Así es, aquí estoy con otro capítulo!
Antes de comenzar, me gustaría contestar algunas reviews:
Funny-Little-Cute White Fox: Muchas gracias! Me alegro que te esté gustando hasta el momento.
TelenovaGaming: Jajaja, me alegra que te haya gustado tanto! Las actualizaciones son bastante pausadas de momento, pero cuando tenga la oportunidad, me asegurare de actualizar con mucha más regularidad.
Miguel Angel: Sí y no. En el Universo de Danmachi, todos los Dioses tienen "formas" independientes, por así decirlo. En cambio, con el tema del Universo de Rick Riordan, todos los Dioses están vinculados entre sí, es decir, que Zeus comparte su cuerpo con Júpiter (Dioses Griegos y Romanos, básicamente). Con respecto a los demás Dioses, no lo tomo como canónico, ya que solo abarcare hasta cierta parte de la historia (los 5 libros principales). Aun así, no debes basarte mucho en los libros, porque cuando llegue al cuarto, comenzaran a haber cambios muy notorios (en el segundo y tercero se presenciaran, pero no tanto). Espero haber aclarado tus dudas!
Habiendo contestado dudas y agradeciendo los comentarios positivos, comencemos!
Disfruta!
INICIO DE ARCO-CAPÍTULO 15: ¡CAZAD AL CONEJO!
"De acuerdo." Artemisa daría un paso al frente de sus cazadoras, posicionando una mano en su cadera. "Debido a que has contribuido en los últimos problemas del Olimpo, pienso darte una oportunidad."
"¡Lady Artemisa!" Exclamaron Phoebe y Zoe al mismo tiempo, no estando de acuerdo en ser tan indulgentes. Les caía bien Bell, pero no estaba bien que desafiara las órdenes de la Diosa, según sus puntos de vista.
Artemisa alzo su mano, haciendo que ambas mujeres se guardaran su reproche de inmediato. "Pero será bajo una condición."
Bell, que estaba a unos pocos metros de las mujeres, puso las manos en los bolsillos y alzo ambas cejas. "¿De cuál condición estamos hablando?"
"Debes jurar que nunca más desafiaras mis órdenes. De lo contrario, serás cazado hasta el atardecer. Por cada una de nosotras, ¿entendido?"
"¡Está bien, está bien!" Bell alzaría una de sus manos. "Lo juro." Prometería, con una mirada aburrida en su rostro.
"No." Respondería Artemisa con el ceño fruncido. "Lo juraras por el Styx." Al escuchar esto, Phoebe miro a la Diosa con los ojos bien abiertos. Justo cuando la Diosa estaba a punto de indicar cómo funcionaba este tipo de juramentos, Bell la interrumpió.
"¿Qué?" Preguntaría Bell con una ceja alzada. "¿Quieres que me muera?"
"… ¿Ya sabes lo que sucede si rompes un juramento?" Pregunto Artemisa, levemente impresionada.
"Digamos que… es culpa mía." Respondió Zoe, frotándose el cabello con una sonrisa nerviosa en su rostro.
"¿Qué le hiciste jurar?" Pregunto Artemisa con mucha curiosidad.
"Bueno… Básicamente, él no puede hacerles absolutamente nada a las Cazadoras con malicia. De hecho, se lo hice prometer cuando apenas había llegado a nuestra Caza…" Zoe baja la cabeza, apenada. "… Y no le conté lo que significaba hacer una promesa con el Rio Styx. Solo se lo dije después de que hizo la promesa."
"Podrías haberlo matado…" Espeto Phoebe con una mirada desaprobadora.
"¡Tú no eres la más correcta para decirme algo!" Despotrico Zoe, haciendo que un rubor avergonzado estallara en el rostro de Phoebe.
"Bueno." Artemisa interrumpió, no queriendo escuchar más discusiones absurdas. "Eso facilita las cosas. Solo debes jurarlo." Declaro Artemisa, con una pequeña sonrisa de lado al ver que Bell había comenzado a sudar.
Lo tenía acorralado.
"¡Un momento!" Exclamo el alvino, señalando a la Diosa. "¡¿Por qué me tienes tanta desconfianza?! ¡Esto es hiriente! ¡¿Acaso te eh roto alguna promesa anteriormente?! ¡No me contestes!" Artemisa abrió la boca para responderle, para después cerrarla mientras lo miraba como si fuera un idiota.
"Lo juras y te ahorras un paso, o te cazamos y te obligamos a jurarlo. Tú eliges." Artemisa lo fulmino con la mirada, haciendo que Bell se pusiera serio al instante.
Bell estaría mirándola fijamente por algunos segundos, hasta que finalmente dio un gran suspiro. "Supongo que no tengo otra opción…"
Artemisa pestañeo con incredulidad al pensar que se había rendido con mucha facilidad. No es lo que esperaba de él.
Bell abrió su boca, haciendo que todas se quedaran completamente expectantes por su respuesta, incluso las más pequeñas, que parecían no tener ganas de hacerle daño al alvino…
"Como dirían en este mundo…" Bell se aclaró la garganta, y procedió a mirarlas con una sonrisa dentuda. "¡Nos vemos en Disney!"
Artemisa siguió un destello blanco con su mirada por un corto segundo, con los ojos bien abiertos.
