Y llegamos al final de la Saga de Midgard, ¿qué pasará? ¿Saben qué? No diré mucho y los dejaré leer. A contestar reviews:

TsukihimePrincess: ¿Lyfia preocuparse por Hilda? Tal vez di la idea equivocada, Lyfia no se estaba preocupando por Hilda, estaba temerosa de descubrir que era Loki quien la manipulaba en ese momento, eso es todo. Y no había pensado en Derbal como caprichoso, más bien como un avaro, pero supongo que sí, en alguna parte, fue más capricho que planeación.

Josh88 (Alias el Guest): Yo con gusto contesto los reviews, de hecho, la razón por la que contesto así los reviews es por los que no tienen cuenta, ¿a ellos cómo podría responderles los reviews? Además, muchas veces preguntan las mismas cosas, y es más fácil si contesto públicamente para que todos puedan leer las respuestas. Como ya has leído mis historias, sabes que suelo matar personajes de la nada, pero en esta ocasión se me hizo temprano, no te confíes, en cualquier momento me puedo sacar una muerte de la manga. Me da gusto que veas a los dioses Nórdicos en una luz diferente de la belicosa, que belicosos si eran, pero los seguidores de los dioses Nórdicos, no los dioses Nórdicos en sí. La verdad me rompí el coco con el nombre de este capítulo, todo nombre que se me ocurría era spoiler, así que lo dejaremos en "Krilin muere de nuevo", digo, "El Reino de los Hombres", ahora, tengo que defender a Lyfia, a quien odias es a la personalidad creada por Derbal, no a Lyfia, la verdadera Lyfia está perdida en el recuerdo, pero descuida, lo comprenderás en este capítulo.

dafguerrero: La batalla de Aldebarán de verdad que fue la que más me dio trabajo escribir, pero me alegra escuchar, o leer, que me ha quedado bien, que gusto. Lo de Afrodita y Mephisto como malos aun sabiéndolo todo, es más por el manga que nada, intenté anclarme a la serie clásica. En el caso de Siegfried, él sabe que su deber es a con Saori, pero se ciega por Hilda. Muchas de las cosas que me preguntas no te las puedo contestar porque van en este capítulo, así que una disculpa si se siente algo flojo esta respuesta a tu review, pero si doy feria de más, te voy a arruinar el capítulo. Espero lo disfrutes.

EDITADO: 15/09/2022.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Midgard.

Capítulo 15: El Reino de los Hombres.


Hlingard. Templo de Hlin. 01 de Septiembre de 4E 08.

-Esta va a ser la hora más larga de nuestras vidas… -declaró Milo, resumiendo la marcha, con el resto de los Dioses Guerreros siguiéndole de cerca y llegando ante Derbal, quien los miraba con una sonrisa malévola, como sabiendo que ni los 6 Dioses Guerreros Dorados unidos, representaban una amenaza para él-. Vaya giros que da la vida. Hace 3 años llegabas a mi isla en Lyngvi, y me pedías a gritos el unirme a tu pequeño grupo de Dioses Guerreros Dorados. Hoy me vuelvo a presentar ante ti, con la sola idea de partirte el rostro, arrancarte el ojo izquierdo, y colgarte frente a la espada de Odín. Debiste dejarme solo en mi isla, Derbal, te hubiera sido más sencillo lograr tus objetivos -se burló Milo, preparando su aguja.

-En retrospectiva, puede ser que lo mejor hubiera sido destruirte en el momento en que me faltaste al respecto, Dios Guerrero sin nombre -le respondió Derbal, mirando a Saori, sellada frente a la Espada de Odín-. Pero pienso que el cómo se han dado los hechos, me ha resultado ser más satisfactorio. Ahora soy un dios, puede que no el dios que yo quisiera, pero un dios a fin de cuentas. Y ustedes, no son más que una molestia insignificante jugando a ser héroes, como si eso a los dioses les interesara. Y, aun así, sabiendo que no son nada para mí, y que tengo el poder de subir al Asgard, enfrentar a cada uno de los 12 Dioses y asesinarlos, me siento misericordioso -agregó, posándose ante Milo, como un ser inmenso que le doblaba el tamaño-. Juren lealtad al Dios de la Calamidad y el Castigo, hagan un juramento al gran Alto Jarl Derbal, y nos ahorraremos esta masacre -sentenció.

-No eres más que un hombre que piensa en acrecentar su ya de por sí enorme ego, ¿no es así, Derbal? -interrumpió Saga, adelantándose, y encarando a Derbal fijamente- Eso se acabó… tu reinado ha llegado a su fin -elevó su cosmos Saga, y Derbal comenzó a reírse a carcajadas, sabiendo que Saga no podía compararse con él. Y aun así, Saga desató toda su ira-. ¡La Otra Dimensión! -separó Saga en ese momento a los Dioses Guerreros Dorados de Derbal, encerrándose a sí mismo y a Derbal en una dimensión separada del resto, pero que los Dioses Guerreros Dorados veían gracias a la fuerza de su cosmos- ¡No te debo consideración alguna! ¡Me engañaste! ¡Me hiciste hacer cosas terribles! ¡Despedazaré tu cuerpo con toda la fuerza de mi cosmos desde un inicio! ¡Yggdrasil…! -llamó Saga, y el inmenso Árbol del Mundo se hizo presente, con los 4 Mundos de la Luz y los 4 Mundos de la Oscuridad atendiendo a la voluntad de Saga- ¡Muere! ¡Colapso de Yggdrasil! -atacó Saga, estrellando los 8 orbes que representaban a los mundos en el cuerpo de Derbal, todos al unísono, creando una explosión tan violenta, que de no haber separado a Derbal en una dimensión portátil, hubiera resultado fatal inclusive para sus propios compañeros.

Saga comenzó a respirar pesadamente, había llamado a la completa extensión de su cosmos para realizar aquella combinación de ataques, esperando acabar con Derbal de un solo movimiento mientras Derbal se jactaba de su fuerza y no elevaba su Galdr. Más cuando la explosión se disipó, Derbal continuaba allí, sin siquiera elevar su cosmos ante Saga, quien se sobresaltó al notar que su técnica más poderosa no había surtido efecto.

-Ese ataque hubiera doblegado a cualquier Dios Guerrero Dorado, Saga, te entrené bien -se desvaneció Derbal, apareciendo frente a Saga, y extendiendo su mano sobre su rostro, como hizo aquella vez hace 8 años en que Saga se atrevió a desafiarlo-. ¡Opresión Manifiesta! -declaró Derbal, haciendo estallar todos los poros de la piel de Saga, dejándolo malherido, y con sangre cayéndole de múltiples heridas- Pero no te engañes, Saga, aún no despliego mi poder divino. A ti prefiero doblegarte con la sola extensión de mi cosmos mortal, ya que soy el humano más poderoso en Midgard. ¡Muere! ¡Decreto Real! -atacó con su mano abierta, soltando destellos violetas, que impactaron a Saga en varias secciones, rompiendo la dimensión de Saga, y lanzándolo por los alrededores del Templo de Hlin, forzando a Milo a evadir el cuerpo de Saga, y al resto de los Dioses Guerreros Dorados a saltar a un lado, mientras Saga clavaba sus dedos a la tierra, fragmentándola y despedazándose los mismos, mientras Saga lograba frenar, y alzar la mano derecha al cielo- Impresionante… puede que seas el segundo o tercer humano más fuerte de Midgard, tal vez el cuarto si incluimos a Aioros, pero no importa la posición en la que te encuentres, yo soy un ser superior, sea como humano… -agregó, elevando su Galdr, y revelando su verdadera fuerza-. ¡O como un Dios! ¡El Dios de la Calamidad y el Castigo! -declaró, empujando a los Dioses Guerreros Dorados en diferentes direcciones, mientras Saga era el único que se mantenía firme al haber clavado su mano a suelo.

-¡No eres un dios! ¡Al menos no uno más grande que los que nos enseñaron en las 12 Moradas de los Dioses! -aclaró Saga, creando una flecha de relámpagos en su mano, estirando los brazos haciendo puente, y lanzando la flecha con todas sus fuerzas- ¡Quimera de Vali! -lanzó Saga, su flecha despedazando el suelo, estrellándose en Derbal, quien detuvo el ataque de Saga sin problema alguno usando solamente un dedo, mientras se posaba frente a la inmensa estatua de oro de la Asynjur Hlin, detrás de la cual la inmensa estatua de Odín era visible, y a Saga en ese momento, le pareció ver que el Galdr de Derbal sobrepasaba incluso el tamaño de la Estatua de Odín.

-Esta es prueba de que no pueden vencerme, Dioses Guerreros Dorados -elevó su Galdr gentilmente Derbal, luego señaló, y redirigió el ataque de Saga en dirección a su dueño, que fue atravesado por la flecha, y esta le estalló en el cosmos, destrozándoselo, y haciéndolo caer por las escaleras-. Los ataques en honor a sus dioses no pueden tocarme. Soy un ser superior a cualquiera de los dioses, ustedes no son nada, pero ya se los dije muchas veces, ¿verdad? Ahora puedo destruirlos sin preocupaciones. ¿Quién será el siguiente? -agregó con arrogancia, y el grupo intercambió miradas- Me deleitaré con cada segundo en que exista mi divinidad, mientras Saori se acerca más y más a los territorios de Hela -se burló Derbal.

-Camus -habló Shura, Camus asintió, y ellos fueron los que corrieron en dirección a Derbal, Aioria y Milo intentaron ir con ellos, cuando Mu los detuvo, y les pidió con su silencio observar, mientras Shura corría con el brazo derecho clavado al suelo, sacando chispas con cada paso que daba, y cuando estuvo lo suficientemente cerca de Derbal, alzó su mano-. ¡Balmung! -lanzó el tremendo corte, que se elevó dorado e inmenso, casi más alto que la Estatua de Hlin, pero Derbal, desenvainando su propia espada, y con muy poco esfuerzo, desató un corte igual- ¿Cómo? Me tomó muchos años llegar a un corte tan fino -se sorprendió Shura, mientras veía ambos cortes estrellarse en el filo de cosmos, el de Shura dorado, el de Derbal escarlata, y tras unos instantes, el escarlata doblegó al de Shura, quien tuvo que evadir, mientras media hombrera salía disparada por el corte de Derbal.

-Un corte muy fino en efecto, Shura. De entre los Dioses Guerreros Dorados tu maestro fue Aioros si la memoria no me falla -apuntó Derbal con su espada, que brilló de un escarlata intenso-. Pero existe un corte aún más fino que este que lanzas, y no necesito de mi Galdr para poder lanzarlo -disipó su Galdr Derbal, elevando su brazo con su espada, y rodeando la misma de relámpagos escarlata-. ¡Un corte capaz de romper las dimensiones! ¡Ruptura Dimensional! -lanzó el corte Derbal, y Shura se vio incapaz de evadirlo, y este lo atravesó por la mitad- Aunque este no es un corte físico, incluso si fueras impactado por la fuerza de Balmung, tu cosmos no te dejaría ser partido a la mitad, pero, ¿quién defiende tu cosmos cuando la Ruptura Dimensional corta el mismo cosmos? -sonrió Derbal, mientras el cosmos de Shura se apagaba por completo, sobresaltando al Dios Guerrero de Capricornio- Y ahora que tu cosmos está apagado, eres presa fácil -extendió sus brazos Derbal, abriendo la dimensión en la que se había tragado a Saori, y esta comenzó a transformar el cuerpo de Shura en cosmos, mientras Derbal intentaba tragarlo.

-¡Olvidas que fuimos 2 los que vinimos en tu encuentro, Derbal! -interrumpió Camus, y el nivel de cosmos que alcanzó en esos momentos, sorprendió a Derbal- ¡Puede que no tenga el poder de controlar mi cosmos para darle formas más específicas! ¡Que mis ataques sean lentos inclusive! ¡Pero si me permiten el tiempo de reunir el cosmos hasta el máximo de su alcance! ¡No hay nadie que pueda resistirlo! ¡Ejecución Aurora! -tras liberar el ataque, Derbal se vio obligado a liberar a Shura y usar su mano para bloquear los vientos de Camus- He alcanzado el Cero Absoluto, con esta temperatura, incluso las flamas de la Diosa Sól se congelarían. Un frío capaz de doblegar a los dioses -finalizó Camus, completando su ataque, mientras Derbal, congelado en su totalidad, tranquilizaba momentáneamente a Camus.

-El frio del Cero Absoluto, lo manipulan los Jotnar de la Escarcha -declaró Derbal, con estallidos de cosmos liberando su cuerpo de la congelación atómica, dejando a Camus boquiabierto-. Concuerdo que algunos dioses podrían verse afectados por este poder. Incluso en mi estado mortal, lo consideraría problemático. Pero el Cero Absoluto solo podría alcanzar a los dioses poseedores de un Dunamis, jamás podría doblegar a un dios poseedor de un Galdr -le respondió Derbal, reuniendo una esfera en hielo en su mano-. ¡Este es el mismo Cero Absoluto que acabas de lanzarme, y no necesito de reunir energía de cosmos para alcanzar este potencial! -lanzó la esfera Derbal en dirección a Camus, pero antes de impactarlo, un destello escarlata destrozó la esfera, liberando sus energías, y lanzando a Camus por los alrededores, así como a Shura, quien aún se recuperaba de casi ser tragado por la dimensión de Derbal- ¿Te encariñaste con Acuario? Conmovedor -miró Derbal en dirección a Milo, que había lanzado su aguja para proteger a Camus, quien, pese al esfuerzo de Milo, estaba rodeado por una tenue capa de hielo.

-Cuando te conocí, Derbal, era un ser que no conocía más que el odio -enunció Milo, con Mu y Aioria a su lado-. Admito que no me hubiera molestado el que hicieras de las tuyas por todo Midgard, nada me importaba que no fueran mis padres y mi isla, quería estar solo… -declaró, preparando su uña, y mirando a Derbal fijamente-. Ya no más… incluso a Camus a quien acabo de conocer, a Shura a quien lo considero un rival a vencer, y a Saga quien posee un poder tan alto que tengo ese deseo inmenso de alcanzarlo y sobrepasarlo, los protegeré… porque, Derbal, ¡ellos son mi nueva familia! ¡Ahora! ¡Largo de mi vista! ¡Juicio de Gungnir! -materializó su laza Milo, lanzándola en dirección a Derbal, quien la atrapó en su mano, aunque fue empujado un par de pasos hacia atrás, lo que lo sorprendió, pero en lugar de doblegarlo, lo hizo sonreír.

-¡Borra esa maldita sonrisa de tu rostro! -declaró Aioria, con truenos dorados respaldando a su cosmos, mientras Leo rugía a su lado, valiente, y desafiante- ¡Plasma Relámpago! -lanzó su ataque Aioria, rodeando a Derbal de hileras de cosmos destructivo, que lo acorralaban a gran velocidad, pero que no lo incomodaban.

-¡La luz que extinguirá la maldad! ¡Es la Revolución del Polvo de Estrellas! -lanzó Mu, y tanto sus flechas tornasoladas como las hileras de cosmos de Aioria, al unirse, estallaron en un arcoíris rodeado de truenos, de los cuales Derbal se burló, mientras el cosmos de ambos no podía traspasar su piel- ¡Ni un rasguño! ¡Aioria! -llamó Mu, Aioria asintió, y ambos prepararon sus respectivos puños- ¡Forja de Nidavellir! -se lanzó Mu con su puño envuelto en llamas, el Carnero Alado respaldándolo, y sintiendo el cosmos del dios Frey ayudarlo.

