Pasado mañana es mi cumpleaños otra vez, y yo apenas voy actualizando. Hola a todos, no he muerto, no me ha dado Covid, espero que todo esté bien en sus vidas.
Antes de comenzar con lo de la historia, quería aprovechar el tiempo para comentarles algo, que tiene que ver con mi poca actividad en la página últimamente.
Lo primero que deben saber es que fui víctima de un robo de identidad, ¿a qué me refiero? A que alguien tuvo la grandiosa idea de robarse mis historias, y postearlas como propias en otras páginas de fan fictions, comenzando con una página que yo no frecuento que tiene un logotipo naranja y exceso de publicidad aún con un add blocker.
En fin, esta persona robó varias de mis obras, y lo único que hizo fue cambiar a los personajes para reescribir Guerras Doradas por ejemplo, con su pareja favorita en lugar de con la mía, reemplazando a Milo por Saga y a Aioria por Aioros, etc, ect, ect. Un lector de mis historias de nombre Eddy me ayudó a tumbar sus historias de una de las páginas en la que la publicó, y le estoy agradecido por eso, pero tras haber tumbado mis historias de la página naranja, el ladrón tomó represarías.
Ustedes saben que hasta ahora, mi Facebook siempre estuvo en mi profile. El ladrón de mis historias entró a mi Facebook, y con todos los "fans de Guerras du Oro", nombre con el que llamó a "su historia" en la página naranja, comenzaron a hacerme diversas amenazas, de muerte, a mi esposa, me insultaron, tomaron mis fotos de mi red social y la distribuyeron por aquí y por allí haciendo memes de mí y de mi esposa, ni mis perros estaban a salvo. Para no hacerles el cuento largo. Afortunadamente lo que estas personas no sabían, es que yo tenía los conocimientos de informática suficiente para recuperar la información personal que se había perdido, y aunque algunos consiguieran mi número de teléfono y mi dirección personal, nada nunca pasó a mayores, en especial porque logré limpiar mi nombre con evidencia de que yo no era el ladrón de mis propias historias, y de que el autor de "Guerras du Oro" era un fraude. Aún hoy en día me llegan uno que otro mensaje de amenaza a la página del logotipo naranja, donde postee la historia para que vieran que no mentía. En fin, esta ida y venida de mensajes, sumado a la pandemia, y a muchas otras cosas, me mantuvo muy ocupado, no actualicé absolutamente nada en casi un año, y eso que tenía más tiempo libre que de costumbre. También me vi obligado a cerrar mi Messenger de face para evitar más mensajes de odio, lo que significa que, si han intentado contactarme a lo largo de este año, eso ya es imposible porque mi aplicación de face está bloqueada. También he retirado la liga a mi face de mi profile, quienes aún la tienen no se preocupen, pueden seguirme contactando, pero por seguridad no planeo aceptar más invitaciones de desconocidos, aún si estos desconocidos son mis lectores.
Habiendo dicho todo esto, lo siento por haber desaparecido, pero tenía una razón de peso, era acosado por gente en internet que me acusaron de robar la historia de "Guerras du Oro", esta historia, y todas mis historias, solamente existen en FF, que tal página es mejor, no me importa, solo existen aquí, no doy permiso de que existan en otras páginas, no me importa si la otra página creen que es mejor, no me importa si hay más lectores, no me importa nada más, mis historias, mis reglas. Así que, además de que me disculpo por si lo que escribo aquí ofende a alguien, pido a todos mis lectores a quienes aprecio mucho que al igual que Eddy, me informen si mis historias aparecen en otras páginas. No volveré a cometer los errores que produjeron el acoso del que fui víctima, y si por aquí hay algún lector que tuvo o tiene las intenciones de copiar mi historia, habla conmigo, dime donde, bajo qué nombre, bajo qué condiciones, y yo gustoso te dejo volver a escribir Guerras Doradas con Saga de protagonista y que Deathmask y Afrodita sean novios, o dándole más protagonismo a Seiya o lo que quieras, pero necesitas mi permiso.
Ok… respiro, lo siento si me dejé llevar. Ustedes me conocen, no suelo ser del tipo que se enoja, miedo debería darles verme enojado, pregúntenle al listillo que me esperó afuera de mi lugar de trabajo el cómo le fue. Esto es lo último que menciono del tema, no quiero que tengan una mala imagen de mí, así que dejamos este episodio atrás, borrón y cuenta nueva, y me disculpo si alguien ha intentado contactarme por redes sociales, oficialmente están cerradas. Si quieren contactarme que sea por PM por favor. Y no, personas que tienen mi número de teléfono y me contactan por Whatsapp, no significa que no les voy a contestar si me escriben.
No se hable más de eso entonces. Deben saber que antes de actualizar, edité toda mi historia nuevamente, para corregir faltas de ortografía, no se me asusten. También les recuerdo que el repositorio de esta historia continúa existiendo, y que el glosario es actualizado constantemente.
Por último, si visitan el repositorio, verán que hay un nuevo mapa, el mapa del mundo de Svartálfaheim. Lean, disfruten, si aún no me odian por desaparecer me dejan un review, los extrañé mucho y ya estoy escribiendo el siguiente capítulo, ya sé que no me creen. Se me cuidan. Casi se me olvida contestar los reviews:
Guest: Gracias por la felicitación del cumpleaños del año pasado, pasado mañana tomo tu felicitación por buena otra vez jajaja. Ahora que mencionas a los Vanir, es verdad, andan igual de enojados que los Elfos, pero esa es historia para otro día. Shiryu e Ikki están vistiendo Ropajes Sagrados sellados, piensa en sus ropajes liberados como sus Kamuis, y los sellados como sus armaduras normales, pero con los colores del manga. ¿Es igual de fuerte? Umm… en mi libro, Ikki se los pone de corbata a los otros 2, pero supongo que Hyoga y Shiryu sí son igual de fuertes.
dafguerrero: Creo que sí te confundí, los 9 Mundos no son 9 países, más bien se referían a que en Midgard hay 9 países en honor a la existencia de 9 Mundos. Te serviría darle una visita al repositorio para que veas el mapa de Midgard que me tomó mucho trabajo hacer jajaja. Sobre lo del conocimiento de boca en boca, es verdad, la mayoría de los mitos nórdicos era transmitido por los bardos quienes cantaban las hazañas de los dioses y los héroes en las tabernas, los nórdicos no descubrirían la escritura hasta muchos años después, y porque los conquistaron de hecho. Umm… sobre la relación de Milo y Saori, esta Saori, diferente de la original, no vivió como una niña malcriada, sino que fue criada más amenamente, como una niña normal, y una niña normal a los 13 años tiene las hormonas desatadas, así que, antes de convertirse en la Saori madura que recuerdas, tiene que pasar por la peor etapa de la vida conocida por el hombre, la adolescencia. Así que, Saori en estos momentos está hormonalmente desesperada por amor.
reyna lisset: Espero que ya te hayas recuperado de tu derrame cerebral. Pobre Dohko, nadie confía en él jajaja. Cuando haya explicaciones del mundo o de los mundos, mejor tener los mapas del repositorio para no confundirse tanto jajaja. Y por lo que veo, todos ya descubrieron que Hitler se tiñó el pelo y el bigote de rubio y se convirtió en el rey de los Elfos, jajaja. Ok… me sentí mal por lo de esperar el siguiente capítulo, porque como siempre me tardé una eternidad, pero espero lo puedas leer de corrido.
TsukihimePrincess: Ambas guerras son contra los Elfos, y aún me estoy pensando si fusiono la saga en una sola, las Elf Wars, jajaja… ok no. Los bronces tenían que aparecer de alguna forma, y eso que aún no sabes el secreto de Shun, muajajaja, digo, pobre tendrás que esperar para enterarte, jajaja.
Darkened Nocturn Slaugthercult: Otra vez me sentí mal por no actualizar a tiempo, nuevos lectores y ya los decepcioné, ¿por qué soy así? Espero que aún quieras seguir leyendo.
BixbiteTheSpecter: Lo de ver a Derbal otra vez en un futuro, jajaja, hasta crees que no, por supuesto que sí, me divertí mucho con su personaje. Entiendo que estés un poco molesta por el cómo se presentó a Hyoga, pero tú tranquila, todos pueden cambiar, piensa en Hyoga como el novio toxico, jajaja. Y Shun, ya veremos, estoy viendo todavía qué voy a hacer con él, pero cierta comunidad del arcoíris me ha estado presionando en hacer algo, pero no los estoy tomando muy enserio. Sea lo que sea, te prometo que tendrá un buen papel. Era broma lo de la comunidad arcoíris, no te vayas a enojar. Andreas tendrá un buen papel, no te preocupes. Lyfia debe tener como 17 años, y sí, no le volvió a salir el ojo como a Saori. Deberías darle una oportunidad a la serie de Asgard, está buena. Gracias por tu review, me gustó mucho, espero ver más, si es que no me odias por desaparecer casi un año… hasta yo me doy vergüenza… perdón.
Jungirl8: Guerras de Troya… esa sí está un poco abandonada, lo siento, mi prioridad es esta y Academia, que ya estoy releyendo para continuar, jajaja (risa nerviosa). El romance principal sí ha quedado como secundario, pero tranquila, ya estoy trabajando en el romance, poco a poco irá pasando, no te preocupes. Y sí, yo sé que está complicada la mitología nórdica, y lo siento, pertenezco al 0.00000001% de la población que no ha visto Harry Potter, no soporto a Ron, lo miró y quiero golpear a alguien, así que, por salud, nunca vi Harry Potter así que lo de Sangre Sucia es una curiosa coincidencia.
POSTDATA: Para los que no lo recuerdan o no lo sabían, existe en mi profile una liga de internet que lleva a un conjunto de carpetas de Goo-gle Drive, donde podrán encontrar información que facilite la lectura de esta historia, como lo son imágenes de referencia, mapas, el glosario actualizado, y un documento al estilo wiki donde entro en más detalle sobre las constelaciones de los mundos de Yggdrasil, si en algún momento este repositorio deja de funcionar por cualquier razón, me avisan y modifico la liga.
EDITADO: 17/09/2022
Saint Seiya: Guerras del Ragnarok.
Saga de Svartálfaheim.
Capítulo 18: Imperialismo Racial.
Midgard. Hlingard. Murallas Exteriores. 31 de Diciembre de 4E 08.
La nieve caía gentilmente alrededor de Hlingard, cubriendo la muralla exterior en un manto gentil. Los soldados de Hlingard comenzaron a resguardarse de la nieve, cortando la guardia a la mitad, y dejando a algunos cuantos en las atalayas bien abrigados y envueltos en pieles de oso o de lobo, y con varios cuencos de hidromiel para ayudarles a soportar las bajas temperaturas.
La guardia no cesaba sin importar la nieve, pero con tan pocos soldados sobrevivientes tras la Guerra de Midgard, era necesario el reducir las guardias. La mayoría de los soldados eran jóvenes, muchos ni siquiera habían cumplido con los ritos de mayoría de edad. Aquella era la triste realidad de la guerra que terminó hace apenas 4 meses.
Era por esta razón que Aldebarán, aunque no fuera tan viejo, se daba a la tarea de montar la guardia en la torre más alta de la muralla de Hlingard, en la pose de la defensa perfecta, y con su casco de cornamenta, único entre los cascos de los soldados de Hlingard, y probablemente de todo Midgard, sirviendo como desafío a quien fuera que intentara cruzar las fronteras del reino.
En su mente, al ser uno de los hombres más viejos en el ejército pese a solamente tener 20 años, era su responsabilidad el servir de modelo a seguir para todos los soldados entre los 14 y los 17 años, que no habían cumplido la mayoría de edad para participar en la Guerra de Hlingard, y que estos se sintieran orgullosos del camino del guerrero. Aunque otros Dioses Guerreros Dorados más viejos que él no compartían esta idea, y se lo demostraban con frecuencia.
-¡Aldebarán, es la última vez que vengo por ti! -recriminó Afrodita, cuyos 22 años de edad ante los ojos de Aldebarán deberían de significar que era más sabio que él y, por consiguiente, más entregado a la vida del guerrero, pero que le recordaban a Aldebarán que la triste realidad era que la edad no era más que un número, y que no era sinónimo de sabiduría- Hace mucho frio, enfermarás, entra y deja que los soldados hagan su trabajo, tu jerarquía te permite evadir ciertas responsabilidades, no tienes por qué seguir montando guardia -insistía.
-Somos parte de la Orden Dorada, y aun así no parecemos estar de acuerdo en muchas cosas -se susurró a sí mismo Aldebarán, dándose ligeramente la vuelta-. Mi jerarquía no me interesa, Afrodita, soy un Dios Guerrero Dorado esté o no esté usando el Ropaje Sagrado. Debo ser siempre un símbolo para nuestros camaradas, continuaré con la guardia -aseguró.
-Testarudo como siempre -fue la respuesta de Afrodita-. Entiendo que la mayoría de los Dioses Guerreros Dorados sienten un sentido del deber y la caballería extremo, pero deberías actuar a la altura de tu estatus social. No eres un plebeyo ahora, no importa tu origen humilde -le explicó Afrodita, sumamente molesto.
-Tu origen fue más humilde que el mío, Afrodita. Eras un esclavo, por ello no puedo recriminarte que te comportes con poca caballería -le respondió Aldebarán, manteniendo su pose de defensa perfecta aún en tiempos de paz-. Pero no me pidas que yo actúe de la misma manera. Fui un granjero, y ahora soy un soldado de alto rango, debo demostrar que soy merecedor de la confianza que me brindaron los dioses al permitirme vestir un Ropaje Sagrado -aseguró, sintiendo un inmenso respeto por los dioses.
-Respeto a los… no puedo creer esto… -se quejó Afrodita, regresando por la puerta trampa por la que había subido, dejando a Aldebarán en su guardia y mirando a lo lejos en silencio. Pero para sorpresa de Aldebarán, el silencio fue interrumpido súbitamente por la puerta abriéndose nuevamente, y por un ruidoso Dios Guerrero saliendo por la puerta trampa.