"Desapareció…" Dirían las cuatro cazadoras al unísono, quedando completamente estupefactas ante la verdadera velocidad de Bell.
"Él no fue tan rápido en el combate contra Lady Artemisa…" Comentaría Zoe con leve sorpresa.
"Eso es porque él estaba muy cansado." La respuesta de Artemisa hizo que Phoebe bajara su cabeza con culpa. "Pero eso no importa ahora. " Declararía la Diosa, viendo la reacción de su mejor exploradora. "Lo que importa es encontrarlo." Artemisa señalo hacia su derecha, donde estaba la entrada del bosque. "Se fue por esa dirección. Hagamos un perímetro en toda la zona del bosque. Conocemos su sigilo con antelación, por eso sabemos muy bien que será difícil encontrarlo, incluso para mí. Brilia y Lilia seria el punto ciego de nuestra formación, una de nosotros tres tendrá que encargarse de cuidarlas. Phoebe y Zoe irán juntas. Si lo ven, intenten guiarlo al centro del bosque. ¿Todas entendieron?"
"¡Si, Lady Artemisa!" Todas contestaron al unísono, haciendo que una pequeña sonrisa desafiante apareciera en el rostro de Artemisa cuando sus Cazadoras se dividieron.
"Jugar a la caza con alguien como Bell es realmente interesante. Estoy segura que será divertido…"
SALTO DE LINEA.
Dos horas para el atardecer.
Unos figuras pasarían entre los arboles a una gran velocidad.
"¡Mierda!" Grito Phoebe, corriendo junto con Zoe. "¡¿Dónde demonios esta?!" La rastreadora miraría en cada rama y árbol con detenimiento, aunque estaban corriendo a una gran velocidad. "¡Por el pasto no hay ninguna pista, y en los arboles tampoco!" Phoebe chasqueo la lengua con disgusto. "Ah diferencia de antes, no dejo rastro alguno…"
"Eso es porque sabía que lo encontraríamos." La respuesta de Zoe hizo que Phoebe desviara su mirada hacia ella por un segundo, indicando que estaba interesada. "Si no encontrábamos ninguna pista, lo único que debíamos hacer era rastrear al hijo de Poseidón y sus acompañantes, oh situarnos en la última perla que aún no había sido capturada."
"Odio que siempre tengas razón…" Al escuchar un ruido minúsculo algo inusual, Phoebe se detuvo en seco y freno a Zoe con su mano.
"¿Qué sucede?" Pregunto Zoe en voz baja con mucha seriedad, cargando su arco.
"Fue una rama. Se rompió en el suelo. No te precipites, puede ser un animal." Declararía la rastreadora, observando a unos pocos metros, detrás de un árbol en concreto.
Ambas mujeres darían un pequeño suspiro, destensando sus cuerpos cuando vieron un pequeño conejo blanco salir detrás del árbol.
"Falsa alarma…" Comentaría Phoebe, con el ceño levemente fruncido mientras observaba el conejo.
"Ah este paso, tiene pinta que nunca lo encontraremos." Comentaría Zoe con un pequeño suspiro.
"Opino lo mismo." Phoebe asentiría. "Creo que la única que sería capaz de rastrear a alguien tan meticuloso es Lady Artemisa. Aunque, si no usa su poder divino, lo veo muy complicado."
"Sabes bien que no puede usar su poder divino." Declararía Zoe. "Primero, porque su poder divino refleja su posición en todo momento. Y segundo, porque Bell podría quedarse ciego si la ve accidentalmente. Recuerda que por ahora es un mortal."
"Si… Por ahora." Comentaría Phoebe, observando a sus alrededores. "Si es tan fuerte siendo un simple mortal, no me quiero imaginar lo que sucederá cuando los primeros indicios de sangre divina comiencen a aparecer en su cuerpo." La mujer escupiría al suelo con disgusto. "Fuego con rayos, fuerza aún más allá, velocidad aún más allá, los animales, e incluso monstruos, podrían convertirse en sus acompañantes, inmortalidad… Es una locura."
"No sabes si puede usar rayos." Declaro Zoe con una sonrisa burlona. "Hubo hijos de Zeus que no compartieron su afinidad. Como por ejemplo Apollo, la misma Lady Artemisa, Ares,…" Zoe frunciría el ceño visiblemente. "Heracles…"
Phoebe detuvo sus inspecciones y observo a Zoe con gran sorpresa. Pensaba que ella no diría ese nombre por mucho más tiempo…
Antes de que alguna de las dos pudiera decir alguna cosa, Phoebe logro escuchar el sonido de algo que se tensaba, por lo que tomó de la mano a Zoe y la atrajo bruscamente hacia ella, mientras pegaba un pequeño salto hacia atrás. Una flecha se clavó profundamente en el árbol en donde antes estaba Zoe, haciendo que ambas miraran a la cima del árbol que habían estado mirando con anterioridad.
"Fue muy gracioso ver como pensar que ese conejo piso la rama, siendo que yo la arroje del árbol." Declararía Bell, ya con su arco en la espalda, mientras arrojaba y atrapaba una de sus dagas.
El dio un salto, aterrizando en el suelo sin ningún tipo de problemas, para continuar jugando con su daga mientras miraba a ambas mujeres.
De un segundo a otro, Bell se dio rápidamente la media vuelta y comenzó a correr a un ritmo bastante lento para sus estándares.