-¡Domador de Draupnir! -se lanzó Aioria de igual manera, con el puño envuelto en relámpagos, liberando la energía de cosmos con Leo a su lado, y como si Thor con su Mjolnir lo acompañara, pero antes de llegar a Derbal, quien ni siquiera había subido su guardia, ambos se viraron, y lanzaron sus ataques en dirección a Milo, confundiendo a Derbal, mientras Milo colocaba sus mano cruzadas frente a su rostro, y recibía el fuego y el trueno de Mu y de Aioria, mientras ambos saltaban a un lado, con Aioria preparando su cosmos, y Mu elevando un Muro de Cristal alrededor de Derbal y de Milo, quien sentía su cuerpo temblarle por el esfuerzo.

-¿Qué clase de estupidez están planeando ahora? -preguntó Derbal, curioso tras observar a Milo, y ver en sus manos a Aries bramando y a Leo rugiendo- ¿Atrapaste a Aries y a Leo con tus propias manos, ¿por qué? -se preguntó Derbal, mientras veía a Escorpio dibujarse en su cosmos.

-Porque gracias a Saga, Shura y Camus, quienes usaron todas sus fuerzas para impactarte con 3 ataques definitivos sin hacerte un solo rasguño… nos dimos cuenta que atacar con todas nuestras fuerzas individuamente, no es suficiente -agregó, elevando su cosmos alrededor de sus manos, que brillaban de un escarlata intenso-. ¿Pero qué pasaría si 3 Dioses Guerreros Dorados funden sus ataques en uno solo y los liberan al unísono? Averigüémoslo. ¡Corriente Ascendente! -liberó su ataque Milo, con Aries, Leo y Escorpio brillando juntos, forzando a Derbal a cubrirse por vez primera en la batalla, mientras el ataque combinado, aparentemente, surtía efecto al Milo redirigirlo en dirección a Derbal.

Templo del Sumo Sacerdote.

El Santuario comenzó a temblar con la tremenda explosión de cosmos que se hizo presente en el Templo de Hlin, sacudiendo al Templo del Sumo Sacerdote, dentro del cual Dohko y el Muspel al que había apodado como Ikki, se batían en duelo en igualdad de condiciones. O al menos esa igualdad parecía ser apreciable, la realidad era que el Muspel convertido en humano poseía un poder inquietantemente alto, uno que mantenía a Dohko agotado, mientras hacía lo posible por mantenerse firme, ante un ser con una única misión en la vida, la cual era destruirlo todo, sin tener una razón para hacerlo, simplemente por existir, tal era la fuerza que se escondía en el interior de los Muspels.

-Se sabe muy poco de los Muspels… pero, este sujeto, su violencia y su habilidad intimidarían inclusive a los dioses. Era de esperarse el que los Dioses Guerreros Dorados nunca se batieran en duelo antes con los Muspels, hasta ahora -aceptó Dohko, mientras el Muspel se abalanzaba en su dirección, y con su cosmos incinerado debilitaba a Dohko, quien sentía sus escudos arder bajo el puño del Muspel-. Aun así, no eres al primer Primordial al que enfrento. Si sobreviví a la Serpiente de Jormundgandr y a su vástago, puedo contigo, Muspel. ¡Escudo de Svalin! -fusionó Dohko sus escudos, creando uno del doble de diámetro, mismo que cargó en un solo brazo, y que presumía la imagen de la diosa Sól- Anda Ikki, a este escudo no lo podrás doblegar -le aseguró Dohko, mientras el Muspel arremetía contra el escudo en un buen número de veces, sacando chispas, pero el escudo Svalin ya no ardía bajo los impactos.

-Ese sujeto es demasiado poderoso. Cuesta creer que existan seres con esa inmensidad de poder -declaró Aldebarán, mientras observaba al Muspel doblegar a Dohko a base de impactos certeros, continuos, y que desquebrajaban la tierra, mientras Dohko, con ambos brazos se mantenía firme-. Es momento de que me trague mi orgullo, queda poco tiempo, y la explosión en el Templo de Hlin me inquieta -aceptó Aldebarán, llamando la atención de Afrodita.

-¿Tragarte tu orgullo? -preguntó Afrodita, mientras observaba a Aldebarán hacer estallar su cosmos, y a un cinturón de oro materializarse alrededor de su cintura- Ese es… ¿el Megingjord? ¿El cinturón de la fuerza de Thor? Si tenías ese artefacto, ¿por qué no lo utilizaste en mi contra? -se fastidió Afrodita.

-Porque no pretendía matarte, pequeñín -le sonrió Aldebarán, lo que molestaba a Afrodita aún más-. ¡A un lado Dohko! ¡Gran Cuerno! -lanzó su ataque Aldebarán, con una intensidad superior a la de cualquier ataque que Afrodita había presenciado, impactando de lleno el cuerpo del Muspel, y lanzándolo hasta clavarlo en una pared, donde escupió sangre tras el impacto, sorprendido del poder de Aldebarán- La verdad es que para mí es una vergüenza tener que utilizar este cinturón, solo se le debería permitir a Thor, pero por proteger a mis compañeros, lo usaré para exterminarte. ¡Gran Embiste! -se lanzó Aldebarán en dirección al Muspel, quien lo atrapó por los cuernos, intentó lanzarlo como la última vez, pero en esta ocasión Aldebarán lo estaba doblegando, aunque por la voluntad de su misión aparentemente divina, de destruir todo lo que tuviese enfrente, el Muspel logró igualar condiciones con Aldebarán, quien intentó golpear para mantener su ventaja, terminando con su puño en igualdad de condiciones contra el del Mupel.

-Ni siquiera con el Megingjord Aldebarán puede… -se sobresaltó Afrodita, notando entonces una peculiaridad del Ragnar que vestía el Muspel, mismo que poseía una piedra preciosa incrustada-. ¿Un topacio? -se preguntó Afrodita, y recordó su Rubí de Thor, mirando entonces a sus compañeros, Mephisto y Aioros- Máscara Mortal, Aioros -los llamó Afrodita, mientras incineraban sus cosmos para ganar ventaja sobre el Muspel como había pedido Dohko, quien en esos momentos se volvía a levantar y apoyaba a Aldebarán, cubriendo con Svalin para proteger al inmenso Dios Guerrero Dorado, mientras Aldebarán arremetía con su poder aumentado por el Megingjord-. ¡En la protección del pecho del Muspel! ¡Hay una especie de topacio que recuerda a los Rubíes de Thor! ¡Esa Ragnar no es un Ropaje Sagrado! ¡Es un Ropaje Divino! ¡Por ello no podemos vencerlo! -les explicó, y el par notó la piedra preciosa en el pecho del Ropaje Divino del Muspel- ¡Si queremos igualar condiciones! ¡Hay que quitarle ese topacio! -les pidió.

-¡Eso es más fácil decirlo que hacerlo, papanatas! -se molestó Mephisto- ¡Y llámame Mephisto! ¡Gracias a la mocosa de Saori, ya puse en duda mi llegada a Asgard por andarme inventando Kennings! -declaró, mientras observaba al Muspel, quien nuevamente había doblegado a Dohko al patearle el rostro, y repartía puñetazos con Aldebarán- No creo que exista forma de romper un Ropaje Divino -agregó Mephisto.

-Hay una, pero solo tengo un tiro -declaró Aioros, observando a Mephisto y a Afrodita fijamente-. Además, de que sería solo una solución temporal. Si no logramos vencer al Muspel en el periodo de tiempo en que mi ataque neutralice el topacio en su pecho, su Ropaje Sagrado volverá a transformarse en un Ropaje Divino. Podría arriesgarme, pero necesitaría pedir el cosmos prestado de ustedes, además de requerir tener un tiro limpio, y asegurarme de que quien quede en pie pueda derrotar a ese sujeto -declaró Aioros, preocupado.

-Yo me encargaré de derrotarlo, si pueden interrumpir el flujo de cosmos que transforma su Ropaje Sagrado en un Ropaje Divino -interrumpió Shaka, y el grupo lo miró fijamente-. El Viejo Maestro ya está muy débil, y Aldebarán es el único en estos momentos que podría inutilizar al Muspel por el tiempo suficiente para darte un tiro certero. Después de eso, usaré todas mis fuerzas para derrotar a ese sujeto, pero si hacemos esto, no creo que alguien tenga la energía suficiente para llegar a tiempo a donde nuestros camaradas -les aseguró Shaka.

-Habrá que confiar en la otra mitad de la orden entonces -aceptó Dohko, bloqueando nuevamente los puñetazos del Muspel, que se las había arreglado para impactar la cabeza de Aldebarán con tal fuerza, que el aturdido gigante se encontraba apenas recuperándose-. ¡Es lo que hacen los Dioses Guerreros Dorados! ¡Confían ciegamente en sus camaradas! ¡Todos somos hermanos aquí! ¡Aldebarán! ¡Hay que darle un tiro libre a Aioros! -ordenó Dohko.

-Apenas me estaba divirtiendo -se fastidió Aldebarán, preparando su cosmos y lanzándose en dirección al Muspel-. ¡Destructor de Tyr! -elevó su cosmos Aldebarán alrededor del Muspel, haciendo estallar su cosmos, aturdiendo al Muspel el tiempo suficiente para permitir a Dohko posarse tras de él, atraparlo con sus brazos, y elevar su cosmos para mantenerlo inmovilizado.

-Ya te tengo Ikki -sonrió Dohko, mientras el Muspel incineraba su cosmos, haciendo al Ropaje Sagrado de Dohko arder, intentando forzarlo a liberarlo-. Mejor te apresuras, Aioros… que se me va a prender la barba -agregó a media sonrisa.

-Fumbullbow -materializó Aioros su arco dorado, tensó la cuerda, y apuntó-. Para materializar la Flecha de Sagitario, requeriré de todo el cosmos que puedan prestarme, Mephisto, Afrodita -les pidió, mientras el par de Dioses Guerreros elevaba su cosmos, incinerándolo junto al de Aioros, quien entonces accionó el Rubí de Thor, formando la Flecha Dorada, que pertenecía a su Ropaje Divino-. ¡Mantente firme, Dohko! ¡Flecha de la Esperanza! -lanzó la misma Aioros, que dio de lleno en el topacio del Ropaje Divino del Muspel, agrietándolo, y forzando al Ropaje Divino a disiparse, y a adoptar una forma más simple.

-¡El Tesoro de Friggerock! -enunció Shaka, rodeando al Muspel, y transportándolo a la prisión de tapices en honor a la diosa Frigg, donde Dohko lo soltó, permitiendo a Shaka el doblegar al Muspel, arrebatándole los sentidos, liberando una fuerza de cosmos descomunal que doblegó al Muspel- Vista -inició Shaka, destrozando el sentido de la vista, lo que inmediatamente calmó al Muspel, quien se mostró confundido, llamando la atención de Shaka- Ya entiendo, en un mundo donde no existe la oscuridad como lo es el Muspelheim, la sorpresa de ver el sentido de la vista arrebatado, debe serte inquietante. Pero no me detendré en este sentido, eres alguien muy peligroso. ¡Gusto! -lo enmudeció Shaka, y continuó sin darse a esperar- ¡Olfato! ¡Oído! ¡Tacto! -terminó Shaka, dejando al Muspel como un ser indefenso, quien aún sin poder recuperarse del haber perdido la vista, no lograba elevar su cosmos- Es momento de terminar con esto… -elevó Shaka su cosmos, apuntando en dirección al Muspel-. Destruiré ahora tu mente, y habrás muerto. Encuentra el descanso en el reino de Hela… -intentó fulminar Shaka la mente del Muspel, cuando Dohko irrumpió en su dimensión-. Viejo Maestro… -se sorprendió Shaka-. No esperaba que pudieras irrumpir en el Tesoro de Friggerock. ¿Cuál es la razón? -se preguntó Shaka.

-Llámalo egoísmo, pero no puedo permitirte terminar el ataque, Shaka -declaró Dohko, mientras Shaka meditaba sobre las palabras de Dohko-. Sé que lo que voy a decirte puede que no tenga ningún sentido para ti, pero hace varios años enfrente a Jormundgandr, que se había materializado en Midgard, y pensándolo un enemigo, lo enfrenté. Solo para darme cuenta de que su razón para existir en Midgard, era que había tenido un hijo -le explicó, y Shaka no dijo nada, solo le permitió terminar-. Jormundgandr, malherida, se fue a las profundidades del gran mar. En aquel momento, tuve la oportunidad de asesinar a su cría, pero no pude hacerlo. En su lugar, lo adopté como a un hijo, y lo he criado como a un hombre de Midgard. Fue en ese momento en que me di cuenta de que Jormundgandr no era un ser de mal. Cuando enfrentamos al Muspel, a Ikki… no sentí maldad en él, solo sentí una misión, una misión de destrucción. Derbal obligó de alguna manera a este Muspel a materializarse en Midgard, no es su culpa, él solo cumplía con su misión divina. Sé que no podemos regresarlo a Muspelheim, pero puedo darle un propósito, si me lo permites -le pidió.

-La última vez que un dios o mortal, dio alojamiento a un gigante, Dohko, Tyr terminó manco, y criando al asesino de Odín -le recordó Shaka, y Dohko lo pensó con detenimiento-. Si hago esto por ti, ¿cómo podría asegurarme de que este Muspel, este Ikki como prefieres llamarlo, no traerá la destrucción de Midgard, o será un peligro para Hlin? -le preguntó Shaka, y Dohko no supo qué decir, por lo que Shaka volvió a elevar su cosmos.

-Espera, comprendo tu preocupación, Shaka, pero bien podría ser lo contrario -le pidió, y Shaka detuvo su ataque-. Un ser tan poderoso, capaz de hacernos frente en su Ropaje Divino, podría convertirse en una fuerza de bien en el nombre de Hlin, solo debes confiar en mí -le pidió.

-¿Confiar? -se molestó Shaka- Solo confío en una voluntad, y esa es la voluntad de los Dioses Guerreros Dorados. ¡Tesoro de Friggerock! -declaró Shaka, y Dohko, deprimido, bajó la mirada, y aceptó la decisión de Shaka.

Cuando la luz del ataque se disipó, se encontraban nuevamente en el Templo del Sumo Sacerdote, Mephisto y Afrodita respiraban pesadamente, Aioros apenas y se mantenía en pie mientras usaba su arco como muleta, y Aldebarán se mantenía en guardia, con una respiración muy agitada.

Al volver, Dohko se preguntó la razón, y la encontró en el Muspel, aun sosteniéndose frente a Aldebarán, con sus sentidos sellados, pero con una tenue fuerza de cosmos aun anclándose a él. Cuando Dohko se percató de aquello, no supo cómo reaccionar, mientras Shaka llegaba flotando tranquilamente hasta posarse frente al Muspel, tocaba el topacio de su Ropaje Sagrado, y se lo quitaba, y tras haberlo hecho, empujó gentilmente al Muspel, hasta que quedó derribado.

-¿Por qué? -preguntó Dohko con sorpresa, mientras Shaka tomaba el topacio, se levantaba el fleco, y clavaba el mismo en su frente, sacándole algo de sangre, mientras lo hundía más profundo, causándose a sí mismo dolor, mientras Dohko se encontraba seguro de que Shaka se estaba perforando a sí mismo el cráneo con aquel topacio- Shaka, ¿qué estás haciendo? No me asustes de esta manera -se preocupó Dohko.

