¡Aquí vamos con otro capítulo más a la lista!
Bueno, he recibido sus clasificaciones, tanto por Wattpad, como por FanFiction. Iré contestando una por una. Antes de comenzar, solo quiero darles las gracias por tomarse el tiempo de decirme cuales son mis errores.
Aquí les dejo las clasificaciones:
Surfysun95: "Para mi es 10/10 por la forma muy detallada en la que narras la historia, esas partes de pelea que no se quedan atrás contra una novela visual y la forma en que haces que este crossower sea tan natural como si ya Danmachi y Percy Jackson fueran lo mismo."
Respuesta: Primero que nada, muchísimas gracias por la clasificación tan alta. Ahora, analizando un poco más a fondo, quiero que sepas que me alegra mucho que las peleas sea uno de tus puntos favoritos, ya que lo considero muy importante. Después, ni hablar que Danmachi y Percy Jackson no son muy difíciles de encajar, ya que la idea base de ambos es muy parecida (aunque a decir verdad, Danmachi es muchísimo, pero muchísimo más simple). Lo único que tuve que hacer, fue darle un súper nerf a Bell, pero después de eso, creo que no fue muy difícil hacerlo.
LuisAlmazo1: "Fue un gran capitulo te doy 10/10 ya que sabes meter suspenso nos provocas tensión y eso es bueno en una historia haces desear la continuación de la historia pero sin embargo me gustaría que volvieras a lo de la actualización semanal o mínimo que no se tarde tanto ya que son buenas tus historias pero tardas mucho en actualizar."
Respuesta: Primero que nada, quiero agradecer la puntuación nuevamente, significa mucho para mí. Yendo a los puntos que analizar, creo que en esta ocasión es más interesante que la anterior. Me gusta mucho que te quedes con las ganas de saber qué pasará en el próximo capítulo, ya que en muchas ocasiones siempre intento dejar esa sensación. Ahora, el punto más importante, el tema de las actualizaciones semanales… Intentaré actualizar lo más seguido este mes para recuperar el tiempo perdido. Además, es cierto que este punto de tensión se va perdiendo si es que tardas un mes en actualizar, que fue lo que me paso hace dos capítulos. También me hiciste una pregunta aparte que creo que les puede ser de interés a todos: Los que se estén esperando algún tipo de interacción con la Dimensión de Bell, no están muy lejos de verla.
Simifacha69: "A diferencia de como dije en el otro comentario te voy a dar un 9,25/10 porque a pesar de que sea casi perfecto no llega al 10, está muy Bueno casi excelente pero aún falta camino por recorrer."
Respuesta: Gracias por tu clasificación, y debo decir que la tuya y la que sigue son las que más me incentivaron a mejorar. Tienes toda la razón, aún hay puntos que debo mejorar, como aumentar el repertorio de palabras, ser más específico con ciertas cosas (en especial, en las batallas), y lo más importante, el tema de las correcciones por cualquier tipo de cosas, que a muchos no le molesta, pero es algo que puede cortar un poco la fluidez en ciertos puntos y tiende a ser muy molesto (por ejemplo, una estupidez de equivocarme en un nombre no suena muy grave, pero si es en el momento de la confesión de Bell y Artemisa, puede llegar a joder un poco, y ni hablar lo que puede llegar a molestar a los más críticos).
Funny-Little-Cute White Fox: "Muy buen capitulo! Si tuviera que darle una puntuación a la historia sería 8/10 mayormente por la ortografía, como por ejemplo el usar "oh" cuando no es necesario y el "eh" cuando no lo es. El resto de la historia me gusta bastante."
Respuesta: Voy a cerrar las respuestas con tu clasificación. Primero que nada, quiero agradecerte por siempre comentar en FanFiction, especialmente porque eres el único que siempre me deja una crítica y es algo que lo veo muy valioso para mí. Ahora, entiendo perfectamente tu clasificación, y no podría estar más de acuerdo contigo. Como mencioné anteriormente, existe gente que es muy crítica a la hora de los errores pequeños, y creo que tú eres uno de ellos a la hora de ver la ortografía. Es algo que agradezco mucho, ya que gracias a gente como usted, logré presionarme a mí mismo para mejorar mi redacción y ortografía hasta unos niveles bastante grandes, si es que lo comparas con mi primera historia. Seguiré mejorando hasta perfeccionar mi ortografía, y los primeros puntos en pulir serán esos que tú mencionaste. Nuevamente, muchas gracias por tu apoyo incondicional, y espero que te vaya muy bien!
