Aquí me presento nuevamente con otro capítulo!

Como aquí no existen las Profecías más relevantes de la obra original por obvias razones, Thalía se unirá igualmente a las Cazadoras, pero por otros motivos.

Antes de comenzar, me gustaría contestar las reviews:

DuskWalker9669: Primero que nada, debo decir que tus palabras me conmovieron bastante. Se nota que eres un conocedor sobre la literatura (específicamente de la poesía, creo), y es algo muy impresionante para mí ver que mi simple proyecto haya producido tantos sentimientos en una sola persona. El que debe agradecer soy yo, porque gracias a tus palabras me siento más encendido que nunca. Un abrazo!

Animeoni: Sinceramente, simplemente pienso en cómo debería de ser cada uno y solo me dejo llevar entre los diálogos. Me alegra ver que todos los personajes parecen estar muy bien construidos, y me alegra aún más que estés tan prendido a esta historia.

Funny-Little-Cute White Fox: Como siempre, muchísimas gracias por tu constante apoyo! Ciertamente, el anterior capitulo tuvo un buen desarrollo, ya que estoy concluyendo las cercanías de todos los personajes. Ese era mi principal objetivo antes de terminar este arco, y creo que lo logré.

Habiendo contestado todas las reviews, es hora de comenzar!

Disfruta!

FINAL DE ARCO-CAPÍTULO 19: ELLA LO SABE.

Bell no podía creer la mala suerte que tenía.

Primero, se enamora de una mujer que nunca lo tuvo en cuenta, que nunca lo quiso, y que solo aceptó su amor porque se sintió "obligada".

Ahora, se vuelve a enamorar, pero de una mujer muy buena, que lo trata como ninguna otra cuando comenzaron a llevarse bien. Eso sonaría genial, si omitiéramos el hecho de que Artemisa no puede tener ningún tipo de relación amorosa debido a sus Juramentos.

"Pero si lo pienso bien, quizás no es tan malo…" Pensó Bell con una pequeña sonrisa. "Ya tengo experiencia con el amor, y no creo que me afecte demasiado. Además…" Bell volvió a mirar el techo de la Cabaña, recordando de nuevo las diferentes charlas íntimas y cálidas que tuvo junto a la Diosa. "Simplemente, no podría hacer ningún movimiento que pudiera perjudicarla. No solo la amo, ella es mi mejor amiga." No pudo evitar palmear su rostro tras escuchar sus propias palabras. "¿En qué momento comencé a quererla tanto…?" El albino desvió su mirada hacia una ventana cercana, pestañeando varias veces en confusión. "¿Ya es de noche? ¿Cuánto tiempo estuve pensando en Artemisa?" Bell sacudió su cabeza con gran fuerza. "¡Mierda! Tengo que dormir aunque sea un poco, o mañana estaré hecho un desastre."

SALTO DE LINEA.

Después de tener su mente tantas horas ocupada con trivialidades, Bell finalmente pudo conciliar el sueño…

Pero parecía ser que este no era su día…

"¡Bell, despierta!" Gritó Grover por la ventana.

Bell se despertó sobresaltado por el grito, dándole una mala mirada. "¿Grover? ¿Pero qué…?"

"¡Tienes que ver esto!" Exclamó Grover bastante alterado, haciendo que Bell lo mirara con ligera curiosidad.

"¿Tiene que ser ahora? Hace apenas media hora que pude conciliar el sueño…" Comentó Bell, estirando todo su cuerpo al final.

"¡No preguntes, solo ven!" Grover desapareció de la ventana. Bell observo a la ventana por un par de segundos sin mover un centímetro de su cuerpo. "¡Ahora!" Grover volvió a aparecer, haciendo que el albino suspirara.

"Son las 4 de la mañana…" Dijo Bell a nadie en concreto, viendo el reloj mientras refunfuñaba por lo bajo.

Bell salió de la Cabaña, ajustando su gabardina mientras observaba alrededor, viendo que no había nadie. "¿Por qué me llamo? Todos parecen estar durmiendo." El albino miro como Percy y Grover entraban en escena, corriendo rápidamente en su dirección.

"¿Bell? Pensaba que aun estabas durmiendo." Comentó Percy.

"No, gracias a la persona que tienes al lado." Bell le entrego una mala mirada a Grover. "Por cierto, ¿Cuándo volvieron?"

"Hace como dos horas. Ya pusimos el Vellocino de Oro y la barrera fue restaurada." Contestó el hijo de Poseidón.

"Si, si, si. Después tendrán tiempo para hablar, ¡vamos!" Grover comenzó a correr, haciendo que los dos restantes se miraran entre sí, para finalmente inclinar sus hombros y seguir al Sátiro.

Los tres llegaron corriendo al límite del campamento, en donde comenzaba el espeso bosque y la fuerte barrera.

"¿Annabeth?" Percy se detuvo con una ceja alzada tras ver a su amiga mirando atentamente el árbol.