-Te dije que solo confiaba en una voluntad, Dohko, en la voluntad de los Dioses Guerreros Dorados -declaró Shaka, terminando de incrustarse el topacio en la frente, y usando su cosmos para rodear el mismo y, tras haberlo hecho, abrió los ojos, sellando el topacio en su totalidad, arrebatándole su luz. El topacio ahora se veía como una pieza de ámbar-. Eso significa, Dohko, que pienso que la voluntad de los Dioses Guerreros Dorados está por encima, inclusive, de la voluntad de Hlin. Después de todo, muchas veces ni los dioses mismos saben lo que es mejor para ellos, por ello existimos los mortales. Elegí confiar en ti, elegí el darle la oportunidad a este Muspel, que, a partir de este momento todos llamaremos Ikki, ocultando su verdadera procedencia, misma que llevaré junto a sus memorias, incrustado en mi frente como recordatorio de la bestia indomable en que puede convertirse. Correremos la voz a nuestros aliados, este Muspel, es un hombre de Midgard, nadie habrá de negarlo jamás -finalizó.

-Ya entiendo -se acercó Aioros, mirando al topacio en la frente de Shaka-. Usando el Tesoro de Friggerock, sellaste el Sexto Sentido de ese Muspel… quiero decir, de Ikki -corrigió, notando entonces las miradas extrañas del grupo-. Todos sabemos lo que es el Sexto Sentido. Lo llamamos la intuición, la cual es el conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o, incluso, verbalizarse. Se le llama también percepción extrasensorial. Para un ser humano ordinario, la intuición nos ayuda a formular actos y acciones que están muy arraigadas en nuestro subconsciente, despierta a los demás sentidos aún durmientes, como un mecanismo de defensa y ofensa dependiendo de lo que la misma intuición profese. Nadie puede controlar la intuición voluntariamente, es una pieza de nuestro ser que se activa por sí misma, por la experiencia, por las capacidades, por nuestro pasado, por nuestro instinto de supervivencia. Si Shaka ha decidido no destruir el Sexto Sentido de Ikki, sino sellarlo, eso significa que para un Muspel el Sexto Sentido es lo que rige por sobre todos los demás -aseguró Aioros.

-Es correcto… -agregó Shaka-. En ningún momento Ikki demostró pleno control de sus otros sentidos. Los tenía, los utilizaba, pero su principal sentido, la intuición, reemplazaba a todos los demás. Vivía para destruir y únicamente para destruir, porque su intuición le dictaminaba que para eso había llegado a este mundo -prosiguió, mirando en dirección a Ikki, y mordiéndose los labios con dolor en ese instante, mientras el topacio parecía encenderse-. Destruir los sentidos, puede hacerse fácilmente, mientras el cuerpo del individuo al que el sentido está anclado, esté debilitado. No ocurre lo mismo con su extracción. Si extraes un sentido este ya no se puede destruir, no a menos que se coloque dentro de otro cuerpo y se destruya ese cuerpo, destruyendo así el sentido. Para salvar a Ikki de su intuición, fue necesario sellarla, y montarla en un nuevo cuerpo, el mío… -declaró, y Dohko se horrorizó por la revelación-. Descuida… tengo un control perfecto de mis sentidos, solo debo mantener mi mente en calma, y en meditación continua, lo que no he logrado conseguir en 3 años desde que me escapé de Fafner y sus experimentos. Pero con algo de meditación, podré sanar mi cuerpo por fin, y mantener esta intuición asesina bajo control -le aseguró.

-Te agradezco lo que haces, es un enorme sacrificio, pero… -se preocupó Dohko, y Shaka lo observó fijamente-. No deseaba causarte pesares con esto, además de que, sin su intuición, no sé qué pasará con Ikki ahora… -se preocupó Dohko, mirando a Ikki en el suelo.

-Lo que crea la intuición, es la experiencia y la percepción… desarrollará una nueva intuición, guiado por los principios del Viejo Maestro -le aseguró Shaka, y Dohko reverenció, agradecido-. Sin embargo, hay un peligro latente. Ikki podría verse tentado a recuperar su intuición anterior -señaló Shaka al topacio en su frente-. Mantenerlo cerca de la misma, podría calmar su ansiedad por recuperarla. Así que, no estará solo bajo tu entrenamiento, estará bajo el mío. Siempre que lo necesite, deberás presentarlo ante mí sin queja alguna, ¿quedó claro? -preguntó.

-Ha quedado claro -aseguró Dohko, levantando a Ikki en sus brazos-. Solo espero haber tomado la decisión correcta. En todo caso, ya no podemos preocuparnos por las decisiones tomadas, hay poco tiempo, y ninguno tiene mucha energía de sobra. Debemos seguir adelante -agregó, el grupo asintió, y se retiraron en dirección al Templo de Hlin.

Templo de Hlin.

-¡Corriente Ascendente! -gritaba Milo con todas sus fuerzas, redirigiendo el cosmos de Mu, de Aioria, y el suyo, en dirección a Derbal, quien elevaba su Galdr, sorprendido, mientras el ataque conjunto parecía desafiar su Escudo Divino, con el fuego de Mu, el trueno de Aioria, y el impulso carmesí de Milo, todos envueltos en una corriente que Milo utilizaba para empujar a Derbal- Es demasiado… no puedo mantener la corriente… siempre he utilizado esta maniobra para mantener un ataque atrapado a la vez… y rara vez perteneciendo a un Dios Guerrero Dorado… mantener 2 ataques, y sumar el propio, es demasiada presión… -aceptó Milo, mientras sangre le caía del labio y de los parpados por la tremenda presión que estaba colocando en su cuerpo.

-¡Milo! ¡Suéltalo ya! -pidió Aioria preocupado, mientras veía la tremenda presión que estaban colocando en el cuerpo de Milo- sé que parece que está funcionando, pero Derbal continua de pie, debemos de buscar otra forma -enfureció Aioria.

-No, esta es la forma correcta… observen… -apuntó Mu, quien poseía una visión a los detalles superior a la de los demás-. El Galdr… no se está venciendo, pero está siendo repelido, se abre un hueco en la defensa de Derbal por el cual podríamos atacar -apuntó Mu al punto en las manos de Derbal por donde se abría lentamente un agujero en el Galdr, que las fuerzas del Dunamis azul de los dioses y el cosmos oscuro que poseía, intentaban cerrar, restaurando así el Galdr-. El problema es que, aunque sea el método correcto, no alcanza el nivel de cosmos requerido para hacer más daño del que Derbal se recupera. En otras palabras, necesitamos unir más ataques en el mismo punto para hacer un agujero lo suficientemente grande, y que dure el tiempo suficiente, para que un ataque bien redirigido impacte a Derbal.

-¿Todo eso para un solo ataque que traspase su Galdr, pero que será recibido por su Dunamis y su cosmos antes de llegar a su Ropaje Sagrado, y sin saber si podrá perforar su cuerpo? ¡Eso es una locura! ¡No puedo redirigir más de 2 ataques a la vez! -enfureció Milo, mientras su cosmos flaqueaba, y Derbal aprovechaba la debilidad de Milo para mover su mano, y romper los 3 ataques, disipándolos en los alrededores- No creo poder volver a hacer eso… -le susurró a sus compañeros, incorporándose y preparando su aguja.

-Tengo que admitir, que ese sucio truco de ataque combinado, fue sobresaliente, bravo, se han ganado mi admiración -comenzó a aplaudir Derbal, con una sonrisa sarcástica en su rostro-. Pero eso no significa que voy a perdonarlos por lo que han hecho, sino que voy a usar toda mi fuerza de ahora en adelante, para castigarlos por intentar hacerle frente a un dios -apuntó, con sus uñas largas rodeadas de relámpagos oscuros-. ¡Penitencia Sombría! -liberó tras lanzar relámpagos oscuros de su mano, que rodearon a Mu, a Aioria y a Milo, causándoles un tremendo dolor- Los Dioses Guerreros Dorados son la elite de las fuerzas de defensa de Midgard, al servicio de la Asynjur Hlin, pero no son nada comparados a los dioses. ¡Decreto Real! -enunció, impactando a los 3 con destellos violetas que estallaron al contacto con sus cuerpos, lanzándolos a los 3 por los alrededores, y dejándolos tendidos en el suelo, mientras Derbal preparaba su espada.

-3 ataques… combinados en uno… lograron abrir un hueco muy pequeño en el Galdr de Derbal… -enunció Camus, haciendo lo que podía por arrastrarse en dirección a Shura, quien se encontraba despierto, pero incapaz de moverse-. Shura… ¿tú sabes… lo que eso significa…? Hay una técnica… superior a cualquier combinación de ataques… que puede abrir el hueco en el Galdr de Derbal… no puede destruirlo… pero puede abrir un hueco… solo un hueco, es todo lo que se necesita, y de esa forma, podremos derrotarlo… -le explicó, mientras veía a Derbal con su espada en mano dirigiéndose a Milo, lo que molestó a Camus-. ¡Milo! -llamó Camus, despertando a Milo, quien rodó en su espalda evadiendo el ataque de Derbal, y con lo que le quedaba de fuerza, logró ponerse de pie- Tenemos que decidir, Shura… si no hacemos algo, Derbal destruirá a Milo y a los demás, y no solo eso, Saori… -miró Camus a la Flama de Piscis-. Quedan al menos unos 30 minutos… -le recordó.

-Eso ya lo sé… -se incorporó Shura, mirando a Derbal ser atacado por el Relámpago de Voltaje de Aioria, sin que este pudiera hacerle daño, mientras mantenía a Milo apresado del cuello, y se lo estrujaba, arrebatándole la sangre por la tremenda presión-. Sus corazones están en el lugar correcto, pero Derbal es demasiado para ellos -meditó Shura, mirando a Camus fijamente-. No me molestaría ser tu hermano de cosmos, Camus… pero para esto, se requieren 3 -le recordó.

-Somos 3 Dioses Guerreros Dorados… -escucharon ambos a Saga, quien se arrastraba en dirección a ellos-. Shura… sé que te he defraudado, sé que no te di la seguridad sobre la identidad de la Asynjur Hlin… yo estaba equivocado… y sé que preferirías que fuera Aioros quien hiciera esto en mi lugar, pero si me lo permites… -prosiguió Saga, y Shura, para su sorpresa, asintió en ese momento, tranquilizando a Saga-. ¿Qué hay de ti, Camus? -le preguntó Saga, y Camus lo pensó, mientras miraba a Milo liberarse del agarre de Derbal, y sorpresivamente, clavarle una Aguja Escarlata en el rostro, una que no perforó su Galdr, pero que por el fuerte destello lo cegó el tiempo suficiente para que Derbal lo soltara, y tanto Mu como Aioria al unísono, impactaran el cuerpo de Derbal con el Domador de Draupnir, y la Forja de Nidavellir, mientras Milo con Gungnir en mano, intentaba abrir un hueco en el Galdr de Derbal, pero ni los 3 ataques unidos lograron abrir el hueco que ya una vez abrieron con la Corriente Ascendente, misma que Milo no podía repetir-. ¿Camus? -preguntó Saga, curioso.

-Mi admiración por Milo jamás va a desaparecer, Saga, no importa a quien deba llamar mi Hermano de Cosmos -le respondió Camus, incinerando su cosmos, y ofreciéndole su mano a Saga para ayudarlo a levantarse-. Será un placer renunciar a Asgard con ustedes. Es hora de enmendar nuestro pecado, y proteger a la verdadera Asynjur Hlin -declaró Camus, y el trio de Dioses Guerreros Dorados comenzó a incinerar sus cosmos.

-¡Ya fue suficiente de ustedes, trio de imbéciles! -lanzó Derbal un puñetazo en dirección a Mu, que bloqueó con sus manos en cruz frente a su cuerpo, logrando detener el impacto del puño de Derbal, mientras las protecciones de su brazo se desquebrajaban- Ya no tienes siquiera la fuerza de elevar tu Muro de Cristal… no eres nada comparado a tu maestro Shion -enfureció Derbal.

-No tiene derecho de hablar de mi Maestro Shion con semejante familiaridad -le respondió Mu, materializando su espada, Angurvadel, que brillaba al rojo vivo-. Mi maestro le entregó un Santuario en paz, y usted se atrevió a mancharlo con la sombra de la guerra. ¡Angurvadel! -se lanzó Mu, iniciando un combate de espadas con Derbal, quien era más rápido que Mu, además de que no requería de bloquear con su espada ya que su Galdr era impenetrable incluso para la espada de Mu, más al ver a la Espada de los Augurios en manos de Mu, Derbal no deseaba hacer daño al discípulo de quien fuera uno de sus mejores amigos.

-¡Shion fue un tonto! ¡Jamás entendió que los dioses nos habían dado la espalda! ¡Baja tu espada, niño! ¡No me obligues a enviarte junto a tu maestro! -y sin embargo, Mu no pretendía retroceder, y presionaba sus ataques con mayor velocidad, hasta que, sorpresivamente, logró impactar el cuerpo de Derbal, pero no penetrar su Galdr- Este sujeto… de seguir siendo un simple mortal, su ataque me habría malherido bastante… no me habría matado, pero es la primera vez que alguien sobrepasa mi guardia -se dijo a sí mismo Derbal, elevando su espada que distorsionaba las dimensiones, y bajándola para asesinar a Mu-. ¡Ruptura Dimensional! -atacó Derbal, Mu bloqueó, pero el corte atravesó las dimensiones mismas, cortando el cosmos de Mu, como hiciera antes Derbal con Shura- ¡Ahora fuera de mi vista! -intentó golpearlo Derbal, con su puño envuelto en cosmos, mientras Mu caía de rodillas, haciendo muleta con su espada para no caer al suelo, solo que no pudo haber evadido el ataque de Derbal, a no ser que Aioria no lo bloqueara como hizo en ese momento- Inaudito… eres el más débil de los Dioses Guerreros Dorados… ¿cómo has detenido mi golpe? -se sorprendió Derbal, pateando a Aioria, y persiguiéndolo, intentando impactarlo con sus puños, mismos que Aioria evadía con agilidad, y respondía con los propios, que impactaban siempre en lugares estratégicos, como las conexiones de los huesos en hombros o rodillas, y cerca de puntos vitales como el hígado, los pulmones o el corazón-. ¿Cómo puedes moverte así? ¡Soy un dios! -declaró Derbal.

-El Dios de la Calamidad y el Castigo, ya entendí, no me lo tienes que repetir -se molestó Aioria, lanzando un tremendo golpe que hizo estremecer el Santuario, pero que no logró penetrar el Galdr de Derbal, ni aún con Draupnir respaldando su puño derecho-. Puedo ver claramente que no tengo posibilidad alguna. Incluso sin el Galdr, aunque mis puños sean tan veloces, no podría lastimarte. ¡Pero eso jamás me impediría seguirlo intentando! ¡Toma esto! -insistió Aioria, impactando la barrera de Galdr de Derbal un gran número de veces a alta velocidad, tal era la velocidad que alcanzaban sus puños, que Derbal no podía bloquearlos, aunque fueran todos al mismo punto, mismo en el que Derbal se sorprendió al ver a su Galdr abrir un hueco- ¡Los humanos y los dioses siempre pelean juntos, Derbal! ¡Si los dioses aún con todo su poder, no nos exigen tributo ni respeto! ¡Es porque ellos saben que somos capaces de crear milagros! ¡Con nuestros propios puños! ¡Voy a despedazar tu maldita barrera de Galdr! -declaró Aioria, y su puño traspasó la barrera del Galdr, pero no logró llegar al cuerpo de Derbal.

