Después de mucho tiempo, aquí me presento con un nuevo capítulo!

Lamento la espera. Últimamente las cosas se me han complicado un poco, y al estar actualizando tres historias al mismo tiempo hace que todo se complique más. Si me atraso en una, prácticamente me atraso en todas.

Espero que sepan disculparme. Cuando todo vuelva a la normalidad se los hare saber en mi perfil de Wattpad.

Sin más dilación, disfruta!

FINAL DE ARCO-Capítulo 14: ¡Discusión en el Olimpo!

"El rayo de Zeus…" Comentaría Perséfone, estudiándolo con gran atención, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. "Tiene tanto poder, que hace parecer a las bombas atómicas como un simple petardo."

"Es impresionante, ¿verdad?" Preguntaría Hades con una sonrisa, extendiendo su mano en una señal de que le entregara el rayo. "Con él, finalmente podre vengarme de mis hermanos, y lograre salir del Infierno."

Bell intentaría salir rápidamente de bajo de la mujer, recibiendo un fuerte pisotón por parte de Perséfone. Ella se agacho para mirarlo con más detenimiento. Cuando el peliblanco estaba a punto de escapar con fuerza bruta, pudo distinguir que la Diosa le guiño el ojo, haciendo que la mirara con gran confusión.

"No te preocupes por ellos, querida. Yo me asegurare de darles lo que se merecen. Pero, primero quiero que el Ladrón del Rayo me devuelva mi Yelmo." Perséfone se volvió a erguir, entregándole una sonrisa a su marido. Hades le dirigió una mirada a Percy, haciendo que todo el grupo se tensara. "Bueno, como van a morir de todos modos, le dejare a mi sobrino elegir entre dos opciones. La primera, es que el me entregue el Yelmo y todos tengan una muerte rápida e indolora. Oh la segunda, que sería torturándolos a todos hasta que finalmente me digas donde ocultaste el Yelmo, o simplemente mueran." Concluiría con un aplauso y una sonrisa en su rostro, haciendo que los tres jóvenes se pusieran aún más en guardia.

"Ah mí me gusta más la tercera opción." Comentaría Perséfone, haciendo que Hades la mirara con intriga.

"¿Cuál tercera?" Hades ni siquiera tuvo tiempo para sorprenderse cuando un rayo lo golpeo en el pecho, haciendo que chocara fuertemente contra la pared y la derrumbara en el acto. El ataque continuo por varios segundos, haciendo que el Dios chocara contra las puertas que conducían a la salida del Palacio, quedando totalmente agrietadas.

Finalmente, Hades cayó al suelo completamente inconsciente, mientras una gran cantidad de pequeños rayos salían despedidos de su cuerpo.

"¡JA JA JA JA, UFF!" Una carcajada saldría despedida de los labios de Perséfone, totalmente complacida después de haber hecho lo que hizo. El rayo aún estaba extendido en la dirección hacia donde anteriormente estaba Hades, por si todavía había quedado alguna duda de quien había sido el causante de semejante daño.

"¡Un momento!, ¡¿Por qué demonios hiciste eso?!" Gritaría Grover, poniéndose en frente de Percy y Annabeth.

"¡¿Estas bromeando?!" Exclamo la mujer, dando varios pasos hacia adelante, escuchando leves quejidos de Bell, ya que estaba siendo pisado por la misma. "¡Él vive resentido por culpa de sus hermanos, y descarga toda su culpa encima mío con crueldad y agresividad! ¡Por su culpa no puedo salir de esto lugar, y las pocas veces que él se va del Palacio, son las únicas veces que puedo escapar de este Infierno!" Perséfone finalmente se posaría en frente de Grover, inclinando su mano para entregarle el rayo. "Si estalla una guerra por su culpa, ¿crees que las cosas podrían ir mejor? Ya están bastante mal ahora, por lo que a mí respecta. No quiero que mi vida empeore más de lo que ya estoy viviendo."

Grover tomaría el rayo con cierta cautela, teniendo una mirada genuinamente sorprendida en su rostro. Sus compañeros no estaban mucho mejor que él.

"Ah lo que te refieres, es que si tu marido toma el control del Olimpo, ya no soportara ninguna de tus infidelidades, y no podrás divertirte regularmente como lo haces ahora. Si tu marido pierde la guerra, serás arrastrada por su culpa al ser un cómplice, por lo que terminarías de igual forma, oh incluso peor." Todos mirarían a Bell, que se estaba sacudiendo la suciedad que había acumulado su ropa.

"Veo que has estado investigando un poco…" Comentaría Perséfone, entregándole una mirada picara y seductora.

"Si, me interesa las relaciones de los Dioses Griegos." Diría Bell, poniéndose las manos en los bolsillos y dirigiéndose hacia donde estaba Hades a través del enorme cráter, ignorando olímpicamente la leve insinuación de Perséfone.

"En ese caso…" Agregaría la mujer, dándose media vuelta para poner una mano sobre el mentón de Grover. "Creo que me puedo divertir contigo... ¿Sabes algo?" Comentaría Perséfone acercando levemente su rostro al de Grover mientras se mordía el labio inferior. "Nunca lo eh hecho con un sátiro…"

Grover quedaría atrapado por la mirada depredadora de Perséfone por un segundo, hasta que finalmente reacciono porque se acordó que tenía a sus amigos en su espalda. "¡Quíteme la mano de encima!" Exclamaría con un tono un tanto bastante gracioso, dándole un pequeño golpecito a la mano de Perséfone, haciendo que la Diosa se ría por su actitud. Grover se daría media vuelta y le entregaría el rayo a Percy. "Bien, ya tenemos el rayo. Todavía tenemos un día antes del solsticio, pero será mejor que no nos durmamos." Percy convertiría su espada en un bolígrafo, guardándola en su bolsillo.

