CAPÍTULO 13: ¡VISITA AL INFIERNO!
"¿Grover?"
Al ver que llamaba a alguien, Artemisa miro en su dirección y lo soltó tras ver a los sujetos que estaban parados a pocos metros de ellos. Concretamente, a tres de ellos.
"Son los idiotas que está buscando Dionisio." Pensaría la Diosa con simpleza, mirándolos con algo de asombro.
Cuando se dio media vuelta para enfrentar a Bell nuevamente, vio que ya no estaba en el lugar. Artemisa dio un gran suspiro de cansancio cuando vio como Bell estaba alzando su mano en gesto de saludo a los tres jóvenes.
Finalmente, Artemisa negó con la cabeza y se acercó al grupo con la idea de terminar la charla lo más rápido posible. Ya había perdido mucho tiempo por estar vagando en el mundo mortal.
Cuando Artemisa se acercó lo suficiente para escuchar la conversación, alzo una ceja en consecuencia.
"¡No, no me toques! ¡No me toques!" Amenazaría Grover a un sujeto cualquiera, mientras lo miraba de mala gana.
Bell estaba observando la discusión con los ojos en blanco, porque Annabeth ya le había comentado la causa de la pelea.
"¡No me toques, porque-"
"¡Te estoy sosteniendo, antes de que te caigas por lo drogado que estas!"
"¡No, yo no me caigo! ¡Suéltame antes de que te-"
"A ver, a ver. Esperen un poco." Diría Bell, observando a Percy que parecía querer decir algo. "¿Qué pasa?"
"Nada, que se deje de joder. Es un nene, no es mayor." Exclamaría Percy con una mirada muy eufórica, indicando que también estaba drogado.
"¡Es verdad, viejo!" Exclamaría Grover, mirando a Percy.
"Espera, espera. ¿Estás de acuerdo con toda esta pelea?" Preguntaría Bell, mirándolo como si fuera un idiota.
"Por supuesto que no estoy de acuerdo. Grover es un nene, y este idiota se va a meter en problemas legales."
"¡Es verdad!" Exclamaría Grover, estando de acuerdo con su defensor.
"¡Anda, anda a tragar pelos desordenados!"
"¿Qué?" Preguntaría Percy, para luego reírse de forma sarcástica y comenzar a acercarse amenazadoramente. "¿Tragar qué?"
"¡Anda a tragar agua, hijo de Poseidón!"
Antes de que la cosa se pusiera más fea, Bell intervino entre los dos y miro a sus dos amigos como si fueran unos idiotas. "Estamos en medio de un local, dejen de comportarse como unos idiotas. Esto va para los tres." Concluiría Bell, dirigiéndole una mirada al sujeto desconocido.
"¡Pero yo estoy tranquilo! ¡El problema surgió por culpa del patas de avestruz!"
Bell tuvo que detener aún más a Grover por lo que el sujeto le había dicho.
"¡No, eso es mentira! ¡Tú viniste y fuiste el que inicio la violencia!" Exclamaría Grover con furia por como lo había llamado.
"¡No, no! ¡Yo estaba hablando tranquilamente con unas mujeres y-"
"¡¿Qué metes a las mujeres?! ¡¿Qué las metes?!" Grover interrumpió al sujeto, haciendo que este último perdiera la paciencia.
Grover recibió una fuerte cachetada del hombre, haciendo que todo se descontrolara.
"¡¿Eh,!? ¡Basta! ¡¿Qué haces?! ¡¿Cómo me vas a pegar a mí?!" Grover se abrazaría rápidamente a Bell. "¡El único que me pega acá es Bell, ¿entendiste?! ¡Estas tarado, ¿eh?! ¡Tú eres nuevito oca, ¿entiendes?! ¡Yo ya estoy desde hace unos días, y no voy a permitir que te lleves a mis mujeres!"
Artemisa se palmeo la cara tras escuchar la causa de la discusión.
"¡Yo me llevo a las que quiera!"
"¡¿Cómo?! ¡Ven!" Exclamo Grover, agarrándolo por lo cintura y levantándolo del suelo. "¡Mira que ya no te curas, eh! ¡Si te rompo esos huesos ya no sueldan más!"
"Ya está, ya está…" Declararía Bell, separando a Grover del hombre. "¿Haces todo este lio solo por estar enojado con él porque se llevó a tus mujeres?"
"¡No es solo él!" Exclamaría Grover, siendo detenido por Bell antes de que volviera a agarrar al hombre.
"¿Con quién más estás enojado?"
Grover se quedaría paralizado en el lugar mientras se ponía a pensar detenidamente. "Ya no sé… me perdí…" Bell rodaría sus ojos por la respuesta.