-¡Sobresaliente, Aioria! ¡Para derrotar una barrera de Galdr tendrías que ser capaz de lograr una proeza equivalente, a impactar tu puño al atravesar un océano, o desfragmentar el mismísimo cielo! ¡Te doy la admiración que tu proeza conlleva! ¡Pero no es más que un rasguño insignificante! -empujó Derbal con su Dunamis, clavando a Aioria en el suelo- Galdr, Dunamis o cosmos, tú elige, vences a una y la otra se levanta, y antes de que puedas vencer a la segunda barrera, la primera ya se habrá recuperado. Nadie puede realmente dañar a un dios, utilizaste todo tu cosmos en lograr ese pequeño agujero en mi Galdr, pero este ya cerró, y a ti no te queda nada. Pero solo por el insulto que me has hecho, te demostraré el poder del humano más poderoso de Midgard -apagó Derbal su Galdr y su Dunamis, permitiéndose a sí mismo combatir únicamente con su cosmos-. ¡Esta es mi verdadera fuerza! -lanzó un puñetazo Derbal, y Aioria respondió con el propio rodeado por Draupnir. La colisión fue tremenda, despedazó el suelo alrededor de ambos, y al final, tanto el brazo de Aioria como el Draupnir se rompieron, y Aioria terminó en el suelo, sujetándose la extremidad pulverizada-. Valiente esfuerzo, pero inútil, no necesito del Galdr para vencerlos -sentenció Derbal, encontrando un destello escarlata dirigiéndose a él.

-¡Aguja Escarlata! -atacó Milo mientras Derbal aún poseía el Galdr apagado, logrando perforar a Derbal con 14 Agujas Escarlata, que como lanzas quedaron clavadas atravesando el cuerpo de Derbal- ¡Muchas gracias por apagar tu Galdr, imbécil! ¡Mientras Mu y Aioria te distraían, reuní la fuerza de cosmos suficiente para lanzar mis 14 agujas de un solo disparo! ¡Y aquí va el último de los tiros! ¡Aguja Escarlata! ¡Antares! -se lanzó Milo con su aguja más poderosa brillando en su dedo, y mientras Derbal aún sufría por el veneno de las 14 Agujas Escarlata, que le mermaban los sentidos. Milo llegó ante él, preparándose para asestar su última aguja, que quedó suspendida a escasos centímetros de Derbal, mientras un Dunamis lo empujaba, y el Galdr de Derbal se restauraba, sanando las heridas de Derbal, restaurando sus sentidos, y dibujando una sonrisa en el rostro de Derbal, mientras Milo continuaba intentando sobrepasar el Galdr, el Dunamis, el cosmos, y llegar a perforar el pecho de Derbal.

-Fue un intento admirable -elevó su mano Derbal, y un relámpago oscuro comenzó a formarse en el cielo, dirigiéndose a Milo-. Pero jamás hubieras sido capaz de lograrlo sin tus pequeños amigos distrayéndome. Me dejé llevar por mi ego, muy bien, usaste eso a tu favor, pero mi Dunamis acaba de eliminar tu veneno y sanar mis heridas, y mi Galdr está activo nuevamente.

-¡Olvidas algo, imbécil! -declaró Milo, tocando el Rubí de Thor, convirtiendo la protección de su antebrazo en un Ropaje Divino, que fue capaz de traspasar el Galdr de Derbal, y pudo haber atravesado al Dios de la Calamidad y el Castigo con su última aguja, cuando el relámpago morado cayó sobre Milo, doblegándolo y cancelando su ataque, haciéndole perder la protección del Galdr de Thor, y dejándolo tendido en el suelo, de rodillas.

-Eso, logró preocuparme por un segundo -aceptó Derbal, mirando a Milo fijamente, quien aún intentaba reponerse del ataque del Relámpago Oscuro-. Sin embargo, el Dunamis ya había sanado mis heridas, mis sentidos, y neutralizado el veneno. Aún si me hubieras golpeado, me hubiera dolido un poco, pero me hubiera repuesto de todas formas, esa es la clase de poder que poseo, y tiros de suerte como el tuyo, no van a volver a repetirse -declaró Derbal, y cubrió con su antebrazo su rostro, mientras Mu se materializaba e intentaba pateárselo, después cubrió con su mano libre el lugar donde Aioria se había lanzado a golpear, los tomó a ambos de brazo y pierna, y usando a Aioria de arma para golpear a Milo y clavarlo al suelo, y después blandió a Mu como un hacha para rematarlos en el suelo, una vez tuvo a los 3 en el mismo lugar, elevó su dedo, rodeándolo de relámpagos nuevamente-. Se acabaron las consideraciones, escasos minutos quedan para que Saori muera, y la verdad no me siento de humor para seguir jugando con ustedes, ya me demostraron que subestimarlos puede ser un error, Mu dedujo que mi Galdr podía abrirse momentáneamente, Aioria lo abrió por sí mismo por una fracción de segundo, y Milo aprovechó mi arrogancia y mi ego para clavarme 14 agujas, y casi se las arregló para, con el Galdr de Thor, clavar la última. Individualmente, los 3 son risibles, en conjunto, hay algo en ustedes que es muy peculiar. Incineran sus esperanzas los unos a los otros, casi como si fueran… Hermanos de Cosmos… -sonrió Derbal, y lanzó su Relámpago Oscuro, doblegándolos, destrozando sus Ropajes Sagrados, y lanzándolos a las escalinatas, por las cuales comenzaron a rodar cuesta abajo-. Ese fue un ataque con todas mis fuerzas, no sobrevivirán al mismo. Ya tengo 3 preocupaciones menos, ahora a asesinar a las otras 3 antes de que pequeños milagros, ocurran -se dio la vuelta Derbal, encontrando a Saga, a Shura y a Camus, en una pose peculiar, con Saga en una rodilla y sus manos unidas en la parte baja de las palmas, Shura y Camus parados a su izquierda y derecha, y los 3 fundiendo sus cosmos en uno solo-. Este es el tipo de pequeños milagros de los que hablaba, es una pena que no vaya a darles resultado -sonrió Derbal, elevando toda la extensión de su Galdr.

El Pensamiento y la Memoria.

-¿Dónde estoy? -exclamó Lyfia, encontrándose a sí misma en un mundo en blanco y negro, donde solo ella poseía color, o al menos eso fue lo que ella pensaba, mientras Hilda caminaba en su dirección, como la única otra presencia que poseía color en ese mundo- Hilda -agregó Lyfia con calma, preparando su lanza, pero poco le interesaba ella a Hilda, y en su lugar caminaba por el mundo sin color, que presumía unos amplios campos, el viento volando pétalos de flores en diferentes tonalidades de blanco y negro, mientras en medio de este campo floreado, una bella mujer, con la apariencia muy similar a la de Lyfia, hacía una corona de flores-. ¿Qué es este lugar al que me has traído? -preguntó Lyfia con cautela, pero sin poder sentir el cosmos.

-Ahórrate el esfuerzo, estamos en el pensamiento y en la memoria, no existe el cosmos, el Dunamis, o el Galdr aquí -le explicó Hilda, mientras apuntaba a un par de cuervos, que también poseían color, aunque este solo era visible en los ojos escarlata que tenían, mientras miraban a la mujer que hacía la corona de flores-. No es mi memoria ni mi pensamiento en el que estamos, ni tampoco es la memoria ni el pensamiento de Lyfia, es tu memoria y tu pensamiento, o al menos, la memoria y el pensamiento que Derbal utilizó para crear esta personalidad tuya, que lo sigue fielmente. En algún lugar de estos territorios, se encuentra el ojo de Saori, y voy a encontrarlo, tú sabes si quieres seguirme o no, la verdad, no me interesa. En este mundo, no eres una amenaza, solo importa la habilidad física, y en ella, yo poseo la ventaja -aclaró Hilda, y Lyfia, tras ver la forma en que Hilda tomaba de su lanza, con pleno control en la misma, supo que no podía hacer nada contra Hilda.

-Al menos tenme la consideración de explicarme qué es lo que ocurre a mi alrededor. ¿Qué son estas visiones? ¿Quién es ella? -preguntó Lyfia, quien entonces observó a un hombre joven, de cabellera blanca, era evidente aún con la escases de color, y que se dirigía a la mujer que hacía coronas de flores.

-¡Inanna! -habló el joven, llegando ante Inanna, la mujer que hacía la corona de flores, y quien al ver a Derbal, sonrió con ternura- Inanna, me alegra mucho verte. Lo siento si estás molesta, Jarl Gevarus nos ha enviado a los países del este, hay tensión entre las naciones. La coronación de Jarl Gevarus como Alto Jarl, no fue a raíz de una elección entre los Jarls de los reinos de Midgard, tu padre tiene demasiados problemas para mantener la paz -le explicó.

-Derbal, no quiero escuchar el nombre de mi padre en estos momentos, por favor no lo vuelvas a mencionar -exclamó Inanna, terminando su corona de flores, y colocándosela a Derbal en la cabeza-. Estoy furiosa, pero no es contigo, no podría estar molesta con mi prometido. Pronto seremos marido y mujer, y me iré contigo a Hlingard, lejos de las idioteces de mi padre. En verdad no quiero saber nada de ese hombre -le aseguró Inanna, y mientras lo hacía, Derbal, el joven de la visión, colocaba sus brazos alrededor de su prometida.

-O sí, muac, muac, muac, ya llévatela a casa, Derbal, antes de que empiece a vomitar un arcoíris -habló un inmenso hombretón, de cabellera larga y barba pronunciada, que entre las tonalidades del mundo en que se encontraban, parecía ser de un rojo intenso pese a que no se notaba aquel color con exactitud. Cargaba consigo un pequeño maso de batalla amarrado a una pulsera de cuero, que giraba en todo momento mientas se burlaba de Derbal, y apenaba a Inanna-. Yo digo que Jarl Gevarus se vaya al carajo, toma a su hija, llévatela a Hlingard, mientras el Alto Jarl juega al usurpador de tronos. La verdad a nadie le interesa ese imbécil, todos sabemos quién es el Alto Jarl, y ese es Wotan -aseguró el hombre que giraba su maso.

-Atli, no seas grosero con Derbal e Inanna -habló otro guerrero, que más bien vestía como un Godi, llevando una amplia gabardina de piel de lobo, un báculo dorado, y unos zapatos de apariencia ridícula, como los de un arlequín en una corte-. Pero lo que el grosero de Atli dice, no es escaso de razón. Jarl Gevarus ha molestado a los dioses, ellos no permitirán que alguien se autoproclame Alto Jarl de Midgard sin el voto de mayoría de todos los Jarls de Midgard. Además de que sus acciones podrían desatar una guerra. Sería conveniente sacar a Inanna de estas tierras, pero con el cuidado debido, Derbal, si no lo haces, desatarás una guerra entre Brávellir y Hlingard. Tienes que ser más inteligente que esto, seas el humano más poderoso de Midgard o no -le explicó el Godi.

-Agradezco tu consejo como siempre, Loptr -reverenció Derbal en dirección al Godi, quien le sonreía y le regresaba la misma-. Pero oigan, ¿por qué me siguen llamando el humano más poderoso de Midgard, si nunca he podido ganarle una batalla a Atli, él es el más poderoso -aclaró Derbal con una sonrisa.

-Ah, es que yo no soy humano, yo soy un… -intentó decir Atli, ganándose un golpe de Loptr, que arremetió contra él con su bastón-. ¡Oye! ¡Ya sé que se me volvió a olvidar! ¡Pero si me vuelves a golpear con tu vara esa, te voy a machacar, Loptr! -se molestó Atlilevantando a Loptr del cuello de su túnica, y Loptr simplemente le sonrió con preocupación.

-Bájalo Atli -escuchó el grupo, e Hilda, quien observaba todo con detenimiento, descubrió a un par de guerreros, uno que le parecía muy familiar, con una amplia barba blanca, delgado, pero con una postura rígida y poderosa, y que pese a haber perdido el lustre de su cabellera y barba, no se veía más viejo que un hombre de 30 años.

-Jarl Wotan… -recordó Hilda, y Lyfia observó al hombre dirigirse al grupo, el hombre que iba detrás de él era casi del tamaño de Atli, vestía un Ropaje Sagrado blanco muy hermoso, y al parecer no disfrutaba de la compañía de Loptr, quien se escondía detrás de Atli en todo momento.

-Mi Jarl Wotan, Huskarl Ríg -se alegró Derbal de verlos, pero por la mirada de cautela de Wotan, Derbal sabía que algo andaba muy mal-. ¿Ocurrió algo, mi Jarl Wotan? ¿Dónde está el Sumo Sacerdote Shion? -se preguntó Derbal.

-El Sumo Sacerdote se encuentra intentando negociar con Jarl Gevarus, pero las negociaciones al parecer no van a nuestro favor -declaró Ríg, y Derbal no comprendió lo que decía, pero notó el que Ríg miraba fijamente a Inanna.

-Déjalo Ríg, yo seré quien le dé la noticia. Ven conmigo, Derbal, tenemos que hablar -le pidió Wotan, y Derbal acompañó al Jarl, mientras Ríg explicaba a Atli y a Loptr lo que estaba ocurriendo, y de pronto, como un trueno, resonó la poderosa voz de Atli.

-¿Qué has dicho? ¿Cómo puede Jarl Gevarus faltar a su promesa? ¡Quédense aquí! ¡Lo voy a machacar! -se fastidió Atli, mientras Loptr y Ríg intentaban mantenerlo al margen, e Inanna comenzaba a llorar, lo que preocupó sobremanera a Derbal, mientras Hilda y Lyfia seguían a Jarl Wotan y al joven que parecía ser Derbal de un pasado no muy lejano.

-Derbal, quiero que escuches muy bien lo que te voy a decir -le pidió Jarl Wotan, mientras Derbal, aún preocupado por Inanna, no lograba poner atención-. Jarl Gevarus ha decidido negar el derecho de unir a nuestros reinos, con el matrimonio entre Inanna y mi hijo juramentado -le espetó Jarl Wotan, sobresaltando a Derbal.

-¿Qué? -se quejó Derbal, y Jarl Wotan suspiró- Pero mi Jarl, sé que no soy su hijo legítimo, pero ante la falta de un hijo, usted y la reina Jordis me declararon su heredero. Eso debería ser suficiente para que Jarl Gevarus hiciera alianza entre Brávellir y Hlingard. Asegurando su voto de confianza. Lo habíamos planeado todo, si usted daba voto de confianza a Jarl Gevarus, el resto de los Jarls lo aceptaría como el Alto Jarl, y mantendríamos la paz -le aseguró.

-El plan de Loptr para asegurar la paz sigue en pie, Derbal -aclaró Jarl Wotan-. En un mundo donde la Protectora de Hombres está a casi 30 años de renacer, no podemos arriesgar a las naciones de Midgard a que entren en conflicto. Mi querida Jordis aún es muy joven, no podría dar a luz aunque se lo pidiese. Por ello, y a falta de un heredero, te elegí a ti, mi querido amigo, como mi sucesor, y eso no va a cambiar incluso si llega a nacer de Jordis un hijo o una hija, a ese grado llega el amor que te tengo, pero por ello, debo hacerte una advertencia -le pidió Jarl Wotan, y Derbal asintió en ese momento-. Tendremos hoy una audiencia con Jarl Gevarus, le pediremos que recapacite, que nos permita unir a nuestras familias en paz con tu matrimonio con Inanna, en lugar de entregársela a Hotherus como es que planea -le explicó.

-¿Hotherus otra vez? ¡Ese infeliz siempre ha querido la mano de Inanna! ¡No entiende que ella no lo ama! ¡Yo si la amo, Jarl Wotan! ¡Los dioses no permitirían que Jarl Gevarus hiciera su voluntad! -le explicó Derbal, desesperado.

-Ya, ya, Derbal, estoy seguro que los dioses están de tu lado -miró Jarl Wotan a Atli, a Loptr y a Ríg, quienes discutían sobre el qué debían hacer para evitar que Jarl Gevarus cometiera un gravísimo error-. Los dioses nunca te abandonarían, hijo mío. Iremos todos juntos en audiencia, le pediremos a Jarl Gevarus que recapacite, y veras que todo se solucionará. Pero si no es así, Derbal, tienes que tener la fortaleza de defender tu decisión, ya que, si tú lo deseas, iremos a la guerra con Brávellir, y evitaremos que Jarl Gevarus se convierta en el Alto Jarl -finalizó, y la visión terminó.

