Otra vez no actualizando temprano, y ahora me dejaron solo un review T_T, bueno en realidad fueron 2, pero uno me lo pusieron en el primer capítulo por error, y está ese horrible 1 en los reviews de mi capítulo, es horrible, jajaja. Bueno a que le tiro, así es esto. Este capítulo no tiene muchas definiciones, pero sí contiene la aparición de criaturas mitológicas que seguro no se imaginan. En fin, a contestar reviews:
TsukihimePrincess: Me alegra que estés disfrutando de la introducción a la mitología Nórdica, y bueno lo de los dioses como dioses zodiacales es una coincidencia porque de verdad en Asgard hay 12 Moradas de los Dioses, no en el orden de los signos del zodiaco, pero sí son 12 Moradas en Asgard. Bueno, a lo mejor si me estoy pasando con Frodi, veré como arreglo eso. Gracias por tus reviews.
reynalisset: Te equivocaste de capítulo y me dejaste con el horrible 1 en mis reviews, jajaja. Todos están vivos, pero bien madreados, jajaja. Yo me estoy divirtiendo con las enseñanzas doradas, aunque si me sale la duda de si es están gustando a ustedes o no, me alegra saber que sí. El sacrificio de Shaka, se refiere a no ser capaz de seguirle el paso a los demás por salvarle la vida a él, algo así como, espero que haya valido la pena. Hlin, Full y Gná son las 3 Valkirias, así que falta una. Son 12 lecciones, pero sí, ni las 12 lecciones pudieron convencer a los Dioses Guerreros Dorados de Derbal. Las peleas de Mu y Saga, Aioria y Shura, y Milo y Camus, son referencia a la Exclamación de Athena. Lo de Afrodita y Aldebarán fue por simple eliminación. Lo de Dohko y Aioros hoy te lo resolvemos. Espero lo disfrutes.
EDITADO: 15/09/2022.
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Midgard.
Capítulo 13: La Diosa Colgada.
Yggdrasil. El Sello de los Dioses. 31 de Agosto de 4E 08.
-¿Dónde? -exclamó Saori, quien a su alrededor no veía más que estrellas y galaxias, mientras permanecía arrodillada sobre un suelo de polvo de estrellas entre azul y blanco, que parecía palpitar con cada movimiento que ella hacía. Había estado inconsciente, pero no había alcanzado a dimensionar el cuanto tiempo. El dolor punzante de su ojo izquierdo se hizo presente, y Saori se tomó el mismo, solo para terminar con su mano llena de su propia sangre. El terror se apoderó de ella, buscó por todos los alrededores, a alguien, a quien fuera, encontrando solamente su reflejo en el mismo suelo estrellado, que parecía retener el polvo de las estrellas en un líquido primordial, frio, que parecía reflejar su forma- Eitr… -posó su mano Saori sobre el líquido blanco y translucido, que era tan frio que le congelaba la piel cuando acercaba las manos al mismo, pero que su cosmos dorado le permitía tocar. Saori comenzó a mover el polvo de un lado a otro para verse el rostro reflejado en el líquido, y temerosa, comenzó a entreabrir el parpado de su ojo izquierdo, y al hacerlo, el horror, y el grito de miedo que hizo temblar todo el Sello de los Dioses, se hizo presente.
La cuenca vacía, llena de sangre y carne malherida, había sido una imagen muy dura de asimilar para Saori. Realmente le habían arrancado su ojo, realmente la habían herido, pero su cosmos intentaba tranquilizarla, intentaba regresarla a su realidad. El Galdr de los dioses, que ellos habían sellado en su ojo izquierdo, ya no estaba. Así pues, como todos los dioses menores que no pertenecieran a los 12 que gobiernan en Asgard, su cosmos, aunque divino, no era tan fuerte. Pero aún era cálido, aún era divino, y aún lograba regresar a Saori a la sabiduría de la diosa de la Esperanza y la Paz restaurando su cordura. Razón por la que se tragó las lágrimas, se puso de pie, y buscó por todos los alrededores una respuesta, una salida, cuando de pronto, encontró está en la forma de un grito, mientras frente a su ojo derecho, entre las estrellas, veía a Mu cayendo, gritando de dolor, mientras fragmentos dorados lo rodeaban.
-¡La Otra Dimensión! -recordó escuchar mientras Mu continuaba cayendo. Saori instintivamente corrió en su dirección, intentó atraparlo, pero Mu se desvaneció frente a su ojo, tragado por los destellos de luz. Saori lo buscó por todas partes, y lo encontró como una proyección de cosmos, manteniéndose firme frente a Saga en la Morada de Géminis. Las imágenes de su combate iban y venían, y en alguna parte del mismo, Saga, con el par de inmensas alas de su Ropaje Divino, apareció atrás de ella como un dios en la tierra, desestabilizando las dimensiones mismas, incluida aquella en la que Saori se encontraba aprisionada, y atacando a Mu directamente- ¡Colapso de Yggdrasil! -declaró, 8 de los 9 Mundos se hicieron presentes en su dimensión, y Mu, adolorido y ensangrentado, volvió a aparecer en el cielo de su prisión.
-¡Mu! -gritó Saori horrorizada, y su voz despertó a Mu justo a tiempo, logrando que elevara su cosmos, que preparara su ataque, y se envolviera a sí mismo en las luces doradas que desfragmentaron su cuerpo, justo antes de que fuera aplastado por los mundos del Colapso de Yggdrasil de Saga, regresando a su dimensión, y atravesando el cuerpo de Saga con su espada- ¿Qué es lo que está ocurriendo aquí? -preguntó Saori, y comenzó a escuchar los pasos apresurados de 5 de sus Dioses Guerreros Dorados, corrían por debajo del reflejo en el Eitr, atrapados como Saori en una dimensión infinita, antes de desaparecer, liberados del poder de Saga, de regreso en Midgard.
El silencio volvió a envolver sus alrededores, ya no podía ver a Mu, ya no podía ver a Saga. Se sentía sola en la dimensión en la que se encontraba, y una inmensa tristeza comenzó a consumirla. En el silencio de su prisión, sin embargo, comenzó a escuchar algo extraño, era como un golpeteo, aunque más hueco, y frente a su ojo apareció un artefacto que ella jamás había visto. Era inmenso, hecho de un material similar al metal, y que movía 3 piezas negras continuamente, aunque en intervalos distintos. Uno se movía justo como el palpitar, recorría toda la cara del artefacto, que poseía 12 símbolos, la mayoría de los cuales brillaban de un azul intenso, pero algunos pocos se encontraban apagados, y que Saori notaba que se apagaban conforme el más pequeño de los objetos de metal, se movía por frente de ellos. El más alargado y grueso, se movía continua, pero lentamente, mientras que el delgado, como un palpitar, se movía más rápido que los otros.
-¿Un reloj? -preguntó Saori, deduciendo lo que era lo que se movía. El sonido del palpitar, era el sonido de la pieza delgada de metal moviéndose por frente a la cara de lo que ella había nombrado como un reloj- Pero no se parece a los relojes de sol que he visto antes. Este es diferente… parece… más exacto… como si no perteneciera a este mundo, como si perteneciera, a un mundo distante… -se dijo a sí misma, analizado el extraño mecanismo que escapaba a su comprensión, más pronto sintió un temblor dentro de su dimensión, y vio como el Eitr a sus espaldas estallaba, y miles de miles de Draugrs invadían su dimensión, subiendo uno sobre el otro, en una furia inquietante, mientras llegaban al techo de la dimensión, lo rompían, y comenzaban a bajar en picada jalando consigo a Shaka, quien era rodeado y rasguñado por los muertos, que volvían a bajar tirando del Dios Guerrero Dorado, mientras la risa de otro invadía los alrededores mientras bajaba a su lado como una proyección de cosmos, y traspasaba el suelo de Eitr.
-¡Shaka! -gritó Saori, y Shaka abrió sus ojos por la sorpresa, liberando una gran cantidad de su cosmos sellado para ver a Saori directamente, antes de obligarse a sí mismo a cerrar sus ojos, y ser enterrado en el Eitr, mientras los Draugrs se lo llevaban, y Saori terminaba tocando el lugar por donde se habían enterrado, notando que el Eitr se había sellado- No… -agregó entristecida, quedándose sola nuevamente, y entregándose al llanto, cuando un tapiz de la Diosa Frigg se hizo presente en su dimensión, y Shaka, como una representación de cosmos, se hizo presente-. ¿Shaka? ¿Eres tú…? -preguntó Saori.
-Entonces no lo había imaginado -escuchó Saori, encontrando a Shaka con sus ojos abiertos frente a ella, y Saori sonrió, aunque se impresionó de ver el brazo de Shaka ensangrentado-. Llegar a esta dimensión… fue muy problemático. No creo poder pararme para seguir a mis camaradas. Pero gracias a esto, podré comunicarme con usted, aunque sea muy breve el momento -declaró, siendo impactado entonces por flamas azules que salían de la proyección de cosmos de unas inmensas patas de cangrejo sobre las espaldas de Mephisto, que debilitaron la proyección de cosmos de Shaka-. Debo… concentrar mi cosmos… o Mephisto terminará conmigo… Saori… usted se encuentra en Yggdrasil mismo… -declaró, y Saori se impresionó, miró a las alturas, y encontró a los Mundos de la Luz, brillando como pequeñas estrellas en el firmamento, y tras bajar la mirada, encontró también a los Mundos de la Oscuridad-. Está en un puente entre todos los mundos… por ello no podemos sentir su cosmos… pero seguro, así como Odín en la historia, encontrará la forma de comunicarse con el Árbol del Mundo… y tal vez… podamos volver a sentir su cosmos… resista… -declaró Shaka, rompiendo el tapiz, y liberándose del Tesoro de Friggerock que había utilizado para sacar a Mephisto de los mundos en que obtenía una fuerza sorprendente, y Saori miró a Shaka defenderse, pero después de eso, no lo vio más.
-De modo que he sido encerrada en Yggdrasil mismo -miró Saori a su alrededor, encontrando nuevamente el reloj, y notando que estaba construido sobre la corteza de Yggdrasil, que se extendía indefinidamente en dirección al cielo estrellado. Saori entonces escuchó unos susurros, y tras seguirlos con sus oídos, encontró a una ardilla anaranjada debajo del marco de madera del reloj, la ardilla se hablaba a sí misma con rapidez, lo que despertó la curiosidad de Saori, quien se agachó por la cara del reloj, y la miró fijamente con su ojo derecho.
-Nidhogg seguro querrá escuchar esto, pero está muy malhumorado por la muerte del representante de su Ropaje Sagrado. ¿Qué hago, qué hago? Si voy primero con Aritilandlit a contarle, seguro que Nidhogg me come -proseguía la ardilla, mientras Saori se acomodaba bajo la cara del reloj para verla mejor-. Pero si me come, Nidhogg tendrá que conseguirse a otro que le traiga chismes, y nadie es más chismoso que yo, Ratatosk… -intentó decir.
-La ardilla mensajera que viaja por entre los mundos -susurró Saori, y Ratatosk se dio la vuelta, encontrando a Saori allí debajo de la cara del reloj, por lo que la ardilla pegó un buen grito, que erizó la piel de Saori-. Por favor no hagas eso… es aterrador escuchar a una ardilla gritando como un ser humano de esa forma -se estremeció Saori.
-No me comas, yo solo digo chismes, pero no le deseo el mal a nadie. Si me comes, Nidhogg va a estar muy molesto y se las va a cobrar -se hizo la victima Ratatosk, quien al ver que Saori no se iba, se hizo la muerta, pero solo consiguió que Saori lo tomara del cuerpo, y lo sacara de debajo del reloj-. Oye, no se juega con los cadáveres -se molestó Ratatosk.
-No eres un cadáver, y no voy a comerte, ni siquiera tengo colmillos -le mostró Saori abriendo la boca, y Ratatosk inspeccionó la dentadura de Saori, y se sintió más tranquilo. Saori entonces se recargó contra el tronco de Yggdrasil, y miró a Ratatosk con su único ojo-. Todo lo que pasa a mí alrededor en estos momentos, es muy confuso. ¿Sabes quién soy? -le preguntó.
-Hasta la pregunta ofende -se cruzó de brazos la ardilla-. Ratatosk todo lo sabe, eres la Asynjur Hlin, o lo eras, hasta que te arrancaron el ojo -le apuntó Ratatosk, y ante el horrible recuerdo, el ojo de Saori se humedeció un poco-. Oye, oye, no llores, no se ve tan mal. Te da una elegancia inquietante, además es bueno para iniciar conversaciones, "oye tuertita. Cuéntame cómo has perdido el ojo", es bueno para hacer amigos, en especial si nadie sabe cómo lo perdiste -le susurró Ratatosk, y Saori alcanzó a sonreírle un poco.
-Eres muy amable en intentar animarme, pero realmente ha sido muy doloroso perderlo, además de que me siento incompleta -le explicó, y Ratatosk bajó sus largas y peludas orejas, sintiéndose deprimido también-. Si eres el legendario Ratatosk, entonces debes saber cómo puedo salir de esta dimensión -dedujo ella.