-¿Qué cangrejos? ¿Por qué tengo que hacer esto, Afrodita? -se trataba de Mephisto, quien era empujado por Afrodita. Por los naipes en su mano, Aldebarán supo inmediatamente que había estado bebiendo y apostando- Tenía muy buena mano esta vez -señaló Mephisto.
-Respeto a los dioses, respeto a los dioses, tenía que comprarme con la parte del respeto a los dioses -se quejaba Afrodita, forzando a Mephisto a pararse al lado de Aldebarán, y parándose él en su otro extremo, mientras le ofrecía a Aldebarán una piel de oso para que se cubriera- Hace frio, haz el favor de al menos no enfermarte. Respeto a los dioses, si no fuera por esas malditas 12 Enseñanzas Doradas, en estos momentos estaría dormido y disfrutando del calor de una buena cobija. Las cosas que hago por los dioses -se molestaba Afrodita.
-A mí me sigue sin importar, ¿por qué tengo que hacer esto? -se quejaba Mephisto, obteniendo únicamente como respuesta el silencio de Afrodita, quien comenzaba a montar guardia en indignación- Bien… respetaré el Ropaje Sagrado, nieve por aquí, nieve por allá, niña congelada por allí -agregó Mephisto con sarcasmo, hasta que se dio cuenta de lo que había dicho-. Un momento… -prosiguió el de Cáncer, y el trio viró sus rostros entre la nieve, encontrando a una joven que caminaba a lo lejos por la nevada, con el cuerpo pálido, pero aferrándose a su enorme escudo de madera con todas sus fuerzas.
-¡No! -exclamó Aldebarán, desapareciendo en ese momento, y apareciendo repentinamente frente a la joven, asustándola por la presencia descomunal que se había materializado frente a ella, mientras buscaba su daga entre las pieles de su bota, y la apuntaba a Aldebarán, quien tranquilamente le tomó la temblorosa mano, y la cubrió con su abrigo- Tranquila, ya estás a salvo. Nosotros vamos a cuidar de ti -agregó Aldebarán con cautela.
-¡Alde! -se materializó Afrodita tras de él, al igual que Mephisto. Afrodita tocó gentilmente la piel de la niña, que parecía abrirse al más mínimo contacto- Ha estado caminando por la nieve por demasiado tiempo, Mephisto, trae a Andreas inmediatamente. Resiste pequeña, usaré mi Seidr para curar tus heridas, solo resiste -comentó Afrodita, mientras rodeaba a la niña con el Seidr, el cosmos blanquecino que pertenecía a las brujas y a los afeminados, pero que por su estatus de Dios Guerrero Dorado se le permitía a Afrodita usar sin discriminación.
-El mae… el maestro… -intentó decir la niña, y Aldebarán se acercó a ella con cuidado-. Sha…ka… el maestro Shaka… fue atacado por los hombres de Fryslán… el maestro… tienen que ayudarlo… quien sabe si continúe con vida… -lloró la niña, a quien Aldebarán reconoció en ese momento.
-Ella debe ser… Shunrei… creo que escuché al viejo maestro hablar de ella, una sirvienta de los dioses -declaró Aldebarán, cargando a Shunrei envuelta en pieles-. No hay tiempo para preocuparnos por Shaka, hay que llevar a esta niña con Andreas, tal parece que algo muy malo está pasando, y tiene que ver con Fryslán -continuó Aldebarán, sabiendo que la sombra de la brutalidad y la guerra, comenzaba a alzarse sobre Hlingard.
Svartálfaheim. Faldas del Monte Crux.
-No ha dejado de brillar desde antes de subir al Monte Crux -explicó Milo en consejo con el resto de los Dioses Guerreros Dorados dentro de su carromato, todos observando la caja que contenía el Ropaje Sagrado de Virgo, mientras Saori permanecía sentada en la cama de Milo, y la observaba también con cautela. Después de todo, los interiores de un carromato eran muy reducidos para que 7 personas permanecieran en pie dentro de este-. Me pareció importante mencionarlo, aunque no sé qué signifique, ni si podemos hacer algo al respecto. Después de todo estamos en Svartálfaheim -terminó Milo.
-Angurvadel siempre brilla en un rojo intenso cuando existe guerra en Midgard -explicó Mu, materializando su espada, que brillaba de un rojo intenso-. Cuando acabamos con Derbal, su hoja se calmó y regresó al azul natural que siempre debiera tener. Pero no tuve la precaución de revisar a Angurvadel tras haber entrado a Svartálfaheim para determinar si su hoja se prende escarlata con la guerra en cualquier mundo, o solo lo hace si la guerra existe en Midgard. Podría estar reaccionando a la Guerra Oscura, o a una guerra en Midgard. La verdad es que no tengo idea. Solo sé que un Ropaje Sagrado no debería reaccionar así. Pienso que Shaka peligra -les aseguró.
-Y, sin embargo, no podemos simplemente regresar a Midgard, no después de llegar a otro mundo -interrumpió Saga, y el grupo le prestó toda su atención-. La Asynjur Hlin tomó la decisión de apoyar a Svartálfaheim, y como Guardianes de Yggdrasil esa es nuestra responsabilidad. Los Guerreros Vikingos son quienes deben de mantener la paz en Midgard -les explicó Saga.
-Saori está bien, no hay necesidad de usar formalismos -fue la respuesta de Saori, y todos dentro del carromato le dirigieron la mirada-. No voy a decir que no estoy preocupada por Shaka, o por lo que pudiera estar o no pasando en Midgard. Lo mejor será determinar si Angurvadel reacciona de esta manera ante una guerra en cualquier parte de Yggdrasil, o su coloración es exclusiva de Midgard. Estamos en Svartálfaheim, aquí fue forjada, seguro el herrero que la forjó podrá decirnos al respecto, los Dvergr son eternos después de todo, o al menos no se sabe de alguno que haya muerto por vejez -les explicó.
-Inquietante, pero no enteramente correcto -declaró Camus, sacando las notas de Alberich-. Los Dvergr en efecto son eternos, pero no por ello inmortales. Pueden morir si son asesinados, por enfermedad, o por otras razones. Nada nos dice que los Dvergr que forjaron a Angurvadel continúen con vida -finalizó, y notó entonces que todos lo miraban con incredulidad, aunque la única mirada que le interesó fue la de Milo-. Supongo que… si supiéramos el nombre del herrero que la forjó, podríamos preguntar si continua o no con vida y averiguar lo que ocurre en Midgard. Pero, aun así, no podemos simplemente dirigirnos de regreso a Midgard, no hasta terminar con nuestra misión aquí -les explicó.
-¿Es posible al menos regresar? -declaró Aioria en preocupación- Sé que muy probablemente es muy tarde para mencionarlo pero, bajamos millones de kilómetros bajo tierra para llegar a Svartálfaheim. ¿Cómo podríamos subir? ¿Sería igual que como bajamos? -preguntó preocupado.
-Obviamente si Kiki logró viajar a Midgard desde Svartálfaheim eso significa que hay una forma de regresar -declaró Shura, molesto por la poca atención de Aioria-. Pero entre tu ridícula preocupación hay algo de verdad, no sabemos si tomará el mismo tiempo caer en picada que subir. Fuera de eso hay algo más que me preocupa, cuando subimos al Monte Crux a ver las flamas sobre las 4 ciudades, algo llamó mi atención. No nos movíamos con la velocidad que poseíamos en Midgard, estoy seguro de que también lo notó, Huskarl Milo -declaró.
-Lo sentí -asintió Milo-. Nuestra velocidad disminuyó, no considerablemente, pero en efecto lo hizo. Y no solo eso, desde que llegamos a Svartálfaheim me he sentido más débil, como si este mundo me drenara la energía -declaró Milo.
-Es posible que, mientras más lejos de Asgard la conexión con nuestros dioses y nuestras constelaciones, se debilite -declaró Mu, y el grupo le prestó atención-. No entraré mucho en detalle, pero según lo que conocemos de Yggdrasil, existen 4 Mundos de Luz y 4 Mundos de Oscuridad. Y están colocados en este orden de más alto a más bajo: Muspelheim, Asgard, Vanaheim y Alfheim para los Mundos de la Luz, luego está Midgard, y después Svartálfaheim, Jotunheim, Niflheim y Helheim. Es solo una teoría, pero mientras más abajo, más débiles somos. Supongo que eso se aplica a la inversa también, mientras más alto, más fuertes seremos -declaró.
-Todo esto es muy interesante, pero, tenemos que definir lo qué vamos a hacer, y el consejo es más amplio que solo los Dioses Guerreros Dorados -finalizó Saori, poniéndose de pie, y notando que al hacerlo quedó atrapada en brazos de Milo por el poco espacio, pero en lugar de perder su temple, recordó su deber y se viró a la puerta-. Como consejo de Dioses Guerreros Dorados ya definimos que debemos permanecer en Svartálfaheim, ahora es momento de seguir adelante -finalizó Saori, saliendo del carromato y encontrando a Hilda y a Lyfia allí, y frente a ellas, a Pandora y a Kiki-. ¿Qué ocurre? -preguntó Saori.
-Pandora piensa que el Rey Mótsognir no ha muerto aún -le respondió Hilda, mientras Pandora emitía canticos en una lengua perdida, y las runas aparecían como destellos de luz frente a ella de tiempo en tiempo, y al verlas, el ojo izquierdo de Saori comenzaba a dolerle, lo que llamó la atención de Hilda, pero no era tiempo de preocuparse por ello-. Pandora piensa que la llama negra sobre la ciudad de Nidavellir se encendió para dar a los Dvergr la falsa impresión de que han perdido la guerra. Eso no cambia, sin embargo, que Nidavellir ha caído, pero le da a Kiki esperanza -finalizó ella.
-Mi rey ha existido desde antes que sus dioses, Asynjur Hlin -le explicó Kiki, lo que sorprendió a Saori-. Me niego a creer que alguien más viejo que los dioses haya perecido. Mótsognir salió de la grieta primordial, y solo morirá cuando llegue el Ragnarok, es lo que siempre decía, eso y que no es tan fácil matar a un Dvergr -sonrió Kiki.
-Fácil o no, la verdad es que no siento nada, ni su alma en muerte ni en vida -les explicó Pandora-. Es algo similar a cuando Saori estuvo sellada en Yggdrasil, está muerto y a la vez no está muerto, pero si algo es seguro, es que no puede permanecer mucho tiempo así, tarde o temprano caerá en cualquier dirección -les explicó.
-Obtendremos la respuesta nosotros mismos entonces -prosiguió Saori-. Para fortuna nuestra, Svartálfaheim es más pequeña que Midgard, y así como lo dijo Kiki, desde el Monte Crux se puede llegar a cualquiera de los 4 Reinos en 2 meses a velocidad de carromato. No tenemos 8 meses, por lo que sugiero que dividamos nuestros recursos en dirección a las 3 Ciudades Dvergr, y cuando las 3 ciudades estén devueltas en manos de los Dvergr, concentraremos nuestros esfuerzos sobre Døkkálfarheim, ¿lo pronuncié bien? -se apenó.
-Lo ha pronunciado correctamente, Asynjur Hlin -declaró Alberich-. Aunque debo hacer una pequeña corrección, Svartálfaheim es más pequeña que Midgard, pero solo lo es a mitad de su tamaño. El área poblada de Svartálfaheim solo consta de 4 ciudades, pero los Dvergr están en todas partes, tienen sus Hlévangr… por no decir madrigueras, bajo la tierra. Svartálfaheim es más minerales y cuevas subterráneas que otra cosa, espero no olviden eso. Este mundo podrá parecer desierto, pero no lo está. Nuestros batallones deberán estar correctamente distribuidos para estar lo mejor preparados posible -terminó.
-Aquí es donde entra la Gidja -declaró Pandora, orgullosa, y moviendo un saco con runas talladas en hueso dentro del mismo-. En Svartálfaheim aparentemente no contamos con la protección de los dioses con la que gozábamos en Midgard, así que, si vamos a dividirnos, es preciso que nuestros dioses nos informen como debemos hacerlo -aseguró Pandora, entregándoles a cada uno de los presentes una runa.
-No es por enfurecer a los dioses, pero se hará con ciertas reglas -interrumpió Alberich-. Primero, en cada equipo deberán ir 2 Dioses Guerreros Dorados, eso mantendrá la balanza del poder bien equilibrada -declaró Alberich, y Pandora asintió, aunque levemente molesta-. Segundo, Fenril deberá permanecer en el mismo batallón que Shun. Por si lo han olvidado, la herida de Fenril no ha sellado desde la anterior guerra, y si Shun no viaja con él, podría morir más pronto de lo que teníamos previsto -Pandora desvió la mirada en dirección a Shun, y asintió en ese momento-. Y, por último, Mu, Camus y un servidor, deberemos estar en batallones distintos. Mu y yo recibimos las enseñanzas de este mundo de parte de Kiki, y Camus leyó mis apuntes al respecto, la mejor manera de mantener estos conocimientos, y posteriores… -la última parte la dirigió a Camus, esperando que tuviera la precaución de llevar un registro, lo que molestó a Camus-. Es que en cada grupo exista alguien con conocimientos suficientes del mundo en que viajamos -finalizó.
-¿Alguna otra ridícula petición? -agregó Pandora en molestia mientras miraba al grupo. Nadie dijo más- Si ya todo quedó establecido, que los dioses tomen estas consideraciones, y guíen al resto a su destino -elevó su cosmos Pandora. Las runas en las manos de cada uno de los presentes brillaron con intensidad en distintas tonalidades, verde, rojo y azul, y de esa forma, los grupos quedaron establecidos-. Los dioses han hablado. Aquellos cuyas runas brillaron de rojo, den un paso al frente -ordenó Pandora, y los mencionados hicieron lo propio, adelantando filas-. Aquellos cuyas runas brillaron de verde, den un paso para atrás -prosiguió Pandora, y así se hizo-. Los que quedaron en el medio, son aquellos cuyas runas brillaron de azul, la mía brilló azul, así que voy con ustedes -declaró.