"¿Percy, estás enojado por la misma estupidez?" Preguntaría Bell.
"Si. No puede ser que un tipo mayor le esté pegando a un menor."
"¿Menor?" Preguntaría el sujeto con una sonrisa sarcástica. "¿Con cuantas mujeres se acostó? ¿Cuánta cantidad de alcohol tomo?"
"¡Pero escucha al agüitas!" Exclamaría Grover, haciendo que todos lo vieran.
"¿Ah quién?"
"¡El flaco Agüitas, el Percy!" Percy tan solo lo observo como si fuera un idiota. "¡Porque yo ya estoy cansado, ¿entiendes?! ¡Porque me pelea Percy, me pelea Annabeth, y Ahora venís y me peleas a las mujeres! ¡Loco me pelean todos en este lugar!" Exclamaría al borde del llanto al final, haciendo que Bell diera un gran suspiro de cansancio.
"Definitivamente, algo les está pasando para que actúen de esta manera. Y por lo visto, Grover es el más afectado." Pensaría Bell, comenzando a buscar una manera para frenar esta pelea estúpida sin que nadie salga lastimado.
"¡Annabeth estaba ayer 'ay, míralo como se va con 11 mujeres, míralo como se va con 11 mujeres'!" Grover se señalaría como víctima. "¡¿Y yo qué, amiga?! ¡¿Y yo qué?! ¡No tengo buenos amigos! ¡No tengo compañeras! ¡No tengo nada, viejo! ¡No tengo nada!" Grover se abrazaría a Bell, para victimizarse aún más, haciendo que el alvino rodara sus ojos nuevamente.
"¡Tenés cuatro chicas! ¡Cuatro chicas, sátiro!" El sujeto se acercaría amenazadoramente, haciendo que Grover lo mirara. "¡Tenés cuatro chicas que te están esperando en la habitación, ¿y posees el descaro de decir que no tienes compañeras cuando hay cuatro chicas esperándote?!"
Grover se separó de Bell al instante y lo observo por algunos segundos sin decir nada. "¿Y tú qué? ¡Tenés a más de 11 mujeres detrás de ti, y ni siquiera las quieres compartir!"
Antes de que la discusión pudiera seguir, un fuerte estruendo se escuchó, para que después de un segundo Grover cayera al piso con un sonido sordo.
"Ya estaba harta de escuchar esta estupidez." Declararía Artemisa con su mano alzada, indicando que le había pegado en la nuca.
"Gracias. Ya estaba empezando a perder la paciencia." Comentaría Bell, agarrando una flor de loto que estaba en la mesa cercana.
"No comas eso." Ordeno Artemisa rápidamente, haciendo que Bell la mirara con extrañeza, para luego guardársela en el bolsillo.
"¿Tiene algo de malo?" Preguntaría Bell, con curiosidad.
Artemisa miraría a Percy y Annabeth seriamente. "Si, drogas. Por ese motivo es que ellos tres están actuando como unos imbéciles. Tenemos que sacarlos de aquí, antes de que vuelvan a intoxicarse."
Bell tan solo asintió, cargando a Grover en su espalda.
Ah lo lejos, todos los guardias observaron cómo salían los 5 con gran seriedad, para que luego uno encendiera su comunicador.
"Soy yo. El chico de la profecía ya apareció y se los llevo. Iba acompañado por Artemisa, aunque parece que no estaban en buenos términos. Lo más probable es que no nos moleste en el futuro…"
SALTO DE LINEA.
"¿Ya se encuentran mejor?" Pregunto Bell, encontrándose en la entrada del Inframundo, en el enorme cartel de Hollywood.
"Si… ¿Qué demonios le metían a esas cosas?" Pregunto Grover, tomándose la cabeza con gran fuerza.
Percy y Annabeth se miraron entre sí, para luego mirar a Grover. "Solo a ti te duele la cabeza, Grover." Declararía la hija de Atenea. "Yo también me encuentro bien." Agregaría Percy, inclinándose de hombros.
"En mi mundo no había este tipo de conexiones entre el mundo mortal y el Inframundo, creo." Declararía Bell, observando la entrada oculta con algo de asombro.
"Bien, ya los lleve aquí. Ahora, tú te vienes conmigo. Todavía tienes que hacerte cargo por romper las reglas." Ordenaría Artemisa con un tono grave en sus palabras, haciendo que Bell comenzara a sudar divertidamente, mientras que Grover observo esto con algo de horror.
"Convives con Lady Artemisa, estas casi todos los días con ella, ¿y ahora rompes una de sus reglas? ¿Acaso no sabes que te puede convertir en un Jackalope con tan solo molestarla un poco?" Preguntaría Grover, algo alarmado, sabiendo bien cuál era la actitud de la Diosa.