"Grover tiene razón." Comentaría Percy, estando de acuerdo con su amigo. "Volveremos ahora mismo." Percy sacaría las tres perlas de su bolsillo, haciendo que todos ensancharan levemente sus ojos.

"Son tres…" Diría Annabeth, mirando a Percy y Grover.

"Oh, qué mal. Dos de ustedes tendrán que quedarse conmigo." Diría Perséfone con un tono cantico al final, subiendo por las escaleras al segundo piso.

"Yo me quedare." Bell aparecería en acción, arrojando el cuerpo de Hades como si fuera un costal de papas en la mitad de la sala. "Tengo un par de cosas de las que hablar con mi tío."

Al escuchar eso, Perséfone se detendría en seco, para darle una mirada de reojo. "¿´tío'? Así que, tu eres el chico de la otra Dimensión, ¿eh?" Pensaría.

"De acuerdo." Diría Percy, mirando con gran atención entre los cuatro miembros restantes. "Yo me quedare con Bell."

"¿Qué?" Preguntaría Sally, totalmente reacia ante la idea de abandonar a su hijo en el Palacio de Hades.

"Escúchame, Percy." Agregaría Annabeth.

"¡No, no!" Interrumpirá Percy. "¡Ya cumplí mi misión! ¡Tenemos el rayo, ahora ustedes solo tienen que devolverlo!"

"¡No, tú no te quedaras!" Gritaría Annabeth, no estando dispuesta a abandonar a su amigo.

Bell tan solo estaba mirando la discusión con atención, mientras se sentaba al lado del cuerpo inconsciente de Hades.

"¡Ya basta! ¡Es suficiente! ¿Está bien?" Las palabras de Grover harían que todos lo miraran con sorpresa. "Yo me quedare, porque soy el protector."

"Grover, por favor." Despotricarían Annabeth y Percy.

"Ya no digan más nada, solo váyanse. Es mi deber, es mi trabajo. Ya eh fallado contigo, Annabeth." Al escuchar eso, Annabeth bajaría la cabeza. "También te eh fallado a ti, Percy. No pude proteger a Thalia. No pude proteger a Sally cuando tuve la oportunidad. Ahora, permíteme reivindicarme solo por esta vez…" Grover posicionaría una mano sobre Annabeth y Percy, haciendo que ambos lo miraran sin decir una palabra. "… Por favor."

Percy y Annabeth se miraron entre sí por un segundo, para luego tomar el hombro de Grover con cariño.

"Prometo que los traeremos de vuelta." Prometería Percy, mirando tanto a Grover como a Bell por sus palabras.

Bell tan solo alzaría el pulgar con una sonrisa en su rostro, indicando que no se preocuparan.

"¡Muy bien! ¡Ahora, pisen la perla y visualicen el lugar adonde quieren ir!" Ordenaría Grover, siendo seguido por los tres.

"De acuerdo." Diría Percy, mirando a Annabeth y a su madre. "Al Olimpo." Las dos asentirían, pisando la perla y desapareciendo a través de un polvo azul muy extraño.

"Bien, ¿y ahora qué?" Preguntaría Grover, dirigiendo su mirada a Bell. "Si no estamos bien lejos cuando Hades despierte, estamos muertos."

"Tranquilo, yo me encargo de eso. Mientras tanto, tu puedes divertirte." Bell agitaría su mano con desdén, indicando que se marchara sin problemas.

Grover pestañearía en confusión. "¿Divertirme? En este lugar no hay nada para divertirse." Justo cuando dijo esas palabras, ambos vieron como Perséfone se asomó por las escaleras, estando en ropa interior mientras le hacía unas señas a Grover para que subiera.

Grover tan solo pudo observarla con la boca abierta por un par de segundos, y como si estuviera bajo una hipnosis, comenzó a caminar hacia la mujer como un tarado, hasta que un sonido de cabra se le escapó de sus labios, haciendo que pudiera controlarse un poco más cuando ya estaba a solo un paso de los escalones.

Bell tan solo negó con la cabeza. "Sátiros… Envidio esa capacidad que tienen para olvidar la posición en la que se encuentran cuando están frente a una bella mujer." Bell se reiría de sí mismo por sus pensamientos. "¿En qué estoy pensando? Conociendo a Hades, salir de aquí será pan comido."

SALTO DE LINEA.

Hades se sentó en el suelo, tomándose la cabeza con gran dolor. "¿Qué…?"

"Por fin despiertas."

Las palabras de Bell hicieron que Hades recordara todo lo sucedido de golpe. Se levantó rápidamente como un acto reflejo mirando cautelosamente a Bell. "¿Dónde está el ladrón?" Fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

"Ya están muy lejos de aquí. Probablemente ya estén en el Olimpo." Respondería Bell, levantándose mientras lo miraba con una pizca de seriedad. "¿Podemos hablar?"

Una pequeña risa sarcástica salió de Hades. "¿Después de todo lo que hicieron, crees que voy a tener ganas de hablar?" Pregunto con una ceja alzada. Sus intenciones maliciosas y asesinas comenzaron a inundar la sala, pero Bell había enfrentado a monstruos mucho peores en el pasado, por lo que este instinto asesino no era nada para él.

"¿Y si te digo que soy el Chico de la Profecía?" Pregunto Bell. Una pequeña sonrisa se disparó en su rostro cuando vio que Hades alzo ambas cejas, indicando un poco de interés en el tema. "Los únicos que pueden usar el poder de fuego a tal grado son dos Dioses, que serían tú y Hera. Si tenemos en cuenta que no soy hijo tuyo, entonces solo nos queda una opción. Esa opción es totalmente descartada, ya que Hera es una Doncella, y por ende, ella no puede concebir hijos. Lo único que queda es que haya obtenido este poder en otro lugar, que tenga principios totalmente diferentes a este mundo."