-Está decidido entonces -habló Milo-. En mi batallón llevaré a la Asynjur Hlin y a la Sumo Sacerdote Hilda -declaró Milo, y Saori se apenó un poco en ese momento, pero Milo no le prestó atención-. El Dios Guerrero Dorado que me acompañará será Camus de Beta Aquarii, Dios Guerrero de Acuario. Entre los Dioses Guerreros de la Osa Mayor se me fue asignado a Tholl de Phecda Gamma quien porta a Jormundgander, y al recién ascendido a Dios Guerrero de la Osa Mayor, Sigmund de Dubhe Alpha, quien porta a Granir -señaló, antes de dirigirse al resto-. Como Dios Guerrero de la Osa Menor me acompañará Surt de Lambda Eta, portador de Eikpyrnir -y finalizó dirigiéndose a los más jóvenes de su grupo-. Y como representantes de los Guerreros Vikingos llevaré a Seiya de Carinae Eta, Guerrero Vikingo de Bronce portador de Hofvarpnir, y a Jabu de Puppis Dseta, Guerrero Vikingo de Hierro portador del Unicornio -finalizó, y se dirigió a Aioria.
-Como Huskarl del segundo batallón, se me ha asignado a la Administradora Lyfia, y a la Gidja Pandora -declaró Aioria, y se viró en dirección a Shura-. Me acompañará el Dios Guerrero Dorado de Deneb Algedi, Shura de Capricornio -Shura reverenció, aunque miró a Pandora de reojo, como sabiendo que ella había arreglado los grupos a su conveniencia-. Entre los Dioses Guerreros de la Osa Mayor me acompañan Alberich de Megrez Delta, portador de Dvergr, y Fenril de Alioth Épsilon, portador de Fenrir, su cuidador Shun viene conmigo también -el médico asintió, mientras observaba a Fenril, quien no se dignaba a mostrar debilidad pese a su horrible herida-. Entre los Dioses Guerreros de la Osa Menor llevaré conmigo a Frodi de Kochab Beta quien porta a Gullinbursti. Entre los Guerreros Vikingos solo me acompañará Nachi de Puppis Ni, portador de la bestia Úlfr. Además de que en mi grupo se encuentra Ikki de Surt, no se le conocen estrellas -finalizó, y se viró para ver a Mu.
-Como Huskarl del tercer batallón, se me ha asignado a Kiki de Svartálfaheim como guía -miró Mu a Kiki, quien asintió en ese momento-. Me acompañará el Dios Guerrero Dorado de Pólux, Saga de Géminis -prosiguió, y Saga se mantuvo en silencio, aunque algo apenado por no ser más un Huskarl tras perder la guerra-. Entre los Dioses Guerreros de la Osa Mayor me acompaña Syd de Mizar Zeta, portador de la bestia Bygul -Syd reverenció entonces, y Mu prosiguió-. Entre los Dioses Guerreros de la Osa Menor me acompaña Hércules de Alifa al Farkadain Zeta, portador de la bestia Tanngrisnir -declaró, notando la curiosidad en el grupo que se le había asignado-. Me acompañarán 3 Guerreros Vikingos: de grado Plata, Nicolás de Velorum Gamma, quien viste a Drakkar, y Shaina de Velorum Ómicron, quien viste a Dronning. De grado de Bronce, Björn de Carinae Tetha, Guerrero Vikingo portador de Fylgja -y por último, Mu se viró a ver a Shiryu-. De estrella desconocida, me acompaña Shiryu de Wiglafdreik… y ahora que hemos terminado con las presentaciones, me parece que hay cierta disparidad -dedujo Mu.
-Tonterías -respondió Saga-. Los grupos extrañamente, quedaron perfectamente equilibrados con respecto a la fuerza de cosmos de quienes se encuentran en sus filas -miró Saga directamente a Ikki y a Shiryu, sabiendo el potencial de cosmos que poseían-. Incluso los Guerreros Vikingos se encuentran equilibrados, cuestiono un poco a los Dioses Guerreros Dorados en su distribución, pero tengo confianza plena en el que sea de los presentes -declaró Saga, mirando a Milo, quien asintió.
-Kiki -se dirigió Milo al Alfvergr, quien asintió honorablemente-. El mundo en el que caminaremos es muy distinto al nuestro. Asígnanos una ciudad, y danos un resumen de lo que enfrentaremos en el camino -pidió Milo.
-A sus órdenes mi Huskarl -reverenció Kiki nuevamente-. El grupo que usted lidera, donde se encuentra la Asynjur Hlin, pienso que es propio que se dirija al sur, a Nidavellir -recomendó Kiki, aunque la sorpresa de Milo no se hizo esperar-. Si en verdad Nidavellir ha caído, los grandes señores Dvergr se encontrarán allí dispuestos a recuperar la capital y sentar a un Dvergr en el trono. Los Dvergr no permitirían que un Døkkálfar reine sobre nuestra más importante ciudad. Escucharán a cualquiera que desee brindar su apoyo por regresar el dominio de la capital a manos de los Dvergr. Desde allí, se podría iniciar un movimiento en conjunto, Dvergr y hombres de la superficie -le explicó.
-Movimiento político, entiendo -dedujo Milo, pero aún requería de mayor información antes de iniciar con la marcha-. ¿Qué peligros hay de camino a Nidavellir? Bestias, criaturas, pantanos, lo que sea -prosiguió.
-Los Campos Oscuros se extienden desde el Monte Crux hasta llegar a la capital -prosiguió Kiki-. Hay predadores similares a los tigres y las panteras de Midgard, pero la pigmentación de sus pieles se ha adaptado a este suelo y a la bioluminiscencia del lugar. Solo estén alertas, un depredador podría estar frente a ustedes y no lo verían. Fuera de eso los Bergtrol ignoran los Campos Oscuros, les lastima la bioluminiscencia de los hongos que allí crecen, así que no se toparan con ellos -declaró Kiki, y Milo asintió-. Por último, mientras viajen por los Campos Oscuros, ignoren cualquier canción que escuchen. No sigan los sonidos de las voces. Hasta ahora, nadie sabe qué son esas voces, pero no se sabe de Dvergr alguno que haya regresado para contar qué son -aseguró, y aquello asustó un poco a Saori, quien se acercó a Milo con cautela-. El batallón de Aioria recomiendo que viaje a Myrkálfar, la Ciudad Negra. Pasando los Campos de Amatista -declaró Kiki, y ante la mención, Alberich sonrió-. Los Campos de Amatista están habitados por los Bergtrol, y en el camino correrán el riesgo de pasar por una Horda si no tienen cuidado. Los Bergtrol solo salen de noche, tienen distintos tamaños, algunos más altos que el humano promedio, otros se confunden con los Jotnar, pero no son muy listos. Cuídense de los que tengan más de una cabeza y de los que no tengan ojos y estarán bien -les explicó.
-Oficialmente odio Svartálfaheim, sin ofender -se fastidió Aioria, no logrando imaginarse a las bestias que describía Kiki-. No quiero sonar infantil, pero, ¿qué pasa si nos quedamos sin suministros? -agregó Aioria mientras escuchaba el estómago de Lyfia, quien se apenó y se agachó tomándose el estómago y ruborizándose- También me gustaría saber dónde encontrar agua. Sé que es un recurso escaso -agregó.
-Me temo que no conozco la anatomía humana para saber qué es toxico para ustedes, o siquiera lo que pueden morder -agregó Kiki preocupado-. Pero cuando un Dvergr tiene hambre, lo mejor es desenterrar algunas raíces y morderlas. Para conseguir agua, esperen a la madrugada cuando se alza la neblina. Si es blanca, tiendan trapos sobre algunos árboles, después expriman en vasijas y hiérvanlas. Si es verde, no se acerquen, esa neblina viene del Mar Negro, el único cuerpo de agua en Svartálfaheim. Si beben esa agua, van a morir intoxicados, no importa de qué raza sean. Si la situación es precaria de verdad, entonces busquen un punto de tierra negra húmeda, y escarben. Esa agua puede que les cause una indigestión, pero los mantendrá con vida. Ante todo lo que acabo de decir, pienso que lo mejor es que busquen a uno de los escolares de Myrkálfar que sepa de anatomía humana, ellos podrán guiarlos mejor que yo -aseguró.
-Eso nos deja a nosotros con Sindr -agregó Mu, y Kiki asintió-. Me platicarás los peligros en el camino, solo me queda una única duda, y es sobre nuestro compañero herido -apuntó Mu, y Kiki asintió-. ¿Podrá Aioria encontrar una cura en Myrkálfar para Fenril? -preguntó Mu.
-Solo el creador de la espada Dáinsleif podría decirnos como curar las heridas de su propia espada -le explicó Kiki-. Si alguien sabe quién es el herrero de esa arma y si sigue vivo, esa información nos la darán en Sindr, la Capital de la Forja. Pero a riesgo de no tener resultados, Fenril deberá ir a Myrkálfar, donde puede que no logren curarlo, pero tendrán tratamientos más efectivos que los de cualquier humano -finalizó Kiki, y Mu asintió.
-Si ya estamos todos de acuerdo, esta es mi última instrucción -agregó Milo-. Desde la cima de los 4 palacios, se ven las demás flamas de las 4 ciudades al caer la noche. Una vez que recuperemos las ciudades, hagan brillar su cosmos tan fuerte les sea posible desde la cima del palacio recuperado, de esa forma sabremos que todo va bien, y cuando las 3 ciudades brillen con la fuerza de un Dios Guerrero Dorado, al paso de una semana, todos atacaremos juntos a Døkkálfarheim -finalizó Milo, todos asintieron, y así comenzó el viaje a las ciudades Dvergr.
Midgard. Afueras de Ulfrgard.
-¡Uaaaarght aaaaaah! -resonaba el grito de un Guerrero Vikingo a las afueras de Ulfrgard. Se trataba de un hombre mayor, de piel morena, barba y cabellera rosada, y cuyo casco de incrustaciones de plata, que lo delimitaba como un Guerrero Vikingo de ese rango, había quedado destrozado tras ser lanzado por uno de los atacantes de las tierras de Fryslán, sin nadie que viniera en su auxilio-. Por favor ayúdenme -suplicaba el Guerrero Vikingo, mirando a las entradas de la ciudad de Ulfrgard, sin que soldado alguno actuara-. ¿Por qué nadie hace nada? Estos sujetos… no se detendrán hasta que todos hayan muerto… entiéndanlo… -suplicaba el hombre malherido, mientras los soldados Frisos frente a él se reían y disfrutaban del tormento del Guerrero Vikingo.
-Soldados de Fryslán -habló un joven de cabellera rubia corta, vistiendo armadura de soldado raso de Ulfrgard, siendo esta de un dorado cobrizo como las que usaban los soldados de Hlingard, pero en lugar de llevar al guerrero en su emblema del pecho, llevaba al lobo negro que era el escudo de Ulfrgard-. Mi nombre es Alexer Piotrson, Thane de Ulfrgard en representación de mi padre Piotr el Jarl de estas tierras, quien ha caído enfermo. Como pueden ver por nuestras acciones, no le somos fieles a la corona de Hlingard, ni a los invasores de Brávellir que le sirven -declaró el hombre, mientras el Huskarl de la avanzada de Fryslán lo observaba con detenimiento-. No hace mucho, Brávellir invadió nuestras tierras, asesinó a nuestros hermanos, a nuestras familias, y se han hecho con el control de esta tierra a nombre de conquista. Nosotros los hombres de Ulfrgard no sangraremos por la Asynjur Hlin. Les brindaremos víveres, armas y riquezas, lo único que pedimos a cambio es que no se ataque a nuestros pobladores. El Guerrero Vikingo no es de los nuestros, su vida nos es indiferente -declaró Alexer.
-¡Alexer! ¡No seas idiota! ¡Tu padre el Jarl Piotr no aceptaría esta traición! -insistía el Guerrero Vikingo, levantándose aún con su brazo ensangrentado y el rostro cubierto de sangre, y observando a Alexer con desprecio- Los Frisos atacaron la frontera, los masacraron a todos y a quienes perdonaron los hicieron sus esclavos. Nadie en este pueblo va a sobrevivir -insistía el Guerrero Vikingo.
-Cierra la boca, Sangre Sucia -declaró el Huskarl de los Frisos, elevando una fuerza de cosmos azul, y azotándola sobre la espalda del Guerrero Vikingo, que sintió su espalda ser traspasada por las fuerzas congelantes, y ser lanzado por la nieve hasta estrellarse a los pies de Alexer, quien se hizo a un lado asqueado tras ver al Guerrero Vikingo que apenas y conservaba la vida, lo que hizo sonreír al Huskarl-. Siempre estamos dispuestos a escuchar a nuestra propia sangre, hermano -declaró el Huskarl, quitándose su gabardina, demostrándole que vestía un Ropaje Sagrado de un azul claro, casi plateado. El Ropaje Sagrado era simple, a primera vista no distaba mucho de un Ropaje Sagrado común, las extremidades de brazos y piernas eran lizas casi en su totalidad, salvo por los contornos plateados y hermosos rodeando todo el Ropaje Sagrado. No parecía pertenecer a una bestia, salvo por el casco, similar al que vestía al Dios Guerrero de Géminis. El casco presumía de forma hexagonal varios rostros distintos. El hombre que lo vestía se quitó el casco en señal de respeto antes de acercarse, su apariencia era joven, de piel blanquecina, cabellera corta, casi rapa y de color dorado, con una coleta delgada colgándole, y con unos ojos color de turquesa inquietantes- Me presento ante ti Alexer. Guerrero Ljusalf de Épsilon Coronae Australis, Slagfidr de Erlkönig -reverenció.