"¿Jackalope?" Pregunto Percy con incredulidad. "¿No crees que estas exagerando? No veo porque Artemisa le haga sufrir tanto…" Percy no pudo terminar de hablar, ya que Artemisa apareció en frente de él con una velocidad espantosa, apretándole fuertemente el cuello con una mano.
"Ten cuidado con tu vocabulario, muchacho." Escupió la Diosa con veneno, haciendo que Annabeth y Grover se asustaran.
Percy recién se introducía en el mundo divino, por lo que no tenía ni la menor idea de la historia que llevaba Artemisa en sus espaldas, y su muy mala fama con todos los hombres.
Con todos, a excepción de uno…
Artemisa se sobresaltó cuando alguien le toco el hombro, pensando que era Grover. "Suéltalo." Al escuchar la voz calmada de Bell, todas sus intenciones asesinas se redujeron en gran medida.
"¿Por qué debería hacerte caso? Recuerda que estoy aquí por tu culpa en primer lugar." Declararía Artemisa con seriedad, mirándolo de reojo. Obviamente, Percy aun seguía agonizando un poco en su agarre.
"Porque él es alguien nuevo en todo esto, y todavía no ha tenido tiempo de estudiar a los Dioses como debería." Una pequeña sonrisa astuta aparecería en el rostro de Bell. "Además, ¿te gustaría ponerte en problemas con tu tío por matar a su hijo?"
"¿Me estas amenazando?"
"Poseidón es el que te amenazara si sigues con esto. Aunque su amenaza se podría transformar en tu muerte si terminas de asfixiarlo por completo."
Artemisa estuvo mirándolo por algunos pocos segundos, hasta que finalmente suspiro en señal de derrota. "Muy bien, me ganas esta vez." Artemisa dejó a Percy, haciendo que empezara a toser con mucha fuerza mientras su rostro comenzaba a adquirir color nuevamente. "Pero que esta sea la última vez, Perseo."
"Lo que usted diga, Lady Artemisa." Respondería Percy mientras se frotaba el cuello con dolor.
Una pequeña sonrisa con aires de superioridad apareció en el rostro de Artemisa. "Así me gusta." La Diosa se daría media vuelta, señalando su cabello. "Vámonos. Ya perdí mucho tiempo por tu culpa."
Cuando Bell no se acercó, Artemisa lo miro, perpleja.
"¿Acaso estas sordo?" Pregunto Artemisa de forma cortante, amenazándolo con su mirada.
"No quiero ir." Fue la simple respuesta de Bell.
Artemisa pestañeo en sorpresa, para que luego comenzara a ponerse cada vez más tensa.
Obviamente, lo iba a traer por las buenas o por las malas.
Los tres semidioses observaron con gran sorpresa cuando Artemisa le apunto con su arco, indicando que no quería desperdiciar tiempo en juegos.
Bell dio un paso adelante, haciendo que Artemisa cargara aún más fuerte la flecha, apuntando a su hombro.
Ya estaba preparada para cualquier tipo de ataque dinámico.
Cualquier ataque de fuego.
Estaba preparada para lo que sea, y si era necesario iría con todo.
Pero…
Ella no se esperaba lo que hizo Bell ni en mil vidas…
"Por favor." Suplico Bell, arrodillándose ante Artemisa.
Artemisa lo miro por unos pocos segundos en total asombro sin encontrar una respuesta, hasta que finalmente bajo su arco con una expresión compasiva. "Lo siento, muchacho. ¿No te lo dije antes? Tú eres muy importante para mi… y para mis cazadoras." Al escuchar esas palabras, las mandíbulas de Annabeth y Grover cayeron. "Si entras allí adentro… lo más probable es que Hades no entienda con palabras." Artemisa dio su punto con genuina preocupación, haciendo que Bell alzara su cabeza, dedicándole una dulce sonrisa al verla de esa manera.
"Lo entiendo, y realmente me siento muy querido por todas ustedes, aunque lo demuestren a su manera rebuscada." La sonrisa de Bell se enseriaría de un segundo a otro. "Pero el peligro que representa Hades es justamente por lo que quiero acompañarles. Debes entender que ellos también son importantes para mí." Bell se paró, y camino hacia ella, quedando a un metro de su rostro. "Esto también lo haría por Zoe, por Lilia, por Apollo, por Brilia, por Phoebe, por Clarisse, por Luke…" Una especie de energía domino a Bell, haciendo que levantara su mano para colocarlo en el hombro de Artemisa. Vacilo por un segundo, pero finalmente la posiciono en su hombro y le dio un leve apretón reconfortante que le hizo ensanchar los ojos ala Diosa, ya que en ningún momento le había dado el permiso para tocarla estando fuera de una batalla. "… Lo haría por ti, Lady Artemisa."