De forma inmediata, Zoe prendió fuego la punta de una de sus flechas y la arrojo al cielo. Ambas mujeres comenzaron a correr rápidamente detrás de Bell.
"¿Por qué arrojaron esa flecha?" Pensaría Bell con curiosidad. "También, estoy seguro que podrían alcanzarme con esta velocidad…" Bell desaceraría un poco, viendo como de igual forma las dos cazadoras se seguían manteniendo a la misma distancia mientras comenzaban a apuntarle con sus arcos. "Ya veo…" Pensaría con una sonrisa. "Me están llevando a una trampa. Si esto no fuera tan serio, me limitaría a divertirme con ellas hasta que llegue Artemisa, pero ahora lo mejor es hacer exactamente lo contrario."
Bell acelero un poco más su paso, dando un salto hacia un árbol, para luego usarlo como apoyo y saltar una enorme roca que obstruía el camino. De forma inmediata, unas flechas se clavaron profundamente en el árbol donde había estado Bell.
Phoebe dio un gran salto y utilizo las ramas del árbol para atravesar la roca, mientras que Zoe utilizo las mismas flechas clavadas con anterioridad para poder superar el obstáculo con algunos malabares.
Bell seguiría corriendo rápidamente, mientras utilizaba los arboles como respaldo para saltar de aquí a allá, asegurándose que ninguna flecha llegue a su objetivo. Después de unos pocos segundos, Bell visualizo una enorme roca que se hacía a un lado del camino, y se metió detrás de ella en un rápido movimiento.
"¡Mierda, se desvió del camino!" Exclamaría Phoebe, haciendo que Zoe asintiera.
"¡Tenemos que atraerlo!" Exclamo Zoe, con la intención de seguir a Bell por un tiempo más.
Justo cuando llegaron al frente de la roca, ambas mujeres ensancharon sus ojos en shock, y una de ellas recibió un fuerte puñetazo por parte de Bell en el estómago que la mando a volar lejos en el aire. Mientras que la otra cazadora dio un gran salto hacia atrás, saliendo del rango de Bell.
Zoe cayó rotundamente al suelo, rodando un par de veces, para luego escupir una pequeña cantidad de sangre. Veía todo muy borroso, por lo que sus movimientos se entorpecieron visiblemente, al igual que su percepción.
La mujer vislumbro su arco tirado en el suelo a unos pocos metros, y comenzó a arrastrarse con la intensión de volver a tomarlo. Cuando estaba a punto de lograrlo, un pie piso fuertemente el arco, haciendo que la mujer alzara su mirada con las últimas fuerzas que le quedaban.
La visión borrosa finalmente le permitió ver un poco mejor, solo para observar la desagradable sonrisa de Bell, mientras estaba arrodillado y hacia un gesto burlón con sus manos, como diciendo "que lastima". Después de eso, Zoe le dirigió una última mirada adolorida a Phoebe, que la estaba mirando con los ojos bien abiertos. Finalmente, la mujer cerró sus ojos, quedando completamente inconsciente.
Después de toda la actuación realizada por el alvino, este se irguió y le dio una mirada sobre su hombro a Phoebe, haciendo que esta apretara ligeramente los dientes y comenzara a dar pasos hacia atrás.
Finalmente, la mujer se dio media vuelta y comenzó a correr hacia lo más profundo del bosque.
Al ver esto, Bell sonrió levemente y comenzó a seguirla después de unos segundos.
Phoebe miro hacia atrás de ella para ver que Bell se estaba acercando rápidamente, haciendo que apretara aún más los dientes. "¡No lo entiendo, ah Bell siempre le gusto alargar los combates!" Pensaría con frustración.
Una flecha se clavó profundamente en el árbol que estaba al costado de la rastreadora, haciendo que Bell se maldijera a si mismo por su mala puntería.
Aun así, tenía otras armas con las que apuntarle…
Sin que Phoebe ni siquiera pudiera ver la trayectoria del ataque, una de las dagas de Bell se le clavo fuertemente en su traje en la zona de su axila, para que después fuera clavada contra un árbol de forma abrupta.
Phoebe no tardó en reaccionar, y forcejeo rápidamente, arrancando una parte de su vestido en el acto. Lo bueno es que había quedado libre nuevamente.
El problema es que ya era demasiado tarde…
Bell llego de la nada y le presiono su antebrazo en contra de su garganta sin usar mucha fuerza, para luego golpear su rodilla fuertemente contra el tronco, entre las piernas de la mujer. Phoebe escupió una pequeña cantidad de saliva cuando impacto fuertemente contra el árbol. Ella intento recomponerse, pero sintió algo muy frio que estaba rozando su cuello, haciendo que la cazadora se quedara completamente inmóvil.
Ella solo tuvo tiempo de distinguir una cosa en tan poco tiempo, y eso fue la sonrisa de Bell.
"Buenas noches…"
Fue lo último que la rastreadora escucho, seguido de un fuerte golpe detrás de su oído derecho.
SALTO DE LINEA.
Brilia y Lilia mirarían a sus alrededores, buscando con gran atención en cada rincón posible mientras avanzaban lentamente.
En la cima de un árbol, Bell estaba perfectamente camuflado mientras mirada a las dos niñas pasar con una sonrisa.