"De acuerdo, de acuerdo." Diría Hades, comenzando a aburrirse por la explicación obvia de Bell. "Aunque seas el Chico de la Profecía, eso no te da el derecho a irrumpir en mi hogar. Especialmente, sabiendo que eres hijo de mi hermano, sin contar que viniste junto con el ladrón." Comentaría Hades, con claras intenciones de no escuchar lo que Bell tenía para decir.

"Él no es el ladrón. Yo sé bien quien robo las dos cosas." Comentaría Bell, captando un leve interés por parte de Hades nuevamente.

"¿No vas a decir que fue ese hijo de Hermes nuevamente?" Pregunto Hades, posicionándose una mano en su mentón.

"Sí y no. Hay otro culpable, pero no sé quién pudo haber sido. No obstante, si vuelvo al Olimpo sabré quien fue el ladrón de tu Yelmo."

"A ver, déjame entenderlo…" Diría Hades, caminando alrededor de Bell mientras se frotaba el mentón. "¿Quieres que te lleve al Olimpo?" Hades comenzó a ladear su cabeza en varias direcciones. "¿Es una estúpida broma?" Concluiría Hades, fulminándolo con la mirada.

"Tú te quedaras. Estoy seguro que te gustara ver la cara de Zeus cuando le explique un par de cosas. Después de todo, se sentirá humillado si lo hago en frente de demás Dioses."

Hades se detuvo en seco y lo observo con los ojos ligeramente ensanchados. Después de unos segundos, el Dios comenzó a reír fuertemente por las palabras de Bell. "¿Humillar a mi hermano? ¿Te estas escuchando, sobrino?" La risa de Hades culmino de golpe, sus ojos penetrantes llameaban con peligro. "Ni siquiera morir de la peor forma posible podría hacer que se sintiera humillado. Lo único que harás es incrementar su ridícula ira, haciendo que te cocine vivo con uno de sus rayos."

"Eso es cierto, lo experimente hace un tiempo." Contestaría Bell, teniendo un brillo audaz en sus ojos al final. "Aun así, la muerte inminente puede desesperar a cualquiera, incluso al mismo Zeus. Si no, ¿por qué es que me pidió ayuda? Si de todos modos, llegaría para salvar a los que aún estaban con vida." Hades se volvió a posicionar una mano en el mentón y bajo su mirada, pensando con cuidado en todas las palabras de Bell. Al ver que casi había convencido al Dios, una sonrisa perspicaz adorno el rostro de Bell "Además, estoy seguro que te mueres por verlo."

"Hmp." Hades se rio por lo bajo, dando a entender que Bell había pegado en el blanco. "De acuerdo, te creeré." Hades alzo su mirada, fulminándolo con ella. "Pero que quede bien claro que esto no significa que no vuelva a intentar algo contra mis hermanos. Quiero salir de este encierro, no me importa si te unes a la causa de mis hermanos, encontrare una forma de matarte." Una sonrisa siniestra adornaría el rostro de Hades. "Después de todo, todos los mortales tienen un punto débil."

"Yo soy Medio-Inmortal." Declararía Bell alzando su mano, con los ojos en blanco.

Al escuchar las palabras de Bell, Hades no pudo evitar reírse por la incongruencia del muchacho. Después de todo, era bien sabido que le caían bien las personas con esa actitud.

"¿Está todo bien allá abajo?" Pregunto Grover, asomando su cabeza hacia el primer piso. "Escuche algunas voces…" Grover ensancho sus ojos a más no poder cuando vio como Hades ya estaba completamente consiente.

"Prepárate, porque vamos al Olimpo." Al escuchar las palabras de Bell, Grover no había podido evitar su relinchido.

"Pero, apenas acababa de comenzar." Comentaría Grover con algo de molestia, para luego taparse la boca con rapidez.

"¿Puedo matarlo?" Pregunto Hades, frotándose el mentón con una pequeña sonrisa en su rostro.

"Supongo que sería un problema. Pero puedes darle una buena golpiza si quieres." Comentaría Bell.

"Eso también me sirve." Comentaría Hades, cruzándose de brazos mientras comenzaba a subir las escaleras con lentitud.

"¡Bell, ayúdame! ¡Somos amigos, ¿verdad?!" Exclamaría Grover con miedo.

Bell asentiría con una sonrisa. "Es cierto. Yo tengo en alta estima a todos los que sean cercanos a mí. Pero también tienes que saber que odio a los infieles, y el que está en el medio no se salva si sabe de dicha relación. Entonces…" Bell alzaría sus dos manos, y haría como si fuera una balanza, subiendo y bajando sus manos. "Es complicado decidir. Pero cuando Hades me dijo que sería solo una paliza, no le vi problema alguno." Finalizaría, dejando una mano muy por arriba de la otra.

"¡No es mi culpa que no pueda controlar mi naturaleza de sátiro!" Grito Grover, comenzando a correr cuando vio que Hades finalmente había subido al segundo piso.

SALTO DE LINEA.

"¿Estas segura que vendrán? Ya han pasado 45 minutos." Comentaría Zeus, dirigiéndole un ceño levemente fruncido a Artemisa, ya que lo estaban haciendo esperar demasiado tiempo.

Zeus se encontraba en su trono, siendo acompañado por unos pocos Dioses que pudieron llegar temprano a la reunión. Todos los Dioses estaban en su forma humana para no dejar ciego a Bell cuando se presentara, pero estaban utilizando su tamaño gigante para ocupar sus respectivos tronos.

"Vendrán, padre. Estoy segura de ello." Contesto Artemisa con decisión, bajando un poco su cabeza mientras se mordía el labio inferior. "¡¿Por qué está tardando tanto?! ¿Algo habrá salido mal?"