Annabeth se dio lentamente la media vuelta, fijando la mirada en sus amigos con un rostro de estupefacción absoluta. "Chicos… El Vellocino de Oro tiene más poder de lo que imaginábamos…"

Al escuchar esto, todos se acercaron al enorme árbol que ahora volvía a rebosar de vida. Bell, Grover y Annabeth se quedaron atrás, viendo con atención como el vellocino se movía de una forma extraña, como si tuviera algo debajo. Percy se adelantó sin ningún tipo de dudas y retiro el vellocino, viendo como una mujer que aparentaba su edad estaba tirada en el suelo, con una especie de jaqueca, o eso daba a entender debido a su rostro visiblemente mareado. Su cabello era de un color negro azabache algo corto y ligeramente puntiagudo. En estos momentos, solo llevaba una fina túnica que cubría todo su cuerpo, que denotaba en gran manera su cuerpo delgado y con pocas curvas. Llevaba una pequeña pulsera plateada en su muñeca derecha, que desprendía un brillo peculiar.

Percy no perdió el tiempo y tomo la mano de la mujer, ayudándola a ponerse de pie. "¿Quién eres?" Preguntó Percy, mirándola detenidamente.

"Soy Thalía, Thalía Grace…" Al escuchar esto, las sospechas de Grover y Annabeth se aclararon por completo. La ahora reconocida Thalía dejó de tomarse la cabeza, por fin abriendo sus ojos, denotando un brillante color azul eléctrico en ellos. "Hija de Zeus." Después de decir esas palabras, Thalía terminó por desmayarse, siendo detenida por Percy antes de que tocara el suelo.

El hijo de Poseidón miro a sus amigos con una expresión atónita en su rostro. Annabeth y Grover parecían estar completamente conmovidos por lo presenciado, mientras que Bell se encontraba al igual que Percy.

"El Vellocino de Oro… ¿la revivió?" Pensó Bell, mirando a la mujer recién aparentemente resucitada con los ojos bien abiertos.

"¿Qué hacen ahí parados como idiotas?" Todos miraron hacia atrás, viendo que se trataba de Dionisio. "Llévenla ya a la enfermería." El Dios hizo un gesto con su cabeza, haciendo que todos se dirigieran rápidamente hacia el lugar. Todos, menos Bell. "¿Tienes alguna pregunta?" Le preguntó el Dios, tras ver que lo estaba mirando fijamente.

"Sabías que reviviría, ¿no es así?" Preguntó Bell con una ceja alzada.

"¿Qué te hace pensar eso?" El Dios devolvió la pregunta.

"¡Vamos!" Bell se burló. "No eres de esa clase de persona que se pone a dar un paseo por el campamento a las 4 de la mañana."

"¿Quién dice que no me gusta caminar a las 4 de la mañana? ¿Acaso hay una regla entre los Dioses que impida eso?" Comentó el Dios, recibiendo una mirada extraña de Bell, haciendo que Dionisio sonriera por su insistencia. "En primer lugar, ella no revivió. Nunca murió. Antes de que pudiera morir, fue convertida en pino por obra de su padre, Zeus. Fue una manera de compadecerse de ella."

"Supongo que incluso alguien como él puede sentirse inútil en ocasiones…" Declaró Bell, haciendo que el Dios del Vino negara con su cabeza por el comentario tan obstinado.

"Deberías ir a dormir. Se te ve en el rostro que no dormiste nada, y mañana solo tendrás un par de horas para hablar con tus amigos." Advirtió el Dios, para luego darse la media vuelta. "Sé que Artemisa dijo que serían dos días." Agregó, mirándolo de reojo. "Pero sabiendo que ya están aquí, lo más probable es que quiera partir lo antes posible. No solo por el tema de los hombres, sino también por el hecho de que ya se van atrasando demasiado con la cacería, y una gran cantidad de Semidioses podrían pasar factura por culpa de ello." Concluyó, para luego seguir su camino.

"Supongo que estaremos una buena cantidad de meses limpiando las zonas infectadas…" Pensó Bell, decidiendo dar un rápido saludo por la enfermería, para de nuevo irse a dormir.

SALTO DE LINEA.

La naturaleza volvía a escucharse pacíficamente en el amanecer, indicando que finalmente había vuelto todo a la normalidad. Las pequeñas charlas alegres y simpáticas que se escuchaban dentro de las cabañas y fuera de ellas reforzaban aún más lo anterior mencionado.

Después de varios días, parecía ser que el Campamento Mestizo por fin había recuperado su paz…

De hecho, esa paz se hizo presente de una manera bastante peculiar para Bell.

El albino lentamente comenzó a abrir sus ojos por culpa de la luz que entraba por la ventana, llevándose una pequeña sorpresa.

Sus ojos finalmente deslumbraron el rostro de Artemisa mirándolo a pocos centímetros de su rostro, ella sentada a horcajadas encima de su cintura, y su cabello cayendo armoniosamente por los lados de su rostro. Bell simplemente fijo su mirada en la mujer, sin entender nada de lo que estaba pasando.

Artemisa tomo ambas mejillas del albino, dándole una pequeña palmada. "¿Por cuánto tiempo más piensas estar durmiendo?"