"Lilia y Brilia no serán un problema. Recién están comenzando, por lo que no veo la necesidad de enfrentarme a ellas." Bell alzaría su mirada, viendo que el sol estaba a punto de ocultarse. "Además, ya queda muy poco tiempo…" El alvino volvería a fijar su mirada en las dos niñas. "habiendo quitado a Phoebe del medio, esto será bastante fácil. Ah menos que me cruce con…" Bell miraría el árbol más cercano con bastante sorpresa, solo para que un segundo después una gran rama se partiera en dos, y de la nada apareciera un destello negro y plateado a centímetros de su posición.
De alguna forma, Bell tuvo el tiempo de reacción suficiente y pudo saltar hacia una rama cercana, haciendo gala de su gran flexibilidad en el aire cuando esquivo numerosas flechas que iban en dirección a su cuerpo. Cuando piso la rama, salto rápidamente y aterrizo en la cabeza de Artemisa, dando una pequeña patada en el acto con la esperanza de desestabilizarla. El alvino cayó en una rama que estaba un poco más arriba, solo para sorprenderse cuando vio que la patada no había afectado en lo más mínimo a la Diosa y ya estaba utilizando una de sus dagas para cortarle la rama en donde estaba parado. Bell cayó unos pocos metros y aterrizo sobre otra gruesa rama de espaldas. El abrió sus ojos, solo para ver como Artemisa estaba cayendo a una gran velocidad mientras tenía su daga extendida, con claras intenciones de inmovilizarlo. En un rápido reflejo, Bell abrió ambas piernas y esquivo el ataque de la Diosa, que había desembocado justo debajo de su entrepierna. Al ver esto, Bell pestañeo con miedo.
"¡Santa mierda!" Exclamo el alvino, entregándole una mirada de incredulidad a la Diosa, que le respondió con una sonrisa burlona.
Aprovechando su posición, Bell giro sobre sí mismo y utilizo sus piernas para darle unas patadas a Artemisa que la obligaron a alejarse del alvino antes de que perdiera su equilibrio por completo. Bell se paró de un salto, y balanceo la parte superior de su cuerpo hacia atrás y a los lados con gran destreza, esquivando cada uno de los ataques de Artemisa. Pronto se vio acorralado contra el árbol, y no dudo ni un segundo en desenvainar una de sus dagas. La Diosa se sorprendió ligeramente por la rápida respuesta del alvino cuando sus dagas chocaron, aun así, no se vio afectada en lo más mínimo y continuo atacándolo. Cada ataque era más y más rápido, obligándole a Bell a seguir el ritmo. Después de unos pocos segundos, los movimientos de ambos contrincantes eran apenas visibles incluso para la misma Artemisa, aunque eso no le impidió continuar con un ritmo perfecto. Bell lentamente estaba comenzando a ser abrumado por los ataques contundentes de la Diosa, ya que, a diferencia de ella, el muchacho no tenía ángulo para mover cómodamente su cuerpo debido a que estaba acorralado. Una pequeña ventisca se estaba comenzando a generar a su alrededor, que estallo bruscamente cuando Bell paro el último ataque, dejándose llevar por la inercia del golpe y salir volando por el mismo. Artemisa se vio sorprendida cuando Bell giro sobre sí mismo en el aire y utilizo una rama que estaba arriba suyo como impulso, cayendo en su dirección a una velocidad impresionante. Artemisa logro desviar el ataque de la daga por los pelos, pero no pudo reaccionar a tiempo al puñetazo que le propino la otra mano de Bell en el rostro, haciendo que el estruendo hiciera temblar hasta las raíces del árbol. El alvino pego un pequeño salto para quedarse a una distancia segura, apuntando a Artemisa con su daga. La Diosa alzo lentamente su rostro con una seriedad absoluta mientras se limpiaba el pequeño hilo de sangre dorada que recorría por debajo de sus labios. Finalmente, la mujer le entrego una sonrisa pícara, siendo contestada de igual manera por parte de Bell.
Sin previo aviso, Artemisa hizo gala de toda su velocidad sin su poder divino, alcanzando a Bell de inmediato y obligándole a bloquear la trayectoria de la daga que iba directo a su estómago. No pudo esquivarla, ya que ni siquiera su tiempo de reacción le permitió reaccionar tan rápido a semejante ataque, especialmente a tan corta distancia.
Ambos fueron empujados por la inercia del golpe, cayendo de la rama a una caída al suelo que parecía inminente. Incluso en esa situación, ambos siguieron dándose rodillazos y golpes en el rostro, mientras se bloqueaban con sus dagas sin importar la inminente caída que estaban a punto de sufrir. Después de unos pocos segundos de lo mismo, Bell logro separarse de Artemisa con un leve empujón, y ambos volvieron a la realidad cuando las ramas comenzaron a chocar y romperse contra sus cuerpos.
Bell se dio la media vuelta lo más rápido posible y preparo lo mejor posible a su cuerpo para caer sin contingencias, cubriendo su rostro de todas las ramas que chocaban contra él.
El problema es que Bell no tenía en cuenta un dato clave…
Las ramas siguieron chocando contra su cuerpo, hasta que una no cedió del todo y quedo enganchada a su gabardina, haciendo que se rompiera y que Bell cambiara su posición perfecta justo antes de caer al suelo.
Bell prácticamente trago una enorme cantidad de tierra. Aun así, su conciencia no vacilo ni por un segundo.
