Me presento aquí nuevamente, para publicar otro capítulo!
Me gustaría aclarar cómo van los objetivos para conseguir un capítulo doble:
Wattpad: 2386/3000 Estrellas. 18.608/20.000 lecturas.
FanFiction: 62/75 favoritos. 72/75 seguidores. 148.866/200.000 palabras.
*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.*
Ahora, es tiempo de contestar una review:
Funny-Little-Cute White Fox: Como es de costumbre, muchas gracias por el apoyo que siempre recibo de tu parte! Eres el único que siempre me hace alguna review en todos los capítulos, y eso significa mucho para mí. Con respecto a la supuesta debilidad de Bell… no es que haya sido más débil, es simplemente que ya había gastado todas sus energías contra Artemisa en su combate, y también estaba muy lastimado. Más que nada para eso les hice tener esa batalla, porque si no era imposible que lograran secuestrar a Artemisa.
Sin más dilación, disfruta!
CAPÍTULO 21: DESESPERACIÓN.
Todo estaba completamente oscuro. Lo último que escuchó fue unas palabras de Zoe que fueron inentendibles debido a su condición actual.
Después de eso, la oscuridad total se asocio completamente con el silencio.
Bell no supo cuánto tiempo estuvo allí. Quizás habían sido un par de minutos, o una gran cantidad de horas.
Entre la oscuridad, pudo distinguir como la figura de alguien comenzaba a acercarse lentamente. Después de haber estado tanto tiempo allí sin ver a nadie, eso era algo un tanto aliviánate para él.
La figura rápidamente se hizo presente como Artemisa en su forma humana. Ella le entregó una gran y dulce sonrisa.
Un segundo después de eso, una mano gigante la aplastó, haciendo que se transformara en pequeñas partículas blancas.
Bell se despertó de golpe, comenzando a respirar muy erráticamente por culpa de la pesadilla. El albino rápidamente miró en varias direcciones, viendo que se encontraba en una gran habitación dorada reconocida, y eso significaba que se encontraba en los aposentos de Apollo.
Bell rápidamente se agarró la cabeza con dolor, recordando todo lo que había pasado con pequeños flash back. El sudor frio se intensifico en todo su cuerpo, a la vez de que su respiración se volvió aún más inestable.
Bell se quitó la mitad de las sabanas al instante, sintiéndose un poco mejor al ver a su brazo, que había sido destrozado, se encontraba completamente curado, sin siquiera una cicatriz.
El albino se llevó la mano a su brazo, mirándolo con gran atención. Después de unos segundos, los recuerdos de haber dejado sola a Artemisa volvieron a su cabeza, haciendo que apretara fuertemente su brazo.
"Artemisa…" No pudo evitar pensar, deseando que estuviera bien.
"Veo que ya te encuentras mejor." Comentó Apollo, entrando a la habitación.
"Apollo, ¿Cómo se encuentran todos?" Preguntó Bell rápidamente, viendo que la expresión usualmente contenta del Dios había desaparecido.
"Me entere un poco tarde de lo que estaba sucediendo." Apollo se sentó al lado de Bell, mirándolo con gran seriedad. "Afortunadamente, todos se encuentran bien. Él único que resultó muy herido, fuiste tú."
Bell cerró profundamente sus ojos, sintiéndose mucho mejor. "Eso es un alivio… Eso significa que Artemisa también está bien, ¿no es así?"
"…" Apollo no contestó, solamente se dignó a apretar fuertemente los puños.
Al ver que no respondía, Bell abrió sus ojos y le dirigió una mirada que nunca antes se había visto en su rostro. Una mirada llena de miedo.
Apollo solo pudo bajar su cabeza, apretando sus puños con más fuerza. "La secuestraron…" Apollo apretó fuertemente los dientes tras decir esas palabras. "Ese había sido su objetivo, y por eso solo tú saliste herido. Cuando completaron su misión, escaparon…" Una mirada llena de rencor se despertó en el Dios. "Escaparon con ella…"
La imagen de Artemisa apareció en la cabeza de Bell, haciendo que este ensanchara ligeramente sus ojos con una mirada oscura. Sus nudillos estaban tan apretados que se habían teñido de un color completamente blanco.
"… ¿Sabes dónde la tienen?" Preguntó Bell. Apollo lo observo con ligero asombro al escuchar su tono sumamente calmado, aunque rápidamente se dio cuenta que no se encontraba así debido a su mirada.
"No…" Respondió el Dios secamente.
"¿Sabes a donde se dirigían?"
"No…"
"¿Sabes con qué razón secuestraron a Artemisa?"
"No…"
Bell apretó fuertemente los dientes, no pudiendo aguantar más lo que sentía. Sus manos apretadas comenzaron a teñirse lentamente de un color rojo. "¡¿POR LO MENOS TIENES IDEA DE ALGO?!" Gritó con gran fervor. No tardó mucho en sentirse culpable, ya que Apollo no tenía la culpa de que todo esto estuviera pasando.
"Las únicas que saben en donde se encuentran todas las entidades del mundo en todo momento, son las Tres Hermanas del Destino." Contestó Apollo rápidamente, pareciendo que no había sido afectado por el grito de Bell. "Se encuentran en Washington, D.C."