-El ojo de Saori no estaba aquí -declaró Hilda, y Lyfia, quien lo había escuchado todo, no sabía en qué pensar-. Pero esto me ha servido para comprender al personaje que Derbal ha creado en ti. Inanna es la abuela biológica de Lyfia, eres su viva imagen, seguro Derbal creó tu personalidad a partir de ella, por ello sientes amor por Derbal -le explicó.

-Pero… si la personalidad que poseo es la personalidad de Inanna… eso significa que… no lo amo realmente, sino que estoy obligada a amarlo por esta personalidad… -dedujo Lyfia, e Hilda asintió a sus palabras-. Yo pensé… que Derbal me había creado como una entidad individual, y que yo había decidido por mi propia convicción amarlo -se dijo ella.

-Sinceramente, dudo que la Lyfia verdadera sintiera algo, cualquier cosa, por Derbal. ¿Cuántos años crees que tiene, si estas visiones son de hace más de 30 años? -se fastidió Hilda, y entonces otra visión apareció en frente de ellos, la de Derbal, Atli, Loptr, Ríg y Shion, rodeados de soldados de Brávellir, con Jarl Wotan tomándose el ojo izquierdo, que acababa de ser arrancado por Hotherus, quien lo había atacado con una sencilla espada de madera, mientras Jarl Gevarus reía con fuerza.

-¡Jarl Wotan! ¡Mi Jarl Wotan! -lloraba Derbal, mientras miraba a Inanna, oculta tras el trono de Jarl Gevarus. Shion tenía desenvainada su espada, Angurvadel, y esta brillaba violentamente como un augurio de la guerra que venía ahora, y Atli, sumamente furioso, le acababa de partir el cráneo a un soldado de Brávellir.

-En verdad que no debiste haber hecho esto… -exclamaba Atli con fuerza, mientras Loptr se agachaba, e inspeccionaba la herida en el ojo de Jarl Wotan, horrorizándose en ese momento-. ¡Los mataré a todos! -incineró su cosmos Atli, desatando una masacre en el lugar, despedazando los cuerpos de los presentes, mientras Hotherus le apuntaba con su espada de madera- Esa astilla no te va a salvar, imbécil… -declaró Atli.

-¿Astilla? ¡No puede ser! ¡Thor! ¡Esa no es una espada normal! ¡Es Miming! -llamó Loptr, sorprendiendo a Hilda, quien acababa de escuchar el nombre de Thor, y después observó el como una simple espada de madera atravesaba a Atli, haciéndolo escupir sangre- Maldición, él va a estar muy molesto cuando despierte y se dé cuenta de que su recipiente fue destruido, Heimdal -declaró Loptr.

-De modo que se acabó la farsa de jugar a ser mortales, Loki, pero ellos no pueden saber la verdad -agregó Heimdal, usando su cosmos para forzar a Derbal y a Shion a dormir, mientras Wotan se ponía de pie-. Se encuentra bien, padre de todos, mi señor Odín… -preguntó Heimdal.

-¿Thor, Loki, Heimdal? -se preguntó Jarl Gevarus, mientras veía a Atli ponerse de pie, furioso, y entonces Jarl Gevarus miró a Jarl Wotan, y notó como su ojo destrozado brillaba con un Galdr- ¡Odín! ¡Los dioses de Asgard! ¿Qué significa esto? -se sobresaltó Jarl Gevarus.

-Significa que estoy enojado… -habló Atli, mirando a la espada de madera en manos de Hotherus, quien, del miedo, había soltado la misma y se encontraba llorando y sorbiendo por la nariz-. Mucho, muy, enojado. Yo quería ir a la boda de Inanna y de Derbal, pero ahora, gracias a ustedes, no puedo dejar a nadie vivo, ni siquiera a Inanna, lo siento pequeña, no es nada personal, pero no podemos permitir que el secreto de herir a los dioses se sepa, y no podemos borrar mentes, solo hacer dormir a los mortales y decirles que fue un sueño. Ahora, pedazo de imbécil, vas a decirme donde encontraste esa espada de Muérdago -se molestó Thor.

-Odín, será mejor que no veas esto, Thor está tan molesto que ni yo podría calmarlo en estos momentos -le pidió Loptr, y Jarl Wotan asintió-. Vete, llévate a Shion y a Derbal, dile que todos fuimos asesinados por Hotherus, y que Inanna decidió huir con él. Es mejor si piensa que su amor no fue correspondido, que saber que Thor se vio obligado a matarla, lo lamento mucho, Odín -lloró Loptr, abrazando a Jarl Wotan.

-Me aseguraré de que ni Derbal ni Shion comprendan lo que pasó hoy, Loki. A cambio, tienes que prometerme que vas a detener el odio de Derbal, él no tiene la culpa de lo que va a crecer en su corazón a raíz de este día -le pidió Jarl Wotan, y Loptr sonrió.

-¿Cuándo le he fallado a los dioses? No respondas -sonrió Loptr, sabiendo que él no era del todo de fiar-. Tú asegúrate de que Hlin nazca en este mundo, yo me encargaré, como siempre, de limpiar los desastres de los enemigos de los dioses. Thor… -habló Loptr, y Atli lo miró con cautela-. Ceremonia de los nombres, de todos los que conocimos mientras vivimos entre los mortales, Heimdal, usa tu mirada de Restricción, nadie sale de esta sala hasta que Thor termine la ceremonia de los nombres, ni siquiera Inanna. Una vez termine la ceremonia de los nombres, todo, absolutamente todo, quedará vaporizado, incluyendo nuestros cuerpos mortales actuales, regresaremos a Asgard, y nadie sabrá, jamás, que existe esa maldita espada. Adelante, Thor -declaró Loki con tristeza.

-Los dioses… eso quiere decir que los dioses a los que Derbal tanto odia… lo amaban tanto, como para vivir a su lado -se sorprendió Hilda, mientras veía a Jarl Wotan cargar él mismo tanto a Shion como a Derbal, a uno en cada brazo-. ¿Quién diantres es Derbal? ¿Qué lo hace tan especial? ¿Por qué los dioses hicieron tanto por él? ¿Por qué nunca lo castigaron por todo lo que hizo? -se estremeció Hilda, no siendo capaz de comprender lo que pasaba a su alrededor.

-Ah, eso es sencillo -le respondió Loptr, sobresaltando a Hilda y a Lyfia, quienes no podían comprender el que una visión del pasado les respondiera a sus preguntas-. Derbal es acrónimo de Balder, que a su vez es largo para Baldr. Los dioses lo quieren tanto, porque Derbal es el hijo menor de Odín -le explicó, y Hilda se sobresaltó, recordando la Estatua Dorada de Baldr en la última de las 12 Moradas de los Dioses-. Es solo que, al igual que nosotros en esta realidad, separamos nuestro cosmos de nuestros cuerpos originales. Derbal es Baldr, pero al mismo tiempo no es Baldr, el verdadero Baldr está sellado en su Morada en Asgard, en el Breidablik, donde vive con su esposa, Nanna -le explicó Loptr, quien Hilda sabía que era Loki-. Atli, Ríg, Wotan, Jordis y Loptr, son solo cuerpos creados para contener nuestros cosmos. Nuestros verdaderos cuerpos están en Asgard. Digamos, que esto es como controlar una marioneta a distancia. Solo que la marioneta de Baldr, que es Derbal, posee una identidad propia -les explicó, mientras Atli continuaba enunciando los ritos de los nombres-. Baldr es un dios joven, y tiene mucho que aprender antes de convertirse en el Jarl de los Dioses. Derbal, es el resultado de la incompetencia de Baldr, una fracción de su ser divino, que nació como un humano, el humano más poderoso de Midgard. Es mi deber, como el mejor amigo de Odín, como el amigo de los dioses, el guiar a Baldr y convertirlo en el dios que el Nuevo Mundo, ese que resurgirá del Ragnarok, necesita. Pero claro que mi plan de contingencia, no es Baldr sino Hlin. Si Baldr no resulta ser digno, jamás podrá convertirse en el Jarl de los Dioses, y ese lugar le corresponderá a Hlin -sentenció Loptr, acercándose a Hilda-. Obviamente, voy a tener que pedirte que mantengas todo esto en secreto, Hilda, Thor no destruyó toda una ciudad, para que el pequeño secreto de la espada Miming saliera a la luz al tú usar las memorias de Derbal para encontrar el ojo perdido de Hlin -agregó, e Hilda asintió en ese momento.

-Espera, ¿vas a confiar en Loki? -preguntó Lyfia, apuntando su lanza a Loptr, quien le prestó muy poca importancia- Loki es un embaucador, es mentiroso, no se puede confiar en él -le recordó Lyfia.

-No estás enteramente equivocada, voy a hacer cosas muy malas, pero solo yo sé el por qué las hago, ahora, si no les molesta, mi anillo -pidió Loki, e Hilda se quitó el Anillo de los Nibelungos, entregándoselo en ese momento a Loki-. Para que quede claro, si en algún momento termino, bajo cualquier circunstancia, batiéndome en duelo con los Dioses Guerreros Dorados, no es nada personal, son solo cosas del destino, y mi destino, es el más ruin de todos. Así que, sin resentimientos -prosiguió Loki, materializando el ojo de Saori en su mano, y en ese momento, Lyfia comenzó a sentir un terrible dolor, mientras se tomaba de su ojo izquierdo con molestia-. Ya hice mi parte, no vuelvas a intentar controlarme como hiciste con el Anillo de los Nibelungos, no es gentil, es molesto, me hace sentirme sucio. Loki no es la marioneta de nadie, que te quedé claro -le aseguró con molestia.

-Solo podía usarlo una vez, no seas pesado, Loki -declaró Hilda, haciendo una reverencia en dirección a Loptr, quien volvió a tomar su lugar en el recuerdo, a alzar su báculo, y en el momento en que Thor terminó de enunciar el ultimo nombre, los 3 dioses, Thor, Loki y Heimdal, vaporizaron la ciudad de Brávellir de hace más de 30 años.

Escalinatas al Templo de Hlin.

-Así que, la razón por la que Derbal no fue castigado por los dioses, no era solo porque los dioses querían que los Dioses Guerreros Dorados se probaran a sí mismos… -miró Hilda al ojo de Saori, que brillaba como la esmeralda en su mano-. Usar el Anillo de los Nibelungos para hacer mi voluntad sobre Loki, no solo me abrió los ojos a la verdadera naturaleza de esta guerra, sino que acabo de comprobar que él no la orquestó, sino el contenedor de Baldr, que se salió de control y se convirtió en un dios por sí mismo, vaya problema -guardó el ojo de Saori Hilda, y mientras se disponía a subir las escalinatas, una mano le tomó de su tobillo.

-Hilda… tú… eres Hilda… ¿verdad…? -preguntó Lyfia, en el suelo, y con su ojo izquierdo sangrando- Yo… no sé qué haces aquí… ni por qué estoy tan débil… pero… Saori… yo sé cómo sacarla del Sello de Yggdrasil… -declaró, e Hilda descubrió no solo que la personalidad de Lyfia que Derbal había creado para ella había desaparecido, sino que Lyfia, aún podía serle de utilidad.

Templo de Hlin.

-¿En verdad piensan que el inútil esfuerzo que están haciendo, puede doblegar a un dios? -preguntó Derbal, mirando fijamente a Saga, a Shura, y a Camus, manteniendo la pose extraña, mientras Mu, Aioria y Milo, se arrastraban por las escaleras, apenas con vida, y los observaban fijamente- ¡La Exclamación de Hlin! ¡Es una técnica prohibida por la diosa de la Paz y la Esperanza! ¡Quienes se atrevan a utilizarla, estarán renunciando voluntariamente al Asgard! ¡En muerte no serán guiados por las Valkirias! ¡Sus almas pertenecerán inmediatamente a la diosa Hela! ¡La Diosa de los Infiernos! ¿Aun así desafiarían la voluntad de los dioses, y los irrespetarían a este nivel? -preguntó Derbal, mientras los cosmos de Saga, Shura y Camus, se fundían en uno solo, brillando intensamente, e iluminando el Santuario de Hlingard.

-¿Renunciar a Asgard? ¿De qué está hablando este sujeto? -preguntó Milo, sorprendido de lo que veía frente a él, y del poder que alcanzaban los cosmos fusionados de Saga, Shura y Camus- ¿Por qué los dioses castigarían a los mortales, negándoles el paraíso, por usar una técnica como esa? -se puso de pie Milo, molestando a Derbal, quien no podía creer que siguiera con vida.

-Milo… no recibieron ninguna educación de caballería, ni entrenamiento como Dioses Guerreros Dorados, por ello no comprendes lo que estamos por hacer -comenzó a explicarle Camus, mientras su cosmos irradiaba una fuerza inclusive superior a la que demostró en su batalla con Milo-. La Exclamación de Hlin, consiste en fusionar los cosmos de 3 Dioses Guerreros Dorados, que juntos elevan su poder a un nivel que se compara con la fuerza destructiva de los Dioses Primordiales de Muspelheim, que incineraron al Ginnungagap en los orígenes del tiempo -le explicó Camus.

-¿Tan fuerte como las flamas primordiales? -se levantó Aioria, imaginando el poder destructivo que podía alcanzar a desencadenar semejante ataque- Esas flamas, las flamas del Gigante Primordial que creó el mundo, ¿te refieres a las flamas de Surtr? -preguntó Aioria sorprendido.

-Así es, Aioria -declaró Shura, convencido de que hacían lo correcto-. La Exclamación de Hlin, es el equivalente a las llamas del Muspel Primordial, ese que existió antes de la creación, y quien se dice existirá después de la misma. Sus flamas crearon el mundo, y sus flamas arrasarán también con el mundo. Estas flamas, esta fuerza, se dice solo puede ser alcanzada por el cosmos combinado de 3 Dioses Guerreros Dorados, y es capaz de herir inclusive a los dioses -finalizó.

-Una fuerza capaz de herir a los dioses… -prosiguió Mu, incorporándose de igual manera, mientras miraba en preocupación a los 3 Dioses Guerreros Dorados que no dudaban en reunir la fuerza de semejante técnica-. Si esa fuerza existe… entonces no debería usarse. Los dioses no son nuestros enemigos, ¿por qué permitirían que los Dioses Guerreros Dorados poseyeran semejante poder entonces? -preguntó Mu contrariado.

-Por si llegase a existir el día, en que un dios se levantara en contra de los humanos a los que debería amar -miró Saga a Derbal, quien no sabía cómo reaccionar ante lo que estaba presenciando-. Fue la voluntad de los 12 Dioses de Asgard el que los Dioses Guerreros Dorados poseyeran este poder para defenderse incluso de ellos mismos de ser necesario. Sin embargo, nadie que no fuera digno, y tuviera como principal móvil los principios de justicia y del honor, podría usar esta técnica prohibida de la forma correcta. Así fue que Odín, en su infinita sabiduría, hizo un pacto con la Diosa de los Infiernos, Hela. Si los Dioses Guerreros Dorados se atrevían a usar esta técnica, debían hacerlo solo por los ideales de honor y de justicia, y en el nombre de la paz en los 9 Mundos. De esta forma, quienes usan esta técnica están renunciando voluntariamente a Asgard. En muerte pertenecerán a Hela, de este modo, los dioses se aseguraron de cerrar las puertas del paraíso para quienes usaran esta técnica, ya que, si no existiera dicho castigo, nada impediría que se usara esta técnica para hacerle la guerra a los dioses -finalizó Saga, determinado, y comprendiendo las repercusiones.