-¿Un elfo? -se sorprendió Alexer, observando al bello hombre fijamente, pero notando que sus orejas no eran puntiagudas, además de que no poseía los lunares de los Elfos de la Luz sobre sus cejas- No… no es un elfo. Pero, aun así, ese Ropaje Sagrado no pertenece a Midgard, algo de verdad debe de haber en sus palabras -meditó Alexer, antes de dirigirse nuevamente a Slagfidr-. Mi Huskarl, ruego que sea tomada en cuenta nuestra petición. No deseamos más muerte en nuestras tierras -declaró Alexer.
-Me temo que no puedo atender a tu solicitud -fue la respuesta del Huskarl, lo que alertó a la población de Ulfrgard, todos presentes a las puertas de la ciudad-. Veras Alexer, la única razón por la que no he continuado con el asedio a Ulfrgard, es porque existen entre sus pobladores algunos quienes comparten nuestra sangre, la sangre de los Ljósálfar -le explicó Slagfidr, con una sonrisa despreciable en su rostro-. La forma de saber si alguien posee sangre de elfo en su ser, es por el color de su cabellera, más dorado mientras más pura la sangre. Es verdad que en la actualidad existen aberraciones, humanos con cabelleras castañas nacidos de las cruzas de los humanos más impuros con nuestros antepasados, o pelirrojos, quienes en algún tiempo muy distante fueron besados por el fuego, besados por Frey, pero quienes han perdido la mayor parte de nuestra sangre elfina. Pero nosotros, los Frisos, pretendemos volver a purificar nuestra sangre, y eso significa el exterminio total de todos quienes no posean suficiente sangre de elfo en su ser. Comprenderás entonces, Alexer, que no puedo atender a tu solicitud. Los Sangre Sucia deberán ser ejecutados -declaró, y la pena y el miedo envolvieron a los pobladores.
-Eso es ridículo, ¿sacrificar a la gente por el color de su cabellera? -se escuchó antes de que Alexer pudiera dar respuesta a Slagfidr, y el pueblo se viró para ver al viejo Jarl, Piotr, envuelto en su investidura real de pieles de lobo, acompañado de una joven de unos 14 años de edad, de cabellera corta, y ojos azul cobalto, misma que llamó la atención de Slagfidr, quien de todas formas posó su atención en el anciano.
-¡Vuelve a la Casa Comunal del Jarl, padre! ¡Aún no he terminado con las negociaciones! -interrumpió Alexer, visiblemente molesto por la presencia de su padre- ¡Natassia! ¿Por qué lo has traído? -se molestó.
-Porque yo se lo he ordenado, Alexer -declaró Jarl Piotr-. He de recordarte que Ulfrgard siempre ha sido leal a la causa de Jarl Wotan. Servimos a Derbal en su nombre, y ahora le servimos al coronarse su hija, no importa las confusiones en los intervalos que siguieron a la conquista de Brávellir -sentenció Piotr, acercándose al débil Guerrero Vikingo-. Guerrero Vikingo de Velorum Mu, Avidor de Svinfylking, necesitamos de tu protección -suplicó Piotr, y el Guerrero Vikingo malherido, encontró la fuerza para ponerse de pie, con el Jabalí humanoide, Svinfylking, resoplando con fuerza en su cosmos-. Antes que ver nuestro honor manchado en el sacrificio de nuestros hermanos, hemos de luchar de ser necesario. Hombres y mujeres de Ulfrgard, ¿van a permitir la deshonra de sacrificar a unos quienes principal pecado, es no haber nacido rubios? Eso sería más que una vergüenza -señaló.
-Increíble, ¿Piotr? -agregó Slagfidr- ¿En verdad eres tú? Cómo has envejecido. ¿Acaso no sabías que los Elfos no podemos envejecer a menos que así lo deseemos? Cuando tenía 7 años, me forcé a mí mismo a envejecer para casarme con una bella valkiria cisne, pero eso fue hace 3000 años, ¿me veo de 3000 años, Piotr? -se burló.
-Quisiera decirte que piensas como un niño, Slagfidr, pero la realidad es que un niño es tan inocente, que no le importa el color de piel, la edad, o si es rubio o castaño. Acepta a todos por lo que son, humanos -declaró Jarl Piotr, molestando a Slagfidr-. Un niño es un ser más sabio que tú que solo vez a los otros rubios como tus iguales -declaró.
-Me estás fastidiando, Piotr, y no tolero ser fastidiado. Alexer -se dirigió Slagfidr al Thane de Ulfrgard-. Haré un trato contigo. Serás mi Thane, así como Jarl de Ulfrgard -ante la declaración de Slagfidr, Alexer se mostró sorprendido-. Solo debes, no sé, matar a tu anciano padre cuya presencia me repugna -sentenció Slagfidr.
-Pierdes tu tiempo, Slagfidr, Alexer es un hombre de honor -enunció Piotr, sin percatarse del ataque de cosmos de su propio hijo, que había rodeado su mano de cosmos y, usando la misma como si fuese una espada, le cortó la cabeza a su propio padre de un solo movimiento, horrorizando a los pueblerinos y a los invasores, aunque sacándole una sonrisa de sorpresa a Slagfidr, mientras Jarl Piotr caía muerto sobre la nieve, y su cabeza rodaba a los pies de la incrédula de Natassia, quien gritó de horror al ver lo que había ocurrido.
-¡Increíble! ¡Ajajajaja! ¡Ni siquiera se incomodó! ¡Lo había dicho como una broma, pero estoy increíblemente complacido! -declaró Slagfidr mientras el pueblo entraba en pánico, y retrocedía a los interiores de la ciudad- Pero habiendo dicho esto, un Ljusalf siempre cumple su palabra. Además, posees una inquietante sabiduría, digna de un Elfo. Obedecer a tu padre significaba que todos mueren, obedecerme a mí, salva a nuestra sangre. Ahora, antes de que pierda la paciencia, todos los rubios a este lado, solo lo diré una sola vez. El que no obedezca inmediatamente, será asesinado -declaró Slagfidr, y Alexer obedeció inmediatamente.
-Muévete Natassia -ordenó Alexer, pero Natassia, quien se había hecho con la cabeza decapitada de su padre y lloraba mientras la abrazaba, se negaba a obedecer-. ¡Natassia! ¡Él no lo repetirá! -insistió.
-¡Tú no vas a vivir para seguir siendo la desgracia de tu padre, malnacido! -agregó Avidor, furioso e intentando decapitar a Alexer con su hacha, pero Slagfidr, fiel a su palabra, arrojó su cosmos en dirección a Avior para darle muerte. El grito de los pueblerinos se hizo presente, no sabían qué hacer, su Jarl estaba muerto, su Thane prefería sacrificar a quienes no fueran poseedores de la sangre de los Elfos, y ante toda la confusión, un estallido de fuego se hizo presente.
-¡Gran Presión Ardiente! -estalló la fuerza de cosmos, salvando la vida de Avidor, aunque lanzándolo lejos de Alexer, quien se tomaba del cuello para saber si su cabeza seguía en su lugar- El pueblerino que se mueva… será declarado traidor a Hlingard, y ejecutado por sus crímenes en el nombre de la Asynjur Hlin -declaró Hagen, llegando ante los presentes desde los interiores de la ciudad, con su Ropaje Sagrado cuarteado por la guerra anterior, pero brillando con el aplastante cosmos de Sleipnir-. Lamento llegar tarde, Avidor… me encontraba corriendo entre todos los pueblos de Hlingard con el mensaje de la invasión de Fryslán. Ulfrgard era la última parada antes de llegar a la capital… aún con toda mi velocidad, no llegué a tiempo para salvar a Jarl Piotr, pero te juro, Slagfidr, que es la última vida que tomas en tu avanzada. ¡Personalmente calcinaré a todos tus soldados de ser necesario! -gritó Hagen, furioso, con su cosmos desbordante y violento.
-Vaya, vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Cabellera rubia, pero piel oscura -agregó Slagfidr, bajando de su caballo, y dirigiéndose a donde se encontraba el furioso de Hagen-. Muchas generaciones atrás, seguramente tuviste un antepasado Elfo, pero tu linaje familiar cometió el peor de todos los crímenes, se cruzó con un Dvergr -señaló Slagfidr, pero aquello a Hagen no le interesaba-. Pero aún con lo repugnante de tu cruza, posees sangre de Ljusalf … ahora apaga tu cosmos, y te daré una oportunidad de tener una vida digna de servidumbre. Niégate, y no serás más que un esclavo en el nuevo orden mundial que se avecina -le ordenó con una sonrisa malévola, como la de un psicópata que disfrutaba de la humillación ajena.
-¿Y ser gobernado por basura como tú? Hazme un favor, y metete tu oferta por donde no llega el brillo de la Diosa Sól -insultó Hagen, de una forma tan poco caballeresca que incluso quienes lo conocían bien estaban sumamente sorprendidos- Puedo tolerar que alguien venga a hacer la guerra con delirios de conquista y egoísmo, así son los reinos de Midgard, el más fuerte sobrevive, y su gente, aún conquistados y heridos, se vuelven a poner de pie, y vuelven a sangrar en honor a la conquista. Pero el que vengas aquí, y declares superioridad solo por ser rubio, eso te hace peor que basura, y escupo en tu ser -y tras la amenaza, el escupitajo llegó, y el rostro de Slagfidr se llenó de odio.
-Con tu sangre no hubieras sido más que un esclavo de todos modos. ¡Mátenlo! ¡Y que Ulfrgard arda con él! -ordenó Slagfidr, Alexer entonces intentó ir a donde su hermana Natassia, pero Slagfidr se viró a verlo con autoridad, misma que Alexer no se dignó a desafiar.
-¡Avidor! -llamó Hagen, y tanto él como el Guerrero Vikingo se lanzaron en contra de los soldados de Fryslán, demostrando para sorpresa de Slagfidr que eran guerreros más fuertes por sí mismos que los supuestos Elfos en los ejércitos de los Frisos. El odio de Hagen había alimentado la determinación de Avidor, y por más cansado que estuviera, el Guerrero Vikingo de Brávellir luchó valientemente junto al Dios Guerrero de Hlingard, y los pobladores de Ulfrgard vieron a Avidor, a quien consideraban un invasor, bajo una luz muy distinta, aún más al considerar que Alexer, el hijo del ahora difunto Jarl, los había traicionado.
-¿Qué esperan para matarlo? No es más que un repugnante… -intentó decir Slagfidr, cuando una bola de nieve le impactó el rostro, curiosamente una bola de nieve ensangrentada, lanzada por Natassia, quien la había hecho con la sangre misma de su padre.
-¡Fuera de nuestra tierra! -gritó Natassia con fuerza, y los pueblerinos gritaron tras ella, se armaron de palos, de escobas, hachas para cortar leña e incluso piedras, y comenzaron a repeler a la avanzada de Fryslán.
-Así que esto es lo que desean, sucios humanos. Podríamos simplemente esperar su extinción, somos eternos después de todo, pero no, tenían que ir por allí con sus Exclamaciones de Hlin sintiéndose superiores a los dioses mismos, ustedes fueron los que forzaron nuestra mano -declaró Slagfidr, encontrándose con Hagen en el medio del campo de batalla.
-No recuerdo haberte dado permiso de dirigirme la palabra, basura -le respondió Hagen, enfureciendo a Slagfidr, quien se mordió los labios con desprecio-. ¡Fuera de mi vista! -elevó su cosmos Hagen, inmenso, sorprendiendo a Slagfidr por su fuerza, pero antes de que Hagen pudiera impactar su puño con el pecho de Slagfidr, Hagen se vio obligado a saltar a un lado, evadiendo una fuerza congelante que le pasó muy cerca.
-Príncipe Slagfidr, le pido respetuosamente que se repliegue -escucharon todos, y la batalla a las afueras de Ulfrgard fue interrumpida, mientras un guerrero vistiendo un Ropaje Sagrado de apariencia divina, se posaba frente a ellos-. Las vidas Ljósálfar son muy valiosas como para perderlas contra estos salvajes. El Dios Guerrero Dorado de Galdhoppigen ya se cobró demasiadas vidas antes de caer -explicó el recién llegado.
-De Galdhoppigen, si el Viejo Maestro no se encuentra en el mirador, ¿te refieres a Shaka? -preguntó Hagen consternado, mientras el guerrero en el Ropaje Sagrado Divino se le acercaba-. ¿Quieres decir que han vencido a Shaka? -se molestó Hagen.
-Como dice tu raza, no tiene caso llorar por la leche derramada, humano -se burló el recién llegado, fastidiando a Hagen-. Lo único que importa, es que tu amigo tomó muchas vidas elficas, y no hay vidas suficientes que puedan equipararse a nuestras perdidas. Por ello, he decidido que yo mismo conquistaré Hlingard en combates individuales. Solo uno muere, el resto se rinde. Tú ganas, Fyslán se retira y compensa a Hlingard. Yo gano, y Ulfrgard se rinde -declaró.
-¡Hyoga! -enfureció Slagfidr- ¿Quién te dio la autoridad para…? -intentó decir, pero Hyoga simplemente colocó su mano frente a Slagfidr pidiendo su silencio- ¡El rey Finn no toleraría…! -intentó volver a quejarse.
-¡El rey Finn no se encuentra en condiciones para negar ninguna de mis órdenes, Slagfidr! ¡Pero si tanto te preocupa, anda y termina como él! -sentenció Hyoga, molestando a Slagfidr- Esto no es Alfheim, nuestro cosmos es más débil aquí. Él no lo entendió y por eso su vida corre peligro. Ahora repliégate, mi príncipe -ordenó.
-No estoy en contra de que pongan en su lugar a la basura, pero, ¿qué garantía tengo de que dices la verdad? -señaló Hagen, no dignándose a bajar su guardia.
