¡Me lleva Hela! ¡Otra vez sobrepasé mi límite autoimpuesto de hojas por capítulo! ¿Por qué soy así? ¿Por qué no me puedo mantener dentro de un rango de hojas por capitulo? Lo bueno dentro de lo malo es que, pese a que este capítulo rebasó en 4 el límite de hojas autoimpuesto, que es de 20 máximo, no lo ha sobrepasado en una medida tan exagerada como en otras historias que he escrito. En fin, a como van las cosas, puedo prometerles 2 cosas. El próximo capítulo será el capítulo final de la Saga de Midgard, y muy probablemente, será más largo que este, lo siento, intentaré medirme con la extensión de los capítulos. A contestar reviews:

reyna lisset: Creo que no todos se han dado cuenta de por qué los Dioses Guerreros Dorados están divididos en sus lealtades como los dividí. El grupo en favor a Saori, son los sobrevivientes, los que continuaron viviendo en la serie, el grupo de Lyfia son los que fallecieron antes o durante la batalla de las 12 Casas. En el caso de Aioros, fue el más difícil de acomodar y hacerlo ver como el malo. Ratatosk también es todo un caso, de verdad es una ardilla mitológica que cuenta chismes, no me lo estoy inventando, jajajajaja. Lo de las runas y Saori, te lo resuelvo a medias en este capítulo, tú tranquila. Para las batallas de los Dioses Guerreros Dorados, tomé 3 pautas, la primera, se enfrentarían los de la Exclamación de Athena buenos contra malos. La segunda, los que no participaron en las 12 Casas se tenían que enfrentar. Fuera de eso, me quedó el acomodar a Aldebarán, Mephisto, Shaka y Afrodita, la batalla que se me hizo más difícil de escribir es la de este capítulo ya que se sintió que todas las batallas de Dorados tenían una razón de ser, incluso Shaka vs Mephisto era bien vs mal por verlo de una forma divina, pero Aldebarán y Afrodita, batallé para hacerlo funcionar, aunque no requerí de un perro como con Tholl y Balder, jajaja. La tercera y última pauta, era el Taizen, la batalla daría ventaja a quien tuviera más puntos en el Taizen. Claro, el ganador es enteramente de mi elección, pero oigan, si los bronces pudieron ganar siendo inferiores, entonces yo tengo derecho a elegir también, y fui lo más realista que me fue posible. Lo de Derbal y hacerlo sufrir… umm… no puedo prometerte nada de momento, ya que mi plan va en otra dirección, pero ya veremos qué pasa. Ok, lo del ojo no lo he puesto en la historia, va implícito, pero te lo respondo aquí. Solo los 12 Dioses Nórdicos que poseen una morada en Asgard (Vali y Vidar se ciclan), poseen un Galdr, cualquier otro dios, solo posee un cosmos divino. El Galdr es superior al Dunamis en la función de que puede crear a otros dioses, y brindarles un Galdr también, por ello, solo ellos poseen un Galdr, los otros dioses como: Idunn, Var, Bragui, Sól, Mani entre otros que se han mencionado, no poseen un Galdr, sino un Cosmos Divino. Incluso, esto no lo he mencionado, pero me parece importante, Vidar y Vali comparten su Galdr, lo que significa que mientras estén separados, solo poseen un Cosmos Divino. ¿Dónde deja eso a Hlin? En su ojo está un Galdr sellado, al que solo puede acceder vistiendo su Ropaje Divino, ya que los Dioses de Asgard así lo quisieron. Si no hay Ropaje Divino, no hay Galdr, cuando Lyfia liberó el Ropaje Divino de Gná, llevando el ojo de Saori, adquirió un Galdr, el Galdr de Hlin, pero hasta allí. Digamos que, si le quitamos el Ropaje Divino de Gná a Lyfia, no puede usar el Galdr de Hlin. Ya sé, me complico con mis propias reglas.

dafguerrero: Lo de Saori siendo la Diosa Colgada fue algo que se me vino a la mente de la nada, es una de esas decisiones no planeadas en las historias, pero me alegró el cómo quedó, aunque fue sangriento. Sobre Saori quedándose tuerta, aún lo estoy pensando, me gusta verla tuerta, por extraño que parezca, pero veré si lo mantengo o no. ¿De verdad Camus salió igualito que en Soul of Gold? Vaya, no me lo imaginaba, si vieras todo lo que me costó la batalla de Milo y Camus, de hecho, la única batalla que no se me dificultó escribir fue la de Mu y Saga. Todas las demás, se me hicieron muy difíciles, las batallas entre Dioses Guerreros Dorados son muy difíciles de escribir porque trato con niveles de poder muy similares, y con personalidades muy bien marcadas. Lo de Milo vs Surt… umm… no sé cómo ponértelo, pero creo que eso se resolverá en el siguiente capítulo, no en este, aunque no sé qué vayas a pensar de lo que voy a decidir. Innana es la abuela de Lyfia, de la que Derbal estaba enamorado, te refieres a Idunn, diosa de la juventud y guardiana de las manzanas doradas. Y ya me conoces, no podía faltar el Panshura, pero hoy nos concentramos en Hilmus. Oye, hasta suena bien.

TsukihimePrincess: ¿De verdad piensas que fueron intensas las batallas? Día con día y mientras más batallas narro en mis diferentes historias, se me hace más difícil hacer batallas que no se sientan repetitivas, me da gusto saber que no lo han sido. Y sobre Saori, lo sentimos Saori, pero aquí no eres una princesita que necesita ser rescatada, aquí todos ponen de su parte, así que a fregarse la espalda y a poner el pan en la mesa de los Dorados también.

Guest: No sé quién eres porque no me pusiste nombre de referencia, pero es de los reviews que más me han conmovido últimamente. No sé si eres hombre o mujer, así que, si me equivoco, me disculpo. Yo comprendo que la mitología griega sea la favorita de la mayoría, mi corazón siempre va a estar con la nórdica porque los dioses de esa mitología representan algo que los griegos no. Toda la mitología nórdica, se basa en el trabajo conjunto de humanos y dioses por superarse. Los dioses eran mortales, los dioses se equivocaban, los dioses no castigaban, los dioses amaban a los mortales, esas son enseñanzas que los dioses griegos, egipcios, chinos, el que me digas, no cumplían. Claro, los nórdicos no eran peritas en dulce, pero el mensaje de sus dioses era claro, Thor, Odín, Heimdal y Frey, enfrentaban a los gigantes para proteger a los humanos, Freyja y Frigg, recompensaban a los humanos, Forseti y Tyr, les daban leyes, justicia, honor, y los acompañaban a la guerra, Heimdal inclusive, enseñó a los humanos a ser autosuficientes, por ello no puedo no amar a la mitología nórdica, la griega también es especial, pero hay una gran diferencia entre, "sacrifica y témeme porque soy un dios y te lo ordeno, y de paso déjame acostarme con tu mujer" vs "oye, ven y tomate esta cerveza conmigo, y cuando termines vamos a matar unos gigantes, platicar junto a la hoguera, y comer hasta que nuestras barrigas revienten". Sobre Derbal vs Dorbal, veras, la traducción del nombre está mal, el nombre correcto es Derbal, porque su personaje está basado en el dios Balder, Der-Bal = Bal-Der, así que la forma correcta del nombre es Derbal. Lo demás es una mala traducción, pero sí estamos hablando del mismo personaje. Y Guerras de Troya… no está olvidada, planeo terminarla. Una vez acabe la Saga de Midgard, esta serie descansa hasta finalizar Troya Año 2, y así iré saltado de serie en serie.

¡4 Reviews! ¡Hacía mucho que no salía del par de reviews! ¡Yo feliz! ¡Ustedes leer!

EDITADO: 15/09/2022.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Midgard.

Capítulo 14: La Manifestación del Muspel.


Hlingard. Palacio de Hlingard. Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra. 31 de Agosto de 4E 08.

-¡Ventisca Valerosa del Dragón! -la batalla entre Siegfried y Frodi se había extendido demasiado, sin que ninguno pudiera ganar ventaja sobre el otro. El cosmos de Frodi era más intenso que el de Siegfried, pero por alguna razón que Frodi no comprendía, Siegfried simplemente no recibía daño alguno. Sus ataques lo impactaban, su Ropaje Sagrado se desquebrajaba, pero su piel no cedía ante los ataques de Frodi. Siegfried, aunque su cosmos estuviera sobrepasado, se mantenía firme, mientras Frodi ya presumía varias heridas en su cuerpo.

-¡Embestida de Jabalí! -insistía Frodi, con su ataque impactando la piel de Siegfried en la medida en que Frodi controlaba su cosmos para golpear aquellas zonas desprotegidas, pero su piel no se rompía- ¿Por qué? ¡Soy más poderoso que tú! ¿Por qué es que no puedo destruirte? -preguntó Frodi, iracundo, y de pronto se vio rodeado por cadenas- ¿Quién? -se preguntó Frodi.

-Alguien que ya durmió suficiente… -le respondió Harald, tirando de su cadena, que ya apresaba el brazo derecho de Frodi-. Arriba hermanos, los Guerreros Vikingos de Midgard no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras los Dioses Guerreros hacen nuestro trabajo-. Agregó Harald, con 4 cadenas más siguiendo a sus palabras, enredándose en cada una de las extremidades de Frodi, y la última en su cintura, mientras los hermanos de Harald se ponían de pie, elevaban sus cosmos, y lo transmitían por la cadena-. ¡Aprehensión del Gigante! -declararon Harald, Canuto, Olaf, Erico y Nicolás al unísono, mientras estiraban las cadenas de sus ropajes, y en sus cosmos se representaba a Gullinbursti, el Jabalí Dorado, siendo apresado por las cadenas que seccionaban su cosmos en 5 partes iguales, lo que doblegaba a Frodi, quien sentía que su cosmos le fallaba, pero continuaba elevándolo de todas formas- Es inútil, estas cadenas seccionan el cosmos de a quien envuelven, dividiendo su cosmos en partes iguales al número de Guerreros Vikingos que los aprisionan… aún si tu cosmos es aplastante y superior al nuestro, estas cadenas te fuerzan a dividirlo y seccionarlo a nuestra voluntad. La fuerza de los Guerreros Vikingos, está en los números, no puedes vencernos mientras estemos unidos -aseguró, aunque Frodi se negaba a darse por vencido.

-Los Dioses Guerreros Dorados se dice poseen un cosmos infinito -habló Jarl Svend, quien se había recuperado, y se apoyaba en Seiya y en Björn, quienes junto a Shaina llegaban ante Frodi-. Sin embargo, y pese a que sé que el cosmos es infinito, no sabemos si eres capaz de llegar a esos niveles, y si lo fueras, tus esfuerzos ya son inútiles. Faltan 2 horas en el Reloj de Bor, aún si te pusieras en marcha, no llegarás ante Lyfia en 2 horas, sin importar lo rápido que creas que eres -le aseguró, aunque Frodi lo seguía viendo con desprecio-. Apela a la razón, los Dioses Guerreros Dorados no vienen a lastimar a Lyfia, sea esto una guerra o no. Y aún si así fuera, no llegarás en 2 horas ante ella, ni lograrás derrotarnos a todos -le aseguró Jarl Svend, mientras Frodi observaba que la totalidad de los Guerreros Vikingos se había puesto de pie, y que mantenían encadenados a Hércules y a Surt-. Se acabó, Frodi -aseguró Jarl Svend.

-¡No se ha terminado! ¡Jamás terminará hasta que Lyfia esté…! -intentó decir Frodi, pero sus ojos se desorbitaron y cayó inconsciente, y tras hacerlo, el grupo encontró a Syd detrás de él, con una mirada de molestia en su rostro tras haberle golpeado la nuca a Frodi.

-Me he cansado de escuchar a este sujeto -habló Syd, dirigiéndose a la salida de las Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra, deseando continuar con el avance, pero sabiendo que no sería posible-. Dejar todo en manos de los Dioses Guerreros Dorados… mi orgullo de Dios Guerrero no me permitirme hacerlo… en especial cuando Bud ha… -intentó decir Syd, pero la mano de Siegfried sobre su hombro, le dio tranquilidad.

-Nuestra intervención en esta guerra… aún no ha terminado… -declaró Alberich, quien se ponía de pie gracias a la ayuda de Tholl-. Escucha Syd, una vez que la barrera del Reloj de Bor caiga, Saori se va a Helheim, así que, aún si pudiéramos correr en dirección a Saori en una fracción de segundo una vez se cae la Barrera de Bor, nada podemos hacer por ella, pero eso no significa que ya es todo lo que podemos hacer, Derbal ha… la razón por la que cortó la conexión de los Zafiros de Odín… ya he deducido la razón -declaró Alberich, sintiéndose sumamente débil.

-No te esfuerces tanto -intentó calmarlo Tholl, ayudándolo a recostarse-. Sea cual sea la razón, nos la dirás cuando tomes aire. De todas formas, concuerdo, en 2 horas todo termina. Ni Hagen sería tan rápido para poder llegar al Templo de Hlin a tiempo.

-Tendrá… que ser lo suficientemente rápido para escapar a la muerte al menos -prosiguió Alberich, quien se incorporó nuevamente, pese a las quejas de Tholl-. No es el momento de quedarme tumbado. ¿Acaso no lo sintieron? Cuando cayó la Barrera de Odín, su Galdr se hizo presente una última vez, y lo hizo en el Templo de Hlin. La razón de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor de existir, es la de mantener el Ropaje de Odín sellado en la constelación -declaró Alberich, y la sorpresa invadió los rostros de los presentes.

-Ah, yo lo sentí también -declaró un recién llegado, Fenrir, quien poseía una herida que chorreaba sangre en todo momento, y la cual los Dioses Guerreros de la Osa Mayor intentaron atender-. No importa lo que hagan, esta herida no cerrará… -se quejó Fenrir, ante la mirada de preocupación de sus compañeros-. Pero eso no importa… mi Ropaje Sagrado… me despertó cuando sintió a Odín hacerse presente en el Templo de Hlingard -prosiguió, sintiendo entonces una mano en su herida, que provenía de Hagen.

-Universo Congelante -declaró Hagen, congelando el cuerpo de Fenrir, a la altura del pecho, forzando por medios artificiales a que su herida dejara de sangrar- El flujo de sangre no se va a detener, fuiste dañado por Dáinsleif… pero puedo retrasarlo lo más que pueda, hasta encontrar una solución -declaró Hagen, y miró al grupo con cautela-. Yo también sentí el cosmos de Odín, pero pensaba que Odín no participaba en la guerra de los hombres de esta manera -se preocupó Hagen, perturbado.

-No lo hace… -escuchó el grupo, mientras Mime llegaba, con el Ropaje Sagrado aún lleno de cristales congelados, y el cuerpo pálido, como si su sangre aún continuara durmiente por el ataque de Camus-. Odín cuida a sus Dioses Guerreros a su manera, nos arropó con su Galdr para evitarnos la muerte… vi a las Valkirias… y escuché su orden de dejarme vivir -declaró Mime.