"¡Rápido!" Pensó Bell, viendo su daga al lado suyo, tomándola con una enorme velocidad, comparable a la velocidad que uso para ponerse de pie.
Cuando apunto su daga en posición de defensa, sus ojos se agrandaron con sorpresa, debido a que tenía la punta de una flecha a escasos centímetros de su rostro.
Artemisa alzo ambas cejas con una sonrisa divertida en su rostro. "Por esa razón, es que nosotras usamos estas vestimentas ajustadas." Artemisa se acercó un poco más a él, haciendo que la flecha tocara su frente. "Gane."
Al escuchar esas palabras, una sonrisa burlona dibujo el rostro de Bell por completo. "Yo no estaría tan seguro de ello." Comentaría, alzando una de sus manos, señalando en una dirección.
Artemisa siguió su seña con bastante intriga, para luego ensanchar ligeramente sus ojos al ver que el sol ya se había ocultado por completo hace unos pocos segundos. La Diosa bajo su arco, entregándole una mirada penetrante al protagonista.
"Gane, y eso quiere decir que podre desafiar tus ordenes por un tiempo más, ¿verdad?" Preguntaría, con un tono inocente en sus palabras.
"No." Reafirmo Artemisa con un tono severo en su voz. "Solo no estás obligado a hacer el juramento." Explicaría, guardando su arco en su espalda. "Si vuelves a desafiar mis órdenes, terminara exactamente igual que la última vez. Lo único diferente es que no tendré tanta benevolencia como esta vez." Agregaría, con una sonrisa un tanto malvada al final.
"Eso me recuerda…" Diría Bell, enfundando su daga. "¿Por qué me diste esta oportunidad?" Preguntó, con gran curiosidad. "Podrías haberte ahorrado todo esto, y simplemente obligarme a hacer el Juramento." Bell se cruzaría de brazos, observándola con mucha atención. "Es casi como si quisieras que no haga el juramento."
"Exactamente." La declaración de Artemisa tomaría por sorpresa a Bell. "Tenía que camuflar mi negligencia a través de un juego divertido para las cazadoras, y esta es la mejor opción que se me ocurrió."
"Pero, ¿por qué?" Preguntó Bell, completamente impresionado por las acciones de la Diosa.
"Porque…" Artemisa bajo la mirada por un segundo, para luego alzarla. Una hermosa sonrisa hacia lucir su rostro mucho más lindo de lo usual. Ella posiciono su mano en el hombro de Bell. El alvino no pudo evitar sentir un pequeño escalofrió por esto. "Porque no quería que murieras."
Al escuchar la respuesta, las piezas empezaron a encajar a la perfección en la cabeza de Bell, según su punto de vista.
"Ah, ya lo entiendo…" Contestaría Bell, chocando sus manos como si hubiera encontrado una mega realización. "No podías obligarle a hacer un juramento al Chico de la Profecía que no podía cumplir, porque moriría." Bell ensancho sus ojos con completa sorpresa, al ver que Artemisa negaba con la cabeza mientras aun sostenía esa tierna y linda sonrisa en su rostro. "¿No?" Fue lo único que se le ocurrió decir.
"No lo hice porque seas el Chico de la Profecía…" Artemisa lo miraría directamente a los ojos. "Lo hice, porque eres tú."
Bell sintió como la mano de Artemisa se aferraba aún más a su hombro, haciendo que esas últimas palabras tuvieran incluso más peso.
Bell se la quedó mirando por unos pocos segundos, completamente sorprendido y sin saber que decir en absoluto. Hasta que, finalmente, decidió actuar.
Artemisa se sorprendió levemente cuando sintió un pequeño empujón juguetón en su hombro, producto del puño de Bell.
"Oye, eres la mujer más increíble que haya conocido en vida." Comentaría Bell con gran convicción y sin pelos en la lengua, mientras le entregaba una sonrisa bastante sincera que nunca tuvo la posibilidad de ver en el rostro del alvino, siendo extraño debido a que siempre sonreía.
No sabía por qué, pero esas simples palabras de Bell y su sonrisa habían hecho que se sintiera demasiado feliz. Extrañamente feliz…
La hacía sentir magníficamente increíble que Bell compartiera los mismos sentimientos que ella.
Así es, Ella también creía que Bell era el hombre más increíble que había conocido en su vida…
Una pequeña ventisca pasó, haciendo que los cabellos de ambos se agitaran con total naturalidad mientras permanecían en un completo silencio. Ambos tenían una linda sonrisa en sus rostros, dando a entender que el uso de palabras en este momento era una completa estupidez. No necesitaban hablar, porque Bell podía saber exactamente lo que estaba pensando la Diosa a través de los preciosos ojos platinados de Artemisa, y le sucedía exactamente lo mismo a la Diosa con los ojos rojos carmesí de Bell.
Simplemente, era un momento bastante lindo…
"¡Vez, te dije que había escuchado algo!"
Desafortunadamente para ambos, el momento acabo bastante rápido cuando la voz de Brilia rompió el ambiente por completo.
"¡Lo siento, Lo siento! ¡Prometo que la próxima vez te haré caso!" Contestaría Lilia con un pequeño puchero.
Ah su vez, Phoebe llegaría junto con Zoe, la primera cargando a la segunda en su espalda debido a los daños.