"¡Santa mierda!" Bell prácticamente saltó de su cama, cayendo al suelo. Mientras que Artemisa logro salir completamente ilesa gracias a su asombrosa agilidad. "¡Casi me muero del susto!" Exclamó Bell, asomando su rostro por la cama, intentando reincorporarse.

"Nunca me imaginé que tendrías ese tipo de reacción." Artemisa se tapó la boca y desvió la mirada para evitar reírse. "Definitivamente valió la pena."

"¿Dónde están las demás?" Preguntó Bell, levantándose del suelo.

Artemisa le dirigió la mirada aun teniendo ganas de reírse, pero no pudo evitar desviar la mirada nuevamente cuando vio que Bell estaba solamente en ropa interior. "Se levantaron hace nada. Están desayunando."

"Sé que ya quieres irte, pero déjame aunque sea despedirme de ellos." Declaró Bell, poniéndose los pantalones.

"… De acuerdo." Artemisa lo miro de reojo, viendo la espalda bien tonificada de Bell justo antes de que se pusiera la camisa. "Te estaremos esperando en mi cabaña." Comentó la Diosa, sin poder evitar sentirse un poco incomoda por la situación.

SALTO DE LINEA.

"¿Ya te sientes mejor?" Preguntó Annabeth, tomando la mano de su amiga con una dulce sonrisa en su rostro.

Annabeth, Percy y Grover se encontraban reunidos en la tienda que se trataban a los heridos, que todavía estaba completamente llena.

"Creo que si…" Comentó Thalía con una gran sonrisa, mirando a todos sus amigos. "El dolor de cabeza finalmente se ha ido. Creo que ya puedo salir de aquí."

"No podemos sacarte de aquí, hasta que Quirón lo ordene." Declaró Percy, apoyado en uno de los pilares de madera cercanos. "De lo contrario, estaríamos en muchos problemas."

"Él estará en muchos problemas si no me deja salir rápido." Declaró la Hija de Zeus con una pequeña sonrisa áspera en su rostro. "Maldición, ya quiero cambiarme esta túnica ridícula y ponerme ropa de verdad."

"¿Te refieres a tu ropa punk?" Preguntó Grover con una ceja alzada, claramente burlándose de su amiga.

"¿Usa ropa punk?" Preguntó Percy con ambas cejas alzadas.

"¿Tienes algún problema con eso, cerebro de algas?"

"¡Wow, wow, wow!" Percy la señalo con una sonrisa desentendida en su rostro. "¿Cómo me llamaste?"

"Un digno apodo para el hijo de Poseidón." Declaró Thalía con un tono burlesco, haciendo que Grover y Annabeth se miraran con ambas cejas alzadas.

Percy tan solo se rio y se cruzó de brazos, fijando su mirada en la mujer. "Sera mejor que te calmes, cara de pino." Declaró El hijo de Poseidón, haciendo que Thalía le frunciera el ceño.

"Cuando salga de aquí, te rostizare vivo." Amenazó Thalía, haciendo que unos pequeños rayos salieran disparados de todo su cuerpo.

"Es impresionante." Comentó Annabeth, mirando a ambos. "Apenas se conocen, y parece que ya quieren matarse. Son muy parecidos a sus padres."

"¡No!" Exclamaron ambos al mismo tiempo, haciendo que se miraran con ligero asombro.

"Un combate entre Percy y Thalía…" Pensó Grover en voz alta, llevando una mano a su mentón. "¿Quién ganaría?"

"Mientras no me moleste, no hay necesidad de llegar tan lejos." Declararon ambos al mismo tiempo nuevamente, haciendo que se volvieran a mirar con aun más asombro.

"Por cierto, veo que has alcanzado el nivel 3 de Protector cuando estaba inconsciente." Comentó Thalía, refiriéndose claramente a los cuernos que sobresalían notoriamente del cabello de Grover. "Estoy orgullosa, chico cabra."

Grover miro a Percy y Annabeth con miradas encontradas. "Saben, no sé si sentirme alagado u ofendido en estos momentos."

"Tú empezaste, burlándote de su ropa punk, Grover." Declaró Annabeth con una mirada divertida en su rostro.

Todos no pudieron evitar mirarse con una pequeña sonrisa en sus rostros. Incluso Percy y Thalía compartieron una larga mirada, indicando que quizás no se llevarían tan mal como habían pensado en un principio.

"Es bueno verlos contentos después de todo lo que paso." Todos miraron hacia atrás, viendo que estaba Bell en el lugar. "Me alegra ver que ya estas mejor. Estaban preocupados."

"Tú eres el Chico de la Profecía, Bell Cranel. Él que esta con las Cazadoras de Artemisa, ¿no es así?" Preguntó Thalía, haciendo que Bell se viera sorprendido ante lo escuchado.

"Veo que la han informado bastante bien." Declaró el albino, realmente impresionado de sus amigos.

"¿Cómo puedes convivir con esas mujeres sin que te corten la garganta?" Preguntó Thalía con una ceja alzada. "Supongo que las cosas habrán cambiado mucho más de lo que pensé durante estos años…" Concluyó, sentándose en la cama.

"Veo que alguien ya se encuentra mucho mejor." Todos miraron hacia atrás nuevamente, para ver al gran centauro que se alzaba en el sitio.

