevaban a diversas historias. Forseti parece solo tener una -dedujo Milo.
-No necesita más. Forseti se dedica a ser juez -le explicó Dohko-. Es el mejor amigo de Tyr, por lo que a donde vaya Tyr, Forseti irá a calmarlo para que no se convierta en un Dios de la Brutalidad. Pero eso no es lo que nos interesa en estos momentos, sino lo que significa la historia que acaban de escuchar -sonrió Dohko, y se sentó como un ermitaño frente a ellos-. La numerología en nuestra religión, es muy importante. El numero 9 aparece en todas partes. Hay 9 Mundos, fueron 9 días. 9 son los días que permaneció Odín colgado en Yggdrasil para obtener el conocimiento primordial, 9 son los pasos que dará Thor antes de morir, 9 machos de 9 especies se sacrifican en Upssala cada 9 años. El 9, es un número muy importante -les explicó, y el grupo asintió-. Otro número muy importante es el 3, pero de ese número les hablaré en otra ocasión, ya que el número que quiero que comprendan, es el 12 -prosiguió, mirando a Hilda, quien al parecer comprendía todo lo que Dohko decía-. 12 son las constelaciones en Aesir, 12 son los palacios que existen en Asgard, 12 son las Moradas que se defienden en Midgard, 12 son los meses en un año. ¿Qué otra cosa se les viene a la mente, cuando les digo que existen 12 de ellos? -les preguntó.
-Los 12 Dioses Guerreros Dorados -declaró Aioria, y Dohko asintió en ese momento-. Un momento, quiere decir que los 12 jueces de la historia eran los 12 Dioses Guerreros Dorados -se impresionó Aioria, y el grupo miró a Dohko con curiosidad.
-Esa es una de las teorías, y es igualmente valida que la otra que les contaré en breve -aclaró, y entonces continuó-. Una teoría dice, que fue un Alto Jarl quien, no confiando en los Dioses Guerreros Dorados, les pidió enunciar 12 Reglas Sagradas que lo convencieran de que los 12 Dioses Guerreros Dorados, eran justos. Cuando fallaron, los envió al mar, y Forseti, tras 9 días a la deriva, les enseñó las 12 Reglas Sagradas que el Alto Jarl buscaba -ante la revelación, el grupo se impresionó, pero las puertas continuaban cerradas.
-Forseti parece que quiere decirnos, que esa no es la lección correcta -le aseguró Hilda, y Dohko asintió-. ¿De qué más existen 12? -se burló un poco ella, mientras los Dioses Guerreros Dorados, salvo Dohko, se rascaban la cabeza con molestia.
-Ah, vamos, no tenemos tiempo para esto… -se molestó Milo, mirando a las figuras en el Drakkar, y teniendo una idea al respecto-. Hay… 12 dioses, entre Aesir y Vanir, que gobiernan en Asgard… pero uno de ellos es Forseti, no podría ser… a menos que… ¡Son 13 los dioses ya que Vali y Vidar se cuentan por separado! -dedujo Milo, y las puertas de la Morada de Libra se abrieron en ese momento.
-Correcto… -agregó Dohko con orgullo-. Si bien es cierto que hay 12 Moradas, 12 palacios, y 12 Dioses Guerreros, son 13 los dioses que gobiernan en Asgard. Aunque solo deba haber 12 en todo momento. Vali y Vidar gobiernan cada uno por 6 meses, lo que hace que siempre sean 12, pero si lo piensas detenidamente, los 12 debían enunciar las reglas sagradas, las 12 Enseñanzas Doradas -reveló Dohko, y el grupo sintió sus almas estremecerse-. Esta historia, ocurrió en un tiempo en el que Odín aún no era el Jarl de los Dioses, el Supremo Gobernante de Asgard era Tyr, aún no le habían cortado la mano, faltaba mucho para que los dioses estuvieran listos, para ser lo que son ahora. El Alto Jarl del que se habla en esta historia, realmente no era un Jarl, era un humano que se había topado con los 12 dioses, y les había preguntado sobre el por qué los dioses debían ser venerados. Al no poder convencer al humano, los 12 dioses subieron a un Drakkar, y vagaron confundidos por el mar, hasta que Forseti apareció, con la respuesta que todos ellos necesitaban. Es por eso, Milo, que Forseti no necesita ninguna otra historia, porque esta historia, es la más importante de todas. La historia de cómo nacieron las 12 Enseñanzas de los Dioses, la historia de cómo los Dioses se ganaron el respeto y la veneración de los mortales -declaró Dohko, y el pergamino en la mano derecha de Forseti comenzó a brillar intensamente, ganando la atención de los presentes, mientras un Galdr hermoso rodeaba a la Estatua de Forseti.
-Lo has hecho bien, Dohko… -escucharon todos, incluso Dohko estaba sorprendido, e Hilda inmediatamente se arrodilló y comenzó a orar en una lengua perdida, mientras el Galdr de Forseti se hacía presente-. Dioses Guerreros Dorados de Hlin, los dioses no los hemos olvidado. Es el equilibrio de Midgard, el que impide que los dioses tomemos un rol más activo en la batalla de los hombres. Es aquí en la Morada de Libra, donde los grandes Dioses Guerreros Dorados, adquieren las enseñanzas divinas que rigen a los Aesir y a los Vanir… sin embargo, las condiciones actuales no son las que puedan revelarles este secreto -agregó la estatua, mientras las reglas en el pergamino de Forseti desaparecían, solo dejando escritas 4 de ellas-. Pasen la última prueba, y las reglas serán enunciadas. Después de eso los dioses nos retiraremos, la guerra entre hombres se resolverá entre los hombres. Ese es el deseo de los dioses. Más antes de partir, enunciaré yo mismo la regla que en este recinto aprenden, la Séptima Enseñanza: "Los dioses actúan con justicia. Ante el amor, se nubla el juicio. Si hay recompensa por amor, hay castigo por amor. Él quien no castiga al que equivoca, no lo ama realmente." Buena suerte, Dioses Guerreros Dorados -terminó Forseti, y su Galdr se apagó por completo.
-Dime Milo -comenzó Dohko, y un sorprendido Milo se viró para verlo-. ¿Todavía crees que Forseti necesita más historias para ser reconocido como uno de los dioses más grandes de todos? -le preguntó a manera de broma.
-No, así estoy bien, gracias -le aseguró Milo, pero rápidamente volvió en sí-. Los dioses parecen estar de nuestro lado, pero ha quedado más que claro que no planean ayudarnos del todo. Las guerras de Midgard deben ser lidiadas por nosotros, y el tiempo apremia. La siguiente es mi Morada, es la última que no cuenta con un guardián. Después de esta, la verdadera prueba comenzará -el grupo asintió, y continuaron con el ascenso.
Templo de Hlin.
-¿Forseti? -habló Lyfia, y Derbal asintió, se había dado cuenta de igual manera de lo que había acontecido en la Morada de Libra, y veía a los Dioses Guerreros Dorados dirigirse a la siguiente Morada, la de Escorpio- ¿Qué podría significar la presencia de Forseti en el Santuario? Derbal, ¿sabes lo que esto significa? -le preguntó con preocupación.
