Me presento con un nuevo capítulo!

Tengo dos buenas noticias para contarles antes de iniciar el capítulo.

La primera, es que ya les aseguro cien por cien que vuelven los capítulos semanales. Podría haber traído un capitulo la semana pasada, pero me había comprometido a sacar dos capítulos seguidos de mi otra historia. Obviamente, si solo sigues una historia, el intervalo de actualización será aún más largo.

La otra novedad, es que a partir de ahora volverán los capítulos dobles, tal y como hice con mi primera historia.

Ahora, les dejo los parámetros para que saque un capitulo doble a partir de este momento:

FanFiction: Alcanzar los 80 seguidores. Alcanzar los 80 favoritos. Alcanzar 200.000 palabras.

Wattpad: Llegar a 20.000 lecturas. Llegar a 2.100 favoritos.

*Cabe recalcar que dichos objetivos son acumulables. Es decir, que podría llegar a ver hasta capitulo triple o cuádruple (obviamente, tendría que suceder un milagro para que todos los objetivos se alinearan en solo una semana). Existe la posibilidad de atrasarm días si llegan a ser capitulo triple o cuádruple, ya que estamos hablando de 15.000 o 20.000 palabras.*

Si tienes alguna pregunta sobre el método, o no entiendes correctamente como funciona, ¡no dudes en preguntarme!

Habiendo aclarado lo anterior, es hora de pasar a las Reviews:

Funny-Little-Cute White Fox: Como siempre, ¡muchas gracias por tu apoyo! ¡Espero que este capítulo también sea de tu agrado!

Guest: ¡Me alegra mucho que te haya encantado! ¡Espero poder sostener tus expectativas hasta el final!

Ahora sí, pasemos a lo que todos vinieron.

¡Disfruta!

CAPÍTULO 18: ¡UN NUEVO OBJETIVO DE CAZA! ¡UN PASEO HACIA EL MAR DE LOS MONSTRUOS!-PARTE FINAL.

"Esto fue mucho más fácil de lo que me esperaba." Se burló Bell, apoyado en la enorme piedra que una vez fue el arma de su adversario.

"¿Qué esperabas?" Zoe alzo una ceja. "Lady Artemisa es una de los Dioses más fuertes que existen. Y luego te tenemos a ti, que no eres muy normal que digamos." Finalizo, moviendo sus piernas con alegría encima de la enorme piedra, al igual que las demás cazadoras.

"Es cierto…" Bell suspiro. "Creo que la única persona que puede hacerme sudar en estos momentos, es Artemisa."

"No lo digas de esa forma." Phoebe lo miro con una mirada ligeramente asqueada. "Suena raro…"

"Hm..." Bell se froto el cabello, mirando hacia otro lado. "No es mi culpa que seas una mal pensada."

"¡¿Qué?!" Phoebe se levantó de la roca, entregándole una mirada asesina.

"Estoy de acuerdo con el conejo." Declaró Zoe, riéndose por lo bajo.

"¿Tu también…?" Se preguntó Phoebe, sintiéndose un poco herida.

"El área está completamente despejada." Todos abandonaron su postura ociosa tras ver la llegada de Artemisa. "Por lo visto, no contaba con compañeros, o dichos compañeros escaparon de la Isla." Artemisa fijo su mirada en Bell con gran seriedad. "¿Estás seguro que Luke no estaba involucrado?"

"No." Contesto Bell con seriedad. "Por lo menos, no con el atentado de Polifemo. No podría decir lo mismo de las otras personas que escaparon."

"Tsk…" Artemisa chasqueo su lengua, para luego fijar su mirada en sus cazadoras. "De acuerdo. Hemos completado la misión sin problemas. Es hora de volver." Artemisa se acercó a sus cazadoras, formando un pequeño círculo, tomándose de las manos. "Tú no, Bell." La Diosa fijo su mirada en el alvino, haciendo que éste la mirara con ambas cejas alzadas. "Tenemos que hablar. En privado."

Todas las mujeres se miraron entre sí con ligera sorpresa tras la declaración de Artemisa, pero no dijeron nada por respeto a su Líder.

"Como quieras." Declaró Bell, limpiándose la oreja.

Artemisa le dio la espalda a Bell, preparándose para irse. "En marcha."

Las palabras de la Diosa hicieron que Bell se pusiera serio de un instante a otro. Sus ojos se fijaron en el cuerpo de Artemisa, pudiendo ver con claridad como una preciosa aura plateada la rodeaba, al mismo tiempo que su cabello cambiaba a un color plateado totalmente puro, hermoso para la vista. Además de ello, estaba seguro que su cabello se había alargado aún más, llegándole por debajo de la cintura.

Aun así, nuevamente solo tuvo una milésima de segundo para ver ese extraño cambio de figura.

"Lo sabía…" Bell se cruzó de brazos, fijando su mirada en la anterior posición de Artemisa con gran seriedad. "Quizás ahora pueda…"

SALTO DE LINEA.

Artemisa apareció junto con sus cazadoras en el campamento que venían usando hace un mes mediante un destello plateado.

"Ahora regreso." Comentó la Diosa con tranquilidad. "Encárguense de empacar todo. Tenemos que prepararnos para ir a la siguiente zona."

Todas las cazadoras asintieron ante la orden, dejando en claro que no las decepcionaría.

Antes de desaparecer, Artemisa les entrego una cálida sonrisa a las que consideraba sus hermanas. "Adiós."

Cuando la Diosa desapareció, las pequeñas fueron las primeras en acatar sus órdenes, internándose en sus tiendas de campaña para empacar todo lo antes posible.

Mientras tanto, Zoe y Phoebe se habían quedado mirando a la nada, con una expresión ligeramente seria en su rostro.

"… ¿Piensas lo mismo que yo?" Pregunto Phoebe, mirando fijamente a Zoe.

"Si…" Zoe se llevó ambas manos a la cadera, mirando hacia el cielo. "Lady Artemisa y Bell se vienen llevando bien desde hace casi 2 meses, pero eso no es lo que me tiene impresionada. Su relación de amistad está creciendo muchísimo más de lo que yo había pensado." Finalizo, mirando a Phoebe para escuchar lo que pensaba.

"Opino lo mismo…" Phoebe daría un pequeño suspiro. "No me mal entiendas. No es que me disguste. Es más, me siento bastante feliz de que Lady Artemisa tenga un amigo tan leal, carismático, y cálido." Afirmo con una pequeña sonrisa. "Pero…" Su rostro nuevamente se torció a una expresión seria, incluso más que la anterior. "Su relación e intimidad no para de mejorar, lo hace con creces. Y eso hace que tenga miedo…" Concluyó, mordiéndose un dedo.

"Pero Bell no haría nada que pudiera perjudicar a Lady Artemisa." Declaró Zoe con seriedad.

"Lo sé. Él ya ha tenido experiencia con el amor por más de 7 años, así que sabe muy bien cómo controlarlo…" Phoebe fijaría su mirada en Zoe con gran preocupación. "El problema es Lady Artemisa. Ella nunca se ha enamorado, y no creo que pueda lidiar por mucho tiempo con un sentimiento tan grande."