"Es bueno verte por aquí de nuevo, Quirón." Declaró Bell con una sonrisa, recibiendo un asentimiento agradecido del mencionado.

"No sabemos si estas recuperada al cien por ciento, pero no estamos para ser tan estrictos en estos momentos." Quirón alzo ambas manos hacia los lados, haciendo énfasis en el lugar repleto de heridos. "Como ya sabrás, hubo una pequeña oleada de monstruos recientemente, y hay muchos heridos que todavía no recibieron un tratamiento adecuado." El centauro fijo su mirada en la mujer con una media sonrisa astuta en su rostro. "Entre nosotros… no creo que eso te afecte demasiado, recordando lo explosiva que eras." Le susurro.

"Lo recuerdas bastante bien." Le respondió Thalía, devolviéndole la sonrisa.

"Me gustaría quedar más tiempo con ustedes, pero venía a despedirme." Bell interrumpió la conversación, sabiendo que se estaba quedando sin tiempo. "No me gustaría perder mucho tiempo, o Artemisa querrá ahorcarme. O a lo mejor, quite sus ganas de hacerlo con algún campista que se atreva a pasar cerca de su cabaña."

"¡Espera!" Todos observaron a Thalía con atención tras su arrebato. "Necesito pedirte un favor." Bell la miro con atención tras sus serias palabras. "Quiero hablar con las Cazadoras. Con su Líder."

Al escuchar esto, Bell no pudo evitarse ponerse serio. "¿Quieres hablar con Artemisa?"

"¿Podemos acompañarte?" Annabeth preguntó, recibiendo una mirada de Bell que no parecía estar muy de acuerdo.

"… Está bien." Bell suspiró. "Pero que los hombres no entren en la cabaña, a menos que quieran hacerse un cambio de genero gratis." Al escuchar esto, Grover y Percy no pudieron evitar ponerse un poco nerviosos.

SALTO DE LINEA.

"Quédense aquí." Ordenó Bell, recibiendo un asentimiento por parte de Grover y Percy.

Bell y las dos mujeres se internaron en la Cabaña de Artemisa, viendo que únicamente se encontraba Zoe sentada en la mesa, tomando un café.

"Bell." Comentó con alegría tras ver a su amigo, para después mirar a ambas mujeres no tan desconocidas con una ceja alzada. "Así que, si era verdad que habías revivido…"

"Me gustaría hablar con Artemisa." Declaró Thalía con decisión, sentándose en frente de la mujer.

Al escuchar esto, Zoe se puso seria de inmediato. "Ella está ocupada ahora mismo. Si quieres dejarle un mensaje, puedes dármelo a mí."

"No importa. Está bien así." Contestó Thalía con una media sonrisa en su rostro. "Después de todo, tú eres la Lugarteniente." Al escuchar esto, Zoe sonrió.

Bell miro a las dos desde la puerta con ambas cejas alzadas. "¿Se conocen?"

"Hemos tenido un encontronazo con ella cuando éramos pequeñas." Comentó Annabeth, dando a entender con su palabra que no fue un encuentro precisamente agradable.

"Y bien, ¿Qué quieres?" Preguntó Zoe, dejando el café en la mesa para escucharla con atención.

Thalía bajaría un poco la cabeza, recordando las palabras que cruzó con Zoe. "¿Recuerdas cuando nos invitaste a unirnos a la Caza?"

"Por supuesto."

"Ambas nos negamos, porque nos gustaba Luke en aquel entonces. Tú dijiste que nos arrepentiríamos, y que él nos traicionaría tarde o temprano." Thalía apretó ligeramente los puños tras recordar sus palabras, mientras que Annabeth desvió su mirada al recordar.

"Oh si, lo recuerdo. Lo siento, habíamos tenido un mal día." Comentó con completa simpleza, revolviendo su café con tranquilidad.

"Eso ya es cosa del pasado…" Thalía suspiro, fijando su mirada con gran seriedad en Zoe. "Solo quería saber si las Cazadoras irán tras Luke. Porque me gustaría encontrarlo y preguntarle directamente en la cara: ¿Qué es lo que está pensando? ¿Por qué nos hace esto?" Thalía apretó fuertemente sus puños. "Quiero saberlo."

"Ya veo…" Zoe fijo su mirada, indicando su completa interés en el tema. "Lo más probable es que terminemos yendo tras él, pero debemos esperar las ordenes de Zeus. Por cierto, todavía está la bacante, si aún la deseas."

Thalía alzo su mirada, pensándolo detenidamente. "Realmente me gustaría saber en qué está pensando Luke para hacernos esto, pero no estoy segura de unirme a las Cazadoras solamente para buscarlo y darle una golpiza."

"Convertirte en una Cazadora es algo muy serio." Declaró Zoe con seriedad absoluta. "Deberás seguir diferentes Juramentos y reglas que son muy complicadas de cumplir, especialmente en un principio. Yo diría que te lo pienses bien antes de unirte." Thalía observo a Zoe con ligero asombro tras escuchar sus palabras. La cazadora le sonrío, dándole una mirada a Annabeth. "Después de todo, tendrías muy pocas oportunidades para visitar a tus amigos."

