Después de casi un mes, por fin me presento con otro capítulo!

Las cosas siguen complicadas, pero lo bueno es que estoy a un capítulo de terminar una de mis tres historias, y tengo pensado enfocarme en esta y la otra únicamente. No prometo que las actualizaciones vuelvan a ser como en un principio, pero les aseguro que serán un poco más constantes.

Antes de comenzar, me gustaría contestar una review:

Funny-Little-Cute White Fox: Como siempre, muchas gracias por tu apoyo! Me tome la divinidad de Bell con bastante tranquilidad, ya que solo ha pasado un mes desde que está convirtiéndose en un Dios. Aun así, debo decir que son pequeños cambios, pero bastante notorios.

Ahora sí, disfruta!

Capitulo 16: El pequeño dragón Oυράrubin.

"Furias…" Lilia leería con algo de dificultad, observando la imagen del monstruo.

"Esas bestias son la personificación de la venganza y del antiguo concepto del castigo." Le explicaría Phoebe, que estaba sentado en un tronco recientemente cortado.

"¿Cómo va todo?" Preguntaría Bell, acercándose a Artemisa.

"Necesitaremos un árbol más." Respondería Artemisa, mirando como el pequeño campamento estaba tomando forma.

Zoe estaba terminando de armar su tienda de campaña, mientras que Bell y la Diosa llevaban una gran cantidad de ramas en su espalda.

"Oye, este monstruo se parece a ti." Señalaría Brilia, riéndose de Lilia.

"¿En qué vez el parecido?" Preguntaría la niña, con un pequeño tic en su ceja.

"Ambos tienen el tamaño de una liendre." Concluiría Brilia, riéndose con aun más fuerza.

"¿Es necesario recordarte que medimos lo mismo?" Pregunto Lilia, haciendo que Brilia se callara al instante.

Brilia bajo la cabeza con un leve sonrojo de vergüenza y cambio de página, asombrándose un poco. "Wooow..."

"¿Qué?" Preguntaría Lilia, con los brazos cruzados.

"Que bestia tan particular…"

"¡¿Qué tengo de particular?!" Preguntaría, con claro enojo en su voz.

"No seas tonta." Brilia señalaría al Dragon. "Me refiero a esta bestia."

"Pues, especifica."

"Es un Oυράrubin." Las palabras con gran seriedad de Phoebe hicieron que las niñas la miraran con mucha atención. "También es conocido como cola de rubí. Es un dragón que está rodeado por unas duras escamas de oro que funcionan como una coraza. Lo único diferente de su cuerpo dorado, es la punta de su cola que porta un rubi, y de ahí su nombre." La rastreadora entrecerraría sus ojos al recordar la historia que le había contado Artemisa. "Estos dragones son extremadamente débiles cuando apenas son una cría, pero si lo dejas crecer, podrían transformarse en un dragón de unos 25 metros de altura."

"¡¿25 metros?!" Exclamaron ambas niñas con asombro.

Phoebe asentiría. "Así es. Sus escamas de oro son tan duras que es prácticamente imposible penetrarlo cuando alcanza su adultez. Estos dragones existieron durante la Titanomaquia, y fueron eliminados por ambos bandos, ya que consideraban al dragón como un gran problema, no por su fuerza y capacidad destructiva, sino por su gran rivalidad a la hora de marcar territorios. Según la descripción de Zeus, se necesitaban mínimo dos Dioses para derribar a un solo dragón adulto. Eran muy fuertes, pero tenían una gran debilidad. Al ser tan territoriales, era prácticamente imposible encontrar a más de dos dragones juntos en millares de distancia. Su capacidad reproductiva también era muy limitada, por lo que su población era muy reducida. No tardaron en desaparecer. Otra cosa muy interesante que se cuenta de ellos, es que son unas bestias extremadamente inteligentes, y que cada cierto tiempo derriten sus escamas para mudar de piel. Supuestamente, tardan alrededor de un año y medio en mudar por tercera vez y alcanzar su etapa adulta. Crecen muy rápido, sin duda alguna."

"Pero, si ya están exterminados, ¿por qué aparece en el libro?" Preguntó Lilia con gran curiosidad.

"Se dice que han visto a dos dragones adultos con estas características merodeando por China. Pero ya ha pasado casi 60 años desde que aconteció ese suceso, y no se ha visualizado a ninguno de los dos dragones. Todos estuvieron de acuerdo de sacarlo de la lista, ah excepción de Lady Artemisa. Ella menciono que si había dos dragones juntos, lo más probable es que sean un macho y una hembra. Aun así, ya han pasado 60 años. Dudo que hayan tardado tanto tiempo en procrear..." Phoebe giraría la página, esbozando una pequeña sonrisa. "Lo más probable es que solo era una invención…"

"¡Oh, mira!" Exclamo Lilia, señalando a la foto de un Jackalope blanco. "¡Se parece a Bell!"

Phoebe observo el libro con mucha atención, para luego mirar a Bell. "¡Es cierto!, es muy parecido." Comentaría la rastreadora, tapándose la boca para que no se oyera su risa.

El alvino se dio vuelta por un segundo, y solo pudo ver que las tres mujeres lo estaban viendo mientras se reían. "¿Mi cara es tan graciosa?" Pensó.

"¡Mira, mira!" Señalo esta vez Brilia a una foto de un Ciclope. "¡Que chistoso!" Comenzó a reír fuertemente, haciendo que Phoebe y Lilia alzaran una ceja.