"¡Ya terminamos!" Exclamaron ambas niñas con una gran sonrisa, mientras sostenían dos enormes bolsas sobre sus cabezas.

Esto hizo que ambas mujeres mayores sonrieran por la gran despreocupación de las niñas.

"Sabes…" Zoe cerró sus ojos con una sonrisa, cruzándose de brazos. "Creo que le estamos dando demasiadas vueltas…"

"Tienes razón." Phoebe asintió. "Lady Artemisa no se ha enamorado ninguna vez en sus tres mil años de vida. No tiene por qué caerle ahora."

SALTO DE LINEA.

Artemisa apareció detrás de Bell. Ella se le acerco con paciencia, sentándose a su lado para acompañarlo.

"¿En qué piensas?" Le preguntó la Diosa, mirando el mar con gran atención, al igual que Bell.

"¿Por qué éste lugar se considera el Mar de los Monstruos? Solo eh visto a uno…" Bell dio su punto, observando las olas con atención.

"¿Te gustaría comprobarlo de primera mano?" Preguntó Artemisa con un tono bastante juguetón, haciendo que Bell pusiera sus ojos en blanco.

"Creo que no. Gracias por la propuesta." Bell dejo de mirar al mar, fijando su mirada en la Diosa. "¿De qué querías hablar?"

"¿Por qué dejaste que escaparan?"

"¡Mierda!" Pensó Bell, temblando levemente. "No puedes dejar de impresionarme con tu perspicacia, por los Dioses." Declararía el alvino, con una enorme sonrisa en su rostro.

"Puede que no hayamos pasado toda nuestra vida juntos…" Artemisa fijo su mirada en Bell, entregándole una sonrisa. "Pero ya te conozco bastante bien."

"… No puedo negar eso."

"Además, tú mismo dijiste que tuviste la posibilidad de hablar con Luke." Comentó Artemisa, haciendo que Bell pusiera sus ojos en blanco al darse cuenta de lo idiota que fue al comentárselo. "¿En serio creíste que esa pobre historia tuya de tu inexperiencia en el nado iba a funcionar conmigo?" Finalizo, tapándose la boca para que no viera la pequeña risa melódica que salió de sus labios.

"… Tienes razón." Bell la observo atentamente tras su risa, sin poder quitarle la mirada de encima por culpa de su hermosa melodía. "No puedo contigo…"

"En fin…" Artemisa bajo su mano, dando un pequeño suspiro. "Sé que quieres ver cómo están tus amigos, y arreglar el mal entendido de Dionisio con Quirón." La Diosa se levantaría del suelo, extendiendo su mano al alvino. "Que sea rápido, por favor. Sabes que no me gusta estar en ese lugar repleto de hombres." Concluyó, con ligero asco en sus últimas palabras.

Bell observo la mano con dudas. La Diosa se dio cuenta al instante de esto, haciendo que alzara una ceja por lo presenciado.

"Sabes que no muerdo, ¿no es así?" Comentó la Diosa con un aura divertida a su alrededor.

"Si, es solo que…" Bell se froto el cabello, pensando si pedírselo o no.

"¡Hola!"

La voz inmediatamente reconocida por ambos se escuchó en sus mentes, haciendo que ambos alzaran su mirada con visible sorpresa.

"¿Padre?" Se preguntó Artemisa, sin entender por qué los estaba llamando directamente.

"Antes que nada, relájense. No es ningún problema." La postura de ambos se relajó visiblemente. "De hecho, es todo lo contrario."

"¿De qué va esto?" Preguntó Bell, levantándose del suelo.

"Estamos celebrando una fiesta en el salón del Olimpo. Obviamente, ustedes están invitados. No aceptare un no como respuesta." Declaro Zeus con una voz solemne. "Esto se debe a que ha acatado mis órdenes correctamente y cumpliste tu misión. Te felicito, hija mía."

La voz desapareció, haciendo que Bell mirara con gran intriga a la Diosa. "¿Una Fiesta en el Olimpo solo por realizar una misión tan fácil?" Bell se cruzó de brazos con ambas cejas alzadas. "Pensé que Zeus era mucho más exigente para llevar a cabo una celebración."

"Y estas en lo cierto." Declaro Artemisa, visiblemente sorprendida. "No sé qué se traerá nuestro padre entre manos., pero es obvio que algo extraño está sucediendo."

"Él no es mi padre…" Recrimino Bell con un pequeño puchero.

"Lo que digas, hermanito." Artemisa se volvió a burlar de Bell, haciendo que una gran sonrisa victoriosa apareciera en su rostro cuando vio como el alvino miró hacia otro lado mientras refunfuñaba palabras por lo bajo. "Deja de actuar como tonto y toma mi mano." Ordenó la Diosa, a punto de reírse por la actuación de Bell.

"De acuerdo…" Bell agarro la mano de la Diosa, haciendo que su mirada se pusiera seria al instante. "… Creo que se lo preguntare cuando volvamos." Pensó, afirmando su agarre en la mano de Artemisa, haciendo que la Diosa respondiera cálidamente al gesto sin darse cuenta.

"El salón, ¿eh?" Pensó Artemisa en voz alta. "¡Allá vamos!"

SALTO DE LINEA.

Ambos aparecieron a los pies del enorme trono de Artemisa. No tardaron ni un segundo en ensanchar sus ojos completamente impresionados por lo que estaban observando. Simplemente, era algo bastante irreal.

El típico y aburrido salón de reuniones y juicios estaba lleno de mesas con una gran diversidad de alimentos. La típica música antigua griega se escuchaba por todo el lugar, gracias a las bonitas Ninfas que estaban produciendo la música con gran glamur encima de la mesa gigante donde se encontraba el enorme reloj. Y para finalizar, todos los Dioses Olímpicos se encontraban en el lugar. Muchos estaban en la suya, como Afrodita poniéndose maquillaje, Ares bebiendo como loco, Atenea leyendo un libro con una pequeña copa de vino. Algunos otros se encontraban charlando amistosamente entre sí. De hecho, era increíble poder ver como Zeus y Poseidón estaban hablando muy cómodamente entre sí, sin ningún tipo de tensión de por medio.

"¡Ya llegaron los últimos!" Apollo prácticamente se arrojó encima de Bell y Artemisa… Oh más bien, intento hacerlo.

"Ni lo pienses." Artemisa lo fulmino con la mirada, haciendo que Apollo se detuviera de inmediato.

"Se frenó en el aire, asombroso." Pensó Bell, a punto de reírse.

"Bienvenidos." Declaró Zeus, acercándose junto con Poseidón. "Esperó que puedas sentirte cómodo entre tantos Dioses, Bell." Comentó Zeus, moviendo su vaso de néctar en varias direcciones para hacer énfasis en sus palabras.

"¿Qué puedo decir?" Bell asintió, satisfecho. "Fue una muy buena idea hacer una fiesta en donde todos utilicen su forma y tamaño humano."

"¡Ja ja ja ja!" Zeus rio, dándole una pequeña palmada en la espalda. "¡Lo suponía! "Zeus fijo su mirada en Artemisa con una pequeña sonrisa. "¿Te molesta si te lo quitamos por unos minutos?"