-Alguien con tu sangre debería sentirse honrado de semejante oferta -le apuntó Hyoga, lo que molestaba a Hagen-. Pero te daré respuesta de todas formas. Aún si Slagfidr es mi príncipe, y Finn es mi rey, mi autoridad es superior a la de cualquier rey o príncipe, porque yo, soy un dios -le explicó, lo que fastidiaba aún más a Hagen-. Y los Ljósálfar hacen mi voluntad. ¡De rodillas, todos! -ordenó, y todos, incluido Slagfidr, se arrodillaron ante él, y Alexer, al no saber qué hacer, se arrodilló de igual manera- Dime Hagen, ¿quién se interpondría en tu contra tras derrotar a un dios? -señaló Hyoga con soberbia.
-Lo que entiendo es que todos los elfos son unos pomposos egocéntricos -respondió Hagen, pero al sentir el cosmos de Hyoga, incluso él dudaba-. Esta… no es una decisión que yo pueda tomar. Tendrás que llevar tu solicitud directamente a audiencia con Jarl Svend Ulfson, soberano de Hlingard en representación de la Asynjur Hlin -sentenció Hagen.
-Que así sea -extendió sus brazos Hyoga, sorprendiendo a Hagen-. Seré tu prisionero. Nadie se atrevería a continuar con esta guerra mientras uno de los dioses de Alfheim esté prisionero, anda, encadéname -continuó burlándose Hyoga.
-Mi señor Hyoga, ¿qué cree que está haciendo? Es solo un pueblo insignificante de humanos insignificantes -prosiguió Slagfidr en señal de protesta, pero Hyoga se estaba divirtiendo demasiado.
-Nada de ataques, Slagfidr. No olvides que sirvo al Rey Finn por mi propia voluntad, pero ninguno de ustedes está por encima de mí -le recordó Hyoga, y Slagfidr, aunque molesto, ordenó a sus hombres a replegarse-. Mientras soy su prisionero, invito a cualquiera que tenga sangre de elfo a entregarse voluntariamente a los campamentos de Fryslán. No tarden, los primeros serán bien recompensados, los últimos, solo digamos que sus amos elfos requieren de esclavos -señaló con arrogancia.
-Que desagradable sujeto -se dijo a sí mismo Hagen, y miró de reojo a Avidor-. Encadénalo -le pidió, y Avidor, aunque nervioso, así lo hizo, aunque con sus brazos temblorosos-. Sígame, señor dios -agregó Hagen con sarcasmo, y mientras miraba a Slagfidr con desprecio-. Volveré por ti… -declaró, y siguió con su camino.
-Hay un dicho aquí en Midgard, señor Hyoga -interrumpió Natassia, aún con lágrimas en sus ojos, y mirando a Hyoga tras una sombra creada por su cabellera corta-. Un dios, no tiene que declararse como tal para ser reconocido como un dios. A los dioses se les acepta y respeta voluntariamente, ningún dios debería, jamás, exigir tributo alguno -agregó furiosa.
-Y por eso los dioses de Midgard, no son nada para nosotros -le respondió Hyoga, siguiendo a Hagen y a Avidor en dirección a Ulfrgard, mientras se regocijaba en lo salvajes que eran, a su percepción, los pueblos de Midgard.
Svartálfaheim. Faldas de la cordillera de Nidafjöll.
-Nidafjöll es la cordillera que funciona como línea divisoria entre Svartálfaheim y Niflheim -le explicaba Kiki a Mu, quien se mostró sorprendido por la explicación. El batallón de Mu había avanzado ya bastante desde aquella reunión en las faldas del Monte Crux, pero había comenzado a oscurecer, o al menos lo que podría considerarse oscurecer en Svartálfaheim. El cielo de Svartálfaheim siempre se encontraba rodeado de nubes cafés, como las de una pira inmensa, pero por las noches tomaban un color más oscuro, y era sumamente difícil ver por donde se caminaba. Por esta razón, Kiki había sugerido que se desplegara el campamento, y había pedido la primera guardia nocturna. Así fue como, frente a una fogata de amatista, misma que había sorprendido a Mu cuando Kiki la encendió, el par que había comenzado a tener una amistad peculiar montaba guardia-. Sé que va a sonarte muy extraño, pero siempre soñé con viajar por los 9 Mundos, no solo a Midgard, y tenía ese extraño sueño de querer encontrar la puerta de entrada al Niflheim. Después de todo, no puedo morir tan fácilmente, hubiera sido interesante ver de lo que me estoy perdiendo -sonrió Kiki.
-Aunque inquietantemente perturbador por la forma en que lo pones, no es muy diferente de mí -confesó Mu, sorprendiendo a Kiki-. Antes de ser un Dios Guerrero Dorado, mi maestro, Shion, me llenó con ideas sobre los pueblos de los Enanos, su mundo, sus costumbres. Él solía decirme que, en anteriores guerras, cuando los Dioses Guerreros de Yggdrasil dañaban sus Ropajes Sagrados, solo los Enanos podían repararlos. Él dedicó su vida a entender estos secretos, y casi podía jurar que podría reparar los Ropajes Dorados, tan solo, no tenía los materiales -aseguró Mu, y Kiki asintió, permitiéndole continuar-. Él solía decirme que yo poseía una conexión importante con los Enanos. Por ello siempre desee llegar a este mundo, descubrir mis raíces. Y solo descubrí que no soy un Enano, sino un Elfo -declaró entristecido.
-Un Elfo Ljósálfar, pero criado en Midgard -le explicó Kiki, lo que Mu no comprendió-. ¿Cómo te lo explico? No sé mucho de los Ljósálfar, no al menos de los que viven en Alfheim, pero todas las razas de elfos tuvieron un ancestro en común que fue cambiando por diversas razones. Los Ljósálfar, los Døkkálfar y los Dvergr, todos fueron elfos. Se suponía que las 4 Ciudades de Svartálfaheim fueran un símbolo que nuestros dioses edificaron para nosotros. En una ciudad debían gobernar los Ljósálfar, en otra gobernarían los Døkkálfar, en otra los Dvergr -sonrió Kiki.
-Espera… ¿quieres decir que, en la cuarta ciudad, debía gobernar una especie distinta de Elfo? -preguntó Mu con curiosidad, a lo que Kiki respondió asintiendo- ¿Qué otra clase de Elfo existe? -le preguntó curioso.
-Me sorprende que alguien tan listo como tú no lo haya descifrado aún -se burló un poco Kiki, y tras forzarse a sí mismo a pensarlo, la revelación llegó ante Mu. Fue tal la sorpresa, que se puso de pie impresionado-. ¿Lo dedujiste? La cuarta raza debía gobernar en Sindr, y se trataba de la raza que se forma de la unión entre Elfos con las otras especies. ¿Puedes creerlo, Mu? Un mundo donde no existe la discriminación, un mundo donde tanto tú que eres una cruza de un Ljósálfar con un Døkkálfar, y donde yo siendo una cruza de un Dvergr con una Ljósálfar, pudiéramos vivir todos juntos en paz -señaló Kiki con entusiasmo.
-De modo que era eso -agregó Mu con molestia, y Kiki reaccionó con sorpresa-. Habías dicho que era una cruza de un Ljósálfar… nunca dijiste que fuera también de un Døkkálfar -declaró, y Kiki se apenó por haber evadido darle esa información-. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué ese mundo no existe? ¿Por qué 3 reyes Dvergr se sientan en 3 de las 4 ciudades de los Elfos, y los Døkkálfar en la última? -insistió Mu.
-Si te sirve de consuelo, Alberich es mitad Dvergr mitad humano -se burló Kiki, pero Mu estaba firme en saber la verdad-. Hay quienes dicen que Svartálfaheim y Alfheim antes eran un solo mundo llamado Nidavellir -le explicó Kiki, y Mu volvió a prestarle toda su atención-. En ese tiempo, todos los Elfos eran una sola raza gobernada por el Dios Frey y la Diosa Freyja. Se dice que el reino de Nidavellir era tan glorioso, que Asgard y Vanaheim deseaban hacerse con sus riquezas. Aquel era un tiempo en el que Asgard y Vanaheim estaban en Guerra, los violentos Aesir de Asgard, y los Dioses de la Fertilidad de Vanaheim, solo veían a Nidavellir como una fuerza mágica que desequilibraría la balanza de poder en cualquier dirección. Es una historia complicada -interrumpió.
-Tengo tiempo… -le respondió Mu, mirando las estrellas de Svartálfaheim-. Siempre hay tiempo para aprender de la historia, y por como la cuentas, parece una historia de la Segunda Era -dedujo Mu.
-Después de la creación, que era la Primera Era -prosiguió Kiki-. La Segunda Era comienza al término de la Guerra de los Aesir contra los Gigantes primordiales, guerra en la que se creó todo lo que existe, y culmina con la coronación de Odín como el Padre de Todos cuando Tyr perdió su mano contra Fenrir, ¿conoces esa historia? -preguntó.
-Tendría que vivir bajo una roca para no conocerla… sin ofender… -recordó Mu, y Kiki movió sus manos indicando que no le molestaba-. Entonces durante la guerra entre los Aesir y los Vanir, Tyr era el Padre de Todos -declaró Mu.
-Y Nidavellir estaba a punto de ser obligado a tomar un bando -prosiguió Kiki-. Entonces Odín tuvo una idea, preparó un intercambio de prisioneros con los Vanir, que de forma extraña selló la paz. Algunos Aesir se mudaron a Vanaheim, algunos Vanir se mudaron a Asgard, y como Frey y Freyja son considerados Vanir, partieron de Alfheim a Asgard. Algunos piensan que ese fue el momento del declive de nuestra civilización ancestral, ya que al poco tiempo, Nidavellir comenzó a partirse en 2 -le explicó, tomó una vara, y comenzó a dibujar un árbol, mostrando 3 esferas en la parte de abajo, y 4 en la parte de arriba, la última de las cuales estaba siendo cortada a la mitad por un disco que representaba a Midgard-. Se dice que siempre debieron ser 9 Mundos, no 8, que siempre estuvo en los planes de los dioses el dividir a Nidavellir a la mitad. Otros dicen que todo fue culpa de Jormundgandr, que creció tanto que extendió el disco de Midgard hasta que partió a nuestro mundo en 2. Nadie sabe con certeza por qué pasó, pero muchos le atribuyeron a Frey esta acción -le explicó, y Mu se frotó la barbilla con interés-. Cuando Nidavellir se partió en Alfheim y Svartálfaheim, muchos pensaron que era el castigo divino, que quienes quedaron en Alfheim eran las elegidos por Frey, y por ello eran dioses, y los que quedamos en Svartálfaheim éramos los rechazados, los condenados, la escoria. Fue solo cuestión de tiempo después de eso -le explicó, y Mu ya tenía una idea de cómo iba a terminar todo-. Nuestro mundo oscureció, y perdimos la gracia de Frey, la mitad de la población de Svartálfaheim se dedicó a volver a buscar la gracia de Frey, a convertirse en dioses nuevamente, y así nacieron los Døkkálfar… la otra mitad básicamente dijo, no necesitamos a los dioses, si nos condenaron, entonces nos levantaremos y fortaleceremos sin ellos, y así nacieron los Dvergr. Svartálfaheim se convirtió en un mundo dividido entre la religión, y la tecnología. Nació la discriminación, nació el racismo, dicen incluso que los Elfos e Alfheim, los Ljósálfar, desarrollaron aversión a los Elfos de cualquier tipo que vivieran en Svartálfaheim. Aunque, de todas formas, algunos migraron aquí, y vivieron entre nosotros, así nacimos tú y yo -sonrió.
-No parece que a los Dvergr les importe mucho el que no seas completamente un Dvergr -continuó Mu, deduciendo por la forma en que Kiki hablaba, el que nunca fue discriminado-. En Midgard existe la discriminación, me han llamado mitad Enano, a Aldebarán lo discriminaban por supuestamente ser el hijo perdido de un Jotunn. Quien sabe que otros tipos de discriminación existan en Midgard -agregó entristecido.
-Eso es raro, porque los hombres de Midgard siempre me han parecido fascinantes -agregó Kiki con una sonrisa-. Humanos luchando codo a codo con sus dioses, hombres y mujeres tratándose como iguales en la batalla, en los juicios de los Jarl se toma en cuenta la opinión del pueblo, apenas existen las clases sociales. Midgard es muy tolerante. Seguramente existe discriminación, como en todas las civilizaciones, pero no creo que esté tan mal -agregó, y Mu tuvo que admitir que Kiki probablemente tenía razón-. De hecho, de no ser por un humano al que el rey Mótsognir conoció hace mucho tiempo, seguramente yo sería discriminado hoy en día por mi sangre de cruza -continuó Kiki-. Su nombre era Derbal -prosiguió Kiki.
-¿Derbal? -se sorprendió Mu, y Kiki asintió- No puede tratarse del mismo Derbal, ¿o sí? ¿Llegaste a conocer a ese tal Derbal? -le preguntó Mu en curiosidad.
-Sé que tengo sangre de elfo, pero solo tengo 8 años, eso fue hace más de 50 años -le explicó Kiki, por lo que la duda sobre si se trataba de la misma persona o no, aún inquietaba a Mu-. No sé mucho al respecto, pero sí sé que es gracias a Derbal el que los Dvergr dejaron de odiar a los humanos, y a ser más tolerantes con las cruzas. Derbal viajaba con una cruza, e iba en una misión, la misión de unir a todos los mundos en convivencia, fue Derbal quien convenció a Mótsognir de que no todos los humanos eran malos, y a los humanos les dijo que los Enanos no tenían por qué ser temidos. Todo esto pasó antes de la alianza de los Døkkálfar con los Bergtrol. Cuando los Bergtrol entraron en la Guerra Oscura, las negociaciones cedieron, por muchos años los Dvergr dejaron de visitar Midgard, de hecho, parece ser que soy el primero en visitarlos después de 50 años -le explicó.