El apretón confortante en su hombro y la hermosa sonrisa que le dedico únicamente a ella hizo que un diminuto, pero muy diminuto escalofrió surgiera en su pecho, que luego se esparció por todo su cuerpo, entregándole una sensación que nunca antes había sentido en su vida.
Fue algo mínimo…
No fue la gran cosa…
Duro tan solo un segundo…
Pero aun así, fue lo suficientemente buena para hacer que se sintiera muy bien…
Annabeth, Grover y Percy se asustaron visiblemente cuando Artemisa alzo una de sus manos en dirección a la mano de Bell que estaba en su hombro, pensando que se la arrancaría de un golpe.
Pero nuevamente, se vieron completamente sorprendidos…
Artemisa apoyo su mano encima de la de Bell con delicadeza y cariño, entregándole una pequeña sonrisa.
"… Está bien. Pero cuando vuelvas, enfrentaras tú castigo y nos iremos de una vez por todas del Campamento Mestizo. Mientras tanto, preparare a mis Cazadoras."
Una gran sonrisa adorno el rostro de Bell de inmediato.
"¡Gracias!"
SALTO DE LINEA.
"Pensé que me arrancaría el cuello…" Mencionó Percy, frotándose el cuello con dolor.
"Tienes suerte de que no lo hiciera." Comentó Annabeth, entrecerrando los ojos para intentar ver más en la oscura entrada, ya que solo había unos cráneos con velas en su interior que iluminaban la cueva.
Grover abrazaría el cuello de Bell de forma muy amistosa. "¿Viniste hasta aquí solo para ayudarnos con Hades? ¡No sé cómo puedo pagártelo, viejo!"
"Son mis amigos, así que me alegro mucho de poder ayudarlos." Contesto Bell con una sonrisa, para luego dedicarle una mirada astuta. "Aunque ya tengo pensado en cómo pueden pagármelo…"
Antes de que Grover pudiera preguntar, todos vieron como un hombre estaba sentado en una canoa, sosteniendo un remo con un rostro completamente pasivo, sin demostrar ningún tipo de emoción. Un estrecho rio atravesaba la cueva. El agua tenía un color un tanto negro, dándole un aspecto totalmente muerto al lugar.
"¿Quién es ese?" Preguntaría Percy en voz baja.
"Es Caronte, el Dios de las fronteras y territorios. Es el encargado de transportar a los espíritus de los muertos al Inframundo. Básicamente, es nuestro boleto de entrada al Inframundo." Respondería Annabeth en silencio.
"Si, suena genial. El problema es que nosotros no estamos muertos." Declararía Grover un tanto alarmado.
"Déjame eso a mí." Declararía Annabeth con una pequeña sonrisa.
Cuando finalmente se toparon cara a cara con Caronte, el Dios giro lentamente su cabeza con indiferencia, y nuevamente volvio a mirar hacia el frente de la misma manera.
"¿Causa de la muerte?" Fueron sus simples palabras, esperando una respuesta.
"Los cuatro morimos ahogados en una bañera." Contestaría Annabeth, haciendo que sus amigos le den una rápida mirada sorprendida, mientras que Caronte nuevamente giro su rostro para mirarlos.
"Supongo que no tendrán monedas para el viaje." Tras decir esas palabras, todos se miraron entre sí con extrañeza. "Verán, cuando se trata de adultos puedo cargarlo a una tarjeta de crédito, o añadir el precio del ferry a la factura del cable. Pero los niños... Vaya, es que nunca se mueren preparados. Supongo que tendrán que esperar aquí sentados unos cuantos siglos." Declaro el hombre, mirando nuevamente al frente con su lentitud e indiferencia.
"¡Tenemos monedas!" Declaro Percy, acordándose que en su mochila tenía una gran cantidad de Dracmas.
Caronte no lo miro, indicando que no le creyó ni un poco.
Cuando Percy saco tres dracmas de oro puro de su mochila y se las puso en el borde de la canoa, Caronte las miro y ensancho un poco sus ojos por la sorpresa.
Caronte las tomo rápidamente y las estudio minuciosamente con la mirada. "Dracmas de oro puro… hace mucho que no veo una de estas." Pensaría el Dios en voz alta, para luego dirigirles una rápida mirada vivaz. "¿Dónde las consiguieron?" Todos se miraron entre sí, nuevamente sin saber que contestar. Caronte vio este titubeo, por lo que rápidamente tomo del brazo a Percy y lo olio. "Hueles a agua salada y algas. Hijo de Poseidón, semidioses." Declararía el barquero, mirando nuevamente hacia el frente. "No los dejare pasar." Concluyo, sin devolverle las dracmas.