"¿Qué tiene de gracioso el Ciclope?" Preguntó Phoebe con una ceja alzada.

"¡Qué se parece a ti!" Phoebe ensancho amenazadoramente sus ojos ante lo escuchado.

"¡No es cierto!" Despotrico Lilia al instante, haciendo que Phoebe asintiera con orgullo. "¡Los Ciclopes no son tan feos!" Phoebe estaba a punto de asentir nuevamente, pero se detuvo justo a tiempo solo para darle una mirada desaprobadora a las dos.

"¡¿Ah sí?!" Phoebe le arrebato el libro, ojeando rápidamente. "¡¿Ah quien se parece el Toro de Cólquidia?!"

"¡Oye, con Zoe no te metas!" Exclamo Lilia al instante.

Phoebe tan solo pestañeo incrédula ante la respuesta, para luego bajar su mirada y observar detenidamente a la imagen. "Pero, si no se parecen en nada…"

"¡Se parecen en los cuernos!" Brilia asentiría con decisión, solo para que Phoebe le tapara la boca al segundo. Ella dio un suspiro de alivio cuando vio que Zoe parecía no haberlas escuchado. De lo contrario, ya tendrían que comenzar a correr por sus vidas.

"¿Cuál es nuestro objetivo?" Preguntó Bell, ojeando el libro de monstruos.

"Nuestro objetivo son las aglomeraciones de monstruos que se encuentran a lo largo de todo el Bosque Nacional Gifford Pinchot. Es decir, en donde estamos ahora." Artemisa dejaría caer todas sus ramas, secándose el sudor de su frente. "Antes de partir, tenemos que montar varias trampas alrededor del campamento para no tener visitantes indeseados."

"Por lo que me habías dicho, la gran mayoría de monstruos son Ciclopes, ¿no?" Preguntó Bell, parando justo en la foto del Ciclope mientras lo mirada con atención.

"Así es." Artemisa asentiría. "Son fuertes y rápidos, pero son increíblemente brutos, y la gran mayoría tiene una inteligencia muy pobre. Además de que no tienen muy buena vista, por lo que es muy sencillo engañarlos."

"Ya veo…"

"Nos dividiremos en dos grupos diferentes para ir mas rápido." Aclararía Artemisa, haciendo que Bell la mirara con intriga. "Sé lo que estás pensando, y no. No pienso separarme de mis cazadoras. Tú iras por separado." La Diosa le dedicaría una pequeña sonrisa. "No lo tomes como algo personal. Se de lo que eres capaz, y por esa misma razón estoy segura que estarás muy bien solo."

"Me parece una idea excelente." Bell asentiría, estando completamente de acuerdo con la propuesta.

"¡Vas a ver, ahora te voy a acusar con Lady Artemisa que me estas comparando con un Ciclope deforme!" Todos se voltearon con una gota de sudor nerviosa cuando Lilia comenzó a gritar muy ofendida.

"¿Qué sucede?" Pregunto Artemisa, con el ceño fruncido.

"¡Es Brilia, ella me compara con un monstruo horrible!"

"¿Brilia?" Preguntó la Diosa con un tono desaprobador.

"¡Eso es mentira, no le estoy comparando con un Ciclope deforme!" Brilia comenzó a ojear rápidamente. "Hmmm, creo que no está aquí ese monstruo…"

"¿Qué estás buscando?" Preguntó Zoe, acercándose a la niña con ligera intriga, que solo aumento aún más cuando vio que Phoebe estaba a punto de estallar de la risa.

Brilia alzo su mirada con un rostro inocente, y respondió. "Ah su papá."

SALTO DE LINEA.

"¡Que largo!" Bell chiflaría, al ver una enorme línea quemada en el suelo que parecía no tener fin. "También destruyeron los arboles…" Pensó el alvino, viendo como un árbol era atravesado por la línea, terminando completamente rostizado por obvias razones. "Lo único que quedo fue una pequeña parte del tronco." Bell toco la superficie, viendo que estaba muy fría. "Tiene pinta de que no es algo reciente." El alvino froto su mano negra con seriedad, para luego esbozar una pequeña sonrisa. "Lo más probable es que hayan marcado su territorio."

Bell se adentró en la línea que parecía ser un tipo de frontera, o por lo menos, así fue como lo pensó el muchacho.

Después de dar su primer paso del otro lado, se sintió obligado a desenfundar sus dos dagas con un rápido movimiento. "Que extraño… Apenas di un paso y ya siento un aura de hostilidad impresionante." Pensó el alvino con cuidado mientras miraba en varias direcciones, enseriándose como pocas veces lo había hecho. "Sera mejor que me mueva con cuidado. No me gustaría llamar la atención en esta ocasión…"

Así fue como Bell comenzó a adentrarse en la zona con un sigilo impresionante, mirando a sus alrededores con mucha atención.

Después de estar varias horas caminando, no escucho ni un solo ruido que no perteneciera a la naturaleza. Por obvias razones, esto comenzó a inquietar bastante a Bell.

"No creo que esto sea normal…" Pensó Bell, comenzando a sudar por los nervios. "No me eh cruzado con ningún enemigo en más de 3 horas, y se supone que este bosque está lleno." El alvino entrecerraría sus ojos. "¿Qué está ocurriendo exactamente?" Bell apretó fuertemente sus dagas cuando un pensamiento recorrió por su mente. "Espero que las chicas estén bien."