Bell bajo un poco su cabeza, denotando tristeza en su mirada. "Gracias por la información. No quería gritarte…"
Apollo miró las manos sangrantes de Bell, haciendo que el Dios de un pequeño suspiro. "No hay problema." Contestó, entregándole una pequeña sonrisa.
Bell rápidamente se quitó las sabanas, y comenzó a ponerse la gabardina.
"¿Qué haces?" Preguntó Apollo, con una ceja alzada.
"¿Cuánto tiempo llevo aquí?" Bell le contestó con otra pregunta, terminando de ponerse su gabardina.
"Estuviste un día completo." Contestó Apollo.
"Eso responde a tú pregunta." Declaró Bell con seriedad, equipándose sus dagas, que se encontraban en el mostrador. "Ya eh perdido demasiado tiempo." Bell se levantó rápidamente, caminando hacia la salida.
"Te recuerdo que estás en el Olimpo." Comentó Apollo, viendo como Bell parecía decidido a tirarse por la enorme estructura flotante.
"Antes de irme, tengo que hablar con Zeus." Comentó, mirándolo de reojo.
"Déjame ir contigo." Respondió el Dios rápidamente, acercándose a él. "No eres el único que se vio afectado por el secuestro de Artemisa." El hecho de que la haya mencionado con su nombre, fue suficiente para que Bell lo mirara con gran asombro. "Permíteme acompañarte, y te aseguro que esos idiotas se arrepentirán por el resto de sus miserables vidas." Declaró el Dios con un aura amenazante a su alrededor, indicando que no estaba bromeando.
"No, quédate aquí." Ordenó Bell con seriedad, haciendo que el Dios pestañeara con sorpresa. "Ya me has ayudado mucho curándome el brazo, y contándome cómo puedo localizarla." Bell apoyó una mano sobre el hombre del Dios, entregándole una pequeña sonrisa. "Recuerda que meterte en los asuntos del mundo Mortal está estrechamente prohibido para los Dioses, sin importar qué. No me gustaría que te destituyan de tu cargo por andar matando a unos idiotas." Bell se dio la vuelta, abriendo la puerta.
"Pero…" Apollo mostró ciertas dudas ante lo mencionado, solo para ser sorprendido nuevamente cuando Bell se dio vuelta, mostrándole su puño cerrado manchado de sangre.
"No debes preocuparte, porque te prometo que la traeré de vuelta." El albino le Prometió al Dios, haciendo que Apollo sonriera.
"De acuerdo. Creo en ti." Declaró el Dios, chocando puños con Bell. "Pero, antes de que te vayas. Déjame darte algo…" Comentó Apollo, haciendo que el albino lo mirara con interés. Una pequeña luz dorada apareció en la mano del Dios, para que luego tres flechas aparecieran mediante el brillo. "Llévatelas." Apollo se las arrimó, haciendo que Bell fijara su mirada en las flechas con los ojos bien abiertos.
"Son flechas de Punta Plateada…" Pensó Bell en voz alta, tomándolas con mucho cuidado.
"Ten mucho cuidado con ellas." Ordenó el Dios con gran seriedad. "Recuerda que son muy peligrosas, y que un simple roce de ellas podría matarte en los siguientes tres días si no encuentras la cura."
"Si, lo sé muy bien…" Bell desenredo las vendas que tenía en su brazo ya curado, cubriendo por completo las puntas de las flechas. "Después de todo, sufrí bastante por culpa de una de estas flechas." Comentó, recordando el primer enfrentamiento que tuvo contra la Diosa de la Luna. "Muchas gracias, nos serán de gran utilidad." Agradeció, inclinando un poco su cabeza como gesto de saludo, marchándose del lugar.
Apollo se apoyó en la puerta, viendo cómo iba por el pasillo gigante de color blanco puro. "Bell." El albino se detuvo tras escuchar el llamado. Una mirada muy seria adorno el rostro del Dios. "Lo que pasó, no es tu culpa."
Bell bajo su cabeza tras escuchar sus palabras, aunque después de unos segundos la volvió a levantar y continúo caminando, alzando su mano como gesto de saludo.
Apollo tan solo observo como desaparecía lentamente a través del largo pasillo, sin poder quitar esa mirada seria en su rostro.
"Yo ya exploté de ira en el jardín cuando me entere…" Pensó Apollo con gran seriedad. "¿Por cuánto tiempo podrás mantener esa fachada, hermanito?"
SALTO DE LINEA.
Zeus fijó su mirada atentamente en Bell, mientras permanecía en su forma divina, sentado en la cama de sus aposentos.
El Dios dio un pequeño suspiro, posicionando una mano sobre su barbilla. "Sé porque estás aquí. Ya me han contado todo lo que sucedió en el Campamento Mestizo." Declaró Zeus, viendo como la felicidad y humor de Bell habían desaparecido de su rostro por completo. Ahora, simplemente parecía una sombra de lo que era antes.
"Entonces, ¿supongo que ya sabes que busco tu ayuda?" Preguntó Bell, mirándolo sin expresión alguna.