Hubo algunos que simplemente pusieron su clasificación, pero no especificaron porqué. Si quieren, pueden volver a hacerlo en este capítulo, y yo les responderé gustosamente en el siguiente. Eso sí, no se olviden otra vez de comentar el porqué de esa clasificación.
Ahora, creo que ya eh tenido mucha charla con algunos de ustedes, así que es hora de comenzar!
Disfruta!
CAPÍTULO 24: ¡BATALLA TITÁNICA: ARTEMISA VS ATLAS! (PARTE 1)
Bell llegó al puerto, y en lo primero que se fijó, fue en que todos los barcos estaban completamente destruidos, y algunas cabañas estaban severamente dañadas.
Bianca fue la primera a acercarse a él, junto con las niñas que saltaron para abrazarlo fuertemente. En vez de preguntar por los barcos, Bell se vio mucho más preocupado por la condición de todos, ya que muchos se encontraban sentados, sanando sus heridas.
"¿Cómo están todos?" Preguntó el albino, mirando atentamente a Bianca, esperando la respuesta.
"Nos tendieron una trampa. Había bombas en los barcos." Contestó con seriedad. "Por suerte, el derrumbe y las cabañas nos ayudó a cubrirnos. No tuvimos ninguna baja, pero si resultaron algunos heridos por el agua, aunque no es nada grave." Bianca miró hacia atrás, señalando a algunas personas que estaban atadas. "Pocos de nuestros enemigos sobrevivieron a nuestro ataque. Los pocos que lo hicieron, se encuentran atados."
"¿Las chicas y los demás como se encuentran?" Preguntó el albino, viendo que no se encontraban por los alrededores.
"Están dentro de una cabaña, discutiendo que hacer ahora." Contestó Bianca con cierto malestar, ya que sin los barcos, no podían ir muy lejos. "Todos ellos se encuentran bien. No fueron mojados por el agua."
"Perfecto." Respondió Bell con seriedad, apartando a las niñas con una leve caricia. "Iré con ellos."
Bell se internó en la cabaña, recibiendo una sonrisa por parte de todos, mientras que Zoe y Phoebe no podían creer lo que llevaba a sus espaldas.
"Oye, Zoe." Comentó el albino con cierta gracia. "Te traigo un regalo." Concluyó, tirando al Dios Menor desmayado en frente suyo.
La Lugarteniente observó a Hércules con gran sorpresa, para que después una sonrisa bastante malvada se dibujara en su rostro. "¿Conque eres un traidor, eh?" Zoe tomó el cuerpo inconsciente, mirando a todos con una sonrisa un tanto sospechosa. "Ustedes sigan discutiendo. Tengo que arreglar cuentas pendientes con este imbécil." Declaró, desenfundando una de sus dagas, dejando bien en claro lo que iba a hacer.
"Bueno, supongo que tenemos muchos problemas…" Declaró el albino, mirando a todos, para después darse cuenta que faltaba alguien muy importante. "¿Dónde está Clarisse?" La pregunta de Bell hizo que todos se miraran.
"Creo que deberías hablar con ella." Comentó Percy, demostrando cierta preocupación. "No está herida ni nada por el estilo. Pero desde que terminamos la batalla, ella parece estar muy decaída."
"Nosotros no nos quisimos acercar, porque sabes muy bien como actúa cuando esta de mal humor." Siguió Grover por Percy, haciendo que el hijo de Poseidón asintiera. "Creo que solamente podría escucharte a ti en estos momentos."
"Muy bien." Bell asintió, saliendo de la cabaña.
Bell se dirigió rápidamente en donde Clarisse, viendo que estaba bebiendo de su cantimplora, apoyada en una de las cabañas.
La mujer se secó la boca, mientras esa mirada completamente decepcionada adornaba su rostro.
Cuando la vio al principio, Bell de inmediato pensó que la mujer estaba decepcionada por las pocas batallas que habían tenido hasta ahora. Pero, después de mirarla más de cerca, se dio cuenta que estaba decepcionada de ella misma.
Clarisse alzó su mirada, al ver que Bell le hacía sombra. "Así que… ya has llegado, ¿eh?" La mujer le dirigió una pequeña sonrisa burlona. "Supongo que también te divertiste un poco."