"Pero, tengo entendido que ustedes se marchan hoy."

"Es cierto." Contestó Zoe, tomando su último sorbo de café. "Pero después de unos meses volveremos. No te preocupes por la bacante, siempre estará abierta para ti." Zoe miraría con una sonrisa zorruna a Bell. "Estoy seguro que a Bell y a Lady Artemisa les encantara tener una linda hermana menor con ellos."

"¡Espera!" Thalía le dirigió la mirada a Bell con los ojos bien abiertos. "¡¿Eres hijo de Zeus?!"

"Veo que no le han contado absolutamente todo…" Bell le entregaría una mirada a Annabeth.

"Estoy segura que alucinarás cuando te lo cuente…" Declaró Annabeth, haciendo señales con su mano para que se acercara. "Supongo que ya nos vamos." Annabeth le dio la mano a Bell, recibiéndola con una sonrisa. Luego de eso el albino se dio media vuelta para saludar desde lejos a sus dos amigos, siendo contestado por ellos.

"Eso significa que no soy la única semidiosa que es hijo de Zeus…" Pensó Thalía en voz alta, mirando a Bell con una felicidad que no le importaba revelar.

"Bueno…" Bell se froto el cabello con una sonrisa. "Eso no es del todo cierto. Pero al fin y al cabo, si somos hermanos." Finalizó, poniendo su mano en el hombro de Thalía con una sonrisa dentuda, siendo contestado por ella con una sonrisa muy parecida.

"Entonces, espero verte pronto." Thalía se despidió, dejando a Bell y Zoe solos.

Aunque eso no duro así por mucho tiempo…

"¡Devuélvanme mi corpiño, malditas mocosas del demonio!" Phoebe casi rompió la puerta cuando salió, cubriendo sus pechos con su brazo mientras miraba a su alrededor frenéticamente, buscando a las niñas.

"¿Un día normal?" Preguntó Bell, mirando a Zoe.

"Lo mismo de todos los días…" Confirmo la Lugarteniente, riéndose por la desgracia de Phoebe.

SALTO DE LINEA.

"La última parada…" Pensó Bell, observando la enorme Cabaña de Ares.

El albino se dispuso a tocar la puerta, siendo atendido casi al instante por Clarisse, que lo miro de pies a cabeza.

"Hola, venía a despedirme." Comentó Bell con una sonrisa.

".."

"… ¿Y qué?" Clarisse se cruzó de brazos.

"¡Vamos!" Exclamó Bell, ligeramente indignado. "¿Qué es esa frialdad? ¿Ni siquiera me das un abrazo? ¿Un saludo? ¿O la mano?"

"Si, si. Tienes razón." Comentó la hija de Ares, dándole un gran apretón de manos a Bell. "Creo que está vez estaremos mucho más tiempo sin vernos. Buena suerte, y que no te coman el trasero." Declaró Clarisse con clara gracia en sus palabras.

"Por tu tono, estoy seguro que lo estás deseando." Bell le sonrío por su actitud.

"Me declaro culpable." Clarisse se burló.

Ambos se quedaron mirando con una sonrisa en sus rostros por unos pocos segundos, hasta que finalmente Bell decidió hablar.

"No hagas ninguna locura mientras este afuera. Sé muy bien que tú y tus hermanos les encanta armar lío." Declaró el albino con gracia, extendiendo su mano para un último saludo.

"Esta en nuestra naturaleza. Ni siquiera tus palabras pueden evitarlo." Clarisse apretó fuertemente su mano una vez más, concluyendo la despedida.

SALTO DE LINEA.

"¿Ya está todo preparado?" Preguntó Bell, entrando en la Cabaña, viendo que en ella ya estaba Artemisa.

"Nuestro próximo objetivo es la Costa Hamakua." Declaró la Diosa, asegurándose de que no faltara nada en el equipaje. "Antes fui a hablar con Zeus por algunos asuntos. Por lo visto, él y Apollo te están esperando." Finalizo, fijando su mirada en el albino.

"Oh, cierto…" Bell se froto el cabello con una sonrisa nerviosa. "Me había olvidado que le prometí una copa a Apollo el otro día."

Artemisa tan solo bajo un poco la cabeza, dando un pequeño suspiro. "Intenta que sea rápido, por favor." Declaró, tomándolo del hombro para transportarlo al Olimpo.

"Lo prometo." Respondió Bell.

Los recuerdos de ayer nuevamente regresaron a la mente de Bell, cuando vio como Artemisa cambio a su verdadera forma para usar sus poderes divinos. Solo bastó esa pequeña mirada para que esos recuerdos se fijaran en su cabeza con gran lucidez.

"Llegamos." Declaró Artemisa, sin ver la necesidad de volver a su forma humana. "Iré a buscar más Flechas de Punta Plateada en mis aposentos. Espero que podamos marcharnos cuando vuelva." Explicó la Diosa, alzando su mano y agitándola con seriedad como gesto de saludo, haciendo que una sonrisa apareciera en el rostro de Bell tras el gesto.