-¿Renunciar voluntariamente a Asgard? ¡Déjense de tonterías! ¿De verdad renunciarían al paraíso? ¡Hace apenas unas horas nos hacían la guerra sin saber que Saori era Hlin! -les recriminó Milo, pero aquello no desestabilizó el temple de los Dioses Guerreros Dorados.

-Ya estamos convencidos de quien es la verdadera Diosa de la Paz y la Esperanza -exclamaron los 3 al unísono, mientras la Estatua Dorada de Hlin brillaba respaldando sus cosmos-. ¡Exclamación de Hlin! -liberaron el ataque, soltando un tremendo estallido de cosmos dorado, mismo que Derbal, con su Galdr intenso rodeándolo, intentó detener.

-¡Unos simples mortales no pueden vencer a los dioses! -extendió sus brazos Derbal en dirección a la Exclamación de Hlin, y mantuvo a la misma inmóvil en aquel lugar, aunque aquello le costaba toda la fuerza de su Galdr- ¡Han renunciado a Asgard de una forma sumamente inútil! ¡Incluso la Exclamación de Hlin no puede tocarme! -presumió Derbal, resistiendo la Exclamación de Hlin, para sorpresa de Saga, Shura y Camus.

-Detuvo la Exclamación de Hlin con sus propias manos… este sujeto… ¿acaso es real? -se sobresaltó Milo, mientras observaba a la Exclamación de Hlin, y al esfuerzo de los Dioses Guerreros Dorados, quienes comenzaban a ser empujados por Derbal mientras intentaba redirigir la Exclamación de Hlin-. No… no podemos dejar que esto se quede así… sin importar el cómo ni el porqué, son nuestros camaradas… -declaró Milo, preparando su cosmos.

-No vamos a dejarlos solos, no llegamos tan lejos para ser humillados -declaró Aioria, incinerando su cosmos de igual manera, y tanto él como Milo intercambiaron miradas, y ambos las dirigieron en dirección a Mu.

-Saben… algo me decía, desde el día en que los conocí, que iban a causarme muchos problemas y pesares… -declaró Mu, elevando su cosmos de igual manera, fundiéndolo con los de Aioria y Milo-. Yo voy en el medio -se arrodilló Mu, imitando la pose de Saga en ese momento.

-¿Qué estás haciendo… Mu? -exclamó Saga, y tras escucharlo, Derbal se dio la vuelta, notando con terror el cómo Mu, Aioria y Milo, imitaban la pose de Saga, Shura y Camus- ¿Vas a renunciar a tu oportunidad de llegar a Asgard? ¡Detente! -le pidió Saga, acrecentando la fuerza de la Exclamación de Hlin, intentando que los otros 3 no convocaran a la misma fuerza.

-Saga, aprendí mucho de nuestra batalla… -fue la respuesta de Mu, quien recordaba vívidamente la batalla que sostuvo con Saga, que casi le cuesta la vida-. Fue la batalla más grande de toda mi vida, combatía a un hombre de honor, que creía genuinamente que defendía a una diosa de corazón puro, era inquietante, incluso tenía miedo, no sabía si iba a poder derrotarte. Para mí, eres un símbolo de admiración, y si tú eres capaz de renunciar a Asgard, yo también -declaró Mu, alcanzando el mismo nivel de cosmos de Saga.

-No lo hagan, jamás han usado esta técnica, no recibieron el entrenamiento adecuado -intentó decir Shura, mientras veía a Aioria tomar su misma pose-. Nosotros nos entrenamos por muchos años para controlar nuestros cosmos de esta manera, si usan la Exclamación de Hlin, y no pueden controlar el flujo de cosmos tan destructivo… se vaporizarán… Aioria… acabas de recuperar a tu hermano… no me lo perdonaría si defraudo a mi maestro permitiéndote morir -declaró.

-Hazme un favor, Shura, y no me hagas favores -le respondió Aioria, con su cosmos igualando al de Shura, lo que sorprendía al Dios Guerrero de Capricornio-. En la Décima Morada intentaste asesinarme, por tu inmensa lealtad a Hlin, aún a costa de mi hermano, aun teniendo dudas de si servías a la diosa correcta. Semejante nivel de lealtad y devoción, ¿cómo no podría esforzarme por alcanzar esa misma fortaleza? ¡Si termino vaporizado habrá valido la pena! ¡Porque significa que di hasta la última flama de mi cosmos por salvar a Hlin! -finalizó.

-Si lanzan este ataque, la colisión será tremenda -intentó persuadirlos Camus, mirando a Milo fijamente-. Milo… te debo mi vida, por ello intento salvarte, no solo a ti, sino a todos en el Santuario, a Saori incluida. Si 2 Exclamaciones de Hlin chocan… todo terminó, todos habremos muerto en vano, y Saori, se irá a Helheim… -finalizó Camus, y Milo le sonrió.

-Te equivocas, Camus… -sonrió Milo, colocándose en pose, e incinerando su cosmos más y más-. Yo confío ciegamente en Saori, y en mis compañeros Dioses Guerreros Dorados… -recordó Milo el gran viaje, los duros entrenamientos, las discusiones, las batallas, y la devoción que había adquirido en tan poco tiempo-. No permitiré que Saori muera, ni en esta vida, ni en ninguna otra vida. Primero muerto, que le permitirla morir a ella, vamos a igualar el poder de su Exclamación de Hlin… y evitaremos que ella sea impactada por la misma. ¡No puedo lastimar a Saori, porque ella es lo más importante para mí, Camus! ¡Y por ella, encontraremos la forma! ¡Exclamación de Hlin! -enunció Milo, y el grito de Mu y de Aioria siguió al suyo.

La tremenda explosión de cosmos dorado, se dirigió peligrosamente a Derbal, quien, en su desesperación, soltó su mano derecha de la Exclamación de Hlin lanzada por Saga, Shura y Camus, para posarla frente a la Exclamación de Hlin lanzada por Mu, Aioria y Milo.

-¡No voy a permitirles, que dobleguen a mi voluntad! -se defendió Derbal, deteniendo ambas Exclamaciones de Hlin, lo que sobresaltaba a los 6 Dioses Guerreros quienes mantenían sus Exclamaciones de Hlin en su contra- ¿Acaso no lo comprenden? ¡Soy un dios! ¡Poseo un Galdr! ¡La fuerza más grande que jamás haya existido! ¡Soy más grande que Odín! ¡Soy más grande que Thor! ¡No puedo ser derrotado por humanos insignificantes! -más a pesar de decir aquello, su Ropaje Divino comenzó a romperse, mientras las energías de ambas Exclamaciones de Hlin, se incineraban la una a la otra, y se acercaban peligrosamente a Derbal, empujándole los brazos, hasta que estos ya casi llegaban a su torso- ¡Malditos sean, Dioses Guerreros Dorados! ¡Al menos me queda el consuelo, de que Saori se irá al infierno conmigo! ¡Yeaaaaarght! -enunció por última vez, mientras su cuerpo se desvanecía, y ambas Exclamaciones de Hlin se estrellaban la una contra la otra.

-¡Lo conseguimos! -exclamó Milo, mientras el grupo sentía el choque de ambas Exclamaciones de Hlin, que elevaron una columna de luz al cielo, desatando la destrucción por todo el Santuario. La tierra temblaba, las 12 Moradas de los Dioses se desquebrajaban, la ciudad misma de Hlingard se estremecía, mientras la columna de luz destruía la barrera que impedía la entrada y salida de la ciudad, mientras el desbordante cosmos de los Dioses Guerreros Dorados crecía infinitamente.

Muspelheim.

La fuerza de la Exclamación de Hlin fue tal, que su luz iluminó los cielos ya de por sí eternamente iluminados del Muspelheim, el reino más alto de los 9 Mundos, desde el cual una reina de fuego observaba sorprendida la descomunal fuerza que venía desde el mundo de los mortales. Una fuerza, que solo debía ser desatada por los Muspels mismos.

Asgard.

Desde el mundo de los dioses, pasando junto al puente de Arcoiris, el Bifrost, Heimdal, el Dios Protector, fue capaz de ver la columna de luz fijamente, mientras en los adentros de la ciudad misma de los dioses, los más grandes dioses de Yggdrasil lo observaban todo, y meditaban sobre el significado, de permitir a los mortales poseer semejante poder.

Vanaheim.

Pero mientras los dioses de Asgard, quienes habían brindado aquella fuerza a los mortales, no se sentían amenazados por la fuerza descomunal del choque de 2 Exclamaciones de Hlin, en la Ciudad de Oro de Vanaheim, los Dioses de la Fertilidad, los Vanir, no estaban contentos. Aquella fuerza no era más que un desafío, y en la mente de los dioses Vanir, este desafío, no se quedaría impune. Una diosa entre los Vanir inclusive, lloraba sabiendo el significado de semejante blasfemia, tomándose el pecho, pensando en el humano al que amaba, mientras sus manzanas caían de su cesta.

Alfheim.

Los elfos de la luz, sintieron su mundo temblar mientras la columna del choque de las Exclamaciones de Hlin, perturbaban la paz de su reino. Los grandes señores elfos, reyes milenarios, quienes ya habían visto la Exclamación de Hlin liberar su tremendo poder a lo largo de la historia, no habían presenciado jamás un choque como este, y celosos de la fuerza de los humanos, comenzaron a considerar el devolverle el dominio de las especies a los elfos.

Svartálfaheim.

No solo los Mundos de la Luz fueron visitados por la columna de la explosión que se creó gracias a las Exclamaciones de Hlin. La tierra tecnológica de Svartálfaheim, en esos momentos en guerra, una guerra que se llevaba a cabo entre Enanos y Elfos Oscuros, fue interrumpida por la tremenda explosión, que comenzó a derribar grandes templos, forzando a cada bando a correr por salvar a su especie.

Jotunheim.

La sacudida que se hizo presente en Jotunheim, fue más grande inclusive que en los otros mundos. Una diosa giganta, revestida en un Ropaje Divino morado, lo observó todo, mientras una parte de su mundo era golpeada por la Exclamación de Hlin, desquebrajando montañas enteras, y desenterrando a un inmenso esqueleto que la diosa Jotunn observó con una sonrisa, mientras gracias a los temblores, lo que ella siempre estuvo buscando, simplemente apareció de la nada.

Niflheim.

Los Draugr interrumpieron la construcción del Naglfar, y las playas de agua verdosa se sacudieron con fuerza, la intensa luz lastimaba a los Draugr, los hacía huir, mientras la tierra de la niebla brillaba intensamente por vez primera en miles de millones de años, despertando a los mismísimos muertos, algunos de los cuales habían muerto, bajo aquella misma luz.

Helheim.

El inmenso palacio oscuro se iluminó por la luz proveniente de Midgard, un inmenso perro aulló con fuerza, mientras su dueña, la Diosa de los Infiernos, Hela, tomaba una tablilla de madera en su bella mano, mientras con la otra, siendo una mano de esqueleto azul, comenzaba a escribir 6 nombres, que ahora le pertenecían.

Midgard. Santuario de Hlingard. Templo de Hlin.

-¡Esa es la Exclamación de Hlin! -agregó Hilda a su llegada al Templo de Hlin, junto a Lyfia, ambas observando fijamente la intensa luz en el medio del templo, que destrozaba escalinatas, deslavaba las montañas, y partía el cielo con una columna de luz inmensa- ¡No! ¡No es solo una Exclamación de Hlin! ¡Este es el resultado de la colisión de los cosmos de los Dioses Guerreros Dorados! -observó Hilda al grupo de Mu, Aioria y Milo, y después al conformado por Saga, Shura y Camus- ¡Si continúan así, todo el Santuario, Hlin incluida, será destruido! -intentó comunicar Hilda, pero la fuerza del choque de las Exclamaciones de Hlin, no le permitía acercarse.

-¡Ambas Exclamaciones de Hlin, tienen el mismo poder! -agregó Lyfia, notando que la fuerza de cosmos que liberaban ambos grupos, estaban en igualdad de condiciones- ¡Son milagrosamente iguales! ¡Sin embargo, si en algún momento alguien se descuida y comete el más mínimo error, el lado que seda será golpeado con toda la fuerza de la Exclamación de Hlin que yace en el centro! -declaró Lyfia, más no tardó en notar el como la fuerza de la Exclamación de Hlin, se desbalanceaba en favor a Mu, Aioria y Milo.

-Descuida, Hilda… este equilibrio perfecto, no va a permanecer… -agregó Camus, y Milo sintió que Camus ya no ejercía la misma presión en su cosmos-. Derbal ha muerto, ya no tenemos razones para mantener la Exclamación de Hlin en igualdad de condiciones -agregó.

-Ustedes combatieron en nombre de Saori, en nombre de la Asynjur Hlin -prosiguió Shura, y Aioria sintió que la presión que él ejercía, se debilitaba-. No solo Derbal fue el culpable de todas estas tragedias, nosotros también somos responsables. Por esto, no me duele entregar mi vida, para que ustedes vivan -aseguró Shura.

-Desestabilizaremos la Exclamación de Hlin en su favor -comentó Saga, y Mu se mordió los labios con molestia-. De esa forma, los verdaderos campeones de Hlin, podrán sobrevivir, y seguir viviendo, para seguir protegiendo a nuestra diosa -sonrió Saga, mientras la Exclamación de Hlin se debilitaba de su lado, y la tremenda energía se inclinaba a favor de Mu, Aioria y Milo.

-¡Esa es la salida de un mísero cobarde! -escuchó el grupo, y la presión del lado de Mu, Aioria y Milo, volvió a igualarse, y de pronto Aioria se impresionó, mientras el cosmos de Aioros se hacía presente detrás de Saga, de Shura y de Camus, igualando nuevamente la Exclamación de Hlin- ¡Saga! ¡Jamás te lo perdonaré si entregas tu vida de esta forma! ¡Hay otra forma de hacer esto, pero necesito que la Exclamación de Hlin vuelva a estar nivelada! -declaró Aioros, mientras el rugido de un Tigre se hacía presente.

-¿Qué clase de Dioses Guerreros Dorados son ustedes? ¿Cómo se atreven a usar la Exclamación de Hlin? ¡Ni siquiera les enseñé a usarla apropiadamente! -reprendió Dohko, apoyando el cosmos de Mu, Aioria y Milo- Estoy orgulloso de ustedes, ahora, hay que elevar esta cosa.

-¡Háganse a un lado, debiluchos! -resonó la voz de Mephisto, apoyando a Aioros en empujar del lado de Saga, Shura y Camus- ¡Ya llegó el Dios Guerrero Dorado más poderoso de todos a salvarles el trasero! ¡Elévate maldita cosa! ¡Te lo ordena Mephisto de Cáncer! -prosiguió, mientras la Exclamación de Hlin volvía a equilibrarse.

-¡El cosmos de nosotros debe estar equilibrado también, Mephisto! ¡Trata de mantenerme el ritmo! -declaró Shaka, molestando a Mephisto, mientras Shaka incineraba su cosmos junto a Mu, Aioria y Milo, y el choque de Exclamaciones de Hlin comenzaba a elevarse.

-¡No voy a permitir, que el mundo con el que Aldebarán sueña, el mundo que Saori puede traer, se pierda! -enunció Afrodita, uniéndose del lado de Saga, Shura y Camus, ayudando a la Exclamación de Hlin a continuar elevándose, y a ambos grupos que la lanzaban, a extender sus manos en dirección al cielo, intentando mantener las energías concentradas.

-¡Trio de imbéciles! -insultó Aldebarán, sobresaltando a Mu, Aioria y Milo- La próxima vez que quieran salvar a Hlin, asegúrense de no vaporizarla con sus tonterías, ahora tenemos que venir a ayudarles a limpiar el desastre, en cuanto esto termine, los voy a machacar -declaró, mirando a Mu fijamente-. En especial a ti, Mu -le apuntó.