-¿Crees que, si lo supiera, sería el mandadero del tarado de Nidhogg? -preguntó Ratatosk, sintiéndose muy molesto- Si el gran dragón Nidhogg te pide algo, no es con gentileza, eso te lo aseguro. Si no corro todos los días a las raíces a visitarlo, me amenaza con darme casería y chuparme los adentros con sus colmillos. Él y Aritilandlit son amigos, o rivales, ¿qué sé yo? Ya no lo recuerdo bien. Tengo que subir todos los días desde las raíces hasta la copa, donde el águila Vedrfolnir duerme, si es que no se ha aburrido de su rama y se posa en otra distinta claro está, trepar al águila, y buscar al halcón que vive entre sus ojos. Dime, ¿quién vive entre los ojos de alguien? Yo viajo de raíces a popa todos los días contándoles chismes. ¡En un lugar donde no hay nadie sobre quien chismear! ¡Además las imágenes del Eitr van y vienen como le da la gana al árbol! -se sulfuró la ardilla.
-Bueno, ya entendí, la tienes difícil -lo tranquilizó Saori, pero entonces se puso seria-. Ratatosk… en otras circunstancias, no me molestaría quedarme y charlar contigo. Pero de vuelta en Midgard, mis Dioses Guerreros Dorados están arriesgando sus vidas por mí. Necesito ir con ellos, no me importa si me han arrancado el ojo y se han llevado mi divinidad. Necesito estar con ellos, esto es más importante que ser una diosa para mí, ellos han estado conmigo, sin importar que no me conocieran, tengo que volver. ¿Puedes ayudarme? -le preguntó con curiosidad.
-Señorita, no tengo la más mínima idea de cómo salir de aquí -señaló Ratatosk, y Saori se deprimió un poco por aquello ultimo-. Pero he visto a alguien salir antes -prosiguió, lo que llenó a Saori de esperanza-. Odín, el padre de todos, una vez vino a Yggdrasil. No sé cómo llegó, pero sé lo que quería. Pasó hace mucho, mucho tiempo, cuando aún poseía ambos ojos, sin ofender -agregó. Saori le sonrió y movió su cabeza en negación-. Odín deseaba conocer la magia de las runas, como la que llevas en la frentesota, solo que esa está mal escrita -aseguró.
-Sowellu, sí, sé que está invertida -se frotó la frente Saori, no logrando quitarse la marca de su frente-. De modo que no viste a Odín entrar, pero lo viste salir -prosiguió Saori, y Ratatosk asintió con orgullo, pero no se dignó a decir nada-. Y… ¿cómo lo hizo? -preguntó.
-Ah, eso lo sabré yo -declaró, confundiendo a Saori-. Y lo sabrás tú, si me das un chisme jugoso que contarles a Nidhogg y a Aritilandlit -le pidió, pero Saori no sabía qué decirle-. Oh vamos, todos tienen chismes, y llevarles uno de fuera de Yggdrasil seguro les gustaría mucho, y me dejarían descansar por unos días. Debo ser el único ser en todo el universo que no tiene vacaciones. Solo un chismecito pequeño -le pidió.
-Es solo que, yo no conozco chismes… no soy de esas diosas -se apenó Saori, y Ratatosk bajó la cabeza, sintiéndose contrariado-. Pero si me dices qué quieres que te cuente, podría ayudarte -le volvió a sonreír.
-¿Quieres decir como crear mi propio chisme? -preguntó, y Saori asintió, aunque algo incomoda porque fuera de Yggdrail sus Dioses Guerreros Dorados peligraban, mientras ella debía de chismear con una ardilla anaranjada- Yo, iniciando un chisme… eso nunca había pasado antes. Tiene que ser algo increíble, tal vez la historia de algún héroe legendario, o podría decir que me encontré con un dios, bueno eso sí pasó, pero lo puedo chismear después -continuó la ardilla, y Saori intentó interrumpirla para apresurarla, pero Ratatosk estaba muy enfrascado en su monologo-. Momento, ya lo sé… -miró Ratatosk a Saori-. Un chisme de un romance, esos le chiflan a Nidhogg. Lo hubieras visto cuando le conté del divorcio de Skadi y Njörd. ¿Conoces a alguna diosa involucrada en un escándalo romántico? -preguntó, y Saori lo negó- ¡Por Odín! ¿Acaso no sabes nada? -se molestó- Oh, pero sí sabes, ya sé qué me vas a decir. ¿Quién le gusta, a la Asynjur Hlin? -preguntó.
¿A Mí? -se estremeció Saori, y Ratatosk asintió- Que pregunta, a la Asynjur Hlin no le puede gustar nadie. Ella no da predilección, es la protectora de Hombres, los quiere a todos por igual –desvió la mirada de su único ojo Saori, evidentemente incomodada, lo que Ratatosk notó.
-Aja, eso básicamente significa una de 2 cosas. La primera es que mientes, la segunda es que todos los hombres son tu harem -declaró, lo que apenó a Saori aún más-. Solo dime un nombre, y yo te digo como es que Odín salió de aquí -le pidió.
-¿Solo un nombre, y eso es todo? -peguntó Saori, apenada, y Ratatosk asintió en ese momento- Bueno, sí hay alguien que me pareció atractivo… pero solo eso, pienso que es atractivo… -insistió, y Ratatosk asintió varias veces, impaciente-. No significa que vaya a pasar nada, solo que lo creo atractivo -insistió.
-¡Dime ya que solo estamos perdiendo el tiempo! -se fastidió Ratatosk, y Saori, ruborizada, le susurró al oído, como si supiera que otros podían escucharla- ¿Tu Dios Guerrero Dorado? ¡Milo de Escorpio! -celebró Ratatosk, gritándolo con todas sus fuerzas, lo que apenaba a Saori aún más- Oh, este chisme vale oro, tal vez hasta le ponga precio a Hela para contárselo. La debilidad de la Asynjur Hlin, es que suspira por su Dios Guerrero de Escor… -intentó decir, cuando sintió a Saori aplastarle el cuerpo.
-Ratatosk… -agregó Saori con molestia, aunque con una inquietante sonrisa en sus labios, que se volvía más perturbadora por la sangre que aún caía del ojo perdido en su rostro, sobresaltando a Ratatosk-. Por favor… el secreto para salir de aquí. El tiempo apremia -le pidió, y Ratatosk comenzó a preocuparse.
-Está bien, está bien -respondió, y Saori abrió su mano, dejándolo respirar-. No sé cómo es que Odín llegó, pero cuando lo hizo, oró frente al tronco de Yggdrasil, justo en este lugar –apuntó Ratatosk, saltando de la mano de Saori, y posándose en el lugar donde vio a Odín-. El Reloj de Bor ya estaba aquí, tenía esta forma, como si esa fuera su forma desde los inicios del tiempo mismo -le explicó, y Saori asintió a sus palabras-. Aún poseía ambos ojos, y el Jarl de los Dioses era Tyr, pero Gungnir ya descansaba en su mano, y es Gungnir, lo que realmente importa -prosiguió, en un tono de voz cantadito, como si quisiera que su historia sonara más épica de lo que realmente era-. Al obtener solamente el silencio de Yggdrasil, Odín comprendió que requeriría sacrificio, pero en Yggdrasil nada hay que sacrificar, así que tomó su lanza, se acomodó frente al tronco, y se atravesó a sí mismo con la lanza de Gungnir quedando colgado donde se había clavado -le explicó, y Saori se sobresaltó por lo que estaba escuchando-. Así permaneció Odín, al que desde ese día apodaron el Dios Colgado, por 9 días y 9 noches, con el Galdr primordial de Yggdrasil llenándolo con su inmensa sabiduría. Una vez que pasaron los 9 días, Odín obtuvo el conocimiento de las runas, y con ellas, logró abrirse paso entre los mundos, y regresar a salvo a Asgard -terminó, e hizo una reverencia esperando aplausos, pero no los recibió de parte de Saori-. ¿Qué pasó? ¿No te gustó mi chisme? -preguntó.
-No tengo 9 días y 9 noches -declaró Saori, mirando al inmenso reloj, con el símbolo de Géminis a punto de apagarse-. Aún si pudiera realizar ese sacrificio, no dispongo de ese tiempo. En poco más de 9 horas, mi cuerpo y mi alma serán transportados a Helheim -le explicó mientras apunta a la runa en su frente.
-Eso puede arreglarse -escuchó Saori, y miró en dirección al Reloj de Bor, que comenzó a brillar con fuerza, materializado al ser primordial, con sus cadenas rosadas, frente a Saori y a Ratatosk, quien, asustado, se escondió entre el hombro y la cabellera de Saori-. Si es tu deseo, yo, Bor, Dios del Tiempo y de la Tierra, haré que el flujo de tiempo pase sobre ti, como si 9 días pasaran, en 9 horas… -declaró él, mirando a Saori fijamente-. A cambio, me librarás de este sufrimiento, por el lapso de esas 9 horas. Este reloj que es mi prisión, por siempre absorberá de mi Galdr consumiéndome mi alma inmortal. El dolor, es más grande de lo que cualquier dios pudiera pensar. Si me reemplazas por 9 horas, haré pasar sobre tu cosmos 9 días, y el conocimiento de las runas, lo obtendrás en 9 horas. Decide ahora, Hlin, que el tiempo apremia -sentenció Bor.
-Bor… el padre de Odín… mi abuelo… -reverenció Saori, y Bor hizo una gentil reverencia-. Sabes abuelo, si tras pasar esas 9 horas, ¿obtendré el conocimiento que me permita escapar de esta dimensión? -preguntó curiosa.
-Obtendrás conocimiento -fue su respuesta, misma que no convencía a Saori-. Ahora, toma una decisión -le mostró sus grilletes, y Saori comenzó a preocuparse-. ¿Aceptas librarme de este tormento, Asyjur Hlin, por el lapso de 9 horas, que bajo tu cosmos se sentirán como si 9 días hubieren pasado, lo que incluye, que tu tormento se sentirá en equivalencia? -le preguntó, y Saori asintió-. Debes enunciarlo -declaró Bor.
-Así se hará… -reverenció-. Voluntariamente me entrego como reemplazo temporal -extendió sus brazos Saori, y en ese momento, los grilletes de Bor se abrieron, revelando que estaban recubiertos por espinas negras en su interior, mismas que horrorizaron a Saori, y la hirieron, cuando la primera de las cadenas le rodeó la muñeca, causándole un terrible dolor.
-Que locura, Bor, eso no es para nada gentil -exclamó Ratatosk, quien saltó entonces de cuello de Saori, que fue prensado por otra de las cadenas, que le perforaron la piel y el cuello, haciéndola vomitar sangre y apenas poder respirar-. Esto no es para nada amigable, hay ardillas presentes, Bor -suplicó Ratatosk, mientras el resto de cadenas rodeaban a Saori, esparciendo su sangre por todas partes, rodeando sus muñecas, sus tobillos, su cuello, su vientre, y la ultima de todas, atravesándole la frente, horrorizando a Ratatosk cuando vio la sangre caerle desde los grilletes-. ¡La mataste! -se preocupó Ratatosk.
-La muerte no alcanza tan fácil a los dioses, Ratatosk -declaró Bor, mirando a Saori con su único ojo en blanco, y con la cuenca vacía brillando con un Galdr, que parecía alimentar a Saori con el conocimiento de las runas-. Sangre de la diosa humana -sonrió Bor, mientras que la sangre de Saori flotaba, y Bor materializaba un frasco en el cual meterla-. Milenios de tortura han valido la pena, muchas gracias, Asynjur Hlin -se burló Bor.
-Espera, espera, qué vas a hacer ahora, oye Bor -se quejó Ratatosk, pero Bor simplemente se tumbó sobre el Eitr, flotando tranquilamente en el mismo-. Oye… vas a cumplir tu promesa, ¿verdad? No vas a dejar a tu nieta así… con… espinas de hierro atravesándole todo el cuerpo, cerebro incluido. ¿No te parece exagerado? Además, ¿tú qué vas a hacer? -le preguntó.
-Déjame dormir… -fue la respuesta de Bor, misma que confundió a Ratatosk-. Nada, es lo que voy a hacer. Lo que Hlin está sufriendo en estos momentos, yo lo he sufrido desde el inicio del tiempo mismo. Estas 9 horas, que para Saori serán 9 días y 9 noches de dolor, es todo lo que deseo. Ese dolor… enloquecería a los dioses, 9 horas me harán poder soportarlo más fácilmente por la eternidad, ahora cállate y déjame dormir -finalizó Bor, que cerró sus ojos, y comenzó a dormir plácidamente.
-Los dioses de este mundo son unos dementes -miró Ratatosk a Saori, que se convulsionaba de tanto en tanto, pero que dibujaba en su cuenca vacía las runas, aprendiendo sus secretos-. Oh Saori, ¿qué he hecho? A Odín no le va a gustar nada esto cuando se entere. Pero claro, no se enterará si nadie le va con el chisme… pero… ¡A alguien se lo tengo que contar! ¡Nidhogg! -comenzó a correr por el tronco de Yggdrasil Ratatosk, cumpliendo su eterna misión de contar chismes.