El ruido de una rama partiéndose alarmo al instante a Bell y se dio rápidamente la media vuelta, saltando hacia el origen del sonido. No dudo ni un segundo en clavar la daga profundamente contra su enemigo… o eso es lo que había pensado.

Bell ensancho sus ojos completamente impresionado cuando; en vez de sangre; una gran cantidad de chispas saltaron en varias direcciones. La dureza del objeto que golpeo era tal, que estaba seguro de que se trataba de un escudo muy resistente.

Bell bajo su daga para ponerse rápidamente en posición de defensa, fijando su mirada en el objetivo. Los ojos de Bell se agrandaron aún más cuando vio cómo su aparente contrincante estaba rodando por el piso a una enorme velocidad, hasta que impacto fuertemente contra un árbol.

Ni bien impacto, un quejido se liberó de la bestia, para luego desenrollarse y demostrar todas sus escamas doradas.

"… ¿Un dragón?" Pensó Bell con los ojos bien abiertos.

Obviamente, no tenía muy buenos recuerdos de estas bestias…

El pequeño dragón dorado se puso de pie rápidamente y agito sus alas amenazadoramente mientras abría su boca para atacarlo.

Al ver esto, Bell reafirmo su posición, con la idea de esquivar el ataque, o en los peor de los casos, intentar pararlo con su habilidad mágica y sus dagas.

Una bola de fuego comenzó a formarse en la boca del dragón que se agitaba amenazadoramente. Bell entrecerró sus ojos mientras no le quitaba la mirada de encima ni por un segundo. Y por fin, el pequeño dragón decidió atacar.

Aunque no salió como esperaba…

La bola de fuego se liberó dentro de la boca del dragón, haciendo que tragara su propio ataque por error. El dragón cerró su boca con los ojos bien abiertos, para luego tirarse un pequeño eructo que emanó una gran cantidad de humo.

". . ."

Sin palabras. Lo único que podía hacer Bell era mirarlo con cara de palo.

El dragón alzo su mirada que estaba muy enardecida, pero su temblor hacia que se viera muy tierno.

"… ¿En serio quieres pelear?" Preguntó Bell con los ojos en blanco. "¿Oh?" Se preguntó el alvino rápidamente, al ver que tenía una pequeña herida sangrante debajo de su ala. El dragón se tapó la herida con su ala al instante cuando capto adonde se dirigía la mirada de Bell. "Vaya, vaya. Parece ser que este chico es más inteligente de lo que pensaba…" Pensó Bell con una sonrisa. "Tranquilo amigo, no quiero hacerte daño." El alvino comenzó a acercarse, abandonando completamente su postura. El dragón pego un pequeño salto hacia atrás y le gruño, haciendo que Bell alzara ambas cejas. No tardó en darse cuenta que el dragón estaba mirando sus dagas en todo momento. "¿Le tienes miedo a esto?" Preguntó Bell, alzando ambas dagas, recibiendo un gruñido como respuesta. Bell arrojo sus dos dagas junto con sus flechas hacia un árbol. "¿Ahora?" El dragón abandono su temblor y enardecimiento, sentándose y dirigiéndole una mirada curiosa al muchacho mientras inclinaba su cabeza hacia un lado.

Bell se acercó lentamente mientras se quitaba su gabardina junto con su remera. El pequeño dragón continuo mirándolo, en un estado extrañamente tranquilo.

Finalmente, el alvino se agacho en frente suya y le levanta con cuidado su ala, para ver su herida sangrante.

"…No es un muy grande, pero parece ser un poco profunda." Se dijo a Bell a sí mismo. Inclino su mano al dragón y la encendió en llamas. "Tengo que cicatrizarla." Le explico al pequeño dragón que tuvo la intención de irse volando, siendo detenido por Bell con un abrazo. "Creo que yo soy el culpable de ese daño. Espero que puedas perdonarme." Concluyo, rodeando su remera en el dragón, utilizándola como un torniquete.

Bell dio un par de pasos hacia atrás mientras aun permanecía agachado. El pequeño dragón de oro se froto la herida con algo de asombro al notar que el ardor punzante había desaparecido casi por completo.

"Te sientes mucho mejor, ¿no?" El dragón lo miro por un corto segundo, para luego sonreírle. Esta vez, fue el dragón el que se acercó lentamente para olfatearlo de pies a cabeza. "¡Oye, espera!" Comentaría Bell entre risas por las cosquillas que le causaba la bestia. El pequeño dragón metería una parte de su hocico dentro de su bolsillo, sacando un pequeño trozo de carne. "¡Ey, eso es mío!" Bell señalaría con el ceño fruncido. El pequeño dragón lo observo con una mirada triste, pidiendo prácticamente de rodillas que le regale la comida. "… Muy bien, es tuya." Bell suspiró, rindiéndose ante la tierna expresión del dragón.

La bestia dorada se tragaría de un mordisco la comida del alvino con una sonrisa satisfactoria en su rostro.

Aun así, no fue suficiente para él…

El estómago del dragón hizo un espantoso sonido, haciendo que Bell ensanchara sus ojos.

"… ¿Tienes hambre?" Pregunto Bell con los ojos en blanco. El alvino se pararía, recibiendo una mirada curiosa del dragón. "Espérame aquí. Iré a buscar algo para comer. Yo también tengo hambre."