-Significa que los dioses, aun pudiendo hacer algo para evitar todo lo que está ocurriendo, huyen como un perro con el rabo entre las patas, mientras yo me presento como un dios superior -se posó nuevamente Derbal frente a la estatua de Odín, extendió sus brazos, y comenzó a gritar con todas sus fuerzas-. ¡Dime que me equivoco! -le gritó a la Estatua de Odín- ¡Dime que miento! ¡Baja de Asgard y hazme frente! ¿Tanto miedo me tienen los dioses? ¿Por qué no envías a Forseti ante mí, o al mismo Tyr, o a Thor? ¡A quien sea! ¡Si eres todopoderoso! ¿Por qué me permites hacer mi voluntad? -exclamó Derbal nuevamente, y un trueno comenzó a caer del cielo, pero en lugar de llegar al Santuario, se viró, y extrañamente regresó al cielo- ¡Eres un cobarde, Thor! ¿Me has escuchado? ¡Un cobarde! -continuó gritando Derbal.
-¡Ya basta Derbal! ¿Has perdido el juicio? -le recriminó Lyfia, notando las lágrimas en el rostro de Derbal- ¿Qué significa todo esto? ¿Derbal? -insistió Lyfia, pero Derbal la hizo a un lado.
-Significa que jamás les he importado, ni cuando les era leales, ni cuando no -le explicó, y Lyfia no supo qué decirle, simplemente bajó la mirada en preocupación-. Pero eso va a cambiar… Hlin se irá pronto a Helheim, y yo asesinaré a los traidores. Y contigo, como la nueva Hlin, buscaremos a otros que sean dignos, llevaremos nuestros ejércitos a Asgard, derrotaremos a los dioses, y cuando no existan más, el mundo, será un lugar perfecto -finalizó Derbal, mientras un último trueno caía a lo lejos.
Octava Morada, Escorpio.
-¿Qué Draugrs hiciste para molestar a Thor, Aioria? -se quejó Milo, mientras la lluvia volvía a azotarlos, esta vez más fuerte que la última vez- Siempre estás arruinándolo todo, gato torpe -insistió Milo muy molesto.
-Como yo siempre tengo la culpa de todo, ¿verdad? -se molestó Aioria, mientras el grupo pasaba por un puente al lado del cual caía una cascada, embravecida gracias a la lluvia, y que formaba un bello arcoíris mientras lo pasaban. Milo prestó atención a aquello, la cascada, parecía recibirlos como si el arcoíris que formaba fuera parte de sus aprendizajes.
Casi llegados a la Octava Morada, encontraron 3 estatuas en el camino, que representaban a 3 personas diferentes. En el sendero más cercano al puente, y pescando en un rio, la estatua de un obrero se encontraba. En una especie de huerto, en el cual crecían varios árboles frutales, se encontraba otra estatua, esta, perteneciendo a un granjero que recogía las frutas del huerto. Y justo en frente de las puertas, a mediación de las largas escaleras y sobre un pedestal, había una estatua de un Jarl que miraba en dirección al sendero.
La Morada de Escorpio poseía las escaleras más altas previo a entrar en la Morada, comparada con todas las Moradas anteriores. Desde la cima, a manera de mirador, se podía ver perfectamente todo el Santuario, fuera la cima la que se quería visualizar, donde se encontraba la Estatua de Odín, o fueran las Moradas inferiores, el palacio de Hlingard, los Salones de Yggdrasil, la ciudad, sus murallas, incluso más lejos, por entre la cúpula de cosmos, hasta llegar a las granjas de Vígrídr. También era fácilmente visible aquel lugar prohibido del que Hilda había hablado, donde Milo podía ver el trono, el Hlidskjálf, un amplio trono de piedra, montado en el mirador más bello que jamás se había visto.
-Bueno, no hay muchos adornos como en las otras Moradas, pero la vista es impresionante -declaró Milo al llegar al último peldaño, y tras empujar las puertas, una alfombra escarlata los recibió, y al fondo, estaba la Estatua de Heimdal.
Heimdal era un dios bastante alto y fornido, vestía un Ropaje Sagrado muy similar al de Odín, pero robusto, y llevaba una espada inmensa, aparentemente de mandoble, pero por los brazos tonificados de Heimdal era posible que pudiera blandirla con una sola mano. Un cuerno de guerra se encontraba amarrado a su cintura, y parecía posar su atención en dirección a la entrada en todo momento, y al estas presentar las puertas abiertas, se veía perfectamente el arcoíris que parecía formarse por la caída del agua y el brillo de la luna.
-Bien Milo, has lo tuyo -se burló Aioria, aunque Milo lo dudó-. Un momento, ¿no me digas que no conoces la historia de Heimdal? Pero bien que te burlabas de mí, ¿no es así? -se burló Aioria en ese momento.
-No es que no conozca la historia de Heimdal, más bien es que, diferente de la de Thor, no hay mucho que contar -declaró Milo, observando a Heimdal, intentando descifrar la enseñanza de aquella morada-. Es el Dios de la Vigilancia y la Protección. Se cuenta que pocas veces deja el Bifrost, el puente de arcoíris que conecta a Midgard con Asgard. Continuamente se ve envuelto en conflicto con los Jotnar, quienes intentan cruzar su puente para hacerle la guerra a los dioses. Siempre logra repelerlos, ya que necesita menos sueño que un pájaro, y su oído es tan bueno que puede escuchar el cómo crece el pasto, y la lana de las ovejas. Es capaz de ver a través de los 9 Mundos, le llaman el dios blanco por su Ropaje Sagrado, y con su espada Hofud defiende a los dioses. Cuando llegue el fin del mundo, el Ragnarok, soplará su cuerno el Gjallhorn, y la tierra temblará, alertando a los dioses de la inminente guerra -terminó Milo, más cuando lo hizo, las puertas permanecían cerradas.
-Debe haber más que nos puedas contar -declaró Hilda, secándose el cabello con la capa de Milo, que Aldebarán le había vuelto a prestar-. No es la única historia sobre Heimdal, Siegfried y yo nos encargamos de decírtelas. Seguro encuentras alguna que sirva para abrir las puertas de su Morada -le aseguró.
-Es solo que… la Estatua de Heimdal no me dice más -dedujo Milo, notando la simpleza de la Estatua de Heimdal-. Pensé que la respuesta era el Bifrost que mira desde su postura, el arcoíris que produce la cascada, pero si no es eso, ¿entonces qué podría ser? -recordó entonces Milo las estatuas afuera de la Morada de Escorpio, y otra historia le vino a la mente-. En las raras ocasiones en que Heimdal dejaba su vigilancia, bajó a Midgard y la recorrió. No había caminado mucho cuando llegó a una pobre cabaña a orillas del mar. Un par de ancianos lo recibió, y pese a que tenían muy poco, solo gachas y avena, lo invitaron a comer, y Heimdal se quedó con ellos 3 noches -recordó Milo la numerología de la que le había hablado Dohko, quien asintió en ese momento-. Heimdal se despidió, y tiempo después, la pareja de ancianos tuvo un hijo, Thrall. Este hijo nació con una increíble fuerza, y su descendencia se convirtió en la clase obrera, a quienes algunos considerarían esclavos. Fueron sirvientes de grandes reyes, y siempre trabajaron con fuerza y esmero, aun de sol a sol, nada podía doblegarlos -aseguró Milo.
-Eso, no me suena a una historia con un aprendizaje muy profundo -declaró Aioria, confundido-. De modo que a Heimdal se le atribuye ser el padre de los esclavos, no se necesita ser un genio para deducir que ese hijo nació de Heimdal, quien estuvo con la mujer de su anfitrión por 3 noches -le explicó Aioria.