"Para nada, Padre." Artemisa hizo una pequeña reverencia, haciendo que Zeus agitara su mano con desdén.

"Olvida las formalidades aquí. Todos venimos a divertirnos." Declaró el Rey de los Dioses con total naturalidad. "¿No es así, hermano?"

Al escuchar esto, Artemisa y Bell no pudieron evitar mirar al Dios de los Mares con genuina impresión. "Es tal y como lo escucharon." Comentó el Dios con suma tranquilidad. "Yo reaccione de la misma manera, no los culpo." Agregó, mirando a su hermano.

"Bueno, bueno. Basta de charlas." Bell siguió a Zeus y Poseidón, sin antes entregarle un saludo a Artemisa, siendo respondida por ella con una sonrisa.

Todos se sentaron en una de las mesas que se encontraban en el centro, donde estaba lleno de comida extraña.

"¿De qué querían hablar?" Preguntó Bell, poniéndose un poco serio.

"Quería agradecerte nuevamente." Aclaró Poseidón, tomando un pedazo de la comida dorada. "Me has ayudado de nuevo, y está vez no fue solo a Percy, sino que también a Tyson." Poseidón le daría un pequeño mordisco a la comida, mirándolo con gran seriedad. "La próxima vez, intentare hacerme cargo."

"Es una declaración bastante impresionante, teniendo en cuenta a quien tienes al lado." Comentó Bell, claramente refiriéndose a Zeus.

"Estamos trabajando en ello." Al escuchar las palabras de Zeus, Bell no pudo evitar observarlo con gran sorpresa. "Eso va contra las leyes del Olimpo. Pero decidimos hablarlo… En paz." Concluiría, recostándose en su asiento con gran tranquilidad tras decir esas últimas palabras.

"… ¿De qué me perdí?" Preguntó Bell, fijando su mirada con gran curiosidad al Rey de los Dioses.

Al escuchar la pregunta, Zeus apoyo su rostro sobre sus manos con una sonrisa. "¿Sabes por qué convoque esta Fiesta, siendo una celebración tan absurda?"

Bell bajo su cabeza, pensando detenidamente por varios segundos. "Me rindo… No se me ocurre nada."

"¡Por eso mismo!" Exclamó Zeus, haciendo que Bell alzara una ceja. "¡No hay razón alguna para convocar está fiesta!" Esto hizo que Bell lo mirara como si se hubiera vuelto loco. "No ganamos una guerra, no ganamos una batalla crucial. Simplemente, estamos aquí reunidos para estar reunidos."

"¿Para estar reunidos?" Se preguntó Bell en voz alta, completamente impresionado de las palabras de Zeus.

"Así es." Zeus asintió. "Eh pensado con mucho detenimiento las palabras que me dedicaste en nuestra última reunión, y llegue a la conclusión de que tienes toda la razón." Zeus alzo su mano, poniendo su primera expresión seria al mismo tiempo que apretaba fuertemente su puño. "Los problemas que vendrán en un futuro, solo podremos afrontarlos si estamos unidos. Tal y como estábamos cuando luchamos por primera vez contra nuestro padre, contra los Titanes." Zeus fijo su mirada en Poseidón, con una pequeña sonrisa. "¿Aun recuerdas esos tiempos, hermano?"

"Por supuesto que los recuerdo." Declaró Poseidón, poniendo una mano sobre el hombro de su hermano en señal de apoyo. "Aunque recién estás comenzando, noto que será un gran cambio para todo el Olimpo. Un cambio que prolongara nuestro reinado hasta el infinito, al igual que nuestra familia." Zeus tan solo asintió con gran satisfacción, tras sentir todo el apoyo de su hermano después de tanto tiempo.

"Ya veo…" Ambos Dioses miraron a Bell, esperando su respuesta ante todo esto. "Sabes algo, me agrada tu idea." El alvino alzo su mirada con una sonrisa. "Pero para eso, ustedes dos no son los únicos que deben cambiar." Declaró Bell, fijándose en Afrodita, Ares, y Hera.

"Lo entiendo…" Declaró Zeus por lo bajo. "Pero hay ciertas reglas que no pueden ser cambiadas." Una pequeña sonrisa se divisó en el Dios. "Ah menos que…"

"Ah menos que la situación lo amerite. Una situación o circunstancia MUY grande…" Bell finalizo la oración de Zeus, entendiendo de inmediato a lo que se refería.

Zeus asintió con satisfacción. "Y después…" El Dios fijo su mirada en Hera con cierta incomodidad. "Supongo que tratar con los Dioses afectados emocionalmente será lo más complicado."

"Ya tengo mucha experiencia en ello." Declaró Bell con gran confianza. "¿Acaso ya te olvidaste con que Diosa debo convivir todos los días?"

Zeus y Poseidón se miraron, para luego entregarle una sonrisa. "Tienes razón." Declaro Zeus.

"Veo que te llevas bastante bien con mi sobrina." Comentó Poseidón, claramente conforme con la relación de ambos.

"¿Qué te puedo decir?" Bell se froto el cabello, apareciendo una sonrisa cálida en su rostro cuando visualizo como Artemisa estaba evitando olímpicamente a Apollo. "En un principio, pensé que me haría la vida imposible, tal como un autentica bruja, junto con sus seguidoras del mal…" Bell fijo su mirada en Zeus, haciendo que el Dios se viera visiblemente sorprendido por la gran pureza que demostraba su sonrisa. "Pero después, descubrí que ella simplemente estaba herida, al igual que las demás. Todas sus seguidoras del mal resultaron ser unas mujeres increíbles." Bell volvió a fijar su mirada en Artemisa. "Y ella…" La Diosa por fin liberada de su hermano gemelo, le dirigió una linda sonrisa encantadora cuando vio que la estaba observando. "Ella es la mujer más maravillosa que eh conocido. Sin duda alguna, puedo decir que es mi mejor amiga, y es imposible que alguien la reemplace." Bell le devolvió la sonrisa a la Diosa, para mirar nuevamente a los dos Dioses. El alvino pestañeo con intriga al ver que ambos lo miraban con los ojos más abiertos de lo normal. "¿Me fui demasiado por las ramas?"

Zeus y Poseidón se volvieron a mirar entre sí. "No es eso." Declaró Zeus.

"Es solo que nos impresiona bastante la relación que has construido con alguien como Artemisa." Aclaró Poseidón, genuinamente maravillado por lo escuchado.

"Fue complicado." Explicó Bell con un pequeño suspiro al final. "Muy complicado, si les soy sincero." Bell tomó un pequeño pedazo de la comida dorada, entregándole una gran sonrisa astuta a ambos Dioses. "Por esa misma razón, estoy seguro que Hera solo será una pequeña piedra en el zapato, si la comparamos con Artemisa, claro está."

"Entiendo…" Zeus asintió con seriedad. "¿Piensas comenzar hoy mismo?"

"Si."

"¿Qué intentaras cambiar?"

"Su odio irracional hacia tus hijos bastardos."

