Hola a todos, como pueden observar y es más que evidente, no pude no actualizar esta historia. La verdad sea dicha, como es una historia cuyas reglas son enteramente de mi creación, no se me dificulta para nada el poder continuar escribiéndola. En mis momentos de descanso laboral, que son básicamente 7 horas de las 8 laborales, siendo la ultima hora la comida, me encontré dibujando las constelaciones y escribiendo la historia del siguiente mundo, escogiendo a los Ropajes Sagrados, los nombres de los personajes, construyendo la geografía del mundo que sería el receptor de la segunda saga de Guerras del Ragnarok, según yo, para dejarlo todo listo para cuando fuera a actualizar y que no pasaran eones antes de volver a trabajar en esta historia. Y bueno, una cosa llevó a la otra y… ya tenemos actualización. En fin, hay que aprovechar la imaginación mientras dura.

Antes de contestar a los reviews, les recuerdo que hay un repositorio de información de esta historia, que es un link a google drive que se encuentra en mi profile. A este repositorio, ingreso los glosarios completos, para que no tengan que ir navegando entre capítulos para encontrar definiciones que no se encuentren en el glosario final del capítulo, además de un documento que amplía el lore de esta historia que se llama "la historia de las constelaciones", que les recomiendo leer antes de cada saga ya que contiene información de la cosmología de los Nueve Mundos. Y, por último, hay un Excel que tiene el detalle de los personajes, y en el cual pueden consultar si algún personaje sigue vivo o no, o a qué orden pertenece, además de contener cierta información que utilizo como base para mis capítulos, de hecho, sin ese Excel, no habría historia. Me pregunto si alguien ve ese material, mucho trabajo el mantenerlo actualizado para que no lo utilicen, jajaja. En fin, a contestar reviews:

TsukihimePrincess: Definitivamente, el choque de las Exclamaciones de Hlin dio pie a lo que ocurre en este capítulo, y sembró el caos en los Nueve Mundos. Pandora lo dijo perfectamente, con sus acciones, Saga estaba desatando el desastre en los Nueve Mundos. Ahora, yo pretendía que el siguiente mundo fuera el Jotunheim, pero también quería que fuera Vanaheim, pero por diversas razones, que entenderás en el prólogo de este capítulo, se seleccionó a otro mundo que hacía más sentido a con los acontecimientos del choque de las Exclamaciones de Hlin. Espero que la selección no te haya desilusionado. Ya contesté todas las preguntas en este capítulo, tú tranquila, Dohko seguirá con barba. Loptr es otro nombre de Loki, me equivoqué en el glosario, ya lo corregí, en los dos.

dafguerrero: Derbal no es exactamente víctima de los dioses. Solo que se cegó a sí mismo, los dioses lo amaban tanto que vivieron con él, pero cuando Derbal enloqueció, ya no pudo ver a los dioses. Inanna es efectivamente el nombre sumerio de Ishtar, ya que Nanna, la esposa de Baldr, es Ishtar, recuerda que a los Nórdicos todos les robaron a sus dioses. De hecho, hay vestigios de una antigua esposa de Odín que se llamaba Zeus, piensa en esto mientras recuerdas al dios supremo de los griegos. Zeus no era más que una antigua amante de Odín, que los griegos se robaron, la hicieron hombre y en su dios más poderoso. Al final, y bien tú lo sabes, no me pude desprender del trio de Guerras Doradas. Camus seguirá siendo relevante para Milo, pero no pude evitar caer en viejos vicios, lo siento. ¿Alguien puso una Patriarca mujer además de mí? Te aseguro que no es inclusión, es disponibilidad de recursos, aquí no nos andamos con inclusiones forzadas. El Muspel es Ikki, es correcto. Y bueno, espero te guste este capítulo.

Guest: Tú tranquilo, los reviews me encantan, pero no soy de los que dicen: "si esta historia no llega a 2,000 reviews no actualizo", yo feliz de recibir reviews, aunque los ninjas lectores en las sombras no quieran compartirme los suyos. Cuando te respondí tu review, no era siquiera parte del plan lo de Derbal, al final dije: "¿sabes qué? ¿Por qué no?", además eso me da oportunidad de usar a Derbal a futuro. Ya no tienes que preocuparte, ya sabemos qué mundo es el que sigue, sigue leyendo y lo sabrás. Y bueno, sí, digamos que los 6 que usaron la Exclamación de Hlin ya sellaron sus destinos. En muerte no llegarán a Asgard, sino a Niflheim o Helheim, aunque eso no tiene que ser del todo malo, lo veremos en un futuro aún muy lejano, y cuando se me ocurra algo porque la verdad ni idea de cómo lo voy a arreglar. Guerras de Troya (se acurruca en posición fetal). Sí ya sé… es solo que esa es una historia muy difícil de escribir… haré lo que pueda… (emo mode on).

reyna lisset: Llegaste antes de que pudiera actualizar, así que no llegaste tarde. No amarres cabos sueltos con lo del sucesor de Odín, eso no sé si lo voy a meter en la historia o no, dejémoslo con que Derbal es a Balder, lo que Saori era a Atenea en la serie clásica. Y bueno, se supone que Guerras del Ragnarok recuerde a Guerras Doradas, es su continuación oficial, aunque no se llame Next Guerration. Umm… son muchas preguntas, y no las puedo contestar sin spoilers, la más difícil es la del anillo, pero prometo contestártela en algún futuro con la trama, lo siento. Muy graciosita… fue precisamente el comentario de "descanso por temporada" el que me hizo actualizar, solo por el sentimiento de: "ya me leyeron la cartilla", que me hiciste sentir. Así que disfruta del fruto de tu inocente comentario. Espero que te agrade.

NOTA: Como es un capítulo introductorio a otro mundo nuevo, hay demasiadas definiciones, favor de tomar en cuenta que existe un glosario al final del capítulo.

¡Y EL MUNDO GANADOR ES… SVARTÁLFAHEIM! BIEVENIDOS SEAN MORTALES, AL MUNDO DE LOS ELFOS OSCURITOS Y DE LOS ENANOS.

EDITADO: 17/09/2022.


Prólogo:


Svartálfaheim. Nidavellir. 01 de Septiembre de 4E 08.

-¡Exclamación de Hlin! -los cielos oscuros de Nidavellir, una de las ciudades más grandes de Svartálfaheim, resonaron con la poderosa voz de los Dioses Guerreros Dorados que desataron el choque de las Exclamaciones de Hlin, y por vez primera en miles de años, la luz dorada se hizo presente en el mundo de los Enanos, interrumpiendo una guerra milenaria.

Un par de ejércitos se enfrentaban en ese momento a las entradas de una ciudad de oro, uno estaba compuesto por una raza de seres similares a los humanos, pero de la mitad del tamaño, con narices achatadas, y de barbas y cabelleras largas y pronunciadas en su mayoría, además de que eran bastante regordetes. Iban vestidos con armaduras de diversos metales, muy similares a las que vestían los guerreros de Midgard, los Guerreros Vikingos, pero con varias incrustaciones de piedras rúnicas. Esta raza, es conocida por los hombres de Midgard como los Enanos, pero que, a oídos de su propia raza, eran conocidos como Dvergr.

El otro ejército estaba conformado por seres alargados, más altos inclusive que los humanos de Midgard, de cuerpos esqueléticos, y piel café oscura, cuyas cabelleras largas eran de colores blancos o grises, pero fuera de estas facciones no contaban con bello facial. Poseían orejas puntiagudas, unos ojos negros de pupilas blancas, y en algunas ocasiones contaban con colmillos. Vestían armaduras muy similares a los Ropajes Sagrados de los Dioses Guerreros, pero no necesariamente todos podían ostentar un rango como ese. Quienes no podían vestir aquellos ropajes, vestían prendas similares a túnicas de cuerpo completo con tejidos morados, algunos llevándolas con adornos de tela dorada con diseños muy llamativos, de animales, o de reyes y criaturas legendarias. Esta raza, es conocida por los hombres de Midgard como los Elfos Oscuros, pero que, a oídos de su propia raza, eran conocidos como Døkkálfar

El ejército de los Døkkálfar, aparentemente se había encontrado asediando la Ciudad de Oro de Nidavellir en números, por mucho, superiores a los de los Dvergr. Montaban sobre las espaldas de criaturas humanoides de al menos 3 metros de alto, fornidos, de pieles grises y lampiñas, y forrados en armaduras metálicas. Las descerebradas bestias de rostros deformes eran conocidas como Troles, y no eran muy listos. Pero diferentes de sus hermanos regordetes de Midgard, los Troles musculosos de Svartálfaheim eran conocidos como los Bergtrol, la variante más agresiva de los mismos.

Sin embargo, y pese a que los Døkkálfar parecían tener la ventaja sobre los Dvergr en ese momento, una vez la luz del choque de las Exclamaciones de Hlin se hizo presente en Svartálfaheim, la totalidad de los ejércitos de los Døkkálfar se petrificaron, poniendo así un alto a la guerra, cuyo corazón de la batalla se había estado llevando a cabo sobre un puente de oro amplio, de una extensión impresionante, situado sobre un abismo oscuro, y sobre el cual un Rey Dvergr, de cabellera blanca y barba del mismo color, vistiendo un Ropaje Sagrado grisáceo con contornos anaranjados brillantes, aparentemente de hierro, pero siendo realmente de un mineral desconocido en Midgard, miraba a su petrificado oponente, un elfo alto y esquelético, que vestía un ropaje sagrado de hombreras puntiagudas y afiladas, además de una corona de espinas oscuras, y una capa larga petrificada igual que el resto de su cuerpo, y quien había estado a punto de asesinarlo con una espada curva muy extraña.

-No sé lo que ha ocurrido, Rey Elfo Alfr, pero me voy a aprovechar -enunció el Dvergr, tomando un martillo similar al que porta el Dios Thor, pero de un mango mucho más largo y de mandoble, y con este, intentó pulverizar la forma petrificada de su oponente-. ¡Esta guerra ha llegado a su fin! -declaró el Dvergr, sin percatarse de que un Bergtrol que se había cubierto de la luz del choque de la Exclamación de Hlin, salía de debajo del puente, e intentaba aplastarlo con sus inmensos brazos y sus manos entrelazadas.

-¡Cuidado Rey Mótsognir! -escuchó el rey de los Dvergr, quien fue tacleado por un niño que aparentaba tener unos 8 años, de cabellera anaranjada, ojos morados, orejas puntiagudas, y con un par de lunares un poco por encima de sus delgadas cejas anaranjadas. Gracias a la intervención del niño, el Bergtrol falló en su intento de asesinato, pero protegió el cuerpo del Rey Elfo Alfr, rugiendo con fuerza ante Mótsognir y el niño.

-¡Bien hecho Kiki! ¡Nosotros nos encargaremos del Bergtrol! -exclamó un Dvergr de cabellera escarlata, regordete, y vistiendo un Ropaje Sagrado grisáceo de contornos rojos, y que llevaba en su mano un mazo de forja, que utilizó para golpearle al Bergtrol en su dedo gordo del pie, haciéndolo rugir de dolor y saltar en una pata- ¡Tu turno Eitri! -gritó el Dvergr.

-¡Óyeme Brokk tú siempre me estás dando órdenes! -se quejó otro Dvergr, de cabellera rubia, bigotes en forma de herradura y adornados en un par de trenzas, y vistiendo un Ropaje Sagrado grisáceo de contornos azules. Llevaba una pala en su mano, y con esta arremetió contra el otro pie del Bergtrol, que se tomó la adolorida zona, y cayó en su inmenso trasero, ocasionando un pequeño temblor- Lamento la tardanza, su majestad, pero nos hubieran tragado unos Bergtrol si esa luz no los petrificaba primero, ya hasta me habían colocado en la hoguera -explicó el Dvergr llamado Eitri, mientras se apagaba uno de sus bigotes, y ayudaba al Rey Mótsognir a levantarse.

-Luego me cuentas, el Rey Elfo Alfr -intentó decir el Rey Mótsognir, cuando el Bergtrol se puso de pie, y en su inmensidad, le rugió en el rostro al rey Dvergr, quien gritó con fuerza, al igual que Brokk y Eitri, quienes tomaron sus armas y salieron corriendo, dejando atrás a Kiki, quien tras verse frente al Bergtrol intentó combatirlo con su daga, solo para que Brokk, el pelirrojo, regresara, lo tomara del brazo, y huyera con él-. Ya estoy viejo para correr de los Bergtrol -se quejó el anciano rey, mientras intentaba correr por el extenso puente de oro entre estatuas de Døkkálfar siendo destruidas por los Dvergr, y en dirección a las puertas cerradas de la ciudad, mientras el Bergtrol los perseguía.

-No debí haberme comido esa última brocheta de buey ahumada, me está dando un aire -se quejaba Brokk, quien ya había soltado a Kiki, quien corría a su lado ahora, pero de poco en poco fue dejándolo atrás, al igual que a Mótsognir y a Eitri.

-¿Qué esperan? ¡Ese Bergtrol ya casi nos alcanza! -señaló Kiki, mientras veía al Bergtrol lanzar por los aires y lejos de la protección del puente a varios Dvergr que intentaron detenerlo y así proteger a su rey- ¡Apresuren el paso! -insistió Kiki.

-¡No apresures a un Dvergr! -se quejó Eitri, el rubio- ¡Para tu información! ¡Tenemos piernas cortas! ¡Pero somos los más rápidos en carreras de 10 metros planos! -declaró Eitri esforzándose más, pero Kiki ya casi iba caminando- O lo éramos hace 1,000 años -aceptó, por lo que Kiki tuvo que empujarlo para que corriera más deprisa cuando el Bergtrol ya estaba muy cerca-. ¡No empujes a un Dvergr! -se quejó Eitri.

-¡Abran las puertas! ¡Abran las puertas! -gritó Brokk, y los Dvergr a las alturas de las murallas doradas, accionaron los mecanismos de las cadenas, que comenzaron a abrir las inmensas puertas que daban entrada a la ciudad, mientras varios Dvergr entraban, abandonando la labor de romper las estatuas de los Døkkálfar, mientras el Bergtrol estaba cada vez más cerca- ¡Cierren las puertas! ¡Cierren las puertas! -agregó sobresaltado Brokk, sabiendo que si el Bergtrol entraba en la ciudad muchos morirían. Se alegró de ver al Rey Mótsognir entrar, al igual que a Kiki que empujaba a Eitri, pero notando que las puertas se cerraban frente a él, y que el Bergtrol estaba ya muy cerca, comenzó a pensar lo peor.

-¡Brokk! -llamó Kiki aterrado, tomó un pequeño martillo de su cinturón, y lo lanzó con todas sus fuerzas en dirección al Bergtrol, dándole en el ojo, y permitiendo que Brokk entrara en las murallas, justo a tiempo para que se cerraban las puertas, aunque su barba se quedó atorada en las puertas doradas.