"Así que no era ninguna broma lo que nos comentó mi hija…" Zeus se presentó junto con Apollo en su tamaño y forma humana, ambos con una sonrisa en sus rostros al ver nuevamente a Bell. "Ya puedes distinguir la forma divina sin recibir daño. Es un gran progreso."

"Si, es increíble." Contestó Bell, estrechando la mano de Zeus y Apollo, sin quitarle la mirada de encima a la espalda de Artemisa.

"¿Increíble?" Preguntó Apollo con una ceja alzada.

"Da igual." Bell ajito su mano con desdén. "Sé que te había prometido una copa y una buena charla, pero Artemisa no está muy de acuerdo con eso en este momento."

"Lo entiendo." Contestó Apollo, haciendo aparecer una mesa y tres sillas en el lugar, junta con unas bebidas alcohólicas que parecían estar mezcladas con frutas. "Nuestra hermanita siempre fue una persona muy responsable. De hecho, creo que es la más responsable de aquí, después de Hestia."

"Hestia…" Pensó Bell, fijando su mirada en la gran chimenea que había detrás de los tronos, que brillaba con gran intensidad gracias a sus llamas. "No la eh visto desde que entre en este mundo. Eso quizás sea una buena señal, porque significa que la llama de la familia no necesita ser constantemente avivada por ella…" Bell concluyó sus pensamientos con una pequeña sonrisa.

"Antes de sentarnos y beber un poco…" Zeus le palmeo el hombro a Bell. "¿No te gustaría ver nuestra forma divina?"

"Para serte sincero, tengo algo de curiosidad." Contesto Bell, mirándolo con gran atención.

"En ese caso…" Un gran brillo eléctrico se hizo presente en el gran salón, que esta vez no cegó a Bell. Lo más probable es que no lo haya cegado, ya que después de Artemisa sus ojos lograron acostumbrarse a semejante intensidad. "Esta es mi verdadera forma." Declaró el Rey de los Dioses con orgullo.

Bell observo al Dios de pies a cabeza, viendo que solo su barba y cabello habían cambiado, ya que ahora eran mucho más largo y desordenados que en su forma humana, dándole un aspecto de sabio. Además de eso, su traje elegante también se había cambiado, pasando a ser una túnica blanca tradicional de la Antigua Grecia que cubría todo su cuerpo, poseía una abertura en el centro, dejando una gran parte de su torso expuesto, denotando un enorme físico. Sus ojos azules eléctricos también se habían vuelto aún más profundo, dándole un toque más intimidante, que solo aumentaba gracias al aura blanca pura que lo rodeaba.

"… Creo que Artemisa tiene muchos más cambios físicos, pero ella no cambiaba su ropa." Comentó Bell, mirándolo al Dios con una mano en el mentón. "Pero conociéndote, ese aspecto te remarca a la perfección." Zeus tan solo se cruzó de brazos con una enorme sonrisa en su rostro, indicando que le habían gustado los halagos.

"¡Ahora es mi turno!" Exclamó Apollo con emoción, al presentarle su verdadera forma a su querido hermanito.

La figura de Apollo también se rodeó de un intenso brillo, aunque esta vez el brillo cegador se destacó mucho más por encima de los dos anteriores debido a su fuerte color dorado. Cuando el aura se diezmo un poco, se pudo ver que Apollo era exactamente igual, lo único diferente era su color de cabello que paso de un rubio fuerte, a un dorado completamente puro. Su cuerpo se tensó un poco más y se remarcó notoriamente por debajo de su traje dorado, denotando que sus músculos también habían sufrido un pequeño cambio.

"Supongo que la profundización de su color de ojos, y el aura es una caracterización general de los Dioses…" Comentó Bell, viendo que esos dos patrones siempre parecían repetirse. "Nuevamente, es una figura bastante acorde a tu personalidad." Concluyó Bell, entregándole una pequeña sonrisa al Dios. Apollo tan solo puso ambas manos en su cadera y rio por el comentario del albino.

Antes de continuar hablando, los tres se sentaron cómodamente en la mesa y le dieron un pequeño sorbido a sus bebidas a través de la sorbete. Los Dioses suspiraron cuando sintieron como el alcohol le quemaba un poco la garganta.

"¡Mierda!" Pensó Bell, dejando el vaso sobre la mesa cuando sintió una enorme comezón insoportable en su garganta. "No sabía que el alcohol podía llegar a quemarte la garganta." Comentó Bell, fijando la mirada en ambos Dioses.

"Es hasta que te acostumbres." Comentó Apollo con una sonrisa, dándole otro sorbo a su bebida. "Como es tu primera vez, te recomiendo que no te apures en tomarlo, o podrías terminar un poco mareado." Explicó el Dios con clara gracia en su última palabra.

Bell tan solo sonrió por lo mencionado, dándole un sorbido mucho más pequeño en esta ocasión.

El albino fijo su mirada en la bebida, poniéndose un poco serio tras recordar nuevamente la verdadera forma de Artemisa. "De nuevo pensando en ella…" Bell suspiro internamente. "¿Por qué en su forma divina tiene que ser incluso aún más linda que su forma humana?"