"¡Oye, me pegaste demasiado fuerte!" Exclamo Zoe, un poco disgustada de haber quedado fuera de combate con solo un golpe.
Todas dejaron sus charlas de lado cuando vieron que Artemisa tenía la mano en el hombro de Bell, y el alvino tenía su puño contra su hombro.
"¿De qué nos perdimos exactamente?" Pregunto Phoebe con una ceja alzada.
"De nada." Declararía Artemisa, separándose de Bell. "Solo que Bell gano."
Al escuchar esto, Phoebe y Zoe pestañearon en shock. "¡¿Cómo-como lo llamo?!" Gritaron las dos al unísono, sin poder creer que la Diosa haya mencionado el nombre de un hombre que no sea su padre o hermano gemelo.
"¡Oh, mierda!" Maldeciría Bell, ignorando completamente el berrinche de las dos cazadoras. "¡Esta era la última gabardina que me había regalado la Hera de mi mundo!" Espetó, mientras tomaba toda la parte rasgada y la mirada con un poco de tristeza. "¿Habrá alguna forma de arreglarla, Artemisa?" En esta ocasión, las cuatro chicas se asombraron por lo que escuchado, aunque rápidamente ese asombro se trasformó en miedo al pensar que Artemisa podría castigarle por llamarla tan informalmente.
"Hmmm…Déjame ver." Artemisa se acercó lentamente, y tomo la tela justo por el lugar donde la estaba agarrando Bell, sin importarle lo mas mínimo el contacto. "Se mucho sobre temas de costura, creo que podría arreglártelo."
Las cuatro cazadoras pestañearon una, y otra vez. Finalmente, se miraron entre las más cercanas y volvieron a pestañear, sin poder creer lo que estaban viendo y escuchando.
"¡¿QUÉ?!" Zoe y Phoebe explotaron por fin, haciendo que Artemisa y Bell les den una mirada a ambas mujeres.
"¿Qué?" Preguntó Artemisa con una ceja alzada. "¿Es tan raro que él me llame por mi nombre, y yo por el suyo?" Ambas mujeres asintieron rápidamente, exigiendo una explicación. "Pues, acostúmbrense." Declararía, cerrando sus ojos con tranquilidad. "Bell demostró una gran empatía y amistad hacia nosotras, aunque cada una lo trato con frialdad o lo vio con temor en un principio." Al decir eso, todas las chicas bajaron su cabeza. "Cuando finalmente nos dimos cuenta que lo habíamos juzgado mal, decidimos dejar que se integre un poco más en nuestro pequeño grupo, y consiguió hacer que nos uniéramos aún más. Por lo tanto, considero que Bell es parte de nuestra pequeña familia. No solo porque es mi hermano, sino por todo lo que ha hecho por ustedes. Y también, me atrevería a decir, todo lo que ha hecho por mí." Artemisa abrió sus ojos, y le dirigió una mirada al dúo más viejo de cazadoras. "Siempre me eh planteado la idea de que ustedes también me llamen por mi nombre, porque somos muy cercanas. Ya lo dije, las considero como mi verdadera familia." Al escuchar esto, todas las cazadoras la mirarían con los ojos bien abiertos. "Pero, sé muy bien que ustedes no estarían de acuerdo con ello, debido al enorme respeto que me tienen." Artemisa miraría a todos con una sonrisa. "Lo entiendo, y es algo que no perjudica nuestra relación. Por lo tanto, no me molesta que me sigan llamando como hasta ahora. No es necesario que sigan el ejemplo de Bell, él solo tiene un pequeño complejo con los Dioses de esta Dimensión." Finalizaría, entregándole una sonrisa divertida a Bell, haciendo que este negara con la cabeza por la broma.
Las cazadoras se mirarían entre sí con pequeñas sonrías por unos pocos segundos, hasta que finalmente miraron nuevamente a la Diosa. "Es inevitable que sintamos un gran respeto por usted, acuérdese que nos salvó a todas. Por esa razón es que no podemos llamarla de otra manera, Lady Artemisa." Phoebe hablaría por todas.
Artemisa observo con una gran sonrisa a sus cazadoras, completamente feliz de poder tenerlas a su lado. De hecho, la felicidad que sintió con Bell se había acumulado con este nuevo sentimiento, haciendo que encerrara a todas las cazadoras en un fuerte abrazo. Algo que las sorprendió y las tomo por sorpresa completamente, pero aun así, no tardaron ni un segundo en contestar el lindo gesto.
"¡Oigan!" El momento fue roto cuando Bell grito, indicando que se estaba alejando. "¡Yo me voy a bañar! ¡No me baño en casi una semana y me apestan hasta las uñas, encima ustedes solo dejaron que me cambiara la ropa!"
Las 5 mujeres que aún estaban reunidas en el abrazo, negaron con la cabeza mientras reían levemente debido a la actitud de su único integrante hombre.
SALTO DE LINEA.
"¡Esto está delicioso, como siempre!" Exclamaría Bell con euforia, comiendo la carne como si fuera lo mejor del mundo.
El alvino observo a su alrededor, viendo que todo estaba completamente empacado. Lo único que quedaba eran los muros de madera y la pequeña fogata con sus troncos que servían como asiento, junto con las tiendas de acampar que tenían solo unas colchonetas dentro. Como siempre, las cazadoras estaban en el lugar contrario de Bell. No es porque aún les repugnara, solo lo hacían por simple costumbre, y el muchacho lo sabía muy bien.