-Excelente tiro, Kiki -se alegró Brokk mientras tiraba de su barba intentando liberarse-. ¿Me abren la puerta? -preguntó de manera inocente, pero los Dvergr en la cima lo negaron con la cabeza, y en su lugar, Kiki terminó cortándole la barba para liberarlo, lo que se la erizó demasiado- Muy divertido, ahora me veré como un jovencito -se quejó Brokk, quien entonces escuchó la tremenda vibración de los impactos de los puños del Bergtrol, y se alejó de la puerta.

-Regin del Consejero, a mí -llamó Mótsognir, y un Dvergr de piel oscura, y de barba negra y esponjosa, calvo, tuerto de un ojo por una cicatriz que le atravesaba el mismo, y vistiendo un Ropaje color de cobre rojizo con contornos de oro, se acercó a su rey-. Esa luz, petrificó a los Døkkálfar. Quiero que maten a ese Bergtrol lo antes posible para poder ir a pulverizar la maldita cara petrificada del imbécil de Alfr -declaró el Rey Dvergr.

-Me temo que no es más que una petrificación temporal, Rey del Metal -le explicó Regin, mirando lo que quedaba de la colisión de las Exclamaciones de Hlin, mientras esta se disipaba en los cielos de nubes cafés-. Tal vez no lo recuerde porque pasó hace miles de años, pero esa luz no es la luz de la Asynjur Sól, es la luz de un poder de cosmos llamado la Exclamación de Hlin, misma que se libera cuando 3 Dioses Guerreros Dorados, los Guardianes de Yggdrasil, fusionan sus cosmos en uno y los liberan al unísono. Pero, aun así, esa fuerza por sí misma no pudo hacerse presente en Svartálfaheim, haría falta el choque de un par de ellas para llegar hasta aquí -le explicó.

-¿Qué podría estar pasando en Midgard para que 2 Exclamaciones de Hlin se impactasen? -preguntó Eitri, y Regin lo pensó detenidamente- En todo caso, esa fuerza petrificó a los Døkkálfar y a los Bergtrol, o al menos a la mayoría, uno se escapó -le explicó a Regin.

-La petrificación de un Døkkálfar solo es posible si es golpeado por la luz de la Asynjur Sól -prosiguió Brokk-. Si lográramos traer esa luz a Svartálfaheim, petrificaríamos a los Døkkálfar, y estaríamos todos ebrios en hidromiel justo a tiempo para la cena -agregó mientras se frotaba la barriga-. Son los Dioses Guerreros de Yggdrasil, si los llamamos, deben venir -les recordó.

-Se les olvida, hermanos, que nuestra raza insultó a sus dioses hace mucho, mucho tiempo -interrumpió el Rey Mótsognir, y el grupo intercambió miradas, como si no lo recordaran-. No se hagan los inocentes. La última vez que nuestra raza intentó traer la luz de la Asynjur Sól a Svartálfaheim, terminamos con 4 de los nuestros entregándose a placeres carnales, y con Frey dando cacería a toda nuestra raza. Desde ese día en la Segunda Era, ni un Dvergr ha vuelto a poner pie en Midgard, al menos no legalmente. Si vamos, solo desataremos la ira de los dioses -aseguró.

-Pero Rey Mótsognir, mis primos ya se disculparon con la diosa Freyja, eso de algo debe servir -intentó mediar Eitri, pero la decisión estaba tomada, el Rey Mótsognir no permitiría que los Dvergr salieran a Midgard a pedir ayuda-. Si tan solo no fuéramos tan orgullosos -se quejó.

-Yo iré -enunció Kiki, y el grupo de Dvergr lo miró con curiosidad-. Yo… no soy un Dvergr… si voy y solicito ayuda en su nombre, los dioses no se molestarán contra ustedes, y podremos traer el brillo de la Asynjur Sól a Svartálfaheim -les pidió.

-¿Y a ti quien te dijo que no eras un Dvergr? -preguntó Brokk, mirando a Eitri, quien se preocupó, y se ganó un golpe en la nuca por parte de Brokk- ¡Insensible cerebro de Bergtrol! -se quejó Brokk, mientras Eitri se cubría de los golpes.

-Brokk, aún si Eitri no me lo decía, era demasiado obvio -se quejó Kiki-. Orejas puntiagudas, manchas sobre las cejas, piel pálida, y ya tengo 8 años y no me ha salido la barba. A mi edad ustedes eran puro bello facial -prosiguió Kiki, y Brokk suspiró en señal de molestia.

-Se suponía que tuviéramos esta plática cuando fueras más alto que el Dvergr promedio, Kiki -se preocupó Brokk, colocando sus regordetas manos sobre los hombros del niño-. Es verdad, no eres un Dvergr, no al menos en su totalidad. Eres un Alfvergr -le explicó, lo que sorprendió a Kiki-. Tu madre era una Ljósálfar, una Elfina de la Luz del Alfheim… y eso es todo lo que puedo decirte de momento -le explicó, y Kiki asintió en señal de tristeza-. Pero regresando al tema, es verdad, Rey Mótsognir… Kiki, al ser un Alfvergr, seguramente pasará desapercibido por Frey, y podría llegar ante el Templo de Hlin, la diosa que gobierna en Midgard, y pedir el apoyo de los Dioses Guerreros Dorados -le explicó Brokk, esperanzado.

-Sería una buena oportunidad para intentar negociar la paz entre nuestros mundos -prosiguió Regin, el Consejero-. Mi señor, hemos estado en guerra con los Døkkálfar por 2 Eras ya, tiene 8 años que el calendario de Midgard se ha vuelto a reiniciar. Además de que los Døkkálfar jamás habían llegado tan cerca de la ciudad antes. Algo debió cambiarlos, algo les ayudó a hacerse de una alianza con los Bergtrol. ¿Cuándo una criatura tan salvaje protegió el cuerpo de un Døkkálfar con la pasión de un perro que defiende a su amo? -le preguntó, y Mótsognir meditó al respecto, pero su meditación no duró mucho, ya que un grito descomunal se hizo presente del otro lado de la muralla, y un centinela de los Dvergr comenzó a incinerarse con flamas verdes rodeándolo.

-¡Los Døkkálfar se han liberado! ¡Brokk, Eitri! -llamó Mótsognir, y el par de Dvergr saludó militarmente- Usen la salida de los desagües, lleven a Kiki a los Campos Oscuros, y ante los túneles que llevan a Midgard -les pidió, y Kiki sonrió con alegría-. No nos falles, Kiki… el fin de esta guerra milenaria, podría llegar gracias a tu elocuencia frente a la Asynjur Hlin, la Diosa de la Esperanza y la Paz -finalizó Mótsognir mientras las puertas doradas de la ciudad se abrían nuevamente, y el rey Dvergr lideraba la afrenta contra los Døkkálfar nuevamente.


Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.

Saga de Svartálfaheim.

Capítulo 16: La Guerra Oscura.


Midgard. Hlingard. Santuario de Hlingard. Templo del Sumo Sacerdote. 21 de Diciembre de 4E 08.

-Será un Yuletide muy triste, ¿no es así? -habían pasado ya casi 3 meses de que la Guerra de Midgard había terminado. La paz se había restaurado por la fuerza esta vez. Aunque los habitantes de Hlingard, de Ulfrgard, y de Vígrídr hubieran aceptado a Saori como la verdadera Asynjur Hlin gracias al Ropaje Divino que se liberó contra todo pronóstico frente a ellos. La verdad era, sin embargo, que aún con todo esto, Saori se mostraba deprimida, sabiendo de antemano que su reino aún lloraba por las vidas perdidas en tan absurda guerra.

-Se han realizado los sacrificios ceremoniales apropiados, las festividades han dado a inicio, y su pueblo espera por su presencia. Ese fue el resumen, no el estado emocional tan precario del proletariado, que, a decir verdad, no importa en absoluto -adicional a sus preocupaciones por su pueblo, Saori no terminaba de congeniar con ella quien era su nueva Gidja, a solicitud directa de Shura. Se trataba de Pandora, quien, en su frívola personalidad, no lograba agradar ni con Saori, ni con Hilda o Lyfia, también presentes en el Templo del Sumo Sacerdote, la primera sentada, la segunda de pie tomando notas.

-Mide tus palabras, Pandora -amenazó Milo, quien en ese momento había sido asignado como guardia de Saori, quien se ruborizaba en todo momento al escucharlo hablar a su derecha-. Se te ha otorgado la posición de Gidja a solicitud de Shura de Capricornio, pero el mantenerla es tu responsabilidad. El bienestar del pueblo es importante, especialmente tras los momentos de guerra. Te aconsejo replantear tu postura ante el "estado emocional tan precario del proletariado". No sea que el mismo proletariado exija a un Godi en lugar de a una Gidja -aclaró.

-La Jarl es una mujer, la Sumo Sacerdote es una mujer, y la Gidja, es una mujer -se defendió Hilda, mirando a Milo fijamente, lo que fastidiaba al Dios Guerrero de Escorpio-. En mi opinión, el proletariado debería estar más preocupado por lo que una mujer molesta, específicamente hablando, una Gidja molesta, es capaz de hacer -se molestó Pandora.

-Pandora… es suficiente… -interrumpió Shura, que llegaba en esos momentos, y miraba a Saori con preocupación-. Lamento la forma de ser de mi acompañante. Le aseguro que trabajaré en sus modales, Asynjur Hlin -reverenció.

-Saori es suficiente -se apenó un poco Saori, quien entonces miró a Milo, quien le regresó la mirada de reojo, forzando a Saori a desviar la propia-. Es… el cambio de guardia… ¿verdad? ¿Debes irte ahora? -preguntó apenada.

-De eso se trata el cambio de guardia -habló Milo fríamente, reverenciando ante Shura, quien aceptó la reverencia y cambió lugares con Milo-. ¿No le tocaba a Aioros? Vamos en turnos dependiendo de la Morada -declaró Milo curioso.

-Aioros solicitó un cambio, se encuentra en Galdhoppigen, en el Reino de Oppland, junto al Viejo Maestro. Escuché que se está entrenando -le explicó Shura, y Milo se frotó la barbilla con interés-. Aioros no se ha perdonado aún su traición. Quiera la Asynjur Hlin darnos el indulto o no, la verdad es que yo tampoco me lo perdono. Digamos que es su manera de redimirse, quiere estar listo para la siguiente guerra -le explicó, y Milo asintió.

-¡Los estoy escuchando perfectamente! ¡Ya les dije que ningún Dios Guerrero Dorado requiere de mi perdón! -se fastidió Saori, mientras Shura se colocaba a su derecha, y Milo se retiraba del Templo del Sumo Sacerdote- No es justo… todo es trabajo, trabajo y más trabajo… no puedo siquiera disfrutar del Yuletide -se quejó Saori a sus adentros, y Shura lo pensó detenidamente.

-Si el pueblo quiere a la Asynjur Hlin, su Sumo Sacerdote puede reemplazarla en sus funciones, mientras alegra al pueblo -declaró Shura, e Hilda hizo una mueca, mientras Saori le suplicaba con la mirada-. Solo es cuestión de que seleccione a un Dios Guerrero Dorado como su escolta. Al yo entrar en turno, no estoy disponible, mi deber es a con el mando de Hlingard en estos momentos, sea ese el de Saori, de Hilda, o de Lyfia. Usted, sin embargo, es libre de elegir -aseguró Shura, y Milo hizo una mueca antes de salir del Templo del Patriarca, mirando entonces a Shura con desprecio.

-Milo… -comenzó Saori, y Milo sintió que su ceja le temblaba con molestia-. Si no es molestia, ¿podrías escoltarme al pueblo para el Yuletide? -le preguntó, y Milo suspiró en señal de descontento, pero se dio la vuelta, y reverenció, aunque no dejó de mirar a Shura con desprecio, quien le sonrió con malicia en ese momento.

-No es molestia, Asynjur Hlin -declaró Milo, y Saori, agradecida, se puso de pie y fue inmediatamente a buscar su abrigo, dejando a Hilda quejándose a sus adentros, y a Lyfia burlándose un poco tanto de ella como de Milo-. ¿Quieren dejar todos ustedes de jugar a los enviados de Frigg? Es su hija a la que quieren que irrespete -se quejó Milo.

-La Asynjur Hlin desea ir al pueblo y disfrutar del Yuletide… nadie ha dicho nada sobre algunas otras intenciones, todo está en tu mente -insultó Shura, pero Milo suspiró en señal de desaprobación-. Saori sigue siendo una humana, y necesita apartar la mente de todas estas tragedias. ¿Qué mejor forma que cumplirle el capricho? -finalizó Shura.

-Si algo ocurre por tus acciones, no quiero que te estés quejando después -aclaró Milo, y Shura se mordió los labios con descontento-. Tú la enviaste conmigo -finalizó Milo, pero notó entonces la mirada de desprecio de Hilda-. Sumo Sacerdote Hilda… todo es figurativo -declaró.

-Estoy segura de que hay leyes divinas contra esto, te tendré en la mira, Escorpio -amenazó Hilda, preocupando a Milo, quien dejó el tema entonces, cuando Saori llegó corriendo con su abrigo-. Solo por precaución, nada de alcohol, Saori -declaró Hilda.

-¿Eh? Pero yo nunca he probado el Jólaöl -se quejó Saori, pero Hilda se mantuvo firme-. Al menos déjame probar el Juilskinka, ese no es alcohol, es cerdo curado ahumado. La especialidad de Hagen -le pidió Saori.

-Que se cura con hidromiel. Una gota de alcohol que me entere que ingieres, Saori, y estarás estudiando todo el Völuspá hasta el fin del festival -amenazó Hilda, y Saori se preocupó, pero asintió ante las amenazas de Hilda-. Ahora ve y diviértete, y regresa antes de que la Asynjur Sól cabalgue por entre las montañas, yo también quiero disfrutar del Yuletide, además de que yo sí tengo edad para beber -agregó con arrogancia.

-Seguro que una probadita no le haría nada mal, Hilda -susurró Lyfia, pero Hilda se mantuvo firme, aunque inmediatamente después se sorprendió por el rugido del estómago de Lyfia, quien se apenó y se agachó en posición fetal intentando ocultar su vergüenza-. Lo siento, se me antojó el Juilskinka -agregó apenada.

-¿Por qué no podemos ir todas a disfrutar el Yuletide? -agregó Saori con preocupación- Podemos ir todas nosotras, Pandora incluida -invitó Saori, lo que sorprendió a Pandora, quien no se esperaba ese trato.