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando vio a Artemisa entrar nuevamente al gran salón, pero esta vez en su forma gigante. El albino fijo su mirada en la Diosa, viendo cómo se dirigió con total tranquilidad hacia su trono, para luego sentarse con total naturalidad mientras se miraba las uñas.

Aunque, había algo extraño en todo esto…

"Oigan…" Zeus y Apollo fijaron su mirada en Bell, tras escuchar su tono claramente confuso. "¿Por qué Artemisa se sentó en el trono de Afrodita?"

Al escuchar esta pregunta, todos los Dioses ensancharon sus ojos a más no poder. Se le quedaron mirando sin decir una palabra, haciendo que Bell los mirara con gran intriga.

"¿Qué les pasa?" Preguntó, mirando a los tres Dioses.

"Bell, ella no es Artemisa…" Comentó Apollo con cuidado, haciendo que Bell comenzara a ensanchar sus ojos lentamente. "Ella es Afrodita."

Bell rápidamente sacudió su cabeza, viendo que la mujer efectivamente era Afrodita, y de alguna forma se había dejado engañar por el espejismo.

"¡Mierda! ¡Tenía la guardia baja!" Pensó Bell, apretando levemente sus puños.

"Oh…" Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Afrodita. "Así que, nuestro queridísimo héroe está enamorado de Artemisa…"

Bell simplemente miro hacia otro lado con una mirada aburrida en su rostro. "Fue una casualidad. Si ni siquiera puedes internarte en mi mente, y no sabes como es mi mujer ideal, ¿cómo puedes saber que realmente me gusta Artemisa?"

Apollo y Zeus se miraron entre sí con seriedad, pensando si era la verdad, o era una mera excusa para salirse con la suya.

"Hmmm…" Tarareó Afrodita, fijando la mirada en sus uñas nuevamente. "Eso ya lo veremos…"

"Oigan…" Bell fijo su mirada en los dos Dioses, recibiendo una mirada intrigada al ver el rostro nervioso del albino. "¿Dónde está el baño?"

"Yo te llevo a mis aposentos." Contesto Afrodita rápidamente. Los tres hombres observaron a la Diosa con una mala mirada. "¡Oigan!" Afrodita hizo un pequeño puchero. "¡No pienso en sexo todo el tiempo! Prometo que no haré nada."

"Prefiero tomar el riesgo." El rostro de Bell comenzó a ponerse violeta. "En serio, no aguanto." El albino fue rápidamente detrás de la Diosa, haciendo que ambos Dioses se miraran entre sí.

"Creo que la bebida no le cayó muy bien." Zeus se rio por lo bajo, recibiendo un asentimiento por parte de Apollo, indicando que opinaba lo mismo.

El silencio se internó en el lugar, haciendo que el rostro de Zeus y Apollo se pusiera serio.

"Oye…" Apollo rompió el silencio, fijando la mirada en su padre con gran seriedad. "¿y Que harás si no es una causalidad lo que sucedió hace rato?"

"¿Tú qué harías?" Zeus le devolvió la pregunta, revolviendo el sorbete dentro del vaso.

"Si es que Artemisa…" Apollo se levantó de su asiento, sin quitarle la mirada de encima al Dios. "Si es que Artemisa llega a tener una relación más íntima con Bell, la felicidad de mis hermanos llegarían a niveles inimaginables. Lo sé." Apollo entrecerró sus ojos de forma amenazante. "Por eso mismo, no permitiré que le arruines su felicidad. Incluso si puede significar mi muerte."

Al escuchar esto, Zeus lo miro con los ojos bien abiertos. No por el hecho de que lo estaba amenazando directamente, sino por su respuesta.

"… ¿No habías matado a Orión, porque tenías miedo de que Artemisa rompiera sus Juramentos?" Preguntó Zeus con ambas cejas alzadas.

"¿Qué?" Apollo lo miro con una ceja alzada. "¡Por supuesto que no! ¡Ya lo repetí mil veces! ¡Solo lo mate, porque Orión no sentía absolutamente nada por Artemisa! ¡Solo quería utilizarla para algo!" Apollo se llevó una mano a su cien, en un intento de calmarse. "Por los Dioses, ya me cansé de explicarlo..." Una mirada ligeramente herida apareció en el rostro del Dios. "¿Por qué el único que me cree es Bell?"

"Entonces, si aceptarías su relación…" La mirada seria de Zeus se tornó en una pequeña sonrisa. "Perfecto. No me hubiera gustado tener que castigarte por intentar matar a Bell…"

"¡Un momento…!" Apollo ensancho sus ojos en shock. "… ¿Eso quiere decir que si mi hermanita se enamora de él, no la castigaras si rompe sus Juramentos…?"

Zeus llevo un dedo entre sus labios con una sonrisa, indicando silencio. "Bell se merece a una familia real, mientras que Artemisa necesita a alguien para que termine de curar sus heridas pasadas. Si en algún momento llegan a enamorarse, seré muy feliz." Le comentó el Rey de los Dioses con calma y silencio.