"Eh tenido casi 0 contacto con Bell." Comentaría Apollo, cruzando sus piernas para acomodarse en su asiento. "Aun así, pude ver que es alguien 'diferente'. Estoy seguro que llegara en breve, así que no te preocupes, hermanita." Concluyo Apollo con una sonrisa zorruna en su rostro. Artemisa se sobresaltó visiblemente, ya que su hermano fue capaz de distinguir la preocupación en su rostro sin problemas.

"Sera mejor que guardes silencio. No me olvide de lo que hiciste, y juro que en algún momento te haré pasar bastante mal. Y será aun peor, si descubro que le hiciste algo a mis cazadoras cuando estaban inconscientes." Comento Artemisa con claro veneno en sus palabras, haciendo que Apollo se reirá por la sobreprotección que desprendía la Diosa sobre sus cazadoras.

Apollo alzaría su mano con una sonrisa condescendiente en su rostro. "Prometo que no les hice nada. Puedes estar tranquila."

Artemisa lo miro por un corto segundo con sus ojos entrecerrados, para luego asentir. "De acuerdo."

"Veo que para esto si llegas muy temprano, hermano." Comentaría Zeus, entregándole una mirada extraña a Poseidón, siendo respondido con una mirada exactamente igual por parte de este.

"Estamos hablando de mi hijo. Por supuesto que voy a llegar lo antes posible." Contestaría Poseidón, cruzándose de brazos con gran seriedad.

"Ya van a empezar…" Pensaría Hera, claramente indignada por la actitud de sus dos hermanos.

Antes de que los Dioses comenzaran a discutir, un pequeño destello de color fuego se presentó al costado del asiento de Zeus, apareciendo Bell y Hades.

"Muchacho…" Artemisa prácticamente se paró de su trono cuando pudo ver como Bell apareció en la sala, ignorando completamente a la persona que lo acompañaba y la mirada sorprendida que había captado de su hermano gemelo.

El que no pudo ignorar la presencia de Hades fue Zeus.

"¡¿Qué haces en el Olimpo?! ¡Sabes bien que no tienes autorización para-"

"¡SIENTATE, AHORA!" El grito de Bell impidió que Hades comenzara a insultarlo, y también corto el palabrerío de Zeus en seco. Todos en la sala lo vieron con los ojos ensanchados como platos, sin creer lo que acababan de oír.

Le estaba dando una orden al Rey del Olimpo…

"¡Bell, ¿por qué lo trajiste aquí?!" Grito Zeus, claramente dominado por la ira, sin intenciones de acatar la orden de ninguna manera.

Bell señalo a Hades. "¿Sabes por qué esta aquí? Porque rompiste tu promesa conmigo. Ahora tienes que hacerte cargo." Zeus pestañeo con sorpresa al recordar que no había cumplido su promesa, ya que no había querido llamar a Bell a la reunión, porque sabía que algo como esto podría pasar. "Es impresionante, ¿verdad?" Pregunto Bell, observando a los presentes. "Es el Rey del Olimpo, ha salvado a los Dioses en la Titanomaquia. Pero no es capaz de cumplir una promesa." Bell miro a su padre con una ceja alzada. "¿Ante qué clase de Rey estamos? ¿Uno que solo sabe usar su fuerza bruta, por qué no tiene nada en el cerebro?" Zeus miro a todos los presentes, claramente avergonzado por las palabras de Bell.

"¡Esta bien, está bien!" Exclamo Zeus, sentándose en su asiento. "¡Fue mi culpa, lamento no haberte invitado a la reunión!" Zeus daría un suspiro, relajando su cólera creciente. "Para compensar mi error, puedes pedirme lo que quieras."

Bell entrecerró sus ojos con astucia. "Es lo que había esperado desde que hicimos aquella promesa…" Pensó Bell, indicando que ya sabía desde un principio como actuaria el Dios debido a su orgullo. "De acuerdo." Bell asintió, poniendo una mano en su mentón mientras pensaba con cuidado. "En ese caso, quiero que Hades pueda salir del Infierno cuando le plazca."

Ante la petición de Bell, todos los presentes ensancharon sus ojos en shock. Aunque el más sorprendido era el mismo Hades.

Zeus se tranquilizó después de un segundo, y lo miro con gran seriedad. "No puedo hacer eso. Es lo que acordamos cuando nos repartimos las tierras entre nosotros tres. Es la tradición."

Bell se cruzaría de brazos, alzando ambas cejas. "¿No dijiste que me darías cualquier cosa?" Bell chasqueo los dedos, como si hubiera encontrado una revelación. "¡Ah, ya lo entiendo! Quieres esperar a que todos los Dioses Olímpicos restantes lleguen para ver tu generosidad y el valor que se encuentra detrás de tus claras y benevolentes palabras." Bell inclinaría su cabeza hacia un lado. "¿Oh me equivoco?"

Las cejas de Zeus temblaron ante la amenaza oculta de Bell que fue perfectamente captada por todos los presentes en la sala.

Después de unos pocos segundos, Zeus dio un pequeño suspiro, indicando su derrota. "Muy bien." Zeus le daría una mirada a su hermano, que aun seguía en su forma humana. "Apartar de ahora, puedes salir y entrar del Inframundo cuando te plazca." Zeus lo fulminaría con la mirada. "Pero no te equivoques. Tienes permitido visitar el Olimpo, pero no tienes permitido intervenir en los asuntos internos. No eres uno de los Olímpicos, después de todo."

Hades tan solo le contesto cruzándose de brazos.

Unos destellos adornaron la sala, haciendo la aparición de un gran número de Dioses. Como ya estaban al tanto de la llegada de Bell gracias a Artemisa, solo tuvo que taparse sus ojos por un corto periodo de tiempo.