Zeus dio otro pequeño suspiro, bajando un poco su cabeza. "Las leyes del Olimpo son muy claras. No podemos entrometernos en los asuntos mortales, a menos que ellos nos obliguen a defendernos…"
"¡ES TU HIJA!" Bell gritó a todo pulmón, interrumpiendo a Zeus.
Un silencio de pocos segundos se presentó en los aposentos del Dios, creando una gran tensión entre ambos.
"Las reglas son las reglas." Zeus cerró sus ojos con calma, indicando que sentenciaba su veredicto. "Si el Rey de los Dioses no sigue las reglas, ¿por qué los demás deberían hacerlo?" El Dios le contestó con las mismas palabras que le había dicho Bell hace un tiempo, haciendo que el albino apretara fuertemente los dientes.
"¡Pero, esta vez es diferente!" Bell gritó, agitando su mano con fiereza para hacer énfasis en sus palabras.
"Lo sé." Zeus suspiró. "Pero te lo dije durante la fiesta. Para que el Olimpo comience a cambiar, tienen que pasar cosas grandes." Zeus fijó atentamente su mirada en Bell. "Esta puede ser la oportunidad para cambiarlo todo. Y, desafortunadamente, tengo que dejarlo todo en tus manos."
"¡Ese es el problema!" Exclamó Bell, tomándose fuertemente la cabeza. "Tendría que haber llegado cuando la amenaza ya se había instalado, ¡no antes!" Zeus lo observó con curiosidad tras sus palabras. Bell dio un pequeño suspiro, agitando su cabello a más no poder para calmarse. "Escúchame…" El tono más relajado del albino se sintió con facilidad. "Las Hermanas del Destino se presentaron hace un tiempo ante nosotros, diciendo que Artemisa había sufrido un gran cambio en su línea de tiempo por mi culpa, ya que originalmente no debía estar allí. No sé qué tipo de cambios serán. No sé si estos cambios son buenos o malos. Pero no pienso arrojarme solo como loco para rescatarla. No sé exactamente a lo que me estoy enfrentando, y por eso es que te estoy pidiendo ayuda. Te necesito… por favor." Concluyó, con una voz al punto de casi quebrarse en sus últimas palabras.
Zeus lo miro con gran serenidad por unos pocos segundos, hasta que finalmente se sintió un poco tocado por sus palabras. "Las reglas son las reglas…" Pensó Zeus en voz alta, comenzando a frotar su barba. "No puedo intervenir en una disputa de mortales, sin importar el hecho de que esté involucrada mi hija…" El Dios enserio un poco su mirada. "Pero puedo darte todo mi poder en el momento más crítico de la batalla."
Al escuchar esto, una risa seca salió de la garganta de Bell, haciendo que Zeus pestañeara con leve sorpresa. "Realmente, realmente…" Bell alzó su mirada, dándose media vuelta. "Realmente, no sé qué hago aquí…" Comentó con clara decepción en sus palabras. "No te culpo de nada. De hecho, fue culpa mía por ser tan estúpido al creer que harías algo ante esta situación." Zeus intento fundamentar nuevamente, pero Bell alzó su mano para interrumpirlo al instante. "Escúchame bien…" Bell miró sobre sus hombros, fijando su mirada en Zeus. Su tono tan áspero era acompañado con su mirada fría e hizo que el Dios se quedara sin palabras. "Por lo que llegue a presenciar, hay muchos semidioses involucrados en esto." El tono de Bell hizo que a Zeus se le erizara la piel. "Ya fui muy benevolente la última vez. Pero ahora, ellos se llevaron lo más importante que tengo en la vida." Zeus ensancho sus ojos a más no poder tras sus palabras. "Me da igual que sean monstruos, semidioses, animales, o incluso Dioses. Que quede bien claro: sí alguien se interpone en mi camino para rescatarla…" Bell entrecerró sus ojos con una mirada gélida. "Lo mataré. No lo dudaré ni un segundo."
Bell cerró fuertemente las puertas, dejando a un Zeus muy pensativo tras su declaración.
Zeus alzo su mirada, frotando su barba con una mirada un tanto seria en su rostro. "Despertaron el peor lado de Bell…" Pensó el Dios en voz alta, pensando detenidamente en la masacre que estaba a la vuelta de la esquina. "Sé que él lograra rescatarte, hija mía…" Finalizó, adquiriendo una mirada muy preocupada en su rostro.
¿Cómo no iba a estar tan preocupado, si se trataba de su propia hija?
SALTO DE LINEA.
Una gran luz dorada se haría presente en el Campamento Mestizo en frente de la Cabaña de Artemisa, apareciendo Bell y Apollo de ella.
"Muchas gracias por traerme, Apollo." Le agradeció Bell, entregándole un asentimiento agradecido al Dios.
"No hay problema, Bell." Comentó Apollo, dándole una pequeña paramada en la espalda. "Recuerda: debes tomártelo con calma." Apollo apoyaría su mano encima del hombro de Bell para brindarle su apoyo. "Nos diste a entender a los Dioses que actuar con calma siempre nos llevara a la respuesta. Ahora, este es el momento de que tú también sigas tus propias palabras."
"Tranquilo…" Bell le sonrió, agradeciendo el apoyo del Dios. "Haré las cosas bien. Después de todo, te prometí que la traería de vuelta."