"¡Oh vamos, viejo!" Declararía Grover con fastidio. "¡Ya habíamos llegado hasta aquí!" Agrego con enojo, para que luego una sonrisa astuta adornara su rostro. "Ohhhh… ya se lo que quieres." Diría, señalándolo juguetonamente con el dedo, haciendo que Caronte lo mirara con su típica lentitud. "Mira, mira esto. Te va a encantar." Grover sacaría su billetera, y de allí retiraría una pequeña cantidad de billetes. "¿Conoces a estos tipos, eh? ¿Te gustan, verdad?" Preguntaría, frotando los billetes para tentarlo.
"¡Espera!" Exclamaría Bell, deteniendo el acto y sacándole el dinero de sus manos. "Solo conseguirás que te convierta el dinero en cenizas. Él no acepta ningún tipo de sobornos que sean con dólares." Bell le explicaría a Grover, siendo que sus conocimientos estaban a la par de Annabeth gracias a la enorme memoria y cantidad de libros que leyó en tan poco tiempo.
"¿En serio?" Grover pestañaría en confusión. "En ese caso, muchas gracias." El sátiro extendió su mano, para que le devolviera los billetes, pero se sorprendió cuando Bell se los guardo en el bolsillo. "¡Oye! Dame mi dinero."
"¿Recuerdas cuando te dije que podías pagármelo de alguna forma?" El rostro de Grover se puso ligeramente violeta cuando escucho sus palabras. "Me gaste una gran cantidad de dólares en alimentos y el libro para saber más de este Dios, ¿sabes? Clarisse me presto ese dinero, y no soy un tipo que le interese tener deudas por más de un día. Así que, ¡muchas gracias por tu amabilidad!"
"… Mejor eso que terminaran en cenizas." Se diría Grover a sí mismo en voz baja con un poco de tristeza.
"¿No acepta sobornos mediante dinero humano?" Preguntaría Annabeth con perspicacia. "Percy, dale la bolsa de dracmas." Le susurró al oído, haciendo que Percy buscara en su mochila sin perder ni un segundo.
"Espera." Bell hizo que todos se detuvieran y lo miraran con atención, incluso Caronte le observo con una ceja alzada por su tono serio. "Yo me encargo." El alvino dio varios pasos hacia adelante y observo al Dios con una pequeña sonrisa audaz en su rostro. "¿Dices que todos somos semidioses?" Pregunto Bell, extendiendo su mano hacia el Dios, haciendo que este lo mirara con algo de extrañeza que no se vio reflejada en su rostro.
Al final, Caronte decidió hacerle caso y olio la palma de su mano.
"¿Es un mortal?" Pensaría Caronte, un tanto confundido. Después de unos pocos segundos, el Dios sintió una mezcla de fragancias muy extrañas. "Huele a…" El Dios ensancho sus ojos en shock, haciendo que por primera vez una expresión realmente visible apareciera en su rostro. "Hijo de Zeus y Hera. Solo tienen cinco hijos, y estoy seguro que él no es ninguno de ellos…" Pensaría Caronte, no queriendo hablar de más, ya que los demás eran semidioses y eso significaba que debía mantener el secreto de las Dimensiones, oh lo pasaría mal. "¿Por qué razón el chico de la profecía quiere visitar el Hades?" Caronte pensó bien su pregunta, sin revelar ninguna pista del verdadero origen de Bell a los demás.
"Las cosas no están yendo bien. Necesito hablar con Hades para persuadirlo, debo hacer que su odio hacia Zeus y Poseidón deje de cegarlo, o si no habrá guerra…" El rostro de Bell se enseriaría bastante. "Quizás, esta guerra puede ser la que destruya al Olimpo. La familia está muy dividida, y causara que se creen diferentes facciones dentro de la guerra, haciendo que se derrame demasiada sangre. Cuando finalmente el ganador se alce, el verdadero enemigo aparecerá, y utilizara el mismo Rayo Maestro por el cual comenzó todo este absurdo para terminar de destruirlos." Bell sacaría tres dracmas doradas de su bolsillo y se las ofrecería. "Debo evitar que eso suceda, a toda costa."
Caronte miro las dracmas con seriedad por varios segundos, hasta que finalmente miro al frente. "Lo siento, pero no puedo." Grover, Annabeth y Percy se miraron entre sí con los ojos ensanchados, sin poder creer que ese discurso no le haya convencido.
Aun así, Bell le dirigió una sonrisa perspicaz al saber lo que quería.
"También hablare con Hades para que te dé un aumento."