"Lo suponía." Concluyo Zeus, ajustando su corbata, indicando que estaba incomodándose un poco con la charla. El Dios se levantaría de la silla, apunto de marcharse. "Por cierto, te recomiendo que no comas eso."

"¿Eh?" Bell ya estaba a punto de llevárselo a la boca. "¿Por qué?"

Zeus alzo la ceja con una sonrisa burlona. "¿Quieres morir?"

Bell miro la comida, para luego soltarla con un suspiro. "Ambrosia… Debí imaginármelo."

"Antes de que te vayas." Poseidón se levantó del asiento, extendiendo su mano. "Quiero agradecértelo una vez más. Muchas gracias, Bell Cranel."

Bell se levantó del asiento, estrechando la mano del Dios con mucho gusto. "Tienes un buen espíritu, Poseidón. No lo abandones por el tonto de tu hermano."

Poseidón simplemente sonrió y bajo un poco su cabeza en señal de respeto.

"Por cierto, Antes de que te vayas…"

"¿Si?" Poseidón fijo su mirada en el alvino.

Bell miro a su alrededor, viendo que faltaba una persona crucial en estos momentos. "¿Puedes pedirle a Zeus que me haga un favor?"

Al escuchar esto, Poseidón no pudo evitar mirarlo con curiosidad.

SALTO DE LINEA.

"¿De qué querías hablar en privado?" Hera y Bell se encontraban afuera del salón. La Diosa estaba con ambas manos en la cadera mientras mirada a su hijo atentamente. Oh por lo menos, para ella si era su hijo.

"Por lo visto, las cosas van a empezar a cambiar." Comentó Bell, apoyándose en la enorme pared. "Zeus parece ser que está comenzando a entrar en razón, y Poseidón se está comprometiendo de verdad en ayudar a su familia."

"Lo sé." Hera le sonrió, acercándose para darle un abrazo. "Cuando te conocí, supe que las cosas iban a mejorar bastante aquí."

"Si…" Bell se apartó de Hera antes de que lo abrazara, haciendo que está se sintiera ligeramente herida. "Zeus comenzará a cuidar a su familia, a preocuparse por los suyos realmente." Bell fijo su mirada en la Diosa. "Eso significa que no te verás sometida a mas infidelidades."

"¡Pero…!"

"Eso no significa que debas perdonarlo." Bell interrumpió a Hera, haciendo que la mujer se vea visiblemente sorprendida. "Sé muy bien lo que es que te sean infiel cuando realmente amas a esa persona, y no me imagino lo que debiste sufrir siendo que te engaño muchísimas veces. No voy a meterme en eso, porque estás en todo tu derecho de estar alejado de él." Bell la señalo, entregándole una pequeña sonrisa. "La única que puede perdonarlo, eres tú, y solo tú."

Hera bajo su mirada con ligera tristeza. "… No creo que pueda perdonarlo."

"Eso no es asunto mío." Declaró Bell, cruzándose de brazos. "No quiero hablar sobre tu relación con Zeus." Los ojos de Bell se tornaron penetrantes. "Quiero hablar sobre tu posición como Reina de los Dioses."

"… ¿Qué?" Hera lo observo con gran intriga.

"Ya hemos hablado de esto antes. Ya sabes…" Bell se llevó una mano al mentón, comenzando a caminar alrededor de ella. "El odio irracional hacia los bastardos de Zeus, y como intentaste matar a cada uno de ellos cuando nacieron…" Bell fijo su mirada nuevamente en la Diosa. "O incluso antes de que nacieran, como lo hiciste con la madre de Apollo y Artemisa. Descargas toda tu frustración y odio sobre unos pequeños seres que no tienen la culpa de nada. Eso definitivamente es caer muy bajo." Hera bajo su cabeza con vergüenza, sin poder argumentar nada ante semejantes palabras. "No solo eso, sino que también eres extremadamente celosa, y llegaste al punto de dañar a muchos mortales por decir que Afrodita era una mujer más hermosa que tú, entre otras cosas…"

Hera apretó fuertemente sus puños con impotencia. "¡¿Ah que quieres llegar con todo esto?!" Gritó.

Bell sabía muy bien su posición, y sabia a la perfección que gracias a ella es que Hera no había intentado nada en contra suya en estos momentos. Si lo hacía, no solo tendría a su nuevo hijo favorito en contra, sino que también a Zeus.

"Solo digo, que al igual que Zeus, tienes una posición demasiado elevada." Bell finalmente pararía de caminar, a solo unos centímetros de la Diosa. "¿Sabes a lo que me refiero, Reina de los Dioses?" Hera alzo su mirada con los ojos ligeramente ensanchados. "Las cosas del pasado no pueden cambiarse. Pero si puedes cambiar el ahora y el futuro. Para empezar, no pido que les pidas disculpas a todos los bastardos de Zeus que se vieron afectados. Eso es algo que debe nacer de ti." Bell le entrego una pequeña sonrisa. "Solo me basta con que le demuestres tu aprobación. Qué no los consideres más como una aberración. Podrías empezar, permitiéndoles acercarse a tus Dominios sin recibir un electroshock en su cabeza."

"Lo que hace la Reina y el Rey es un ejemplo para los que están siendo gobernados…" Hera aclaró lo que Bell estaba pensando, haciendo que una pequeña sonrisa se dibujara en el rostro de la Diosa. "Tú idea es cambiar lo que está mal desde arriba."

"Eso es cierto, pero incompleto." Las palabras de Bell hicieron que la Diosa lo mirara con gran curiosidad. "¿Nunca pensaste lo doloroso que podría ser para un hijo, ser tan despreciado y maltratado por su madrastra durante tantos siglos?" Hera ensancho a más no poder sus ojos, indicando que nunca había pensando en los sentimientos de esos pobres niños. Bell posiciono una mano en su hombro, entregándole una gran sonrisa. "Todos aquí son una gran familia. Dime, ¿acaso puede existir algo más lindo que una familia bien estructurada y perfectamente unida como un rompecabezas?" Finalmente, el alvino le entrego el abrazo que la Diosa estaba buscando, haciendo que la mujer se sorprendiera aún más. "Eres la Diosa del Matrimonio. Estoy seguro que sabes la respuesta."

Hera finalmente reacciono y correspondió el abrazo, con una gran sonrisa. "No puedo quedarme atrás de mi estúpido marido. Haré lo que pueda, hijo mío."

"Gracias." Fue la simple respuesta de Bell, preparándose para separarse del abrazo. La sorpresa le llego rápidamente cuando Hera se aferró aún más al abrazo.

"Oye…" El tono cabizbajo hizo que Bell se preocupara un poco. "¿Crees que puedan perdonarme?"

Bell sonrió por su pregunta. "Mi respuesta es exactamente igual a la relación que tienes con Zeus: Eso depende únicamente de ellos." Bell se separó del abrazo, acariciando su cabeza con cariño. "Creo que ya podemos volver." Hera tan solo asintió ante sus palabras.

Ambos fueron caminando juntos. Hera mirándolo con gran atención.