"Lamento la tardanza, la forja me necesito más tiempo de lo habitual." Declararía Hefesto, viendo a todos los reunidos.

"Tenía un pequeño labor que atender." Sería la simple respuesta de Afrodita, mientras utilizaba una lima para sus uñas.

"No importa." Espeto Zeus, cortando las escusas de los demás Olímpicos. "Nuestros visitantes aún no han llegado."

Justo cuando termino de hablar, la puerta de la sala fue abierta de golpe.

"¡Wow!" Exclamo Percy con asombro, dando un paso hacia atrás al ver los gigantes.

Tanto Annabeth como Percy posicionaron su vista un corto segundo en sus padres divinos, pero rápidamente la desviaron cuando vieron que Zeus se levantó de su asiento.

"Veo que has venido a entregarme el rayo, ladrón." Declararía el Dios con una sonrisa. "Hiciste bien en traicionar a tu padre."

"¡Mi hijo no es ningún ladrón!" Poseidón salto de su asiento, fulminando a Zeus con la mirada.

"Entonces, ¿Cómo explicas que tiene el rayo en su poder?" Pregunto Zeus, entrecerrando sus ojos con furia.

Poseidón tomo del traje a Zeus amenazadoramente con sus dos manos. "¿Necesito explicártelo?"

Atenea estaba a punto de parar este absurdo, pero se vio detenida cuando observo la mirada ensombrecida de Bell.

"Parad…"

Zeus se separó bruscamente de Poseidón. "¿Eso quiere decir que si tenías pensado traicionarme con la ayuda de tu mugroso hijo mortal?"

"Parad…"

"Si lo vuelves a llamar así…" Poseidón lo señalo con su tridente, su rostro hundido en ira contenida. "Te juro que te romperé la cara."

"Parad…"

Zeus simplemente sonrió por sus palabras. "Tendría que haberte dejado morir dentro de las tripas de nuestro padre." Comento, mientras su cuerpo se rodeaba de pequeños rayos.

"¡PARAAAAAD!"

Los rayos de Zeus se desvanecieron pro completo, y Poseidón bajo su tridente, ambos mirando a un Bell que estaba completamente furioso.

Hades solo pudo observarlo con los ojos abiertos a más no poder. Quería ver como sus hermanos se daban una buena golpiza, pero esto le estaba pareciendo mucho más interesante.

Mientras tanto, todos en la sala tenían la piel de gallina. No podían creer que Bell haya hecho callar a los Dos Dioses Olímpicos más importantes.

Aun así, esto solo era la frutilla del postre si tenemos en cuenta lo que se está por venir…

"¡Escúchame bien, barbudo de mierda!"

"¡¿Barbudo…?!" Dijo Zeus con completa sorpresa, sin poder terminar la frase por culpa de Bell.

"¡Ya estoy harto de tus idioteces!" Grito Bell, señalándolo con gran furia. "¡Percy viene a entregarte el maldito rayo, y tú ni siquiera le preguntas como lo obtuvo, o si logro quitárselo al verdadero ladrón! ¡Solo lo acusas como un imbécil, ya que no tienes ni una maldita prueba de ello! ¡¿Es en serio?! ¡¿Y TE HACES LLAMAR EL REY DEL OLIMPO?!"

"Pero-"

"¡Pero nada!" Bell lo volvió a interrumpir, haciendo que Zeus diera un paso hacia atrás. "¡¿Acaso no sirvió de nada la charla que tuvimos la última vez?! ¡Sigues siendo el mismo estúpido que duda hasta de su propia sombra! ¡Es tu familia, por el amor de Dios! ¡Por lo menos deja que se explique, y después veras cual será tu veredicto! ¡Si sigues actuando de esta manera, lo único que conseguirás es que tu familia se separe por completo, y piensen en tomar una represaría en contra tuya por la actitud paranoica y desalmada que sostienes todo el tiempo! ¡Terminaras exactamente igual que tu padre!" Bell dio una pequeña pausa para tomar aire. El volvió a alzar su mirada, denotando un ceño completamente fruncido. "Pero yo me asegurare de que no pase eso. No importa cuántas cosas tenga que hacer para cambiarte, incluso te meteré un buen petardo en el culo si eso es lo que necesito para que dejes de ser un hijo de puta." Cuando todos pensaban que Bell había terminado, el alvino fijo su mirada en su próxima víctima. "Un padre de mierda… yo diría un padre patético."

Poseidón ensancho sus ojos por el insulto. "Intente todo lo que estaba a mi alcance-"

"¡¿Todo lo que estaba a tu alcance?!" Grito Bell, interrumpiendo a Poseidón. "¡Entonces tengo razón, eres el mayor patético de mierda que existió en la historia! ¡Oh simplemente me estas mintiendo, y tu hijo no te importa una mierda!"

"¡Por supuesto que me importa!" Exclamo Poseidón, tratando de defender su posición.

"¡No, no te importa una mierda!" Reafirmo Bell, fulminándolo con la mirada. "¡Si realmente te importara, hubieras actuado personalmente ante todas las amenazas y blasfemias que declaro el loco de mierda de tu hermano! ¡Pero en vez de eso, solo estuviste mirándolo desde lejos y mandándole mensajes por su mente como un auténtico cobarde y patético de niveles astronómicos! ¡Y no solo eso, sino que también lo abandonaste cuando apenas era un bebe!"

"¡Eso fue porque…!"