-Eso me confunde más de lo que me ayuda, ¿qué edad tenía entonces Derbal? ¿Cómo es que estamos hablando del mismo Derbal? -se fastidió Mu, dándole vueltas al asunto en su cabeza. Pero ya no valía la pena preocuparse por un hombre muerto, razón por la que Mu volvió a prestar atención a los pobladores de Svartálfaheim- De modo que, en Svartálfaheim odiaban a los hombres de Midgard, pero ya no lo hacen -agregó con curiosidad.
-No creo que odio fuera alguna vez la palabra -prosiguió Kiki-. Somos una civilización lo suficientemente avanzada para saber que todos somos seres vivos, sin importar la sangre o lo que creamos. El Rey Mótsognir inclusive prometió sentar a una cruza en el trono de alguna de las 4 Ciudades algún día -le explicó Kiki con una sonrisa-. Así que, más que odio, era desconfianza. Los humanos nos llamaban secuestradores de niños o malos augurios, por consecuencia, los Dvergr pensábamos que eran muy estúpidos. Pero eso no se piensa más. Los Døkkálfar y los Ljósálfar por otro lado, bueno, sé que los primeros son unos racistas que se creen dioses, no conozco a suficientes Ljósálfar para saber del resto, pero, sí se sabe que no nos toleran, nos ven como una aberración. Al menos un Døkkálfar te odia y quiere matarte porque nos consideran rivales y porque tenemos visiones diferentes del universo, los Ljósálfar son ridículos, te odian por tu color de pelo y esas cosas -le explicó.
-Esa es la sangre que corre por nuestras venas -se asqueó Mu, sintiendo repudio por esa mentalidad tan primitiva-. ¿Dónde es mi lugar entonces? Ni siquiera soy humano -recordó con tristeza.
-Un Enano nunca va a juzgarte, eso es incivilizado -le sonrió Kiki, y Mu se sintió un poco más tranquilo-. Yo creo que todos somos iguales, no importa la sangre que tengamos, somos hermanos que comparten un mismo mundo -sonrió Kiki.
-9 Mundos -corrigió Mu, y entonces recordó a sus dioses-. Pero pienso, que mis dioses piensan igual que tú, lo siento en mi corazón. Tal vez por eso me eligieron como un Dios Guerrero Dorado pese a no ser humano -se enorgulleció Mu, ya más convencido de su identidad.
Hlingard. Palacio de Hlingard.
-¿Qué has dicho? ¿Frisos han entrado por la frontera de Galdhoppiggen? -Jarl Svend Ulfson recibió la noticia de Shunrei, la aterrada discípulo de Dohko, quien había corrido desde Galdhoppiggen hasta Hlingard con su poco dominio de cosmos y se encontraba agotada. Como su escolta estaba Afrodita, quien la había traído el resto del camino, además de que en la habitación permanecía Harald como el eterno guardián de su padre el Jarl Svend, y Andreas, quien se encargaba de mantener la salud de Shunrei en revisión constante.
-Shaka envió un mensaje telepático a los Dioses Guerreros Dorados, pero sin nuestros Ropajes Sagrados, nos fue un poco difícil descifrarlo a tiempo -le explicó Afrodita a Jarl Svend, quien se frotaba la barba escarlata en todo momento-. En realidad, de no ser por Shunrei que imprudentemente usó su poco dominio de cosmos para llegar a Hlingard desde Galdhoppigen, no sabríamos el mensaje completo. Fryslán, Galdhoppiggen y Danmark, se han aliado y han atacado Hlingard.
-¿Y cómo Draugrs se las arreglaron para llegar tan profundo a Hlingard, que están atacando Ulfrgard en estos momentos? -se molestó Jarl Svend, quien ya había recibido la noticia de la avanzada de Fryslán por un enviado de Hagen antes de su participación frente a las murallas de Ulfrgard- Además, esos Frisos no tienen ni una pisca de respeto, debieron despertar a los dioses, debieron dar tiempo con el rito de los nombres, ni siquiera lanzaron la lanza. ¿Qué clase de salvajes no lanzan la lanza? Y nos dicen a los de Brávellir salvajes, no dar tiempo para lanzar la lanza, es tradición, uno no va contra la tradición -se quejaba Jarl Svend.
-Mi Jarl, si no le molesta, Shunrei debería estar reposando, concéntrese por favor -interrumpió Andreas, mientras Shunrei estornudaba en debilidad por el resfriado que había adquirido-. ¿Puedes continuar? -le pidió Andreas.
-Si… -prosiguió Shunrei-. Cuando los hombres de Fryslán atacaron al Maestro Shaka, le dieron la oportunidad de rendirse. Mencionaron algo sobre el color de sus cabelleras, pero conmigo no tuvieron esa consideración. Intentaron matarme, varias veces, incluso el rey de Fryslán lo intentó, pero logré escapar de él en la frontera de Galdhoppigen -declaró ella.
-¿Y cómo es que pasaste por la frontera? -continuó Jarl Svend sorprendido- Hasta donde se me ha informado, solo una persona sobrevivió el ataque de la frontera, el Guerrero Vikingo de Hierro, Nachi de Puppis Ni que viste a Serpent, y no lo hizo en las mejores de las condiciones según me cuentan -declaró Jarl Svend.
-El Maestro Shaka me salvó -le respondió Shunrei-. Desde el mirador, lanzó un cometa de cosmos dorado, fulminó a la mayor parte de la avanzada de Fryslán. Muchos fueron vaporizados por completo, y la verdad, de no ser por uno entre sus filas, uno que vestía un Ropaje Sagrado muy hermoso, todos hubieran sido calcinados por el ataque del Maestro Shaka -le explicó Shunrei, lo que impresionaba a Jarl Svend-. Inclusive el Rey Finn, el rey de Fryslán, parecía sucumbir al ataque de cosmos que el Maestro Shaka había lanzado desde el mirador de Galdhoppigen. Pero el guerrero en el Ropaje Sagrado hermoso, alzó su mano, atrapó el resto del ataque del Maestro Shaka, y después… solo recuerdo que comenzó a nevar, la aurora boreal se hizo presente, y después… nada… no podía sentir el cosmos del Maestro Shaka. El hombre del Ropaje Sagrado me miró, y me dijo que me largara antes de que decidiera asesinarme. Aún no sé ni lo que pasó con el Maestro Shaka, ni por qué me dejó vivir -finalizó.
-No fue por compasión, eso te lo aseguro -escuchó Shunrei, mientras a las puertas del Palacio de Hlingard se posaba Hyoga, con Avidor y Hagen de escoltas-. Solamente necesitaba de una pequeña mensajera que fuera e infundiera el miedo en mis enemigos, y creo que lo has hecho perfectamente bien -agregó Hyoga, mientras miraba a Jarl Svend con determinación.
-¿Qué significa esto, Hagen? -interrumpió Harald, como siempre al lado de Jarl Svend Ulfson- ¿Quién es este prisionero? -volvió a preguntarle, mirando a Hyoga y sintiendo entonces su fuerza de cosmos, misma que intimidó a Harald.
-¡Es él! ¡Es el hombre que detuvo el ataque del Maestro Shaka! -declaró Shunrei horrorizada, escondiéndose detrás de Afrodita, quien se encontraba sorprendido por el cosmos que estaba sintiendo y que emanaba de Hyoga.
-Efectivamente, siento un poder capaz de causarle más que problemas a Shaka -agregó Afrodita, colocándose a la defensiva, mientras el Elfo frente a él simplemente mantenía los ojos cerrados, como si nadie dentro de aquel lugar fuera una amenaza para él.
-Lamento la interrupción, Jarl Svend, pero le aseguro que no hubiera irrumpido así de no ser algo importante -continuó Hagen, y Jarl Svend asintió mientras miraba a Hyoga, y sentía su aplastante poder-. Ulfrgard está intacta salvo por una muerte que más tarde le informaré. De momento lo que debe interesarle es que la invasión de Fryslán ha sido interrumpida por el Guerrero Ljusalf aquí presente -declaró Hagen.
-Guerrero Ljusalf de Gamma Coronae Borealis, Hyoga de Álvit -se presentó Hyoga, rompiendo entonces las cadenas que le ataban los brazos, poniendo a todos los presentes a la defensiva-. Guarden sus energías, humanos, si los quisiera muertos, los habría exterminado como exterminé a ese humano al que llaman Shaka -declaró Hyoga.
-¿Esperas que creamos que alguien como tú podría derrotar a Shaka? -interrumpió Afrodita- Aunque admito que el cosmos que posees es inquietante, Shaka es uno de los Dioses Guerreros Dorados más poderosos. ¿Cómo podrías derrotarlo? -preguntó Afrodita con desafío.
-Si ese era uno de los Dioses Guerreros Dorados más poderoso, tal vez debería de exterminarlos de una buena vez en lugar de darles la oportunidad de defenderse, ya que solo me están haciendo perder mi valioso tiempo -prosiguió Hyoga en arrogancia.
-Tal vez debería cortarte la garganta aquí y ahora y terminar con esto. ¡Ventisca de Lacustre! -se lanzó Harald indignado, Afrodita intentó detenerlo, pero de un rápido movimiento, el Ropaje Sagrado de Harald quedó congelado, y estalló en pedazos, mientras el líder de los Guerreros Vikingos terminaba en el suelo, humillado y moribundo.
-¿Alguien más desea intentarlo y arruinar por completo la oportunidad de una negociación? -sentenció Hyoga, y el grupo permaneció en silencio mientras Hagen y Afrodita se posaban frente a Jarl Svend intentando protegerle- ¡Adelante! ¡Terminarán como bloques de hielo congelados como Shaka! Aunque dudo que alguno de ustedes se vea tan ridículo como él quien antes de ser congelado por el Sarcófago de Hielo tuvo la ridícula idea de tomar la pose de meditación que sería su pose de cadáver -continuó burlándose, por lo que Afrodita comprendió lo que había ocurrido en ese momento.
-¿Pose de meditación…? -concentró su cosmos Afrodita, y en su sombra, pudo ver a Shaka congelado dentro de un bloque de hielo perfecto. Se le veía tranquilo, en su pose de meditación, mientras mantenía el rostro virado en dirección al Monte Galdhopiggen. En eterna vigilancia- Ahora lo entiendo, el Viejo Maestro no se encuentra en el mirador, y alguien debe mantener la vigilancia en todo momento. La misión del Viejo Maestro es de suma importancia y este sujeto no merecía el interrumpirla -sonrió Afrodita.
-¿Qué estas balbuceando? -se fastidió Hyoga al notar que aparentemente, Afrodita le había perdido el miedo- Tal vez tengas un deseo de muerte igual al de tu amigo. ¿Quieres que te lo cumpla? -amenazó.
-Haz venido a negociar, ¿no es así? -preguntó Jarl Svend- Entonces déjate de circo y comienza a negociar. Los hombres de Brávellir no solemos permitir que nos hagan perder el tiempo. ¿Qué deseas? Y ten cuidado con lo que vas a exigir, porque nosotros somos el pueblo ofendido por la guerra que ustedes ni siquiera se dignaron a anunciar -agregó en molestia.
-Negociaré entonces -comenzó Hyoga, mirando a Jarl Svend con determinación-. Pero no sin antes decirle que el pueblo ofendido, no es Hlingard ni lo es Brávellir. La ofensa va más allá de la división territorial de Midgard, esta ofensa ha insultado a mundos enteros, y forzado la mano de los dioses -les explicó Hyoga, lo que para los presentes no tenía sentido alguno.
-Los dioses no han mostrado molestia alguna sobre Midgard, joven Hyoga -exclamó Andreas, mientras atendía a Harald en el suelo, usando su cosmos para sanarlo-. La Sumo Sacerdote no se encuentra en estos momentos en el Santuario, pero me ha dejado a cargo de la comunicación con los dioses. No sé mucho aún, se puede decir que no soy más que un aprendiz. Pero ningún dios ha mostrado ira ante los hombres de Midgard -le explicó Andreas.
-Soy el dios ofendido al que me refiero -se apuntó a sí mismo Hyoga, molestando a Harald, quien se había vuelto a poner de pie, pero Jarl Svend logró detenerlo a tiempo-. Hace 4 meses, los 9 Mundos se sacudieron por el choque de lo que ustedes llaman la Exclamación de Hlin. Una técnica milenaria y prohibida que los dioses repudian, y que sus Dioses Guerreros Dorados utilizaron sin reparo para asesinar a un dios -los apuntó Hyoga con desprecio.
-¿Derbal? Ese sujeto no era un dios, era un demonio -se atrevió a decir Jarl Svend, pero Hyoga no pensaba igual-. ¿Por qué debería importarle a los Elfos el que un falso dios haya sido destruido por los Dioses Guerreros Dorados? No es su problema -aclaró.
-Se convirtió en nuestro problema cuando fue asesinado -fue la respuesta de Hyoga, y entonces indagó más al respecto-. Todos los Elfos son considerados dioses si se les compara con los humanos, pero no todos los Elfos son poseedores de un Galdr -prosiguió Hyoga, explicándoles un poco de su civilización-. En Alfheim los Elfos pueden morir si ciertas condiciones son alcanzadas, pero entre los Elfos quienes gobiernan son eternos, dioses verdaderos, a la par de los Dioses de Asgard, somos conocedores del Galdr y de hechicería muy poderosa -continuó Hyoga, paseándose por el palacio como si este le perteneciera-. Estos dioses no pueden morir. Al menos no se supone que ni un solo dios Elfo conozca la muerte hasta la llegada del Ragnarok. Pero entonces sucedió, la Exclamación de Hlin se hizo presente, un dios murió, haya sido creado artificialmente o no nos es indistinto, ustedes los Dioses Guerreros Dorados demostraron que no es imposible que simples mortales asesinen a los dioses. Y por ello, los dioses nos hemos levantado en su contra para castigarlos -señaló Hyoga.