Novena Morada, Sagitario. 4 horas restantes.
-¡Dragón Ascendente! -enunció Dohko con fuerza, lanzándose en dirección a Aioros, transformado en el poderoso Dragón Dorado, que Aioros bloqueaba levantando una barrera de cosmos entre su palma abierta, y el Dragón de Dohko, que permanecía suspendido entre ambos- No vas a poder bloquear todos mis ataques por siempre, Aioros. Saori peligra, y está sufriendo. ¿Acaso no lo sientes? Su cosmos puede que haya abandonado este mundo, pero nuestras almas se estremecen con el dolor que ella está sufriendo. Sea donde sea donde está, el dolor que siente se traspasa por la barrera de los mundos y nos aprisiona el corazón -insistió Dokho, cuando Aioros rompió su barrera, evadiendo a Dohko, quien estrelló su puño contra el suelo.
-¡Yo no siento nada! -saltó Aioros sobre Dohko, elevando su cosmos alrededor de su puño derecho- ¡Trueno Relampagueante! -declaró, soltando poderosas esferas de energía rodeadas de relámpagos, mismas que Dohko cubrió con sus escudos, ganado distancia, y saliendo ileso del ataque- Ese estremecimiento de tu corazón, ese sufrimiento que dices que Saori siente, yo no puedo sentirlo. Lo único que siento es lealtad por Lyfia, y por mi maestro Derbal -exclamó Aioros, volviendo a preparar su puño, mismo que Dohko cubrió mientras los relámpagos de Aioros se dispersaban por toda la Novena Morada.
-¡Mientes Aioros! ¡Sé que puedes sentirlo! -arremetió con su escudo Dohko, impactando el rostro de Aioros y abriéndole el labio, antes de rugir como el poderoso Tigre, y golpear el pecho de Aioros con fuerza- ¡Tigre Descendente! -exclamó, lanzando a Aioros por los suelos de la Novena Morada, aunque Aioros se levantaba de cualquier forma, débil, pero vivo- Sé que puedes sentirlo, sé que tu alma se estremece con cada convulsión en el cuerpo de Saori, la vemos sellada en el cielo, pero no está allí. Donde sea que esté está sufriendo, y su dolor lo sentimos nosotros que somos su esperanza, tú también puedes sentirlo. Date cuenta antes de que te destruya, no puedes tocarme -le aclaró.
-Esos escudos son muy molestos… casi tanto como tu ataque -declaró Aioros, mirando a Dohko fijamente, y colocándose en pose de batalla-. No creas que no me he dado cuenta, Viejo Maestro, el por qué alteras entre el Tigre Descendente que es tu técnica más poderosa, con el Dragón Ascendente que no lo es… lo haces porque de esa forma intentas mantener oculta la pata coja del Tigre -declaró, sorprendiendo a Dohko-. Me entrenaste por muchos años… mis estrellas eran distintas a las tuyas, igual que las de Saga diferían de las de Shion quien fuera su maestro. Pero mientras estuvimos bajo la tutela de ustedes, nos volvimos sus iguales en fuerza, y comprendimos sus debilidades -aclaró Aioros.
-¿No estás siendo un poco egocéntrico declarándote mi igual? Pregúntale a Saga, él sabe el orden de poder de los Dioses Guerreros Dorados -se burló Dohko, pero Aioros no se inmutaba bajo sus palabras-. Esa debilidad de tengo, solo está en tu mente -aclaró Dohko.
-Todos tenemos debilidades, y solo al aceptarlas podemos volvernos más fuertes -declaró Aioros, concentrándose, y tomando aire-. No he olvidado sus enseñanzas, maestro. Jamás lo he hecho, otra de sus enseñanzas era que el cosmos es infinito. No puede poner una escala de poder como Saga pretende, si el cosmos es infinito, una regla no invalida a la otra -aseguró.
-Las limitantes físicas, habilidades, y determinaciones de cada persona, en conjunción con el cosmos es lo que Saga utiliza para subdividir a los Dioses Guerreros Dorados, Aioros -le explicó Dohko, sonriente como siempre-. Y siéndote sincero, la idea de Saga no está nada mal. Ya que, si el cosmos es infinito, todos nos encontraríamos en una Batalla de los 1,000 días, pero eso no ha pasado, ni pasará -declaró, preparando al Tigre en su cosmos-. ¡Tigre Descendente! -se lanzó Dohko, y Aioros reaccionó rápidamente.
-¡Trueno Relampagueante! -enunció, y en una fracción de segundo, Dohko viró, evadiendo el ataque de Aioros, interrumpiendo a la vez el propio mientras giraba en el suelo, se reponía, y miraba a Aioros con sorpresa- ¿Qué ocurre, maestro? Actúa como si alguien hubiera descubierto su debilidad y se hubiera visto obligado a interrumpir su ataque para proteger su punto débil -señaló Aioros, dándose la vuelta, y mirando a Dohko fijamente.
-Bueno, ahora que lo mencionas, si parece un poco eso -declaró Dohko, poniéndose de pie, e incorporándose-. Pero incluso con ese conocimiento, estoy muy lejos de tu nivel, Aioros -le explicó Dohko, con su cosmos inmenso preocupando un poco a Aioros, quien no podía comprender como era posible que la diferencia fuera tan marcada-. Hay una diferencia crucial entre tú y yo, una que me dará la victoria, como dará la victoria a todos los Dioses Guerreros Dorados que vienen conmigo. Y esa es que tenemos una fe ciega en Saori. Aioros, si tuvieras esa convicción incluso a mí me sería imposible derrotarte. Pero como no la tienes, no eres más que un peón inmensamente poderoso. Escucha a tu corazón, Aioros -insistió Dohko.
-Habla demasiado, Viejo Maestro -se abalanzó Aioros en contra de Dohko, atacando en dirección al punto débil de Dohko, un pequeño espacio entre donde alzaba su defensa y su corazón, pero que para sorpresa de Aioros, Dohko bloqueó-. ¿Cómo? -se impresionó Aioros, siendo pateado por Dohko.
-Por favor, Aioros, ¿crees que, sabiendo mi propia debilidad, no habría implementado ya los medios para cubrirla? -preparó Dohko un estilo de batalla diferente, con un brazo en defensa, el otro a la ofensiva- Soy el Viejo Maestro. Me sorprende que me subestimes. ¡Dragón Ascendente! -se lanzó Dohko, Aioros intentó golpear el punto débil, mismo que Dohko tenía cubierto, y de un rápido movimiento, Dohko volvió a asestar el mentón de Aioros, estrellándolo en el techo, y tras caer, pateándolo con fuerza y lazándolo hasta estrellarse con el pedestal de la Estatua de Skadi.
-Ese golpe… no era tan fuerte como los anteriores -declaró Aioros, y Dohko le sonrió-. Al cambiar de postura, sacrifica fuerza ofensiva por ganar defensiva. Eso significa que no puede usar su técnica más poderosa, los 11 Ríos de Élivágar, ya que para esa técnica requiere de ambas manos -aseguró Aioros.
-Técnicamente se puede hacer con una sola mano también, aunque es más lenta -retrocedió Dohko, mientras Aioros seguía avanzando con su cosmos enfurecido-. Me queda claro que como discípulo excediste mis expectativas. Además de que te volviste muy molesto, pequeño sabelotodo -declaró Dohko, evadiendo el siguiente ataque de Aioros, intentando patearlo, aunque Aioros logró defenderse y tomar a Dohko de la pierna, elevando su cosmos alrededor de esta para mantenerlo inmóvil en su lugar-. En verdad que eres grandioso… mientras más tiempo pasa en esta batalla, más me doy cuenta de que no puedes ser un ser maligno. Aioros… ¿qué te sucedió? -le preguntó, mirando a sus ojos directamente, y en estos encontrando un brillo rojizo- Decreto del Jarl… -dedujo Dohko, sorprendiendo a Aioros, quien liberó la pierna de Dohko intentando golpearlo, solo que Dohko retrocedió grácilmente hasta posarse frente a Aioros con su defensa en alto-. Así que de eso se trata todo esto. Derbal debió golpearte con el Decreto del Jarl que solo los Sumo Sacerdotes conocen. Pero Aioros… este ataque no debería afectarte porque, en primer lugar, tú lo conoces al haber sido prospecto de Sumo Sacerdote y, en segundo lugar, tu voluntad es inquebrantable -le apuntó Dohko, mientras Aioros se miraba a sus propias manos, dudando, como si intuyera que Dohko tenía razón-. ¿Cómo pudo Derbal doblegarte? Sé que conoce diversas formas de control mental gracias a sus investigaciones con venenos. Pero jamás pensaría que un veneno pudiera doblegarte a este nivel, dejarte en un estado tan vulnerable, y permitir a Derbal impactarte con el Decreto del Jarl, manipulando tus memorias, y haciéndote pensar que Lyfia genuinamente era Hlin reencarnada -enfureció Dohko, mientras Aioros se tomaba la cabeza, como si al escuchar aquellas palabras de Dohko, memorias muy ocultas comenzaran a aflorar.
-¿Qué me hiciste? -enfureció Aioros, con sus ojos brillando de rojo- ¿Cómo conoces el Decreto del Jarl? ¿Acaso Shion te lo enseñó? -preguntó Aioros, lanzándose contra Dohko, quien evadió los ataques de Aioros con facilidad, e impactó de un puñetazo a Aioros en el rostro, quien sentía aún más dolor en su mente.
-Escucha Aioros, solo tú puedes deshacerte del control del Decreto del Jarl -le aseguró Dohko, mientras Aioros seguía sufriendo por el dolor en su mente-. Si no te liberas, me veré obligado a detenerte utilizado todas mis fuerzas. Pero, si me obligas a esto, no garantizo que sobrevivas -le mencionó, formando a los 11 Ríos a sus espaldas, con el Tigre y el Dragón rugiéndole, pero entonces, Aioros se repuso-. ¡Aioros! -llamó Dohko, pensando que había despertado.
-No puedes usar esa técnica, Dohko -aseguró Aioros, poniéndose en pose-. Necesitas tu mano derecha para cubrirte el corazón, ya que mi velocidad es suficiente para evadir tu ataque y destruirte -le aseguró.
-Y yo que pensé que ya te habías despertado, que desilusión -aseguró Dohko, pero se negó a salir de la pose de su ataque-. Escucha Aioros, puedes creerte lo que quieras, pero sin importar qué, no puedes atacar mi corazón. Aún si te ataco con los 11 Ríos de Elívágar. Simplemente no eres lo suficientemente rápido -le aseguró.
-Hay una técnica que es lo suficientemente rápida -declaró Aioros, materializando su arco, preocupando a Dohko, pero quien en ese momento comenzó a reírse-. ¿Qué te parece tan gracioso? -le preguntó muy molesto.
-En primer lugar, Aioros, que el Destello de Skadi fue la primera técnica con la que me recibiste -le recordó-. Ya usaste tu ultima flecha, y aún si la tuvieras, puedo asegurarte que no es lo suficientemente rápida, solo tendría que moverme a un lado, y atacar -declaró, y Aioros bajó su arco, comprendiéndolo.
-Entonces te cortaré el paso -guardó su arco, elevó su mano derecha al techo, y sobre esta se formó una flecha negra, una que Dohko no había visto antes-. ¡Flecha Fantasma! -Aioros lanzó, pero no la había lanzado en dirección a Dohko, por lo que no levantó su defensa, pero eso a Aioros no le importaba- Trata de moverte ahora -señaló.
-¿Cómo? -se preguntó Dohko, miró a su sombra, y encontró la flecha clavada en la misma, y al intentar moverse, Dohko notó que sus piernas no se lo permitían- Vaya, vaya, esta técnica no te la conocía. Muy astuto -aseguró Dohko, intentando moverse, notando que no lo conseguía ni con todas sus fuerzas-. Pero solo mantiene mi cintura detenida, aún puedo atacarte, y sé que de todas formas soy más rápido que el Destello de Skadi, o lo sería, si tuvieras una flecha que lanzar, lo lamento, solo un tiro por combate -se burló.
-En realidad, Dohko -tocó Aioros su peto, donde estaba el Rubí de Thor, y una segunda flecha dorada, más bella y larga inclusive que la primera, se formó, lo que preocupó a Dohko-. No puede haber una Batalla de los 1,000 días. Los que estamos en el Santuario lo sabemos, mientras el Reloj de Bor esté presente, podemos acceder a los Ropajes Divinos de nuestras constelaciones. Lo sé, porque yo estudie sobre los secretos del Santuario -preparó su segunda flecha Aioros, y Dohko suspiró.
-Qué pena que no te des cuenta, Aioros -suspiró Dohko, elevando su cosmos tan alto que intimidó a Aioros-. Ese Ropaje Divino, está incompleto, solo posees una flecha, no podrías llegar a comprender lo que significa vestir uno en su totalidad. Te lo dice quien lo ha vestido -finalizó Dohko, con los 11 ríos listos.