"¿Por qué?" Bell lo interrumpió, cruzándose de brazos. "¡Lo hiciste para defender tu posición en el Olimpo y no romper una ley de porquería que implemento el loco desquiciado! ¡Le tuviste miedo a una simple ley de mierda, y solo por esa razón es que nunca ayudaste a tu hijo de forma directa, y tuviste que pedirme ayuda a mí!" Bell comenzó a dirigirse hacia Artemisa, haciendo que todos lo siguieran con la mirada. "No le erre en lo más mínimo cuando dije que eras un padre patético…" Finalmente, Bell llegaría en donde estaba Artemisa y jalaría su pantalón ajustado, haciendo que la Diosa le observara con más sorpresa de la que ya tenía, si eso era posible. "Ya estoy cansando, ¡me largo de aquí!"

Artemisa volvió a su tamaño humando, pestañeando con completa sorpresa cuando Bell atrapo su mano sin previo aviso. Los demás Dioses observaron esto con aun más sorpresa. Prácticamente, todos estaban completamente congelados por las palabras y acciones del alvino.

Bell dio un gran suspiro, relajando sus nervios visiblemente. "Antes de irme, quiero decir que también robaron el Yelmo de Hades." Todos miraron a Hades ante lo escuchado. "Estoy seguro que se trata del mismo ladrón. Por sus acciones, es muy obvio que estaba buscando una guerra en el Olimpo." Bell le dio una mirada a Zeus, haciendo que el Dios se pusiera serio al instante. "Zeus, ¿enviaste a alguien para recuperar el rayo?"

Zeus asintió. "Así es. Ni bien desapareció, envié a mis mejores exploradores para encontrarlo. Ah excepción de Artemisa, ya que estaba ocupada con tu formación."

"¿Quiénes fueron?"

"Apollo, Atenea, y Ares. La búsqueda se vio interrumpida hace tres días, ya que nos estamos preparando para la guerra."

"De acuerdo." Diría Bell, asintiendo para sí mismo. "Antes, era amigo del ladrón sin saber que se tenía entre manos. Él me dijo que se debía marchar del Campamento Mestizo por asuntos personales. Curiosamente, se fue el mismo día que Hades perdió su Yelmo."

Hades alzo una ceja ante esto. "¿Estás diciendo que se fue del Campamento justo cuando mi Yelmo desapareció? Entonces, hay algo que no cuadra. Es imposible que el ladrón haya entrada al Inframundo tan rápido, ya que las entradas más cercanas se encuentran bastante alejadas del Campamento Mestizo."

"De hecho, ese mismo punto es el que facilita las cosas." Las palabras de Bell harían que Hades alzara ambas cejas. "Es imposible que el ladrón haya llegado en solo unas pocas horas al Inframundo, por lo que alguien tuvo que haberlo ayudado. Alguien que pueda moverse de un lado a otro en un santiamén. Por lo que se, los únicos que pueden utilizar una habilidad como tal son los Dioses Olímpicos, con la excepción de Hades y Hestia."

"¿Qué insinúas con todo esto?" Pregunto Afrodita, estando un poco interesada en el tema.

"Lo que quiero decir, es que el ayudante del ladrón es el Dios que pudo haber tenido algún contacto con él. Por lo que, los mayores sospechosos son Atenea, Apollo, y Ares." De pronto, Bell se taparía los ojos cuando una enorme luz rojiza le obligo a hacerlo.

Pudo sentir como Artemisa apretó el agarre de su mano y se posiciono en frente suyo de una forma muy protectora.

Lo segundo que pudo oír, fue un grito de Zeus y Poseidón, seguido de un gran estallido.

"Retrae tu estado Divino, ahora... Ares."

Ares solo pudo apretar fuertemente los dientes. Se encontraba acorralado contra la pared en su forma divina. Poseidón le estaba amenazando con su tridente rozando su garganta, mientras que Zeus estaba agachado, hundiendo su antebrazo en el abdomen del Dios traidor. Tanto Zeus como Poseidón estaban en su forma divina, con la idea de someter a Ares al instante.

La pared que se encontraba en la espalda de Ares comenzó a derrumbarse, justo cuando se resignó y decidió acatar las órdenes de su padre.

"…Bien." Comento Zeus con gran seriedad, pasando a su forma humana gigante nuevamente, al igual que Poseidón.

Finalmente, Bell pudo abrir sus ojos, viendo la escena que se estaba desarrollando en frente suyo.

"Lo supuse." Declararía el alvino con una pequeña sonrisa. "Ares es el Dios de la Guerra, y seguro que se quedó maravillado cuando el ladrón le comento que si no le devolvía el rayo a Zeus, habría una guerra incluso más grande que la Primera Guerra Olímpica." Ares tan solo bajo su cabeza, indicando que Bell estaba en lo cierto.

"¿Dónde está el Yelmo?" Pregunto Poseidón con tranquilidad. "Si te reúsas ah entregarlo, me asegurare de darte el castigo que te mereces personalmente."

"Ya sé que quieres castigarlo ahora mismo por haber metido a tu hijo en este problema, hermano. Pero yo seré el que dicte los castigos, siempre ha sido así." Zeus hundió aún más su antebrazo en el abdomen de Ares, haciendo que el Dios escupiera un poco de sangre dorada. "Pero si no nos dices donde está ahora mismo, estaré muy feliz de otorgarle el poder de la palabra a tu querido tío."

"¡En mis Aposentos!" Grito Ares, cuando sintió como el tridente de Poseidón comenzaba a perforar su piel lentamente.

Zeus y Poseidón asentirían entre sí, soltando a Ares. "¡Atenea, Apollo!" La Diosa y el Dios saltaron de su asiento cuando escucharon la voz de su padre. "Encargase de que este incordio no se escape." Ambos simplemente asintieron, sujetando a Ares con firmeza, y desarmándolo por completo. Zeus se dirigió junto con su hermano a sus respectivos tronos, sentándose con gran tranquilidad. "Ahora sí, que continúe esta reunión."