"¿Qué te ocurre?" Preguntó el albino, alzando una ceja. "Es raro verte así…"
Clarisse simplemente dio un pequeño bufido, agarrando una pequeña piedra y tirándola lejos. Finalmente, su rostro volvió a estar decaído. "En esta pelea, y las pocas que llevamos hasta el momento… Nosotros no hicimos nada." La respuesta de Clarisse hizo que Bell enarcara aún más su ceja. "Los Hijos de Hades se encargaron de los esqueletos, Apollo se encargó del tipo que iba en el coche, tú te encargaste de la primera batalla aquí, y Grover junto con los demás terminaron triunfando en la segunda batalla…" Clarisse dio un gran suspiro. "Nosotros no hicimos nada. Somos hijos de Ares, pero no participamos crucialmente en una batalla, y eso es algo lamentable." Una sonrisa muy decaída se dibujó en el rostro de la joven. "¿Qué es lo que pensaría nuestro padre? Estoy segura que si nos ve ahora, directamente diría que no somos sus hijos." La mujer se palmeó el rostro, bajando la mirada con gran remordimiento. "¿Por qué nos convocaste a esta guerra? Somos patéticos…"
Clarisse no pudo evitar alzar su mirada cuando sintió como Bell se arrodillaba en frente suya.
"Escúchame bien, ustedes no son patéticos." Comentó el albino con gran seguridad y seriedad. "No los convoqué para ganar números. Los convoqué, porque ustedes son los únicos que pueden girar las tornas en un combate irreversible." Al escuchar esto, Clarisse no pudo evitar ensanchar un poco sus ojos. "Son hijos de Ares. Ustedes cuentan con ese poder, con ese orgullo que necesitamos si las cosas se complican. Ni yo, ni Artemisa podríamos darlo vuelta. Solamente ustedes." Bell apoyó una mano en el hombro de Clarisse, apretándola levemente. "Sabiendo eso, no te atrevas a bajar la cabeza."
Clarisse tan solo pudo mirarlo a los ojos, mientras una sonrisa bastante decisiva aparecía en su rostro.
La mujer se levantó rápidamente del suelo, yendo a ver como estaban sus hermanos. "Está será la última vez que necesite tu ayuda." Comentó la mujer, agitando su mano como gesto de agradecimiento.
Bell tan solo le sonrió, viendo que se había recuperado al instante.
SALTO DE LINEA.
Bell se acercó a Zoe, viendo como había atado a Hércules en una enorme roca. Su entrepierna estaba completamente cubierta de sangre, mientras que parecía tener algo en la boca mientras chorreaba sangre. La Lugarteniente le había hecho un tatuaje bastante profundo en el pecho con su daga, en donde decía: "Dios de la Vergüenza y la Incompetencia".
"¿Qué es lo que tiene en la boca?" Preguntó el albino, viendo que estaba sangrando sin parar.
Zoe sacudió su daga, quitándole la sangre. "¿En serio quieres saberlo?" Preguntó con un tono bastante intrépido.
Bell bajó su mirada, viendo la enorme cantidad de sangre que escurría entre sus pantalones. "Mejor no…" Contestó casi al instante, temblando ante la idea.
"Muy bien." Zoe se dio media vuelta, enfundando su daga. "Ahora, ¿qué vamos a hacer? No tenemos los barcos, y nadar en un rio que es prácticamente ácido no suena como una buena idea…"
Bell se llevó una mano al mentón, para después apretar ligeramente los dientes. "Odio admitirlo, pero Luke hizo bastante bien en destruir los barcos."
"Si… Incluso habíamos logrado frenar al otro hombre justamente para que no sucediera esto…" Zoe dio un gran suspiro. "Ese muchacho es bastante precavido, y creo que eso es lo que le convierte en alguien tan peligroso."
"Tienes toda la razón…" Bell visualizó el enorme rio de color gris, viendo que no parecía haber nada más allá. "Incluso, estoy seguro que debe tener algo preparado en la colina donde está Atlas solo por precaución."
Antes de que su conversación pudiera seguir, un enorme brillo dorado apareció detrás de todas las cabañas, haciendo que todos se pusieran de pie y desenfundaran sus espadas.
Después de que el brillo finalmente terminara, todos se sorprendieron inmensamente al ver de quien se trataba, y quienes lo acompañaban.
"Supuse que podrían tener este tipo de problema, por eso vine con algunos amigos, cortesía de Hera." Declaró Apollo, señalando hacia sus espaldas a la enorme arda de pegasos que había en el lugar.
"¡Asombroso…!" Comentaron ambas niñas, mientras sus ojos brillaban.
"Nunca había visto uno antes…" Comentó Bianca, completamente maravillada ante la vista.