-Si bien la historia dice que Heimdal yació entre los 2, no significa lo que piensas, Aioria -lo corrigió Milo, observando a Heimdal directamente-. Heimdal no es ese tipo de dios. Él conocía el destino de toda la estirpe familiar de quienes lo auxiliaron, no se aprovechó de la situación, los bendijo para que pudiesen realizar su labor, así como bendijo a muchos más -le aseguró Milo, quien entonces prosiguió con la historia-. Heimdal siguió por las tierras del interior de Midgard, lo más alejado posible del gran mar. Llego a terrenos cultivados y fértiles, encontrando allí una gran granja. Allí una pareja, en un gesto de buena fe, lo invitó a comer un simple, pero muy abundante festín. Heimdal se quedó con ellos 3 noches, y se retiró agradeciéndoles. La pareja al tiempo tuvo un hijo, al que llamaron Karl. A este hijo sus padres le inculcaron todo el conocimiento que Heimdal había compartido con ellos. Así cuando Karl creció, demostró grandes y variadas habilidades para la agricultura, la ganadería, la arquitectura, y muchos otros oficios. Karl fue entonces el precursor de los oficios, y sus hijos se volvieron especialistas en cada uno de ellos, llenando al mundo de diversidad de labores -declaró.
-De modo que, todos los oficios se le deben a Heimdal, quien les enseñó a los padres de Karl todo lo que él sabía -dedujo Aldebarán, y Milo asintió-. Pero aun no comprendo. ¿Cuál es la enseñanza? ¿Acaso será que un dios en su sabiduría infinita, nos enseñó a ser como ellos? -se preguntó Aldebarán.
-Aún no termina el relato -le interrumpió Milo-. Heimdal siguió con su viaje, hasta llegar a una colina, donde se erguía un majestuoso castillo. Allí fue recibido por unos aristócratas bien vestidos y bien alimentados, quienes, en un acto de buena fe, lo agasajaron con exquisitas carnes, y deliciosos vinos. Heimdal estuvo con ellos 3 noches, antes de agradecerles, y retirarse. Al poco tiempo, la pareja tuvo un hijo, al que llamaron Jarl -finalizó Milo, y la sorpresa llenó las miradas de Aldebarán y Aioria-. Jarl era un gran cazador, un gran político, guerrero y artista marcial. Aprendió a comprender las runas, y vivió para realizar actos de valentía y honor, que realzaron su nombre. De Jarl nacieron los más grandes reyes y héroes. En otras palabras, Heimdal es el padre de todos los héroes -declaró.
-Pensé que habías dicho que solo yacía entre las parejas -se burló Dohko, aunque Milo no le vio la gracia-. Pero, aunque la historia sea bastante interesante, la realidad es que no ha sido suficiente. Las puertas siguen cerradas. ¿Qué querrá Heimdal? -se preguntó Dohko.
-Creo saberlo -aseguró Milo-. La primera familia, dio origen a los Thralls, ellos pescaron y fueron sirvientes, y de no ser por ellos, los humanos no hubieran tenido la fuerza para dedicarse a otras tareas, como dejar de cazar y pescar, y dedicarse a la agricultura -dedujo Milo, y entonces recordó a la segunda estatua-. La segunda familia, dio origen a los Karls, quienes tuvieron diversos oficios, como la ganadería, fueron herreros, tejedores, panaderos, todos los oficios que, de no haber existido, no hubieran logrado que la última familia poseyera grandes lujos -aclaró, y entonces recordó la última estatua-. La tercera familia, dio origen a los Jarls, porque cuando ya se tiene todo, solo queda buscar que hay más allá. Nacieron los héroes y los reyes, y por todo Midgard, se escribieron hazañas en honor a su grandeza -finalizó, pero aún faltaba una conclusión-. Heimdal fue maestro de los hombres, cada casa era más rica que la anterior, pero no nacieron así, se formaron así gracias a sus enseñanzas. A los Thralls les enseñó a ser Karls, a los Karls les enseñó a ser Jarls, y a los Jarls les enseñó a no conformarse. Heimdal creó a los héroes, y ¿qué es lo que hacen los héroes verdaderos? -preguntó Milo, y tanto Aldebarán como Aioria sonrieron, y Dohko supo que habían encontrado la respuesta- Ellos vigilan y protegen. Los Jarls protegen a los Karls, los Karls cuidan de sus Thralls, y ellos cuidan de sus iguales. Uno no puede existir sin los otros, esa es la lección. Heimdal protegió a los humanos, porque los dioses, no pueden existir sin los humanos -finalizó Milo, y las puertas de la Octava Morada estallaron.
-¡Lo consiguieron! ¡Pasaron la última de las pruebas de los dioses! -declaró Hilda, y tras hacerlo, sintió una fuerza aplastante, mientras la Estatua de Heimdal, brillaba con un Galdr color de arcoíris- Heimdal se hace presente -declaró Hilda, poniéndose de rodillas y orando en la lengua perdida de los primeros hombres.
-Han hecho bien, Dioses Guerreros, los dioses estamos orgullosos -escucharon la voz de Heimdal, e instintivamente, Milo se puso de rodillas, y el resto lo siguió en su señal de respeto-. Escuchen muy bien, no solo los presentes, los 12 lo deben saber. Las 12 Enseñanzas de los Dioses les serán reveladas a sus cosmos, todos han de conocerlas, rijan sus vidas con base a sus enseñanzas -prosiguió Heimdal, pero no fue él quien las enunció, al menos no todas, ya que la primera de las enseñanzas, vino de la Primera Morada.
Primera Morada, Aries.
-Los dioses brindan fuerza a los hombres -resonó en la Morada de Aries la voz del Dios del Resplandor y la Fertilidad, Frey, con su Galdr rodeándolo gentilmente-. Un dios enseña, un dios debe de poder beneficiarte, si no lo hace, no es dios. No se sigue a ellos de quienes no puedes aprender -finalizó el Galdr de Frey, pero se negó a apagarse.
Segunda Morada, Tauro.
-Los dioses conocen el destino -resonó la voz de Tyr, el Dios de la Guerra y el Honor, en la Segunda Morada, y aunque no había nadie allí para escucharlo, todos los Dioses Guerreros Dorados escucharon su voz-. Ir en contra del destino, es entregarse a la tiranía. El que sabe lo que debe ser, y niega lo que debe ser, da un paso al egoísmo por su propio bienestar -finalizó la Estatua de Tyr, envuelta en su violento Galdr.
Tercera Morada, Géminis.
-Los dioses son bien y son mal -resonaron las voces tanto de Vali el Dios de la Luz, como de Vidar el Dios de la Oscuridad, mientras un débil Mu, que fue despertado por aquellas palabras, se aferraba a su espada, y luchaba por ponerse de pie-. No existe el bien sin el mal. Al ser reflejo de los dioses, los hombres son capaces de bien y mal -Mu se puso de pie, y tras hacerlo, sintió su brazo ser tomado por Saga, a quien miró aterrado-. Uno no puede ser sin el otro, no hay dios sin culto -finalizaron los dioses, mientras Mu esperaba las reacciones de Saga.
Cuarta Morada, Cáncer.