-El próximo año tal vez. En este, aún tenemos muchas responsabilidades a con la reconstrucción -le aseguró Hilda-. Responsabilidades que estás ignorando. Así que ve, disfruta, pero cuando regreses, habrá mucho que discutir -le recordó, y Saori asintió en señal de preocupación.

-Hilda… eres muy dura… -susurró Lyfia, pero Hilda la ignoró rotundamente, y se dirigió a Pandora, quien asintió y continuó con su reporte, forzando a Lyfia a escribirlo todo nuevamente para dejar documentados los acuerdos de la asamblea.

Saori se encontraba preocupada por Hilda. Desde que había sido elegida como Sumo Sacerdote, no había un solo momento en que pudiera descansar. Si no era con la planeación de la reconstrucción junto a Alberich, era en planes de defensa con Milo en contra de los reinos que aún no la reconocían, o en negociaciones de paz con Jarl Svend y Huskarl Harald, quienes hacían viajes periódicos a Hlingard para asegurarse de que el tributo por el esfuerzo de Brávellir no fuera olvidado, y que la paz entre ambas naciones, las más poderosas de Midgard, se mantuviera. Saori sabía que Hilda ni siquiera había tenido el tiempo de mantener el luto a Siegfried, aunque Siegfried no fuera un ser querido a nivel amoroso por ella como sí lo era Sigmund, quien montaba guardia frente a las puertas que daban entrada al Templo del Sumo Sacerdote.

-Mi señorita -reverenció Sigmund, y Saori reverenció de igual manera, notando al mismo tiempo que Sigmund intentaba ver a Hilda por el rabillo del ojo, y que Hilda, al notarlo, lo ignoraba para continuar con su audiencia con Pandora-. Así que aún no pretende que discutamos el tema… -se dijo a sí mismo Sigmund, pero fue escuchado por Saori.

-Hilda no dejó de amarte nunca, Sigmund -declaró Saori, sorprendiendo a Sigmund-. Siegfried intentaba acercársele, quería obtener un lugar en su corazón, y pienso que Hilda llegó a sentir algo por Siegfried también. Pero, no era algo lo suficientemente fuerte como para reemplazarte -le explicó, y Sigmund asintió en ese momento-. Ahora que Siegfried no está, Hilda debe sentirse muy mal por descubrir que Siegfried jamás pudo vivir realmente. Debe sentirse culpable, y por ello, no puede verte como lo hacía antes en estos momentos… solo dale tiempo -le pidió Saori, y Sigmund asintió. Milo entonces movió su cabeza para que Saori lo siguiera, y tras despedirse, Saori así lo hizo-. Espero de verdad que Hilda y Sigmund se lleven bien pronto, me encantaría asistir a una boda Vikinga -aseguró Saori, apenada, mientras Milo suspiraba en molestia.

-Asynjur Hlin… -enunció Milo, sobresaltando a Saori, quien sabía que siempre que Milo se refería en ese tono a su nombre divino, era porque estaba molesto-. Evidentemente, está desviando la atención hacia conversaciones muy poco afines a las labores de reconstrucción y de gobernanza de Hlingard -agregó, confundiendo a Saori por la formalidad de la conversación-. Esto me hace tener que indagar sobre ciertas cosas. ¿Exactamente cuánto sabe Shura, sobre lo que la descubrí confesándole a los cielos hace casi 3 meses? -preguntó Milo, a lo que Saori reaccionó con un rubor más que evidente en su rostro- No, debo corregir la pregunta. ¿Exactamente cuánto saben los demás sobre lo que la escuché decir el día de su cumpleaños, que me prometió solo sería entre usted y yo, y que no sacaría ese tema a relucir hasta que todos los reinos de Midgard estuvieran en unidad, y proliferara la paz plena y perpetua? -finalizó Milo.

-En primer lugar… la condición es casi tan complicada como reunir a los 12 Dioses Guerreros Dorados portando los Rubíes de Thor, mientras los 7 de la Osa Mayor portan los Zafiros de Odín, y los 30 Guerreros Vikingos hincan su rodilla en dirección a la Asynjur Hlin -se molestó Saori, lo que aparentemente no interesaba a Milo-. Solo digo que… es imposible tener paz plena y perpetua… dudo que exista un solo mundo entre los 9 que la tenga -declaró, pero Milo continuaba mirándola con firmeza-. Nadie lo sabe, solo nosotros y Ratatosk, deja de preocuparte -aseguró.

-Si lo sabe Ratatosk, lo sabe Nidhogg… -comenzó Milo, mientras Saori aceleraba un poco el paso para dejarlo atrás, aunque la zancada de Milo era más amplia, así que Saori no lograba el cometido-. Además, Ratatosk seguro también se lo contó a Aritilandlit -prosiguió Milo, mientras Saori llegaba ante la explanada frente al Templo del Sumo Sacerdote, donde Milo se le adelantó y la encaró-. En todo caso, seguro esa ardilla chismosa ya le ha ido con el chisme a oídos enemigos, eso ya lo tengo muy claro, y de eso me debo preocupar. De quien no deseo preocuparme, es de nuestros aliados juzgándome, por sentimientos que no debería tener -le aseguró con firmeza.

-De forma que… mis palabras del día de mi cumpleaños tocaron una fibra sensible, ¿no es así? -le preguntó Saori, pero Milo nuevamente no se dignó a contestarle- No pienso esperar hasta que exista paz plena y perpetua para recibir una respuesta, Milo. No planeaba que lo supieras, pero si lo has descubierto, accidentalmente o como haya sido, lo menos que espero es una respuesta. Es una posibilidad no explorada por ti, eso lo entiendo, soy la primera chica que viste después de tu reclusión en la Isla de Lyngvi, y entiendo que eso es lo único que soy sentimentalmente para ti -aseguró.

-Eres mi diosa -declaró Milo, y Saori asintió, aunque no muy feliz por el comentario-. Eres la persona por la que renuncié voluntariamente a Asgard. Después de eso, pocas son las preocupaciones a insultos a los dioses que podrían preocuparme. Y, aun así, siento un inmenso respeto por Odín. Aun así, siento un inmenso respeto por Frigg, por Thor, por Heimdal… tengo un deber como Dios Guerrero Dorado, y hasta que ese no se cumpla, no tengo derecho a vivir una vida, ni a perseguir sentimentalismos -aclaró.

-¿Aún si estos sentimentalismos le pertenecen a tu diosa? -declaró Saori, y Milo la miró fijamente, sin saber qué contestar- Diosa o no, te recuerdo que tú no eres nadie para definir el cómo debo sentirme. Los sentimientos, son nuestros solamente, y si no tienes sentimientos por mí diferentes de la lealtad y la devoción, solo dilo, no cambia el hecho de que yo seguiré sintiendo lo mismo por ti. Solo cambia el hecho de que no puede suceder. Puedes irte, iré al Yuletide yo sola -declaró, cuando Milo la detuvo, tomándola de la muñeca-. Eso, es lo más cercano a un sentimiento diferente de la lealtad y la devoción que jamás me has demostrado -se burló Saori, y en respuesta, Milo la miró fijamente, con una mezcla de molestia e impaciencia.

-En ningún momento te he dicho que no lo esté considerando -declaró, y Saori se alegró un poco por sus palabras-. Solo digo que debes de dejar de ser tan obvia. Esto no es como Shura aceptando sus sentimientos por Pandora, o Aldebarán intentando detener la impaciencia de Shaina. Eres mi diosa, soy tu Dios Guerrero Dorado, hasta que no sepa dónde pintar la línea, no aceptaré absolutamente nada. Espero haya quedado lo suficientemente claro -declaró.

-Me molesta -agregó Saori, pero sonrió-. Pero está claro. Al menos sé que soy físicamente de tu gusto, señor eres la primera mujer que veo en años -se burló Saori, y Milo simplemente desvió la mirada, algo que hacía siempre que Saori lograba acorralarlo, y algo de lo que ella disfrutaba de aprovecharse-. Seré paciente entonces, solo intenta decidir antes de que vuelvan a ponerme en peligro de muerte. Los dioses tampoco somos eternos -le recordó, adelantándose.

-Por todos los dioses… -se quejó Milo, mirando al cielo, buscando la respuesta a sus preocupaciones en Asgard-. Tantas cosas de las que debemos preocuparnos en estos momentos, y tengo que lidiar con los sentimientos de mi diosa… y con los míos… -se quejó, y entonces siguió a Saori nuevamente-. Momentos como estos, me hacen ponerme del lado de Camus y pensar que los sentimientos realmente son inútiles -agregó Milo, mordiéndose los labios con molestia.

Templo de Eir.

-¿Se encuentra bien, Dios Guerrero de Acuario? -preguntó un joven de cabellera verde, físicamente más parecido a una mujer que a un chico. Vestía prendas de seda, entre las cuales se encontraba un pantalón abombado de colores rosados, una túnica blanca sobre el mismo, y un abrigo de seda roja alrededor de los hombros. Se había dirigido a Camus una vez que lo notó estornudar- Puedo ofrecerle un remedio de hierbas para su resfriado si lo requiere -le ofreció el chico.

-No es necesario, Shun -agregó Camus-. Simplemente creo que alguien está hablando mal de mí a mis espaldas, y creo saber quién es, no le prestes importancia -prosiguió Camus, mientras caminaba por los interiores del Templo de Eir.

El Templo de Eir era, como muchos otros, un lugar en el cual se reunía a los enfermos y a los heridos para ser atendidos. El edificio de madera presumía varias camas del mismo material, donde los médicos como Shun se encargaban de cuidar de los enfermos, dándoles plantas medicinales. La mayor parte de los médicos, sin embargo, eran mujeres, aunque había ligeras excepciones, como en el caso de Shun, y el de Afrodita, quien en esos momentos usaba sus manos envueltas en Seidr para curar de la herida de Fenril.

-Tu fiebre empeora… -se dijo a sí mismo Afrodita, mientas Fenril se quejaba. Se encontraba con el pecho desnudo, y con la herida que le había hecho Útgardo con Dáinsleif escupiendo sangre. La piel alrededor de la herida estaba azulada, lo que preocupaba a Afrodita aún más-. Hemos intentado de todo. Le hemos congelado la herida, le hemos atendido con ungüentos, hierbas medicinales, hemos incluso intentado cauterizar la herida, pero nada funciona, nada sana -le explicó Afrodita a Camus, quien llegaba ante ambos-. Ya no sé qué más hacer -declaró.

-¿Has pensado en mi oferta, Fenril? -le preguntó Camus con tristeza, mientras Fenril sudaba por el esfuerzo y el dolor- Usando el Cero Absoluto, podré crear una barrera de hielo que evite que te desangres. No más remedios temporales que mantengan tu circulación controlada, no más alimentos especiales, solo una placa de hielo sólido, alrededor de la herida que es incapaz de sanar -le explicó con tristeza, mientras Fenril meditaba al respecto.

-¿Qué otras alternativas tengo? -preguntó, mientras Ging, la loba mascota de Fenril, se recostaba sobre su herido amigo- Si me permito congelar la mitad de mi cuerpo, seguiré viviendo, pero habré perdido la movilidad del brazo izquierdo. Podría rendirme y dejarme morir, pero no le daré al imbécil de Útgardo la satisfacción de verme vencido -finalizó.

-La otra alternativa es cortar los alrededores de la herida, exponiendo los vasos sanguíneos no malditos, y cauterizar -le explicó Andreas, quien llegaba con suma preocupación dibujada en su rostro-. Sin embargo, eso te dejaría con un hueco en tu cuerpo, tendríamos que cortar algunas costillas, y perderías mucho equilibrio. Has hecho todo lo que has podido, Fenril. Pero no puedes seguir así, un Dios Guerrero Dorado puede subsistir con su cosmos por 1,000 días bajo condiciones extremas, pero en tu caso, no te queda mucho tiempo -finalizó Andreas.

-Si permito que me corten los alrededores de la herida, exponiendo vasos sanguíneos sanos, de todas formas, terminaré sin brazo -insistió Fenril, sintiéndose molesto-. No lo haré, antes muerto que quedar como un tullido. Debe haber otra forma -se quejó.

-Al menos que sepas cómo comunicarte con los Enanos, lo dudo mucho -le respondió Andreas, entregándole a Shun una pomada que había extraído de su túnica-. Colócale esto a Fenril, es un anestésico, le calmará el dolor -le pidió.

-Alberich es medio Enano, seguro él puede atrapar a un Enano -se fastidió Fenril aún más, mientras Shun le atendía la herida-. Además, ¿qué importancia tienen los Enanos? ¿Qué pueden hacer que nosotros no? -preguntó.

-Probablemente más de lo que imaginas -le respondió Andreas-. Dáinsleif, la espada que te hirió, fue creada por el Enano Dáinn, de allí su nombre -le explicó, y Fenril puso cuanta atención le era posible, ya que este conocimiento podría ser de vida o muerte para él-. Si alguien sabe cómo sanar una herida causada por Dáinsleif, ese es Dáinn -finalizó.

-Hemos recibido reportes de un niño que dice venir del Svartálfaheim en las tierras del este, en el país de Galdhoppigen -interrumpió Camus, dándole a Fenril algo de esperanza-. Sé que no es mucho, pero Mu y Aioria en estos momentos se encuentran indagando al respecto. La última vez que se supo de este niño, fue en las cercanías de Oppland. Te aseguro Fenril que, si lo encuentran, será interrogado, y veremos la forma de sanar tu herida -prometió Camus, retirándose, sabiendo que el tiempo de Fenril se estaba acabando.

Galdhopiggen. Reino de Oppland. El Mirador de Galdhopiggen.

Frente a las cascadas que daban al Mirador de Galdhopiggen, Shiryu e Ikki entrenaban incansablemente. Llevaban los pechos descubiertos pese a que el invierno había comenzado, lo que mantenía a Shunrei ruborizada, mientras los veía pelear con una fuerza tremenda, como si el par se odiara a muerte.

-Te estás tomando esto demasiado enserio, Ikki, es solo un entrenamiento -le recordaba Shiryu, mientras lanzaba potentes patadas y golpes intentando ganar ventaja, pero la ira de Ikki era demasiado grande, por lo que Ikki terminaba atacando salvajemente a Shiryu, quien apenas y podía mantener la guardia en alto, e inclusive pudo haber terminado en peligro de muerte, de no ser por el grupo de cadenas doradas que enredó a Ikki en esos momentos.

-¡No iba a hacerle daño! -declaró Ikki iracundo, mientras Shaka, sentado en la posición de meditación en el mirador de Galdhoppigen, donde siempre se supone que se encontraba Dohko, mantenía sus cadenas apresando a Ikki- ¡Suéltame ya! -se quejó Ikki.