Apollo asintió con cierta seriedad tras sus palabras, aunque no abandono su sonrisa ni por un segundo. Sabía que este era un momento muy delicado para Bell, y que él debería estar sufriendo incluso más que él. Por esa misma razón, es que está aquí, asegurándose de que su amigo no haga ninguna locura.
"Me alegra oír eso." Apollo dejó el hombro de Bell, para extender su puño. "Sé que lo lograras."
Bell tan solo pudo sonreír ante la declaración del Dios, chocando los puños con Apollo.
El Dios desapareció del lugar, sin antes sonreír al ver que pudo sacarle una sonrisa al albino.
Bell se puso serio de inmediato, viendo atentamente que por los alrededores no había ningún alma. De seguro se debía a que el horario era pasada la media noche. La única cabaña que tenía luz, era la de Artemisa.
Bell no pudo evitar cerrar profundamente sus ojos antes de entrar, poniendo ambas manos en sus bolsillos.
"Necesitaremos toda la ayuda posible si queremos salvar a Lady Artemisa…" La voz de Bianca sonaba algo débil, probablemente era por el hecho de que estaba en medio de una discusión verbal con las dos Cazadoras mayores, y ella no era muy buena en esas cosas.
"¡Entiendo que quieras aceptar la ayuda de los campistas, pero no podemos subsistir con hombres bajo ninguna circunstancia!" Explicó Phoebe, claramente harta de la situación. "¡Si alguno se acerca aunque sea dos centímetros sin mi consentimiento o el de las demás, podría terminar matándolo por puro instinto!" Concluyó la rastreadora, dando su punto. Zoe tan solo asintió ante las declaraciones de Phoebe.
"¡Pero, pero…!" Bianca comenzó a gesticular con sus manos como una loca, intentando encontrar las palabras para persuadir a sus mayores.
"¡Bell!" Las dos niñas gritaron con alegría, abalanzándose encima del albino al ver que ya estaba bien.
Las demás Cazadoras miraron atentamente al albino, sin poder evitar sonreírle al ver que se encontraba en perfecto estado.
Bell observó a todas las mujeres, esbozando una pequeña sonrisa en su rostro. "Veo que Apollo no me mintió. Me alegro de que todas estén bien…" Comentó con un tono ligeramente apagado, encendiendo las alarmas de todas las Cazadoras.
"Oye, Bell… ¿necesitas hablar?" Preguntó Zoe por todas, denotando una gran preocupación al ver sus ojos.
Sus ojos…
Sus ojos describían a la perfección que sentía culpa…
"Si… es solo…" Bell se frotó el cabello con una sonrisa un tanto falsa. "Solo vine a ver como estaban. Tengo que hacer algo, regreso enseguida." Bell se separó de las niñas, haciendo que estas lo miraran con gran preocupación, y ellas no eran las únicas.
Finalmente, el albino se marchó de la cabaña, haciendo que todas las Cazadoras se miraran entre sí.
"Me hubiera gustado zanjar este problema hoy mismo para partir…" Comentó Zoe, bajando su mirada con tristeza. "Pero, creo que debemos esperar hasta que amanezca… por él."
Todas las Cazadoras asintieron sin discusión, sabiendo cómo debería sentirse Bell en estos momentos.
"… Solo unas horas." Declaró Phoebe con seriedad. "No podemos permitirnos atrasarnos mucho más, sabiendo que Lady Artemisa puede estar pasándolo fatal."
Lo primero que vio Bell al salir de la cabaña, fue a Annabeth, Grover, Percy y Thalía que parecían querer hablar con él.
"Bell, en serio me alegra que estés bien." Comentó Thalía, esbozando una pequeña sonrisa.
"Escucha, tenemos que hablar sobre lo sucedido…" Comentó Annabeth, sin tener el valor de mirarlo a la cara.
"Ahora no estoy de humor." Bell pasó en medio de los cuatro sin siquiera parar a saludarlos, dejando bien en claro que no quería hablar en estos momentos.
Los cuatro giraron su mirada con gran preocupación y lastima en su mirada, mientras veían como Bell se internaba en el bosque.
"… Deberíamos dejarlo por hoy." Comentó Percy con seriedad, preocupado por su amigo.
"Es la primera vez que estoy de acuerdo contigo." Thalía asintió seriamente.
"Tendremos un pequeño problema." Comentó Grover, mirando atentamente a sus tres amigos. "En el amanecer será prácticamente imposible escabullirnos con la gran cantidad de campistas despiertos, y la contante vigilancia de Quirón." Declaró Grover, para luego alzar ambas cejas. "¿Qué hacemos?"
"¿Eso es realmente un problema?" Todos miraron a Annabeth con ligero asombro tras sus palabras. "La respuesta es simple: no tenemos que volver a nuestros cuartos."
SALTO DE LINEA.
Bell llegó al centro del bosque, donde se podía ver que los restos de la batalla entre él y Artemisa aún se encontraban en el lugar.
Bell siguió avanzando un poco más, hasta llegar a un lugar donde estaba repleto de árboles quemados, y diferentes cráteres en el sitio. El albino se detuvo en el medio de la destrucción, mirando el último árbol que había quemado.
Bell posiciono una mano sobre el árbol, para después cerrar profundamente sus ojos.