-Los dioses conocen la muerte -resonó la melodiosa voz de Freyja, Diosa de la Pureza y la Muerte, mientras Shaka por fin lograba incorporarse, y miraba a las afueras de la Cuarta Morada, con una gentil sonrisa-. El destino de todos es la muerte, la muerte es el fin, la muerte es el comienzo -prosiguió su voz, y Mephisto, tendido en el suelo, abrió sus ojos, y estos se llenaron de lágrimas, se encontraba conmovido-. Toda acción en vida, repercute en la recompensa en la muerte -finalizó Freyja, y su Galdr ardió con fuerza.
Quinta Morada, Leo.
-Los dioses no exigen culto -resonó la poderosa voz de Thor, Dios del Trueno y de la Fuerza, y sus truenos se hicieron presentes de igual manera por todo el Santuario-. Un dios debe ganarse su culto, con base a su bondad y a su amor, con base a su recompensa por la fidelidad. El dios que exige y castiga, no es dios -finalizó el más poderoso entre los dioses.
Sexta Morada, Virgo.
-Los dioses aman a los humanos -prosiguió la bondadosa y melodiosa voz de Frigg, Diosa del Cielo y el Amor, a quien Saori parecía escuchar desde donde se encontraba sellada, intensificando sus lágrimas-. Un dios ve a sus seguidores como una madre ve a un hijo. No hay sacrificio que una madre no haga por su hijo, un dios debe actuar igual a una madre -terminó Frigg, su Galdr hermoso haciendo florecer a la tierra marchita por el Reloj de Bor.
Séptima Morada, Libra.
-Los dioses actúan con justicia -la voz familiar de Forseti, Dios de la Justicia y la Verdad, se volvió a escuchar, con una autoridad divina, mientras repetía su Enseñanza de los Dioses-. Ante el amor, se nubla el juicio. Si hay recompensa por amor, hay castigo por amor. Quien no castiga al que equivoca, no lo ama realmente -el cosmos de Forseti los arropó a todos, brindándoles fuerzas renovadas.
Octava Morada, Escorpio.
-Los dioses vigilan a los hombres -prosiguió la estatua de Heimdal, Dios de la Vigilancia y la Protección, y para ese momento, los ojos de Aldebarán, de Aioria, de Dohko y de Milo, ya estaban ahogados en lágrimas al haberse conmovido-. Un dios siempre está presente, nunca hace falta. Si un dios lo considera pertinente, te brindará su apoyo, pero un dios debe también dejarte aprender -finalizó Heimdal, con su Galdr arcoíris arropando los corazones de los presentes.
Novena Morada, Sagitario.
-Los dioses comparten la esperanza -declaró Skadi, la diosa Jotunn de las Ventiscas y la Cacería, ante la cual Aioros se arrodillaba, con los ojos en lágrimas, escuchando por vez primera la voz de sus dioses-. Ante la adversidad, la esperanza es la guía tanto de hombres como de dioses. No importa la gravedad del mal, si se tiene la esperanza de enfrentarlo -Aioros se sintió inspirado, pero para infortunio de Skadi, su inspiración se encontraba mal encausada, mientras Aioros se preparaba para librar su siguiente gran batalla.
Décima Morada, Capricornio.
-Los dioses actúan con sabiduría -el padre de todos se hizo presente en la Décima Morada, y un sobresaltado Shura, sentía como el Galdr de Odín, el Dios de la Sabiduría en la Guerra, le hacía ondear su capa. Pandora, a su lado, le tomó la mano, intentado tranquilizarlo-. La verdad que a uno puede importar, puede no ser la verdad más justa. Los dioses brindarán la sabiduría, a quien tenga el valor de utilizarla -terminó el Galdr de Odín, y un confundido Shura cayó en sus rodillas.
Onceava Morada, Acuario.
-Los dioses guían a los hombres -escuchó Camus al Galdr de Njörd, el Dios Vanir de las Tormentas y los Mares, mientras permanecía de brazos cruzados, recargado a la pared, sin saber qué era lo que debía hacer ahora-. Sin importar lo perdido que uno se encuentre, los dioses siempre lo oirán -y por vez primera, Camus oró, buscando en los dioses la respuesta correcta-. Los dioses siempre lo atenderán, los dioses siempre lo guiarán -prosiguió Njörd, pero Camus se repuso, se alejó de la Estatua de Njörd, y eligió seguir con su misión.
Doceava Morada, Piscis.
-Los dioses embellecen el alma -resonó la voz de Baldr, el Dios de la Belleza y la Bondad, mientras Afrodita jugueteaba con una rosa, girándola, mientras pensaba en las palabras de los dioses-. Quien no conoce a los dioses, es porque se niega a ver la belleza del alma. Los dioses encuentran la belleza, en ellos que la profesan -finalizó Baldr, y Afrodita dejó la rosa caer.
Octava Morada, Escorpio.
-No olviden jamás, Dioses Guerreros Dorados, las enseñanzas de los dioses -declaró Heimdal, y los presentes se pusieron de pie-. Los dioses amamos a los humanos, y es un honor el compartir los principios que nos otorgaron nuestra divinidad con ustedes. Jamás olviden estos principios, jamás olviden que, sin ellos, la tiranía gobernará por nuestras tierras, y cuando el fin de todos los dioses llegue, que sean los humanos quienes transmitan este conocimiento a la nueva generación, y se aseguren de que, por siempre, y para siempre, los dioses serán justos. Vigilen que este, que los 9 Mundos, y que los mundos que lleguen después, preserven siempre estos principios, ya que, sin ellos, los dioses no se merecerán a los hombres -terminó Heimdal, su Galdr se apagó, y los Dioses Guerreros Dorados presentaron sus respetos una última vez. Nadie dijo nada, todos continuaron en silencio en dirección a la siguiente morada, con el conocimiento de las 12 Enseñanzas de los Dioses, aún resonando con fuerza en sus corazones.
Novena Morada, Sagitario.
-Los dioses se dirigieron a los 12 Dioses Guerreros Dorados en igualdad, nos transmitieron el mensaje a todos nosotros -se decía a sí mismo Aioros, meditando a las afueras de la Novena Morada sobre el significado de que los dioses se hubieran comunicado con los 12 Dioses Guerreros Dorados al unísono, como si todos fueren merecedores del mismo conocimiento-. ¿Por qué los dioses se comunicaron cuando llegaron a la Morada de Escorpio? ¿Es porque Heimdal todo lo ve? Odín todo lo sabe y no le susurró nada a Shura hasta ahora, y Frigg tiene el don de la profecía. No… algo ocurrió que mantuvo a los dioses silenciosos, solo resta saber el qué fue -declaró con molestia, mientras observaba al Reloj de Bor, y la flama de Sagitario comenzar a consumirse.
-Parece que ya recuperamos el tiempo perdido -agregó Dohko, llegando con el grupo a la Morada de Sagitario, y admirando las esculturas de hielo en honor a los gigantes y al invierno que adornaban la entrada a la misma-. Aioros, tal parece que no lograste recapacitar -lo miró Dohko con cautela, pero Aioria pasó a su lado, y se posó frente a su hermano mayor.
-Hermano… te creí muerto… -agregó Aioria con determinación, como si el volver a ver a su hermano Aioros, hoy fuera más un pesar que un alivio-. Aunque en estos momentos, casi quisiera que no hubieras sobrevivido. ¿En verdad le has dado la Espalda a Saori? ¿En verdad le has dado la espalda a Hlin? -le preguntó con ira, y Milo, posando su mano sobre su hombro, lo tranquilizó.