"Perdona que sea tan metida, pero anteriormente mencionaste que te fueron infiel." Hera miro hacia otro lado con ligera incomodidad. "Antes habías tenido una reacción bastante melancólica cuando te mencione sobre el anillo de bodas. En cambio, ahora pareces haber superado a tu exnovia por completo." Al escuchar esto, Bell no pudo evitar mirarla. "Tengo curiosidad… ¿Cómo hiciste para superarla en tan solo dos meses, siendo algo tan delicado?"

"No fue en dos meses." Aclaró Bell con una sonrisa, observando el anillo de casamiento que no había abandonado ni por un segundo su dedo. "Fue de un día para el otro." Hera lo miro con gran sorpresa tras lo escuchado. "Agradécele a la pequeña bastarda que tanto odias."

Hera llego al ápice de la sorpresa que podía manejar.

¿Cómo es posible que alguien como Artemisa pudiera curar tan rápidamente a un herido profundamente por culpa del amor, siendo que ella ni siquiera sabe lo que significa esa palabra?

Definitivamente, había subestimado demasiado a la Diosa de la Luna.

"¡Por fin veo una de estas fiestas personalmente!" La charla entre ambos fue interrumpida con el fuerte grito alegre de una voz que ambos reconocieron al instante.

La reacción fue instantánea: Una gran sonrisa en el rostro de Bell, y una cara completamente cubierta de incredulidad por parte de Hera.

"¡Oh, mira! ¡Ahí está mi sobrino favorito!" Hades prácticamente desapareció del lugar y apareció justo al lado de Bell a través de su sombra, abrazando por el cuello a su hermana y al alvino. "Mi tonto hermano menor dijo que él decidió invitarme, pero se perfectamente que tú tienes algo entre manos." Hades fijo su mirada en Bell, alzando ambas cejas. "¿Oh me equivoco?"

"Bueno, será mejor que os deje solos." Comentó Hera, viendo que sobraba completamente en esta conversación.

"Te agradezco tu increíble compresión, hermana." Dijo el Dios del Inframundo, haciendo una reverencia bastante cordial hacia la Diosa, aunque claramente no era para demostrarle su respeto. Hades abrazo nuevamente del cuello a Bell y lo arrastro un poco alejados de todos, para hablar cómodamente. "Entonces, ¿por qué me llamaste?" Hades se detuvo en seco, fijando su mirada con excesiva atención en Bell. "¿Quieres dar un golpe al Olimpo desde adentro?" Preguntó, con claro sarcasmo en su voz.

"Hacer eso me convertiría en Zeus, y en ustedes." Respondió Bell con cierta gracia por el comentario del Dios. "Si repetimos nuevamente la historia, no llegaríamos muy lejos. ¿No crees?"

Hades se llevó la mano al mentón y asintió varias veces. "Si, si… Tienes bastante lógica."

"Prefiero hacerlo a mi manera. Tomará un tiempo, pero créeme que terminaras en el lugar donde perteneces:" Bell alzo su mirada hacia los tronos. "Un trono al lado de tus hermanos."

Hades simplemente sonrió ante sus palabras, observando con gran atención los tronos de sus hermanos. "Es cierto. Yo pertenezco a este lugar." Comentó, con clara grandeza en sus palabras. "Pero puedo aguantar un tiempo más sin mi merecido trono." El Dios fijo su mirada en Bell, con ambas cejas alzadas. "Después de todo, ya eh por aguantado más de 3000 años. Unos meses no serán nada."

"Me alegro que lo entiendas." Bell posiciono su mano en la espalda del Dios, dándole una pequeña palmada amistosa, siendo correspondido por este. "De momento, me gustaría que te vayas adaptando al lugar en donde pronto comenzaras a vivir. Pero no hagas ninguna locura."

Hades alzaría una ceja "¿Hacer una locura?" El Dios alzo ambas manos, para hacer énfasis en sus siguientes palabras. "Estoy a nada de conseguir lo que siempre he merecido. Sería un completo idiota si intentara hacer alguna locura."

"Tienes razón." Bell finalizo su conversación, estrechando fuertemente la mano con el Dios.

El Dios empujo a Bell hacia él gracias a su agarre de manos para decirle unas últimas palabras. "Recuerda: Si necesitas ayuda, no dudes en pedírmela. Te debo mucho." Le susurró al oído, finalizando con un par de palmadas en la espalda de Bell.

"Lo tendré en cuenta." Bell se separó del Dios, alzando su mano en gesto de saludo. "Cuídate."

Hades se quitó su yelmo y lo agito con elegancia como si fuera un sombrero, correspondiendo el gesto de despedida.

Bell observo nuevamente la fiesta con detenimiento, viendo que la gran mayoría estaban charlando entre sí. Se sorprendió cuando vio como Afrodita estaba hablando con Artemisa, pero rápidamente se dio cuenta que era una conversación chocante debido a la cara de Artemisa.

Cuando estaba dispuesto a ir a ayudar a la Diosa, pudo ver como Apollo le hizo un par de señales con la mano para que se acercara. Al ver esto, Bell no dudo en acercarse al Dios.

"¡Ey, como estas hermanito!" Apollo choco los puños con Bell.

"¿Tú también?" Preguntó el alvino con una expresión aburrida en su rostro.

"¿Oh…?" Apollo lo miro con sorpresa exagerada. "¿Nuestra hermanita también te llama así? ¡Qué envidia! ¡Ah mi ni siquiera me dice hermano! ¡Me dice idiota!" Gritó con gran dolor.

"Bueno…" Bell se froto el cabello con una gota de sudor. "Su relación es mucho más… complicada."

La expresión exagerada de dolor de Apollo cambio a una pequeña sonrisa. "Es cierto… pero ahora, está bien así…" Al escuchar esto, Bell lo observo con curiosidad. "Me da igual que nuestra relación este podrida. Como hermano mayor, quiero lo mejor para ella. No me importa si no puedo intervenir directamente en su felicidad." Apollo fijo su mirada en Artemisa, enseriando su mirada. "Cuando hice las pociones para detener a Orión, nunca que imagine que tuvieran tanto efecto. Por mi culpa, ella sufrió muchísimo por la muerte de casi todas sus cazadoras." Bell observo con gran impresión al ver como la copa de Apollo se astillo por su fuerza. "Fue un gran error mío, y es algo que sigo pagando hoy en día. Aun así, intente intervenir infinidad de veces para que volviera a su antigua alegría. Lo intente para ver esa radiante sonrisa que tenía en esos tiempos… Desafortunadamente, es imposible que yo haga algo. Eso lo entendí rápidamente." Apollo fijaría su mirada en Bell, entregándole una gran sonrisa. "Por eso me fije en ti. En un principio simplemente quería utilizarte para volver a hacer que nuestra querida hermanita volviera a ser feliz. Pero después de conocerte bien, y viendo que eres una persona increíble, simplemente sentí que utilizarte estaría muy mal. Por eso te lo pedí como amigo." Apollo apoyo su mano en el hombro de Bell, dándole un pequeño apretón. "¡Y no me arrepiento de nada! ¡Has logrado que Artemisa tuviera esa bella sonrisa en su rostro casi con la misma regularidad que lo hacía anteriormente!"

"Yo solo hice lo que creía correcto. Después de todo, ella también es muy importante para mí." Contestó Bell con total seguridad, haciendo que Apollo se viera visiblemente sorprendido.