Después de eso, cientos de recuerdos vinieron a su cabeza…
Todos esos recuerdos, eran de Artemisa…
Él recordó desde que había llegado por la profecía, hasta los pequeños y lindos momentos íntimos y divertidos que paso junto a la Diosa…
Los últimos dos recuerdos que pasaron por su mente, fueron cuando ella lo abrazo dos veces. Primero recordó cuando lo abrazo en la Cabaña de Hera, y su llanto tan emotivo y agradecido…
Y segundo…
El último recuerdo, fue ese lindo abrazo que le dio cuando necesitaba algo de cariño…
Cuando necesitaba superar ese tramo de la vida que le había jugado de una forma tan malvada…
Solo con ese simple abrazo, él pudo superarlo…
Gracias a ella…
De la nada, el árbol salió volando junto con un estallido, cayendo estrepitosamente contra el suelo. Bell tenía su mano extendida, con una mirada llena de rabia, impotencia y culpa. Era más que claro que él lo había derribado, y por su mirada, era más que obvio que esto no terminaría con solo un árbol derribado.
Bell se dio la media vuelta, para ver el último lugar donde pudo ver a Artemisa, haciendo que sus ojos comiencen a cristalizarse. Él apretó fuertemente sus puños, fijando su mirada en otro árbol cercano.
Necesitaba sacarse toda la furia y culpa de encima…
SALTO DE LINEA.
Ya había amanecido.
Como Bell aun no había regresado a la Cabaña de Artemisa, Phoebe decidió ir a buscarlo para no perder más tiempo.
Y la verdad, es que ella nunca se esperó ver una escena similar a lo que estaba a punto de presenciar…
Phoebe pasaba entre los árboles, viendo toda la destrucción que se había causado hace dos días. Después de pasar un árbol, ella llego cerca del centro de la pelea. En un principio, su mirada levemente preocupada comenzó a cambiar lentamente. Sus ojos comenzaron a ensancharse lentamente, hasta quedar como platos. Su expresión no tardó en torcerse en una de tristeza, mientras sus ojos comenzaban a liberar sus primeras verdaderas emociones frente a Bell.
Y por cierto, Bell…
"¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!" Bell gritó a todo pulmón, sus dos puños algo lastimados fuertemente cerrados, mientras las lágrimas caían de su rostro. Estaba parado encima de todos los arboles destrozados, haciendo que el amanecer le pegara justo en el rostro.
Al ver esto, Phoebe no pudo dejar de lado sus emociones. Realmente le había conmovido.
La Cazadora subió rápidamente por los arboles destrozados, para luego encerrarlo en un fuerte abrazo. "Bell, no es tu culpa…" Comentó entre lágrimas, abrazándolo mas fuerte. "Nadie sabía lo que podía llegar a pasar hoy. Solo fue mala suerte. Mucha mala suerte."
Bell no tardó en responderle el abrazo, apoyando su rostro en el cuello de la rastreadora, mientras dejaba que las lágrimas corrieran por su rostro.
Aunque las palabras de Phoebe ayudaron a tranquilizarlo un poco, ese daño en su corazón era casi incurable.
Se sentía incluso peor que cuando pensaba en Aiz en aquellos momentos…
Lo único que podía sanar su dolor, era rescatarla…
Y lo haría. Movería el mundo por completo, si eso era necesario…
SALTO DE LINEA.
Phoebe y Bell se dirigían al campamento, visiblemente más relajados que hace un momento. Ellos estaban caminando en silencio, claramente lastimados por lo que estaba pasando.
"¡Pst! ¡Bell!" Bell y Phoebe miraron hacia la dirección de la voz, viendo como Grover, Thalía, Annabeth y Percy se encontraban detrás de los árboles, mirando en varias direcciones. Aparentemente, se estaban escondiendo.
"¿Qué hacen aquí?" Phoebe alzó una ceja. "Por lo que eh escuchado, el Señor D los está buscando…"
"Nos escondimos para salir del campamento sin problemas." Explicó Annabeth, acercándose al ver que no había nadie cerca. "Fuimos a buscar un par de colectivos para llevar a todos a Washington."
Bell ensanchó ligeramente sus ojos ante la respuesta. "¿Cómo saben…?"
"Estas hablando con una hija de Atenea." Annabeth se llevó la mano a su cabeza con una sonrisa. "Puedo contar con los dedos de una sola mano las cosas que se me pasan por alto."
"Entonces, ¿quieren venir con nosotros?" Preguntó Bell muy seriamente, haciendo que los cuatro se miraran entre sí.
"Bueno…" Annabeth bajo la cabeza con cierta culpa. "Yo les di la idea de enfrentarse el otro día. No puedo evitar sentirme un poco responsable por lo que sucedió…"
Annabeth no pudo evitar sorprenderse cuando Bell posiciono una mano sobre su hombro. "No te preocupes." Bell le sonrió, para luego fijar su mirada en Phoebe. "Nadie tiene la culpa de lo que sucedió. Era imposible que alguno de nosotros supiera lo que estaban planeando. Especialmente, estando prácticamente al lado del Campamento Mestizo." Annabeth tan solo bajo su cabeza con una pequeña sonrisa agradecida tras sus palabras.