-Aioria… -comenzó Aioros con la misma determinación-. El dorado te sienta bien. Aunque preferiría que mi hermano no se involucrara con diosas falsas, y entendiera a la razón. Como prospecto a Sumo Sacerdote, no podría equivocarme, yo sé que Lyfia es la verdadera Asynjur Hlin -declaró Aioros, y Aioria se mordió los labios, iracundo.
-Entonces uno de nosotros miente, hermano -declaró Aioria, preparando su cosmos, lo que preocupaba a Aioros, no por su intensidad, sino porque no deseaba enfrentar a su propio hermano-. Yo… tengo una deuda a con Lyfia, no voy a lastimarla, pero sin importar qué, voy a sentar a Saori en el trono de Hlingard, incluso si eso significa que deba pasar sobre ti, hermano -le apuntó Aioria, apretó los dientes, un rugido ahogado parecía respaldar su cosmos, pero entonces, Dohko intervino.
-Oh, creo que eso no va a suceder -enunció Dohko, forzando a Aioria a retroceder-. Los dioses no consienten los pleitos de hermanos, ¿recuerdas? Ragnarok, tercer o cuarto párrafo creo, "Los hermanos masacran a sus hermanos; Los hijos de hermanas hacen brotar la sangre…" no voy a decir los versos completos, pero tú entiendes. Nada de pleito de hermanos -reprendió Dohko.
-Tercera estrofa, segundo capítulo, página 45 de la versión de Snorri Sturluson, la 93 si es la versión de Saemunder Fródi, y en ese caso no sería la tercera estrofa, sino la séptima -interrumpió Hilda, tanto a Dohko como al momento, y la Sacerdotisa de Odín entonces se dirigió a Aioros-. El Aioros que conozco, arriesgó su vida por salvarme a mí, y por salvar a Saori… ¿qué ocurrió con ese Aioros? -le preguntó.
-Murió cuando cayó de ese balcón, y resurgió por la gracia de Lyfia -le espetó Aioros, y entonces miró a Aioria nuevamente-. Eres mi hermano, pero eso no importa en el nombre de Hlin. Te enfrentaré de ser necesario -declaró Aioros, molestando a Aioria.
-Ya te dije que eso no va a pasar -empujó Dohko a Aioria, y miró a Aioros fijamente-. Tu oponente seré yo, discípulo que perdió el camino, y te voy a enderezar a la fuerza -aseguró, y en los ojos de ambos brilló el cosmos con fuerza-. Ahora, si no te molesta, deseamos pasar, deja que los niños se vayan, mientras los adultos hablamos con los puños -aseguró.
-¿Me dijo niño? -se molestó Milo, sintiendo cierto desprecio por Dohko- Eso no importa ahora, Aioria, tu rencilla familiar tendrá que esperar. Y Aioros, si tanto confías en tu diosa Lyfia y sus guardianes, seguramente no tendrás nada que temer al permitirnos el ascenso -amenazó Milo, y Aioros, en respuesta, le abrió la puerta-. Por cierto… -agregó Milo, mientras pasaba junto a Aioria a lado de Aioros-. Gracias por salvar a Saori, no lo olvidaré -finalizó, y se adentró en la Novena Morada.
La Morada de Sagitario presumía una alfombra de color magenta, y al final se encontraba la Estatua de la Diosa Jotunn Skadi, la Diosa de las Ventiscas y la Cacería. Se encontraba en pose de patinaje, con su arco bien estirado, y era de un tamaño superior al de las demás estatuas, ya que Skadi era una Jotunn, una de pocos que era venerada como diosa, y que vivía con ellos en Asgard. De lo poco que pudieron admirar, ya que requerían apresurar el paso para no perder el tiempo ganado, fue que a Skadi la rodeaba una serpiente por las piernas y el vientre, y que, sobre su cabeza, permanecían un par de orbes que asemejaban a estrellas, siendo un par de rayos de luz lo que las mantenía suspendidas sobre la estatua. Aquello fue todo lo que vieron, mientras salían por las puertas traseras de la Morada, a momento de que Aioros le cortaba el paso a Dohko, quien le sonrió.
-Tu cosmos en verdad que ha crecido. Estaría orgulloso, si no fuera porque lo utilizas en honor a la diosa equivocada -declaró Dohko, pero en lugar de hablar, Aioros se mantuvo firme y elevando su cosmos-. ¿Qué fue lo que te ocurrió, Aioros? Nada de lo que Derbal pudiera hacerte te hubiera doblegado -aseguró Dohko, elevando su cosmos también.
-Fui a buscarte… -recordó Aioros, y Dohko se frotó la barba con interés-. Fui a buscar tu consejo, y habías abandonado tu puesto. Pensé que nada era más importante para ti que Hlin -lo miro Aioros con desprecio, preparando su arco.
-Tuve algunos problemas con Jormundgandr -aclaró, pero Aioros simplemente pensó que Dohko se burlaba de él, tenía esa personalidad después de todo-. ¿De verdad vamos a hacer esto, Aioros? ¿De verdad piensas enfrentar a tu Viejo Maestro? -insistía él.
-¡Solo tengo un maestro! ¡Y su nombre es Derbal! -apuntó Aioros su flecha de hielo, elevando todo su cosmos en la misma- ¡Destello de Skadi! -lanzó la flecha congelante Aioros, que en su trayectoria extendió sus vientos congelados por toda la Morada de Sagitario, más esta no llegó a impactar a Dohko, quien atrapó la misma con ambos escudos en sus brazos, disipando la fuerza de cosmos en los alrededores.
-Me hieres, Aioros, en mi corazón -le mencionó Dohko, con el Tigre y el Dragón en su balanza, rugiéndole con fuerza- Es verdad que Derbal debía entrenarlos en los conocimientos de los Sumo Sacerdotes, pero aprendiste a utilizar el cosmos por mis enseñanzas, y yo te enseñé a encontrar la verdad con el cosmos -le aseguró Dohko, con su cosmos incinerado, que llegaba a un nivel que sobresaltaba a Aioros-. Voy a ser muy violento contigo, Aioros, y espero que la lección que aún permanece en mi cosmos, te demuestre cual es la verdad. ¡Tigre Descendente! -lanzó el puñetazo Dohko, y el Tigre de relámpagos y viento se abalanzó contra Aioros, quien cubrió con sus brazos, pero fue tragado de todas formas por las mandíbulas del Tigre.
Décima Morada, Capricornio.
-Aioria… -enunció Milo, cuando notó que Aioria dejaba de seguirlos, mientras sentía la explosión de cosmos de la colisión entre Dohko y Aioros. El Dios Guerrero de Leo simplemente se mordió los labios con rabia, pero decidió seguir adelante, el tiempo se acababa-. El Viejo Maestro logrará hacer recapacitar a tu hermano -intentó explicarle Milo, pero Aioria lo detuvo.
-Milo, voy a tener que pedirte que me dejes enfrentar al oponente de la siguiente Morada -le enunció Aioria, con una mirada repleta de ira y de determinación, mientras se tronaba los nudillos con fuerza-. No pude enfrentar a mi hermano, respeto las razones del Viejo Maestro, pero si no me enfrasco en una batalla y pronto, podría perder mi convicción. Yo… no soy tan fuerte como he aparentado. Inicié este viaje para encontrar al asesino de mi hermano solo para enterarme de que, ni había muerto, ni le era fiel a Hlin… tengo mis motivaciones encontradas, mi corazón dividido, por favor, no digas nada, y solo déjame combatir en la siguiente Morada -finalizó.