-No sé si sobrevivimos por la gracia de Odín o no… -declaró Alberich, mirando a sus compañeros, quienes se sorprendieron por su determinación-. Solo sé, que esto no se ha terminado. Derbal cortó nuestra conexión a los Zafiros de Odín para forzar al Ropaje Divino de Odín a bajar de la Constelación de la Osa Mayor donde está sellado, y lo logró al reunir la energía de cosmos de nuestras respectivas batallas, alrededor de los Falsos Zafiros de Odín… -les explicó, y todos recordaron sus batallas, y como el poder de los Dioses Guerreros de la Osa Menor era superior al suyo-. A Derbal jamás le interesó que nos vencieran, le interesaba nuestra victoria, él quería que nosotros ganáramos, para que nuestro cosmos fuera absorbido por los Falsos Zafiros de Odín, y él los usara para vestir el Ropaje Divino de Odín -les explicó.

-¿Qué has dicho? -se estremeció Frodi, recuperando la conciencia, y con lágrimas en sus ojos, Hércules y Surt habían recuperado la conciencia de igual manera, y lloraban por la horrible revelación- Derbal nos ha… él nos ha utilizado para sus fines personales… no lo creo… no lo creo… Lyfia es… Lyfia es… -intentó decir Frodi.

-Lyfia era una diosa falsa… hasta hace poco -prosiguió Alberich, y los presentes no supieron qué decir-. Derbal trajo el Ropaje Divino de Odín y lo vistió, obteniendo el Galdr de Odín de manera temporal. El Galdr es por mucho superior al cosmos y al Dunamis, la fuerza de los dioses menores -les explicó, comenzando con una revelación casi divina-. El cosmos es la fuerza destructiva del universo, que nos fue regalada a los mortales por Odín, por Vili y por Ve. El Dunamis, es la fuerza divina de los dioses, Saori posee un Dunamis, un cosmos de ascendencia divina con propiedades creacionistas. Lo que no posee Saori, es un Galdr, al menos no enteramente. El Dunamis de Saori puede convertirse en un Galdr al vestir su Ropaje Divino, igual que un portador del Ropaje Divino de Odín obtiene el Galdr de Odín de forma temporal. En todo caso, el Galdr es superior al Dunamis, porque el Galdr tiene la propiedad de ser capaz de crear a otros dioses. Normalmente el Ropaje Divino de Odín no hace más que conectar el Galdr de Odín al portador del Ropaje Divino, lo que permite que todo lo que haga el portador, sea a voluntad de Odín. Posees un Galdr pero no puedes crear a otros dioses, pero lo que Derbal ha hecho va por encima de eso, no solo cortó la conexión del Ropaje Divino de Odín a nuestros Zafiros de Odín, sino que se apoderó del poder de Odín mismo. Derbal, fue capaz de crear a su propia diosa en Lyfia gracias a esto, y le entregó el dominio de Saori, al utilizar su ojo izquierdo que le arrancó de su rostro -finalizó.

-¿Intentas decirnos que Derbal se ha vuelto tan poderoso como Odín? -se quejó Tholl, y Alberich asintió ante aquellas palabras- Eso es imposible, me niego a creerlo. Si Derbal fuera tan poderoso como lo es Odín, ¿por qué mantiene a Saori con vida? ¿Y por qué no ha detenido él mismo a los Dioses Guerreros Dorados? -le preguntó.

-Porque Derbal no quiere ser igual de poderoso que Odín, quiere ser más poderoso que él, quiere ser el más poderoso de todos los dioses -le explicó Alberich, pero Tholl no lo comprendió-. Hay solamente un dios… mucho más grande que Odín… Thor… -le explicó, y el grupo comenzó a comprenderlo-. Al forzar a los Dioses Guerreros Dorados a la batalla, Derbal está haciendo algo más riguroso. ¿No les pareció sospechoso nunca el que Derbal no haya decidido asesinar antes a Dohko si siempre ha sabido quién es y dónde está? ¿O que deliberadamente son 6 contra 6? Derbal está replicando la cosecha del cosmos de los Dioses Guerreros de la Osa Mayor para liberar el Ropaje Sagrado de Odín, consumiendo el Galdr de Thor que se libera de los Rubíes de Thor. Si todos los encuentros se llevan a cabo, Derbal obtendrá la fuerza de liberar el Ropaje de Thor como ha hecho con el de Odín, y si eso ocurre… no solo tendrá el poder de Odín… sino el de Thor también… díganme, ¿qué dios podría derrotar a eso en lo que Derbal planea convertirse? -les explicó, pero nadie podía imaginar la respuesta-. En estos momentos, solo 2 Dioses Guerreros Dorados siguen en pie… y si no hacemos algo, y rápido, en el momento en que Afrodita, el Dios Guerrero de Piscis, eleve su cosmos para liberar la pieza del Ropaje Divino de Piscis que le dé la ventaja intentando evitar así la Batalla de los 1,000 días, el cosmos de su oponente, Aldebarán, deberá superarlo, alcanzando el nivel requerido que haga brillar su Rubí de Thor en manos de Derbal, y así, liberar el Ropaje Divino de Thor… habiendo hecho esto, ambos Ropajes Divinos, el de Odín y el de Thor se fusionarán para vestirlo, y el poder que adquirirá… será superior al que se liberaría en el Ragnarok… no… sacudirá a los 9 Mundos, y sería capaz de destruirlos a todos -les explicó.

-Pero todo esto tiene una solución, por lo que veo -interrumpió Siegfried, acercándose a Alberich-. Tengo que admitir, que jamás me sentí tan afortunado de tener a alguien con tu genio táctico en nuestro bando, Alberich. Esta explicación, nos ha abierto a todos los ojos, aún hay algo que debemos hacer, y por lo que veo, no será sencillo -le aseguró.

-Más bien es un sacrificio terrible -aseguró Alberich, y el grupo lo escuchó-. La forma en que Derbal absorbe los cosmos de los Dioses Guerreros Dorados que se enfrentan en las 12 Moradas de los Dioses, es cuando los Dioses Guerreros Dorados que poseen un Rubí de Thor, llaman a sus Ropajes Sagrados Divinos, y absorben el daño de sus oponentes. En ese momento, usando el Galdr de Odín, Derbal se conecta a los Rubíes de Thor de sus aliados, y transporta el cosmos de Mu, Aioria, Shaka, Dohko y Milo a los Rubíes que posee en su mano. Solo le falta colectar el cosmos de Aldebarán, que se liberará cuando intente defenderse de Afrodita con el Ropaje Divino cubriéndolo, en ese momento se abre la conexión, en ese momento Derbal crea el puente. Pero solo puede construir este puente con el Galdr de Odín, si Derbal no contara con este puente, la conexión se perdería, el cosmos de Aldebarán se disiparía en la nada, y Derbal se quedaría a un paso de alimentar el Rubí de Thor y, por consiguiente, el Ropaje Divino de Thor -aseguró.

-Entonces hay que desconectar la conexión de Derbal con Odín, para que así no pueda conectarse con Thor -dedujo Hagen, y Alberich asintió-. Suena a que es igualmente complicado el desconectar a Derbal de Odín, que Derbal abriendo la conexión con Thor -agregó Hagen.

-Si restauramos la conexión de nuestros Zafiros de Odín con el Ropaje Divino de Odín, es posible -aseguró Alberich-. Pero para eso, tendríamos que alcanzar algo imposible de alcanzar, tendríamos que conectar nuestros cosmos directamente a Odín, y solo hay una forma de lograr eso, sin poseer la extensión de cosmos suficiente -declaró Alberich, arrancándose el Zafiro de Odín de su ropaje, colocándolo en el suelo, y materializando su espada-. Debemos alcanzar el Octavo Sentido… ese que nos permita vivir aún en muerte… y la única manera en que se me ocurre que lograremos esto es… -comenzó a temblar de miedo Alberich.

-Convirtiéndonos en Einherjers… -dedujo Siegfried, y el grupo se estremeció-. Alberich… tú… ¿estarías dispuesto a ir tan lejos, por Saori? -preguntó Siegfried, conmovido, igual que todos los presentes- Si los Dioses Guerreros Dorados no salvan a Saori… no solo ella se irá a Helheim… nosotros, convertidos en Einherjers… moriremos al ser enviados por el poder de Bor a Asgard… -le explicó Siegfried.

-Siegfried… lo único que yo siempre quise fue obtener el poder de mi Ropaje Sagrado, y hacer lo posible por convertirme en un dios verdadero… -le explicó Alberich, lo que sobresaltó a Siegfried-. Derbal… lo que él ha logrado con su plan… es exactamente lo que yo hubiera hecho si mi ambición me lo hubiera permitido. En otras palabras, Siegfried, yo podría ser el sujeto vistiendo el Ropaje Divino Corrompido de Odín. ¿Sabes qué fue lo que cambió? -preguntó, y Siegfried asintió- Tuve que conocerla a ella… a esa niña, a Saori… si no la hubiese conocido, en el momento en que recibí mi Ropaje Sagrado, hubiera comenzado con el largo y tedioso viaje de convertirme en un dios, y lo hubiera logrado, porque, sé que soy mucho más listo que Derbal -agregó con soberbia, y el grupo asintió-. Pero ahora es diferente… prefiero convertirme en un Einherjer, con el conocimiento de lo que ello significa, y hacer todo lo que me sea posible para arruinar el plan de Derbal, para lograr que Saori… se vuelva la diosa de Midgard… llámalo un cambio de corazón, pero mi vida ya no importa si no logro ese objetivo -se cortó el antebrazo Alberich, y comenzó a verter su sangre en el Zafiro de Odín, mientras elevaba su cosmos lo más que podía.

-Entonces, elijo morir contigo, amigo mío -se cortó el antebrazo Fenrir, derramando su sangre sobre su propio Zafiro de Odín-. Mi cuerpo no sanará de todas formas, me han arrebatado mi vida, pero si puedo utilizar lo poco que me queda, le daré el mejor de los usos que pueda -aseguró, determinado a dar su vida por Saori.

-Oigan, yo quería ser el primero -se molestó Tholl, cortándose el antebrazo, y derramando su sangre sobre su Zafiro de Odín-. De todas formas, si los papanatas de los Dioses Guerreros Dorados fallan, me encontraré en el Valhalla con Thor, y me daré de golpes con el Dios del Trueno y la Fuerza… solo el ver a Saori como la Asynjur de la Esperanza y la Paz liderando a su reino, podría hacerme más feliz -aseguró.

-Asgard tiene una buena cocina -sentenció Hagen, cortándose el antebrazo también, y derramando su sangre sobre su Zafiro de Odín-. Será un honor el cocinar para los más grandes guerreros, escuchar sus historias… mi único arrepentimiento sería… Flare… -recordó Hagen a la mujer que amaba, inconsciente en Hlingard-. Lo lamento, Flare… nunca pude decirte lo que sentía… -se preocupó Hagen.

-Lo dices como si pensaras que los Dioses Guerreros Dorados van a fallar -agregó Mime, quien se encontraba más débil que el resto, cortando su antebrazo, y bañando su Zafiro de Odín-. Yo solo sé, que hubiera muerto hace tiempo de no ser porque decidí creer en Saori… esta es mi forma de regresarle el favor… ella no va a morir… recuperará su reino -aseguró.

-Aún tengo pendientes en Midgard… -dudó Syd, pero tras morderse los labios con fuerza, se cortó el antebrazo con sus uñas, y vertió su sangre en su zafiro de Odín-. Pero ni mi hermano, es más importante que Saori… ojalá lo hubieras comprendido, Bud… Saori… es lo más importante -prosiguió él, y el grupo miró a Siegfried.

-Harald, tengo un favor que hacerte -exclamó Siegfried, y Harald lo miró con curiosidad-. Necesito que golpees mi corazón, con todas tus fuerzas… -le pidió, y Harald no lo comprendió-. La razón por la que Frodi no logró vencerme, es porque en esencia, soy invulnerable. Soy la reencarnación del héroe legendario Sigurd el Afortunado, quien, en el pasado, se bañó con la sangre del Dragón Fafnir a quien asesinó, salvo por un lugar en su espalda por donde le cayó una hoja mientras se bañaba con su sangre -explicó, y Frodi se mostró furioso por aquello-. No puedo cortarme mi antebrazo, a menos que me debiliten el cuerpo, al golpearme en ese punto débil, un poco por debajo del omoplato. Una vez que me golpes en ese punto, mi invulnerabilidad se esfumará, seré tan mortal como cualquier otro, en realidad, tal vez incluso más. Lo que significa que, tras terminar con esto, y si es que los Dioses Guerreros Dorados logran salvar a Saori… yo moriré de todas formas -declaró Siegfried, mirando a sus compañeros en armas-. Cuando eso pase, espero puedas liderar al grupo adecuadamente, Huskarl Alberich… -declaró Siegfried, y Alberich se estremeció.

-No estarás pensando enserio en… -se preocupó Alberich, mientras Siegfried asentía-. Siegfried, si lo que dices es verdad… sin importar lo que pase, tú vas a… -y Siegfried volvió a asentir.

-No tiene importancia ya… perdí a mi hermano, perdí a la mujer a la que amo, no tengo más razones para vivir que mi deber… -le explicó Siegfried, mientras miraba a Harald, quien lloraba de ira, sabiendo lo que estaba forzado a hacer-. Hazlo, amigo mío… -le pidió, mientras Harald, asentía, y se colocaba en posición.

-Desearía que no tuviera que terminar así, Huskarl Siegfried -se posó detrás de Siegfried Harald, elevando su cosmos, mientras Siegfried esperaba-. ¿Estás seguro? ¿No hay otra forma? -se preocupó Harald, más entonces sintieron el cosmos de Aldebarán estallar, y supieron que el tiempo se estaba agotando-. Maldición, ¡te veré en Asgard, Siegfried! -se lanzó Harald en dirección a Siegfried, y golpeó su espalda con todas sus fuerzas, en el lugar donde estaba su corazón- Te juro que… tu sacrificio… no será en vano… -lloró Harald, mientras sangre salía de los labios de Siegfried.

-Te lo agradezco… amigo mío… -declaró Siegfried, cortándose el antebrazo ahora que su cuerpo inmortal se encontraba debilitado, y vertiendo su sangre en el Zafiro de Odín-. Cuiden a Saori… y a Hilda… por mí… -prosiguió Siegfried, mientras sus compañeros lloraban, por lo que sabían que estaba por suceder.

El Santuario. Doceava Morada. Piscis.

-Umm… no me hace feliz que me hayas volado un cuerno -agregó Aldebarán, levantando el cuerno que había sido destrozado por la Rosa Piraña de Afrodita, quien, en esos momentos, era rodeado por un escudo de Rosas Piraña que giraban a su alrededor, mientras Afrodita olía la fragancia de una Rosa Blanca en su mano-. Por la rosa blanca en tu mano, intuyo que aún te quedan bastantes trucos -dedujo Aldebarán.