-Tienes demasiada ira, Ikki. Tu instinto se desarrolla violento y asesino. Debes aprender a controlarlo -le explicaba Shaka con tranquilidad, soltando a Ikki, quien iracundo, pateó el suelo con fuerza- Tienes una fuerza física tremenda, pero tu habilidad es pobre. Estoy interviniendo porque te estas saliendo de control, no porque Shiryu no pueda derrotarte -le explicó.

-¿Está insinuando que este bueno para nada puede derrotarme? -se molestó Ikki, mirando a Shiryu fijamente, quien mantuvo la mirada tranquila en dirección a Ikki- Podría matarte sin problemas, con una mano atada a la espalda -le aseguró con una sonrisa arrogante.

-Es verdad, Ikki podría matar a Shiryu -aclaró Dohko, quien salía de su casa junto a Aioros, ambos vistiendo túnicas comunes y corrientes al sus Ropajes Sagrados estar muy maltrechos-. Pero Shiryu te daría un golpe mortal con esa actitud tuya. A decir verdad, Ikki, solo podrías matar a Shiryu porque él lucharía por mantenerte con vida. Tras notar que no lo lograría, te asestaría un golpe mortal antes de morir, evitando así que mates a quien se te ponga enfrente -le explicó Dohko, lo que fastidió a Ikki aún más.

-No le dé razones para molestarse más de lo que ya lo hace, Viejo Maestro -le pidió Aioros, y Dohko simplemente sonrió ante aquella mención-. Por cierto, Viejo Maestro, ¿está seguro de que no requerirá más que una Manzana de Idunn para este viaje? Sé que le quedan 9 Manzanas de Idunn, y no deseo ser pesimista, pero, aún con mi ayuda, ¿usted cree que podamos hacerlo? Nuestros Ropajes Sagrados Dorados están débiles -le recordó.

-No andes viajando por allí diciéndole a todo Midgard cuantas manzanas me quedan -se quejó Dohko-. En todo caso, para eso vienes tú, para evitarme la necesidad de tener que seguir comiendo de mis valiosas Manzanas de Idunn, y Shaka se quedará en casa para vigilar mi puesto, y lograr que Ikki no se salga de control -agregó Dohko, orgulloso.

-¿Se irá de viaje, Maestro Dohko? -preguntó Shunrei, y Dohko asintió a sus palabras- Prepararé una Manzana de Idunn sin semillas entonces. ¿Cuándo piensa irse? -le preguntó curiosa.

-Aioros y yo nos iremos de viaje una vez que lo hayamos comunicado en audiencia con Saori -le mencionó Dohko, y Shunrei asintió-. Shunrei… -agregó con seriedad, y Shunrei se sorprendió por aquello-. Siempre que la reserva de Eitr se comienza a terminar, el obtener una nueva reserva podría costarme la vida. No olvides lo que te pedí, si algún día yo no llegara a regresar, deberás contarle la verdad a Shiryu, y si alguna vez Shiryu se sale de control… -miró Dohko en dirección a Ikki, y Shunrei se sobresaltó por lo que Dohko pensaba-. Bueno, eso no tiene importancia. Por cierto, Shaka, ¿viste a donde fueron Mu y Aioria? Broma aparte -se burló Dohko.

-Viejo Maestro, ya se lo he dicho, el que tenga mis ojos cerrados no significa que no puedo comprender lo que ocurre a mi alrededor -le enunció Shaka, pero Dohko continuó burlándose-. A las faldas de la montaña, hay un pueblo que fue saqueado no hace mucho. Es en ese lugar, donde Mu sintió una presencia profunda. Además de ser el lugar donde se reportó por última vez el avistamiento de un niño que dice venir del reino de los Enanos -les explicó Shaka, y Dohko reaccionó con sorpresa-. Mu desea encontrar a ese niño por sus propias razones, pero Camus ha dicho que ese niño, de decir la verdad, podría ayudarnos a salvar la vida de Fenril. Tanto Mu como Aioria están asignados a encontrarlo, y es en ese pueblo en donde se encuentran ahora -finalizó, buscando a sus compañeros con su cosmos.

Ruinas del pueblo en las faldas de la montaña.

-Los escudos que hemos encontrado llevan el emblema de Hlingard, pero estamos en el país de Galdhoppigen. ¿Por qué lo habrán saqueado? Hlingard y Galdhoppigen eran reinos aliados antes de la ascensión de Saori y la asignación de Hilda como Sumo Sacerdote -preguntó Aioria, mientras observaba las estructuras demolidas, las granjas quemadas, y los cadáveres que habían sido empalados y quemados en los caminos, sintiendo asco por lo que estaba mirando. A su lado viajaban Mu y Syd, además de un grupo de soldados raso de Hlingard, quienes miraron la masacre con vergüenza.

-Una de mis funciones de espionaje mientras serví en la corte de Derbal como infiltrado, consistía en reconocer los pueblos que no proporcionaban víveres a la corona de Hlingard -declaró Syd, a quien Mu y Aioria miraban con preocupación-. En la mayoría de los casos, lograba convencer a estos pueblos de brindar su apoyo antes de que este tipo de ataques a los pueblos rebeldes se suscitaran. En otras ocasiones, utilizando el dinero de la corona, convencía a Hagen de llevar víveres en nombre de otros pueblos en dirección a Hlingard, para aparentar que no había pueblo alguno que se negara a pagar tributo. Sin embargo, en ocasiones no pude hacer nada por evitar este tipo de ataques. Pasaba peculiarmente con los pueblos que se encontraban en Galdhoppigen. Lo más que podía hacer, era mandar cartas de advertencia y solicitudes de evacuación. Muchas veces, tristemente, los pobladores decidían hacer caso omiso, y sus cadáveres fueron colgados en los caminos como advertencia para otros pueblos, y para las fuerzas invasoras -terminó de explicarles Syd.

-Con este ya van 28 pueblos saqueados en Galdhoppigen bajo esas condiciones. Me sorprende que Galdhoppigen se haya decidido a retirar la alianza con Hlingard únicamente tras la derrota de Derbal –meditó al respecto Mu-. Tal vez Derbal controlaba al Jarl de Oppland, la capital de Galdhoppigen, con sus venenos. Pero, independientemente de eso, no puedo evitar preocuparme por cuantos pueblos hubieran sido saqueados además de los 28 que llevamos registrados, si no hubieses estado infiltrado, Syd. No te culpes por estas cosas -insistió, pero Syd se encontraba deprimido de todas formas.

-Fallé en mi misión de infiltrarme, Mu -le recordó-. Son 28 pueblos porque fui descubierto y capturado. Pero pudieron ser menos si hubiera tenido el suficiente cuidado. En lugar de eso yo… me permití ser capturado y torturado, y por mis fallas muchos murieron. Te agradezco tus palabras de aliento, pero no sanarán mi dolor. Solo puedo sanarlo con servicio incondicional -declaró.

-Eres muy duro contigo mismo -fue la respuesta de Aioria-. Velaste por la seguridad de los pueblos aliados a Hlingard, eso es algo de lo cual estar orgulloso –lo apoyó Aioria, y Syd reverenció agradecido-. Pero de momento he de tomarte la palabra, ordena a las cuadrillas descolgar a los cadáveres y darles sepultura. Luego envía a grupos de limpieza. La tierra aquí aún es fértil, reconstruiremos, la corona de Hlingard lo pagará todo quiera Oppland reconocerla o no -ordenó, y Syd asintió-. Poniendo lo laboral a un lado… ¿qué hay de tu hermano fugitivo? ¿Has recibido noticias? -le preguntó Aioria.

-Es más que una sombra, no importa lo que haga, no puedo encontrarlo -le explicó Syd, y Aioria asintió-. Pero de alguna forma, sé que está más cerca de lo que creo. Muchas veces, he tenido ese presentimiento de que mi hermano Bud me observa desde alguna parte. Quiero pensar, en mi corazón, que intenta encontrar un significado para su propia vida al observarme. Y por eso, pretendo ser el más noble de los Dioses Guerreros, y demostrarle a mi hermano Bud que el camino de Hlin es el correcto. Enmendaré todos mis errores, enmendaré todos mis males, y de paso enmendaré los de mi hermano. Tal vez entonces, él se presente a sí mismo frente a mí -finalizó, y Mu colocó su mano sobre su Ropaje Sagrado.

-Cuando eso pase, el indulto real de Saori se aplicará a tu hermano también, Syd -le dejó saber, mirando de reojo en una dirección, desde donde Mu fue capaz de ver a Bud, oculto en las sombras, antes de desvanecerse usando alguna magia inquietante-. Sé que tu hermano te observa, y que tienes razón -finalizó, y entonces notó a otra figura entre los escombros, que corría lejos del grupo-. Algunos hacen un mejor trabajo ocultándose que otros por lo que veo -declaró Mu, vio de reojo a Aioria, y cuando Aioria notó a la figura que se escapaba, emprendió la marcha, apareciendo frente al niño en capucha café que corría de entre los escombros.

-¿Por qué la prisa? -agregó Aioria con arrogancia, sobresaltando al niño- Si corres así, uno pensaría que tienes mucho que ocultar -le sonrió Aioria, y para su sorpresa, el niño extendió su mano, desfragmentado el cuerpo de Aioria, sobresaltando a Mu, quien en ese momento desapareció frente a Syd, llegó ante Aioria, e interrumpió la desmaterialización que el niño comenzaba, restaurando el cuerpo de Aioria.

-¿Cómo? -se preguntó el niño, a quien Mu tomó del cuello, mientras Aioria respiraba pesadamente al sentir que su cuerpo se había reformado, mientras Mu suspendía al niño de cabellera anaranjada del cuello de su capucha.

-No me importa tu edad… por poco desfragmentas a uno de mis mejores amigos, y eso, me molesta mucho -lo forzó Mu a mirarlo fijamente, mientras el niño se ponía nervioso por su presencia-. Habla ahora. ¿Quién eres? ¿Por qué nos atacaste? -le preguntó.

-No iba a hacerle daño, iba a materializarlo en otra parte, lo juro -exclamó el niño, temblando de miedo, y Mu comenzó a tranquilizarse, e inclusive, lo dejó en el suelo, aunque no le soltó la túnica-. Mi nombre es Kiki, vengo de Svartálfaheim… buscaba a los Dioses Guerreros Dorados, quería seguirlos hasta el Santuario de Hlingard, pero no pretendía hacerles daño, si no hubieras interrumpido mi ataque, él estaría arriba del techo de esa casa -apuntó Kiki.

-Tranquilo… Mu… -lo calmó Aioria, y Mu lo miró con preocupación-. Ya me había dado cuenta del ataque, y lo estaba contrarrestando. Pero cuando te involucraste, me reconstruiste demasiado rápido que me dejaste sin aire -le explicó.

-Tú tuviste la culpa por dejar que un niño te hiciera bajar la guardia -le recriminó Mu, mientras Syd y los soldados rasos rodeaban a Kiki y lo apuntaban con sus armas-. ¿Orejas puntiagudas? ¿Eres un Elfo? -preguntó.

-Mitad Elfo, mitad Dvergr. Así como usted es mitad Elfo y mitad humano -declaró, lo que sobresaltó a Mu, quien soltó a Kiki en ese momento-. Usted… no lo sabía, ¿verdad? -se apenó Kiki, y Mu lo miró con determinación-. La sangre de Elfo es muy fuerte… provoca en el cuerpo alteraciones muy significativas en algunos casos, como, por ejemplo, los lunares sobre las cejas -apuntó, y Mu se tocó los mismos-. Solo los Elfos de la Luz, los Ljósálfar, tienen esos lunares. Por eso puedo saber que es mitad Ljósálfar, su color de cabello es la otra razón. Fuera de eso, no tiene otros atributos diferentes de los de un humano ordinario, en cambio yo, tengo mis orejas puntiagudas. Solo los que tienen sangre de Elfo pura las tienen, pero eso no significa que no soy una cruza. Mi madre era una Ljósálfar, pero mi padre era otro tipo de Elfo, un Elfo Oscuro, un Dvergr -terminó con su explicación.

-¿Entonces soy mitad Elfo, y mitad humano? -preguntó, y Kiki asintió en ese momento- Siempre pensé que… yo tenía alguna relación con los Enanos… estaba convencido de ello… esta revelación… es dolorosa y deprimente… -se estremeció Mu, y Aioria colocó su mano sobre su hombrera, tranquilizándolo, pero Mu no tardó en recuperar su temple-. No importa… -declaró, y miró a Kiki fijamente-. De forma que, eres el que dice que viene de Svartálfaheim. ¿Qué deseas en Midgard? ¿Por qué necesitas de los Dioses Guerreros Dorados? -le preguntó.

-Necesito de su ayuda, porque no solo Svartálfaheim está en problemas, sino que Midgard podría dejar de existir en cualquier momento si no hacemos algo -les explicó, y ante la revelación, tanto Mu como Aioria y Syd, se dispusieron a escuchar la historia de Kiki.

Hlingard. El Pony Legendario.

-¡Paguen perdedores! -resonaba la voz de Mephisto, quien no vestía su Ropaje Sagrado en esos momentos, y en su lugar se encontraba bebiendo y jugando cartas con varios ebrios, quienes muy molestos, miraban a Mephisto con desprecio- Trio de aces y par de reinas, nada mal, ¿no lo creen? ¿Pensaban que estaba blofeando? Paguen ya, o el grandulón los va a lastimar -apuntó Mephisto con orgullo, a un hombre moreno y fornido a sus espaldas, quien no decía mucho, y solo miraba a los que jugaban póker, que pagaron a Mephisto, y se retiraron haciendo una rabieta-. ¡Alégrate, Aldebarán! ¡Tomate una cerveza! ¡Yo invito! -le pidió Mephisto que se sentara.

-Somos Dioses Guerreros, Mephisto. No deberíamos estar bebiendo y jugando cartas. Y no vine a que me utilizaras de ahuyenta perdedores -le recordó, mientras Mephisto contaba sus ganancias-. ¿Para qué necesita un Dios Guerrero Dorado el dinero de todas formas? Todos nuestros gastos los paga la corona -le recordó.

-La corona no me da dinero para ciertos gastos. No incluye alcohol, y no incluye otras aportaciones. Tranquilízate grandote, no le estoy dando mal uso a este dinero -le explicó, pero Aldebarán se cruzó de brazos, incrédulo-. ¿Tan poco de fiar soy? Relájate un poco, no necesito a un guardaespaldas del Santuario cuidando que no me gaste este dinero en cosas que pongan en riesgo la integridad del mismo -hizo una mueca en la última parte, y Aldebarán resopló-. Que desconfiado eres, ¡Hagen! -gritó Mephisto, mientras Hagen tomaba ordenes en una mesa cercana- Dile al tarado de Aldebarán que no uso el dinero que gano para una mala vida -le pidió, mientras Hagen suspiraba en señal de molestia.