-Tonterías -enunció Milo, y Aioria lo miró con desprecio, y lo tomó del cuello de su Ropaje Sagrado, forzándolo a encararlo-. Calma tus ímpetus y déjame terminar, gato torpe. Por supuesto que te voy a dejar combatir en la siguiente Morada, lo que no te permito, es que vuelvas a llamarte a ti mismo débil -le espetó, Aioria se tranquilizó, y soltó a Milo en ese momento-. Iniciamos este viaje tú y yo, fuera cual fuera la convicción. Así que, más te vale que nunca vuelva a escucharte menospreciarte a ti mismo, ¿te ha quedado claro? Eres un Dios Guerrero Dorado, recibiste las 12 Enseñanzas, actúa como tal de una buena vez -terminó, y Aioria asintió.
-Es una lástima, hubiera preferido enfrentar al Huskarl de esta invasión -escucharon los que ascendían por las 12 Moradas, encontrando a Shura entre un par de estatuas de lobos, Freki y Geri, los lobos de Odín, justo a las entradas de la Décima Morada-. De modo que no tendré el placer, escuché de algunos que Gungnir protegía tu Ropaje Sagrado, creí que a Balmung le agradaría la competencia -aseguró Shura.
-Sentido del humor que se carga este Dios Guerrero Dorado, si las ganas de borrarte esa sonrisita no me faltan -le apuntó Milo, pero respetó los esfuerzos de Aioria de todas formas-. He de concluir entonces que, incluso escuchando las 12 Enseñanzas de los Dioses, no nos permitirás pasar -agregó Milo.
-Sería deshonroso si llegara a hacerlo, ya estoy muy hundido en mi puesto, he defendido Hlingard por 8 años, ¿cómo podría rendirme y admitir que he errado? -declaró Shura, abriendo su puerta para el resto de los combatientes-. Pueden pasar por mi Morada, todos, menos el Dios Guerrero de Leo que ha declarado sus intenciones. El representante de Thor y el representante de Odín hemos de batirnos en duelo, niño Heimdal -insultó.
-¿Me estás retando? Porque me parece que Odín es tuerto, tal vez deba ayudarte a parecerte más al padre de todos -se fastidió Milo, y entre ambos hubo un intercambio de miradas sombrío, como el de una rivalidad que traspasaba el tiempo y las eras, solo que la batalla prometida, tendría que esperar-. Dale uno muy bueno de mi parte -terminó Milo, colocando su mano sobre la hombrera de Aioria para darle fuerzas.
-Descuida, voy a darle muchos -terminó Aioria, mientras Aldebarán y Milo comenzaban el ascenso, e Hilda, en brazos de Aldebarán, miraba a Shura con tristeza, mientras el de Capricornio cerraba los ojos, no deseando dirigirle la mirada.
-Shura… -intentó decir Hilda, por lo que Aldebarán se detuvo, pero Shura no le dirigió la mirada en ningún momento-. No es tarde para recapacitar… yo sé, al igual que Saori sabe, que no estaríamos vivas si no hubieras dudado en ese momento -declaró.
-Si no hubiera dudado en ese momento, esta guerra no existiría. Comprendo perfectamente cuál fue mi falla, Hilda, haber dudado. Por ello no habrá más dudas -finalizó Shura, invitando a Aioria a pasar, quien entró en la Décima Morada en ese momento.
La alfombra de la Décima Morada era negra, y la Estatua de Odín en la parte trasera lo presentaba sentado en su trono, el Hlidskjálf, con los lobos Freki y Geri a sus pies, además de los cuervos Hugin y Munin en sus hombros. El ojo derecho de Odín parecía darles la bienvenida, y abrió sus puertas para ellos, quienes dejaron la Décima Morada, con la flama de Sagitario en el Reloj de Bor aun ardiendo.
-Nos habíamos visto antes, pero creo que no nos habíamos presentado -declaró Aioria, reverenciando ante Shura, una vez que los demás hubieron abandonado la Morada de Sagitario-. Dios Guerrero de Regulus, Aioria de Leo -rugió Leo a sus espalas, y Shura lo miró fijamente, sin mostrarse impresionado.
-Ah, te conozco bien, eres el hermano menor de Aioros -declaró Shura, elevando su cosmos-. Soy el Dios Guerrero de Deneb Algedi, Shura de Capricornio. Tu hermano fue mi maestro, le debo demasiado respeto, por ello, haré todo lo que esté en mi poder por no matarte, representante de Thor -preparó su espada Shura, elevando su cosmos alrededor de ella.
-Algo me dice, que los representantes de Thor y Odín jamás deberían de enfrentarse -le respondió Aioria, y Shura sentía lo mismo-. ¡Pero parte de mí, igual que Thor, lo desea! ¡Plasma Relámpago! -liberó su ataque Aioria.
-Muy lento. ¡Espada de Balmung! -alzó su espada Shura, y su corte atacó a las líneas de cosmos de Aioria en igualdad, y la colisión de sus ataques hizo temblar la tierra, como si los dioses más grandes de los pueblos de Midgard, en verdad se estuvieran enfrentando.
Onceava Morada, Acuario.
-Hace mucho frio, más del que puedo tolerar -se estremeció Hilda, rodeada de la capa de Milo, y aún en brazos de Aldebarán, mientras los Dioses Guerreros que quedaban llegaban ante los nevados territorios de la Onceava Morada, con un muy buen margen de tiempo ahora que no había más pruebas de los dioses, aunque era evidente que Hilda no podría seguir adelante en esas condiciones.
-Milo, Hilda no está para nada bien -le aseguró Aldebarán, frenándose, y Milo se detuvo de igual manera para observar a Hilda, quien estaba sintiendo demasiado frio-. Su túnica se mojó desde la Quinta Morada, con esta nevada, le va a dar una hipotermia si no es atendida y pronto -le aseguró Aldebarán, y Milo pensó al respecto.
-Pero, ¿qué podríamos hacer? -se preguntó Milo, mirando al Reloj de Bor- Apenas y estamos recuperando la ventaja, además de que no tenemos a donde llevarla -prosiguió, y en ese momento notó unos pasos a la distancia, mientras el Dios Guerrero de Acuario bajaba en dirección a las sendas, en silencio, e ignorando a Milo y posándose frente a Aldebarán, cargaba en sus brazos un abrigo de piel de lobo gris, mismo que le ofreció a Hilda.
-Las 12 Moradas de los Dioses no son lugar para una Sacerdotisa de Odín -le ofreció Camus, e Hilda tomó la piel, y se cubrió con ella-. Fueron imprudentes, no debieron someter a una Sacerdotisa a las inclemencias del Santuario. El Santuario pone pruebas, no solo con las batallas en las 12 Moradas de los Dioses. Mientras más subes, más peligroso se vuelve. Voy a tener que pedirles que desistan de seguir llevando a esta mujer más arriba, o va a morir de hipotermia -les explicó con cautela, regresando a su Morada, Aldebarán y Milo intercambiaron miradas, y siguieron a Camus el resto del trayecto, solo que en calma, no deseando confrontaciones innecesarias.