"Suban." Ordenaría el Dios, tomando las tres dracmas que sostenía Bell de un instante al otro, haciendo que los amigos del peliblanco pestañearan perplejos. "Mis trajes de seda italianos no se compraran solos." Aclararía el Dios al ver la cara de los más jóvenes.
Todos se subieron a la canoa sin perder el tiempo, comenzando a introducirse en el rio.
"¿Por qué el agua contiene peces muertos, huesos, muñecas y otras cosas? El color del rio es repugnante…" Comentaría Percy, mirándola con gran atención.
"Este es el Rio Styx. Las aguas están muy contaminadas con las miserias humanas. Es el lugar en donde desechan sus esperanzas, sueños rotos, y deseos que jamás se cumplieron. Este rio es tan grande que da vuelta nueve veces a todo el Infierno, llegando a los lugares más recónditos. Ni pienses en zambullirte en ella, oh morirás al instante." Sería la simple respuesta de Caronte, dejando a Percy completamente helado por la respuesta.
"Después de haber escuchado el discurso de Bell, me acabo de dar cuenta que tenemos muy poco tiempo para que Zeus declare la guerra, a menos que le devuelvan el rayo, claro está." Comentaría Grover, viendo su reloj. "Si Bell dijo que pasaron cinco días desde que desaparecimos, el rayo tiene 1 día y varias horas más para aparecer." Comentaría Grover con gran seriedad.
"No va a aparecer." Todos miraron a Bell por su respuesta. "Es obvio que el ladrón planeo todo esto. Sabía que Zeus acusaría a Percy debido a su paranoia, y comenzaría una guerra absurda."
"Tienes razón… pero hay algo que no cuadra." Comentaría Annabeth, frotándose el mentón con seriedad. "Cuando comience la guerra, el principal objetivo de Zeus será Percy. Pero cuando descubra que él no tiene el rayo, ¿qué es lo que pasara?"
"Bueno, el simplemente ira tras Hades, sabiendo que él lo estaba buscando…" Bell ensancho los ojos al encontrar la realización. "Pero Hades tampoco lo tiene… Annabeth tiene razón, todo esto es muy extraño." Bell se recostaría en la canoa mientras pensaba con detenimiento. "La guerra no duraría ni tres días, ya que nadie tiene el Rayo Maestro…"
"¿Eso quiere decir que él ladrón es un idiota?" Preguntaría Grover con algo de gracia.
Percy lo miro con seriedad. "Puede significar eso, pero también puede significar que estamos omitiendo algo."
"Bienvenidos al Inframundo." Todos salieron de sus pensamientos debido a las palabras de Caronte, viendo como el paisaje se abrió ampliamente.
Todos quedaron completamente sorprendidos, y de mala manera. Se podían escuchar gritos de sufrimiento por doquier, columnas de fuego siendo disparadas en varias direcciones, es suelo completamente carbonizado e hirviendo, enormes cantidades de obsidiana que generaban cráteres que parecían no tener fin. Era un completo caos…
Y en el centro de todo ese caos, se alzaba un gigantesco palacio protegido por una inmensa muralla, con un hermoso jardín lleno de flores y estatuas. Incluso mirándolo desde tan lejos, se podía sentir la enorme riqueza que albergaba tal lugar.
"El palacio de Hades…" Declararía Annabeth, viendo con seriedad y asombro la enorme estructura. "Nunca pensé que le gustaría vivir en medio de los Campos de Asfódelos."
"De seguro le deben encantar los gritos que se oyen desde allá abajo." Contestaría Grover, viendo como una enorme cantidad de personas estaban siendo castigadas de diferentes maneras, y las torturas no eran para nada agradables.
Caronte los dejo en la entrada del palacio y se marchó, dejándolos solos.
"¿Crees que Hades escuchara lo que tengas para decirle?" Pregunto Annabeth, mientras todos se preparaban para entrar al palacio.
"Eso es lo de menos. Estoy aquí para asegurarme de que nada malo les pase, porque es más que obvio que no podrán contra Hades. Sin ofender." Agregaría Bell rápidamente al final, mirándolos con atención mientras tomaba el picaporte.
Percy le dirigió una sonrisa confusa. "¿No estabas aquí para asegurarte de que Hades no se salga de control durante la guerra?"
"¿En serio te creíste eso?" Preguntaría Bell con una sonrisa divertida en su rostro mientras abría la puerta. "Me da igual lo que suceda con el Olimpo, mientras el enemigo principal logre ser detenido. Solo quería asegurarme de que ustedes estuvieran bien." Bell miro hacia adentro del lugar, cambiando su expresión al instante. "Los únicos que realmente me importan en el Olimpo son un amigo y a alguien que considero parte de mi familia. Si la guerra da inicio, me concentrare en que ellos estén bien. Me da igual si el Rey del Olimpo muere."