-Tranquilo, Alde -prosiguió Hagen-. Solo se embriaga. No hace nada más que eso. La integridad del Santuario está a salvo. No tienes que cuidarlo todo el tiempo -le explicó Hagen, y Mephisto miró a Aldebarán con una sonrisa, aunque Aldebarán tenía sus reservas-. Si le fueras sincero a Aldebarán con lo que haces con la otra mitad, seguro y te dejaría en paz -declaró, incinerando la curiosidad de Aldebarán, y horrorizando a Mephisto.

-Entonces haces otras cosas además de beber… -declaró Aldebarán, mirando a Mephisto fijamente, e incluso tomándolo del cuello de su camisa-. Mephisto… dime qué haces con la otra mitad de tus ganancias, o te voy a machacar -amenazó Aldebarán, mientras Mephisto se estremecía de miedo.

-Compro flores… -declaró, y Aldebarán alzó una ceja en señal de incredulidad, y Hagen se tapó la boca intentando no reírse-. ¡Mira que tú me metiste en este embrollo! ¡Pony idiota! -se quejó Mephisto sonoramente.

-Mejor te comportas, Mephisto, que tu proveedora predilecta está cruzando la puerta -explicó Hagen, retirándose a la cocina, y mientras Flare, la ayudante de Hagen, se dirigía a la puerta, e invitaba a una joven de cabellera castaña amarrada en una coleta corta, a entrar en el establecimiento.

-Bienvenida, Helena -agregó Flare, invitando a la pueblerina a pasar, y una vez estuvo adentro, los silbidos de los comensales no se hicieron esperar, apenando a Helena, quien llegaba con una canasta llena de flores de diversos colores.

-¡No le silben tan descaradamente, briagos! -se quejó Mephisto, y tras hacerlo, Helena le dirigió la mirada, apenándolo, y forzando a Mephisto a sentarse y a repartirle cartas a Aldebarán- ¡La apuesta empieza en 20 galds! -habló Mephisto nerviosamente.

-¿Cuándo te dije que quería jugar? -se quejó Aldebarán, pero Mephisto lo sentó a la fuerza, y le pidió con su mano levantar las cartas. Aldebarán resopló con fuerza, pero se decidió a ayudar a Mephisto.

-Muchas gracias por tu ayuda continua, Flare -reverenció Helena, y comenzó a caminar entre las mesas, ofreciendo sus flores en todo momento, aunque no había muchas personas que estuvieran interesadas en comprarle flores.

-¡Ah! ¡Volví a ganar! ¿Qué debería hacer con todo este dinero? ¡Tengo tanto que no tengo en qué gastarlo! ¡Supongo que no me queda alternativa, que comprar flores otra vez! -agregó Mephisto, mientras todos en la taberna se burlaban, y Aldebarán se sorprendía de lo que estaba ocurriendo- Oye, niña de las flores, me siento dadivoso otra vez. Dame el ramo más caro que tengas -le pidió.

-La mujer a la que le regala tantas flores debe ser una persona muy feliz, señor Mephisto -agregó Helena con entusiasmo, y Mephisto bajó la cabeza, entristecido, pero se forzó a sí mismo a sonreír, y le compró a Helena el ramo más grande que llevaba en su canasta. Una vez hecha la transacción, Helena miró a Aldebarán-. ¿Gusta comprar? -le preguntó.

-¿Eh? Ah, no. Yo no tengo a alguien especial… -intentó decir Aldebarán, pero Mephisto rápidamente le colocó los brazos alrededor de los hombros, preocupando a Aldebarán-. Algo me dice que no me va a gustar lo que está a punto de pasar -declaró Aldebarán.

-¡Ah, perdónalo, Helena! ¡Es solo que Aldebarán es extremadamente tímido! ¡Además gasta mucho en bebida y comida, no tiene dinero para comprar un ramo para su querida Shaina! -agregó Mephisto, sobresaltando a Aldebarán aún más, mientras Helena miraba a Aldebarán con pena- ¡Pero para eso está tu querido amigo Mephisto! ¡Quien tiene dinero de sobra en estos momentos! ¡Helena! ¡El segundo ramo más grande y caro por favor! ¡Todo sea por mi querido amigo Aldebarán! -declaró Mephisto con orgullo, mientras Aldebarán se sentía más y más apenado.

-Es usted muy dadivoso, señor Mephisto -agregó Helena, y le entregó el ramo a Aldebarán, quien nerviosamente lo aceptó-. Estoy segura de que a la señorita Shaina le gustaran mucho -agregó Helena con entusiasmo, y siguió intentando vender sus flores en la taberna.

-Qué curioso, Shaina llega precisamente hoy a Hlingard. ¿Me pregunto si cierto Dios Guerrero Dorado tendrá el valor suficiente de entregarle ese ramo de flores? -escucharon Aldebarán y Mephisto, sobresaltándose al ver a Milo, vistiendo orgulloso su Ropaje Sagrado Dorado, y acompañado de una sorprendida Saori, quien se encontraba boquiabierta- Espero, por su honor de caballería, que esas flores no hayan sido compradas con el tesoro de la corona -agregó Milo con molestia, mirando a Mephisto fijamente.

-¡Huskarl Milo! -se estremeció Mephisto, y Aldebarán compartió el mismo temor, mientras miraba el ramo de flores en su lado de la mesa- ¿De qué habla, Huskarl Milo? ¡Los Dioses Guerreros Dorados no vendrían a un lugar de mala muerte como este! ¡Seguro nos confunde con alguien más! -se estremeció Mephisto, antes de sentir el suelo temblar, y ver a Aldebarán arrodillado frente a Saori.

-He de suplicar el perdón por cualquier falta que haya cometido, Asynjur Hlin -declaró Aldebarán, y al escuchar el nombre, todos los presentes se sobresaltaron, y dirigieron sus miradas a Saori, quien se apenó en ese momento.

-Esta… es una visita social… por favor continúen con sus actividades -aclaró, mientras todos los presentes intentaban ocultar sus naipes y sus cervezas-. Milo, eres demasiado duro, ellos solo quieren divertirse -susurró Saori, buscando una mesa y saludando a Flare, quien llegó con el menú para ella.

-Los tendré bien vigilados, personas que se parecen a los Dioses Guerreros Dorados -agregó Milo con desprecio, y tanto Aldebarán como Mephisto asintieron un buen número de veces, y solo cuando Milo se retiró, Aldebarán miró a Mephisto con desprecio, mientras Milo se dirigía a la mesa de Saori en silencio, y se sorprendía de ver a Saori, que miraba a Flare con emoción, mientras tras haber recibido la orden de Saori, e intentar dirigirse a la cocina, se topaba con Hagen, con un ramo de flores blancas frente a él, mismo que le ofrecía a Flare, quien se ruborizaba por lo que estaba aconteciendo.

-Muchas gracias por tu arduo trabajo, Flare -sonrió Hagen, ligeramente apenado, mientras Flare intentaba ignorar los silbidos de los comensales, y tomaba el ramo de flores que le entregaba Hagen, sonriéndole en ese momento.

Milo entonces dirigió su atención a Saori, quien se miraba sumamente impaciente, y miraba de reojo a Milo, y tras notar su mirada, inútilmente desviaba la propia en dirección a su menú, intentando no demostrar impaciencia alguna, pero fallando rotundamente.

-Mi estimado Dios Guerrero Dorado -interrumpió Helena, sosteniendo una rosa blanca en dirección a Milo, enfureciendo a Mephisto, quien comenzó a hacer una rabieta silenciosa, mientras pensaba que Milo estaba haciendo algún movimiento en dirección a Helena, aunque a ojos de cualquier otro, era al revés-. No es por querer aprovecharme, ya he tenido muy buenas ventas el día de hoy. Pero… tal vez a la Asynjur Hlin le alegraría recibir una rosa, de quien se sabe es su querido Dios Guerrero Dorado -le susurró, y Milo miró de reojo a Saori, quien, notando la mirada de Milo, volvió a desviar la propia. Milo entonces lo pensó detenidamente, y Helena parpadeó un par de veces, curiosa-. Si no tiene dinero… puedo hacer una excepción -le mencionó en un susurro.

-No hay excepciones -declaró Milo, dándole la espalda a Helena, y dejándola allí con la rosa en su mano, mientras Saori sentía un hueco en su corazón por las acciones de Milo-. No me des esa mirada, estamos en público, y no seré el receptor de rumores algunos -le aseguró.

-Si no estuviéramos en público, ¿lo habrías hecho? -le preguntó Saori, pero Milo se mantuvo firme, no pretendía responder de forma alguna a las palabras de Saori- No… tu deber es muy importante para ti… -respondió ella, y Milo por vez primera bajó la guardia, intentó decir algo, pero sintió una fuerza de cosmos golpearle el pecho-. ¿Saga? -se preguntó Saori.

-Desde el Palacio de Hlingard -le respondió Milo, mirando a Aldebarán y a Mephisto directamente, quienes asintieron, y salieron del establecimiento. Hagen entonces miró a Milo, esperando instrucciones, y en ese momento Milo asintió, reverenciando en dirección a Flare, quien entristeció en ese momento.

-Debo… -comenzó Hagen, pero Flare movió su cabeza en negación, le sonrió, y permitió que Hagen se fuera. En todo momento, Saori observó las facciones de Flare, no estaba deprimida, sabía del deber de Hagen, y aun cuando la relación que tenían no estaba del todo clara, al menos Saori sabía que Hagen y Flare compartían una relación de confianza mutua.

Palacio de Hlingard. Sala del Consejo de Guerra.

-¿Flores? -preguntó Shaina, mientras Aldebarán, apenado y vistiendo su Ropaje Sagrado, le entregaba un ramo de flores. Mephisto, que llegaba junto a él, ya vistiendo su Ropaje Sagrado también, entró en la Sala del Consejo de Guerra dándole muy poca importancia a la situación, Milo y Saori por su parte, esperaron momentáneamente, la diosa sonriente, el Dios Guerrero Dorado recriminando a Aldebarán con la mirada, ambos entrando cuando Saori le tiró de la capa a Milo para permitir a Aldebarán hablar con Shaina- Esto… no es algo que esperara. Aldebarán, soy una guerrera, no puedo simplemente aceptar flores así como… -intentó decir, pero tras ver la cara de depresión de Aldebarán, Shaina suspiró apenada-. ¿Sabes qué? Si alguien me dice cualquier cosa, le rebanaré la garganta. Muchas gracias -le sonrió, y Aldebarán se alegró en ese momento, y entró a la Sala del Consejo de Guerra.

-¡Jarl Svend! -gritó Saori, corriendo en dirección a Jarl Svend y dándole un fuerte abrazo. Saga estaba a su lado, así como sus escoltas, quienes eran los Guerreros Vikingos que eran sus hijos, además de algunos otros. Los Dioses Guerreros Dorados fueron llegando de poco en poco, al igual que los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, y los representados por la Osa Menor. Lyfia, Hilda y Pandora habían bajado también de las 12 Moradas de los Dioses, y el extenso grupo comenzó a acomodarse para la audiencia- Saga, agradezco que hayas convocado a una reunión para recibir a Jarl Svend, pero creo que exageraste un poco, ni siquiera pude probar el Juilskinka de Hagen -susurró para evitar que Hilda la escuchara.

-Con el debido respeto que se merece Jarl Svend, no he convocado a esta reunión en su nombre -le explicó Saga, lo que confundió a Saori, mientras Mu llegaba, y presentaba a Kiki ante ella, y Saori se agachaba para verlo mejor.

-¿Un niño? -preguntó Saori con curiosidad, y entonces notó las orejas puntiagudas de Kiki, y se sorprendió- ¡Un Elfo! -corrigió, y Kiki se sintió un poco intimidado, pero gracias a que Saori recuperó la compostura a tiempo, se logró relajar un poco mejor- Comencemos con la audiencia entonces si no les molesta -prosiguió Saori.

En la reconstruida Sala del Consejo de Guerra, se había mandado construir una hoguera que iba desde el templete en el cual se encontraban los tronos de la Asynjur Hlin y del Sumo Sacerdote, hasta la extensión de una mesa larga para 12 personas, ya que a cada extremo de la hoguera, se habían acomodado un par de mesas, la primera donde se sentaban los Dioses Guerreros Dorados, la segunda, una mesa compartida entre Dioses Guerreros de la Osa Mayor y la Osa menor, los Guerreros Vikingos se sentaban en una tercera mesa, de manera que desde las 3 mesas compartidas, se lograra ver perfectamente a los tronos de la Asynjur Hlin y de la Sumo Sacerdote. Lyfia fungía como la Administradora, siempre de pie al lado del trono de Hilda, y tomando nota de todo lo que se hablaba. Pandora, como la Gidja, debía permanecer al lado del trono de Saori, también de pie. Kiki se encontraba frente a los tronos, debajo del templete, lo que permitía a Jarl Svend, quien en esos momentos fungía como el guardaespaldas de Saori, el intervenir de ser necesario.

-Entiendo que todo esto sea parte del protocolo, pero me incomoda bastante tener a un Jarl como Thane -declaró Saori en un susurro, pero el Jarl simplemente movió su cabeza en negación y le sonrió-. Joven Elfo. ¿Cuál es la razón por la que se ha solicitado esta audiencia? Estamos en medio de la celebración del Yuletide, no se supone que se deban otorgar audiencias -le explicó.

-En realidad soy un Alfvergr, mi señorita -inició Kiki, y Saori hizo una mueca intentando recordar el termino-. Una cruza de un Dvergr y un Ljósálfar -se apresuró a decir Kiki en cuanto notó que Saori seguía confundida, notando para su descontento, que Saori pareció confundirse aún más-. Una cruza de un Enano con un Elfo de la Luz -prosiguió con palabras más sencillas de entender.

-Oh, yo sabía eso -se apenó Saori, e Hilda le dirigió una mirada de incredulidad, pero Saori la ignoró, y prosiguió con la audiencia-. ¿Y qué es lo que un… Alf… beggar… requiere de nosotros…? -preguntó Saori sin poder pronunciar bien.

-¿Me acaba de llamar Elfo indigente? -se preguntó a sí mismo Kiki, pero dándole muy poca importancia, prosiguió- Mi nombre es Kiki, su majestad. Represento a los Dvergr del Svartálfaheim, una de las 3 razas de Elfos que existen en Yggdrasil, y vengo a pedir su ayuda… -agregó, notando que Saori se encontraba un poco perdida.

-Me temo, joven Alfvergr, que cierta diosa no ha puesto la suficiente atención en sus clases -declaró Hilda, reprendiendo a Saori en medio de la audiencia-. Y al mismo tiempo, me temo que no todos los presentes poseen conocimiento sobre los Dvergr. Algunas cosas incluso son desconocidas para mí. Hay que recordar que los Dvergr no han aparecido en Midgard desde la Segunda Era, así que voy a tener que pedirle que sea más informativo -le pidió Hilda.