-No es mi culpa, este par me contagia sus tendencias suicidas… -se defendió Mu, mientras el suelo debajo de él comenzaba a ceder-. Debemos mantener la concentración… si no mantenemos el flujo de cosmos en igualdad… -intentó decir.

-¡Esta cosa nos estallará a todos en el rostro, y adiós Dioses Guerreros Dorados! -continuó Aioria, poniendo todo su empeño en mantener el flujo equilibrado-. Si no sobrevivimos, será un honor llegar con ustedes a Niflheim -se burló.

-¡Déjate de tonterías y concéntrate! -insultó Milo, y Aioria le sonrió con arrogancia- Maldita sea, a la próxima, cambiaré de lugar con Saga, eres un imbécil, nadie va a morir… -se tranquilizó Milo, sorprendiendo a Mu y a Aioria-. No podemos morir, ya que de nada le servimos a Saori muertos. ¡Ahora concéntrense y eleven esta cosa! -prosiguió Milo, empujando con todas sus fuerzas, y cuando la colisión de ambas Exclamaciones de Hlin estuvo a una distancia prudente, los 6 quienes la habían convocado, dejaron de hacer fluir el cosmos, y esta estalló, azotándolos a todos al suelo, pero disipando su energía por toda Midgard, la gran colisión de destrucción, no había vaporizado el Santuario.

El Reloj de Bor, y su última flama, fueron testigos de la explosión, pero, así como el dios que representaba al reloj, el tiempo siguió corriendo, y la flama, comenzó a apagarse. Hilda se levantó débilmente, el tiempo se estaba agotando, la vida de Saori, seguía peligrando.

-¿Siguen vivos todos? Esto aún no ha terminado -les recordó Hilda, poniéndose de pie, y acercándose al cuerpo sellado de Saori, que yacía frente a la espada de Odín. Hilda entonces buscó por los alrededores, encontrando una bolsa con los Rubíes de Thor restantes, dirigiéndose inmediatamente a los Dioses Guerreros Dorados, y entregándoles los mismos a cada uno de ellos- El tiempo apremia, no tengo forma de explicárselos todo, pero solo el Sumo Sacerdote puede detener el Reloj de Bor -explicó Hilda.

-No, no puedo hacerlo -explico Saga, mirando a Hilda fijamente-. Intenté hacerlo cuando Mu me abrió los ojos, pero el Reloj de Bor no se apagó. La única otra forma que se me ocurre en que podemos apagar el Reloj de Bor, es destruyéndolo, pero no creo que a nadie le queden fuerzas suficientes para lograr semejante locura -declaró Saga en su preocupación.

-No lograste apagar el reloj porque tu posición de Sumo Sacerdote no fue reconocida por los Dioses Guerreros Dorados -le explicó Hilda, mirando a Lyfia, quien asintió y se acercó al grupo, la mayoría de los cuales no sabían qué pensar de ella.

-El Reloj de Bor solo puede ser convocado en Yggdrasil cada 100 años, y mientras la Asynjur Hlin exista en Midgard -comenzó a explicarles Lyfia, y el grupo, desesperado por el paso del tiempo, no se dignó a interrumpirla-. Puede existir una infinidad de Sumo Sacerdotes en 100 años en que el Reloj de Bor no se hace presente, pero solo el autorizado por los Dioses Guerreros Dorados, puede encender y apagar el Reloj de Bor a voluntad. Saga, tú nunca tuviste ese poder, Derbal encendió el Reloj de Bor, sin siquiera requerir de un Sumo Sacerdote. La magia que usó, es una magia prohibida, el Reloj de Bor no podía encenderse ni por Derbal, ni por ti, pero puede apagarse, cuando los Dioses Guerreros Dorados elijan a un representante, que los lidere y le den esa autoridad -declaró Lyfia.

-De modo que la persona a la que elijamos, ¿será el nuevo Sumo Sacerdote? -preguntó Aioros, y Lyfia asintió- Saga, por años nos disputamos la posición, y me retiré para darte esa oportunidad, tenemos el entrenamiento, por lo que el Sumo Sacerdote, debería ser uno de nosotros -declaró.

-No me siento con el derecho de serlo, no después de todo lo que ha pasado, así que no puede ser ninguno de nosotros 2 -agregó Saga, y Aioros asintió a sus palabras. Pero antes de que la discusión pudiera continuar, Camus apuntó el Rubí de Thor en dirección a Hilda.

-Y mientras discuten, Saori peligra. Ninguno de ustedes es digno, y yo solo le daré mi voto a alguien lo suficientemente digno y listo para liderar al Santuario -declaró Camus, y Milo apuntó su Rubí de Thor en dirección a Hilda también, y el resto de los Dioses Guerreros Dorados siguió el ejemplo de Camus.

-Esperen, ¿yo? ¡Jamás en toda la historia del Santuario ha habido un Sumo Sacerdote que sea mujer! -se quejó Hilda, pero pronto se dio cuenta que a nadie le importaba eso, y que era declarada por los Rubíes de Thor como la nueva Sumo Sacerdote del Santuario- No es momento de quejarme, espero que mi cosmos sea al menos lo suficientemente alto, idiotas, por algo el Sumo Sacerdote es o un Dios Guerrero Dorado, o alguien con ese poder, además de que es mucho trabajo… -se quejó Hilda.

-¡Yo te ayudaré, pero apresúrate! ¡El tiempo se agota! -se quejó Lyfia, mientras Hilda asentía, y se posaba frente al Reloj de Bor- Por favor, dioses míos, que no sea demasiado tarde -pidió Lyfia, quien cerró sus manos a manera de plegaria.

-¡Bor, escucha mi petición! ¡Soy Hilda de Polaris! ¡Representante de Odín en Midgard! ¡Y Sumo Sacerdote elegida por los 12 Dioses Guerreros Dorados! -declaró Hilda, mientras la flama de Piscis comenzaba a extinguirse- ¡Libera el Sello del Reloj de Bor! ¡No requerimos más de su servicio! ¡Disipa la energía que has reunido, y no envíes a los ajenos de vuelta a sus mundos! -terminó de decir, y en ese momento, la flama de Piscis se extinguió- Por Odín, espero que me haya escuchado -cerró sus manos en forma de plegaria Hilda, y miró en dirección a la imagen de Saori, y esta, estalló en una fuerza de cosmos, que horrorizó a todos los presentes.

-He escuchado tu plegaria, Sumo Sacerdote Hilda -enunció la voz de Bor, liberando a Saori en ese momento, y borrando la runa Sowellu de su frente, haciéndola flotar gentilmente, hasta donde Milo la recibió en sus brazos, mientras Saori, inconsciente, no podía siquiera alcanzar a dimensionar el terrible peligro en que se había encontrado, no solo ella, sino todo Midgard-. Lo han hecho bien -finalizó Bor, quien volvió a dormir dentro del reloj.

-Lo conseguimos… apenas y puedo creerlo, todo lo que ha ocurrido, en tan solo un día… la verdad es que me pareció eterno -aceptó Milo, mientras Hilda llegaba ante él, y le entregaba el ojo izquierdo de Saori, mismo que Milo observó, levemente perturbado, pero accediendo, incrustó con cuidado el ojo de Saori, quien se retorció de dolor, sobresaltando a Milo, mientras su cosmos divino, su Dunamis, volvía a restaurarse gracias a que le habían regresado su ojo. Saori entonces abrió los ojos, y pese a la sangre seca, parecía como si jamás le hubieran arrancado el mismo-. Bienvenida de regreso, bella durmiente, no sabes lo que nos costaste… -le sonrió Milo.

-Lo sé perfectamente, Milo… -sonrió Saori con debilidad, mientras miraba a sus 12 Dioses Guerreros Dorados, a todos ellos arrodillándose frente a Saori-. Muchas gracias a todos, gracias a ustedes… la sombra de la guerra ha dejado Midgard… por fin habrá paz… pero… se sacrificó mucho también, Siegfried… -miró Saori a Hilda, quien asintió en señal de tristeza, y mientras lo hacía, los Dioses Guerreros de la Osa Mayor llegaron ante ella.

Con la barrera de cosmos que había envuelto el Santuario, no se podía moverse a la velocidad de la luz, pero ahora que esta había caído, los Dioses Guerreros de la Osa Mayor habían logrado llegar ante Saori, así como los Guerreros Vikingos, y los prisioneros de la Osa Menor, entre los cuales se encontraba Frodi, quien miró a Lyfia con sorpresa, notando que le faltaba un ojo.

-Aún después de todo lo que ha pasado, no podré demostrar mi identidad, ¿no es así? -comenzó a llorar Saori, y Milo la observó con cautela-. Los 12 Dioses Guerreros Dorados están reunidos con los Rubíes de Thor, pero ni los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, ni los 30 Guerreros Vikingos, están completos, de esta forma no puedo liberar el Ropaje Divino de Hlin, ni liberar mi Galdr. Dime entonces, Milo, ¿de qué ha servido todo esto? Si gracias a Derbal, he llegado a Hlingard, como una conquistadora, no como una diosa… -lloró Saori, y para sorpresa de la diosa, Milo la abrazó con gentileza.

-Recuperaste el Reino de tu padre por la fuerza… -declaró Milo, y Saori asintió con pesar-. Pero recuperaste a tus 12 Dioses Guerreros Dorados, por tu corazón. Olvídate del Ropaje Divino de Hlin, no lo necesitas. Una diosa… jamás debe de comprobar su identidad. Ante nuestros ojos, tú eres la Asynjur Hlin, y nadie, podrá convencernos de lo contrario -le prometió, y todos los presentes se arrodillaron ante ella, incluso los prisioneros, Frodi incluido, ya que había comprendido, quien era en verdad la Diosa de los Hombres.

-Te lo agradezco… Milo… -le sonrió Saori, quien entonces escuchó un suspiro, y vio por el rabillo del ojo a una cola anaranjada, como de una ardilla, y creyó verla correr rumbo a las estrellas, rumbo a Yggdrasil, lo que apenó a Saori sobremanera-. Ratatosk… -recordó Saori, y miró a Milo con sorpresa-. Te importaría… bueno… ya me siento bien, ¿puedes bajarme…? -le sonrió Saori con pena, y Milo la observó con detenimiento, como si supiera que algo no iba bien- ¿Podrías? -le pidió apenada.

-Acabo de darme de golpes con un dios… esta es mi recompensa -declaró Milo, sobresaltando a Saori, negándose a ponerla en el suelo, más por el repudio que sintió por la petición de Saori que por otra cosa.

-Lamento interrumpir el momento con su Dios Guerrero Dorado, Asynjur Hlin -interrumpió Jarl Svend, y Saori se ruborizó incluso más, notando en Jarl Svend una sonrisa de picardía-. Pero necesito que se concentre fuera de los deseos carnales, y atienda a las responsabilidades que su título de conquistadora ahora conlleva. La Ciudad de Hlingard ha quedado saqueada, tenemos heridos, tenemos prisioneros, además de un fugitivo siendo este el Dios Guerrero Fantasma de Alcor Zeta, quien desapareció una vez que la batalla en el Templo del Sumo Sacerdote terminó, además de que hay muchos muertos a quienes enterrar. Voy a tener que pedirle por favor, que me acompañe, hay mucho de lo que tenemos que hablar.

-Jarl Svend, lo de los deseos carnales, no era necesario, yo no tengo ese tipo de sentimientos, suéltame por favor -pidió Saori, y un fastidiado Milo la dejó en el suelo, mientras Saori se dirigía al ejército que la llevó al trono de Hlingard-. Dioses Guerreros Dorados, Dioses Guerreros de la Osa Mayor, Guerreros Vikingos de Hlingard. Hemos restaurado la paz, pero la paz por conquista, es una paz muy poco duradera. El trabajo de reconstrucción será arduo, el desprecio de los otros países se hará presente. Pero si me lo permiten, quisiera liderar a este Santuario, en dirección de la paz verdadera y duradera entre los hombres, y a la unificación de Midgard -les pidió, y nuevamente todos se arrodillaron, y clamaron el nombre de Saori.

Epílogo.

Explanada de la Ciudad de Hlingard. 01 de Septiembre de 4E 08.

La Guerra de Midgard había terminado, aunque diferente de la idea original de Saori de revelarse como la Asynjur Hlin al liberar el Ropaje Divino que le pertenecía. En un solo día, se había librado una batalla que había desatado el descontento de los pobladores de Ulfrgard, cuyas familias fueron masacradas por la avanzada de Brávellir, se había perdido a la mayor parte de la población de Hlingard en los Blóts iniciados por los servidores de Derbal, y los pobladores de Vígrídr, el pueblo granjero cercano a Hlingard, habían sido obligados a atender a una reunión en medio de la ciudad en ruinas, donde se había mandado a construir un templete, detrás de cuyas cortinas de terciopelo Saori meditaba, sabiendo que tras cruzar aquellas cortinas de terciopelo, aguardaba un pueblo conquistado, un pueblo que la vería como a una tirana, una envidiosa que se hizo con el trono de su padre con base a la fuerza y a la tiranía divina.

Hilda estaba con ella, detrás de su trono, y cepillándole la cabellera, asegurándose de que se viera lo más presentable posible para dirigirse a su pueblo. Lyfia también se encontraba allí, medio quedándose dormida, ya que la mayoría de los involucrados en la conquista de Hlingard, fuera cual fuera el bando, habían pasado ya más de un día despiertos. Así pues, salvo los que estuvieron inconscientes por largos periodos de tiempo, se encontraban muy agotados.

-No puedo hacer esto… -declaró Saori, intimidada, y sorprendiendo a Hilda-. Yo… ni siquiera hice nada, solo estuve allí arriba, atrapada en una dimensión por Derbal. ¿Qué merecedora soy de esto? Además, lo único que he logrado es traer la muerte a Hlingard -declaró Saori preocupada.

-Déjame pensar… -comenzó Hilda-. Reuniste a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, reuniste a 6 Dioses Guerreros Dorados, convenciste a Jarl Svend de Brávellir de brindarte apoyo militar, además de que llegaste y convenciste a la otra mitad de los Dioses Guerreros Dorados de jurarte lealtad, sin mencionar que derrocaste a un usurpador del trono, y que los pueblerinos tienen la posibilidad de tener mejores condiciones de vida con un nuevo regente -agregó Hilda, y Saori se conmocionó por el resumen.

-Y aún sellada en una dimensión distinta a esta, serviste de inspiración para tu ejercito -declaró Lyfia, acomodándose el parche, mismo al que no estaba acostumbrada todavía, y que le daba mucha comezón-. Además, diste indulto real a todos los Dioses Guerreros, y a la usurpadora, que soy yo. Si me hubieras asesinado, pudo haber sido peor. Una vez que el pueblo escuche que todo fue un acto de manipulación de Derbal, seguro que comprenderán -aseguró Lyfia.

-Olvidan la parte donde familias enteras fueron diezmadas por mi supuesto ejército. Hilda, tú incluso perdiste a tu prometido por mí -le recordó, e Hilda se mordió los labios por el recordatorio-. Entiendo que soy la Diosa de la Esperanza y de la Paz, y la Protectora de Hombres, y que a veces eso significa que debo llevar ejércitos a la guerra, pero… ¿cómo podrían ellos comprenderlo? Yo… les he hecho mucho daño -prosiguió Saori.

-Le sugiero que deje de pensar de esa forma, Asynjur Hlin -exclamó Alberich, llegando ante el trio de Valkirias-. Como el consejero real, es mi deber el recordarle que se preocupa demasiado por pequeñeces, la reconstrucción espera -invitó Alberich a pasar.