-¡Soy un Dios Guerrero Dorado verdadero! ¡Esta es mi devoción! ¡Destello de Skadi! -lanzó Aioros, y Dohko esperó, ni siquiera se movió de su lugar, y cuando la flecha le atravesó el pecho, y sangre comenzó a caerle de la boca mientras una línea de luz dorada continuaba rasgándole la piel haciendo el agujero más amplio, Aioros se aterró- ¡Maestro! ¡Ni siquiera evadió mi ataque! -se sobresaltó Aioros.
-Oh… sí que lo evadí… -agregó Dohko con una sonrisa, confundiendo a Aioros-. Pero a tu mente solo le tomó un segundo, para pensar que me habías atravesado el corazón. El Decreto del Jarl, ya no te priva los sentidos -continuó sonriendo Dohko, mientras Aioros temblaba por lo que acababa de hacer-. Solamente me moví un escaso centímetro, para evitar que la flecha golpeara un órgano vital. Pero ahora que tu mente está doblegada, es mi turno, Aioros. Aún te falta mucho para estar a mi nivel. ¡Los 11 Ríos de Elívágar! -lanzó su ataque Dohko, y en la conmoción, Aioros no logró evadirlos, y fue golpeado de lleno por el ataque, que le destrozó las alas de su Ropaje Sagrado, lo lanzó por los aires, y lo hizo caer al suelo, con la mirada en blanco- Ahora despierta… papanatas… que me arriesgué mucho para que recuperaras tu nobleza -cayó en sus rodillas Dohko, liberado de la Flecha Fantasma, y desangrándose-. Oye… si bien es cierto que evadí la flecha al corazón… de todas formas podría morir desangrado… no seas ingrato… y hazme un pequeño favor… -le pidió Dohko, sumamente débil.
-Maestro… ¿qué he hecho, maestro? -se sobresaltó Aioros, encontrando la bolsa amarrada al peto de Dohko, y recordando los tiempos en los que entrenaba con él, tomó la bolsa, la abrió, y encontró las manzanas doradas- Idunn todavía… ella todavía le da las Manzanas de la Juventud a usted, maestro… -se impresionó Aioros, tomó una de las piezas de la manzana, y se la metió a Dohko a la boca-. Si Idunn puede seguirle dando estas manzanas después de tantos años… no puede estar equivocado, usted tiene la protección de los dioses… maestro… despierte por favor… -lloró Aioros, mientras Dohko se convulsionaba un poco, y volvía a respirar.
-¡El pulmón está al lado del corazón! -exclamó Dohko con miedo, despertando en ese momento, sobresaltando a Aioros- Que idiota, evadí para el lado equivocado… ah… Aioros… -se alegró Dohko, quien había escapado de la muerte gracias a la Manzana de Idunn, que tomó de la bolsa, y continuó consumiendo recuperando aún más sus energías-. Ah… ya nada más me quedan 10… qué remedio -se deprimió Dohko.
-Maestro Dohko… deje de bromear… usted se dejó perforar el pulmón a propósito para que yo pensara que había muerto y me liberara del Decreto del Jarl… si le hubiera perforado el corazón, la muerte habría sido instantánea, con el pulmón al menos tenía el tiempo de buscar las manzanas y dárselas -dedujo Aioros, con una mirada de molestia por el engaño de Dohko.
-¿Tú crees que me gusta desperdiciar las manzanas de Idunn así como así? De verdad me equivoqué de lado -se fastidió Dohko, pero Aioros tenía sus dudas-. Pero eso no es importante -declaró Dohko, sintiéndose tan fuerte como si no hubiera enfrentado a Aioros de aquella forma-. Aioros, ya has vuelto en ti. ¿Recuerdas lo que pasó que te hizo perder el juicio? -le preguntó, mientras Aioros, débilmente, se incorporaba.
-Después de que fui a buscarlo sin haberlo encontrado… fui y ataqué a Derbal por mi cuenta… -le explicó Aioros, y Dohko asintió-. Tenía un poder inimaginable, me doblegó por completo. Después de eso me mantuvo aprisionado, con poco alimento, y con muy poca agua. Uso el Decreto del Jarl sobre mí, pero yo lo resistí en todo momento. Intentó con varios venenos, y aun así no logró hacerme su aliado, pero entonces… usó un veneno especial, no sé de donde lo sacó, pero cuando me forzó a beberlo, mi mente… se puso enteramente en blanco… lo último que escuché fue el ataque del Decreto del Jarl… y después, lo último que recuerdo es a Shura llevándome encadenado a ver a Derbal, y a Lyfia perdonándome. Después de eso, yo estaba enteramente convencido de que Saori era falsa, y de que Lyfia era la verdadera Asynjur Hlin. De alguna forma, Derbal me hizo pensar que yo estuve presente en el día en que Lyfia nació, y que Jarl Wotan me hacía jurar que lo mantendría en secreto. Después de eso, no importaba lo que Derbal dijera, yo ataba cabos sueltos pensando que realmente estuve allí para ver a Lyfia nacer -le aseguró.
-Muy listo ese sujeto -miró Dohko a las puertas de la Novena Morada, y después a Aioros-. Estoy en mejor condición física gracias a la Manzana de Idunn, Aioros, pero tú, apenas y puedes moverte, te desangrarás si lo haces -lo ayudó Dohko a recargarse en contra del pedestal de la estatua de Skadi, y después tomó un poco de la alfombra, rompiéndola, y haciendo un improvisado vendaje-. Quédate aquí, y espera a los demás -le pidió, y Aioros lo miró con curiosidad-. ¿No lo sientes, Aioros? Ellos quienes fueron enemigos, suben por las 12 Moradas de los Dioses para enfrentar a Derbal tras enterarse de la verdad -le explicó, y Aioros se impresionó al sentirlo en su cosmos-. Tú también subirás, pero lo harás cuando hayas recuperado tus fuerzas. Ya que, en estos momentos, me retrasarías -aseguró Dohko, y comenzó a dirigirse a las afueras de la Novena Morada.
-¡Espere, Viejo Maestro! -le pidió Aioros, y Dohko lo miró de reojo- El dolor de Saori… puedo sentirlo -confesó, con lágrimas en sus ojos-. ¿Usted cree que ella pueda perdonarme? -agregó sintiendo su alma en pena.
-Le salvaste la vida, Aioros -comenzó Dohko, sonriente-. Ella jamás lo olvidará -fue la respuesta de Dohko, que alegró a Aioros, mientras el de Libra seguía su camino por las 12 Moradas de los Dioses.
Senda a la Quinta Morada.
-Saori… debo llegar a Saori… -exclamaba Mu, corriendo lo más rápido que podía, pero resbalando, estrellando su rostro sobre las escaleras, y comenzando a caer por las mismas. Para fortuna de Mu, sin embargo, Saga lo había atrapado en su caída-. No necesito… de tu ayuda… -se molestó Mu, empujando a Saga a un lado, e intentando correr lo que restaba del camino.
-No seas obstinado… -se fastidió Saga, tomándose el pecho, e intentando respirar con normalidad-. Ya te lo he dicho… nuestra batalla, me sirvió para entender que hemos sido engañados… además de que, tras apagarse la flama de Géminis, sentí en mi corazón la verdad. No puedo sentir a Saori, su cosmos no existe en este mundo, pero siento en mi corazón su dolor -le explicó Saga, pero Mu se negaba a escucharlo.
-Tú ocasionaste esto, si no vas a estorbarme, entonces aléjate y déjame seguir -prosiguió Mu, tropezando nuevamente, pero una mano envuelta en Ropaje Sagrado evitó su caída-. ¡Te dije que…! -intentó decir, pero se tranquilizó una vez que vio a Shaka, con sus ojos abiertos, y respirando pesadamente- Shaka… tú… -se impresionó Mu.
-Sigo vivo… por muy poco -miró Shaka en dirección a la cima de la Quinta Morada, donde encontró a Mephisto, sumamente molesto-. No tengo energía siquiera para comenzar a sellar mi cosmos. Si lo hago, podría morir… Mu… no podemos seguir adelante en el estado en el que estamos, o les permitimos ayudarnos, o no llegaremos a tiempo -aclaró Shaka.
-¿Ayudarte? ¡Si te llevo a cuestas! -se molestó Mephisto, quien entonces miró a Saga- Vaya, vaya. El señor Lyfia es la verdadera Hlin, sigue con vida. Aunque, es una forma de decirlo, de ustedes 3 no se hace uno, y si hubieras usado todo tu poder contra mí, no estaría yo vivo en primer lugar -declaró Mephisto, sumamente molesto.
-Te falta demasiado entrenamiento -fue la respuesta de Shaka, aunque Mephisto miró a Shaka de arriba abajo, viendo su deplorable estado, y lo dudó-. No suelo tener piedad… solo lo hice por Saori… y si en verdad has cambiado, nos llevarás ante ella y nos ayudarás. Eres el único que tiene el cosmos para hacerlo en este momento -le aseguró.
-No me presiones, que estoy más molesto que agradecido de que me perdonaras la vida -se dirigió Mephisto entonces a Mu, quien lo miraba con molestia-. Estás más muerto que vivo en estos momentos. Te desangrarás apenas llegando a la Octava Morada, y a la velocidad en que vamos, tendremos suerte si la flama de Piscis sigue encendida. Ahora, déjate de orgullos heridos que, si de esos hablamos, ¿cómo crees que me siento yo? -se fastidió Mephisto, y Mu se mordió los labios, pero permitió que Saga lo ayudara, y Mephisto entonces se acomodó el brazo de Shaka alrededor de su espalda, y comenzó el ascenso- Más te vale que Saori sea tan importante como dices que es, porque no me gusta para nada sentir que tengo corazón, y desde que Géminis se apagó, se siente un cosquilleo horrible -se molestó.
-Tienes corazón al menos, lo cual ya es mucho decir -recalcó Shaka, molestando a Mephisto, pero ignorándolo, para posar su atención en el Reloj de Bor, donde Shaka veía a Saori convulsionarse de dolor-. Resiste… solo… resiste… -continuó Shaka, dejando un camino de sangre por donde iba.
Décima Morada, Capricornio. Menos de 4 horas restantes.
-¡Plasma Relámpago! -resonaba el grito de Aioria, mientras las hileras de relámpagos rodeaban a Shura, quien cubría con sus brazos los ataques de Aioria, que sacaban chispas a su Ropaje Sagrado con cada impacto, pero que gracias al cosmos de Shura no lo doblegaban en absoluto- ¿Es esta suficiente velocidad para ti? -prosiguió Aioria, aumentando la velocidad de su ataque, que comenzó a impactar a Shura con mayor fuerza hasta romper su guardia, y comenzar a azotarlo en el suelo con la fuerza del cosmos de Aioria- Pensé que habías dicho que era muy lento -se burló Aioria, caminando en dirección a Shura con determinación.
-Sigues siendo más lento que el Dios Guerrero Dorado promedio -le aseguró Shura, incorporándose, y preparando su espada-. A decir verdad, esperaba un desafío más prometedor. Con el alcance de cosmos que tienes, apenas alcanzarías la fuerza de un Dios Guerrero de Asgard. Para convertirte en Dios Guerreros Dorado debes ser capaz de igualar, e inclusive superar, la velocidad de la luz -le aseguró.
-¿Qué es esto? ¿Una batalla o una enseñanza? -le preguntó Aioria, mientras Shura le sonreía de forma arrogante- Me recuerdas a cierto Escorpio molesto. Sus personalidades son de hecho muy similares. Eso me da más ganas de partirte el rostro -le apuntó con molestia.
-Eres digno representante de Thor, directo al punto -se burló Shura nuevamente, y tras dar un paso Aioria, Shura desapareció de su rango visual, sorprendiendo a Aioria, quien se dio la vuelta para evadir la espada de Shura, que cortó el suelo, dejando una grieta en la morada-. Umm… tu reacción es la correcta, pero tu velocidad de ataque sigue sin sorprenderme -aseguró, lanzando otro corte, que Aioria respondió con su puño impactándole el mismo-. Esa velocidad… -se impresionó Shura, retrocediendo, con una grieta en su Ropaje Sagrado.
-Milo dice que necesito aprender a usar mejor mi cabeza y no los puños -se burló Aioria, mientras Shura observaba su Ropaje Sagrado desquebrajarse-. Yo digo que mejor utilizo ambos. Me subestimas como todos subestiman a Thor, Shura. Mi velocidad está a la par de la tuya, solo te di una falsa sensación de inferioridad para partirte esa espada -declaró Aioria, corrió en dirección a Shura, le impactó el rostro con el puño derecho, repitió el movimiento con el puño izquierdo, y así prosiguió en reiteradas ocasiones, aumentando su velocidad con cada golpe, y doblegando a Shura con una sucesión de impactos que no le permitían a Shura alzar su defensa, mientras Aioria aumentaba más y más la velocidad de sus golpes, lanzaba un tremendo puñetazo final que elevó a Shura a los aires, pero quien, para sorpresa de Aioria, logró colocar sus pies bajo sus axilas, elevar su cosmos, y lanzar a Aioria al aire, girando Shura grácilmente, y aterrizando mientras elevaba su cosmos.