SALTO DE LINEA.

Bell cargaría con un jabalí en su espalda. "Tuve que alejarme mucho para encontrar un animal, ¡esto es increíble!" Pensó el alvino, dando un gran suspiro de cansancio. "Incluso me canse de todo lo que estuve corriendo. ¿Qué demonios pasa en esta parte del bosque?" Concluiría, realmente intrigado con su última pregunta.

El pequeño dragón de oro observo como Bell llego con un enorme festín, haciendo que la punta de su cola roja se parara y la agitara con alegría.

"¡Espero que esto sea suficiente para los dos! Bell arrojaría el jabalí al suelo, secándose el sudor de la frente mientras visualizaba las ramas más cercanas para hacer una fogata. "Teniendo en cuenta que no hay nadie más cerca, no creo que una fogata llame tanto la atención, especialmente si ya está atardeciendo… Creo."

SALTO DE LINEA.

"Solo hemos encontrado a un par de monstruos en más de 6 horas de búsqueda." Declararía Artemisa con el ceño fruncido. "Lo más seguro es que todos estén aglomerados en los extremos del bosque." La Diosa se llevaría la mano al mentón, pensando detenidamente. "Aun así, todo esto es muy extraño…"

"Para ser el primer día de Caza después de un mes, no ha sido un muy buen regreso…" Comentaría Zoe, con un tono claramente fastidiado.

Las pequeñas tan solo estaban sonrientes, porque estaban contentas de haber afrontado a sus primeros enemigos reales sin tanto miedo.

"¡Lady Artemisa, tiene que ver esto!" Phoebe apareció en un árbol, haciendo que todas las mujeres le dirigieran la mirada.

"¿Qué sucede?"

"Hay una línea de fuego con un perímetro que ni siquiera pude descifrar, solo puedo decir que es extremadamente extenso. Todo indica que es una delimitación de alguien que tiene ligeros traumas con el territorio." Declararía con gracia al final, aunque el chiste era bastante malo.

"¿Línea de fuego?" Se preguntó Artemisa con leve sorpresa. No recordaba a ningún monstruo que marcara su territorio de esa forma.

"¡Ua! ¡¿Qué es eso?!" Lilia y Brilia gritaron al unísono, señalando algo que apenas era visible entre los arbustos. El brillo dorado llamo la atención de todas las cazadoras.

"…" Artemisa no dijo una sola palabra, solo desenfundo sus dagas, mientras que sus cazadoras se prepararon con el arco por cualquier asunto.

Artemisa arrojo su daga en contra del aparente monstruo, recibiendo unas chispas y un sonido metálico como respuesta.

"… ¿Qué?" Artemisa pestañeo con curiosidad, acercándose cautelosamente al arbusto cuando el objetivo ni siquiera se movió un centímetro.

Finalmente, la Diosa comenzó a retirar lentamente las hojas, haciendo que las demás cazadoras estiraran aún más la cuerda de sus arcos.

"¿Un huevo partido?" Pensó Zoe en voz alta al ver de qué se trataba, bajando su arco.

"¿Cómo es que la cascara de un huevo pueda ser tan dura?" Preguntó Phoebe, con una ceja alzada.

"Esperen…" El tono impactado de Artemisa hizo que todas la miraran con atención. "… Es un huevo de oro… también está el territorio marcado con una línea de fuego…" Artemisa ensancho sus ojos con horror, haciendo que sus cazadoras se alarmaran visiblemente. "Enviamos a Bell hacia esa zona…" La Diosa le dirigió una mirada hacia el interior del bosque, entrecerrando sus ojos al notar una pequeña estela de humo en la noche que se encontraba demasiado lejos de su posición.

Las cazadoras siguieron su mirada, distinguiendo el humo después de unos pocos segundos.

"¿Una fogata?" Pregunto Phoebe con los ojos entrecerrados.

"Seguro es Bell. Lo enviamos a esa dirección…" Después de unos pocos segundos, Zoe escucho sus propias palabras y ensancho sus ojos a más no poder.

Ninguna de las cazadoras pudo terminar de reaccionar, ya que Artemisa se aventuró al bosque a una enorme velocidad, siendo seguida por su grupo al instante.

SALTO DE LINEA.

Bell estaba apoyado en un árbol, durmiendo con gran tranquilidad. El pequeño dragón de oro se había quedado dormido cerca de él, apoyando su cabeza en el regazo del alvino.

Una gran cantidad de huesos estaban dispersos cerca de la fogata ya apagada, donde se podía ver que no había sobrado ni un poco de la comida. Era impresionante ver a un ser; que era igual de grande que Bell caminando en sus dos patas; pudiera comer tanto.

El sueño tranquilo de Bell comenzó a ser interrumpido cuando enormes temblores se sintieron en el sector, como si se tratara de un pequeño terremoto. El alvino abrió lentamente sus ojos, al mismo tiempo que una sombra gigante comenzaba a tapar su figura.

Un momento, ¿Cómo había una sombra si era de noche?

Bell abrió sus ojos de golpe, solo para presenciar como un enorme dragón de dorado de unos 20 metros de alto lo estaba fulminando con la mirada, mientras toda su mandíbula estaba llameando peligrosamente.