-Me basta solo con el primero para saber que no puedes derrotarme, Aldebarán de Aldebarán -se burló un poco Afrodita, pero Aldebarán se mantenía de brazos cruzados-. Ese Ropaje Sagrado que vistes, es más fuerte y resistente que el de otros Dioses Guerreros Dorados, el mío incluido. Normalmente el impacto de una Rosa Piraña es más… determinante en una batalla, si comprendes a lo que me refiero. Pero de todas las Rosas Piraña que envié, solo una logró romper tu Ropaje Sagrado. Eso es inquietante, pero ya demostré que tu Ropaje Sagrado puede romperse con la mordida de una de mis Rosas Piraña. Harías bien en rendirte y retirarte, siento que varios cosmos se aproximan, algunos de mis supuestos camaradas, y te aseguro, que no voy a dejar a ninguno pasar -lo amenazó con su rosa.

-No he llegado tan lejos para hacerme a un lado, Afrodita -le aseguró Aldebarán, haciendo temblar la tierra con su cosmos-. ¡Veamos qué tan resistentes son tus Rosas Piraña! ¡Gran Cuerno! -lanzó su ataque Aldebarán, sin siquiera despegar sus brazos.

-Te lo he dicho, poseen el poder de romper los Ropajes Sagrados, lo que significa que pueden resistir también tus embistes -señaló Afrodita, colocando nuevamente una Rosa Piraña frente al ataque de Aldebarán, resistiéndolo, y forzado a Aldebarán a resoplar con fuerza-. Te lo volveré a pedir, sal de mi Morada de Piscis y no regreses, queda poco tiempo, pero demasiados oponentes. No me estorbes -agregó con cierta molestia.

-Umm… no me da la gana el irme. ¡Gran Cuerno! -volvió a atacar Aldebarán, aunque el resultado fue el mismo, cuando la Rosa Piraña de Afrodita bloqueó su ataque- Ese ha estado más cerca, es solo cuestión de tiempo, Afrodita, y tengo muy poco tiempo que perder, Saori peligra, y yo daría mi vida por ella. ¡Gran Cuerno! -insistió.

-Terminarás dándola al final, Dios Guerrero rebelde -volvió a bloquear Afrodita con su Rosa Piraña, cuando vio a un pétalo caerse de la misma, lo que llamó su atención, y de pronto, una fuerza de cosmos descomunal se dirigió en su dirección, destrozado la Rosa Piraña, impactando a Afrodita de lleno, y lanzándolo por los aires hasta estamparlo a varios metros de distancia-. ¿Qué ha sido eso? -se sorprendió Afrodita, incorporándose.

-Umm… la Rosa Piraña absorbió la mayor parte del ataque, pero eso no importa ya. He determinado la potencia de cosmos suficiente para destrozar una Rosa Piraña, lo que significa, que acabo de inutilizar la primera de tus rosas, y lo he hecho sin siquiera descruzar mis brazos -sonrió Aldebarán.

-¿Qué has dicho? -se molestó Afrodita, incorporándose, y mirando a Aldebarán sonriente- Me parece que me has insultado, aun cuando había decidido personalmente el salvarte la vida, Dios Guerrero traidor. Saori es una chica linda, demasiado para ser una traidora, no me hubiera gustado hacerla llorar, pero me temo que no me has dado otra opción. A la suma de su reflejo que llora sangre… se le sumarán lágrimas de impotencia, cuando mi Rosa Piraña te haya atravesado el corazón. ¡Rosa Piraña! -lanzó Afrodita alrededor de una centena de Rosas Piraña que tenían el objetivo de destrozar todo el Ropaje Sagrado de Aldebarán, quien mantuvo su defensa perfecta, y permitió a la centena de Rosas Piraña impactarle el cuerpo, soltando chispas con cada golpe de las rosas, pero resistiendo cada impacto- Su Ropaje Sagrado no se rompe… -intentó decir, cuando de pronto vio un destello dorado dirigirse en su dirección, y Afrodita tuvo que evadir, mientras miraba con sorpresa a los labios de Aldebarán moverse.

-¡Gran Cuerno! -terminó de decir, pero no se liberó ataque alguno, este se había liberado mucho antes que su voz, sorprendiendo a Afrodita por la velocidad del ataque- Pareces sorprendido, Afrodita, déjame decirte algo. Mientras poseo mis brazos extendidos, hay fallas en mi Defensa Perfecta, pero una vez opto esta pose, soy inamovible, lo que significa que tus Rosas Piraña no pueden tocarme -le aseguró.

-Tenías esa pose mientras te atacaba la primera vez, y logré romperte un cuerno, no tiene sentido, debe ser tu Ropaje Sagrado que es más resistente en la sección del cuerpo, como sea, solo debo aumentar el número de Rosas Piraña -prosiguió Afrodita, convocando con su cosmos a más Rosas Piraña, que giraron a su alrededor, antes de ser lanzadas nuevamente en dirección a Aldebarán-. ¡Rosas Piraña! -la cantidad de rosas era el doble, pero al igual que en la primera ocasión, Aldebarán no se movió, recibió los ataques, pero estos no parecían incomodarlo en absoluto- ¿Cómo? -preguntó Afrodita, y entonces notó a Aldebarán moviendo los labios nuevamente, y de pronto, una fuerza de cosmos descomunal pulverizó todas sus Rosas Pirañas, se dirigió a Afrodita, y estalló en varias secciones de su cuerpo, fragmentando su Ropaje Sagrado en varias partes, y estrellándolo en contra del suelo, donde quedó tendido, y adolorido.

-¡Gran Cuerno! -volvió a exclamar Aldebarán, pero su ataque no volvió a impactar a Afrodita, solo lo había enunciado- He logrado derrotar a tu Rosa Piraña nuevamente. Es un ataque algo peculiar, muy resistente y potente, y en definitiva podría destruir cualquier parte de mi Ropaje Sagrado, o así sería si llegara a tocarme -le explicó Aldebarán, mientras Afrodita volvía a ponerse de pie, incrédulo de lo que ocurría-. Tu ataque es muy lento, no necesito explicártelo, pero no serás capa de tocarme con tus Rosas Piraña. Y ahora que he roto tu técnica, es momento de desprender la mía ¡Gran Cuerno! -atacó Aldebarán.

-Ya he resistido tu técnica varias veces, pero esta vez no te daré la consideración de confiarme. ¡Rosas Piraña! -enunció Afrodita, rodeando su cuerpo con varias Rosas Pirañas, formando un torbellino de pétalos negros, mismos que resistieron el ataque de Aldebarán, que sonrió al ver que Afrodita por fin lo tomaba enserio- Tú tampoco podrás tocarme… será cuestión de ver cual defensa es la más efectiva, solo que mientras tú te limitas a defenderte, yo ataco, y te destruiré. ¡Rosas Piraña! -enunció nuevamente, y entre las Rosas Piraña, Afrodita se aseguró de observar qué era lo que Aldebarán hacía para defenderse, notando que enunciaba en un susurro, y tras hacerlo, las Rosas Pirañas estallaban, regresaban a Afrodita en la forma de destellos de luz dorada, fragmentando su Ropaje Sagrado, y momentos más tarde, escuchaba únicamente a Aldebarán enunciando un ataque, que no llegaba a su cuerpo.

-¡Gran Cuerno! -enunció Aldebarán, mientras Afrodita, sonreía y se ponía de pie, tras limpiarse un hilo de sangre- Esa mirada me lo dice todo, ya has deducido mi técnica -se entusiasmó Aldebarán.

-No deja de sorprenderme el hecho de que me has permitido deliberadamente hacerlo -declaró Afrodita, y Aldebarán sonrió nuevamente-. No es tu Ropaje Sagrado el que resiste a mis Rosas Pirañas, usas una fuerza de cosmos mientras susurras, atrapas a mis rosas, y rediriges la fuerza de las mismas en mi dirección, causándome el doble de daño que mis rosas harían si impactaran a tu cuerpo, pero son tantas las Rosas Pirañas que envío, que no puedes repelerlas a todas, enuncias el Gran Cuerno cuando las Rosas Pirañas que no fueron repelidas están por llegar a tu cuerpo, las pulverizas, pero tu ataque no llega a mí porque lo empleas para destruir las Rosas Piraña restantes. En otras palabras, en la fracción de uno de mis ataques, tu respondes con 2, el primero, para regresar mi propio ataque, el segundo, para defender tu cuerpo, el susurro, no es un susurro, es el enunciar tu ataque con una velocidad tal, que no soy capaz de escucharlo, solo escucho el Gran Cuerno. ¿Qué ataque es ese que empleas, antes de defenderte con tu Gran Cuerno? -preguntó curioso.

-Yo lo llamo el Gran Estallido de Bor, en honor al Dios del Tiempo y de la Tierra -declaró Aldebarán, y Afrodita lo observó fijamente-. El Gran Estallido de Bor solo funciona si conozco la extensión del ataque que recibo. Funciona al lazar una fuerza de cosmos, como una onda expansiva a mi alrededor, que rodea el ataque que estoy por recibir, y lo redirige a su dueño, con el doble de la potencia en que me es dirigido. Es la técnica defensiva suprema de los Dioses Guerreros de Tauro, pero no es tan efectiva con objetivos múltiples. Una vez lanzo el Gran Estallido de Bor, solo puedo atrapar la mitad de las Rosas Piraña y redirigirlas, la otra mitad, la destruyo con mi Gran Cuerno -le explicó, sorprendiendo a Afrodita-. Claro que el Gran Cuerno es más lento que el Gran Estallido de Bor, por eso puedes escucharme enunciar ese ataque -se burló.

-Eso no es lo importante, lo importante es que el Gran Estallido de Bor es un contraataque que se activa con tu cosmos, pero el Gran Cuerno es un ataque, eso significa que… -se aterró Afrodita, mientras Aldebarán le sonreía con orgullo-. Para usar el Gran Cuerno, debes utilizar tus brazos y salir de la forma de la Defensa Perfecta… el movimiento que haces es tan veloz, que mis ojos no pueden verte romper la Defensa Perfecta. Lanzas el estallido, rompes la Defensa Perfecta, utilizas el Gran Cuerno, y vuelves a adoptar la Defensa Perfecta. ¿Qué clase de Dios Guerrero eres? No son solo 2 ataques, son 2 ataques y una guardia… 3 técnicas de batalla en lo que dura un pestañeo -aseguró Afrodita.

-¡Y todos creen que solo uso el Gran Cuerno! ¡JA JA JA JA JA! -se burló Aldebarán sonoramente, mientras Afrodita se colocaba a la defensiva, sabiendo que el rival que tenía enfrente, distaba mucho de ser un Dios Guerrero ordinario- Pero ya fue suficiente de esto, Afrodita, no siento en ti maldad alguna, solo confusión. Te he revelado el secreto de mi fortaleza, soy el Dios Guerrero más veloz de todos, solo hay un ataque que supera mi velocidad, y esa es la Aguja Escarlata de Milo, que es hasta estos momentos, prácticamente ineludible. Pero en velocidad promedio de ataque y defensa, soy yo quien tiene las técnicas de ataque y defensa más rápidas. He escuchado que Capricornio es también el Dios Guerrero más veloz de los 12. La realidad es que Tauro, Escorpio y Capricornio, son los maestros de la velocidad en sus respectivos campos. Escorpio en el ataque, Capricornio en el movimiento, Tauro en la defensa y ofensa. El cambio de ofensa a defensa de Tauro, es su fortaleza. Por ello somos la muralla impenetrable. Habiendo dicho esto, no existe técnica alguna que puedas usar para detenerme, no mientras esté en la pose de la Defensa Perfecta, ¿lo entiendes ya? A menos que venzas mi pose, no puedes tocarme -le aseguró.

-Pero rompes esa pose para atacar, Aldebarán, y tu ataque no es el más veloz de los 12 -declaró Afrodita, materializando una rosa roja en su mano-. Ya comprendo tu técnica, aunque no entiendo por qué has decidido mostrármela. Pudiste haberte reservado el secreto y dejarme deducirlo por mí mismo, pero has decidido serme condescendiente, ¿por qué? -preguntó asombrado.

-Porque solo basta con verte, para saber la razón por la que luchas del lado de Derbal -declaró Aldebarán, y Afrodita lo pensó detenidamente-. Esas facciones… seguramente te han llamado de la siguiente manera en varias ocasiones… Argr… -enunció Aldebarán, y a la mención, los ojos de Afrodita se llenaron de ira-. No me malinterpretes, no estoy usando el termino como un insulto. Lo utilizo para comprenderte, las razones por las cuales sigues a Lyfia y a Derbal, sin creer genuinamente en Lyfia como la Asynjur Hlin… tú… lo sabes, ¿no es así? -preguntó Aldebarán.

-De modo que, lo que intentas decirme, es que mi móvil de querer permanecer leal a Derbal pese a mi conocimiento, es lo que te ha hecho revelarme el secreto de tu técnica. Inaudito, solo haces mi tarea más simple -apuntó Afrodita a Aldebarán, quien cerró sus ojos, y suspiró en señal de molestia-. Pero es verdad, Aldebarán, sé que Lyfia no es la Asynjur Hlin, pero eso no importa realmente. El poder que posee Derbal es inquietante, y yo quiero estar del lado del poder verdadero, y así, con mano de hierro, convertir al mundo en un lugar bello, donde ser llamado un Argr, un afeminado y débil, no sea sinónimo de vergüenza. He de hacerme respetar, con la fuerza de ser necesario, y cuando mi fuerza sea tal, que incluso tras ser llamado un Argr, destruya a todos quienes me ponen en frente, habré logrado mi objetivo, el crear un mundo bello y hermoso, usando la fuerza para cambiar la mente del colectivo -aseguró.

-Me das pena, Dios Guerrero de Piscis -declaró Aldebarán, saliendo de la pose de la Defensa Perfecta, y tomando una pose de batalla, con ambas piernas clavadas al suelo perfectamente estiradas, mientras reunía una fuerza explosiva de cosmos en su mano derecha, y extendía la misma por toda la Morada de Piscis, lo que sorprendía a Afrodita, quien notó que Aldebarán no debía ser subestimado-. ¿Cambiar la mentalidad de la gente con base a la fuerza? Por mi tamaño, desde niño me han llamado un hijo de Jotunn, nadie jamás se había acercado a mí con gentileza, compañerismo, o amabilidad. Se dirigían a mí con odio, destruían los sembradíos de mi granja, me asignaban tareas denigrantes como limpiar establos. En varias ocasiones inclusive intentaron asesinarme a golpes de palos y piedras. Miles fueron los pensamientos de tomarlos de los brazos, estirárselos, y partirlos a la mitad, tomarlos de sus cabezas, arrancárselas, o aplastarlas haciendo volar sus sesos. Tenía la fuerza para hacerlo, pero hacerlo, me hubiera convertido en un monstruo igual al que ellos decían que me parecía -le aseguró.