"… Fantástica respuesta." Declaró con una gran sonrisa. "Viendo que somos tan parecidos, algún día podríamos buscar un par de chicas en una fiesta."

"¿Es una invitación de amigos?" Preguntó Bell con una media sonrisa.

"De amigos, y hermanos." Corrigió Apollo con una seriedad un tanto absurda en sus palabras. "¿Qué me dices? Con tus pintas, estoy seguro que te llevarías incluso más mujeres que yo." Concluyó, agitando sus cejas como un idiota.

"Eso es lo que nos diferencia." Apollo lo observo con sorpresa por sus palabras. "Para mí, un beso indica el comienzo de algo, el comienzo del amor. Y el sexo indica la confianza y el sentimiento irrompible entre ambos amantes. Nunca podría hacer algo de eso, si no es con la persona que amo."

Apollo intento encontrar una pizca de duda o mentira en sus palabras, pero sorprendentemente no pudo encontrar nada. Sus palabras eran tan sinceras, que le causaron gran admiración.

"… Ahora entiendo porque eres el nuevo hijo favorito de Hera." Apollo cerro sus ojos y apoyo ambas manos en los hombros de Bell. "La mujer que termine a tu lado, será la mujer más feliz del mundo. No tengo duda de ello."

"Hablando de la invitación…" Bell cambio de tema al recordar nuevamente a Aiz. Ya lo había superado, pero aun había una pequeña pizca de su corazón que no la dejaba ir y era inevitable que sintiera un pequeño pinchazo si la recordaba tan seguido. "¿Te conformas con unas simples copas en el Olimpo?"

"¿Tu bebes?" Preguntó Apollo, de nuevo exagerando su sorpresa.

"No, pero estaría bien ir comenzando. Sé que tengo una apariencia de 19, pero ya tengo 21 años." Comentó el alvino con una sonrisa burlona en su rostro.

"Claro." Apollo golpeo el puño en su mano. "Me había olvidado que tienes la misma semi-inmortalidad que las cazadoras de Artemisa." El Dios bajo su mirada con gran curiosidad. "Por cierto, ¿por qué decidiste quedarte con tu apariencia de 19 años? Tengo entendido que recibiste la Bendición cuando estabas cerca de cumplir 21."

"Porque ese fue el último año que fui feliz." Contestó, haciendo que el Dios se sintiera un poco mal por preguntar. "Bueno…" Una gran sonrisa radiante apareció en el rostro de Bell. "Eso era así, hasta que llegue aquí."

Apollo lo miro por un segundo con los ojos bien ensanchados, para luego entregarle una pequeña sonrisa. "Me alegra ver que mis dos hermanos lucharon juntos para superar sus traumas."

"Lo mío no puede compararse con lo que le sucedió a Artemisa." Aclaró Bell, negando con su cabeza para hacer más énfasis en sus palabras. "Hablando de ayudarnos…" El alvino señalo hacia Artemisa, haciendo que Apollo mirara como su pequeña hermanita estaba a punto de explotar por culpa de Afrodita. "Creo que ella necesita ayuda ahora mismo."

"Buena suerte con ello." Apollo se despidió, haciendo otro choque de puños con Bell.

"Deja de molestar, maldita cerda." Amenazó Artemisa, apoyada en su trono gigante mientras un leve tic aparecía en su ceja.

"¿Tanto te molesta contarme como perdiste la virginidad?" Preguntó Afrodita, una sonrisa burlona dibujándose en su rostro.

"Soy una Doncella. En serio… ¿Cómo se te puede ocurrir algo como el estilo?" Preguntó Artemisa, cruzándose de brazos, en un intento de contener su enojo. "Eres mucho más estúpida de lo que pensaba."

"Vamos…" Afrodita arrullo. "Has pasado más de dos meses junto a un hombre. No te creo que no hayas hecho nada raro. ¿Qué importa que seas una Doncella?"

"En serio, eres una descerebrada." Artemisa suspiró. "En primer lugar, nunca me acostaría con un hombre. NUNCA." Artemisa la fulmino con la mirada, haciendo que Afrodita le entregara una mirada disgustada. "Y segundo, si una Doncella tiene una relación con un hombre, ¿sabes lo que Zeus me haría? Con suerte, solo me convertiría en un animal." Artemisa fijo su mirada en Afrodita, dando un gran suspiro interno al ver que la Diosa del Amor seguía con esa expresión estúpida y densa en su rostro.

"¿Interrumpo algo, señoritas?" Bell llego a la conversación, haciendo que ambas Diosas lo miraran.

"Para nada." Respondió Artemisa, queriendo sacarse de encima a la pesada lo más rápido posible.

"¿Cómo qué no?" Afrodita arrullo nuevamente, para luego entregarle una mirada seductora a Bell. Ella se vio nuevamente un poco molesta cuando su forma comenzó a cambiar sin final, al no encontrar el tipo de mujer que le gustaba al alvino. "Que molesto… ¿Acaso no tienes a una mujer ideal?"

"Ya te conteste esa pregunta la última vez." Declaró el alvino, fijando su mirada en la Diosa. Gracias a su convicción, podía ver a la verdadera figura de Afrodita a través de la niebla. "De hecho, hasta puedo ver tu figura directamente."

"¿Puedes verme?" Le preguntó Afrodita, muy sorprendida por lo escuchado.

"Si." Bell asintió.

Afrodita se acercó lentamente a su cuerpo de una manera muy seductora, apoyando sus grandes pechos entre sus brazos. "¿Y qué piensas?" La Diosa del cabello rosado ondulado largo preguntó.

Artemisa no pudo evitar fruncir el ceño ante esto. Ya se imaginaba que esta estúpida Diosa intentaría algo para degenerar a Bell, pero no esperaba que actuara tan pronto.

Obviamente, ella no permitiría esto.

"Exceso de maquillaje. Da asco." La respuesta de Bell descoloco por completo a ambas mujeres. El alvino se apartó lentamente de las garras de Afrodita, dando a entender que su físico voluptuoso tampoco pudo engatusarlo ni siquiera un poco.

"Nunca me habían dicho eso…" Afrodita pestañeo varias veces ante lo escuchado.

"¿Será por qué nadie veía tu verdadera forma humana?" Preguntó Bell, alzando una ceja.

"Buen punto…" Afrodita se dio media vuelta, con una mirada bastante abatida en su rostro. Había fallado. "Menos maquillaje…" Repitió varias veces, yendo directamente a sus aposentos.

"Muy sencillo." Bell se limpió las manos con una sonrisa astuta en su rostro.

"… ¿Cómo sabías que eso le afectaría?" Preguntó Artemisa, completamente maravillada por la demostración de Bell. No solo por burlarse de Afrodita tan rápido, sino también por el hecho de que aguanto su supuesta figura irresistible sin ningún problema.

"Bueno… Tengo mucha experiencia con mujeres desesperadas." Comentó Bell con completa naturalidad. "Pero que tenía exceso de maquillaje era cierto." Bell fijo su mirada en Artemisa, entregándole una media sonrisa. "Si se quitara el maquillaje, podría igualar tu belleza."