-Los Dvergr han frecuentado Midgard independientemente de si son pocos los que nos han visto, mi respetable Sumo Sacerdotisa, pero trataré de ser lo más explicativo posible -reverenció Kiki, y entonces se dirigió a Saori nuevamente-. Existen 3 razas de Elfos, Asynjur Hlin. Están los Elfos de la Luz que viven en el Alfheim, a quienes nosotros llamamos los Ljósálfar. Y están las otras 2 razas que habitan en el Svartálfaheim, ambas conocidas como los Elfos Oscuros por los humanos, pero que, tras miles de años de evolución, se han dividido en 2 razas, los Dvergr, y los Døkkálfar -les explicó Kiki, y en ese momento, Alberich se puso de pie, emocionado.

-¡Imposible! ¡Eso significa que Snori tuvo razón todo este tiempo! -agregó Alberich emocionado, ganándose las miradas de sorpresa de todos los presentes, y al notarlas, Alberich volvió a sentarse- No me presten atención -declaró Alberich, mirando a Fenril fijamente-. Pero si lo que este niño dice es cierto, puede que todo cambie para ti, Fenril -agregó Alberich, y Fenril asintió con ciertas muecas de dolor. Kiki entonces miró a Saori, quien lo invitó a continuar con un movimiento de su cabeza.

-Como le decía, Asynjur Hlin, los Dvergr y los Døkkálfar son 2 especies que evolucionaron del mismo ancestro en común, que en nuestra lengua se pronuncia Svartálfar -prosiguió Kiki, notando que Alberich tomaba nota de todo lo que estaba escuchando-. Pero a principios de la Segunda Era, los Svartálfar se separaron en 2 razas diferentes. Primero están los Dvergr, a quienes yo represento, son lo que los humanos conocen como los Enanos. Una raza que se entrenó en el arte de la metalúrgica, que posee artilugios y tecnología superior a cualquiera que exista en los 9 Mundos, y quienes, por su proeza militar, edificaron los 3 reinos de los Dvergr: Nidavellir, Myrkálfar y Sindr -agregó Kiki con orgullo, y el nombre de la capital de los reinos de los Dvergr, llamó la atención de Mu-. En Svartálfaheim reinan diferentes dioses, los más prominentes de todos son los Dioses Cardinales: Nodri, Sudri, Austri y Vestri -prosiguió Kiki, explicando un poco de la religión de los Dvergr-. Al haber 4 Dioses Dvergr, siempre se ha deseado que Existan 4 Reinos Dvergr. Sin embargo, cuando la raza de los Svartálfar se dividió, además de los Dvergr nacieron los Døkkálfar, una raza más parecida a los Ljósálfar, más altos que los humanos inclusive, pero no tanto como para considerarlos Jotnar. Los Døkkálfar son esqueléticos también, no poseen mucha fortaleza física o militar, pero poseen un control del cosmos superior al de los Dvergr, manipulan la magia, inclusive la más oscura, y con su fortaleza de cosmos, se hicieron con el control del Oeste, donde los Døkkálfar construyeron la ciudad de Døkkálfarheim -les explicó Kiki, y aunque Saori no comprendía mucho de los términos, Kiki se decidió a continuar-. Por miles de años, los Dvergr y los Døkkálfar han estado en guerra, principalmente por sus diferencias religiosas. Los Dvergr admiten a sus propios dioses, a los 4 Dioses Cardinales. Los Døkkálfar no creen en estos dioses, creen que ellos mismos son dioses, y que el padre de toda su raza es Frey, quien los castigó para existir siempre bajo tierra y lo más lejos posible de la luz de la Asynjur Sól. Los Døkkálfar poseen un poder tremendo, pero no son dioses. Sin embargo, no temen utilizar a otros dioses para cumplir con sus cometidos, y por ello buscan el poder de los Dioses Cardinales -prosiguió Kiki, notando entonces que Saori se frotaba su frente-. ¿Demasiada información? -se apenó Kiki.

-Mucha, y en muy poco tiempo, pero confío en que Alberich me lo resumirá después -se quejó un poco Saori, pero intentó concentrarse-. No creo poder pronunciar correctamente los términos que has utilizado, no aún al menos, pero alcanzo a entender que el conflicto entre los Elfos del Oeste, y los Elfos de los otros 3 Puntos Cardinales, es un conflicto religioso -Kiki se limitó a asentir a sus palabras-. No sé cómo funcionan los dioses de los Enanos… o Elfos… o lo que sean, pero los dioses de los humanos no exigen tributo alguno. ¿Qué me dices de sus dioses? -le preguntó Saori con curiosidad.

-Nuestros dioses jamás hacen nada por nosotros -respondió Kiki, y aquello sorprendió a Saori-. Los Dioses Cardinales, existen solo para mantener el cielo sobre los hombres. No pueden hacer más que eso, y es deber de los Dvergr el mantenerlos protegidos. Fuera de los Dioses Cardinales, los Dvergr no creemos en otros dioses, no porque neguemos su existencia, sino porque… bueno… solo digamos que los Dvergr insultaron a la diosa equivocada, y por ello no pueden salir a Midgard tranquilamente -le explicó Kiki, y Saori tuvo una idea del insulto de los Enanos a los dioses que se veneraban en Midgard-. Los Dvergr han trabajado para los dioses antes, pero no les rinden tributo. Se podría decir que los Dvergr no ven a los dioses como dioses, sino como una especie muy avanzada en términos de cosmos y magia. Los Døkkálfar por otra parte, ellos sí creen en los dioses, y piensan que el poder de los dioses puede arrebatarse, para crear a sus propios dioses. Ellos desean el poder de los Dioses Cardinales, y con este crear a 4 Dioses Oscuros para ellos. Pero los Ropajes Divinos de los Dioses Cardinales, solo se liberarán cuando exista un rey de la misma raza en cada uno de los reinos. Por ello se inició la Guerra Oscura, la guerra entre los 2 clanes de Elfos Oscuros. Los Dvergr quieren conquistar Døkkálfarheim para sentar a un Dvergr en el trono del Oeste, liberar a los Ropajes Divinos, y que, con sus poderes, se transforme a la tierra de Svartálfaheim en una tierra más habitable para nuestra especie. Los Døkkálfar quieren conquistar los reinos del Este, del Norte y del Sur, y sentar a 3 Reyes Døkkálfar, para hacerse de los Ropajes Divinos y crear a sus propios dioses. Y se han hecho de magias muy poderosas, y de alianzas con los Bergtrols, los Troles de las Montañas que habitan en Svartálfaheim, para lograr su cometido. Y por fin lo están logrando. Hace 3 meses, hubieran conquistado a la Ciudad del Sur, a Nidavellir, si no fuera por los Dioses Guerreros Dorados -agregó Kiki, apuntando a Mu.

-Debes estar equivocado, Kiki -agregó Hilda, mientras meditaba todo lo que acababan de escuchar-. Los Dioses Guerreros Dorados jamás han estado en Svartálfaheim, además de que libraban su propia guerra, la Guerra de Midgard, hace 3 meses. Los Dioses Guerreros Dorados jamás han apoyado en la Guerra Oscura -finalizó.

-No directamente al menos -enunció Kiki, y la atención volvió a posarse en él-. Hace 3 meses, el Rey Mótsognir lideró la carga por el Puente de Oro de Nidavellir, sabiendo que si los Bergtrol entraban a Nidavellir todo habría terminado. Nos superaban en número, los Bergtrol son salvajes y peligrosos, pero entonces lo escuchamos, el grito de la Exclamación de Hlin, y la luz de la Asynjur Sól haciéndose presente en Svartálfaheim. Aquella luz, convirtió a los ejércitos invasores en piedra, ya que los Døkkálfar y los Trol de cualquier tipo, no pueden ser tocados por la luz del sol, o se petrificarían. Fue entonces que supimos que los Dioses Guerreros Dorados tenían el poder de terminar con la Guerra Oscura, y como yo no soy un Dvergr, y por ello, no soy castigado por los dioses al pisar Midgard, fui enviado a solicitar la ayuda de la Asynjur Hlin. Si lleva el Brillo de Sól a Svartálfaheim, petrificaríamos a nuestros enemigos, y pondríamos fin a milenios de guerra -declaró Kiki con entusiasmo.

-Pedirme desatar un genocidio es lo que pretendes -fue la respuesta de Saori, misma que preocupó a Kiki-. Ya comprendo la razón por la que has venido a buscar nuestro apoyo, y como Diosa de la Esperanza y de la Paz que soy, he de meditar al respecto, Kiki. Mi dominio es a con Midgard, en Svartálfaheim no se reconoce a los dioses de los humanos. Dime entonces, ¿qué ganamos con ayudarles en su guerra? ¿Cómo sabemos que son el bando que tiene los intereses de justicia? Los Dioses Guerreros Dorados, no son instrumentos para definir el curso de las guerras, son los representantes de la Esperanza y la Paz en los 9 Mundos. La paz puede venir por la vía pacífica, o la belicosa. ¿Qué paz es la que buscas? -preguntó con determinación.

-¿Qué paz es la que busco? -se preguntó Kiki, sabiendo que su respuesta era muy importante- Yo… no tengo ni la jerarquía, ni la sabiduría suficiente para definir eso -respondió Kiki, lo que sorprendió a Saori-. No soy siquiera un Dvergr, soy tan solo una cruza. Decidir el tipo de guerra que deseo, no sería la voz de mi pueblo, sería mi propia voz. Si hace la pregunta directamente a mí, Asynjur Hlin, tengo que decirle que no creo que exista una solución pacífica para una guerra que se ha extendido por 2 Eras. Pero lo preferiría si fuera posible. Los Døkkálfar, siguen siendo Elfos Oscuros, tienen el mismo derecho que nosotros de luchar por Svartálfaheim. No existe odio en nuestro conflicto, somos razas con intereses distintos y que comprendemos que los intereses de uno no pueden existir junto a los intereses del otro. Alguien debe de prevalecer, por ello no creo que pueda existir la paz al menos que uno ceda. Pero los Dvergr no abandonarán a sus dioses, y por ello, los Døkkálfar nos seguirán atacando -finalizó.

-Una repuesta de neutralidad… -dedujo Saori, y Kiki reverenció-. He escuchado tu solicitud, Alfvergr Kiki, y he de meditar con mis consejeros al respecto. He de pedirte que salgas de la Sala del Consejo de Guerra, y nos permitas deliberar -le pidió Saori, y Lyfia se acercó a Kiki, pidiéndole que la siguiera, y así fue escoltado hasta la salida. Una vez cerrada las puertas dobles, y una vez que Lyfia regresó a su puesto, Saori se dirigió a sus hombres-. Tengo sentimientos encontrados sobre todo lo que he escuchado. Por una parte, siento que mi deber como Asynjur de la Esperanza y de la Paz, solo debería de englobar a Midgard. Pero si eso fuera cierto, los 12 Dioses Guerreros Dorados, quienes se dicen, pueden existir en los 9 Mundos, no servirían a mi causa. Pienso también en los Dioses Guerreros de la Osa Mayor y de la Osa Menor, quienes no tienen una obligación a conmigo, pero quienes me han servido por sus propias convicciones, y en los Guerreros Vikingos que son los verdaderos protectores de Midgard, y quienes deberían levantarse en mi contra si he de fallar en mi liderazgo. En resumen, todo lo que soy, todo lo que he logrado, se ha realizado gracias a la alianza, y a la confianza de los presentes. No tomaré una decisión sin ponerla en consenso, y es por esto, que voy a pedirles a los representantes de cada ejército, que expongan su opinión en este consejo. Habrá un consenso entre cada grupo, y escucharé a un representante de cada uno, que dé la respuesta colectiva. Después escucharé a mis consejeros, y, por último, a Jarl Svend, quien ante mí tiene un poder de decisión muy importante, ya que no me sentaría en este trono de no ser por su apoyo. Una vez expuestas las razones, tomaré mi decisión -finalizó, y los diferentes grupos de guerreros comenzaron a deliberar.

La deliberación tomó bastante tiempo, cada uno de los guerreros tenía opiniones encontradas, algunos pensaban que la responsabilidad de Hlin era a con Midgard, no a con los otros reinos. Otros, decían que los Guardianes de Yggdrasil debían ofrecer su apoyo a cualquier mundo que lo pidiera. Otros, decían que no se podía confiar en una raza de la que muy poco se sabía. Otros pensaban que por esa misma razón debían indagar al respecto. El último tema a discusión era la problemática actual. Si Midgard no estaba en paz, ¿cómo auxiliar a otros mundos en la búsqueda de la paz? Terminada las deliberaciones, el primero en tener la palabra fue Harald, como representante de los Guerreros Vikingos.

-Mi señora -reverenció Harald, y Saori asintió a sus palabras-. En vista de la precaria situación de Midgard, ante la guerra, y ante el cambio de gobiernos. Los Guerreros Vikingos concluimos que no sería recomendable el movilizar a una fuerza militar en dirección a Svartálfaheim. Si las condiciones fueran más propicias, podríamos brindar nuestro apoyo, pero quienes la necesitan realmente en estos momentos, son los hombres de Midgard -declaró Harald, y Saori asintió, mirando entonces en dirección a Frodi.

-Con su permiso -reverenció Frodi, como representante de los Dioses Guerreros de la Osa Menor-. Durante la Guerra de Midgard, los Dioses Guerreros de la Osa Menor estuvimos en el bando equivocado de la batalla. Ocasionamos muchos problemas, herimos a mucha gente. Es por esta razón, que la conclusión de los Dioses Guerreros de la Osa Menor es la de abstenernos de dar nuestra opinión, y seguir incondicionalmente cualquier plan de acción que se nos exija seguir -comentó Frodi, sorprendiendo a los presentes-. En estos momentos tenemos una deuda de honor, y hasta no ver esa deuda saldada, nos entregaremos a cualquier instrucción de la Asynjur Hlin a quien debemos nuestras vidas por el indulto real que hemos recibido -finalizó.