-Te hubiera convertido en un monstruo al que respetarían por miedo, Aldebarán -declaró Afrodita, lanzando su siguiente ataque-. ¡Rosa Demoniaca! -lanzó sus rosas Afrodita, acompañadas de torbellinos de viento rojo, que Aldebarán no se dignó siquiera a evadir, y recibió de lleno, forzando a Afrodita a sonreír- Eres un iluso, tanto en la vida como en la batalla -aseguró Afrodita.

-¡Destructor de Tyr! -alzó su mano Aldebarán, liberando una tremenda explosión que sacudió toda la Morada de Piscis, destruyendo todos los alrededores, mientras Afrodita caía al suelo nuevamente, con la piel rojiza, producto del inmenso calor liberado por el ataque de Aldebarán- Esa fue mi técnica más poderosa, pero me he limitado a utilizarla con la mitad de su capacidad destructiva -declaró Aldebarán, volviendo a adoptar la pose de la Defensa Perfecta-. Afrodita… puedes cambiar la mentalidad de las personas con acciones de bondad y nobleza, en lugar de utilizar la fuerza bruta. Incluso yo, poseyendo el poder que poseo, me niego voluntariamente a usar toda su extensión con la idea egoísta de que seas capaz de recapacitar. Puedes hacer algo mejor que esto, puedes ser alguien mejor que esto, solo debes confiar. En el momento en que me sentía más solo, encontré a un amigo en Mu que me dio fuerzas, y a él se le sumaron otros, incluso alguien mucho más alto que yo. Todos brillaban con una bondad inquietante, producto de una devoción, a una niña que no estábamos seguros de que fuera una divinidad, Saori… decidimos seguirla voluntariamente, por la calidez que irradiaba, y porque producía en nosotros ese sentimiento de ser mejores personas -declaró Aldebarán, mientras Afrodita hacía todo lo que podía por ponerse de pie-. Con el poder que poseo, podría pensar como tú, y obligar a otros a escucharme y pensar como yo usando la fuerza… pero eso… solo me convertiría en un monstruo verdadero… compréndelo, Afrodita, porque mi próximo ataque, será definitivo -le aseguró.

-Ese mundo que dices que puedes ver, Aldebarán, no existe… y no habrá otro ataque, yo ya te he vencido -declaró Afrodita, y Aldebarán comenzó a sentirse extraño, inclusive se tomó la frente, sintiendo una terrible fiebre-. La Rosa Demoniaca, es la segunda de mis rosas, una rosa venenosa -declaró, y Aldebarán lo comprendió-. No es tan fuerte como la Rosa Piraña, aún si también es capaz de morder. Su verdadera fuerza, está en el polen que libera como torbellinos alrededor de su víctima. Aldebarán, al permitirme atacarte, fuera o no fuera con tu Defensa Perfecta, el veneno de mi Rosa Demoniaca penetró en tu sistema respiratorio. Eso significa, que lentamente comenzarás a perder todos tus sentidos, quedando indefenso a mis ataques siguientes, o sucumbiendo al veneno de mi Rosa Demoniaca, lo que pase primero -aseguró Afrodita, mientras Aldebarán se colocaba en la pose de la Defensa Perfecta de todas formas-. Aunque por tu comportamiento, deduzco que prefieres enfrentarme, a permitirte ser derrotado por el veneno. Me parece bien… elegiré por ti entonces la rosa que te dará muerte, Aldebarán, ya que has llegado a molestarme mucho con tus comentarios, no te permitiré morir por el veneno, en su lugar, voy a demostrarte todo el límite de mi desprecio por este mundo horrible y sin sentimientos, con mi Rosa Sangrienta -declaró Afrodita, elevando su cosmos alrededor de la rosa blanca en su mano.

-Intenté salvarte, Afrodita… ahora solo me resta detenerte. ¡Gran Cuerno! -lanzó su ataque Aldebarán, pero esta vez, Afrodita logró ver el cómo extendía sus brazos Aldebarán para lanzar su ataque.

-Ya no eres tan rápido, Aldebarán -declaró Afrodita, corriendo en dirección a Aldebarán, esquivando la onda de choque, y clavando en su pecho, incluso perforando el Ropaje Sagrado de Tauro, la rosa blanca que llevaba en su mano-. ¡Rosa Sangrienta! -declaró Afrodita, y Aldebarán miró a la rosa en su pecho con sorpresa- No debiste tenerme consideración, Aldebarán… elegiste serme condescendiente, elegiste intentar cambiar mi forma de pensar, si hubieras ido al todo desde un inicio, no hubiera tenido oportunidad ante ti. Pero fue tu débil corazón lo que permitió no solo que descubriera tu forma de batalla, sino que la debilité, y asesté mi técnica más mortífera, y menos misericordiosa, la Rosa Sangrienta -indicó Afrodita, y Aldebarán intentó acercar su mano a la rosa en su pecho, pero esta se clavó más profundo, mientras comenzaba a teñirse de rojo-. Es inútil, si intentas arrancártela, te perforará el corazón. Solo deja que la Rosa Sangrienta haga su trabajo, succionará toda tu sangre, tiñéndose roja y hermosa. Moverte en estas condiciones sería inclusive un suicidio, ya que la Rosa Sangrienta está conectada a tu centro nervioso en estos momentos. Moverte, sería el equivalente a recibir un choque eléctrico tremendo directamente en tu columna vertebral y subiendo a tu cerebro. Solo espera a la muerte, será menos doloroso -declaró Afrodita, pasando al lado de Aldebarán, y al hacerlo, recibió un tremendo puñetazo en el estómago-. ¡Aght! ¿Qué Draugrs…? -se quejó Afrodita, antes de ser lanzado por Aldebarán por el suelo de la Morada de Piscis.

-¡Ught…! ¡En verdad que moverse es muy doloroso! ¡No mentías Afrodita! ¡He de admitir esa parte! -continuó moviéndose Aldebarán, con un dolor descomunal invadiéndole el cuerpo en cada momento, mientras la Rosa Sangrienta se clavaba lo más profundo que le era posible, y comenzaba a extraer sangre más rápidamente, dejando un camino de sangre por donde Aldebarán pasaba- Lo que entiendo es que con esta pequeña rosa ya estoy muerto de todas formas. Que así sea entonces, pero no te escaparás del castigo que voy a darte. ¡Gran Cuerno! -declaró, lanzando nuevamente a Afrodita por la Morada de Piscis, mientras el guardián no podía creer lo que veía- Dices que el mundo es cruel solo porque no funciona como tú deseas. ¿Quién te volvió juez del comportamiento ajeno? Dices que, con tu fuerza, obligarás a que todos piensen como tú. ¿Quién te dijo que eso era justo? Mientras haya personas en este mundo, que crean que su derecho es superior al derecho ajeno, yo no me doblegaré, porque tengo el mismo derecho a partirte el rostro por defender mis ideales, que tú al intentar interponer los tuyos a los míos. Así que, Afrodita, antes de irme a la otra vida, te voy a machacar -aseguró Aldebarán, preparando su cosmos, que rodeó a toda la Morada de Piscis-. Esta vez no usaré solo la mitad de mi fuerza -le aseguró.

-Eres una bestia indomable… bien, ya basta de consideraciones. Si no quieres esperar a la muerte, te enviaré directamente a la tumba -tocó Afrodita su Rubí de Thor, y su casco en ese momento se transformó, incinerando su cosmos, mientras el Galdr de Thor lo respaldaba, y materializaba una rosa de un color morado en su mano-. Esta rosa es especial, no es tan poderosa como la Rosa Piraña, ni posee veneno como la Rosa Demoniaca, ni es tan compasiva como la Rosa Sangrienta. Esta, es la Rosa de Merseburg -declaró Afrodita, apuntando a Aldebarán con la misma, mientras representaciones de cosmos de varias mujeres se hacían presente en el cosmos de Afrodita-. La Rosa de Merseburg, es una rosa que crece en los jardines de Breidablik, la Morada de Baldr en Asgard. Es atendida por varias doncellas hermosas, que cuidan de esta sagrada rosa, que adquiere también propiedades curativas. En otras palabras que comprendas, Aldebarán, esta técnica desata una fuerza destructiva de cosmos, a la vez de que cura mis heridas proporcionalmente al daño que infringe. Y voy a desatar toda su fuerza en tu contra. ¡Rosa de Merseburg! -al lanzar la Rosa de Merseburg, esta estalló frente a Aldebarán con una fuerza de cosmos inmensa, que logró dañar el cuerpo de Aldebarán, mientras las propiedades curativas de la misma se hacían presente, sanando las heridas de Afrodita, quien recuperaba toda su fuerza y vitalidad, logrando que una risa malévola escapara de sus pulmones- ¿Aún crees que mi poder no es justicia, Aldebarán? No importa qué tan fuerte creas que eres, mientras mi propia fuerza, que se encuentra en la belleza de mi cosmos, pueda restaurar mis heridas, poco importa el daño que puedas infligir -se burló Afrodita, mientras el cosmos de Aldebarán crecía más y más.

-Cree lo que quieras, Afrodita… la verdadera fuerza… viene del corazón… -aseguró Aldebarán, alzando los brazos, y liberando un estallido descomunal que hizo temblar a todo el Santuario-. ¡Destructor de Tyr! -resonó el grito de Aldebarán, y la totalidad de la Morada de Piscis, salvo la Estatua de Baldr, quedó vaporizada en ese instante.

-¡Aaaaahhhhh…! -resonó también el grito de Afrodita, que impactó con su Ropaje Sagrado casi hecho guijarros en su totalidad, dejándole solo las protecciones de las piernas y del brazo, así como el casco que comenzaba a disiparse, mientras Afrodita, apenas vivo y cubierto en su propia sangre que le hervía en el rostro, intentaba incorporarse- Su corazón ha dejado de latir… pero… su cosmos aún se niega a abandonar su cuerpo -enunció Afrodita, cuando notó a Aldebarán, aún con el cosmos rodeándole el cuerpo, y en la pose de su último ataque, con la Rosa Sangrienta arrebatándole las ultimas gotas de su sangre-. ¿Cómo es posible que estos Dioses Guerreros Dorados a quienes hemos llamado falsos, tengan semejante poder? Derbal tenía razón, una Batalla de los 1,000 días es imposible, cuando ellos, tienen semejante convicción -declaró Afrodita, al momento de que una fuerza de cosmos inmensa se liberaba del cuerpo de Aldebarán, y lo azotaba con fuerza, mientras el último par de flamas en el Reloj de Bor se estremecían, con el tiempo recobrando su ventaja-. Un Gran Cuerno… después del Destructor de Tyr… Aldebarán… -lloró Afrodita, clavado en las escaleras llenas de rosas que llevaban al Templo del Sumo Sacerdote en su cima-. Aún… con mi Ropaje Divino protegiéndome, e incinerando mi cosmos en el ataque de la Rosa de Meseburg… que restauró mi cuerpo… lograste… impactarme con un Gran Cuerno al final… ¿cómo no podría respetar… a alguien tan noble…? -lloró Afrodita, mientras miraba el cuerpo de Aldebarán, y acercándose al Dios Guerrero de Tauro, tomando la Rosa Sangrienta de su pecho-. Puede que sea demasiado tarde… pero si alguien… es capaz de cambiar la mentalidad de quien sea… ese eres tú… Aldebarán… y no podría… negarte la oportunidad de ver tu mundo convirtiéndose en realidad, ya que me has demostrado que el mío… es egoísta… -declaró Afrodita, arrancándole la rosa del pecho, que liberó unas ultimas gotas de sangre-. Si en verdad tu convicción en ese mundo es tan grande… sobrevivirás a mi veneno, y seguirás viviendo… -finalizó, y quedó tendido en el suelo.

-¡Aldebarán! -resonó la voz de Milo, quien llegaba junto a Aioria, Shura y Camus, para encontrar a Aldebarán aún en la pose de su último ataque- ¡Alde! ¡Resiste! ¡Alde! -se estremeció Milo, olfateó el veneno, y preparó sus dedos- ¡Maldición! ¡Espero que no sea demasiado tarde! -clavó sus dedos Milo en el pecho de Aldebarán, y tras haberlo hecho, un líquido negruzco de sangre contaminada, comenzó a caerle de la herida.

-Imposible, no va a sobrevivir… -agregó Camus, mientras colocaba a Hilda en el suelo, y miraba a Milo fijamente-. Esa en la mano de Afrodita, no es una rosa roja ordinaria… es la Rosa Sangrienta, misma que le ha arrebatado toda su sangre a Aldebarán. Aún si le extrajiste el veneno de sus Rosas Demoniacas, Aldebarán simplemente no tiene suficiente sangre para… -intentó decirle, pero Milo lo detuvo con una mirada endemoniada.

-¡No te atrevas a decir más! ¡Aldebarán es más fuerte de lo que todos creen! -enfureció Milo, y Camus lo observó fijamente, dudándolo, cuando de pronto, el pecho de Aldebarán soltó aire, y se desplomó en contra del suelo- ¡Alde! -gritó Milo preocupado.

-No es posible… con semejantes heridas, con tan poca sangre, nadie podría… -intentó decir Camus, cuando notó una leve fuerza de cosmos proveniente de la mano de Afrodita, y notó un pétalo morado que caía sobre el suelo cercano-. Rosa de Meseburg… -mencionó Camus, sorprendido-. Afrodita… usaste lo poco que te quedaba de cosmos para salvar a Aldebarán -dedujo Camus, mientras Aioria y Milo ayudaban a Aldebarán a virarse, y lo recostaban en el suelo-. No va a levantarse… pero gracias a Afrodita es probable que sobreviva. Sea lo que sea lo que pasó en esta batalla, aparentemente a Afrodita le pareció que merecía de la supervivencia de Aldebarán -aseguró Camus.

-Bien, una preocupación menos -aseguró Shura, mirando en dirección a las escaleras repletas de rosas rojas-. Queda el campo de rosas del cual preocuparnos -le aseguró Shura, mientras Camus comenzaba a elevar su cosmos, y lo dirigía en dirección a las escalinatas-. ¿Crees poder con todas ellas? -preguntó Shura.

-Me ofendes, Shura… entrenamos por 3 años juntos… por supuesto que puedo… -sentenció Camus, lanzando la tremenda fuerza de su cosmos congelante, que se elevó hasta las entradas del Templo del Sumo Sacerdote, congelando todas las rosas rojas, que estallaron en fragmentos de hielo, liberando el camino.

-¿Por qué hiciste eso? -se preguntó Aioria, mientras miraba las escalinatas libres de toda rosa- ¿No podíamos simplemente caminar por sobre las rosas? Admito que estorban, pero no era para tanto -aseguró.