-¡Salto de Roca! –enunció Shura, controlando con su cosmos la trayectoria de Aioria, y lo estrelló al suelo, donde Aioria impactó con la cabeza primero, abriéndose una herida que borboteaba sangre y le nublaba la vista- Tienes una cabeza muy dura, para tenerla hueca -se burló nuevamente Shura, apuntando en dirección a Aioria, con su mano conteniendo a Balmung en ella-. Rompiste solo uno de los filos de Balmung, ya que la espada de Odín, está forjada sobre mi Ropaje Sagrado en 4 secciones -le explicó Shura, y solo entonces Aioria logró verla, a la espada de Balmung, la espada de Odín, dividida en 4 partes, sellada en ambos brazos, pero también en ambas piernas, si unía los 4 filos se formaba la Balmung completa-. Y aunque pienses que Balmung está rota, la verdad es que solo rompes su conexión con mi brazo, la verdadera Balmung es irrompible, y forma parte del Ropaje Divino de Odín. En todo caso, admiro el que hayas tenido la osadía de romper la conexión de mi brazo derecho, pero el izquierdo, aún puede llamar a su fuerza. ¡Espada de Balmung! -azotó Shura, aunque Aioria logró esquivar el ataque- ¡1,000 Cortes! -prosiguió, lanzando cientos de cortes pequeños que como hojas de vientos cortantes se dirigieron a Aioria en varias direcciones, forzando a Aioria a moverse rápido, evadir cada corte, aunque uno logró impactarle su hombrera, sacándole chispas- Has tenido suerte, los 1,000 Cortes dividen la fuerza de Balmung en 1,000 destellos de cosmos que atacan por todas direcciones. En conjunto, son un castigo ejemplar, en lo individual, es como si te hubiera golpeado con una espada de hierro. Para un guerrero ordinario, el ataque es fatal, para un Dios Guerrero Dorado, un rasguño superficial, al menos sobre Ropaje Sagrado, un poco más abajo y te habría arrancado el brazo -se burló Shura, apuntando a la apertura entre los ropajes de Aioria.
-Tiene razón… de no ser por mi Ropaje Sagrado, no hubiera sido un simple corte -dedujo Aioria tras ver la abolladura de su Ropaje Sagrado-. Balmung es inquietantemente poderosa, los Ropajes Sagrados no deberían de poder abollase tan fácilmente, pero este sujeto, lo ha cortado, aunque sea solo un corte superficial -concluyó.
-Ya lo estás comprendiendo, mi velocidad sobrepasa por mucho la tuya -le mencionó Shura, preparando la pierna derecha al rodearla con su cosmos-. Y no es solo el ataque de los 1,000 cortes, puedo dividir a Balmung las veces que yo quiera, aunque solo utilizo 3 variantes de la misma dependiendo de mis necesidades. Balmung sin división, para dar más poder a cambio de velocidad, los 1,000 Cortes para dar un ataque sumamente rápido, aunque no sea muy efectivo, y por último -prosiguió Shura, elevando su cosmos en su brazo izquierdo al igual que hacía con su pierna derecha-. ¡La Doble Balmung! -lanzó un corte Shura con su mano izquierda, e inmediatamente después pateó con su pierna derecha, ambos cortes se fusionaron en uno, y llevaba una velocidad que Aioria no logró evadir, por lo que cubrió con sus brazos en cruz, recibiendo ambos ataques con sus antebrazos, que se cortaron y liberaron su sangre a chorros, dejando a Aioria con los brazos tendidos a los costados- La Doble Balmung corta la fuerza del corte a la mitad, pero brinda una velocidad sumamente difícil de evadir. Soy el Dios Guerrero Dorado de ataque más rápido que existe -declaró Shura.
-Conozco a un Dios Guerrero que tiene un ataque más veloz -se repuso Aioria cuando Shura estuvo lo suficientemente cerca, usó todo su peso para dar velocidad a un puñetazo, y logró alcanzar la pierna derecha de Shura mientras intentaba evadir, rompiéndole del tremendo golpe la protección, que se cuarteó en ese momento-. Ya van 2 partes de Balmung, haciéndote caer en el mismo truco, aunque no creo que vaya a funcionarme una tercera vez -sonrió Aioria.
-Umm… no es agradable que, siendo el representante de Odín, el de Thor me esté burlado con estrategias tan suicidas y sin sentido -alzó su defensa Shura, moviéndose como un lobo alrededor de Aioria, quien se movía de igual manera-. Solo por curiosidad, el Dios Guerrero Dorado del ataque más veloz… ¿es tu Huskarl? -preguntó.
-Sus Agujas Escarlata… las he visto muy pocas veces porque en un principio Milo solo conocía técnicas de explosión de cosmos como las mías… -le explicó Aioria, y Shura le prestó toda su atención-. Milo… cambió su estilo de batalla sin siquiera pensárselo 2 veces, cuando descubrió el poder y la velocidad de la Aguja Escarlata. Antes de ella, siempre usaba el Aguijón Carmesí, una fuerza explosiva muy violenta, pero la Aguja Escarlata… dudo que exista alguien que pueda evadirla. Aunque no estamos aquí para hablar de Milo, ¿verdad? -se burló.
-Umm… solo me haces desear que fuera él quien me enfrenta, no un descerebrado como tú -se molestó Shura, y Aioria le sonrió en ese momento-. Aunque no estás tan mal como esperaba, pero no vas a vencerme. Soy el Dios Guerrero Dorado más leal a Hlin. He reencarnado en incontables ocasiones bajo su servicio -aseguró.
-Entonces estás viendo en la dirección equivocada… Saori… es la verdadera Hlin… ¿vas a decirme que no lo has sentido? -le preguntó Aioria, y Shura lo miró con curiosidad- ¿Acaso no puedes sentir esa sensación, como si alguien te tomara del corazón y lo estuviera aplastando? Es como si una fuerza inquietante, más allá de los dioses, te dijera que Saori está en peligro, y estuviera tirando de tu corazón, pidiéndote a gritos el que la salvaras -le explicó.
-Mi corazón desea serle leal a esta niña de la que hablas -aseguró Shura, meditando sobre el sentimiento que Aioria le contaba-. Hace 8 años no pude matarla, cuando la vi en Ulfrgard admito que me sentí aliviado de saber que había sobrevivido, y cuando pasó por la Décima Morada, sentía esta inquietante necesidad de protegerla, no sé explicarlo, incluso ahora, el sentimiento que mencionas, es genuino -le aseguró, pero se lanzó en dirección a Aioria de todas formas, quien lo vio venir, evadió, e intentó romper su espada izquierda, pero Shura logró evadirlo de un brindo, colocó sus pies bajo las axilas de Aioria, clavó su espada izquierda al suelo haciendo un arco inverso con su cuerpo al doblarse por sobre su espalda, y lanzó a Aioria a la pared más cercana, donde quedó clavado de cabeza, con sangre manchando la pared-. Pero no importa lo que siento… -aseguró Shura, acercándose a Aioria, quien se levantaba con todo su Ropaje Sagrado manchado de sangre-. Mi lealtad es a Hlin, no a Saori -finalizó.
-Estás hablando de la misma persona -escupió sangre Aioria, y se limpió los labios-. Pero te niegas a darte cuenta. ¡Draupnir! -enunció Aioria, y su puño derecho se vio envuelto por un aro dorado, que utilizó para atacar a Shura, con una velocidad que ni él logró evadir- ¡Domador de Draupnir! -atacó, impactó su pierna izquierda, cuarteándole la protección y arrodillándolo, y dejándolo a merced de Aioria- ¡Relámpago de Voltaje! -impactó, y Shura terminó rodando por la Morada de Capricornio, y pese a que Shura quería ponerse de pie, su pierna izquierda parecía estar rota- Desiste, ese golpe te debió haber roto la pierna -le aseguró, pero para sorpresa de Aioria, Shura logró ponerse de pie, aunque sudaba frio por el esfuerzo-. De verdad eres una persona admirable. Shura, no veo en ti maldad. Lo que veo es una inmensa lealtad, que no deja que alguien con tus heridas se dé por vencido. Por favor… solo déjame pasar, Saori es la verdadera Hlin -insistió Aioria.
-Como desearía creer eso… -preparó su brazo izquierdo Shura, y Aioria preparó su cosmos de igual manera, aferrándose a Draupnir-. Pero… Aioros cree en Lyfia, y yo no puedo dudar de sus creencias -declaró, sorprendiendo a Aioria, mientras Shura lanzaba su ataque-. ¡Balmung! -lanzó el ataque, rápido, certero, pero Aioria volvió en sí rápidamente.
-¡Mi hermano se equivoca! ¡Plasma Relámpago! -azotó Aioria contra el ataque de Shura, rompiendo a la distancia la última de las espadas de Shura, quien cayó en su rodilla derecha, y respiró pesadamente, con la mano izquierda sangrándole. Aioria por su parte, no salió ileso, había perdido una hombrera, y su brazo le sangraba, pero evidentemente, estaba en mejores condiciones que Shura- Es todo, ya no te quedan espadas, diste una tremenda batalla, Shura, pero debo llegar a con Saori… ella… me está esperando… -le enunció y comenzó a caminar en dirección a la senda a la Onceava Morada.
-Detente allí, Aioria -agregó Shura, mientras una inmensa fuerza de cosmos se incineraba a sus espaldas, y Aioria se viraba para ver a Shura obtener la fuerza de su Rubí de Thor-. Aún me queda una espada -declaró Shura, y Balmung, una idéntica a la que respaldaba el Ropaje Divino de Odín, se hizo presente frente a Shura, quien tomó la espada con ambas manos, y la mantuvo elevada sobre su cabeza-. Balmung… es la espada sobre la cual hice el juramento en la Segunda Era, en que mis ancestros juraron por siempre, y para siempre, proteger a la Asynur Hlin. Este juramento, significa todo lo que soy, significa todo lo que siempre me ha importado. Mi vida no es mía, mi vida es de Hlin, y por ella, voy a asesinarte -finalizó Shura, mirado a Aioria con una mirada repleta de odio y de ira.
-Shura… no puedes hacer esto -se posó Aioria frente a Shura, elevando todo el cosmos que podía-. No pienses en mis palabras como las palabras de un desesperado, quiero que las escuches como las palabras de un hermano -insistió, y Shura lo miró fijamente con curiosidad-. Hlin no existe en Lyfia, existe en Saori. Yo deseo llegar ante Lyfia para salvarla también, de este engaño del cual hoy es víctima. Ella me salvó, le debo mi vida… pero esta vida la he dedicado al servicio de Hlin, y por ella, sé que soy capaz de romper incluso esta espada -señaló Aioria, y Leo rugió con fuerza a sus espaldas-. No cometas un error del cual te arrepentirás toda tu vida, Shura. Podemos salvar a Lyfia juntos, podemos servir a Saori juntos, o podemos morir ambos en este momento, en el nombre de Hlin, siendo que ambos creemos ciegamente que existe en nuestras respectivas señoritas -finalizó Aioria.
-¡Elijo la muerte entonces, Aioria! ¡Balmung! -bajó la espada Shura, y Aioria no retrocedió, se armó de valor y atacó de la misma manera con el Domador de Draupnir. La explosión de cosmos fue inmensa, y el corte de Shura partió las escaleras en dirección a la Onceava Morada a la mitad. La luz comenzó a disiparse, y Shura, exhausto, perdió a Balmung, cayendo en sus rodillas, con lágrimas en sus ojos- ¡Fallaste! -gritó iracundo, con un hueco inmenso a sus espaldas, donde el ataque de Aioria había impactado, rompiendo la pared.
-Tú también fallaste… -respondió Aioria, tendido en el suelo, mirando a las estrellas-. Sabes… realmente pensé que ibas a matarme… me alegra mucho saber que no fue así, porque entonces yo te hubiera matado también -recordó Aioria ver a Shura dudar y redirigir su corte, por lo que Aioria evadió, y lanzó su ataque de igual manera, pero fallando a propósito, para no matar a Shura-. Nunca me había movido tan rápido… fue… impresionante… -sonrió Aioria.
-No se supone que te estés burlando, imbécil -lo levantó del suelo Shura, ahorcándolo con fuerza-. ¡No me mataste! ¡Debías matarme! ¡De esa forma no habría perdido mi honor! ¡No habría tenido que aceptar la vergüenza de darme cuenta que…! -lloró Shura, soltado a Aioria y dejándolo caer.
-De darte cuenta de que has vivido engañado por 8 años -escuchó Shura, dándose la vuelta, y encontrando a Pandora allí, haciendo rublos con sus dedos alrededor de su cabellera, y ligeramente ruborizada-. Pensé que ibas a morir, idiota -sentenció, y Shura simplemente bajó la mirada, y suspiró con fuerza-. No es tarde para enmendarlo, salvaste a Saori hace 8 años. No estaría aquí de no ser porque dudaste, y Aioria se hubiera partido a la mitad si tampoco hubieras dudado -le recordó, mirando a Aioria en el suelo.