-No me pareces como el resto -interrumpió el silencio Milo, siguiendo a Camus de cerca-. Saga nos menosprecio, Mephisto nos trató como basura, Aioros perdió un tornillo, y Shura me hierve la sangre. Pero tú, no pareces querer enfrentarnos -le aseguró Milo.
-El que no quiera enfrentarlos no significa que no vaya a hacerlo -prosiguió Camus con tranquilidad, mientras miraba la bella estatua de hielo de Njörd, que bailaba junto a la Diosa Skadi, más alta que él, pero que parecía divertida ante el alegre dios de los Vanir-. Skadi, la Diosa Jotunn de las Ventiscas, y Njörd, el Dios Vanir de las Tormentas y los Mares -presentó Camus, y tanto Aldebarán como Milo los miraron, mientras Hilda seguía enterrándose entre los pliegues de la piel de lobo que le habían entregado-. Están divorciados, pero por alguna razón, siguen frecuentándose. Jotunn y Vanir, las montañas nevadas y el océano profundo. Opuestos que no pueden estar juntos, pero aun así desean estarlo -terminó de explicarles, y se detuvo frente a las puertas de su Morada-. Como pueden ver, respeto a los dioses, sean estos dioses de los Jotunn, dioses de los Vanir, o dioses de los Aesir. Los conozco bien, y comprendo las 12 Enseñanzas Doradas… pero no puedo dejarlos pasar -les aseguró Camus.
-¿Porque Lyfia es la Asynjur Hlin? -preguntó Milo, y Camus lo negó con la cabeza- Si lo sabes, ¿por qué la sigues? Nosotros seguimos a la verdadera Asynjur Hlin -le aseguró Milo, pero Camus lo dudó, y negó con la cabeza.
-No sirvo a ningún dios -le respondió Camus, y Milo se mostró impresionado-. No me lo tomes a mal, no es que los niegue tampoco. Simplemente no he encontrado al dios al cual servir. Comprendo que Njörd debería ser la primera opción por yo ser su representante en Midgard, pero jamás lo he visto, no puedo serle leal así -le aseguró.
-De modo que el problema, no es que no confíes en los dioses, es que no los conoces, y por ello, no elijes lealtades -dedujo Milo, como si tuviera una conversación amena con un buen amigo, pero no era el tiempo ni el momento-. ¿Vas a enfrentarnos? -le preguntó.
-Lo único que me mantiene en el Santuario, es la promesa que le he hecho a mi amigo Surt -le explicó Camus, y Milo lo comprendió-. Hice un juramento a Var, le debo a Surt una vida, y por ello he de enfrentarlos. Además, de que a quien enfrente, no sobrevivirá… una vez que cumpla esta promesa, seré libre de elegir -finalizó.
-Eso es ridículo -enunció Hilda desde su prisión de pieles-. Tu Ropaje Sagrado no te permitiría vestirlo si no creyeras al menos en Hlin. Ella es a la que le debes tu devoción, y si sabes que Lyfia no es la Asynjur Hlin, entonces deberías estar de nuestro lado -agregó Hilda.
-¿Y eso quien lo decidió? -se molestó Camus, mirando a Hilda fijamente- ¿No dicen las 12 Enseñanzas de los Dioses, que los dioses no exigen tributo? -le preguntó, e Hilda notó que Camus la había acorralado- Hasta ver cumplida mi promesa, no puedo elegir. Además, no conozco a Hlin, no sé quién es, ni sé si es merecedora de mi lealtad -aseguró, y Milo se interesó en aquellas palabras.
-Así que esa es tu resolución -se impresionó Milo, mirando a Camus fijamente-. Entonces, permíteme ser quien te enseñe sobre Hlin. Pero a cambio, déjalos a ellos pasar -negoció Milo, pero Camus se negó rotundamente.
-Nadie pasa si esa mujer no desiste de subir -apuntó Camus, e Hilda lo miró, confundido-. Ya fui el responsable de la muerte de alguien alguna vez, no se me responsabilizará nuevamente. Ella se queda, puede bañarse y refugiarse en mi Morada hasta que posea las energías suficientes para volver por donde vino, pero no va a subir -finalizó.
-¿Y eso quien lo decidió? -se fastidió Hilda, y Camus se apuntó a sí mismo- Sabes, para ser alguien tan guapo, eres demasiado fastidioso. Yo no me voy a quedar aquí -se quejó Hilda, pero Aldebarán la puso en el suelo con gentileza-. No es como que quiera que me lleves, pero, ¿por qué me sueltas? -preguntó.
-Porque el Dios Guerrero, cuyo nombre no conozco, tiene razón -se cruzó de brazos Aldebarán, e Hilda lo miró con curiosidad-. Hace mucho frio, puede ser muy peligroso. Yo seguiré, tal parece que Milo eligió a su oponente de todas formas -finalizó Aldebarán.
-Dios Guerrero de Beta Aquarii, Camus de Acuario, ya conoces mi nombre -enunció Camus con molestia, y entonces miró a Hilda-. Puedes quedarte en mis aposentos, adelante -invitó Camus a Hilda a pasar, y la alfombra turquesa les dio la bienvenida. En la parte trasera, la Estatua de Njörd se encontraba, con un tridente en su mano, un Drakkar a sus pies-. Detrás de la estatua está la escotilla, puedes bajar y descansar -le pidió, e Hilda, sumamente molesta, bajó a los pisos inferiores-. Tú puedes pasar, el Huskarl y yo debemos terminar con esto -agregó Camus.
-Buena suerte, Alde -le ofreció su mano Milo a Aldebarán, quien la tomó y la apretó con fuerza antes de salir a la Doceava Morada a toda velocidad-. Es una lástima que tengamos que pelear. Tu convicción por los dioses solía ser la que yo tenía antes de conocer a Saori, te hubiera agradado conocerla, seguro cambiabas de opinión -aseguró.
-No puedo negar lo que no sé, solo te aclaro que no tengo nada contra ella, pero lucharé contigo con todas mis fuerzas -elevó sus manos Camus, entrelazándolas sobre su cabeza, reuniendo una fuerza congelante en ellas, misma que sorprendió a Milo-. Prepárate, Milo -le pidió.
-Que pesado eres, y yo que quería que me contaras de Njörd -se burló Milo, pero no optó una pose de batalla, simplemente se quedó allí, con una sonrisa arrogante en sus labios-. Adelante, Camus, no evadiré tu ataque, tan solo te mostraré el estilo de batalla del Dios Guerrero de Antares, Milo de Escorpio -agregó con arrogancia.
-Puede que te arrepientas de subestimarme, ¿estás seguro? -le preguntó Camus, aunque no dejaba de elevar su cosmos, y Milo, simplemente lo invitó a intentarlo- Ridículo… ¡Ejecución Aurora! -lanzó sus vientos congelados Camus, y en respuesta, Milo cerró sus manos en cruz frente a su pecho, con las palmas mirando en dirección a Camus, atrapando en estas el ataque de Camus, igual que hiciera con el Dragón de Dohko durante la mañana de aquel día- ¿Qué ha sido ese movimiento? ¿Acaso atrapó mi Ejecución Aurora? -se sorprendió Camus mientras seguía con su ataque.