-Menos mal que llegaron con apoyo de los Dioses Guerreros Dorados de Capricornio y Acuario, o Aioria no la hubiera contado -se burló un recién llegado, Dohko, quien sorprendió a los presentes-. Hola, se ven horribles, y mientras yo me veo como si no hubiera tenido una batalla de vida o muerte. Qué vergüenza me da la nueva generación, son unos debiluchos -se burló Dohko.

-Ya basta, Viejo Maestro -escucharon también, y los ojos de Aioria se abrieron de par en par, mientras Aioros, sumamente herido, llegaba tras de Dohko-. Aioria no es tan distraído, seguramente sabía que las Rosas Demoniacas de Afrodita eran venenosas, y que, si subía sin cuidado, moriría envenenado a medio camino -sonrió Aioros.

-Hermano… -se sorprendió Aioria, pero no sabía cómo dirigirse a Aioros, y tan solo bajó la mirada-. No lo sabía… pero… hubiera encontrado la forma. En todo caso, ¿qué haces aquí? -declaró Aioria, sumamente molesto.

-Me merezco todo lo que quieras decirme, Aioria, incluso tu desprecio actual -declaró Aioros, y Aioria bajó la mirada, confundido-. Pero me lo dirás todo, cuando salvemos a Saori. Queda poco tiempo. Nos quedan menos de 2 horas, un Dios Guerrero Fantasma aguarda, además de que seguramente Derbal tiene aún más preparado para nosotros, sin mencionar que podríamos enfrentar a los dioses una vez que lleguemos ante el Templo de Hlin -aseguró Aioros.

-No perdamos el tiempo entonces -agregó Milo, mirando a Camus, quien asintió, y cargó a Hilda en ese momento, apenándola-. Cuídate, Alde… no te atrevas a morirte -prosiguió Milo, y el grupo, ahora de 6 Dioses Guerreros Dorados, resumió el ascenso.

Templo de Hlin.

-¿Qué está ocurriendo? -se molestó Derbal, con los Rubíes de Thor en sus manos, sin que estos brillaran con la fuerza del Dios del Trueno y de la Fuerza- ¡La última batalla entre los Dioses Guerreros Dorados ha terminado! ¿Dónde está el Ropaje Divino de Thor? -se preguntó Derbal, con Lyfia observándolo fijamente, preocupada por él gracias a la personalidad que Derbal había creado para ella con el Galdr de Odín- ¿¡Dónde está!? -gritó con fuerza, y en su cosmos, Derbal comprendió la razón, mientras los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, se las habían arreglado para revivir con su cosmos y su sangre a los Zafiros de Odín, cortando la conexión de los Falsos Zafiros de Odín, que estallaron en el pecho del Ropaje Divino de Derbal, y una vez con estos fragmentados, el Ropaje Divino de Odín se desprendió del cuerpo de Derbal, reconstruyéndose en su forma sellada, recuperando su color, y subiendo en dirección al cielo, sellándose a sí mismo en la Constelación de la Osa Mayor- ¡Ese malnacido! ¡Alberich! -gritó Derbal con fuerza, mientras elevaba su inmenso cosmos, que aún sin ser un Galdr era aplastante y aterrador, mientras Derbal, nuevamente desnudo frente a la estatua de Odín, hacía una rabieta que hacía temblar todo el Santuario- ¡Lo sabías! ¡Maldito seas Odín! ¡Sabías que tus Dioses guerreros de Asgard podían arrebatarme tu Ropaje Divino! ¡Pero no has ganado aún, dios mediocre! ¡Sigo siendo el humano más poderoso de todo Midgard! ¡Destruiré a tus Dioses Guerreros! ¡Destruiré a los Dioses guerreros de Hlin! ¡Buscaré la forma de subir a Asgard! ¡Y te arrancaré tu otro maldito ojo, dios tuerto! -amenazó Derbal, cuando Lyfia le abrazó el brazo.

-¡Derbal! ¡No! -intentó detenerlo Lyfia, y Derbal se viró con su cosmos aplastante, y lo dirigió en dirección a Lyfia, quien valientemente se mantuvo firme, pero logró tranquilizar a Derbal, cuando vio en ella a Inanna, la mujer a la que amó en un pasado no muy lejano- Derbal, ¿tanto desprecias a los dioses, que abiertamente buscas su intervención? No hay duda alguna de que eres en verdad el humano más poderoso en todo Midgard, pero ni tú podrías vencer a los dioses -le aseguró Lyfia.

-¡Moriré intentándolo entonces! ¡Todo sea por crear un mundo en el que los humanos no deban nunca rendirles tributo a esos malnacidos sin corazón! -apuntó Derbal con ira, elevando todo su cosmos, forzando a relámpagos escarlata a hacerse presentes, mientras los truenos azules, aparentemente de Thor, amenazaban con bajar a enfrentar a Derbal- ¡Adelante, Thor! ¡No te tengo miedo! ¡Ven aquí! ¡Los dioses me subestiman! ¡Siempre lo han hecho! ¡Ven y hazme frente! -insistió Derbal, y el trueno bajó, pero antes siquiera de llegar al Templo de Hlin, una fuerza de Galdr blanca lo hizo regresar- ¡Cobarde! -continuó Derbal.

-¡Basta ya! -declaró Lyfia, en lágrimas, mientras Derbal la miraba con sentimientos encontrados- Derbal… he escuchado el Juicio de los Dioses… ya me ha quedado claro que yo no soy la Asynjur Hlin… es ella… -apuntó con la vista Lyfia a Saori, aún sellada en aquella dimensión-. No sé qué es lo que soy, pero con el Galdr de Odín me convertiste en una diosa, y siempre que alguien posea un Galdr, puede crear a otros dioses. ¿Deseas realmente, convertirte en el Dios de la Calamidad y el Castigo? -peguntó Lyfia, y Derbal la observó fijamente.

-Si ya sabes que eres una creación mía, si ya sabes que no eres en verdad la Asynjur Hlin, y que deliberadamente he actuado en contra de los dioses… ¿por qué harías esto por mí? -le preguntó Derbal, curioso, mientras Lyfia lo miraba fijamente, y le sonreía.

-Porque eres lo único que tengo… -declaró-. Creada o no, diosa real o no, existo porque tú me has creado. Si tú caes, nada importa, no tendré un objetivo, no seré más que una diosa sin domino. Por ello, prefiero que te conviertas en un dios, capaz de derrotar incluso a Thor -declaró, y el cielo en ese momento se llenó de miles y miles de truenos, que servían de advertencia para Lyfia, pero no hacían nada más. Thor se encontraba furioso, hacía una rabieta, pero no se le permitía intervenir, por más que el impaciente dios deseara bajar y proteger a la tierra, a los humanos a los que amaba, y a la diosa que era su hermana-. Álzate entonces, Derbal, Dios de la Calamidad y el Castigo. Yo así lo ordeno con mi Galdr, que te conviertas en un dios, mucho más grande que Thor -declaró, mientras el Ropaje Sagrado que solía vestir antes que el de Odín volvía a revestirlo, y se transformaba en una especie de Ropaje Divino demoniaco, con un casco de cornamenta, alas escarlatas e inmensas, garras como protecciones de sus brazos y piernas, una inmensa cola, y el cráneo de un dragón con las fauces abiertas, sirviéndole de casco.

-Ha nacido un nuevo dios -sonrió Derbal, apuntó su mano en dirección al cielo, elevando un Galdr escarlata e inmenso, y lo liberó en dirección a los truenos-. ¡Un dios mucho más poderoso que Thor! -liberó su fuerza, y el cielo cubierto de truenos, se partió con su tremendo poder.

Ruinas de la Sala del Consejo de Guerra.

-Eso no ha sido un cosmos ordinario… -se sobresaltó Alberich, con su Zafiro de Odín brillando nuevamente, e incrustándose a sí mismo en su peto, al igual que hicieron el resto de los Zafiros de Odín-. Eso… ha sido un Galdr… pero eso es imposible, Derbal no debería poseer un Galdr ahora que hemos cortado la conexión con los Falsos Zafiros de Odín -aseguró Alberich, más antes de poder decir más, Siegfried cayó en su rodilla- ¡Huskarl Siegfried! -gritó Alberich, mientras Hagen se apresuraba al lado de quien fuera su mejor amigo, y le tomaba de la mano, dándole fuerzas con su cosmos.

-No te molestes… Hagen… solo había una forma de sacar sangre de mi cuerpo de todas formas -declaró Siegfried, mientras su cuerpo se debilitaba, e intentaba materializar su espada, sin poder lograrlo-. No puedo… no me quedan fuerzas… -lloró Siegfried, mientras su cosmos no era ni siquiera lo suficientemente alto para poder materializar su espada.

-Siegfried… tranquilo… te brindaré otra arma… -lloró Hagen, buscando frenéticamente por todas partes, y decidiéndose a materializar su propia lanza para poder brindársela a Siegfried-. Toma mi lanza… llévala contigo a Asgard… algún día… sé que vas a regresármela… Siegfried… -lloró Hagen, y Siegfried aceptó, tomó la lanza de Hagen, y se recostó en el suelo, sin tener energías suficientes para hacer más que eso-. Siempre supe que eras invencible… que nadie jamás podría vencerte… pero jamás pensé… -lloró Hagen, negándose a soltar la mano de Siegfried-. Que caerías entregando tu vida… como estás haciendo ahora… -se molestó Hagen, furioso, pensando que el sacrificio de Siegfried era una burla, y que Odín no lo aceptaría en Asgard.

-¿Temes porque Odín no me reciba, Hagen? -preguntó Siegfried, y Hagen se mordió los labios, aquel temor lo invadía en todo momento- Si ese es mi destino… lo aceptaré con gusto… la vida que nos han brindado los dioses, no es para nada eterna… pero… podemos hacer con ella, grandes proezas. Sientes que mi vida se está desperdiciando, por sacrificarla de esta forma, yo creo… -prosiguió, mientras las marcas de los Einherjer se hacían presentes en su rostro, sorprendiendo a Hagen, quien sabía que Siegfried llegaría ante Odín-. Que he usado mi vida, de la forma más noble posible… cuida de Hilda, Hagen… -terminó de decir Siegfried, y sus ojos se apagaron, abandonando este mundo, y dirigiéndose a Asgard.

-Siegfried… -lloró Hagen, y gritó con todas sus fuerzas, mientras las marcas de los Eiherjer se hacían presentes también en su cuerpo, así como en el cuerpo de todos los demás, quienes deseaban llorar a Siegfried, pero miraban a Alberich como su nuevo Huskarl, y esperaban instrucciones.

-Alberich… -llamó su atención Syd, mientras un distraído Alberich miraba a las marcas en su cuerpo-. Estas marcas… Odín… parece que nos ha aceptado como sus guerreros. Pero seguimos en este mundo, aún no podemos reunirnos con Siegfried en la otra vida. Debo saberlo, estas marcas, ¿significan alguna limitante para nosotros? Debemos saber si podremos cumplir la encomienda de Odín, y que el sacrificio de Siegfried no ha sido en vano -declaró Syd.

-No tengo idea, Syd -declaró Alberich, y el grupo se preocupó-. A decir verdad, no pensaba que esto fuera posible siquiera. Arriesgué sus vidas ciegamente por Saori -y el grupo asintió en silencio-. Lo único que sé de momento, es que con estas marcas, moriremos definitivamente si se cumplen las 2 horas restantes. No podemos salir de esta ciudad, así que, encontraremos a Siegfried en 2 horas frente a Asgard si nuestros hermanos Dorados no liberan a Saori a tiempo. Además de eso, no tengo la menor idea de qué repercusiones tendrán estas marcas sobre nosotros. Pero las averiguaré, si es que sobrevivimos. Ya no nos queda más que esperar -señaló, y el grupo aceptó aquella respuesta, y esperó a la conclusión de los enfrentamientos en el Santuario.

Templo del Sumo Sacerdote. 01 de Septiembre de 4E 08.

-Siegfried… -habló Hilda, aún en brazos de Camus, y sobre la escalinata que daba a la entrada del Templo del Sumo Sacerdote-. El cosmos de Siegfried ha… el cosmos de Siegfried… primero Sigmund… y ahora Siegfried… yo… no tenía sentimientos por Siegfried, pero… no deseaba su muerte tampoco… Siegfried… -lloró Hilda, y Camus se sintió bastante incomodo, y la colocó gentilmente en el suelo.

-¿Quieres decir que Siegfried ha…? -intentó decir Aioria, ganándose una tremenda bofetada por parte de Hilda- ¡Hilda! ¡Vuelve en ti! ¡También me duele la muerte de Siegfried! ¡Pero negarme el decirlo no te lo va a devolver! -declaró Aioria, e Hilda no lo soportó más, y estalló en un llanto incontrolable.

-Por eso digo que los sentimientos son una serie de sensaciones inoportunas e inútiles… -se quejó Camus, pero de cualquier forma se agachó, y miró a Hilda fijamente-. El deber de un Dios Guerrero, es el de dar su vida por su diosa de ser necesario. Puede que yo no haya seguido esa senda, pero Siegfried lo hacía, ¿no es verdad? Llorar por él puede calmar tu alma, pero herirá la suya. Respeta su sacrificio, y solo llóralo cuando sepas que su sacrificio no fue en vano -le pidió Camus, ofreciéndole su mano a Hilda, quien se secó las lágrimas, asintió, y le permitió ayudarla a levantarse.

-Oigan… -llamó la atención del grupo Milo, que apuntaba en ese momento al cielo nocturno, en el cual brillaba intensamente la Constelación de Aesir, con sus 12 estrellas perfectamente visibles-. ¿Eso es normal? La constelación de Aesir nunca se había visto tan brillante antes -declaró Milo, sintiendo en ese momento su cosmos arder, al igual que lo sintieron el resto de los presentes.

-Ya había visto esto ocurrir antes… hace más de 100 años -agregó Dohko conmovido, y frotando su Ropaje Sagrado-. Esta debería ser la prueba para cualquiera que aún tenga dudas. La Constelación de Aesir, conformada por las estrellas principales de las Constelaciones Secundarias de Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis, solo brillará con una intensidad tal, que será visible perfectamente desde los 9 Mundos, cuando se haya cumplido el treceavo cumpleaños de la Asynjur Hlin -aseguró Dohko, mirando a los presentes, en específico a Aioros, Shura y Camus-. Ante nosotros los Dioses Guerreros Dorados, esta debería ser prueba irrefutable de que Saori es la Asynjur Hlin. Pero ante su reino, ante todo Midgard, aún falta la prueba más grande de todas. Quedan 2 horas en el Reloj de Bor, debemos apresurar el paso -finalizó, el grupo asintió, y entraron en el Templo del Sumo Sacerdote.