"¡Blackjack!" Gritó Percy, tras reconocer al Pegaso que había rescatado en el Mar de los Monstruos.
"¿Nos estuviste observando todo este tiempo?" Preguntó Bell, acercándose al Dios.
"Como dije antes, ella también es mi hermana, Bell." Comentó el Dios con una sonrisa. "Incluso iré en contra de las ordenes de Zeus para salvarla, y no me importa. Si ella está bien, es suficiente para mí." Comentó el Dios, llevándose una mano al pecho con una enorme sonrisa dentuda. "Antes de que me olvide, también te traje a tu pequeña mascota."
Tras escuchar eso, tanto Bell como los que conocían esa "pequeña mascota" pestañearon varias veces, pensando que habían oído mal.
Después de unos pocos segundos, otro brillo incluso más grande que el anterior apareció.
Las grandes patas hicieron temblar al suelo cuando impactaron. El cuerpo escamoso dorado rápidamente comenzó a ser visible mientras daba varios pasos hacia adelante, haciendo que toda la multitud se hiciera a un lado por su gran tamaño. Finalmente, los ojos rojos sangre que eran igual que su dueño emergieron entre el brillo dorado, para luego asomar todo su rostro al mismo tiempo que emitía un gran gruñido. La camiseta característica de Bell colgaba de su cuello.
En vez de asustarse, los hijos de Ares nuevamente desenfundaron sus espadas, preparados para la acción. Aunque eso rápidamente se detuvo, cuando vieron que Bell se acercó para acariciarle el hocico.
Un autobús pequeño dorado apareció al lado de Apollo. "¡Todos elijan un Pegaso!" Ordenó el Dios, montándose en el bus. "¡No se peleen, hay suficiente para todos!" Exclamó el Dios con una enorme sonrisa afilada en su rostro.
SALTO DE LINEA.
"No sabía que tenías un bus." Comentó Bell con ligero interés.
El albino y sus amigos iban volando dentro del bus, mientras que Percy era conducido por su Pegaso, pegado a la ventana para escuchar la conversación. Todos los demás iban volando en sus pegasos, mientras que el gran dragón iba en la retaguardia, siguiéndoles el ritmo.
"Tengo varios coches, pero el carro es el que más me gusta." Comentó el Dios mientras manejaba.
"Ahora que estamos tranquilos. Anteriormente habías mencionado algo acerca de las Dimensiones, ¿a qué te referías con…?" Zoe rápidamente le tapó la boca para que no siguiera, pero ya era demasiado tarde.
"¿Dimensiones?" Annabeth se preguntó con gran interés.
"Escuchen…" Justo cuando Apollo iba a decir que olvidaran la conversación, el albino alzó una mano para detenerlo.
"No, ellos son mis mejores amigos. Sé que se preocuparan una vez que desaparezca…" El comentario de Bell solo hizo que todos sintieran aún más curiosidad.
Apollo lo miró por un corto segundo, reflexionando si era lo correcto. Finalmente, el Dios asintió.
"Muy bien." Contestó el Dios con seriedad. "Pero ellos serán los únicos."
Bell tan solo asintió, para luego mirar hacia el frente mientras recordaba su pasado…
"Chicos, yo no soy de este mundo. Vengo de otra Dimensión, en donde la cultura y la tecnología es más atrasada, y los Dioses conviven junto a los humanos, formando familias. Yo pertenecí a la Familia de Hestia, y superé grandes desafíos a lo largo de mi vida para llegar hasta aquí." Bell alzó su mirada, recordando sus mayores desafíos. "Asterios, la familia Freya, el Juggernaut, el Dragón Negro de un Ojo…" Bell finalmente suspiró tras recordar su última aventura en Orario. "Finalmente, terminé en el Olimpo, y poco después me dieron la misión de venir a su mundo para salvarlo, al mismo tiempo que Hera y Zeus me tomaron como su hijo adoptivo. Y, una vez que terminé mi misión, deberé marcharme de regreso."
"Por eso dices que desaparecerás sin dejar rastro…" Comentó Annabeth, bastante impresionada por todo lo que aún no sabía.
"Es algo que se encuentra como un secreto vital. Si muchas personas se enteraran de que existen otras 4 Dimensiones, podría haber una gran catástrofe entre las mismas, generando Guerras Interdimensionales." Comentó Bell, girando su cabeza para mirarlos a todos. "Por esa razón es que ustedes no deben decir nada. A parte de mí y los Dioses Olímpicos junto a otros pocos Dioses de menor categoría, somos los únicos que lo sabemos. Ahora, también lo saben ustedes." Comentó Bell, recibiendo un rápido asentimiento por parte de todos, ya que esto parecía algo muy serio.