"Aun así, iremos contigo." Percy dio un paso hacia adelante con gran seriedad. "Eres nuestro amigo, y no pensamos quedarnos aquí sin hacer nada."
Grover dio un paso adelante, esbozando una pequeña sonrisa. "Es hora de devolverte el favor por todo lo que has hecho por nosotros, ¿no te parece?" Comentó el Sátiro, extendiendo su mano para estrecharla con la de Bell.
Bell estrechó su mano, mirando a todos con una bella sonrisa en su rostro. "En serio… Muchas gracias, a todos." Los 4 tan solo asintieron, haciendo que Bell sonriera aún más. "Dos cosas antes de ponernos de acuerdo…" Bell observó a todos detenidamente. "¿Dónde está Nico? ¿No lo llevaran con ustedes?"
Los cuatro se miraron tras la pregunta. "Él quiso venir, pero nosotros no lo dejamos." Respondió Thalía con seriedad.
"Apenas se ha unido al Campamento Mestizo, y no tiene mucha idea de cómo combatir." Fundamentó Percy.
"No importa. Tenemos que llevarlo." Las palabras de Bell hicieron que los cuatro se sorprendieran. "Recuerden que esta su hermana en la Caza, y tiene exactamente el mismo derecho que todos nosotros, teniendo en cuenta que su único familiar en estos momentos podría resultar gravemente herido."
Todos se miraron entre sí por unos pocos segundos, para luego asentir entre ellos. "Tienes razón." Thalía contestó con una pequeña sonrisa. "No podemos dejarlo con la preocupación en su garganta, especialmente si no sabemos cuántos días estaremos afuera."
Bell tan solo asintió ante su respuesta, para después ponerse un poco serio. "Y la segunda…" Bell miró con ligero nerviosismo a los cuatro. "¿Las Cazadoras les permitieron viajar con ellas?"
Los cuatro bajaron la cabeza, haciendo que no hubiera necesidad de una respuesta.
"¡Lo intentamos, pero ellas son muy obstinadas!" Exclamó Annabeth, fijando su mirada malhumorada en Phoebe. La Cazadora le respondió con un pequeño "¡Hmp!", al mismo tiempo que miraba hacia otro lado.
"No te preocupes." Bell posicionó una mano sobre el hombro de Annabeth. "Yo me encargare." Al escuchar esto, Phoebe no pudo evitar mirarlo con los ojos bien abiertos. "Pero antes de eso, necesitamos más gente." Bell observó a todos con seriedad. "No sabemos a lo que nos estamos enfrentando, y no podemos afrontarlo a lo loco, como lo hacen usualmente." Percy y Grover no pudieron evitar bajar su cabeza al sentirse tocados por las palabras, haciendo que una enorme sonrisa triunfal apareciera en el rostro de Thalía, ya que se lo había repetido mil veces a Percy que debían actuar con más calma.
"¿Ya tienes a alguien en mente?" Preguntó Annabeth, alzando una ceja.
"Ah alguien…" Bell alzaría su mirada con una pequeña sonrisa. "Más bien, a muchos…" Bell observó atentamente a Annabeth. "¿Quién participa en la Captura a la Bandera hoy?"
"Hijos de Ares contra hijos de Afrodita." Declaró Annabeth, comenzando a entender a donde iba la cosa. "Los esperaremos afuera del bosque con los colectivos. No se tarden."
"Estaremos allí en menos de 5 minutos." Contestó Bell, dándole una pequeña palmada antes de marcharse junto con Phoebe.
"… ¿Estás seguro de esto?" La Cazadora le Preguntó, sin poder evitar alzar una ceja.
"Sé que no te gusta la idea." Declaró Bell, entregándole una mirada muy penetrante que la impresiono un poco. "Pero no es el momento de ser quisquillosos."
SALTO DE LINEA.
"Así que… ¿tu también me vienes con ese cuento?" Zoe dio un gran suspiro, indicando su desacuerdo con la idea de llevar a hombres en su grupo.
"Sé que Artemisa estaría de acuerdo contigo…" Bell alzó su mirada, apoyándose contra la puerta. "Pero ahora ella no está con nosotros. Aunque no te guste la idea, si podemos recibir toda la ayuda posible, entonces nos aseguraremos de traerla de vuelta. Si solamente vamos nosotros, no estoy tan seguro de poder rescatarla." Declaró Bell, fijando su mirada con gran seriedad en Zoe tras sus últimas palabras.
Zoe solo pudo optar por mirarlo con los ojos un poco ensanchados tras sus palabras. "Pero, te tenemos a ti. Eres más que suficiente para detenerlos…"
"¿Recuerdas la visita de las Tres Hermanas del Destino?" Esta pregunta de Bell hizo que todas las Cazadoras ensancharan sus ojos a más no poder. "Dejaron bien el claro que su línea de tiempo había cambiado demasiado. No sabemos si es para bien, o para mal. Pero si se una cosa..." Bell entrecerró sus ojos. "No quiero arriesgarme."
Zoe tan solo pudo bajar su cabeza tras sus palabras, pensando detenidamente en lo que debía hacer. No por el bien de las Cazadoras, sino por el bien de su Líder, de su salvadora, y la que consideraba como su hermana mayor.