"Mañana a primera hora partimos." Declararía Artemisa con seriedad. "Como será la primera vez que Bell y las niñas saldrán de caza, me gustaría que leyeran estos libros."
Bell atrapo un libro que le arrojo Artemisa, alzando una ceja. "¿Monstruos mitológicos?" Bell alzo su mirada con aun la ceja levantada. "¿En los periodos de cazas nos dedicamos a matar monstruos?"
"Si." Declararía Artemisa, cruzándose de brazos. "¿Todavía no leíste sobre mi mitología?" Preguntó, con curiosidad.
"Apenas voy comenzando…" Contestaría Bell, frotándose el cabello con nerviosismo. "Son muchas cosas para aprender de cada Dios. Imagínate, apenas tuve un poco de tiempo para leer sobre los inicios de la Titanomaquia y la Primera Guerra Olímpica."
"No hay problema." Artemisa agitaría su mano con desdén. "Lo importante ahora, es que dejes esos libros por un tiempo y te centres en los monstruos que te puedes encontrar sueltos en el mundo." Artemisa miraría el cielo con atención. "Por lo que se, este mundo es muy diferente al tuyo. No me refiero solo por la obviedad, sino también por su longitud. Este lugar es mucho más grande, y el mundo necesita de las cazadoras para mantener el orden en cada rincón del planeta. Si no lo hacemos, los 'casos paranormales', comenzarían a ser algo de todos los días y en todo momento." Artemisa bajaría su mirada, mirándolo con gran seriedad. "En resumen, nosotras nos encargamos del bienestar de los mortales, y, principalmente, de los semidioses." Artemisa miraría al cielo nocturno nuevamente mientras fruncía levemente el ceño. "Después, que los Dioses como mi hermano Ares, genere guerra entre los mortales, ya no es asunto nuestro." Artemisa bajaría su mirada, entregándole una pequeña sonrisa. "Por suerte, el trabajo es mucho más fácil de lo que parece. Los monstruos suelen agruparse en los lugares donde hay más sangre divina, es decir, donde haya más semidioses. La mayoría de los monstruos se alimentan de ellos, y por esa misma razón es que en lo general se encuentran mayormente en Estados Unidos."
"Por el Campamento Mestizo…" Deduciría Bell con seriedad, recibiendo un asentimiento de la Diosa.
"Aun así, no hay que obviar el hecho de que hay muchas semidioses repartidos por el mundo. Por supuesto, la cantidad de monstruos agrupada será mínima en estos casos. Pero como estuvimos más de un mes sin hacer limpieza, lo más seguro es que se hayan generado ciertos movimientos en algunas zonas rurales o ciudades."
"Woooow…." Comentaría Bell con genuina sorpresa. "Y yo pensaba que solo lo hacían para obtener trofeos…"
Artemisa recibió su comentario con una sonrisa. "En realidad, lo hacemos mayormente por eso. Nos interesa nuestra posición como cazadoras para obtener trofeos, y nuestro padre nos obliga a proteger a los semidioses que son perseguidos por ellos. Ambos nos vemos completamente beneficiados."
"Ya lo suponía…" Declararía Bell con una sonrisa zorruna. "Me parecía demasiado extraño que te tomaras tantas molestias, solo para proteger a los semidioses y a algunos mortales."
"Si." Declararía Artemisa con una pequeña sonrisa, tomando otro pedazo de carne. "Si está mal o bien no me interesa. Las únicas vidas que valoro son las personas que considero importantes para mí." Antes de darle un mordisco a su comida, Artemisa le dio una mirada a Bell. "En esto, estoy completamente segura de que hablamos el mismo idioma."
"Tienes razón…" Declararía Bell con una sonrisa, teniendo pequeños flashback de cuando era un héroe en Orario. "No vale la pena preocuparse por gente que no te valorara como debería."
"Hmmm…Esta charla suena un poco egoísta." Diría Brilia en voz baja, hablándole a Zoe.
"Tienes razón." Comentaría Zoe en voz baja, frunciendo levemente el ceño. "Pero están en lo cierto. Así como hay mucha gente buena y humilde en el mundo, también hay mucha gente mala y desagradecida. No sabes con qué tipo de persona estás hablando hasta que la conoces muy bien. Por esa misma razón, es que Bell y nosotras decidimos no arriesgarnos, porque no vale la pena." Zoe miraría a Brilia muy seriamente. "¿Por qué te piensas que todas nosotras tratamos con tanta frialdad a Bell en un principio?"
"Además de por ser un hombre, también fue porque no sabíamos qué tipo de persona era." Lilia se metería en el susurro de las dos mujeres, haciendo que Zoe la mirara con una sonrisa.
"¡Correcto!"
"Yo me voy a dormir." Comentaría Bell, parándose de un salto. "Te encargo la gabardina, hermanita." Diría, con un claro tono burlón.
Un pequeño tic se presentaría en el ojo de la Diosa. "No me llames así…Que puedas pronunciar mi nombre no te da derecho a ponerme apodos." Artemisa se cruzó de brazos, dirigiéndole una enorme sonrisa burlona. "Además, yo soy miles de años más grande que tú. En todo caso, tu serias el hermanito." Artemisa entrecerraría sus ojos con una sonrisa pícara. "¿No es así, 'hermanito'?"