"Vámonos." Volvió a decir Bell, dándole un leve apretón en la mano a Artemisa.

La Diosa tan solo le observo con algo de sorpresa el agarre que sostenían. Finalmente asintió, desapareciendo del lugar con un pequeño destello plateado.

"Para reanudar esta reunión, devuélveme el rayo." Ordenaría Zeus, sin mostrar la mayor importancia de que su hija se haya ido sin su permiso.

"Por supuesto." Dijo Percy, arrojando el rayo a las manos de Zeus, haciendo que una gran sonrisa orgullosa apareciera en el rostro del mismo mientras una gran cantidad de rayos resonaban en el cielo.

Zeus se quedó mirando su rayo por un par de segundos, hasta que finalmente hablo. "Lamento haberte acusado de ser el ladrón sin preguntártelo con anticipación. Me disculpo." Comentaría Zeus, haciendo que todos los Dioses lo miraran con los ojos como platos. "Entonces, ¿podrías decirme quien es el verdadero ladrón?"

"Fue Luke. Hijo de Hermes." Respondió Percy, haciendo que Zeus girara su cabeza y le entregara una mala mirada a Hermes.

"También hemos recuperado el Yelmo de mi hermano." Zeus le daría una rápida mirada a Hades. "Por lo tanto, ¿todos estamos felices?"

Hades alzo ambas manos con una sonrisa. "Si… No solo recupere mi Yelmo y la libertad, sino que también pude ver una buena actuación de circo por parte de mis dos hermanos. Me lleve mucho más de lo que esperaba." Zeus y Poseidón se achicaron en su trono al recordar la humillación que habían recibido en frente de todos.

"Si no hubiera sido el Chico de la Profecía, estoy segura que lo hubieran convertido en polvo en ese mismo momento." Le susurro Annabeth a Percy, haciendo que el pelos encrespados alzara una ceja.

"En ese caso…" Zeus se recostó en su trono con comodidad. "Que haya paz…"

Todos se miraron con una sonrisa por lo escuchado, comenzando a desaparecer mediante destellos de la sala.

"Hermano, ¿puedo hablar con mi hijo?" Pregunto Poseidón, con un tono un tanto suplicante.

Zeus lo observo por un corto segundo, meditando su respuesta. "… Solo por esta vez." El Dios se fue junto con Atenea, Apollo y el traidor. "Ahora decidiré tu castigo. Acompáñenme."

Finalmente, ambos Semidioses tuvieron una pequeña charla con su padre divino. Percy estaba muy cortante con Poseidón, pero al final lograron terminar en buenos términos, estrechando sus manos con confianza.

SALTO DE LINEA.

Bell y Artemisa aparecerían en un pequeño destello plateado, junto a la tienda del alvino.

"Gracias." Comento Bell. "Ya no aguantaba más estar en ese lugar." Finalizaría, dando un pequeño suspiro.

Bell soltó la mano de Artemisa y miro con atención su pequeña tienda. Una cara aburrida le adorno por completo el rostro cuando vio el enorme agujero que él mismo había hecho para escapar.

Al estar pensando en eso, no pudo presenciar que Artemisa observo su mano con leve impresión.

"Mi mano…"

"¿Qué?" Preguntaría el muchacho, dándose media vuelta para ver la cara de Artemisa. "¡Oh, lo siento!" Se disculpó rápidamente. "¡Fue culpa del calor del momento! No era mi intención ofenderla, Lady Artemisa."

"No…" Contestaría la Diosa con tranquilidad, haciendo que Bell alzara ambas cejas. "Está bien, Bell. Solo es que… no sentí ningún tipo de repulsión."

Bell ensancharía sus ojos a mas no poder por las palabras de Artemisa, oh más bien, una en concreto. "¡¿Cómo me llamaste?!" Grito/señalo el alvino, haciendo que Artemisa lo mirara con ligera sorpresa.

Después de indagar en sus propias palabras, la misma Artemisa se vio sorprendida por lo cometido. "Bueno… teniendo en cuenta que no me causaste repulsión cuando tocaste mi mano, creo que inconscientemente te termine de aceptar dentro de nuestra pequeña familia." Explico, incluso ella no podía entender del todo en qué momento había aceptado tanto a Bell.

"¡Eso significa que yo también debería llamarte por tu nombre!" Exclamaría Bell con los brazos cruzados, haciendo que Artemisa le frunciera ligeramente el ceño. "¡Vamos!" Reprocho, al ver la expresión de la Diosa. "¡Me es muy incómodo tener que formalizar siempre contigo! ¡Ah mi también me gustaría llamarte por tu nombre, Artemisa! Si no, no es justo."

"¿A caso eres un niño?" Pregunto Artemisa con los ojos en blanco al escuchar la explicación bastante estúpida de Bell. Aunque finalmente, una sonrisa se dibujó en su rostro. "Muy bien. Creo que puedes hacerlo. Después de todo, te considero mi igual." Artemisa se acercaría a él, teniendo un brillo feliz en sus ojos. "Además, debo admitir que me siento mucho más cómoda contigo hablando de esta manera."

Bell posicionaría su mano en la cabeza de Artemisa, haciendo que esta pestañeara en confusión. "Cuando hablas tan libremente con una persona que te cae bien, ¡siempre es más divertido!"

La Diosa no entendía el significado que tenía posicionar una mano encima de su cabeza. Pero de alguna forma, sintió que esa acción de Bell, junto con sus palabras, desprendió una gran cantidad de confianza y comodidad.

Inconscientemente, Artemisa le sonrió y posiciono su mano encima de la de Bell, haciendo que el alvino la mirara con algo de sorpresa por el movimiento inesperado.

"No sabía que tuvieras este tipo de tacto tan amigable con las personas." Comentaría Bell con una pequeña sonrisa.