Apollo simplemente le sonrió a su padre, al ver que parecían estar buscando lo mismo.

Su charla fue interrumpida cuando la verdadera Artemisa apareció en el gran salón.

La Diosa se acercó con gran calma a los dos Dioses, buscando a Bell con la mirada.

Apollo y Zeus se miraron con gran seriedad por un corto segundo, para después fijar su mirada en Artemisa nuevamente. La Diosa notó esto al instante, haciendo que alzara una ceja al respecto.

"¿Acaso tienen algo que decirme?" Preguntó la Diosa.

Los Dioses se miraron nuevamente, asintiéndose entre sí.

"Hija, hace poco Afrodita vino a sentarse en su trono para buscar a un nuevo hombre para acostarse." Artemisa miro a su padre con una cara que claramente le decía que ese detalle no le importaba en lo más mínimo. "Lo extraño, es que Bell sufrió por primera vez bajo sus poderes." Al escuchar esto, la Diosa no pudo evitar mirarlo con mucha atención. "Por lo visto, Bell está enamorado de una Cazadora."

En ese momento, se pudo ver como en la mirada de Artemisa cruzaron diferentes emociones…

Ella se sintió traicionada, mentida, engañada, imponente, furiosa… y… por una pequeña fracción de segundo… ella sintió celos. Una emoción que rápidamente descarto subconscientemente.

Todas estas emociones negativas rápidamente se presentaron a través de su profundo ceño fruncido, y su rostro claramente furioso al enterarse de semejante cosa.

"¿Quién es?" La voz de la Diosa se disparó con una hostilidad increíble, una reacción que era acorde a su posición.

Ella no tenía miedo de lo que pudiera hacer Bell, ya que él nunca haría nada a sus Cazadoras, además de que también contaba con el Juramento del Rio Styx para reafirmar aún más su pensamiento. Aun así, ella sabía bien que Bell no podía hacer nada con las Cazadoras, pero las Cazadoras si podían hacerlo con Bell. Simplemente, tenía miedo que alguna de sus cazadoras se descarriara, y no quería que eso pasara. Incluso, estaba dispuesta a tomar medidas un poco drásticas para asegurarse de que nada pasara entre ellos dos. Después de todo, ella tenía bien en claro que era muy difícil no enamorarse de un hombre como Bell, especialmente si él pasa todo el tiempo con ellas.

Zeus volvió a mirar a Apollo tras su pregunta, recibiendo un pequeño inclinamiento de hombros por parte de su hijo.

"Eres tú, Artemisa."

Tras escuchar la respuesta de su padre, el rostro de Artemisa se transformó por completo.

Simplemente, no se esperaba esa respuesta ni en mil años…

"… ¿Y-yo?" Se preguntó Artemisa en voz alta, completamente descolocada por la respuesta.

"Así es." Reafirmo Zeus, viendo que Artemisa bajo su mirada. Una gran cantidad de dudas y emociones encontradas pasaban por sus hermosos ojos plateados. "Pero no es cien por ciento confirmado, así que no debes alarmarte tanto."

"Es-está bien…" Artemisa dio un paso hacia atrás, aun asimilando la información.

Simplemente se había quedado sin habla. No sabía que pensar al respecto…

Solo pudo apretar fuertemente su pantalón con sus manos mientras sentía como un gran tumulto de emociones la estaba agitando por completo…

No eran buenas, ni malas. Simplemente, eran extrañas…

Al ver la extraña reacción de su hermanita, Apollo decidió romper la conversación. "Oye, padre." Zeus fijo su mirada en Apollo. "¿No crees que Bell está tardando demasiado en volver de los aposentos de Afrodita, siendo que solo fue al baño?"

"¡¿QUÉ?!" Artemisa rápidamente despertó de su transe, entregándole una mirada claramente furiosa a ambos hombres. "¡¿CÓMO PERMITIERON QUE ESA MUJER SE LO LLEVARA?!" Artemisa rápidamente corrió hacia los aposentos de Afrodita, dejando a Apollo y Zeus solos.

Un pequeño silencio se presentó en la habitación, mientras Zeus se frotaba la barba con tranquilidad y Apollo ponía ambas manos detrás de su cabeza.

"… ¿No te pareció curioso?" Zeus rompió el silencio, esbozando una pequeña sonrisa.

"Concuerdo…" Apollo contesto, imitando la sonrisa de su padre. "La reacción de mi hermanita al enterarse fue muy rara."

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

Bueno, en el próximo capítulo habrá un buen Time Skip, y creo que la acción no tardara más de uno o dos capítulos en aparecer.

Habiendo finalizado este arco, espero que el próximo sea aún más de su agrado!

Antes de despedirme, debo decir que seguramente se alcanzara la meta de las estrellas en Wattpad después de publicar este capítulo, así que el próximo capítulo lo más probable es que sea doble.

Nuevamente repito, si no tienes idea de lo que son los capítulos dobles o cómo funcionan, no dudes en preguntármelo. No me molesta tener que publicarlo en todos los capítulos si es necesario.

Ahora si me despido, nos vemos en el próximo arco!

Un saludo!

Cantidad de palabras: 6093 palabras.