-No aplaudo su decisión, Dioses Guerreros de la Osa Menor -se puso de pie Alberich, mirando a Frodi con molestia-. Deberían ser capaces de elegir por ustedes mismos, y aceptar las consecuencias de sus actos, pero en estos momentos, su neutralidad me beneficia -prosiguió Alberich, dirigiéndose a Saori-. Los Dioses Guerreros de la Osa Mayor, hemos consentido en que brindar apoyo a los reinos de Svartálfaheim, podría brindar grandes recursos a nuestra causa. Los Ropajes Sagrados de nuestros ejércitos, han sido dañados y no tienen reparación -le recordó Alberich, y Saori lo pensó con detenimiento-. Grandes héroes de nuestras filas, podrían morir en cualquier momento sin el conocimiento de los Dvergr -señaló Alberich a Fenril, quien sudaba frio en todo momento-. Además, la riqueza en conocimientos, materiales, y alianzas que podríamos obtener, serían invaluables para próximas guerras. Un reino necesita aliados, y en las Guerras de los 9 Mundos, las alianzas dan ventaja numérica. Concluimos por estas razones, que involucrarnos en la Guerra Oscura, podría sernos benéfico. No obstante, preferimos un acercamiento de cuidado. ¿Cómo sabemos que los Dvergr son de confiar? ¿Cómo sabemos que los Døkkálfar son realmente los malos? Recomendamos el acercamiento de neutralidad, y que se tome una decisión, tras tener las evidencias pertinentes -declaró, y Saori asintió, sabiendo que Alberich siempre tenía todas las piezas en consideración.

-Los Dioses Guerreros Dorados, concordamos con la mayoría de lo expuesto -declaró Milo, y Saori lo miró fijamente-. La responsabilidad de los Dioses Guerreros Dorados, no termina en Midgard. No hay barreras para nuestra intervención -agregó, y Saori asintió al respecto-. Sin embargo, no concordamos en que todas las fuerzas se movilicen en una sola dirección. La Guerra Oscura, ha durado ya 2 Eras. No podemos involucrar a todos los ejércitos de los hombres en un conflicto que bien podría ser inútil. Tampoco debemos decidir en otras razas, por ello recomendamos la subordinación ya sea a los Dvergr, o a los Døkkálfar -declaró Milo, sorprendiendo a los presentes-. Brindar fuerza militar, eso podemos hacerlo, ese es el deber de los Dioses Guerreros Dorados. Ningún otro ejército, puede participar en esta decisión. Los Dioses Guerreros Dorados, no velamos por un mundo, velamos por los 9 Mundos, pero no dictaminaremos ni resolveremos los conflictos de los demás. Nos subordinaremos a quien la Asynjur Hlin considere pertinente, defenderemos a los reyes que nos pidan defender, lideraremos la causa que nos pidan liderar, pero siempre, con el interés de la Esperanza y de la Paz de por medio, no nos interesan las alianzas, y pese a que deseamos poseer las mejores armas para la defensa de la Asynjur Hlin, y sanar las heridas de nuestros camaradas, no es esa nuestra función. Nuestra función, es someternos en honor a la Esperanza y a la Paz. Lucharemos contra quien se deba luchar, y sacrificaremos nuestras vidas, nuestros intereses, y nuestros designios de ser necesarios. Porque como Dioses Guerreros Dorados… nuestras vidas, no nos pertenecen… -lo último lo dirigió a Saori, quien se sintió en extremo incomoda por la respuesta, pero decidió no evidenciarse, y proseguir.

-A nadie le sirven todos muertos, Milo -respondió Hilda, la siguiente en dar su opinión-. Pese a la ideología destructiva de los Dioses Guerreros Dorados, que no comparto he de agregar, la subordinación de los Dioses Guerreros Dorados no puede negarse. Ellos son los guardianes no solo de Midgard, sino de Yggdrasil, y por ello es responsabilidad de la Asynjur Hlin el liderarlos apropiadamente -miró fijamente Hilda a Saori, quien se sintió intimidada-. No podemos abandonar Midgard por nuestra responsabilidad como raza, eso me queda claro. La ventaja de auxiliar a una nación en peligro, también me queda muy claro. La subordinación dorada, también es innegable. Mi única opinión en todo esto es entonces, que sea cual sea la decisión, si es quedarnos de brazos cruzados, o ir a Svartálfaheim, toda decisión, debe ser liderada por la Asynjur Hlin, esa es su responsabilidad. La Asynjur Hlin deberá estar presente, donde se le sea necesario -finalizó Hilda entonces, y Saori miró a Lyfia.

-¿Eh? ¿Yo también? -se preocupó Lyfia, pero comenzó rápidamente a pensar en lo que sería mejor- Mientras goberné Hlingard… recuerdo que solo importaba el reino. Yo no salía para nada, todo lo hacían mis Dioses Guerreros… eso me cegó en el gobierno, haya tenido la mente controlada o no… por ello pienso igual que Hilda. Si se decide por apoyar a Svartálfaheim, Saori debe estar presente, para poder comprender la realidad total de la Guerra Oscura -agregó.

-La Guerra Oscura es real, el conflicto es real, todo lo que dijo Kiki es real -prosiguió Pandora, sabiendo que era su turno-. En todo caso, el conflicto de la Guerra Oscura terminará por afectar a Midgard, nos involucremos en la Guerra Oscura o no. Eso lo digo como una Gidja -declaró Pandora, lo que llamó bastante la atención de Saori-. Aún si te quedas de brazos cruzados, la Guerra Oscura nos alcanzará. Intervenir ahora o intervenir después, no hace diferencia para mí. Pero para la Protectora de los Hombres, es importante. No puedo darte una respuesta militar, no puedo darte una respuesta estratégica de ningún tipo. Muchos van a morir… pero pueden morir humanos, o puede morir Elfos. En todo caso, me es indistinto, yo solo cumplo el deber de una Gidja -declaró Pandora.

-Lo que me deja en extremo perturbada -confesó Saori, sabiendo que Pandora era un enigma, ya que a Pandora le interesaba únicamente su deber como una Gidja, y poco eran importantes para ella las decisiones políticas-. Solo me queda un último consejo que escuchar -declaró Saori, mirando a su Thane, Jarl Svend Ulfson-. Espero su consejo, mi Thane -finalizó.

-Umm… hace 3 años, recuerdo una situación similar -comenzó Jarl Svend, y Saori supo inmediatamente de lo que estaba hablando-. Llegó a mí una niña, que decía ser una diosa. Además, decía ser la hija de un Jarl de un reino con el que ya llevaba 5 años en guerra -prosiguió, y Saori asintió, mientras miraba a sus pies colgados del trono que le quedaba grande, muy grande-. Solo venía acompañada de un puñado de… ¿cómo lo definimos en corte en ese entonces? Soñadores. Un grupo de gente, que seguía ciegamente a una niña, por la promesa de un reino, que no sabían si era posible o no, luchando por una diosa que no sabían si era real o no, por una causa que no sabían si era justa o no. Y cayó en mis hombros la responsabilidad de decidir entre, ayudar a esa niña, o decapitarla en ese momento -aclaró Jarl Svend, y Saori se tomó del cuello en ese momento-. Yo creo que no importa realmente el mensaje, sino que importa el mensajero. Si el mensajero que está frente de mí, tiene el corazón puro, y el fuego y la determinación en sus ojos, es digno de ser escuchado, y es digno de brindarle mi apoyo. Sin embargo, un Jarl sabio, debe ser capaz de evaluar, y tomar la decisión más apropiada, pero esa solo llegará, en cuanto se tengan las pruebas enfrente. Es muy fácil esperar a que las pruebas lleguen a ti, en cuyo caso, quien quiera tu ayuda te entregará sus propias pruebas. Un Jarl sabio, solo puede saber la verdad, si la ve con sus propios ojos -finalizó, y Saori asintió a sus palabras.

-Y ver la verdad con mis propios ojos, es lo que voy a hacer -se puso de pie Saori, mirando a sus guerreros-. He escuchado todas sus propuestas, y creo tener una idea clara de las posturas de los presentes. Y es momento de que yo tome la decisión final. Hagan pasar al Alfvergr -pidió Saori, y rápidamente Lyfia recordó que ella era quien administraba la audiencia, escribió lo más rápido que pudo, y pretendió ir a abrirle la puerta a Kiki, pero Frodi se le adelantó, y lo dejó pasar-. Alfvergr Kiki… el consejo ha evaluado, y he llegado a una conclusión -prosiguió Saori, y Kiki asintió en ese momento, nervioso-. No puedo creer, en nada que no vea con mis propios ojos. Por esta razón, niego tu petición de auxilio -le comentó, por lo que Kiki se sintió tremendamente deprimido-. Sin embargo, he de solicitar en este momento de ti, escolta y pasaje seguro a Svartálfaheim, y audiencia con el Rey Dvergr de Nidavellir, Mótsognir… -pidió Saori, lo que llamó la atención de Kiki-. Viajaré personalmente a Nidavellir, y como muestra de buena fe, llevaré tesoros y alimentos a la capital de Svartálfaheim, así como a un grupo especial de guerreros, quienes se unirán en armas a la causa de Mótsognir una vez haya tenido comprobación visual de lo que me has comentado. En otras palabras, atenderé al llamado a audiencia, no así al llamado a las armas, esta es mi conclusión -finalizó Saori.

-Es más de lo que esperaba, Asynjur Hlin -reverenció Kiki, mostrando sus respetos ante Saori-. Para viajar a Svartálfaheim, requiero de preparar una entrada por 3 días. ¿Podría contar con su apoyo en ese tiempo? -preguntó Kiki curioso.

-Contarás con ese apoyo, en el tiempo en que lo solicitas -declaró Saori, y entonces se dirigió a Lyfia-. Administradora, este es mi decreto -comenzó, y Lyfia comenzó a anotar-. En vista de la necesidad, cederé el liderazgo de Hlingard a mi Thane, Jarl Svend Ulfson -declaró Saori, sobresaltando a Lyfia y a Hilda-. No hubiera conquistado Hlingard de no ser por el Jarl, y por la muestra de confianza que posó sobre mí. Yo he de pagar con la misma moneda. Hasta mi retorno, el trono de Hlingard le pertenece, mi Jarl -reverenció.

-Aceptaré con honor la responsabilidad, Asynjur Hlin, y como muestra de buena fe, le entregaré a 6 de mis Guerreros Vikingos para acompañarla en su viaje, 2 de Rango de Hierro, 2 de Rango de Bronce, 2 de Rango de Plata, entre los cuales incluiré a mi hijo Nicolás -declaró Jarl Svend, y Saori aceptó el apoyo del Jarl.

-Así será, Jarl Svend -contestó Saori-. Como muestra de buena fe, la mitad de los Dioses Guerreros de la Osa Menor y la Osa Mayor se quedarán en Hlingard a su mando. Tienen la instrucción de obedecer a Jarl Svend Ulfson, siempre que la instrucción que reciben de él sea avalada primero por alguno de los Dioses Guerreros Dorados que dejaré en Hlingard, ya que pretendo viajar solo con la mitad, y con los 12 Ropajes Sagrados para su reparación -declaró Saori, lo que no fue del agrado de los Dioses Guerreros Dorados-. He hablado. Si el Brillo de Sól en Midgard es lo que se requirió para interrumpir la Guerra Oscura en Svartálfaheim, entonces llevaré conmigo a quienes son capaces de desatar esa fuerza: Mu, Saga, Aioria, Milo, Shura y Camus. Ustedes que ya han renunciado a Asgard, serán quienes viajarán conmigo a Svartálfaheim -declaró Saori, y la audiencia terminó en ese momento.

Pueblo de Vígrídr. 24 de Diciembre de 4E 08.

-Veamos… -comenzó Alberich, revisando la contabilidad de lo que se llevaría para el viaje a Svartálfaheim, aunque medio distraído al ver a Kiki marcando con una pieza de carbón algunos símbolos rúnicos en el pasto alrededor de la granja de Aldebarán, que había sido abandonada tras su nombramiento como Dios Guerrero Dorado, y quien por solicitud de Saori, no iría con los demás al Svartálfaheim, e incluso había entregado su Ropaje Sagrado, al igual que la mitad de los Dioses Guerreros Dorados-. Los 9 carromatos tirados por bueyes de guerra ya se encuentran en posición. ¿La Gidja ha terminado con los sacrificios? -preguntó Alberich, notando el cómo Pandora terminaba de marcar a los bueyes de guerra con la sangre de un pariente sacrificado, como símbolo de protección, y que Pandora asentía en ese momento- Repulsivo el marcar a bueyes de guerra protegidos con la sangre de otros bueyes de guerra, pero, ¿quién soy yo para quejarme? -se estremeció Alberich.

-No te quejes, que bien pude haber pedido un sacrificio humano. El viaje entre mundos es muy peligroso después de todo -declaró Pandora, horrorizando a Alberich, y a Kiki, quien interrumpió su dibujo en el suelo, perturbado por lo que acababa de escuchar-. Sigue pintando, niño Elfo -ordenó Pandora.

-Después te explico lo de los sacrificios -le susurró Mu, mientras continuaba analizando y tomando nota de todo lo que escribía Kiki, quien continuó escribiendo las inscripciones-. Tengo que confesar que me siento desilusionado. No solo no soy un Dvergr sino que al parecer, no logré encontrar la entrada al Svartálfaheim en las ruinas de Brezal de Gnita -declaró Mu, y Kiki se impresionó-. Era el sueño de mi maestro, y no pude cumplirlo. Todo lo contrario, para llegar a Svartálfaheim se utiliza un hechizo de transportación -se molestó Mu.

-Este es un hechizo de transportación, pero no puede llevarnos a Svartálfaheim -le explicó Kiki, sorprendiendo a Mu-. Así que… el taller de las Grutas de Brezal de Gnita, era tuyo… -sonrió Kiki, y Mu se impresionó-. No encontrabas la puerta, porque estaba frente a tus ojos, solo que no la podías ver. Solo un Dvergr puede usar los artefactos de los Dvergr -le sonrió Kiki, y Mu no lo comprendió-. Descuida, lo comprenderás pronto -finalizó con su dibujo-. ¿Ya estamos listos? -preguntó Kiki.

-Me distraen tus coordenadas en el círculo -se quejó Alberich, y Mu notó, gracias a Alberich, que lo que Kiki había escrito en Elfico, eran unas coordenadas-. Solo falta tomar lista. Gidja Pandora, Sumo Sacerdote Hilda, Administradora Lyfia, Asynjur Hlin -enunció Alberich, buscando a los presentes-. Los más importantes ya están listos, ahora en rango. Guerreros Vikingos de Hierro: Jabu de Puppis Delta, Guerrero Vikingo de Unicornio, y Nachi de Puppis Ni, Guerrero Vikingo de Úlfr -buscó Alberich, encontrando a los mencionados-. Guerreros Vikingos de Bronce: Seiya de Carinae Eta, Guerrero Vikingo de Hofvarpnir y Björn de Carinae Tetha, Guerrero Vikingo de Fylgja -prosiguió, encontrando a los mencionados-. Guerreros Vikingos de Plata: Shaina de Velorum Ómicron, Guerrero Vikingo de Dronning, y Nicolás de Velorum Gamma, Guerrero Vikingo de Drakkar -finalizó con los Guerreros Vikingos-. Entre los de la Osa Menor, por lo reducido de la orden, vendrán todos los sobrevivientes, y entre los de la Osa Mayor, Fenril, Tholl, Syd y un servidor. Si incluimos a los 6 Dioses Guerreros Dorados que renunciaron a Argard, a los 6 Ropajes Sagrados vacíos, y a un médico, Shun, quien viene a cuidar de Fenril -finalizó Alberich, quien entonces notó a los 2 que le sobraban-. ¿Ellos también van? Conozco sus nombres, pero no sus Ropajes ni estrellas -preguntó a Dohko, quien sonreía detrás de Shiryu y de Ikki.