"Entonces, esperemos que esa misión no llegue muy pronto…" Comentó Grover, esperando poder disfrutar un tiempo más junto a Bell. Algo que todos compartieron, especialmente las Cazadoras.
"¡Ahí está la entrada!" Apollo señaló rápidamente a una enorme cueva que parecía expandirse sin final, por lo que sería muy fácil que todos entraran al mismo tiempo.
"Muy bien…" El Dios sonrió entre dientes, acelerando considerablemente. "¡Vamos allá!"
SALTO DE LINEA.
Las Hespérides observaron con los ojos bien abiertos como una gran cantidad de pegasos y personas salían de la cueva que conectaba con el Inframundo. Las hermanas de Zoe rápidamente se pusieron en frente del enorme y exótico jardín, gruñéndoles con gran hostilidad, indicando que no iban a dejar que avanzaran.
"Tranquilas, ninfas." Exclamó Apollo, bajándose del bus. "Ellos vienen conmigo. Tenemos permiso de Zeus para entrar aquí. Prometemos que no tocaremos ni un solo pétalo de sus hermosas flores." Las ninfas observaron al Dios con ligero asombro.
"Señor Apollo…" Comentó la que parecía ser la más grande de todas, para luego mirar a todos. "Muy bien. Asegúrese de que no dañen el jardín, por favor se lo pido." La ninfa hizo una profunda reverencia junto a sus hermanas, recibiendo un asentimiento por parte del Dios mientras avanzaba junto con los demás.
Parecía ser que los hijos de Ares le habían gustado mucho los pegasos, ya que no se habían bajado de ellos.
Zoe se detuvo por un segundo en frente de sus hermanas, extendiendo su mano de forma vacilante. "Chicas…"
Las Ninfas la miraron, alzando una ceja. "¿Quién eres tú?" Preguntaron, aunque obviamente sabían de quien se trataba.
Zoe tan solo bajo su mano, mientras una mirada un tanto dolorosa adornaba su rostro.
Phoebe le posicionó una mano en su hombro reconfortantemente. "Vamos." Declaró la exploradora, entregándole una sonrisa comprensiva.
Zoe tan solo asintió ante esto, y le sonrió levemente ante el gesto.
El enorme dragón comenzó a avanzar, generando pequeños temblores y haciendo que sus huellas quedaran marcadas en la tierra fértil.
"¡Oye!" Exclamó una de las ninfas. "¡Ten más cuidado!"
El dragón giró su cabeza, para después darles un pequeño gruñido que hizo que todas las ninfas se cubrieran la cabeza con miedo.
El dragón volvió a mirar hacia el frente, esbozando una pequeña sonrisa, bastante satisfecho de haberlas intimidado con tanta facilidad.
Después de estar varios minutos caminando, finalmente pudieron presenciar el límite del enorme jardín de las ninfas. Ese límite estaba marcado por una enorme cueva.
"Se escuchan ronquidos bastante fuertes ahí adentro…" Comentó Nico con una pequeña gota de sudor fría.
"Es el Dragón Ladón…" Explicó Annabeth, poniéndose un poco nerviosa. "Es el que está encargado de cuidar la única entrada a la cima de la montaña en donde se encuentra Atlas."
"No será un problema." Comentó Apollo, para luego darle una gran palmada en la espalda a Bell. "Lo tenemos a él." El Dios lo miró, entregándole una pequeña sonrisa. "Ya ha pasado un año desde que te convertiste en el hijo de Hera."
Bell tan solo lo observó por un segundo, para después entender a lo que se refería.
El albino entró a la cueva junto con los demás, viendo como un enorme dragón de numerosas cabezas estaba durmiendo cómodamente.
Bell acercó su mano a una de las cabezas, haciendo que todos se pusieran bastante tensos.
Ladón frunció levemente el ceño, para después comenzar a olfatear más intensamente la mano.
Una de las cabezas se despertó, haciendo que todas las otras giraran a un compás increíble hacia la dirección de Bell, observando a los intrusos.
La otra cabeza más cercana se acercó también a olfatearlo. Después de unos pocos segundos, el dragón lo miró por un corto segundo, solo para volver a cerrar sus ojos y continuar durmiendo.
"¿Qué…?" Nico no pudo evitar preguntarse, ya que no entendía nada.