-Nosotros no nos metemos con su mundo, Elfo, harían bien en no meterse con el nuestro -declaró Jarl Svend, pero la amenaza no intimidaba a Hyoga-. Además, todo esto no explica por qué Fryslán se ha involucrado en el conflicto de los Elfos -insistió.
-Para explicarte, tengo que contarles una historia muy antigua, ¿están dispuestos a escucharla? -preguntó Hyoga, Jarl Svend meditó al respecto, ya estaba perdiendo la paciencia, pero comprendiendo que no tenía más opción, asintió-. Bien… -aceptó Hyoga, y continuó-. Hace mucho tiempo existió un rey en Midgard al que llamaban Gaut. Se cuenta que era un rey tan hermoso que una Elfina que procuraba Midgard quedó enamorada de él. Aquella fue la primera vez en que una Ljósálfar se unía a un humano, algo que no debía ser posible ya que nuestras fisionomías eran muy distintas, pero sucedió, y por primera vez, hace más de 3,000 años, el hijo de un Ljósálfar y un humano pisó Midgard, su nombre era Folcwald -agregó Hyoga, y la sorpresa en el rostro de Jarl Svend no se hizo esperar.
-¿El primer rey de Fryslán? -se preguntó Jarl Svend, y Hyoga asintió- Hace más de 3,000 años, Fjördland y Fryslán eran una sola nación. Pero, por alguna extraña razón, Folcwald inició un movimiento independentista que culminó en la fundación de Fryslán. ¿He de suponer ahora que ese movimiento independentista es gracias a los Elfos? -preguntó curioso.
-La raza Frisona nació con Folcwald, pero el movimiento independentista que mencionas, pasó casi 200 años después -prosiguió Hyoga, confundiendo a Jarl Svend-. Los humanos son muy primitivos, no inventaron la escritura hasta hace apenas unos 2,000 años, por ello no tenían forma de darse cuenta de que cuando ese movimiento independentista se dio, Folcwald ya había vivido el doble que el humano promedio. Pero permítame explicarle lo que ocurrió antes -prosiguió Hyoga con la historia de su pueblo-. Cuando Fjördland y Fryslán eran aún una sola nación, los Ljósálfar intervenimos para recuperar a nuestra hermana que había hecho su hogar con los humanos, y nos llevamos también a Gaut a Alfheim haciendo pensar a todos los pobladores de Fjördland que el rey había muerto. Pero dejamos a Folcwald, teníamos la confianza de que fuera igual de longevo que un humano y pereciera, poniendo fin así a la aversión de su existencia. En retrospectiva, debimos habernos encargado de él, fuimos condescendientes. Folcwald vivió más que cualquier humano, e incluso tuvo un hijo, Finn, actual rey de Fryslán, pero eso dejó un gran problema. El primero, era que la sangre de Elfo no desaparecía con tanta facilidad como pensábamos, el segundo, los humanos comenzaban a hacerse longevos, y eso era inadmisible. Por años los Ljósálfar han esperado pacientemente la extinción de los humanos, para poder reclamar Midgard como nuestra, pero ahora ese plan corría peligro con humanos tan longevos -les explico.
-De modo que, desde ese entonces no éramos nada para ustedes los Elfos -se cruzó de Brazos Jarl Svend-. Algo me dice que no nos va a gustar el rumbo de las negociaciones, joven Hyoga -prosiguió Jarl Svend.
-Créalo o no, Jarl Svend, tengo 1400 años -se burló Hyoga-. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que los Ljósálfar tuvieron que elegir entre asesinar a todos los que poseyeran nuestra sangre, o dejarlos vivir. Para cuando el consejo meditó al respecto, el Rey Finn había tenido 3 hijos más: Slagfidr a quien Hagen ya conoce bastante bien -lo miró Hyoga en tono de burla, y Hagen tan solo se mordió el labio-. Y los príncipes Agilaz y Völundr. El consejo de Elfos entonces supo que deshacerse de ellos no era garantía de que el Rey Finn no tuviera más descendencia regada por Midgard, y aquello trajo consigo un pequeño cambio de planes. En lugar de pensar a los hijos de Ljósálfar con humanos como una desgracia, los haríamos combatir en nuestra propia guerra. Verán humanos, los Elfos no poseen una capacidad reproductiva tan envidiable como la de los humanos, y como Gaut demostró que el nacimiento de cruzas era posible, digamos que, los dioses de Ljósálfar decidimos aprovecharnos de esto. Enviamos a 3 de las más hermosas Elfinas de Alfheim, llegaron transformadas en cisnes, y sedujeron a los 3 hijos del Rey Finn. El resto, es historia, durante 7 años les dieron a los hijos del Rey Finn a cuantos hijos pudieron, al octavo cuando el último de los hijos no requirió más de la protección de su madre comenzaron a distanciarse, para desaparecer al noveno año. El resto, es historia. La raza Frisona nació, y los Ljósálfar mantuvimos estrechas relaciones con ellos. Bajo nuestras sugerencias, la independencia de Fryslán comenzó, y cuando el país estuvo constituido cerramos fronteras, la historia de Fryslán es prácticamente desconocida, y lo es así, porque no deseábamos que los demás países supieran de la existencia de las cruzas que comparten nuestra sangre, y así, cuando el momento fuera propicio, recuperaríamos todo Midgard. O al menos ese era el plan… hasta que… -miró Hyoga a Jarl Svend directamente.
-Hasta el choque de las Exclamaciones de Hlin -Hyoga asintió-. Ya veo. Esto significa que la guerra entre Fryslán y Hlingard hubiera ocurrido de todas formas, pero por el poder de destruir a los dioses, los Ljósálfar han decidido adelantar sus planes.
-Los planes de conquista y erradicación de su raza -respondió Hyoga, lo que enfureció a los presentes-. Pero para fortuna de ustedes, represento a la facción que está decidida a darles a los humanos una oportunidad -más ante aquellas palabras, la confusión reinó-. Es verdad que mi raza siente un desprecio incondicional por los humanos, por lo primitivo y estoicos que son. Pero no todos en mi mundo desean su exterminio. Uno de los señores elfos al menos está dispuesto a permitirles a su raza sobrevivir, pero será con base a la subordinación -aseguró.
-De modo que, seguimos siendo muy poca cosa para ustedes los Elfos, vaya, cada vez me dan más ganas de partirles sus pequeños traseros pálidos en pedazos -respondió Jarl Svend, lo que enfureció a Hyoga-. Puedes creerte la gran cosa todo lo que quieras, Elfo, hemos estado en más guerras de las que podrías contar. Ustedes nos ven como algo pasajero, pues estos pasajeros tienen a tu raza de los pelos de punta por un par de Exclamaciones de Hlin que se impactaron la una a la otra. Bravo, ahora tenemos su atención. Ahora, si no quieres que nuestra atención suba de tono y llevemos a nuestra raza inferior a jalarles de sus orejas puntiagudas, negocia con algo más… ¿qué palabra estoy buscando? Oh sí, humano -lo amenazó el Jarl.
-No digan que no intenté salvarlos de la extinción, humanos -prosiguió Hyoga, dándole muy poca importancia a las palabras de Jarl Svend-. He comprobado que el único lenguaje que ustedes los humanos saben hablar es el de la violencia. Así pues, mediaré con violencia. La misma oferta que hice a Hagen en su momento sigue en pie, 2 guerreros, uno por bando, en duelo a muerte. Yo gano, Hlingard se subordina, ustedes ganan, los Ljósálfar nos largamos -declaró con molestia.
-¿Tanto parloteaste de la historia de tu pueblo cuando podías empezar así? Malditos Elfos, ¿piensan que uno es igual de longevo que ellos? Tienes tu batalla, Elfo, y te demostraremos que un humano puede partirle los ricitos dorados a quien sea -prosiguió Jarl Svend con desprecio-. Pero requeriremos tiempo para seleccionar a nuestro campeón. 3 lunas es lo que pido, como sea para ustedes es un tiempo insignificante. Y durante esas 3 lunas no se hará la guerra, ¿quedó claro Elfito? Porque podemos partirnos el rostro y terminar con esto más rápido si así lo deseas, Tyr sabe que yo lo preferiría -sonrió Jarl Svend.
-Y por eso tu dios no es más el padre de todos -sentenció Hyoga en señal de molestia-. En 3 Lunas vendré ante ustedes con mis hombres. Y veremos quien fue lo suficientemente valiente, o estúpido, para enfrentarme en ese momento -finalizó Hyoga, dándose la vuelta, y encontrando a Hagen frente a él.
-Descuida, ricitos, ese derecho nadie me lo quita -amenazó Hagen, mientras Hyoga lo ignoraba y continuaba con su camino-. Avidor, estás asignado a su vigilancia, si algo le pasa, Hyoga, iré por ti -terminó Hagen, y Hyoga simplemente continuó con su camino-. Mi Jarl, no puedo creerme que estemos accediendo a esto -se molestó Hagen.
-Ya sé, ya sé, todos queremos patear traseros de Elfo -lo tranquilizó Jarl Svend-. Pero ese sujeto no es alguien a quien enfurecer, no más de lo necesario al menos. Por ello debo preguntarte, Hagen. ¿Estás seguro de que deseas ser tú quien lo enfrente por el futuro de Midgard? -preguntó Jarl Svend, y aunque Hagen temiera el poderoso cosmos de Hyoga, aceptó, asintiendo con determinación-. No se diga más. En 3 lunas se dará este combate -señaló Jarl Svend.
-Me temo que tengo algo que decir al respecto -declaró Afrodita, interrumpiendo el momento-. Este conflicto excede las responsabilidades de los Dioses Guerreros de Asgard. Debe ser un Dios Guerrero Dorado quien se encargue del Ljósálfar -concluyó Afrodita.
-Ya lo he decidido, seré yo quien enfrente a ese sujeto -insistió Hagen, mientras Afrodita lo miraba fijamente, intentando con su cosmos demostrarle la abismal diferencia entre ambos-. No posees tu Ropaje Sagrado, estoy mejor calificado -aseguró.
-Tu Ropaje Sagrado dista mucho de estar en las condiciones propicias también -intentaba explicarle Afrodita-. Será mejor que entiendas tu lugar, los Dioses Guerreros Dorados somos los defensores de Yggdrasil -le recordó.
-Y los Guerreros Vikingos somos quienes deberían proteger Midgard -agregó Harald, por fin poniéndose de pie gracias a las atenciones de Andreas-. Pero tendría que estar ciego para no ver dónde está mi límite. Hagen… entiendo tus motivaciones, pero no estamos a su alcance. Esto es más grande que nosotros, los Dioses Guerreros Dorados deberían encargarse -finalizó, deprimiendo a Hagen.
-Sería una buena práctica un combate de exhibición previo al que ponga en duda el futuro de Midgard -interrumpió Jarl Svend, ganándose las miradas de los presentes. Digo, si Afrodita está tan seguro, no creo que tenga problema en demostrarlo en combate. Aquello nos dirá si Hagen es o no el indicado -finalizó, y Afrodita lo pensó-. En una luna tendremos este combate, y quien resulte ganador, representará a Midgard ante los Elfos -finalizó Jarl Svend, y no se dijo más al respecto.
Svartálfaheim. Campos Oscuros de Myrkálfar.
El grupo de Aioria diferente del de Mu continuó con la marcha aún tras caída la noche, pero atendían a todas las recomendaciones que se les habían hecho. Alberich colocaba en esos momentos mantas blancas contra las paredes de los carromatos que los acompañaban, ya que una neblina blanquecina comenzaba a alzarse, lo que significaba según los tiempos de los Enanos, que era de madrugada. Pandora inclusive cabeceaba ya en esos momentos, al igual que Lyfia, pero el par de mujeres se negaba a dormir hasta que terminaran de avanzar. Frodi por otra parte, estaba furioso.
-¿A qué maldita hora van a dejar de avanzar y montar campamento? -recriminaba Frodi, despertando tanto a Pandora como a Lyfia- ¡Aioria! ¡Eres el Huskarl de este batallón! ¡Pero estás resultando ser más irresponsable que Saga cuando lideraba a los Dioses Guerreros Dorados! ¡Están cansadas! -proseguía Frodi en evidente tono de desafío.
-¿Quiere que lo silencie, Huskarl Aioria? -amenazó Ikki desde los interiores de uno de los carromatos, en eterna aburrición- No me molestaría estirar un poco los músculos -prosiguió con violencia, mirando a Frodi desde el interior.
-Si quieres estirarte anda y camina -le respondió Shura, pero Ikki no demostró interés alguno en bajar del carromato-. En cuanto a ti, Frodi, una palabra más y lo declararemos desacato. Montaremos campamento únicamente tras haber llegado a los Bosques de Amatista, donde la luz nos ayude a ver mejor a quienes nos han estado siguiendo -finalizó Shura, sorprendiendo a Frodi, y a algunas figuras que se movían entre las sombras-. Eso les debió haber dado un escarmiento, pero no significa que nos dejarán en paz -susurró Shura.
-Por el tamaño seguro son Dvergr. Ocultan perfectamente su cosmos, o no lo dominan del todo -le regresó el susurro Aioria, y Shura asintió-. De momento no siento hostilidad de su parte, pero no me fiaré con un herido y un par de mujeres. Ikki será la primera guardia, por eso está descansando a mi petición, pero preferiría que fuera la primer guardia con luz de Amatista iluminando nuestro campamento -concluyó Aioria.
-Sabia decisión -le comentó Shura-. Pero un Huskarl no tiene por qué explicar sus planes, sus hombres deben seguirle ciegamente. Frodi necesita un escarmiento, su rencilla personal no tiene nada que ver contigo. ¿Me equivoco? -preguntó Shura con curiosidad.