"Si no lo aceptas, no tendré problemas con ello." Declaró Bell, haciendo que Zoe lo mirara con los ojos bien abiertos. "Eres la Lugarteniente, después de todo."
Zoe continúo mirándolo seriamente por unos pocos segundos, para luego mirar a las demás Cazadoras. Una por una, todas asintieron, incluyendo a la misma Phoebe.
Finalmente, Zoe golpeó fuertemente la mesa, y dio un pequeño suspiro.
"Dices que la decisión solo me corresponde a mi…" Comentó Zoe con gran gracia, fijando su mirada en Bell. "Pero me pones la soga al cuello, muchacho astuto."
Bell se limitó a sonreír tras sus palabras.
SALTO DE LINEA.
"Hmmm…" Nico estaría practicando tiro con arco junto con otros campistas, viendo claramente su inexperiencia al ver que ninguna flecha pegó cerca del centro. "Esto es más complicado de lo que pensaba…" Pensó en voz alta, viendo que recién su último tiro había logrado pegar en centro del maniquí, a pesar de no estar muy lejos.
"Ven conmigo." Bell apareció de la nada, arrastrándolo por el cuello, haciendo que todos los campistas los miraran con ligero asombro.
"¡Woooo!" Nico se tambaleó al ser bruscamente arrastrado. "¡¿Qué sucede?!"
"Vendrás con nosotros." Fueron las simples palabras de Bell, que no tardaron en calar profundamente en Nico.
El hijo de Hades se puso serio al instante, parándose bien y comenzando a caminar junto a Bell.
"¿Ah dónde vamos?" Preguntó Nico con una ceja alzada, al ver que se estaban introduciendo cada vez más al campamento, en vez de hacer lo contrario.
"Tengo que buscar a alguien más." Le dijo Bell, fijando su mirada en el joven. "Nos iremos por la parte trasera del campamento." Le susurró, haciendo que Nico se detuviera por un segundo ante sus palabras.
Bell se frenó de golpe, haciendo que Nico fijara su mirada hacia el frente con intriga.
"Ahí están." Declaró el albino, mirando seriamente como todos los hijos de Ares estaban afilando sus armas a fuera de la cabaña de su padre, preparándose para el juego. "Sígueme." Nico obedeció su orden sin rechistar, pasando entre todos los hijos de Ares que parecían estar un poco impresionados por la presencia de Bell.
Clarisse alzó su mirada, dejando de afilar su espada. En un principio, su mirada estaba llena de sorpresa, aunque rápidamente se transformó en una de sus típicas sonrisas burlonas. "Vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí?" Clarisse le dio un fuerte golpe en el hombro a Bell, haciendo que Nico pusiera sus ojos en blanco. "¿Viniste a desearme buena suerte antes de la batalla? Te digo desde ya que no necesitamos algo tan ambiguo como la suerte para ganar."
"Me alegro verte después de tanto tiempo, pero no estoy aquí para tener un reencuentro emotivo contigo…" El rostro de Clarisse rápidamente se enserio tras sus palabras, sabiendo a lo que se refería. "Supongo que ya sabes lo que sucedió, ¿oh me equivoco?"
"¿Qué quieres?" Clarisse apoyó su espada, en un hombro, esperando atentamente por la respuesta.
"Necesito tu ayuda." Bell observó a los hijos de Ares. "De todos…" El albino fijo nuevamente su mirada en la Capitana de la Cabaña de Ares. "¿Qué me dices?"
Una gran sonrisa apareció en el rostro de Clarisse. "Sabía que algún día vendrías a nosotros…"
SALTO DE LINEA.
Todos los hijos de Ares se encontraban internados en el bosque, a punto de comenzar el juego de la Captura a la Bandera. Lo raro de esto, es que todavía ni siquiera habían clavado la bandera en ningún sector.
Más de cien semidioses se encontraban exactamente en el mismo lugar, como si estuvieran esperando algo.
Clarisse observo a todos sus hermanos con gran seriedad, porque sabía muy bien lo que estaba a punto de hacer.
Bell y Nico aparecieron entre los árboles, mirando fijamente a la Capitana. Clarisse tan tolo asintió con una sonrisa, haciendo que Bell y Nico le correspondieran el gesto de la misma manera.
Después de eso, el cuerno que daba inicio al juego se escuchó por todo el bosque.
"¡Ahora!" Gritó Clarisse fuertemente.
Todos comenzaron a correr al unísono hacia una misma dirección. Lo extraño, era que esa dirección los llevaba afuera del bosque, lejos del Campamento Mestizo.
"¡No creo que tengamos más de 10 minutos!" Exclamó Bell con seriedad. "¡Hay que ir lo mas rápido posible!"
"¡Lo sé!" Contestó Clarisse, corriendo a la par con Bell y Nico.
Después de estar varios minutos corriendo a través del bosque, finalmente llegaron a una carretera, en donde aparecieron cuatro colectivos, que frenaron de golpe en frente de todos, abriendo sus puertas al instante. Se vio que los conductores eran Grover, Percy, Annabeth y Thalía, respectivamente.
"¡Treinta personas por colectivo! ¡Rápido, entren!" Gritó Grover.