-Serán tu responsabilidad de ahora en adelante -empujó Dohko a Shiryu y a Ikki-. No tengo idea qué Ropaje Sagrado es el que visten, ni a qué estrella representan, ni de qué constelación. A ambos los encontré ya con estos Ropajes Sagrados, el de Shiryu parece un Dragón, el de Ikki un Ave de Fuego -les explicó.

-Wiglafdreik y Surt -mencionó Kiki, sorprendiendo tanto a Dohko como a Shaka-. Ambos son Ropajes Sagrados creados por los Dvergr Brokk y Sindri. He visto los diseños de los mismos en el taller, aunque es todo lo que sé -les explicó Kiki, y Alberich anotó los nombres.

-Shiryu de Wiglafdreik e Ikki de Surt -apuntó Alberich, terminando con sus anotaciones-. Si no hay nadie más que vaya a apuntarse, estamos listos, Kiki -declaró Alberich, y Kiki comenzó a frotarse las manos para empezar, pero pronto escuchó a Alberich aclarándose la garganta-. He dicho que estamos listos. ¡Aldebarán! -reprendió Alberich, mientras un apenado Aldebarán salía del circulo tras despedirse de Shaina.

-Bueno, si ya todos estamos listos -miró Kiki a los alrededores, notando al resto de los Dioses Guerreros y Guerreros Vikingos, a Jarl Svend, y al pueblo de Vígrídr, todos reunidos para despedir a los guerreros que llegarían a Svartálfaheim-. Los humanos son demasiado raros, solo es un pequeño viaje entre mundos. Listos o no, aquí vamos -prosiguió Kiki, frotando sus manos rápidamente, generando relámpagos entre las mismas, y azotando las manos sobre el círculo que había escrito, y tras haberlo hecho, un extraño sonido, como de una explosión de viento, se dejó escuchar, y de pronto todo se había tornado oscuro, y a medida que los ojos de los presentes se fue acostumbrando, se dieron cuenta de que estaban dentro de las Grutas de Brezal de Gnita, más específicamente hablando, en el Taller de Mu-. Te dije que la entrada al Svartálfaheim estaba frente a tus narices, Mu, solo no podías verla, porque solo un Dvergr puede accionar el mecanismo, o en mi caso, un Alfvergr -sonrió Kiki, dirigiéndose al pequeño lago en el cual Mime había enfrentado a Balder hace ya 3 años, y donde por mucho tiempo Mu y su maestro Shion vivieron, en búsqueda de la entrada al Svartálfaheim. De un brinco, Kiki llegó ante la única formación rocosa en el medio del lago, y con su cuchillo se cortó el antebrazo, y comenzó a verter su sangre sobre la misma, y una vez la sangre tocó la roca, se escuchó un extraño sonido, como de un pestillo inmenso abriéndose, tras escuchar aquello, Kiki se cubrió el antebrazo y saltó de regreso a tierra firme, mientras la roca se iluminaba por varias inscripciones rúnicas, y comenzaba a dar vueltas a gran velocidad, haciendo temblar la tierra, mientras las aguas se sacudían violentamente, con una extraña edificación saliendo del agua, una muy diferente a cualquiera que hubieran visto antes.

La edificación que se alzó del lago, era una inmensa estructura tallada como un cubo perfecto, de color negro, con gravados en la lengua de los Dvergr. Era tan simétrico, que a los presentes les dolía la vista tan solo de ver semejante material tan bellamente esculpido. Poseía un par de puertas inmensas de barrotes dorados como rejas, con la Rosa de los Vientos tallada a manera de friso sobre ellas. Las puertas comenzaron a abrirse por sí mismas, tiradas de unos extraños objetos atados a unas cadenas doradas, eran como estrellas, de muchos picos, y que enrollaban a la cadena mientras esta abría las puertas.

-¿Qué son esas cosas? Jamás había visto algo con semejante arquitectura -se impresionó Alberich, mientras el objeto en forma de estrella continuaba enrollando las cadenas, y abriendo las puertas en su totalidad, dejando ver una especie de estructura de oro con barrotes, que formaba 3 paredes y un techo del mismo material, mientras el piso era una placa de oro sólida, con algunos clavos muy diferentes a los que Alberich conocía- ¿Estos son? -se sorprendió, mirando a Mu directamente.

-Vaya, qué curiosos son los humanos -se alegró Kiki-. Lo que enrolla a las cadenas se llaman engranes, y esos que miras reforzando el suelo se llaman tornillos. Son mecanismos de seguridad, viajar entre los mundos es muy peligroso, si no lo hacemos en estas Cabinas de Transportación, podríamos morir pulverizados -aclaró Kiki, entrando en la estructura, y el grupo intercambió miradas de sorpresa-. ¿Cuál es el problema? Es solo una cabina de transporte. Los dioses tienen un arcoíris por puente, que no es más que luz y vapor de agua generando una ilusión óptica. Yo les estoy proporcionando un mecanismo que funciona a base de engranes y vapor en altas concentraciones de presión, ¿y yo soy el raro? -les explicó.

-Yo no me subo a esta cosa -se quejó Pandora, pero Shura la empujó dentro de todas formas, y el grupo de poco en poco comenzó a entrar en el objeto al que Kiki llamaba Cabina de Transportación-. Si algo nos pasa, serás mi siguiente sacrificio -se quejó Pandora.

-Solo… mantengan manos y piernas dentro de los barrotes en todo momento… -pidió Kiki cuando el grupo por fin estuvo dentro. Entonces, tomó una palanca de oro en el medio de la edificación, y tiró fuertemente de ella para cerrar las puertas dobles. Una vez cerradas, un cristal en lo más alto de la estructura comenzó a emitir una gentil luz azulada, lo que sorprendió tanto a Mu como a Alberich, quienes inspeccionaron el objeto con curiosidad-. Esa… es fotoluminiscencia… se produce cuando un impulso electromagnético pasa sobre ciertos cristales… la parte de arriba de la cabina posee unos imanes que se accionan cuando los engranes cierran las puertas… ¿saben qué? Solo digamos que es magia de Enano. ¿Están listos? -preguntó Kiki, tomando otra palanca, y Saori asintió, aunque inmediatamente después, tomó de la mano de Milo, y comenzó a temblar con preocupación-. Pueden sujetarse de lo tubos de ayuda, son los de forma cilíndrica al lado de las paredes, pero nunca, jamás, por ningún motivo, saquen las manos o los pies por entre los barrotes -accionó entonces la palanca Kiki, y la cabina de transporte se precipitó, sobresaltando a todos los presentes, Dioses Guerreros Dorados incluidos, mientras la cabina bajaba a una velocidad impresionante, forzándolos a todos a aferrarse a los tubos, y a algunos cuantos a tranquilizar a los inquietos bueyes de batalla-. ¡Tranquilicen a esas cosas! ¡Una vez iniciado el descenso, no se puede interrumpir! -les informó Kiki, por lo que los Dioses Guerreros se aferraron a las riendas de los asustados bueyes, mientras el grupo continuaba el descenso exageradamente violento- ¡No cierres los ojos, Mu! ¡Esto te va a encantar! -apuntó Kiki, mientras los barrotes comenzaban a dejar entrar luz, y entre las nubes cafés, se divisaron fácilmente varias estructuras, construidas por todas partes del mundo al que caían, con la misma forma de la cabina que utilizaban- ¡La de las Grutas de Brezal de Gnita, no son las únicas cabinas! ¡Hay más cabinas por todo Midgard! ¡Aunque llegar a ellas es muy difícil! ¡Están construidas sobre montañas! ¡En medio de lagos y mares! ¡Alrededor de la Cordillera Montañosa que rodea todo nuestro mundo! ¡Se hizo así para que nadie abusara de estas estructuras! -apuntó Kiki alegremente, notando lo maravillado en el rostro de Mu- ¡Ese es Scutum! -señaló Kiki a una especie de placa metálica que brillaba en la cima, como incrustada en las nubes, era de un tamaño inmenso, y de un color dorado- ¡Solo se puede ver así desde una cabina! ¡Debajo de las nubes, se ve como una constelación! ¡Es el escudo que los Dioses Cardinales utilizaron para absorber la luz de Sól y traer algo de luz a Svartálfaheim! ¡Su luz es débil! ¡Así que las nubes no permiten que los Døkkálfar se petrifiquen! -continuó Kiki, apuntando a varias estructuras y lugares, contando con orgullo la historia de su pueblo, de su gente, mientras la cabina seguía bajando rápidamente, y los únicos que le prestaban atención, eran Mu y Alberich- ¡Bienvenidos a Svartálfaheim! -finalizó Kiki, mientras las 4 ciudades, los 4 Reinos de los Elfos Oscuros, se hacían presentes, con un inmenso lago dividiendo el Oeste del resto de los reinos, y una cruz a manera de altar en medio de los mismos. Este era un mundo muy diferente de Midgard, era un mundo de reglas distintas, de tecnología inimaginable, y este era el mundo, por el cual ahora debían de caminar. Todo esto pasaba por la mente de Mu, mientras la cabina continuaba cayendo.


Glosario:


1 – CRIATURAS:

Alfvergr: Cruza entre un Dvergr y un Alfár Ljósálfar.

Bergtrol: Una de las 2 especies de Troles. Su nombre literalmente significa Trol de la Montaña, viven bajo tierra, son físicamente más grandes que el ser humano promedio, doblando en la mayoría de los casos su altura, aunque algunos pueden cambiar su tamaño. Se convierten en piedra al contacto con la luz del sol.

Døkkálfar: Nombre con el que se conoce a la raza de los Elfos Oscuros que se parecen más físicamente a los Alfár Ljósálfar (Elfos de la Luz), aunque de pieles más oscuras. Comúnmente llamados también como Elfos Oscuros.

Dvergr: Nombre con el que se conoce a la raza de los Elfos Oscuros que se parecen más físicamente a los hombres de Midgard, aunque de menor tamaño. Comúnmente llamados también como Enanos.

Elfos Oscuros: Se conoce como Elfo Oscuro tanto a los Dvergr como a los Døkkálfar, y por mucho tiempo no se creyó que existiera una distinción entre ambas especies. No fue hasta que el historiador islandés Snorri Sturluson estableció que existían 3 especies de elfos: los Alfár Ljósálfar (Elfos de la Luz), los Dvergr (Elfos Negros), y los Døkkálfar (Elfos Oscuros), que se comenzó a dividir a estas especies, principalmente porque había características muy distintas entres las menciones de ambas especies de Elfos Oscuros. Hoy en día sin embargo, muchos establecen que los Dvergr y lo Døkkálfar se refieren a la misma especie, y que solo existen 2 especies de Elfos.

Ljósálfar: Nombre con que se conoce a los Elfos de la Luz que habitan en el Alfheim. No se conoce mucho de ellos, solo que son seres longevos y de una alta fertilidad, además de tener una conexión especial con la naturaleza, y con el Dios Frey.

Svartálfar: Nombre con el que se conoce a los Elfos que habitan en el Svartálfaheim, y que literalmente significa Elfos Oscuros.

Trol: Seres gigantes con poderes supernaturales, que van desde la invisibilidad, hasta cambiar de tamaño. Emparentados con los Jotnar, pero formando una especie individual al ser de menor tamaño. Los machos de la especie, son muy fuertes y musculosos, pero no son muy listos. Las hembras de la especie, son menos fuertes, pero son inteligentes, y en la mayoría de los casos, muy hermosas. Los Trol tienen la peculiaridad de convertirse en roca cuando son golpeados por la luz del sol, y existen 2 tipos de Trols, los Haugtrold, o Troles de Montículo, que eran más amigables, peludos, y se les podía encontrar en Midgard, y los Bergtrol, o Troles de la Montaña, que vivían bajo tierra, eran más salvajes y descerebrados.

Úlfr: Nombre con el que los nórdicos se referían al Lobo de Noruega, símbolo de muchos de sus mitos y bestia Fylgja de los guerreros más habilidosos.

Wiglafdreik: Literalmente significa Dragón de Wiglaf, representa al Dragón Dorado sin nombre al que enfrentan Beowulf y Wiglaf, siendo Wiglaf el único que sobrevivió al enfrentamiento.

2 – DEFINICIONES:

Völuspá: Traducido del nórdico antiguo significa "La profecía de la vidente", es un poema que cuenta la historia de la creación del mundo, y su inminente final en el Ragnarok.

3 - LUGARES:

Myrkálfar: Otro nombre con el que se conoce a la ciudad de los Elfos Oscuros, traducido del nórdico antiguo significa el hogar de los Elfos Oscuros.

Sindr: Otro de los nombres con el que se conoce al Enano Eitri, además de ser el nombre de una supuesta civilización de Svartálfaheim a los que se refieren como los hijos de Sindr.

3 – PERSONAS:

Austri: Uno de los primeros Enanos, a quien los dioses dieron la tarea de sostener el cráneo del gigante primordial, Ymir, durante la creación. Representa a los vientos del Este, y al Este en la Rosa de los Vientos.

Mótsognir: El primero de la raza de los Dvergr. Se dice que cuando los dioses Odín, Vili y Ve asesinaron a Ymir, su carne putrefacta se llenó de gusanos, uno de los cuales transformaron en el primer Enano, Mótsognir, quien posteriormente daría nacimiento a toda la raza de los enanos.

Nodri: Uno de los primeros Enanos, a quien los dioses dieron la tarea de sostener el cráneo del gigante primordial, Ymir, durante la creación. Representa a los vientos del Norte, y al Norte en la Rosa de los Vientos.

Sudri: Uno de los primeros Enanos, a quien los dioses dieron la tarea de sostener el cráneo del gigante primordial, Ymir, durante la creación. Representa a los vientos del Sur, y al Sur en la Rosa de los Vientos.

Vestri: Uno de los primeros Enanos, a quien los dioses dieron la tarea de sostener el cráneo del gigante primordial, Ymir, durante la creación. Representa a los vientos del Oeste, y al Oeste en la Rosa de los Vientos.

6 – TÍTULOS:

Thane: Título con el que se condecoraba al guardia personal de un Jarl. Los Thane no poseían el nivel nobiliario de un Jarl o de un Huskarl, pero podían tomar decisiones políticas y de autoridad en el reino, con o sin el consentimiento de un Jarl.