"Hera es la Reina de los animales y las bestias." Bell observó a Nico entregándole una pequeña sonrisa. "Digamos que al haberme convertido en su hijo directo, me convertí como en una especie de Príncipe para todos los animales y bestias. Algo así como Artemisa con los animales." Comentó el albino, haciendo que muchos lo miraran con gran asombro.
"Atravesar la cueva nos tomará algunos minutos." Comentó Apollo, poniéndose a su lado. "Pero, una vez que lleguemos al otro lado, estaremos en frente de la Maldición de Atlas."
"El cielo…" Pensó el albino en voz alta, para después mirar al Dios seriamente. "Agradezco todo lo que has hecho por nosotros. Sin ti, lo más probable es que nunca hubiéramos llegado hasta aquí." Bell posicionó una mano en su hombro. "Pero no quiero que salgas mal. Si Zeus llegará a enterarse de todo lo que has hecho, incluso internarte aquí sin su permiso..." Bell bajó levemente su cabeza. "El castigo puede ser severo. Si continuas rompiendo reglas, quizás podría destituirte de tu Cargo Olímpico."
Apollo lo miró por un segundo, para después dar un gran suspiro. "Siempre te preocupas por todos… Eres una muy buena persona, Bell." Comentó el Dios, tomando la mano en su hombro, para estrecharla fuertemente. "Recuerda bien mis palabras: Yo quiero mucho a mi hermana, y siempre quiero lo mejor para ella. Pero no te olvides que tú también eres mi hermano. También busco lo mejor para ti, así que procura volver con todas tus extremidades." Comentó el Dios con una seriedad absoluta, indicando que no estaba bromeando en lo más mínimo.
Bell tan solo pudo cerrar sus ojos con una gran sonrisa ante lo escuchado.
"Bueno, ¡buena suerte!" Exclamó el Dios con una gran sonrisa.
Justo cuando iba a soltar la mano de Bell, el albino lo atrajo a él, dándole un gran abrazo.
Apollo no pudo evitar quedar estupefacto ante semejante acto, ya que no lo esperaba por parte de Bell.
El albino lo abrazó aun con más fuerza, para después decir una sola palabra:
"Gracias."
Todos observaron la interacción de ambos con una pequeña sonrisa, ya que parecía como si realmente hubieran sido hermanos durante toda la vida.
Finalmente Apollo reaccionó, esbozando una pequeña sonrisa mientras correspondía el abrazo.
"No hay problema."
SALTO DE LINEA.
Después de unos minutos, todos llegaron al final de la cueva, ensanchando sus ojos en completo shock ante la vista.
Allí, a muchos metros de ellos, el Titán se alzaba en la cima. Un ser tan grande, que debería rondar los 50 metros de altura, incluso más grande que la forma divina de los mismos Dioses. La piel gris, los cuatro brazos, su calvicie y sus enormes músculos eran lo que más lo definía a simple vista. Sus ojos dorados brillaban con gran intensidad y se veía claramente, a pesar de que estuviera a varios metros de distancia.
Aun así, eso no era lo más impactante. Lo increíble es que el Titán estaba cruzado de brazos con suma tranquilidad, mientras Artemisa se encontraba en un pilar gigante, sosteniendo el cielo.
"¿Dónde está Luke?" Fue lo primero que pensó Thalía, aprovechando que no los habían descubierto para idear un plan.
"Lo más probable es que el bastardo nos esté preparando una emboscada sí dejó a Atlas solo." Comentó Phoebe, entrecerrando un poco sus ojos.
Bell simplemente se quedó mirando a Artemisa en todo este momento, hasta que finalmente distinguió algo extraño. "Oye, Annabeth." La mencionada lo miró con curiosidad cuando se acercó a ella. "¿Eso que tiene Artemisa en su cuerpo, son cadenas?"
Annabeth entrecerró sus ojos para intentar ver mejor. La hija de Atenea dudó por un segundo, aunque finalmente terminó asintiendo. "Para mantenerla presa no deben ser cadenas comunes y corrientes. Estoy segura que se tratan de cadenas creadas mediante hierro estigio, bronce celestial, y oro imperial." Annabeth le miró con cierta preocupación. "Eso es un problema, porque necesitaremos un arma forjada de los mismos materiales para destruirla, y el único que puede crear un arma con semejantes materiales, es Hefesto."
"¿Hefesto?" Bell miró sus dagas, para luego recordar como había reaccionado Artemisa la primera vez que vio sus dagas.