El Templo del Sumo Sacerdote constaba de un área amplia, con estatuas de piedra de los 13 Dioses de Asgard, acomodados 7 a la izquierda, pegados a la pared, siendo la única estatua doble la de los dioses Vali y Vidar. Del otro lado se encontraba el resto de los dioses, y al centro, sobre unas escalinatas, se encontraban los tronos del Sumo Sacerdote, de la Asynjur Hlin, y detrás de ambos la estatua de la diosa, idéntica a Saori, de oro sólido, con escudo y lanza en mano. Frente a los tronos se encontraba una fogata de fuego azul que delimitaba el área de la audiencia con la de los tronos, detrás de los cuales había unas amplias cortinas de terciopelo rojo, que separaban la sala de audiencias con los aposentos del Sumo Sacerdote, y detrás de los mismos, se encontraba la salida en dirección al Templo de Hlin.

-Comenzaba a pensar que no me tocaría diversión -agregó Bud, sentado en el trono de Hlin. Llevaba una estatuilla de madera en su mano, que poseía la forma de una criatura aparentemente hecha de fuego, la cual, tras verla, escandalizó a Hilda.

-¡Bud! -se quejó Hilda, y Bud se sorprendió al notar que ella sabía de su existencia- Dios Guerrero Fantasma de Alcor Zeta, Bud de Trjegul, ¿qué significa esto? Tu lealtad es a Hlin, eres el Dios Guerrero que protege desde las sombras -aclaró Hilda.

-Oh, no me vengas con esas tonterías, Hilda, yo no elegí ser lo que soy -se molestó Bud, poniéndose de pie y caminando en dirección a Hilda, mientras los Dioses Guerreros Dorados se mantenían con la guardia en alto-. No le soy fiel a Hlin, ni las 12 Enseñanzas ni las proezas de los Dioses Guerreros Dorados, han logrado convencerme de nada. De no ser por los dioses, no me hubiera convertido en lo que soy. Fui abandonado a mi suerte, dado por muerto por un Sumo Sacerdote que eligió a mi hermano en lugar de a mí -le apuntó con desprecio.

-Un Sumo Sacerdote que en ese momento era Derbal -aclaró Hilda, lo que molestó a Bud-. Tu desprecio a los dioses, no es porque ellos te traicionaron, tu desprecio es al Sumo Sacerdote que te eligió para morir, y aun así, debo defender a Derbal en esta ocasión. No fuiste elegido para morir, Bud, fuiste elegido para ser el Dios Guerrero más poderoso de la orden de la Osa Mayor. Tu abandono en los bosques, toda tu infancia, fue la prueba que te convirtió en lo que eres. Vives, porque los dioses así lo quisieron, tu desprecio está solo en tu mente -aclaró Hilda.

-Silencio, bruja -intentó cachetearla Bud, cuando Camus se interpuso en su camino, tomando de la mano de Bud y congelándosela-. ¿Ahora te defienden los idiotas sin convicción de los Dioses Guerreros Dorados? Vaya Dioses Guerreros que resultaron ser, con un cambio de lealtades tan ridículo que es risible -miró a Camus directamente.

-Un hombre no golpea a una mujer a menos que porte un arma. Eso no es de caballeros -fue la única respuesta de Camus, quien miró a Hilda en ese momento-. Habla con seguridad, pero hazlo pronto que el tiempo se agota -le pidió Camus.

-Eso intento… gracias… -se apenó un poco Hilda, pero miró a Bud con detenimiento-. Sé que estás confundido, tu esencia, es la esencia de un campeón de Hlin. Todos los Dioses Guerreros, de cualquier tipo, han sufrido grandes pesares. Pero es la devoción a su diosa lo que los hace seguir adelante. Bud… no es tarde para que recapacites… esa estatuilla, no sabes lo que es capaz de hacer, no distinguirá entre amigos y enemigos, serás su blanco igual que nosotros -le aseguró.

-Hilda… ya crucé el punto de no regreso hace mucho -elevó su cosmos Bud, rodeando a la estatuilla con este, y lanzándola a la fogata frente a los tronos, lo que horrorizó a Hilda-. ¡Elijo la vida en desafío a los dioses, malditos ciegos que solo van por las sobras de sus amos! ¡Son menos que perros! -declaró furioso.

-Oye, no insultes a los perros -apuntó Dohko en molestia, pero retrocedió de todas formas, para sorpresa del grupo, quien comenzó a sentir un cosmos inmenso, y a la vez diferente. No era como nada que hubiesen sentido antes, se sentía divino, inmensamente cálido, y con un toque de agresividad. Como si perteneciera a un ser que no deseaba nada más que la destrucción, pero no sintiera malicia mientras la desataba-. ¡Atrás! ¡O se vaporizaran todos! -declaró Dohko, mientras las flamas crecían más y más, liberando a un inmenso ser, más grande incluso que los Jotnar que enfrentaron, tanto el de las montañas, como el de la escarcha, con su cuerpo enteramente hecho de fuego, y rugiendo con una ira incalculable.

-¿Quieres decir que el Jotunn que apareció tanto en las cercanías de los Fiordos de Brávellir, como en medio de Hlingard, fueron convocados por Derbal? -se sorprendió Aioros, cubriéndose del calor y la luz que emanaba de la criatura- ¿Cómo se hizo con el control de semejantes criaturas en primer lugar? -se estremeció Aioros en preocupación.

-No creo siquiera que Derbal tenga control sobre ellas -declaró Shura, observando tan tremendo ser, y a Bud que retrocedía en pánico por la extensión de su cosmos-. Pero me queda claro que Derbal al menos piensa que tiene el poder para enfrentarlos y derrotarlos, no liberaría a semejante criatura de no ser así -les explicó Shura.

-De modo que primero tenemos que darnos de golpes con esta cosa, que tiene un poder tan sorprendente, y después hay que hacer lo propio con Derbal, quien dices puede derrotarlo -sonrió Aioria, tronándose los nudillos-. Y yo que pensaba que ya habíamos pasado lo peor… -se preparó Aioria, pero de pronto, observó a la criatura reducir su tamaño.

-El Muspel… se está apagando -agregó Camus en señal de sorpresa, pero aquello en lugar de alegrar a Hilda, la aterró aún más, por lo que Camus supo que aquello no era una buena señal-. Milo… atento, aparentemente Hilda no piensa que el que este Muspel reduzca su tamaño sea una buena noticia -comentó Camus, sudando frío.

-¿Dime qué de lo que hace Derbal es una buena noticia? A estas alturas, ya no me quedan ganas de jugar al Dios Guerrero arrogante -apuntó Milo con su uña, mientras el Muspel tomaba una forma más humana, siendo esta la de un joven de alrededor de unos 15 años, de cabellera azul, una cicatriz cerca de su ojo izquierdo que le cruzaba un poco por encima de la nariz, y de una mirada fiera y endemoniada de ojos azules-. ¿Qué clase de Ropaje Sagrado es ese? -preguntó Milo, esperando la respuesta de Hilda mientras al joven lo arropaba una armadura anaranjada de energía primordial.

-Se llaman Ragnars… -explicó Hilda, mirando el bello ropaje de apariencia divina que vestía al Muspel. Era de un color anaranjado muy brillante, con un par de alas inmensas, una corona de 3 picos, los 2 de los lados más pronunciados que el que poseía en el medio del casco. Las hombreras de su Ropaje Divino eran amplias y afiladas, al igual que las protecciones de los brazos y las piernas. La coraza del pecho protegía casi en su totalidad su cuerpo, pero el peto, dividido en 3 secciones, dejaba descubierto un poco de sus piernas para darle mayor movilidad. De su espalda caían un par de hileras de plumas casi triangulares, como puntas de flecha con 2 de sus bordes redondeados, que se conectaban una tras otra hasta asemejar un par de colas de plumas anaranjadas de lo que seguramente sería una bestia muy hermosa-. Las Ragnars no son Ropajes Sagrados comunes, poseen la resistencia y la fuerza de los Ropajes Divinos, pertenecen a la élite del ejército de los Muspel. Este sujeto, no es un Muspel ordinario. Tiene un control total en su morfología. Los Jotnar son seres inmensos, pero si uno pudiese controlar su anatomía lo suficiente para asemejarse a un ser humano, poseería un poder más grande y destructivo que el que pudiera desprender en su estado liberado, lo mismo ocurre con un Muspel. Imaginen el poder destructivo de la naturaleza, y poder controlarlo a voluntad. Un Jotunn o un Muspel capaz de adquirir esta forma, es un ser con un poder que haría a los dioses temblar -aseguró Hilda, sumamente nerviosa.

-¡Atentos todos! -gritó Dohko, empujando a Hilda a un lado, y cubriendo con su escudo el ataque rápido y certero del Muspel, que se había abalanzado sin previo aviso en dirección a Hilda intentando matarla- Eso… estuvo muy cerca… la velocidad que adquirió fue tremenda, apenas y pude moverme lo suficientemente rápido para cubrir a Hilda, y esto es a pesar de que diferente de los demás, mi cosmos está totalmente restaurado por las Manzanas de Idunn… este sujeto… es demasiado peligroso. ¡Los 11 Ríos de Élivágar! -liberó Dohko, atacando con su técnica más poderosa desde un inicio, enviando a los 11 dragones de agua que representaban a los 11 ríos en dirección al Muspel, quien simplemente colocó su mano frente a los 11 ríos, vaporizándolos en un instante.

-La técnica más poderosa del Viejo Maestro, ¿repelida de esta forma? ¿Cómo ha logrado esto al estar el Viejo Maestro en las mejores condiciones posibles? -se perturbó Aioros, pero en lugar de retroceder, elevó su cosmos él también- ¡No hay tiempo que perder! ¡Aioria! ¡Ve y salva a Saori! ¡Llévate a los demás! ¡El Viejo Maestro y yo nos encargaremos! -ordenó Aioros, y Aioria miró a su hermano con cautela- ¡No interfieran! ¡El Viejo Maestro y yo somos los Dioses Guerreros Dorados más poderosos! ¡Pero no estoy en la mejor posición física para seguir adelante, y si el Viejo Maestro se queda, tendremos una oportunidad! ¡Destello de Skadi! -lanzó el tremendo puñetazo Aioros, como flechas congelantes que impactaron el cuerpo del Muspel, quien cubrió, y se dirigió rápidamente a Aioros, y le hubiese atravesado el pecho, de no ser por el escudo de Dohko, que volvió a atrapar el puño del Muspel.

-¡Ya los escucharon! ¡Un Dios Guerrero Dorado debe ser capaz de abandonar a su hermano de armas, si es por un bien mayor! ¡Adelante! -ordenó Milo, y lideró la marcha, con Bud interponiéndose en su camino.

-¡No irán a ninguna parte! ¡Soy el Dios Guerrero Fantasma más poderoso! -intentó decir Bud, cuando Milo y Camus atacaron al unísono, con el Aguijón Carmesí y el Polvo de Diamante, mismos que cubrió Bud, y en la distracción, tanto Milo como Camus pasaron de lado, el segundo cargando nuevamente a Hilda- ¡Malditos! ¡Vuelvan aquí en este instante! -enfureció Bud, elevando su cosmos- ¡Garra del Fantasma del Tigre Vikingo! -intentó ir tras ellos Bud, cuando un corte le impidió seguir adelante.

-¡Balmung! -señaló Shura, orgulloso, y con Aioria a su lado preparando su puño- ¡Ese es un nombre exageradamente largo para una técnica! ¡Pero aunque me gustaría ponerla a prueba contra las mías, hay cosas más importantes que preocuparme por tus delirios de abandono! ¡Aioria! -pidió Shura, y el de Leo asintió.

-¡Domador de Draupnir! -se lanzó Aioria, impactando el mentón de Bud, lanzándolo por los aires, donde Shura lo atrapó al colocar sus pies bajo sus axilas- ¡Fuera de nuestro camino! -prosiguió Aioria, corriendo tras de Milo y de Camus, mientras Shura lanzaba su ataque.

-¡Salto de Roca! -lo lanzó Shura, controlando su trayectoria con su cosmos, y forzándolo a elevarse indefinidamente- ¡Cuando caigas! ¡Puedes intentar venir por una batalla! ¡Si es que te quedan fuerzas! -prosiguió Shura, siguiendo al grupo en ese momento.

-Quédate atrás, Aioros. Estás muy débil para intentar enfrentarte a este Muspel. ¡Tigre Descendente! -se lanzó Dohko, impactando su puño con el puño envuelto en llamas del Muspel, que mantuvo a Dohko al margen-. Que increíble poder… me recuerdas a cierto Jotunn al que cuido en el Mirador de Galdhopiggen a las afueras de Oppland… aunque tu poder, es increíblemente más alto… -declaró Dohko, mientras el Muspel lo pateaba, lanzándolo por el Templo del Sumo Sacerdote, y forzando a Aioros a evadir su cuerpo, pero lo que no logró evadir Aioros, fue la velocidad del Muspel, que ya amenazaba con impactar su puño contra el rostro de Aioros.

-¡Gran Cuerno! -escucharon, y a escasos centímetros de impactar a Aioros, el Muspel salió disparado por el Templo del Sumo Sacerdote tras haber sido atacado por Aldebarán, quien llegaba ante el Templo del Sumo Sacerdote- ¡Ya desperté! ¿Creyeron que podían seguirse divirtiendo sin mí? ¿Ese también es amigo tuyo, Afrodita? -se burló Aldebarán, mientras Afrodita llegaba a su lado, con una rosa morada que giraba de tiempo en tiempo, sanando las heridas de ambos.

-Me temo que no lo conozco, además de que, ya agoté todo el polen de la Rosa de Meseburg que me quedaba, no más desafiar a la muerte, Aldebarán, te vendría bien tener cuidado de ahora en… -intentó decir Afrodita, cuando Aldebarán se lanzó en envestida en dirección al Muspel, quien detuvo su embestida con una sola mano, levantó a Aldebarán, y lo lanzó por los aires hasta estrellarlo con una pared-. ¡No sé ni por qué me molesto en sanarte! -enfureció Afrodita, preparando su cosmos y una Rosa Demoniaca- Mejor me dan espacio, Aioros y desconocido de Libra, mi polen es muy venenoso. ¡Rosa Demoniaca! -lanzó Afrodita, y aunque el ataque fue pulverizado por las flamas del Muspel, el polen entró en sus pulmones, por lo que comenzó a marearse.

-¿Desconocido de Libra? Oye, tengo un nombre, me llamo Dohko, niño bonito -se incorporó Dohko, mientras los 4 veían al Muspel quejarse de dolor-. Y algo me dice que tu veneno no será suficiente, y que solo lo ha hecho enojar más -declaró Dohko, mientras un torbellino de fuego rodeaba al Muspel, y el grito de un ave en llamas se hacía presente en su cosmos, mientras el Muspel optaba una pose ofensiva, y lanzaba un puñetazo, transformado en la inmensa ave de fuego-. ¡Draugrs! ¡No sé si mis escudos resistirán! -se adelantó Dohko e intentó cubrir.