Artemisa no pudo evitar bajar un poco su cabeza ante las palabras de Bell. La había tomado por sorpresa.

No sabía cómo, pero, de alguna forma, esas palabras habían hecho que se sintiera feliz.

"¿Ya avisaste a las cazadoras?" Preguntó Bell, haciendo que Artemisa saliera de sus pensamientos extraños.

"Si. Ya saben que llegaremos un par de horas tarde." Contestó la Diosa.

"Bien." Bell tomó la mano de la Diosa, haciendo que ella le dirigiera una mirada confusa. "Vamos a divertirnos un poco entonces." Concluyó, arrastrando a Artemisa hacia una mesa.

Artemisa no pudo evitar sonreír por la acción de Bell.

"Hace mucho tiempo que no me sentía tan cómoda en este tipo de reuniones…" Pensó la Diosa, observando la espalda de Bell con una sonrisa que cautivaría a cualquiera que la mirara.

Y así, pasaron una gran cantidad de horas…

Bell y Artemisa estuvieron hablando en la misma mesa durante todo ese tiempo, sonriendo, e incluso riéndose por sus charlas y anécdotas.

Los demás Dioses tan solo pudieron mirarlos con gran incredulidad.

Incluso Atenea había abandonado su lectura para observar tan extraña y fascinante relación de la Diosa de la Luna con el Chico de la Profecía.

Finalmente, la fiesta llego a su final después de diez largas horas.

Aun así, Bell y Artemisa sintieron que ese tiempo no había sido suficiente para ellos…

SALTO DE LINEA.

"Olvide por completo que no podían teletransportarse. Fue un descuido mío." Comentó Artemisa, estando junto a Bell y Dionisio en la entrada del Campamento.

"No te preocupes. Yo tampoco sabía que el Triángulo de las Bermudas quedaba tan lejos." Bell se apoyó en el marco de mármol, dando un pequeño suspiro. "Espero que para mañana ya estén aquí…"

"Nos quedaremos dos días. Solo para asegurar." Aclaró Artemisa, haciendo que Bell la mirara con sorpresa.

"¡¿En serio?!" Preguntó el alvino con alegría.

"Si no los ves, estarás molestando a toda la Caza hasta la próxima visita al campamento. Y estamos hablando de muchos meses." Artemisa dio su punto, entregándole una pequeña sonrisa por su reacción.

"¿Estás seguro sobre lo de Quirón?" Preguntó Dionisio, mirando hacia el interior del Campamento Mestizo que estaba mucho más silencioso de lo normal. Obviamente, la situación actual hacia que ese silencio sea más que comprensible.

"Por supuesto." Bell asintió con gran seguridad.

Dionisio dio un gran suspiro. "… Supongo que deberé llamarlo de nuevo. Aunque no me guste admitirlo, los campistas no funcionan de igual manera si él se encuentra ausente."

"Oye, Dionisio…" El Dios fijo su mirada eternamente aburrida en el rostro del alvino. "¿En serio no te preocupas por los campistas?"

Dionisio lo miro con seriedad por unos pocos segundos, para luego contestar. "Fui obligado a cuidarlos por Zeus debido a un error que cometí. Supongo que es normal no sentir mucho apego por algo si te vez obligado a hacerlo, ¿oh no estoy en lo cierto?"

Bell se frotó el cabello, pensando detenidamente en sus palabras. "… Supongo que tienes razón."

"¿Ya están preparados para dormir está noche?" Preguntó el Dios.

"Mis cazadoras tomaran guardia. No debes preocuparte por la seguridad del campamento por lo menos en estos dos próximos días." Explicó Artemisa, recibiendo un asentimiento por parte de Dionisio.

"Perfecto." Declaró el Dios, marchándose. "Si necesitan algo, estaré en la Casa Grande." El Dios alzo su mano en gesto de despedida.

"Necesito volver a la Cabaña para dar las ordenes a mis cazadoras." Declaró Artemisa, a punto de despedirse de Bell.

"Espera." Artemisa alzo una ceja ante su pedido. "Necesito que vengas conmigo."

"Pero, ¿no ibas a la Cabaña de Hera?" Preguntó la Diosa, estudiándolo con la mirada. "¿Sabes que ni siquiera puedo entrar sin que reciba una descarga? Ella me odia."

"Lo sé. Por eso necesito que vengas." Las palabras de Bell encendieron la curiosidad de Artemisa hasta las nubes.

La Diosa siguió al alvino de inmediato. Realmente quería saber lo que Bell tenía entre manos.

SALTO DE LINEA.

Bell entro en la Cabaña de Hera, mirando con satisfacción que no había sufrido ningún tipo de daño tras los ataques continuos de los monstruos.

Artemisa se detuvo en frente de la puerta, con claras intenciones de no entrar por obvias razones.

Bell se dirigió hacia uno de los tantos asientos que tenían la marca de Hera, apoyando las manos en la mesa con total tranquilidad.

"Entra." Artemisa miro a Bell con gran duda tras sus palabras. "Confía en mí."

Artemisa estuvo unos cuantos segundos pensando sobre si entrar o no, hasta que finalmente se armó de valor.

Artemisa cerró fuertemente sus ojos antes de entrar de un pequeño salto a la Cabaña. Casi de inmediato, la Diosa ensancho sus ojos a mas no poder tras darse cuenta que no le sucedió nada.

"¿Qué…?" Artemisa se quedó sin palabras ante lo que estaba sucediendo.

"Siéntate." Bell hizo pequeñas palmaditas al asiento que estaba al lado suyo.

La Diosa le siguió el juego sin dudarlo. Cuando estuvo en frente del asiento, Artemisa guio su mano hacia el asiento con cierta desconfianza. Sus ojos ensancharon en shock al no sentir nada. Ni una descarga hiriente recorrió por todo su cuerpo. Era increíble.

Artemisa se sentó lentamente al lado de Bell, dirigiéndole una mirada que buscaba explicaciones de inmediato.

"¿Qué es lo que hiciste?" Preguntó la Diosa, sin sentir la necesidad de ocultar su admiración y lo maravillada que se encontraba en estos momentos. Estaba conmovida, y su rostro lo demostraba con creces.

"Tuve una pequeña charla con Hera. Digamos que accedió a ciertos parámetros. De hecho, estoy seguro que no tardaras en tener una linda charla con…" Bell casi se cae al suelo, cortesía del gran abrazo que le dio Artemisa.

La Diosa se aferró fuertemente a él, hundiendo su rostro en el pecho del muchacho. Bell pudo sentir como Artemisa se sentó sobre sus piernas para poder abrazarlo con aun más fuerza y poder estar lo más cerca posible de él.

Bell simplemente pudo sonreír ante esto, para luego acariciar su cabeza con mucho cariño. "Pensé que solo me abrazarías una vez." Bell se burló, refiriéndose a cuando él la abrazó cuando se encontraba tan vulnerable.