"¿Está todo bien?" Preguntó Zoe, acercándose al grupo.
"Estas dagas pueden destruir las cadenas." Comentó el albino, fijando su mirada en la Lugarteniente. "Necesitamos crear un plan para que pueda llegar hasta allí sin verme."
"Un momento, ¿tus dagas pueden cortar esas cadenas?" Preguntó Annabeth con bastante sorpresa. Bell simplemente asintió, sin saber por qué había reaccionado de esa manera. "Bell, también debes saber que cualquier material hecho con hierro estigio, es letal para los Titanes, los Gigantes, y otros seres muy poderosos."
Bell simplemente asintió, agradeciendo la información para utilizarla más adelante.
"Muy bien." Clarisse se unió a la conversación, mirando a los tres. "¿Ya tienen pensando que hacer?"
Bell miró hacia atrás suyo, observando a su querido dragón.
SALTO DE LINEA.
Atlas alzó una ceja con ligera confusión tras ver algo extraordinario. "¿Un dragón Oυράrubin?" Pensó el Titán en voz alta, bastante curioso. "Hace casi tres milenios que no veía a una pasar por estos lares…" El titán tan solo se limitó a observar como el dragón continuo volando, hasta que finalmente se perdió a sus espaldas.
A diferencia del Titán, Artemisa estaba viendo el dragón muy reconocido para ella con los ojos bien abiertos.
Atlas miró hacia el frente, viendo como una gran cantidad de personas salían de la cueva.
"Así que… Ese pequeño bastardo tenía razón. Al final llegaron algunas visitas." Comentó el Titán con cierta gracia en sus palabras, tras ver solo a unos semidioses y algunas Cazadoras. Nada que pudiera siquiera ganarse el nombre de ser una pequeña amenaza para él.
Atlas no pudo evitar mirar a una de las Cazadoras con cierto recelo. "Zoe… así que es verdad…" Comentó el Titán mirando seriamente a su hija. "¿Cómo te atreves a traicionar a tus hermanas, a tu padre, a tu propia sangre?"
"¡Ustedes dejaron de ser mi familia hace mucho tiempo!" Zoe agitó su mano con desdén. "Especialmente tú, padre." Escupió con gran veneno. "No te perdonaré lo que le has hecho a Lady Artemisa."
"¿Qué?" Atlas dio un par de pasos hacia adelante, haciendo temblar toda la montaña. Finalmente, el Titán se puso una mano en su oído e inclinó su rostro hacia delante. "¿Dijiste algo? Estas muy lejos." Una mirada un tanto oscura adornaría el rostro de Atlas. "Si tienes algo que decirme, sube esta colina y dímelo a la cara."
Zoe observó a las espaldas del titán como el dragón había estacionado en la cima del pilar, haciendo que una sonrisa apareciera en su rostro. "Muy bien. Ya tendremos tiempo para hablar cuando vuelvas a cargar con tu maldición."
Atlas simplemente se rio en carcajadas, sin darse cuenta que el dragón bajo su cabeza, distinguiéndose una cabellera blanca. "¿En serio creen que pueden vencerme?" Preguntó el Titán con bastante gracia.
Artemisa ensanchó sus ojos con gran incredulidad cuando vio como Bell bajó del dragón. "¡¿Bell?! ¡¿Qué demonios?!" Susurró la Diosa ante semejante situación bizarra.
"Yo también me alegro ver que estas bien. ¿Cómo te trataron esas cadenas?" Susurró el albino con cierta burla, para luego desenfundar sus dagas. "Ahora, no te muevas hasta que te las quite todas."
"El bastardo de Hermes también me comentó sobre cierta profecía." Comentó Atlas, aumentando un poco más su sonrisa. "Pero, ¿en serio pueden confiar en alguien que se abatió contra una Diosa Olímpica y no pudo vencerla?" Atlas se cruzó de brazos con sus dos primeros brazos, para poner en su cadera los otros dos, alzando ambas cejas. "¿Saben que Zeus no hubiera podido ganarme sí no luchaba junto con Poseidón, verdad?" El Titán dio su punto, ya que Artemisa era más débil que los Tres Grandes (Poseidón, Zeus, y Hades por si alguien no lo recuerda).
Atlas acabó su conversación de forma repentina cuando sintió una gran presión asesina detrás de él. El Titán saltó instintivamente, esquivando una Flecha de Punta Plateada que estaba imbuida en energía divina del mismo color.