-¡Muro de Cristal! -se alzó un muro tornasolado, que resistió el embiste del ave en llamas, y la redirigió en dirección al Muspel, quien quedó algo aturdido, mientras a su alrededor, Yggdrasil aparecía, y los 9 Mundos se hacían presentes.

-¡Colapso de Yggdrasil! -resonó la poderosa voz de Saga, sobresaltando a Aioros, mientras el cuerpo del Muspel estallaba al ser bombardeado por los 8 orbes que representaban a los Mundos de la Luz y los Mundos de la Oscuridad- Imposible, aún después de semejante ataque sigue en pie -agregó Saga, junto a Mu, y mientras Mephisto corría entre ellos con su cosmos listo.

-¡Fuera del camino! ¡Ondas Infernales de Helheim! -lanzó su ataque que rodeó al Muspel, pero este no logró ser doblegado por los Draugr que se alzaron del suelo, mismos que fueron incinerados por el poder que se desprendía de su cuerpo, que los cremó en un instante- Eso… me parecía ligeramente más heroico en mi mente -aceptó Mephisto, mientras el Muspel se abalanzaba sobre de él, pero era rodeado por unas cadenas delgadas y doradas, mientras Shaka llegaba, con los ojos bien abiertos, y su cosmos rodeando sus cadenas manteniendo al Muspel apresado, mientras intentaba liberarse, rompiendo la concentración de Shaka.

-Gleipnir no puede romperse… pero este sujeto, repele las cadenas con su cosmos… tengo que admitir que me encuentro asombrado -aceptó Shaka, y miró a Mu fijamente-. Esos 4 no serán suficiente… lo mejor que podemos hacer, es dividir las fuerzas a la mitad. Ya que no sabemos quién es el oponente más de temer, si este sujeto… o Derbal que se encuentra en la cima convertido en un dios -le aseguró, mientras el grupo se mantenía con la guardia alta.

-Agradezco el voto de confianza -reverenció Mu y pasó de largo, dejando al Muspel furioso y elevando su cosmos intentando liberarse de las cadenas. Saga entonces miró a Aioros, entre ellos diversas emociones de confusión reinaban, pero asintiendo, Aioros le dio la espalda a Saga, y elevó su cosmos frente al Muspel.

-Enmendaré nuestros errores, Aioros… -enunció Saga y se dirigió a la salida, resumiendo el ascenso por las escalinatas en dirección al Templo de Hlin, mientras el Muspel lograba liberarse de sus cadenas, intentaba ir tras de los que se escapaban, pero era detenido por Shaka, quien elevó su cosmos frente a la criatura.

-Tu ira… es demasiado grande… usaré todas mis fuerzas para sellarla, gigante de los mundos de fuego. ¡Invocación del Demonio! -atacó Shaka, forzando al Muspel a gritar de dolor, mientras todo el cosmos dormido de Shaka se liberaba en una fuerza de cosmos tan descomunal, que incluso el Muspel podía sentirla.

-No seas tan presumido, que yo te dejé medio muerto -le aseguró Mephisto, mientras rodeaba los alrededores de flamas azules-. ¡Flamas Demoniacas de Loki! -bombardeó Mephisto, y a su ataque se sumaron las rosas negras de Afrodita.

-¡Rosas Piraña! -el ataque en conjunto comenzaba a surtir efecto, el poderoso Muspel retrocedía, y fue embestido con fuerza por Aldebarán, quien no tuvo cuidado en correr a través de los ataques de Mephisto y Afrodita, por lo que una de sus hombreras salió desprendida por una de las rosas de Afrodita- ¡Con un Draugr, Alde! ¡Ya te he dicho que no te puedo curar más! -se molestó.

-Se agradece la preocupación, pero curado o no, yo seguiría luchando. ¡Destructor de Tyr! -azotó Aldebarán el cuerpo del Muspel tras rodearlo con su cosmos, y este gritó de dolor, pero se resistió a ser lanzado, golpeó el pecho de Aldebarán, arrebatándole sangre que salió disparada de su boca, y lo lanzó nuevamente por los aires de un puñetazo rápido y certero, antes de recibir uno por parte de Aioros.

-Eres increíblemente fuerte, pero no te motiva la maldad, te motiva el odio… ¿acaso todos los Muspels son así? ¡Ruptura del Infinito! -lanzó el espiral de flechas de luz Aioros, que rodeó al Muspel, hiriéndolo y arrebatándole algo de sangre, pero no logrando frenarlo por completo- ¿Cómo se detiene a esta cosa? -se fastidió Aioros.

-Ah, recuerdo muy bien este sentimiento de impotencia, que solo los Primordiales pueden darte -agregó Dohko, adelantándose al grupo, y posándose orgulloso frente al Muspel-. Shiryu también me dio muchos problemas, aunque seguro que eres mucho más fuerte que él, me asombras, Muspel, creo que voy a quedarme contigo también, te llamaré Ikki, no sé, algo en ese nombre es simple, pero mortífero -declaró Dohko, poniéndose serio, lo que sorprendió al Muspel, quien ahora se llamaba Ikki-. ¡Mira bien, Aioros! ¡Y dime si hubieras podido derrotarme si hubiera ido con todo en nuestra batalla! ¡Tigre Descendente! -atacó Dohko, Ikki bloqueó, y el Templo del Sumo Sacerdote tembló con fuerza, mientras el resto de los Dioses Guerreros Dorados, se impresionaba por el tremendo poder que inclusive enterraba a Ikki en el suelo por lo aplastante que era-. Reúnan sus cosmos… Dioses Guerreros… aun usando todas mis fuerzas, solo lograré debilitarlo… más les vale estar listos para terminar el trabajo, vamos Ikki, que me vas a costar otra manzana al parecer. ¡Dragón Ascendente! -atacó Dohko con fuerza, lanzando a Ikki por los aires, pero se repuso a pleno vuelo, manteniéndose elevado con su cosmos, como si las alas de un ave en llamas lo mantuvieran en posición y le ayudaran a atacar con un torbellino de fuego que atrapó a Dohko- Muy astuto, dejarme atrapado para que tu siguiente golpe de en el blanco, pero yo tengo un truco muy parecido. ¡Huracán de Garras Cortantes! -liberó el ataque, que, con el rugido del Tigre doblegó a Ikki, apagando su fuego- ¡Te tengo! -se adelantó Dohko, transformado en el Dragón nuevamente- ¡El Vuelo del Dragón! -aumentó su velocidad, Ikki despertó, atrapó el puño de Dohko, y fue empujado un par de metros, mientras el cosmos del Dragón y el Tigre rugían a espaldas de Dohko, y el de Ave de Fuego a espaldas de Ikki.

-Este poder… no me fui a imaginar que la diferencia entre el Viejo Maestro y yo fuera tan abismal… y sin embargo… -miró Aioros en dirección a Ikki, mordiéndose los labios mientras lo hacía-. En lugar de darme tranquilidad, me conmociona… siendo el maestro tan poderoso, ese sujeto parece no solo igualarlo, sino sobrepasarlo… -comenzó a elevar su cosmos Aioros, concentrando todo lo que podía del mismo, Shaka cerró sus ojos y selló su cosmos en su interior de igual manera, le siguieron Aldebarán, Mephisto y Afrodita, todos preparando sus cosmos, ante el enemigo a vencer, un ser con un cosmos que rivalizaba al de los dioses mismos.

Senda al Templo de Hlin.

-¿Qué locura? ¿Cómo puede ser que 6 Dioses Guerreros Dorados no puedan hacerle frente a un Muspel? ¿Qué clase de sujetos son esos monstruos? -volvió a preguntarse Milo, mientras Camus lo seguía de cerca, con Hilda aún en brazos.

-Muspels… la primera y más poderosa de todas las razas de los gigantes. Existieron desde antes de los dioses, y son los que devorarán al mundo con sus flamas en el Ragnarok -le explicó Camus mientras seguía corriendo, y Milo se mordió los labios con molestia-. Incluso entre las razas gigantes hay rangos, y los que pueden abandonar su forma bestial y convertirse en algo más aproximado a los humanos, están entre los más poderosos. Sacrifican explosión de cosmos por un mejor dominio. Básicamente, es igual a tus Agujas Escarlata. Sumamente poderosas y precisas, mortíferas si se usan de la forma correcta, no como mis explosiones de cosmos que requieren de tiempo y energía para desencadenar su fuerza destructiva. Un Muspel en estado liberado, es caos sin precedente, controlar ese caos… es en verdad inquietante… -terminó con su explicación Camus, quien entonces sintió que Hilda lo tomaba de la hombrera, y le pedía detenerse. Cuando Milo notó que Camus se detenía, él se detuvo también, el grupo de 6 Dioses Guerreros entonces, se reunió en una especie de templete, que se encontraba a la mitad misma del camino al Templo de Hlin-. ¿Qué ocurre? -preguntó Camus.

-Ocurre que no viene solo a ser una espectadora, ni a ser únicamente una interprete y cuenta cuentos, Camus -miró Hilda a las escalinatas, por donde bajaba Lyfia, con su Ropaje Divino listo para una confrontación, lo que inquietaba a los presentes, a Aioria más que a nadie-. De modo que, Asynjur Hlin… ¿ahora eres la mandadera de Derbal? -peguntó Hilda con molestia.

-No vas a juzgarme, Sacerdotisa de Odín -le apuntó Lyfia con su lanza-. ¿Quieres que admita lo que sé perfectamente? ¿Qué no soy su preciosa Asynjur Hlin? Puede que no lo fuera antes, pero este pequeño ojo en mi rostro, me dice que lo soy ahora -sonrió Lyfia, e Hilda comprendió lo que había ocurrido, y el por qué Saori solamente tenía uno de sus ojos en su representación de cosmos sellada frente a la Espada de Odín-. Inclínense ante su nueva diosa -ordenó Lyfia.

-Hay cariño, las reglas de los dioses dicen explícitamente que un dios no debe jamás ordenar culto alguno -agregó Hilda, sacando de su ropa un anillo, mismo que observó fijamente-. Debo entender por tu Ropaje Divino, el Ropaje de la Valkiria Gná, que Derbal utilizó magia prohibida para hacerse con ese ropaje. Adivinaré, su Ropaje Divino es el de Mimir -declaró Hilda, molestando a Lyfia-. Bien… entonces yo también llamaré a mi Ropaje Divino, si Derbal ya abrió la puerta, entonces significa que yo puedo cruzarla. ¡Anillo de los Nibelungos! -declaró Hilda, elevando su cosmos alrededor de su anillo, y lo apuntó a la Constelación de Corvis, desde la cual descendió un Ropaje Divino simple, de color negro, con una tiara negra con un par de alas oscuras a manera de casco, una pechera oscura que le descubría los brazos, pero que materializaba unos brazaletes a la altura de sus muñecas, que poseían unas piedras rúnicas incrustadas. Unas botas oscuras le cubrieron las piernas, subiendo hasta un peto, que tras materializarse formó una falda larga y escarlata, además de una capa que bajó por sus hombreras. Ante la visión, no solo Lyfia se sorprendió, sino que los Dioses Guerreros Dorados lo hicieron también, mientras frente a Hilda, caía una lanza oscura- Dejen de mirarme así, no sabía que podía utilizar mi Ropaje Divino hasta ahora, la única que tiene reglas específicas para vestir el suyo es Hlin -les explicó avergonzada.

-Entonces tú eres más que una Sacerdotisa de Odín -se molestó Lyfia, preparando su lanza-. Eres la Valkiria Fulla de la Estrella de Kraz Beta. Derbal tenía razón, eras demasiado peligrosa para mantenerte con vida, hizo bien en intentar asesinarte -declaró.

-¡La Lyfia que yo conozco y que me salvó la vida hace 8 años no diría esas cosas! -apuntó Aioria con molestia, sorprendiendo a Lyfia- Hace 8 años… después de que mi hermano fuera declarado traidor, me llevaron ante ti encadenado, y condenado a muerte. Pero… en un acto de misericordia, te apiadaste de mí, me perdonaste la vida, y no satisfecha con eso, me diste la oportunidad de combatir por el derecho de portar a Leo… tengo una deuda contigo, Lyfia… o la tenía… con la verdadera Lyfia… tú no eres ella… -apuntó Aioria, con sus ojos humedecidos, como si viera que la Lyfia que él conocía, ya no existía.

-Aioria… -interrumpió Hilda, y Aioria se viró a verla-. Lyfia, me guste o no, es una Asynjur con la fuerza del Galdr de Saori. Lo sé, porque el ojo izquierdo que lleva representa la divinidad de Saori. Podría permitirles enfrentar a Lyfia y arrancarle el ojo con la esperanza de regresarle la divinidad perdida a Saori, pero eso de nada servirá si ella se va a Helheim. Voy a tener que pedirles que me dejen manejar esto, las batallas entre las Asynjur no son iguales a las batallas que ustedes son capaces de librar, pero si al final de esta no logro sobrevivir… al menos asegúrense de que Saori sí lo haga -recordó Hilda, mirando al Reloj de Bor, con la flama de Acuario extinguiéndose.

-¿Segura que sabes combatir? -interrumpió Camus, e Hilda le dirigió una mirada de molestia, por lo que Camus asintió sin decir más, y comenzó a retirarse junto al resto, salvo Aioria, quien se quedaba observando a Lyfia fijamente- Aioria te llama, ¿verdad? Confía en Hilda, no posee un instinto asesino, no piensa matar a Lyfia, tenga el poder de hacerlo o no -le susurró.

-Te escuché, y eso no tenía por qué saberlo Lyfia -se apenó Hilda, pero Camus la ignoró y siguió adelante, y Aioria, más tranquilo por las palabras de Camus, asintió, y tras mirar a Lyfia una última vez, se retiró de igual manera-. Entonces, Lyfia… me temo que ese ojo pertenece a mi hija, y me molesta mucho el que se lo hayas quitado -comenzó Hilda, elevando un cosmos frio, que comenzó a congelarle las piernas a Lyfia.

-¿Tu hija? ¿No te parece arrogante el declararte la madre de una diosa, solo porque Frigg te brindó todo su amor para que se lo dieras a Hlin? -se burló Lyfia, rompiendo los hielos de Hilda con su Galdr- Ni siquiera tienes un Galdr, solo cuentas con el cosmos y el Dunamis, no puedes tocarme, Hilda -aseguró Lyfia.

-Puede que yo no, pero él sí. ¡Anillo de los Nibelungos! -accionó el poder del Anillo de los Nibelungos Hilda, y alrededor de Lyfia se formó un anillo inmenso, que aprisionó los brazos de Lyfia, forzándola a soltar su lanza por la tremenda presión- Le dije a los demás que las batallas de las Asynjur no eran como sus batallas, no porque no pueda batirme en duelo, me entrenó Dohko, por supuesto que puedo hacerlo. Pero nuestra batalla, no será a nivel físico ni de cosmos, Lyfia. Físicamente soy más fuerte que tú, pero enfrentarme a un Galdr, no podría, ni en sueños, así que pelearemos en mi propio campo de batalla personal -se acercó Hilda, pegando su frente a la de Lyfia, quien no comprendía lo que ocurría-. La Mente y el Pensamiento… -declaró, extendiendo un par de alas negras, que pertenecían a los cuervos Hugin y Munin, quienes graznaron con fuerza, mientras las alas de ambos las envolvían-. ¡Sello de Corvis! -enunció Hilda.