"Esa persona que consideras parte de tu familia, ¿es Lady Artemisa?" Preguntaría Annabeth, haciendo que Bell le asintiera con una sonrisa.
"Si, así es. Aunque te parezca increíble." Respondería Bell con picardía, al recordar cómo fueron sus primeros días en la caza.
"Prácticamente son familia." Grover se metería en la conversación con una sonrisa dentuda. "Lady Artemisa es hija de Zeus, por lo que la convierte en tu media hermana." Comento el sátiro, internándose en el palacio.
Bell pestañeo con asombro tras lo escuchado. "… Tienes razón, nunca lo había pensado…"
"No quiero molestar, pero recuerden que estamos en un lugar peligroso." Mencionaría Percy, mirando a sus alrededores con gran atención y detalle.
Justo cuando dijo eso, las puertas se cerraron de golpe, haciendo que todos se alarmaran al instante. Seguido de eso, unos aplausos pausados adornaron el ambiente.
Una figura comenzó a distinguirse mientras bajaba las escaleras.
"Sobrino." La figura de Hades se haría presente, con una sonrisa en su rostro mientras continuaba aplaudiendo. "Hiciste muy bien en llegar aquí tan rápido." Finalmente, se abrió de brazos para que le diera un abrazo, haciendo que todos lo miraran con inquietud. "Te pareces a tu padre." Agregaría rápidamente, haciendo que Percy mirara hacia otro lado. "Moviéndote en la oscuridad, esperando el momento el momento oportuno para derrocar a mi hermano menor." Todos lo miraron con confusión antelo mencionado, que rápidamente se disipo a una expresión completamente alarmada cuando Hades golpeo fuertemente la pared con furia. "¡¿Dónde está mi yelmo?!"
Percy miraría a Hades con extrañeza. "¿Tu yelmo?"
"¡Si, mi yelmo! ¡¿Oh me vas a decir que se hundió a si mismo entre las paredes hace 2 días?!" Gritaría Hades con gran furia.
Percy dio un paso adelante, señalándolo descaradamente. "¡Oye, yo no tengo el rayo ni tu yelmo!"
Hades rápidamente cambio su rostro furioso a uno sorprendido. "¿A si? ¿Entonces, que haces aquí?"
"¡Estoy aquí para que me devuelvas a mi madre!"
Hades radio la cabeza hacia varios lados mientras asentía. "Si, si, tiene razón. Si no los robaste, supongo que tendré, ¡¿acaso crees que soy idiota?!" Gritaría al final con gran enojo. "¡¿Me estás diciendo que a Zeus le desaparece su Rayo Maestro, y mi Yelmo de Oscuridad se esfuma de la nada, mientras que Poseidón sigue siendo tan feliz con su tridente?!" Hades se acercaría a Percy de una forma amenazadora. "¡¿En serio crees que no me doy cuenta de lo que busca tu padre?!" Hades alzaría su mano, creando una bola de fuego. "¡Dame los dos objetos, oh juro que nunca más volverás a ver a tu madre!" Hades dejaría caer la bola de fuego al lado de Percy, haciendo que su madre apareciera de ella.
"¡Mama!" Percy grito, soltando su espada y escudo.
Todos se centraron en el hermoso reencuentro, menos Hades, ya que se percató de algo extraño en el interior de la enarma del escudo.
"¡Mama, ¿estás bien?!" Pregunto Percy con gran preocupación, abrazándola con fuerza.
"¿Por qué estás aquí, Percy?" Preguntaría Sally con preocupación, devolviéndole el abrazo a su hijo.
"¿No qué no?" Las palabras de Hades hicieron que todos lo miraran, para luego quedarse completamente paralizados…
Él tenía el rayo en sus manos…
Hades comenzó a acercarse lentamente a Percy con una pequeña sonrisa. "Escúchame bien, sobrino. Yo no tengo nada en contra tuya, pero si la tengo contra mis hermanos. Por culpa de ellos estoy encerrado aquí, completamente condenado. Por eso te lo vuelvo a pedir amablemente…" La mirada de Hades brillaría con fuego, indicando peligro. "Devuélveme mi yelmo. Si me lo das, podre combatir contra mis hermanos y ganarles, pero no puedo hacerlo sin mi tesoro más preciado." Hades apoyaría una mano en el hombro de Percy, sonriéndole nuevamente. "Si lo haces, ya no tendremos más problemas."
"Fue Luke…" El comentario de Annabeth haría que Bell ensanchara los ojos en shock. "… Él fue el que te dio el escudo y metió el rayo en el interior." Por lo visto, Annabeth y Grover estaban tan conmocionados que no podían decir más, por lo que Bell decidió concluir el rompecabezas.