Atlas tan solo observó con gran incredulidad como la flecha atravesó toda la colina, arrasando todo a su paso, hasta que finalmente reventó en mil pedazos cuando chocó contra una pared.
Atlas giró su rostro para ver que estaba sucediendo, solo para recibir un fuerte puñetazo en su mejilla que hizo temblar todo a su alrededor, elevando una enorme onda de choque que obligó a todos a cubrirse el rostro.
Atlas salió expulsado hacia atrás, cayendo rotundamente contra el suelo, generando una enorme línea de destrucción a su paso.
El Titán no tardó en levantarse, indicando que ese ataque no le había hecho mucho daño.
Atlas escupió una pequeña cantidad de sangre dorada mientras se frotaba la zona golpeada con su mano. Él se dio media vuelta, para ver como Artemisa estaba en su forma divina. Su cabello plateado ondeaba con gran libertad, mientras una expresión de liberación decoraba su rostro.
Aun así, el Titán no se fijó en ella, sino en el sujeto que ahora estaba sujetando el cielo.
"… ¿Quién es?" Pensó Atlas, mirando fijamente a Bell.
El albino intentaba disimular lo más posible, pero era demasiado difícil. "¡Esta porquería es jodidamente pesada!" Pensó, mientras sus cejas temblaban. "¡¿Cómo es que ella pudo sostenerlo sin tanto problema?!" En esos momentos, los ojos de Bell se ensancharon en shock. "Un momento…" El albino fijó su mirada en Atlas, compartiendo miradas. "… ¿Cómo es que pudo sostener este peso durante milenios?"
"Para serte sincera, me sorprendió bastante que hayas esquivado esa flecha." Comentó la Diosa, estirando su cuerpo para quitarse las contracturas que le había generado estar en la misma posición durante días.
Atlas solo se limitó a observarla, viendo que su tamaño divino le llegaba hasta la mitad de su pecho, algo que le suponía una clara ventaja.
"Flecha de Punta Plateada…" El comentario de Atlas hizo que Artemisa le mirara con gran interés, ya que supuestamente estuvo prisionero durante siglos para saber esas cosas sobre ella.
"Aun así, es extraño…" Pensó el Titán, viendo que en sus espaldas cargaba a dos flechas más con las mismas características, que se encontraban imbuidas en poder divino plateado y levitando a sus espaldas. "Ese tipo de flechas no pueden producirse al instante…" El Titán fijó su mirada nuevamente en Bell, esbozando una pequeña sonrisa. "Ese pequeño bastardo de allí se las debe haber traído…" Concluyó, para luego mirar como Artemisa se acercaba lentamente a él.
Todos se quedaron mirando atentamente como la Diosa se acercaba al Titán, sabiendo que esto solamente indicaba el comienzo de una batalla brutal…
Finalmente, Artemisa quedó a pocos metros del Titán.
Ambos se quedaron parados por un par de segundos, hasta que finalmente Atlas rompió el silencio.
"¿Acaso tienes algo que decirme?" Preguntó, esbozando una sonrisa un tanto confiada.
Artemisa alzó su mano y lo señaló, esbozando una sonrisa temeraria. "Volverás a tu tumba."
Atlas simplemente cruzó sus cuatro brazos. "¡Hmp!" Se burló, para luego afilar su mirada. "Oblígame…"
¡FINAL DEL CAPÍTULO!
Sé que les prometí que iba a traer el beso, pero el capítulo se me alargó mucho más de lo que pensaba. Dejo la pelea entre Artemisa y Atlas para el siguiente episodio, al igual que el primer beso. Estoy seguro que podré traer este momento tan ansiado en el siguiente, porque ya hice los cálculos y la pelea me tomará alrededor de 4500 palabras (y si me tomara más, tengo que seguir de todas maneras, para darle un cierre correcto, como este capítulo).
Cuando llegué hasta este punto, tenía pensado agregar la pelea, pero después me di cuenta que no tenía sentido, ya que quedaría como un capítulo doble, y no se ha cumplido ni un objetivo para ello (al mismo tiempo que tardaría unos días más en actualizar). Si hubiera obviado este hecho, le quitaría importancia a los capítulos dobles, y no es algo que quiera hacer.
Sinceramente, no tengo mucho más que agregar. A sido un capítulo de mucha charla, por lo que esta parte se explica por si sola.
Solo me queda desearles un buen fin de semana, y desear que nos veamos lo más pronto posible para el siguiente capítulo.
Un saludo!
Cantidad de palabras: 5481 palabras.