-¿Qué? ¡No! ¡Este no deja de ser un ataque de cosmos! -se molestó Lyfia, mientras Hilda la envolvía con las alas- Mi Galdr no reacciona, ¿por qué no reacciona? ¿Quién tiene el poder de negar el Galdr de un dios? ¡Hilda! ¿Quién te da ese poder de poder bloquear mi Galdr? -preguntó Lyfia, y las alas se detuvieron un instante, mientras Hilda se ponía pensativa.

-No lo recordarás cuando termine contigo de todas formas… este… no es parte de mi Ropaje Divino -le mostró el anillo Hilda a Lyfia, mientras una mirada de inmensa maldad le reemplazaba los ojos a Hilda, y el par de ojos de runas escarlatas, miraba a Lyfia causándole un terrible temor-. Es parte de los tesoros del Dios del Fuego y las Travesuras, quien debo agregar, no está muy feliz con tu ataque a los dioses, Lyfia -sonrió Hilda, pero su voz resultó ser más masculina que femenina, lo que aterraba a Lyfia aún más-. Hazte cargo, Hilda -los ojos de Hilda regresaron a la normalidad, y se tomó la cabeza brevemente, sintiéndose mareada, pero regresó en sí y elevó su cosmos.

-El Anillo de los Nibelungos… repele el Galdr de los dioses… Hilda… ¿eres acaso consiente de quién controla tu mente mientras usas ese anillo? ¡Hilda! -se estremeció Lyfia, pero desapareció junto a Hilda, en un torbellino de plumas oscuras.

Décima Morada. Capricornio.

-Así que… no soy la única que sirve a Loki –miró Pandora a los cielos, encontrando el rastro de plumas que se dirigía a la constelación de Corvis, mientras en sus brazos cargaba las toallas para el baño de Shura, esperándolo pacientemente-. Loki… el amigo de los dioses… es sorprendente lo lejos que podrías llegar por enmendar tus futuros crímenes… padre… -sonrió Pandora, con uno de sus ojos brillando azul fluorescente, pero después parpadeando y recuperando sus ojos naturales- Oh… dejé la pira encendida… Shura se molestará si incendio la Morada de Odín –terminó Pandora, regresando a los pisos inferiores.

Templo de Hlin.

-¿Sintieron eso? El cosmos de Hilda, parecía diferente, maligno inclusive -señaló Milo, mientras corría escaleras arriba, y se daba cuenta de igual manera que la Flama de Acuario apenas y se mantenía sobre la cara del Reloj de Bor. Estaban tan alto en esos momentos, que el cielo a su alrededor parecía como si fuera una cortina de estrellas, mientras el fuego blanco que representaba el alma de la tierra misma, continuaba marchitando la tierra alrededor del Santuario, para mantener al Reloj de Bor funcionando.

-¡Milo! -detuvo Aioria la marcha del grupo, y apuntó en dirección a unos truenos, que a medida que caían, dibujaban la silueta de un imponente dios, quien orgulloso, miraba al grupo de Dioses Guerreros Dorados, mientras permanecía de brazos cruzados, y asentía para ellos- Esa silueta… es la silueta de Thor… pensé que los Dioses no se inmiscuían en los problemas de los mortales… -se dijo a sí mismo Aioria, cayendo en sus rodillas, y brindando sus respetos a Thor.

-Aparentemente, no es el único dios que ha venido a recibirnos -comentó Mu, quien sorprendió a Aioria y a Milo-. ¡Par de tontos! ¡Los venimos siguiendo desde que Hilda tomó su Ropaje Divino! -insultó Mu al darse cuenta de que Aioria y Milo no se habían percatado de su presencia- Los dioses… aparentemente siempre nos han estado observando… -miró Mu en dirección a más siluetas entre los truenos, encontrando a un dios de larga cabellera, de orejas puntiagudas, quien parecía sonreír en su dirección-. Frey… los dioses parecen estarnos sonriendo… allí está Tyr -señaló Mu, a una inmensa nube, sobre la cual se dibujaba la silueta del dios manco con cada trueno que Thor enviaba a la tierra.

-Vali y Vidar… -observó Saga encontrando a los dioses gemelos, que lo miraban como siluetas translucidas entre las estrellas-. Deben estar sumamente decepcionados de mí… les juro que enmendaré mi camino -reverenció Saga, y miró a donde Mu podía ver a Frey, notando que la silueta de una mujer se encontraba junto a él-. Freyja también ha venido a observar -se alegró Saga-. Ya no me queda duda alguna, ustedes estaban en lo correcto todo el tiempo -aseguró, y comenzó a llover fuertemente, bañando a los Dioses Guerreros Dorados, y formando un arcoíris, desde el cual Heimdal, como una silueta blanca, parecía observarlos.

-Había formas más gentiles de hacerte presente, Heimdal -declaró Milo con molestia, resumiendo la marcha, seguido por el resto de los Dioses Guerreros Dorados, mientras la lluvia se calmaba-. Frigg y Odín observan… desde la cima de la corona de la Estatua de Odín -apuntó Milo, y el grupo creyó verlos entre el rabillo del ojo mientras se viraban.

-Forseti ha venido también, está recostado junto a Tyr -apuntó Shura, a la nube en la cual se formaba el dios manco con cada trueno de Thor, y el dios de la inmensa hacha de mandoble de oro, alzó la misma brindando su respeto-. Los dioses nos ven desde Asgard, se hacen presentes en los elementos -declaró Shura, orgulloso.

-Aunque Skadi y Njord no parecen muy interesados en nosotros -encontró Camus a Skadi, la diosa Jotunn, y a Njörd, el Dios de los Vanir, que bailaban en las auroras boreales que se hacían presentes, junto a la gentil nevada que caía sobre sus cabezas-. Njörd es un dios bastante alegre de todas formas, supongo que es su forma de demostrar que confía en nosotros -dedujo Camus.

-Con un corazón gélido como su representante, no me extraña -se burló Aioria, mientras Camus le golpeaba la nuca por la burla-. Por cierto, ¿no estaban divorciados? -se frotó la nuca Aioria, pero entonces se alegró de ver al último de los dioses- ¡Baldr también se ha hecho presente! -apuntó Aioria entre el brillo de la aurora, a Baldr tocando un harpa- ¡Todos están aquí! ¡Todos han venido a mostrarnos su apoyo! -finalizó Aioria.

-Y, sin embargo, hay uno que no puede verlos… no importa si es el humano más poderoso de Midgard… -enunció Milo, mirando a la cima de las escalinatas, donde Derbal esperaba con sus ojos brillando como la escarlata, y mientras observaba a Saori, y a la Flama de Acuario que se extinguía en el Reloj de Bor, con únicamente Piscis sosteniéndose-. Esta va a ser la hora más larga de nuestras vidas… -declaró Milo, resumiendo la marcha, con el resto de los Dioses guerreros siguiéndole de cerca, mientras Derbal, reía con fuerza presumiendo la extensión de su Galdr.

Yggdrasil. El Sello de Yggdrasil.

-¡Bor! ¡Despierta! ¡Bor! -recriminó Ratatosk, mientras Bor seguía flotando en el Eitr- Ya pasaron las 9 horas, queda solo una flama en tu reloj, cumple con tu parte del trato y libera a tu nieta de ese tormento para que pueda regresar a Midgard, con los Dorados que tanto han sufrido, por favor y gracias… -terminó Ratatosk.

-¿Tan pronto? Apenas y lo estaba disfrutando -se quejó Bor, pero se puso de pie, y con su Galdr, liberó a Saori de las cadenas, dejándola tendida y débil en el suelo de Eitr, mientras Bor, volvía a ser rodeado por las cadenas- Unght… duele demasiado… pero supongo que esas 9 horas, han valido la pena -terminó Bor, mientras se dirigía de regreso al reloj.

-Espera… Bor… -comenzó Saori, aún temblorosa, cubierta de su propia sangre, y con la cuenca vacía aun brillando con la fuerza de las runas que ahora conocía. Cada parpadeo que daba, reemplazaba a una runa con otra diferente, y así sucesivamente, dibujando las 24 runas, que se repetían cada vez que los parpadeos alcanzaban aquel número-. Espera… las runas… ellas… me mostraron el secreto… pero… -intentó decir Saori, pero estaba demasiado malherida para decir más.

-Pero no tienes la fuerza suficiente para romper el Sello de Yggdrasil, que pena -sonrió Bor con malicia, mientras Saori lloraba de dolor e impotencia-. Pero oye, velo por el lado positivo, Asynjur Hlin, ya tienes un nuevo Kenning, Diosa Colgada -declaró Bor, y regresó al interior del reloj.

-Espera, Bor… pensé que eras un abuelo… no sé, más amoroso -se preocupó Ratatosk, mientras Saori se abrazaba a sus rodillas, y lloraba de dolor, de pena, y de tristeza, mientras un vacío tremendo le llenaba el corazón-. Oye… no todo está perdido. Todavía te queda lo más importante… -intentó tranquilizarla Ratatosk.

-¿Qué puede ser eso? ¡Perdí mi divinidad! ¡Me arrancan el ojo! ¡Me torturan por 9 horas, que para mí fueron 9 días! ¡Y ni con todo el conocimiento de las runas puedo viajar entre los mundos porque no poseo un Galdr! ¿Qué parte de eso no está perdido? -lloró Saori con fuerza, azotando su puño al Eitir, que se estremeció, mientras su cosmos se incineraba, rojizo y maligno, mientras miraba a Ratatosk con ira.

-La esperanza… -le recordó Ratatosk, y Saori abrió su ojo a sus anchas, y comenzó a tranquilizarse-. Sé que estás molesta, herida, y débil. Tampoco puedo culpar a Bor, tú lo sufriste 9 días, él lo sufre desde el inicio del tiempo mismo. Pero aún con todo ese sufrimiento, Bor sonreía, ¿no es así? Eso es porque tiene esperanza, después de tanto tiempo Bor tiene esperanza, ¿en qué? No lo sé, pero la tiene, y tú, Asynjur Hlin, eres la Diosa de la Esperanza y de la Paz. Ser la Protectora de Hombres no es un dominio, la Esperanza y la Paz sí lo son. Llevas el kenning de la Diosa de la Esperanza, porque… -intentó decir.

-Porque le entregué voluntariamente a los hombres de Midgard a mi Esperanza… en la forma de mis 12 Dioses Guerreros Dorados… -dedujo Saori, y Ratatosk asintió-. Lo lamento, Ratatosk… me dejé llevar por el dolor… fue tanto el sufrimiento, por tan poco tiempo, que casi perdí de vista lo más importante… broma aparte… -sonrió Saori, y Ratatosk al notar la broma, se cubrió el hocico intentando no reírse-. ¿Qué ha pasado mientras yo no he estado presente? Mi esperanza… ¿sigue en pie? -preguntó Saori dudosa.

-Tu esperanza sigue intacta -le explicó, y Saori sonrió, sintiendo una calidez en su corazón que no esperó volver a sentir después de 9 días de torturas inimaginables-. No te rindas por favor, Saori, ellos aún te necesitan, no podrán sobrevivir a lo que falta si no te sienten en sus corazones -finalizó Ratatosk, y Saori se puso de pie.

-Van a sentirme entones… -unió sus manos en forma de plegaria Saori, y concentró todo su Dunamis-. Van a sentirme, como me sintieron hace 3 años, y durante su Batalla de los 1,000 días personal. Pero esta vez, no solo envolveré a la mitad de mi esperanza, aún si solo poseo un solo ojo, aún si solo poseo un Dunamis y me han arrebatado mi Galdr, van a sentirme, los abrazaré a todos, van a sentirme… los dioses y los humanos, siempre pelean juntos -finalizó Saori, esperanzada, en que su cosmos alcanzaría a sus Dioses Guerreros Dorados.


Glosario:


1 – ARTEFACTOS:

Anillo de los Nibelungos: Anillo que formaba parte del tesoro de los Nibelungos, que se decía estaba maldito, y que solo podía traer desgracias a su portador.

2 – CRIATURAS:

Mimir: Un sabio Jotunn que solía ser el guardián de la sabiduría, y por el cual Odín sacrificó su ojo izquierdo para que se le permitiera beber del pozo de la sabiduría. Durante la guerra de los Aesir y los Vanir, Odín lo ofrece como intercambio de rehenes cuando se negocia la paz, pero al sentirse engañados por otro dios Aesir del intercambio de rehenes, los Vanir lo decapitan y envían su cabeza a Odín, quien usa su magia para revivir a la cabeza, y la mantiene viva, para buscar su consejo.

3 – DEFINICIONES:

Argr: Insulto que se utilizaba en los países nórdicos para referirse a los que eran poco hombres, cobardes, afeminados o homosexuales. En los pueblos nórdicos, el ser llamado un Argr era sinónimo de ser débil, y que no se tenía derecho a tierras, mujeres, o a tener herederos, ya que la sangre de alguien declarado como un Argr era mejor si se perdía en el olvido, razón por la que los que eran insultados con este apodo, y no podían defenderse de estas acusaciones, normalmente recurrían al suicidio por su depresión, o a entregarse en sacrificio voluntario a los dioses para asegurarse de que, pese a su debilidad, serían aceptados en Asgard.

Meseburg: Un encantamiento que deriva de un hechizo en el cual se menciona a Balder. Consta de dos partes, que cuentan una historia en un verso. En la primera parte, se habla de unas mujeres que liberan a unos prisioneros de sus ataduras, en la segunda parte, se habla de una curación, según el manuscrito, a un caballo que cabalgaba ya fuera a alguien llamado Phol, o a Balder, se interpreta que Phol es otro de los nombres de Balder, ya que este conjuro se atribuye a las capacidades de sanación de Balder.

Ragnar: Literalmente significa "el poder reinante sobre los dioses", parte de la palabra Ragnarok, que puede ser traducido como "la caída de los dioses" o "el ocaso de los dioses"

4 – LUGARES:

Breidablik: Nombre que recibe el palacio de Baldr en Asgard, su nombre significa basto esplendor. Su techo es de oro, y es sujetado por columnas de plata. Nada malo, falso u oscuro podía atravesar su puerta.

5 – PERSONAS:

Sigurd el Afortunado: Héroe legendario del Cantar de los Nibelungos, quien bañó su cuerpo con la sangre del Dragón Fafnir, salvo un lugar en su espalda donde le cayó una hoja de un árbol mientras se bañaba con la sangre del dragón. Cuando la sangre se secó, se había vuelto invulnerable salvo por aquella parte.