-No me ayudas… a Saori no le sirvo de nada muerto, pero de todas formas me puse a jugar a la gallina con Shura -se fastidió Aioria, y miró a Shura desde el suelo, mientras se limpiaba la sangre de los labios, y Shura lo miraba con desprecio-. No soy… el Dios Guerrero Dorado más brillante… Saga incluso dijo que era el más débil de todos… pero, sé quién es Hlin, ella es Saori, ella, es mi fuerza… -declaró, impresionando a Shura-. Jamás perdería… siempre vencería por Saori -le aseguró, y Shura, le ofreció su mano.
-Quiero creer en Saori como tú crees… -lo ayudó a levantarse Shura, y Aioria aceptó su ayuda-. Ayúdame a creer, Aioria. En esta generación, me niego a ser deshonrado, quiero encontrar la gloria, y servir a Hlin -miró Shura a Pandora, quien asintió en ese momento.
-Aunque lo lograrías más efectivamente, si no hubieras destruido el puente con tu último corte -apuntó Pandora, apenando un poco a Shura, quien miraba el puente destrozado-. Ve con cuidado, no te vayas a caer, tendré listo el baño de vapor -aseguró.
-¡Eso solo me volverá a abrir las heridas! -se molestó Shura, pero Pandora lo ignoró y bajó por la escotilla en dirección a los pisos inferiores, molestando a Shura, quien entonces notó la mirada que le dirigía Aioria- ¿Qué? -se fastidió.
-No… bueno… ella es… ¿tu amante? -lo molestó Aioria, quien recibió entonces un tremendo golpe en la nuca de parte de Shura- ¡Tu mano sigue afilada, y tengo partida la cabeza si no lo has notado! -se molestó Aioria, y Shura entonces noto su mano derecha, y descubrió que aún le quedaba una espada que blandir, sonriendo ante ella, y comenzando el ascenso por el resto de las 12 Moradas de los Dioses.
Onceava Morada, Acuario. 3 horas restantes.
-¡Ejecución Aurora! -resonaba el grito de Camus, quien enviaba sus vientos congelados en dirección a Milo, quien corría alrededor de Camus a una velocidad que forzaba al Dios Guerrero de Acuario a usar todas sus fuerzas para girar mientras lanzaba su ataque, como una explosión de cosmos congelante, que no alcanzaba a Milo por la velocidad que tomaba, pero que había terminado por convertir la Morada de Acuario en una habitación de hielo- No puedes evadirme por siempre. Tarde o temprano tendrás que atacarme -se molestó Camus.
-¿Y dejar la diversión de lado? Me basta con verte desperdiciar tu cosmos como lo has estado haciendo hasta ahora -se burló Milo, mientras Camus intentaba calcular a donde correría con su siguiente movimiento, y una vez que Milo se movió, Camus se viró e intentó atacar en una dirección donde sabía que estaría Milo después tomando en cuenta su velocidad, pero Milo logró frenarse a tiempo, aunque resbaló y tuvo que dejarse caer para evadir el ataque de Camus-. De modo que ya lograste deducir mi velocidad -sonrió Milo.
-Tu estilo de batalla es muy predecible -declaró Camus, caminando en dirección a Milo, quien simplemente alzó los brazos indicando que no le interesaba-. ¿Qué estás haciendo? Tu diosa peligra y tú no haces más que burlarte. No me has lanzado un solo ataque -se molestó.
-Oh, voy a lanzarte muchos ataques, eso que te quede muy claro. Simplemente es la primera vez que voy a hacer esto, y quiero que me salga bien -le apuntó Milo con su Aguja Escarlata, misma que Camus observó con cautela-. El potencial en el cosmos ya lo he alcanzado gracias a Shaka, pero si de verdad quiero evitar una Batalla de los 1,000 días, más me vale hacer lo que debo hacer con cuidado. Y ya he observado lo suficiente, no puedes vencerme -le aseguró.
-Una declaración muy valiente, para alguien que no tiene ni la menor idea de lo que está haciendo -agregó Camus, elevando una neblina congelante a su alrededor, misma que Milo observó con detenimiento-. Si no vas a tomarte esto enserio, voy a terminar contigo -prosiguió Camus, preparando su puño.
-Adelante, mago de viento y hielo, ya tengo la información que necesito -se tornó serio Milo, y Camus lo notó, lo que lo inquietaba-. Normalmente, sería un poco más imprudente. Pero tú posees unas habilidades muy impresionantes. Tienes un dominio en tu cosmos muy amplio, y liberas una fuerza destructiva muy peligrosa. Shaka dijo que debíamos evitar las Batallas de los 1,000 días a toda costa, y créeme, Camus, que me tomo muy enserio las enseñanzas de Shaka. Prepárate, que ya no pienso fallar -le aseguró.
-No eres más que un fanfarrón, me das demasiada lástima -declaró Camus, elevando su cosmos nuevamente, y leyendo los movimientos de Milo al ver la flexión en sus músculos-. Derecha, ¡Polvo de Diamante! -atacó Camus, y una vez Milo se movió, se frenó en seco, y saltó hacia la dirección contraria, evadiendo por poco el ataque de Camus- No importa lo rápido que te muevas, con solo ver la flexión de tus músculos, sé dónde estarás un segundo antes de que te muevas. Derecha otra vez. ¡Polvo de Diamante! -prosiguió Camus, atacando a Milo, quien giró en su eje evadiendo muy apenas el ataque de Camus, que le congeló el Ropaje Sagrado, aunque Milo rompió el hielo rápidamente, y saltó alto- Te tengo. ¡Ejecución Aurora! -lanzó su ataque Camus, y observó a Milo moverse con su dedo en dirección a Camus, disparó su ataque, y Milo fue golpeado en la mitad de su cuerpo, cayendo al suelo adolorido, y con su brazo izquierdo congelado- Lo sabía… no eres más que un fanfarrón -declaró Camus, quien entonces comenzó a sentirse extraño-. Esta sensación es de… -cayó en una rodilla Camus, notando que sangre le caía por entre las uniones de su Ropaje Sagrado, un poco por encima de la protección de su pecho, perforándole el Ropaje Sagrado, además de que esta herida le causaba una sensación punzante y quemante en el cuerpo.
-Aguja Escarlata -se puso de pie Milo, rompiendo el hielo nuevamente al impactar su brazo izquierdo con el derecho envuelto en cosmos-. Tu hielo es muy difícil de romper, eres muy habilidoso, Camus, no te atacaba, porque no encontraba puntos débiles en tu postura. Tus ataques son precisos y con la menor cantidad de movimientos. Llegué a la conclusión de que no podría darte un solo golpe si no me golpeabas tú también. Fue cuestión de ser más rápido que tú entonces, y de asegurarme de que el golpe que me dieras, no repercutiría tanto en mi físico. Aunque sin importar lo que hiciera, esto fue lo mejor que pude hacer, sacrificar mi brazo izquierdo, por impactarte con mi primera aguja -miró Milo su brazo congelado, el cual, aun estando desprovisto de hielo al habérselo liberado, estaba blanco, casi azul, por el frio en su cuerpo-. Pero es un costo muy bajo si considero que, gracias a esto, no hay forma posible de que entremos en una Batalla de los 1,000 días -finalizó.
-¿Piensas de verdad que, por haber perforado mi Ropaje Sagrado, has obtenido la ventaja? -se molestó Camus, poniéndose de pie y preparando su cosmos- No me subestimes -vientos congelados comenzaron a rodear a Camus, mientras Milo se mantenía atento a sus movimientos, observándolos con cautela, y con un brillo rojo palpitante de momento a momento, haciéndose presente en su mirada-. ¿Qué es esta fuerza que me golpea la mente? Este sujeto… es muy molesto -flexionó sus piernas Camus, antes de lanzarse patinando sobre el hielo, lo que sorprendió a Milo-. Ser el mago de viento y hielo, es más que solo lanzar ataques de cosmos -llegó Camus ante Milo, lanzando un puñetazo, mismo que Milo evadió al girar sobre su eje, y después pateó a Camus, quien cubrió con el dorso de su mano, congelando la pierna derecha de Milo, empujándola para abrir un espacio en su defensa, e intentando golpear su mentón, fallando en su intento al Milo mover su rostro fuera del camino de su puño, y pateando a Camus con su pierna libre, justo al mismo tiempo de que disparaba nuevamente su ataque, impactando a Camus por encima del peto, perforando nuevamente su Ropaje Sagrado.
-Aguja Escarlata -agregó Milo con una sonrisa, una que era despiadada y maligna, y que mantenía a Camus a la defensiva-. Te lo dije, no voy a permitir que una Batalla de los 1,000 días se lleve a cabo. Conmigo simplemente eso no puede suceder. Solo requiero de una aguja para convertir una batalla a mi favor, con el par que te he asestado, no hay forma posible de que me derrotes. Te estoy diciendo esto, no por repudio. Siento que eres un Dios Guerrero honorable, que no tiene claro su postura, además de que estoy intrigado por tus capacidades defensivas. Asestarte mis agujas, no es sencillo, pero solo necesitaba una para obtener la ventaja -le aseguró.
-Un fanfarrón con habilidades sigue siendo un fanfarrón -preparó su cosmos Camus nuevamente, y este brillaba con una fuerza que sorprendía a Milo pese a que sabía que tenía la ventaja sobre Camus-. Es verdad que no tengo una motivación para combatir como la tienes tú, pero también encuentro este enfrentamiento, extrañamente satisfactorio. No más juegos, te demostraré mi verdadera fuerza -bajó los brazos Camus, lo más estirados que le era posible, y estos comenzaron a rodearse de vientos gélidos, mientras Camus estiraba nuevamente los brazos, esta vez hacia adelante, con los dedos pulgares unidos en la parte de abajo, y el resto de sus dedos por arriba, formando una especie de mira con sus manos, entre la cual pasaban los vientos congelantes que adquirían un color verde suave-. ¡Tormenta de Njörd! -liberó un torbellino de vientos congelados Camus, que no solo cortaban todo alrededor de Milo, sino que lo mantenían prisionero dentro de un vórtice de vientos color de turquesa- Tu velocidad, es muy similar a la de Shura, mi compañero de entrenamientos, y tus ataques superan su velocidad. Pero al igual que esta técnica puedo usarla para mantener a Shura encerrado, puedo utilizarla para cortar tus movimientos -agregó Camus, mientras los vientos cortaban la piel de Milo, y lo doblegaban, mientras veía a Camus nuevamente colocarse en la pose de su ataque más poderoso-. No escaparás esta vez -aseguró.
-No, parece que no, además de que, con el brazo izquierdo congelado, no puedo realizar mi técnica defensiva de la Corriente Ascendente -sonrió Milo, preparando su aguja, para sorpresa de Camus-. Pero olvidas un detalle, Camus, encerrado o no por esta tormenta, tu ataque de la Ejecución de Aurora tiene una debilidad… es bastante lento -se burló Milo, lanzando su tercera aguja mientras Camus bajaba los brazos para su siguiente ataque-. ¡Aguja Escarlata! -declaró.
-¡Ejecución…! -intentó decir Camus, mientras su pierna derecha era golpeada donde no poseía protección por la aguja de Milo, la punzante sensación lo doblegó momentáneamente, pero lograó recuperar su convicción para lanzar su ataque- ¡…Aurora! -desató con furia, los vientos verdes se disiparon, y Milo, evadió el ataque, aunque la mitad de su rostro fue congelado por el mismo- ¿Cómo puedes ser tan rápido? -se molestó Camus, notando que sus brazos le fallaban, y que se colgaban a su cuerpo, mientras su cuerpo comenzaba a temblarle, y se le dificultaba el movimiento.
-Maldición, creo que te subestimé demasiado -se frotó el rostro con fuerza Milo, logrando que guijarros de hielo se le despegaran del mismo-. En otras condiciones, Camus, ese ataque hubiera sido fatal para mí, pero no solo es lento porque requieres de tiempo para reunir la fuerza explosiva de cosmos para dirigirla en mi dirección, sino que es aún más lento, porque te clavé 2 de mis agujas anteriormente, y una última antes de que pudieras liberar tu ataque -señaló
-¿Qué ocurre? No puedo mover mi cuerpo… y se me está dificultando respirar… -se preocupó Camus, sudando frio, e intentando mover su cuerpo, que temblaba intentando lograr el cometido, y sorprendía a Milo aún más.