"Cállate… Fueron cientos de años…" El tono de Artemisa estaba muy apagado, pero se sentía más vivo que nunca. "Solo… déjame disfrutarlo…" Artemisa apretó fuertemente la espalda de Bell con sus manos. "Por favor…"

Bell correspondió a su pedido, respondiéndole el abrazo y apoyando su mentón encima de la cabeza de la Diosa con cariño.

Estuvieron así por varios segundos, incluso un par de minutos.

Habia un silencio mortal, oh bueno… era un silencio mortal para aquellos que miraban desde afuera y no entendían lo que pasaba.

Para ellos dos, ese silencio significaba más que mil palabras…

Más de mil palabras que solo se dedicaban a endulzar la situación…

Más de mil palabras que solo ellos dos podían escuchar…

Finalmente, Artemisa se separó de Bell, entregándole una sonrisa que significaba un millón de cosas.

"Gracias…" Agradeció Artemisa, volviéndose a sentar en su asiento.

"No hay problema." Contestó Bell con una sonrisa. "Ah cambio, me gustaría que me hicieras un favor…" El rostro de Bell se enserio de inmediato, indicándole a Artemisa que lo que seguía no era una broma. "Quiero que me muestres tu verdadera forma."

"¿Mi verdadera forma?" Artemisa pestañeo, pensando que había escuchado mal. "¿Estás seguro? No hace falta que te recuerde las consecuencias que ello conlleva, ¿verdad?" La Diosa dio su punto, indicando que no estaba de acuerdo con la idea.

"Lo sé…" Bell bajo un poco su mirada. "Pero eh podido ver cuando no cerré los ojos…"

"¿Qué es lo que viste?" Artemisa espero la respuesta con gran atención.

"Tu cabello…" Bell alzo su mirada, mirándola con gran seriedad. "Tu cabello adquiría una tonalidad plateada y se hacía un poco más largo, junto con un aura del mismo color."

"Impresionante…" Dijo Artemisa en voz alta. "De todos los efectos secundarios que conlleva convertirse en un Dios, pensé que esta llegaba después de un año…"

"¿Puedes…?" Volvió a preguntar Bell, esperando con gran impaciencia la respuesta.

Artemisa alzo su mirada por un corto segundo, para después mirarlo fijamente. "No tenemos permitido usar nuestra forma divina, a menos que se trate de algo crucial." Artemisa se levantó del asiento, apartándose un poco de Bell. "Aun así, creo que solo un momento no será un problema." Artemisa le dirigió una última mirada a Bell, optando por un rostro bastante preocupado. "¿Estás seguro?"

"No pierdo nada si sale mal." Declaró Bell. "Solo la vista."

"Está bien… pero no me eches la culpa si te quedas ciego." Advirtió Artemisa, dando un pequeño suspiro para relajarse.

Un enorme brillo plateado cegador cubrió la vista de Bell, haciendo que el alvino se viera obligado a cubrirse con sus manos por semejante luz.

Después de varios segundos, los ojos de Bell por fin comenzaron a adaptarse a la luz del poder divino puro. Bell apartó lentamente sus brazos, abriendo sus ojos más y más. La luz cegadora lentamente disminuyo, hasta que finalmente su vista se vio adaptada por completo a semejante energía.

Cuando pudo ver por completo la figura de Artemisa, los ojos de Bell no dejaron de agrandarse ante semejante vista.

En ese instante…

En solo un pequeño instante…

Pudo sentir como ese último fragmento roto en su corazón por culpa de Aiz se reconstruyó por completo.

Y todo, gracias a ella…

Solo tuvo que mirarla…

Mirar a la mujer que le había ayudado a afrontarlo…

Bajo sus ojos, estaba viendo a la mujer más hermosa del mundo. A una princesa. A una Reina con todas las letras. A una Diosa… Así es, una verdadera Diosa.

Su cabello plateado brillante y sedoso caía hasta por debajo de su trasero. Su aura plateada, brillante e imponente al mismo tiempo, combinaba a la perfección con sus fuertes, puros, y penetrantes ojos plateados. Su rostro paso de ser el mejor que Bell había visto, a algo que simplemente no podía compararse con la palabra 'perfección', porque sería una blasfemia. La descripción para su rostro era simplemente una: Angelical. Sus cejas plateadas combinaban a la perfección con toda su figura. Su cuerpo notablemente más curvilíneo, pero no tan exagerado como Afrodita. Era simplemente un nivel de belleza jamás antes visto. Bell no tenía ninguna duda que ni siquiera la verdadera forma de Afrodita le podía llegar a hacer sombra.

"¿Qué?" Artemisa alzo una ceja, al ver que Bell se había quedado mirándola varios segundos sin decir una palabra.

"… Es… yo… solo… que… no… Maravilloso… Simplemente, maravilloso." Las palabras que apenas logro formular Bell, fueron las suficientes para que la Diosa bajara su rostro con un leve sonrojo. No esperaba que reaccionara de esa manera.

"Creo que es suficiente…" Artemisa volvió a su forma humana, aun padeciendo ese pequeño sonrojo por las palabras tan puras de Bell.

Bell bajo su cabeza de inmediato, tras darse cuenta que la estuvo observando por varios segundos sin quitarle la mirada de encima. "… Gracias por lo de hoy."

"Eso debería decir yo." El sonrojo finalmente desapareció del rostro de Artemisa cuando le entrego una sonrisa. "Nos vemos mañana."

"Que duermas bien." Bell asintió, alzando su mirada para entregarle una pequeña sonrisa como gesto de despedida.

SALTO DE LINEA.

Habían pasado 5 horas desde que Bell se acostó. Ciertamente, era algo normal que no pudiera consolidar el sueño debido a sus problemas con respecto a dormir mucho menos debido a su inmortalidad. Aun así, nos encontramos en un problema bastante grande, cuando te das cuenta que ya habían pasado más de 30 horas desde la última vez que Bell había consolidado el sueño, por lo que sería sensato pensar que podría dormir un poco en la tarde.

Pero, no había podido hacerlo…

Bell rodo sobre su cama, fijando la mirada en el techo de la Cabaña de Hera. Sus ojos más despiertos que nunca.

La imagen de Artemisa no dejaba de rondar por su cabeza, y no era solo por su verdadera forma.

Era por su sonrisa, por sus hermosos ojos plateados, su simpatía, su actitud, su figura, su precioso rostro, lo cómodo y tranquilo que se siente junto a ella. Todo lo que tiene que ver con ella…

Cinco horas, cinco horas pensando en ella…

"Genial…" Bell se palmeo el rostro, dando un pequeño suspiro. "Estoy enamorado de Artemisa…"

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

El próximo capítulo será el último de este arco. Pensaba que podía terminarlo con este, pero se me extendió demasiado.

En el próximo arco se vienen cosas muy picantes! Peleas muy numerosas, relaciones intensificadas, y la unión de muchos grupos por un bien común!

Podríamos decir formalmente que el "relleno" ya se ha acabado. Las relaciones entre todos los personajes quedaron como ya quería, y es hora de empezar la acción junto con los enormes cambios en el Olimpo y en el Campamento Mestizo. La Caza obtendrá algunas integrantes más, junto con algunos otros cambios bastante importantes.

Espero que el capítulo te haya gustado!

Cantidad de palabras: 8521 palabras.