-Digamos que no está para nada contento de la amistad que he entablado con Lyfia -comentó Aioria, y Shura suspiró en señal de molestia-. Y, aun así, no lo considero un motivo importante. No entraré en conflicto con alguien tan infantil como para no entender que nuestras motivaciones personales, no son nada comparado con nuestro deber a Hlin. Si quiere gritar a los 4 vientos que grite, pero si delata nuestra posición a un enemigo, lo haré trizas yo mismo -prosiguió Aioria, y Shura asintió.
-Que digan lo que digan, como Huskarl recuerdas mucho a tu hermano Aioros -sonrió Shura, y Aioria se impresionó por sus palabras-. Pero considero que van a existir bastantes conflictos en esta unidad. Ya ha pasado mucho tiempo y no hemos siquiera visto a un solo Dvergr, eso me inquieta. Si nuestro conflicto interno inicia también antes de que estemos listos, no sobreviviremos a este mundo -concluyó Shura, mirando a las sombras que se movían por la noche.
Midgard. Hlingard. Cueva de Caliza Ardiente.
-¿Hagen? -resonó la voz de Flare a las afueras de unas cuevas cercanas a las murallas exteriores de Hlingard, unas cuevas que Hagen frecuentaba, y que Flare visitaba únicamente cuando Hagen desaparecía por periodos prolongados de tiempo- Hagen, sé que estás allí dentro, habla conmigo por favor. ¿Es verdad lo que he escuchado? ¿Es verdad que combatirás a Afrodita? Todo el reino está conmocionado, hay guerra en Hlingard, ¿y los Dioses Guerreros Dorados y los de Asgard se baten en duelo? -preguntó consternada, pero nadie le respondió- ¡Hagen! Por favor, ¿es mucho pedir que me escuches? No lo hiciste en la anterior guerra y no lo haces ahora, Hagen… yo tan solo… deseo una vida tranquila entre nosotros… por favor… olvida esto, regresa conmigo a la taberna -suplicó ella.
-¡No me pidas que le de mi espalda a mi deber, Flare! -se escuchó desde los interiores de la cueva, donde Hagen, bañado en sudor y tratando de controlar su respiración, se mantenía parado con solo sus pantalones sirviéndole de protección, y con Sleipnir, su Ropaje Sagrado, mirándolo desde una roca de magma hirviente- No huyo a la vida simple de un cocinero, ni a los placeres de formar una familia. Pero no será ahora. Deberás entenderlo, nada ni nadie está por encima de Hlin… y esté ella o no en Midgard, es mi deber hacer lo que mi corazón dicta que son sus ideales. Combatiré a Afrodita y lo venceré, y después seguirá Hyoga -declaró Hagen.
-¿Es tu última palabra, Hagen? -agregó Flare, por el tono de su voz, Hagen sabía que estaba llorando- No me pidas entonces, que esté allí para ti cuando todo esto haya terminado, yo también tengo sentimientos Hagen. Pero para ti, es más importante Saori… lo comprendo, pero no estoy dispuesta a aceptarlo, así que, lo lamento… -ante aquellas palabras, Hagen dudó, pero se mantuvo firme en su decisión-. Que seas feliz, Hagen -finalizó Flare, y se retiró.
-Flare… -sollozó un poco Hagen, pero se mordió los labios para continuar con su entrenamiento, soportando las altas temperaturas, y convencido en su deber-. Lo lamento Flare, pero mi deber, es lo más importante -sentenció.
-Y por eso, no entrenarás solo -escuchó Hagen, y para su sorpresa, encontró a Shaka, revestido en su Ropaje Sagrado, en la posición de loto frente a él, lo que sorprendió a Hagen-. No te confundas, realmente no estoy aquí, mi cuerpo se encuentra congelado frente al mirador del Galdhoppigen. Tan solo creí que necesitarías ayuda -declaró Shaka, con sus ojos cerrados en todo momento.
-Maestro Shaka, no debería esforzarse. Sé que sus heridas causadas por las torturas de Fafner no han sanado aun cuando se ha terminado la Guerra de Midgard -comentó Hagen, y Shaka simplemente asintió-. Debería concentrarse en su misión actual -prosiguió.
-El Monte Galdhoppigen no se irá a ningún lado, y puedo vigilarlo aun proyectando mi cosmos hasta aquí -le respondió Shaka, y Hagen se mostró impresionado-. Sobre mis heridas, solamente son físicas, y mi cuerpo se restaura aún dentro del Sarcófago de Hielo. En todo caso, mientras esté allí encerrado, aún si pasara algo frente al Monte Galdhoppigen no habría mucho que yo podría hacer. Concentro mi cosmos en recuperar mis heridas, y me fortalezco para cuando por fin alguien me libere. Mientras tanto, no puedo dejar a Midgard desatendida. No podré pelear, pero tú puedes pelear por mí, ¿no es así Hagen? ¿Quieres tener una oportunidad contra Afrodita? ¿O has perdido a Flare solo por capricho personal? -comentó, y Hagen suspiró, y asintió- Cuando Siegfried murió, inclusive le brindaste tu lanza, Gaebolg, para que fuera cremado con ella. Tu lanza aún existe, pero no has logrado materializarla desde la muerte de Siegfried. Hay muchos bloqueos mentales en tu ser, muchas dudas. Permíteme despejarlas -prosiguió Shaka, elevando su cosmos, y rodeando a Hagen con el mismo.
Svartálfaheim. Campos Oscuros de Nidavellir. 01 de Enero de 4E 09.
-¿Ya debe ser Año Nuevo? -habló para sí misma Saori, mientras sostenía una pequeña bolsa de piel con un moño rojo, y se escondía de Milo tras un árbol de tronco negro, mientras él miraba desde la cima de una colina a la Ciudad de Oro de Nidavellir, que ya estaba muy cerca- ¿Se molestará si se lo doy? -se preguntó Saori, sacando del interior de la bolsa un pendiente dorado con la forma de un aguijón cuya punta estaba adornada con un rubí muy hermoso. El aguijón se abría como un relicario con forma de corazón, y en su interior estaban escritos los nombres de ella y de Milo, y tras verlo, se armó de valor, pero una inmensa mano la detuvo.
-Por el bien de Milo, voy a tener que pedirle que no lo haga, princesa Saori -exclamó Tholl, conociendo de antemano tanto los sentimientos, como las intenciones de Saori-. Sé que en estos momentos puede que no sea su Dios Guerrero favorito por cortarle sus intenciones, pero… le pido que me escuche. ¿Puede hacerlo? -preguntó Tholl, y Saori viró su mirada a Milo, luego a su regalo, luego a Tholl, y al final suspiró, y se dirigió a Tholl.
-No le digas a nadie que fui así de débil por favor, Hilda me mataría -suplicó Saori, pero tras ver la sonrisa apacible de Tholl, ella supo que podía confiar plenamente en él-. Ya lo sé, Tholl: "una diosa no debería tener este tipo de sentimientos", lo entiendo perfectamente -declaró ella.
-¿Cómo dice? -se burló Tholl- Amar es un acto muy noble, mi Asynjur. Y nada me gustaría más que permitirle amar incondicionalmente, pero tristemente, eligió a un Dios Guerrero, uno Dorado lo que lo hace más difícil. No la estoy deteniendo porque no desee que mi diosa ame con libertad, la estoy deteniendo por él quien no podrá hacer su trabajo correctamente, mientras piense en herirla si él falleciera -le explicó Tholl, y Saori no lo entendió del todo-. Verá mi diosa, los Dioses Guerreros no tenemos prohibido amar, yo alguna vez estuve casado -le explicó, y la noticia tomó unos instantes en ser procesada por Saori, y cuando lo hizo, tuvo que cubrirse la boca para no gritar por la sorpresa-. Así es, incluso tuve un par de hijos. Pero no he visto a mi esposa, ni a mis hijos, desde hace más de 8 años -le explicó.
-Pero… ¡Tholl! ¿Por qué casarte si no ibas a estar con tu familia? -agregó Saori horrorizada, pensando que Tholl debería ser un mal marido- Con lo noble y de buen corazón que te vez, no lo creería ni viéndolo -declaró ella.
-Gracias, pero no es lo que cree -se apenó un poco Tholl-. Me casé sin saber que estaba destinado a convertirme en un Dios Guerrero, vivía de la cacería junto a mis hijos cuando Hilda llegó ante mí con la noticia. Los dioses me habían elegido como un Dios Guerrero, debía servir a la hija de Odín. Mi esposa… ella no quiso aceptarlo. Entendí entonces que mi deber como Dios Guerrero, significaba que mi vida ya no era mía, que podía morir en cualquier momento. Si mi esposa hubiera estado dispuesta a aceptarlo, probablemente no nos hubiéramos divorciado, pero así tuvo que ser. Cuando aceptamos el manto del Dios Guerrero, renunciamos a nuestras vidas por usted. Si una mujer está dispuesta a aceptar eso, que siempre será la segunda en la vida de un Dios Guerrero, entonces no hay problema. Si no me hubiera divorciado, mi esposa en estos momentos tendría que vivir con el pesar de que estaría en Svartálfaheim, y quien sabe si regresaría, ¿lo entiende ya, señorita Saori? Mi esposa tuvo esa elección porque era alguien ajena a todo esto, usted por otra parte, es el centro de todo, y si el centro de todo elige a un Dios Guerrero por amante, ese Dios Guerrero ya no puede renunciar a su vida en nombre de su diosa, porque su diosa entonces sería su amante -terminó Tholl, y Saori se deprimió-. Pero no significa que no sea posible, solo que no pienso que sea prudente que sea ahora. La Guerra de Midgard fue una cosa, y lo de Svartálfaheim será otra, pero hay otra guerra, otra aún muy distante, la guerra que definirá el destino de Midgard. Yo creo, que Huskarl Milo debe estar concentrado en esa guerra de la que nadie habla, una guerra que todos llevan presente en su interior, para la cual entrenan. No hay guerra más importante que esa -finalizó Tholl.
-He escuchado pocas cosas de esa guerra, es una guerra que ni Dohko ni Hilda me quieren explicar, pero… -se apenó Saori, y Tholl suspiró en señal de descontento-. ¿Faltará mucho para esa guerra? -se avergonzó.
-Hay tantas cosas mal con ese comentario -se preocupó Tholl, y Saori se apenó-. Primero, usted es la Diosa de la Paz, no debería desear una guerra. Segundo, estamos en medio de la Guerra Oscura, su atención debe estar aquí. Y, por último, señorita, tiene 13 años, la mayoría de edad será a los 14, pero aun así muchos dicen que no debería pensar en matrimonios y cosas así tan a la ligera -le explicó, y Saori se apenó-. En todo caso, señorita, no le estoy pidiendo que desista… le pido que sea paciente… no es el momento… -finalizó Tholl.
-Está bien, Tholl… -le respondió Saori, aunque con lágrimas en sus ojos-. Me ha quedado claro que no es el momento. Esperaré paciente a que lo sea -sonrió ella, y Tholl asintió, y entonces se dirigió a Milo.
-Me toca la guardia, Huskarl Milo, vaya a descansar -agregó Tholl, mientras Saori se ocultaba nuevamente tras el árbol-. El cielo comienza a aclararse, ya es mañana, ósea hoy, lo que significa que debes descansar -finalizó Tholl.
-Este mundo me molesta bastante -fue la respuesta de Milo, quien entonces miró a Tholl fijamente, como sintiendo desprecio por él-. A la próxima, metete en tus propios asuntos, armatoste. Yo decido cuando es o no es el momento -se fastidió Milo, y Tholl simplemente se burló de el-. Buenos días, Saori -agregó Milo mientras pasaba a su lado con los ojos cerrados, sobresaltándola, ya que él siempre supo que estuvo allí-. Soy el Guardián de los Dioses, ¿cómo se les ocurre chismear tras de mí? Todo esto me fastidia demasiado -finalizó Milo, mientras Saori se apenaba, y abrazaba el bulto que pretendía regalarle a Milo, comprendiendo que no era el momento, y que Milo no podría cumplir con su deber si ella llegara a avanzar más en sus deseos.
Glosario:
1 – CRIATURAS:
Erlkönig: Criatura mitológica conocida erróneamente como el "Rey Elfo", que se decía aparecía frente a los condenados a muerte con un rostro distinto que indicaba la forma en que iba a morir, ya fuera con dolor, en calma, con tristeza, su rostro siempre reflejaba las emociones finales de quien moriría.
Ljusalf: Traducido como ser de luz o como iluminado, era otra forma de dirigirse a los elfos de Alfheim.
Svinfylking: Similar a los Berserkers, eran guerreros que se decía tomaban la forma de un Jabalí humanoide al entrar en la batalla
2 – DIOSES:
Gaut: Un rey legendario que fue venerado como una divinidad. Fue padre de Folcwald.
Völundr: Hijo del rey Finn que se casó con una doncella cisne. Era un herrero muy reconocido y artesano. Es el único de los hijos del rey Finn en ser reconocido como un dios.
3 – LUGARES:
Nidafjöll: Extensa cordillera montañosa que se extiende desde Svartálfaheim hasta el Niflheim. Se decía que Nidhogg anidaba en estas montañas.
4 – PERSONAS:
Agilaz: Hijo del rey Finn que se casó con una Elfina a la que conoció transformada en cisne. Se dice que era un increíble arquero, tanto que en una ocasión se ve forzado a disparar una flecha a una manzana que el rey Nídudr obligó a colocar sobre la cabeza de su hijo. Tenía dos flechas, pero solo necesitó la primera para acertar. Cuando el rey le preguntó para que quería dos flechas, le contestó que si hubiera fallado y matado a su hijo, la segunda flecha era para el rey.
Folcwald: Rey legendario de Frisia, hijo de Gaut. A Folcwald se le atribuye ser el primero de la raza de los Daneses.
Slagfidr: Uno de los hijos del Rey Finn, quien se decía poseía sangre de Elfo, se casó con la valkiria Svanhvít cuando tenía apenas 7 años, y la conoció cuando estaba transformada en un cisne.