-Es inútil -declaró Milo-. Fuiste golpeado por Jabbah, la frente del Escorpión Celestial, y por Al Niyat que son sus arterias, ellas destruyeron tu sentido del tacto -le explicó Milo, y solo entonces, Camus pudo ver la constelación de Escorpio, una de las Constelaciones Secundaria que formaban parte de la constelación Primaria de Aesir, con 15 estrellas brillantes, 2 de las cuales hablaba Milo, la frente y las arterias, y una, que le explicaba en esos momentos-. Por la fuerza de tu cosmos, e intuyo, la temperatura corporal de tu cuerpo que produce estos vientos, el veneno de Jabbah y Al Niyat actuó muy lento. Pero logré asestarte también a Wei, que dificultó tu respiración tras el impacto. Wei, es la parte primaria de la cola, la primera que se encarga de debilitar tu sentido del olfato, y ya que tus técnicas son dependientes de la respiración, no podrás ejecutarlas con tranquilidad, aún si puedes controlar los vientos congelados a tu alrededor -dedujo Milo, mirando a la neblina que intentaba congelarle el cuerpo-. Es suficiente, no puedes continuar. Tu cosmos es fuerte, liberará el veneno tarde o temprano, y cuando lo haga, puede que Saori pueda perdonarte -le aseguró Milo, caminando tranquilamente en dirección a la salida de la Morada de Acuario, mientras Camus elevaba su cosmos, sobresaltando a Milo.
-Olvidas un pequeño detalle, Milo -exclamó Camus, Milo se viró, y fue golpeado con fuerza por polvos de cristal que se desprendieron del puño de Camus, quien lanzó a Milo a los aires, derribándole su casco, y dejándolo tendido en el suelo-. El cosmos… puede sustituir a los sentidos… elevando mi cosmos al máximo… puedo forzarlo a mover mi cuerpo -se lo demostró Camus al mover su pierna, y lograr dar un paso, que rompía el suelo con cada movimiento.
-Maldición, eso me pasa por fanfarrón… de no haber estado usando un Ropaje Sagrado, ese ataque hubiera sido fatal -se puso de pie Milo, elevando su cosmos, y rompiendo los cristales que se habían incrustado en su Ropaje Sagrado-. El usar el cosmos para suplir las necesidades básicas, es algo que conozco muy bien gracias a Shaka, Camus… pero a cambio, ejerce una terrible presión en el cuerpo, yo lo sé, porque de no ser por Saori quien oró por nosotros mientras recibíamos el entrenamiento de Shaka por 1,000 días, no habría sobrevivido. El saber que necesité de su cosmos para sobrevivir, es algo que aún no me he perdonado, pero que me convirtió en devoto a Saori. Lo sabrías si la conocieras, pero obviamente no vas a detenerte. Muy bien, ya que luchas con semejante nobleza, aún sin tener una motivación en particular, te daré todo de mí -elevó su cosmos Milo en respuesta al de Camus, y corrió con su aguja lista, mientras Camus lograba hacer lo mismo al forzar a su cosmos a mover su cuerpo-. ¡Es inútil! ¡Ya me has forzado a usar toda mi determinación! ¡Aguja Escarlata! -atravesó Milo a Camus, esta vez un par agujas de un solo movimiento, forzando a las piernas de Camus a estallar con un par de agujeros, uno en cada pierna- Gliese, el veneno primario del Escorpión Celestial que mantiene en su abdomen, que usa para preparar a sus víctimas, tus pulmones se cierran, el sentido del olfato ha quedado destruido, tus órganos internos comenzarán a estallar por la falta de oxígeno. Lesath, la otra aguja que te asesté, es más piadosa, tus oídos comienzan a fallarte, sientes que me alejo, los territorios de la cola del Escorpión Celestial se abren frente a ti, es aquí donde te doy la última oportunidad, ríndete, o tendré que acabar contigo, ni siquiera tienes una motivación -le pidió Milo, preocupado por Camus.
-Mi motivación es… -recordó Camus su entrenamiento cuando niño, el cómo golpeaba un árbol e iniciaba una avalancha, el cómo una pequeña niña veía la nieve asustada, mientras esta la tragaba, y su querido amigo, Surt, lloraba la muerte de su pequeña hermana-. ¡Mi motivación no es de tu incumbencia! ¡Polvo de Diamante! -atacó Camus, superando las expectativas de velocidad de Milo, que tuvo que cubrirse con su brazo congelado, mientras preparaba nuevamente su aguja.
-¿Qué diantres lo motiva? Alguna razón muy especial debe mantenerlo elevando su cosmos de esta manera. Sus movimientos son más lentos que los míos, obviamente tengo la ventaja, pero su determinación, incinera su cosmos y doblega al mío -se hizo a un lado Milo, y corrió en dirección a Camus, con su aguja lista-. ¡No me queda otra alternativa que causarte un dolor descomunal! ¡Aguja Escarlata! -atravesó Milo, con 3 agujas esta vez, los movimientos de Camus ya eran torpes, por lo que su guardia perfecta era fácil de evadir ahora- ¡Alfa Librae! ¡La Estrella del Sur! ¡Es la aguja que te he asestado cerca del corazón! ¡No posee veneno, se utiliza como un tiro de advertencia! ¡Ya que es la pinza izquierda del Escorpión Celestial! ¡Aún carente de veneno, su punzada es de las más dolorosas, solo superada por la de Zuben Librae! ¡La Estrella del Norte! ¡La pinza derecha del Escorpión Celestial! ¡Tampoco posee veneno, pero su punzada, es ardiente! -declaró Milo, mientras Camus caía de rodillas, contusionándose de dolor, mientras sangre le caía por ambos brazos perforados, el derecho mostrando 2 piquetes, y Milo proseguía con la explicación sobre el que tenía más abajo- Acrab -le apuntó mientras Camus se daba la vuelta-. Sostiene a la pinza derecha, y te quitará el sentido del gusto.
-Sinmone -escuchó Milo, proveniente del cosmos de Camus, mientras sus ojos derramaban lágrimas-. No lo entenderías, aunque te lo explicara… no puedo seguir a los dioses, hasta haber expiado mi pecado. Por esta razón, me niego a ser doblegado por ti -enunció, aun levantándose pese a haber sido perforado 8 veces.
-Tu pecado no sobrepasa mi devoción -prosiguió Milo, elevando su aguja, con el brillo escarlata en la misma-. ¡Aguja Escarlata! -lanzó otros 3 ataques, que convulsionaron a Camus, y lo derribaron al suelo, donde comenzó a desangrarse- ¡Girtab! ¡El brazo izquierdo del Escorpión Celestial! ¡Perfora tu brazo izquierdo! ¡Tu vista se vuelve nebulosa! ¡Su embriagante sensación, un alivio temporal para el dolor y la desesperación que se avecina! ¡Dschuba! ¡El ojo derecho del Escorpión Celestial que te muerde el hombro, te paraliza momentáneamente, mientras Graffias en tu cuello, destruye tu sentido de la vista! -le enunció, pero Camus de todas formas se incorporaba gracias a su cosmos, y colocaba sus brazos entrelazados, en perfecta alineación en dirección a Milo, antes de subir los brazos en la pose de la Ejecución Aurora- Inaudito. ¡Solo ríndete de una vez! ¡Ya te he asestado 11 Agujas Escarlata! -agregó furioso.
-¿Por qué sientes pena por mí? -se preguntó Camus, preparando su cosmos para lanzarlo nuevamente en dirección a Milo- Es ridículo que sientas compasión por tu enemigo, si eres tan fuerte como dices ser entonces deberías darme muerte mientras aun puedes hacerlo. El mezclar tus sentimientos y motivaciones personales en una batalla, es inútil y ridículo. En una batalla, solo existe el oponente frente a ti, nada más importa -le aseguró Camus, y Milo se mordió los labios con molestia.
-¡Eso solo aplica si el oponente al que enfrento es indigno y no tiene un motivante honorable! -le respondió Milo, pero preparó su aguja de todas formas- Yo sé lo que es matar sin compasión. Por varios años, el móvil que me mantuvo vivo en la Isla de Lyngvi fue la venganza ante los hombres que asesinaron a mis padres frente a mis ojos, dejando sus cadáveres calcinados donde yo pudiera verlos. Venganza contra quienes intentaron asesinarme solo porque creían que podían. Me convertí en un ser despiadado sin sentimientos, que mataba por el deseo infinito de venganza que me embargaba. ¿Sabes lo que me dejó eso? -peguntó Milo, y Camus, aun estando ciego, parecía poder dirigir su mirada en dirección a Milo- Un vacío en mi corazón… una vez hube asesinado a los 800 aspirantes a mi Ropaje Sagrado, lo único que quería era que me dejaran solo mientras esperaba a la muerte… nada ni nadie me interesaba, solo quería volver a ver a mis padres en la otra vida… incluso cuando fueron a sacarme de esa isla, simplemente buscaba una distracción para olvidar mis asesinatos sin sentido… y entonces… -recordó Milo a Saori, y el momento en que le suplicó por su ayuda, mientras todos a su alrededor la repudiaban-. ¡Encontré una razón por la cual luchar! ¡No puedes vencerme porque tu razón no es superior a la mía! ¡Yo combato por mis amigos que me aceptaron aun siendo un asesino despiadado! ¡Por la diosa que me brindó su cosmos y su corazón! ¡Por un Midgard en que los mismos pecados que me convirtieron en un mercenario y asesino, no se vuelvan a repetir! ¿Dices que los sentimientos son inútiles en una batalla, Camus? No podrías estar más equivocado, los sentimientos… son el motivante más grande en esta y en todas las batallas, por ello, no importa que tanto eleves tu cosmos, no vas a vencerme -le aseguró Milo, y Camus meditó al respecto.
-Es ridículo… -comenzó con sus ojos ciegos cerrados-. Pero de alguna extraña manera, comprensible… -y aun así, abrió los ojos nuevamente, negándose a rendirse-. Si lo pienso correctamente, yo mismo me contradigo con mis acciones. Un sentimiento de deuda es lo que me mantiene aquí, un juramento, un deber. Pero al mismo tiempo, no te veo como a otra cosa que a un oponente. No me importa tu historia, no me importa tu familia o tus amigos, solo eres un estorbo más al que debo eliminar -aseguró, lo que molestó a Milo.
-De forma que, esa es tu resolución -cerró los ojos Milo, y entonces los abrió con ira-. Entonces no te debo consideraciones, ¿no es así? -preguntó, y de un movimiento rápido, perforó a Camus con otras 3 agujas, evitando así que Camus lanzara su ataque, y dejándolo tendido en el suelo- ¡Pismis! -prosiguió Milo, con rabia en el tono de su voz- Es el otro agujero en tu pierna izquierda, ya no puedes escucharme en absoluto, tu sentido del oído ha quedado destrozado enteramente, pero me escuchas con el cosmos, ¿no es así? -le preguntó con molestia, mientras Camus lograba incorporarse nuevamente, con su cuerpo agujerado y escupiendo sangre- Hasta este momento, Camus, había sido piadoso contigo. Inicié en un orden distinto al habitual, porque las pinzas del Escorpión: Alfa Librae y Zuben Librae, que normalmente son las primeras en ser lanzadas, no poseen un veneno que destruya tus sentidos, sino un anticoagulante, que no permite a tu cuerpo resistir el veneno de las demás agujas, al tiempo de que las vuelve más dolorosas. Pero si bien puedo variar la forma en que inicio por respeto a mis oponentes, la forma en que todo termina, es siempre la misma. Las ultimas 3 estrellas son el punto de no regreso, y has entrado en sus dominios… -prosiguió Milo, con su siguiente aguja lista, y más tardo Camus en incorporarse, que Milo en volverlo a perforar-. ¡Aguja Escarlata, Sargas! -lanzó su ataque, a la altura de la rodilla derecha, que traspasó incluso la misma- Sargas está ya muy cercana al aguijón. El escorpión te ha elegido como su presa, ha aceptado tu reto, ya estás listo para el aguijón -prosiguió, mientras un Camus más muerto que vivo, seguía desafiándolo- Has molestado al Escorpión Celestial, y ya no hay consideraciones. ¡Aguja Escarlata! ¡Shaula! -y por debajo de Sargas, la rodilla de Camus por fin cedió, derribando a Camus nuevamente- Shaula es la segunda más brillante, el aguijón del Escorpión Celestial. Por si sola, esta aguja es capaz de matar a un Jotunn. Es el veneno más poderoso del Escorpión Celestial… pero no es la aguja más mortífera de todas, esa, es Antares… el corazón de la Constelación de Escorpio, que no destruye la sangre, perfora el cosmos mismo y lo obliga a estallar… Camus… ¿estás listo para morir? -le preguntó Milo, tomando distancia, y apuntando a Camus con Antares.
-¿Lo estás tú, Milo? -declaró Camus, incorporándose, y tocando el Rubí de Thor, que incineró su cosmos que se encontraba casi extinto, hasta alcanzar un nivel que superaba las expectativas de Milo, mientras la protección del pecho y de los hombros de Camus, se transformaba, e irradiaba una fuerza de cosmos alimentada por el Galdr de Thor- Te lo he dicho… tengo una promesa que cumplir, le debo a mi amigo Surt una vida, y he decidido que será la tuya. Solo basta con decirte que, tu convicción y tu forma de ser, me es en extremo interesante. Me hubiera gustado, conocerlas mejor -declaró Camus, preparando su cosmos alrededor de sus manos entrelazadas.