-Y esperan a la Sumo Sacerdote para hacer las presentaciones -se puso de pie Hilda, seguida de Lyfia, quien ahora era su sombra, dejando a Saori sola y pensativa. Alberich entonces miró a Saori, y el cómo se encontraba en extremo nerviosa, por lo que tuvo una idea, y regresó a las afueras del templete, y momentos más tarde, alguien llegó a recogerla.

-Ya voy, Alberich, es solo que… -intentó decir, encontrando a Milo en lugar de a Alberich-. ¡Milo! -se apenó Saori, y su Dios Guerrero Dorado hizo una reverencia- ¿Vienes por mí? -preguntó intranquila.

-Por alguna razón que no alcanzo a entender, te comportas más rara de lo habitual, y Alberich me ha dicho que, si vengo yo por ti, distraeré tu atención de la guerra y las masacres -le mencionó Milo, pero Saori estaba realmente incomodada-. Deja de pensar las cosas tanto, si no les gusta, los obligaremos a que les guste -declaró Milo con arrogancia.

-¡Esa no es la forma de dirigirse al pueblo, Milo! -intentó decir Saori, pero Milo la ignoró, y comenzó a salir por las cortinas de terciopelo- ¡Oye, Milo! ¡No te atrevas a ignorarme! ¡Te estoy hablan…! -intentó decir Saori, descubriendo que Milo la había engañado, y la había forzado a salir de detrás de la protección de las cortinas de terciopelo, solo para ser recibida por varias barreras de Dioses Guerreros, la primera contando con los 12 Dioses Guerreros Dorados, 6 de un lado, y con la llegada de Milo, 6 del otro. Detrás de ellos se encontraban los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, 3 de un lado, 3 del otro, y detrás de ellos, los Guerreros Vikingos, 13 de un lado, 13 del otro, 2 cajas de hierro más en cada extremo, y detrás de ellos, se encontraban los guerreros rasos, formando una última línea de defensa ante los pueblerinos, que, en silencio, observaban a Saori sin saber qué pensar.

Saori tragó saliva, pero permitió a Hilda, quien posaba ahora como la Sumo Sacerdote, guiarla hasta su trono, donde se sentó, con Hilda a su derecha, y Lyfia a su izquierda. El reino conquistado entonces esperó, con sentimientos encontrados. Por una parte, Derbal nunca fue un Jarl muy condescendiente con los granjeros de Vígrídr, por otro lado, las familias de Ulfrgard, la miraban con miedo, y por último, los pocos sobrevivientes de Hlingard, quienes habían presenciado a los Guerreros Vikingos salvarlos de un Jotunn de la Escarcha, pero habían visto a los Dioses Guerreros de la Osa Mayor asesinar a la mayoría de los que pertenecían a la Osa Menor, y la traición de los Dioses Guerreros Dorados que se supone debían protegerlos. Las opiniones de la población, estaban en extremo divididas. Saori se dirigió entonces a su pueblo tras armarse de valor, y comprender que lo que debía pasar era inevitable.

-Pueblo de Hlingard, familias de Ulfrgard, y pobladores de Vígrídr -comenzó Saori, tratando de armar el discurso en su mente-. Hace 8 años, el Palacio de Hlingard, fue supuestamente saqueado por los hombres de Brávellir, mismos hombres, que hoy se encuentran frente a ustedes -declaró, y el pueblo comenzó a susurrar con temor-. Se les dijo que asesinaron a la hija de Jarl Wotan, y se les dijo que Jarl Wotan tenía una hija ilegítima, a quien se le atribuía la procedencia divina de Hlin. Las 3 cosas han sido una mentira, el reino de Brávellir, ha entrado en conflicto a través de la historia en contra de Hlingard antes, pero el ataque a Hlingard, no fue orquestado por Jarl Svend -presentó Saori al Jarl, quien reverenció en ese momento-. La hija de Jarl Wotan tampoco murió, me presenté ante ustedes hace 3 años, y nuevamente lo hago ante ustedes el día de hoy, en mi treceavo cumpleaños, con la constelación de Aesir brillando hoy más que nunca. Y, por último, Lyfia no es la hija ilegítima de Jarl Wotan, sino que es una víctima de las circunstancias, controlada por Derbal a base de venenos, y quien hoy, se encuentra a mi lado, vistiendo un Ropaje Divino, así como lo viste también quien hoy es su nueva Sumo Sacerdote, y como he de vestir yo, para poder comprobar mi identidad ante ustedes… -declaró Saori, y su grupo de 12 Dioses Guerreros Dorados, comenzó a preocuparse-. Cuenta una leyenda, que solo bajo circunstancias extraordinarias, el Ropaje Divino de Hlin bajará del cielo, desde la Constelación de Corvis donde está sellado, para vestir a ella, quien es la verdadera Diosa de la Paz y la Esperanza, la Protectora de los Hombres, y he de cumplir esta encomienda, no por mí misma, sino para sanar los corazones de las dudas, que envuelven a mi gente, ya que, sin importar que me haya hecho con el reino de Hlingard usando la fuerza, solo logrando esto sanaré sus corazones. Es por eso, que invoco el Ropaje Divino de Hlin, cumpliendo con las 3 condiciones sagradas -agregó Saori, y miró a Hilda.

-¿Saori? ¿Qué estás haciendo? -preguntó Hilda sobresaltada, y Saori la miró con esperanza, y asintió- No lo creo, pero… si me lo pides así, yo no podría… -se dijo a sí misma Hilda, pero obedeció de todas formas, adelantándose, y dirigiéndose al reino-. Ante ella quien se dice la Asynjur de la Esperanza, los 12 Dioses Guerreros Dorados, portando los Rubíes de Thor, deberán de hacerse presente -declaró Hilda, y en respuesta, los 12 Dioses Guerreros Dorados hincaron su rodilla en dirección a Saori, pero Hilda sabía que esa era la única condición que podía cumplirse, pero decidió proseguir-. Ante la Asynjur de la Paz, los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, portando los Zafiros de Odín, deberán presentar sus respetos -prosiguió Hilda, y en respuesta, los 6 Dioses Guerreros sobrevivientes presentaron sus respetos a Saori-. Y, por último, los Guardianes de Midgard, los 30 Guerreros Vikingos, deberán hincar sus rodillas en dirección a la Protectora de los Hombres -enunció Hilda, y en respuesta, los 26 Guerreros Vikingos que permanecían con vida, se hincaron, pero después de eso, nada más pasó-. Lo sabía… no es suficiente si no todas las condiciones se han cumplido -se preocupó Hilda, pero para sorpresa de ella, y de todos los presentes, los Ropajes de los Guerreros Vikingos que se encontraban sellados en sus cajas, fueron liberados, y aún con nadie poseyéndolos, hincaron sus rodillas en dirección a Saori.

-Ese es el Ropaje Sagrado de Berserker que perteneció a mi padrastro Folkell -se impresionó Mime, mientras observaba al Ropaje Sagrado hincado en dirección a Saori, y al lado de este, se mostró el inmenso Ropaje Sagrado de Mökkurkalfi.

-El Ropaje Sagrado que usó Rung también se encuentra hincando la rodilla -se conmovió Syd, recordando a su compañero de armas-. Él siempre dijo que su lealtad era a Odín, él genuinamente pensaba que Lyfia era la Asynjur Hlin, debió darse cuenta, aún en muerte, de su error e intenta enmendarlo -se sorprendió Syd.

-Ese es el Ropaje Sagrado de Geri que vestía Ullr -exclamó Hagen, que era acompañado por Flare-. Nuestra batalla, recuerdo que Ullr era un hombre de palabra, incluso mantuvo a Flare a salvo, sabía que no podía ser alguien de mal -declaró Hagen, mientras el Ropaje de Geri hincaba su rodilla.

-El ropaje de Freki que vistió ese tal Loki -recordó Fenrir, quien se encontraba junto a Andreas, y que tenía gran parte de su Ropaje Sagrado cubierto en vendas, ya que su herida no sellaba, y Andreas requería estar junto a Fenrir en todo momento para intentar ayudarlo a no desangrarse-. No pensé que ese sujeto fuera honorable, pero veo que me equivoqué -aceptó Fenrir, mientras el Ropaje Sagrado de Freki, hincaba su rodilla.

-Pero, aún si los 4 Ropajes Sagrados de los Guerreros Vikingos caídos se han hecho presentes… Siegfried ha… -intentó decir Hilda, deprimida-. ¿Acaso el Ropaje de Siegfried también se hará presente como lo han hecho estos 4 Ropajes Sagrados de los Guerreros Vikingos? -se preguntó Hilda, un tanto preocupada de que eso llegara a pasar.

-Lo haría si pudiera, Hilda, pero Siegfried ya fue cremado -escuchó Hilda, apenándose, mientras un Dios Guerrero de la Osa Menor, llevando en su Ropaje Sagrado el Zafiro de Odín de Siegfried, llegaba ante Hilda-. Es por ello, que en señal de respeto por mi hermano menor, tendrán que conformarse conmigo. Dios Guerrero de Polaris Alfa, Sigmund de Granir -se presentó Sigmund, y con su Zafiro de Odín brillando, herencia de su hermano Siegfried, el Ropaje Divino de Hlin comenzó a caer del cielo, para sorpresa de Hilda y de todos los presentes, mientras un Ropaje Divino muy similar al de Odín, pero de colores dorados y apariencia femenina, estallaba, y vestía a Saori en ese momento, declarándola como la verdadera Asynjur Hlin, la Diosa de la Paz y la Esperanza.

-¿Sigmund? ¿Cómo? -se preguntó Hilda contrariada, y miró a Saori, vistiendo el Ropaje Divino de Hlin, comprendiendo que Saori estuvo siempre al tanto de que esto pasaría- ¿Cómo lograste semejante milagro, Saori? -se preguntó Hilda, con sus ojos ahogados en lágrimas.

-Eihwaz -le mostró Saori, mientras su ojo izquierdo brillaba con la forma de la runa Eihwaz, parecida a la letra M, sorprendiendo a Hilda por semejante habilidad que ahora Saori poseía-. El recibir las torturas que le correspondían a mi abuelo Bor no fue en vano, Hilda. Ahora puedo usar las runas. Eihwaz… la runa de la muerte, y de la comunicación con los mundos inferiores -le explico Saori, e Hilda lo comprendió-. Fue un favor temporal, sabía que nunca podríamos cumplir con la encomienda desde un principio ya que antes de la guerra, solo teníamos a 29 de los Guerreros Vikingos de nuestro lado. Pero, gracias a Bor, pude comunicarme con los muertos -cerró sus ojos Saori, disipando la runa y regresando sus ojos a la normalidad, e Hilda entonces miró a Sigmund, preocupada-. Él no está muerto, cayó del Salón de Niflheim, y hubiera llegado al reino de Hela si al derribarse la estatua, el hechizo de la Barrera de Odín continuara en efecto. Tras caer la barrera, Sigmund se precipitó a la ciudad, Andreas me llevó ante él. No te lo dije antes, porque no quería que ambas estuviéramos nerviosas, pero Sigmund, él sobrevivió, y por honor al sacrificio de Siegfried, me ha aceptado como la Asynjur Hlin, y yo he elevado su Ropaje Sagrado de la Osa Menor, a uno de la Osa Mayor con el Zafiro de Odín -le explicó, e Hilda asintió a sus palabras-. Lo lamento, era la única forma -lloró Saori, notando entonces que todo su pueblo se hincaba ante ella, y ante su Galdr, renacido por el Ropaje Divino de Hlin.

-¡Larga vida a la Asynjur Hlin! -enunciaron los 12 Dioses Guerreros Dorados con fuerza, y el resto de los presentes, declaró su lealtad en ese momento, aceptando el derecho de Saori de reinar sobre los hombres, y poniendo fin a las confusiones, y a las guerras. Midgard por fin tenía paz, Midgard por fin tenía una Alto Jarl. Hlingard, por fin estaba unificada.

Fin de la Saga de Midgard.


Por fin se ha terminado, y otra vez me pasé de hojas, pero no pude evitarlo, todo sea por llevar a esta historia a su fin.

La primera de las sagas se ha terminado, puede que de forma cliché, puede que no, eso yo no lo sé, no pude separarme de ciertos vicios que tengo mientras escribo mis historias, como lo son los hermanos de cosmos, y las peleas épicas contra los dioses que requieren de esfuerzos inquietantes por derrotarlos.

Sé también que este fin de temporada, deja muchas cuestiones abiertas. ¿Qué pasó con Bud? ¿Qué va a pasar con Ikki y con Shiryu? ¿Saldrán Shun y Hyoga? ¿Volverá Hilda con Sigmund? ¿Sanará la herida de Fenrir? ¿Se le declarará Hagen a Flare? ¿Y qué demonios pasará con el Pony Legendario ahora que Hagen es un Dios Guerrero? ¿Qué pasará con Frodi, Hércules y Surt que sobrevivieron? ¿Cómo le hizo Derbal para que la Constelación de Aesir apareciera antes de tiempo? ¿Qué diantres quiere Loki, es bueno o malo? ¿Cuántas manzanas le quedan a Dohko? ¿Se afeitará la barba Dohko?

En fin, entienden el punto. La verdadera pregunta es, sin embargo, si continuaré con esta historia. La verdad, me encuentro muy satisfecho con el resultado de esta saga, no tanto con el número de capítulos, yo entiendo que una historia con muchos capítulos no necesariamente es buena.

Sinceramente, me gustaría continuar esta historia, verla llegar a su fin, pero no será de momento, hice lo posible por dejar esta historia en un cierre, por si no la vuelvo a continuar, que les aclaro, no es el plan, de verdad quiero terminarla, pero le voy a dar un descanso a la misma, me enfocaré en mis proyectos olvidados, para así cuando regrese a esta historia, lo haga con la finalidad de traer otra saga de inicio a fin. Espero que comprendan entonces, que esto no es un adiós, sino un hasta pronto.

De verdad espero mucho que esta historia les haya enseñado de mitología, yo sé que todos están acostumbrados a los griegos, yo sé que la mitología Nórdica no es tan popular, pero espero genuinamente, haber logrado compartir un poco de mi amor por esta mitología con ustedes, y que haya despertado la flama de la curiosidad en sus corazones.

"La sabiduría es la flama que arde más fuerte en todas las guerras." – Odín.

"Nadie me llamará afeminado." – Thor.

"Todo siempre es culpa del buen Loki." – Loki.


Glosario:


1 – ARTEFACTOS:

Fumbullbow: El arco del invierno que pertenece a la diosa Jotunn Skadi, mismo que utilizaba en su cacería de esquíes.

Svalin: Escudo mitológico que se encuentra presente frente al carruaje de la diosa Sól, y que es la razón por la que los pueblos nórdicos creían que se veía a la diosa como una esfera, la cual era la forma del escudo sagrado.

2 – CRIATURAS:

Miming: Nombre con que se le conoce a un Sátiro de los bosques, quien regaló a Hotherus una espada de madera hecha de muérdago, con la que Hotherus fue capaz de derrotar a Balderus (nombre con el que se llamaba al dios Baldr en esta historia).

3 – DIOSES:

Nanna: Esposa de Baldr. Aún siendo una Asynjur, no posee un dominio, simplemente es una diosa que vive con Baldr en el palacio de Breidablik.

4 – PERSONAS:

Atli: Uno de los nombres con que se le conocía al dios Thor. Significa Terrible.

Loptr: Uno de los nombres con que se le conocía al dios Loki. Significaba el de ojos oscuros.

Ríg: Uno de los nombres con que se le conocía al dios Heimdal. Significa viejo, sabio, poderoso y fuerte. Es el nombre que Heimdal eligió para sí mismo cuando viajó por Midgard creando las clases sociales.

5 – RUNAS:

Eihwaz: Runa defensiva. Puede estar asociada con la muerte o la comunicación con el mundo inferior.