Cuando el muchacho pensó que estaba en peligro, se vio un tanto sorprendido cuando las llamas peligrosas que desprendían de la bestia se apaciguaron considerablemente. Él siguió su mirada, viendo que estaba observando a los huesos. El enorme dragón dorado alzo su mirada para volver a observarlo, o más precisamente, observar el estado de su cría. Cuando vio que la remera de Bell estaba rodeando una herida, finalmente se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

El enorme dragón agacho su cabeza lentamente hacia Bell de una forma un tanto aterradora.

"Tendría que haber recogido mis armas…" Pensó Bell, intentando mantener una expresión tranquila mientras observaba a sus armas de reojo. "Puedo hacerlo de un rápido movimiento, solo necesito que se confié."

Los ojos jades de la bestia lo observaron atentamente por varios segundos, haciendo que Bell se pusiera un poco nervioso debido a su pasividad. Después de estar otra tanda de segundos bastantes incomodos, el alvino se dio cuenta que estaba mirando algo en particular.

"¿Me está mirando la mano?" Se preguntó Bell, alzando su mano ya sin miedo al notar poca hostilidad por parte de la bestia. El brillo del anillo dorado que le había regalado Hera hizo que su pregunta se reformulara. "¿Quiere el anillo?" Su respuesta fue algo inesperada, ya que recibió una gran lamida en toda su mano, haciendo que Bell pestañeara en confusión.

En esos momentos, el pequeño dragón despertó y se alegró al ver a su madre. La dragona sonrió y agito su cola, arrojando un montón de cadáveres de animales hacia ambos, haciendo que Bell la mirara con gran sorpresa.

"… ¿Cómo consiguió tantos animales? Tiene que haberse ido a otro lugar…" Pensó Bell, frotándose los ojos con incredulidad.

Artemisa llego al campo abierto junto con sus cazadoras justo a tiempo para ver la rara interacción de Bell con las bestias. Al ver esto, la Diosa las detuvo con su mano, haciendo que todas miraran desde lo alto de los árboles, completamente camufladas.

"¿Qué están haciendo?" Pensó Artemisa con clara intriga en sus palabras.

Sus dudas se vieron disipadas, cuando el pequeño dragón le ofreció un animal a Bell, haciendo que el muchacho pusiera sus ojos en blanco y aceptara el cadáver con una pequeña sonrisa nerviosa.

"¿Están compartiendo su comida?" Pensaron todas las cazadoras, sin poder creer lo que estaban viendo.

"Ya veo… No pensé que los cambios se verían tan pronto." Artemisa hizo una señal con su mano, indicando a las cazadoras que se marcharan. "Prefiero no meterme. Soy la Diosa de la Naturaleza, pero también soy la Diosa de la Caza. Lo más seguro es que me vea como una amenaza. Mejor me largo de aquí, antes de que perciba mi olor."

SALTO DE LINEA.

"¡Mierda!" Exclamo Bell, corriendo hacia el campamento. "¡Me quede dormido!" Bell miro al cielo, viendo que aún era de noche.

Bell llego al campamento silenciosamente, viendo que todo estaba a oscuras y en completo silencio por obvias razones.

"Por lo visto, esta todo en orden." Pensó Bell, mirando que todas las tiendas y las trampas estaban en perfecto estado, indicando que ningún incordio estuvo rondando por la zona. "Es normal, si consideramos quien vive a unas millas." Concluyó, recordando cuando se despidió de ambos dragones, siendo que el pequeño parecía no quererse separarse de él.

"Por fin llegas." Bell observo hacia el origen de la voz, viendo como Artemisa estaba posada en una rama de un árbol. "Estaba comenzando a preocuparme." Finalizo, con una pequeña sonrisa.

"¿Artemisa?" Bell pego un gran salto, posándose al lado de la Diosa. "¿Qué haces a esta hora? Pensé que estarías haciendo tu labor con la luna."

"Lo estoy haciendo." Contestaría Artemisa, mirando hacia la luna con calma. "Recuerda que dividirme es uno de mis poderes."

"Ya lo había olvidado…"

"Por cierto…" Artemisa le dirigió una mirada curiosa. "¿Cómo te fue con tus nuevos amigos?"

"Con que ya lo sabes… Me lo imaginaba." Respondería Bell dirigiéndole una sonrisa. "Al principio pensé que los dos querían matarme, pero al final resulto ser todo lo contrario. Aun así, no puedo entender por qué actuaron con tanta confianza."

"Eso es porque eres hijo de Hera." Bell la observo con los ojos bien abiertos ante la respuesta. "Esos dragones son muy territoriales, y aunque hayas cuidado a la cría y alimentarla, la madre te hubiera matado de todos modos. Pero al ser hijo de Hera, compartes los dominios de tu madre sobre los animales."

"¿Animales?" Preguntó Bell con una ceja alzada. "¿No son monstruos?"

"No." Artemisa negó. "Los dragones no son monstruos ni animales, ellos son bestias. Las bestias son una rama aparte de los animales, y lo que los diferencia es que las bestias tienen una inteligencia mucho mayor, además de su obvia peligrosidad." Artemisa le tomó su mano, acariciando el anillo de compromiso. "De igual manera, unas bestias no se dejarían influenciar tan fácil solo porque eres hijo de Hera. Eso es por lo que has hecho bajo sus ojos."

Bell observo como Artemisa acariciaba el anillo del compromiso con seriedad. "Aun así, hace tan solo un mes que estoy comenzando a convertirme un Dios. Zeus me advirtió de estos cambios, pero no pensé que llegarían tan rápido."