-Es una lástima -incineró su cosmos alrededor de su aguja Milo-. Tal vez, en otras condiciones, hubiéramos sido amigos. ¡Aguja Escarlata! ¡Antares! -lanzó su ataque Milo, impactando el vientre de Camus, pero para su sorpresa, su aguja más poderosa, pese a dar en el blanco, no había logrado perforar el Ropaje Divino de Acuario- ¿Cómo? -se sorprendió Milo, mientras el cosmos de Camus se extendía como vientos congelantes por todo el lugar.
-Tu aguijón puede ser tan fuerte como para romper los Ropajes Sagrados… pero el Rubí de Thor, me ha proporcionado un Ropaje Divino -aclaró Camus, y Milo observó el Rubí de Thor incrustado en su peto-. Hasta nunca, Milo de Escorpio. ¡Ejecución Aurora! -lanzó Camus, en una explosión de cosmos superior a cualquiera que hubiera lanzado antes.
-¡Aguja Escarlata! ¡Antares! -volvió a atacar Milo, pero en esta ocasión, su aguja estalló con una energía explosiva a la par de la Ejecución de Aurora de Camus, que mantuvo al Dios Guerrero de Acuario sorprendido, mientras la Ejecución de Aurora era repelida, y quedaba en igualdad de condiciones, siendo empujada por Antares.
-¿Cómo? Estoy usando un Ropaje Divino. No se supone que puedas igualarme… -se sorprendió Camus, sintiendo entonces una fuerza de Galdr rodear a Milo-. ¿Thor? ¿Cómo? Derbal dijo que los Rubíes de Thor nos brindarían la ventaja y nos evitarían caer en una Batalla de los 1,000 días -se impresionó Camus.
-Tu ceguera no te deja ver lo evidente, Camus, yo poseo también un Rubí de Thor -declaró Milo, y Camus pudo sentirlo en ese momento, el como el Galdr de Thor brillaba tanto en el peto de Milo como en su brazo derecho, transformando su aguja, en una Aguja Escarlata Divina-. Esto se siente igual al entrenamiento de Shaka… estamos entrando en ese abismo, la Batalla de los 1,000 días… Camus… ambos poseemos la protección de Thor… eso significa que nuestro cosmos comenzará a reemplazar nuestras necesidades físicas… incluso mi veneno, no te afectará si llegamos a ese nivel -declaró Milo.
-Que así sea entonces… -prosiguió Camus, sobresaltando a Milo-. Entraré en la Batalla de los 1,000 días, evitando así tu misión, y cuando tu convicción haya flaqueado cuando el Reloj de Bor se lleve a tu diosa, en ese momento te superaré… y habré saldado mi deuda a Surt -aseguró Camus, mientras el choque de sus cosmos destrozaba los alrededores.
-¡Eso no va a pasar! -escucharon ambos, y se viraron a encontrar a Shura entrando en la Morada de Acuario, con su brazo derecho al aire, y rodeado de su cosmos- Camus… nos hemos equivocado, necesito que despiertes y combatas conmigo, y para eso, necesito evitar que caigan en una Batalla de los 1,000 días -sentenció.
-Imposible, ¿venciste a Aioria? -preguntó Milo, quien notó a Aioria llegar también, elevar su cosmos, y preparar su puño con Draupnir en mano- No entiendo lo que pasa aquí… pero si no se van ahora, una vez que nuestros cosmos alcancen el equilibrio, se vaporizarán con la explosión resultante -les aseguró.
-Aquí el único que va a desatar una Batalla de los 1,000 días contigo soy yo, Milo -declaró Aioria, fundiendo su cosmos junto al de Shura-. Así que, voy a tener que arruinarte la diversión. ¡Domador de Draupnir! -lanzó su ataque de cosmos Aioria.
-¡Espada de Balmung! -le siguió el tremendo corte de Shura, ambos ataques colisionaron en el lugar donde los cosmos de Milo y de Camus se unían, y estallaron con fuerza, destrozando la Onceava Morada, hundiéndola en escombros. Y así, cuando todo terminó, solo la Estatua de Njörd quedó en pie, detrás de la cual la escotilla comenzó a abrirse lentamente, empujando a los escombros a un lado, y revelando a Hilda, quien se encontraba sumamente preocupada.
-Ya no puedo sentir sus cosmos… ¿qué pudo haber pasado? Toda esta devastación… -se preocupó Hilda, saliendo por la escotilla, y buscando por los alrededores-. ¡Milo! -gritó Hilda con fuerza, encontrando una mano que sobresalía de los escombros- ¡Milo! -se preocupó Hilda, desenterrando a quien pensaba que era Milo, encontrando a Camus, quien no respiraba en absoluto- Por Odín… -se sobresaltó Hilda, quien entonces escuchó los escombros a su espalda moverse, mientras Milo se ponía de pie, sumamente malherido-. ¡Vives! -se alegró Hilda.
-Por muy poco… -le respondió Milo, llegó ante Camus, preparó su aguja, y Hilda cerró los ojos, mientras chorros de sangre salieron disparados del pecho de Camus, donde Milo había clavado su dedo, y tras unos instantes, Hilda comenzó a escuchar un lento, pero continuo palpitar, mientras Camus volvía a abrir los ojos y a respirar, con sus sentidos restaurados, y miraba a Milo con sorpresa-. Solo le di a tu centro sanguíneo para detener la hemorragia. La sangre parará, y tendrás otra vez tus sentidos como antes de la pelea -le explicó, mientras Camus se incorporaba, y miraba a Milo con confusión-. Ya no le debes a Surt una vida… le entregaste la tuya… pero yo te la devolví… -aclaró Milo, resintiendo sus propias heridas.
-¿Crees que Surt pueda aceptar eso? Milo… tú… estás más demente de lo que pensé… -declaró Camus, mirando al suelo, sin saber qué hacer a continuación-. En mi corazón… aún tengo una deuda a con Surt… pero no podría tomar tu vida, después de que hayas salvado la mía. No sé qué más hacer… esta confusión, es inquietante… -se molestó Camus, mordiéndose los labios con fuerza.
-Entonces pregúntale a Surt qué desea de ti, y deja de imponerte a ti mismo ideales inútiles -le declaró Milo, lo que molestaba a Camus-. El sujeto al que enfrenté hoy… poseía la nobleza y el honor de perseguir sus ideales, pero se aferraba a una promesa… dime Camus, ¿escuchaste las palabras de Surt que te pedían asesinarme a mí en específico? ¿O te pidió que acabaras con un Dios Guerrero Dorado? ¿Qué fue lo que te pidió que te impide pensar por ti mismo? -enfureció Milo, mientras los escombros detrás de ellos liberaban a Shura.
-Surt jamás le ha pedido nada a Camus… él solo cumple por deber autoimpuesto -interrumpió Shura, preocupando a Milo, quien se puso a la defensiva, aunque tras verlo sacar a Aioria de los escombros, se tranquilizó-. Camus mató accidentalmente a la hermana de Surt, por ello cree que tiene una deuda a con él, que le debe una vida… pero Surt jamás se lo ha exigido -aseguró.
-Esto no te incumbe, Shura -señaló Camus con molestia, mirando fijamente a Milo con desprecio-. Perdonaste mi vida, por ello no serás la vida que he de brindar a Surt. Pero no me pidas más que eso. No te debo nada -aseguró.
-Pero le debes algo a alguien más -se acercó Shura, una vez que Aioria logró incorporarse-. Camus, me has dicho antes que no puedes elegir por ti mismo hasta ver tu deuda saldada. Pero en el momento en que elegiste vestir el Ropaje Sagrado de Acuario, hiciste una promesa aún más grande que la que le hiciste a Surt. Juraste servir a Hlin, y Hlin no es Lyfia, es Saori a quien ellos protegen -declaró Shura, sobresaltando a Camus-. Tú lo sabes, ¿no es así? Lo sentiste. Yo tenía mi mente confundida, no quería creerlo gracias a Aioros, pero debiste haberlo visto en esta batalla, la convicción de Milo brilló tan alto como la de Aioria cuando lo enfrenté, el cómo superaron a los Rubíes de Thor no es una coincidencia. Nadie que no luchara por devoción divina podría lograr eso. Tu lealtad es a Saori -le explicó.
-Mi lealtad es a mí mismo, hasta conocer a esta Saori de la que hablas -fue la respuesta de Camus, que miraba a Shura a manera de desafío-. Pero he de admitir que tengo curiosidad, no solo por la diosa que es capaz de lograr esto, sino por quien básicamente, se encargó de humillarme -miró Camus a Milo, quien le dirigió una mirada de molestia.
-Humillado es una forma gentil de decirme que aún me falta mucho que aprender -aceptó Milo, mientras Camus se cruzaba de brazos en señal de molestia-. Si eliges el camino de Hlin, el camino que seguimos nosotros quienes creemos en Saori, te prometo que encontrarás la motivación que estás buscando. No te pido que olvides tu deuda a Surt, te estoy pidiendo que comiences a pensar por ti mismo -le pidió Milo, Camus lo pensó, y miró al Reloj de Bor.
-Es básicamente imposible que, faltando tan poco tiempo, subas por la Senda de Piscis, derrotes a su guardián si es que ha vencido a tu amigo, llegues ante el Templo del Sumo Sacerdote pasando por entre el campo de Afrodita, donde seguro el Dios Guerrero Fantasma espera con una sorpresa, solo para enfrentar a Derbal, quien es más poderoso que cualquier oponente al que he enfrentado, donde te incluyo a ti -le respondió Camus, sabiendo que era algo inútil.
-Quédate y observa como lo hago entonces -fue la respuesta de Milo, quien comenzó a ascender con Aioria y con Shura a su lado, mientras Camus se quedaba atrás, pensativo, y encontraba a Hilda mirándolo fijamente.
-Un verdadero Dios Guerrero Dorado, jamás pierde la esperanza -le mencionó Hilda, mientras Camus continuaba de brazos cruzados en incredulidad-. Lo sabrías si fueras uno de verdad… -se molestó e intentó seguirle el paso a los demás, que ya corrían en dirección a Piscis-. Que descorteces, me dejaron atrás… -se molestó Hilda, quien entonces sintió que la levantaban-. Oye… -se apenó ella.
-Tu túnica se va a manchar de sangre, pero tú te lo buscaste al no obedecer, y quedarte como te lo había pedido -agregó Camus, quien comenzó a correr tras el trio de Dioses Guerreros Dorados, llevando a Hilda en brazos-. Los sentimientos son inútiles en mi opinión… pero en estos momentos… siento que quiero anclarme a ellos… Surt tendrá que comprenderlo -aseguró Camus, logrando alcanzar a los demás, y subiendo por la senda con un burlesco Milo mirándolo fijamente-. Ni una palabra, no estoy de humor -se molestó Camus.
-Se nota que nunca lo has estado en tu vida -fue la arrogante respuesta de Milo-. Ya vamos, Saori, y te vamos a salvar -finalizó Milo, mirando a la Doceava Morada, que estalló en pedazos en ese momento, interrumpiendo la marcha momentáneamente, mientras la veían partirse en partes iguales desde lo lejos.
Doceava Morada, Piscis.
-Su corazón ha dejado de latir… pero… su cosmos aún se niega a abandonar su cuerpo -en la Doceava Morada, Afrodita de Piscis miraba con su Ropaje Divino disipando su casco, mientras el inmenso cuerpo de Aldebarán, envuelto en cosmos dorado, le hacía frente. Imponente, atemorizante, con un cuerno roto, su Ropaje Sagrado fragmentado, una sombra de su casco cubriéndole los ojos, y una rosa roja clavada en su corazón, mientras su cuerpo aparentemente inerte, continuaba anclándose a la vida por el inmenso poder de su cosmos- ¿Cómo es posible que estos Dioses Guerreros Dorados a quienes hemos llamado falsos, tengan semejante poder? Derbal tenía razón, una Batalla de los 1,000 días es imposible, cuando ellos, tienen semejante convicción -declaró Afrodita, a momento de que una fuerza de cosmos inmensa se liberaba del cuerpo de Aldebarán, y lo azotaba con fuerza, mientras el último par de flamas en el Reloj de Bor se estremecía, con el tiempo recobrando su ventaja.
Glosario:
1 – CRIATURAS:
Aritilandlit: Traducido del nórdico antiguo significa "el halcón entre los ojos", me he inventado este nombre para dirigirme al halcón que vive entre los ojos del águila Vedrfolnir, ya que, en la mitología nórdica, no se le conoce nombre.
Ratatosk: Ardilla anaranjada que vive en Yggdrasil, y quien recorre las ramas y raíces del mismo intercambiando mensajes entre el dragón Nidhogg que vive en sus raíces, y el halcón sin nombre que vive entre los ojos del águila Vedrfolnir.
Vedrfolnir: Águila inmensa que vive en la copa de Yggdrail. Entre sus ojos descansa un halcón sin nombre, al que Ratatosk visita continuamente intercambiando historias, o los comentarios entre este halcón y el dragón Nidhogg.