Aunque había dicho el número, la distribución no fue muy acertada. Aun así, poco les importó a todos, ya que no les molestaba ir parados por un corto trayecto.
Todos se metieron en los colectivos a una velocidad asombrosa, haciendo que los colectivos cerraran rápidamente sus puertas, para luego salir a toda velocidad, dejando el Campamento Mestizo atrás."
"¡Próxima parada…!" Grover fijó su mirada en Bell y las Cazadoras. "¡Washington D.C.!"
SALTO DE LINEA.
"¿Por qué me has llamado aquí, hermano?" Le preguntó Hades a Poseidón, mirando con gran atención el enorme salón, donde tanto ansiaba tener un Trono propio. "Esto es algo fuera de lo común de tu parte." Concluyó, fijando la mirada en su hermano.
Poseidón se levantó de su trono, acercándose a Hades. "Ya sabes lo que está sucediendo, ¿verdad?"
Hades no pudo evitar mirarlo con gran curiosidad tras sus palabras. "¿Solo me has llamado para decirme eso?"
"Escúchame atentamente…" Poseidón comenzó a dar vueltas alrededor de Hades. "Le debo mucho a Bell. Hizo muchas cosas por mí, cuando en ocasiones ni siquiera se lo pedí. También me preocupa nuestra sobrina. Ella me caía muy bien…" Poseidón se frenó en frente de Hades, haciendo que este alzara ambas cejas. "También sé que tú estás muy agradecido con él por toda la ayuda y el apoyo desinteresado que te ha brindado."
"… ¿Y?" Hades alzó ambas manos, para hacer énfasis en sus palabras.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Poseidón. "Quiero dejar de lado nuestras diferencias hoy…" El Dios miro hacia varios lados, asegurándose de que no hubiera nadie cerca para que lo escuchara. "Quiero que ambos actuemos contra este… 'pequeño asunto'."
Al escuchar esto, la curiosidad de Hades explotó su límite. El Dios comenzó a frotarse el mentón, acercando lentamente su rostro al de Poseidón. El Dios miro hacia varios lados, hasta que finalmente preguntó. "… ¿Qué tienes planeado?"
Poseidón solo se limitó a sonreír al ver que su hermano no tardó ni más de medio segundo en estar de acuerdo con él.
SALTO DE LINEA.
Lentamente, la conciencia comenzó a regresar a Artemisa.
Todo lo negro lentamente comenzó a convertirse en unos colores borrosos que apenas podía distinguir. Lo único que era seguro, era el ruido del mar que se escuchaba atentamente, sumado al sonido de un motor.
Finalmente, su visión volvió, al igual que su conciencia. El dolor detrás de su cabeza era una jaqueca insoportable, por lo que intento tomarse la cabeza, pero se vio sorprendida cuando estaba completamente cubierta de cadenas, y apenas podía moverse.
"Por fin despiertas." Luke sonrió, cuando la Diosa le entrego una mirada asesina.
"¿Dónde estamos?" preguntó Artemisa, mirando a su alrededor.
"Estamos en mi crucero." Luke se limitó a contestarle con lo mínimo, acomodando el timón para poder hablar más cómodamente con la Diosa.
Artemisa intentó repentinamente romper las cadenas, haciendo que todo el barco se sacuda por la enorme fuerza que utilizo, tirando a algunas personas al agua que estaban vigilando. Aun así, las cadenas no sufrieron daño alguno.
"¡Woooow! ¡No te recomiendo que hagas eso!" Luke le sonrió descaradamente. "Ah menos que quieras partir el barco y ahogarte, por supuesto."
Artemisa le entregó otra mirada de muerte, para luego mirar las cadenas con gran seriedad. "Estas cadenas…" Un gran brillo rodeó las cadenas, llamando la atención de la Diosa. "Están hechas de hierro estigio, bronce celestial, y oro imperial…" Artemisa fijó su mirada en Luke. "Estas cadenas solo pueden haber sido forjadas por Hefesto…"
Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Luke. "¿Quieres saber cómo las obtuvimos?"
"No…" Una pequeña sonrisa desafiante apareció en el rostro de la Diosa. "Es obvio que ese idiota traidor está detrás de estas cadenas."
"¡Acertaste!" Luke alzó ambas manos para hacer énfasis en sus palabras. "Debo admitir que nos sirvió de gran ayuda su integración al plan. De lo contrario, hubiéramos tardado un poco más de tiempo en obtener estas cadenas…"
"… ¿A dónde me llevas?" La Diosa entrecerró sus ojos con gran sospecha.
Un brillo peligroso adornaron los ojos de Luke. "Lo sabrás cuando lleguemos…"
¡FINAL DEL CAPÍTULO!
Espero que les haya gustado!
Habiendo introducido por completo el ejército que seguirá a Bell, es hora de ponernos con la búsqueda, y la gran masacre que será llevado a cabo por el albino y sus amigos. Aunque primero vienen unas pequeñas charlas sobre el pasado de todas las Cazadoras, y la lenta integración de Thalía en el grupo.
Sinceramente, no tengo mucho más que agregar, porque si no sería demasiado spoiler.
Nos vemos en el próximo capítulo!
Un saludo!
Cantidad de palabras: 6252 palabras.