"Ah mí también me impresiono." Declaro Artemisa, dejando de tocar el anillo para mirarlo nuevamente. "¿Haz notado algún otro cambio?"

"Hmm…" Bell tarareo. "Creo que ese es el único, por ahora."

"Bien." Artemisa asintió. "Si tienes alguna duda, no dudes en preguntarme." La Diosa le dio un pequeño golpe en la frente de Bell, haciendo que el alvino quedara impresionado por la acción tan amigable. "Ahora, ve a dormir. Ni siquiera son las 4 de la mañana."

"… De acuerdo." Bell se frotaría la frente con una sonrisa, que tan solo incremento más cuando Artemisa se la respondió.

No entendía como esta Diosa aparentemente apática y feroz, podía generar un ambiente amigable y de confort tan rápido. Especialmente, en estos últimos días.

Lo que no sabía Bell, es que en estos momentos él era el único que podía sacar esa parte tan linda de Artemisa. Ni siquiera sus cazadoras, que son como sus hermanas, eran capaces de hacerlo.

SALTO DE LINEA.

"No puedo dormir…" Bell se frotaría el cabello con gran irritación, mientras daba vueltas en la colchoneta, hasta que finalmente se levantó de un salto. "Tendría que levantarme a las 6 para fabricar las flechas, pero viendo que no tengo nada de sueño..."

Bell salió de la tienda después de ponerse una nueva remera, ya que la anterior se la había dejado al pequeño Dragon.

"¿Qué sucede?" Preguntó Artemisa, desde lo alto de un árbol. "¿No puedes dormir?"

"No." Contesto Bell cruzándose de brazos. "No sé qué me pasa, habré dormido solo unas 4 horas, pero me siento como nuevo."

"Acostúmbrate, porque dentro de poco no necesitaras dormir." La respuesta de Artemisa hizo que Bell entendiera lo que estaba sucediendo.

"¿Otro efecto de mi divinidad?"

"Así es." Artemisa asentiría. "Ya me parecía raro que no tuvieras falta de sueño. Es el primer efecto en presentarse."

"Ahora que lo pienso bien, cuando viajé para salvar a Percy y los demás, solo tuve sueño una vez…" Pensó Bell en voz alta, atando cabos.

"Bueno, yo me voy." Comentó Artemisa parándose de su asiento. "En unos minutos saldrá el sol." Artemisa agito levemente su mano como despedida, siendo correspondida por Bell con un gesto similar. Un segundo después, la Diosa se deshizo en un destello blanco que cegó a Bell por un pequeño segundo.

"¡Bien!" Bell sonaría sus dedos, entrando en la tienda de armería. "¡Hora de trabajar!"

SALTO DE LINEA.

Unos pocos minutos pasaron, y la primera en levantarse fue Phoebe. Algo raro, ya que ni siquiera eran las 6, y las cazadoras acostumbraban a levantarse una hora más tarde.

Phoebe miro a su alrededor, viendo que estaba todo en orden. Después, se dirigió a la tienda de armería, llevándose una pequeña sorpresa.

"¿Bell?" Pensó la rastreadora con sorpresa, al verlo ya levantado.

Bell estaba haciendo unas puntas de flechas de metal, por lo que estaba utilizando un martillo, así que no escucho cuando Phoebe entro en la tienda. Oh por lo menos, eso es lo que pensaría cualquiera.

Phoebe se acercó con la intención de hablarle. "Oye…"

"¡PAM PAM!" El ruido del martillo resonó justo en el momento indicado para interrumpir la voz de Phoebe.

"Quiero decirte que…"

"¡PAM PAM!"

"Te decía que…"

"¡PAM PAM!"

"¡Deja de…!"

"¡PAM PAM PAM PAM PAM PAM PAM PAM PAM!" En ese momento, la paciencia de Phoebe alcanzo su límite.

Phoebe le dio un fuerte puñetazo en la cabeza a Bell, haciendo que el alvino por fin parara y se girara para mirarla.

"¿Qué paso? ¿Qué paso? Sabía que te gustaba la violencia, pero no pensé que fueras fanática…" Comentó Bell con un tono completamente tranquilo, haciendo que Phoebe se irritara aún más.

"¡Pues a ver si así me escuchas!" Despotrico Phoebe, posicionando ambas manos en su cadera.

"¿Cómo?" Bell se llevó la mano al pecho con un asombro muy fingido. "¿Querías decirme algo?"

"¡No, para nada!" Exclamo Phoebe con gran sarcasmo, devolviéndole la burla. "¡Solo me levante una hora más temprano para contemplar tu linda cara!"

Bell alzaría ambas cejas. "¡Ja! Lo que siento, es el enojo que va a sentir Artemisa cuando lo descubra." Phoebe desenfundo una de sus dagas, indicando a Bell que ya se había cansado de las bromas. "¡Esta bien, esta bien!" Bell alzo ambas manos en defensa. "¿Qué me querías decir?"

"Que te largues." Phoebe enfundaría su daga, mientras miraba hacia otro lado. "Yo me encargare de fabricar las flechas…" Un pequeño sonrojo de vergüenza apareció en su rostro. "Aun no te eh pagado por lo que hice antes." Concluiría con un tono mucho más dócil y apaciguado, algo que no era para nada normal en ella.

"Oh, de acuerdo…" Comentó Bell con algo de sorpresa, para finalmente sonreírle por su actitud.