Bell se daría media vuelta y comenzaría a balbucear por lo bajo. Lo único que se llegó a escuchar fue: "Mierda, me salió mal la jugada…"
"Bueno…" Artemisa se pararía, estirándose. "Tengo que volver a mi trabajo." Comentaría la Diosa, observando a la luna. "Ya le di varias horas extras a mi hermano, y no tengo ganas de escuchar sus berrinches." Diría la Diosa, con una mirada aburrida en su rostro de solo imaginarlo.
SALTO DE LINEA.
"Gracias por todo." Comentaría Bell, devolviéndole el dinero prestado a Clarisse.
"No hay problema." Comentaría la mujer con gracia, tomando el dinero. "La próxima vez que hagas una locura que sea aceptada por el Señor D, los hijos de Ares te acompañaremos." Clarisse se señalaría a si misma con gran orgullo. "Con nosotros a tu lado, no hay una batalla que este perdida."
"Lo tendré en cuenta cuando vuelva." Declararía Bell con una sonrisa.
"¿En serio tienes que irte?" Preguntaría Percy con algo de lastima. "Te echaremos de menos por aquí, compañero." Concluiría, chocando puños con Bell.
"Ha sido bueno conocerte, Percy." Comentaría Bell con una gran sonrisa dentuda.
"¿Cuándo regresaras?" Preguntó Annabeth, extendiendo su mano para estrecharla con la del alvino.
"No lo sé, pero estoy seguro que será mucho tiempo." Bell le dio un leve apretón de manos, antes de dirigir su mirada hacia Grover. "Te vez mucho mejor, sátiro." Comentaría con un claro tono burlón en sus palabras, haciendo que Grover negara con la cabeza.
"¡No importa lo que digas, nada cambiara mi felicidad!" Exclamaría Grover con gran entusiasmo a pesar de sus heridas. "¡¿Vez estos, los vez?!" Exclamaría el sátiro, bajando un poco su cabeza mientras señalaba unos pequeños montículos. "¡Son cuernos, viejo! ¡Me ascendieron a Protector de Nivel 2!"
"Después de lo que hiciste, no me extraña." Comentaría Bell con decisión. "Arriesgaste tu vida para salvar a tus amigos quedándote en el Palacio de Hades. Es lo mínimo que podían hacer."
"¡Oye, oye, ya! Harás que me sonroje…" Comentaría Grover con una sonrisa divertida en su rostro mientras se frotaba el cabello. "Por cierto, ¿no puedes quedarte aunque sea unas horas más?" Preguntó con un poco de tristeza. "Todavía no hemos festejado mi ascenso, y me gustaría hacerlo contigo en la fiesta."
"Lo siento." Respondería Bell, observando a las cazadoras que lo estaban esperando en la entrada del Campamento Mestizo, tirándoles malas miradas a todos los hombres que pasaban a un radio aproximado a ellas. "Pero ya atrasé el labor varios días, y estoy seguro que Artemisa me lo haría recordar hasta el cansancio si hago una petición por el estilo."
"Está bien, lo entiendo." Contestaría Grover, posicionando una mano en el hombro de Bell. "Espero que nos volvamos a ver pronto." Concluiría.
Bell simplemente asentiría, indicando que pensaba lo mismo.
El alvino desvió su mirada hacia atrás de sus amigos, para ver que Quirón y Dionisio estaban observando todo desde la Casa Grande. Bell recibió un pequeño asentimiento de ambos como despedida, siendo respondido por Bell de inmediato. De igual forma, otras personas que lo conocían, como la capitana de Afrodita, los hijos de Atenea, incluso los hijos de Ares que parecían tener un tipo de respeto extraño hacia el alvino, se despidieron a la distancia, siendo contestados por Bell.
"Bueno…" Bell se daría media vuelta, entregándoles una última sonrisa a sus amigos. "Ya es hora de irme."
Los cuatro jóvenes asintieron con una sonrisa, despidiendo a su amigo por el momento.
"Oigan…" Agrego Annabeth, viendo como Bell se alejaba con las manos en los bolsillos mientras las cazadoras lo esperaban con una sonrisa. "… ¿Soy la única que se dio cuenta de cómo Bell se dirigió a Lady Artemisa?"
"No." Contestarían todos al unísono.
Ellos no sabían que el reencuentro estaba mucho más próximo de lo que pensaban…
¡FINAL DEL CAPÍTULO!
Espero que te haya gustado!
Utilizare un pequeño lapso para introducir a Bell en el verdadero significado de la caza, combinándolo con sus primeros indicios de divinidad. No creo que dure mucho, supongo que serán unos dos capítulos, aproximadamente (incluso podría ser menos). En este arco, Bell tendrá un poco más de participación en las batallas, por lo que de seguro será más largo que el anterior.
Antes de acabar, me gustaría mencionar que ya son más de 100.000 palabras en este proyecto! Es algo de lo que estoy bastante contento, porque esto es una prueba del tiempo que le dedique y el apoyo que ustedes le brindaron a esta historia durante estos meses. Solo espero que esa cifra alcance los 200.000 con mi constancia y su apoyo incondicional!
Te espero en el próximo capítulo!
Un saludo!
Cantidad de palabras: 6470 palabras.