-Es muy poderoso este ataque, Camus… -sonrió Milo, quien pese a haber atrapado el ataque de Camus, era empujado por el mismo-. Pero alguien con una convicción tan pobre, como lo es la promesa a un amigo por sobre el deber divino, no puede derrotarme -abrió las manos Milo, descruzando los brazos, y redirigiendo el ataque de Camus de vuelta a él mismo-. ¡Corriente Ascendente! -liberó Milo el ataque de Camus, que lo lanzó por los aires, estrellándolo al techo de la Morada, pero tras caer, logró hacerlo de pie-. Impresionante -sonrió Milo.
-Tampoco eres malo, pero tu fanfarronería no te llevará lejos -le apuntó Camus, y cuando Milo intentó moverse, su Ropaje Sagrado se lo impidió, y Milo notó que estaba congelado-. Te lo advierto, no me subestimes solo por no tener una lealtad a una diosa -le aseguró.
-Lección aprendida -rompió el hielo Milo, y elevó su cosmos, con su Aguja Escarlata lista, corrió en dirección a Camus con ella, Camus hizo lo mismo, ambos entrelazaron sus manos en un despliegue de fuerza, e intentaron doblegar al otro, pero solo terminaron rompiendo el suelo con la presión de sus cosmos, mientras estos se elevaban exponencialmente.
Doceava Morada, Piscis.
-Milo… será mejor que te concentres -agregó Aldebarán, mientras llegaba a las escaleras de la Doceava Morada, que poseía un jardín de rosas blancas, que crecían en arbustos aún en contra de la nieve-. Umm… desearía quedarme a admirar las flores, pero ya casi no nos queda tiempo -miró Aldebarán al Reloj de Bor, a la flama de Sagitario, que ya se extinguía.
-Es una lástima que no pueda tratarte como a un invitado -escuchó Aldebarán, mientras Afrodita se presentaba ante él en la cima de las escaleras con una rosa roja en su mano-. Aunque, no me molestaría que perdieras algo de tiempo contemplando a las rosas. Después de todo, tengo el tiempo en contra. Solo no olvides que, hasta la rosa más bella, tiene espinas -le recordó.
-En otra ocasión, tal vez -comenzó a subir las escaleras Aldebarán, y Afrodita lo invitó a pasar-. De modo que eres el guardián de la Morada de Baldr. A decir verdad, no me sorprende. Baldr es el más debilucho de los dioses -aseguró Aldebarán.
-Baldr es el Dios de la Belleza y la Bondad, esas son cualidades, no debilidades -declaró Alfrodita, y Aldebarán comenzó a caminar por sobre la alfombra morada, y miró a la estatua de Baldr en la parte inferior de la misma.
La Estatua de Baldr era simple, pero hermosa, representaba al Dios de la Belleza y la Bondad, con unas alas doradas y una corona de oro. Se le veía solemne, tranquilo, y rodeado por una enredadera en la cual florecían rosas de oro.
-Umm… nunca he sido muy afecto a Baldr -agregó Aldebarán-. No es que lo desprecie, simplemente, hay un límite para la pasividad. Yo me considero pasivo, pero Baldr sobrepasa esos límites -aseguró.
-Lo dices como representante de Tyr -se burló Afrodita, e hizo una reverencia-. Dios Guerrero de Alrisha, Afrodita de Piscis -se presentó, y Aldebarán hizo una reverencia en su dirección-. Vaya, que respetuoso -se alegró Afrodita.
-Esa cara de niño bonito no va a engañarme -tomó su distancia Aldebarán, y se cruzó de brazos frente a Afrodita-. Aldebarán de Aldebarán, Dios Guerrero de Tauro -se presentó Aldebarán, lo que sorprendió a Afrodita.
-¿De modo que llevas el nombre de tu estrella? Peculiar -aseguró Afrodita, y Aldebarán sonrió con orgullo-. Muy bien, Aldebarán de Aldebarán, quiero que elijas entre las rosas que he de utilizar en esta batalla, aquella que representará la que ha de adornar tu tumba -elevó su cosmos Afrodita, y Aldebarán sintió su aplastante alcance.
-No lo pareces de verdad, pero aparentemente eres bastante fuerte -preparó su cosmos Aldebarán, y Afrodita le sonrió, pero no tomó siquiera una pose de batalla-. Comencemos entonces, ¡Gran Cuerno! -desató el tremendo poder, y toda la Morada de Piscis se estremeció- Umm… ya decía yo que no serías presa fácil -sonrió Aldebarán, mientras veía a Afrodita, con una rosa negra rodeada de destellos dorados sosteniendo su ataque-. Esas no son rosas ordinarias -dedujo Aldebarán.
-No lo son -declaró Afrodita, materializando más y más rosas negras, que comenzaron a flotar a su alrededor-. ¡Son tu perdición! ¡Rosas Piraña! -lanzó su ataque Afrodita, que comenzó a impactar a Aldebarán en diferentes secciones de su cuerpo, al principio tranquilamente, pero haciéndose más y más fuerte con cada rosa que lo impactaba, hasta que una, le arrancó un cuerno, sorprendiendo a Aldebarán- Créeme, Aldebarán… -agregó Afrodita, con una mirada llena de malicia-. Soy muy, pero muy peligroso… -le aseguró, tomando una rosa blanca, y sus pétalos, lo rodearon en su totalidad.
Glosario:
1 – ARTEFACTOS:
Hlidskjálf: El trono de Odín desde el cual es capaz de ver a los Nueve Mundos. Este trono es lo suficientemente amplio para que tanto Odín como Frigg lo compartan. Otros que se han sentado en este trono incluyen al dios Frey.
Hofud: La espada sagrada de Heimdal, que es capaz de asesinar a los Jotnar. Se cree que existe una relación entre esta espada y la cabeza de Heimdal, más no se ha logrado descifrar este mito.
Megingjord: Es una de las 3 principales posiciones de Thor, junto con su Mjölnir y los guantes Járngreipr. El Meginjord tenía la peculiaridad de duplicar la fuerza de Thor.
2 – CRIATURAS:
Fulla: Valkiria que era confidente de Frigg y su sirvienta más confiable. Protegía las joyas de la diosa, la vestía, y charlaba con ella sobre la mejor forma de cuidar de los humanos que pedían su ayuda.
Jörd: Jotunn que fue amante de Odín y se le consideraba como la rival de Frigg antes de su matrimonio con Odín. Tuvo con Odín a Thor, y se cree que la personificación de la Tierra.
3 – LUGARES:
Upssala: Templo enteramente construido de oro, en el que se solían realizar sacrificios en honor a los dioses Frey, Thor y Odín. Cada nueve años se realizaba un Blót en el cual se sacrificaban 9 hombres de cada especie, en la que se incluía al ser humano.
4 – PERSONAS:
Snorri Sturluson: Jurista, escaldo, historiador, y escritor islandés quien fue el autor de la Edda Prosaica, también considerada Edda Menor.
Saemunder Fródi: Sacerdote y escaldo de Islandia. Era descendiente de los primeros colonos vikingos. Se le atribuye la autoría del Edda Primero, pero probablemente hizo simplemente una recopilación de los escritos del mismo, que en ese caso sería anónimo.
5 – TÍTULOS:
Karl: Nombre con el que se conoce a la clase social comprendida por los granjeros, ganaderos, y hombres de oficios diversos.
Thrall: Nombre con el que se conoce a la clase social comprendida por los obreros, los siervos y los esclavos.