"¿Qué es tan gracioso?" Preguntó Phoebe cruzándose de brazos, mientras alzaba una ceja.

"Nada, es solo que nunca te pregunté cómo te sientes con las chicas de la caza, con Artemisa." Una pequeña sonrisa burlona aparecería en el rostro del alvino. "Bueno, no te lo pregunté por obvias razones. Si no fueras tan arisca, sería mucho más sencillo para ambos."

"¿Arisca?" Preguntó Phoebe con el ceño fruncido. "¿Me estas comparando con animales?"

"No, como crees." Bell miraría hacia otro lado con una mirada completamente despreocupada. "Los animales si se pueden domesticar."

Phoebe tuvo un pequeño tic en su ceja, pero decidió ignorar sus palabras, ya que la pregunta le parecía interesante. "Para mí, la Caza es muy importante. De hecho, es lo más importante que tengo en mi vida." Comentó, haciendo que Bell la mirara con genuina sorpresa. "Lady Artemisa me dio una nueva oportunidad de vivir, de vivir feliz. Por esa misma razón, la considero como una hermana mayor, además de ser nuestra líder. Las chicas también son muy importante para mí, las considero mi familia. Toda la Caza es mi familia, una verdadera familia." Bell se sorprendió cuando vio por segunda vez la sonrisa tan sincera y amable emerger del rostro de la cazadora. "¡Daria mi vida todas las veces que fuera necesario para salvar a mi familia!" Cuando termino su declaración, Phoebe se sobresaltó un poco por la mirada incrédula que adornaba el rostro de Bell.

"¡¿Eso quiere decir que también darías tu vida para salvarme?!"

Al escuchar la pregunta de Bell, la mirada de Phoebe se transformó completamente. "¿Estás loco? ¡Ni en un millón de años daría mi vida por ti, muchacho!" Escupió con veneno.

"Ya me lo imaginaba…" Comentó Bell con los ojos en blanco mientras se marchaba, sin antes darle una última mirada a Phoebe. "Puede que Phoebe sea una mujer demasiado vulgar, pero ella siente exactamente lo mismo que todas las demás." Una pequeña sonrisa aparecería en el rostro de Bell justo antes de abandonar la tienda. "Que cálido se siente interactuar con una verdadera familia."

UNA SEMANA DESPUES…

Artemisa estaba sentada en la rama de un árbol, observando con mucha atención la luna mientras disfrutaba del aire fresco.

"Hola." Bell aparecería a su lado, sentándose mientras admiraba las estrellas.

"¿Ya te despertaste?" Preguntó Artemisa, sin quitar su mirada de la luna. "No es necesario que vengas a hablar conmigo. Ver la luna a solas a las 4 de la mañana me hace sentir… liberada."

"Ya veo…" Bell se pararía, recibiendo una mirada de Artemisa.

"¿Qué haces?" Preguntó la Diosa con curiosidad.

"Me voy. No quiero molestarte."

Artemisa lo miro con sorpresa por un corto segundo, para luego taparse con la manga cuando comenzó a reírse. "No necesitas irte. Ya me acostumbre a hablar contigo, después de haber pasado toda esta semana charlando." Artemisa descubriría su rostro, y le dirigiría su mirada a la luna nuevamente. "Además, se siente incluso más tranquilo cuando hablo contigo." Artemisa le volvería a dirigir su mirada, entregándole una pequeña sonrisa. "Me siento aún más liberada…" La Diosa hizo un par de palmaditas a su lado, indicando que Bell se sentara junto a ella.

"Oh, lo entiendo…" Contestaría Bell, sentándose al lado de ella. "¿Ya acabamos con este lugar?" Preguntó Bell, observando a las estrellas.

"Si." Artemisa asintió. "Estuve viendo nuestra próxima caza con anticipación, y me gustaría que el Bosque Nacional Caribou sea nuestra próxima parada."

"Ahora entiendo porque tu padre te tiene en tan alta estima." Comentó Bell. "Limpiaste un bosque en tan solo una semana."

"Recuerda que también es tu padre, hermanito." La Diosa contestó burlonamente, haciendo que el alvino negara con la cabeza. "Recuerda que quedaron dos objetivos vivos, que no los pudimos eliminar porque alguien me lo suplico durante toda la semana." Artemisa comenzó a agitar sus piernas con diversión, indicando que la estaba pasando muy bien con la charla.

"Muchas gracias por eso." Agradeció Bell, con una sonrisa nerviosa. "Por cierto…" El tono bastante intrigado hizo que Artemisa lo mirara de reojo.

"¿Hm?" La Diosa preguntó.

"Antes dijiste que te sentías mas liberada cuando yo estoy a tu lado…" Bell se frotaría la barbilla mientras una mirada muy pensativa decoraba su rostro. "¿Qué quieres decir con eso?"