"Yo tampoco sabía que tú poseías tacto alguno." Artemisa le devolvería la burla, haciendo que el muchacho se riera. La Diosa tan solo ensancho un poco más su sonrisa al sentir el lindo ambiente que se había formado entre los dos en un corto segundo.

Un destello de fuego hizo que ambos se separaran al instante.

"¿Interrumpo algo?" Hades observo a sus dos sobrinos con una ceja alzada.

"No. ¿Qué quieres?" Pregunto Artemisa, sin ningún tipo de rodeos.

"¡Wow, wow!" Exclamo el Dios con una pequeña sonrisa. "Tranquila, sobrina. Solo venía a dar las gracias."

Artemisa alzo una ceja ante esto. "¿'Dar las gracias'?"

"Si." Declaro Hades, abandonando por completo su actitud carismática mientras se acercaba a Bell. "Quería agradecértelo, Bell. Como bien dijiste, cumpliste tu promesa, además de que también me haz liberado de mi encierro eterno."

"No hay problema." Bell agito su mano con desdén. "Inicialmente, pensé en pedirle a Zeus que te convirtiera en uno de los Olímpicos. Pero llegue a la conclusión que era un cambio demasiado grande como para recién comenzar."

"¡¿Uno de los Olímpicos?!" Tanto Artemisa como Hades gritaron, completamente asombrados por las palabras de Bell.

Finalmente, Hades comenzó a reírse fuertemente por sus palabras. "¡Nunca pensé que llegaría el momento en donde alguien cambiaría el Olimpo! ¡Estoy seguro que a mi hermano menor no le gustara nada la idea!" Hades daría un suspiro, dejando de reírse mientras se cruzaba de brazos. "Hubiera dicho que estás loco, si no hubiera visto todo lo que hiciste hoy." El rostro de Hades se enserio visiblemente, haciendo que Bell le correspondiera la mirada. "Sé que la gran mayoría de nosotros tenemos que dar oportunidad a los cambios por lo que hicimos en el pasado. Solo te digo que intentare colaborar contigo, pero no esperes que perdone a mis hermanos solo porque tú me lo pidas. Especialmente a Zeus." Concluiría, con el ceño fruncido.

"No te pediría eso. Es más, ellos serán los que terminaran disculpándose contigo." Comentaría Bell, haciendo que Hades alzara ambas cejas con intriga. "De momento, lo único que pido es que este odio que sientes por tus hermanos no te cegué por completo, como venía pasando hasta ahora. No necesitas presentar benevolencia con ellos, pero estaría genial que no le amargaras la existencia a las personas que te rodean, solo porque tú la pasaste muy mal." Concluiría Bell, viendo como Hades asentía con una pequeña sonrisa en su rostro.

"No prometo nada, pero lo intentare." Diría el Dios, posicionando una mano en su mentón. "¿Hay algo que quieras pedirme a cambio? ¿Mujeres, poder, oro, u algún otra cosa? Es lo mínimo que puedo hacer, después de lo que hiciste."

"Déjame pensarlo un poco…" Bell alzaría su mirada al cielo, pensando detenidamente. "Ahora que recuerdo, le prometí a Caronte que obtendría un aumento en su trabajo." Bell bajaría su mirada con una sonrisa. "¿Crees que puedes cumplirme esa promesa?"

"Hmp." Reiría Hades al escuchar la propuesta. "Por supuesto. Me asegurare de darle un buen aumento, y que sepa que va de tu parte." Hades finalmente dejo de frotarse el mentón, su rostro se tornó completamente serio. El Dios inclino su mano hacia adelante. "Las puertas del Inframundo siempre estaran abiertas para ti."

Bell tan solo incremento aún más su sonrisa, y estrecho su mano con Hades en un fuerte apretón. "Muchas gracias. Espero que nuestro reencuentro sea pronto." Concluyo, afirmando aún más el agarre y sacudiendo la mano, haciendo que una pequeña sonrisa apareciera en el rostro de Hades.

Sin previo aviso, el Dios desapareció con un enorme destello que se asemejaba a las llamas, dejando solos de nuevo a Bell y Artemisa.

"Bueno…" Bell se dio media vuelta y comenzó a dirigirse a su tienda mediante pasos ridículamente tranquilos. "Nos vemos mañana. Hoy estoy muy cansado." Justo cuando termino de hablar, una flecha rozo su mejilla y le hizo un pequeño corte, haciendo que su mirada se torciera visiblemente.

"No creas que me olvide de tu castigo." Declaro Artemisa con una sonrisa pícara en su rostro.

"¡Mierda!" Bell maldijo por lo bajo, dándose media vuelta al final. "¿No podemos arreglarlo mañana?"

"Todavía faltan unas pocas horas para el atardecer." Respondería la Diosa. "Además, todas están esperando ansiosamente tu regreso."

"Me están esperando ansiosamente para colgarme de los huevos."

"¿Qué dijiste?" Pregunto Artemisa con una ceja alzada.

"Nada de nada."

Bell se puso ambas manos en los bolsillos y comenzó a seguir a su Diosa y futura amante.

Sin duda alguna, este día iba a ser mucho más largo y pesado de lo que él pensaba…

FIN DEL CAPITULO!

Como siempre, espero que les haya gustado!

El próximo arco será un poco más largo que este, ya que agregare un par de cosas nuevas, además de que Bell tendrá una participación un poco más directa en esta ocasión a lo que a batallas se refiere.

La verdad, no tengo mucho más que agregar. Solo espero que me disculpen por la tardanza, y prometo hacer lo mejor posible para intentar reducir esos días de espera, aunque actualmente lo tengo muy complicado.

Un saludo a todos, y que tengan un hermoso día!

Cantidad de palabras: 6931 palabras.