"Luke se fue el mismo día que tú perdiste el yelmo, Hades." Comento Bell con seriedad.
"¡¿Ya lo ves?! ¡Nosotros no tenemos nada que ver! ¡Deja ir a mi madre!" Agrego Percy con un poco de enojo.
"¿Después de encontrar el rayo en TÚ escudo, crees que te creeré una palabra?" Pregunto Hades con un aire divertido a su alrededor. "¡Devuélvanme mi yelmo, o morirán todos aquí!" Agrego, dejando sordos a todos.
"¡Ya te dije que no lo tengo!" Gritaría Percy, cansado de la situación.
Hades simplemente se reiría en seco, para luego apuntarle con el Rayo Maestro. "Entonces, muere."
Hades ensancho los ojos con gran sorpresa cuando una figura borrosa se posó en frente suyo, dándole un fuerte golpe al rayo y desviando su trayectoria, haciendo que pegara en el techo y derribara una gran cantidad de escombros encima del Dios. El rayo rodo hacia atrás, quedando al pie de la escalera.
"¡Wow, wow! ¡Eso fue impresionante!" Exclamaría Percy con los ojos bien abiertos al ver la rapidez de Bell.
"¡No se muevan!" Grito Bell, alertando a todos. "¡Fue un golpe sorpresa, pero necesitare mucho más que eso para silenciarlo!"
Después de que Bell dijera esas palabras, todos los escombros salieron volando a causa de una gran llamarada. Cuando las llamas bajaron su densidad, se podía ver a Hades parado con una cara genuinamente sorprendida.
"¿Quién eres?" Preguntaría el Dios con seriedad, mirándolo con suma atención.
Bell solamente miro el rayo, moviéndose a una velocidad vertiginosa para tomarlo, haciendo que Hades nuevamente volviera a ensanchar sus ojos con perplejidad, pero esta vez sí tuvo tiempo para reaccionar.
Le arrojo una gran bola de fuego que cubrió a Bell por completo, creando una enorme explosión a su alrededor. Todos los demás se alejaron de un salto de la escena para evitar correr peligro.
Cuando Hades pensó que solamente era pura velocidad, se sorprendió cuando su gran ataque empezó a avanzar hacia el a una enorme velocidad, aparentemente. Rápidamente detuvo el ataque en seco y salto a un lado, para mirar con atención como el fuego se desvanecía, pero aun así una especie de escudo de llamas continuo en frente de Bell.
"¿Lo está generando él?" Pensaría Hades en completo shock por lo que estaba viendo.
"¡Es mío!" Pensó Bell con los ojos bien abiertos al ver que el rayo estaba a solo centímetros de su mano.
Justo cuando lo iba a agarrar, otra mano apareció en el medio y tomo el Rayo Maestro, haciendo que Bell pestañeara en shock y estrellara fuertemente su rostro contra la escalera, rompiendo el primer escalón por semejante impacto.
La mano se alzó lentamente, para finalmente revelar que el rayo estaba siendo sostenido por una mujer.
"El Rayo Maestro. Un poder que podría hacer desaparecer a los Dioses más fuertes si utilizas toda su carga…" Dijo la mujer no identificada con una gran sonrisa asombrada en su rostro.
"¿Quién es esa?" Pregunto Percy, mirando a la mujer con precaución.
"Es Perséfone, la esposa de Hades…" Contestaría Annabeth, poniéndose rápidamente al lado de Percy, apuntando a la mujer con su espada.
"Eso significa que tenemos aún más problemas." Concluiría Grover, acercándose al dúo, preparado con sus dos dagas por si la mujer hacia un movimiento sospechoso. Ha sus espaldas se encontraba Sally, siendo protegido por los tres.
Mientras que Bell…
Bueno…
Tenía su cara estampada en la escalera.
FINAL DEL CAPITULO!
Espero que les haya gustado!
Ares también será responsable, pero como ya ven, es una mezcla entre el libro y las películas. No es algo que me gustaría explicarlo aquí, porque les estaría contando como es capaz de que suceda. Aunque supongo que algunos ya se habrán dado cuenta de algo, ya que deje una pequeña pista en este capítulo. Solo voy a decir que Luke se encargó él solo de robar el rayo, y que Ares en ningún momento lo encontró si tenemos en cuenta que robo el rayo cerca del solsticio de verano, y no en el de invierno, además de que Zeus en ningún momento mando a sus mejores rastreadores para buscarlo, simplemente acuso a Percy de entrada y ya.
Estoy deseando que nos veamos en el próximo capítulo, un saludo!
Cantidad de palabras: 5547 palabras.