Artemisa no pudo evitar ponerse un poco seria por la pregunta, pero aun siguió agitando sus piernas con alegría. "Al ser una Diosa, todos te tratan con mucho respeto… Y con miedo." Artemisa fijaría su mirada a la luna, esbozando una pequeña sonrisa. "Me agrada que me traten de esa manera, lo admito. Pero después de tantos años, todo comienza a sentirse vacío." Bell la miraría con ligera sorpresa ante sus últimas palabras. "Debido a mi posición, no puedo evitar que mis cazadoras me traten como un ser superior, y eso me molesta. Mi padre es alguien demasiado denso para entablar una conversación normal, y de mi hermano mejor ni hablemos. No me llevo bien ni mal con los demás Dioses, solo tenemos respeto mutuo entre nosotros… Ah excepción de Afrodita. Ella puede morirse." Concluiría con gran veneno al final, haciendo que Bell se tuviera que aguantar la risa por la gran enemistad que existía entre ambas Diosas. "Entonces, ¿Quién me queda? ¿Qué es lo que me queda? La respuesta es simple, y esa es: Yo misma." Artemisa se llevó su mano a su pecho, para luego dirigirle una gran sonrisa a Bell. "Bueno, esa era la única respuesta, hasta que tú llegaste." Bell se vio visiblemente impresionado por la respuesta. "Ni siquiera cuando llegamos me veías como una Diosa, o como alguien a quien hay que respetar, o como alguien que debes tenerle miedo. ¡Siempre me viste como Artemisa!" Ella fijo sus hermosos ojos plateados en los de Bell, demostrando toda su gratitud en una sola mirada. "Por eso es que me siento aún más liberada cuando hablo contigo, ¡porque no charlamos siendo el Chico de la Profecía y la Diosa de la Luna! ¡Hablamos siendo Bell y Artemisa!" Concluiría, con una sonrisa preciosa en su rostro.

Cualquiera esperaría que Bell tuviera una reacción normal, como quedarse completamente maravillado por la estima tan grande que le tiene la Diosa. Pero Bell es Bell, y ser "normal" nunca estuvo en su vocabulario.

Artemisa quedo muy impresionada cuando Bell le dio un leve empujón con su puño en su hombro. "Que puedo decir. No me importa si eres una Diosa o una esclava. Si eres alguien que realmente me agrada, no puedo evitar molestarte." Bell alzaría su pulgar con una sonrisa dentuda, haciendo que Artemisa le dirigiera una sonrisa juguetona.

"Gracias por molestarme, Bell. En serio, gracias." Comentó la Diosa con un tono muy cálido, para luego dirigir su mirada nuevamente a la luna, pero con un brillo mucho más alegre en sus ojos.

Bell simplemente bajo su mano y se puso a observar las estrellas, pero no duro mucho tiempo ya que sintió un pequeño roce en su mano. El alvino miro a su mano, para ver que la mano de Artemisa se estaba rozando un poco con la suya.

Bell no pudo evitar alzar la mirada y observar a sus hermosos y profundos ojos plateados que brillaban con gran intensidad en la noche, mientras el viento agitaba libremente su largo cabello. La Diosa se llevó una mano a su cabello sin quitar su mirada de la luna.

"Ya ha pasado un tiempo desde que estoy con ella…" Pensó Bell, recordando todos los eventos que pasaron juntos sin quitarle la mirada de encima. Recordó como lo quería castrar cuando lo conoció, como comenzó a respetarlo y confiar un poco en él, como lo salvo con un simple abrazo cuando estaba en su peor momento… como una Diosa con el corazón tan dañado por culpa de los hombres le dio una oportunidad, y terminaron convirtiéndose en muy buenos amigos en tan solo un mes.

Todos los recuerdos eran alegres, simples, graciosos, tensos, peligrosos, hermosos, simpáticos, maravillosos… Pero ninguno de ellos era un recuerdo triste.

Después de que todos esos pensamientos cruzaran por su cabeza, no pudo evitar pensar en una forma de describirla…

"Es un ángel…" Bell se sobresaltó un poco tras escuchar su propio pensamiento, mirando hacia otra dirección casi al instante mientras un pequeño sonrojo decoraba su rostro.

"Artemisa…" La voz resonó junto con un gran destello.

Tanto Bell como Artemisa se voltearon en menos de un segundo, ambos cargando su respectivo arco hacia el objetivo. Ninguno de los dos pudo evitar sorprenderse por la presencia del hombre en frente de ellos, o más bien, debajo de ellos.

"… ¿Dionisio?" Preguntó Artemisa sin ocultar su sorpresa.

"Artemisa, tenemos que hablar." Comentó Dionisio con ambos brazos alzados en defensa por obvias razones. "Tienes que volver al Campamento Mestizo, ahora."

¡FINAL DEL CAPITULO!

Haré muchos cambios para meter a Bell en una parte de lo que sucede en Mar de los Monstruos. Artemisa y Zoe también tendrán ciertas apariciones en esta parte. Más que nada Zoe, ya que quiero introducirla un poco mejor y profundizar aún más su amistad con Bell. Las demás cazadoras las dejare un poco fuera hasta que termine este acto. Después, ya comienza la Maldición del Titán, y es donde las cosas se pondrán bastante complicadas para todas (en especial para Artemisa y Annabeth, por obvias razones). Pero todavía faltan un par de capítulos para que llegue esa parte.

Como ya vieron, hice una pequeña creación con el tema de los dragones dorados. También tengo pensado cambiar una cosita para hacer la intervención de Artemisa sobre el Campamento lo mas creíble posible. Tiene que ver con Luke, y a la vez no.

Este capítulo fue como un pequeño lapso necesario para la introducción a la verdadera acción. Espero que no haya sido tan denso para ustedes.

En fin, sin nada más que decir, nos vemos en el próximo capítulo!

Que tengas un excelente día!

Cantidad de palabras: 6549 palabras.